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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ana Cal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ana-cal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ana Cal]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Juicio a Vivotecnia: cómo demostrar un “exceso” de sufrimiento en actividades que ya admiten un gran sufrimiento legal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/juicio-vivotecnia-maltrato-animal-ciencia_132_13187982.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/df2113ec-c4db-456f-9323-84ba9b609508_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juicio a Vivotecnia: cómo demostrar un “exceso” de sufrimiento en actividades que ya admiten un gran sufrimiento legal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La abogada de la acusación de dos de las organizaciones de defensa animal que han logrado sentar en el banquillo al laboratorio Vivotecnia por presunto delito de maltrato animal explica las cuestiones esenciales que subyacen a un procedimiento cuyo juicio oral comienza los próximos 7 y 8 de mayo, tras años de instrucción, obstáculos procesales y una compleja batalla pericial. </p><p class="subtitle">Cruelty Free International destapa imágenes de extrema crueldad animal en el laboratorio Vivotecnia de Madrid</p></div><p class="article-text">
        Hay asuntos que una no abandona al salir del juzgado. Casos que se quedan adheridos a la piel, que modifican la manera de mirar el mundo y que convierten determinados detalles &mdash;un sonido, una palabra, un n&uacute;mero&mdash; en algo imposible de olvidar. Como abogada, he aprendido que hay procedimientos que se estudian, otros que se sufren y algunos que directamente te acompa&ntilde;an para siempre. El juicio por presuntos delitos de maltrato animal en las instalaciones del laboratorio Vivotecnia pertenece, sin duda, a esta &uacute;ltima categor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Desde que asum&iacute; este asunto, nunca he vuelto a mirar a un perro de raza beagle de la misma forma. Tampoco he podido volver a pensar en el n&uacute;mero 32 sin sentir una punzada dif&iacute;cil de explicar. Porque detr&aacute;s de los procedimientos judiciales, de los informes periciales y de los art&iacute;culos del C&oacute;digo Penal, existen im&aacute;genes y realidades que una vez conocidas ya no pueden deshacerse. Y quiz&aacute;s eso sea precisamente lo m&aacute;s inc&oacute;modo de este caso: que obliga a mirar de frente algo que normalmente preferimos mantener lejos de nuestra conciencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces el Derecho llega tarde. A veces llega poco. Y a veces ni siquiera consigue reparar aquello que examina. Pero incluso en esos casos conserva una función esencial: obligarnos a mirar.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Existe una idea profundamente arraigada en nuestra sociedad: que el maltrato animal est&aacute; prohibido. Pero esa afirmaci&oacute;n, formulada as&iacute;, es sencillamente falsa. En Espa&ntilde;a hay animales frente a los cuales el maltrato s&iacute; est&aacute; legalmente permitido bajo determinadas circunstancias. No es una exageraci&oacute;n ret&oacute;rica ni un eslogan activista: es la estructura misma de nuestro ordenamiento jur&iacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        En relaci&oacute;n a esto &uacute;ltimo, he necesariamente de referirme a la introducci&oacute;n del t&eacute;rmino &ldquo;injustificadamente&rdquo; en el antiguo art. 337 del C&oacute;digo Penal (de aplicaci&oacute;n en este caso), que se&ntilde;ala la voluntad del legislador de que las conductas autorizadas por el derecho administrativo resulten admitidas o &ldquo;justificadas&rdquo; para el derecho penal, de modo que queden, expresamente, excluidas de la conducta t&iacute;pica. As&iacute;, una conducta autorizada por el derecho administrativo, en los supuestos que a continuaci&oacute;n dir&eacute;, no cumplir&iacute;a los requisitos analizados, y exigidos por el tipo b&aacute;sico de maltrato animal.
    </p><p class="article-text">
        El marco de aplicaci&oacute;n de esta justificaci&oacute;n se remite a tres supuestos distintos y por todos conocidos: los supuestos de animales de experimentaci&oacute;n, los animales criados para su uso industrial o alimentario, y los animales utilizados en espect&aacute;culos taurinos u otros.
    </p><p class="article-text">
        Ello implica dejar al margen de la intervenci&oacute;n penal aquellos supuestos que, si bien ser&iacute;an susceptibles de ser calificados como maltrato a animales, actualmente son socialmente aceptados, siempre que se desarrollen en determinadas condiciones establecidas legalmente. Aqu&iacute; llega lo relevante del caso Vivotecnia: aunque la experimentaci&oacute;n con animales est&eacute; actualmente permitida (aunque sujeta a determinadas limitaciones en las respectivas normativas auton&oacute;micas y estatales), lo que constituye el presunto delito de maltrato animal cometido en Vivotecnia es precisamente el exceso llevado a cabo por los ahora acusados.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, la excepci&oacute;n para que los actos en la experimentaci&oacute;n fuesen constitutivos de delito, lo hallamos en el supuesto del incumplimiento de estas condiciones de experimentaci&oacute;n, que provoquen, espec&iacute;ficamente, el maltrato o sufrimiento al animal; es decir, que el maltrato que se tipificar&iacute;a no ser&iacute;a el derivado de la muerte o sufrimiento intr&iacute;nsecos de su finalidad para la experimentaci&oacute;n, sino el derivado de la no observancia de los l&iacute;mites legales. Por poner ejemplos concretos del caso que nos ocupa: el sufrimiento derivado de la no sedaci&oacute;n previa a la muerte del animal, as&iacute; como de la no sedaci&oacute;n para llevar a cabo t&eacute;cnicas doloros&iacute;simas y absolutamente excepcionales, como la punci&oacute;n para extracci&oacute;n de sangre en el seno retro orbital del ojo, las sacudidas a los animales, etc.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Qué nivel de dolor estamos dispuestos a aceptar cuando quien lo sufre no puede hablar.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        As&iacute; pues, el sistema permite causar dolor, sufrimiento, estr&eacute;s, lesiones e incluso la muerte, siempre que exista una finalidad cient&iacute;fica, biom&eacute;dica o educativa y que ese sufrimiento quede, en teor&iacute;a, dentro de unos l&iacute;mites normativamente aceptados. En relaci&oacute;n a esto &uacute;ltimo, debemos preguntarnos: si el sistema ya permite maltratar a determinados animales en nombre de la ciencia, &iquest;qu&eacute; tiene que ocurrir para que ese maltrato llegue a sentarse en el banquillo de un juzgado penal? Esa es la verdadera dimensi&oacute;n de este procedimiento.
    </p><p class="article-text">
        En apenas unos d&iacute;as, los pr&oacute;ximos 7 y 8 de mayo, se celebrar&aacute; el juicio oral, tras a&ntilde;os de instrucci&oacute;n, obst&aacute;culos procesales y una compleja batalla pericial. Durante el camino, numerosos trabajadores investigados han quedado fuera del procedimiento, lo que resulta especialmente dif&iacute;cil de asumir, sobre todo en relaci&oacute;n a personas situadas en posiciones de m&aacute;xima responsabilidad, que &uacute;nicamente acudir&aacute;n al juicio en calidad de testigos y no de acusados.
    </p><p class="article-text">
        Como juristas, esa situaci&oacute;n genera una frustraci&oacute;n inevitable. Sin embargo, honestamente, la frustraci&oacute;n de los abogados probablemente sea irrelevante comparada con la de quien decidi&oacute; grabarlo todo, porque este procedimiento no existir&iacute;a sin una trabajadora que, al comenzar a trabajar en aquellas instalaciones y contemplar determinadas pr&aacute;cticas, tom&oacute; una decisi&oacute;n extraordinariamente dif&iacute;cil: documentarlas durante dos a&ntilde;os. Dos a&ntilde;os observando escenas que jam&aacute;s debieron normalizarse ni por supuesto permitirse. Dos a&ntilde;os entrando cada d&iacute;a en un entorno donde se gener&oacute; un clima de terror para los animales y donde el sufrimiento animal extremo formaba parte de la rutina laboral. Dos a&ntilde;os soportando en silencio algo que finalmente decidi&oacute; sacar a la luz.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones olvidamos que los grandes cambios jur&iacute;dicos no suelen comenzar en los tribunales, sino en la conciencia individual de alguien que decide no mirar hacia otro lado.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si el sistema ya permite maltratar a determinados animales en nombre de la ciencia, ¿qué tiene que ocurrir para que ese maltrato llegue a sentarse en el banquillo de un juzgado penal?</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Peter Singer plante&oacute; hace d&eacute;cadas una pregunta inc&oacute;moda que sigue plenamente vigente: &iquest;por qu&eacute; el sufrimiento de un animal deber&iacute;a importar menos &uacute;nicamente porque no pertenece a nuestra especie? Singer no negaba la importancia de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, pero cuestionaba el modo en que normalizamos el dolor animal cuando ese dolor nos resulta &uacute;til. Y quiz&aacute;s esa sea la cuesti&oacute;n de fondo que este juicio vuelve a colocar sobre la mesa: hasta qu&eacute; punto una sociedad puede acostumbrarse a determinadas pr&aacute;cticas simplemente porque ocurren lejos de la vista p&uacute;blica y bajo el paraguas de la ciencia.
    </p><p class="article-text">
        El n&uacute;cleo jur&iacute;dico del asunto no reside pues en cuestionar abstractamente toda experimentaci&oacute;n animal, sino en determinar si determinadas actuaciones excedieron los l&iacute;mites legalmente tolerados incluso dentro del &aacute;mbito experimental. Y ah&iacute; aparece una de las contradicciones m&aacute;s inc&oacute;modas de nuestro sistema jur&iacute;dico: necesitamos demostrar un &ldquo;exceso&rdquo; de sufrimiento respecto de actividades que ya admiten, de entrada, una enorme cuota de sufrimiento legal.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso, este juicio trasciende a las personas concretas que se sentar&aacute;n en la sala. Porque en realidad habla (para quien lo quiera escuchar) de algo mucho m&aacute;s amplio: de qu&eacute; nivel de dolor estamos dispuestos a aceptar cuando quien lo sufre no puede hablar. Habla de la facilidad con la que determinadas pr&aacute;cticas terminan burocratiz&aacute;ndose hasta perder toda apariencia de excepcionalidad. Y habla tambi&eacute;n de los l&iacute;mites morales de una sociedad que, mientras acaricia a unos animales en el sof&aacute; de su casa, tolera que otros vivan completamente fuera de su campo de empat&iacute;a.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En ocasiones olvidamos que los grandes cambios jurídicos no suelen comenzar en los tribunales, sino en la conciencia individual de alguien que decide no mirar hacia otro lado.</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A veces el Derecho llega tarde. A veces llega poco. Y a veces ni siquiera consigue reparar aquello que examina. Pero incluso en esos casos conserva una funci&oacute;n esencial: obligarnos a mirar. Ojal&aacute; este juicio sirva, al menos, para que nunca volvamos a cerrar los ojos ante esta realidad y para recordar que detr&aacute;s de muchos productos, medicamentos o cosm&eacute;ticos existen animales cuyo sufrimiento permanece completamente invisible para la mayor&iacute;a de nosotros. Y tambi&eacute;n para tomar conciencia de que nuestras decisiones cotidianas importan: desde elegir productos no testados en animales hasta exigir mayores est&aacute;ndares &eacute;ticos y de transparencia en la investigaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como dec&iacute;a al principio, hay im&aacute;genes que una vez vistas ya no abandonan del todo la memoria. Y sospecho que, pase el tiempo que pase, habr&aacute; quienes nunca volveremos a ver un perro beagle &mdash;ni siquiera el n&uacute;mero 32 escrito en cualquier parte&mdash; sin recordar por qu&eacute; este juicio era tan necesario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana Cal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/juicio-vivotecnia-maltrato-animal-ciencia_132_13187982.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 02 May 2026 04:02:02 +0000]]></pubDate>
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