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    <title><![CDATA[elDiario.es - Carolina Uribe]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/carolina-uribe/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Carolina Uribe]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Colombia elige entre la vida y el odio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/colombia-elige-vida-odio_132_13263052.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/efd02f9f-f787-428c-bb9e-f39d8e6c07e0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Colombia elige entre la vida y el odio"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"El gobierno Petro recibió el país en 2022 con una tasa de pobreza monetaria del 36,6%. En 2024 bajó al 31,8%, el nivel más bajo desde que existe registro. Eso son aproximadamente 1,2 millones de personas que salieron de la pobreza"</p></div><p class="article-text">
        Hay cosas que la distancia no te quita. Veintid&oacute;s a&ntilde;os viviendo en Euskadi y el nudo en el est&oacute;mago cuando se acercan unas elecciones como las de este domingo 31 de mayo sigue siendo el mismo de siempre. Al contrario: a veces la distancia te da algo que dentro del ruido escasea. Te permite ver el bosque cuando quienes est&aacute;n dentro solo ven &aacute;rboles. Y lo que veo desde aqu&iacute; es una mezcla rara de esperanza y tristeza.
    </p><p class="article-text">
        Esperanza, porque Iv&aacute;n Cepeda va primero en las encuestas. Tristeza, porqubasta mirarar lo que hay al otro lado para entender que el resultado no est&aacute; ni mucho menos garantizado, y porque lo que representa ese otro lado deber&iacute;a ser imposible en un pa&iacute;s que ya sabe lo que cuesta el odio y la violencia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me preocupa no es solo Colombia. Es un fen&oacute;meno que llevamos a&ntilde;os viendo reproducirse en distintos pa&iacute;ses con distintos nombres y distintas banderas: los discursos de odio funcionan. No porque la ciudadan&iacute;a sea irracional, sino porque est&aacute;n construidos para activar el miedo antes que la raz&oacute;n, para ofrecer enemigos simples frente a problemas complejos, para hacer sentir que el caos viene de afuera y que la soluci&oacute;n es alguien que hable fuerte y golpee duro. Trump, Bolsonaro, Milei. El manual es el mismo. Y ahora Colombia est&aacute; siendo el siguiente escenario. Lo que m&aacute;s sorprende, lo que de verdad cuesta entender, es que esos discursos no se contrapongan solo a una ideolog&iacute;a o a un programa pol&iacute;tico, sino a algo mucho m&aacute;s b&aacute;sico: a la humanidad m&iacute;nima que deber&iacute;amos compartir todas y todos. Al sentido com&uacute;n. Y que no sean solo palabras, sino propuestas concretas construidas sobre el miedo y el odio al diferente.
    </p><p class="article-text">
        Este domingo voto por Iv&aacute;n Cepeda. Y quiero explicar por qu&eacute;. Cepeda tiene 63 a&ntilde;os y una historia que no se fabrica en un despacho de campa&ntilde;a. Su padre, Manuel Cepeda Vargas, fue senador de la Uni&oacute;n Patri&oacute;tica y fue asesinado en 1994 por agentes del Estado en complicidad con paramilitares. Su madre, dirigente comunista, hab&iacute;a muerto cuando &eacute;l era adolescente. Estuvo exiliado en Europa entre 1998 y 2004 porque denunciar los v&iacute;nculos entre pol&iacute;ticos y paramilitares ten&iacute;a consecuencias reales. Desde ese exilio fund&oacute; el Movimiento Nacional de V&iacute;ctimas de Cr&iacute;menes de Estado. Fue representante, fue senador, fue uno de los arquitectos de la pol&iacute;tica de Paz Total. Fue &eacute;l mismo v&iacute;ctima de la violencia que lleva d&eacute;cadas intentando silenciar voces como la suya. &ldquo;La muerte de mi padre me reorient&oacute; y me convirti&oacute; en lo que soy hoy&rdquo;, dijo en una entrevista. Hay pol&iacute;ticos y pol&iacute;ticas que llegan al poder buscando poder. Iv&aacute;n Cepeda lleva toda la vida buscando justicia.
    </p><p class="article-text">
        Frente a &eacute;l se presentan dos opciones que, con toda la honestidad que permite un art&iacute;culo de opini&oacute;n, me resultan dif&iacute;ciles de tomar en serio como propuestas para un pa&iacute;s moderno. Paloma Valencia se presenta como la cara moderada del uribismo. Y puede que dentro de su partido lo sea. Pero hace apenas unas semanas propuso p&uacute;blicamente nombrar a &Aacute;lvaro Uribe como su ministro de Defensa. Esto, mientras la Jurisdicci&oacute;n Especial para la Paz acaba de confirmar 7.837 casos de falsos positivos: j&oacute;venes asesinados por el propio Ej&eacute;rcito durante el gobierno de Uribe, presentados como bajas en combate para cobrar incentivos militares. Las madres de esas v&iacute;ctimas respondieron a la propuesta de Valencia con una frase que no necesita traducci&oacute;n: &ldquo;Que Uribe sea su ministro es una burla&rdquo;. Valencia ha reconocido que los falsos positivos ocurrieron pero ha esquivado sistem&aacute;ticamente la responsabilidad pol&iacute;tica de quien gobernaba cuando ocurrieron. Eso, en mi opini&oacute;n, no es moderaci&oacute;n. Es una forma muy calculada de administrar una herencia que no deber&iacute;a administrarse, sino juzgarse.
    </p><p class="article-text">
        Abelardo de la Espriella es otra cosa. Es el fen&oacute;meno nuevo, el outsider, el que ha llegado sin partido propio y sin ninguna experiencia en cargos p&uacute;blicos a instalarse como uno de los favoritos. Se llama a s&iacute; mismo &ldquo;El Tigre&rdquo;, fund&oacute; su propio movimiento, Defensores de la Patria, y replica con bastante fidelidad el estilo que conocemos de otros lados: discurso antisistema, enemigo claro, promesas de mano dura que suenan a milagros, confrontaci&oacute;n permanente con los medios y con quien se le ponga delante. Es el modelo Milei aplicado al Caribe colombiano. Millonario, construy&oacute; su fortuna defendiendo como abogado a narcotraficantes. Que alguien con esa trayectoria se presente ahora como candidato del orden, la &eacute;tica y los valores tiene una gravedad que merece nombrarse sin rodeos. Y luego est&aacute; la iron&iacute;a para sus seguidores m&aacute;s ac&eacute;rrimos: entre sus clientes tambi&eacute;n estuvo Alex Saab, se&ntilde;alado como testaferro del r&eacute;gimen de Maduro en Venezuela, ese mismo Maduro que sus votantes consideran el enemigo n&uacute;mero uno. Algo que han tenido que digerir en silencio. Y por si fuera poco, ha declarado p&uacute;blicamente que si no gana las elecciones, se vuelve a su vi&ntilde;edo en Italia. As&iacute;, sin m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Colombia le interesa como plataforma, no como responsabilidad. Es un pa&iacute;s al que se acerca cuando hay algo que ganar y del que se marcha cuando no.
    </p><p class="article-text">
        Y hay un tema que en Colombia se debate poco pero que deber&iacute;a estar en el centro de todo: el medioambiente. Aqu&iacute; la diferencia entre los candidatos y las candidatas no es de matiz, es de fondo. Cepeda propone prohibir el fracking, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 51%, proteger los ecosistemas estrat&eacute;gicos, reconocer constitucionalmente a los animales como sujetos de derechos y construir una econom&iacute;a que ponga la biodiversidad en el centro. Colombia, uno de los pa&iacute;ses con mayor diversidad biol&oacute;gica del planeta, tratar&iacute;a sus riquezas naturales como lo que son: un patrimonio que pertenece a todas y todos, incluidas las generaciones que a&uacute;n no han nacido. Valencia y De la Espriella van exactamente en la direcci&oacute;n contraria. Ambos defienden el fracking sin pilotos previos, la reactivaci&oacute;n masiva de contratos petroleros y una l&oacute;gica extractivista que ellos mismos resumen sin pudor: &ldquo;Colombia tiene una caja fuerte llena de billetes y no la est&aacute; abriendo&rdquo;. De la Espriella promete duplicar la producci&oacute;n de petr&oacute;leo, de 700.000 barriles a 1.300.000 Valencia argumentanta que el pa&iacute;s &ldquo;tiene el derecho a sacar su gas, su carb&oacute;n, su petr&oacute;leo, su fracking&rdquo;. El planeta arde, los p&aacute;ramos se derriten, el Caribe colombiano sufre sequ&iacute;as e inundaciones cada vez m&aacute;s extremas, y la propuesta de la derecha es acelerar exactamente lo que est&aacute; provocando todo eso. Es una posici&oacute;n que en 2026, con los datos clim&aacute;ticos que tenemos, no es solo discutible. Es irresponsable.
    </p><p class="article-text">
        Me sorprende, y a la vez lo entiendo perfectamente, que sectores de Colombia que siempre se han identificado con valores conservadores, con la familia, con la fe, con el esfuerzo honesto, est&eacute;n hoy apoyando candidatos y candidatas cuya trayectoria &eacute;tica plantea preguntas muy serias. Es la misma paradoja que vemos en Espa&ntilde;a cuando el Partido Popular convence a gente trabajadora de que la izquierda es su enemiga, o en Estados Unidos cuando Trump gana votos en comunidades que ser&iacute;an las primeras afectadas por sus pol&iacute;ticas. El discurso de odio tiene esa eficacia perversa: hace que la gente vote en contra de sus propios intereses porque el miedo al otro es m&aacute;s potente que el an&aacute;lisis de lo propio.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute;n los datos. Porque los datos existen, aunque el ruido no los deje o&iacute;r. El gobierno Petro recibi&oacute; el pa&iacute;s en 2022 con una tasa de pobreza monetaria del 36,6%. En 2024 baj&oacute; al 31,8%, el nivel m&aacute;s bajo desde que existe registro. Eso son aproximadamente 1,2 millones de personas que salieron de la pobreza. La pobreza multidimensional, la que mide si la ciudadan&iacute;a tiene acceso real a salud, educaci&oacute;n y servicios b&aacute;sicos, cay&oacute; por primera vez por debajo del 10%. El desempleo lleg&oacute; a niveles hist&oacute;ricamente bajos. La inflaci&oacute;n de alimentos baj&oacute; del 25% al 6%. El turismo creci&oacute; un 137% respecto al gobierno anterior. &iquest;Hubo problemas? Claro que s&iacute;. El PIB no creci&oacute; lo esperado, la deuda aument&oacute;, varias reformas quedaron a medias.
    </p><p class="article-text">
        Gobernar es complejo. Pero la historia del apocalipsis econ&oacute;mico que la derecha lleva cuatro a&ntilde;os vendiendo no cuadra con las cifras. Colombia no se convirti&oacute; &ldquo;en Venezuela&rdquo;. La democracia funcion&oacute;. Las instituciones resistieron. Y a eso hay que darle el valor que tiene, porque no era evidente que fuera a ser as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que m&aacute;s me pesa, pens&aacute;ndolo desde aqu&iacute;, es que Colombia sepa lo que cuesta el odio y la violencia mejor que casi nadie y aun as&iacute; est&eacute; tentada de volver a ellos empaquetados en formas nuevas. Un pa&iacute;s moderno no se mide por el tama&ntilde;o de sus c&aacute;rceles sino por el tama&ntilde;o de sus oportunidades. No se construye identificando enemigos sino reduciendo las distancias brutales que separan a quienes lo tienen todo dequienes noo tienen nada. Eso no es ideolog&iacute;a. Son los datos de cualquier sociedad que ha conseguido salir adelante.
    </p><p class="article-text">
        Este domingo, desde Bilbao, voto por Iv&aacute;n Cepeda. Por el hijo de un hombre al que mataron por disentir. Por alguien que conoce el precio de la justicia porque lo ha pagado de verdad. Por la Colombia que puede ser, no por la que algunos y algunas se empe&ntilde;an en conservar. La distancia no me quita el voto. Y tampoco, por ahora, la esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carolina Uribe]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/colombia-elige-vida-odio_132_13263052.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 May 2026 19:28:37 +0000]]></pubDate>
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