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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos López-Keller]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos-lopez-keller/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos López-Keller]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Crónica de una condena anunciada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/cronica-condena-anunciada_129_13120836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5ef570e-0aeb-4abc-87c6-fc9e542be0e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica de una condena anunciada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como la compra de mascarillas resulta algo insulsa, comparece en juicio sepultada en una salsa hedionda emulsionada con un conjunto de corruptelas, toscas y cutres, que parecen sacadas de una película franquista de bajo presupuesto</p><p class="subtitle">'Caso Ábalos: la tríada de la corrupción': un documental de elDiario.es sobre el caso mascarillas</p></div><p class="article-text">
        Desconf&iacute;en de quienes alardean de tener muchos principios; aplicar&aacute;n uno diferente en cada ocasi&oacute;n. Lo mismo sucede con el proceso penal: le bastan unos pocos principios b&aacute;sicos, que caben en un art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n, as&iacute; que desconf&iacute;en de los procedimientos que aplican normas especiales. El proceso es la garant&iacute;a, y el manoseo de sus normas tiende a subvertir su naturaleza; tanto, que a veces desaparece para convertirse en una penosa sucesi&oacute;n de actos previos a una condena anunciada. 
    </p><p class="article-text">
        Ya tenemos aqu&iacute; el juicio contra &Aacute;balos, Koldo y Aldama. Se le ha llamado el juicio de las mascarillas porque, en efecto, el origen de la imputaci&oacute;n gira en torno a unos contratos p&uacute;blicos de suministro de mascarillas firmados durante la pandemia. Seg&uacute;n la acusaci&oacute;n, unos empresarios pagaron a Koldo y a &Aacute;balos para promover que organismos del Ministerio de Transportes compraran el material. El relato ofrece elementos turbadores, como la ubicua presencia de Koldo arrastrando su perfil <em>lombrosiano</em> entre bastidores, pero se formula de manera confusa y ofrece esquirlas de debilidad: parece deducirse que los empresarios sobornaron para tener informaci&oacute;n privilegiada que les permitiera presentar una mejor oferta, pero que no pagaron para conseguir los contratos. En coherencia con dicha tesis, la Fiscal&iacute;a no ver&aacute; malversaci&oacute;n en estas adjudicaciones: no habr&iacute;a existido perjuicio para el patrimonio p&uacute;blico. Aldama, que gan&oacute; m&aacute;s de tres millones y medio de euros con estos contratos, no tendr&aacute; que devolver este importe a las entidades contratantes. Por si fuera poco, la acusaci&oacute;n no encuentra el dinero del soborno, que aparece muy a cuentagotas; se ignora cu&aacute;nto pudo haber recibido esta extra&ntilde;a pareja por facilitar la contrataci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando los malos cocineros advierten que el plato les ha quedado escaso, lo rellenan de guarnici&oacute;n. Como la compra de mascarillas resulta algo insulsa, comparece en juicio sepultada en una salsa hedionda emulsionada con un conjunto de corruptelas, toscas y cutres, que parecen sacadas de una pel&iacute;cula franquista de bajo presupuesto: &Aacute;balos coloc&oacute; a su novia en una empresa p&uacute;blica que no pisaba; le puso un apartamento pagado por un empresario amigo; pas&oacute; unos d&iacute;as en Marbella invitado por otro; consigui&oacute; aplazar la deuda tributaria de una empresa de Aldama; otro empresario interesado en una licencia de hidrocarburos le ofreci&oacute; en alquiler un chalet en La L&iacute;nea; se repart&iacute;a con Koldo diez mil euros al mes de coimas... Esta guarnici&oacute;n apesta a podrido. De ser ciertos, son hechos bochornosos, pol&iacute;ticamente demoledores, que mueven tanto a la indignaci&oacute;n como a la verg&uuml;enza ajena. Con todo, no nos enga&ntilde;emos, no alcanzan la gravedad que se esperaba: los millones no aparecen. Una corrupci&oacute;n de libro, o m&aacute;s bien de c&oacute;mic, que cumple el objetivo buscado: en la resoluci&oacute;n donde el instructor, Leopoldo Puente, concluye la investigaci&oacute;n y hace un relato de los hechos, mencionar&aacute; ya los contratos de mascarillas en &uacute;ltimo lugar. Para cuando el lector llega a ese cap&iacute;tulo, est&aacute; asqueado de sinvergonzoner&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Conociendo el men&uacute; que ser&aacute; enjuiciado, veamos el procedimiento que se ha seguido, porque aqu&iacute; el Tribunal Supremo empieza a desafinar. Estas disonancias provienen del uso simult&aacute;neo de dos instrumentos procesales que alteran el normal desarrollo de un proceso: la formaci&oacute;n de piezas separadas y el aforamiento. La combinaci&oacute;n de ambas figuras ha originado un estropicio dif&iacute;cil de arreglar.
    </p><p class="article-text">
        El juicio que comienza en el Tribunal Supremo nace como una hijuela de un procedimiento tramitado ante el antiguo Juzgado Central n&ordm; 2 de la Audiencia Nacional, al que hab&iacute;a correspondido la querella de la Fiscal&iacute;a por la compra de mascarillas. Al desprenderse indicios contra un aforado, el juez remiti&oacute; la causa al Supremo, &oacute;rgano que adopt&oacute; entonces una extra&ntilde;a decisi&oacute;n: no investigar&iacute;a a todos los implicados sino solamente a &Aacute;balos, &uacute;nico aforado, aunque a la postre incluy&oacute; tambi&eacute;n a Koldo y Aldama. Pero esto no se puede hacer, y adem&aacute;s es imposible, porque los jueces no investigan personas, investigan hechos. 
    </p><p class="article-text">
        De aqu&iacute; proviene el grave desajuste que lastra este proceso: a partir de entonces, tenemos dos tribunales investigando los mismos contratos de mascarillas: uno a los pol&iacute;ticos corruptos (Tribunal Supremo) y otro a los empresarios corruptores (Juzgado Central n&ordm; 2 de la Audiencia Nacional). Koldo, por estar en medio, seguir&aacute; imputado en ambos sitios. El vodevil se complica porque, en su expansi&oacute;n, el Supremo tambi&eacute;n analizar&aacute; supuestas gestiones para favorecer la concesi&oacute;n de una licencia de comercializaci&oacute;n de hidrocarburos, hechos investigados en el antiguo Juzgado Central n&ordm; 5 de la Audiencia Nacional. Una locura. Cuando un informe de la UCO quiso advertir irregularidades en la contrataci&oacute;n de obra p&uacute;blica del Ministerio de Transportes, amenazando con eternizar la investigaci&oacute;n, el Supremo puso pie en pared: abri&oacute; una pieza separada para dejar este tema aparcado y no juzgarlo ahora, para no hacerlo nunca. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el &oacute;rgano sentenciador ha dise&ntilde;ado un artilugio para definir cuidadosamente el alcance objetivo (hechos) y subjetivo (acusados) del juicio que celebrar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias son devastadoras: el Tribunal Supremo analizar&aacute; si ciertos pol&iacute;ticos fueron corrompidos por empresarios; juzgar&aacute; a los pol&iacute;ticos, pero no a los empresarios. Se dispone a decidir si urdieron con directivos de ADIF la contrataci&oacute;n en falso de la novia del ministro; juzgar&aacute; al ministro pero no a los directivos. En una muestra de cierto cinismo llamar&aacute; a estos empresarios y directivos a declarar como testigos, despu&eacute;s de mantenerlos al margen del procedimiento, convoc&aacute;ndolos a declarar bajo juramento. No podr&aacute;n hacerlo; est&aacute;n imputados en la Audiencia Nacional. El Supremo no los juzgar&aacute;, no escuchar&aacute; a sus abogados, no les dar&aacute; oportunidad de defenderse; sin embargo, como ustedes comprender&aacute;n, una condena a &Aacute;balos los condena tambi&eacute;n a ellos, porque si el Supremo advierte delito en la trama y ellos son parte de la misma, no habr&aacute; tribunal que los absuelva. 
    </p><p class="article-text">
        Lo propio ser&iacute;a que el Tribunal Supremo, ahora que &Aacute;balos ha cedido el foro, devolviera el asunto a su juzgado de origen; ninguna ley lo impide. Pero no lo har&aacute;; urge celebrar el juicio. Ello explica, de paso, la acelerada y superficial instrucci&oacute;n del asunto, confiando pr&aacute;cticamente el esclarecimiento de los hechos a la palabra de Aldama. Por poner un ejemplo, el magistrado sostiene que est&aacute; &ldquo;plenamente justificado&rdquo; que los acusados consiguieron el aplazamiento indebido de una deuda tributaria; el fiscal nos dir&aacute; que &ldquo;no lleg&oacute; a producirse&rdquo;. &iquest;Tan dif&iacute;cil era aclararlo antes del juicio? 
    </p><p class="article-text">
        Seamos realistas: para averiguar la verdad de lo sucedido, habr&iacute;a que investigar bastante m&aacute;s y juzgar a todos los implicados juntos; pero para condenar a &Aacute;balos y Koldo, no es necesario. Estamos ante un juicio de objeto delineado y, en esta medida, orientado a un desenlace. Y el desenlace es la condena de esta pareja.
    </p><p class="article-text">
        Para este pron&oacute;stico no es necesario leer entre l&iacute;neas las decisiones del Tribunal; basta leer las l&iacute;neas mismas. En una resoluci&oacute;n de octubre del pasado a&ntilde;o Leopoldo Puente mostraba su estupor por que &Aacute;balos siguiera siendo diputado; su estupor constata la demolici&oacute;n del principio de presunci&oacute;n de inocencia. Que un inocente sea diputado no deber&iacute;a llamar la atenci&oacute;n nunca, pero al Supremo le espanta porque lo tiene por culpable. Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de aquella resoluci&oacute;n, el mismo instructor estupefacto decidi&oacute; meterlo en prisi&oacute;n, junto con Koldo, aclarando que los encarcelaba porque el juicio se acercaba, las penas a que se enfrentan son estratosf&eacute;ricas y la inminente condena ser&aacute; irrecurrible, firme y de inmediato cumplimiento, que ya ven ustedes los beneficios de este privilegio al que llaman aforamiento, que te deja sin recurso.
    </p><p class="article-text">
        Pero el estupor del magistrado denotaba algo m&aacute;s profundo y oscuro, que es el sue&ntilde;o de soberan&iacute;a que aqueja a ciertas magistraturas: es el estupor de un dios at&oacute;nito al ver que su palabra no tiene poder omn&iacute;modo. Es inevitable vincular el precipitado arrojo del Supremo contra &Aacute;balos y Koldo a este deseo de reivindicarse frente a otro poder del Estado. Coincidiendo con el ingreso de &Aacute;balos en prisi&oacute;n, la presidenta de la Asociaci&oacute;n Profesional de la Magistratura aprovechaba la clausura de su congreso para insolentarse con el ministro de Justicia: &ldquo;nos vas a tener de frente&rdquo;. Ah&iacute; lo tienen. &ldquo;Deseo que tus reformas duerman el sue&ntilde;o de los justos&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. Ya no parece escandaloso que los jueces critiquen las leyes que han de aplicar, cuestionando la voluntad popular que las impulsa, cr&iacute;tica que antecede a su desobediencia o, en su caso, a una aplicaci&oacute;n tan restrictiva que desnaturaliza la decisi&oacute;n del legislador; as&iacute; ha pasado con la ley de amnist&iacute;a. Quieren hacer ellos las leyes. Les recomiendo el documental &ldquo;Justicia capturada&rdquo; para que vean, en la experiencia de Ruman&iacute;a, c&oacute;mo ser&iacute;a un poder judicial sin ning&uacute;n contrapoder: se convertir&iacute;a en una camarilla de cofrades, donde ascender&iacute;an los amigos y se condenar&iacute;a a los enemigos; si no les gusta la palabra mafia, qu&eacute;dense con que se parecer&iacute;a a una federaci&oacute;n de f&uacute;tbol. La asociaci&oacute;n judicial mayoritaria en los jueces, y tambi&eacute;n en el Tribunal Supremo, est&aacute; enfrente del gobierno, y eso explica muchas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, estos jueces no creen en la presunci&oacute;n de inocencia; al menos, que no se crean que somos todos unos inocentes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:13 +0000]]></pubDate>
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