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    <title><![CDATA[elDiario.es - Oriol Rosell]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/oriol-rosell/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Oriol Rosell]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Por qué aparece el "marxismo gótico": Frankenstein contra el capitalismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/aparece-marxismo-gotico-frankenstein-capitalismo_1_13409543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1030174-b195-4fde-9c0e-51eb51cdb455_16-9-discover-aspect-ratio_default_1148238.jpg" width="1988" height="1118" alt="Por qué aparece el &quot;marxismo gótico&quot;: Frankenstein contra el capitalismo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lógica depredadora de nuestro sistema económico deja en bandeja el uso del terror para explicarnos el mundo; seguiendo la estela de Jacques Derrida, Mark Fisher, ahondan en esta idea Jon Greenaway y David McNally</p><p class="subtitle">Ni hombres lobo ni vampiros: lo más terrorífico de la literatura es el miedo a quedarte sin casa
</p></div><p class="article-text">
        Desde la publicaci&oacute;n de <em>Frankenstein</em> en 1818, ning&uacute;n otro monstruo ha suscitado tantas interpretaciones filos&oacute;ficas, pol&iacute;ticas y culturales como la criatura hecha con pedazos de cad&aacute;veres que imagin&oacute; Mary Shelley. Durante dos siglos ha sido considerada un s&iacute;mbolo de la arrogancia cient&iacute;fica, una advertencia contra los excesos de la t&eacute;cnica, una alegor&iacute;a de la exclusi&oacute;n e incluso una figura anticipatoria de la inteligencia artificial. 
    </p><p class="article-text">
        Pero, para el marxismo g&oacute;tico, el quid de la cuesti&oacute;n no radica en <em>qu&eacute; </em>es el monstruo, sino en <em>por qu&eacute; </em>el monstruo es, la raz&oacute;n misma de su existencia. Dicho de otro modo, qu&eacute; condiciones de vida llevan a alguien a concebir semejante abominaci&oacute;n. La respuesta, claro, es el capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El capitalismo es una historia de terror&rdquo;, sentencia Jon Greenaway. Tras &eacute;l se esconde &ldquo;una masa de violencia&rdquo; intr&iacute;nseca a su l&oacute;gica depredadora, escribe el doctor en Estudios G&oacute;ticos brit&aacute;nico. Una violencia, no obstante, que pese a sufrirla a diario en nuestras propias carnes muchas veces no sabemos reconocer. 
    </p><p class="article-text">
        Para David McNally, &ldquo;la perversidad del engendro capitalista se halla en su invisibilidad&rdquo;: al erigirse en la &uacute;nica forma que tenemos de entender el mundo &mdash;lo que Mark Fisher llam&oacute; &ldquo;realismo capitalista&rdquo;&mdash;, la excepcional brutalidad del sistema no nos parece tal, sino algo propio del orden natural de las cosas. Y, por tanto, inevitable. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="&#039;Licántropo&#039; (2027) es la próxima película de Robert Eggers, director de &#039;Nosferatu&#039; (2024)"
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            <span class="title">
                &#039;Licántropo&#039; (2027) es la próxima película de Robert Eggers, director de &#039;Nosferatu&#039; (2024)                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; tiene esto que ver con el monstruo de Frankenstein? Para Greenaway, McNally y el resto de pensadores alineados con el marxismo g&oacute;tico, absolutamente todo. La criatura, como tantas otras entidades que pueblan los relatos de miedo desde finales del XVIII (vampiros, fantasmas, muertos vivientes, lic&aacute;ntropos, casas encantadas), cataliza todo ese horror, lo encarna y lo hace visible. All&iacute; donde el realismo describe un mundo aparentemente normal, lo g&oacute;tico desvela las grietas, las ruinas y la muerte que esa supuesta normalidad necesita esconder. 
    </p><h2 class="article-text">La alianza con lo fant&aacute;stico </h2><p class="article-text">
        En <em>Constelaciones del marxismo g&oacute;tico</em> (&Aacute;peiron, 2026), el profesor de filosof&iacute;a Alfredo L&oacute;pez Pulido define el marxismo g&oacute;tico &mdash;el t&eacute;rmino lo acu&ntilde;&oacute; originalmente Margaret Cohen en <em>Profane illumination</em> (1995)&mdash; como &ldquo;la confluencia entre el pensamiento cr&iacute;tico materialista y las imaginaciones sombr&iacute;as de la tradici&oacute;n g&oacute;tica&rdquo;. O lo que vendr&iacute;a a ser lo mismo, la &ldquo;alianza con lo fant&aacute;stico&rdquo; que McNally exige a la teor&iacute;a cr&iacute;tica. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/84bcb871-c8a2-4dd7-b8c3-8f224bc11688_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        De entrada puede parecer un malabarismo conceptual algo forzado, pero las ra&iacute;ces del marxismo g&oacute;tico son mucho m&aacute;s antiguas de lo que su llamativo nombre sugiere. El propio Marx, sin ir m&aacute;s lejos, recurri&oacute; muchas veces al imaginario de lo h&oacute;rrido en sus textos. El comienzo del <em>Manifiesto comunista</em> est&aacute; protagonizado por un ectoplasma que recorre Europa, &ldquo;el fantasma del comunismo&rdquo;, y en <em>El capital</em> las mercanc&iacute;as se convierten en objetos embrujados, el dinero adquiere poderes sobrenaturales y el capital se presenta como un vampiro que &ldquo;vive chupando trabajo vivo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        No son meros ornamentos ret&oacute;ricos. Para Marx, el capitalismo produce una realidad que escapa a toda comprensi&oacute;n racional: relaciones sociales que se presentan como propiedades de las cosas, objetos que gobiernan a quienes los producen y una riqueza que parece reproducirse por s&iacute; misma al tiempo que mantiene entre sombras la explotaci&oacute;n sobre la que se sostiene.
    </p><p class="article-text">
        Walter Benjamin, por su parte, identific&oacute; los escombros de las revoluciones fracasadas y los cuerpos de los derrotados enterrados bajo las promesas del progreso; restos que siguen acech&aacute;ndonos, embrujando el presente. Son los mismos fantasmas a los que Jacques Derrida dedic&oacute; <em>Espectros de Marx</em> (1993) y que Mark Fisher insert&oacute; en la cr&iacute;tica cultural mediante su reformulaci&oacute;n pop de la hauntolog&iacute;a, la ciencia de lo espectral enunciada por el franc&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Poner en valor todas estas declinaciones fant&aacute;sticas constituye la principal aportaci&oacute;n del marxismo g&oacute;tico al pensamiento pol&iacute;tico contempor&aacute;neo: una apertura del materialismo cient&iacute;fico a la participaci&oacute;n de lo m&aacute;gico y lo simb&oacute;lico. 
    </p><h2 class="article-text">Lo que no puede ocultarse</h2><p class="article-text">
        No extra&ntilde;a que el marxismo g&oacute;tico haya encontrado un terreno especialmente f&eacute;rtil en el siglo XXI. La crisis financiera de 2008, la precarizaci&oacute;n del trabajo, la emergencia clim&aacute;tica o la expansi&oacute;n de las tecnolog&iacute;as digitales han reforzado la sensaci&oacute;n de habitar un mundo dominado por fuerzas sobrenaturales que parecen escapar a cualquier control democr&aacute;tico. El sistema parece haberse convertido en una casa encantada de la que nadie encuentra la salida.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/23aabddf-6e94-4ca5-9025-f87edf0e8895_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        La persistencia de lo g&oacute;tico explica en buena medida nuestra relaci&oacute;n con nuestra incertidumbre. Las sociedades modernas se definieron a s&iacute; mismas mediante promesas de superaci&oacute;n: de la superstici&oacute;n mediante la raz&oacute;n, de la escasez mediante el progreso, de la violencia mediante la civilizaci&oacute;n, de la desigualdad mediante la emancipaci&oacute;n. Con todo, muchas de estas promesas permanecen incumplidas. Los tropos g&oacute;ticos expresan precisamente esta situaci&oacute;n, en tanto que huellas de lo no superado.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el actual <em>boom</em> del cine de terror y los <em>creepypasta</em> de internet, la imbricaci&oacute;n de las historias de miedo con el sentir ansioso y depresivo que domina la &eacute;poca, resulta m&aacute;s que sintom&aacute;tico. Cuando no sabemos explicarnos la angustia a trav&eacute;s de un entendimiento profundo de lo real, los monstruos sirven para dar salida a todo el malestar acumulado. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/1af82b7c-723f-4e85-b7cb-e2c56ba0377e_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, el inter&eacute;s por este tipo de lectura ha comenzado a consolidarse. Las traducciones al castellano de <em>Monstruos del mercado</em> (Levanta Fuego, 2022) de McNally y de <em>Capitalismo: una historia de terror</em> (Mutatis Mutandis, 2024) de Greenaway, as&iacute; como los trabajos de investigadores como Alfredo L&oacute;pez Pulido, han contribuido a introducir un marco de an&aacute;lisis que hasta hace pocos a&ntilde;os apenas circulaba fuera del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. La singularidad de cada uno de estos autores pone de manifiesto que, antes que una escuela cerrada, el marxismo g&oacute;tico funciona como una sensibilidad com&uacute;n: una forma de examinar la cultura popular, la literatura y el cine para descubrir aquellas contradicciones y violencias que el capitalismo pretende camuflar. Reconocerlas y hacerlas inc&oacute;modas ser&iacute;a el primer paso para cambiarlo.
    </p><h2 class="article-text">'Monstruas' del patriarcado</h2><p class="article-text">
        De todos los &aacute;mbitos m&aacute;s all&aacute; del marxismo estricto en los que se ha extendido la perspectiva g&oacute;tica, su comuni&oacute;n con el feminismo ha sido especialmente fecunda. De Mariana Enr&iacute;quez a Charlotte Perkins Gilman, muchas autoras de ficci&oacute;n han recurrido a las figuras monstruosas &mdash;brujas, vampiras, fantasmas o dobles&mdash; para pensar formas espec&iacute;ficas de violencia vinculadas al g&eacute;nero, la reproducci&oacute;n o el trabajo de cuidados. 
    </p><p class="article-text">
        Lejos de representar simples desviaciones, la rareza de las monstruas expresa las tensiones secretas sobre las que se sostiene el orden patriarcal. De nuevo, lo an&oacute;malo se transforma en un dispositivo cr&iacute;tico capaz de exponer aquello que la normalidad necesita expulsar para afirmarse: los trabajos invisibles, los cuerpos ind&oacute;ciles, los deseos no normativos, las memorias reprimidas.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                &#039;¡La novia!&#039; (2026), dirigida por Maggie Gyllenhaal                            </span>
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        As&iacute;, la bruja remite a la persecuci&oacute;n de los saberes femeninos y al disciplinamiento del cuerpo reproductivo; la vampira subvierte las expectativas asociadas a la feminidad pasiva; la fantasma encarna los traumas que se pretenden clausurar sin haber sido elaborados; la doble pone en cuesti&oacute;n la estabilidad de la identidad y los papeles de g&eacute;nero. Todos estos iconos resisten a los envites del orden patriarcal por silenciar las vidas relegadas al &aacute;mbito dom&eacute;stico, el trabajo de cuidados, la violencia sexual, la explotaci&oacute;n afectiva.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/870241ef-f23e-495e-b432-7dc6a35b7239_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        &Iacute;ngrid Guardiola y N&uacute;ria G&oacute;mez Gabriel, autoras de <em>Feminisme g&ograve;tic</em> (H&amp;O), emplean el t&eacute;rmino &ldquo;g&oacute;tico&rdquo; &ldquo;de forma anacr&oacute;nica y <em>queer</em>, para hablar de aquellas emanaciones femeninas de car&aacute;cter sobrenatural, m&oacute;rbido, misterioso, tremendo e incluso abyecto que han resistido el oprobio, la difamaci&oacute;n o la violencia extrema&rdquo;. Lejos de romantizar el sufrimiento, su propuesta reivindica la potencia pol&iacute;tica e imaginativa de la ficci&oacute;n de terror. Las <em>monstruas </em>del feminismo g&oacute;tico, como los monstruos del marxismo g&oacute;tico, devienen formas de resistencia, recuerdos encarnados de la opresi&oacute;n y posibilidades de imaginar otros modos de habitar el cuerpo, el deseo y la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, <em>Frankenstein, </em>como todo lo g&oacute;tico, sigue siendo fundamental. No porque nos hable de un monstruo imaginario, sino porque contin&uacute;a mostrando el car&aacute;cter inquietante de una modernidad que, desde sus or&iacute;genes, ha tenido dificultades para reconocerse a s&iacute; misma sin recurrir a fantasmas y monstruos. Quiz&aacute; ha llegado la hora de amar al alien, como dec&iacute;a Bowie, para que cese la mascarada.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Oriol Rosell]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/aparece-marxismo-gotico-frankenstein-capitalismo_1_13409543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 27 Jul 2026 20:04:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué aparece el "marxismo gótico": Frankenstein contra el capitalismo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía,Ensayos,Capitalismo,Terror,Cine de terror,Literatura fantástica,Literatura de terror]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cabaret Voltaire, la banda que vio venir la hipervigilancia, el control y la manipulación tecnológica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/cabaret-voltaire-banda-vio-venir-hipervigilancia-control-manipulacion-tecnologica_1_13307139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9c46130-1cbc-402b-8078-08d3f2f96a89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cabaret Voltaire, la banda que vio venir la hipervigilancia, el control y la manipulación tecnológica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora convertidos en dúo tras la muerte de Richard H. Kirk, este influyente exponente de la música electrónica e industrial ha regresado y defiende su lugar en el festival Sónar</p><p class="subtitle">Sónar 2026 presenta su nuevo formato con The Prodigy, Speedy J y Cabaret Voltaire como principales atracciones</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que Cabaret Voltaire actu&oacute; en directo, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/stephen-mallinder-necesitamos-condicion-introducirnos_128_4499577.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen Mallinder</a> acab&oacute; en el hospital. Corr&iacute;a el mayo de 1975 y, en sus propias palabras, &ldquo;era imposible que aquello le gustara a nadie&rdquo;. Aun a sabiendas de la radicalidad de su propuesta, Mallinder, Chris Watson y Richard H. Kirk no contaron con que el p&uacute;blico reunido en el refectorio del Sindicato de Estudiantes de Sheffield estuviera formado por alumnos de ingenier&iacute;a borrachos: &ldquo;El equivalente acad&eacute;mico de los <em>hooligans</em> del f&uacute;tbol&rdquo;, recuerda hoy el m&uacute;sico brit&aacute;nico entre risas, en una entrevista previa a su presencia en el festival S&oacute;nar de Barcelona, este jueves 18 de junio.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, hace cincuenta a&ntilde;os este tipo de broncas no eran del todo ins&oacute;litas. Cabaret Voltaire form&oacute; parte de la primera ola de lo que se dio en llamar &ldquo;m&uacute;sica industrial&rdquo;. M&aacute;s que un sonido com&uacute;n, los artistas que orbitaban alrededor de Throbbing Gristle y su sello Industrial Records &mdash;de ah&iacute; la etiqueta&mdash; compart&iacute;an una metodolog&iacute;a y una actitud: montajes en cinta magn&eacute;tica, instrumentos electr&oacute;nicos, uso indiscriminado del ruido y un talante abiertamente confrontativo.
    </p><p class="article-text">
        Demasiado &lsquo;dif&iacute;ciles&rsquo; para los punks, demasiado punks para la vanguardia acad&eacute;mica, SPK, Monte Cazazza, Clock DVA y los propios Cabaret Voltaire operaron al l&iacute;mite de lo que en la &eacute;poca se consideraba &ldquo;m&uacute;sica&rdquo; y sembraron el terror durante el &uacute;ltimo lustro de los setenta desplegando un imaginario apocal&iacute;ptico &mdash;psicosis, ultraviolencia, parafilias, conspiracionismo&mdash; dise&ntilde;ado para desarticular el aparato semi&oacute;tico del pop.
    </p><p class="article-text">
        Un ideario tremendista, si as&iacute; se quiere ver, pero en gran medida prof&eacute;tico: &ldquo;No se trata de decir: &lsquo;Os lo advertimos&rsquo;. No intento parecer m&aacute;s listo que nadie. Pero inevitablemente surge la pregunta: &iquest;qu&eacute; ha cambiado realmente? De alg&uacute;n modo vimos venir muchas de estas cosas&rdquo;, explica Mallinder a prop&oacute;sito de la fijaci&oacute;n de la banda por temas como la hipervigilancia, el control medi&aacute;tico, la sobrecarga informativa y la manipulaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en discos como <em>The Voice of America</em> (1980), <em>The Crackdown</em> (1983) o <em>Micro-Phonies</em> (1984).
    </p><h2 class="article-text">Hijos de un tiempo y un lugar</h2><p class="article-text">
        Los Cabs, como los fans suelen referirse a ellos, se formaron en 1973 en la ciudad de Sheffield, en el condado de Yorkshire. Ambos datos se revelan decisivos en su constituci&oacute;n &eacute;tica y est&eacute;tica: &ldquo;Somos el resultado tanto del tiempo como del lugar en que existimos&rdquo;, admite Mallinder. 1973 fue el a&ntilde;o cero del neoliberalismo, con la primera aplicaci&oacute;n de las teor&iacute;as econ&oacute;micas de la Escuela de Chicago en Chile como contrapartida al apoyo estadounidense al golpe de Pinochet.
    </p><p class="article-text">
        Y fue tambi&eacute;n el principio del fin del per&iacute;odo de dinamizaci&oacute;n econ&oacute;mica en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial conocido como la Edad de Oro del Capitalismo, provocado por el boicot de los pa&iacute;ses de la OPEP a los aliados de Israel en la Guerra del Yom Kipur. Los paralelismos con el presente resultan evidentes. &ldquo;Seguimos viviendo dentro de una tensi&oacute;n entre Este y Oeste, entre ideolog&iacute;as y econom&iacute;as. <em>Red Mecca</em> [el &aacute;lbum de Cabaret Voltaire de 1981] refleja muy bien eso. El trasfondo de aquel disco fue la Revoluci&oacute;n Isl&aacute;mica iran&iacute;. Seguimos tocando canciones de <em>Red Mecca</em> en un momento en que la tensi&oacute;n entre determinadas formas de fundamentalismo y capitalismo persiste. En este sentido, no creo que el contexto sea tan diferente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sheffield, por su parte, fue la capital mundial del acero durante m&aacute;s de un siglo. Sin embargo, la competencia pujante de pa&iacute;ses con sectores sider&uacute;rgicos m&aacute;s eficientes, alineada con la aplicaci&oacute;n de una severa pol&iacute;tica de racionalizaci&oacute;n, precipitaron el desmantelamiento de las acer&iacute;as a finales de los sesenta. &ldquo;Cuando naci&oacute; Cabaret Voltaire, todo estaba desapareciendo. No somos consecuencia de una industria pujante, sino de una moribunda. Los sonidos de la maquinaria pesada y las f&aacute;bricas estaban presentes en nuestra m&uacute;sica, pero todo aquello estaba en declive. Formamos parte de una ciudad en transici&oacute;n&rdquo;, recuerda Mallinder. 
    </p><p class="article-text">
        Este estado transitivo se espeja con claridad meridiana en la carrera de los Cabs, un grupo que a lo largo de estas cinco d&eacute;cadas ha sido tildado, no sin argumentos, de industrial, experimental, postpunk e incluso house. Su presencia es una constante que acompa&ntilde;&oacute; y particip&oacute; en el paso de la primera generaci&oacute;n industrial al <em>synthpop</em> de Heaven 17 y The Human League, ambas formaciones tambi&eacute;n oriundas de Sheffield, y en el florecimiento local del <em>bleep techno</em>, antesala del techno &ldquo;inteligente&rdquo; capitalizado en los noventa por Warp Records (The Black Dog, Aphex Twin, Autechre).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me gusta el hecho de que hayamos podido movernos y evolucionar&rdquo;, explica Stephen Mallinder. &ldquo;Como artistas tenemos derecho a hacer aquello que consideremos adecuado en cada momento. No me interesa repetir una y otra vez la misma f&oacute;rmula. Ning&uacute;n m&uacute;sico quiere hacer eso. Deber&iacute;amos poder expresarnos en la forma que necesitemos en cada etapa. Tambi&eacute;n tenemos que obtener algo para nosotros mismos de lo que hacemos&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">Pol&iacute;ticas de la nostalgia</h2><p class="article-text">
        Si bien la m&uacute;sica de Cabaret Voltaire muta con el paso del tiempo, el componente pol&iacute;tico la atraviesa en todas sus encarnaciones. Nunca de una forma expl&iacute;cita, propagand&iacute;stica, sino m&aacute;s abstracta, incrustada en el sonido, siempre a contracorriente de las formas dominantes del mercado. Mallinder se muestra tajante en este punto: &ldquo;El punk era revolucionario en sus intenciones, pero bastante conservador en sus expresiones musicales. Para nosotros, la forma deb&iacute;a ser parte del mensaje. Es una idea muy cercana a Marshall McLuhan: el medio es el mensaje. La forma que adoptaba nuestra m&uacute;sica era tan importante como aquello que quer&iacute;amos decir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El posicionamiento pol&iacute;tico de lo art&iacute;stico, donde la expresi&oacute;n se concibe como una acci&oacute;n revolucionaria en s&iacute; misma &mdash;a la manera de las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX: de ah&iacute; la referencia al Cabaret Voltaire de Z&uacute;rich, cuna del dada&iacute;smo&mdash;, podr&iacute;a entrar en contradicci&oacute;n con el regreso de Cabaret Voltaire en 2026.
    </p><p class="article-text">
        Chris Watson abandon&oacute; el grupo en 1981 para formar The Hafler Trio, primero, y convertirse despu&eacute;s en ingeniero de sonido de la BBC, estableci&eacute;ndose como un referente internacional de las grabaciones de campo. Stephen Mallinder hizo lo propio en 2009, cediendo las riendas de los Cabs a Richard H. Kirk. Ahora, Watson y Mallinder, ambos septuagenarios, plantean la gira que los llevar&aacute; al festival Sonar como un tributo a Kirk, fallecido en 2021.
    </p><p class="article-text">
        La reciente edici&oacute;n del &aacute;lbum <em>But what time is it really?</em> (MemeTune, 2026), una selecci&oacute;n de sus temas m&aacute;s emblem&aacute;ticos interpretados en directo, deja claro que no presentar&aacute;n m&uacute;sica nueva. As&iacute; las cosas, &iquest;c&oacute;mo esquivar el ejercicio nost&aacute;lgico? &ldquo;Nostalgia es una palabra complicada&rdquo;, reconocen. &ldquo;Lo que hacemos es una reflexi&oacute;n sobre lo que fue la banda. Miramos hacia atr&aacute;s, s&iacute;, pero siempre hemos sido un grupo orientado hacia adelante. Como si conduj&eacute;ramos un coche sin retrovisores. Lo importante es observar el contexto en el que vivimos hoy y preguntarnos hasta qu&eacute; punto lo que hicimos sigue siendo relevante. Si hubiese dejado de serlo, ser&iacute;a nostalgia. Pero si sigue teniendo sentido, no lo es&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Oriol Rosell]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 21:14:42 +0000]]></pubDate>
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