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    <title><![CDATA[elDiario.es - Leocadio Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/leocadio-martin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Leocadio Martín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[La ventana de Overton: cómo lo inaceptable aprende a parecer normal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ventana-overton-inaceptable-aprende-normal_132_13437275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e93b884-0363-4aa4-8871-46454a4d8d85_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149010.jpg" width="1760" height="990" alt="La ventana de Overton: cómo lo inaceptable aprende a parecer normal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que algo pueda decirse en público no significa que se haya vuelto moralmente correcto. Significa que ha pasado de ser indecible a ser discutible. Y esa diferencia es más importante de lo que pueda parecer
</p></div><p class="article-text">
        Algo ha cambiado en el espacio p&uacute;blico. No solo en lo que se dice, sino en c&oacute;mo se recibe. Posiciones que hace una d&eacute;cada habr&iacute;an generado rechazo inmediato circulan hoy con normalidad, se defienden sin aparente coste social y reciben adhesi&oacute;n en redes con una velocidad que desconcierta. La pregunta pertinente no es si esto ocurre -que ocurre- sino qu&eacute; mecanismos psicol&oacute;gicos lo explican.
    </p><p class="article-text">
        Lo que sigue no es un an&aacute;lisis de ninguna tendencia pol&iacute;tica concreta. Es una reflexi&oacute;n desde la psicolog&iacute;a sobre un fen&oacute;meno que no entiende de bandos y que conviene entender.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El concepto y lo que describe</strong></h2><p class="article-text">
        <strong>Joseph Overton</strong>, analista pol&iacute;tico estadounidense, desarroll&oacute; este marco a finales de los a&ntilde;os noventa para describir el rango de ideas que, en un momento dado, una sociedad considera aceptables en el debate p&uacute;blico. Fuera de esa ventana hay posiciones que existen -que las personas tienen, en privado- pero que conllevar&iacute;an un coste social elevado si se expresan abiertamente: rechazo, descr&eacute;dito, verg&uuml;enza. Dentro de la ventana, en cambio, las ideas son discutibles, debatibles, incluso defendibles.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el concepto describe realmente -porque puede ser variable entre culturas o grupos de personas- no es el contenido de la ventana, sino el hecho de que <strong>la ventana se desplaza</strong>. Y se desplaza a pesar de que no seamos conscientes de que lo est&aacute; haciendo. 
    </p><p class="article-text">
        Aplicada a los l&iacute;mites morales de los discursos actuales, la ventana de Overton se&ntilde;ala algo que no es nuevo pero que hoy ocurre con una velocidad sin precedentes. No hablamos, necesariamente, de ideas que nadie pensaba antes. Hablamos de lo que la sociedad considera leg&iacute;timo decir en voz alta &mdash;y del coste que tiene hacerlo. Porque este coste ha cambiado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El mecanismo</strong></h2><p class="article-text">
        El desplazamiento de la ventana sigue un patr&oacute;n que la psicolog&iacute;a social recoge muy bien. Una persona expresa p&uacute;blicamente una posici&oacute;n hasta entonces considerada inadmisible. Si la sanci&oacute;n esperada no llega -o si, al contrario, recibe aprobaci&oacute;n- otras personas descubren que tambi&eacute;n pueden expresarla. La repetici&oacute;n genera familiaridad. Y la familiaridad reduce el impacto emocional. Lo que inicialmente resultaba escandaloso termina siendo una posici&oacute;n m&aacute;s dentro de la conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este proceso conecta directamente con lo que <strong>Albert Bandura</strong>, uno de los psic&oacute;logos sociales m&aacute;s influyentes del siglo XX, denomin&oacute; <strong>desconexi&oacute;n moral</strong> que son los mecanismos mediante los cuales ciertos discursos van perdiendo progresivamente su car&aacute;cter moralmente reprobable. Bandura identific&oacute; varios de ellos. La <em>justificaci&oacute;n moral</em> -presentar lo cuestionable como necesario o justo-, el <em>etiquetado eufem&iacute;stico</em> -llamar de otra manera a lo que antes ten&iacute;a otro nombre-, la <em>difusi&oacute;n de la responsabilidad</em> -si lo dicen todos, nadie es responsable- y la <em>deshumanizaci&oacute;n </em>del objeto de discurso. Cada uno opera de forma discreta. Todos contribuyen a que lo antes inaceptable acabe pareciendo, cuando menos, discutible.
    </p><p class="article-text">
        A esto se a&ntilde;ade un fen&oacute;meno igualmente documentado que es la <strong>ignorancia pluralista</strong>. En situaciones de cambio normativo, muchas personas perciben que la nueva posici&oacute;n dominante es m&aacute;s extendida de lo que realmente es, porque quienes no la comparten tienden a callar. El silencio se interpreta como acuerdo. La espiral de silencio que describi&oacute; <strong>Elisabeth Noelle-Neumann</strong> -polit&oacute;loga alemana que estudi&oacute; durante d&eacute;cadas c&oacute;mo la presi&oacute;n social modela la expresi&oacute;n p&uacute;blica de las opiniones-  sigue funcionando, d&eacute;cadas despu&eacute;s, con una precisi&oacute;n asombrosa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Las redes como acelerador</strong></h2><p class="article-text">
        Lo que las redes sociales han transformado no es la naturaleza del proceso, sino su rapidez.
    </p><p class="article-text">
        Antes, entre una opini&oacute;n privada y el espacio p&uacute;blico exist&iacute;an numerosos filtros: medios, instituciones, reputaci&oacute;n profesional, entorno social inmediato. Esos filtros no eran perfectos -nunca lo fueron- pero funcionaban como fricci&oacute;n. Moldeaban el tr&aacute;nsito de lo marginal hacia lo central.
    </p><p class="article-text">
        Ahora alguien puede formular una posici&oacute;n extrema, encontrar en minutos miles de personas que la refuercen y obtener as&iacute; una <strong>percepci&oacute;n de consenso</strong> que no se corresponde con lo que piensa la mayor&iacute;a social. La frontera entre &ldquo;hay algunas personas que piensan esto&rdquo; y &ldquo;esto es una posici&oacute;n socialmente leg&iacute;tima&rdquo; puede desplazarse con una rapidez que ninguna generaci&oacute;n anterior hab&iacute;a experimentado.
    </p><p class="article-text">
        El efecto es grande. Cuando la percepci&oacute;n de lo que es socialmente aceptable cambia m&aacute;s deprisa que la realidad de lo que la mayor&iacute;a piensa, las personas ajustan su comportamiento a esa percepci&oacute;n &mdash;no a esa realidad. Y la ventana se desplaza.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que conviene no confundir</strong></h2><p class="article-text">
        Aqu&iacute; aparece una confusi&oacute;n que debemos nombrar con contundencia.
    </p><p class="article-text">
        El derecho a expresarse no es lo mismo que el derecho a que lo expresado quede libre de valoraci&oacute;n moral. Son cosas distintas, aunque se presenten frecuentemente como equivalentes.
    </p><p class="article-text">
        Que algo pueda decirse -que entre dentro de lo tolerado por la norma social y lo permitido por la ley- no obliga a los dem&aacute;s a considerarlo razonable, respetable o &eacute;ticamente equivalente a cualquier otra posici&oacute;n. La libertad de expresi&oacute;n protege el acto de hablar. No garantiza que lo dicho sea moral, ni que quien lo dice quede exento del juicio de quienes escuchan.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;alar esto no es proponer censura. Es exactamente lo contrario. Reconocer que el espacio p&uacute;blico es tambi&eacute;n un espacio de valoraci&oacute;n, y que &eacute;sta tiene legitimidad propia. Una sociedad que renuncia a juzgar moralmente el discurso no se vuelve m&aacute;s libre. Se vuelve m&aacute;s confusa.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que el mecanismo nos dice</strong></h2><p class="article-text">
        La ventana de Overton no es una herramienta exclusiva de ning&uacute;n sector pol&iacute;tico ni una teor&iacute;a de conspiraci&oacute;n. Es una descripci&oacute;n de c&oacute;mo funcionamos como especie social. Somos profundamente sensibles a lo que percibimos como norma en nuestro entorno, y ajustamos nuestras expresiones -y con el tiempo, nuestras valoraciones-  a esa percepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Nombrar este mecanismo no es alarmismo. Es explicaci&oacute;n. Una sociedad que comprende c&oacute;mo se desplazan sus propias ventanas tiene m&aacute;s capacidad para decidir, conscientemente, hacia d&oacute;nde lo est&aacute;n haciendo y modificarlo si es necesario.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad no cambia solamente cuando empieza a hacer cosas diferentes. Tambi&eacute;n cambia cuando deja de avergonzarse de decir determinadas cosas. Y esa segunda forma de cambio -m&aacute;s silenciosa, m&aacute;s dif&iacute;cil de revertir- merece exactamente el mismo nivel de atenci&oacute;n&hellip;  y preocupaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leocadio Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ventana-overton-inaceptable-aprende-normal_132_13437275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Aug 2026 17:23:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ventana de Overton: cómo lo inaceptable aprende a parecer normal]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Psicología,Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salud mental y la nueva política europea de deportación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/salud-mental-nueva-politica-europea-deportacion_132_13315958.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Qué nos dice la experiencia de Estados Unidos tras más de un año de persecución migratoria
</p></div><p class="article-text">
        La relaci&oacute;n entre salud mental y pol&iacute;ticas migratorias represivas ya no es un debate lejano para Europa. El 17 de junio de 2026, el Parlamento Europeo aprob&oacute; en Estrasburgo, por 418 votos a favor, 218 en contra y 30 abstenciones, una reforma del Reglamento de Retorno que endurece de forma sustancial el control y la expulsi&oacute;n de personas extranjeras en situaci&oacute;n irregular: habilita la creaci&oacute;n de centros de deportaci&oacute;n fuera de la Uni&oacute;n Europea, ampl&iacute;a la detenci&oacute;n hasta veinticuatro meses &mdash;con una posible pr&oacute;rroga de seis m&aacute;s&mdash; y otorga a las autoridades nacionales nuevas facultades de registro domiciliario [1].
    </p><p class="article-text">
        El debate p&uacute;blico se ha centrado, sobre todo, en la eficacia de estas medidas y en su compatibilidad con el derecho internacional. Pero la evidencia psicol&oacute;gica apunta a otro coste, menos visible y mucho m&aacute;s extendido: el deterioro de la salud mental de personas migrantes que llevan a&ntilde;os, a veces d&eacute;cadas, viviendo, trabajando y criando a sus hijos e hijas en suelo europeo.
    </p><p class="article-text">
        No hablamos solo de quienes podr&iacute;an ser expulsados. Hablamos de comunidades enteras que empiezan a vivir bajo un clima de incertidumbre, hipervigilancia y miedo cr&oacute;nico [3][4].
    </p><h2 class="article-text"><strong>Un modelo que ya conocemos: la sombra de ICE sobre Europa</strong></h2><p class="article-text">
        La nueva normativa europea no instaura, como tal, devoluciones sumarias en frontera: de hecho, exige expresamente que los acuerdos con terceros pa&iacute;ses respeten el principio de no devoluci&oacute;n. Lo que s&iacute; introduce es una arquitectura de control mucho m&aacute;s amplia, con centros de internamiento en pa&iacute;ses extracomunitarios, detenciones m&aacute;s prolongadas, registros domiciliarios y una obligaci&oacute;n estricta de cooperaci&oacute;n para las personas sujetas a expulsi&oacute;n [1].
    </p><p class="article-text">
        Varios eurodiputados y organizaciones humanitarias han se&ntilde;alado el parecido de este modelo con el que Estados Unidos ha desplegado a trav&eacute;s de ICE en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, advirtiendo del riesgo de normalizar la detenci&oacute;n de personas sin antecedentes penales y de extender controles cada vez m&aacute;s invasivos [1]. Desde C&aacute;ritas Europa se ha alertado de que este tipo de medidas puede &ldquo;estigmatizar y criminalizar&rdquo; a la poblaci&oacute;n migrante en un momento en que las sociedades europeas necesitan m&aacute;s cohesi&oacute;n, no menos [1].
    </p><p class="article-text">
        Desde la psicolog&iacute;a social, esta arquitectura institucional convierte el miedo en una condici&oacute;n estructural, no en una respuesta puntual a una amenaza concreta. Es exactamente el mecanismo que la literatura ha documentado en Estados Unidos durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o y medio: cuando el control migratorio se intensifica, el miedo deja de depender del riesgo real de cada persona y empieza a regular la vida cotidiana de comunidades enteras [6][8].
    </p><h2 class="article-text"><strong>Estr&eacute;s cr&oacute;nico, ansiedad y trauma psicol&oacute;gico</strong></h2><p class="article-text">
        A diferencia del estr&eacute;s agudo, ligado a un evento puntual, la amenaza migratoria sostenida genera estr&eacute;s cr&oacute;nico, uno de los factores m&aacute;s da&ntilde;inos para la salud mental. La evidencia cl&iacute;nica disponible en Europa ya apunta en esta direcci&oacute;n: un estudio realizado en Espa&ntilde;a sobre personas internadas en Centros de Internamiento de Extranjeros encontr&oacute; que siete de cada diez desarrollan sintomatolog&iacute;a ansiosa y depresiva cl&iacute;nicamente significativa, y que dos de cada diez llegan a intentar autolesionarse durante su estancia [2].
    </p><p class="article-text">
        La literatura internacional sobre detenci&oacute;n migratoria, desarrollada inicialmente en contextos australianos y brit&aacute;nicos, coincide en que la incertidumbre sobre el propio futuro legal es, en s&iacute; misma, un factor traum&aacute;tico, con independencia de la duraci&oacute;n de la detenci&oacute;n [10][11][12].
    </p><h2 class="article-text"><strong>Familias migrantes asentadas en Europa: cuando los a&ntilde;os vividos aqu&iacute; no protegen</strong></h2><p class="article-text">
        Una parte importante de las personas que pueden verse afectadas por esta reforma no son personas reci&eacute;n llegadas, sino padres y madres que llevan a&ntilde;os trabajando, pagando impuestos y criando a hijos e hijas escolarizados en Espa&ntilde;a, Francia, Alemania o Italia. La ampliaci&oacute;n de los plazos de detenci&oacute;n y la creaci&oacute;n de centros de deportaci&oacute;n introducen una tensi&oacute;n constante en estos n&uacute;cleos familiares, alterando v&iacute;nculos afectivos y rutinas b&aacute;sicas [13][14].
    </p><p class="article-text">
        La experiencia estadounidense, tras m&aacute;s de un a&ntilde;o de intensificaci&oacute;n de las actuaciones de ICE, resulta especialmente reveladora. Una encuesta de KFF y The New York Times realizada en 2025 encontr&oacute; que m&aacute;s del 20% de las personas migrantes adultas conoc&iacute;a a alguien arrestado, detenido o deportado desde enero de ese a&ntilde;o, y que cuatro de cada diez tem&iacute;a que esto pudiera ocurrirle a un familiar cercano. Tres de cada diez hab&iacute;an limitado su participaci&oacute;n en actividades fuera del hogar por miedo a llamar la atenci&oacute;n sobre su situaci&oacute;n migratoria [6].
    </p><h2 class="article-text"><strong>Ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y adolescentes: crecer bajo la amenaza</strong></h2><p class="article-text">
        La evidencia sobre los efectos en la infancia es especialmente contundente. Un informe del Urban Institute, tambi&eacute;n de 2025, encontr&oacute; que casi la mitad de los progenitores en familias migrantes con hijos tem&iacute;a ser abordado por las autoridades de inmigraci&oacute;n, y un 42% tem&iacute;a que esto le ocurriera a un familiar cercano. Un 15% hab&iacute;a observado un aumento del estr&eacute;s, la ansiedad o la tristeza en sus hijos a causa de esta preocupaci&oacute;n, cifra que se eleva al 27% en familias de estatus migratorio mixto [7].
    </p><p class="article-text">
        Desde la psicolog&iacute;a del desarrollo sabemos que crecer en un entorno donde la separaci&oacute;n familiar es una posibilidad real y constante puede generar estr&eacute;s t&oacute;xico, una forma de estr&eacute;s prolongado que compromete el desarrollo emocional, cognitivo y social a largo plazo [15]. No hace falta que la separaci&oacute;n llegue a producirse: basta con que se perciba como posible.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que ya sabemos: la lecci&oacute;n de Estados Unidos tras m&aacute;s de un a&ntilde;o de ICE</strong></h2><p class="article-text">
        Europa tiene la oportunidad, poco habitual, de observar lo que ya ha ocurrido antes de decidir hacia d&oacute;nde camina. Tras m&aacute;s de un a&ntilde;o de intensificaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas migratorias en Estados Unidos, los datos disponibles son contundentes.
    </p><p class="article-text">
        Una encuesta a profesionales sanitarios realizada por Physicians for Human Rights en 2025 encontr&oacute; que el 84% de quienes trabajan con poblaci&oacute;n migrante hab&iacute;a observado un descenso significativo o moderado en las visitas de sus pacientes desde enero de ese a&ntilde;o, y que en un 28% de los casos la atenci&oacute;n en salud mental se hab&iacute;a visto directamente afectada. El miedo a la deportaci&oacute;n fue el motivo m&aacute;s citado, se&ntilde;alado por cerca de la mitad de las personas encuestadas [8].
    </p><p class="article-text">
        En el extremo m&aacute;s grave, Human Rights Watch ha documentado que la tasa de mortalidad en los centros de detenci&oacute;n de ICE en 2026 va camino de ser la m&aacute;s alta en veinte a&ntilde;os: dieciocho personas hab&iacute;an fallecido en lo que iba de a&ntilde;o en el momento del informe, cinco de ellas por aparente suicidio [9].
    </p><p class="article-text">
        Estos datos no son anecd&oacute;ticos: son la fotograf&iacute;a de lo que ocurre cuando una sociedad institucionaliza el miedo migratorio durante un periodo prolongado. Es, precisamente, el escenario hacia el que avanza el nuevo marco europeo, salvo que decidamos, como sociedad y como profesionales de la salud, anticiparnos a &eacute;l.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Impacto comunitario y retraimiento social</strong></h2><p class="article-text">
        Las pol&iacute;ticas represivas no afectan solo a quienes est&aacute;n en riesgo directo de expulsi&oacute;n. Modifican el comportamiento de comunidades enteras. La literatura sobre el llamado &ldquo;efecto disuasorio&rdquo; muestra c&oacute;mo el miedo a la exposici&oacute;n institucional reduce el uso de servicios sanitarios, educativos y sociales, incluso entre personas con residencia regularizada [6][8].
    </p><p class="article-text">
        Este retraimiento tiene un coste colectivo: dificulta la prevenci&oacute;n en salud mental, debilita la cohesi&oacute;n social y refuerza din&aacute;micas de exclusi&oacute;n que perpet&uacute;an el sufrimiento psicol&oacute;gico a largo plazo.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La experiencia cl&iacute;nica: lo que ya describen los profesionales en Espa&ntilde;a</strong></h2><p class="article-text">
        Profesionales de la salud mental que trabajan con poblaci&oacute;n migrante en Espa&ntilde;a describen un patr&oacute;n muy similar al documentado en Estados Unidos: hipervigilancia, dificultad para proyectar el futuro y un miedo persistente que no desaparece con el tiempo. El llamado s&iacute;ndrome de deportabilidad &mdash;la sensaci&oacute;n sostenida de que la propia vida puede desmoronarse por una decisi&oacute;n administrativa&mdash; act&uacute;a como factor de riesgo psicol&oacute;gico incluso en personas que nunca han sido detenidas [2].
    </p><p class="article-text">
        Estos testimonios cl&iacute;nicos coinciden con la literatura cient&iacute;fica internacional, que insiste en la necesidad de enfoques terap&eacute;uticos informados por el trauma y sensibles al contexto sociopol&iacute;tico [10].
    </p><h2 class="article-text"><strong>Implicaciones sociales y de salud p&uacute;blica</strong></h2><p class="article-text">
        Diversos organismos internacionales han advertido que las pol&iacute;ticas migratorias basadas en la persecuci&oacute;n y el castigo generan da&ntilde;os psicol&oacute;gicos evitables, especialmente en la infancia [3][5]. Reducir la incertidumbre legal, proteger la unidad familiar y garantizar el acceso a servicios de salud mental no son solo medidas humanitarias: son intervenciones preventivas con un alto retorno social.
    </p><p class="article-text">
        Organizaciones como el Comit&eacute; Internacional de Rescate han advertido de que la nueva normativa europea corre el riesgo de dejar lagunas legales que desprotejan a las personas migrantes [1]. La experiencia estadounidense sugiere que ese riesgo no es solo ret&oacute;rico: es medible, y ya tiene cifras.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Conclusi&oacute;n</strong></h2><p class="article-text">
        Europa se encuentra ante una decisi&oacute;n que va mucho m&aacute;s all&aacute; del control de fronteras. La reforma aprobada en junio de 2026 puede convertirse en un determinante estructural de la salud mental de millones de personas que llevan a&ntilde;os formando parte de nuestras sociedades. Estados Unidos nos ha mostrado, en poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, lo que ocurre cuando el miedo se institucionaliza: m&aacute;s ansiedad, m&aacute;s depresi&oacute;n, menos acceso a la salud y un coste humano que tardar&aacute; generaciones en revertirse. Ignorar esta evidencia no nos hace m&aacute;s seguros. Nos hace, simplemente, menos responsables con quienes ya conviven con nosotros.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Bibliograf&iacute;a y fuentes</strong></h2><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Reforma del Reglamento de Retorno de la UE (17 de junio de 2026) &mdash; cobertura y declaraciones de C&aacute;ritas Europa, el Comit&eacute; Internacional de Rescate y eurodiputados, recogidas en Euronews, &Aacute;mbito, La Naci&oacute;n y Deia. <a href="https://www.euronews.com/my-europe" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.euronews.com/my-europe</a></li>
                                    <li>Centro de Investigaci&oacute;n y Acci&oacute;n Comunitaria (Universidad de Sevilla) y Servicio Jesuita a Migrantes (2023). Salud mental de las personas migrantes en los CIE en Espa&ntilde;a. Confederaci&oacute;n Salud Mental Espa&ntilde;a. <a href="https://www.consaludmental.org/centro-documentacion/salud-mental-personas-migrantes-cie/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.consaludmental.org/centro-documentacion/salud-mental-personas-migrantes-cie/</a></li>
                                    <li>Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS). Mental health of refugees and migrants. <a href="https://www.who.int/publications/i/item/9789241517530" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.who.int/publications/i/item/9789241517530</a></li>
                                    <li>ACNUR. Mental Health and Psychosocial Support. <a href="https://www.unhcr.org/mental-health-and-psychosocial-support.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.unhcr.org/mental-health-and-psychosocial-support.html</a></li>
                                    <li>Organizaci&oacute;n Internacional para las Migraciones (OIM). World Migration Report. <a href="https://worldmigrationreport.iom.int/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://worldmigrationreport.iom.int/</a></li>
                                    <li>KFF / The New York Times (2025). Survey of Immigrants. <a href="https://www.kff.org/medicaid/potential-chilling-effects-of-public-charge-and-other-immigration-policies-on-medicaid-and-chip-enrollment/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.kff.org/medicaid/potential-chilling-effects-of-public-charge-and-other-immigration-policies-on-medicaid-and-chip-enrollment/</a></li>
                                    <li>Urban Institute (2025-2026). Immigration Concerns Disrupted Families' Essential Activities and Caused Children Emotional Distress. <a href="https://www.urban.org/research/publication/immigration-concerns-disrupted-families-essential-activities-and-caused" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.urban.org/research/publication/immigration-concerns-disrupted-families-essential-activities-and-caused</a></li>
                                    <li>Physicians for Human Rights (2025). ICE Tactics and Deportation Fears Limit Access to Health Care for Children of Immigrants. <a href="https://phr.org/news/ice-tactics-and-deportation-fears-limit-access-to-health-care-for-children-of-immigrants-survey/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://phr.org/news/ice-tactics-and-deportation-fears-limit-access-to-health-care-for-children-of-immigrants-survey/</a></li>
                                    <li>Human Rights Watch (2026). La salud mental es otra v&iacute;ctima lamentable de ICE. <a href="https://www.hrw.org/es/news/2026/06/03/la-salud-mental-es-otra-victima-lamentable-de-ice" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.hrw.org/es/news/2026/06/03/la-salud-mental-es-otra-victima-lamentable-de-ice</a></li>
                                    <li>von Werthern et al. (2018). The impact of immigration detention on mental health. BMC Psychiatry. <a href="https://bmcpsychiatry.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12888-018-1945-y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://bmcpsychiatry.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12888-018-1945-y</a></li>
                                    <li>Steel, Z. et al. (2011). Impact of immigration detention on mental health. Social Science &amp; Medicine. <a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21306727/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21306727/</a></li>
                                    <li>Robjant, K., Hassan, R. &amp; Katona, C. (2009). Mental health implications of detaining asylum seekers. British Journal of Psychiatry.</li>
                                    <li>Su&aacute;rez-Orozco, C. et al. (2018). Family separation and immigration policies. American Psychologist.</li>
                                    <li>Dreby, J. (2015). Immigration policy and family separation. Social Science &amp; Medicine.</li>
                                    <li>Shonkoff, J. et al. (2012). The lifelong effects of toxic stress. Pediatrics.</li>
                                    <li>Amnist&iacute;a Internacional Espa&ntilde;a. Investigaci&oacute;n sobre los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE). <a href="https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/espana-amnistia-internacional-pide-que-no-se-prive-de-libertad-a-las-personas-por-motivos-migratorios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/noticias/noticia/articulo/espana-amnistia-internacional-pide-que-no-se-prive-de-libertad-a-las-personas-por-motivos-migratorios/</a></li>
                            </ul>
            </div>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leocadio Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/salud-mental-nueva-politica-europea-deportacion_132_13315958.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 16:50:41 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Salud mental y la nueva política europea de deportación]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El crucero del miedo: lo que la crisis del ‘Hondius’ dice de nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/crucero-miedo-crisis-hondius-dice_132_13208641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dae6d6cc-0b06-433d-bd32-9f252cd2eeac_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El crucero del miedo: lo que la crisis del ‘Hondius’ dice de nosotros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando una emergencia sanitaria se convierte en disputa política, la población deja de procesar información sanitaria y empieza a procesar información tribal. La pregunta deja de ser “¿cuál es mi riesgo real?” para convertirse en “¿quién tiene la culpa?”</p><p class="subtitle">El director del la OMS escribe una carta a la población de Tenerife: “Esto no es otro COVID-19, el riesgo del hantavirus sigue siendo bajo”
</p></div><p class="article-text">
        Un crucero donde se declarado un brote de <strong>hantavirus</strong> navega hacia Canarias. Tres personas han fallecido. El operativo sanitario funciona con protocolo riguroso. Y, sin embargo, lo que domina el espacio p&uacute;blico no es la informaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica sino algo bastante m&aacute;s antiguo: <strong>el miedo, la culpa y la b&uacute;squeda de un responsable</strong>. Lo que sigue no es un juicio sobre qui&eacute;n act&uacute;a mejor o peor. Es una reflexi&oacute;n desde la psicolog&iacute;a sobre lo que esta crisis revela de nosotros como sociedad.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El p&aacute;nico colectivo y sus reglas</strong></h2><p class="article-text">
        Los soci&oacute;logos lo denominan <strong>p&aacute;nico moral</strong>: la reacci&oacute;n desproporcionada de una sociedad ante una amenaza que se percibe como existencial, aunque los datos digan otra cosa. El hantavirus de los Andes &mdash;la cepa del <em><strong>MV Hondius</strong></em>, la &uacute;nica variante transmisible entre humanos&mdash; tiene una capacidad de contagio muy limitada comparada con otros virus respiratorios. El riesgo para la poblaci&oacute;n canaria &mdash;aunque real&mdash; es bajo. Las autoridades sanitarias han activado protocolos de aislamiento rigurosos. Nada de esto importa demasiado cuando nuestro sistema de alarma cerebral ya se ha activado.
    </p><p class="article-text">
        Porque nuestra materia gris no trabaja con estad&iacute;sticas. Lo hace con emociones, y estas se nutren de im&aacute;genes y narrativas. Un crucero, un virus, tres muertos: los ingredientes suficientes para poner en marcha mecanismos que nos han mantenido vivos durante miles de a&ntilde;os, pero que en el siglo XXI pueden llevarnos a reacciones desproporcionadas. Un titular alarmista viaja m&aacute;s r&aacute;pido que una explicaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica pormenorizada.
    </p><p class="article-text">
        Existe un t&eacute;rmino t&eacute;cnico para lo que ocurre cuando el miedo se contagia antes que el virus: <strong>enfermedad psic&oacute;gena masiva</strong>. Se caracteriza por la aparici&oacute;n de comportamientos en un grupo cohesionado de personas sometidas a estr&eacute;s, que se propagan r&aacute;pidamente entre sus miembros aunque no exista una raz&oacute;n proporcional que los justifique. En el caso del <em>Hondius</em> no hablamos de s&iacute;ntomas f&iacute;sicos sino de algo equivalente: el contagio emocional del miedo y la indignaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Nosotros y ellos</strong></h2><p class="article-text">
        Los pasajeros del <em>Hondius</em> son turistas que pagaron un crucero de expedici&oacute;n al Atl&aacute;ntico Sur. Son, en la percepci&oacute;n popular, personas con dinero. Y eso activa algo que la psicolog&iacute;a social conoce bien: ante una crisis, la primera pregunta que hace el cerebro no es &ldquo;&iquest;cu&aacute;l es el riesgo real?&rdquo; sino &ldquo;&iquest;esto es cosa de los nuestros o de los otros?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El psic&oacute;logo Henri Tajfel demostr&oacute; que los seres humanos tendemos a dividir el mundo en endogrupo &mdash;los nuestros&mdash; y exogrupo &mdash;los otros&mdash; de forma casi autom&aacute;tica, y que esa divisi&oacute;n lleva aparejada una valoraci&oacute;n moral: los nuestros merecen m&aacute;s empat&iacute;a. Cuando los afectados pertenecen a un grupo percibido como privilegiado, la empat&iacute;a cede paso a la indiferencia o al resentimiento encubierto. No se formula en voz alta, pero estructura buena parte de la reacci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        La fil&oacute;sofa Martha Nussbaum ha se&ntilde;alado la tendencia a culpabilizar &ldquo;hacia arriba&rdquo; &mdash;hacia las &eacute;lites&mdash; como una forma de chivo expiatorio que aparece con regularidad en situaciones de crisis. No es que los pasajeros hayan hecho algo malo. Es que su posici&oacute;n social los convierte en candidatos c&oacute;modos para recibir una hostilidad que, en realidad, tiene otras causas. El chivo expiatorio cumple una funci&oacute;n psicol&oacute;gica precisa: canalizar la angustia difusa hacia un objetivo concreto, lo que produce un alivio temporal, aunque no resuelva nada.
    </p><p class="article-text">
        Lo que esta din&aacute;mica oscurece es que los pasajeros del <em>Hondius</em> son tambi&eacute;n v&iacute;ctimas de una situaci&oacute;n que no eligieron: el aislamiento prolongado, la incertidumbre sobre su estado de salud y la exposici&oacute;n p&uacute;blica involuntaria, generan un nivel de estr&eacute;s que merece la misma consideraci&oacute;n que cualquier otro.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Cuando el miedo se hace pol&iacute;tico</strong></h2><p class="article-text">
        En pocas horas, la crisis sanitaria del <em>Hondius</em> se ha convertido en un campo de batalla pol&iacute;tico. Esto no es una acusaci&oacute;n a ning&uacute;n partido ni instituci&oacute;n concreta: es un patr&oacute;n que la psicolog&iacute;a observa con regularidad en cualquier democracia ante cualquier crisis. Cuando una emergencia sanitaria se convierte en disputa pol&iacute;tica, la poblaci&oacute;n deja de procesar informaci&oacute;n sanitaria y empieza a procesar informaci&oacute;n tribal. La pregunta deja de ser &ldquo;&iquest;cu&aacute;l es mi riesgo real?&rdquo; para convertirse en &ldquo;&iquest;qui&eacute;n tiene la culpa?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n sobre ansiedad colectiva durante epidemias muestra que los niveles elevados de miedo se asocian con mayor hostilidad hacia los grupos percibidos como adversarios y menor disposici&oacute;n al pensamiento matizado. Ya Arist&oacute;teles hablaba del miedo como herramienta de control y manipulaci&oacute;n. El p&aacute;nico, bien gestionado, es funcionalmente &uacute;til para ciertos actores: nos genera atenci&oacute;n, movilizaci&oacute;n y justifica decisiones que en condiciones normales tomar&iacute;amos de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;alar esto no es hacer pol&iacute;tica. Es nombrar un mecanismo psicol&oacute;gico documentado, que opera con independencia de qui&eacute;n lo active y en qu&eacute; direcci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Lo que har&iacute;amos bien como sociedad</strong></h2><p class="article-text">
        La serenidad no es ingenuidad. Es el estado mental desde el que se toman las mejores decisiones, individuales y colectivas. Y ahora mismo esta situaci&oacute;n exige algo concreto: distinguir entre la se&ntilde;al &mdash;un brote limitado, gestionado con protocolo sanitario preciso&mdash; y el ruido, que es todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El hantavirus no se transmite por el agua ni por el aire en condiciones normales. Ning&uacute;n pasajero abandonar&aacute; el barco sin garant&iacute;as. Los datos disponibles apuntan a un riesgo real pero acotado para la poblaci&oacute;n. Eso no significa que no haya que estar atentos. Significa que la atenci&oacute;n funciona mejor sin miedo a&ntilde;adido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leocadio Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/crucero-miedo-crisis-hondius-dice_132_13208641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 May 2026 13:51:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El crucero del miedo: lo que la crisis del ‘Hondius’ dice de nosotros]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Hantavirus,Canarias]]></media:keywords>
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