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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francisco Javier Caspistegui Gorasurreta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francisco-javier-caspistegui-gorasurreta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francisco Javier Caspistegui Gorasurreta]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[9 de mayo de 1976: jaque al carlismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/navarra/contrapunto/9-mayo-1976-jaque-carlismo_132_13207470.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cc620259-8aee-4047-889d-ce051157a494_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="9 de mayo de 1976: jaque al carlismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"La niebla que cubrió la cumbre el 9 de mayo de hace cincuenta años, no solo ocultó su agreste topografía, sino que también cayó sobre un carlismo que declinaba, en un jaque que, aunque no mate, dejó tocada a la fuerza política más longeva de Europa"</p></div><p class="article-text">
        Las nubes que cubr&iacute;an aquella ma&ntilde;ana Montejurra, la monta&ntilde;a sagrada del carlismo en tierra Estella, en el centro de Navarra, no eran las &uacute;nicas que velaban el horizonte. El valor simb&oacute;lico y memorial de esa cumbre cargada de historia estaba en disputa. La evoluci&oacute;n del movimiento din&aacute;stico hacia posiciones federalistas, socialistas y de autogesti&oacute;n, llevaba originando malestar en los sectores m&aacute;s tradicionalistas desde fines de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cincuenta, pero se increment&oacute; con el paso de los a&ntilde;os, provocando la salida de aquellos que no se reconoc&iacute;an en la nueva cultura pol&iacute;tica asentada con la irrupci&oacute;n de Carlos Hugo de Borb&oacute;n-Parma y su consolidaci&oacute;n p&uacute;blica a partir de los a&ntilde;os sesenta. El goteo de escisiones y la formaci&oacute;n de grupos tradicionalistas pr&oacute;ximos al franquismo, que reconoc&iacute;an la monarqu&iacute;a de Juan de Borb&oacute;n y su hijo Juan Carlos, o que simplemente respaldaban posiciones de intransigencia doctrinal, llevaron a nuevos episodios de ruptura en el seno del carlismo. Como en ocasiones anteriores (especialmente en 1888 con los integristas o en 1919 con los mellistas, pero tambi&eacute;n con los cruzadistas en los a&ntilde;os treinta, los octavistas en los cuarenta, la Regencia de Estella a partir de los cincuenta, etc.), los enfrentamientos se hicieron habituales, la mayor parte de las veces dial&eacute;cticos, pero llevados a las manos en otras ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        En 1939, semanas despu&eacute;s de terminada la guerra, se hab&iacute;a puesto en marcha la romer&iacute;a de Montejurra, aprovechando el simbolismo b&eacute;lico de una monta&ntilde;a en cuyo entorno los carlistas combatieron desde la primera guerra (1835) y sobre todo en la batalla de noviembre de 1873 y en febrero de 1876. Como puerta de Estella, era un emplazamiento estrat&eacute;gico, objeto de la disputa entre combatientes y marco incluso de la Asociaci&oacute;n La Caridad en el monasterio de Irache, la iniciativa asistencial y sanitaria puesta en marcha por el carlismo en la &uacute;ltima guerra del siglo XIX y amadrinada por Margarita de Borb&oacute;n-Parma, llamada el &aacute;ngel de la caridad. En esta concurrencia simb&oacute;lica, cuando en 1903 Alfonso XIII visit&oacute; Estella, dirigi&oacute; unas maniobras militares en la falda de Montejurra, muy consciente de su papel simb&oacute;lico y de la necesidad de arrebat&aacute;rselo a un carlismo al que se consideraba derrotado, un vestigio del pasado.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la romer&iacute;a de las madres navarras, como se denomin&oacute; la iniciativa de 1939, era una reivindicaci&oacute;n de la memoria carlista, primordialmente b&eacute;lica, y muy marcada por la religiosidad del momento, y adem&aacute;s una apropiaci&oacute;n de Montejurra como lugar de memoria. Esta celebraci&oacute;n de tono religioso, organizada por la Hermandad del V&iacute;a Crucis de Montejurra para evitar dificultades con las autoridades franquistas, comenz&oacute; a adquirir un tono pol&iacute;tico con la aparici&oacute;n en 1957 de Carlos Hugo de Borb&oacute;n, hijo del pretendiente Javier de Borb&oacute;n Parma, como pr&iacute;ncipe de Asturias. Los a&ntilde;os siguientes asistieron a un considerable incremento de concurrentes, que llenaban las laderas y proximidades del monte. Los discursos se suced&iacute;an, con un tono marcadamente tradicionalista hasta mediada la d&eacute;cada de los sesenta. De hecho, los esl&oacute;ganes de los actos en 1963 y 1964 fueron: &ldquo;Acto de exaltaci&oacute;n de la monarqu&iacute;a social. V aniversario de la promulgaci&oacute;n de la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional&rdquo; en el primero, y &ldquo;Acto de homenaje al Ej&eacute;rcito en el XXV aniversario de la Victoria&rdquo;, en el segundo. Significativamente, uno de los oradores en ambos casos fue Blas Pi&ntilde;ar.
    </p><p class="article-text">
        A partir de 1965, la denominada clarificaci&oacute;n ideol&oacute;gica fue cada vez m&aacute;s marcada y capitaneada por la familia del pretendiente, o al menos por la mayor&iacute;a de ella. Los sectores m&aacute;s tradicionalistas comenzaron a abandonar estas posiciones, aunque todav&iacute;a se mantuvieron algunos por lealtad a la dinast&iacute;a. Sin embargo, la expulsi&oacute;n de Javier de Borb&oacute;n Parma y de su hijo Carlos Hugo en diciembre de 1968, en v&iacute;speras del anuncio por Franco de su sucesi&oacute;n, situ&oacute; plenamente al carlismo javierista o huguista, como se denominaba en las fuentes del momento, en la oposici&oacute;n al r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        Ya en el Montejurra de ese a&ntilde;o 1968 hubo incidentes en el c&iacute;rculo de Estella la noche previa y un peque&ntilde;o grupo esgrimi&oacute; una pistola durante la romer&iacute;a, hasta ser reducido por el servicio de orden de la organizaci&oacute;n y la Guardia Civil. Los a&ntilde;os siguientes asistieron a un incremento de los choques, con el carlismo din&aacute;stico claramente enfrentado al r&eacute;gimen y a los tradicionalistas que hab&iacute;an abandonado sus filas. Un informe policial de mayo de 1969 resum&iacute;a: &ldquo;Montejurra y Estella fueron ayer unos lugares sin ley, donde campe&oacute; el desorden, la provocaci&oacute;n y las injurias&rdquo;. No extra&ntilde;ar&aacute;, por tanto, que tras los actos de 1971 se hablara de tomar medidas, entre otras, la desaparici&oacute;n del equipo dirigente del carlismo y su recuperaci&oacute;n para el r&eacute;gimen, o actuar judicialmente contra ellos. Si la primera opci&oacute;n supon&iacute;a la participaci&oacute;n directa del gobierno con los riesgos que ello conllevaba, la segunda disimulaba esa dificultad. Y aunque esta propuesta no parece que se llevara a efecto, mostraba la actitud de algunos sectores del r&eacute;gimen respecto al carlismo, incluida la consigna de proporcionar datos de asistencia rebajados sobre los actos en 1972, la propuesta de prohibici&oacute;n realizada en 1973, adem&aacute;s de una nota de la Direcci&oacute;n General de Seguridad advirtiendo sobre la presencia de grupos de guerrilleros de Cristo Rey. Los grupos tradicionalistas llamaban al boicot. Si en la convocatoria de 1974 una nota previa advert&iacute;a del riesgo de que &ldquo;en Montejurra se produzcan m&aacute;rtires&rdquo;, en la de 1975 se habl&oacute; de la posibilidad de un atentado de ETA contra la polic&iacute;a desplegada para cubrir el acto, o de la presencia de grupos tradicionalistas llamados a sabotear la celebraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Un efecto de esta situaci&oacute;n fue la disminuci&oacute;n de la asistencia a la cumbre de tierra Estella. Si atendemos a las cifras m&aacute;ximas recogidas en la prensa legal y clandestina, se pas&oacute; de 200.000 en 1968, a 60.000 en 1969, 100.000 en 1970, 10.000 en 1971, 15.000 en 1972, 10.000 en 1973, 7.000 en 1974, 10.000 en 1975, 25.000 en 1976 y 1.500 en 1977.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, el 20 de abril de 1975, Javier de Borb&oacute;n Parma abdic&oacute; de la pretensi&oacute;n din&aacute;stica, que pas&oacute; a su hijo Carlos Hugo. La reacci&oacute;n del tradicionalismo fue muy negativa, rechazando la orientaci&oacute;n que el pr&iacute;ncipe hab&iacute;a dado al carlismo. Ya muy tirantes en los a&ntilde;os previos, las relaciones entre los dos hermanos varones chocaron a&uacute;n m&aacute;s cuando Sixto, el menor, envi&oacute; una carta a Carlos Hugo a principios del mes de enero de 1976 acus&aacute;ndole de desviacionismo ideol&oacute;gico y manifestando que asum&iacute;a la representaci&oacute;n de la Comuni&oacute;n Tradicionalista. A partir de ah&iacute;, comenz&oacute; una campa&ntilde;a que hablaba de reconquistar Montejurra, y en la que Sixto tom&oacute; parte activa, reuni&eacute;ndose con diversos sectores tradicionalistas y con autoridades que, como se ha visto, mostraban sus recelos hacia la evoluci&oacute;n del Partido Carlista, incluyendo el gobernador civil de Navarra. Ya en el mes de abril, seg&uacute;n se recoge en la documentaci&oacute;n recientemente difundida por el Partido Carlista, el director general de seguridad se dirig&iacute;a a la m&aacute;xima autoridad gubernamental de Navarra para advertir sobre el enfrentamiento entre los seguidores de ambos que, se&ntilde;alaba, &ldquo;puede ser conveniente, pero tenemos que evitar que llegue la sangre al r&iacute;o&rdquo;. Le ofrec&iacute;a todos los medios policiales necesarios para evitar esta &uacute;ltima posibilidad. Mientras, Ruiz de Gordoa, el mencionado gobernador civil, se reuni&oacute; en Pamplona con Sixto y poco despu&eacute;s prepar&oacute; un dispositivo policial en el que se contemplaba la posibilidad de los enfrentamientos y la presencia de armas.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, en los d&iacute;as previos, se transmitieron notas a diversos ministerios en las que se informaba de las intenciones tradicionalistas de boicotear los actos de los seguidores de Carlos Hugo, &ldquo;llegando incluso, si fuese necesario, a realizar un enfrentamiento con los mismos&rdquo;, dec&iacute;a una de ellas. Desde el Ministerio de Informaci&oacute;n y Turismo se advert&iacute;a, tres d&iacute;as antes: &ldquo;La campa&ntilde;a se intensifica por ambos bandos y la tensi&oacute;n aumenta ante la fecha del pr&oacute;ximo 9 de mayo en Montejurra y Estella&rdquo;. La v&iacute;spera, se dirig&iacute;a al ministro de Informaci&oacute;n y Turismo una nota de la Brigada Central de la Jefatura de Informaci&oacute;n del d&iacute;a 6 que advert&iacute;a &ldquo;de que se est&aacute;n organizando entre los Guerrilleros de Cristo Rey y Fuerza Nueva para asistir [&hellip;] a los actos de Montejurra&rdquo;. El mismo d&iacute;a 8, otra informaci&oacute;n de la misma Brigada Central advert&iacute;a que los seguidores de Carlos Hugo estaban convencidos de que Sixto &ldquo;se presentar&aacute; en Montejurra acompa&ntilde;ado de un gran n&uacute;mero de pistoleros y guerrilleros oficiales, para impedir o sabotear dicho acto&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Llegada la nubosa ma&ntilde;ana del d&iacute;a 9, los peores presagios se cumplieron. En ninguna de las previsiones se contempl&oacute; la participaci&oacute;n de destacadas figuras de la extrema derecha internacional que efectivamente hicieron acto de presencia en las laderas de Montejurra. Las ametralladoras, subfusiles y armas cortas instaladas en la c&uacute;spide de la monta&ntilde;a por los seguidores de Sixto de Borb&oacute;n hicieron fuego, mientras en la explanada del Monasterio de Irache se produc&iacute;an enfrentamientos con barras, palos y pistolas, ante la pasividad e inacci&oacute;n de las numerosas fuerzas policiales presentes en esos escenarios. Como resultado de todo ello murieron el santanderino Aniano Jim&eacute;nez Santos y el estell&eacute;s Ricardo Garc&iacute;a Pellejero. En sus funerales se insisti&oacute; en su simbolismo, encarnaci&oacute;n del verdadero pueblo, la libertad y la verdad, se dec&iacute;a. Los fallecidos pasaban a formar parte de los m&aacute;rtires del carlismo y su ejemplo se convert&iacute;a en semilla del movimiento que se quer&iacute;a impulsar, alimentando la carga simb&oacute;lica de la monta&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Lo ocurrido en Montejurra era una manifestaci&oacute;n concreta del clima de conflicto m&aacute;s amplio por las implicaciones internacionales y las acciones/omisiones gubernamentales, dentro de la compleja situaci&oacute;n espa&ntilde;ola del momento. Buena muestra de ello fue el proceso abierto por estos asesinatos. Tres fueron los implicados, pero las turbulencias que el sistema pol&iacute;tico y judicial viv&iacute;a en esas fechas complicaron la tramitaci&oacute;n efectiva de sus condenas. La amnist&iacute;a del 15 de octubre de 1977 los sac&oacute; de la c&aacute;rcel, al considerar lo ocurrido de intencionalidad pol&iacute;tica y, por tanto, acogido a la amnist&iacute;a. Sin embargo, los muertos en Montejurra solo en 2003 recibieron el reconocimiento como v&iacute;ctimas del terrorismo.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ese mes de mayo de hace cincuenta a&ntilde;os, el acto acentu&oacute; su declive, tras el jaque dado en 1976. El correspondiente a 1977 fue prohibido, aunque se lleg&oacute; a celebrar en torno al castillo de Javier. Los sucesos de Montejurra en 1976 afirmaron una imagen t&oacute;pica del carlismo como grupo montaraz, m&aacute;s apto para la sublevaci&oacute;n que para los nuevos tiempos de consenso, poco acorde con lo que se quer&iacute;a construir. No parec&iacute;a que el movimiento encabezado por Carlos Hugo supusiera una gran amenaza ni para la monarqu&iacute;a de Juan Carlos I, ni para el proyecto pol&iacute;tico que se estaba poniendo en marcha. Tal vez el peso del pasado hizo que aumentara la percepci&oacute;n del carlismo como un peligro para el sistema y que determinados sectores buscaran neutralizar lo que se consideraba un riesgo. Y aunque ya era un movimiento debilitado y en retroceso, los efectos de lo ocurrido hace medio siglo incrementaron el declive. La niebla que cubri&oacute; la cumbre el 9 de mayo de hace cincuenta a&ntilde;os, no solo ocult&oacute; su agreste topograf&iacute;a, sino que tambi&eacute;n cay&oacute; sobre un carlismo que declinaba, en un jaque que, aunque no mate, dej&oacute; tocada a la fuerza pol&iacute;tica m&aacute;s longeva de Europa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francisco Javier Caspistegui Gorasurreta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/navarra/contrapunto/9-mayo-1976-jaque-carlismo_132_13207470.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 May 2026 20:01:40 +0000]]></pubDate>
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