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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carla Guimaraes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sara-guimaraes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carla Guimaraes]]></description>
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      <title><![CDATA[Una película de terror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pelicula-terror_129_13123768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a9b4d77-2de0-4a10-80d7-6c57867ef435_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una película de terror"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante más de una década vivimos en un piso de dos habitaciones en el barrio madrileño de Malasaña. Así empieza la película y, como muchas del género terrorífico, tiene un primer acto maravilloso: una familia feliz, un piso cerca de todo, una situación inmejorable</p></div><p class="article-text">
        Busco una casa encantada, de esas que se caen a cachos, con un jard&iacute;n lleno de hierbajos, ortigas, maleza e incluso plantas carn&iacute;voras, una casa de esas que los cr&iacute;os pasan corriendo por delante muertos de miedo, donde dicen que vive un hombre desfigurado que lleva guantes con navajas a lo Freddy Krueger. Una casa con cad&aacute;veres enterrados en el s&oacute;tano cuyos fantasmas salen por la noche buscando venganza, con retratos de personas que te siguen con la mirada o poblada de esp&iacute;ritus malignos que se meten en los electrodom&eacute;sticos para fastidiarte la cena, el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la serie o la colada. 
    </p><p class="article-text">
        Busco una casa de pel&iacute;cula de terror, de esas que se heredan de un pariente lejano a quien nunca hab&iacute;as conocido o que compras creyendo que es una ganga, sin saber que pertenec&iacute;a a Jeffrey Dahmer. Busco desesperadamente una casa encantada que est&eacute; en el centro de la ciudad, cualquier barrio me vale, estoy dispuesta a reformarla, enfrentarme a sus fantasmas y dar de comer a las plantas carn&iacute;voras. Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os buscando un piso para comprar en Madrid, me he dado cuenta de que este es el &uacute;nico tipo de vivienda que puedo pagar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante m&aacute;s de una d&eacute;cada vivimos en un piso de dos habitaciones en el barrio madrile&ntilde;o de Malasa&ntilde;a. As&iacute; empieza la pel&iacute;cula y, como muchas del g&eacute;nero terror&iacute;fico, tiene un primer acto maravilloso: una familia feliz, un piso cerca de todo, una situaci&oacute;n inmejorable. Hasta que los propietarios deciden venderlo. Aqu&iacute; aparece el primer susto, el precio: 680 mil euros. Hablo de un piso de dos habitaciones sin ascensor que necesita una reforma a gritos. Somos una pareja con una ni&ntilde;a, ambos trabajamos, &eacute;l en la tele y yo en la prensa, y es impensable para nosotros comprar el piso que llevamos a&ntilde;os alquilando. Recuerdo la que se mont&oacute; por el famoso chal&eacute; en Galapagar de una pareja de pol&iacute;ticos de cuyos nombres no me quiero acordar. Para m&iacute;, el esc&aacute;ndalo es que el chal&eacute; costara menos que nuestro piso de Malasa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En nuestra b&uacute;squeda nos hemos encontrado con situaciones ins&oacute;litas y viviendas mediocres con delirio de grandeza. No se me olvida un piso de 450 mil euros en la Calle Esp&iacute;ritu Santo. Cuando entramos a mirarlo hab&iacute;a un hueco abuhardillado a la derecha. Pregunt&eacute; si era una despensa y me dijeron que era el sal&oacute;n. Me re&iacute;, creyendo que era un chiste, mientras todos me miraban muy serios. O quiz&aacute;s, en el fondo, muy en sus adentros, se re&iacute;an de m&iacute;. No, efectivamente la pel&iacute;cula en la que nos est&aacute;bamos metiendo no era una comedia, era terror gore, terror duro, sangre y v&iacute;sceras por todos los lados, la codicia campando a sus anchas y la frase de un exministro de econom&iacute;a, que termin&oacute; en la c&aacute;rcel, resonando en mis o&iacute;dos: Es el mercado, amigo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mercado es sin duda el villano de mi historia. Parece una entidad fantasmag&oacute;rica, que nadie puede tocar o ver y que no atiende a razones. Es indestructible, intangible, imparable y est&aacute; sediento de sangre. La defensa del libre mercado siempre aparece cuando un grupo muy reducido de personas est&aacute; ganando una cantidad desorbitada de dinero, en este caso a costa de un derecho fundamental. Lo peor es que el capitalismo es como un virus de las historias de zombies, que contagia con tal facilidad que en pocos d&iacute;as incluso los m&aacute;s humanos empiezan a desayunar cerebros. Los buitres del mercado inmobiliario ya no son solo los fondos de inversi&oacute;n, sino una buena parte de los propietarios. Ya sean grandes o peque&ntilde;os, ninguno duda en vender una infravivienda por una cantidad superlativa. El mercado inmobiliario es una pel&iacute;cula de Hitchcock, con decenas y decenas de p&aacute;jaros sobrevolando los pisos en venta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay un dato estremecedor: La compra de viviendas sin hipoteca marc&oacute; un r&eacute;cord a principios de a&ntilde;o, casi un 35% fueron compradas a tocateja. Sin dar muchas vueltas me vienen algunos conceptos a la cabeza: herederos, especulaci&oacute;n, lavado de dinero... Como dec&iacute;a Honor&eacute; de Balzac, detr&aacute;s de cada gran fortuna hay un delito. Los ciudadanos estamos viviendo un r&aacute;pido proceso de expulsi&oacute;n del centro de la ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Nos lo han dejado claro: Madrid no es para nosotros. El mundo del alquiler tambi&eacute;n da miedo. Hay un monstruo bajo la cama de cada inquilino. Tambi&eacute;n hay uno bajo la nuestra. Le pagamos el 50% de nuestros ingresos y le parece poco. Blasfema por las medidas del Gobierno que coh&iacute;ben su af&aacute;n usurero, aunque para nosotros sean anecd&oacute;ticas e insuficientes. La oposici&oacute;n no propone nada nuevo, centra sus esfuerzos en el viejo fantasma de la migraci&oacute;n. No dejemos que nos infundan la mentira, y menos el discurso de odio. Lo que da p&aacute;nico en este pa&iacute;s es el precio de la vivienda. Quiz&aacute;s haya que decirlo tres veces, como quien llama a Beetlejuice, para que gobierno y oposici&oacute;n se enteren: Vivienda, vivienda, vivienda. Mientras tanto seguimos resistiendo en el centro, pagando un nuevo alquiler desorbitado y buscando la maldita casa encantada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carla Guimaraes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/pelicula-terror_129_13123768.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 Apr 2026 19:45:06 +0000]]></pubDate>
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