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    <title><![CDATA[elDiario.es - Marta Nava]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marta-nava/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De los 'gymbros' a Epstein: cómo interactúan el patriarcado, el especismo y el poder]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/gymbros-epstein-patriarcado-especismo_132_13158199.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a649d60f-76ae-45a1-92e7-1dfdb93a27b4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De los &#039;gymbros&#039; a Epstein: cómo interactúan el patriarcado, el especismo y el poder"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ciertos sectores masculinos han reaccionado al avance del feminismo y del veganismo replegándose en identidades hipermasculinas y discursos de extrema derecha. Masculinidad tradicional, violencia y consumo de animales son símbolos de dominación, de desprecio a la empatía y de defensa del patriarcado y el autoritarismo. La crueldad hacia los animales sienta las bases de la deshumanización y de una violencia estructural que sostiene el poder jerárquico actual contra las mujeres, la comunidad LGTBIQ+ y otros grupos oprimidos.</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, el aumento de la presencia de los discursos feministas ha elicitado una respuesta reaccionaria que ha encontrado, entre los j&oacute;venes varones, un lugar f&eacute;rtil en el que expandirse. Resulta comprensible, en cierta manera, si tenemos en cuenta que uno de los ejes fundamentales de este movimiento ha sido, precisamente, la cr&iacute;tica a la masculinidad tradicional y la necesidad de revisar las relaciones entre los diferentes g&eacute;neros con el fin de crear contextos m&aacute;s igualitarios. Para los feminismos actuales, resulta urgente redefinir <em>lo que es</em> un hombre y desmantelar aquellos conceptos herm&eacute;ticos y anticuados que se expresan tanto en la esfera p&uacute;blica como en la m&aacute;s &iacute;ntima y personal. As&iacute;, una de las demandas actuales se basa en la redistribuci&oacute;n de los cuidados, lo que no solo afectar&iacute;a a nivel organizativo y econ&oacute;mico, sino que tendr&iacute;a un gran impacto en las relaciones sociales, familiares y afectivas. En la misma l&iacute;nea, podr&iacute;amos decir que las mujeres, que cada vez tienen m&aacute;s conciencia de su opresi&oacute;n e identifican antes las violencias recibidas, anhelan compa&ntilde;eros compasivos y emp&aacute;ticos, que entiendan que revisar sus propias contradicciones es un paso esencial en la construcci&oacute;n de sociedades m&aacute;s justas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, una parte significativa de la poblaci&oacute;n masculina ha querido interpretar esta tendencia como un ataque pol&iacute;tico e incluso personal cuyo fin &uacute;ltimo ya no es solo despojarles de sus privilegios, sino tambi&eacute;n de sus derechos m&aacute;s elementales. La idea de que ser hombre es un delito ha sido el <em>mantra</em> utilizado por asociaciones, personajes p&uacute;blicos y partidos pol&iacute;ticos que ha acabado por permear en gran parte de los adolescentes y j&oacute;venes de nuestro pa&iacute;s. En su expresi&oacute;n m&aacute;s radical, muchos est&aacute;n articulando un relato en el que se sit&uacute;an como v&iacute;ctimas en un mundo que pr&aacute;cticamente les niega la existencia. Estos posicionamientos se han traducido en la creaci&oacute;n de comunidades que tratan de proteger y promover una identidad hipermasculinizada, recuperando discursos profundamente conservadores que buscan reforzar las estructuras jer&aacute;rquicas de las que ellos se benefician.
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, existe un componente afectivo en esta crisis de identidad masculina. El sistema de creencias en el que han sido educados muchos de ellos choca con una realidad en la que una parte de la sociedad est&aacute; avanzando hacia posturas cada vez m&aacute;s progresistas, lo que supone un sentimiento de incomprensi&oacute;n, soledad, inferioridad y miedo para muchos hombres. Y en este sentido, los espacios digitales de la extrema derecha han sabido recoger este malestar para instrumentalizarlo a favor de la defensa de la familia tradicional heterosexual o el ensalzamiento de los valores patri&oacute;ticos occidentales ante una supuesta amenaza externa. Donde muchos hombres se enfrentaban a un vac&iacute;o, el fascismo ha sabido ofrecer un lugar en el que reforzar una identidad y una trinchera en la supuesta <em>guerra de sexos</em> a la que nos enfrentamos.
    </p><h2 class="article-text">El consumo de animales como trinchera identitaria masculina</h2><p class="article-text">
        La precarizaci&oacute;n de las vidas, la fractura de las comunidades, el consumo incesante de <em>fake news </em>y una realidad geopol&iacute;tica devastadora nos ha sumido en un estado de indefensi&oacute;n e incertidumbre ante el futuro que ha creado el contexto perfecto para la expansi&oacute;n de los movimientos de extrema derecha. Ante realidades cada vez m&aacute;s individualistas, el espacio digital se ha erigido como un altavoz para una serie de subculturas mis&oacute;ginas basadas en el culto al cuerpo como expresi&oacute;n de la masculinidad hegem&oacute;nica. Bajo este paraguas, defienden un concepto aspiracional de salud basado esencialmente en el aspecto f&iacute;sico, y concretamente en el desarrollo de la fuerza, a la vez que funciona como un sistema de exclusi&oacute;n, pues desprecian cualquier tipo de corporalidad que no encaje en este modelo. 
    </p><p class="article-text">
        Esto incluye, evidentemente, a los cuerpos gordos, discapacitados o enfermos, pero tambi&eacute;n a las personas transg&eacute;nero o racializadas y a los hombres <em>d&eacute;biles </em>o<em> afeminados. </em>Esta idea de <em>desviaci&oacute;n</em> de la norma masculina va m&aacute;s all&aacute; de orientaciones sexuales concretas, pudiendo abarcar otras representaciones que incluyen, por ejemplo, a hombres <em>afines</em> al feminismo con intereses distintos a los que se presupone socialmente por su condici&oacute;n de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Estos espacios ofrecen una serie de enemigos comunes, pero tambi&eacute;n un sentido de <em>pertenencia</em> a individuos profundamente frustrados con sus condiciones de vida. As&iacute; es como promueven una sensaci&oacute;n de unidad y de lealtad incondicional, construyendo una interpretaci&oacute;n de la realidad profundamente belicista. Por tanto, la falta de autoestima vinculada al fracaso que experimentan muchos hombres se combate ensalzando valores como la disciplina o la superaci&oacute;n personal, generando, como se&ntilde;ala Nuria Alabao en <em>&Iacute;nceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas</em> (Editorial Escritos Contextatarios, 2025),<em> </em>una sensaci&oacute;n de control sobre sus propias vidas basada en el concepto de &eacute;xito, tan apreciado en las sociedades neo-liberales actuales. El objetivo es <em>llegar a ser</em> como aquellos hombres a los que admiran, es decir, individuos hipermasculinos con un gran poder adquisitivo y social.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la representaci&oacute;n de lo que es ser <em>un hombre de valor, </em>existe otro aspecto especialmente relevante que no deber&iacute;a pasarse por alto: la centralidad del concepto de fuerza masculina, entendida en su sentido m&aacute;s amplio, incluye, necesariamente, un cuerpo musculado que necesita alimentarse de prote&iacute;na animal. As&iacute;, la fuerza no se limita a lo <em>f&iacute;sico </em>(el desarrollo de los m&uacute;sculos o los kilos que levanten), sino que va indisolublemente ligada a un comportamiento simb&oacute;lico vinculado a la dominaci&oacute;n y a la agresividad, que necesita consumir los cuerpos de aquellos que considera inferiores para pervivir y expandirse. Esto implica, necesariamente, un uso instrumental de la violencia contra las existencias no humanas, es decir, aquellas que no merecen consideraci&oacute;n ni respeto. Carol J. Adams ya explic&oacute;, en su ensayo <em>La pol&iacute;tica sexual de la carne</em>, c&oacute;mo el proceso de cosificaci&oacute;n de las mujeres se rige por el mismo mecanismo por el que los animales son transformados en productos consumibles. Por supuesto, esta <em>deshumanizaci&oacute;n</em> ha afectado, hist&oacute;ricamente, a las personas racializadas y ha servido como pretexto para la eliminaci&oacute;n sistem&aacute;tica de comunidades enteras en los procesos imperialistas y coloniales occidentales.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de los espacios virtuales actuales, la cosificaci&oacute;n de las mujeres se expresa de maneras muy diversas. Uno de los ejemplos m&aacute;s recientes son los <em>influencers</em> que comparten consejos sobre seducci&oacute;n, partiendo de descripciones profundamente esencialistas y deshumanizadoras. As&iacute;, ideas como la de las <em>&ldquo;mujeres de alto valor&rdquo;</em>, promueven creencias conservadoras que apelan al <em>body count</em>, es decir, la falta de experiencia sexual como algo deseable, as&iacute; como a la sumisi&oacute;n a las normas tradicionales y la aceptaci&oacute;n de un rol pasivo. Las t&eacute;cnicas para conseguir pareja o encuentros sexuales, en este caso, est&aacute;n basadas en formas de violencia psicol&oacute;gica como el acoso, la manipulaci&oacute;n, el aislamiento, y la destrucci&oacute;n de su autoestima para que sea m&aacute;s vulnerable. La mirada que estos depredadores proyectan sobre sus posibles v&iacute;ctimas no dista demasiado de las que tienen los cazadores humanos hacia sus presas, es decir, sujetos considerados inferiores que existen para satisfacer nuestros deseos e intereses.
    </p><p class="article-text">
        L&oacute;gicamente, estas comunidades de la ultraderecha desprecian profundamente a aquellos que se&ntilde;alan estos comportamientos como problem&aacute;ticos. As&iacute;, es habitual encontrar ataques con claros tintes hom&oacute;fobos y reaccionarios contra los hombres que expresan empat&iacute;a hacia mujeres o hacia sujetos de otras especies. En un v&iacute;deo especialmente cruel sobre un cerdito que compart&iacute;a el <em>influencer</em> ancestralista Ahnormal, el primer comentario que se puede leer es &ldquo;para que los progres convulsionen&rdquo;. A continuaci&oacute;n, un usuario manifiesta que, pese a &eacute;l no ser vegano, le parece excesivamente s&aacute;dico el contenido de la publicaci&oacute;n. La respuesta son decenas de comentarios en los que se le acusa de ser &ldquo;demasiado sensible&rdquo; y de &ldquo;ser una nena&rdquo;, o se le trata de humillar cuestionando su heterosexualidad. De la misma manera, adjetivos peyorativos como &ldquo;calzonazos&rdquo; o &ldquo;planchabragas&rdquo; son lanzados contra aquellos que defienden que las mujeres merecen respeto y condiciones de igualdad. En ambos casos, estos hombres son considerados traidores a su g&eacute;nero y se les castiga como tal. Los <em>&iacute;nceles</em>, de hecho, tienen un t&eacute;rmino que conecta ambas posturas: <em>soy boy</em> o en castellano, <em>sojas</em>, hace referencia a aquellos sujetos masculinos que, aparentemente por un exceso de sensibilidad, no desean apoyar el sistema patriarcal ni la explotaci&oacute;n del resto de animales.
    </p><p class="article-text">
        En el a&ntilde;o 2025 se publica un estudio, titulado <em>Macho Meals? A mixed methods study on traditional masculine norms and animal product consumption in the UK</em> (Journal of Environmental Psychology), en el que se trata de profundizar en la relaci&oacute;n entre la masculinidad tradicional y el consumo de animales. Los resultados, obtenidos en una muestra de m&aacute;s de 1000 hombres, revelaron que aquellos que ten&iacute;an creencias m&aacute;s conservadoras respecto al g&eacute;nero eran los que consum&iacute;an m&aacute;s carne y l&aacute;cteos. Las conclusiones de la investigaci&oacute;n muestran lo que ya era un secreto a voces: la masculinidad hegem&oacute;nica se basa, adem&aacute;s de en la asociaci&oacute;n del consumo de carne con la virilidad, en aspectos como la evitaci&oacute;n de la feminidad, la emocionalidad restrictiva, la agresividad, el estatus de logro o la autosuficiencia. El perfil de estos individuos tambi&eacute;n inclu&iacute;a una valoraci&oacute;n positiva del hecho de no compartir ni mostrar emociones, as&iacute; como la consideraci&oacute;n del vegetarianismo como una amenaza cultural para sus estilos de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Como ya sucedi&oacute; con el feminismo d&eacute;cadas antes, el veganismo vendr&iacute;a a visibilizar un sistema de opresi&oacute;n que, de derrumbarse, obligar&iacute;a a muchos a renunciar a una serie de privilegios que hoy en d&iacute;a parecen incuestionables. Y quiz&aacute;s no sea una realidad tan lejana. Diversos estudios sobre el cambio clim&aacute;tico llevan a&ntilde;os se&ntilde;alando la ganader&iacute;a (tanto la industrial como la extensiva) como uno de los principales desencadenantes del aumento de las temperaturas, y apuntan hacia medidas restrictivas en un futuro. En nuestro pa&iacute;s, la respuesta de la ultraderecha ha sido la difusi&oacute;n de teor&iacute;as conspiracionistas y la adopci&oacute;n de posturas negacionistas, as&iacute; como la defensa ac&eacute;rrima de pr&aacute;cticas extremadamente crueles como la tauromaquia y la caza. La exaltaci&oacute;n de la violencia tiene, en este sentido, una importancia instrumental en los proyectos fascistas, pues gracias a ella se consolid&oacute; un sistema supremacista y patriarcal a trav&eacute;s del terror. Fomentarla no forma solo parte de las guerras culturales, sino que tiene un prop&oacute;sito de control y aleccionamiento muy espec&iacute;fico que ha servido para reforzar el <em>statu quo </em>y el poder de las &eacute;lites actuales.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Qui&eacute;n disfruta ejerciendo crueldad?</h2><p class="article-text">
        A principios de enero del a&ntilde;o 2026, un perro callejero llamado Orelha fue salvajemente torturado hasta la muerte por un grupo de j&oacute;venes en una playa de Brasil. La sociedad respondi&oacute; con una serie de multitudinarias manifestaciones en las que expresaron su conmoci&oacute;n y su enfado ante un acto tan brutal, que inclu&iacute;a la violaci&oacute;n del animal con un objeto. Muchos asistentes se&ntilde;alaban, adem&aacute;s, que los asesinos proced&iacute;an de familias adineradas, y que hab&iacute;an sobornado a algunos testigos para que no declarasen contra ellos. Podr&iacute;amos pensar que estos casos de maltrato son anecd&oacute;ticos y que tienen que ver con personalidades patol&oacute;gicas. Sin embargo, es la expresi&oacute;n m&aacute;s extrema del mismo sistema que considera deseable la falta de empat&iacute;a en los hombres. Obtener placer ejerciendo violencia (especialmente de &iacute;ndole sexual) sobre aquellos que consideramos inferiores es la consecuencia l&oacute;gica de una sociedad patriarcal que desprecia a sus miembros m&aacute;s vulnerables y que exacerba estas conductas cuando quienes las perpetran son individuos de clase alta o de las &eacute;lites pol&iacute;ticas, es decir, con mayor impunidad en el sistema penal.
    </p><p class="article-text">
        En nuestro pa&iacute;s, los casos medi&aacute;ticos de maltrato hacia perros y gatos tambi&eacute;n suelen desencadenar un rechazo social generalizado. Hace unos a&ntilde;os, en un pueblo de Murcia se declar&oacute; un d&iacute;a de luto oficial tras el asesinato de una perra y el responsable tuvo que mudarse de esta localidad debido a las continuas amenazas de los vecinos. Sin embargo, se da tambi&eacute;n una paradoja inquietante: nuestras fiestas se basan, en un gran porcentaje, en torturar (a veces hasta la muerte) a <em>otros</em> animales, lo que es una forma ya no de normalizaci&oacute;n de la violencia, sino de integrar la idea de que provocar dolor y miedo a un ser indefenso puede resultar divertido o proporcionar placer. Quiz&aacute;s la tauromaquia sea el ejemplo arquet&iacute;pico, pero rituales masculinizadores como la caza y la pesca tambi&eacute;n cumplen un prop&oacute;sito similar. 
    </p><p class="article-text">
        No es casualidad, por tanto, que las pol&iacute;ticas conservadoras traten de incluir a ni&ntilde;os cada vez m&aacute;s j&oacute;venes en estas actividades, proponi&eacute;ndolas incluso como asignaturas extraescolares en algunos colegios. El hecho de que la educaci&oacute;n infantil promueva la crueldad en lugar de la empat&iacute;a, facilita el contexto para la aparici&oacute;n de conductas abusivas contra otros ni&ntilde;os, contra personas de procedencias diversas o de la comunidad LGTBIQ+, y por supuesto, contra las mujeres. De hecho, gran parte de la violencia sexual tiene su origen en la erotizaci&oacute;n del sufrimiento de mujeres, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os, pues el patriarcado encuentra placer en reafirmar el propio poder a trav&eacute;s del terror y la sumisi&oacute;n de <em>otros</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Esta din&aacute;mica es f&aacute;cilmente observable en contextos b&eacute;licos, en los que las violaciones son utilizadas como un arma de guerra contra las comunidades y, concretamente, contra sus mujeres. Pero tambi&eacute;n trasciende los aspectos puramente sexuales, y se ha podido comprobar en acciones tan moralmente inaceptables como el esc&aacute;ndalo de las cacer&iacute;as humanas en Sarajevo durante la Guerra de los Balcanes. En ellas, individuos procedentes de las &eacute;lites econ&oacute;micas europeas pagaban altas sumas de dinero para dar muerte a civiles, siendo los ni&ntilde;os o las mujeres embarazadas las v&iacute;ctimas m&aacute;s cotizadas. 
    </p><p class="article-text">
        Por incre&iacute;ble que resulte, podemos empezar a intuir que los mecanismos psicol&oacute;gicos (como los circuitos de recompensa) que subyacen a estas pr&aacute;cticas pueden ser similares a aquellos que participan en cacer&iacute;as de animales no humanos. De hecho, y volviendo a un contexto m&aacute;s inmediato, sabemos, desde hace d&eacute;cadas, que ejercer violencia contra los animales es un potente predictor de conductas violentas futuras contra ni&ntilde;os y mujeres.
    </p><h2 class="article-text">El poder</h2><p class="article-text">
        Vivimos en un sistema econ&oacute;mico y social en el que ciertos individuos pueden concentrar capital y poder ilimitado, lo que les otorga una impunidad legal casi absoluta. Tanto las monarqu&iacute;as europeas como los herederos del fascismo, as&iacute; como los grandes empresarios o ciertas figuras p&uacute;blicas, disfrutan de una serie de privilegios gracias a los cuales pueden cometer cualquier acto delictivo o inmoral sin enfrentar apenas consecuencias. Lo vemos habitualmente en los casos de violencia sexual cometidos por famosos futbolistas, actores, directores o cantantes, as&iacute; como en las consiguientes resoluciones judiciales. Y siempre hay una cuesti&oacute;n que me inquieta cuando alguno de estos sucesos sale a la luz. Y es que estamos hablando de hombres para los que el sexo consentido es completamente accesible; entonces, &iquest;por qu&eacute; abusar y causar dolor a mujeres? Evidentemente, no existe una respuesta &uacute;nica, sino que las posibles explicaciones vendr&aacute;n dadas por un an&aacute;lisis complejo que tenga en cuenta tanto la construcci&oacute;n del deseo patriarcal, como la corrupci&oacute;n moral que puede generar sentirse en una posici&oacute;n de dominio absoluto. Por ello, las descripciones basadas &uacute;nicamente en el g&eacute;nero me parecen extremadamente limitadas.
    </p><p class="article-text">
        El poder (o aquellos que lo ejercen) no existe hist&oacute;ricamente gracias a una serie de decisiones democr&aacute;ticas. Al contrario, solo ha podido darse gracias a un ejercicio de violencia brutal sobre las clases explotadas. As&iacute; queda reflejado en los genocidios actuales en Sud&aacute;n, en Palestina o en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, as&iacute; como en la limpieza &eacute;tnica que est&aacute; llevando a cabo el gobierno de Trump en territorio estadounidense contra la poblaci&oacute;n migrante. Pero tambi&eacute;n podemos verlo en los abusos perpetrados por celebridades que hacen uso de su poder contra cuerpos de personas empleadas por ellos, pobres y racializadas. Todos estos actos tienen algo en com&uacute;n, y es que para que puedan darse, las v&iacute;ctimas deben haber sido previamente deshumanizadas. Y para que esta deshumanizaci&oacute;n sea efectiva, antes se tiene que haber normalizado la crueldad contra aquellos que ocupan la posici&oacute;n m&aacute;s baja en nuestra jerarqu&iacute;a social: los animales no humanos.
    </p><p class="article-text">
        A esto se suma que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, estamos siendo testigos a diario de sucesos hiperviolentos de manera incesante. El terror como elemento cotidiano nos ha sobrepasado, por lo que estamos perdiendo la capacidad de procesarlo de manera afectiva y, por tanto, de responder pol&iacute;ticamente. Sin embargo, ha habido una noticia en concreto que s&iacute; ha causado un gran impacto medi&aacute;tico debido a una serie de caracter&iacute;sticas especialmente perturbadoras.
    </p><p class="article-text">
        El caso Epstein ha revelado una red organizada de tr&aacute;fico sexual de mujeres y ni&ntilde;os, cuyos miembros pertenec&iacute;an a las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas mundiales. Sin entrar a describir detalles escabrosos, cabe mencionar que las v&iacute;ctimas proced&iacute;an de familias humildes y desestructuradas. Algunas de ellas ya hab&iacute;an sufrido episodios de violencia en sus entornos, lo que las hac&iacute;a especialmente vulnerables y propensas a ser captadas por el magnate. Uno de los nombres que aparece citado con frecuencia en los archivos desclasificados es el del presidente Trump, una figura que ha causado una gran controversia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os no solo por sus pol&iacute;ticas de extrema derecha, sino por sus antecedentes de abuso sexual. Este personaje encarna, como tantos otros, la expresi&oacute;n del dominio patriarcal, colonial y especista a trav&eacute;s de la violencia. Su lenguaje, especialmente agresivo y provocador con mujeres o sujetos de la oposici&oacute;n pol&iacute;tica, ha conectado con una parte de la poblaci&oacute;n estadounidense, promoviendo posicionamientos supremacistas que han derivado en persecuciones racistas y asesinatos violentos por parte del ICE. 
    </p><p class="article-text">
        Entre otras medidas, el presidente republicano tambi&eacute;n ha legislado fervientemente a favor de la caza de trofeos tanto en Am&eacute;rica como en otros continentes, siendo sus hijos algunos de los referentes mundiales en este &aacute;mbito por haber conseguido abatir un gran n&uacute;mero de individuos de otras especies, muchas de ellas protegidas, como el elefante africano o el argal&iacute; asi&aacute;tico. Los <em>trophy hunters</em> tambi&eacute;n son una expresi&oacute;n del dominio colonial por parte de las &eacute;lites, como as&iacute; denuncian las poblaciones nativas de los territorios afectados.
    </p><p class="article-text">
        Considero, por tanto, que los actos brutales que aparecen descritos en estos documentos no pueden analizarse de manera aislada. La violencia es un continuo, una herramienta que estructura la sociedad y de la que el poder se ha nutrido durante milenios hasta configurar las sociedades actuales. Resulta necesario, como apuntan otras autoras, recordar que la misma historia del pa&iacute;s norteamericano se ha articulado sobre la violaci&oacute;n sistem&aacute;tica de mujeres y ni&ntilde;as ind&iacute;genas y africanas, y que nunca hubo un reconocimiento ni una reparaci&oacute;n. As&iacute;, no podemos hablar simplemente, como est&aacute;n haciendo muchos periodistas en diferentes medios, de ped&oacute;filos con dinero. Es una manera muy burda de <em>aislar</em> al monstruo, de definirnos por oposici&oacute;n a &eacute;l. Y posiblemente, de proteger nuestros propios intereses, ya sean de raza, de g&eacute;nero, de clase o de especie, pues la verdad inc&oacute;moda detr&aacute;s de todo esto es que todos participamos en cierta manera en un sistema inherentemente violento. Y lo que resulta m&aacute;s preocupante: muchos individuos defienden con u&ntilde;as y dientes la jerarqu&iacute;a social y econ&oacute;mica que ha posibilitado que actos tan brutales puedan darse, pues aspiran a formar parte de esa &eacute;lite exclusiva. Es el caso, de hecho, de los movimientos de extrema derecha actuales vinculados al antifeminismo.
    </p><p class="article-text">
        Quiero acabar mencionando un testimonio de uno de los supervivientes de la red de Epstein, Sasha Riley. El joven afirma que Donald Trump supuestamente asesin&oacute; unos cachorros delante de &eacute;l para hacer m&aacute;s traum&aacute;tica su experiencia. De ser cierto se demostrar&iacute;a, de nuevo, que los intereses de los agresores nunca fueron &uacute;nicamente sexuales, sino que buscaban de manera deliberada y s&aacute;dica provocar dolor f&iacute;sico y psicol&oacute;gico como una forma de expresar su dominio. Adem&aacute;s, la existencia de v&iacute;ctimas no humanas y su uso instrumental nos habla de maneras extremas de reafirmaci&oacute;n de una jerarqu&iacute;a en la que la mayor&iacute;a de individuos (humanos y no humanos) ocupamos los estamentos inferiores, y en la que el terror actuar&iacute;a como una herramienta de control. Por tanto, aquellos que hemos sido testigos de estos relatos con espanto, aquellos que despreciamos la existencia de un sistema desigual que permite que estos actos se den, deber&iacute;amos empezar a trabajar por dinamitar estas estructuras desde lo m&aacute;s inmediato y quiz&aacute;s, doloroso: las relaciones de poder de las que nos beneficiamos. Quiz&aacute;s as&iacute; podamos recuperar la esperanza que nos impulse a construir sociedades mejores, as&iacute; como la fuerza necesaria para derrocar a los tiranos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Nava]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/gymbros-epstein-patriarcado-especismo_132_13158199.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Apr 2026 19:43:39 +0000]]></pubDate>
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