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    <title><![CDATA[elDiario.es - Borja Suberviola]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/borja-suberviola/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Borja Suberviola]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nuevas amenazas, nueva sanidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevas-amenazas-nueva-sanidad_129_13266468.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8aea2eda-cf7d-4c10-a6de-7de6de9aa8dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nuevas amenazas, nueva sanidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Debemos aceptar que las enfermedades emergentes han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en una amenaza real. La pandemia por COVID-19 no fue un accidente aislado, sino el gran aviso de un nuevo paradigma sanitario</p></div><p class="article-text">
        La sucesi&oacute;n de alertas epidemiol&oacute;gicas ha terminado por normalizar lo que hasta la fecha&nbsp;consider&aacute;bamos excepcional. Hemos vivido c&oacute;mo brotes de enfermedades infectocontagiosas,&nbsp;los m&aacute;s recientes de hantavirus o &eacute;bola, ocupaban los titulares durante unos d&iacute;as para despu&eacute;s&nbsp;diluirse, aunque la advertencia que contienen siga ah&iacute;. Existe la percepci&oacute;n err&oacute;nea de que estas&nbsp;patolog&iacute;as son propias de otros pa&iacute;ses geogr&aacute;ficamente lejanos y no del nuestro, pero debemos&nbsp;tener en cuenta que con relativa frecuencia se atienden en nuestro pa&iacute;s casos de enfermedades&nbsp;de este tipo como la fiebre del Nilo, el Chikungunya o la infecci&oacute;n por el virus Zika. Todas estas&nbsp;alertas son s&iacute;ntomas de un cambio mucho m&aacute;s profundo. Debemos aceptar que las&nbsp;enfermedades emergentes han dejado de ser episodios excepcionales para convertirse en una&nbsp;amenaza real. La pandemia por COVID-19 no fue un accidente aislado, sino el gran aviso de un&nbsp;nuevo paradigma sanitario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, muchos sistemas de salud se han dise&ntilde;ado pensando fundamentalmente en el&nbsp;envejecimiento poblacional, las enfermedades cr&oacute;nicas y la mejora progresiva de la esperanza&nbsp;de vida. La idea de una crisis infecciosa global capaz de paralizar pa&iacute;ses enteros parec&iacute;a&nbsp;pertenecer m&aacute;s al terreno de la ficci&oacute;n que a la realidad cotidiana. Hasta que todo cambi&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pandemia tension&oacute; los hospitales, agot&oacute; a sus profesionales y puso frente al espejo las&nbsp;debilidades de sistemas sanitarios que, pese a su desarrollo tecnol&oacute;gico, no estaban preparados&nbsp;para responder a una emergencia de semejante magnitud. Se puso de manifiesto la falta de&nbsp;recursos materiales, pero tambi&eacute;n de planificaci&oacute;n, coordinaci&oacute;n y capacidad de adaptaci&oacute;n. Y&nbsp;aunque la emergencia m&aacute;s aguda haya quedado atr&aacute;s y ahora la percibamos como lejana, las&nbsp;sucesivas alertas epidemiol&oacute;gicas demuestran que la amenaza sigue vigente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un mundo globalizado donde un brote localizado puede extenderse r&aacute;pidamente a&nbsp;escala mundial. El cambio clim&aacute;tico, la deforestaci&oacute;n, la movilidad humana y el contacto cada&nbsp;vez m&aacute;s estrecho entre personas y animales favorecen la aparici&oacute;n de nuevos pat&oacute;genos o la&nbsp;expansi&oacute;n de otros ya conocidos. La consecuencia es evidente, las necesidades sanitarias est&aacute;n&nbsp;cambiando. Hoy ya no basta con disponer de buenos hospitales, sino que es imprescindible&nbsp;contar con sistemas sanitarios flexibles, capaces de anticiparse, resistir y responder con rapidez&nbsp;ante crisis sanitarias complejas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, hay un &aacute;mbito que se ha convertido en un aut&eacute;ntico term&oacute;metro de la&nbsp;fortaleza sanitaria de un pa&iacute;s: la medicina intensiva. Durante la pandemia por COVID-19, las&nbsp;unidades de cuidados intensivos dejaron de ser espacios desconocidos para la mayor&iacute;a de&nbsp;la poblaci&oacute;n y pasaron a simbolizar, no solo la esperanza de la supervivencia, sino tambi&eacute;n el&nbsp;l&iacute;mite entre el colapso y la resistencia del sistema sanitario. Las cifras diarias de camas de UCI&nbsp;ocupadas se transformaron en un indicador colectivo del estado de la emergencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, reducir la medicina intensiva a un conjunto de respiradores, EPIs y tecnolog&iacute;a ser&iacute;a&nbsp;un error. Detr&aacute;s de cada unidad de cuidados intensivos hay profesionales altamente&nbsp;especializados que trabajan bajo presi&oacute;n constante y est&aacute;n entrenados para tomar decisiones&nbsp;cr&iacute;ticas en cuesti&oacute;n de minutos. M&eacute;dicos intensivistas, personal de enfermer&iacute;a, auxiliares,&nbsp;fisioterapeutas y otros especialistas sostuvieron durante meses una presi&oacute;n asistencial in&eacute;dita,&nbsp;muchas veces en condiciones extremas y con un enorme desgaste f&iacute;sico y emocional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La experiencia reciente deber&iacute;a haber dejado una lecci&oacute;n clara, reforzar la medicina intensiva no&nbsp;es &uacute;nicamente prepararse para futuras pandemias, sino fortalecer la capacidad global de&nbsp;respuesta del sistema sanitario. Porque las UCI no solo atienden infecciones graves, tambi&eacute;n&nbsp;representan la &uacute;ltima l&iacute;nea de defensa ante m&uacute;ltiples emergencias m&eacute;dicas y cat&aacute;strofes&nbsp;colectivas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, existe una tendencia colectiva a olvidar r&aacute;pidamente las crisis una vez desaparece la&nbsp;sensaci&oacute;n inmediata de amenaza. Pasado el impacto social de la COVID-19, el debate sanitario&nbsp;ha vuelto en muchas ocasiones al redil de la urgencia presupuestaria, de las listas de espera y&nbsp;del corto plazo pol&iacute;tico. Y, sin embargo, todo apunta a que las enfermedades emergentes&nbsp;&nbsp;seguir&aacute;n formando parte de nuestro horizonte durante las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La gran cuesti&oacute;n ya no es si volver&aacute; a producirse otra emergencia sanitaria global, sino cu&aacute;ndo&nbsp;ocurrir&aacute; y c&oacute;mo de preparados estaremos. La respuesta depender&aacute;, en buena medida, de la&nbsp;capacidad para entender que la sanidad del siglo XXI necesita nuevas prioridades: inversi&oacute;n&nbsp;sostenida en salud p&uacute;blica, en la formaci&oacute;n de sus profesionales, en investigaci&oacute;n biom&eacute;dica y&nbsp;en el desarrollo de sistemas hospitalarios resilientes donde la medicina intensiva ocupe el lugar&nbsp;estrat&eacute;gico que realmente tiene.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las nuevas amenazas sanitarias han cambiado las reglas del juego. Ahora falta decidir si&nbsp;los sistemas de salud tambi&eacute;n est&aacute;n dispuestos a cambiar con ellas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Borja Suberviola]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nuevas-amenazas-nueva-sanidad_129_13266468.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Jun 2026 04:01:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Ébola,UCI,Enfermedades infecciosas,Epidemias]]></media:keywords>
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