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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Nicolás Martínez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-nicolas-martinez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Nicolás Martínez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Cuando la política eclipsa la gestión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/politica-eclipsa-gestion_132_13400224.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdf69fc3-ac7d-45e7-88c0-21c20ce8da80_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x447y237.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la política eclipsa la gestión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuanto más discreto y técnico es el trabajo de una administración, más fácil resulta que pase inadvertido, mientras una polémica o una concesión puede acabar definiendo una etapa entera</p></div><p class="article-text">
        Ahora que la Asamblea Regional de Murcia ha cerrado su segundo periodo ordinario de sesiones &mdash;el Estatuto fija dos, de septiembre a diciembre y de febrero a junio&mdash;, el verano permite observar la pol&iacute;tica regional con cierta distancia y preguntarnos qu&eacute; queda de la acci&oacute;n de un Gobierno cuando se apaga temporalmente el ruido parlamentario y la confrontaci&oacute;n diaria.
    </p><p class="article-text">
        No siempre una buena gesti&oacute;n se convierte en buena pol&iacute;tica. Cuanto m&aacute;s discreto y t&eacute;cnico es el trabajo de una administraci&oacute;n, m&aacute;s f&aacute;cil resulta que pase inadvertido, mientras una pol&eacute;mica o una concesi&oacute;n puede acabar definiendo una etapa entera. Gestionar es resolver problemas y hacer funcionar los servicios p&uacute;blicos; hacer pol&iacute;tica es explicar para qui&eacute;n se gobierna, defender lo logrado y establecer l&iacute;mites. La gesti&oacute;n muestra qu&eacute; se hace; la pol&iacute;tica, por qu&eacute; y desde qu&eacute; convicciones.
    </p><p class="article-text">
        En pol&iacute;tica social esta diferencia es especialmente visible. Sus avances rara vez producen grandes titulares. Se reconocen en logros cotidianos: simplificar un tr&aacute;mite para una familia numerosa, reducir una espera, favorecer la autonom&iacute;a de una persona mayor, garantizar apoyos a una persona con discapacidad, proteger a una mujer frente a la violencia o avanzar en igualdad y no discriminaci&oacute;n. Tambi&eacute;n en atender a quienes viven situaciones de vulnerabilidad, escuchar a las entidades sociales y recordar que detr&aacute;s de cada expediente hay una vida.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estos avances funcionan, el problema deja de verse. Pero el silencio de la buena gesti&oacute;n tiene un riesgo: si quien gobierna no explica lo que hace, otros lo har&aacute;n desde sus intereses y con el marco pol&iacute;tico que m&aacute;s les convenga.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica no tolera los espacios vac&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        Vox ha demostrado en la Regi&oacute;n de Murcia entender bien esta l&oacute;gica. Con un peso institucional limitado, puede ejercer una influencia mayor si consigue decidir de qu&eacute; se habla y con qu&eacute; palabras. La paradoja es que parece ejercer incluso m&aacute;s fuerza cuando no gobierna que cuando forma parte del Gobierno. Liberado de gestionar, explicar sus contradicciones y asumir las consecuencias de sus decisiones, puede marcar la agenda y exigir respuestas sin cargar con sus costes. Su poder reside en delimitar el terreno en el que obliga al Partido Popular a moverse.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un Gobierno acepta el marco que le impone otro, la gesti&oacute;n queda eclipsada. El trabajo realizado y los criterios t&eacute;cnicos pierden importancia; todo se interpreta como victoria, derrota, cesi&oacute;n o rectificaci&oacute;n. La administraci&oacute;n sigue funcionando, pero la pol&iacute;tica ya ha impuesto el significado de lo que sucede.
    </p><p class="article-text">
        Esto no afecta solo a quien ocupa una responsabilidad p&uacute;blica, sino a la credibilidad de todo el Gobierno. Cuando una decisi&oacute;n nace de una negociaci&oacute;n colectiva, pero su coste recae sobre quien debe ejecutarla o explicarla, se produce un desequilibrio injusto y pol&iacute;ticamente desacertado. Un Gobierno debe respaldar la gesti&oacute;n que considera valiosa y explicar sus avances.
    </p><p class="article-text">
        No se puede exigir lealtad en la gesti&oacute;n y ofrecer soledad en la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Como he escrito en otra ocasi&oacute;n, gobernar desde el centro de uno mismo no significa renunciar a los acuerdos, sino negociar sin perder la identidad, escuchar sin asumir siempre el marco del otro y comprender que aprobar unos presupuestos no deber&iacute;a implicar ceder la direcci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Porque tambi&eacute;n se gobierna cuando se decide qu&eacute; no se negocia.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica social no puede quedar reducida a una partida presupuestaria ni convertirse en moneda de cambio. En ella se expresa la idea que un Gobierno tiene de la dignidad, la igualdad de oportunidades y la protecci&oacute;n de las personas vulnerables. Subordinarla al ruido o a la urgencia parlamentaria debilita la identidad de todo un proyecto pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Comunicar la gesti&oacute;n tampoco consiste en acumular cifras, sino en explicar c&oacute;mo cambia la vida de las personas y qu&eacute; idea del servicio p&uacute;blico sostiene cada decisi&oacute;n. Un Gobierno no es m&aacute;s s&oacute;lido &uacute;nicamente porque apruebe sus presupuestos, sino cuando la ciudadan&iacute;a sabe qu&eacute; ha mejorado, hacia d&oacute;nde avanza y qu&eacute; principios lo orientan.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la pol&iacute;tica eclipsa la gesti&oacute;n no pierde solamente quien gestiona. Pierde el Gobierno que deja de tener voz propia y la ciudadan&iacute;a, que ya no alcanza a ver lo que las instituciones hacen &mdash;o podr&iacute;an hacer&mdash; por ella.
    </p><p class="article-text">
        La buena gesti&oacute;n merece una pol&iacute;tica a su altura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Nicolás Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/politica-eclipsa-gestion_132_13400224.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 23 Jul 2026 04:00:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la política eclipsa la gestión]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una política de atención o una política de reconocimiento?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/politica-atencion-politica-reconocimiento_132_13349773.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40ca166f-91b3-47f9-890e-af36bc468b3a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1155y171.jpg" width="1200" height="675" alt="Archivo | Rebeca Pérez junto al presidente de Murcia, Fernando López Miras, y el secretario general del PP, Miguel Tellado, durante la sesión para nombrarla nueva alcaldesa de Murcia, a 22 de mayo de 2026"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante años, las pedanías de Murcia siguieron siendo nombradas en el discurso institucional, pero nombrar un territorio no significa permitirle decidir sobre sí mismo</p></div><p class="article-text">
        <em>Murcia no se entiende sin sus pedan&iacute;as. As&iacute; lo ha afirmado recientemente la alcaldesa Rebeca P&eacute;rez, y conviene tomar esa frase en serio.</em>
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo haber escrito hace a&ntilde;os que la periferia no deb&iacute;a entenderse como un lugar menor, sino como el contorno vivo desde el que tambi&eacute;n se construye una ciudad. Por aquel entonces, coordinaba el Auditorio y Centro de Artes Esc&eacute;nicas de Beniaj&aacute;n, una experiencia que me llevaba a pensar la periferia desde la cultura: desde los centros culturales y los proyectos capaces de democratizar la creaci&oacute;n. Hoy creo que aquella intuici&oacute;n se qued&oacute; corta. En Murcia, hablar de periferia es hablar de transporte, colegios, aceras, limpieza, seguridad vial, consultorios, juventud, mayores, comercio de proximidad, presupuesto, dignidad territorial y, sobre todo, capacidad de acci&oacute;n y competencias.
    </p><p class="article-text">
        La frase de Rebeca P&eacute;rez no deber&iacute;a interpretarse como un eslogan amable, sino como una afirmaci&oacute;n pol&iacute;tica de primer orden. En una entrevista reciente, la alcaldesa afirmaba que &ldquo;Murcia no es Murcia sin sus pedan&iacute;as&rdquo; y recordaba que siete de cada diez habitantes residen en pedan&iacute;as y barrios perif&eacute;ricos. Tambi&eacute;n hablaba de un plan de inversi&oacute;n de 3,6 millones de euros, de juntas de gobierno itinerantes y de un contrato de mantenimiento y conservaci&oacute;n de la v&iacute;a p&uacute;blica en pedan&iacute;as que supera los 12,6 millones de euros. Son cifras importantes. Pero precisamente porque lo son, obligan a formular una pregunta m&aacute;s exigente: &iquest;estamos ante una pol&iacute;tica de atenci&oacute;n o ante una pol&iacute;tica de reconocimiento?
    </p><p class="article-text">
        No es lo mismo atender que reconocer. La atenci&oacute;n llega, escucha, arregla, programa, visita, inaugura, responde. Pero el reconocimiento va m&aacute;s all&aacute;. Reconocer un territorio es aceptar que no solo debe ser atendido desde el centro, sino que tambi&eacute;n debe poder pensar, decidir y construir el futuro del municipio desde s&iacute; mismo, con la participaci&oacute;n activa de sus habitantes y desde las necesidades espec&iacute;ficas de cada territorio.
    </p><p class="article-text">
        La atenci&oacute;n escucha una demanda. El reconocimiento convierte esa demanda en parte real de la planificaci&oacute;n municipal. La atenci&oacute;n mira hacia las pedan&iacute;as. El reconocimiento obliga a mirar desde ellas.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, las pedan&iacute;as de Murcia siguieron siendo nombradas en el discurso institucional, pero nombrar un territorio no significa permitirle decidir sobre s&iacute; mismo. En 2005, durante el mandato de Miguel &Aacute;ngel C&aacute;mara, el Reglamento de Participaci&oacute;n Ciudadana y Distritos unific&oacute; la regulaci&oacute;n sobre participaci&oacute;n, juntas de vecinos y distritos. Sobre el papel, hablaba de participaci&oacute;n ciudadana y gesti&oacute;n desconcentrada; en la pr&aacute;ctica, las juntas municipales ejerc&iacute;an las competencias conferidas por el alcalde o la Junta de Gobierno. Las pedan&iacute;as pod&iacute;an gestionar parte de la vida cotidiana, pero el centro pol&iacute;tico segu&iacute;a estando en La Glorieta.
    </p><p class="article-text">
        Aquella arquitectura institucional no las elimin&oacute;; las domestic&oacute; administrativamente. Les dej&oacute; mantenimiento, fiestas, informes, propuestas, voz vecinal y gesti&oacute;n de proximidad, pero reserv&oacute; para el centro la decisi&oacute;n estrat&eacute;gica, el presupuesto fuerte y la &uacute;ltima palabra. No fue una desaparici&oacute;n. Fue una p&eacute;rdida progresiva de peso pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; est&aacute; una de las claves del debate actual. Las pedan&iacute;as necesitan dejar de ser tratadas como espacios menores de gesti&oacute;n. Una pedan&iacute;a no es solo el lugar donde se coloca un escenario en la plaza, se encienden las luces de Navidad o se arregla un carril. Una pedan&iacute;a es una comunidad pol&iacute;tica. Tiene necesidades propias, ritmos propios, memoria propia y tambi&eacute;n conflictos propios.
    </p><p class="article-text">
        La Glorieta es mucho m&aacute;s que una sede institucional. Es tambi&eacute;n una met&aacute;fora. All&iacute; se firma, se decide, se anuncia, se ordena y se administra. Pero Murcia no cabe entera en La Glorieta. Murcia se extiende por acequias, carriles y veredas. Respira en realidades que no son periferia por estar lejos, sino porque durante demasiado tiempo fueron miradas desde una distancia administrativa.
    </p><p class="article-text">
        El problema no es que exista un centro. Ocurre cuando el centro confunde coordinar con absorber, escuchar con decidir por otros y visitar con compartir poder. Descentralizar es preguntarse qui&eacute;n decide, con qu&eacute; presupuesto, con qu&eacute; autonom&iacute;a y con qu&eacute; capacidad de rendici&oacute;n de cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el debate abierto por Rebeca P&eacute;rez puede ser una oportunidad si no se queda en una pol&iacute;tica de proximidad entendida como presencia. Que una alcaldesa diga que Murcia no se entiende sin sus pedan&iacute;as es importante. Que el Ayuntamiento hable de inversiones, juntas de gobierno itinerantes, mantenimiento de la v&iacute;a p&uacute;blica o mejoras en transporte p&uacute;blico tambi&eacute;n lo es. Pero el reto de fondo es pasar de mirar las pedan&iacute;as como territorios a los que se llega, a reconocerlas como territorios desde los que tambi&eacute;n se gobierna Murcia.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os defend&iacute;a que los centros culturales perif&eacute;ricos pod&iacute;an convertirse en espacios de creaci&oacute;n, participaci&oacute;n vecinal y desarrollo comunitario. Hoy mantengo aquella idea, pero la ampliar&iacute;a: lo que entonces llam&aacute;bamos cultura perif&eacute;rica debe convertirse ahora en ciudadan&iacute;a perif&eacute;rica. Porque la periferia no es un margen vac&iacute;o ni una categor&iacute;a menor. Es una forma concreta de vivir en el municipio.
    </p><p class="article-text">
        Murcia tiene ahora la posibilidad de hacerse una pregunta honesta: &iquest;quiere aplicar una pol&iacute;tica de atenci&oacute;n o una pol&iacute;tica de reconocimiento? La primera puede mejorar servicios. La segunda puede transformar la relaci&oacute;n entre el Ayuntamiento y sus territorios. La primera responde a demandas. La segunda redistribuye poder.
    </p><p class="article-text">
        Porque Murcia no cabe en La Glorieta. Y quiz&aacute; ha llegado el momento de que La Glorieta aprenda, de una vez, a no querer contenerla entera.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Nicolás Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/politica-atencion-politica-reconocimiento_132_13349773.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jul 2026 04:00:12 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todavía a oscuras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/todavia-oscuras_132_13330796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f12e791-2d56-4c8d-9800-99ee7342c2c7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Todavía a oscuras"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Mi generación creció en un tiempo en el que la homosexualidad todavía estaba acompañada por el silencio. Muchos aprendimos antes a adaptarnos que a expresarnos</p></div><p class="article-text">
        Hay lugares donde la oscuridad forma parte de la arquitectura. Y otros donde forma parte de la experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Hemos recorrido un largo camino hacia la visibilidad y, sin embargo, una parte de la homosexualidad masculina sigue desarroll&aacute;ndose en espacios donde la luz parece resultar inc&oacute;moda. Hablo del anonimato, del silencio, de encuentros donde los nombres importan menos que los cuerpos y la identidad queda amputada durante unas horas.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en las saunas, los cuartos oscuros y fen&oacute;menos m&aacute;s complejos como el <em>chemsex</em>. Y me pregunto si detr&aacute;s de todas estas realidades existe una cuesti&oacute;n que rara vez nos hacemos: &iquest;por qu&eacute; seguimos necesitando la oscuridad?
    </p><p class="article-text">
        No escribo desde el juicio moral. La sexualidad pertenece al &aacute;mbito de la libertad individual y la oscuridad puede contener fantas&iacute;a, exploraci&oacute;n o transgresi&oacute;n. Sin embargo, me interesa menos lo que ocurre en esos espacios que aquello que simbolizan.
    </p><p class="article-text">
        Porque la pregunta no tiene que ver &uacute;nicamente con la homosexualidad, sino con la masculinidad. Los hombres homosexuales aun despu&eacute;s de haber salido del armario no necesariamente lo hemos hecho de todos los aprendizajes asociados a ser hombres. 
    </p><p class="article-text">
        Hemos conocido el rechazo por nuestras elecciones afectivas y sexuales, pero eso no significa que hayamos renunciado a todos los privilegios asociados a la masculinidad. Quiz&aacute; por eso resulta dif&iacute;cil encontrar fen&oacute;menos equivalentes con la misma intensidad en los espacios de socializaci&oacute;n sexual entre mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos creciendo en una cultura que premia la autosuficiencia, el consumismo y la inmediatez, dificulta la expresi&oacute;n emocional y nos ense&ntilde;a a ocultar nuestra humanidad como si la cosificaci&oacute;n hubiese impregnado nuestra forma de ser y actuar. Por eso algunas din&aacute;micas presentes en determinados espacios homosexuales masculinos tienen tanto que ver con nuestra experiencia como hombres gays como con la forma en que hemos aprendido a ser hombres.
    </p><p class="article-text">
        Mi generaci&oacute;n creci&oacute; en un tiempo en el que la homosexualidad todav&iacute;a estaba acompa&ntilde;ada por el silencio. Muchos aprendimos antes a adaptarnos que a expresarnos. Antes a vigilar nuestros gestos que a comprender nuestros deseos. Las leyes cambiaron. La sociedad avanz&oacute;. Pero las heridas emocionales no siempre evolucionan al mismo ritmo que los cambios legislativos.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os vi <em>Bailar en la oscuridad</em> (Lars von Trier, 2000). Nunca olvid&eacute; la sensaci&oacute;n que me dej&oacute; aquel t&iacute;tulo. Porque muchos no solo aprendimos a bailar en la oscuridad. Tambi&eacute;n aprendimos a habitar en ella para sobrevivir. Las mismas coreograf&iacute;as que nos ense&ntilde;aron c&oacute;mo sentarnos, hablar o movernos tambi&eacute;n nos ense&ntilde;aron c&oacute;mo deb&iacute;amos desear, acercarnos, protegernos y desaparecer cuando era necesario.
    </p><p class="article-text">
        Coreograf&iacute;as marcadas y aprendidas en habitaciones que contin&uacute;an abiertas dentro de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Porque la oscuridad no siempre es un lugar f&iacute;sico. A veces es una forma de relacionarse. Una forma de encontrarse sin necesidad de explicar qui&eacute;n eres, contar tu historia o mostrar tus miedos.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;qu&eacute; ocurre cuando el anonimato deja de ser una posibilidad y se convierte en una costumbre?
    </p><p class="article-text">
        No creo que el problema sean las saunas, los cuartos oscuros o el sexo an&oacute;nimo. El problema aparece cuando desaparecen el nombre, la conversaci&oacute;n y la posibilidad de reconocer a la persona que existe detr&aacute;s del deseo.
    </p><p class="article-text">
        Recuerdo una frase de la pel&iacute;cula <em>Shortbus</em> (John Cameron Mitchell, 2006): &ldquo;Antes deseaba transformar el mundo; ahora solo aspiro a salir de esta habitaci&oacute;n con algo de dignidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; reside una parte del problema. 
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en una &eacute;poca que nos invita constantemente a buscar m&aacute;s: m&aacute;s experiencias, m&aacute;s placer, m&aacute;s validaci&oacute;n. Sin embargo, detr&aacute;s de algunas b&uacute;squedas compulsivas no hay &uacute;nicamente deseo. Tambi&eacute;n hay soledad. La sensaci&oacute;n de que el siguiente encuentro conseguir&aacute; llenar un vac&iacute;o que reaparece una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Por eso fen&oacute;menos como el <em>chemsex</em> no deber&iacute;an analizarse &uacute;nicamente desde la salud p&uacute;blica o el consumo de sustancias. Tambi&eacute;n invitan a reflexionar sobre la necesidad de pertenencia, la b&uacute;squeda de reconocimiento y las distintas formas que encontramos para escapar temporalmente de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Porque hay vac&iacute;os que el sexo no puede llenar.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os pensamos que la oscuridad era una consecuencia de la discriminaci&oacute;n. Y probablemente lo fue. La pregunta es si parte de esa oscuridad sigue acompa&ntilde;&aacute;ndonos incluso ahora que las circunstancias han cambiado.
    </p><p class="article-text">
        No para culpabilizarnos, sino para comprendernos mejor.
    </p><p class="article-text">
        Porque la verdadera libertad no consiste &uacute;nicamente en poder desear a quien queremos. Tambi&eacute;n tiene que ver con poder hacerlo sin escondernos de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        No seguimos todav&iacute;a a oscuras porque nos guste la oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Seguimos volviendo a ella porque durante demasiado tiempo fue el &uacute;nico escenario donde nos sentimos protegidos y aprendimos a bailar.
    </p><p class="article-text">
        Y algunas de aquellas coreograf&iacute;as marcadas y aprendidas siguen acompa&ntilde;&aacute;ndonos mucho despu&eacute;s de haber abandonado la pista. La soledad reaparece cuando termina la noche y vuelven a encenderse las luces.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Nicolás Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/todavia-oscuras_132_13330796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2026 04:00:08 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[#Más allá de una bandera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bandera_132_13314275.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0d89be9b-0c44-49a1-bd17-c808d25c1f6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1145546.jpg" width="3352" height="1885" alt="#Más allá de una bandera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Seguimos asociando la masculinidad al poder y la feminidad a la vulnerabilidad, incluso en espacios que nacieron precisamente para cuestionar esas categorías</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, en Totana, volvi&oacute; a producirse una pol&eacute;mica en torno a la bandera LGTBIQ+. No es la primera vez que ocurre en la Regi&oacute;n de Murcia. Probablemente tampoco ser&aacute; la &uacute;ltima. Cada mes de junio reaparece el mismo debate: qui&eacute;n puede exhibirla, d&oacute;nde debe colocarse o si representa a toda la ciudadan&iacute;a. Sin embargo, sospecho que el verdadero debate nunca ha sido una bandera.
    </p><p class="article-text">
        Porque las banderas son, en el fondo, s&iacute;mbolos. Superficies sobre las que proyectamos conflictos mucho m&aacute;s profundos. Lo que realmente discutimos cuando discutimos sobre una bandera es qui&eacute;n tiene derecho a ocupar el espacio p&uacute;blico, qu&eacute; identidades consideramos leg&iacute;timas y qu&eacute; formas de vivir aceptamos como normales.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la bandera LGTBIQ+ contin&uacute;a generando incomodidad en determinados sectores. No porque represente &uacute;nicamente una orientaci&oacute;n sexual o una identidad de g&eacute;nero, sino porque cuestiona algo mucho m&aacute;s profundo: la idea de que existe una &uacute;nica forma correcta de vivir, de amar, de relacionarse o incluso de ser hombre y de ser mujer.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo pens&eacute; que la heteronormatividad era algo que ocurr&iacute;a fuera de m&iacute;. La imaginaba como un conjunto de normas impuestas por la sociedad, la familia, la escuela o las instituciones. Un sistema que establec&iacute;a qu&eacute; cuerpos eran aceptables, qu&eacute; relaciones eran leg&iacute;timas y qu&eacute; formas de masculinidad o feminidad deb&iacute;an ocupar el centro del escenario. Con los a&ntilde;os comprend&iacute; algo bastante m&aacute;s inc&oacute;modo: la heteronormatividad no solo vive fuera de nosotros. Muchas veces tambi&eacute;n vive dentro.
    </p><p class="article-text">
        Probablemente una de las mayores paradojas del colectivo LGTBIQ+ sea precisamente esa. Hemos dedicado d&eacute;cadas a cuestionar una norma que nos exclu&iacute;a y, sin embargo, en ocasiones hemos terminado reproduciendo parte de sus mecanismos. Basta observar algunas din&aacute;micas presentes dentro del propio colectivo para comprobar hasta qu&eacute; punto siguen funcionando viejas jerarqu&iacute;as. Seguimos asociando la masculinidad al poder y la feminidad a la vulnerabilidad, incluso en espacios que nacieron precisamente para cuestionar esas categor&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        A veces basta mirar c&oacute;mo nos presentamos en determinadas aplicaciones para ligar. Una de las primeras preguntas que suelen aparecer es aparentemente sencilla: &iquest;activo o pasivo? La pregunta parece inocente y, sin embargo, muchas veces moviliza un imaginario cultural heredado durante siglos. Con demasiada frecuencia seguimos asociando lo activo a la masculinidad, la iniciativa o el poder, y lo pasivo a la feminidad, la receptividad o la dependencia. Como si incluso dentro de las relaciones entre hombres continu&aacute;ramos necesitando reproducir viejos papeles para comprendernos. Como si la heteronormatividad siguiera funcionando incluso all&iacute; donde aparentemente ha sido cuestionada.
    </p><p class="article-text">
        La llamada pluma contin&uacute;a siendo otro ejemplo revelador. Todav&iacute;a hoy determinadas formas de expresarse siguen siendo juzgadas dentro y fuera del colectivo. Como si lo masculino siguiera ocupando una posici&oacute;n privilegiada y lo femenino necesitara justificarse constantemente.
    </p><p class="article-text">
        Pero la cuesti&oacute;n va todav&iacute;a m&aacute;s lejos. Porque la heteronormatividad no solo nos ense&ntilde;a c&oacute;mo deben relacionarse los hombres y las mujeres. Tambi&eacute;n nos acostumbra a clasificar, etiquetar y ordenar la experiencia humana en categor&iacute;as aparentemente estables y binarias: heterosexual u homosexual, masculino o femenino, hombre o mujer. Como si la complejidad de una vida pudiera resumirse siempre en dos casillas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la experiencia humana rara vez permanece inm&oacute;vil. Cambiamos de ideas, de v&iacute;nculos, de deseos y de formas de habitar nuestro cuerpo. Una de las cuestiones m&aacute;s inc&oacute;modas para nuestra &eacute;poca es hasta qu&eacute; punto somos libres para definir qui&eacute;nes somos.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os buena parte del debate se ha articulado alrededor de la idea de la orientaci&oacute;n sexual. Pero tambi&eacute;n existen perspectivas que ponen el acento en algo diferente: nuestra capacidad para explorar, elegir, redefinir o transformar aspectos de nuestra identidad y de nuestros afectos. No se trata de negar la experiencia de quienes sienten su identidad como algo estable, sino de reconocer que la experiencia humana suele ser m&aacute;s compleja que las categor&iacute;as con las que intentamos explicarla.
    </p><p class="article-text">
        La libertad no consiste &uacute;nicamente en que se respeten nuestras orientaciones, sino tambi&eacute;n en reconocer nuestra capacidad de elecci&oacute;n sexual: la posibilidad de explorar, descubrir, cambiar, transitar y redefinir aquello que cre&iacute;amos inmutable. Y junto a esa libertad aparece tambi&eacute;n una responsabilidad. Porque si no somos responsables de nuestras decisiones, tampoco somos responsables de nuestras transformaciones. Y si no tenemos capacidad para elegir, dif&iacute;cilmente podremos tener capacidad para cambiar.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; la verdadera libertad no consista &uacute;nicamente en ser reconocidos por quienes somos, sino en asumir la responsabilidad de elegir qui&eacute;n queremos ser, explorar qui&eacute;n podr&iacute;amos llegar a ser y conservar siempre la posibilidad de transformarnos. Porque una vida verdaderamente libre no es aquella que permanece inm&oacute;vil, sino aquella que conserva el derecho, y tambi&eacute;n la responsabilidad, de cambiar.
    </p><p class="article-text">
        Las personas trans han contribuido de manera decisiva a ampliar nuestra comprensi&oacute;n de la identidad. No &uacute;nicamente porque cuestionen las fronteras tradicionales entre hombre y mujer, sino porque nos recuerdan que la experiencia humana es siempre m&aacute;s compleja que las categor&iacute;as con las que intentamos describirla.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me resulta tan interesante la bandera. Porque muchas veces olvidamos que no representa &uacute;nicamente derechos. Representa tambi&eacute;n una invitaci&oacute;n permanente a cuestionar la norma; a preguntarnos qui&eacute;n define qu&eacute; es normal y hasta qu&eacute; punto seguimos reproduciendo dentro de nosotros mismos aquello que creemos haber dejado atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el verdadero debate nunca haya sido una bandera. Quiz&aacute; el verdadero debate siga siendo qui&eacute;n tiene derecho a definir las reglas del juego. Y quiz&aacute; la bandera contin&uacute;e resultando inc&oacute;modo precisamente porque nos recuerda algo que todav&iacute;a no hemos terminado de resolver: que la norma sigue ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Fuera de nosotros. Y, a veces, tambi&eacute;n dentro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Nicolás Martínez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/murcia/murcia-y-aparte/bandera_132_13314275.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Jun 2026 04:00:40 +0000]]></pubDate>
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