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    <title><![CDATA[elDiario.es - Josefa Mesa]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/josefa-mesa/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Josefa Mesa]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Ni zorras ni santas: hartas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/zorras-santas-hartas_129_13124187.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/406387c3-6f33-4254-b1da-084b25d9ee78_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni zorras ni santas: hartas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Siglos de lucha feminista deben alertarnos para no cometer el error de siempre: poner la lupa sobre las respuestas y actuaciones de las mujeres en lugar de analizar la causa de su malestar. ¿Cómo se puede explicar que de un análisis de la situación heteropesimista que atravesamos muchas mujeres vuelvan a salir indemnes los hombres que están siendo responsables de la misma?</p></div><p class="article-text">
        Resulta curioso que ahora tengamos que explicar que el feminismo no consiste en una carrera por ver qui&eacute;n acumula m&aacute;s amantes en su historial sino en la autonom&iacute;a radical sobre nuestros cuerpos. Y que eso incluye desde quien decide disfrutar de una amplia y variada vida sexual hasta quien la quiere selectiva o directamente inexistente por temporadas. Y todo esto &iexcl;sin poner en compromiso tu posicionamiento feminista!&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as le&iacute; &ldquo;Me gusta ser una zorra&rdquo; de Leonor Cervantes, a quien sigo y admiro profundamente. En su art&iacute;culo realizaba una cr&iacute;tica al heteropesimismo y al celibato voluntario femenino que puedo compartir en sus matices te&oacute;ricos, pero que me resulta imposible de digerir en sus formas. No puedo compartir de ninguna manera la pretensi&oacute;n de crear un feminismo &ldquo;de c&aacute;tedra&rdquo; que tilde las decisiones &iacute;ntimas y sexuales de otras feministas como acciones propias de la Secci&oacute;n Femenina. Sobre todo porque me parece profundamente parad&oacute;jico se&ntilde;alar con el dedo a compa&ntilde;eras por la vida sexual que decidan llevar. Como si una mujer que decide no vincularse sexo-afectivamente con hombres -o hacerlo bajo condiciones mucho m&aacute;s exigentes estuviera traicionando una causa com&uacute;n. Como si el problema fuera, una vez m&aacute;s, lo que las mujeres hacen con su cuerpo, su deseo o su forma de relacionarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De verdad hemos llegado hasta aqu&iacute; para esto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siglos de lucha feminista deben alertarnos para no cometer el error de siempre: poner la lupa sobre las respuestas y actuaciones de las mujeres en lugar de analizar la causa de su malestar. &iquest;C&oacute;mo se puede explicar que de un an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n heteropesimista que atravesamos muchas mujeres vuelvan a salir indemnes los hombres que est&aacute;n siendo responsables de la misma? Este deber&iacute;a ser el centro del debate. Problematizar que las mujeres decidamos no tener sexo sin vinculaci&oacute;n afectiva es no dedicar atenci&oacute;n a lo verdaderamente problem&aacute;tico: que muchos hombres se siguen relacionando con nosotras de manera deshonesta, superficial y puramente instrumental. Y que, por contraposici&oacute;n, para las mujeres que manifestamos querer un v&iacute;nculo m&aacute;s profundo, esto nos genera un malestar dif&iacute;cil de ignorar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Somos acaso menos feministas por decidir, soberanamente, que no queremos participar en un mercado sexual que nos hace sentir cosificadas y utilizadas?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablo con mis amigas heterosexuales sobre nuestras actualidades amorosas, el hast&iacute;o es siempre el mismo. Nos reconocemos en nuestra experiencia compartida que, si bien con variables propias de cada protagonista en cuesti&oacute;n, el final es siempre el mismo: de hombres que nos prometen un v&iacute;nculo profundo, pleno y real a pensarlo mejor despu&eacute;s de algunos encuentros sexuales. Entonces, de repente, el relato se vuelve difuso, contradictorio, ambiguo. &ldquo;No estoy preparado&rdquo;, &ldquo;es que estoy bastante ocupado&rdquo;, &ldquo;mejor vamos viendo&rdquo;. Y nosotras ya lo hemos pensado todo, qu&eacute; error hemos podido cometer, si tal vez nos aventuramos al regalar aquel post-it con una breve y t&iacute;mida declaraci&oacute;n de amor, incluso hemos llegado a pensar que tenemos la mala suerte de coincidir siempre con hombres tremendamente ocupados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la realidad nos lleva a pensar que las historias se repiten en demasiadas ocasiones y con la mayor&iacute;a de mis amigas solteras como para que interpretemos que tal vez es que tenemos un mal desempe&ntilde;o sexual que termina por no satisfacerles. Tambi&eacute;n porque, casualmente, las excusas, tan bien planificadas que siempre coinciden, incluso entre actores distintos, empiezan a dibujarse cuando el v&iacute;nculo va requiriendo de m&aacute;s profundidad y compromiso. Es en ese preciso instante en el que la relaci&oacute;n se va prestando a una mayor responsabilidad que un par de polvos por semana cuando, m&aacute;gicamente, el inter&eacute;s se va difuminando. Las promesas de amor son dif&iacute;ciles de sostener a medio plazo, sobre todo cuando solo se concibieron como parte del cortejo. Por eso, lo que menos deber&iacute;a extra&ntilde;arnos es que muchas estemos hartas de estas din&aacute;micas y acabemos por rehuir de v&iacute;nculos con hombres que sabemos que, probablemente, nos van a decepcionar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, yo me pregunto, &iquest;de verdad ser&iacute;a m&aacute;s feminista forzarte a tener encuentros sexuales que te resultan vac&iacute;os por miedo a parecer &ldquo;puritana&rdquo; que decidir que eso no te interesa ahora mismo? Como bien dice Leonor, a m&iacute; tambi&eacute;n me da la sensaci&oacute;n de que, por fin, hemos aprendido que est&aacute; mal llamar guarra a una mujer por lo que hace con su vida sexual, pero que tal vez no parece estar tan mal insinuar que si no te apetece sexo casual est&aacute;s peligrosamente cerca de la Secci&oacute;n Femenina. Yo creo que ambos extremos beben de la misma fuente, el deseo de controlar lo que hacemos las mujeres con nuestra sexualidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desconozco si Pilar Primo de Rivera lleg&oacute; a manifestar que el sexo espor&aacute;dico no es universalmente satisfactorio. Deber&iacute;a indagar con mayor profundidad. Pero podemos creer que la brecha org&aacute;smica, lejos de ser un mito urbano, existe. Y que, aunque el orgasmo no determina el nivel de satisfacci&oacute;n del encuentro, s&iacute; que puede darnos algunas coordenadas. Tal vez sea revelador que frente al 90-95% de hombres que lo alcanzan en encuentros casuales, solo entre el 30-39% de las mujeres lo hace. Puede ser que ellos est&eacute;n m&aacute;s centrados en su placer que en el de la otra persona. &iquest;Significa eso que el sexo espor&aacute;dico es malo? No. &iquest;Que en pareja tambi&eacute;n sucede? Por supuesto. Por suerte la realidad admite matices y complejidades. Pero ignorar que esas din&aacute;micas existen y tratarlas con cierta condescendencia no ayuda mucho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute; con una mezcla de extra&ntilde;eza y sorpresa la interpretaci&oacute;n del celibato voluntario femenino entendido como una suerte de &ldquo;retirada pol&iacute;tica&rdquo; o incapacidad para comprender la violencia de g&eacute;nero, como si la pertenencia al movimiento feminista dependiera de la pr&aacute;ctica sexual o de la relaci&oacute;n con hombres. Como si solo desde la exposici&oacute;n directa y reiterada a ciertas din&aacute;micas se pudiera desarrollar empat&iacute;a o conciencia feminista. Llevado al extremo, el argumento se desmorona por s&iacute; solo: &iquest;acaso una mujer lesbiana no va a ser capaz de apoyar a las v&iacute;ctimas de la violencia machista? &iquest;Una mujer asexual no va a comprender las din&aacute;micas de poder que pueden darse en una relaci&oacute;n? &iquest;Acaso la sensibilidad ante la injusticia requiere haber pasado por ella en primera persona en todos sus formatos? Me parece <em>a priori </em>un argumento peligroso. Sobre todo porque sabemos que la violencia de g&eacute;nero se entiende con la conciencia pol&iacute;tica, no con la acumulaci&oacute;n de experiencias traum&aacute;ticas ni por compartir pr&aacute;cticas sexuales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco me parece honesto crear una falsa dicotom&iacute;a entre celibato vs sexo casual, crear una alianza inexistente entre el heteropesimismo y la pareja como la panacea para la seguridad de las mujeres. Que muchas chicas decidamos alejarnos de v&iacute;nculos superficiales con hombres no nos aleja a su vez de la lucha feminista, precisamente refuerza que las mujeres somos las &uacute;nicas due&ntilde;as de nuestra disponibilidad. Igualmente preocupante y problem&aacute;tico puede ser que se use el miedo al puritanismo para obligarnos a estar sexualmente disponibles. No le &ldquo;hacemos la cama&rdquo; a la reacci&oacute;n por decidir c&oacute;mo, cu&aacute;ndo, con qui&eacute;n y bajo qu&eacute; t&eacute;rminos vincularnos, en todo caso se la har&iacute;an quienes desplazan el foco de la responsabilidad masculina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n me ha resultado dif&iacute;cil ignorar la idea de que el &ldquo;empoderamiento feminista&rdquo;, eludiendo lo problem&aacute;tico del t&eacute;rmino, pasa -casi obligatoriamente- por determinadas formas de libertad sexual, como si estas fueran universalmente deseables. Como si todas las mujeres, en todo momento, se sintieran c&oacute;modas en relaciones sin v&iacute;nculo, en encuentros fugaces o en din&aacute;micas donde la implicaci&oacute;n emocional es m&iacute;nima. Como si no hubiera diversidad de deseos, de necesidades, de ritmos. La realidad es que muchas no encontramos el empoderamiento feminista en la vinculaci&oacute;n sexual espor&aacute;dica con hombres. De hecho, para muchas, ceder a vincularnos de forma superficial con chicos que no nos valoran m&aacute;s all&aacute; de eso es una traici&oacute;n a nuestros propios valores feministas. En lo personal, no hay nada que me haya hecho sentir menos empoderada que haber dedicado tiempo y energ&iacute;a a un v&iacute;nculo con un hombre que, pese a que no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en m&iacute; m&aacute;s all&aacute; de lo sexual, me prometi&oacute; algo distinto. Por eso no puedo evitar leer con sorpresa que la respuesta <em>ultrasuperydefinitivamentefeminista </em>al heteropesimismo sea ceder a la din&aacute;mica cosificadora y consumista que muchos hombres quieren tener con nosotras, especialmente cuando nos genera malestar. Y m&aacute;s sorpresa me genera creer que imponer una &uacute;nica narrativa del deseo es l&oacute;gico en el marco de la lucha feminista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No niego que el t&eacute;rmino &ldquo;celibato voluntario femenino&rdquo; me genera un rechazo absoluto. No me entusiasma y me parece que su surgimiento ligado a una &ldquo;nueva ola puritana&rdquo; y reaccionaria (que existe pero alejada de lo que pretendo transmitir) puede tener los usos profundamente antifeministas que Leonor manifiesta. Pero decir &ldquo;no me relaciono con hombres que solo quieren acostarse conmigo sin responsabilidad afectiva&rdquo; era mucho m&aacute;s largo y menos pr&aacute;ctico. Llam&eacute;moslo &ldquo;celibato voluntario femenino&rdquo; o &ldquo;no me relaciono con imb&eacute;ciles&rdquo;, la realidad es que estamos hartas y cansadas, y frente al malestar decidimos temporalmente retirarnos de esta din&aacute;mica como parte de nuestro autocuidado. No es una renuncia a nuestra sexualidad, sino a con qui&eacute;n decidimos compartirla. Por eso, calificar esta acci&oacute;n de &ldquo;poco feminista&rdquo; me resulta arriesgado. &iquest;Desde cu&aacute;ndo el feminismo es una obligaci&oacute;n de consumo sexual? Acostarme con hombres que me vayan a dar un par de encuentros sexuales cuestionablemente satisfactorios no me parece liberador en estos momentos. Y como, gracias al feminismo, tenemos la opci&oacute;n de decidir c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y con qui&eacute;n, atacar a las que deciden &ldquo;por ahora con nadie&rdquo; es echarse piedras sobre el tejado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Elijo vincularme con hombres responsables afectivamente, honestos y con los que poder construir una relaci&oacute;n m&aacute;s profunda que encuentros sexuales espor&aacute;dicos. Y no creo que esto deba ser sujeto de debate feminista, porque ni siquiera me parece constructivo para el movimiento teorizar sobre qu&eacute; tipo de deseo es feminista, cu&aacute;l no, c&oacute;mo sentir placer, cu&aacute;ndo y con qui&eacute;n. Por eso la soluci&oacute;n no es que, nuevamente, las mujeres cedamos a una din&aacute;mica que nos est&aacute;n marcando muchos hombres y que nos hace sentir mal. Reivindico mi derecho, y el de todas, a estar hartas y a no estar siempre disponibles si no queremos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta decisi&oacute;n no viene desde un puritanismo neofalangista, sino desde una exigencia feminista. No me voy a conformar con hombres que me vean simplemente como una compa&ntilde;era sexual, no me voy a limitar a la creencia de que la &uacute;nica forma de relacionarme con ellos sea someti&eacute;ndome a esta imposici&oacute;n que me hace sentir vac&iacute;a. Crear una escala moral feminista en torno al deseo es contradictorio. Ni las parejas que hemos tenido, ni los amantes que podemos contar, ni los encuentros sexuales y los tipos de v&iacute;nculos que libremente decidimos establecer son un term&oacute;metro ideol&oacute;gico y feminista. Sobre todo porque este tipo de planteamientos vuelve a desplazar el foco una vez m&aacute;s y en vez de analizar cr&iacute;ticamente c&oacute;mo se est&aacute;n configurando muchos v&iacute;nculos heterosexuales -marcados en ocasiones por la superficialidad, la falta de honestidad emocional y la cosificaci&oacute;n- se nos vuelve a interrogar a nosotras. &iquest;Por qu&eacute; se retiran? &iquest;Por qu&eacute; desconf&iacute;an? &iquest;Por qu&eacute; no participan de la din&aacute;mica? Sencillamente porque no queremos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El celibato voluntario femenino no es, ni mucho menos la soluci&oacute;n (como tampoco lo ser&iacute;a vincularnos superficialmente con hombres cuando buscamos otro tipo de relaci&oacute;n). No es la soluci&oacute;n porque ninguna respuesta individual ante un problema estructural va a serlo. Pero tampoco pretendemos que lo sea. Simplemente es una respuesta org&aacute;nica con la que tratamos moment&aacute;neamente de proteger nuestra salud mental y nuestro bienestar. Queremos ser due&ntilde;as de nuestro tiempo, de nuestra energ&iacute;a y de los v&iacute;nculos que decidimos crear. Incluso si ese deseo viene acompa&ntilde;ado de tomarse un descanso de t&iacute;os que no saben lo que es la responsabilidad afectiva. Y ante esto, ni zorras ni santas. Hartas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josefa Mesa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/zorras-santas-hartas_129_13124187.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Apr 2026 20:15:55 +0000]]></pubDate>
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