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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carlos López-Keller]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carlos-lopez-keller/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carlos López-Keller]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El mensaje del PP y Vox a las mujeres: no te has duchado y ya has perdido derechos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mensaje-pp-vox-mujeres-no-has-duchado-has-perdido-derechos_129_13362519.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/65d632d5-5254-459e-a543-bff680bd863a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x902y303.jpg" width="1200" height="675" alt="El mensaje del PP y Vox a las mujeres: no te has duchado y ya has perdido derechos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No nos engañemos. Quienes promueven la ley del concebido no nacido son los mismos que han urdido la miserable noción de la prioridad nacional y que reniegan de los niños extranjeros a quienes dejan sin lugar ni futuro. Estos impulsos ‘pro natalitate’ se plantean ideológicamente como una inquietante solución a la teoría del ‘gran reemplazo’ </p></div><p class="article-text">
        Una patera lleg&oacute; a Europa hace a&ntilde;os, ya no recuerdo el lugar. En ella viajaban una docena de j&oacute;venes subsaharianos y un ni&ntilde;o. La cooperante de la Cruz Roja pregunta a los adultos por el cr&iacute;o; todos se encogen de hombros negando con la cabeza: no es su hijo. La cooperante toma de la mano al chaval y se lo lleva para entregarlo a los servicios sociales. De repente, el ni&ntilde;o se zafa y corre para abrazarse, llorando de desesperaci&oacute;n, a las piernas de uno de los pasajeros, su padre. Consciente del destino que les espera, el padre se desprende del hijo en un arrebato de impotencia, a puro manotazo: &iexcl;no te conozco, al&eacute;jate!, solloza entre patadas. Ignoro el destino del ni&ntilde;o. Es posible que, como otros muchos, haya ido dando tumbos entre unas autoridades provida que les cierran las puertas, que se niegan a acogerlos, que se tapan la nariz para barrerlos a la comunidad vecina como residuos t&oacute;xicos. Es posible que hoy, tras pasar por los orfelinatos de desamparados de media Espa&ntilde;a, este moderno Oliver Twist vagabundee por los parques madrile&ntilde;os, soportando a la intemperie que las brigadas de limpieza de Almeida (que tratan a las personas como suciedad) le arrebaten sin previo aviso los cartones y la ropa pero le dejen la miseria y el dolor. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, ahora que estamos hablando de la ley del concebido y no nacido que planea Feij&oacute;o, cediendo una vez m&aacute;s la iniciativa a la ultraderecha de Ayuso, resulta inevitable traer al debate al nacido no concebido, al ni&ntilde;o que ha nacido, que vive y se encuentra entre nosotros pero a quien no vemos, a quien somos incapaces de concebir como miembro existente de la sociedad porque naci&oacute; en la pobreza de un pa&iacute;s lejano. Sofocados en este hedor de xenofobia, a estos ni&ntilde;os no los concebimos ya como seres humanos. Con esta advertencia previa, ahora podemos hablar de la ley de Ayuso que propone copiar Feij&oacute;o.  
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos que corren, el derecho parece un arma de charlatanes, pero dejadme reivindicarlo como lo que realmente es: una ingenier&iacute;a de letras, un reducto de saber cient&iacute;fico con una clara vocaci&oacute;n t&eacute;cnica. Y quiz&aacute;s el primer mandamiento jur&iacute;dico imaginable, trasladado desde la escuela ele&aacute;tica, ser&iacute;a este: lo que es, es; lo que no es, no es. Una persona es una persona, y lo que no es una persona, no lo es. Esto no es una opini&oacute;n, es una evidencia cient&iacute;fica y, por tanto, jur&iacute;dica. Pero cuando millones de personas son incapaces de convencerse, de querer aprender que el di&oacute;xido de carbono causa un efecto invernadero, para as&iacute; quedarse imp&aacute;vidos ante la destrucci&oacute;n del planeta, &iquest;qu&eacute; verdad los convencer&aacute;? 
    </p><p class="article-text">
        La Comunidad de Madrid anuncia su pretensi&oacute;n de convertir al concebido no nacido en un miembro m&aacute;s de la unidad familiar; esto no parece t&eacute;cnicamente viable y las noticias de prensa no apuntan en esta l&iacute;nea. La ley contemplar&aacute;, es cierto, beneficios y ayudas en favor de quienes est&eacute;n esperando un hijo. Nada habr&iacute;a que oponer al respecto, m&aacute;s all&aacute; de lo extra&ntilde;o de entender que una mujer embarazada de gemelos pudiera ser, siendo una y ella sola, familia numerosa. &lsquo;Soy numerosa, inmensa, &iexcl;contengo multitudes!&rsquo;, podr&iacute;a recitar con Whitman. Habr&aacute; de recordarse que, de manera tradicional, los beneficios en favor de las familias numerosas han tenido en Espa&ntilde;a un efecto fiscalmente regresivo, al conceder a matrimonios pudientes con hijos ayudas que ser&iacute;a m&aacute;s justo conceder a matrimonios humildes sin ellos. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, tratar de aumentar la natalidad dando dinero a las mujeres ha tenido hist&oacute;ricamente un recorrido de &eacute;xito muy matizado; confiar en estas medidas, despreciando otras de calado vinculadas al trabajo y a la vivienda, no ofrece motivos para la esperanza. Es cierto que vivimos en un mundo capitalista, pero no todo se soluciona dando dinero a la gente. 
    </p><p class="article-text">
        La ley conceder&aacute; ayudas a las mujeres gestantes pero no al feto. En teor&iacute;a no podr&iacute;a hacerlo porque, como digo, lo que no es, no es: quien no ha nacido no es persona, ni tiene por tanto los derechos propios de tal. El C&oacute;digo Civil nos lo recuerda en su art&iacute;culo 30, cuyo texto original, por cierto, mantuvo hasta hace poco el terrible recuerdo de las hambrunas decimon&oacute;nicas y de la posguerra espa&ntilde;ola, tan r&aacute;pidamente olvidadas. Y es que era tanta la mortandad infantil que sufri&oacute; hist&oacute;ricamente nuestro pa&iacute;s, que hasta la reforma de 2011 hab&iacute;a que esperar a que el ni&ntilde;o superara las veinticuatro horas de vida para tenerlo por nacido. Por fortuna, aquel viejo precepto se cambi&oacute; y hoy establece con claridad que la personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida. Antes, existe un feto, un embri&oacute;n, un &oacute;vulo fecundado, pero no existe un hijo. No es persona todav&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Se ha reiterado hasta la saciedad la vieja etimolog&iacute;a de la palabra persona, referida a la m&aacute;scara que los actores del teatro cl&aacute;sico portaban en escena para hacer sonar (per sonare) sus voces sobre la grada. Solo el nacimiento nos convierte en actores de la vida social, entendido como seres con voz, receptores de derechos y obligaciones. Y solo el fallecimiento nos priva de estos derechos. No es persona quien no ha nacido, como no lo es quien ya ha fallecido. 
    </p><p class="article-text">
        El problema es la ideolog&iacute;a que subyace tras la iniciativa. Como digo, es probable que la ley tenga un recorrido material escaso y una repercusi&oacute;n limitada a la concesi&oacute;n de unas ayudas concretas; lo grave es lo que subyace en la sombra que, como es habitual, ronda Miguel &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez. En un tuit propio de su catadura sugiere que &ldquo;seg&uacute;n termina de fecundar (sic, habr&aacute; querido decir seg&uacute;n termina de ser fecundada), antes de ducharse, lo que tiene la mujer en su vientre es una persona con derechos&rdquo;. No aclara la relevancia jur&iacute;dica de la ducha en este debate pero, m&aacute;s all&aacute; de la tontuna, es que no es cierto: el &oacute;vulo fecundado no es persona, ni antes ni despu&eacute;s del bautismo salv&iacute;fico del ba&ntilde;o. El &oacute;vulo forma parte integrante de la mujer; no tiene relaci&oacute;n con nada al margen o fuera del &uacute;tero donde se halla. Por eso, dar derechos propios de personalidad al &oacute;vulo solo se puede hacer concedi&eacute;ndoselos frente o en oposici&oacute;n a la mujer que lo porta, quit&aacute;ndole derechos a ella para d&aacute;rselos al gameto fecundado. Y en esa batalla de balanzas estamos: la ley nos aclara que mientras que el feto no alcanza un determinado nivel de maduraci&oacute;n, la mujer conserva la gesti&oacute;n de su destino y puede interrumpir su embarazo. Con estas iniciativas, m&aacute;s all&aacute; de dar ayudas a la escolarizaci&oacute;n, la ultraderecha pretende mover el marco de esta balanza y lanzar un mensaje a las mujeres: no te has duchado todav&iacute;a y ya has perdido derechos. 
    </p><p class="article-text">
        De todas formas, no nos enga&ntilde;emos. Quienes promueven esta ley son los mismos que han urdido la miserable noci&oacute;n de la prioridad nacional; los mismos que reniegan de los ni&ntilde;os extranjeros a quienes dejan sin lugar ni futuro. La ley que Feij&oacute;o impuls&oacute; en Galicia en 2011 se basaba en una &ldquo;grav&iacute;sima retracci&oacute;n de la natalidad y un alarmante envejecimiento de la poblaci&oacute;n&rdquo;. Sin embargo, la Comunidad de Madrid aumenta de poblaci&oacute;n a&ntilde;o tras a&ntilde;o y se encuentra entre las comunidades menos envejecidas; la raz&oacute;n de la ley no est&aacute; ah&iacute;. Estos impulsos &lsquo;pro natalitate&rsquo; se plantean ideol&oacute;gicamente como una inquietante soluci&oacute;n a la teor&iacute;a del &lsquo;gran reemplazo&rsquo; con la que la ultraderecha disfraza su racismo de aporofobia. De lo que se trata, en definitiva, es de que la gente de bien y orden siga fecund&aacute;ndose entre s&iacute;; as&iacute; que ya se las apa&ntilde;ar&aacute;n estos fieras para reconducir las ayudas y que no sean aprovechadas por orantes a falsos dioses y gente de fuera. Como hemos visto en la concesi&oacute;n de abonos de transportes (ya ven la rapidez con que la prioridad nacional se convierte en prioridad regional), tal vez el mecanismo para esta discriminaci&oacute;n sea la gesti&oacute;n del empadronamiento, o alg&uacute;n otro artilugio semejante, que negar&aacute;n a los infieles m&aacute;s prol&iacute;ficos, convertidos en sujetos no prioritarios. 
    </p><p class="article-text">
        Hace ciento noventa a&ntilde;os la sociedad inglesa dirigi&oacute; su mirada a un ni&ntilde;o abandonado en un hospicio parroquiano y se reconoci&oacute; horrorizada. Mucho me temo que, dirigidos en la Comunidad por un gobierno provida que insulta a los ni&ntilde;os extranjeros, convirti&eacute;ndolos en no-seres tras un acr&oacute;nimo burlesco, hoy no nos reconocer&iacute;amos como sociedad si Dickens escribiera de nuevo su libro. Sin embargo, somos nosotros: alardear de soltar migajas a madres gestantes mientras nos negamos a acoger a los Oliver Twist de nuestro tiempo, mientras le quitamos el futuro a ni&ntilde;os que despidieron a sus padres en una patera, no hace sino retratarnos en nuestra inhumanidad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/mensaje-pp-vox-mujeres-no-has-duchado-has-perdido-derechos_129_13362519.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Jul 2026 20:07:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Alberto Núñez Feijóo,Santiago Abascal,Isabel Díaz Ayuso,Aborto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caso Zapatero: ¿y ahora qué?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/caso-zapatero-ahora_129_13317847.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/104a5a33-20a4-4251-b8ee-3d8fa797dfb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145606.jpg" width="1984" height="1116" alt="Caso Zapatero: ¿y ahora qué?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La tesis de que la SEPI dio la ayuda a la aerolínea a instancias de Zapatero no parece que vaya a llegar a ninguna parte, pero, ¡quién sabe! Le investigarán otras cosas, le investigarán todo</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, bajo una cabecera de antiguo prestigio, un periodista se burlaba donosamente de los socialistas, sosteniendo su escarnio en que los pobrecillos no habr&iacute;an encontrado todav&iacute;a un argumentario con el que enfrentarse a la desolaci&oacute;n provocada por Zapatero. Habr&aacute; que admitir que ten&iacute;a raz&oacute;n el periodista en su amargo sarcasmo: los socialistas parecen desorientados, atormentados a dudas, sin encontrar un supuesto argumentario que les sirva como relato de consigna. Por el contrario, aquel periodista demostraba tener uno y estar bastante c&oacute;modo en su desarrollo. Si me lo permiten, y parafraseando a Emil Cioran, no est&aacute; demostrado que tener sea mejor que no tener. 
    </p><p class="article-text">
        No se ha valorado todav&iacute;a el da&ntilde;o que los hechos vinculados a Zapatero est&aacute;n causando en la ciudadan&iacute;a; tardar&aacute;n tiempo en asentarse. Y ofrecen tantos perfiles desde tantos frentes, que el ruido hace imposible encontrar algo de luz entre la niebla. Se nos entrelazan discursos en perspectivas pol&iacute;tica, jur&iacute;dica y moral, tan diversos que el debate medi&aacute;tico sobre Zapatero se convierte en un f&aacute;rrago desordenado de vectores con pol&iacute;ticos que dan m&iacute;tines, profesores que dan clases y predicadores que dan homil&iacute;as. Aunque, en este alboroto, los tres grupos de opinadores est&aacute;n convocados a comportarse como augures que ofrecen pron&oacute;sticos. Bienvenidos al mentidero.   
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n era razonablemente previsible, el rescate de Plus Ultra ha pasado en las &uacute;ltimas semanas a un segundo plano, sepultado bajo el resplandor de otros oropeles. Creo que este aspecto de la investigaci&oacute;n, y aqu&iacute; me vuelvo adivino, tendr&aacute; un recorrido tan largo como estrecho: la tesis de que la SEPI dio la ayuda a la aerol&iacute;nea a instancias de Zapatero no parece que vaya a llegar a ninguna parte, pero, &iexcl;qui&eacute;n sabe! Le investigar&aacute;n otras cosas, le investigar&aacute;n todo. En un momento elocuente de su declaraci&oacute;n, esc&uacute;chenlo, el juez le pregunta por Focus Social, una empresa que no parece tener relaci&oacute;n con los hechos; Zapatero le hace notar que en el auto judicial que delimita el objeto de investigaci&oacute;n y los indicios contra &eacute;l, de 85 folios, no se menciona a esta empresa ni una sola vez. Calama le responde que de acuerdo, pero que figura en el atestado. &lsquo;No haga caso a mi auto que no vale nada; esto no lo manejo yo&rsquo;, pudo haber a&ntilde;adido el juez.
    </p><p class="article-text">
        Su defensa, aceptando el alcance prospectivo que ha alcanzado la causa, ha dado carta blanca para investigar si tiene sociedades o caudales fuera de Espa&ntilde;a. Y si los tuviera, &iquest;qu&eacute; delito ser&iacute;a? Estamos ante un proceso donde el descargo parece in&uacute;til. Se demostrar&aacute; que no guarda dinero en el extranjero y dir&aacute;n que eso demuestra su culpa: si no aparece nada, ser&aacute; se&ntilde;al de que lo ha ocultado eficazmente bajo la manta de testaferros, como insinu&oacute; Leopoldo Puente sobre &Aacute;balos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; con el famoso tel&eacute;fono de Rodolfo Reyes? Mi apuesta es que Calama nunca acordar&aacute; la nulidad de actuaciones, que ser&iacute;a tanto como reconocer que hizo mal las cosas. El juez ha rechazado la solicitud de Zapatero para profundizar en estas cuestiones; no quiere hacerlo. Es m&aacute;s probable que la Audiencia Nacional nos sorprenda con una nueva doctrina que avale <em>ad hoc</em> esta extra&ntilde;a operativa o incluso que la investigaci&oacute;n se desv&iacute;e hacia otros extremos no contaminados por esta conducta irregular. Y si, en el caso m&aacute;s improbable, se llegara a constatar una manifiesta y flagrante causa de nulidad en la importaci&oacute;n del contenido del m&oacute;vil, en tal caso ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil que la Audiencia Nacional archivara el asunto aduciendo que los indicios habr&iacute;an quedado desvirtuados, antes que reconocer haber vulnerado las reglas del procedimiento.
    </p><p class="article-text">
        Ahora han imputado a las hijas de Zapatero. Quiero entrever en la decisi&oacute;n de Calama, en la explicaci&oacute;n medida de su decisi&oacute;n, una suerte de velada prudencia, aunque tal vez sea mi pura ingenuidad. Les llamar&aacute; como imputadas porque va a preguntarles por su implicaci&oacute;n en los hechos, preguntas impropias para un testigo; las convocar&aacute;, pues, como imputadas, aunque no est&aacute; claro qu&eacute; indicios de qu&eacute; delitos existen contra ellas. En alguna reforma futura, tal vez nuestra ley pueda inventarse una figura intermedia entre un testigo y un imputado, alguien a quien poder preguntar si particip&oacute; en los hechos sin necesidad de imputarle antes. Ni puedo ni quiero creer que se las haya imputado para traer al procedimiento una moneda de cambio. 
    </p><p class="article-text">
        Y en esto aparecieron las joyas. Los diamantes de Bokassa. La tragedia se repite como farsa, como dijo el cl&aacute;sico. Halladas que han sido, Zapatero ha anunciado que dar&aacute; cumplida cuenta de su origen que, por raz&oacute;n de las eventuales responsabilidades penales, supone aclarar qui&eacute;n se las dio, cu&aacute;ndo, d&oacute;nde y a cambio de qu&eacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los m&aacute;s ancianos recordar&aacute;n que el C&oacute;digo Civil, conservando ense&ntilde;anzas de Roma, nos dice que el poseedor de un bien mueble se presume que es su due&ntilde;o, que lo tiene de buena fe y que no se le puede obligar a mostrar su t&iacute;tulo de propiedad. No est&aacute; obligado Zapatero a aportarlo, aunque si no lo hace se arriesga a que se valoren como ganancias patrimoniales ocultas al Fisco y pendientes de tributaci&oacute;n. Deber&aacute; demostrar que las ten&iacute;a desde tiempo atr&aacute;s, en ejercicios ya prescritos, y mejor si se las dieron en Espa&ntilde;a y no las trajo consigo desde fuera. Toda esta documentaci&oacute;n le podr&aacute; sacar, en su caso, del pozo del proceso penal, pero le arrojar&aacute; a un foso igualmente pestilente. Ser&aacute;, si se quiere, un juicio de pura moralidad, que tendr&aacute; el recorrido pol&iacute;tico que se le quiera dar; pero reconozcamos que si las joyas fueron el regalo de un jeque &aacute;rabe, esa hip&oacute;tesis que me cuesta creer, entonces la palabra de Zapatero ya no vale nada. 
    </p><p class="article-text">
        Dejar&eacute; apuntada la cuesti&oacute;n &eacute;tica, que no es la m&iacute;a, pero me parece interesante a ra&iacute;z de algunas aportaciones en este debate. &ldquo;Si est&aacute; mal, no lo hagas, aunque lo haga todo el mundo&rdquo;. El mensaje de nuestros mayores es m&aacute;s complejo y resbaladizo de lo que parece. La &eacute;tica nos concede armas para vivir en comunidad, manteniendo la igualdad de trato y el respeto al otro; las normas que nos hemos dado nos ense&ntilde;an a no pisar cabezas, a no obtener ventajas indebidas, a no aprovecharse de lo injusto. Pero he aqu&iacute; que cuando todo el mundo obra en sentido contrario, y vulnera lo pactado, respetar el viejo principio no nos resulta neutral, sino que nos perjudica: si nos presentamos a una oposici&oacute;n y todos tienen recomendaci&oacute;n con el tribunal salvo nosotros, &iquest;qu&eacute; debemos hacer? &iquest;Ser&aacute; posible que la respuesta m&aacute;s &eacute;tica sea comportarnos como unos est&uacute;pidos?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta correcta, por sorprendente que parezca, es que s&iacute;. Si los s&aacute;trapas del mundo inundan de dinero los bolsillos de todos a nuestro alrededor, eso no hace menos reprochable que nosotros lo aceptemos. Lo generalizado de una pr&aacute;ctica no modifica la catadura moral de quien la sigue. Deber&iacute;amos poder aceptar un perjuicio o una desventaja por defender nuestros principios. (Aunque en este caso, ni siquiera hay principios en juego; no aceptes lo que no te corresponde, ya est&aacute;). 
    </p><p class="article-text">
        El plano &eacute;tico tiene una derivada pol&iacute;tica, bastante m&aacute;s comprometida. El legado pol&iacute;tico de Zapatero es inmenso; ese quedar&aacute; ah&iacute;, pase lo que pase, para siempre. Sin embargo, la gente no acepta de buen grado comportamientos que puedan contradecir el discurso que uno ha venido manteniendo; pero no lo acepta no tanto porque los tengan o consideren como comportamientos indeseables o malos por naturaleza, sino m&aacute;s bien porque esa contradicci&oacute;n cuestiona la sinceridad del relato que llevan tiempo escuchando. Ese relato se convierte en lo peor que puede existir: un discurso sugerente, emotivo y valioso, un discurso que dice la verdad en boca de alguien que miente. 
    </p><p class="article-text">
        Por lo dem&aacute;s, el plano &eacute;tico tambi&eacute;n tiene una derivada jur&iacute;dica, con un recorrido m&aacute;s l&aacute;bil, difuminado pero evidente. Y es que poner en cuesti&oacute;n la moralidad de un imputado afecta a su l&iacute;nea de defensa: al tiempo que se le desmerece en la opini&oacute;n p&uacute;blica, se asienta de manera imperceptible el p&aacute;lpito de que merece una condena. No me lo tomen como una comparaci&oacute;n simplista, pero los deleznables mensajes entre Koldo y &Aacute;balos sobre mujeres, por m&aacute;s que impunes, incrementaron el riesgo de su condena, al hacerla m&aacute;s deseable y justa en el sentir de una colectividad asqueada; de forma parecida, tambi&eacute;n el tr&aacute;fico de joyas har&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil sostener el discurso de inocencia del expresidente en otras cuestiones ajenas a los collares. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, &iexcl;la que est&aacute; liando Zapatero!, que dir&iacute;a Wyoming. En esta niebla, la confusi&oacute;n nos convierte a todos en tertulianos confundidos, pol&iacute;ticos, predicadores, profesores y adivinos petulantes, sin m&aacute;s certeza que nuestra propia melancol&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; envidia me dan los periodistas con argumentario!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/caso-zapatero-ahora_129_13317847.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 19:33:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caso Zapatero: ¿son buenas las pruebas ilícitas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/caso-zapatero-son-buenas-pruebas-ilicitas_129_13292494.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b32afc7-2dca-489b-8074-1113bb852f47_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caso Zapatero: ¿son buenas las pruebas ilícitas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando la justicia toma una decisión tan grave como imputar a un expresidente, cualquier alternativa a la condena sería un baldón en el prestigio de unos jueces que, ahora mismo, no tienen crédito para desperdiciar</p></div><p class="article-text">
        En 2013 todav&iacute;a exist&iacute;an c&aacute;maras de video y tel&eacute;fonos p&uacute;blicos. Desde uno de ellos, un ladr&oacute;n llam&oacute; a la polic&iacute;a para decirles que en el bot&iacute;n robado en una casa del vecindario le hab&iacute;a aparecido una c&aacute;mara de video y unas cintas de material pornogr&aacute;fico con menores, que dejar&iacute;a, a disposici&oacute;n de los agentes, bajo un coche all&iacute; aparcado, junto a la direcci&oacute;n del robo. La polic&iacute;a fue al domicilio y detuvo al due&ntilde;o, quien ingres&oacute; en la c&aacute;rcel y meses despu&eacute;s fue condenado.  
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos que corren, a veces se hace dif&iacute;cil sostener que las pruebas obtenidas de forma il&iacute;cita son siempre malas, pero es necesario hacerlo: lo son. El procedimiento penal es un sistema de normas que nos hemos dado para buscar el esclarecimiento de la verdad y el castigo del culpable, respetando siempre los derechos fundamentales, pero no porque estos sean un capricho de garant&iacute;a versallesca, sino porque son precisamente el bien jur&iacute;dico a proteger con el castigo del delito. Es probable que violentando estos derechos pudi&eacute;ramos castigar a m&aacute;s culpables, pero el precio que pagar&iacute;amos ser&iacute;a devastador: si permiti&eacute;ramos a la polic&iacute;a escuchar todas las conversaciones que mantenemos, se descubrir&iacute;an m&aacute;s delitos, pero perder&iacute;amos el derecho a la reserva y al secreto; si se permitiera que los ladrones que entran a robar en nuestra casa, despu&eacute;s de quedarse con el dinero, llevaran nuestros papeles y archivos a la comisar&iacute;a, para que se analizara si somos o no unos delincuentes, vivir&iacute;amos en una pesadilla orwelliana.
    </p><p class="article-text">
        Entiendo que es un tema para el debate. &iquest;Se pueden hacer trampas para condenar a un culpable manifiesto? &iquest;Qu&eacute; hacemos ante una prueba il&iacute;cita pero singularmente contundente? Muchos dimos un respingo de incredulidad cuando vimos a Herv&eacute; Falciani robar datos bancarios de miles de personas, poniendo en la picota una larga lista de defraudadores fiscales; pero, seamos sinceros, lo que hizo no se puede hacer. La ley es muy clara: las pruebas obtenidas violentando directa o indirectamente los derechos fundamentales no surtir&aacute;n efecto. La aplicaci&oacute;n por los jueces de esta previsi&oacute;n legal, recogida en el art&iacute;culo 11 de la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial, es sin embargo mucho m&aacute;s confusa y oscura, tan inextricable, alambicada y perpleja que uno termina por concluir que los jueces van matizando su jurisprudencia seg&uacute;n el caso concreto. As&iacute;, sin atreverse a establecer unas reglas que pudieran explicarse con sencillez y generalidad, se rinden a la ponderaci&oacute;n de los intereses en juego, que viene siendo tanto como decir que el proceso admitir&aacute; m&aacute;s o menos trampas dependiendo de si el acusado es culpable de algo leve o de algo grave. 
    </p><p class="article-text">
        Los argumentos de la jurisprudencia, cuando quiere dar validez a una prueba irregular, pueden venir en filigrana: se debate si la vulneraci&oacute;n del derecho fundamental tiene que producirse en el momento de obtener la prueba o en el momento de incorporarla al procedimiento; se debate si la aportaci&oacute;n de documentos recabados en un registro il&iacute;cito lesiona el derecho a la inviolabilidad del domicilio o m&aacute;s bien el derecho a un proceso justo... Para dar validez a la lista Falciani, el Tribunal Supremo aport&oacute; la creativa respuesta de que la prueba era l&iacute;cita porque el ladr&oacute;n era un particular; si la polic&iacute;a hubiese robado los datos del HSBC, la prueba ser&iacute;a il&iacute;cita. Hay siempre una tensi&oacute;n latente en el proceso penal y todos estos vericuetos jurisprudenciales, m&aacute;s ahora que nos adentramos en una instrucci&oacute;n policial, van en la l&iacute;nea de restringir las garant&iacute;as procesales en favor de una supuesta eficacia. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto general hay que situar lo sucedido en el procedimiento que afecta a Zapatero, donde se ha dado una situaci&oacute;n muy particular: en 2021 una agencia policial estadounidense, la HSI, requis&oacute; el m&oacute;vil de un ciudadano venezolano, Rodolfo Reyes, extrayendo y volcando su contenido en el marco de una investigaci&oacute;n por contrabando. No consta que esta requisa y volcado de datos hubiera contado con permiso de ning&uacute;n juez. Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, la HSI facilit&oacute; el material a las autoridades policiales espa&ntilde;olas, que lo incluyeron en su investigaci&oacute;n y en las conclusiones del famoso atestado que, meses m&aacute;s tarde, fue transcrito por el juez Calama en el auto de imputaci&oacute;n a Zapatero. Tres semanas despu&eacute;s de dictar aquel auto, el juez inicia ahora un proceso de cooperaci&oacute;n jur&iacute;dica internacional interesando que las autoridades americanas autoricen que se pueda usar como prueba en el proceso espa&ntilde;ol la extracci&oacute;n telef&oacute;nica del m&oacute;vil del ciudadano venezolano. 
    </p><p class="article-text">
        En una primera lectura, llamar&aacute;n la atenci&oacute;n dos cosas, tal vez conectadas entre s&iacute;: la primera, que el juez pida autorizaci&oacute;n para usar como prueba algo que ya ha sido usado como prueba: el atestado policial que implica a Zapatero, y consiguientemente el auto que lo copia, est&aacute; plagado de referencias al m&oacute;vil de Rodolfo Reyes. A todos los efectos, el contenido de este m&oacute;vil ya ha sido incorporado al procedimiento y usado como prueba, no ciertamente en un juicio, pero s&iacute; como elemento para extraer del mismo la prueba indiciaria que ha provocado la imputaci&oacute;n de una persona. Si ahora los Estados Unidos denegaran la autorizaci&oacute;n solicitada, toda la instrucci&oacute;n quedar&iacute;a herida de muerte y la imputaci&oacute;n en el aire. La polic&iacute;a, a trav&eacute;s de sus portavoces habituales, se ha apresurado a aclarar que antes de recibir el contenido del m&oacute;vil ten&iacute;an muchas pruebas contra Zapatero, se&ntilde;al de que el tema les preocupa. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda circunstancia de inter&eacute;s, nada inocente, es que Calama dirija su petici&oacute;n de cooperaci&oacute;n a las autoridades de Estados Unidos sin indicarnos exactamente a qu&eacute; autoridad en concreto remite su petici&oacute;n; en particular, no la est&aacute; dirigiendo espec&iacute;ficamente a una autoridad judicial, con lo que cabr&iacute;a deducir que se remite a la propia HSI. De confirmarse este dato, para entendernos, el juez estar&iacute;a pidiendo a la polic&iacute;a estadounidense permiso para usar el material obtenido, con lo que podemos dar el permiso por ya concedido. Claro que cuando se conceda, tal vez se nos quede esa mirada de no entender nada que ponemos ante un juego de trile.
    </p><p class="article-text">
        Lo normal, o lo que entender&iacute;a cualquiera, es que las garant&iacute;as procesales que exigimos para la obtenci&oacute;n de pruebas en Espa&ntilde;a sean las mismas que exigimos a las pruebas que vengan del extranjero: si aqu&iacute; no admitimos la confesi&oacute;n bajo tortura, ser&aacute; lo propio no admitirla tampoco cuando sea obtenida fuera de Espa&ntilde;a, aunque sea l&iacute;cita en el pa&iacute;s del que provenga. En nuestro pa&iacute;s, la extracci&oacute;n y volcado del contenido de un terminal m&oacute;vil requiere siempre autorizaci&oacute;n judicial; por tanto, tambi&eacute;n el volcado que afecta a Rodolfo Reyes deber&iacute;a pasar por esta exigencia, sin que pedir permiso a la polic&iacute;a local, a mi humilde entender, pueda sustituir la necesaria autorizaci&oacute;n judicial que, en este caso, no parece que se haya concedido. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no apostar&iacute;a a que la Audiencia Nacional vaya a anular esta prueba, por nula que parezca. En la l&iacute;nea de lo se&ntilde;alado, la ponderaci&oacute;n de los intereses en juego, la valoraci&oacute;n de las circunstancias del caso concreto, la definici&oacute;n del juicio ponderativo o cualquiera de los circunloquios con los que los jueces resuelven los casos dudosos, hacen muy improbable que excluyan esta prueba estrella contra Zapatero. Cuando la justicia toma una decisi&oacute;n tan grave como imputar a un expresidente, cualquier alternativa a la condena ser&iacute;a un bald&oacute;n en el prestigio de unos jueces que, ahora mismo, no tienen cr&eacute;dito para desperdiciar; si la imputaci&oacute;n se demuestra apresurada o inconsistente, ser&iacute;a un verdadero desastre para Calama. 
    </p><p class="article-text">
        Para mantener la validez de esta prueba, la Audiencia podr&iacute;a explorar alguna teor&iacute;a imaginativa, en la senda comentada. Por ejemplo, como han hecho en otros casos, se&ntilde;alando que el secreto de las comunicaciones es un derecho que solo tenemos mientras hablamos, de tal forma que acceder al contenido de una conversaci&oacute;n ya concluida, como pueden ser unos mensajes de WhatsApp, no atentar&iacute;a al secreto de las comunicaciones sino al derecho a la intimidad, cosa que tiene su miga porque estos expertos en damasquinado jur&iacute;dico se han dado cuenta de que la Constituci&oacute;n requiere en todo caso autorizaci&oacute;n judicial para escudri&ntilde;ar conversaciones pero no siempre para invadir la intimidad. A ver por d&oacute;nde salen. 
    </p><p class="article-text">
        El abogado de Zapatero ha incidido en estas carencias solicitando m&aacute;s informaci&oacute;n al juez; sin duda, parece una baza relevante para que la defensa obtenga el descargo de su imputaci&oacute;n. En todo caso, la eventual anulaci&oacute;n de las pruebas il&iacute;citas no anular&aacute; el da&ntilde;o causado por una imputaci&oacute;n precipitada. Al igual que sucede con la prescripci&oacute;n, esta eventual nulidad dejar&iacute;a en el aire el resquicio de un efecto nocivo: aunque provocase el derrumbe de la acusaci&oacute;n y la anulaci&oacute;n de la causa, dejar&iacute;a imprejuzgada la insidia, condenando al acusado a soportar sobre su cabeza una sospecha perpetua. Dir&aacute;n de &eacute;l que lo salv&oacute; la campana de unas bagatelas formales; nunca ser&aacute; juzgado y nunca ser&aacute; inocente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/caso-zapatero-son-buenas-pruebas-ilicitas_129_13292494.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 20:38:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Caso Zapatero: ¿son buenas las pruebas ilícitas?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reflexiones sobre el procedimiento contra Zapatero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reflexiones-procedimiento-zapatero_129_13262467.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3d3567d-64e6-485e-9d37-3bbe7dc6bfb7_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144182.jpg" width="5212" height="2932" alt="Reflexiones sobre el procedimiento contra Zapatero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"></p></div><p class="article-text">
        Cuando el martes 19 de mayo se conoci&oacute; la imputaci&oacute;n de Zapatero, con la formidable repercusi&oacute;n pol&iacute;tica que provoc&oacute;, hubo a quien extra&ntilde;&oacute; que el magistrado retrasara su convocatoria a declarar hasta el 2 de junio lo que, como era imaginable, ha mantenido en un limbo insoportable la agon&iacute;a medi&aacute;tica del expresidente, condenado a sufrir los insultos de Fortuna y los golpes y dardos diarios de la prensa, en silencio. El plazo parec&iacute;a fiado muy largo si la intenci&oacute;n era &uacute;nicamente permitir que el implicado pudiera tomar conocimiento de las actuaciones. Pasados unos d&iacute;as, se vislumbra una hip&oacute;tesis bastante plausible de esta demora: dando estas dos semanas de margen, el magistrado habr&iacute;a querido dar tiempo a que la UDEF terminara un an&aacute;lisis preliminar del material requisado en las entradas y registros realizados el mismo d&iacute;a 19, de tal manera que Zapatero no solo afrontar&iacute;a en su declaraci&oacute;n preguntas sobre los supuestos indicios que justificaron su imputaci&oacute;n inicial sino tambi&eacute;n por todo aquello que la polic&iacute;a hubiera encontrado, en su caso, en los registros de los despachos.  
    </p><p class="article-text">
        Esta circunstancia acreditar&iacute;a tres cosas: la primera, mirando hacia el pasado, que la gesti&oacute;n del gotero medi&aacute;tico que marca nuestra vida p&uacute;blica y la manija de la Justicia siguen estando en manos de las fuerzas de seguridad. Instruyen procedimientos, redactan resoluciones, llaman a declarar a testigos... Ya no hay jueces en Madrid. Tom&eacute;moslo con humor: cuando se han conocido los atestados de los que se nutri&oacute; Calama al redactar su auto, me result&oacute; inevitable recordar a Borges, quien nos dir&iacute;a que el juez no copi&oacute; ni transcribi&oacute; el original; su admirable ambici&oacute;n habr&iacute;a sido el producir unas p&aacute;ginas que coincidieran palabra por palabra con el atestado, asumiendo el misterioso deber de reconstruir literalmente una obra espont&aacute;nea. Es probable que, como Pierre Menard, el juez haya multiplicado los borradores, corregido tenazmente y desgarrado miles de p&aacute;ginas manuscritas para elaborar un auto verbalmente id&eacute;ntico pero casi infinitamente m&aacute;s rico que el atestado.
    </p><p class="article-text">
        La inicial decisi&oacute;n del juez de fijar la declaraci&oacute;n de Zapatero para el 2 de junio tendr&iacute;a una segunda lectura, mirando al presente. Y es que anticipa un asombroso cambio de enfoque en la investigaci&oacute;n. De repente, el rescate de Plus Ultra parece haber quedado en un segundo plano para convertir el procedimiento, sin mayor sorpresa de nadie, en una causa general contra Zapatero. Las noticias que se van sucediendo, en buena medida mediatizadas por su origen, nos ofrecen un escenario dantesco que incluyen el sondeo de toda la actividad profesional del expresidente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, dejando flotar en el aire interrogantes sobre la totalidad de sus clientes, ingresos y haberes, sin excluir collares, con dudas que se extienden a la empresa de sus hijas. El hecho investigado, en principio, resultar&iacute;a bastante concreto y delimitado en sus perfiles, pero en un abrir y cerrar de ojos se ha puesto en la picota toda la vida mercantil del expresidente y sometido todos sus contratos, comunicaciones, reuniones y llamadas al cedazo de la indagaci&oacute;n policial, no tanto para ver qu&eacute; ha pasado, sino m&aacute;s bien para ver qu&eacute; pasa, en expresi&oacute;n de un l&uacute;cido magistrado. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, donde ya no se investigan hechos, sino que se investiga a una persona, el contenido del escrutinio se desboca y durar&aacute; a&ntilde;os, como asume sin alarma la prensa otrora sensata. &iquest;C&oacute;mo podr&aacute; prolongarse tanto tiempo si la ayuda a Plus Ultra es un simple expediente administrativo? Quiz&aacute;s tenga millones de folios, no lo he visto, pero no da esa impresi&oacute;n. Durar&aacute; a&ntilde;os porque se investigar&aacute;n otras cosas. Y no solo eso: tengo el p&aacute;lpito de que, como en todas las causas generales, cuanto menos encuentren, m&aacute;s durar&aacute;, porque a medida que pasa el tiempo m&aacute;s insufrible ser&aacute; asumir por la Justicia el desastre de un proceso vac&iacute;o, condenado a realimentarse con m&aacute;s y m&aacute;s iniciativas que servir&aacute;n &uacute;nicamente para justificar las anteriores. 
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, si llega a haber pruebas s&oacute;lidas contra Zapatero, cosa que no descarto en absoluto (siempre estamos a un suspiro de que se descubra un mensaje revelador), no duden de que la investigaci&oacute;n ser&aacute; bastante breve. En definitiva, y si me permiten la tonter&iacute;a, las causas generales son como el coseno de un &aacute;ngulo: al irse reduciendo, tienden al infinito y&eacute;ndose por la tangente. 
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia derivada de ello es que Zapatero, l&oacute;gicamente, ha tenido que pedir un aplazamiento de su declaraci&oacute;n con la idea --presumo sin saber-- no solo de estudiar la causa con detenimiento, sino sobre todo de valorar lo que va llegando y lo que est&aacute; por llegar, para declarar solo cuando pueda saber con un cierto margen de concreci&oacute;n los hechos por los que se le preguntar&aacute;. Mientras tanto, la torrentera de informaci&oacute;n que a diario nos cae sobre la cabeza con reuniones, facturas, relojes, llamadas, radiadores, cacheos, joyas, dimes y diretes va minando una opini&oacute;n p&uacute;blica espantada y reduciendo irremisiblemente el margen de maniobra pol&iacute;tico. Porque esperar en un portal a que escampe, como bien sabemos los compostelanos, tiene un serio riesgo: a medida que llueve, se multiplican los charcos que tendremos que sortear cuando finalmente nos decidamos a dar el paso y levantarnos en armas contra el oc&eacute;ano del mal. 
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, la decisi&oacute;n del juez mueve a otra reflexi&oacute;n, ya enfocada al futuro. El cambio de perspectiva de la instrucci&oacute;n, para convertirse en una causa general, ofrece la paradoja de vaciar el objeto procesal que le es propio, de tal forma que, al abarcarlo todo, deja sin apretar el hecho que lo origin&oacute;. Por ello, es previsible que el procedimiento vaya olvid&aacute;ndose poco a poco del expediente de Plus Ultra, que habr&iacute;a servido de anzuelo para descerrajar el proceso, y siga su derrota sobre aspectos que nada tienen que ver con aquella ayuda. Se admiten apuestas, pero las recientes informaciones que nos van llegando, y que nos alertan de las graves deficiencias del auto de Calama, con errores de fechas, saltos argumentales y contradicciones internas, apuntar&iacute;an en esa direcci&oacute;n: el procedimiento puede estar prepar&aacute;ndose a dejar caer esta imputaci&oacute;n concreta, de tal forma que aun cuando se demuestre que Zapatero no tuvo nada que ver con el rescate de la aerol&iacute;nea, ni influy&oacute; en nadie con poder de decisi&oacute;n para concederlo, no servir&aacute; de nada. La bomba de racimo de una causa general ya se ha activado --era inevitable-- a trav&eacute;s de la decisi&oacute;n del juez de abrir piezas separadas, ese fascinante artilugio que funciona a modo de cambio de agujas procesal que permite acomodar la investigaci&oacute;n, desviarla de lo que vas encontrando y centrarla en lo que quieres encontrar.
    </p><p class="article-text">
        El auto de este Pierre Menard ya anticipaba parte de esta deriva. En particular, en lo relativo a la empresa de unos hermanos, de la cual se ignora qu&eacute; relaci&oacute;n puede tener con Plus Ultra y qu&eacute; vela sostiene en este entierro pol&iacute;tico. Se nos dice que la empresa se utiliza como caja para pagar unos servicios que, lejos de ser inexistentes, son de tan alto calado que, seg&uacute;n el auto, trascienden &ldquo;con mucho el &aacute;mbito de una transacci&oacute;n mercantil ordinaria&rdquo; y donde el pecado de Zapatero habr&iacute;a sido demostrar &ldquo;acceso directo a personas situadas en los m&aacute;s altos niveles de responsabilidad pol&iacute;tica&rdquo; de otros pa&iacute;ses. &iquest;Qu&eacute; delito ser&aacute; esto? 
    </p><p class="article-text">
        En fin, tal vez lo m&aacute;s sugerente de esta empresa de la que hablo sea su propia denominaci&oacute;n que, por esas arrebatadas casualidades que nos ofrece la iron&iacute;a del azar, podr&iacute;a ser el exacto y certero nombre del equipo policial encargado de seguir la pista de la vida del expresidente: Inteligencia Prospectiva. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/reflexiones-procedimiento-zapatero_129_13262467.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 20:21:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Reflexiones sobre el procedimiento contra Zapatero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,Corrupción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El auto de imputación a Zapatero: un texto policial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/auto-imputacion-zapatero-texto-policial_129_13239003.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f202222-b0cc-4157-a8bf-cb5587a0d08b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1719y352.jpg" width="1200" height="675" alt="El auto de imputación a Zapatero: un texto policial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No solo es una cuestión de estilo: el auto del juez sumerge la descripción de hechos en un océano de insinuaciones y juicios de valor típicos, y al tiempo impropios, de un atestado policial. Ello otorga a la resolución un tono extrañamente apodíctico, insólito en un simple auto de imputación</p><p class="subtitle">Caso Zapatero y por qué cuesta creer en la justicia española</p></div><p class="article-text">
        Es curioso comprobar como los dos cambios fundamentales que han sacudido la tramitaci&oacute;n de un proceso penal en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os, aligerando notablemente la labor de los jueces, han venido sin reformas legislativas de calado. Por un lado, en el &aacute;mbito del enjuiciamiento, la conformidad penal se ha generalizado, simplificando el trabajo de los juzgadores, a quienes las partes ofrecen el fallo ya pactado; por otro lado, en el &aacute;mbito de la instrucci&oacute;n penal, ya no asombra el dejar la investigaci&oacute;n en manos de fuerzas policiales, lo que ha difuminado hasta el desconcierto la labor de la justicia.
    </p><p class="article-text">
        Esto se advierte particularmente en la Audiencia Nacional donde, desde hace a&ntilde;os, los jueces de instrucci&oacute;n han dejado de instruir, encargando a los cuerpos de seguridad, en alguna de sus siglas, que averig&uuml;en lo que ha pasado y le traigan la sentencia hecha. Parecer&aacute; sorprendente, pero hace no tanto tiempo la polic&iacute;a no exist&iacute;a en el proceso penal: era el juez el encargado de recabar los datos, decidir las pruebas y valorar su resultado. Ahora, sin ning&uacute;n cambio en la ley, los jueces delegan en la polic&iacute;a no solo la funci&oacute;n de buscar datos y aportarlos al procedimiento, sino tambi&eacute;n la labor de valorar tales datos y sacar conclusiones. El proceso se ha convertido as&iacute; en un expediente vac&iacute;o donde todos, desde el juez hasta los imputados, quedan a la espera de que la polic&iacute;a aporte sus conclusiones cocinadas extramuros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Meditaba yo sobre estas cuestiones mientras me dispon&iacute;a a leer el auto de Calama con el &aacute;nimo encogido, con esa aprensi&oacute;n del esp&iacute;ritu de quien abre una novela triste que termina mal. Parecer&iacute;a que toda decepci&oacute;n es, por naturaleza, imprevisible; sin embargo, en este caso se me antoja predecible y, de tan obvia, me ronda antes de leer nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n me interno por las p&aacute;ginas del auto, se confirman mis primeros temores: estamos ante un texto policial. Ser&aacute; un p&aacute;lpito estil&iacute;stico, si quieren, pero el tenor atrancado, quebrado y reiterativo del auto sugiere un origen en un <em>corta y pega </em>de previos relatos, de anteriores informes de los que se han seleccionado p&aacute;rrafos sin una estructura lineal ni ordenada; en un discurso inaprehensible, desfilan ante nosotros personas que no sabemos qui&eacute;nes son ni qu&eacute; hacen. No solo es una cuesti&oacute;n de estilo: el auto del juez sumerge la descripci&oacute;n de hechos en un oc&eacute;ano de insinuaciones y juicios de valor t&iacute;picos, y al tiempo impropios, de un atestado policial. Ello otorga a la resoluci&oacute;n un tono extra&ntilde;amente apod&iacute;ctico, ins&oacute;lito en un simple auto de imputaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a su fortaleza, el se&ntilde;or se queja a su sirviente de lo largo que es el camino de regreso. &ldquo;D&eacute; gracias a que el camino sea largo&rdquo;, le replica este, &ldquo;si fuera m&aacute;s corto no llegaba al castillo&rdquo;. Algo parecido le sucede al auto de Calama. A lo largo de p&aacute;ginas enteras intenta desgranar la &ldquo;influencia en la concesi&oacute;n de la ayuda p&uacute;blica a Plus Ultra&rdquo;, pero el camino no llega al castillo. Lo que describe, con un detalle minucioso, son las gestiones de Julio Mart&iacute;nez, al mando de An&aacute;lisis Relevante, en favor de Plus Ultra. En este cap&iacute;tulo, Zapatero no aparece: se habla de &eacute;l, pero no consta ni una llamada, ni un correo, ni un mensaje que haya remitido o recibido. El auto asume, con cierto azoramiento, que habr&iacute;a ejercido un liderazgo que &ldquo;no se manifiesta de forma formal o p&uacute;blica&rdquo;, lo que parece extra&ntilde;o, porque la influencia consiste precisamente en dejarse ver, en actuar p&uacute;blicamente, en hacer valer su presencia para mover voluntades. Zapatero es un l&iacute;der que no hace nada, que no se manifiesta; una especie de dios.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; que se describe que An&aacute;lisis Relevante hizo bastantes cosas a favor de Plus Ultra en relaci&oacute;n con la ayuda que pretend&iacute;a: gestiones para presentar su petici&oacute;n, agendar reuniones, canalizar y hacer seguimiento de la solicitud, interesarse por la tramitaci&oacute;n... Bien, nada de esto supone una influencia en la concesi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como recordar&aacute;n los m&aacute;s veteranos, el tr&aacute;fico de influencias entr&oacute; en el C&oacute;digo Penal en 1991, a rebufo del esc&aacute;ndalo de Juan Guerra, alentado por un legislativo que cre&iacute;a, como sigue creyendo hoy, que el respeto a la legalidad se garantiza aumentando la lista de conductas ilegales. Desde entonces, este delito ha ido buscando su acomodo a puros codazos con la actividad de &lsquo;lobby&rsquo;, actividad l&iacute;cita y oscura, propia de quienes viven de monetizar su agenda de contactos. La l&iacute;nea divisoria entre una y otra actividad es delicada y fina, casi imperceptible pero necesaria, porque separa el delito de lo que no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s el tajamar habr&iacute;a de colocarse en la influencia: hay delito cuando al resolver el funcionario est&aacute; sucumbiendo a la influencia de un tercero; cuando el funcionario, con su decisi&oacute;n, est&aacute; respondiendo a un favor que se le pide, aunque lo que se le pida sea legal. Siendo sinceros, esto no aparece por ninguna parte en el auto: ayudar a una empresa a que su petici&oacute;n tenga &eacute;xito no es delictivo. Por el contrario, el juez destacar&aacute; que SEPI pidi&oacute; m&aacute;s y m&aacute;s informaci&oacute;n, al menos en cinco ocasiones, a Plus Ultra, de quien se llega a decir que false&oacute; los datos presentados y maquill&oacute; su situaci&oacute;n patrimonial. Si la ayuda estaba concedida de antemano, ni la SEPI hubiera pedido tantas explicaciones ni Plus Ultra hubiera tenido que falsearlas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estas deficiencias argumentales se observan tambi&eacute;n respecto a las gestiones de Julio Mart&iacute;nez ante el Instituto Nacional de Aeron&aacute;utica Civil de Venezuela para que autorizaran unos vuelos a la aerol&iacute;nea. No hay delito en pedir algo a la administraci&oacute;n y que esta conceda lo pedido. Consciente de ello, el auto debe insinuar que Julio Mart&iacute;nez ten&iacute;a una &ldquo;posici&oacute;n de influencia&rdquo; en el Mayor General presidente del INAC, pero no explica de d&oacute;nde saca semejante conclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, la referencia a la constituci&oacute;n de unas sociedades en Dubai ya entra en el auto derrapando. No convendr&aacute; poner la mano en el fuego, que luego uno se tiene que comer sus palabras, pero el relato apunta a un conocido sesgo policial: cuando la sospecha es infundada pero muy golosa, no te resistas a plantearla. El indicio es este: un tipo le informa a Julio Mart&iacute;nez sobre c&oacute;mo crear una sociedad en Dubai y la v&iacute;spera Julio hab&iacute;a comido con Zapatero, con reserva previa &uacute;nicamente para dos personas. Debe haber algo que se me escapa porque, como indicio, es m&aacute;s que pobre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El auto ofrece, en definitiva, poca chicha. Termina su argumentario con la relaci&oacute;n de pagos a Zapatero y sus hijas, en un cap&iacute;tulo inexplicablemente breve del auto --no m&aacute;s de cinco p&aacute;ginas de las ochenta y cinco que tiene-- y confuso --la polic&iacute;a suele mezclar las cantidades facturadas con las recibidas, haci&eacute;ndose un l&iacute;o con el IVA--. Y es aqu&iacute; donde encontramos la parte que nos convoca los sentimientos m&aacute;s encontrados. En una primera lectura, muestra una debilidad de enfoque: Zapatero no ha recibido ni un euro de Plus Ultra, y no hay prueba que vincule lo que cobr&oacute; de An&aacute;lisis Relevante con lo que esta sociedad recibi&oacute; de aquella. Las cifras no cuadran en absoluto. De hecho, Zapatero ha cobrado de An&aacute;lisis Relevante m&aacute;s dinero del que esta recibi&oacute; de Plus Ultra. Nada relaciona los pagos a Zapatero con la aerol&iacute;nea ni con gestiones a su favor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El hecho de que estas transacciones no vengan vinculadas a Plus Ultra deja pendiente la explicaci&oacute;n de su raz&oacute;n de ser. Y aqu&iacute; viene la segunda lectura, ya m&aacute;s desconcertante porque, puesto el foco en esta cuesti&oacute;n, no nos sacamos de la cabeza un molesto ruido de fondo. De ser ciertas las cantidades expuestas en el auto, Zapatero y sus hijas habr&iacute;an cobrado de An&aacute;lisis Relevante mucho dinero, tal vez la mitad de todo lo facturado por esta empresa, demasiado como para desentenderse de sus vicisitudes y pretenderla completamente ajena.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En fin, en alguna de las llamadas interceptadas, alguien llama a Julio Mart&iacute;nez &ldquo;lacayo&rdquo; de Zapatero. M&aacute;s que un lacayo, como he adelantado, aparece en el relato de Calama como el sacerdote de un dios que no se manifiesta. Es posible que, como hacen todos los sacerdotes, este hombre haya vendido falsas influencias. Tal vez Julio Mart&iacute;nez se anunciara en sus tarjetas como &ldquo;amigo de Zapatero&rdquo;, como Anton Schindler pon&iacute;a en las suyas &ldquo;amigo de Beethoven&rdquo;, gracias a las cuales se le abrieron puertas y tendieron alfombras. Lo malo es que este dios ha cobrado del sacerdote, as&iacute; que ser&aacute; una buena oportunidad para que aproveche el inmenso cr&eacute;dito moral que todav&iacute;a posee en colmarnos de explicaciones, y nos aclare el contenido y destino de los trabajos que cobr&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Termino el auto decepcionado, como supon&iacute;a, pero no rendido. La decepci&oacute;n es un tesoro precioso, un privilegio al alcance solo de los ingenuos. No dejemos de creer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/auto-imputacion-zapatero-texto-policial_129_13239003.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 19:45:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El auto de imputación a Zapatero: un texto policial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,Plus Ultra,Corrupción,José Luis Calama,Audiencia Nacional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caso mascarillas: receta para un proceso podrido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/caso-mascarillas-receta-proceso-podrido_129_13186462.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f99b6a35-eb01-459a-9587-6ce1f80a6c79_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2673y173.jpg" width="1200" height="675" alt="Caso mascarillas: receta para un proceso podrido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Amparado en su derecho a no decir la verdad, Aldama no confiesa; simplemente dice cosas, pero esto no es confesar</p><p class="subtitle">Aldama busca escalar la trama corrupta de Ábalos hacia el PSOE y Sánchez con acusaciones sin pruebas</p></div><p class="article-text">
        Primer ingrediente: el derecho a mentir. En una escena de la cl&aacute;sica pel&iacute;cula &ldquo;Testigo de Cargo&rdquo;, Charles Laughton, abogado del acusado, llama a estrados a su propio cliente, Tyrone Power; le hace una pregunta irrelevante y le deja al pie de los caballos, para que le interrogue la otra parte. La maniobra era arriesgada, incluso temeraria, aunque desde nuestra perspectiva continental no se termine de entender la jugada. En el sistema ingl&eacute;s, y en Estados Unidos tras la aprobaci&oacute;n de la Quinta Enmienda, el acusado tiene derecho a guardar silencio y a no declarar; de hecho, en estos pa&iacute;ses es habitual que el acusado no abra la boca. Y no lo har&aacute; porque el derecho se queda en esa frontera: puede guardar silencio, pero si quiere declarar tendr&aacute; que decir la verdad, declarar&aacute; bajo juramento y ser&aacute; conminado a contestar todas las preguntas. Si se le pilla en un renuncio, se le acusar&aacute; de falso testimonio. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro sistema es diferente: la Constituci&oacute;n garantiza el derecho a no declarar contra uno mismo y a no confesarse culpable. La interpretaci&oacute;n de este derecho fundamental abarca en nuestra tradici&oacute;n jur&iacute;dica un abanico de posibilidades. El acusado puede declarar o no, contestar a unas preguntas s&iacute; y a otras no, responder a su abogado pero no al fiscal, empezar contestando pero cambiar de opini&oacute;n. Nunca se le tomar&aacute; juramento para ello y, en caso de que se le advierta alguna mentira, no responder&aacute; de un delito de falso testimonio, que afecta a testigos pero no a imputados. Los te&oacute;ricos se quitan la caspa diciendo que en Espa&ntilde;a el imputado no tiene estrictamente un derecho a mentir pero, seamos francos, en la pr&aacute;ctica existe. 
    </p><p class="article-text">
        Segundo ingrediente: la atenuante de confesi&oacute;n. En nuestro C&oacute;digo Penal existe esta atenuante, limitada a aquellos casos donde el culpable venga a confesar su delito antes de saber que hay un procedimiento donde se le investiga. Nuestros tribunales, buscando una finalidad utilitarista, a veces extienden la atenuante por analog&iacute;a a supuestos donde, aun iniciado un proceso, el culpable confiesa y ayuda a resolver el asunto de manera relevante. En todo caso, la confesi&oacute;n debe ser veraz, aportar datos reales, contrastados y demostrables; debe ser coherente y sostenida en el tiempo y, ciertamente, debe estar vinculada a los hechos que son objeto del procedimiento. La confesi&oacute;n en un asunto no te aten&uacute;a la pena en otro. Al menos, todo era as&iacute; hasta ahora. Y, desde luego, la delaci&oacute;n no se contempla en ning&uacute;n caso como atenuante.
    </p><p class="article-text">
        Tercer ingrediente: las declaraciones de los coimputados, que no valen gran cosa. Nuestros tribunales han reiterado que no sirven como prueba de cargo cuando, siendo &uacute;nicas, no resulten corroboradas por otras pruebas. El Tribunal Constitucional ha llegado al punto de llamar a la declaraci&oacute;n de un coimputado prueba &ldquo;sospechosa&rdquo; (STC 68/2001) en la medida en que el acusado, a diferencia del testigo, no s&oacute;lo no tiene obligaci&oacute;n de decir la verdad, sino que puede callar parcial o totalmente lo que le interesa; de hecho, como hemos visto, puede mentir impunemente. En s&iacute; misma, la declaraci&oacute;n no vale nada; habr&aacute; que buscar datos objetivos que la respalden y, en sentido contrario, valorar motivos espurios que pudieran privarle de credibilidad, como el af&aacute;n de exculpaci&oacute;n o el &aacute;nimo de obtener alg&uacute;n tipo de beneficio punitivo. 
    </p><p class="article-text">
        Elaboraci&oacute;n de receta: se juntan estos tres ingredientes y tenemos un proceso podrido. La imagen de V&iacute;ctor Aldama compareciendo en la m&aacute;s alta tribuna de nuestro m&aacute;s alto tribunal, ejerciendo de ap&oacute;stol y propagandista, es desoladora. En una relaci&oacute;n simbi&oacute;tica, Aldama utiliza la oportunidad concedida para ensuciar, insinuar, contradecirse, patalear <a href="https://www.eldiario.es/politica/psoe-pide-amparo-supremo-injurias-aldama-no-permitiremos-difame-impunemente_1_13182090.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contra el Gobierno</a> sin aportar nada, en una declaraci&oacute;n donde apenas se le hacen preguntas. Es un parlamento, un coloquio donde se explaya, con el permiso del Tribunal y la satisfacci&oacute;n de la Fiscal&iacute;a Anticorrupci&oacute;n, sobre cosas que no tienen nada que ver con el objeto del pleito, que ya no sabemos de qu&eacute; va: empezaron siendo las mascarillas, pasaron a ser las chicas y ahora es la pura mugre. Amparado en su derecho a no decir la verdad, Aldama no confiesa; simplemente dice cosas, pero esto no es confesar. &iquest;Qu&eacute; confiesa insinuando la responsabilidad de Pedro S&aacute;nchez? Nada de lo que ha dicho esta persona ha permitido descubrir algo que no se supiera antes. Del delito m&aacute;s grave que enfrenta, un delito fiscal por importe de millones de euros, no ha confesado; no lo necesita, sabe que no ir&aacute; a la c&aacute;rcel.
    </p><p class="article-text">
        Aldama ha descubierto que cuanto m&aacute;s alto apunte, menos tiempo pasar&aacute; en prisi&oacute;n; alguien se lo ha dicho, y este elemento simbi&oacute;tico es lo realmente inquietante. Aldama es un instrumento sospechoso: se le da audiencia porque se le necesita. De nada de lo que dice hay pruebas, pero precisamente por ello alguien parece tener inter&eacute;s en escucharle con atenci&oacute;n, en dar valor a lo que no vale nada, porque en el objetivo que alguno tiene fijado sobre Ferraz, no cuentan con m&aacute;s balas que el pobre testimonio de un mentiroso. No es munici&oacute;n bastante, pero lo intentar&aacute;n, ya ver&aacute;n ustedes. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, el Tribunal Supremo no vivi&oacute; su mejor d&iacute;a al permitir a Aldama en sesi&oacute;n solemne dar una conferencia inmunda. Lo peor, con todo, est&aacute; por llegar. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/caso-mascarillas-receta-proceso-podrido_129_13186462.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Apr 2026 20:09:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Caso mascarillas: receta para un proceso podrido]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mascarillas,Caso mascarillas,José Luis Ábalos,Víctor Aldama,Koldo García]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Operación Kitchen: mucho que decir, poco que contar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/operacion-kitchen-decir_129_13170275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80e1fe03-23ba-4fde-ad5e-fa922fc2625e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Operación Kitchen: mucho que decir, poco que contar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Algunas voces reclaman reabrir la investigación, en la esperanza de que la Audiencia Nacional deduzca testimonio para que se investigue ahora a Rajoy o a Cospedal. Pero es poco probable que el tribunal se decante por esta opción, como ya ha adelantado al denegar la cuestión previa solicitada en tal sentido</p><p class="subtitle">Rajoy niega la guerra sucia de su Gobierno con una afirmación sin pruebas y numerosos olvidos</p></div><p class="article-text">
        Imaginen que, al comprar un coche, les ofrecen dos opciones: hay una marca cuyos modelos apenas se aver&iacute;an, pero si lo hacen, no los reparan; otra, en cambio, tiene veh&iacute;culos menos fiables, pero si fallan los arreglan sin demora. &iquest;Por cu&aacute;l se decantar&iacute;an? Imaginen un pa&iacute;s donde hay poca corrupci&oacute;n, pero cuando se descubre no se castiga, mientras que en otro, con pol&iacute;ticos m&aacute;s corruptos, estos siempre terminan en el banquillo y castigados. &iquest;Cu&aacute;l de los dos pa&iacute;ses entender&iacute;an ustedes como m&aacute;s fiel a los principios democr&aacute;ticos propios de una sociedad moderna? &iquest;Podr&iacute;a ser m&aacute;s honesto y decente el pa&iacute;s m&aacute;s corrupto? Probablemente, porque la impunidad es la peor de las corrupciones. Aqu&iacute; est&aacute; la clave: los pol&iacute;ticos son siempre el blanco de las dianas, pero no s&oacute;lo est&aacute; en sus manos la llave de la virtud p&uacute;blica; tambi&eacute;n est&aacute; en las manos de los jueces, porque la ejemplaridad &eacute;tica de una sociedad no depende de que el coche no se aver&iacute;e nunca, sino de garantizarse los medios para solventar el problema cuando aparece. 
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n el juicio de la Kitchen nos muestra un fracaso especialmente desolador, porque no solo expone ante la ciudadan&iacute;a unos delitos ejecutados por el mism&iacute;simo Gobierno de Espa&ntilde;a, orientados por la villan&iacute;a de ocultar otros anteriores cometidos por el Partido Popular, sino tambi&eacute;n porque pone sobre el tapete las maniobras que han conllevado la impunidad programada de sus m&aacute;s altos dirigentes. 
    </p><p class="article-text">
        En este juicio hijo de la G&uuml;rtel, madre de todas las tramas, quedan retratados pol&iacute;ticos pero tambi&eacute;n jueces. Retengamos el nombre de tres, suficientes para triangular el drama de la impunidad: el primero ser&iacute;a Baltasar Garz&oacute;n, aquel que se atrevi&oacute; a hincarle el diente a esta urdimbre corrupta; fue expulsado de la carrera por haber tomado una decisi&oacute;n que le hab&iacute;a solicitado la Fiscal&iacute;a y que, cuando el asunto pas&oacute; al Tribunal Superior de Justicia de Madrid, fue adoptada nuevamente por Antonio Pedreira Andrade, a quien nadie inquiet&oacute;. &ldquo;Se va a jubilar pronto, est&aacute; enfermo&rdquo;, me dijo un magistrado del Tribunal Supremo para intentar explicarme por qu&eacute; le hab&iacute;an perdonado a este su (supuesto) delito; la pieza a cazar era otra. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo juez de este drama ser&iacute;a &Aacute;ngel Luis Hurtado Adri&aacute;n, el magistrado que protegi&oacute; a Rajoy de las preguntas de Mariano Ben&iacute;tez de Lugo en el juicio de la G&uuml;rtel y que, concluido este, firm&oacute; un imaginativo voto particular a la sentencia sosteniendo que Luis B&aacute;rcenas hab&iacute;a llevado la contabilidad extracontable del Partido Popular &ldquo;a espaldas del propio partido&rdquo;. No se r&iacute;an, no, que aquel voto le llev&oacute; directo al Tribunal Supremo. 
    </p><p class="article-text">
        Y la tercera pata del taburete es, l&oacute;gicamente, Manuel Garc&iacute;a-Castell&oacute;n. Menudo papel&oacute;n el de este magistrado, que va por las esquinas lament&aacute;ndose de que le llamen prevaricador. Ignoro si lo es, aunque cualquiera de las cr&oacute;nicas explicando sus maniobras &mdash;pueden quedarse con <a href="https://www.eldiario.es/politica/exculpacion-cospedal-cinco-actos-garcia-castellon_1_9399552.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">alguna de Pedro &Aacute;gueda</a>&mdash; podr&iacute;a trasponerse sin mucha dificultad como hechos probados en una sentencia. En el Partido Popular suspiraban por el regreso de Garc&iacute;a-Castell&oacute;n a la Audiencia Nacional, suplicando (reconozcamos que sin mucha altura l&iacute;rica) para que el juez provisional se retirara a Ontinyent; regres&oacute; el convocado y, con un conjunto de decisiones incomprensibles, fue el encargado de echar el freno al proceso para dejar fuera a los dirigentes del partido que tanto le a&ntilde;oraba. 
    </p><p class="article-text">
        En la pel&iacute;cula <em>Algunos hombres buenos,</em> el coronel Nathan Jessup se debate violentamente al afrontar en juicio la pregunta definitiva: &iquest;orden&oacute; usted el c&oacute;digo rojo? En la alternativa de reconocer que dio la orden o, por el contrario, asumir que no se enteraba de lo que pasaba bajo su mando, el prurito profesional del coronel le lleva a reconocer que s&iacute;, que la dio, porque en su orgullo prefiere quedar de delincuente que de inepto. Este debate &eacute;tico entre el mando y el pellejo, que he visto tantas veces en responsables de empresas donde se comete un delito, no le alcanza desde luego a Rajoy, que para salvar el pellejo renuncia al mando. El Partido Popular se financi&oacute; ilegalmente recolectando dinero de empresarios; su presidente no sab&iacute;a nada. Reconstruy&oacute; la sede de G&eacute;nova &lsquo;a fundamentis&rsquo; con dinero negro; su presidente no se enter&oacute;. Pagaron con sobres a &lsquo;M. Rajoy&rsquo;; su presidente no sabe qui&eacute;n es. Orden&oacute; perseguir a B&aacute;rcenas para quitarle la &ldquo;libretita&rdquo;; su presidente segu&iacute;a en Babia. No hay quien se crea este nivel de inopia, pero a Rajoy le sale gratis porque no le votaron por enterarse de las cosas sino por fingir ignorancia sobre ellas, en ese sutil ejercicio de cinismo que consiste en hacerse el tonto y, con ello, hacer quedar de tontos a los dem&aacute;s.
    </p><iframe src="https://geo.dailymotion.com/player/x8zbz.html?video=xa6kbuc" allowfullscreen allow="fullscreen; picture-in-picture; web-share"></iframe><p class="article-text">
        Rajoy purg&oacute; su mala conciencia a&ntilde;adiendo que respecto a aquella operaci&oacute;n de la que usted me habla y de la que no s&eacute; nada, solo s&eacute; que fue legal. No hay que descartar que, en caso de condena, acompa&ntilde;e a su ministro del Interior a la puerta de la c&aacute;rcel, que la lealtad de un subordinado suele ser m&aacute;s barata que la del superior. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y ahora qu&eacute; hacemos? Pues cualquier opci&oacute;n es complicada. Algunas voces reclaman reabrir la investigaci&oacute;n, en la esperanza de que la Audiencia Nacional deduzca testimonio para que se investigue ahora a Rajoy o a Cospedal. Varios de los delitos que son objeto de acusaci&oacute;n en esta causa tienen plazos de prescripci&oacute;n de quince a&ntilde;os, gracias a las largas penas de inhabilitaci&oacute;n que llevan aparejados, lo que amparar&iacute;a la posibilidad de investigar de nuevo lo sucedido entre 2013 y 2015. Pero, francamente, es poco probable que el tribunal se decante por esta opci&oacute;n, como ya ha adelantado al denegar la cuesti&oacute;n previa solicitada en tal sentido. B&aacute;rcenas se ha encargado de dilapidar su propio cr&eacute;dito, as&iacute; que las pruebas contra estos dirigentes tendr&iacute;an que ser especialmente elocuentes como para superar las l&iacute;neas rojas que su d&iacute;a impidieron enjuiciarlos. 
    </p><p class="article-text">
        Aparte de eso, el transcurso del tiempo pesa como un escollo. &ldquo;Al comp&aacute;s que adelanta el sumario se va fabricando inadvertidamente una verdad de artificio que m&aacute;s tarde se convierte en verdad legal&rdquo;, denunciaba Alonso Mart&iacute;nez al presentar en 1882 la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal, todav&iacute;a hoy vigente. Recordaba aquella advertencia al ver a las acusaciones forcejear in&uacute;tilmente con el tribunal para formular a Rajoy alguna pregunta comprometedora. Comprendo sus protestas cuando se las denegaban, como tambi&eacute;n entiendo las decisiones que protestaban. Se llama a un testigo a juicio para que informe de lo que ha visto u o&iacute;do, pero no se le puede formular bajo juramento una pregunta cuya respuesta pueda incriminarle. La Audiencia Nacional ha permitido algunas, en lo que entiendo que responde a una pr&aacute;ctica cada vez m&aacute;s asentada. Sin ir m&aacute;s lejos, en el juicio de las mascarillas que se tramita en el Tribunal Supremo en paralelo a este, se pregunt&oacute; a Carlos Moreno si hab&iacute;a pedido o recibido un soborno; esa no es una pregunta para un testigo que va a juicio sin abogado.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, B&aacute;rcenas, Rajoy y Cospedal han prestado declaraci&oacute;n, exponiendo al tribunal lo que tuvieron a bien. Los tres han declarado como testigos, con obligaci&oacute;n de decir verdad; visto que sus declaraciones son contradictorias, sobre todo las de B&aacute;rcenas y Rajoy, alguno de los dos ha tenido que mentir al tribunal. Se ha cometido un delito de falso testimonio y espero que los jueces investiguen cu&aacute;l de los dos ha sido; por aqu&iacute; se abrir&iacute;a un resquicio para valorar la eventual responsabilidad de Rajoy no tanto por su implicaci&oacute;n en la trama sino simplemente por mentir. Por lo dem&aacute;s, B&aacute;rcenas reproch&oacute; a Rajoy la comisi&oacute;n de un hecho grave que lesiona la dignidad del aludido, as&iacute; que estemos vigilantes para ver si este pide permiso a la Audiencia Nacional para querellarse contra B&aacute;rcenas por injurias, si es que tiene su versi&oacute;n por falsa. 
    </p><p class="article-text">
        Rajoy compareci&oacute; en el Congreso en diciembre de 2021 para decir que nunca hab&iacute;a pisado la &lsquo;cocina&rsquo; que ahora se enjuicia. El delito de falso testimonio en una comisi&oacute;n de investigaci&oacute;n, que el Partido Popular pretendi&oacute; usar contra Santos Cerd&aacute;n, prescribe a los cinco a&ntilde;os, as&iacute; que se podr&aacute; revisar el contenido de aquella comparecencia y contrastarlo con lo que est&aacute; saliendo ahora en el juicio. Pero tambi&eacute;n ser&iacute;a una opci&oacute;n de recorrido incierto. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, mucho que decir y poco que contar, como lament&oacute; Arsenio Iglesias en la rueda de prensa m&aacute;s triste del mundo. Reactivar la investigaci&oacute;n de esta trama corrupta para dirigirla ahora contra quienes fueron orillados es muy complejo. La estrategia que nos ha llevado hasta esta impunidad ha tenido &eacute;xito. Por eso, en mi opini&oacute;n este juicio no es s&oacute;lo un proceso contra la operativa pol&iacute;tico-mafiosa dirigida a eliminar pruebas de delitos; los recientes testimonios lo convierten tambi&eacute;n en un proceso contra la operativa pol&iacute;tico-judicial que mediante un peculiar tr&aacute;fico de destinos (un juez a la calle, otro al Supremo y un tercero &ldquo;a tomar por culo a Onteniente&rdquo;) consigui&oacute; que los jueces no hicieran lo necesario para que Rajoy o Cospedal se sentaran en el banquillo. En fin, &ldquo;el que pueda hacer, que haga; el que pueda aportar, que aporte&rdquo;, dijo Aznar. &ldquo;El que pueda no hacer nada, que se est&eacute; quietecito&rdquo;, debi&oacute; a&ntilde;adir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/operacion-kitchen-decir_129_13170275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Apr 2026 20:30:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Operación Kitchen: mucho que decir, poco que contar]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Operación Kitchen,Mariano Rajoy,María Dolores de Cospedal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crónica de una condena anunciada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/cronica-condena-anunciada_129_13120836.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f5ef570e-0aeb-4abc-87c6-fc9e542be0e5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Crónica de una condena anunciada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Como la compra de mascarillas resulta algo insulsa, comparece en juicio sepultada en una salsa hedionda emulsionada con un conjunto de corruptelas, toscas y cutres, que parecen sacadas de una película franquista de bajo presupuesto</p><p class="subtitle">'Caso Ábalos: la tríada de la corrupción': un documental de elDiario.es sobre el caso mascarillas</p></div><p class="article-text">
        Desconf&iacute;en de quienes alardean de tener muchos principios; aplicar&aacute;n uno diferente en cada ocasi&oacute;n. Lo mismo sucede con el proceso penal: le bastan unos pocos principios b&aacute;sicos, que caben en un art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n, as&iacute; que desconf&iacute;en de los procedimientos que aplican normas especiales. El proceso es la garant&iacute;a, y el manoseo de sus normas tiende a subvertir su naturaleza; tanto, que a veces desaparece para convertirse en una penosa sucesi&oacute;n de actos previos a una condena anunciada. 
    </p><p class="article-text">
        Ya tenemos aqu&iacute; el juicio contra &Aacute;balos, Koldo y Aldama. Se le ha llamado el juicio de las mascarillas porque, en efecto, el origen de la imputaci&oacute;n gira en torno a unos contratos p&uacute;blicos de suministro de mascarillas firmados durante la pandemia. Seg&uacute;n la acusaci&oacute;n, unos empresarios pagaron a Koldo y a &Aacute;balos para promover que organismos del Ministerio de Transportes compraran el material. El relato ofrece elementos turbadores, como la ubicua presencia de Koldo arrastrando su perfil <em>lombrosiano</em> entre bastidores, pero se formula de manera confusa y ofrece esquirlas de debilidad: parece deducirse que los empresarios sobornaron para tener informaci&oacute;n privilegiada que les permitiera presentar una mejor oferta, pero que no pagaron para conseguir los contratos. En coherencia con dicha tesis, la Fiscal&iacute;a no ver&aacute; malversaci&oacute;n en estas adjudicaciones: no habr&iacute;a existido perjuicio para el patrimonio p&uacute;blico. Aldama, que gan&oacute; m&aacute;s de tres millones y medio de euros con estos contratos, no tendr&aacute; que devolver este importe a las entidades contratantes. Por si fuera poco, la acusaci&oacute;n no encuentra el dinero del soborno, que aparece muy a cuentagotas; se ignora cu&aacute;nto pudo haber recibido esta extra&ntilde;a pareja por facilitar la contrataci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando los malos cocineros advierten que el plato les ha quedado escaso, lo rellenan de guarnici&oacute;n. Como la compra de mascarillas resulta algo insulsa, comparece en juicio sepultada en una salsa hedionda emulsionada con un conjunto de corruptelas, toscas y cutres, que parecen sacadas de una pel&iacute;cula franquista de bajo presupuesto: &Aacute;balos coloc&oacute; a su novia en una empresa p&uacute;blica que no pisaba; le puso un apartamento pagado por un empresario amigo; pas&oacute; unos d&iacute;as en Marbella invitado por otro; consigui&oacute; aplazar la deuda tributaria de una empresa de Aldama; otro empresario interesado en una licencia de hidrocarburos le ofreci&oacute; en alquiler un chalet en La L&iacute;nea; se repart&iacute;a con Koldo diez mil euros al mes de coimas... Esta guarnici&oacute;n apesta a podrido. De ser ciertos, son hechos bochornosos, pol&iacute;ticamente demoledores, que mueven tanto a la indignaci&oacute;n como a la verg&uuml;enza ajena. Con todo, no nos enga&ntilde;emos, no alcanzan la gravedad que se esperaba: los millones no aparecen. Una corrupci&oacute;n de libro, o m&aacute;s bien de c&oacute;mic, que cumple el objetivo buscado: en la resoluci&oacute;n donde el instructor, Leopoldo Puente, concluye la investigaci&oacute;n y hace un relato de los hechos, mencionar&aacute; ya los contratos de mascarillas en &uacute;ltimo lugar. Para cuando el lector llega a ese cap&iacute;tulo, est&aacute; asqueado de sinvergonzoner&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Conociendo el men&uacute; que ser&aacute; enjuiciado, veamos el procedimiento que se ha seguido, porque aqu&iacute; el Tribunal Supremo empieza a desafinar. Estas disonancias provienen del uso simult&aacute;neo de dos instrumentos procesales que alteran el normal desarrollo de un proceso: la formaci&oacute;n de piezas separadas y el aforamiento. La combinaci&oacute;n de ambas figuras ha originado un estropicio dif&iacute;cil de arreglar.
    </p><p class="article-text">
        El juicio que comienza en el Tribunal Supremo nace como una hijuela de un procedimiento tramitado ante el antiguo Juzgado Central n&ordm; 2 de la Audiencia Nacional, al que hab&iacute;a correspondido la querella de la Fiscal&iacute;a por la compra de mascarillas. Al desprenderse indicios contra un aforado, el juez remiti&oacute; la causa al Supremo, &oacute;rgano que adopt&oacute; entonces una extra&ntilde;a decisi&oacute;n: no investigar&iacute;a a todos los implicados sino solamente a &Aacute;balos, &uacute;nico aforado, aunque a la postre incluy&oacute; tambi&eacute;n a Koldo y Aldama. Pero esto no se puede hacer, y adem&aacute;s es imposible, porque los jueces no investigan personas, investigan hechos. 
    </p><p class="article-text">
        De aqu&iacute; proviene el grave desajuste que lastra este proceso: a partir de entonces, tenemos dos tribunales investigando los mismos contratos de mascarillas: uno a los pol&iacute;ticos corruptos (Tribunal Supremo) y otro a los empresarios corruptores (Juzgado Central n&ordm; 2 de la Audiencia Nacional). Koldo, por estar en medio, seguir&aacute; imputado en ambos sitios. El vodevil se complica porque, en su expansi&oacute;n, el Supremo tambi&eacute;n analizar&aacute; supuestas gestiones para favorecer la concesi&oacute;n de una licencia de comercializaci&oacute;n de hidrocarburos, hechos investigados en el antiguo Juzgado Central n&ordm; 5 de la Audiencia Nacional. Una locura. Cuando un informe de la UCO quiso advertir irregularidades en la contrataci&oacute;n de obra p&uacute;blica del Ministerio de Transportes, amenazando con eternizar la investigaci&oacute;n, el Supremo puso pie en pared: abri&oacute; una pieza separada para dejar este tema aparcado y no juzgarlo ahora, para no hacerlo nunca. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el &oacute;rgano sentenciador ha dise&ntilde;ado un artilugio para definir cuidadosamente el alcance objetivo (hechos) y subjetivo (acusados) del juicio que celebrar&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias son devastadoras: el Tribunal Supremo analizar&aacute; si ciertos pol&iacute;ticos fueron corrompidos por empresarios; juzgar&aacute; a los pol&iacute;ticos, pero no a los empresarios. Se dispone a decidir si urdieron con directivos de ADIF la contrataci&oacute;n en falso de la novia del ministro; juzgar&aacute; al ministro pero no a los directivos. En una muestra de cierto cinismo llamar&aacute; a estos empresarios y directivos a declarar como testigos, despu&eacute;s de mantenerlos al margen del procedimiento, convoc&aacute;ndolos a declarar bajo juramento. No podr&aacute;n hacerlo; est&aacute;n imputados en la Audiencia Nacional. El Supremo no los juzgar&aacute;, no escuchar&aacute; a sus abogados, no les dar&aacute; oportunidad de defenderse; sin embargo, como ustedes comprender&aacute;n, una condena a &Aacute;balos los condena tambi&eacute;n a ellos, porque si el Supremo advierte delito en la trama y ellos son parte de la misma, no habr&aacute; tribunal que los absuelva. 
    </p><p class="article-text">
        Lo propio ser&iacute;a que el Tribunal Supremo, ahora que &Aacute;balos ha cedido el foro, devolviera el asunto a su juzgado de origen; ninguna ley lo impide. Pero no lo har&aacute;; urge celebrar el juicio. Ello explica, de paso, la acelerada y superficial instrucci&oacute;n del asunto, confiando pr&aacute;cticamente el esclarecimiento de los hechos a la palabra de Aldama. Por poner un ejemplo, el magistrado sostiene que est&aacute; &ldquo;plenamente justificado&rdquo; que los acusados consiguieron el aplazamiento indebido de una deuda tributaria; el fiscal nos dir&aacute; que &ldquo;no lleg&oacute; a producirse&rdquo;. &iquest;Tan dif&iacute;cil era aclararlo antes del juicio? 
    </p><p class="article-text">
        Seamos realistas: para averiguar la verdad de lo sucedido, habr&iacute;a que investigar bastante m&aacute;s y juzgar a todos los implicados juntos; pero para condenar a &Aacute;balos y Koldo, no es necesario. Estamos ante un juicio de objeto delineado y, en esta medida, orientado a un desenlace. Y el desenlace es la condena de esta pareja.
    </p><p class="article-text">
        Para este pron&oacute;stico no es necesario leer entre l&iacute;neas las decisiones del Tribunal; basta leer las l&iacute;neas mismas. En una resoluci&oacute;n de octubre del pasado a&ntilde;o Leopoldo Puente mostraba su estupor por que &Aacute;balos siguiera siendo diputado; su estupor constata la demolici&oacute;n del principio de presunci&oacute;n de inocencia. Que un inocente sea diputado no deber&iacute;a llamar la atenci&oacute;n nunca, pero al Supremo le espanta porque lo tiene por culpable. Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de aquella resoluci&oacute;n, el mismo instructor estupefacto decidi&oacute; meterlo en prisi&oacute;n, junto con Koldo, aclarando que los encarcelaba porque el juicio se acercaba, las penas a que se enfrentan son estratosf&eacute;ricas y la inminente condena ser&aacute; irrecurrible, firme y de inmediato cumplimiento, que ya ven ustedes los beneficios de este privilegio al que llaman aforamiento, que te deja sin recurso.
    </p><p class="article-text">
        Pero el estupor del magistrado denotaba algo m&aacute;s profundo y oscuro, que es el sue&ntilde;o de soberan&iacute;a que aqueja a ciertas magistraturas: es el estupor de un dios at&oacute;nito al ver que su palabra no tiene poder omn&iacute;modo. Es inevitable vincular el precipitado arrojo del Supremo contra &Aacute;balos y Koldo a este deseo de reivindicarse frente a otro poder del Estado. Coincidiendo con el ingreso de &Aacute;balos en prisi&oacute;n, la presidenta de la Asociaci&oacute;n Profesional de la Magistratura aprovechaba la clausura de su congreso para insolentarse con el ministro de Justicia: &ldquo;nos vas a tener de frente&rdquo;. Ah&iacute; lo tienen. &ldquo;Deseo que tus reformas duerman el sue&ntilde;o de los justos&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;. Ya no parece escandaloso que los jueces critiquen las leyes que han de aplicar, cuestionando la voluntad popular que las impulsa, cr&iacute;tica que antecede a su desobediencia o, en su caso, a una aplicaci&oacute;n tan restrictiva que desnaturaliza la decisi&oacute;n del legislador; as&iacute; ha pasado con la ley de amnist&iacute;a. Quieren hacer ellos las leyes. Les recomiendo el documental &ldquo;Justicia capturada&rdquo; para que vean, en la experiencia de Ruman&iacute;a, c&oacute;mo ser&iacute;a un poder judicial sin ning&uacute;n contrapoder: se convertir&iacute;a en una camarilla de cofrades, donde ascender&iacute;an los amigos y se condenar&iacute;a a los enemigos; si no les gusta la palabra mafia, qu&eacute;dense con que se parecer&iacute;a a una federaci&oacute;n de f&uacute;tbol. La asociaci&oacute;n judicial mayoritaria en los jueces, y tambi&eacute;n en el Tribunal Supremo, est&aacute; enfrente del gobierno, y eso explica muchas cosas. 
    </p><p class="article-text">
        En fin, estos jueces no creen en la presunci&oacute;n de inocencia; al menos, que no se crean que somos todos unos inocentes. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos López-Keller]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/politica/cronica-condena-anunciada_129_13120836.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Ábalos,Caso mascarillas,Koldo García,Tribunales]]></media:keywords>
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