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    <title><![CDATA[elDiario.es - Oriol Rosell]]></title>
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      <title><![CDATA[Cabaret Voltaire, la banda que vio venir la hipervigilancia, el control y la manipulación tecnológica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/cabaret-voltaire-banda-vio-venir-hipervigilancia-control-manipulacion-tecnologica_1_13307139.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b9c46130-1cbc-402b-8078-08d3f2f96a89_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cabaret Voltaire, la banda que vio venir la hipervigilancia, el control y la manipulación tecnológica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ahora convertidos en dúo tras la muerte de Richard H. Kirk, este influyente exponente de la música electrónica e industrial ha regresado y defiende su lugar en el festival Sónar</p><p class="subtitle">Sónar 2026 presenta su nuevo formato con The Prodigy, Speedy J y Cabaret Voltaire como principales atracciones</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que Cabaret Voltaire actu&oacute; en directo, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/stephen-mallinder-necesitamos-condicion-introducirnos_128_4499577.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Stephen Mallinder</a> acab&oacute; en el hospital. Corr&iacute;a el mayo de 1975 y, en sus propias palabras, &ldquo;era imposible que aquello le gustara a nadie&rdquo;. Aun a sabiendas de la radicalidad de su propuesta, Mallinder, Chris Watson y Richard H. Kirk no contaron con que el p&uacute;blico reunido en el refectorio del Sindicato de Estudiantes de Sheffield estuviera formado por alumnos de ingenier&iacute;a borrachos: &ldquo;El equivalente acad&eacute;mico de los <em>hooligans</em> del f&uacute;tbol&rdquo;, recuerda hoy el m&uacute;sico brit&aacute;nico entre risas, en una entrevista previa a su presencia en el festival S&oacute;nar de Barcelona, este jueves 18 de junio.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, hace cincuenta a&ntilde;os este tipo de broncas no eran del todo ins&oacute;litas. Cabaret Voltaire form&oacute; parte de la primera ola de lo que se dio en llamar &ldquo;m&uacute;sica industrial&rdquo;. M&aacute;s que un sonido com&uacute;n, los artistas que orbitaban alrededor de Throbbing Gristle y su sello Industrial Records &mdash;de ah&iacute; la etiqueta&mdash; compart&iacute;an una metodolog&iacute;a y una actitud: montajes en cinta magn&eacute;tica, instrumentos electr&oacute;nicos, uso indiscriminado del ruido y un talante abiertamente confrontativo.
    </p><p class="article-text">
        Demasiado &lsquo;dif&iacute;ciles&rsquo; para los punks, demasiado punks para la vanguardia acad&eacute;mica, SPK, Monte Cazazza, Clock DVA y los propios Cabaret Voltaire operaron al l&iacute;mite de lo que en la &eacute;poca se consideraba &ldquo;m&uacute;sica&rdquo; y sembraron el terror durante el &uacute;ltimo lustro de los setenta desplegando un imaginario apocal&iacute;ptico &mdash;psicosis, ultraviolencia, parafilias, conspiracionismo&mdash; dise&ntilde;ado para desarticular el aparato semi&oacute;tico del pop.
    </p><p class="article-text">
        Un ideario tremendista, si as&iacute; se quiere ver, pero en gran medida prof&eacute;tico: &ldquo;No se trata de decir: &lsquo;Os lo advertimos&rsquo;. No intento parecer m&aacute;s listo que nadie. Pero inevitablemente surge la pregunta: &iquest;qu&eacute; ha cambiado realmente? De alg&uacute;n modo vimos venir muchas de estas cosas&rdquo;, explica Mallinder a prop&oacute;sito de la fijaci&oacute;n de la banda por temas como la hipervigilancia, el control medi&aacute;tico, la sobrecarga informativa y la manipulaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en discos como <em>The Voice of America</em> (1980), <em>The Crackdown</em> (1983) o <em>Micro-Phonies</em> (1984).
    </p><h2 class="article-text">Hijos de un tiempo y un lugar</h2><p class="article-text">
        Los Cabs, como los fans suelen referirse a ellos, se formaron en 1973 en la ciudad de Sheffield, en el condado de Yorkshire. Ambos datos se revelan decisivos en su constituci&oacute;n &eacute;tica y est&eacute;tica: &ldquo;Somos el resultado tanto del tiempo como del lugar en que existimos&rdquo;, admite Mallinder. 1973 fue el a&ntilde;o cero del neoliberalismo, con la primera aplicaci&oacute;n de las teor&iacute;as econ&oacute;micas de la Escuela de Chicago en Chile como contrapartida al apoyo estadounidense al golpe de Pinochet.
    </p><p class="article-text">
        Y fue tambi&eacute;n el principio del fin del per&iacute;odo de dinamizaci&oacute;n econ&oacute;mica en Occidente tras la Segunda Guerra Mundial conocido como la Edad de Oro del Capitalismo, provocado por el boicot de los pa&iacute;ses de la OPEP a los aliados de Israel en la Guerra del Yom Kipur. Los paralelismos con el presente resultan evidentes. &ldquo;Seguimos viviendo dentro de una tensi&oacute;n entre Este y Oeste, entre ideolog&iacute;as y econom&iacute;as. <em>Red Mecca</em> [el &aacute;lbum de Cabaret Voltaire de 1981] refleja muy bien eso. El trasfondo de aquel disco fue la Revoluci&oacute;n Isl&aacute;mica iran&iacute;. Seguimos tocando canciones de <em>Red Mecca</em> en un momento en que la tensi&oacute;n entre determinadas formas de fundamentalismo y capitalismo persiste. En este sentido, no creo que el contexto sea tan diferente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sheffield, por su parte, fue la capital mundial del acero durante m&aacute;s de un siglo. Sin embargo, la competencia pujante de pa&iacute;ses con sectores sider&uacute;rgicos m&aacute;s eficientes, alineada con la aplicaci&oacute;n de una severa pol&iacute;tica de racionalizaci&oacute;n, precipitaron el desmantelamiento de las acer&iacute;as a finales de los sesenta. &ldquo;Cuando naci&oacute; Cabaret Voltaire, todo estaba desapareciendo. No somos consecuencia de una industria pujante, sino de una moribunda. Los sonidos de la maquinaria pesada y las f&aacute;bricas estaban presentes en nuestra m&uacute;sica, pero todo aquello estaba en declive. Formamos parte de una ciudad en transici&oacute;n&rdquo;, recuerda Mallinder. 
    </p><p class="article-text">
        Este estado transitivo se espeja con claridad meridiana en la carrera de los Cabs, un grupo que a lo largo de estas cinco d&eacute;cadas ha sido tildado, no sin argumentos, de industrial, experimental, postpunk e incluso house. Su presencia es una constante que acompa&ntilde;&oacute; y particip&oacute; en el paso de la primera generaci&oacute;n industrial al <em>synthpop</em> de Heaven 17 y The Human League, ambas formaciones tambi&eacute;n oriundas de Sheffield, y en el florecimiento local del <em>bleep techno</em>, antesala del techno &ldquo;inteligente&rdquo; capitalizado en los noventa por Warp Records (The Black Dog, Aphex Twin, Autechre).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me gusta el hecho de que hayamos podido movernos y evolucionar&rdquo;, explica Stephen Mallinder. &ldquo;Como artistas tenemos derecho a hacer aquello que consideremos adecuado en cada momento. No me interesa repetir una y otra vez la misma f&oacute;rmula. Ning&uacute;n m&uacute;sico quiere hacer eso. Deber&iacute;amos poder expresarnos en la forma que necesitemos en cada etapa. Tambi&eacute;n tenemos que obtener algo para nosotros mismos de lo que hacemos&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h2 class="article-text">Pol&iacute;ticas de la nostalgia</h2><p class="article-text">
        Si bien la m&uacute;sica de Cabaret Voltaire muta con el paso del tiempo, el componente pol&iacute;tico la atraviesa en todas sus encarnaciones. Nunca de una forma expl&iacute;cita, propagand&iacute;stica, sino m&aacute;s abstracta, incrustada en el sonido, siempre a contracorriente de las formas dominantes del mercado. Mallinder se muestra tajante en este punto: &ldquo;El punk era revolucionario en sus intenciones, pero bastante conservador en sus expresiones musicales. Para nosotros, la forma deb&iacute;a ser parte del mensaje. Es una idea muy cercana a Marshall McLuhan: el medio es el mensaje. La forma que adoptaba nuestra m&uacute;sica era tan importante como aquello que quer&iacute;amos decir&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El posicionamiento pol&iacute;tico de lo art&iacute;stico, donde la expresi&oacute;n se concibe como una acci&oacute;n revolucionaria en s&iacute; misma &mdash;a la manera de las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX: de ah&iacute; la referencia al Cabaret Voltaire de Z&uacute;rich, cuna del dada&iacute;smo&mdash;, podr&iacute;a entrar en contradicci&oacute;n con el regreso de Cabaret Voltaire en 2026.
    </p><p class="article-text">
        Chris Watson abandon&oacute; el grupo en 1981 para formar The Hafler Trio, primero, y convertirse despu&eacute;s en ingeniero de sonido de la BBC, estableci&eacute;ndose como un referente internacional de las grabaciones de campo. Stephen Mallinder hizo lo propio en 2009, cediendo las riendas de los Cabs a Richard H. Kirk. Ahora, Watson y Mallinder, ambos septuagenarios, plantean la gira que los llevar&aacute; al festival Sonar como un tributo a Kirk, fallecido en 2021.
    </p><p class="article-text">
        La reciente edici&oacute;n del &aacute;lbum <em>But what time is it really?</em> (MemeTune, 2026), una selecci&oacute;n de sus temas m&aacute;s emblem&aacute;ticos interpretados en directo, deja claro que no presentar&aacute;n m&uacute;sica nueva. As&iacute; las cosas, &iquest;c&oacute;mo esquivar el ejercicio nost&aacute;lgico? &ldquo;Nostalgia es una palabra complicada&rdquo;, reconocen. &ldquo;Lo que hacemos es una reflexi&oacute;n sobre lo que fue la banda. Miramos hacia atr&aacute;s, s&iacute;, pero siempre hemos sido un grupo orientado hacia adelante. Como si conduj&eacute;ramos un coche sin retrovisores. Lo importante es observar el contexto en el que vivimos hoy y preguntarnos hasta qu&eacute; punto lo que hicimos sigue siendo relevante. Si hubiese dejado de serlo, ser&iacute;a nostalgia. Pero si sigue teniendo sentido, no lo es&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Oriol Rosell]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 17 Jun 2026 21:14:42 +0000]]></pubDate>
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