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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gonzo]]></title>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La segunda estrella de España desde un bar pijo de Nueva York]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/segunda-estrella-espana-bar-pijo-nueva-york_129_13392205.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/58674472-3c66-4783-9dfc-189d5c6a2ee5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La segunda estrella de España desde un bar pijo de Nueva York"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un viaje profesional a la final del Mundial acaba en un bar de La Gran Manzana tras la negativa a pagar los 8.000 dólares de la entrada que reclamaba la FIFA por un asiento en el estadio. A los norteamericanos se les vendió el partido como un Lamine vs Messi que acabó siendo una obra coral de la selección española</p><p class="subtitle">España gana su segundo mundial: el último baile fue colectivo</p></div><p class="article-text">
        No saber decir no y ech&aacute;rselo en cara a uno mismo durante esas conversaciones &iacute;ntimas que van construyendo el yo a lo largo de la vida no deja de ser muchas veces un autoenga&ntilde;o. Acusarte de no saber decir no es la mayor&iacute;a de las veces no querer reconocer que no quisiste decir no. No caer&eacute;, por tanto, en ese truco de la mente para justificar el punto de partida del viaje que me llev&oacute; a Nueva York el d&iacute;a que Espa&ntilde;a gan&oacute; su segundo Mundial. Cuando dije s&iacute; a la propuesta de cruzar el charco a gastos pagados dos veces en cuatro d&iacute;as, lo hice con la esperanza de acabar sentado en una grada del Metlife Stadium con una invitaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Era un viaje de trabajo placentero programado que se aceler&oacute; cuando Espa&ntilde;a se cit&oacute; en su segunda final mundialista. Solo ten&iacute;a una l&iacute;nea roja: no pagar lo que la FIFA dice que val&iacute;a vivir la final en directo: 17.000 d&oacute;lares la entrada m&aacute;s barata a 48 horas del inicio del partido. Hay fiestas en las que no se participa aunque puedas pagar la entrada y tengas en el armario la ropa exigida. En la cola de embarque unos se&ntilde;ores reconoc&iacute;an haber pagado 8.000 d&oacute;lares por la entrada. &ldquo;Igual dejo a los ni&ntilde;os sin universidad, jajajajajaja&rdquo;, llegaron a decir. Ese era el precio al que la RFEF puso algunas de las entradas de las que dispuso tras confirmarse que jugar&iacute;a la final. A nosotros tambi&eacute;n nos las ofrecieron y no dudamos ni un segundo. Esta vez supe decir no.
    </p><p class="article-text">
        La aventura estuvo a punto de no empezar por un pl&aacute;tano olvidado en la mochila. Con todas las precauciones que tom&eacute; para no generar dudas en el control de pasaportes del aeropuerto de Newark (Nueva Jersey), casi me deja en la estacada una simple banana que ni era de Canarias. &ldquo;&iquest;Trae usted comida, tabaco o alcohol?&rdquo;. Hostias. Llevo un pl&aacute;tano que met&iacute; por si me entraba el hambre&hellip;. &ldquo;Acomp&aacute;&ntilde;eme, por favor&rdquo;. La inspecci&oacute;n qued&oacute; en an&eacute;cdota y al reencontrarme con mis compa&ntilde;eros de viaje me enter&eacute; de que lo de entrar con invitaci&oacute;n en la final estaba descartado. Hab&iacute;a algo de verg&uuml;enza y dolor en el tono de quien me convenci&oacute; para viajar y en ese momento me ten&iacute;a que dar la mala noticia. Cre&iacute; conveniente en ese momento confesarles a mis compa&ntilde;eros de viaje que un par de a&ntilde;os antes hab&iacute;a viajado con amigos influyentes a Liverpool contando con que nos iban a invitar a un partido en el que el equipo local se jugaba el campeonato con el Manchester City. 
    </p><p class="article-text">
        El fiasco de aquel viaje lo acab&oacute; contando Rafa Cabeleira en el 'Hoy por Hoy' de la Cadena SER y fuimos el hazmerre&iacute;r de la profesi&oacute;n por unos d&iacute;as. En esta vida hemos venido a jugar y de esa burra no me pienso bajar. Fue un momento &ldquo;tr&aacute;game tierra&rdquo; lo suficientemente breve como para transmutar en carcajada colectiva. Por incre&iacute;ble que parezca y por mucho que contradiga lo que escrib&iacute; hace un mes en este espacio, Nueva York desbord&oacute; durante el fin de semana f&uacute;tbol por los 5 <em>boroughs</em>. El negocio manda. La mayor&iacute;a de escaparates se subieron a la moda del Mundial y camisetas rojas y albiceleste adornaban desde los Deli indios en las esquinas de Staten Island hasta las tiendas m&aacute;s pijas de Columbus Circus. El sistema de alertas informaba a los neoyorquinos m&aacute;s alejados de la realidad de los mortales; en las autopistas los luminosos informaron de cortes y atascos para el domingo. Por las calles esas camisetas vest&iacute;an a una amplia minor&iacute;a. Lo llamativo es que muchas de esas personas no hablaban ni castellano ni espa&ntilde;ol. Conclusi&oacute;n: en pleno Nueva York la FIFA y el f&uacute;tbol marcaron un buen gol.
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; el d&iacute;a. En el este de Estados Unidos el partido lo retransmiti&oacute; la FOX. Entre los comentaristas estrellas contaban con Thierry Henry que, para explicar el estilo de juego que define a cada selecci&oacute;n, busc&oacute; s&iacute;miles con el beisbol, el baloncesto y el f&uacute;tbol americano; no vaya a ser que mis vecinos del bar Onieal's se aburran y no entiendan la obra que Espa&ntilde;a est&aacute; a punto de ejecutar.
    </p><p class="article-text">
        El exjugador franc&eacute;s sabe que se dirige a norteamericanos que sin entender muy bien este deporte se han dejado llevar por la marea que invade el pa&iacute;s y reservaron mesa en su bar de siempre para pasar una comida de domingo un &ldquo;little bit diferent&rdquo;. Henry les dice que lo que hace Espa&ntilde;a es defenderse con bal&oacute;n porque &ldquo;no hay l&iacute;mite de posesi&oacute;n en el f&uacute;tbol&rdquo; y pueden usar la pelota para lo que quieran. Mientras comentan entre ellos llegan los anuncios. A la vuelta entrevistan a Trump, que en este bar pasa sin pena ni gloria. Los camareros nos preguntan si somos argentinos o espa&ntilde;oles y, como respuesta pero tambi&eacute;n para entreneternos, empezamos a cantar: &ldquo;Espantina!!!&rdquo;, Nos miran con cari&ntilde;o condescendiente y siento que, a falta de dos horas para que empiece el partido, somos lo mejor de su <em>soccer experience</em> del d&iacute;a. Podr&aacute;n contar que vieron el partido con cinco gallegos que les comimos la oreja hablando sobre nuestra relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a y Argentina. Sobre ese tema tenemos historias e Historia para aburrir. Y los americanos se aburren pronto, as&iacute; que volvimos a cantar. 
    </p><p class="article-text">
        La previa de la FOX se divide entre un icono que resulta familiar a los estadounidenses (Messi) y un producto que tiene mucho futuro en esta tierra (Lamine). A Messi lo comparan con Tiger Woods y Jordan y le dedican una pieza de cuatro minutos que suena a despedida. A Lamine lo venden como el futuro. Se presenta en el estadio con un <em>look </em>que en este pa&iacute;s est&aacute; cargado de simbolismo. La estrella de Espa&ntilde;a viste como un rapero de Compton. O del Bronx. O de cualquier lugar del que no deber&iacute;a salir un joven para acabar siendo rico y exitoso. Esas historias gustan mucho a los propietarios de medios y relatos de este pa&iacute;s. Alabar y promocionar a un inmigrante de barrio parece ahorrarles a esos blancos poderosos minutos de rezo y confesi&oacute;n. Entra en el bar un tipo con una camiseta del Tottenham. Llega a la mesa de los amigos y se da la vuelta: es la camiseta de Pedro Porro. Es americano, viste camiseta de equipo ingl&eacute;s y va con Espa&ntilde;a. Su ejemplo me anima y, &iexcl;qu&eacute; carallo! Me quito mi camisa as&eacute;ptica y neutral y decido vestir la camiseta del Celta con el 7 de Borja Iglesias que llevo guardada en la mochila. Es hora de significarse. Tambi&eacute;n de confundir: la gente del bar asocia celeste con argentina y me empiezan a mirar gritando &ldquo;Let&rsquo;s go, Messi&rdquo;. FOX muestra im&aacute;genes de Madrid, Barcelona y Zaragoza. Sobre todo de Zaragoza, y siempre se cuela una bandera con la cruz de Borgo&ntilde;a.
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                    alt="Gonzo en el bar Onieals, en Nueva York, durante la retransmisión de la final."
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                Gonzo en el bar Onieals, en Nueva York, durante la retransmisión de la final.                            </span>
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        Cuando vuelven a la se&ntilde;al desde el Metlife Stadium nos muestran el plano de Gianni Infantino, Donald y Melania Trump tras un cristal blindado y acto seguido suena el himno americano. Se hace el silencio en el Onieal's hasta que los clientes que ya llenan el pub rompen en aplausos cuando finaliza. &ldquo;Flipante&rdquo; es el &uacute;nico comentario que se escucha en nuestra mesa. Cuando lleg&oacute; la hora del f&uacute;tbol la televisi&oacute;n va perdiendo protagonismo poco a poco en favor de los selfis, los pulgares desliz&aacute;ndose por las pantallas y las conversaciones. Las cabezas se giraban hacia las teles como en una coreograf&iacute;a cuando desde las mesas que est&aacute;bamos pendientes del partido se transmit&iacute;a alg&uacute;n pico de emoci&oacute;n. Los momentos aparentenente planos en los que manda la t&aacute;ctica y se disputa el control del centro del campo no acaba de atraer a los habituales del bar. Lo m&aacute;s parecido a un gol que se cant&oacute; al otro lado de la barra hasta el que hizo Ferran fue la aparici&oacute;n de Shakira en el show del intermedio. Se ve que aqu&iacute; la aman. El aplauso al final de su brev&iacute;sima actuaci&oacute;n fue lo m&aacute;s cerca de la unanimidad del respetable que estuvimos durante toda la final. 
    </p><p class="article-text">
        Por mucho que los europeos no compartamos la cesi&oacute;n de valores y principios que supuso el descanso m&aacute;s largo de la historia del f&uacute;tbol en este bar entiendo que los estadounidenses, como cualquier otro pueblo, tienen sus filias y cualquier apuesta por hacerse con su atenci&oacute;n pasa por darles aquello que les emociona, en este caso, m&uacute;sica-espect&aacute;culo y las <em>celebrities</em>.
    </p><p class="article-text">
        Acompasada a la manera en que Espa&ntilde;a acorrala a Argentina en la segunda parte, la parroquia del Onieal's aplaza las cuestiones con las que se evadieron de la primera parte de la final. El remate de cabeza de Ferran que casi entra, la inseguridad del Dibu y las cabriolas de Lamine han macerado a los que ya son feligreses del f&uacute;tbol. Fue el momento en el que Enzo Fern&aacute;ndez puso en &oacute;rbita a Cubars&iacute;, cuando los norteamericanos con los que ya nos comunicamos a base de gestos y sonrisas entraron definitivamente en el partido. Violencia con consecuencias que la FOX siente que debe explicar con un r&oacute;tulo que indica &ldquo;Down to 10 players&rdquo; (&ldquo;se quedan con 10 jugadores&rdquo;). Cuando el Dibu despeja el &uacute;ltimo disparo de Lamine al borde del final, los argentinos del lugar saben ya a ciencia cierta que su equipo ha perdido el favor de los parroquianos que vienen a su bar habitual a vivir emociones fuertes de domingo. Esperando a la pr&oacute;rroga me acuerdo de que la intenci&oacute;n de esta aventura era estar dentro de lo que muestran las pantallas de televisi&oacute;n del bar. No lo echo de menos. No me arrepiento de no saber decir no. Perm&iacute;tanme no comentar el gol anulado. Ya estar&aacute;n aburridos de leer, ver y escuchar versiones sobre la jugada. 
    </p><p class="article-text">
        En el Onieal's no cambi&oacute; nada de lo que se respiraba y en nuestra mesa optamos por no insistir. Otra ronda y a seguir. Alguien nombr&oacute; el minuto 116 y poco despu&eacute;s la FOX mostr&oacute; entre otros a Iniesta. Goooooool. Once minutos antes que en 2010. Ganan once tipos que son un equipo. Ahora mismo, el mejor del mundo. El resto del partido la gente lo ve de pie. Este es solo un bar de pijos neoyorquinos que ha visto c&oacute;mo toda una final del Mundial que se les vendi&oacute; como un Lamine vs Messi acab&oacute; siendo una obra coral. Y les gust&oacute;. Dicho y vivido todo esto, me quedo con la pena de una &uacute;ltima imagen de un futbolista al que voy a echar mucho de menos. Gracias por tanto, Messi. Se lo quer&iacute;a haber dicho a los argentinos que hab&iacute;a en el bar, pero se han ido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/segunda-estrella-espana-bar-pijo-nueva-york_129_13392205.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 23:57:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Selección española,Mundial de fútbol,Argentina]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jean Marie Pfaff y los "boludos del barrio"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/jean-marie-pfaff-boludos-barrio_129_13369006.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/370bb625-d5dd-495c-bb26-90d2ea07f91b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Jean Marie Pfaff y los &quot;boludos del barrio&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llegó el día de olvidar al portero belga que hace 40 años frustró en los penaltis la clasificación española y estableció la maldición de los cuartos que duró hasta la Eurocopa de 2008</p><p class="subtitle">No vengas pa' Alemania, Pepe</p></div><p class="article-text">
        Con las miles de an&eacute;cdotas que Maradona cont&oacute; sobre su vida se podr&iacute;a escribir un libro que protagonizado por cualquier otra persona solo se aceptar&iacute;a como novela. Si les sumamos las an&eacute;cdotas que tantos dicen haber vivido con Maradona, lo que tendr&iacute;amos ser&iacute;a una serie de ciencia ficci&oacute;n. Al Diego le gustaba contar aquellas en las que compart&iacute;a cartel con gente poderosa: se regodeaba en que no quiso conocer a Carlos de Inglaterra porque &ldquo;ten&iacute;a las manos manchadas de sangre&rdquo; y compart&iacute;a, cada que vez que se lo ped&iacute;an, el d&iacute;a en que llam&oacute; boludo a Juan Pablo II. Esta &uacute;ltima nunca llegu&eacute; a escucharla de su boca a pesar de ser una de las m&aacute;s recurridas por sus compatriotas cuando surge el tema del personaje Maradona fuera de las canchas - tanto defensores como detractores dicen que es de las que mejor lo definen-.
    </p><p class="article-text">
        En 1987, Juan Pablo II invit&oacute; al Diez y a su familia a una audiencia privada en el Vaticano. El encuentro no funcion&oacute; desde el principio. A Maradona no le gust&oacute; ver tanta ostentaci&oacute;n en los techos y paredes de la Santa Sede y cuando el Pont&iacute;fice quiso limar asperezas recordando sus tiempos de jugador de f&uacute;tbol, Wojtyla se encontr&oacute; con un desprecio en el que Maradona, indirectamente, insult&oacute; al f&uacute;tbol. El Papa le cont&oacute; al argentino que de joven hab&iacute;a sido portero y la respuesta dej&oacute; claro lo que el mejor futbolista del mundo pensaba en ese momento de muchos de los que ten&iacute;a como compa&ntilde;eros: &ldquo;en mi barrio, de arquero solo jugaban los boludos&rdquo;. Mientras Maradona dejaba esta frase para la historia, la Espa&ntilde;a futbol&iacute;stica segu&iacute;a recordando con horror al mejor portero del planeta en aquel momento: el belga Jean Marie Pfaff.
    </p><p class="article-text">
        La famosa maldici&oacute;n de los cuartos de final que aterr&oacute; a la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola hasta la Eurocopa de 2008 comenz&oacute; en un partido mundialista contra B&eacute;lgica. Pocos contaban aquel d&iacute;a de 1986 con irse a la cama con la pesadilla ya puesta. Nos hab&iacute;amos prometido vivir un sue&ntilde;o guiado por Butrague&ntilde;o, nuestro h&eacute;roe rubio de pelo ondulado y gesto angelical, y acabamos desesperados por un villano de rizos dorados y sonrisa mal&eacute;vola vestido de portero. Deber&iacute;amos haberlo intuido solo con (intentar) pronunciar su nombre. Jean Marie Pfaff. Esa mezcla perfecta de glamour y violencia resum&iacute;a a la perfecci&oacute;n las casi tres horas de sufrimiento a las que B&eacute;lgica someti&oacute; a Espa&ntilde;a hace cuarenta a&ntilde;os. Era inevitable que aquel partido acabase mal para La Roja y que Pfaff se llevase el protagonismo en la escena final de la tanda de penaltis. Le par&oacute; uno a Eloy Olaya y ah&iacute; se acab&oacute; todo.
    </p><p class="article-text">
        Los grandes momentos de la historia de Espa&ntilde;a hasta aquel d&iacute;a tambi&eacute;n tuvieron a porteros como protagonistas. La eliminatoria de cuartos de 1986 ante B&eacute;lgica fue lo m&aacute;s cerca que estuvo la Selecci&oacute;n de llegar al &uacute;ltimo partido de un Mundial, sin embargo, en los torneos continentales ya hab&iacute;a saboreado dos finales. Una la gan&oacute; a pesar del portero rival y la otra se perdi&oacute; por un error del nuestro, Arconada, de lo mejor que ten&iacute;a aquel equipo. Cuando padres y abuelos nos contaban a los de mi generaci&oacute;n la historia de la selecci&oacute;n, destacaban que el legendario gol de Marcelino que dio a Espa&ntilde;a la Copa de Europa de Naciones de 1964 se lo hab&iacute;a marcado ni m&aacute;s ni menos que a Yashin &ldquo;la ara&ntilde;a negra&rdquo;, portero sovi&eacute;tico que infund&iacute;a m&aacute;s terror que Nikita Jrushchov. Las sensaciones que transmit&iacute;a mi padre contando lo que supuso ese gol para Espa&ntilde;a siempre me hicieron pensar que desde aquel d&iacute;a el miedo a la URSS y al comunismo que pregonaba la dictadura perdi&oacute; mucha efectividad.
    </p><p class="article-text">
        La gesti&oacute;n de la derrota ante B&eacute;lgica en 1986 alcanz&oacute; la categor&iacute;a de trauma y Pfaff se convirti&oacute; en uno de nuestros villanos por lo mismo que Yashin dej&oacute; de ser un mito aterrador: no respondieron a las expectativas con las que como pa&iacute;s llegamos a su encuentro. Esos errores de c&aacute;lculo emocional son parte de nuestra cultura; lo que nos entretiene mientras esperamos a que llegue un acontecimiento importante es exagerar lo que por legitimidad de la experiencia creemos que nos puede deparar ese momento. En 1986, hab&iacute;a que ser muy cenizo para no confiar en pasar a semifinales despu&eacute;s de aniquilar a la admirada y temida Dinamarca. Pas&oacute; lo que pas&oacute; y en el an&aacute;lisis posterior tambi&eacute;n somos de volvernos tremendistas. Es f&uacute;tbol y se digiere mejor as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Igual que los belgas siguen apelando siglos despu&eacute;s al duque de Alba y a su supuesto sadismo para convencer a los ni&ntilde;os de que se vayan a dormir, nosotros contamos hoy con Jean Marie Pfaff para recordarnos que es mejor no so&ntilde;ar despiertos. Que por mucho que Rodri, Olmo y Merino nos hayan dado argumentos en el partido de octavos o que Unai Sim&oacute;n haya alcanzado el Olimpo de los porteros de los mundiales, siempre puede aparecer un tipo con talento y motivado que consigue hacer emerger miedos y dudas que se consideran bajo control. Si esto sucede en el partido de hoy, lo que no tendremos es excusa: a Thibaut Courtois ya lo conocemos; grande como Yashin, &aacute;gil como Pfaff y con una hoja de servicios que pesar&aacute; como una losa si hace dos o tres paradas de las suyas antes de que los jugadores paren para hidratarse mientras nos ponen anuncios.
    </p><p class="article-text">
        Puede que en los tiempos en que Maradona jugaba en las calles de Villa Fiorito, los porteros fueran los boludos del barrio. Al fin y al cabo es el &uacute;nico al que se le permite jugar con la mano y su principal funci&oacute;n es abortar el mayor &eacute;xtasis que este deporte ofrece a los aficionados: cantar un gol. El ni&ntilde;o Diego Armando y sus vecinos no vieron muchos partidos de f&uacute;tbol, la mayor&iacute;a de sus recuerdos de jugadores que idolatraban tienen su origen alrededor de una radio -en caso de que alguien tuviese una en aquel lugar adonde apenas llegaba comida-. Lo mismo les pasaba a los ni&ntilde;os espa&ntilde;oles de los a&ntilde;os 60 con la figura de Yashin. Cuando se les nombraba era para acompa&ntilde;ar al error de un delantero y a ese papel se resum&iacute;a su existencia. Con Pfaff fue distinto; nosotros lo pudimos ver y nos dolieron sus aciertos.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s tambi&eacute;n vimos al portero de Espa&ntilde;a levantar la Copa del Mundo porque, entre otros momentos decisivos de aquella final, desvi&oacute; con la punta del pie un bal&oacute;n que en los Pa&iacute;ses Bajos ya hab&iacute;an visto dentro de la porter&iacute;a. Los arqueros han sido tan influyentes como cualquier delantero a la hora de que los mejores equipos hayan ganado t&iacute;tulos, pero la frase de Maradona tendr&aacute; algo de argumento defendible mientras en la lista de ganadores del Bal&oacute;n de Oro siga relegando a quien de ni&ntilde;o fue el boludo del barrio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/jean-marie-pfaff-boludos-barrio_129_13369006.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 20:53:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Jean Marie Pfaff y los "boludos del barrio"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bélgica,Selección española,Fútbol,Mundial de fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No vengas pa' Alemania, Pepe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/no-vengas-pa-alemania-pepe_129_13346413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/061e1b79-6ec1-4134-9930-21f2446555ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No vengas pa&#039; Alemania, Pepe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La fortaleza del fútbol alemán simbolizaba la pujanza de su economía. Hoy el declive de ambas realidades va de la mano y tiene sumido al país en un pesimismo existencial: Alemania ya no da miedo ni a los árbitros</p><p class="subtitle">El recuerdo de otras noches de verano</p></div><p class="article-text">
        A nuevos tiempos, nuevos axiomas: el f&uacute;tbol es un deporte que juegan once contra once y a Alemania ya le gana cualquiera. La potencia europea ha gripado tambi&eacute;n en el f&uacute;tbol. Desde el inicio de la d&eacute;cada en este y otros medios han podido informarse sobre c&oacute;mo los datos econ&oacute;micos que hab&iacute;an sustentado la influencia estrat&eacute;gica del pa&iacute;s en el continente han dejado de acompa&ntilde;ar a la que se consideraba la locomotora de Europa. Fiabilidad, fortaleza... son conceptos que ya no nos llevan a pensar inequ&iacute;vocamente en Alemania. El pa&iacute;s ya no tira de Europa y las econom&iacute;as del sur a las que durante a&ntilde;os tuvieron acongojadas y tuteladas le pueden mirar hoy por encima del hombro. Igual que cualquier hincha paraguayo que desde este verano se cruce con un alem&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La selecci&oacute;n de Paraguay, un pa&iacute;s de poco m&aacute;s de seis millones de habitantes, <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/entrenador-paraguay-eliminar-alemania-venimos-sacrificios-padres-hijos-puedan-cumplir-suenos_132_13343948.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha mandado para casa a Die Mannschaft</a> (el equipo) de 83 millones de decepcionados alemanes que ven c&oacute;mo por tercera vez consecutiva no se meten entre las diecis&eacute;is mejores selecciones del mundo. Disculpen ustedes que use tanto n&uacute;mero: es una forma de sacarse la espina por aquellos a&ntilde;os en que pol&iacute;ticos, economistas y banqueros alemanes recurr&iacute;an cansinamente a cifras e &iacute;ndices financieros para recordarnos con prepotencia que pod&iacute;an decirnos c&oacute;mo gestionar las cuentas de nuestro pa&iacute;s. M&aacute;s all&aacute; de que quer&iacute;an garantizar que les devolvi&eacute;semos la pasta que nos llevaban prestando a&ntilde;os, no me extra&ntilde;ar&iacute;a que tambi&eacute;n quisieran cobrarnos la frustraci&oacute;n de que un PIG, como llamaban a las econom&iacute;as del sur, les hubiera eliminado en las semifinales del Mundial de Sud&aacute;frica en lo peor de la crisis financiera. Eran tiempos en los que no estaban acostumbrados a perder, mucho menos a manos de Espa&ntilde;a y con un gol de cabeza. Recobraron su orgullo cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde ganando el Mundial de Brasil donde protagonizaron uno de los momentos m&aacute;s recordados de los mundiales: humillaron a los anfitriones en semifinales al ganarles por siete goles a uno. Desde entonces, la nada. Hoy les moja la oreja Paraguay y les saca de quicio un &aacute;rbitro marroqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Antes de caer eliminados a penaltis este lunes, los alemanes fueron felices durante algo menos de cinco minutos. Aunque como alemanes que son, m&aacute;s que felices solo debieron sentirse aliviados al haber conseguido remontar el gol inicial de Paraguay. Tras celebrar con rabia su segundo tanto y recibir instrucciones para rearmar la estrategia, ya esperaban a que los desanimados y supuestamente vencidos sudamericanos sacasen de centro cuando el &aacute;rbitro Jalal Yaled les record&oacute; que sobre el c&eacute;sped de Massachusetts mandaban &eacute;l y su troika de trencillas. Las caras de los teutones cambiaron de golpe y toda la presi&oacute;n que hab&iacute;an ejercido hasta ese momento sobre el &aacute;rea guaran&iacute; se dirigi&oacute; al &aacute;rbitro cuando este anunci&oacute; que por el pinganillo le avisaban de que igual no todo hab&iacute;a sido legal en la jugada del gol.
    </p><h2 class="article-text">Desde el sur de Europa: gracias, Paraguay</h2><p class="article-text">
        Sus colegas al mando de la sala del VAR no le pusieron m&aacute;s que dos perspectivas de la jugada en las que se intu&iacute;a que un delantero alem&aacute;n hab&iacute;a obstaculizado al portero paraguayo en su propia &aacute;rea. Suficiente para el &aacute;rbitro que tras ver las repeticiones en la pantalla dio media vuelta y dej&oacute; constancia a unos y a otros que para presi&oacute;n la que aguanta de las aficiones y jugadores de la liga de Marruecos; una amarilla por aqu&iacute;, un par de gestos de 'hagan hueco' y anunci&oacute; la decisi&oacute;n: nada que celebrar Alemania, gol anulado. &iquest;Qu&eacute; quieren que les diga?, por muchas cosas sospechosas que se hayan visto en un terreno de juego, lo que sucedi&oacute; en ese momento me pareci&oacute; historia. El f&uacute;tbol, como la vida, se inclina habitualmente por no meterse en l&iacute;os incomodando a los poderosos y, de repente, un equipo arbitral compuesto por dos chinos y tres marroqu&iacute;s decidi&oacute; que, ante la duda, ox&iacute;geno para el peque&ntilde;o. Como dijo Axel Torres en ese momento de la retransmisi&oacute;n: &ldquo;Se lo hacen a Espa&ntilde;a y arden las calles&rdquo;. Como dir&iacute;a Rajoy si estuviese en el VAR: &ldquo;Aguanta, no somos Uganda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si hasta ese momento me costaba dar cr&eacute;dito a lo que estaba viendo, el minuto posterior ya me pareci&oacute; pitorreo: un vez tomada la decisi&oacute;n de anular el gol, la FIFA ofreci&oacute; a los espectadores dos repeticiones m&aacute;s desde &aacute;ngulos que previamente se le escatimaron al &aacute;rbitro en su revisi&oacute;n de la jugada, y en las que todav&iacute;a parec&iacute;a m&aacute;s dudosa la supuesta falta al portero paraguayo. En mi cabeza fue la confirmaci&oacute;n de que Alemania ya no da miedo.
    </p><p class="article-text">
        Un par de horas antes, Brasil hab&iacute;a pasado por una situaci&oacute;n parecida: una potencia futbol&iacute;stica que lleva a&ntilde;os desubicada y a la que una selecci&oacute;n claramente inferior como Jap&oacute;n hab&iacute;a sorprendido con un gol que tardaron en igualar. Cuando todos pensaban que se llegar&iacute;a a la pr&oacute;rroga, Brasil hizo valer lo que tantas veces diferencia a los grandes del resto: aprovechar un error ajeno para marcar gol cuando ya no queda tiempo para reaccionar. A los japoneses se les qued&oacute; esa cara que se les queda a tantos equipos que creen que ten&iacute;a sometido a un conjunto superior y estos, en lo que parece un &uacute;ltimo suspiro, cogen aire para gritarte a la cara que mientras no est&eacute;n muertos tu ilusi&oacute;n es su gasolina. Algo parecido le pod&iacute;a haber sucedido a Paraguay cuando Galarza, uno de sus jugadores m&aacute;s admirables si quer&iacute;as que perdiera Alemania, cometi&oacute; un error de principiante al regalar una falta innecesaria al borde del &aacute;rea. Se confirm&oacute; que Alemania ya no es Alemania y no tiene lo que todav&iacute;a conserva Brasil: la resoluci&oacute;n de la &uacute;ltima jugada antes de los penaltis no se pudo calificar ni como susto.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, la fortaleza del f&uacute;tbol alem&aacute;n reflejaba y simbolizaba la pujanza de la econom&iacute;a del pa&iacute;s. Hoy el declive de ambas realidades va de la mano y tiene sumida a la naci&oacute;n en un pesimismo existencial. La derrota en el Mundial lleg&oacute; tan solo tres d&iacute;as despu&eacute;s de que Volkswagen, uno de sus pilares industriales del &uacute;ltimo siglo, <a href="https://www.eldiario.es/motor/sector_y_mercado/grupo-volkswagen-planea-ampliar-recorte-plantilla-100-000-empleos_1_13336226.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comunicase que despedir&aacute; a cien mil trabajadores en todo el planeta</a> antes de que se celebre el siguiente Mundial. <a href="https://www.sueddeutsche.de/sport/wm-2026-deutschland-paraguay-spielbericht-tore-undav-fussball-li.3506749?reduced=true" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">El diario S&uuml;ddeutsche Zeitung resum&iacute;a la eliminaci&oacute;n en su portada </a>con un lac&oacute;nico &ldquo;La siguiente verg&uuml;enza&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/no-vengas-pa-alemania-pepe_129_13346413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 09:18:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No vengas pa' Alemania, Pepe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alemania,Austeridad,Paraguay,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El recuerdo de otras noches de verano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/recuerdo-noches-verano_129_13339043.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9302de50-372b-429a-b1a4-1eb28eb9d4f7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El recuerdo de otras noches de verano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mañana siguiente al partido contra Uruguay, lo imaginé aliviado y feliz y llamé a casa para preguntarle si había aguantado despierto. Su respuesta fue que aguantó porque temía que si se quedaba dormido algún jugador charrúa le hubiese dado también a él una patada</p><p class="subtitle">El niño del gueto llora (y marca) en el Mundial</p></div><p class="article-text">
        Esperar hasta las dos de la ma&ntilde;ana para ver un partido de f&uacute;tbol no es algo que se encuentre entre mis costumbres. La &uacute;ltima vez que me anim&eacute; a un plan semejante fue para ver un partido de baloncesto y una vez empez&oacute; pas&eacute; m&aacute;s minutos dormido que pendiente de lo que suced&iacute;a en la cancha; menos mal que despert&eacute; a tiempo para ver a Pau Gasol convertirse en el primer espa&ntilde;ol en ganar la NBA. Han pasado diecisiete a&ntilde;os de aquello y el reto se repite. Todo sea por ver a la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola clasificarse ante Uruguay.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A falta de una hora para que comience el partido la nostalgia se ha apoderado de la espera. Ser el &uacute;nico de la casa que est&aacute; despierto en una madrugada de ventanas abiertas por las que apenas entra el poco aire fresco que recorre la calle ha activado la morri&ntilde;a de otras noches de verano de Mundial. La primera que se me viene a la cabeza es una que empec&eacute; decepcionado y acab&oacute; en an&eacute;cdota de las que se vuelven a contar cuando la familia estira sobremesas y nos ponemos a recordar. Fue otra noche calurosa y, casualmente, el partido tambi&eacute;n se jugaba en M&eacute;xico. Era 1986, me quedaba poco para cumplir diez a&ntilde;os, el curso escolar a&uacute;n no hab&iacute;a terminado y el partido empezaba a medianoche; por mucho que supliqu&eacute;, mis padres me mandaron a la cama y fue decisi&oacute;n inamovible. Ser&iacute;a ya cerca de las dos de la madrugada cuando me despert&oacute; la celebraci&oacute;n del &uacute;ltimo de los cinco goles que aquella noche Espa&ntilde;a le marc&oacute; a Dinamarca en el estadio de Quer&eacute;taro. Para m&iacute; lo inolvidable fue el percal que me encontr&eacute; en el sal&oacute;n de aquel piso del barrio de As Travesas de Vigo: mi padre en calzoncillos Abanderado de la &eacute;poca saltando alrededor de la mesita del sal&oacute;n, brazos al cielo y dando gracias a Dios por Butrague&ntilde;o. A mi madre tambi&eacute;n la recuerdo divertida y feliz contemplando la escena. Yo sab&iacute;a que lo que pasaba en la tele no era lo habitual cuando Espa&ntilde;a se citaba en un Mundial, pero lo que estaba sucediendo en mi sal&oacute;n me result&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s extraordinario. Me dejaron quedarme hasta el final y aquella noche aprend&iacute; que la autoridad se resquebraja antes con goles que con pucheros.
    </p><p class="article-text">
        El primer Mundial del que recuerdo lugares, situaciones y personas concretas es el de Espa&ntilde;a en 1982. Aquel verano fue muy especial aunque la falta de perspectiva propia de los seis a&ntilde;os que cumpl&iacute; aquellos d&iacute;as no me permitieron ser consciente en el momento. En Vigo se jugaron tres partidos de la primera fase y fue motivo suficiente para convencer a mi abuelo materno de que dejase por unos d&iacute;as las obligaciones de la agricultura y la ganader&iacute;a de subsistencia en la aldea &mdash;puede que fueran las primeras vacaciones de su vida&mdash;. To&ntilde;o adem&aacute;s de mi abuelo era mi padrino y las tres cuartas partes de mi mundo; tenerlo en Vigo e ir al estadio de Bala&iacute;dos con &eacute;l era lo m&aacute;s grande que me pod&iacute;a pasar; mucho m&aacute;s que haber visto en directo dos partidos de la que acabar&iacute;a siendo la campeona del mundo. Mi suerte no fue la de haber visto a las leyendas de Italia Dino Zoff y Paolo Rossi; si no he olvidado aquellos partidos es porque estaba en la grada con el abuelo To&ntilde;o, algo que nunca volvi&oacute; a suceder.
    </p><p class="article-text">
        De las decepciones que se ha llevado mi padre conmigo una tiene que ver con el f&uacute;tbol: no soy de ninguno de los dos clubes de sus amores. Durante unos a&ntilde;os celebr&aacute;bamos los goles y victorias de uno de ellos pero luego me hice mayor y de un solo equipo que, para m&aacute;s inri, es el gran rival del suyo. Desde hace muchos a&ntilde;os Pepe y yo solo animamos al mismo equipo cuando juega la Selecci&oacute;n. De ah&iacute; que cualquier partido de un Mundial o una Eurocopa sea tan buena excusa como otras m&aacute;s importantes para que nos llamemos y lo comentemos. Y si los astros se alinean, nos puede pasar lo del Mundial de Sud&aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        Aquel junio de 2010 supuso un largo suspiro de alivio en mi carrera profesional mientras me preparaba para un gran cambio en lo personal: recib&iacute; una llamada que finiquitaba meses de paro y confirmaba que la hija que esper&aacute;bamos llegar&iacute;a a nuestras vidas con un pan debajo del brazo. Sin nada que hacer en Madrid, mi pareja y yo nos recetamos la compa&ntilde;&iacute;a de nuestras familias y el clima de nuestra tierra para esperar la llegada de la nueva compa&ntilde;era de piso y el nuevo trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la Espa&ntilde;a futbolera experimentaba una inusual sensaci&oacute;n de confianza en la Selecci&oacute;n. Por una vez, la prensa deportiva no afilaba cuchillos en la previa de un Mundial. El optimismo estaba cargado de argumentos: aquel equipo de locos bajitos ven&iacute;a de ganar una Eurocopa con un f&uacute;tbol que daba gusto verlo. Eran buenos tiempos para La Roja y tuve el p&aacute;lpito de que aquello lo ten&iacute;a que aprovechar y, dadas las circunstancias, me propuse ver con mi viejo todos los encuentros de Espa&ntilde;a. Estaba a punto de ser padre y la vida me brind&oacute; la posibilidad de ser solo hijo por &uacute;ltima vez. En los siguientes Mundiales mi padre ya ser&iacute;a abuelo, ser&iacute;a el To&ntilde;o de alguien y antes de que llegase ese cap&iacute;tulo de su existencia, lo quise para m&iacute; solo. El f&uacute;tbol era nuestro reducto y Sud&aacute;frica la &uacute;ltima parada.
    </p><p class="article-text">
        Algunos partidos los vimos en casa y otros en la cafeter&iacute;a de abajo con vecinos de toda la vida y chavalada entusiasta que yo ya no conoc&iacute;a. Durante los descansos de los partidos le preguntaba a Pepe si eran del barrio; quiz&aacute; ya eran hijos de los hermanos mayores de mis quintos. &Eacute;l tampoco los conoc&iacute;a y ese no saber compartido me hizo ver que ya estaba m&aacute;s cerca de ser mi padre que de ser uno de aquellos j&oacute;venes. A medida que avanzaba el Mundial el bar se fue imponiendo como lugar en el que decid&iacute;amos ver los partidos: funcionaba como talism&aacute;n, nos lo pas&aacute;bamos bien y, a diferencia de casa, ten&iacute;an aire acondicionado. Poco a poco nos fuimos familiarizando con los chicos y las chicas que tambi&eacute;n segu&iacute;an el ritual de ver los partidos en el mismo bar y al final del Mundial acabamos ubicando a la mayor&iacute;a de ellos en familias del barrio que conoc&iacute;amos de sobra. Para cuando lleg&oacute; el &uacute;ltimo partido ya nos salud&aacute;bamos y mand&aacute;bamos recuerdos a sus padres y abuelas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando nos planteamos d&oacute;nde ver la final no tuvimos dudas y acabamos en el bar. Bajamos con tiempo para hacernos con un buen sitio y mi padre me habl&oacute; de la suerte que ten&iacute;an los j&oacute;venes que nos rodeaban: a diferencia de su generaci&oacute;n, no hab&iacute;an tenido que esperar sesenta a&ntilde;os para ver a Espa&ntilde;a jugar la final de un Mundial. Lo que me estaba diciendo es que lo llevaba deseando tanto tiempo que casi lo daba por imposible. Por suerte, al placer de vivir lo inesperado se le sum&oacute; la guinda de la victoria.
    </p><p class="article-text">
        Mi padre y yo no vimos el gol de Iniesta, solo lo gritamos. Nuestros vecinos m&aacute;s j&oacute;venes no se contuvieron cuando el de Fuentealbilla control&oacute; dentro del &aacute;rea y se prepar&oacute; para disparar a puerta. En el momento en el que el bal&oacute;n entr&oacute; en la porter&iacute;a ya estaban todos de pie impidiendo que vi&eacute;semos la pantalla. Poco nos import&oacute;. Ellos gritaron gol y se empezaron a abrazar y nosotros les seguimos la corriente. Siento aquel abrazo en el que nos fundimos como si se lo estuviese dando ahora mismo.
    </p><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana siguiente al partido contra Uruguay, lo imagin&eacute; aliviado y feliz y llam&eacute; a casa para preguntarle si hab&iacute;a aguantado despierto. Su respuesta fue que aguant&oacute; porque tem&iacute;a que si se quedaba dormido alg&uacute;n jugador charr&uacute;a le hubiese dado tambi&eacute;n a &eacute;l una patada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/recuerdo-noches-verano_129_13339043.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Jun 2026 20:28:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El recuerdo de otras noches de verano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[España,Mundial de fútbol,Fútbol]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El niño del gueto llora (y marca) en el Mundial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/nino-gueto-llora-marca-mundial_129_13327006.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecd29f4f-888f-4984-9e15-e15c4c592e1e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El niño del gueto llora (y marca) en el Mundial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mientras cantaba el himno, el capitán de Sudáfrica se acordó de su abuelo y del sueño de Belén, una pequeña ciudad de Sudáfrica donde hasta hace poco los negros como él eran tratados como escoria, y una lágrima brotó de su ojo derecho
</p><p class="subtitle">El Mundial de Gonzo: Del error al cielo</p></div><p class="article-text">
        Fue fruto de una casualidad. Me hice un l&iacute;o con las opciones que ofrece la plataforma digital que retransmite el Mundial por si te has perdido alg&uacute;n partido en directo: yo quer&iacute;a ver un resumen (el corto) y acab&eacute; eligiendo la repetici&oacute;n de todo el partido. No hab&iacute;a nada del Rep&uacute;blica Checa contra Sud&aacute;frica que me motivase a ver ni siquiera el resumen largo. Sab&iacute;a que hab&iacute;an empatado a un gol y que el de Sud&aacute;frica hab&iacute;a sido de penalti cuando ya se acercaba el final; dedicarle once minutos de mi tiempo antes de meterme en cama me parec&iacute;a excesivo. Antes de que pudiese enmendar el error, con horas de retraso respecto al momento en el que sucedi&oacute;, la pantalla me mostr&oacute; algo que nunca hab&iacute;a visto en un Mundial y un buen rato despu&eacute;s, con la luz ya apagada, esa imagen segu&iacute;a en mi cabeza. No dejaba de darle vueltas al hecho de que un jugador de Sud&aacute;frica se pusiese a llorar mientras sonaba el himno de su pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Teboho Mokoena tiene 29 a&ntilde;os, juega de centrocampista y es un fijo de su selecci&oacute;n desde que se estren&oacute; como internacional en 2018. Antes de debutar con la selecci&oacute;n absoluta de Sud&aacute;frica ya hab&iacute;a participado en el Mundial sub 20 de Corea. Hoy es uno de los jugadores m&aacute;s conocidos de su pa&iacute;s: veterano en la selecci&oacute;n y titular en el Mamelodi Sundows uno de los clubes m&aacute;s potentes de Sud&aacute;frica con el que esta temporada ha ganado la liga de su pa&iacute;s y la Liga de Campeones de &Aacute;frica. No es de extra&ntilde;ar que Mokoena sea imagen para Sud&aacute;frica de varias marcas internacionales, protagonice anuncios en televisi&oacute;n y se le vea en vallas publicitarias.
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente yo esto no lo sab&iacute;a cuando lo vi llorar. Ahora que lo s&eacute; lo respeto todav&iacute;a m&aacute;s. Se puede decir que Mokoena est&aacute; de vuelta de todo y, sin embargo, cuando son&oacute; el himno de los Bafana Bafana antes de enfrentarse a la Rep&uacute;blica Checa, se emocion&oacute; como un chiquillo. Cuando la c&aacute;mara pas&oacute; por delante de &eacute;l, Teboho Mokoena miraba al cielo y cantaba la letra de su himno. Justo en el instante que dise&ntilde;ar&iacute;a un director de cine, con el jugador ocupando en primer plano la pantalla, de su ojo derecho brot&oacute; una l&aacute;grima con l&iacute;quido suficiente como para deslizarse mejilla abajo hasta desprenderse de la cara. El lloro no alcanz&oacute; la categor&iacute;a de &ldquo;a moco tendido&rdquo; pero estaba claro que Teboho Mokoena no quiso o no pudo reprimirse. Se puso a llorar el mismo tipo del que dependen el orden y el ritmo del juego de Sud&aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        Unos segundos m&aacute;s tarde, finalizado el himno, Mokoena se pas&oacute; las manos por la cara y grito algo que supongo se podr&iacute;a traducir por &ldquo;&iexcl;vamooos!&rdquo;. Si lo llego a ver en directo creo que gritar&iacute;a con &eacute;l y me quedar&iacute;a a ver el partido deseando que a ese hombre las cosas le fuesen bien.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de su fruct&iacute;fera y larga carrera, el encuentro contra la Rep&uacute;blica Checa era tan solo el segundo partido de un Mundial en el que jugaba Mokoena. Unos d&iacute;as antes, en el partido inaugural del campeonato, hab&iacute;a debutado en ese escenario con el que sue&ntilde;a cualquier jugador desde que empieza a dar patadas a un bal&oacute;n. Ese d&iacute;a, por lo que fuese, Teboho no llor&oacute;. Algo l&oacute;gico y esperado pero que ahora, viendo lo que pas&oacute; en la siguiente jornada, me genera casi tanta curiosidad como la imagen que me hizo preguntarme qui&eacute;n era ese tipo tan entra&ntilde;able. Primero pens&eacute; en c&oacute;mo estar&iacute;a de nervioso Teboho en su debut para no dar rienda suelta a unas emociones que s&iacute; le embargaron d&iacute;as despu&eacute;s; lo siguiente fue teorizar sobre qu&eacute; le pudo pasar despu&eacute;s de ese primer partido para que las l&aacute;grimas brotasen mientras cantaba su himno por segunda vez en un Mundial.
    </p><p class="article-text">
        Por suerte uno de los periodistas acreditados en el partido aprovech&oacute; que Mokoena tuvo que pasar por la zona mixta y le pregunt&oacute; por el motivo de sus l&aacute;grimas. Esta vez el mediocentro sudafricano s&iacute; se esforz&oacute; en contener la emoci&oacute;n para poder explicarse (es lo que tiene querer llorar: da igual que te dejes llevar o que embrides tus sentimientos, desde fuera se nota igual). Su respuesta activa el lacrimal de cualquiera. En ese momento, mientras miraba al cielo y cantaba el himno, Teboho Mokoena pens&oacute; en su difunto abuelo porque sab&iacute;a que donde quiera que est&eacute;, estar&aacute; orgulloso de &eacute;l. Con la mirada perdida, asegur&oacute; que sinti&oacute; su presencia y record&oacute; que su abuelo crey&oacute; en &eacute;l cuando nadie m&aacute;s cre&iacute;a. Ya lanzado, habl&oacute; tambi&eacute;n de su madre y de su hijo; otros que creen en &eacute;l y, que a diferencia del antepasado fallecido, est&aacute;n disfrutando de verle jugar en estadios llenos de gente. Y para terminar, el futbolista exitoso campe&oacute;n de todo en su pa&iacute;s y en su continente, regres&oacute; a su origen y asegur&oacute; que estaba viviendo su sue&ntilde;o de ni&ntilde;o de Bel&eacute;n, la peque&ntilde;a ciudad sudafricana en la que hasta pocos a&ntilde;os antes de su nacimiento, como su abuelo le debi&oacute; contar, los de su raza eran tratados como escoria por el gobierno y la mayor&iacute;a de sus vecinos blancos. &ldquo;S&eacute; que todos [los de Bel&eacute;n] me llamar&aacute;n&rdquo;, dijo para terminar su respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Durante el Apartheid sudafricano el f&uacute;tbol fue considerado un deporte de negros. La institucionalizaci&oacute;n de la sociedad segregada supuso que la liga nacional (NFL) se dividiera en tres campeonatos: el de los blancos, el de los negros y el del resto (indios y mulatos). M&aacute;s por una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica y colonial que &eacute;tica, la FIFA presidida por el ingl&eacute;s Stanley Rous suspendi&oacute; a Sud&aacute;frica tras pretender jugar el Mundial del 62 solo con jugadores blancos y la acab&oacute; expulsando en 1976 tras la masacre de Soweto. En Sud&aacute;frica ni blancos ni negros vieron un partido de su selecci&oacute;n durante tres largas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        El abuelo de Mokoena vivi&oacute; ese sistema criminal durante la mayor parte de su vida. Nada escapaba a la maquinaria racista afrikaneer: vivi&oacute; en un barrio segregado, careci&oacute; de libertad y no tuvo derechos pol&iacute;ticos ni civiles. El f&uacute;tbol es de lo poco que no les quitaron. En los<em> townships</em> a los que fueron relegados a vivir surgieron cientos de equipos que entreten&iacute;an y representaban a sus vecinos lejos de la mirada del poder. Aquellos clubes iban m&aacute;s all&aacute; del f&uacute;tbol; en cada escudo se representaba la identidad y la resistencia de una comunidad pisoteada. Ser uno de los titulares de aquellos equipos era el sue&ntilde;o de cualquier ni&ntilde;o negro sudafricano. No se les permit&iacute;a imaginar m&aacute;s. No exist&iacute;a m&aacute;s. El abuelo Mokoena debi&oacute; contarle a Toboho mil historias de aquellos equipos y de los partidos que jugaban entre ellos: le hablar&iacute;a de las estrellas de su tiempo, de c&oacute;mo eran los campos y las aficiones, de las aventuras al acompa&ntilde;ar al equipo de su gueto de Bel&eacute;n cuando le tocaba viajar a otros barrios segregados cuid&aacute;ndose de no pasar por las zonas y carreteras que era de uso exclusivo de los blancos.
    </p><p class="article-text">
        Tras verlo llorar, no me cuesta suponer que la historias del abuelo despertar&iacute;an en Mokoana la reflexi&oacute;n de haber nacido en una &eacute;poca afortunada para cualquier persona negra sudafricana por mucho que sus vidas sigan suponiendo una lucha diaria. C&oacute;mo se iba a rendir Teboho cuando le vinieron mal dadas en los inicios de su carrera si el abuelo que hab&iacute;a sobrevivido al infierno del Apartheid cre&iacute;a en &eacute;l. C&oacute;mo no iba a llorar si a punto de empezar a jugar un partido de un Mundial se le vino el abuelo a la cabeza. Lo raro es que siguiese cantando el himno en lugar de ponerse a gritar &ldquo;&iexcl;gracias abuelo, esto va por ti!&rdquo;.
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                Mokoena celebra su gol que supuso el empate de Sudáfrica contra República Checa.                            </span>
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        He querido dejar para el final un dato del Rep&uacute;blica Checa - Sud&aacute;frica: Teboho Mokoena empez&oacute; el partido llorando y lo acab&oacute; marcando el gol que evit&oacute; a su equipo caer eliminado en el Mundial con el que so&ntilde;aba siendo un ni&ntilde;o de Bel&eacute;n. Sud&aacute;frica est&aacute; ya clasificada para la siguiente fase, por primera vez en su historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/nino-gueto-llora-marca-mundial_129_13327006.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 19:18:35 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Mundial de Gonzo: Del error al cielo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/mundial-gonzo-error-cielo_129_13313391.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fe88185d-ac52-4bfb-acc5-8835c79bd05b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Mundial de Gonzo: Del error al cielo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Dependiendo del momento de la competición en que se produzca, una pifia puede convertir a un jugador del montón en leyenda: le sucesió a Cardeñosa, Eloy Olaya y Salinas en la selección. Y en mi Celta a Alejo, que tras fallar el penalti definitivo en una final de copa se ganó el cariño y el recuerdo de toda una afición</p><p class="subtitle">El Mundial de Calígula</p></div><p class="article-text">
        La semana pasada compart&iacute; una inquietud a modo de advertencia: en este Mundial hay m&aacute;s selecciones que nunca pero ya veremos cu&aacute;nta chicha, sobre todo en estas primeras semanas. Ve&iacute;a el calendario y apenas encontraba partidos de los que enfrentan a dos grandes equipos repletos de jugadores que hacen vibrar al m&aacute;s contenido de los aficionados. De hecho, <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/ver-fase-grupos-pueda_129_13298449.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">de todos los partidos de la primera fase, esa que tanto gusta a Tall&oacute;n </a>y que supone el 70% del Mundial, solo hay un enfrentamiento entre dos selecciones que est&aacute;n entre los diez primeros del ranking FIFA. En resumen: durante las dos primeras semanas de Mundial solo hay un partidazo. En uno de los encuentros que he seguido por la tele, uno de los comentaristas, ex futbolista para m&aacute;s se&ntilde;as, confirm&oacute; mis temores: se quej&oacute; del nivel que se hab&iacute;a visto hasta el momento en el Mundial debido a la manga ancha que supone pasar de 32 a 48 selecciones. En la primera jornada, en tan solo dos
    </p><p class="article-text">
        partidos, se comprob&oacute; que hay equipos que no est&aacute;n a la altura. Hubo varios momentos durante la retransmisi&oacute;n en los que me echaba las manos a la cabeza viendo lo que hac&iacute;an algunos jugadores en un partido de Copa del Mundo: los fallos que comet&iacute;an llamaban la atenci&oacute;n por inesperados en una competici&oacute;n del m&aacute;ximo nivel.
    </p><p class="article-text">
        Para sorpresa de nadie esos dos primeros partidos se decidieron por errores individuales. Fueron clamorosos pero a estas alturas de campeonato no son definitivos para su equipo ni puntos de inflexi&oacute;n en las vidas de los que los cometieron. En el f&uacute;tbol un error puede convertir a un jugador cualquiera, a un cromo intercambiable en un personaje hist&oacute;rico. Dependiendo del momento en que se cometa, el protagonista puede acabar, con el paso de un tiempo razonable, convertido en leyenda. Julio Carde&ntilde;osa, Eloy Olaya o Julio Salinas son tres jugadores espa&ntilde;oles que alcanzaron la celebridad por pifiarla en momentos decisivos de un Mundial; sucedi&oacute; en 1978, 1986 y 1994. Los tres fallaron como tantas otras veces en sus carreras: Eloy marr&oacute; un penalti en la tanda decisiva, Carde&ntilde;osa y Salinas desaprovecharon oportunidades a puerta casi vac&iacute;a cuando en los salones y bares de Espa&ntilde;a la gente ya estaba de pie para cantar el gol.
    </p><p class="article-text">
        De haber cumplido con lo que se esperaba de ellos, no formar&iacute;an parte de la tradici&oacute;n mundialista de Espa&ntilde;a que brota cada cuatro a&ntilde;os en conversaciones, podcasts y columnas. El propio Carde&ntilde;osa reconoc&iacute;a en una entrevista cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s que si no hubiese enviado la pelota al cuerpo del &uacute;nico rival que proteg&iacute;a la porter&iacute;a hoy nadie se acordar&iacute;a de &eacute;l. La trascendencia se la deben los tres a que no hubo posibilidad de enmendar el error. Al fallar condenaron a su equipo a enfilar el camino de vuelta a casa, finiquitada la ilusi&oacute;n del pa&iacute;s. No se habl&oacute; de otra cosa. Por suerte para ellos, antes de 2008 Espa&ntilde;a depositaba la dosis justa de ilusi&oacute;n en su Selecci&oacute;n. M&aacute;s tr&aacute;gico fue lo del Mundial 94 donde otro error en el juego le cost&oacute; la vida a un defensa de Colombia.
    </p><p class="article-text">
        Andr&eacute;s Escobar fue asesinado d&iacute;as despu&eacute;s de marcar un gol en propia puerta en un partido contra Estados Unidos. El gol ni siquiera fue definitivo; sucedi&oacute; al principio del segundo encuentro de los tres en los que se ten&iacute;an que ganar el derecho a avanzar a la siguiente ronda.
    </p><p class="article-text">
        Colombia no fue capaz de remontar el autogol de Escobar y a pesar de conseguir la victoria en el siguiente enfrentamiento quedaron eliminados en la primera fase. Fueron los primeros de aquella edici&oacute;n en hacer las maletas. M&aacute;s que una derrota fue una frustraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os antes, Colombia hab&iacute;a sido una de las sorpresas del Mundial de Italia y se hab&iacute;a clasificado para el de Estados Unidos invicta y haciendo historia al derrotar a Argentina en Buenos Aires por 0-5. Pel&eacute; lleg&oacute; a decir que Colombia era una de las favoritas para ganar el Mundial del 94 y el pa&iacute;s se lo crey&oacute;. Tal y como estaban las cosas en aquel pa&iacute;s durante los a&ntilde;os 90, cualquier buen augurio era un clavo ardiendo al que aferrarse. Para apaciguar los &aacute;nimos tras el desastre, Escobar escribi&oacute; un art&iacute;culo en el diario m&aacute;s le&iacute;do de Colombia y lo termin&oacute; con este p&aacute;rrafo: &ldquo;Por favor, que el respeto se mantenga... Un abrazo fuerte para todos y decirles que fue una oportunidad y una experiencia fenomenal, rara, que jam&aacute;s hab&iacute;a sentido en mi vida. Hasta pronto, porque la vida no termina aqu&iacute;&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Se equivoc&oacute;. A Escobar lo mataron en un bar de Medell&iacute;n unos narcotraficantes que le recriminaron su error en el terreno de juego y su desfachatez en la prensa. Su muerte no fue una m&aacute;s en aquella Colombia que se desangraba en guerras internas: se convirti&oacute; en un s&iacute;mbolo contra la violencia y hoy a Andr&eacute;s Escobar se le recuerda con el apodo de El Inmortal.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; en casa, como celtista nunca olvidar&eacute; el penalti fallado por Alejo Indias en la final de la Copa del Rey de 1994 cuando est&aacute;bamos a punto de ganar algo por primera vez. Nada m&aacute;s comprobar que el portero se hac&iacute;a con la pelota, el pobre Alejo se llev&oacute; las manos a la cabeza y en las nuestras se instal&oacute; ese momento para siempre. No es una exageraci&oacute;n. El destino de aquel defensa catal&aacute;n era ser uno m&aacute;s de los cientos de jugadores que pasan por tu equipo cuyo recuerdo lo acaba difuminando el tiempo: &ldquo;&iexcl;ah s&iacute;, Alejo! Me hab&iacute;a olvidado de &eacute;l&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde aquel fat&iacute;dico d&iacute;a es alguien a quien no olvidaremos mientras vivamos y, como el tiempo casi todo lo cura, en el celtismo se le estima. Como le dijo a Alejo un compa&ntilde;ero de aquel equipo muchos a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Nos jodiste el t&iacute;tulo y eso va a quedar para la historia pero desde aquel d&iacute;a la gente te quiso el doble&rdquo;. Ah&iacute; es nada: querer a alguien en lugar de tan solo perdonarle por haber cometido un error que te impidi&oacute; vivir uno de esos sue&ntilde;os de infancia que nunca caducan.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/mundial-gonzo-error-cielo_129_13313391.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 17:52:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Mundial de Gonzo: Del error al cielo]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[El Mundial de Calígula]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/mundial-caligula_129_13285765.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3a50ec19-c86f-4d6d-b1dc-eaa50f397348_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="­El Mundial de Calígula"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Puede parecer una contradicción disfrutar del Mundial con el que Trump intenta emular a Calígula y la FIFA hacer negocio. O podemos considerar esas críticas el desahogo de millones de personas al ver prostituido por déspotas el deporte de las clases populares</p><p class="subtitle">Especial  - Enric González, Lucía Taboada, Gonzo o Juan Tallón, en El Mundial de elDiario.es

</p></div><p class="article-text">
        Antes de que se anime usted a sentenciar que est&aacute; ante un caso de intrusismo profesional en el columnismo, deme, dese unos segundos. Antes tambi&eacute;n de constatar lo extraordinario que supone leer una columna sospechosamente deportiva en este medio, no olvide que este jueves empieza el <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mundial de f&uacute;tbol</a> en el &uacute;nico pa&iacute;s occidental en el que este deporte no es hegem&oacute;nico. Por no ser, el f&uacute;tbol en Estados Unidos no es ni siquiera importante. En un pa&iacute;s como el nuestro la celebraci&oacute;n del Mundial justifica que <a href="https://www.eldiario.es/mundial-2026/enric-gonzalez-lucia-taboada-gonzo-juan-tallon-mundial-eldiario_1_13284368.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es vaya a dedicar un espacio</a> a que algunos contemos lo que nos llama la atenci&oacute;n del d&iacute;a a d&iacute;a del torneo a lectores que eligen informarse en un medio que no ofrece secci&oacute;n de Deportes. Por contra, en el arranque de la semana previa a la inauguraci&oacute;n del Mundial en su propio pa&iacute;s, la secci&oacute;n de Deportes del New York Times brind&oacute; <a href="https://www.nytimes.com/athletic/7333438/2026/06/04/norway-world-cup-viking-photo/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">una sola historia relacionada con el torneo; y el art&iacute;culo no iba de f&uacute;tbol sino de fotograf&iacute;a</a>.
    </p><p class="article-text">
        En el pa&iacute;s que marca el ritmo del mundo nuestro deporte rey no ha alcanzado el impacto que le convierte desde finales del siglo XIX en el deporte m&aacute;s global; sin embargo a mis 50 a&ntilde;os es la segunda vez que veo un Mundial celebrado en Estados Unidos. No debe ser casualidad. Trat&aacute;ndose de la cuna del capitalismo, apuesto a que es negocio.
    </p><p class="article-text">
        El mayor evento futbol&iacute;stico que se celebra en el planeta llega a un pa&iacute;s donde los deportes de equipo m&aacute;s seguidos y rentables son el b&eacute;isbol, el f&uacute;tbol americano, el hockey sobre hielo y el baloncesto. Como la metr&oacute;polis que es, en Estados Unidos los equipos que ganan las competiciones nacionales de esos deportes se consideran &ldquo;campeones del mundo&rdquo;. En esa jungla busca un hueco el f&uacute;tbol y la FIFA en lugar de sacar pecho de su exitosa tradici&oacute;n, ha optado por adaptarse a los par&aacute;metros m&aacute;s vulgares de esa cultura a la que no ha conseguido seducir en m&aacute;s de un siglo: desde ahora hasta el d&iacute;a de la final todo ser&aacute; a lo grande. Observo los n&uacute;meros de esta edici&oacute;n del Mundial y me empacho. Por primera vez se celebra en tres pa&iacute;ses. Por primera vez juegan 48 selecciones y ese dato engorda todos los dem&aacute;s. Nunca un Mundial dur&oacute; tanto como durar&aacute; este y nunca se jugaron tantos partidos como los que podremos ver en este mes y medio.
    </p><p class="article-text">
        Mucho partido y mucha bandera que no nos suena en las pantallas pero ya veremos cu&aacute;nta chicha. De los 104 partidos que se van a disputar solo 30 ser&aacute;n a vida o muerte. Habr&aacute;n pasado 17 d&iacute;as de campeonato hasta que saboreemos el ambiente de una eliminatoria. Nunca se vio nada igual. Nunca, porque igual no hac&iacute;a falta.
    </p><p class="article-text">
        Empachen o sorprendan, las novedades de este Mundial no suponen riesgo para el negocio. Lo saben bien quienes manejan el cotarro y han tomado decisiones con la idea de acabar el mes de julio bastante m&aacute;s ricos de lo que son a mediados de junio. Por mucho que nos hayamos llevado las manos a la cabeza con lo que nos molesta del Mundial, una vez empiece el espect&aacute;culo ser&aacute;n el f&uacute;tbol y los resultados los que manejen nuestras emociones. Si ganan los nuestros todo habr&aacute; merecido la pena, y si pierden nos indignaremos con cualquier decisi&oacute;n del entrenador y el compromiso de alg&uacute;n jugador. O tal vez del <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/eeuu-prohibe-entrada-arbitro-somali-iba-pitar-mundial-futbol_1_13286653.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&aacute;rbitro</a>. O de todos juntos. Lo sencillo tiene esa ventaja envenenada sobre lo complejo: a la hora de la verdad, la de disfrutar, de lo que se trata es de sentir y no pensar en las consecuencias de dejarse llevar. Es el sino del futbolero contempor&aacute;neo como lo es de pecadores, adictos o ad&uacute;lteros. Puede parecer una contradicci&oacute;n seguir con pasi&oacute;n los partidos mientras se critica el formato del Mundial, el af&aacute;n de la FIFA por ganar m&aacute;s y m&aacute;s dinero o que te lleven los demonios viendo a Trump haci&eacute;ndose pasar por un simp&aacute;tico anfitri&oacute;n de selecciones y aficiones de pa&iacute;ses a los que menosprecia y amenaza. Por no tirar piedras contra mi tejado moral, prefiero ver en esas cr&iacute;ticas el peque&ntilde;o desahogo de millones de personas al ver prostituido por d&eacute;spotas un deporte que consideramos patrimonio de las clases populares.
    </p><p class="article-text">
        Hace falta mucho cuajo para se&ntilde;alar la falta de coherencia de un joven de <a href="https://www.eldiario.es/spin/deportes/cabo-verde-pais-pequeno-mundial-historia-detras-debut-tiburones-azules-pm_1_13269146.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cabo Verde</a> que disfruta por primera vez con los partidos de su selecci&oacute;n en un Mundial a pesar de que su vida ha empeorado por culpa del final de las ayudas al desarrollo decretado por el pa&iacute;s anfitri&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">Caparr&oacute;s y la Argentina del 78</h2><p class="article-text">
        En una entrevista para un reportaje sobre el Mundial de Catar, Mart&iacute;n Caparr&oacute;s me cont&oacute; que el Mundial de Argentina 1978 lo vivi&oacute; como tantos otros compatriotas en el exilio. En su caso fue en Par&iacute;s y all&iacute; se manifestaban y desde all&iacute; escrib&iacute;an contra lo que aquella Copa del Mundo hac&iacute;a por la dictadura militar que sufr&iacute;a el pa&iacute;s: legitimarla y blanquearla mientras mataban y secuestraban. Le pregunt&eacute; si a modo de protesta renunci&oacute; a ver la final; su respuesta fue una carcajada contenida antes de reconocer que ver a Argentina ganar su primer Mundial es de los mejores recuerdos de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Si hay que se&ntilde;alar por contradicci&oacute;n manifiesta o falta de coherencia a alguien que espera con ganas que este Mundial cumpla con sus expectativas prefiero centrarme en Donald Trump. En pol&iacute;tica interior la gran apuesta de su segundo mandato es la de satisfacer los anhelos supremacistas de buena parte de sus votantes. La innovaci&oacute;n respecto a otros presidentes republicanos est&aacute; en que &eacute;l utiliza a los latinos pobres en lugar de los negros pobres para despistar a blancos pobres mientras facilita un fest&iacute;n para los ricos de todas las razas que hay en Estados Unidos. Y es precisamente la poblaci&oacute;n latina la que m&aacute;s disfrutar&aacute; de tener un Mundial en el pa&iacute;s al que emigraron. El &uacute;nico colectivo estadounidense culturalmente ligado al f&uacute;tbol es el de los que hablan espa&ntilde;ol, solo hay que ver un partido de la liga local de <em>soccer </em>y fijarse en los rasgos f&iacute;sicos predominantes en las gradas. Son los mismos rasgos que para la Administraci&oacute;n Trump, su propaganda y sus matones del ICE convierten a una persona en merecedora de un trato inhumano.
    </p><p class="article-text">
        Dos mil a&ntilde;os antes que Trump, <a href="https://www.eldiario.es/spin/excentrico-emperador-romano-quiso-dios-vida-asesinado-caligula-pm_1_12931506.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cal&iacute;gula</a>, otro emperador eg&oacute;latra y depravado, ya sab&iacute;a que tener entretenido a su pueblo era tan importante como hacerle sentir orgulloso de su dominio sobre el mundo. Una de las caracter&iacute;sticas de su r&eacute;gimen fue la multiplicaci&oacute;n de competiciones y espect&aacute;culos. Ocupados en divertirse con carreras de cuadrigas y luchas a vida o muerte entre esclavos y animales salvajes, los romanos pensaban menos en temas que les preocupaban. Y los romanos eran de preocuparse hasta el esc&aacute;ndalo. En cuestiones &eacute;ticas, centraba el enfado de la gente de bien lo que suced&iacute;a en la isla de Capri: desde los tiempos del emperador Tiberio los j&oacute;venes de las familias ricas y poderosas exploraban all&iacute;, lejos de la plebe, los l&iacute;mites de las fantas&iacute;as sexuales de la &eacute;poca. Esos l&iacute;mites eran mucho m&aacute;s laxos que hoy en d&iacute;a y la gracia estaba en sobrepasarlos a lo grande. Entre los veteranos de aquellas fiestas destacaba Cal&iacute;gula. Bien lo sab&iacute;an los romanos aunque una vez alcanzado el poder, el joven emperador criticara con dureza tanta depravaci&oacute;n e incluso castigase a hombres y mujeres con los que hab&iacute;a pasado d&iacute;as y noches de lujuria. Va a resultar que lo &uacute;nico del Mundial de f&uacute;tbol que es exclusivo de nuestra &eacute;poca es el deporte que lo protagoniza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/mundial-2026/mundial-caligula_129_13285765.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 19:35:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Mundial de Calígula]]></media:title>
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