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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos López-Keller]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos-lopez-keller/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos López-Keller]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El auto de imputación a Zapatero: un texto policial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/auto-imputacion-zapatero-texto-policial_129_13239003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f202222-b0cc-4157-a8bf-cb5587a0d08b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El auto de imputación a Zapatero: un texto policial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No solo es una cuestión de estilo: el auto del juez sumerge la descripción de hechos en un océano de insinuaciones y juicios de valor típicos, y al tiempo impropios, de un atestado policial. Ello otorga a la resolución un tono extrañamente apodíctico, insólito en un simple auto de imputación</p><p class="subtitle">Caso Zapatero y por qué cuesta creer en la justicia española</p></div><p class="article-text">
        Es curioso comprobar como los dos cambios fundamentales que han sacudido la tramitaci&oacute;n de un proceso penal en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os, aligerando notablemente la labor de los jueces, han venido sin reformas legislativas de calado. Por un lado, en el &aacute;mbito del enjuiciamiento, la conformidad penal se ha generalizado, simplificando el trabajo de los juzgadores, a quienes las partes ofrecen el fallo ya pactado; por otro lado, en el &aacute;mbito de la instrucci&oacute;n penal, ya no asombra el dejar la investigaci&oacute;n en manos de fuerzas policiales, lo que ha difuminado hasta el desconcierto la labor de la justicia.
    </p><p class="article-text">
        Esto se advierte particularmente en la Audiencia Nacional donde, desde hace a&ntilde;os, los jueces de instrucci&oacute;n han dejado de instruir, encargando a los cuerpos de seguridad, en alguna de sus siglas, que averig&uuml;en lo que ha pasado y le traigan la sentencia hecha. Parecer&aacute; sorprendente, pero hace no tanto tiempo la polic&iacute;a no exist&iacute;a en el proceso penal: era el juez el encargado de recabar los datos, decidir las pruebas y valorar su resultado. Ahora, sin ning&uacute;n cambio en la ley, los jueces delegan en la polic&iacute;a no solo la funci&oacute;n de buscar datos y aportarlos al procedimiento, sino tambi&eacute;n la labor de valorar tales datos y sacar conclusiones. El proceso se ha convertido as&iacute; en un expediente vac&iacute;o donde todos, desde el juez hasta los imputados, quedan a la espera de que la polic&iacute;a aporte sus conclusiones cocinadas extramuros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Meditaba yo sobre estas cuestiones mientras me dispon&iacute;a a leer el auto de Calama con el &aacute;nimo encogido, con esa aprensi&oacute;n del esp&iacute;ritu de quien abre una novela triste que termina mal. Parecer&iacute;a que toda decepci&oacute;n es, por naturaleza, imprevisible; sin embargo, en este caso se me antoja predecible y, de tan obvia, me ronda antes de leer nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n me interno por las p&aacute;ginas del auto, se confirman mis primeros temores: estamos ante un texto policial. Ser&aacute; un p&aacute;lpito estil&iacute;stico, si quieren, pero el tenor atrancado, quebrado y reiterativo del auto sugiere un origen en un <em>corta y pega </em>de previos relatos, de anteriores informes de los que se han seleccionado p&aacute;rrafos sin una estructura lineal ni ordenada; en un discurso inaprehensible, desfilan ante nosotros personas que no sabemos qui&eacute;nes son ni qu&eacute; hacen. No solo es una cuesti&oacute;n de estilo: el auto del juez sumerge la descripci&oacute;n de hechos en un oc&eacute;ano de insinuaciones y juicios de valor t&iacute;picos, y al tiempo impropios, de un atestado policial. Ello otorga a la resoluci&oacute;n un tono extra&ntilde;amente apod&iacute;ctico, ins&oacute;lito en un simple auto de imputaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a su fortaleza, el se&ntilde;or se queja a su sirviente de lo largo que es el camino de regreso. &ldquo;D&eacute; gracias a que el camino sea largo&rdquo;, le replica este, &ldquo;si fuera m&aacute;s corto no llegaba al castillo&rdquo;. Algo parecido le sucede al auto de Calama. A lo largo de p&aacute;ginas enteras intenta desgranar la &ldquo;influencia en la concesi&oacute;n de la ayuda p&uacute;blica a Plus Ultra&rdquo;, pero el camino no llega al castillo. Lo que describe, con un detalle minucioso, son las gestiones de Julio Mart&iacute;nez, al mando de An&aacute;lisis Relevante, en favor de Plus Ultra. En este cap&iacute;tulo, Zapatero no aparece: se habla de &eacute;l, pero no consta ni una llamada, ni un correo, ni un mensaje que haya remitido o recibido. El auto asume, con cierto azoramiento, que habr&iacute;a ejercido un liderazgo que &ldquo;no se manifiesta de forma formal o p&uacute;blica&rdquo;, lo que parece extra&ntilde;o, porque la influencia consiste precisamente en dejarse ver, en actuar p&uacute;blicamente, en hacer valer su presencia para mover voluntades. Zapatero es un l&iacute;der que no hace nada, que no se manifiesta; una especie de dios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; que se describe que An&aacute;lisis Relevante hizo bastantes cosas a favor de Plus Ultra en relaci&oacute;n con la ayuda que pretend&iacute;a: gestiones para presentar su petici&oacute;n, agendar reuniones, canalizar y hacer seguimiento de la solicitud, interesarse por la tramitaci&oacute;n... Bien, nada de esto supone una influencia en la concesi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como recordar&aacute;n los m&aacute;s veteranos, el tr&aacute;fico de influencias entr&oacute; en el C&oacute;digo Penal en 1991, a rebufo del esc&aacute;ndalo de Juan Guerra, alentado por un legislativo que cre&iacute;a, como sigue creyendo hoy, que el respeto a la legalidad se garantiza aumentando la lista de conductas ilegales. Desde entonces, este delito ha ido buscando su acomodo a puros codazos con la actividad de &lsquo;lobby&rsquo;, actividad l&iacute;cita y oscura, propia de quienes viven de monetizar su agenda de contactos. La l&iacute;nea divisoria entre una y otra actividad es delicada y fina, casi imperceptible pero necesaria, porque separa el delito de lo que no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s el tajamar habr&iacute;a de colocarse en la influencia: hay delito cuando al resolver el funcionario est&aacute; sucumbiendo a la influencia de un tercero; cuando el funcionario, con su decisi&oacute;n, est&aacute; respondiendo a un favor que se le pide, aunque lo que se le pida sea legal. Siendo sinceros, esto no aparece por ninguna parte en el auto: ayudar a una empresa a que su petici&oacute;n tenga &eacute;xito no es delictivo. Por el contrario, el juez destacar&aacute; que SEPI pidi&oacute; m&aacute;s y m&aacute;s informaci&oacute;n, al menos en cinco ocasiones, a Plus Ultra, de quien se llega a decir que false&oacute; los datos presentados y maquill&oacute; su situaci&oacute;n patrimonial. Si la ayuda estaba concedida de antemano, ni la SEPI hubiera pedido tantas explicaciones ni Plus Ultra hubiera tenido que falsearlas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas deficiencias argumentales se observan tambi&eacute;n respecto a las gestiones de Julio Mart&iacute;nez ante el Instituto Nacional de Aeron&aacute;utica Civil de Venezuela para que autorizaran unos vuelos a la aerol&iacute;nea. No hay delito en pedir algo a la administraci&oacute;n y que esta conceda lo pedido. Consciente de ello, el auto debe insinuar que Julio Mart&iacute;nez ten&iacute;a una &ldquo;posici&oacute;n de influencia&rdquo; en el Mayor General presidente del INAC, pero no explica de d&oacute;nde saca semejante conclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la referencia a la constituci&oacute;n de unas sociedades en Dubai ya entra en el auto derrapando. No convendr&aacute; poner la mano en el fuego, que luego uno se tiene que comer sus palabras, pero el relato apunta a un conocido sesgo policial: cuando la sospecha es infundada pero muy golosa, no te resistas a plantearla. El indicio es este: un tipo le informa a Julio Mart&iacute;nez sobre c&oacute;mo crear una sociedad en Dubai y la v&iacute;spera Julio hab&iacute;a comido con Zapatero, con reserva previa &uacute;nicamente para dos personas. Debe haber algo que se me escapa porque, como indicio, es m&aacute;s que pobre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El auto ofrece, en definitiva, poca chicha. Termina su argumentario con la relaci&oacute;n de pagos a Zapatero y sus hijas, en un cap&iacute;tulo inexplicablemente breve del auto --no m&aacute;s de cinco p&aacute;ginas de las ochenta y cinco que tiene-- y confuso --la polic&iacute;a suele mezclar las cantidades facturadas con las recibidas, haci&eacute;ndose un l&iacute;o con el IVA--. Y es aqu&iacute; donde encontramos la parte que nos convoca los sentimientos m&aacute;s encontrados. En una primera lectura, muestra una debilidad de enfoque: Zapatero no ha recibido ni un euro de Plus Ultra, y no hay prueba que vincule lo que cobr&oacute; de An&aacute;lisis Relevante con lo que esta sociedad recibi&oacute; de aquella. Las cifras no cuadran en absoluto. De hecho, Zapatero ha cobrado de An&aacute;lisis Relevante m&aacute;s dinero del que esta recibi&oacute; de Plus Ultra. Nada relaciona los pagos a Zapatero con la aerol&iacute;nea ni con gestiones a su favor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que estas transacciones no vengan vinculadas a Plus Ultra deja pendiente la explicaci&oacute;n de su raz&oacute;n de ser. Y aqu&iacute; viene la segunda lectura, ya m&aacute;s desconcertante porque, puesto el foco en esta cuesti&oacute;n, no nos sacamos de la cabeza un molesto ruido de fondo. De ser ciertas las cantidades expuestas en el auto, Zapatero y sus hijas habr&iacute;an cobrado de An&aacute;lisis Relevante mucho dinero, tal vez la mitad de todo lo facturado por esta empresa, demasiado como para desentenderse de sus vicisitudes y pretenderla completamente ajena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin, en alguna de las llamadas interceptadas, alguien llama a Julio Mart&iacute;nez &ldquo;lacayo&rdquo; de Zapatero. M&aacute;s que un lacayo, como he adelantado, aparece en el relato de Calama como el sacerdote de un dios que no se manifiesta. Es posible que, como hacen todos los sacerdotes, este hombre haya vendido falsas influencias. Tal vez Julio Mart&iacute;nez se anunciara en sus tarjetas como &ldquo;amigo de Zapatero&rdquo;, como Anton Schindler pon&iacute;a en las suyas &ldquo;amigo de Beethoven&rdquo;, gracias a las cuales se le abrieron puertas y tendieron alfombras. Lo malo es que este dios ha cobrado del sacerdote, as&iacute; que ser&aacute; una buena oportunidad para que aproveche el inmenso cr&eacute;dito moral que todav&iacute;a posee en colmarnos de explicaciones, y nos aclare el contenido y destino de los trabajos que cobr&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Termino el auto decepcionado, como supon&iacute;a, pero no rendido. La decepci&oacute;n es un tesoro precioso, un privilegio al alcance solo de los ingenuos. No dejemos de creer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/auto-imputacion-zapatero-texto-policial_129_13239003.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 19:45:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El auto de imputación a Zapatero: un texto policial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,Plus Ultra,Corrupción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caso mascarillas: receta para un proceso podrido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/caso-mascarillas-receta-proceso-podrido_129_13186462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f99b6a35-eb01-459a-9587-6ce1f80a6c79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2673y173.jpg" width="1200" height="675" alt="Caso mascarillas: receta para un proceso podrido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Amparado en su derecho a no decir la verdad, Aldama no confiesa; simplemente dice cosas, pero esto no es confesar</p><p class="subtitle">Aldama busca escalar la trama corrupta de Ábalos hacia el PSOE y Sánchez con acusaciones sin pruebas</p></div><p class="article-text">
        Primer ingrediente: el derecho a mentir. En una escena de la cl&aacute;sica pel&iacute;cula &ldquo;Testigo de Cargo&rdquo;, Charles Laughton, abogado del acusado, llama a estrados a su propio cliente, Tyrone Power; le hace una pregunta irrelevante y le deja al pie de los caballos, para que le interrogue la otra parte. La maniobra era arriesgada, incluso temeraria, aunque desde nuestra perspectiva continental no se termine de entender la jugada. En el sistema ingl&eacute;s, y en Estados Unidos tras la aprobaci&oacute;n de la Quinta Enmienda, el acusado tiene derecho a guardar silencio y a no declarar; de hecho, en estos pa&iacute;ses es habitual que el acusado no abra la boca. Y no lo har&aacute; porque el derecho se queda en esa frontera: puede guardar silencio, pero si quiere declarar tendr&aacute; que decir la verdad, declarar&aacute; bajo juramento y ser&aacute; conminado a contestar todas las preguntas. Si se le pilla en un renuncio, se le acusar&aacute; de falso testimonio. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema es diferente: la Constituci&oacute;n garantiza el derecho a no declarar contra uno mismo y a no confesarse culpable. La interpretaci&oacute;n de este derecho fundamental abarca en nuestra tradici&oacute;n jur&iacute;dica un abanico de posibilidades. El acusado puede declarar o no, contestar a unas preguntas s&iacute; y a otras no, responder a su abogado pero no al fiscal, empezar contestando pero cambiar de opini&oacute;n. Nunca se le tomar&aacute; juramento para ello y, en caso de que se le advierta alguna mentira, no responder&aacute; de un delito de falso testimonio, que afecta a testigos pero no a imputados. Los te&oacute;ricos se quitan la caspa diciendo que en Espa&ntilde;a el imputado no tiene estrictamente un derecho a mentir pero, seamos francos, en la pr&aacute;ctica existe. 
    </p><p class="article-text">
        Segundo ingrediente: la atenuante de confesi&oacute;n. En nuestro C&oacute;digo Penal existe esta atenuante, limitada a aquellos casos donde el culpable venga a confesar su delito antes de saber que hay un procedimiento donde se le investiga. Nuestros tribunales, buscando una finalidad utilitarista, a veces extienden la atenuante por analog&iacute;a a supuestos donde, aun iniciado un proceso, el culpable confiesa y ayuda a resolver el asunto de manera relevante. En todo caso, la confesi&oacute;n debe ser veraz, aportar datos reales, contrastados y demostrables; debe ser coherente y sostenida en el tiempo y, ciertamente, debe estar vinculada a los hechos que son objeto del procedimiento. La confesi&oacute;n en un asunto no te aten&uacute;a la pena en otro. Al menos, todo era as&iacute; hasta ahora. Y, desde luego, la delaci&oacute;n no se contempla en ning&uacute;n caso como atenuante.
    </p><p class="article-text">
        Tercer ingrediente: las declaraciones de los coimputados, que no valen gran cosa. Nuestros tribunales han reiterado que no sirven como prueba de cargo cuando, siendo &uacute;nicas, no resulten corroboradas por otras pruebas. El Tribunal Constitucional ha llegado al punto de llamar a la declaraci&oacute;n de un coimputado prueba &ldquo;sospechosa&rdquo; (STC 68/2001) en la medida en que el acusado, a diferencia del testigo, no s&oacute;lo no tiene obligaci&oacute;n de decir la verdad, sino que puede callar parcial o totalmente lo que le interesa; de hecho, como hemos visto, puede mentir impunemente. En s&iacute; misma, la declaraci&oacute;n no vale nada; habr&aacute; que buscar datos objetivos que la respalden y, en sentido contrario, valorar motivos espurios que pudieran privarle de credibilidad, como el af&aacute;n de exculpaci&oacute;n o el &aacute;nimo de obtener alg&uacute;n tipo de beneficio punitivo. 
    </p><p class="article-text">
        Elaboraci&oacute;n de receta: se juntan estos tres ingredientes y tenemos un proceso podrido. La imagen de V&iacute;ctor Aldama compareciendo en la m&aacute;s alta tribuna de nuestro m&aacute;s alto tribunal, ejerciendo de ap&oacute;stol y propagandista, es desoladora. En una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica, Aldama utiliza la oportunidad concedida para ensuciar, insinuar, contradecirse, patalear <a href="https://www.eldiario.es/politica/psoe-pide-amparo-supremo-injurias-aldama-no-permitiremos-difame-impunemente_1_13182090.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contra el Gobierno</a> sin aportar nada, en una declaraci&oacute;n donde apenas se le hacen preguntas. Es un parlamento, un coloquio donde se explaya, con el permiso del Tribunal y la satisfacci&oacute;n de la Fiscal&iacute;a Anticorrupci&oacute;n, sobre cosas que no tienen nada que ver con el objeto del pleito, que ya no sabemos de qu&eacute; va: empezaron siendo las mascarillas, pasaron a ser las chicas y ahora es la pura mugre. Amparado en su derecho a no decir la verdad, Aldama no confiesa; simplemente dice cosas, pero esto no es confesar. &iquest;Qu&eacute; confiesa insinuando la responsabilidad de Pedro S&aacute;nchez? Nada de lo que ha dicho esta persona ha permitido descubrir algo que no se supiera antes. Del delito m&aacute;s grave que enfrenta, un delito fiscal por importe de millones de euros, no ha confesado; no lo necesita, sabe que no ir&aacute; a la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        Aldama ha descubierto que cuanto m&aacute;s alto apunte, menos tiempo pasar&aacute; en prisi&oacute;n; alguien se lo ha dicho, y este elemento simbi&oacute;tico es lo realmente inquietante. Aldama es un instrumento sospechoso: se le da audiencia porque se le necesita. De nada de lo que dice hay pruebas, pero precisamente por ello alguien parece tener inter&eacute;s en escucharle con atenci&oacute;n, en dar valor a lo que no vale nada, porque en el objetivo que alguno tiene fijado sobre Ferraz, no cuentan con m&aacute;s balas que el pobre testimonio de un mentiroso. No es munici&oacute;n bastante, pero lo intentar&aacute;n, ya ver&aacute;n ustedes. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, el Tribunal Supremo no vivi&oacute; su mejor d&iacute;a al permitir a Aldama en sesi&oacute;n solemne dar una conferencia inmunda. Lo peor, con todo, est&aacute; por llegar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/caso-mascarillas-receta-proceso-podrido_129_13186462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 20:09:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Mascarillas,Caso mascarillas,José Luis Ábalos,Víctor Aldama,Koldo García]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Operación Kitchen: mucho que decir, poco que contar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/operacion-kitchen-decir_129_13170275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80e1fe03-23ba-4fde-ad5e-fa922fc2625e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Operación Kitchen: mucho que decir, poco que contar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas voces reclaman reabrir la investigación, en la esperanza de que la Audiencia Nacional deduzca testimonio para que se investigue ahora a Rajoy o a Cospedal. Pero es poco probable que el tribunal se decante por esta opción, como ya ha adelantado al denegar la cuestión previa solicitada en tal sentido</p><p class="subtitle">Rajoy niega la guerra sucia de su Gobierno con una afirmación sin pruebas y numerosos olvidos</p></div><p class="article-text">
        Imaginen que, al comprar un coche, les ofrecen dos opciones: hay una marca cuyos modelos apenas se aver&iacute;an, pero si lo hacen, no los reparan; otra, en cambio, tiene veh&iacute;culos menos fiables, pero si fallan los arreglan sin demora. &iquest;Por cu&aacute;l se decantar&iacute;an? Imaginen un pa&iacute;s donde hay poca corrupci&oacute;n, pero cuando se descubre no se castiga, mientras que en otro, con pol&iacute;ticos m&aacute;s corruptos, estos siempre terminan en el banquillo y castigados. &iquest;Cu&aacute;l de los dos pa&iacute;ses entender&iacute;an ustedes como m&aacute;s fiel a los principios democr&aacute;ticos propios de una sociedad moderna? &iquest;Podr&iacute;a ser m&aacute;s honesto y decente el pa&iacute;s m&aacute;s corrupto? Probablemente, porque la impunidad es la peor de las corrupciones. Aqu&iacute; est&aacute; la clave: los pol&iacute;ticos son siempre el blanco de las dianas, pero no s&oacute;lo est&aacute; en sus manos la llave de la virtud p&uacute;blica; tambi&eacute;n est&aacute; en las manos de los jueces, porque la ejemplaridad &eacute;tica de una sociedad no depende de que el coche no se aver&iacute;e nunca, sino de garantizarse los medios para solventar el problema cuando aparece. 
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n el juicio de la Kitchen nos muestra un fracaso especialmente desolador, porque no solo expone ante la ciudadan&iacute;a unos delitos ejecutados por el mism&iacute;simo Gobierno de Espa&ntilde;a, orientados por la villan&iacute;a de ocultar otros anteriores cometidos por el Partido Popular, sino tambi&eacute;n porque pone sobre el tapete las maniobras que han conllevado la impunidad programada de sus m&aacute;s altos dirigentes. 
    </p><p class="article-text">
        En este juicio hijo de la G&uuml;rtel, madre de todas las tramas, quedan retratados pol&iacute;ticos pero tambi&eacute;n jueces. Retengamos el nombre de tres, suficientes para triangular el drama de la impunidad: el primero ser&iacute;a Baltasar Garz&oacute;n, aquel que se atrevi&oacute; a hincarle el diente a esta urdimbre corrupta; fue expulsado de la carrera por haber tomado una decisi&oacute;n que le hab&iacute;a solicitado la Fiscal&iacute;a y que, cuando el asunto pas&oacute; al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, fue adoptada nuevamente por Antonio Pedreira Andrade, a quien nadie inquiet&oacute;. &ldquo;Se va a jubilar pronto, est&aacute; enfermo&rdquo;, me dijo un magistrado del Tribunal Supremo para intentar explicarme por qu&eacute; le hab&iacute;an perdonado a este su (supuesto) delito; la pieza a cazar era otra. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo juez de este drama ser&iacute;a &Aacute;ngel Luis Hurtado Adri&aacute;n, el magistrado que protegi&oacute; a Rajoy de las preguntas de Mariano Ben&iacute;tez de Lugo en el juicio de la G&uuml;rtel y que, concluido este, firm&oacute; un imaginativo voto particular a la sentencia sosteniendo que Luis B&aacute;rcenas hab&iacute;a llevado la contabilidad extracontable del Partido Popular &ldquo;a espaldas del propio partido&rdquo;. No se r&iacute;an, no, que aquel voto le llev&oacute; directo al Tribunal Supremo. 
    </p><p class="article-text">
        Y la tercera pata del taburete es, l&oacute;gicamente, Manuel Garc&iacute;a-Castell&oacute;n. Menudo papel&oacute;n el de este magistrado, que va por las esquinas lament&aacute;ndose de que le llamen prevaricador. Ignoro si lo es, aunque cualquiera de las cr&oacute;nicas explicando sus maniobras &mdash;pueden quedarse con <a href="https://www.eldiario.es/politica/exculpacion-cospedal-cinco-actos-garcia-castellon_1_9399552.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">alguna de Pedro &Aacute;gueda</a>&mdash; podr&iacute;a trasponerse sin mucha dificultad como hechos probados en una sentencia. En el Partido Popular suspiraban por el regreso de Garc&iacute;a-Castell&oacute;n a la Audiencia Nacional, suplicando (reconozcamos que sin mucha altura l&iacute;rica) para que el juez provisional se retirara a Ontinyent; regres&oacute; el convocado y, con un conjunto de decisiones incomprensibles, fue el encargado de echar el freno al proceso para dejar fuera a los dirigentes del partido que tanto le a&ntilde;oraba. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula <em>Algunos hombres buenos,</em> el coronel Nathan Jessup se debate violentamente al afrontar en juicio la pregunta definitiva: &iquest;orden&oacute; usted el c&oacute;digo rojo? En la alternativa de reconocer que dio la orden o, por el contrario, asumir que no se enteraba de lo que pasaba bajo su mando, el prurito profesional del coronel le lleva a reconocer que s&iacute;, que la dio, porque en su orgullo prefiere quedar de delincuente que de inepto. Este debate &eacute;tico entre el mando y el pellejo, que he visto tantas veces en responsables de empresas donde se comete un delito, no le alcanza desde luego a Rajoy, que para salvar el pellejo renuncia al mando. El Partido Popular se financi&oacute; ilegalmente recolectando dinero de empresarios; su presidente no sab&iacute;a nada. Reconstruy&oacute; la sede de G&eacute;nova &lsquo;a fundamentis&rsquo; con dinero negro; su presidente no se enter&oacute;. Pagaron con sobres a &lsquo;M. Rajoy&rsquo;; su presidente no sabe qui&eacute;n es. Orden&oacute; perseguir a B&aacute;rcenas para quitarle la &ldquo;libretita&rdquo;; su presidente segu&iacute;a en Babia. No hay quien se crea este nivel de inopia, pero a Rajoy le sale gratis porque no le votaron por enterarse de las cosas sino por fingir ignorancia sobre ellas, en ese sutil ejercicio de cinismo que consiste en hacerse el tonto y, con ello, hacer quedar de tontos a los dem&aacute;s.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xa6kbuc" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Rajoy purg&oacute; su mala conciencia a&ntilde;adiendo que respecto a aquella operaci&oacute;n de la que usted me habla y de la que no s&eacute; nada, solo s&eacute; que fue legal. No hay que descartar que, en caso de condena, acompa&ntilde;e a su ministro del Interior a la puerta de la c&aacute;rcel, que la lealtad de un subordinado suele ser m&aacute;s barata que la del superior. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y ahora qu&eacute; hacemos? Pues cualquier opci&oacute;n es complicada. Algunas voces reclaman reabrir la investigaci&oacute;n, en la esperanza de que la Audiencia Nacional deduzca testimonio para que se investigue ahora a Rajoy o a Cospedal. Varios de los delitos que son objeto de acusaci&oacute;n en esta causa tienen plazos de prescripci&oacute;n de quince a&ntilde;os, gracias a las largas penas de inhabilitaci&oacute;n que llevan aparejados, lo que amparar&iacute;a la posibilidad de investigar de nuevo lo sucedido entre 2013 y 2015. Pero, francamente, es poco probable que el tribunal se decante por esta opci&oacute;n, como ya ha adelantado al denegar la cuesti&oacute;n previa solicitada en tal sentido. B&aacute;rcenas se ha encargado de dilapidar su propio cr&eacute;dito, as&iacute; que las pruebas contra estos dirigentes tendr&iacute;an que ser especialmente elocuentes como para superar las l&iacute;neas rojas que su d&iacute;a impidieron enjuiciarlos. 
    </p><p class="article-text">
        Aparte de eso, el transcurso del tiempo pesa como un escollo. &ldquo;Al comp&aacute;s que adelanta el sumario se va fabricando inadvertidamente una verdad de artificio que m&aacute;s tarde se convierte en verdad legal&rdquo;, denunciaba Alonso Mart&iacute;nez al presentar en 1882 la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal, todav&iacute;a hoy vigente. Recordaba aquella advertencia al ver a las acusaciones forcejear in&uacute;tilmente con el tribunal para formular a Rajoy alguna pregunta comprometedora. Comprendo sus protestas cuando se las denegaban, como tambi&eacute;n entiendo las decisiones que protestaban. Se llama a un testigo a juicio para que informe de lo que ha visto u o&iacute;do, pero no se le puede formular bajo juramento una pregunta cuya respuesta pueda incriminarle. La Audiencia Nacional ha permitido algunas, en lo que entiendo que responde a una pr&aacute;ctica cada vez m&aacute;s asentada. Sin ir m&aacute;s lejos, en el juicio de las mascarillas que se tramita en el Tribunal Supremo en paralelo a este, se pregunt&oacute; a Carlos Moreno si hab&iacute;a pedido o recibido un soborno; esa no es una pregunta para un testigo que va a juicio sin abogado.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, B&aacute;rcenas, Rajoy y Cospedal han prestado declaraci&oacute;n, exponiendo al tribunal lo que tuvieron a bien. Los tres han declarado como testigos, con obligaci&oacute;n de decir verdad; visto que sus declaraciones son contradictorias, sobre todo las de B&aacute;rcenas y Rajoy, alguno de los dos ha tenido que mentir al tribunal. Se ha cometido un delito de falso testimonio y espero que los jueces investiguen cu&aacute;l de los dos ha sido; por aqu&iacute; se abrir&iacute;a un resquicio para valorar la eventual responsabilidad de Rajoy no tanto por su implicaci&oacute;n en la trama sino simplemente por mentir. Por lo dem&aacute;s, B&aacute;rcenas reproch&oacute; a Rajoy la comisi&oacute;n de un hecho grave que lesiona la dignidad del aludido, as&iacute; que estemos vigilantes para ver si este pide permiso a la Audiencia Nacional para querellarse contra B&aacute;rcenas por injurias, si es que tiene su versi&oacute;n por falsa. 
    </p><p class="article-text">
        Rajoy compareci&oacute; en el Congreso en diciembre de 2021 para decir que nunca hab&iacute;a pisado la &lsquo;cocina&rsquo; que ahora se enjuicia. El delito de falso testimonio en una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n, que el Partido Popular pretendi&oacute; usar contra Santos Cerd&aacute;n, prescribe a los cinco a&ntilde;os, as&iacute; que se podr&aacute; revisar el contenido de aquella comparecencia y contrastarlo con lo que est&aacute; saliendo ahora en el juicio. Pero tambi&eacute;n ser&iacute;a una opci&oacute;n de recorrido incierto. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, mucho que decir y poco que contar, como lament&oacute; Arsenio Iglesias en la rueda de prensa m&aacute;s triste del mundo. Reactivar la investigaci&oacute;n de esta trama corrupta para dirigirla ahora contra quienes fueron orillados es muy complejo. La estrategia que nos ha llevado hasta esta impunidad ha tenido &eacute;xito. Por eso, en mi opini&oacute;n este juicio no es s&oacute;lo un proceso contra la operativa pol&iacute;tico-mafiosa dirigida a eliminar pruebas de delitos; los recientes testimonios lo convierten tambi&eacute;n en un proceso contra la operativa pol&iacute;tico-judicial que mediante un peculiar tr&aacute;fico de destinos (un juez a la calle, otro al Supremo y un tercero &ldquo;a tomar por culo a Onteniente&rdquo;) consigui&oacute; que los jueces no hicieran lo necesario para que Rajoy o Cospedal se sentaran en el banquillo. En fin, &ldquo;el que pueda hacer, que haga; el que pueda aportar, que aporte&rdquo;, dijo Aznar. &ldquo;El que pueda no hacer nada, que se est&eacute; quietecito&rdquo;, debi&oacute; a&ntilde;adir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/operacion-kitchen-decir_129_13170275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 20:30:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Operación Kitchen: mucho que decir, poco que contar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Operación Kitchen,Mariano Rajoy,María Dolores de Cospedal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crónica de una condena anunciada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/cronica-condena-anunciada_129_13120836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5ef570e-0aeb-4abc-87c6-fc9e542be0e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica de una condena anunciada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como la compra de mascarillas resulta algo insulsa, comparece en juicio sepultada en una salsa hedionda emulsionada con un conjunto de corruptelas, toscas y cutres, que parecen sacadas de una película franquista de bajo presupuesto</p><p class="subtitle">'Caso Ábalos: la tríada de la corrupción': un documental de elDiario.es sobre el caso mascarillas</p></div><p class="article-text">
        Desconf&iacute;en de quienes alardean de tener muchos principios; aplicar&aacute;n uno diferente en cada ocasi&oacute;n. Lo mismo sucede con el proceso penal: le bastan unos pocos principios b&aacute;sicos, que caben en un art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n, as&iacute; que desconf&iacute;en de los procedimientos que aplican normas especiales. El proceso es la garant&iacute;a, y el manoseo de sus normas tiende a subvertir su naturaleza; tanto, que a veces desaparece para convertirse en una penosa sucesi&oacute;n de actos previos a una condena anunciada. 
    </p><p class="article-text">
        Ya tenemos aqu&iacute; el juicio contra &Aacute;balos, Koldo y Aldama. Se le ha llamado el juicio de las mascarillas porque, en efecto, el origen de la imputaci&oacute;n gira en torno a unos contratos p&uacute;blicos de suministro de mascarillas firmados durante la pandemia. Seg&uacute;n la acusaci&oacute;n, unos empresarios pagaron a Koldo y a &Aacute;balos para promover que organismos del Ministerio de Transportes compraran el material. El relato ofrece elementos turbadores, como la ubicua presencia de Koldo arrastrando su perfil <em>lombrosiano</em> entre bastidores, pero se formula de manera confusa y ofrece esquirlas de debilidad: parece deducirse que los empresarios sobornaron para tener informaci&oacute;n privilegiada que les permitiera presentar una mejor oferta, pero que no pagaron para conseguir los contratos. En coherencia con dicha tesis, la Fiscal&iacute;a no ver&aacute; malversaci&oacute;n en estas adjudicaciones: no habr&iacute;a existido perjuicio para el patrimonio p&uacute;blico. Aldama, que gan&oacute; m&aacute;s de tres millones y medio de euros con estos contratos, no tendr&aacute; que devolver este importe a las entidades contratantes. Por si fuera poco, la acusaci&oacute;n no encuentra el dinero del soborno, que aparece muy a cuentagotas; se ignora cu&aacute;nto pudo haber recibido esta extra&ntilde;a pareja por facilitar la contrataci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando los malos cocineros advierten que el plato les ha quedado escaso, lo rellenan de guarnici&oacute;n. Como la compra de mascarillas resulta algo insulsa, comparece en juicio sepultada en una salsa hedionda emulsionada con un conjunto de corruptelas, toscas y cutres, que parecen sacadas de una pel&iacute;cula franquista de bajo presupuesto: &Aacute;balos coloc&oacute; a su novia en una empresa p&uacute;blica que no pisaba; le puso un apartamento pagado por un empresario amigo; pas&oacute; unos d&iacute;as en Marbella invitado por otro; consigui&oacute; aplazar la deuda tributaria de una empresa de Aldama; otro empresario interesado en una licencia de hidrocarburos le ofreci&oacute; en alquiler un chalet en La L&iacute;nea; se repart&iacute;a con Koldo diez mil euros al mes de coimas... Esta guarnici&oacute;n apesta a podrido. De ser ciertos, son hechos bochornosos, pol&iacute;ticamente demoledores, que mueven tanto a la indignaci&oacute;n como a la verg&uuml;enza ajena. Con todo, no nos enga&ntilde;emos, no alcanzan la gravedad que se esperaba: los millones no aparecen. Una corrupci&oacute;n de libro, o m&aacute;s bien de c&oacute;mic, que cumple el objetivo buscado: en la resoluci&oacute;n donde el instructor, Leopoldo Puente, concluye la investigaci&oacute;n y hace un relato de los hechos, mencionar&aacute; ya los contratos de mascarillas en &uacute;ltimo lugar. Para cuando el lector llega a ese cap&iacute;tulo, est&aacute; asqueado de sinvergonzoner&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Conociendo el men&uacute; que ser&aacute; enjuiciado, veamos el procedimiento que se ha seguido, porque aqu&iacute; el Tribunal Supremo empieza a desafinar. Estas disonancias provienen del uso simult&aacute;neo de dos instrumentos procesales que alteran el normal desarrollo de un proceso: la formaci&oacute;n de piezas separadas y el aforamiento. La combinaci&oacute;n de ambas figuras ha originado un estropicio dif&iacute;cil de arreglar.
    </p><p class="article-text">
        El juicio que comienza en el Tribunal Supremo nace como una hijuela de un procedimiento tramitado ante el antiguo Juzgado Central n&ordm; 2 de la Audiencia Nacional, al que hab&iacute;a correspondido la querella de la Fiscal&iacute;a por la compra de mascarillas. Al desprenderse indicios contra un aforado, el juez remiti&oacute; la causa al Supremo, &oacute;rgano que adopt&oacute; entonces una extra&ntilde;a decisi&oacute;n: no investigar&iacute;a a todos los implicados sino solamente a &Aacute;balos, &uacute;nico aforado, aunque a la postre incluy&oacute; tambi&eacute;n a Koldo y Aldama. Pero esto no se puede hacer, y adem&aacute;s es imposible, porque los jueces no investigan personas, investigan hechos. 
    </p><p class="article-text">
        De aqu&iacute; proviene el grave desajuste que lastra este proceso: a partir de entonces, tenemos dos tribunales investigando los mismos contratos de mascarillas: uno a los pol&iacute;ticos corruptos (Tribunal Supremo) y otro a los empresarios corruptores (Juzgado Central n&ordm; 2 de la Audiencia Nacional). Koldo, por estar en medio, seguir&aacute; imputado en ambos sitios. El vodevil se complica porque, en su expansi&oacute;n, el Supremo tambi&eacute;n analizar&aacute; supuestas gestiones para favorecer la concesi&oacute;n de una licencia de comercializaci&oacute;n de hidrocarburos, hechos investigados en el antiguo Juzgado Central n&ordm; 5 de la Audiencia Nacional. Una locura. Cuando un informe de la UCO quiso advertir irregularidades en la contrataci&oacute;n de obra p&uacute;blica del Ministerio de Transportes, amenazando con eternizar la investigaci&oacute;n, el Supremo puso pie en pared: abri&oacute; una pieza separada para dejar este tema aparcado y no juzgarlo ahora, para no hacerlo nunca. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el &oacute;rgano sentenciador ha dise&ntilde;ado un artilugio para definir cuidadosamente el alcance objetivo (hechos) y subjetivo (acusados) del juicio que celebrar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias son devastadoras: el Tribunal Supremo analizar&aacute; si ciertos pol&iacute;ticos fueron corrompidos por empresarios; juzgar&aacute; a los pol&iacute;ticos, pero no a los empresarios. Se dispone a decidir si urdieron con directivos de ADIF la contrataci&oacute;n en falso de la novia del ministro; juzgar&aacute; al ministro pero no a los directivos. En una muestra de cierto cinismo llamar&aacute; a estos empresarios y directivos a declarar como testigos, despu&eacute;s de mantenerlos al margen del procedimiento, convoc&aacute;ndolos a declarar bajo juramento. No podr&aacute;n hacerlo; est&aacute;n imputados en la Audiencia Nacional. El Supremo no los juzgar&aacute;, no escuchar&aacute; a sus abogados, no les dar&aacute; oportunidad de defenderse; sin embargo, como ustedes comprender&aacute;n, una condena a &Aacute;balos los condena tambi&eacute;n a ellos, porque si el Supremo advierte delito en la trama y ellos son parte de la misma, no habr&aacute; tribunal que los absuelva. 
    </p><p class="article-text">
        Lo propio ser&iacute;a que el Tribunal Supremo, ahora que &Aacute;balos ha cedido el foro, devolviera el asunto a su juzgado de origen; ninguna ley lo impide. Pero no lo har&aacute;; urge celebrar el juicio. Ello explica, de paso, la acelerada y superficial instrucci&oacute;n del asunto, confiando pr&aacute;cticamente el esclarecimiento de los hechos a la palabra de Aldama. Por poner un ejemplo, el magistrado sostiene que est&aacute; &ldquo;plenamente justificado&rdquo; que los acusados consiguieron el aplazamiento indebido de una deuda tributaria; el fiscal nos dir&aacute; que &ldquo;no lleg&oacute; a producirse&rdquo;. &iquest;Tan dif&iacute;cil era aclararlo antes del juicio? 
    </p><p class="article-text">
        Seamos realistas: para averiguar la verdad de lo sucedido, habr&iacute;a que investigar bastante m&aacute;s y juzgar a todos los implicados juntos; pero para condenar a &Aacute;balos y Koldo, no es necesario. Estamos ante un juicio de objeto delineado y, en esta medida, orientado a un desenlace. Y el desenlace es la condena de esta pareja.
    </p><p class="article-text">
        Para este pron&oacute;stico no es necesario leer entre l&iacute;neas las decisiones del Tribunal; basta leer las l&iacute;neas mismas. En una resoluci&oacute;n de octubre del pasado a&ntilde;o Leopoldo Puente mostraba su estupor por que &Aacute;balos siguiera siendo diputado; su estupor constata la demolici&oacute;n del principio de presunci&oacute;n de inocencia. Que un inocente sea diputado no deber&iacute;a llamar la atenci&oacute;n nunca, pero al Supremo le espanta porque lo tiene por culpable. Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de aquella resoluci&oacute;n, el mismo instructor estupefacto decidi&oacute; meterlo en prisi&oacute;n, junto con Koldo, aclarando que los encarcelaba porque el juicio se acercaba, las penas a que se enfrentan son estratosf&eacute;ricas y la inminente condena ser&aacute; irrecurrible, firme y de inmediato cumplimiento, que ya ven ustedes los beneficios de este privilegio al que llaman aforamiento, que te deja sin recurso.
    </p><p class="article-text">
        Pero el estupor del magistrado denotaba algo m&aacute;s profundo y oscuro, que es el sue&ntilde;o de soberan&iacute;a que aqueja a ciertas magistraturas: es el estupor de un dios at&oacute;nito al ver que su palabra no tiene poder omn&iacute;modo. Es inevitable vincular el precipitado arrojo del Supremo contra &Aacute;balos y Koldo a este deseo de reivindicarse frente a otro poder del Estado. Coincidiendo con el ingreso de &Aacute;balos en prisi&oacute;n, la presidenta de la Asociaci&oacute;n Profesional de la Magistratura aprovechaba la clausura de su congreso para insolentarse con el ministro de Justicia: &ldquo;nos vas a tener de frente&rdquo;. Ah&iacute; lo tienen. &ldquo;Deseo que tus reformas duerman el sue&ntilde;o de los justos&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. Ya no parece escandaloso que los jueces critiquen las leyes que han de aplicar, cuestionando la voluntad popular que las impulsa, cr&iacute;tica que antecede a su desobediencia o, en su caso, a una aplicaci&oacute;n tan restrictiva que desnaturaliza la decisi&oacute;n del legislador; as&iacute; ha pasado con la ley de amnist&iacute;a. Quieren hacer ellos las leyes. Les recomiendo el documental &ldquo;Justicia capturada&rdquo; para que vean, en la experiencia de Ruman&iacute;a, c&oacute;mo ser&iacute;a un poder judicial sin ning&uacute;n contrapoder: se convertir&iacute;a en una camarilla de cofrades, donde ascender&iacute;an los amigos y se condenar&iacute;a a los enemigos; si no les gusta la palabra mafia, qu&eacute;dense con que se parecer&iacute;a a una federaci&oacute;n de f&uacute;tbol. La asociaci&oacute;n judicial mayoritaria en los jueces, y tambi&eacute;n en el Tribunal Supremo, est&aacute; enfrente del gobierno, y eso explica muchas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, estos jueces no creen en la presunci&oacute;n de inocencia; al menos, que no se crean que somos todos unos inocentes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/cronica-condena-anunciada_129_13120836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Crónica de una condena anunciada]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Ábalos,Caso mascarillas,Koldo García,Tribunales]]></media:keywords>
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