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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristóbal Amaro López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cristobal-amaro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristóbal Amaro López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
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    <item>
      <title><![CDATA[¿Dónde están nuestras líneas rojas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lineas-rojas_132_13419407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71d87916-46cb-4673-9530-ca7c362d353c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dónde están nuestras líneas rojas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No me preocupan las siglas. Me preocupan las ideas. Porque las siglas cambian. Las ideas permanecen. Y las ideas, tarde o temprano, acaban convirtiéndose en leyes. O en la ausencia de ellas

</p></div><p class="article-text">
        Hay personas que hoy, en Canarias, siguen esperando a&ntilde;os para que la Administraci&oacute;n les reconozca oficialmente una discapacidad. Mientras esperan, la vida no se detiene. Las oportunidades, tampoco.
    </p><p class="article-text">
        No porque est&eacute;n pidiendo un privilegio. Ni porque quieran vivir de una ayuda p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de ellas simplemente quieren trabajar. Quieren estudiar. Quieren construir un proyecto de vida como cualquier otra persona. Pero mientras ese reconocimiento no llega, tampoco llegan determinados apoyos, adaptaciones o derechos que la ley les reconoce.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s triste es que, cuando por fin reciben la resoluci&oacute;n, muchas veces no sienten alegr&iacute;a. Sienten alivio. Y un derecho nunca deber&iacute;a llegar tan tarde como para convertirse &uacute;nicamente en un alivio.
    </p><p class="article-text">
        Conozco esa espera demasiado bien. No la cuento por teor&iacute;a. La cuento porque tambi&eacute;n he aprendido lo que significa que un derecho llegue tarde.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en todo esto mientras escuchaba estas semanas que el Partido Popular de Tenerife no establece l&iacute;neas rojas para alcanzar acuerdos con Vox si las urnas as&iacute; lo permiten.
    </p><p class="article-text">
        No cuestiono el derecho de ning&uacute;n partido a buscar mayor&iacute;as. Eso forma parte de la democracia. La pregunta que me hago es otra: &iquest;cu&aacute;les son las l&iacute;neas rojas de una sociedad?
    </p><p class="article-text">
        Lo pregunto porque pertenezco a uno de esos colectivos que sabe perfectamente que los derechos nunca fueron un regalo.
    </p><p class="article-text">
        Las personas con discapacidad fuimos de las &uacute;ltimas en incorporarnos plenamente a la igualdad de oportunidades. Hubo que luchar para que la accesibilidad dejara de entenderse como una concesi&oacute;n. Para que estudiar en igualdad de condiciones dejara de parecer una excepci&oacute;n. Para que trabajar dependiera del talento y no de una limitaci&oacute;n. Para que la dependencia dejara de ser caridad y pasara a ser un derecho.
    </p><p class="article-text">
        Nada de eso apareci&oacute; por casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Fue el resultado de d&eacute;cadas de esfuerzo de miles de familias, asociaciones y personas que entendieron que una sociedad solo progresa cuando nadie se queda atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me cuesta escuchar que determinadas pol&iacute;ticas sociales se presenten como un lujo o como una carga. Porque cuando uno ha tenido que pelear por derechos tan b&aacute;sicos aprende que ninguno est&aacute; garantizado para siempre.
    </p><p class="article-text">
        No me preocupan las siglas. Me preocupan las ideas. Porque las siglas cambian. Las ideas permanecen. Y las ideas, tarde o temprano, acaban convirti&eacute;ndose en leyes. O en la ausencia de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa cualquier idea que cuestione pol&iacute;ticas que han permitido avanzar a quienes hist&oacute;ricamente han tenido m&aacute;s dif&iacute;cil ejercer sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa que, en una tierra especialmente vulnerable como Canarias, se minimicen desaf&iacute;os como el cambio clim&aacute;tico o se planteen transformaciones profundas de nuestro territorio sin un debate sereno.
    </p><p class="article-text">
        Y me preocupa, sobre todo, cualquier planteamiento que termine debilitando el Estado del bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Porque el Estado del bienestar no existe para hacer m&aacute;s c&oacute;moda la vida de quien ya puede resolverlo todo por s&iacute; solo.
    </p><p class="article-text">
        Existe para sostener a quien, en alg&uacute;n momento de su vida, necesita que la sociedad no le d&eacute; la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos sociales nunca son un privilegio para quien los necesita.
    </p><p class="article-text">
        Son la diferencia entre poder construir un proyecto de vida o pasar a&ntilde;os esperando a que una administraci&oacute;n, una resoluci&oacute;n o una ayuda decidan cu&aacute;ndo puedes empezar a vivirlo.
    </p><p class="article-text">
        Quien nunca ha necesitado una prestaci&oacute;n de dependencia, una adaptaci&oacute;n en su puesto de trabajo o el reconocimiento de una discapacidad puede llegar a pensar que todo esto son simplemente pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        No lo son. Son vidas. Son padres que viven con el miedo de qu&eacute; ocurrir&aacute; con su hijo cuando ellos ya no est&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Son j&oacute;venes que quieren trabajar y no pueden acceder a determinadas oportunidades porque la Administraci&oacute;n todav&iacute;a no ha reconocido oficialmente una realidad que condiciona cada uno de sus d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Son personas mayores que fallecen antes de que llegue la ayuda que la ley les promet&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por eso los derechos sociales nunca son un privilegio. Son la diferencia entre vivir con autonom&iacute;a o depender siempre de la buena voluntad de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me ha llamado la atenci&oacute;n que haya quien considere un exceso proteger a quienes todav&iacute;a ni siquiera est&aacute;n siendo protegidos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ese sea el verdadero debate. No si tenemos demasiados derechos. Sino por qu&eacute; seguimos llegando tarde a garantizarlos.
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas para decirle a nadie a qui&eacute;n debe votar. Cada ciudadano debe decidirlo libremente. Pero s&iacute; creo que todos tenemos la obligaci&oacute;n de preguntarnos qu&eacute; ideas estamos dispuestos a normalizar y cu&aacute;les deber&iacute;an seguir siendo una l&iacute;nea roja.
    </p><p class="article-text">
        Porque las l&iacute;neas rojas no existen &uacute;nicamente para facilitar o impedir pactos. Existen para recordarnos aquello que una sociedad nunca deber&iacute;a estar dispuesta a negociar.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos no se hicieron para quienes nunca los necesitar&aacute;n. Se hicieron para protegernos el d&iacute;a en que la vida deje de preguntarnos si estamos preparados.
    </p><p class="article-text">
        Mientras discutimos sobre pactos, estrategias y mayor&iacute;as, hay personas que siguen esperando una resoluci&oacute;n que la ley dec&iacute;a que deb&iacute;a llegar hace meses.
    </p><p class="article-text">
        Ellas no necesitan discursos. Necesitan que el Estado funcione. Necesitan que la igualdad de oportunidades deje de ser una promesa. Necesitan que sus derechos lleguen a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Las l&iacute;neas rojas no deber&iacute;an depender de un partido ni de una legislatura. Deber&iacute;an empezar siempre en el mismo lugar: donde una sociedad deja de proteger a quienes m&aacute;s la necesitan.
    </p><p class="article-text">
        Porque una democracia no demuestra su grandeza &uacute;nicamente por la facilidad con la que forma gobiernos. La demuestra, sobre todo, por la firmeza con la que protege la dignidad de las personas m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Los gobiernos cambian. Las mayor&iacute;as cambian. Las legislaturas terminan.
    </p><p class="article-text">
        Pero una sociedad que deja de proteger a quienes m&aacute;s la necesitan termina perdiendo mucho m&aacute;s que un debate pol&iacute;tico. Termina perdi&eacute;ndose a s&iacute; misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lineas-rojas_132_13419407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 07:05:05 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Dónde están nuestras líneas rojas?]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La banca descubrió tarde que no todos podemos vivir dentro de una aplicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/banca-descubrio-tarde-no-vivir-aplicacion_132_13403247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6484bc26-437c-43b0-b3a9-b62258788836_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La banca descubrió tarde que no todos podemos vivir dentro de una aplicación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las administraciones llevan años aprobando normas sobre accesibilidad. Los bancos llevan años hablando de inclusión financiera. Y, sin embargo, todavía hoy muchas personas necesitan ayuda para realizar operaciones que deberían poder hacer por sí mismas
</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as le&iacute; una noticia que, en principio, deber&iacute;a alegrarnos: Las personas mayores de 65 a&ntilde;os y las personas con una discapacidad reconocida igual o superior al 33% ya no podr&aacute;n ser penalizadas con determinadas comisiones por retirar efectivo en ventanilla.
    </p><p class="article-text">
        La medida reconoce una realidad que millones de ciudadanos conocen desde hace a&ntilde;os: no todo el mundo puede relacionarse con su banco exclusivamente a trav&eacute;s de una pantalla, una aplicaci&oacute;n m&oacute;vil o un cajero autom&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Y me parece una buena noticia.
    </p><p class="article-text">
        Pero mientras la le&iacute;a no pod&iacute;a dejar de pensar en algo. El problema nunca fueron &uacute;nicamente las comisiones. El problema era todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        He acudido a oficinas bancarias para realizar operaciones que cualquier cliente deber&iacute;a poder hacer de manera aut&oacute;noma. Sacar dinero. Ingresar efectivo. Consultar informaci&oacute;n. Gestiones sencillas, cotidianas, que forman parte de la vida de cualquier persona.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en demasiadas ocasiones me he encontrado con una realidad muy distinta. El cajero no era accesible. La operaci&oacute;n no pod&iacute;a realizarla por m&iacute; mismo. Y entonces aparec&iacute;a una escena que miles de personas mayores y con discapacidad conocen perfectamente.
    </p><p class="article-text">
        Un trabajador de la entidad se acerca para ayudar.
    </p><p class="article-text">
        Y conviene decirlo claramente: la inmensa mayor&iacute;a de los empleados bancarios que he encontrado han mostrado profesionalidad, paciencia y voluntad de ayudar.
    </p><p class="article-text">
        No es una cr&iacute;tica hacia ellos. Todo lo contrario. Est&aacute;n intentando solucionar un problema que no han creado.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pregunta sigue siendo la misma.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la soluci&oacute;n consiste en que otra persona haga por m&iacute; algo que deber&iacute;a poder hacer yo mismo?
    </p><p class="article-text">
        Porque para ayudarme a utilizar un cajero, esa persona necesita acceder a informaci&oacute;n que pertenece exclusivamente a mi esfera privada. Mi n&uacute;mero de cuenta. Mi saldo. Los movimientos que realizo. La cantidad de dinero que ingreso. La cantidad de dinero que retiro. Los conceptos de determinadas operaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y, en ocasiones, incluso mi n&uacute;mero PIN.
    </p><p class="article-text">
        La escena suele producirse adem&aacute;s en espacios abiertos, con otros clientes esperando turno, entrando y saliendo de la oficina, escuchando fragmentos de conversaciones o contemplando involuntariamente una operaci&oacute;n que deber&iacute;a pertenecer &uacute;nicamente al &aacute;mbito privado de quien la realiza.
    </p><p class="article-text">
        Y es precisamente ah&iacute; donde aparece el verdadero problema.
    </p><p class="article-text">
        No creo que eso sea inclusi&oacute;n. Creo que eso es vulnerabilidad. Porque la vulnerabilidad no siempre aparece cuando alguien nos niega un derecho.
    </p><p class="article-text">
        A veces aparece cuando para ejercerlo tenemos que renunciar a nuestra intimidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona mayor tiene que explicar una operaci&oacute;n bancaria delante de desconocidos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona con discapacidad necesita revelar informaci&oacute;n privada para completar una gesti&oacute;n cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la autonom&iacute;a depende de la presencia y de la buena voluntad de terceros.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Aceptar&iacute;amos con normalidad que cualquier otro cliente tuviera que decir su PIN en voz alta delante de varias personas para poder utilizar su banco?
    </p><p class="article-text">
        Probablemente no.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; parece aceptable cuando se trata de una persona mayor o con discapacidad?
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os hemos escuchado hablar de protecci&oacute;n de datos, privacidad, seguridad inform&aacute;tica y confidencialidad. Se nos recuerda constantemente la importancia de proteger nuestras claves, nuestras contrase&ntilde;as y nuestra informaci&oacute;n bancaria.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando una persona no puede utilizar de forma aut&oacute;noma los canales que le imponen, parece asumirse con naturalidad que deba compartir parte de esa informaci&oacute;n con terceros para completar una operaci&oacute;n b&aacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        No creo que eso sea normal. Y tampoco creo que sea seguro. Porque no estamos hablando &uacute;nicamente de comodidad. Estamos hablando de intimidad. Estamos hablando de seguridad. Estamos hablando de dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os se nos empuj&oacute; hacia la digitalizaci&oacute;n como si fuera una soluci&oacute;n universal.
    </p><p class="article-text">
        Las oficinas cerraron. La atenci&oacute;n presencial disminuy&oacute;. Los cajeros asumieron funciones que antes realizaban las personas.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto se daba por hecho que todo el mundo pod&iacute;a seguir el mismo ritmo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no era cierto.
    </p><p class="article-text">
        Existe una diferencia enorme entre digitalizar un servicio y hacerlo accesible.
    </p><p class="article-text">
        Las administraciones llevan a&ntilde;os aprobando normas sobre accesibilidad. Los bancos llevan a&ntilde;os hablando de inclusi&oacute;n financiera. Y, sin embargo, todav&iacute;a hoy muchas personas necesitan ayuda para realizar operaciones que deber&iacute;an poder hacer por s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s dif&iacute;cil de entender es que esta situaci&oacute;n se haya prolongado durante tanto tiempo en un sector que ha acumulado beneficios multimillonarios durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Resulta leg&iacute;timo preguntarse si una parte de esos recursos no deber&iacute;a haberse destinado mucho antes a garantizar algo tan b&aacute;sico como la accesibilidad, la autonom&iacute;a y la seguridad de todos los clientes.
    </p><p class="article-text">
        Porque muchas de esas entidades cuentan adem&aacute;s con fundaciones que impulsan proyectos sociales, culturales y educativos de enorme valor para la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente por eso la pregunta resulta todav&iacute;a m&aacute;s necesaria.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que sigamos hablando de inclusi&oacute;n financiera mientras miles de personas contin&uacute;an necesitando ayuda para gestionar su propio dinero?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que sigamos celebrando avances que deber&iacute;an haberse producido hace a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Por eso la reciente eliminaci&oacute;n de determinadas comisiones resulta tan significativa.
    </p><p class="article-text">
        Porque supone, en el fondo, un reconocimiento impl&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de que no todos podemos vivir dentro de una aplicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de que la atenci&oacute;n presencial sigue siendo necesaria.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de que la autonom&iacute;a no puede depender exclusivamente de una pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n deber&iacute;a servir para abrir una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda.
    </p><p class="article-text">
        Porque la verdadera exclusi&oacute;n financiera no empieza cuando te cobran una comisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando no puedes utilizar un servicio en igualdad de condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando necesitas revelar informaci&oacute;n privada para realizar una operaci&oacute;n sencilla.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando tu seguridad depende de la ayuda de otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando la tecnolog&iacute;a, en lugar de darte independencia, te obliga a renunciar a una parte de tu intimidad.
    </p><p class="article-text">
        La accesibilidad no consiste en que alguien haga las cosas por ti.
    </p><p class="article-text">
        La accesibilidad consiste en que puedas hacerlas por ti mismo.
    </p><p class="article-text">
        Y la verdadera inclusi&oacute;n no comienza cuando alguien te ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Comienza cuando ya no necesitas ayuda para hacer algo tan simple como gestionar tu propio dinero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/banca-descubrio-tarde-no-vivir-aplicacion_132_13403247.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 07:10:04 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dependencia reconoce derechos. Canarias todavía obliga a esperarlos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dependencia-reconoce-derechos-canarias-todavia-obliga-esperarlos_132_13386743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1f68720-2d1d-44df-819f-c043d1a9d760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La dependencia reconoce derechos. Canarias todavía obliga a esperarlos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Yo esperé cerca de dos años para que una prestación que ya me correspondía empezara a hacerse efectiva. Pero lo más duro no fue mi espera. Lo más duro fue ver cómo mis dos abuelas y un tío fallecieron con la dependencia solicitada, tramitada o prácticamente resuelta, sin llegar nunca a disfrutar del derecho que la ley les reconocía
</p></div><p class="article-text">
        Hay leyes que cambian un pa&iacute;s. Y hay leyes que cambian una vida. <strong>La Ley de Dependencia</strong> consigui&oacute; ambas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando fue aprobada, Espa&ntilde;a dio un paso que muy pocos pa&iacute;ses hab&iacute;an sido capaces de dar hasta entonces: reconocer que las personas que, por la edad, una enfermedad o una discapacidad, necesitan apoyos para vivir con dignidad no estaban pidiendo un favor.
    </p><p class="article-text">
        Estaban ejerciendo un derecho. Y eso lo cambia todo. Porque un derecho no depende de la buena voluntad de nadie. No depende de la suerte. No depende del c&oacute;digo postal. No depende de la capacidad econ&oacute;mica de una familia.
    </p><p class="article-text">
        Depende de que el Estado responda.
    </p><p class="article-text">
        Por eso sigo pensando que la Ley de Dependencia es una de las leyes m&aacute;s humanas que ha aprobado nuestra democracia.
    </p><p class="article-text">
        No habla &uacute;nicamente de prestaciones econ&oacute;micas. Habla de dignidad. Habla de autonom&iacute;a. Habla de igualdad de oportunidades. Habla de la tranquilidad de miles de familias que saben que alg&uacute;n d&iacute;a necesitar&aacute;n ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Y ese d&iacute;a llega antes de lo que imaginamos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta esperanzador comprobar que durante este a&ntilde;o el Gobierno de Espa&ntilde;a ha reforzado el Sistema para la Autonom&iacute;a y Atenci&oacute;n a la Dependencia, incrementando la financiaci&oacute;n y ampliando derechos y apoyos para que las personas puedan permanecer el mayor tiempo posible en su entorno.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el camino.
    </p><p class="article-text">
        Porque una sociedad se mide por la manera en que trata a quienes m&aacute;s apoyo necesitan. 
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces bajo la mirada. Y vuelvo a Canarias. Y la esperanza deja paso a la preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el Gobierno de Canarias ha impulsado planes de choque, ha incorporado nuevos profesionales, ha reducido parte de las listas de espera y ha agilizado determinados procedimientos.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a injusto no reconocer esos avances. Cuando una administraci&oacute;n mejora, tambi&eacute;n hay que decirlo.
    </p><p class="article-text">
        Pero reconocer los avances no puede impedirnos mirar de frente la realidad. Y la realidad sigue siendo demasiado dura.
    </p><p class="article-text">
        La espera media contin&uacute;a muy por encima del plazo que marca la propia ley.
    </p><p class="article-text">
        Mientras algunos expedientes nuevos comienzan a resolverse con mayor rapidez, miles de personas siguen atrapadas en una lista de espera acumulada durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y el tiempo, para una persona dependiente, nunca es un dato estad&iacute;stico. Es vida. Porque detr&aacute;s de cada expediente hay un nombre. Hay una familia. Hay una enfermedad que contin&uacute;a avanzando. Hay una persona mayor que cada d&iacute;a pierde un poco m&aacute;s de autonom&iacute;a.Hay una persona con discapacidad que necesita apoyos para poder desarrollar su proyecto de vida.
    </p><p class="article-text">
        Hay un cuidador agotado. Hay hijos que reorganizan su vida para cuidar de sus padres. Hay padres que contin&uacute;an cuidando de hijos adultos con discapacidad sin saber cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s podr&aacute;n hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Y hay algo todav&iacute;a m&aacute;s doloroso.
    </p><p class="article-text">
        Conozco a muchas familias cuyo mayor miedo no es la discapacidad de su hijo. Es el d&iacute;a en que ellos falten.
    </p><p class="article-text">
        Hay padres que no le tienen miedo a la discapacidad de su hijo. Le tienen miedo al d&iacute;a en que ellos ya no est&eacute;n para seguir cuid&aacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se le explica a una madre que el mayor miedo de su vida sigue esperando un n&uacute;mero de expediente?
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hablo desde mi propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Yo esper&eacute; cerca de dos a&ntilde;os para que una prestaci&oacute;n que ya me correspond&iacute;a empezara a hacerse efectiva. Pero lo m&aacute;s duro no fue mi espera.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s duro fue ver c&oacute;mo mis dos abuelas y un t&iacute;o fallecieron con la dependencia solicitada, tramitada o pr&aacute;cticamente resuelta, sin llegar nunca a disfrutar del derecho que la ley les reconoc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando eso ocurre, uno comprende que ya no estamos hablando de burocracia.
    </p><p class="article-text">
        Estamos hablando de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Y el tiempo, para una persona dependiente, es el recurso m&aacute;s valioso y el m&aacute;s escaso de todos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el dato m&aacute;s duro nunca ser&aacute; el n&uacute;mero de expedientes pendientes. El dato m&aacute;s duro es que todav&iacute;a haya personas que fallecen antes de recibir la ayuda que el propio Estado ya les hab&iacute;a reconocido.
    </p><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n puede permitirse contar expedientes. Las familias contamos sillas vac&iacute;as alrededor de la mesa.
    </p><p class="article-text">
        Especialmente cuando llega la Navidad y ese lugar permanece vac&iacute;o porque el derecho lleg&oacute; demasiado tarde.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la estad&iacute;stica que nunca aparece en los informes. Y, sin embargo, es la que m&aacute;s duele.
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas para se&ntilde;alar a un gobierno concreto.
    </p><p class="article-text">
        La dependencia lleva demasiados a&ntilde;os siendo motivo de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica mientras las familias siguen esperando.
    </p><p class="article-text">
        Hoy gobiernan unos. Ayer gobernaban otros. Y las listas de espera contin&uacute;an formando parte de nuestra realidad.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ha llegado el momento de dejar de discutir qui&eacute;n tiene la culpa para empezar a preguntarnos qui&eacute;n tiene la responsabilidad de resolverlo de una vez.
    </p><p class="article-text">
        Porque la Ley de Dependencia no necesita m&aacute;s discursos. Necesita menos espera. Necesita menos burocracia. Necesita m&aacute;s profesionales. M&aacute;s recursos. M&aacute;s coordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, necesita comprender algo que ning&uacute;n procedimiento administrativo deber&iacute;a olvidar jam&aacute;s. La dependencia no espera. Las enfermedades no esperan. La vejez no espera. La discapacidad no espera. La vida tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Solo esperan las personas.
    </p><p class="article-text">
        Y eso deber&iacute;a interpelarnos a todos.
    </p><p class="article-text">
        Porque las leyes m&aacute;s importantes no se juzgan por lo bien que est&aacute;n escritas. Se juzgan por las personas que llegan a tiempo a beneficiarse de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad no demuestra su grandeza cuando aprueba una ley. La demuestra cuando consigue que esa ley llegue a tiempo a la vida de quienes ya no pueden seguir esperando.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras una familia tenga que despedir a un padre, a una madre, a un abuelo, a una abuela o a un hijo con un derecho reconocido, pero nunca disfrutado, la dependencia seguir&aacute; teniendo una deuda pendiente.
    </p><p class="article-text">
        No con los expedientes.
    </p><p class="article-text">
        Con las personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dependencia-reconoce-derechos-canarias-todavia-obliga-esperarlos_132_13386743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 07:41:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La dependencia reconoce derechos. Canarias todavía obliga a esperarlos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasarela-inauguro-igualdad-oportunidades-todavia-no_132_13372627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/001056b1-e815-4d28-864d-9508e2143f6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace unos días crucé la nueva pasarela. O, mejor dicho, intenté cruzarla. Soy una persona ciega. Mientras avanzaba, no pensaba en arquitectura. Ni en ingeniería. Ni en el presupuesto de la obra. Pensaba en algo mucho más sencillo. En no perder la referencia
</p></div><p class="article-text">
        Ha pasado algo m&aacute;s de un mes desde que <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/la_laguna/pasarela-padre-anchieta-abre-publico-cinco-anos-obras-retrasos-sobrecostes-inversion-13-millones_1_13227544.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se inaugur&oacute; la pasarela del Padre Anchieta</a>. Ya no quedan c&aacute;maras. Ni discursos. Ni fotograf&iacute;as del corte de cinta.
    </p><p class="article-text">
        Ha transcurrido el tiempo suficiente para que una obra p&uacute;blica deje de pertenecer a quienes la proyectaron y empiece a pertenecer a quienes la utilizan cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente ah&iacute; comienza esta historia.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as cruc&eacute; la nueva pasarela. O, mejor dicho, intent&eacute; cruzarla. Soy una persona ciega.
    </p><p class="article-text">
        Mientras avanzaba, no pensaba en arquitectura. Ni en ingenier&iacute;a. Ni en el presupuesto de la obra. Pensaba en algo mucho m&aacute;s sencillo. En no perder la referencia. En saber por d&oacute;nde continuar. En moverme con la misma tranquilidad con la que cualquier otra persona atraviesa un espacio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona tiene que dedicar toda su atenci&oacute;n a algo tan b&aacute;sico como orientarse para cruzar una infraestructura, comprende que la accesibilidad no puede darse nunca por supuesta.
    </p><p class="article-text">
        Aquella ma&ntilde;ana no fui el &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n realizaron el recorrido personas usuarias de silla de ruedas, personas con dificultades de movilidad, personas mayores, personas que utilizan un andador y otras que necesitan apoyo para desplazarse.
    </p><p class="article-text">
        Cada una encontr&oacute; una dificultad distinta.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces apareci&oacute; una pregunta que todav&iacute;a hoy sigue acompa&ntilde;&aacute;ndome. &iquest;Cu&aacute;ndo podemos decir de verdad que una infraestructura es accesible? &iquest;Cu&aacute;ndo termina la obra? &iquest;Cu&aacute;ndo cumple una normativa? &iquest;O cuando cualquier persona puede utilizarla con autonom&iacute;a, seguridad y dignidad?
    </p><p class="article-text">
        Creo que ah&iacute; est&aacute; la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Porque la accesibilidad nunca ha sido &uacute;nicamente una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica. Es, sobre todo, una cuesti&oacute;n de dignidad. Y tambi&eacute;n de igualdad de oportunidades. Significa que una persona ciega pueda orientarse con seguridad. Que una persona mayor no tenga que preguntarse si tendr&aacute; fuerzas para llegar arriba. Que quien utiliza una silla de ruedas o un andador pueda desplazarse sin depender de otra persona. Que nadie tenga que renunciar a un recorrido porque el esfuerzo que exige supera sus posibilidades.
    </p><p class="article-text">
        Las barreras m&aacute;s dif&iacute;ciles de derribar no siempre son las de hormig&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Son las que no aparecen en los planos. Las que nacen cuando creemos que una infraestructura termina el d&iacute;a que se inaugura.
    </p><p class="article-text">
        La realidad demuestra que empieza ese mismo d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos a&ntilde;os hablando de la accesibilidad universal.
    </p><p class="article-text">
        Aprobamos leyes. Redactamos reglamentos. Inauguramos infraestructuras. Pero seguimos olvidando la &uacute;nica prueba que realmente importa.
    </p><p class="article-text">
        La de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Porque una pendiente dibujada sobre un plano nunca se cansa. Un plano nunca pierde la orientaci&oacute;n. Un proyecto nunca necesita detenerse para recuperar el aliento. Las personas s&iacute;. Y por eso la accesibilidad no puede evaluarse &uacute;nicamente desde un despacho. Debe comprobarse caminando. Utilizando un bast&oacute;n. Empujando una silla de ruedas. Avanzando con un andador. Envejeciendo.
    </p><p class="article-text">
        Viviendo la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas para desacreditar una obra. Las escribo porque todav&iacute;a estamos a tiempo de mejorarla. Escuchar a quienes encuentran dificultades no deber&iacute;a interpretarse como una cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;a entenderse como la mejor oportunidad para construir ciudades mejores. Porque rectificar no debilita a una administraci&oacute;n. La fortalece.
    </p><p class="article-text">
        Y demuestra que entiende que las ciudades no se construyen para admirarlas. Se construyen para habitarlas. Las ciudades no se parecen a sus edificios. Se parecen a los valores con los que fueron dise&ntilde;adas.
    </p><p class="article-text">
        Y una sociedad no demuestra su grandeza el d&iacute;a que inaugura una infraestructura. La demuestra cuando cualquier persona &mdash;tenga o no una discapacidad, sea mayor, utilice un bast&oacute;n, un andador o una silla de ruedas&mdash; puede recorrerla con la misma autonom&iacute;a, la misma dignidad y las mismas oportunidades que las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Porque la accesibilidad no empieza cuando se corta una cinta. Empieza cuando deja de ser una promesa y se convierte, sencillamente, en una realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasarela-inauguro-igualdad-oportunidades-todavia-no_132_13372627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 17:31:55 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hipocresia-pais-memoria-odio-caja_132_13353285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80efcc5d-90a5-4866-8740-2d0ee89469d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se habla de invasión, pero nadie renuncia a los beneficios que generan esas personas explotadas. Se habla de delincuencia, pero nadie devuelve el alquiler abusivo cobrado a familias inmigrantes hacinadas. Se habla de proteger España, mientras se construyen negocios enteros sobre la precariedad de quienes llegaron aquí sin nada</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene un problema grav&iacute;simo de memoria. Y no, no hablo solo de los pol&iacute;ticos ultras que han decidido convertir el sufrimiento humano en una campa&ntilde;a electoral permanente. Hablo tambi&eacute;n de una parte de la sociedad que aplaude discursos miserables contra la inmigraci&oacute;n mientras llena sus bolsillos gracias al sudor de quienes vienen de fuera intentando sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Resulta indignante escuchar a determinados partidos pol&iacute;ticos, tribunales y a instituciones como la Comunidad de Madrid pedir a los jueces que frenen o anulen procesos de regularizaci&oacute;n de inmigrantes, como si habl&aacute;ramos de mercanc&iacute;a defectuosa y no de personas. Personas. Seres humanos. Familias enteras que han cruzado oc&eacute;anos, desiertos y fronteras huyendo exactamente de lo mismo de lo que huyeron millones de espa&ntilde;oles durante d&eacute;cadas: hambre, guerra, miedo y desesperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; r&aacute;pido se nos olvida que media Espa&ntilde;a tuvo que escapar tras la Guerra Civil. Qu&eacute; r&aacute;pido se borra de la memoria colectiva aquella posguerra miserable donde nuestros abuelos o padres sobreviv&iacute;an entre cartillas de racionamiento, hambre y humillaci&oacute;n. Espa&ntilde;oles acogidos en Francia, Alemania, Suiza, M&eacute;xico, Argentina o Venezuela. Espa&ntilde;oles limpiando suelos, trabajando en f&aacute;bricas y levantando pa&iacute;ses ajenos para poder mandar dinero a casa y alimentar a sus familias.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y ahora pretendemos mirar por encima del hombro a quien hace exactamente lo mismo?
    </p><p class="article-text">
        La hipocres&iacute;a en este pa&iacute;s ya no tiene l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        Porque los mismos que vomitan discursos contra los inmigrantes no tienen ning&uacute;n problema en alquilarles pisos infectos a precios criminales. Los mismos que dicen que &ldquo;sobran extranjeros&rdquo; son los primeros en cobrarles 900 euros por habitaciones sin ventanas. Los mismos que se indignan por ver manteros en la calle luego no rechazan el dinero cuando esos inmigrantes compran en sus negocios, trabajan en sus empresas o sostienen sectores enteros de la econom&iacute;a con salarios de miseria.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; curioso: para insultarlos s&iacute; sirven, pero para cobrarles nunca molestan.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; desaparece la bandera. Ah&iacute; desaparece el patriotismo. Ah&iacute; desaparece la supuesta defensa de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando el dinero entra en caja, da igual si viene de un blanco, de un negro, de un chino, de un africano o de un sudamericano. El dinero no tiene nacionalidad. La codicia tampoco. Y esa es la verdad inc&oacute;moda que muchos no quieren escuchar: vivimos en una sociedad donde demasiada gente critica la inmigraci&oacute;n mientras saquea econ&oacute;micamente a quienes menos tienen.
    </p><p class="article-text">
        Se habla de invasi&oacute;n, pero nadie renuncia a los beneficios que generan esas personas explotadas. Se habla de delincuencia, pero nadie devuelve el alquiler abusivo cobrado a familias inmigrantes hacinadas. Se habla de proteger Espa&ntilde;a, mientras se construyen negocios enteros sobre la precariedad de quienes llegaron aqu&iacute; sin nada.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, seguimos educando a generaciones enteras sin memoria hist&oacute;rica, sin empat&iacute;a y sin humanidad. Como si nuestros abuelos no hubieran sido tambi&eacute;n &ldquo;los de fuera&rdquo;. Como si no hubi&eacute;ramos necesitado que otros pa&iacute;ses abrieran sus puertas para que Espa&ntilde;a pudiera sobrevivir a su propia tragedia.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera verg&uuml;enza no es que haya inmigrantes intentando regularizar su situaci&oacute;n. La verdadera verg&uuml;enza es una sociedad capaz de enriquecerse gracias a ellos mientras los se&ntilde;ala con el dedo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, se&ntilde;ores empresarios, se&ntilde;ores especuladores y se&ntilde;ores patriotas de saldo: si tanto les molestan los inmigrantes, tengan coherencia. No alquilen sus viviendas a familias extranjeras. No acepten su dinero. No vendan en sus negocios a quienes tanto desprecian. No construyan fortunas sobre la necesidad ajena mientras luego se envuelven en discursos de odio.
    </p><p class="article-text">
        No lo har&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y saben por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Porque al final, lo &uacute;nico que mueve este mundo no es la patria, ni la moral, ni los principios.
    </p><p class="article-text">
        Es el dinero.
    </p><p class="article-text">
        Y demasiados est&aacute;n dispuestos a pisotear la dignidad humana con tal de llenar un poco m&aacute;s sus bolsillos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hipocresia-pais-memoria-odio-caja_132_13353285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 07:51:37 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos molesta la pluma o quizá el armario que todavía llevamos dentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/molesta-pluma-armario-todavia-llevamos_132_13335489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a229fb6-84f7-4da6-9b83-cc05002aa0eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos molesta la pluma o quizá el armario que todavía llevamos dentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Nos molesta la pluma o nos molesta que alguien se niegue a esconder quién es? ¿Nos incomoda la diversidad o nos incomoda que la diversidad sea visible?</p></div><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hay personas que bajan la voz cuando hablan de un hijo gay.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hay quienes se preguntan si es el momento adecuado para presentar a su pareja en una comida familiar.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hay quienes calculan cu&aacute;nto de s&iacute; mismos pueden mostrar seg&uacute;n el lugar donde est&eacute;n, las personas que tengan delante o la reacci&oacute;n que esperan recibir.
    </p><p class="article-text">
        No porque tengan miedo a la ley.
    </p><p class="article-text">
        No porque teman una sanci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Simplemente porque, en alg&uacute;n rinc&oacute;n de su conciencia, siguen sintiendo que hay algo que debe decirse con cautela, casi en privado.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; se encuentre una de las razones por las que el D&iacute;a del Orgullo sigue siendo necesario.
    </p><p class="article-text">
        Hay generaciones enteras que nunca han conocido una Espa&ntilde;a donde amar pudiera convertirse en un problema.
    </p><p class="article-text">
        Han crecido en un pa&iacute;s donde el matrimonio igualitario forma parte de la normalidad, donde las parejas del mismo sexo son visibles y donde muchas libertades que hoy consideramos evidentes forman parte del paisaje cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Y eso es una magn&iacute;fica noticia.
    </p><p class="article-text">
        Porque significa que hemos.
    </p><p class="article-text">
        Pero precisamente ah&iacute; aparece una paradoja que merece la pena analizar cada vez que llega el 28 de junio.
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s consolidado est&aacute; un derecho, m&aacute;s f&aacute;cil resulta olvidar c&oacute;mo lleg&oacute; hasta nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Las nuevas generaciones han heredado libertades que para otras personas fueron motivo de lucha, rechazo, incomprensi&oacute;n y, en demasiadas ocasiones, sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que muchas personas ocultaban qui&eacute;nes eran por miedo. Miedo a perder su empleo. Miedo al rechazo familiar. Miedo a las burlas. Miedo a ser se&ntilde;aladas simplemente por amar a alguien de su mismo sexo.
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; hace siglos.
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y no hace tanto tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La historia demuestra que los derechos nunca aparecen por generaci&oacute;n espont&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Nacen porque alguien se atreve a desafiar lo establecido.
    </p><p class="article-text">
        Porque alguien decide dejar de esconderse.
    </p><p class="article-text">
        Porque alguien soporta cr&iacute;ticas, rechazo o incomprensi&oacute;n para que quienes vienen detr&aacute;s puedan vivir con m&aacute;s libertad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene recordar.
    </p><p class="article-text">
        Porque las leyes pueden cambiar en una legislatura.
    </p><p class="article-text">
        La mentalidad de una sociedad tarda generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; se encuentre una de las razones por las que el D&iacute;a del Orgullo sigue siendo necesario.
    </p><p class="article-text">
        No &uacute;nicamente como celebraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No &uacute;nicamente como reivindicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n como ejercicio de memoria.
    </p><p class="article-text">
        Porque resulta dif&iacute;cil valorar aquello cuyo coste hemos olvidado.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos visto reaparecer discursos que muchos consideraban superados. Discursos que presentan la diversidad como una amenaza, que ridiculizan la inclusi&oacute;n o que convierten los derechos de determinados colectivos en objeto de discusi&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo que me preocupa incluso m&aacute;s que esos discursos.
    </p><p class="article-text">
        La comodidad.
    </p><p class="article-text">
        La idea de que basta con repetir determinadas palabras para considerarnos libres de prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Porque los prejuicios no desaparecen al mismo ritmo que cambian las leyes.
    </p><p class="article-text">
        A veces simplemente aprenden a disfrazarse.
    </p><p class="article-text">
        Se vuelven m&aacute;s discretos.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s elegantes.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s socialmente aceptables.
    </p><p class="article-text">
        Y, precisamente por eso, m&aacute;s dif&iacute;ciles de reconocer.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso el Orgullo trasciende a quienes forman parte del colectivo LGTBI.
    </p><p class="article-text">
        Porque, en el fondo, todos conocemos alguna forma de armario.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien oculta una discapacidad para evitar prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien esconde una enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien calla una situaci&oacute;n econ&oacute;mica complicada.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien disimula una parte de s&iacute; mismo para ser aceptado.
    </p><p class="article-text">
        Cambian las circunstancias.
    </p><p class="article-text">
        Cambian las historias.
    </p><p class="article-text">
        Pero el mecanismo siempre es el mismo:
    </p><p class="article-text">
        el miedo a no encajar.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; por eso el verdadero desaf&iacute;o no consiste en preguntarnos qu&eacute; opinamos p&uacute;blicamente sobre el colectivo LGTBI.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; consiste en preguntarnos qu&eacute; sentimos realmente.
    </p><p class="article-text">
        Sin discursos preparados.
    </p><p class="article-text">
        Sin consignas.
    </p><p class="article-text">
        Sin necesidad de quedar bien.
    </p><p class="article-text">
        Sin miedo a ser juzgados.
    </p><p class="article-text">
        Mir&aacute;ndonos al espejo.
    </p><p class="article-text">
        Y respondiendo con honestidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos resulta realmente indiferente que dos hombres se besen en una plaza?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos parece normal que dos mujeres formen una familia?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pensar&iacute;amos exactamente igual si se tratara de un hijo, una hija o un hermano?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos molesta la pluma o nos molesta que alguien se niegue a esconder qui&eacute;n es?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos incomoda la diversidad o nos incomoda que la diversidad sea visible?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pensamos lo mismo que decimos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y decimos lo mismo que hacemos?
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el verdadero progreso no consista en repetir que todos somos iguales.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez consista en ser capaces de responder honestamente a esas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Porque los derechos no se ponen a prueba cuando resultan c&oacute;modos.
    </p><p class="article-text">
        Se ponen a prueba cuando afectan a nuestra forma de mirar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; el Orgullo siga siendo necesario precisamente por eso.
    </p><p class="article-text">
        No porque no hayamos avanzado.
    </p><p class="article-text">
        No porque la ley haya fallado.
    </p><p class="article-text">
        Sino porque la libertad no consiste &uacute;nicamente en reconocer derechos sobre el papel.
    </p><p class="article-text">
        Consiste tambi&eacute;n en aceptar, sin reservas ni condiciones, que cada persona tiene derecho a vivir su vida sin esconder qui&eacute;n es.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso, cada 28 de junio, la pregunta m&aacute;s importante no sea qu&eacute; pensamos del Orgullo.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez la pregunta m&aacute;s importante sea qu&eacute; pensamos realmente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/molesta-pluma-armario-todavia-llevamos_132_13335489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 09:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Nos molesta la pluma o quizá el armario que todavía llevamos dentro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando la Administración llega tarde, la multa llega a tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/administracion-llega-tarde-multa-llega-tiempo_132_13317310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7294992a-a8b5-4d61-ae61-2486549b9151_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuando la Administración llega tarde, la multa llega a tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A menudo hablamos de accesibilidad en términos de infraestructuras: rampas, ascensores, transporte adaptado. Pero hay otra barrera menos visible e igual de importante: la burocrática</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as un polic&iacute;a me mult&oacute; por aparcar en una plaza reservada para personas con movilidad reducida.
    </p><p class="article-text">
        Le ense&ntilde;&eacute; el justificante de la solicitud de renovaci&oacute;n de mi tarjeta. Le mostr&eacute; el mensaje que acredita que el expediente est&aacute; en tr&aacute;mite. Le expliqu&eacute; que hab&iacute;a presentado todo correctamente y que llevo meses esperando respuesta de la Administraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El agente me escuch&oacute;, me comprendi&oacute; y aun as&iacute; me mult&oacute;. Me indic&oacute;, adem&aacute;s, que deb&iacute;a presentar un pliego de alegaciones a trav&eacute;s de la sede electr&oacute;nica del Ayuntamiento correspondiente para recurrir la sanci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No le culpo. Estaba aplicando la normativa.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando volv&iacute; a casa solo pod&iacute;a pensar en una pregunta muy simple: &iquest;c&oacute;mo es posible que una persona pueda ser sancionada por un retraso que no ha provocado?
    </p><p class="article-text">
        No ha sido un caso aislado. Ya he recibido otra multa en circunstancias similares mientras sigo esperando la renovaci&oacute;n de la tarjeta de estacionamiento para personas con movilidad reducida.
    </p><p class="article-text">
        Mi tarjeta caduc&oacute; el 18 de enero de este a&ntilde;o. Antes de esa fecha segu&iacute; el procedimiento establecido: presentar la solicitud a trav&eacute;s de la sede electr&oacute;nica del Gobierno de Canarias, aportando la documentaci&oacute;n requerida. Todo en tiempo y forma.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, sigo esperando.
    </p><p class="article-text">
        En marzo recib&iacute; un mensaje inform&aacute;ndome de que el expediente hab&iacute;a comenzado a tramitarse. Despu&eacute;s de eso, silencio.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la vida no se detiene. Hay que acudir a citas m&eacute;dicas, hacer gestiones, comprar, desplazarse. En definitiva, seguir con la rutina diaria.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; aparece el problema, porque, aunque la tarjeta ha caducado, la necesidad que la justifica sigue exactamente igual.
    </p><p class="article-text">
        Lo que cambia no es la situaci&oacute;n de la persona, sino su exposici&oacute;n a sanciones por una demora administrativa que no controla.
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo he tenido que recurrir las multas, aportar documentaci&oacute;n y demostrar algo que ya estaba acreditado: que la renovaci&oacute;n est&aacute; solicitada y en tr&aacute;mite.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, adem&aacute;s de esperar meses una respuesta, tengo que invertir tiempo y energ&iacute;a en corregir las consecuencias de esa espera.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una parte del problema que me preocupa a&uacute;n m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Yo puedo defenderme. Puedo presentar alegaciones por v&iacute;a telem&aacute;tica, guardar justificantes y hacer seguimiento del expediente. No todo el mundo puede.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre con una persona mayor que no maneja herramientas digitales? &iquest;Qu&eacute; ocurre con alguien que depende de terceros para cualquier tr&aacute;mite? &iquest;Qu&eacute; ocurre con quien recibe una sanci&oacute;n lejos de su domicilio y no tiene facilidad para desplazarse a reclamar?
    </p><p class="article-text">
        Estas situaciones no son excepcionales. Son reales.
    </p><p class="article-text">
        A menudo hablamos de accesibilidad en t&eacute;rminos de infraestructuras: rampas, ascensores, transporte adaptado. Pero hay otra barrera menos visible e igual de importante: la burocr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Una administraci&oacute;n inaccesible no es solo la que impide el acceso f&iacute;sico, sino tambi&eacute;n la que convierte un derecho reconocido en un proceso incierto, lento y desigual.
    </p><p class="article-text">
        En algunos casos, los expedientes parecen avanzar cuando la persona afectada acude presencialmente a insistir. Si eso es as&iacute;, la pregunta es evidente: &iquest;para qu&eacute; sirve entonces la v&iacute;a electr&oacute;nica si no garantiza el mismo trato?
    </p><p class="article-text">
        No se trata de pedir privilegios ni de cuestionar a los agentes que aplican la normativa que tienen que cumplir.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de algo mucho m&aacute;s b&aacute;sico: coherencia administrativa.
    </p><p class="article-text">
        Si una persona cumple con todos los requisitos y presenta su solicitud en tiempo y forma, la Administraci&oacute;n deber&iacute;a responder en un plazo razonable. Y mientras no lo hace, no deber&iacute;a generar situaciones que derivan en sanciones para quien no tiene ninguna responsabilidad en la demora.
    </p><p class="article-text">
        Hoy me encuentro con una situaci&oacute;n dif&iacute;cil de explicar en t&eacute;rminos de l&oacute;gica: una tarjeta caducada, un expediente en tr&aacute;mite y dos multas por el camino.
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema de fondo no es la multa.
    </p><p class="article-text">
        Es la incertidumbre.
    </p><p class="article-text">
        Salir de casa sin saber si puedes ser sancionado por un retraso ajeno no es una situaci&oacute;n aceptable para nadie, y menos a&uacute;n para una persona con movilidad reducida.
    </p><p class="article-text">
        Porque al final, la cuesti&oacute;n es muy simple: <strong>la tarjeta puede caducar. La discapacidad no</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/administracion-llega-tarde-multa-llega-tiempo_132_13317310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 10:01:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuando la Administración llega tarde, la multa llega a tiempo]]></media:title>
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