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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alberto Gayo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alberto-gayo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alberto Gayo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[interviú, nacida libre]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/interviu-nacida-libre_129_13240172.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d14d375-a122-4521-a199-d2a837cc46c3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="interviú, nacida libre"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vale que interviú tiene cosas de las que arrepentirse, límites que sobrepasó y rectificaciones que tuvo que publicar a toda página. Como cualquier medio de comunicación que arriesga. Hay cosas peores, como el actual escupidero de bulos y desinformación en que se han convertido algunos seudomedios. Pero es muy injusto que no se haya producido un acto de reparación por la contribución de interviú a la defensa de las libertades, de todas</p></div><p class="article-text">
        El 22 de mayo de 1976 yo ten&iacute;a siete a&ntilde;os. Ese s&aacute;bado, mientras millones de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as est&aacute;bamos pegados a la tele de tubo viendo el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>Heidi</em>, alucinados porque la amiga discapacitada de la muchacha de los Alpes pod&iacute;a levantarse de la silla de ruedas y volver a andar, una revista con nombre que sonaba ingl&eacute;s llegaba a los quioscos de toda Espa&ntilde;a. Fueron 100.000 ejemplares. En pocas horas se vendieron m&aacute;s de 85.000.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La portada de aquel primer n&uacute;mero de <em>intervi&uacute; </em>no dejaba dudas de las intenciones de sus tres creadores con residencia en Barcelona: Antonio Asensio, Jos&eacute; Ilario y Jer&oacute;nimo Tarr&eacute;s. Una modelo de ojos verdes, que dejaba entrever sus oscuros pezones bajo un vestido semitransparente, miraba fijamente al lector. Se com&iacute;a toda la portada. Aquella mujer an&oacute;nima estaba rodeada de titulares que no dejaban indiferente.
    </p><p class="article-text">
        Los j&oacute;venes reporteros Josep Ramoneda y Jos&eacute; Mart&iacute; G&oacute;mez firmaban un reportaje sobre un caso de corrupci&oacute;n pol&iacute;tico-judicial con aceite adulterado que afectaba a un ministro franquista. El periodista Jos&eacute; Mar&iacute;a Portell narraba en primera persona el ataque ultraderechista con armas de fuego en una romer&iacute;a carlista. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, Portell era asesinado por ETA. Otro texto hac&iacute;a hincapi&eacute; en el n&uacute;mero de gallegos que hab&iacute;an tocado poder en Espa&ntilde;a &ndash;Jos&eacute; Calvo Sotelo, Francisco Franco, Manuel Fraga, etc.&ndash; y que &ldquo;no han hecho gran cosa por el terru&ntilde;o&rdquo;. Hab&iacute;a dos reportajes internacionales, uno sobre las mafias que actuaban en Las Vegas y otro sobre un doble crimen sucedido en el Aconcagua. Y una entrevista a Sara Lezana, actriz y bailaora de flamenco, en la que mostraba su aversi&oacute;n hacia la extrema derecha y un vaticinio: &ldquo;la igualdad no podr&aacute; existir nunca&rdquo;.&nbsp;En el interior destacaba un texto sobre la rebeli&oacute;n homosexual y dos sesiones de fotos, unas sensuales de la actriz estadounidense Sidney Rome y otra con est&eacute;tica setentera de una tal Sally Booker.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta fue la primera &ldquo;cesta de navidad&rdquo; que ofreci&oacute; <em>intervi&uacute;</em> con todos los manjares ocultos por el franquismo. As&iacute; defini&oacute; la revista el escritor Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, columnista, entrevistador y reportero de <em>intervi&uacute;</em> durante d&eacute;cadas. En 2018, el semanario de los desnudos, los sucesos y los reportajes de denuncia e investigaci&oacute;n cerr&oacute;. La crisis de la publicidad destinada a la prensa en papel, la resistencia de los lectores a pagar por la versi&oacute;n digital de la revista, el abandono por parte del Grupo Zeta (propietaria de <em>intervi&uacute;</em>) y una sociedad que ya no entend&iacute;a la presencia de una mujer semidesnuda en primera p&aacute;gina acabaron con ella. Teresa Viejo, directora de <em>intervi&uacute;</em> entre 2002 y 2004, la primera mujer en dirigir una publicaci&oacute;n de informaci&oacute;n general en Espa&ntilde;a, me lo explic&oacute; de forma sencilla: &ldquo;La clave del fracaso de <em>intervi&uacute; </em>es que toda la vida fue un paso por delante de la sociedad y, de repente, iba por detr&aacute;s y la propia sociedad cambiante te aniquila&rdquo;. <em>Nostra culpa</em>.
    </p><p class="article-text">
        El cierre de un medio de comunicaci&oacute;n siempre duele, sobre todo el de uno que tuvo una vinculaci&oacute;n especial con sus lectores (un 70% eran hombres y un 30%, mujeres). Y lo peor es que en estos m&aacute;s de ocho a&ntilde;os desde su desaparici&oacute;n, el &uacute;nico legado que ha dejado la revista son un pu&ntilde;ado de episodios con aroma escabroso y morboso: unas fotos publicadas en 1983 de Lola Flores en <em>topless</em> que fueron pactadas pero cuya selecci&oacute;n no gust&oacute; a <em>La Faraona</em>; una imagen tomada por un paparazzi en 1989 a la<em> socialit&eacute;</em> Marta Ch&aacute;varri, en una discoteca y sin ropa interior, que la revista compr&oacute; y public&oacute;; presiones a Marta S&aacute;nchez en 1991 para hacer una sesi&oacute;n de portada a cambio de no publicar unas fotos que le hicieron sin su permiso; o una portada donde aparec&iacute;an la modelo Mar Flores y el conde Lecquio en la intimidad publicada en 1999.
    </p><p class="article-text">
        Vale que <em>intervi&uacute;</em> tiene cosas de las que arrepentirse, l&iacute;mites que sobrepas&oacute; y rectificaciones que tuvo que publicar a toda p&aacute;gina. Como cualquier medio de comunicaci&oacute;n que arriesga. Hay cosas peores, como el actual escupidero de bulos y desinformaci&oacute;n en que se han convertido algunos seudomedios. Pero es muy injusto que no se haya producido un acto de reparaci&oacute;n por la contribuci&oacute;n de <em>intervi&uacute;</em> a la defensa de las libertades, de todas. Analizando los 2.177 n&uacute;meros publicados en casi 42 a&ntilde;os y los numerosos especiales y suplementos, est&aacute; claro que la revista ayud&oacute; a asentar la democracia, fue el mejor <em>onboarding </em>para los espa&ntilde;oles con ansias de cambio tras casi cuatro decenios de postulados nacional-cat&oacute;licos y represi&oacute;n franquista.
    </p><p class="article-text">
        El cad&aacute;ver del dictador Francisco Franco todav&iacute;a humeaba cuando <em>intervi&uacute; </em>sali&oacute; a la calle a decirle a los espa&ntilde;oles que nos merec&iacute;amos una democracia homologable a las m&aacute;s avanzadas de Europa, que cuidado con la transici&oacute;n porque no era tan mod&eacute;lica como nos la estaban vendiendo &ndash;entre 1975 y 1982 se produjeron m&aacute;s de 3.200 acciones violentas de todo signo&ndash; y que hab&iacute;a fuerzas econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas que iban a intentar frenar el aceler&oacute;n de un verdadero estado de Derecho.<em> intervi&uacute;</em> se convirti&oacute;, por salvaje e indecente, en el enemigo p&uacute;blico n&uacute;mero uno para nost&aacute;lgicos, ultramontanos, ultraderechistas, mojigatos, elite empresarial, incluso para compa&ntilde;eros de la prensa, de la derecha y la izquierda, que acusaban a la publicaci&oacute;n de pornogr&aacute;fica, sensacionalista y populista en su lenguaje. Ser n&uacute;mero uno tambi&eacute;n en ventas provoc&oacute; escozor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su distintas redacciones pasaron cientos de periodistas, fot&oacute;grafos, columnistas dibujantes y dise&ntilde;adores. Emilio Romero, Fernando Vizca&iacute;no Casas, Francisco Umbral, Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Adolfo Marsillach, Juan Manuel de Prada, Camilo Jos&eacute; Cela, Andreu Buenafuente, Joaqu&iacute;n Sabina o Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s fueron algunas de sus firmas m&aacute;s reconocidas. Las vi&ntilde;etas, tiras e ilustraciones de <em>Forges</em>, Perich, Martinmorales, Miguel Gila, Mingote, Carlos Romeu, Quino, Manuel Summers, Fernando Vicente, Ricardo C&aacute;mara, Gallego &amp; Rey, Joan Vizcarra o Eneko, entre otros muchos, salpimentaron sus p&aacute;ginas. Entre 1976 y 2018 se publicaron m&aacute;s de 20.000 reportajes de actualidad, muchos exclusivos. El semanario se ojeaba y manoseaba en ministerios, peluquer&iacute;as, bares y bufetes. Hab&iacute;a personas que la le&iacute;an de tapadillo y diputados que la llevaban en la mano en la sede de la soberan&iacute;a nacional.
    </p><p class="article-text">
        En vida nadie se atrevi&oacute; a valorar la importancia de la revista que invent&oacute; el periodismo de denuncia. Solo los Premios Pop Eye, galard&oacute;n dedicado a la m&uacute;sica y las artes, la eligi&oacute; en 2016 como la mejor publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a por sus reportajes de investigaci&oacute;n y portadas provocadoras. Ese mismo a&ntilde;o, la <em>Journal of Spanish Cultural Studies</em>, publicaci&oacute;n hispanista de referencia en EE. UU., reconoci&oacute; que durante el &ldquo;periodo excepcional&rdquo; de la transici&oacute;n, &ldquo;<em>intervi&uacute; </em>fue el &uacute;nico canal de expresi&oacute;n que exist&iacute;a en Espa&ntilde;a&rdquo; para conocer la represi&oacute;n franquista. Ahora nos parece normal leer historias de excavaciones de fosas, de memoria dignificada, pero a finales de los setenta y ochenta, el riesgo que corr&iacute;an periodistas y editores no era peque&ntilde;o. En 1977, reporteros y espele&oacute;logos bajaban a la sima de Jin&aacute;mar, un paraje volc&aacute;nico en Las Palmas de Gran Canaria, para demostrar que aquella oquedad fue utilizada por fascistas y caciques para lanzar decenas de cuerpos de represaliados republicanos tras el golpe de Estado de 1936. Poco despu&eacute;s, las p&aacute;ginas de <em>intervi&uacute; </em>destaparon la terrible crueldad franquista en Navarra o los campos de concentraci&oacute;n utilizados por los sublevados a lo largo de toda Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Aquellos reporteros de los primeros a&ntilde;os estaban obsesionados con denunciar todas las tropel&iacute;as tras la sublevaci&oacute;n militar y dar voz a los perdedores. Hasta el final de sus d&iacute;as, la revista dedic&oacute; muchas p&aacute;ginas a investigar a los miembros del comando ultraderechista que perpetraron la matanza de Atocha en 1977. Varios de ellos fueron localizados por <em>intervi&uacute;</em>, evidenciando los fallos del sistema judicial y penitenciario. Tambi&eacute;n siguieron la pista del famoso polic&iacute;a torturador Antonio Gonz&aacute;lez Pacheco, conocido como <em>Billy el Ni&ntilde;o</em>. O encontraron y facilitaron la extradici&oacute;n de Emilio Hell&iacute;n, jefe del comando de extrema derecha que asesin&oacute; a la joven izquierdista Yolanda Gonz&aacute;lez en 1980 y que se hab&iacute;a refugiado en Latinoam&eacute;rica &ndash;como tantos otros de su cala&ntilde;a&ndash; tras aprovechar una salida carcelaria. Lidia Mart&iacute;n, madre de Yolanda, lleg&oacute; a reconocer p&uacute;blicamente la labor de la revista &ldquo;Gracias a <em>intervi&uacute;</em>, el asesino volver&aacute; al lugar del que nunca debi&oacute; salir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>intervi&uacute; </em>tambi&eacute;n fue singular poniendo en pr&aacute;ctica un tipo de periodismo de provocaci&oacute;n que situaba a la sociedad espa&ntilde;ola frente a un espejo y que aprovechaba para testar tendencias sociales. Para denunciar lo f&aacute;cil que era evadir dinero en la transici&oacute;n, reporteros atravesaron la frontera con Francia con un malet&iacute;n lleno de billetes falsos. El texto acababa as&iacute;: &ldquo;lo mejor es que usted, se&ntilde;or capitalista, invierta ese mill&oacute;n en el pa&iacute;s, es la &uacute;nica manera de hacer patria&rdquo;. En una &eacute;poca donde la homosexualidad no era consentida, un periodista y un miembro de un colectivo gay se pasearon de la mano por la conservadora ciudad de &Aacute;vila, se besaron y hicieron arrumacos para observar la reacci&oacute;n ciudadana. Encontraron m&aacute;s empat&iacute;a que rechazo. Hay cientos de estos trabajos period&iacute;sticos, algunos inconcebibles, como el que se public&oacute; para hablar del racismo en la Espa&ntilde;a moderna de comienzos de los noventa. La revista puso en la calle a un actor haci&eacute;ndose pasar por un blanco esclavista que llevaba maniatado a un hombre negro e indocumentado; o el de la pareja (de periodistas) que contrata los servicios de una prostituta para aprender las t&eacute;cnicas amatorias. Puede resultar chocante, pero en ese periodo posfranquista, la educaci&oacute;n sexual &ndash;casi igual que hoy&ndash; no exist&iacute;a. Que una prostituta explicase c&oacute;mo se da un beso con lengua, c&oacute;mo acariciar de forma placentera o c&oacute;mo hacer una felaci&oacute;n parec&iacute;a mucho m&aacute;s did&aacute;ctico. Y no se qued&oacute; en esa &eacute;poca este periodismo <em>gonzo</em>. En los ochenta, reporteras se hicieron pasar por enfermas con sida para comprobar cuantas puertas se les cerraban. En un restaurante, el responsable tir&oacute; a la basura los cubiertos usados por la supuesta portadora de VIH. Y en 2003, otra reportera se visti&oacute; como una mujer musulmana, con velo incluido, y se lanz&oacute; a la calle a buscar piso, se apunt&oacute; a un curso, visit&oacute; el Ejido (Almer&iacute;a) o se pase&oacute; por El Corte Ingl&eacute;s. Todo para entender la reacci&oacute;n de la sociedad. Hubo de todo, comprensi&oacute;n y desprecio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que los trece responsables que tuvo la revista &ndash;doce hombres y una mujer&ndash; y la familia Asensio como empresa editora se atrevieron con casi todo. Si no, hubiera sido imposible que en 1977 y para denunciar el n&uacute;mero de violaciones que se produc&iacute;an en Espa&ntilde;a, el semanario llev&oacute; como tema principal de la <em>cover</em> un reportaje titulado &ldquo;&iexcl;Vosotros, machistas, sois los terroristas!&rdquo;. El argumento de que la violencia machista mataba m&aacute;s que ETA lo repiti&oacute; en los noventa con un amplio informe sobre esta lacra que todav&iacute;a sufrimos hoy.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que en la memoria tambi&eacute;n quedar&aacute;n los cuerpos acribillados de los marqueses de Urquijo; un Luis Rold&aacute;n, director de la Guardia Civil en &eacute;poca de Felipe Gonz&aacute;lez, en calzoncillos con un test&iacute;culo al aire durante un sarao con amigas meses antes de huir tras ser acusado de enriquecerse con comisiones ilegales; un grupo de encapuchados armados que realizaban la <em>guerra sucia</em> contra el terrorismo etarra; un Salvador Dal&iacute; apag&aacute;ndose entre tubos para ayudarle a respirar; los cabecillas de la trama G&uuml;rtel &ndash;caso de corrupci&oacute;n que afect&oacute; al PP&ndash; desparramando; o al tesorero popular Luis B&aacute;rcenas en una bici est&aacute;tica en el patio de la prisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Antonio Asensio siempre defendi&oacute; que lo que hac&iacute;a <em>intervi&uacute;</em> era un &ldquo;periodismo popular de calidad&rdquo;. Habr&aacute; quien diga que era periodismo amarillista. Yo me f&iacute;o de la Fundaci&oacute;n Gabo, que define la prensa popular como aquella que se ocupa de comunicar las noticias de mayor impacto y m&aacute;s relacionadas con la vida de la poblaci&oacute;n con un lenguaje sencillo y amigable. Y como dijo uno de sus primeros directores, Ignacio Fontes, <em>intervi&uacute; </em>convenci&oacute; y entretuvo a toda la clase media, &ldquo;la baja clase media, la media clase media y la alta clase media&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n fue &uacute;nica en el mundo por convertir en protagonista de su portada a una mujer semidesnuda. Al principio fueron modelos sin nombre por temor a las acciones judiciales, despu&eacute;s llegaron las actrices, cantantes y bailaoras de la transici&oacute;n. Eran un s&iacute;mbolo de liberaci&oacute;n. Un intelectual de la &eacute;poca asegur&oacute; que hasta que no lleg&oacute; el desnudo de Marisol, no comenz&oacute; de verdad la democracia en Espa&ntilde;a. Luego toc&oacute; el turno a folcl&oacute;ricas, maniqu&iacute;es nacionales e internacionales, presentadoras de la tele,&nbsp;<em>tit stars</em> (Sabrina, Samantha Fox, Pamela Anderson&hellip;), concursantes de la telerrealidad&hellip; Firmaron contratos y cach&eacute;s, y hasta posaron por amor al arte, arist&oacute;cratas, concejalas, trabajadoras sexuales, soldados, buscavidas, cupletistas, blogueras, cocineras, violinistas, estibadoras, mises, fugitivas, estilistas, supervivientes, activistas, polic&iacute;as... mujeres de toda clase y condici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando ya hab&iacute;an posado Paula V&aacute;zquez, Anne Igartiburu, Terelu Campos, Alaska, Bimba Bos&eacute;, Olvido Hormigos, Najwa Nimri y Chenoa, fue el momento de los desnudos protesta. Tras el 15M y las distintas oleadas de activismo feminista, ense&ntilde;ar por ense&ntilde;ar estaba perdiendo el sentido. Y m&aacute;s si la mirada predominante en la revista era la masculina. Hab&iacute;an llegado tambi&eacute;n las redes sociales. La revista busc&oacute; la manera de sobrevivir a la cr&iacute;tica por el desnudo. Incorpor&oacute; como colaboradoras a conocidas fot&oacute;grafas para realizar sesiones que empoderasen a la &ldquo;guapa de portada&rdquo;, y busc&oacute; historias m&aacute;s all&aacute;: una estibadora del puerto de Algeciras que por ser mujer no pod&iacute;a trabajar en determinadas labores, una marinera que hab&iacute;a sufrido acoso en el Ej&eacute;rcito, una modelo de tallas grandes vetada en las portadas de las revistas femeninas, las mujeres de empleados despedidos de Coca-cola&hellip; Y hasta una mujer mastectomizada. La portada de la atleta y maratoniana Natacha L&oacute;pez, sin un pecho, con la cicatriz, y una camiseta que rezaba &ldquo;Fuck cancer&rdquo;, fue una de las &uacute;ltimas portadas con &eacute;xito en los quioscos.
    </p><p class="article-text">
        En la revista hubo conversaciones sobre c&oacute;mo evolucionar, como mantener el esp&iacute;ritu period&iacute;stico sin perder la se&ntilde;a de identidad del erotismo, del desnudo, pero no se lleg&oacute; a una soluci&oacute;n sostenible econ&oacute;micamente. Aquellas portadas que durante d&eacute;cadas vendieron cientos de miles de ejemplares a la semana y que sirvieron para pagar dignamente a los periodistas que sal&iacute;an cada lunes en busca de historias exclusivas por toda Espa&ntilde;a, y parte del extranjero, ahora eran un lastre. Aquella <em>intervi&uacute;</em>, que naci&oacute; libre como el t&iacute;tulo de la famosa pel&iacute;cula brit&aacute;nica donde una leona criada por humanos lograba vivir de forma salvaje y criar a sus cachorros, lleg&oacute; a sus &uacute;ltimos d&iacute;as abandonada por todos. Una forma de hacer reporterismo mor&iacute;a con ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Alberto Gayo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/interviu-nacida-libre_129_13240172.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 May 2026 19:45:35 +0000]]></pubDate>
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