<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristóbal Amaro López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cristobal-amaro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristóbal Amaro López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1056151/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Oye, abre los ojos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/oye-abre-ojos_132_13640261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/45c99bed-c1c0-48c0-b008-17a0cec55229_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Oye, abre los ojos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No quiero una izquierda que renuncie a sus principios para conseguir votos. Quiero una izquierda que demuestre que esos principios sirven para mejorar la vida de las personas. Que no se conforme con tener razón en sus discursos mientras pierde credibilidad en la calle. Que entienda que la ciudadanía no necesita tutores ideológicos, sino representantes dispuestos a escucharla y rendir cuentas</p></div><p class="article-text">
        La izquierda no puede seguir viviendo del miedo a la derecha: necesita recuperar la confianza de quienes han dejado de creer en ella.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&ldquo;Oye, abre los ojos, mira hacia arriba&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Llevo un tiempo d&aacute;ndole vueltas a esta frase. Creo que encierra una advertencia que buena parte de la izquierda deber&iacute;a escuchar. Pero no para mirar a la derecha. Para mirarse al espejo.
    </p><p class="article-text">
        Escribo desde una posici&oacute;n ideol&oacute;gica que no escondo, pero defender los valores de la izquierda no significa justificar todas las decisiones de sus dirigentes. Cuestionarlos no es hacerle el juego al adversario. Al contrario: si creemos en la igualdad, la justicia social, la solidaridad y la libertad, tenemos la obligaci&oacute;n de exigir que quienes dicen representarlas est&eacute;n a la altura.
    </p><p class="article-text">
        Y tengo la sensaci&oacute;n de que esa exigencia lleva demasiado tiempo en segundo plano.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda parece haber desarrollado una extraordinaria capacidad para explicar por qu&eacute; la derecha es peligrosa, pero no siempre demuestra la misma habilidad para explicar por qu&eacute; deber&iacute;a ser la alternativa. Ha convertido demasiadas veces el miedo al adversario en su principal argumento electoral.
    </p><p class="article-text">
        Pero no se puede pedir eternamente que te voten para evitar que gane otro. Hay que ofrecer razones para que quieran votarte.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los partidos discuten sus equilibrios internos, hay familias que no pueden pagar un alquiler, j&oacute;venes que no consiguen emanciparse y trabajadores que encadenan empleos sin estabilidad. La sanidad p&uacute;blica soporta una presi&oacute;n enorme y muchas personas siguen esperando soluciones a problemas que condicionan su vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        No necesitan discursos interminables. Necesitan respuestas.
    </p><p class="article-text">
        No basta con aprobar derechos si despu&eacute;s no se garantiza que puedan ejercerse. No basta con defender los servicios p&uacute;blicos si acceder a ellos contin&uacute;a siendo una carrera de obst&aacute;culos. La pol&iacute;tica tambi&eacute;n se mide por la distancia entre lo que promete y lo que consigue.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa que, ante la decepci&oacute;n ciudadana, algunos partidos respondan como si todo fuera un problema de comunicaci&oacute;n. Como si bastara con explicar mejor lo que han hecho. Quiz&aacute; el problema no sea que la gente no entienda el mensaje, sino que lleva demasiado tiempo esperando resultados.
    </p><p class="article-text">
        Hay que recuperar la capacidad de escuchar sin preparar inmediatamente una respuesta defensiva. Escuchar a quienes siguen votando a la izquierda, a quienes han dejado de hacerlo y tambi&eacute;n a quienes nunca la han votado. No para renunciar a los principios, sino para comprender qu&eacute; est&aacute; ocurriendo fuera de los despachos.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a no tiene la obligaci&oacute;n de permanecer fiel a ninguna organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Son los partidos quienes tienen que demostrar que merecen esa confianza.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que est&aacute; ocurriendo en distintos lugares del mundo deber&iacute;a servirnos para reflexionar, aunque no debamos confundir realidades diferentes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En Serbia, el movimiento estudiantil</strong> surgido de las protestas contra la corrupci&oacute;n y la gesti&oacute;n del poder consigui&oacute; una victoria hist&oacute;rica frente al bloque de Aleksandar Vu&#269;i&#263;. La movilizaci&oacute;n creci&oacute; tras el derrumbe de la estaci&oacute;n de Novi Sad, en noviembre de 2024, que caus&oacute; 16 muertos. La Lista Estudiantil obtuvo el 53,01% de los votos y 140 esca&ntilde;os, frente al 38,98% y los 103 esca&ntilde;os de la candidatura vinculada a Vu&#269;i&#263;.
    </p><p class="article-text">
        No fue la victoria de un partido tradicional de izquierdas, sino la de una movilizaci&oacute;n ciudadana que consigui&oacute; transformar la indignaci&oacute;n en una alternativa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Hungr&iacute;a ofrece otra lectura</strong>. P&eacute;ter Magyar y su formaci&oacute;n TISZA derrotaron en abril de 2026 a Viktor Orb&aacute;n, poniendo fin a diecis&eacute;is a&ntilde;os de Gobierno. Pero conviene precisar que TISZA es una formaci&oacute;n de centro-derecha. Su victoria refleja el desgaste de un poder prolongado y la voluntad de cambio de una parte importante de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Brasil, en cambio, ofrece una victoria vinculada inequ&iacute;vocamente a la izquierda. <strong>Luiz In&aacute;cio Lula da Silva</strong> logr&oacute; la reelecci&oacute;n el pasado 25 de octubre frente a Fl&aacute;vio Bolsonaro, con el 51,79% de los votos v&aacute;lidos, frente al 48,21% de su adversario. Una victoria importante, aunque tambi&eacute;n deja una advertencia: el pa&iacute;s contin&uacute;a profundamente dividido. Ganar unas elecciones no significa que todos los problemas est&eacute;n resueltos ni que el respaldo recibido sea incondicional.
    </p><p class="article-text">
        Y llegamos a <strong>Estados Unidos</strong>. Las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre han dejado un resultado de enorme trascendencia. Los dem&oacute;cratas han conseguido el control de la C&aacute;mara de Representantes y del Senado, en un importante rev&eacute;s para Donald Trump.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco debemos interpretar esta victoria como una recuperaci&oacute;n autom&aacute;tica de la izquierda internacional. El Partido Dem&oacute;crata no representa exactamente el mismo espacio ideol&oacute;gico que la izquierda europea. Lo que s&iacute; demuestra este resultado es que el electorado puede cambiar de posici&oacute;n cuando considera que el poder necesita l&iacute;mites y que sus preocupaciones no est&aacute;n siendo atendidas.
    </p><p class="article-text">
        Serbia, Hungr&iacute;a, Brasil y Estados Unidos no cuentan la misma historia. Pero nos recuerdan algo esencial: ning&uacute;n poder tiene garantizada la confianza de quienes lo sostienen.
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos no votan solamente desde la ideolog&iacute;a. Votan desde sus circunstancias, sus preocupaciones y sus expectativas. Por eso la izquierda necesita algo m&aacute;s que renovar caras, esl&oacute;ganes o estrategias electorales. Necesita revisar profundamente su relaci&oacute;n con la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Tiene que dejar de confundir la autocr&iacute;tica con la debilidad. Reconocer un error no significa dar argumentos al adversario; significa demostrar que todav&iacute;a existe capacidad para aprender y corregir. Tiene que recuperar las calles, los barrios y los espacios cotidianos. Preguntar antes de responder. Cumplir antes de volver a prometer.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, tiene que volver a ilusionar.
    </p><p class="article-text">
        No quiero una izquierda que renuncie a sus principios para conseguir votos. Quiero una izquierda que demuestre que esos principios sirven para mejorar la vida de las personas. Que no se conforme con tener raz&oacute;n en sus discursos mientras pierde credibilidad en la calle. Que entienda que la ciudadan&iacute;a no necesita tutores ideol&oacute;gicos, sino representantes dispuestos a escucharla y rendir cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco quiero una izquierda que considere que cualquier cr&iacute;tica es una deslealtad. Hay demasiadas personas que han dejado de sentirse representadas como para seguir respondiendo con reproches a quienes plantean preguntas inc&oacute;modas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ha llegado el momento de entender que no siempre se pierde porque el adversario haya convencido mejor. A veces se pierde porque uno ha dejado de escuchar, se ha alejado de la realidad o ha terminado creyendo que sus votantes siempre estar&aacute;n ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        No lo estar&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La confianza no se hereda. Se construye. Y cuando se pierde, no se recupera se&ntilde;alando al que se ha marchado. Se recupera demostrando que merece la pena volver.
    </p><p class="article-text">
        Por eso regreso a aquella frase del comienzo: <strong>&ldquo;Oye, abre los ojos&rdquo;.</strong> No es una invitaci&oacute;n a mirar al adversario ni a organizar otra campa&ntilde;a contra la derecha. Es una invitaci&oacute;n a mirar a la gente: a quienes no llegan a final de mes, a quienes esperan una oportunidad y a quienes un d&iacute;a depositaron su esperanza en la izquierda y hoy ya no saben en qui&eacute;n confiar.
    </p><p class="article-text">
        Porque todav&iacute;a hay mucho que defender, muchos derechos que conquistar y muchas vidas que mejorar. Pero para hacerlo no basta con recordar lo que fuimos ni con advertir de lo que otros pueden llegar a ser.
    </p><p class="article-text">
        Hay que demostrar lo que podemos ofrecer.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda no necesita que la ciudadan&iacute;a abra los ojos para descubrir el peligro de la derecha. Necesita abrir los suyos para descubrir por qu&eacute; tanta gente ha dejado de mirarla con esperanza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/oye-abre-ojos_132_13640261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Nov 2026 10:34:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/45c99bed-c1c0-48c0-b008-17a0cec55229_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="326638" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/45c99bed-c1c0-48c0-b008-17a0cec55229_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="326638" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Oye, abre los ojos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/45c99bed-c1c0-48c0-b008-17a0cec55229_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿En qué momento dejamos de reconocernos en el espejo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/momento-dejamos-reconocernos-espejo_132_13626211.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f11f2db0-68ad-494a-b252-7431cc827019_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿En qué momento dejamos de reconocernos en el espejo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los países no empiezan a romperse cuando unos ciudadanos piensan diferente de otros. Empiezan a romperse cuando dejan de reconocerse entre ellos. Cuando la conversación desaparece. Cuando la desconfianza ocupa el lugar del respeto. Cuando olvidamos que las instituciones existen para proteger derechos y no para convertirse en el escenario permanente de nuestras batallas</p></div><p class="article-text">
        Hace tiempo que dej&eacute; de intentar entender la pol&iacute;tica. Ahora intento entender el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cada ma&ntilde;ana hago lo mismo que millones de espa&ntilde;oles. Enciendo la radio. Abro un peri&oacute;dico. Miro el m&oacute;vil mientras tomo el primer caf&eacute;. Busco, como cualquiera, comprender qu&eacute; ha ocurrido mientras dorm&iacute;a. Sin embargo, desde hace un tiempo, al cabo de unos minutos siempre me invade la misma sensaci&oacute;n: cada medio parece contar un pa&iacute;s diferente.
    </p><p class="article-text">
        Uno asegura que todo funciona razonablemente bien. Otro afirma que vivimos una crisis sin precedentes.
    </p><p class="article-text">
        Uno habla de avances. Otro solo encuentra retrocesos.
    </p><p class="article-text">
        Uno invita a la esperanza. Otro anuncia el desastre.
    </p><p class="article-text">
        Apago la radio. Cierro el peri&oacute;dico. Dejo el tel&eacute;fono sobre la mesa.
    </p><p class="article-text">
        Y camino hasta el ba&ntilde;o. Levanto la cabeza. Me miro al espejo. Hasta hace poco solo ve&iacute;a mi reflejo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora empiezo a ver el pa&iacute;s que aparece detr&aacute;s de &eacute;l.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; de un d&iacute;a para otro. Las cosas importantes casi nunca suceden as&iacute;. Fue despacio. Como se agrietan las paredes de una casa. Al principio nadie percibe la fisura. Despu&eacute;s parece un simple detalle.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que un d&iacute;a descubres que la grieta lleva mucho tiempo creciendo sin que nadie quisiera verla.
    </p><p class="article-text">
        Eso es exactamente lo que siento cuando observo lo que ocurre a mi alrededor. No me preocupa que existan personas que piensen distinto que yo. Ser&iacute;a absurdo.
    </p><p class="article-text">
        La democracia consiste precisamente en eso: en convivir con ideas diferentes.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me preocupa es otra cosa. Tengo la sensaci&oacute;n de que hemos dejado de escucharnos. Que cada vez buscamos m&aacute;s aquello que confirma lo que ya pensamos y menos aquello que puede hacernos cambiar de opini&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que confundimos informaci&oacute;n con reafirmaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Que preferimos un titular que nos d&eacute; la raz&oacute;n antes que una noticia que nos obligue a reflexionar.
    </p><p class="article-text">
        Que discutimos demasiado y dialogamos demasiado poco. Y cuando eso ocurre, todos perdemos.
    </p><p class="article-text">
        Da igual d&oacute;nde nos situemos, porque el ruido nunca pregunta a qui&eacute;n votas antes de arrasarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa preocupaci&oacute;n tenga mucho que ver con mi forma de mirar la vida.
    </p><p class="article-text">
        Vivo con una discapacidad visual y aprend&iacute; hace tiempo que, cuando las instituciones fallan, quienes primero sienten sus consecuencias suelen ser siempre los mismos.
    </p><p class="article-text">
        Las personas mayores. Las personas con discapacidad. Quienes dependen de una ayuda p&uacute;blica. Quienes esperan una resoluci&oacute;n administrativa. Quienes necesitan que la sanidad funcione. Quienes no tienen un altavoz desde el que hacerse escuchar.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el pa&iacute;s discute sin descanso sobre casi todo, ellos siguen esperando.
    </p><p class="article-text">
        Esperando una valoraci&oacute;n. Una prestaci&oacute;n. Una respuesta. Una oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, rara vez ocupan el centro de la conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez porque el enfrentamiento siempre genera m&aacute;s audiencia que la gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Segu&iacute; mir&aacute;ndome en el espejo. Entonces comprend&iacute; que el problema no era la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera eran los pol&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        El problema empezaba mucho antes. Empezaba el d&iacute;a en que un ciudadano dejaba de confiar.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona deja de creer que las instituciones pueden resolver los problemas con independencia y eficacia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando duda de casi todo antes incluso de conocer los hechos.Cuando la sospecha sustituye a la confianza.
    </p><p class="article-text">
        No hablo de confiar ciegamente.
    </p><p class="article-text">
        Eso tampoco ser&iacute;a sano.
    </p><p class="article-text">
        Toda democracia necesita ciudadanos cr&iacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Pero una sociedad tampoco puede vivir instalada en la sospecha permanente.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando dejamos de confiar en todo, terminamos creyendo &uacute;nicamente a quienes piensan exactamente como nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y ese es un camino peligroso. Porque nos empobrece. Nos encierra. Y acaba convirtiendo el desacuerdo en una frontera.
    </p><p class="article-text">
        Apoy&eacute; las manos sobre el lavabo. Por primera vez dej&eacute; de mirar el espejo. Y empec&eacute; a mirarme a m&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Me pregunt&eacute; cu&aacute;ntas veces hab&iacute;a compartido una noticia sin detenerme lo suficiente a comprenderla.
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntas veces hab&iacute;a escuchado solo a quienes reforzaban mis propias ideas.
    </p><p class="article-text">
        Cu&aacute;ntas veces hab&iacute;a contribuido, sin darme cuenta, a ese ruido que tanto criticaba.
    </p><p class="article-text">
        Comprend&iacute; entonces que el espejo nunca hab&iacute;a querido hablarme de gobiernos. Ni de partidos. Ni de ideolog&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a hablarme de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        De c&oacute;mo la confianza se construye muy despacio y puede romperse en apenas unos minutos. De c&oacute;mo resulta mucho m&aacute;s sencillo desacreditar que comprender.
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s f&aacute;cil etiquetar que escuchar. Mucho m&aacute;s rentable alimentar el enfrentamiento que buscar puntos de encuentro.
    </p><p class="article-text">
        Y comprend&iacute; algo que me produjo m&aacute;s tristeza que enfado.
    </p><p class="article-text">
        Los pa&iacute;ses no empiezan a romperse cuando unos ciudadanos piensan diferente de otros. Empiezan a romperse cuando dejan de reconocerse entre ellos. Cuando la conversaci&oacute;n desaparece. Cuando la desconfianza ocupa el lugar del respeto. Cuando olvidamos que las instituciones existen para proteger derechos y no para convertirse en el escenario permanente de nuestras batallas.
    </p><p class="article-text">
        Apagu&eacute; la luz.
    </p><p class="article-text">
        El espejo volvi&oacute; a ser &uacute;nicamente un espejo.
    </p><p class="article-text">
        Mi rostro segu&iacute;a siendo el mismo. Pero el pa&iacute;s continuaba detr&aacute;s. Esper&aacute;ndonos a todos. No para decidir qui&eacute;n gana la pr&oacute;xima discusi&oacute;n. Sino para preguntarnos si todav&iacute;a somos capaces de recuperar algo tan sencillo y tan dif&iacute;cil como la confianza.
    </p><p class="article-text">
        Porque quiz&aacute; el mayor desaf&iacute;o de una democracia no sea conseguir que todos pensemos igual.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el verdadero desaf&iacute;o consista en que, pensando diferente, todav&iacute;a seamos capaces de reconocernos cuando volvamos a mirarnos en el mismo espejo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/momento-dejamos-reconocernos-espejo_132_13626211.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Oct 2026 08:07:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f11f2db0-68ad-494a-b252-7431cc827019_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="347086" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f11f2db0-68ad-494a-b252-7431cc827019_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="347086" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿En qué momento dejamos de reconocernos en el espejo?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f11f2db0-68ad-494a-b252-7431cc827019_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Han sacado la patita]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/han-sacado-patita_132_13614860.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e984abe9-0801-45bd-a511-1b51f10d275d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Han sacado la patita"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A veces tengo la impresión de que hablamos de las pensiones como si fueran una gráfica sin rostro. Pero detrás hay personas que empezaron a trabajar siendo casi niños. Mujeres que compaginaron empleos mal pagados con cuidados que apenas les fueron reconocidos. Trabajadores que levantaron este país y que ahora escuchan con preocupación que quizá todo aquello por lo que cotizaron está en peligro
</p></div><p class="article-text">
        Las pensiones tienen memoria. Y hay quienes preferir&iacute;an que los ciudadanos votaran sin hacer demasiadas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Hay casas en Canarias donde la pensi&oacute;n llega antes que la tranquilidad.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que se cobra, alguien hace cuentas. La luz, el agua, la compra, los medicamentos. Quiz&aacute; tambi&eacute;n una ayuda para un hijo que no encuentra trabajo o para un nieto que, aun trabajando, no consigue pagar un alquiler.
    </p><p class="article-text">
        A veces no sobra nada. Pero aquella pensi&oacute;n mantiene la casa en pie. Por eso, cuando alguien anuncia desde un despacho o un plat&oacute; de televisi&oacute;n que el sistema va a colapsar, no est&aacute; pronunciando una frase cualquiera. Est&aacute; entrando en miles de hogares, sent&aacute;ndose a la mesa sin haber sido invitado y dejando una preocupaci&oacute;n que no desaparece cuando termina el programa.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias tenemos una expresi&oacute;n para esos momentos en los que alguien deja entrever algo que quiz&aacute; prefer&iacute;a mantener oculto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ha sacado la patita. </strong>Y estos d&iacute;as, hablando de pensiones, hemos visto asomar unas cuantas.
    </p><p class="article-text">
        La portavoz del Partido Popular en el Congreso, Ester Mu&ntilde;oz, ha advertido de que el sistema actual acabar&aacute; colapsando. Tambi&eacute;n ha defendido la necesidad de cambiar el modelo y tomar decisiones valientes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Valientes? </strong>De acuerdo. Pero d&iacute;ganos cu&aacute;les, porque resulta relativamente f&aacute;cil hablar de valent&iacute;a cuando las consecuencias pueden recaer sobre el bolsillo de otros.
    </p><p class="article-text">
        Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o ha salido despu&eacute;s a garantizar que las pensiones son innegociables y que mantendr&aacute; su actualizaci&oacute;n conforme al IPC.
    </p><p class="article-text">
        Me parece bien que lo diga. Pero entre anunciar un colapso y prometer tranquilidad hay una explicaci&oacute;n pendiente.
    </p><p class="article-text">
        Y esa explicaci&oacute;n no puede sustituirse por una frase de campa&ntilde;a. Sobre todo, porque las pensiones tienen memoria, aunque algunos discursos pol&iacute;ticos parezcan confiar en que nosotros no la tengamos.
    </p><p class="article-text">
        En 2013, el Gobierno de Mariano Rajoy aprob&oacute; una reforma que desvincul&oacute; la revalorizaci&oacute;n de las pensiones del IPC y estableci&oacute; un incremento m&iacute;nimo anual del <strong>0,25%. </strong>La pensi&oacute;n sub&iacute;a sobre el papel mientras perd&iacute;a valor en el supermercado.
    </p><p class="article-text">
        En 2021, otra reforma recuper&oacute; la actualizaci&oacute;n conforme a la inflaci&oacute;n y derog&oacute; el factor de sostenibilidad introducido en 2013.
    </p><p class="article-text">
        No son opiniones. Son leyes publicadas en el Bolet&iacute;n Oficial del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Y hay otra historia que merece contarse: la de la famosa hucha de las pensiones.
    </p><p class="article-text">
        Al terminar 2013, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social dispon&iacute;a de unos <strong>53.744</strong> millones de euros. Al finalizar 2021 quedaban <strong>2.138</strong> millones.
    </p><p class="article-text">
        Una ca&iacute;da enorme.
    </p><p class="article-text">
        Conviene decirlo con rigor: aquel dinero se utiliz&oacute; para atender obligaciones del sistema durante a&ntilde;os dif&iacute;ciles. Ser&iacute;a incorrecto atribuir todo el descenso a una &uacute;nica reforma o a una sola decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Pero tambi&eacute;n ser&iacute;a incorrecto detener ah&iacute; la historia, porque la hucha ha vuelto a crecer.
    </p><p class="article-text">
        A finales de 2025 superaba los <strong>14.000</strong> millones de euros y, a 31 de marzo de 2026, alcanzaba los <strong>15.267</strong> millones. Parte de esa recuperaci&oacute;n procede de las aportaciones del Mecanismo de Equidad Intergeneracional.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Significa que todos los problemas est&aacute;n resueltos? Naturalmente que no. El envejecimiento de la poblaci&oacute;n, los salarios, el empleo y la financiaci&oacute;n futura exigen respuestas serias.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco estamos ante una hucha vac&iacute;a ni ante la desaparici&oacute;n inminente de las pensiones. Los n&uacute;meros son los que son y una democracia merece que se cuenten completos, no solamente cuando sirven para asustar o para presumir.
    </p><p class="article-text">
        Vox, mientras tanto, ha planteado avanzar hacia un modelo mixto que combine el reparto p&uacute;blico con la capitalizaci&oacute;n individual. Sus dirigentes aseguran que las pensiones seguir&aacute;n pag&aacute;ndose.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo. </strong>&iquest;Qui&eacute;n financiar&iacute;a la transici&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; ocurrir&iacute;a con quienes tienen salarios bajos o carreras laborales interrumpidas?
    </p><p class="article-text">
        Porque hablar de ahorro individual resulta sencillo cuando uno dispone de dinero para ahorrar.
    </p><p class="article-text">
        Hay personas para quienes llegar a fin de mes ya constituye una proeza.
    </p><p class="article-text">
        No se puede construir una propuesta de futuro fingiendo que todos partimos del mismo lugar.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute;, un debate pol&iacute;tico que necesita explicaciones. Muchas.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces lleg&oacute; la televisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En Horizonte, Eduardo Inda</strong> recomend&oacute; al Partido Popular que dejara de hablar de pensiones hasta despu&eacute;s de las elecciones del 29 de noviembre. Lo dijo sin demasiados rodeos: <strong>&ldquo;Que se callen con las pensiones en el PP&rdquo;.</strong><em><strong> </strong></em>Y a&ntilde;adi&oacute; que ya podr&iacute;an hablar cuando estuvieran formando Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; apareci&oacute;, para m&iacute;, la patita m&aacute;s reveladora. No porque un periodista tenga prohibido opinar. Tiene todo el derecho del mundo, sino porque una cosa es analizar si una declaraci&oacute;n perjudica electoralmente a un partido y otra aconsejarle que guarde silencio sobre un asunto que afecta a millones de personas hasta que estas ya hayan votado.
    </p><p class="article-text">
        Si una reforma es necesaria, habr&aacute; que explicarla. Y si puede resultar impopular, con m&aacute;s raz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El cuarto poder no deber&iacute;a convertirse en el departamento de estrategia electoral de quienes aspiran al primero.
    </p><p class="article-text">
        El periodismo tiene una tarea bastante m&aacute;s importante: preguntar, contrastar, investigar y contar lo que descubre, aunque incomode al Gobierno o a la oposici&oacute;n. Como hizo <strong>Silvia Intxaurrondo</strong> cuando, en una entrevista de 2023, cuestion&oacute; a Feij&oacute;o por afirmar que su partido siempre hab&iacute;a revalorizado las pensiones conforme al IPC.
    </p><p class="article-text">
        Eso es ejercer el periodismo. No se trata de desacreditar a toda una profesi&oacute;n. Ser&iacute;a injusto con quienes trabajan con rigor y soportan presiones por hacer preguntas inc&oacute;modas. Se trata de recordar que los ciudadanos necesitamos periodistas que nos ayuden a conocer los hechos, no tertulianos que ense&ntilde;en a los pol&iacute;ticos cu&aacute;ndo conviene esconderlos.
    </p><p class="article-text">
        Y esta exigencia tambi&eacute;n alcanza a quienes gobiernan.
    </p><p class="article-text">
        Pedro S&aacute;nchez y su Ejecutivo defienden la actualizaci&oacute;n de las pensiones conforme al IPC, como establece la legislaci&oacute;n vigente. Pero tienen igualmente la obligaci&oacute;n de explicar c&oacute;mo afrontar los desaf&iacute;os de financiaci&oacute;n de las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        La sostenibilidad no puede despacharse con un eslogan, venga de donde venga, porque el debate no consiste en elegir entre cerrar los ojos ante los problemas o anunciar el apocalipsis cada vez que alguien abre la boca. Consiste en encontrar soluciones sin convertir a los pensionistas en rehenes del miedo.
    </p><p class="article-text">
        A veces tengo la impresi&oacute;n de que hablamos de las pensiones como si fueran una gr&aacute;fica sin rostro. Pero detr&aacute;s hay personas que empezaron a trabajar siendo casi ni&ntilde;os. Mujeres que compaginaron empleos mal pagados con cuidados que apenas les fueron reconocidos. Trabajadores que levantaron este pa&iacute;s y que ahora escuchan con preocupaci&oacute;n que quiz&aacute; todo aquello por lo que cotizaron est&aacute; en peligro.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n hay j&oacute;venes que se preguntan si alg&uacute;n d&iacute;a tendr&aacute;n una jubilaci&oacute;n digna. No deber&iacute;amos enfrentarlos, porque el futuro de los j&oacute;venes y la tranquilidad de nuestros mayores forman parte del mismo compromiso entre generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Volvamos a aquella casa canaria del principio. A la persona que comprueba si ya ha llegado la pensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; no sepa qu&eacute; es la capitalizaci&oacute;n individual ni c&oacute;mo funciona el <strong>Mecanismo de Equidad Intergeneracional</strong>, pero sabe perfectamente cu&aacute;nto cuesta llenar la nevera y, s&oacute;lo por eso,&nbsp;tiene derecho a conocer qu&eacute; propone cada partido antes de decidir su voto.
    </p><p class="article-text">
        No me escandaliza que se hable de reformar las pensiones. Me preocupar&iacute;a m&aacute;s que nadie quisiera debatir su futuro.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me indigna es que alguien considere m&aacute;s conveniente esconder esa conversaci&oacute;n hasta despu&eacute;s del 29 de noviembre, porque entonces el problema deja de ser exclusivamente econ&oacute;mico y se convierte en democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        No sabemos qu&eacute; reformas se aprobar&aacute;n despu&eacute;s de las elecciones generales. Ser&iacute;a irresponsable presentar como decidido un recorte que todav&iacute;a no est&aacute; acreditado.
    </p><p class="article-text">
        Pero s&iacute; sabemos qu&eacute; se hizo en 2013, qu&eacute; cambi&oacute; en 2021, c&oacute;mo ha evolucionado la hucha y qu&eacute; se ha dicho esta semana.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos motivos suficientes para exigir respuestas, porque las pensiones no son una limosna que los gobiernos conceden cuando les conviene. Son un derecho construido con d&eacute;cadas de trabajo y un compromiso colectivo que debe sostenerse con responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, con verdad.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando una persona mayor llega al supermercado, nadie le permite aplazar el precio de la compra hasta despu&eacute;s de las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        La factura llega hoy.
    </p><p class="article-text">
        La electricidad se paga hoy.
    </p><p class="article-text">
        La vida ocurre hoy.
    </p><p class="article-text">
        Y las explicaciones tambi&eacute;n deber&iacute;an llegar hoy.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que s&iacute;, han sacado la patita.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo verdaderamente preocupante no es que alguien la haya ense&ntilde;ado.
    </p><p class="article-text">
        Es que haya quien aconseje esconderla hasta que los ciudadanos ya hayan votado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/han-sacado-patita_132_13614860.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Oct 2026 10:25:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/e984abe9-0801-45bd-a511-1b51f10d275d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="59579" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/e984abe9-0801-45bd-a511-1b51f10d275d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="59579" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Han sacado la patita]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/e984abe9-0801-45bd-a511-1b51f10d275d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mentira también vota]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mentira-vota_132_13589737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6b3b0183-0ef2-4566-b296-38deba05e867_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mentira también vota"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fabricamos un personaje, le ponemos en la boca el prejuicio que queremos confirmar, lo lanzamos a las redes y después observamos cómo miles de personas discuten sobre alguien que ni siquiera existe
</p></div><p class="article-text">
        No hace falta creer todas las mentiras para que triunfen. Basta con compartir aquellas que perjudican a quienes no soportamos.
    </p><p class="article-text">
        La mentira tiene una ventaja extraordinaria sobre la verdad: no necesita demostrar nada. Le basta con provocar: Una cifra descomunal. Un v&iacute;deo indignante. Un inmigrante convertido en amenaza. Un pol&iacute;tico presentado como salvador&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s llega el desmentido&hellip; Si llega. Y para entonces, demasiadas veces, la mentira ya ha hecho su trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Estamos en precampa&ntilde;a electoral y algunas afirmaciones recientes de dirigentes de la derecha y la ultraderecha merecen algo m&aacute;s que indignaci&oacute;n. Merecen que pongamos los hechos encima de la mesa. Porque discutir una idea es pol&iacute;tica. Deformar los datos que la sostienen es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        El pasado 29 de septiembre, Pepa Mill&aacute;n, portavoz de Vox en el Congreso, afirm&oacute; que desde la llegada de Pedro S&aacute;nchez al Gobierno hab&iacute;an entrado <strong>ocho millones de extranjeros en Espa&ntilde;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Ocho millones.
    </p><p class="article-text">
        Una cifra capaz de recorrer las redes antes de que nadie tenga tiempo de preguntarse de d&oacute;nde sale.
    </p><p class="article-text">
        Pero los datos del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica muestran que, entre julio de 2018 y julio de 2026, la poblaci&oacute;n extranjera residente aument&oacute; en 2,78 millones de personas. Eso no significa que &uacute;nicamente entraran 2,78 millones durante esos a&ntilde;os. Las entradas migratorias y el aumento neto de residentes son magnitudes diferentes y, precisamente por eso, no deber&iacute;an confundirse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Newtral</strong> calific&oacute; la afirmaci&oacute;n de enga&ntilde;osa.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; est&aacute; el problema porque, cuando se utilizan cifras para despertar preocupaci&oacute;n, no es indiferente hablar de entradas, de residentes o del crecimiento de una poblaci&oacute;n. Los n&uacute;meros no son plastilina, aunque algunos discursos pol&iacute;ticos parezcan empe&ntilde;ados en moldearlos hasta conseguir la forma que m&aacute;s les conviene.
    </p><p class="article-text">
        Otro ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        La regularizaci&oacute;n extraordinaria de personas inmigrantes aprobada este a&ntilde;o ha venido acompa&ntilde;ada de mensajes que la presentan como una f&aacute;brica de nuevos votantes.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El Gobierno regulariza inmigrantes para que despu&eacute;s lo voten</strong></h2><p class="article-text">
        Suena escandaloso. Tambi&eacute;n es una explicaci&oacute;n que se derrumba en cuanto examinamos la legislaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una autorizaci&oacute;n de residencia no concede la nacionalidad espa&ntilde;ola. Y para votar en unas elecciones generales hay que tener esa nacionalidad. La regularizaci&oacute;n no concede autom&aacute;ticamente ese derecho.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Maldita.es</strong> tambi&eacute;n ha explicado por qu&eacute; los plazos y requisitos aplicables impiden que esta medida se traduzca en el voto que anuncian esos mensajes para las elecciones de 2026.
    </p><p class="article-text">
        Se puede estar a favor o en contra de la regularizaci&oacute;n. Se puede cuestionar su dise&ntilde;o, su alcance o los recursos disponibles para aplicarla. Lo que no se deber&iacute;a hacer es atribuirle consecuencias electorales que no tiene. Aunque, naturalmente, <strong>&ldquo;est&aacute;n fabricando votantes&rdquo;</strong> cabe mucho mejor en un v&iacute;deo de quince segundos que una explicaci&oacute;n del C&oacute;digo Civil y la legislaci&oacute;n electoral.
    </p><p class="article-text">
        La mentira es breve. La verdad suele necesitar un poco m&aacute;s de paciencia.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute;n los v&iacute;deos. Esos que llegan al tel&eacute;fono acompa&ntilde;ados de una frase irresistible: &ldquo;<strong>Mira lo que dicen</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos meses han circulado grabaciones de supuestas mujeres inmigrantes y musulmanas que aseguran vivir de ayudas p&uacute;blicas o anuncian que abandonar&iacute;an Espa&ntilde;a si Vox ganara las elecciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Maldita.es</strong> ha verificado varios de esos contenidos y ha identificado v&iacute;deos creados con inteligencia artificial. No eran testimonios espont&aacute;neos. Eran personajes fabricados.
    </p><p class="article-text">
        Alguien cre&oacute; unas caras, unas voces y unas declaraciones para que parecieran reales. Y nosotros deb&iacute;amos indignarnos. A ser posible, antes de comprobar nada.
    </p><p class="article-text">
        Hay algo especialmente perverso en este mecanismo: Antes se manipulaba lo que alguien hab&iacute;a dicho. Ahora podemos inventarnos a la persona que supuestamente lo dice.
    </p><p class="article-text">
        Fabricamos un personaje, le ponemos en la boca el prejuicio que queremos confirmar, lo lanzamos a las redes y despu&eacute;s observamos c&oacute;mo miles de personas discuten sobre alguien que ni siquiera existe.
    </p><p class="article-text">
        Discutimos con fantasmas. Mientras tanto, los problemas reales siguen esperando.
    </p><p class="article-text">
        Canarias conoce bien las dificultades de la gesti&oacute;n migratoria. La acogida, la atenci&oacute;n a menores, los recursos p&uacute;blicos y la coordinaci&oacute;n entre administraciones exigen decisiones, financiaci&oacute;n y responsabilidades concretas.
    </p><p class="article-text">
        No necesitamos negar esos problemas, pero tampoco inventar otros.
    </p><p class="article-text">
        Un v&iacute;deo falso no crea una plaza de acogida.
    </p><p class="article-text">
        Una cifra enga&ntilde;osa no mejora la atenci&oacute;n humanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Y convertir a una persona inmigrante en culpable universal, no abarata una sola vivienda.
    </p><p class="article-text">
        El Partido Popular tampoco est&aacute; libre de declaraciones que necesitan contexto. Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o asegur&oacute; recientemente que ning&uacute;n Gobierno hab&iacute;a incrementado la deuda p&uacute;blica como el de Pedro S&aacute;nchez en ocho a&ntilde;os, teniendo en cuenta el crecimiento econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Newtral</strong> calific&oacute; la afirmaci&oacute;n de verdad a medias. Seg&uacute;n los datos del Banco de Espa&ntilde;a, la deuda p&uacute;blica aument&oacute; un 44,9 % entre junio de 2018 y julio de 2026. Es un incremento considerable y merece debate. Pero la deuda hab&iacute;a registrado aumentos porcentuales superiores durante los mandatos de Mariano Rajoy y Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, aunque entonces el crecimiento econ&oacute;mico fue menor.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es leg&iacute;timo criticar el endeudamiento actual?
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es leg&iacute;timo comparar gobiernos?
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no ayuda es presentar una comparaci&oacute;n compleja como si una frase bastara para resolverla.
    </p><p class="article-text">
        Y conviene aclarar algo: una verdad a medias no es necesariamente una mentira deliberada. Puede ser una afirmaci&oacute;n correcta que necesita contexto para no inducir a conclusiones equivocadas.
    </p><p class="article-text">
        La precisi&oacute;n importa, incluso cuando resta contundencia a nuestro argumento. Sobre todo, entonces. Porque tampoco pienso sostener que toda falsedad que circula por internet ha sido fabricada por un partido. Que un bulo beneficie a Vox o al PP no demuestra que esas formaciones lo hayan creado.
    </p><p class="article-text">
        Si denunciamos la manipulaci&oacute;n, no podemos permitirnos manipular las atribuciones.
    </p><p class="article-text">
        Y el mismo criterio debe aplicarse al Gobierno de Pedro S&aacute;nchez, a sus socios y a cualquier otra formaci&oacute;n, porque una afirmaci&oacute;n falsa no se vuelve verdadera porque la pronuncie alguien con quien simpatizamos.
    </p><p class="article-text">
        La verdad no tiene carn&eacute; de partido.
    </p><p class="article-text">
        Hasta aqu&iacute; los pol&iacute;ticos. Ahora viene la parte inc&oacute;moda&hellip; Nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Porque resulta muy sencillo indignarse con una mentira ajena. Lo dif&iacute;cil es reconocer una que nos conviene.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una extraordinaria capacidad para detectar las trampas del adversario y una sorprendente facilidad para disculpar las de quienes piensan como nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Si una noticia perjudica al partido que rechazamos, la compartimos.
    </p><p class="article-text">
        Si despu&eacute;s descubrimos que era falsa, buscamos una excusa.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Bueno, pero podr&iacute;a haber pasado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No.
    </p><p class="article-text">
        Que algo pudiera haber pasado no significa que haya ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Y que deseemos que una acusaci&oacute;n sea cierta no la convierte en verdad.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la frontera que estamos empezando a cruzar con demasiada naturalidad. Ya no siempre preguntamos si una informaci&oacute;n es verdadera. Preguntamos a qui&eacute;n perjudica. Y seg&uacute;n la respuesta decidimos cu&aacute;nto rigor estamos dispuestos a exigir.
    </p><p class="article-text">
        Es una forma c&oacute;moda de vivir la pol&iacute;tica y, tambi&eacute;n una forma peligros&iacute;sima de renunciar a pensar, porque defender unas ideas no obliga a defender cualquier cosa que se diga en su nombre.
    </p><p class="article-text">
        Se puede ser conservador y rechazar un bulo difundido desde la derecha. Se puede ser progresista y denunciar una manipulaci&oacute;n de la izquierda. Se puede pedir una pol&iacute;tica migratoria m&aacute;s restrictiva sin inventar cifras. Y se puede criticar al Gobierno sin atribuirle decisiones que no ha tomado.
    </p><p class="article-text">
        Eso no debilita unas convicciones&hellip; Las hace m&aacute;s respetables.
    </p><p class="article-text">
        Lo contrario es convertir la pol&iacute;tica en una cuesti&oacute;n de fe. Y, que yo sepa,&nbsp;los partidos pol&iacute;ticos no son iglesias.
    </p><p class="article-text">
        Ni sus dirigentes, santos.
    </p><p class="article-text">
        Ni sus portavoces, or&aacute;culos.
    </p><p class="article-text">
        Son representantes p&uacute;blicos que deben responder por lo que dicen, especialmente cuando sus palabras alimentan el miedo, la desconfianza o el enfrentamiento entre ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Porque mientras discutimos sobre cifras mal utilizadas y personajes fabricados, hay familias que no encuentran vivienda, pacientes que esperan una consulta, trabajadores que no llegan a fin de mes y j&oacute;venes que se preguntan si tendr&aacute;n que marcharse para construir su futuro.
    </p><p class="article-text">
        Esos problemas existen y no necesitan inteligencia artificial para parecer reales. Necesitan pol&iacute;tica. Y la pol&iacute;tica empieza cuando dejamos de buscar culpables imaginarios y exigimos respuestas comprobables.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; propone exactamente quien denuncia el problema?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo piensa resolverlo?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;nto costar&aacute;?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n asumir&aacute; las consecuencias?
    </p><p class="article-text">
        Preguntas sencillas. Mucho menos virales que un insulto, pero bastante m&aacute;s &uacute;tiles que un bulo.
    </p><p class="article-text">
        No pretendo que desconfiemos de todo hasta volvernos incapaces de creer en nada. Eso tambi&eacute;n ser&iacute;a una victoria de la desinformaci&oacute;n. Pretendo algo m&aacute;s modesto:
    </p><p class="article-text">
        Que antes de compartir una noticia que nos enciende, comprobemos de d&oacute;nde sale.
    </p><p class="article-text">
        Que pidamos pruebas.
    </p><p class="article-text">
        Que aceptemos las rectificaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y que nos hagamos una pregunta que puede resultar bastante desagradable:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Seguir&iacute;a creyendo esto s&iacute; perjudicara a mi propio partido?
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; empieza la verdadera prueba. No en detectar la mentira del contrario, sino en ser capaces de rechazar la nuestra. Porque una democracia no necesita ciudadanos que defiendan a sus dirigentes como si fueran infalibles. Necesita ciudadanos capaces de mirar a los suyos y decirles: <strong>&ldquo;No me tomes por idiota&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Eso deber&iacute;a ser compatible con cualquier ideolog&iacute;a. Y exigible a todas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando llegue el momento de votar, cada cual decidir&aacute; qu&eacute; proyecto le convence. Pero convendr&iacute;a llegar a las urnas con algo m&aacute;s que enfado, miedo y v&iacute;deos reenviados.
    </p><p class="article-text">
        Con hechos.
    </p><p class="article-text">
        Con preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Con memoria.
    </p><p class="article-text">
        Y con la suficiente independencia como para no entregar nuestro criterio a quien mejor sepa manipular nuestras emociones. Porque la mentira no construye viviendas, ni reduce las listas de espera, no mejora los salarios, ni arregla los servicios p&uacute;blicos&hellip; Pero puede conseguir algo mucho m&aacute;s grave: que dejemos de exigir soluciones mientras discutimos sobre problemas inventados.
    </p><p class="article-text">
        La mentira tambi&eacute;n vota. No porque pueda introducir una papeleta en la urna, sino porque cada vez que aceptamos una falsedad por conveniencia, dejamos que alguien piense por nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ese sea el verdadero peligro.
    </p><p class="article-text">
        Que nos roben el criterio y todav&iacute;a creamos que estamos ejerciendo nuestra libertad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/mentira-vota_132_13589737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Oct 2026 21:09:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6b3b0183-0ef2-4566-b296-38deba05e867_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39655" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6b3b0183-0ef2-4566-b296-38deba05e867_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39655" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La mentira también vota]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6b3b0183-0ef2-4566-b296-38deba05e867_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No quiero volver atrás]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/no-quiero-volver_132_13579664.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d40f850e-9a2f-4853-b917-aafdc585628e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No quiero volver atrás"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La libertad no es de izquierdas. La igualdad no debería serlo. La dignidad tampoco. La accesibilidad no puede serlo. Y poder amar a quien quieras, mucho menos</p></div><p class="article-text">
        Antes de votar quiz&aacute; deber&iacute;amos preguntarnos no solo qui&eacute;n queremos que gobierne, sino qu&eacute; estamos dispuestos a perder. Todav&iacute;a no estamos en campa&ntilde;a electoral&hellip; Pero casi.
    </p><p class="article-text">
        La precampa&ntilde;a ya ha empezado a hacer lo que mejor sabe hacer: llenar el espacio de promesas, encuestas, acusaciones, corrupci&oacute;n, v&iacute;deos de veinte segundos y frases dise&ntilde;adas para incendiar las redes.
    </p><p class="article-text">
        Unos anuncian que Espa&ntilde;a se rompe. Otros aseguran que solo ellos pueden salvarla.
    </p><p class="article-text">
        Mucho ruido.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que propongo algo bastante menos espectacular.
    </p><p class="article-text">
        Un espejo.
    </p><p class="article-text">
        Antes de decidir tu voto, m&iacute;rate. No al candidato ni al cartel. Tampoco al &uacute;ltimo v&iacute;deo que te lleg&oacute; por WhatsApp. M&iacute;rate a ti y preg&uacute;ntate:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s dispuesto a perder?
    </p><p class="article-text">
        Yo lo tengo claro.
    </p><p class="article-text">
        No quiero volver atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute; quiero seguir ganando derechos.
    </p><p class="article-text">
        No quiero que una persona con discapacidad tenga que agradecer que pueda entrar en un edificio, coger una guagua, estudiar, trabajar, utilizar una aplicaci&oacute;n o hacer un tr&aacute;mite administrativo.
    </p><p class="article-text">
        Quiero accesibilidad de verdad.
    </p><p class="article-text">
        No la rampa para la fotograf&iacute;a institucional mientras la p&aacute;gina web sigue siendo inaccesible. Tampoco una autonom&iacute;a que dependa de encontrarte con un funcionario amable, un conductor comprensivo o un empresario sensibilizado.
    </p><p class="article-text">
        Quiero derechos, porque los derechos tienen una ventaja sobre la caridad: no hay que dar las gracias por recibirlos.
    </p><p class="article-text">
        En 2024 Espa&ntilde;a reform&oacute; el <strong>art&iacute;culo 49 de la Constituci&oacute;n. </strong>Las personas con discapacidad dejamos de aparecer bajo una terminolog&iacute;a que llevaba demasiado tiempo diciendo mucho de c&oacute;mo nos hab&iacute;a mirado este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No fue solamente cambiar una palabra. Fue reconocer dignidad, autonom&iacute;a, inclusi&oacute;n y accesibilidad como cuestiones de derechos. Cost&oacute; llegar hasta ah&iacute;, por eso no quiero retroceder ni un cent&iacute;metro.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco quiero que una persona mayor tenga que sentirse in&uacute;til porque no sabe utilizar una aplicaci&oacute;n. Quiero tecnolog&iacute;a, claro que s&iacute;, pero con personas detr&aacute;s. Digitalizar no puede significar abandonar.
    </p><p class="article-text">
        Y no quiero volver a discutir qu&eacute; familia merece llamarse familia. Ya hemos perdido demasiado tiempo con eso.
    </p><p class="article-text">
        Dos hombres pueden casarse. Dos mujeres pueden formar una familia. Una persona deber&iacute;a poder vivir su identidad sin convertirse en munici&oacute;n electoral.
    </p><p class="article-text">
        No quiero armarios.
    </p><p class="article-text">
        Quiero libertad.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuidado con una trampa bastante frecuente.
    </p><p class="article-text">
        La libertad no consiste en que yo pueda hacer lo que quiera mientras decido qu&eacute; derechos deber&iacute;a tener el vecino.
    </p><p class="article-text">
        Hoy existen fuerzas pol&iacute;ticas que plantean abiertamente derogar legislaci&oacute;n sobre derechos LGTBI y trans.
    </p><p class="article-text">
        Discutamos las leyes. Art&iacute;culo por art&iacute;culo. Digamos que funciona y qu&eacute; no. Reformemos lo que haya que reformar.
    </p><p class="article-text">
        Eso es pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando alguien diga <strong>&ldquo;hay que derogarlo&rdquo;,</strong> hagamos una pregunta antes de aplaudir:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; exactamente?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; derecho sobra?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El m&iacute;o? &iquest;El tuyo? &iquest;El del vecino?
    </p><p class="article-text">
        Porque decir &ldquo;<strong>derogaci&oacute;n&rdquo;</strong> desde un atril es f&aacute;cil.
    </p><p class="article-text">
        Vivir despu&eacute;s con lo derogado es otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco quiero que una mujer tenga que demostrar otra vez que la igualdad sigue siendo necesaria.
    </p><p class="article-text">
        Ni racismo disfrazado de soluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a necesita una pol&iacute;tica migratoria seria, ordenada y realista, pero sin convertir a quien llega en el culpable de todos los problemas que llevamos a&ntilde;os sin resolver.
    </p><p class="article-text">
        Y quiero discusi&oacute;n&hellip; Mucha.
    </p><p class="article-text">
        Quiero que alguien pueda decirme que estoy equivocado y poder responderle. Quiero votar diferente a mi vecino y saludarlo al d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        No quiero enemigos. Quiero adversarios.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia parece peque&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Una democracia entera cabe dentro.
    </p><p class="article-text">
        Y no quiero corrupci&oacute;n. De nadie. Porque hemos desarrollado una curiosa &eacute;tica pol&iacute;tica en la que la corrupci&oacute;n es insoportable cuando la practica el adversario y necesita muchos matices cuando aparece en casa.
    </p><p class="article-text">
        No.
    </p><p class="article-text">
        Quien mete la mano donde no debe tiene que responder, se llame como se llame y lleve las siglas que lleve.
    </p><p class="article-text">
        Lo p&uacute;blico no pertenece al partido que gobierna&hellip; Nos pertenece.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo que me preocupa especialmente en esta precampa&ntilde;a&hellip; El enfado.
    </p><p class="article-text">
        Y hay razones para estar enfadados: la vivienda, las listas de espera, los salarios, la cesta de la compra, la burocracia, la corrupci&oacute;n y esa sensaci&oacute;n de que demasiadas veces la pol&iacute;tica habla much&iacute;simo de s&iacute; misma y bastante poco de nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Ese enfado es leg&iacute;timo.
    </p><p class="article-text">
        El peligro empieza cuando alguien descubre que tambi&eacute;n da votos.
    </p><p class="article-text">
        Entonces aparece el vendedor de soluciones milagrosas. El culpable perfecto. El salvador que promete acabar con todo.
    </p><p class="article-text">
        Desconf&iacute;o de los salvadores. Especialmente de los que para salvarme necesitan convencerme primero de que debo tener miedo de mi vecino, porque el populismo tiene un truco viejo y extraordinariamente eficaz: coger un problema real, buscar un culpable sencillo y vender una soluci&oacute;n imposible.
    </p><p class="article-text">
        Mientras discutimos sobre el culpable, el problema contin&uacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica que cambia nuestra vida suele ser bastante menos espectacular.
    </p><p class="article-text">
        Es poder pagar una vivienda, recibir atenci&oacute;n cuando est&aacute;s enfermo, conseguir una prestaci&oacute;n sin necesitar un m&aacute;ster en burocracia, desplazarte con autonom&iacute;a si tienes una discapacidad, no quedar fuera porque todo funciona mediante una pantalla, volver tranquila a casa, formar una familia sin convertirte en debate nacional o trabajar y poder vivir de ello.
    </p><p class="article-text">
        Eso entra en casa.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute; cambia una vida.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me niego a votar &uacute;nicamente desde el cabreo, porque el cabreo pasa, pero las leyes quedan. Y ah&iacute; est&aacute; el espejo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; derechos tenemos hoy que nuestros padres o nuestros abuelos no tuvieron?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; libertades disfrutamos con tanta normalidad que hemos olvidado cu&aacute;nto costaron?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De verdad estamos dispuestos a perder alguna porque alguien ha conseguido convencernos de que el problema son los derechos del vecino?
    </p><p class="article-text">
        Yo no.
    </p><p class="article-text">
        Quiero cambiar muchas cosas. Mejores servicios p&uacute;blicos, vivienda, una sanidad que responda, una administraci&oacute;n que no convierta cada tr&aacute;mite en una prueba de resistencia y una Espa&ntilde;a que no obligue a sus j&oacute;venes a elegir entre marcharse o resignarse.
    </p><p class="article-text">
        Quiero pol&iacute;ticos que rindan cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Menos propaganda y m&aacute;s gesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero para arreglar una casa no hace falta quemarla.
    </p><p class="article-text">
        No todo lo conquistado pertenece a un partido.
    </p><p class="article-text">
        La libertad no es de izquierdas. La igualdad no deber&iacute;a serlo. La dignidad tampoco. La accesibilidad no puede serlo. Y poder amar a quien quieras, mucho menos.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos, cuando llegan, dejan de pertenecer al gobierno que los aprob&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Pasan a ser nuestros.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n de quienes votaron contra ellos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, cuando tenga una papeleta delante, no voy a preguntarme qui&eacute;n grit&oacute; m&aacute;s fuerte, qui&eacute;n hizo el v&iacute;deo m&aacute;s viral o qui&eacute;n consigui&oacute; enfadarme m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Voy a preguntarme algo bastante m&aacute;s inc&oacute;modo:
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; quiero cambiar sin perder lo que tanto cost&oacute; conseguir?
    </p><p class="article-text">
        Porque quiero avanzar sin renunciar a la libertad, la igualdad, la autonom&iacute;a, la convivencia y la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Quiero cambiar lo que no funciona, pero no quiero volver atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; de eso vaya todo este ruido que empieza mucho antes de que comience oficialmente la campa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        De saber distinguir entre cambiar y retroceder, porque los gobiernos pasan, los candidatos pasan, las precampa&ntilde;as pasan y los derechos tambi&eacute;n pueden pasar&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Si los dejamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/no-quiero-volver_132_13579664.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Oct 2026 10:51:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d40f850e-9a2f-4853-b917-aafdc585628e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="35456" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d40f850e-9a2f-4853-b917-aafdc585628e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="35456" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No quiero volver atrás]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d40f850e-9a2f-4853-b917-aafdc585628e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones 2026]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ajuar que algunos pretenden devolver al baúl: las bodas que cambiaron nuestra manera de querer y los derechos que algunos todavía discuten]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ajuar-pretenden-devolver-baul-bodas-cambiaron-manera-derechos-todavia-discuten_132_13555819.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ce858b07-9d73-460f-8286-d63baeefac65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El ajuar que algunos pretenden devolver al baúl: Las bodas que cambiaron nuestra manera de querer y los derechos que algunos todavía discuten"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hace falta decir que mañana alguien vaya a prohibir una boda entre dos hombres, pero sí conviene recordar que los derechos pueden convertirse en terreno de disputa política. Y cuando se empieza a discutir qué familia merece reconocimiento, qué protección debe tener o qué modelo se considera normal, quizá conviene mirar un poco hacia atrás</p></div><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que, cuando una mujer iba a casarse, comenzaba a preparar su ajuar: s&aacute;banas bordadas, manteles, toallas, vajilla, alguna pieza de menaje, muebles que quiz&aacute; llevaban a&ntilde;os esperando su momento. Todo se guardaba con cuidado porque aquel conjunto no era solamente un mont&oacute;n de cosas. Era el comienzo de una casa.
    </p><p class="article-text">
        El ajuar tambi&eacute;n hablaba de dinero, de familias y de posibilidades. De lo que cada uno pod&iacute;a aportar al matrimonio.
    </p><p class="article-text">
        Y luego estaban las fotograf&iacute;as, la ropa guardada y esos peque&ntilde;os objetos que, con los a&ntilde;os, terminaban formando parte de la memoria familiar.
    </p><p class="article-text">
        Las bodas cambiaron y con ellas cambiamos nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Antes, quiz&aacute;, la pregunta era:n&ldquo;&iquest;Qu&eacute; aporta cada uno?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Hoy deber&iacute;a ser bastante m&aacute;s sencilla: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n te hace feliz?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Parece una diferencia peque&ntilde;a pero no lo es.
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo hubo personas que quisieron casarse y no pudieron. No porque les faltaran ganas de compartir una vida, sino porque la ley no reconoc&iacute;a su relaci&oacute;n de la misma manera.
    </p><p class="article-text">
        En 2005 Espa&ntilde;a cambi&oacute; aquello. El matrimonio civil se abri&oacute; a las parejas del mismo sexo con los mismos requisitos y efectos.
    </p><p class="article-text">
        Pero aquella ley tuvo oposici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s de cincuenta diputados del Grupo Popular recurrieron ante el Tribunal Constitucional la norma que permit&iacute;a el matrimonio entre personas del mismo sexo. En 2012, el Constitucional desestim&oacute; el recurso y declar&oacute; constitucional aquella regulaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Conviene recordarlo porque los derechos no aparecen solos.
    </p><p class="article-text">
        Tienen una fecha. Y tambi&eacute;n tienen una historia.
    </p><p class="article-text">
        Hoy seguimos viendo c&oacute;mo Vox cuestiona el marco legal de derechos LGTBI. En 2026 ha presentado, por ejemplo, una enmienda a la totalidad contra una ley LGTBI en Asturias y ha defendido la derogaci&oacute;n de leyes relacionadas con estos derechos, incluso proponiendo pol&iacute;ticas contrarias en aquellas instituciones en las que gobierna.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta decir que ma&ntilde;ana alguien vaya a prohibir una boda entre dos hombres, pero s&iacute; conviene recordar que los derechos pueden convertirse en terreno de disputa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando se empieza a discutir qu&eacute; familia merece reconocimiento, qu&eacute; protecci&oacute;n debe tener o qu&eacute; modelo se considera normal, quiz&aacute; conviene mirar un poco hacia atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Porque una familia no necesita que nadie la apruebe.
    </p><p class="article-text">
        Necesita que la ley la reconozca.
    </p><p class="article-text">
        Y esto no va solamente de dos hombres.
    </p><p class="article-text">
        Va de dos mujeres, de parejas que llevan cuarenta a&ntilde;os juntas, de quienes tienen hijos y de quienes no los tienen. De quienes empiezan ahora y de quienes llevan media vida comparti&eacute;ndola.
    </p><p class="article-text">
        Va de algo bastante sencillo: vivir sin tener que explicar por qu&eacute; has elegido a esa persona.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias conocemos bien el valor de las historias que pasan de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una boda se prepara, se comenta y se celebra.
    </p><p class="article-text">
        Las familias se encuentran. Los amigos hablan. Alguien recuerda el vestido. Otro cuenta qui&eacute;n llor&oacute; durante la ceremonia. A&ntilde;os despu&eacute;s aparece una fotograf&iacute;a y vuelve la historia.
    </p><p class="article-text">
        Una boda termina formando parte de la memoria de una familia y, muchas veces, tambi&eacute;n de la de un pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso merece la pena recordar c&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en el que amar a alguien del mismo sexo era perseguido y castigado.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que dos hombres pod&iacute;an quererse, vivir juntos y formar una familia, pero no pod&iacute;an casarse.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que dos mujeres pod&iacute;an compartir una vida entera y no ten&iacute;an el mismo reconocimiento legal.
    </p><p class="article-text">
        Hoy eso ha cambiado.
    </p><p class="article-text">
        Y eso tambi&eacute;n forma parte de nuestra historia reciente.
    </p><p class="article-text">
        Antes se preparaba una dote.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s se preparaba una casa.
    </p><p class="article-text">
        Hoy se prepara una vida.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el ajuar que importa.
    </p><p class="article-text">
        No las s&aacute;banas. No la vajilla. No los muebles.
    </p><p class="article-text">
        Las ma&ntilde;anas compartidas. Las noches complicadas. Los viajes. Los enfados. Las reconciliaciones. Las enfermedades. Los proyectos. Las cosas que salen bien y las que no.
    </p><p class="article-text">
        Tener a alguien a quien llamar cuando pasa algo.
    </p><p class="article-text">
        Mirar al otro lado de la mesa y saber que ah&iacute; est&aacute; tu casa.
    </p><p class="article-text">
        Eso tambi&eacute;n es una familia.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; por eso estas historias importan m&aacute;s de lo que parece.
    </p><p class="article-text">
        Porque detr&aacute;s de cada boda entre dos personas del mismo sexo hay tambi&eacute;n una historia que hace no tanto tiempo era imposible.
    </p><p class="article-text">
        Una historia de personas que tuvieron que esperar para poder hacer algo que hoy puede parecer tan sencillo como firmar unos papeles, ponerse una alianza o decir &ldquo;<strong>s&iacute;, quiero</strong>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Me niego a volver atr&aacute;s
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; dentro de unos a&ntilde;os alguien lea estas l&iacute;neas y no entienda por qu&eacute; hubo que defender algo tan normal.
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Porque entonces significar&aacute; que hemos aprendido algo.
    </p><p class="article-text">
        Que una boda puede ser simplemente una boda.
    </p><p class="article-text">
        Que una familia puede ser simplemente una familia.
    </p><p class="article-text">
        Y que nadie deber&iacute;a necesitar un ba&uacute;l, una explicaci&oacute;n o el permiso de nadie para construir la vida que ha elegido.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana dos hombres dir&aacute;n: <strong>&ldquo;S&iacute;, quiero&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; lo m&aacute;s importante sea que nadie tenga que preguntarse por qu&eacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ajuar-pretenden-devolver-baul-bodas-cambiaron-manera-derechos-todavia-discuten_132_13555819.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Oct 2026 07:57:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ce858b07-9d73-460f-8286-d63baeefac65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="62113" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ce858b07-9d73-460f-8286-d63baeefac65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="62113" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El ajuar que algunos pretenden devolver al baúl: las bodas que cambiaron nuestra manera de querer y los derechos que algunos todavía discuten]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ce858b07-9d73-460f-8286-d63baeefac65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Franco no merece un pedestal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/franco-no-merece-pedestal_132_13535471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f55e1721-874f-46b2-859d-3bf8baeee2bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Franco no merece un pedestal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Señor Bermúdez: ¿qué cree que siente una familia que todavía busca a su abuelo cuando ve que una institución pública dedica esfuerzos a conservar un monumento relacionado con quien encabezó aquella dictadura?
</p></div><p class="article-text">
        Hay monumentos que cuentan una historia y hay monumentos que todav&iacute;a parecen empe&ntilde;ados en contarla desde el lado de los vencedores. En Santa Cruz de Tenerife tenemos uno. Es grande y visible. Forma parte del paisaje de la ciudad desde hace d&eacute;cadas y tiene un nombre que nadie deber&iacute;a olvidar: <strong>Francisco Franco</strong>.
    </p><p class="article-text">
        El alcalde de la ciudad, <strong>Jos&eacute; Manuel Berm&uacute;dez</strong>, ha decidido llevar al Estado a los tribunales para intentar impedir que el monumento sea retirado.
    </p><p class="article-text">
        Ya no hablamos solamente de una escultura. Hablamos de qu&eacute; quiere decir una ciudad cuando decide qu&eacute; merece permanecer en su espacio p&uacute;blico y, sobre todo, de a qui&eacute;n decide escuchar.
    </p><p class="article-text">
        El Estado orden&oacute; su retirada. El Gobierno de Canarias concluy&oacute; el procedimiento para declararlo <strong>Bien de Inter&eacute;s Cultural</strong> y no lo declar&oacute;. El Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias, m&aacute;ximo &oacute;rgano consultivo en esta materia, hab&iacute;a rechazado previamente esa protecci&oacute;n por diecis&eacute;is votos frente a ninguno, con una abstenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero el Ayuntamiento insiste, ahora vamos a los tribunales.
    </p><p class="article-text">
        Yo tengo una pregunta muy sencilla: &iquest;de verdad merece tanto esfuerzo conservar un monumento dedicado a Franco?
    </p><p class="article-text">
        No pregunto si la escultura est&aacute; bien hecha o si <strong>Juan de &Aacute;valo</strong>s sab&iacute;a trabajar el material. Tampoco quiero saber si la pieza tiene valor art&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Pregunto qu&eacute; representa, porque una escultura no existe solamente por el material del que est&aacute; hecha, tambi&eacute;n existe por aquello que recuerda y, esta escultura est&aacute; vinculada a un r&eacute;gimen dictatorial que gobern&oacute; Espa&ntilde;a durante d&eacute;cadas despu&eacute;s de una guerra provocada por un golpe militar contra la Rep&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Eso tambi&eacute;n forma parte de nuestra historia y, quiz&aacute;, convendr&iacute;a recordarlo cuando hablamos de patrimonio, porque resulta extra&ntilde;o que para algunas personas la memoria empiece en la piedra y termine antes de llegar a las v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        En Canarias tambi&eacute;n hubo v&iacute;ctimas. Tambi&eacute;n hubo persecuci&oacute;n. Tambi&eacute;n hubo familias rotas. Tambi&eacute;n hubo personas asesinadas, desaparecidas, encarceladas y represaliadas.
    </p><p class="article-text">
        El propio Gobierno de Canarias mantiene un mapa de fosas y un buscador de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y el franquismo.
    </p><p class="article-text">
        No son solo cifras. Son nombres. Son vidas.
    </p><p class="article-text">
        Y hay un dolor que quiz&aacute; resulte dif&iacute;cil de explicar a quien nunca lo ha vivido: perder a alguien y no poder despedirse.
    </p><p class="article-text">
        No saber d&oacute;nde est&aacute;. No poder llevarle una flor. No poder decirle adi&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No poder explicar a los hijos y a los nietos d&oacute;nde descansan sus restos.
    </p><p class="article-text">
        Hay dolores que no desaparecen porque hayan pasado ochenta a&ntilde;os. Todo lo contrario, siguen de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, permaneciendo en la memoria de las familias.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me cuesta entender que una administraci&oacute;n p&uacute;blica pueda emplear recursos, informes, procedimientos y ahora incluso abogados para intentar conservar en la v&iacute;a p&uacute;blica un monumento vinculado al dictador que encabez&oacute; aquel r&eacute;gimen.
    </p><p class="article-text">
        Y quiero ser cuidadoso con algo. No estoy diciendo que quien protege la conservaci&oacute;n del monumento est&eacute; defendiendo una dictadura. No ser&iacute;a justo ni serio.
    </p><p class="article-text">
        El alcalde ha defendido que existen posibles valores art&iacute;sticos y ha planteado v&iacute;as de protecci&oacute;n patrimonial para evitar su retirada. Esa es su posici&oacute;n. Tiene derecho a defenderla. Pero quienes pensamos lo contrario tambi&eacute;n tenemos derecho a decirlo claramente. Una democracia no deber&iacute;a necesitar un pedestal para recordar una dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Porque retirar un monumento no significa borrar la historia, a veces significa precisamente lo contrario. Significa dejar de homenajearla.
    </p><p class="article-text">
        Podemos conservar documentos, fotograf&iacute;as, explicar en un museo qui&eacute;n encarg&oacute; la obra, cu&aacute;ndo se levant&oacute; y qu&eacute; pretend&iacute;a representar. Podemos ense&ntilde;ar a nuestros hijos lo que ocurri&oacute;. Lo que no necesitamos es mantener en un espacio p&uacute;blico un s&iacute;mbolo que muchas familias pueden vivir como una herida.
    </p><p class="article-text">
        Una cosa es conservar la memoria y otra muy distinta es conservar la exaltaci&oacute;n. Y aqu&iacute; conviene mirar m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras.
    </p><p class="article-text">
        Alemania convirti&oacute; la memoria del nazismo en una pol&iacute;tica de educaci&oacute;n, documentaci&oacute;n y responsabilidad hist&oacute;rica, con una legislaci&oacute;n especialmente restrictiva respecto a la propaganda nazi.
    </p><p class="article-text">
        Italia sigue teniendo debates sobre la permanencia de s&iacute;mbolos y lugares vinculados al fascismo.
    </p><p class="article-text">
        Y Rusia demuestra precisamente que la relaci&oacute;n con el pasado dictatorial puede ser mucho m&aacute;s compleja: all&iacute; conviven la memoria hist&oacute;rica, la reivindicaci&oacute;n de la victoria sovi&eacute;tica y una importante presencia p&uacute;blica de s&iacute;mbolos de la etapa sovi&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no necesitamos copiar a nadie. Espa&ntilde;a tiene que decidir qu&eacute; hace con su propia historia. Y nuestra historia nos obliga a mirar tambi&eacute;n a quienes perdieron, porque esta discusi&oacute;n no va solamente de patrimonio. Va de memoria, de respeto, de v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; la pregunta que deber&iacute;amos hacerle al alcalde. Se&ntilde;or Berm&uacute;dez: &iquest;qu&eacute; cree que siente una familia que todav&iacute;a busca a su abuelo cuando ve que una instituci&oacute;n p&uacute;blica dedica esfuerzos a conservar un monumento relacionado con quien encabez&oacute; aquella dictadura?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; siente una hija que nunca pudo despedirse de su padre?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; siente un nieto que sigue buscando una fosa?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; les estamos diciendo?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Que la escultura merece m&aacute;s protecci&oacute;n que su memoria?
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que no, porque una escultura no siente, ni sufre, ni tiene hijos ni nietos. No tiene recuerdos y no necesita que nadie la defienda.
    </p><p class="article-text">
        Las personas s&iacute; y, quiz&aacute; por eso, deber&iacute;amos invertir el esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Menos energ&iacute;a en salvar una piedra. M&aacute;s energ&iacute;a en encontrar a quienes siguen desaparecidos. Menos recursos en buscarle un encaje patrimonial a un s&iacute;mbolo franquista. M&aacute;s recursos para que las familias puedan recuperar los restos de los suyos.
    </p><p class="article-text">
        Menos preocupaci&oacute;n por el pedestal. M&aacute;s preocupaci&oacute;n por las personas.
    </p><p class="article-text">
        Porque el verdadero patrimonio de una ciudad no son solamente sus edificios, sus esculturas o sus plazas. Tambi&eacute;n son las historias de quienes la construyeron. Incluso las de quienes fueron silenciados. Incluso las de quienes fueron asesinados. Incluso las de quienes murieron sin que sus familias pudieran despedirse.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras escribo estas l&iacute;neas, RTVE acaba de estrenarn<em><strong>Lorca, las horas perdidas</strong></em>, un documental que vuelve, noventa a&ntilde;os despu&eacute;s, sobre las &uacute;ltimas horas de <strong>Federico Garc&iacute;a Lorca</strong>, su asesinato y las inc&oacute;gnitas que todav&iacute;a rodean sus restos.
    </p><p class="article-text">
        Noventa a&ntilde;os despu&eacute;s seguimos pregunt&aacute;ndonos d&oacute;nde termina una vida y d&oacute;nde empieza una ausencia.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ese documental sirva para recordar algo muy sencillo: detr&aacute;s de cada desaparecido hubo una persona y detr&aacute;s de cada persona hubo una familia.
    </p><p class="article-text">
        No son cifras. No son bandos. No son argumentos para una tertulia.
    </p><p class="article-text">
        Son seres humanos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso no quiero que este art&iacute;culo termine hablando de Franco.
    </p><p class="article-text">
        Quiero que termine hablando de quienes no pudieron despedirse, porque Franco muri&oacute; hace cincuenta y un a&ntilde;os, pero todav&iacute;a hay familias que siguen buscando.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras algunas instituciones siguen discutiendo cu&aacute;nto valor art&iacute;stico tiene una escultura, hay personas que llevan d&eacute;cadas intentando encontrar d&oacute;nde est&aacute; enterrado su padre, su abuelo, su hermano.
    </p><p class="article-text">
        A lo mejor el problema no es que Santa Cruz tenga un monumento demasiado grande. A lo mejor el problema es que todav&iacute;a le estamos dando demasiada importancia.
    </p><p class="article-text">
        La historia no necesita que Franco siga sobre un pedestal. Necesita que las v&iacute;ctimas dejen de estar debajo de la tierra y del olvido.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute;, se&ntilde;or Berm&uacute;dez, esa deber&iacute;a ser la batalla que mereciera todos nuestros recursos.
    </p><p class="article-text">
        No salvar un monumento. Salvar la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Porque una democracia no se mide por cu&aacute;nto conserva de una dictadura.
    </p><p class="article-text">
        Se mide por cu&aacute;nto respeta a quienes la dictadura hizo desaparecer.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/franco-no-merece-pedestal_132_13535471.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 13:20:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f55e1721-874f-46b2-859d-3bf8baeee2bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41435" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f55e1721-874f-46b2-859d-3bf8baeee2bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41435" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Franco no merece un pedestal]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f55e1721-874f-46b2-859d-3bf8baeee2bf_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las ratas de Clavijo. Cuando el miedo se convierte en política también deja heridas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ratas-clavijo-miedo-convierte-politica-deja-heridas_132_13518370.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9693c5cc-ebad-4716-b598-bb47fa0ab735_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las ratas de Clavijo. Cuando el miedo se convierte en política también deja heridas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tener miedo no nos da permiso para convertir al otro en una amenaza antes de conocerlo. Por eso, cuando pienso hoy en aquellas ratas, no pienso solamente en los roedores. Pienso en la facilidad con la que una crisis puede convertir a personas en titulares. En la facilidad con la que el miedo puede convertirse en una herramienta política</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Se acuerdan de las ratas?
    </p><p class="article-text">
        Durante unos d&iacute;as ocuparon titulares, tertulias, redes sociales y declaraciones pol&iacute;ticas. Se convirtieron en el s&iacute;mbolo de una pol&eacute;mica que llev&oacute; a Canarias a las portadas nacionales e internacionales.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; convenga volver atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No para hablar de ratas. Para hablar de miedo y de memoria.
    </p><p class="article-text">
        Porque hubo un momento en el que desde Canarias se lanzaron mensajes que hicieron que muchos ciudadanos mir&aacute;ramos aquel barco de otra manera. Un barco que, de repente, parec&iacute;a representar una amenaza para nuestras costas, nuestra poblaci&oacute;n y nuestra seguridad.
    </p><p class="article-text">
        El presidente de Canarias, <strong>Fernando Clavijo</strong>, fue uno de los principales protagonistas de aquella posici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y ten&iacute;a derecho a estar preocupado. Por supuesto que s&iacute;. Un presidente tiene la obligaci&oacute;n de preocuparse por la seguridad de sus ciudadanos, pero tambi&eacute;n tiene una responsabilidad extraordinariamente importante: medir sus palabras, porque cuando un ciudadano expresa miedo, expresa miedo. Cuando lo hace el presidente de una comunidad aut&oacute;noma, sus palabras pueden convertirse en alarma.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; est&aacute;, a mi juicio, el verdadero problema.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquellos d&iacute;as se habl&oacute; de ratas que pod&iacute;an llegar a la costa y de riesgos que terminaron siendo descartados por los informes sanitarios. El Gobierno de Espa&ntilde;a lleg&oacute; incluso a ordenar la acogida del buque en <strong>Granadilla</strong> despu&eacute;s de la oposici&oacute;n de Clavijo al fondeo.
    </p><p class="article-text">
        El miedo encontr&oacute; un altavoz institucional.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ntos tuvimos miedo? &iquest;Cu&aacute;ntos miramos aquel barco de otra manera? &iquest;Cu&aacute;ntos pensamos que est&aacute;bamos ante una amenaza mayor de la que finalmente fue?
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, &iquest;cu&aacute;ntos dejamos que aquel miedo cambiara nuestra manera de mirar a quienes viajaban en &eacute;l?
    </p><p class="article-text">
        Porque detr&aacute;s de aquel barco hab&iacute;a personas de 23 nacionalidades que no hab&iacute;an elegido enfermar ni convertirse en protagonistas involuntarias de una batalla pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Conviene decirlo con claridad: el brote fue real y fue grave. La OMS registr&oacute; 13 casos y tres fallecimientos. Precisamente por eso la respuesta deb&iacute;a estar en manos de quienes saben de salud p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a activ&oacute; los protocolos. Las autoridades sanitarias coordinaron el operativo. Se realiz&oacute; el seguimiento de pasajeros y contactos. La crisis fue gestionada.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo que me parece todav&iacute;a m&aacute;s importante: despu&eacute;s, la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud reconoci&oacute; esa respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Su director general, <strong>Tedros Adhanom Ghebreyesus</strong>, destac&oacute; la profesionalidad y serenidad de los sanitarios, la coordinaci&oacute;n de las autoridades espa&ntilde;olas y la solidaridad de la poblaci&oacute;n canaria. Tambi&eacute;n calific&oacute; la decisi&oacute;n espa&ntilde;ola de acoger el barco como un acto de solidaridad y deber moral.
    </p><p class="article-text">
        Eso tambi&eacute;n fue Canarias.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la pol&eacute;mica llenaba titulares, hubo profesionales trabajando en silencio, instituciones coordin&aacute;ndose y ciudadanos demostrando solidaridad.
    </p><p class="article-text">
        Y eso deber&iacute;a formar parte de nuestra memoria, porque quiz&aacute; una de las cosas m&aacute;s inquietantes del miedo pol&iacute;tico es su capacidad para instalarse r&aacute;pidamente y desaparecer despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Primero llega la alarma. Despu&eacute;s otra noticia. Y aquello que dijimos desaparece. Pero las palabras no desaparecen tan f&aacute;cilmente para quien las escuch&oacute; cuando ten&iacute;a miedo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso debemos recordar. No para alimentar nuevamente la alarma, sino para comparar, preguntarnos qu&eacute; ocurri&oacute; realmente y aprender.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;Qui&eacute;n pidi&oacute; perd&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        El 12 de mayo, el ministro <strong>&Aacute;ngel V&iacute;ctor Torres</strong> pidi&oacute; p&uacute;blicamente a Fernando Clavijo que reconociera sus errores y se disculpara por sus acusaciones. Pero, hasta donde consta p&uacute;blicamente, aquella disculpa no lleg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        No creo que un pol&iacute;tico tenga que acertar siempre. Los pol&iacute;ticos son seres humanos y tambi&eacute;n se equivocan. Lo que s&iacute; deber&iacute;amos exigirles es algo mucho m&aacute;s sencillo: que sepan reconocerlo.
    </p><p class="article-text">
        Pedir perd&oacute;n no debilita a un pol&iacute;tico. Lo engrandece. Reconocer un error no es perder autoridad. Es demostrar que se tiene.
    </p><p class="article-text">
        Fernando Clavijo es el presidente de todos los canarios: de quienes le votaron y de quienes no; de quienes estuvieron de acuerdo con sus palabras y de quienes las cuestionaron. Y precisamente por eso sus palabras tienen un peso que va mucho m&aacute;s all&aacute; de una declaraci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Mientras escribo estas l&iacute;neas, <strong>Ceuta vuelve a ocupar los titulares</strong>. Un informe policial conocido estos d&iacute;as apunta a que la entrada masiva de migrantes de finales de julio fue planificada y se&ntilde;ala una actuaci&oacute;n permisiva e incluso un posible guiado por parte de agentes marroqu&iacute;es. Pero la propia informaci&oacute;n conocida hasta ahora no permite convertir todas esas conclusiones en una verdad definitiva ni atribuir la operaci&oacute;n al Gobierno de Marruecos como Estado. La investigaci&oacute;n judicial sigue abierta y existen tambi&eacute;n discrepancias sobre qu&eacute; informaci&oacute;n previa recibi&oacute; el Ejecutivo.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; est&aacute; la lecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cuidado con lo que escuchamos. Cuidado con lo que compartimos. Cuidado con lo que damos por cierto simplemente porque lo repiten muchas veces.
    </p><p class="article-text">
        Porque entre una informaci&oacute;n, una interpretaci&oacute;n y una verdad existe una distancia que, cuando hay miedo, podemos recorrer demasiado deprisa.
    </p><p class="article-text">
        Lo vimos con las ratas.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; volvamos a verlo ma&ntilde;ana con otra historia, con otro barco, con otra frontera o con otro miedo.
    </p><p class="article-text">
        Canarias deber&iacute;a recordar su propia historia. Sabemos lo que significa marcharse, hacer una maleta, cruzar un oc&eacute;ano y llegar a un lugar donde nadie te conoce.
    </p><p class="article-text">
        Durante generaciones, miles de canarios emigraron a Venezuela, Cuba, Argentina, Uruguay, M&eacute;xico y tantos otros lugares. Muchos de nuestros abuelos y bisabuelos fueron los extranjeros: los que llegaron desde fuera, tuvieron que empezar de nuevo y necesitaron que alguien les abriera una puerta.
    </p><p class="article-text">
        Por eso las fronteras pueden separar territorios, pero no deber&iacute;an separar dignidades.
    </p><p class="article-text">
        Proteger a nuestra poblaci&oacute;n es una obligaci&oacute;n. Proteger no significa deshumanizar. Tener miedo no nos da permiso para convertir al otro en una amenaza antes de conocerlo. Por eso, cuando pienso hoy en aquellas ratas, no pienso solamente en los roedores.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en la facilidad con la que una crisis puede convertir a personas en titulares. En la facilidad con la que el miedo puede convertirse en una herramienta pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sentimos aquel d&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; cre&iacute;mos? &iquest;Qu&eacute; dijimos? &iquest;Qu&eacute; compartimos? &iquest;Cu&aacute;nto tardamos en olvidar?
    </p><p class="article-text">
        Las emergencias sanitarias deben gestionarlas los sanitarios. Las decisiones deben tomarse con ciencia. Los gobiernos deben coordinarse. Y los pol&iacute;ticos deber&iacute;an pensar dos veces antes de convertir una emergencia en una batalla pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Porque el miedo es demasiado poderoso para utilizarlo alegremente. Y una sociedad asustada es una sociedad vulnerable.
    </p><p class="article-text">
        Hoy las ratas ya no ocupan nuestros titulares. El barco se fue. El brote termin&oacute;. Los pasajeros siguieron sus vidas. Nosotros seguimos con las nuestras.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo no quiero olvidar.
    </p><p class="article-text">
        No quiero olvidar el miedo que se gener&oacute;. No quiero olvidar las palabras que escuchamos. No quiero olvidar que hubo una respuesta sanitaria reconocida por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud.
    </p><p class="article-text">
        Y tampoco quiero olvidar que, cuando un pol&iacute;tico se equivoca, existe una palabra que deber&iacute;a formar parte de su vocabulario tanto como &ldquo;responsabilidad&rdquo;: <strong>perd&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Porque las ratas se fueron. El barco tambi&eacute;n. Los titulares cambiaron.
    </p><p class="article-text">
        Pero la memoria deber&iacute;a quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Y la pr&oacute;xima vez que el miedo vuelva a llamar a nuestra puerta, quiz&aacute; deber&iacute;amos recordar aquella historia antes de abrirle.
    </p><p class="article-text">
        Porque un presidente puede equivocarse. Lo que no deber&iacute;a hacer nunca es pedirle a su pueblo que olvide que tuvo miedo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/ratas-clavijo-miedo-convierte-politica-deja-heridas_132_13518370.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2026 07:19:46 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9693c5cc-ebad-4716-b598-bb47fa0ab735_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="58108" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9693c5cc-ebad-4716-b598-bb47fa0ab735_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="58108" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las ratas de Clavijo. Cuando el miedo se convierte en política también deja heridas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9693c5cc-ebad-4716-b598-bb47fa0ab735_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inclusión no puede funcionar por tramos horarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/inclusion-no-funcionar-tramos-horarios_132_13503641.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/433fbc9b-8597-4f94-bb3e-dd14a22c53ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La inclusión no puede funcionar por tramos horarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La inclusión no consiste en dejar entrar. Consiste en hacer sitio. Y ese sitio no puede depender de una solicitud, ni de una reclamación, ni de la suerte</p></div><p class="article-text">
        Hay casas en Canarias donde estos d&iacute;as huele a libro nuevo y a mochila reci&eacute;n comprada. A l&aacute;pices sin estrenar. A estuches que todav&iacute;a conservan ese orden que perder&aacute;n en pocas semanas.
    </p><p class="article-text">
        Hay ni&ntilde;os contando los d&iacute;as para volver al colegio y padres intentando que no falte nada.
    </p><p class="article-text">
        Y hay una casa donde una ni&ntilde;a tambi&eacute;n prepara su mochila.
    </p><p class="article-text">
        Sus padres son j&oacute;venes. Est&aacute;n ilusionados y nerviosos, como todos.
    </p><p class="article-text">
        Pero mientras colocan los libros, ellos tienen una pregunta que otros padres no necesitan hacerse: &iquest;Estar&aacute; el colegio preparado para nuestra hija?
    </p><p class="article-text">
        Ella tiene autismo. Y ma&ntilde;ana no solo estrenar&aacute; curso. Sus padres estrenar&aacute;n tambi&eacute;n una preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Habr&aacute; suficientes apoyos? &iquest;La entender&aacute;n? &iquest;Tendr&aacute; los recursos que necesita? &iquest;Podr&aacute; participar como los dem&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Porque hay familias para las que la vuelta al cole no termina cuando se cierra la mochila.
    </p><p class="article-text">
        Empieza entonces.
    </p><p class="article-text">
        Y conviene decirlo sin rodeos: una ni&ntilde;a con discapacidad no necesita que la escuela le haga un favor. Necesita que la escuela cumpla con su obligaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Canarias ha dado pasos en inclusi&oacute;n y este curso mantiene proyectos y medidas espec&iacute;ficas para atender al alumnado con necesidades educativas diversas. Pero reconocer los avances no deber&iacute;a impedirnos hacer la pregunta inc&oacute;moda: &iquest;de qu&eacute; sirve que un ni&ntilde;o tenga una plaza si despu&eacute;s tiene que pelear para poder ocuparla en igualdad?
    </p><p class="article-text">
        Porque inclusi&oacute;n no es matricular. Inclusi&oacute;n es participar. Es aprender. Es jugar. Es salir al recreo. Es hacer una excursi&oacute;n. Es poder estar en el aula sin que la discapacidad convierta cada d&iacute;a en una negociaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras unos padres preparan mochilas, otros preparan carpetas llenas de informes, solicitudes, valoraciones y documentos.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ese sea uno de los mayores fracasos de nuestro sistema: que algunas familias tengan que convertirse en expertas en Administraci&oacute;n para conseguir aquello que deber&iacute;a estar garantizado por derecho.
    </p><p class="article-text">
        Y no ocurre solamente en los colegios.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n ocurre en las universidades.
    </p><p class="article-text">
        Hay estudiantes sordos que llegan al aula con las mismas ganas que cualquier otro estudiante y que necesitan apoyos para poder seguir plenamente lo que ocurre dentro de ella.
    </p><p class="article-text">
        Un int&eacute;rprete de lengua de signos no es un privilegio, ni es una ayuda extraordinaria, es un recurso que permite que una persona pueda acceder a la educaci&oacute;n en igualdad.
    </p><p class="article-text">
        La Universidad de La Laguna contempla entre sus medidas de apoyo al alumnado con discapacidad la posibilidad de solicitar interpretaci&oacute;n en lengua de signos. Pero una cosa es que el recurso exista y otra que llegue cuando se necesita, durante el tiempo que se necesita y sin convertir cada curso en una nueva carrera de obst&aacute;culos. Porque estudiar una carrera ya exige bastante esfuerzo como para tener que luchar adem&aacute;s por poder entenderla.
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s est&aacute;n las personas sordociegas.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; las palabras &ldquo;accesibilidad&rdquo; e &ldquo;inclusi&oacute;n&rdquo; adquieren otra dimensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Comunicaci&oacute;n. Informaci&oacute;n. Orientaci&oacute;n. Desplazamientos. Mediaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No hablamos simplemente de colocar una rampa o adaptar un documento. Hablamos de contar con la persona y el apoyo adecuados para poder comunicarse y desenvolverse.
    </p><p class="article-text">
        La mediaci&oacute;n para las personas sordociegas no es un extra. Para algunas personas, es la diferencia entre participar o quedarse fuera.
    </p><p class="article-text">
        Y est&aacute;n tambi&eacute;n los estudiantes ciegos o con discapacidad visual grave. La mayor&iacute;a estudia en centros ordinarios, con apoyos especializados y recursos adaptados. Pero la inclusi&oacute;n no termina cuando el alumno entra en el aula.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n est&aacute; el recreo. El comedor. Una excursi&oacute;n. Una actividad extraescolar. Un cambio de clase. Esos minutos en los que no hay una pizarra delante, pero s&iacute; hay algo igual de importante: infancia.
    </p><p class="article-text">
        Porque un ni&ntilde;o no va al colegio &uacute;nicamente para aprender matem&aacute;ticas o lengua. Va para jugar, relacionarse, hacer amigos, descubrir qui&eacute;n es y aprender a desenvolverse con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y ah&iacute; tambi&eacute;n necesita apoyo quien lo necesita.
    </p><p class="article-text">
        De poco sirve que durante una hora tenga todos los recursos si despu&eacute;s, en el patio, nadie sabe c&oacute;mo acompa&ntilde;arlo. Si una excursi&oacute;n se convierte en una barrera. Si una actividad deja de ser accesible. Si el comedor o los espacios comunes se convierten en lugares donde vuelve a quedarse al margen.
    </p><p class="article-text">
        La inclusi&oacute;n no puede funcionar por tramos horarios.
    </p><p class="article-text">
        Un ni&ntilde;o no deja de necesitar apoyos cuando suena el timbre.
    </p><p class="article-text">
        Porque un colegio accesible no es solamente un colegio al que se puede entrar. Es un colegio en el que se puede estar en el aula, pero tambi&eacute;n en el patio, en la excursi&oacute;n, en la actividad, en el comedor&hellip; en todos esos lugares donde, sencillamente, ocurre la vida.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; est&eacute; la verdadera diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Hemos aprendido a utilizar mucho la palabra &ldquo;inclusi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; en las leyes. En los planes. En los proyectos. En los discursos.
    </p><p class="article-text">
        Pero la inclusi&oacute;n no se demuestra escribi&eacute;ndola. Se demuestra un martes cualquiera, a las diez de la ma&ntilde;ana, dentro de un aula, cuando una ni&ntilde;a con autismo tiene el apoyo que necesita, cuando un estudiante sordo puede seguir una explicaci&oacute;n, cuando una persona sordociega dispone de mediaci&oacute;n, cuando un alumno ciego recibe su material accesible al mismo tiempo que sus compa&ntilde;eros. Ah&iacute; es donde se decide si estamos hablando de inclusi&oacute;n o simplemente de buenas intenciones.
    </p><p class="article-text">
        Porque hay algo que tampoco deber&iacute;amos olvidar: los derechos no pueden depender de la capacidad de una familia para insistir. No deber&iacute;an depender de cu&aacute;ntas veces llame una madre. De cu&aacute;ntas reuniones consiga. De si sabe a qu&eacute; puerta llamar. De si tiene tiempo para presentar una reclamaci&oacute;n. Ni de cu&aacute;nto pueda aguantar.
    </p><p class="article-text">
        Una familia no deber&iacute;a tener que convertirse en una corredora de fondo para que su hijo pueda estudiar.
    </p><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n puede hablar de recursos.
    </p><p class="article-text">
        Las estad&iacute;sticas pueden hablar de plazas.
    </p><p class="article-text">
        Los programas pueden hablar de inclusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero las familias saben perfectamente cu&aacute;ndo un recurso llega tarde. Y cuando llega tarde, para un ni&ntilde;o puede significar perder una clase. Un trimestre. Una oportunidad. A veces, algo mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de recuperar.
    </p><p class="article-text">
        Ma&ntilde;ana miles de ni&ntilde;os volver&aacute;n al colegio.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; mochilas nuevas, libros, nervios, abrazos, l&aacute;grimas, fotograf&iacute;as en las puertas.
    </p><p class="article-text">
        Y quiero volver a aquella casa. A aquella ni&ntilde;a. A sus padres j&oacute;venes preparando la mochila.
    </p><p class="article-text">
        Quiero imaginar que cuando ella cruce ma&ntilde;ana la puerta del colegio, ellos puedan sentir lo mismo que cualquier otro padre.
    </p><p class="article-text">
        Que su hija est&aacute; empezando un nuevo curso. No una nueva batalla.
    </p><p class="article-text">
        Que puedan preguntarse si har&aacute; amigos, si le gustar&aacute; su profesora, si volver&aacute; contenta a casa. Y no s&iacute; tendr&aacute; el apoyo que necesita.
    </p><p class="article-text">
        Porque la pregunta nunca deber&iacute;a ser si una ni&ntilde;a con autismo est&aacute; preparada para la escuela. Ni si un estudiante sordo est&aacute; preparado para la universidad. Ni si una persona ciega puede adaptarse al aula.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta deber&iacute;a ser si nosotros estamos preparados para ellos.
    </p><p class="article-text">
        Porque la discapacidad no deber&iacute;a obligar a nadie a demostrar cada septiembre que merece estar dentro.
    </p><p class="article-text">
        La inclusi&oacute;n no consiste en dejar entrar. Consiste en hacer sitio. Y ese sitio no puede depender de una solicitud, ni de una reclamaci&oacute;n, ni de la suerte.
    </p><p class="article-text">
        Cuando suene el timbre, todos deber&iacute;an empezar el mismo curso, pero no porque todos sean iguales, sino porque todos tengan las mismas oportunidades para aprender.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ese sea el verdadero examen de septiembre.
    </p><p class="article-text">
        No el de nuestros hijos.
    </p><p class="article-text">
        El nuestro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/inclusion-no-funcionar-tramos-horarios_132_13503641.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 13:24:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/433fbc9b-8597-4f94-bb3e-dd14a22c53ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="37411" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/433fbc9b-8597-4f94-bb3e-dd14a22c53ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="37411" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La inclusión no puede funcionar por tramos horarios]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/433fbc9b-8597-4f94-bb3e-dd14a22c53ef_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El expediente que nunca existió]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/expediente-existio_132_13486806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/33b38941-8370-49ad-b93a-7f6e994613d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El expediente que nunca existió"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos hemos acostumbrado a escuchar que la Administración está desbordada. Que faltan medios. Que hay demasiados procedimientos pendientes. Quizá sea cierto. Pero ninguna de esas explicaciones puede convertirse en una excusa permanente para aceptar lo inaceptable</p></div><p class="article-text">
        En septiembre de 2025 entr&eacute; en un edificio del Gobierno de Canarias con una carpeta bajo el brazo. Dentro hab&iacute;a informes m&eacute;dicos, documentaci&oacute;n y una solicitud muy sencilla: incorporar a mi certificado de discapacidad una nueva patolog&iacute;a reconocida.
    </p><p class="article-text">
        La funcionaria que me atendi&oacute; fue correcta, profesional y cercana. Recogi&oacute; la documentaci&oacute;n y, antes de despedirme, me transmiti&oacute; tranquilidad: <strong>&ldquo;</strong>En un plazo m&aacute;ximo de seis meses tendr&aacute; una resoluci&oacute;n. Puede consultar el estado de su expediente a trav&eacute;s de la sede electr&oacute;nica o llamando al 012&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; de all&iacute; convencido de que la Administraci&oacute;n pod&iacute;a tardar, pero de que el procedimiento ya hab&iacute;a comenzado.
    </p><p class="article-text">
        Me equivoqu&eacute;. Pasaron seis meses. Luego siete. Despu&eacute;s ocho. Nueve. Diez.
    </p><p class="article-text">
        En varias ocasiones llam&eacute; al 012 para interesarme por el estado de mi expediente. Siempre encontraba respuestas parecidas. Hay mucho trabajo. Todav&iacute;a no est&aacute; informatizado. Debe esperar.
    </p><p class="article-text">
        Y uno espera.
    </p><p class="article-text">
        Porque entiende que detr&aacute;s de cada mesa hay profesionales que hacen cuanto pueden con los medios de los que disponen.
    </p><p class="article-text">
        Porque sabe que la Administraci&oacute;n no siempre avanza al ritmo que necesitan los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Y porque, casi sin darse cuenta, termina normalizando lo que nunca deber&iacute;a ser normal.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que hace unas semanas ocurri&oacute; algo que cambi&oacute; por completo mi manera de entender este proceso.
    </p><p class="article-text">
        La operadora del 012, cuya amabilidad merece ser reconocida, intent&oacute; localizar mi expediente. Busc&oacute;. Volvi&oacute; a buscar. Guard&oacute; silencio. Yo tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente me pidi&oacute; el n&uacute;mero de registro de la solicitud presentada hac&iacute;a casi un a&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Porque el expediente ni siquiera aparec&iacute;a en el sistema. No estaba pendiente. No estaba retrasado. No estaba en tramitaci&oacute;n. Simplemente, para la propia Administraci&oacute;n, todav&iacute;a no exist&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y en ese instante comprend&iacute; que el verdadero problema no era la demora. Era otro mucho m&aacute;s inquietante.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede confiar un ciudadano en una Administraci&oacute;n que, once meses despu&eacute;s de presentar una solicitud, todav&iacute;a no sabe que existe?
    </p><p class="article-text">
        Una Administraci&oacute;n puede pedir paciencia. Lo que no puede pedir es fe. Porque presentar un expediente es un tr&aacute;mite. Descubrir casi un a&ntilde;o despu&eacute;s que ese expediente nunca lleg&oacute; a existir para quien debe resolverlo es una forma de abandono.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a entend&iacute; que el tiempo no es lo &uacute;nico que se pierde.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se pierde la confianza.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando una instituci&oacute;n pierde la confianza de quienes dependen de ella, pierde una parte esencial de su raz&oacute;n de ser.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de cada expediente no hay un n&uacute;mero.
    </p><p class="article-text">
        Hay una persona.
    </p><p class="article-text">
        Hay un diagn&oacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Hay informes m&eacute;dicos.
    </p><p class="article-text">
        Hay tratamientos.
    </p><p class="article-text">
        Hay derechos.
    </p><p class="article-text">
        Hay familias esperando.
    </p><p class="article-text">
        Hay decisiones que condicionan la vida de alguien.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, hay dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Porque nadie presenta una solicitud por capricho. Se presenta para mejorar su calidad de vida. Para acceder a un derecho. Para obtener un recurso. Para poder seguir adelante.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna persona deber&iacute;a sentir que su vida puede quedarse detenida porque un expediente todav&iacute;a no ha encontrado un ordenador donde existir.
    </p><p class="article-text">
        Nos hemos acostumbrado a escuchar que la Administraci&oacute;n est&aacute; desbordada. Que faltan medios. Que hay demasiados procedimientos pendientes. Quiz&aacute; sea cierto. Pero ninguna de esas explicaciones puede convertirse en una excusa permanente para aceptar lo inaceptable.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando una Administraci&oacute;n pierde el rastro de un expediente, no pierde un papel. Pierde la confianza de un ciudadano. Y esa confianza cuesta mucho m&aacute;s recuperarla que cualquier documento. 
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas porque crea que mi caso sea excepcional. Las escribo precisamente porque temo que no lo sea. Porque detr&aacute;s de cada llamada al 012 puede haber otra persona esperando. Otra familia pendiente de una resoluci&oacute;n. Otro ciudadano intentando entender por qu&eacute; su vida depende de un expediente que todav&iacute;a no existe para quien debe resolverlo.
    </p><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n perdi&oacute; un expediente. Yo no. Yo sigo aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esperando.
    </p><p class="article-text">
        Porque los expedientes no esperan.
    </p><p class="article-text">
        Esperan las personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/expediente-existio_132_13486806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2026 08:26:30 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/33b38941-8370-49ad-b93a-7f6e994613d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="48814" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/33b38941-8370-49ad-b93a-7f6e994613d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="48814" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El expediente que nunca existió]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/33b38941-8370-49ad-b93a-7f6e994613d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartas a Moncloa: ese amor nunca correspondido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cartas-moncloa-amor-correspondido_132_13471851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2418c82-5ad1-4391-8f1d-0a1e3e6bbf81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cartas a Moncloa: ese amor nunca correspondido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política deja de ser alternativa cuando necesita que el adversario siga existiendo para poder explicarse. Cuando todo gira alrededor del rival, el rival acaba marcando el ritmo. Acaba ocupando todos los discursos
</p></div><p class="article-text">
        Nunca hab&iacute;a visto a un pol&iacute;tico escribir tantas cartas al mismo destinatario. No son cartas de papel. Son discursos. Entrevistas. M&iacute;tines. Ruedas de prensa. Declaraciones.
    </p><p class="article-text">
        Todas terminan llegando al mismo lugar: La Moncloa.
    </p><p class="article-text">
        Hay historias de amor que nunca terminan. No porque contin&uacute;en, sino porque una de las dos partes nunca acepta que han terminado.
    </p><p class="article-text">
        Son historias construidas sobre la esperanza de que una llamada, un error o un golpe de suerte cambien el destino.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, a veces, tambi&eacute;n escribe ese tipo de cartas.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace m&aacute;s de tres a&ntilde;os, buena parte del discurso del principal partido de la oposici&oacute;n parece comenzar y terminar en el mismo sitio: <strong>Pedro S&aacute;nchez</strong>.
    </p><p class="article-text">
        No importa el escenario. Da igual que sea un mitin, una entrevista o una comparecencia. Al final, el mensaje siempre encuentra el mismo destinatario. Debe marcharse.
    </p><p class="article-text">
        Y es entonces cuando uno se hace una pregunta. &iquest;Cu&aacute;ndo una oposici&oacute;n deja de construir un proyecto para empezar a depender demasiado del adversario?
    </p><p class="article-text">
        Porque existe una diferencia enorme entre fiscalizar a un Gobierno y convertirlo en el eje de toda la acci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        La oposici&oacute;n es imprescindible. Debe controlar. Criticar. Denunciar. Proponer.
    </p><p class="article-text">
        Sin una oposici&oacute;n fuerte, la democracia se debilita.
    </p><p class="article-text">
        Pero la verdadera oposici&oacute;n no empieza cuando pides que un presidente se marche. Empieza cuando consigues que los ciudadanos quieran que seas t&uacute; quien lo sustituya.
    </p><p class="article-text">
        Hay oposiciones que intentan conquistar la confianza de la ciudadan&iacute;a. Y hay otras que terminan escribi&eacute;ndole cartas a la Moncloa. Ese es el verdadero riesgo.
    </p><p class="article-text">
        Porque la pol&iacute;tica deja de ser alternativa cuando necesita que el adversario siga existiendo para poder explicarse. Cuando todo gira alrededor del rival, el rival acaba marcando el ritmo. Acaba ocupando todos los discursos.
    </p><p class="article-text">
        Acaba convirti&eacute;ndose en el protagonista de una historia que deber&iacute;a tener otro autor.
    </p><p class="article-text">
        Ganar unas elecciones nunca ha garantizado gobernar.
    </p><p class="article-text">
        En una democracia parlamentaria gobernar exige convencer, negociar y construir mayor&iacute;as. As&iacute; ha sido siempre.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; seguir&aacute; siendo mientras los ciudadanos no decidan cambiar las reglas.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso resulta tan llamativo que, tres a&ntilde;os despu&eacute;s, parte del debate pol&iacute;tico siga detenido en la misma noche electoral. Como si el tiempo no hubiera pasado. Como si el pa&iacute;s pudiera resumirse en una &uacute;nica pregunta.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo se ir&aacute; Pedro S&aacute;nchez?
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Espa&ntilde;a sigue esperando respuestas. La vivienda. La sanidad. La dependencia. La financiaci&oacute;n auton&oacute;mica. La productividad. La transici&oacute;n energ&eacute;tica. La inteligencia artificial. La accesibilidad. Los j&oacute;venes que no pueden emanciparse. Los mayores que viven solos. Las familias que hacen aut&eacute;nticos malabares para llegar a fin de mes.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso contin&uacute;a ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esperando algo m&aacute;s que una consigna.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; esa sea la mayor derrota de nuestra pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Que discutimos demasiado sobre qui&eacute;n debe abandonar un edificio y demasiado poco sobre c&oacute;mo mejorar la vida de quienes jam&aacute;s vivir&aacute;n dentro de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Las mejores historias de amor terminan cuando uno comprende que nadie est&aacute; obligado a corresponder nuestros sentimientos.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica deber&iacute;a aprender una lecci&oacute;n parecida. Porque ning&uacute;n edificio se conquista escribi&eacute;ndole cartas. Se conquista consiguiendo que los ciudadanos quieran entregarte las llaves.
    </p><p class="article-text">
        Y las llaves de la Moncloa nunca las entrega quien vive dentro.
    </p><p class="article-text">
        Las entregan quienes son sus &uacute;nicos propietarios.
    </p><p class="article-text">
        Los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/cartas-moncloa-amor-correspondido_132_13471851.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 07:32:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d2418c82-5ad1-4391-8f1d-0a1e3e6bbf81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="43474" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d2418c82-5ad1-4391-8f1d-0a1e3e6bbf81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="43474" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cartas a Moncloa: ese amor nunca correspondido]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d2418c82-5ad1-4391-8f1d-0a1e3e6bbf81_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La puerta que cerramos detrás de nosotros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/puerta-cerramos-detras_132_13458189.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/90b56f15-1cd1-4067-b3fb-b61623c3378c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La puerta que cerramos detrás de nosotros"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El inmigrante que dejó de recordar
</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as fui a cortarme el pelo. 
    </p><p class="article-text">
        Sal&iacute; de la peluquer&iacute;a pensando en la memoria. No en la memoria hist&oacute;rica, en otra mucho m&aacute;s fr&aacute;gil. La memoria de quienes un d&iacute;a tambi&eacute;n fueron extranjeros.
    </p><p class="article-text">
        Mientras esperaba mi turno, la conversaci&oacute;n deriv&oacute; hacia la pol&iacute;tica. Despu&eacute;s hacia la inmigraci&oacute;n. Y, casi sin darme cuenta, empec&eacute; a escuchar frases que me resultaban dif&iacute;ciles de comprender.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Aqu&iacute; hay demasiados inmigrantes&rdquo;, &ldquo;a ver si llega Vox y pone orden&rdquo;, &ldquo;hay demasiados maricones&rdquo;. Lo sorprendente no era escuchar esas opiniones. 
    </p><p class="article-text">
        En una democracia cada persona tiene derecho a pensar y votar lo que considere. Lo verdaderamente sorprendente era qui&eacute;n las pronunciaba.
    </p><p class="article-text">
        Delante de m&iacute; hab&iacute;a personas que un d&iacute;a tambi&eacute;n hicieron una maleta, que tambi&eacute;n dejaron atr&aacute;s su pa&iacute;s, que tambi&eacute;n llegaron buscando exactamente lo mismo que buscan hoy quienes siguen cruzando fronteras, una oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        Intent&eacute; recordar algo muy sencillo. Que todos, en alg&uacute;n momento, hab&iacute;amos ocupado el lugar de quien llega. La respuesta fue inmediata: &ldquo;Ahora ya somos espa&ntilde;oles&rdquo;. Y entonces comprend&iacute; que el pasaporte cambia mucho m&aacute;s deprisa que la memoria.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a profundamente injusto convertir aquella conversaci&oacute;n en un retrato de quienes llegaron a Espa&ntilde;a desde otros pa&iacute;ses. No lo es. He conocido a much&iacute;simas personas migrantes cuya solidaridad, su esfuerzo y su memoria son un ejemplo, personas que jam&aacute;s olvidar&iacute;an lo dif&iacute;cil que fue empezar de nuevo en un lugar desconocido.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso me impresion&oacute; tanto aquella escena, porque no representaba a la mayor&iacute;a, pero s&iacute; reflejaba una realidad inc&oacute;moda: cualquiera de nosotros puede olvidar de d&oacute;nde viene cuando por fin siente que pertenece al lugar al que lleg&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; empiece el verdadero problema. No hablo de ideolog&iacute;as, ni de partidos, ni siquiera de inmigraci&oacute;n. Hablo de memoria. Porque la memoria es el documento que m&aacute;s r&aacute;pido caduca cuando dejamos de necesitarlo.
    </p><p class="article-text">
        Todos tenemos derecho a cambiar de pa&iacute;s, a cambiar de trabajo, a construir una vida mejor. Lo que nunca deber&iacute;amos cambiar es la capacidad de reconocernos en quien llega detr&aacute;s, porque nadie abandona su casa por capricho, nadie cruza un oc&eacute;ano, nadie atraviesa una frontera, nadie se juega la vida en una patera porque le apetezca.
    </p><p class="article-text">
        Las personas emigran porque creen que al otro lado existe una oportunidad que en su tierra ya no encuentran. Exactamente igual que hicieron millones de espa&ntilde;oles hace d&eacute;cadas. Exactamente igual que hicieron miles de canarios rumbo a Venezuela, Cuba o Alemania.
    </p><p class="article-text">
        La historia cambia de escenario, nunca cambia de motivo. La memoria tampoco deber&iacute;a tener nacionalidad.
    </p><p class="article-text">
        Se pierde igual en quien naci&oacute; aqu&iacute; que en quien lleg&oacute; desde miles de kil&oacute;metros.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el verdadero problema no sea la inmigraci&oacute;n, quiz&aacute; el verdadero problema sea la facilidad con la que algunos olvidan que un d&iacute;a tambi&eacute;n fueron extranjeros.
    </p><p class="article-text">
        Porque lo peor que puede perder un inmigrante no es su pasaporte, es la capacidad de reconocerse en quien llega detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La puerta que un d&iacute;a se abri&oacute; para nosotros no puede convertirse en la puerta que cerremos detr&aacute;s, porque todos tenemos derecho a cambiar de pa&iacute;s. Pero nadie deber&iacute;a cambiar de memoria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/puerta-cerramos-detras_132_13458189.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 13:32:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/90b56f15-1cd1-4067-b3fb-b61623c3378c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="41007" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/90b56f15-1cd1-4067-b3fb-b61623c3378c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="41007" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La puerta que cerramos detrás de nosotros]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/90b56f15-1cd1-4067-b3fb-b61623c3378c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Migraciones,Inmigración,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La autonomía no admite modo avión cuando el servicio público se queda sin cobertura]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/autonomia-no-admite-avion-servicio-publico-queda-cobertura_132_13449054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dac587aa-1f84-4ffa-8678-51a155f02d23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La autonomía no admite modo avión cuando el servicio público se queda sin cobertura"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Yo no necesito que me expliquen que Apple existe. Necesito saber qué está haciendo Metropolitano de Tenerife. Porque si el problema lleva siete meses, la pregunta ya no es solamente cuándo funcionará la aplicación</p></div><p class="article-text">
        Siete meses esperando una soluci&oacute;n que siempre parece estar en otra parte. 
    </p><p class="article-text">
        Hay problemas que empiezan con una pantalla y terminan convirti&eacute;ndose en una barrera.
    </p><p class="article-text">
        El m&iacute;o empez&oacute; el 28 de enero de 2026, <strong>cuando compr&eacute; un iPhone 17 Air</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Hasta entonces utilizaba <strong>ten+m&oacute;vil </strong>con absoluta normalidad para viajar en las guaguas de TITSA y en el tranv&iacute;a de <strong>Tenerife</strong>. Era c&oacute;modo, r&aacute;pido y, sobre todo, me permit&iacute;a algo que para muchos puede parecer insignificante: viajar sin depender de nadie.
    </p><p class="article-text">
        Pero desde entonces la aplicaci&oacute;n dej&oacute; de funcionar correctamente en mi tel&eacute;fono.
    </p><p class="article-text">
        Y hoy, siete meses despu&eacute;s, sigo esperando.
    </p><p class="article-text">
        No hablamos de una aplicaci&oacute;n cualquiera. Ten+m&oacute;vil forma parte del sistema de billetaje de Metropolitano para viajar en tranv&iacute;a y guaguas. La propia compa&ntilde;&iacute;a ha presentado adem&aacute;s su evoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica como una herramienta accesible, desarrollada con la colaboraci&oacute;n de personas con discapacidad.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente por eso resulta dif&iacute;cil entender lo que est&aacute; ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos meses he escrito. He llamado. He vuelto a escribir.
    </p><p class="article-text">
        Y siempre he terminado en el mismo lugar: esperando.
    </p><p class="article-text">
        Quiero ser preciso. No estoy diciendo que el problema afecte a todos los iPhone. En mi caso concreto afecta a mi iPhone 17 Air y me impide utilizar con normalidad una herramienta que antes utilizaba todos los d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer un inconveniente menor.
    </p><p class="article-text">
        No lo es.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una tecnolog&iacute;a permite dejar de depender de otra persona, se convierte en autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso existe, adem&aacute;s, una circunstancia a&ntilde;adida: <strong>tengo una discapacidad visual grave</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Antes pod&iacute;a sacar mi tel&eacute;fono, utilizar ten+m&oacute;vil y continuar mi viaje. Ahora, cuando necesito utilizar el servicio, tengo que recurrir a un iPad.
    </p><p class="article-text">
        Pero mi iPad no tiene conexi&oacute;n propia. Tengo que compartirle los datos desde el iPhone, sacar dos dispositivos, manejar el iPad, llevar mi mochila y mi bast&oacute;n, y hacerlo en una parada, una guagua o un tranv&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y no deber&iacute;a tener que asumir esa incomodidad o ese riesgo simplemente para poder pagar un viaje.
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n incluso me qued&eacute; tirado porque el iPad no consigui&oacute; conectarse correctamente al iPhone. El conductor fue amable, pero me dijo que no pod&iacute;a esperar.
    </p><p class="article-text">
        Y yo tuve que quedarme all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que ocurre cuando una barrera tecnol&oacute;gica termina convirti&eacute;ndose en una barrera de autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Hay una frase que me acompa&ntilde;a desde hace tiempo: las barreras a veces no son arquitect&oacute;nicas. Son mentales. Pero tambi&eacute;n pueden ser tecnol&oacute;gicas.
    </p><p class="article-text">
        No quiero que esta columna se convierta en una historia exclusivamente sobre discapacidad. Hay otros usuarios de iPhone afectados. Estamos hablando de un servicio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Existe una alternativa: la tarjeta f&iacute;sica. Pero para m&iacute; no es una soluci&oacute;n sencilla. Para renovarla tengo que desplazarme a un punto f&iacute;sico y, por mis circunstancias, necesito acudir acompa&ntilde;ado. No siempre tengo a alguien disponible.
    </p><p class="article-text">
        La alternativa existe sobre el papel. La autonom&iacute;a, no necesariamente.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces llegamos a la pregunta que llevo siete meses haci&eacute;ndome: &iquest;qui&eacute;n tiene que solucionar esto?
    </p><p class="article-text">
        El 7 de agosto envi&eacute; una nueva reclamaci&oacute;n formal a Metropolitano explicando toda la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta que recib&iacute; fue esta: &ldquo;Lamentamos que su terminal no sea compatible con la app tenmasmovil.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Y despu&eacute;s: <strong>&ldquo;Esperamos que, en un futuro, Apple le pueda ofrecer una soluci&oacute;n.&rdquo;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Siete meses despu&eacute;s, esa es la respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Apple.
    </p><p class="article-text">
        Otra vez Apple.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo no soy usuario del transporte p&uacute;blico de Apple. No compro mi billete a Apple. No utilizo el tranv&iacute;a de Apple. Mi relaci&oacute;n como usuario del transporte p&uacute;blico es con quien presta ese servicio.
    </p><p class="article-text">
        Puede existir una responsabilidad t&eacute;cnica de Apple y Metropolitano puede depender de proveedores externos.
    </p><p class="article-text">
        Pero una cosa es explicar al ciudadano d&oacute;nde est&aacute; el problema y otra muy distinta trasladarle el problema.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece una cuesti&oacute;n que ya no es una opini&oacute;n m&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El propio <strong>Portal de Transparencia de Metropolitano de Tenerife</strong> se&ntilde;ala que su atenci&oacute;n al cliente gestiona los medios y recursos para adquirir t&iacute;tulos de transporte, incluido el software de venta, y que su servicio de postventa gestiona las incidencias comunicadas por los clientes.
    </p><p class="article-text">
        Por eso mi pregunta no es qu&eacute; est&aacute; haciendo Apple.
    </p><p class="article-text">
        Mi pregunta es qu&eacute; est&aacute; haciendo Metropolitano.
    </p><p class="article-text">
        Porque el usuario no puede convertirse en el mensajero entre dos empresas.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos meses incluso me han llegado a pedir que trasladara a Metropolitano la informaci&oacute;n que Apple me estaba proporcionando.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No deber&iacute;a ser precisamente Metropolitano quien coordinara con sus proveedores las incidencias que afectan a su servicio?
    </p><p class="article-text">
        Yo no necesito que me expliquen que Apple existe. Necesito saber qu&eacute; est&aacute; haciendo Metropolitano de Tenerife. Porque si el problema lleva siete meses, la pregunta ya no es solamente cu&aacute;ndo funcionar&aacute; la aplicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta es qu&eacute; se ha hecho durante estos siete meses para que los usuarios afectados no se queden atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No estamos reclamando un privilegio. Estamos reclamando informaci&oacute;n, seguimiento, una alternativa razonable y responsabilidad.
    </p><p class="article-text">
        Una empresa p&uacute;blica puede tener una incidencia. Puede tener un fallo t&eacute;cnico. Puede depender de un proveedor externo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no deber&iacute;a hacer es acostumbrarse a que el ciudadano espere indefinidamente.
    </p><p class="article-text">
        Durante estos siete meses siempre he sido yo quien ha tenido que preguntar. Siempre yo quien ha escrito. Siempre yo quien ha llamado.
    </p><p class="article-text">
        Nunca he recibido una comunicaci&oacute;n peri&oacute;dica ni una alternativa que me devuelva la autonom&iacute;a que ten&iacute;a antes.
    </p><p class="article-text">
        Simplemente esperar.
    </p><p class="article-text">
        Hasta que llega una respuesta que, en esencia, dice: espere a que Apple lo arregle.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el problema de fondo no sea una aplicaci&oacute;n. Quiz&aacute; sea una determinada manera de entender el servicio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Porque el transporte no es solamente desplazarse de un punto a otro.
    </p><p class="article-text">
        Es ir al m&eacute;dico. Ir a trabajar. Estudiar. Hacer una compra. Quedar con alguien. Volver a casa.
    </p><p class="article-text">
        Es vivir.
    </p><p class="article-text">
        Y para una persona con discapacidad, cada peque&ntilde;o grado de autonom&iacute;a ganado cuesta much&iacute;simo. Por eso perderlo duele.
    </p><p class="article-text">
        No quiero que nadie me regale nada. No quiero un trato especial.
    </p><p class="article-text">
        Quiero poder utilizar el mismo sistema que utilizaba antes.
    </p><p class="article-text">
        Quiero que, cuando una herramienta tecnol&oacute;gica deje de funcionar para determinados usuarios, la empresa que presta el servicio se haga cargo del problema y explique qu&eacute; est&aacute; haciendo para solucionarlo.
    </p><p class="article-text">
        Porque detr&aacute;s de cada incidencia hay alguien.
    </p><p class="article-text">
        Un usuario.
    </p><p class="article-text">
        Una persona.
    </p><p class="article-text">
        Alguien que tiene que llegar a alg&uacute;n sitio.
    </p><p class="article-text">
        En mi caso, ese alguien lleva siete meses intentando recuperar algo que parec&iacute;a tan sencillo que nunca pens&eacute; que pudiera perderlo: la libertad de subir a una guagua o a un tranv&iacute;a y marcharme sin tener que pedir ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; esa sea la pregunta que deber&iacute;a hacerse Metropolitano de Tenerife: &iquest;cu&aacute;nto vale la autonom&iacute;a de un usuario?
    </p><p class="article-text">
        Para quien nunca la ha perdido, quiz&aacute; valga poco.
    </p><p class="article-text">
        Para quien la pierde, puede valerlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de siete meses, sigo esperando que alguien, en lugar de se&ntilde;alar hacia Apple, mire hacia el usuario y diga simplemente: &ldquo;Vamos a solucionarlo&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/autonomia-no-admite-avion-servicio-publico-queda-cobertura_132_13449054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 10:27:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dac587aa-1f84-4ffa-8678-51a155f02d23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50139" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dac587aa-1f84-4ffa-8678-51a155f02d23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50139" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La autonomía no admite modo avión cuando el servicio público se queda sin cobertura]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dac587aa-1f84-4ffa-8678-51a155f02d23_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El botón de donar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/boton-donar_132_13433257.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6006588f-bcc5-4e0a-8eca-87f118a3621e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El botón de donar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las tragedias tienen una segunda muerte. La primera la provocan los terremotos. La segunda llega cuando desaparecen de nuestra conversación</p></div><p class="article-text">
        Han pasado casi dos meses desde que los terremotos sacudieron Venezuela. Hoy ya casi nadie habla de ellos. Las c&aacute;maras se marcharon. Los informativos encontraron nuevas urgencias. Las tertulias cambiaron de tema. Las alertas de &uacute;ltima hora desaparecieron del tel&eacute;fono m&oacute;vil.
    </p><p class="article-text">
        Pero las familias siguen all&iacute;. Intentando reconstruir una casa. Buscando a quienes todav&iacute;a no han aparecido. Tratando de empezar otra vez con lo poco que les qued&oacute; despu&eacute;s de que la tierra decidiera cambiarles la vida para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Las tragedias tienen una segunda muerte. La primera la provocan los terremotos. La segunda llega cuando desaparecen de nuestra conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso, hace unos d&iacute;as, al entrar en la aplicaci&oacute;n de mi banco, me detuve unos segundos cuando apareci&oacute; un mensaje que ya casi hab&iacute;a olvidado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Dona para ayudar a los afectados por los terremotos de Venezuela&rdquo;. Puls&eacute; el bot&oacute;n. Lo hice convencido. Porque detr&aacute;s de aquella pantalla no hab&iacute;a un pa&iacute;s. Hab&iacute;a personas. Personas que necesitaban ayuda. Y seguir&aacute;n necesit&aacute;ndola cuando este art&iacute;culo vea la luz.
    </p><p class="article-text">
        Pero, mientras confirmaba la operaci&oacute;n, apareci&oacute; otra pregunta. Ya s&eacute; cu&aacute;nto he donado yo. &iquest;Pero cu&aacute;l ha sido el compromiso econ&oacute;mico de quien acaba de pedirme solidaridad?
    </p><p class="article-text">
        No me hago esa pregunta para restar valor a la solidaridad ciudadana. Todo lo contrario. Creo profundamente en ella. Si algo ha demostrado esta sociedad una y otra vez es que los ciudadanos siempre responden cuando alguien lo pierde todo. Y eso nos honra.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es justo reconocer a quienes s&iacute; dieron un paso al frente.
    </p><p class="article-text">
        BBVA anunci&oacute; una donaci&oacute;n directa de cinco millones de euros. Inditex destin&oacute; otros tres millones de euros para atender la emergencia a trav&eacute;s de Cruz Roja.
    </p><p class="article-text">
        Esas decisiones merecen reconocimiento. Porque cuando una empresa act&uacute;a con rapidez y compromiso tambi&eacute;n hay que decirlo. Ojal&aacute; muchas m&aacute;s hubieran hecho lo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero precisamente porque conocemos esas aportaciones, la pregunta resulta todav&iacute;a m&aacute;s necesaria.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n las dem&aacute;s? No hago esta pregunta para se&ntilde;alar a nadie. La hago porque las grandes tragedias necesitan grandes compromisos.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os el incendio de la catedral de Notre-Dame conmocion&oacute; al mundo. Y era l&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Aquella catedral representaba una parte de la historia, de la cultura y del patrimonio de la humanidad. Solo el grupo LVMH anunci&oacute; una donaci&oacute;n de 200 millones de euros. En apenas unos d&iacute;as, las promesas para reconstruir Notre-Dame superaban los 840 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Y me pareci&oacute; extraordinario. Porque proteger el patrimonio tambi&eacute;n significa proteger nuestra memoria. Pero entonces vuelvo a pensar en Venezuela. No en un edificio. En las personas. En miles de familias. En ni&ntilde;os. En personas mayores. En personas con discapacidad. En quienes contin&uacute;an intentando reconstruir una vida que ya nunca volver&aacute; a ser igual.
    </p><p class="article-text">
        Y no puedo evitar hacerme una pregunta. &iquest;Por qu&eacute; el mundo fue capaz de movilizar semejante cantidad de recursos en cuesti&oacute;n de d&iacute;as para reconstruir un s&iacute;mbolo y, casi dos meses despu&eacute;s, seguimos conociendo tan pocas grandes aportaciones empresariales para reconstruir miles de vidas?
    </p><p class="article-text">
        No comparo una catedral con una tragedia humana. Ser&iacute;a profundamente injusto. Lo que comparo es nuestra capacidad para mantener viva la solidaridad. Nuestra memoria. Nuestra velocidad para reaccionar. Y nuestra rapidez para olvidar.
    </p><p class="article-text">
        Seguir&eacute; donando siempre que pueda. Lo har&eacute; convencido de que detr&aacute;s de cada euro hay alguien intentando volver a empezar. Nunca me molestar&aacute; que mi banco me invite a ser solidario.
    </p><p class="article-text">
        Lo que espero es que, cuando pulse ese bot&oacute;n, quienes tienen una capacidad infinitamente mayor para cambiar la vida de miles de personas ya hayan demostrado antes su propio compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Porque la solidaridad ciudadana es imprescindible. Pero no puede convertirse en el refugio permanente de quienes tienen la responsabilidad y los recursos para hacer mucho m&aacute;s. Dentro de unos d&iacute;as volver&eacute; a abrir la aplicaci&oacute;n de mi banco. Quiz&aacute; el bot&oacute;n para donar ya no est&eacute;. Como tampoco estar&aacute;n los grandes titulares. 
    </p><p class="article-text">
        Pero las personas seguir&aacute;n all&iacute;. En La Guaira. En Caracas. En cada barrio donde la tierra les arrebat&oacute; una casa, un negocio, una escuela o un proyecto de vida. Seguir&aacute;n intentando reconstruir lo que un terremoto destruy&oacute; en apenas unos segundos.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; esa sea la verdadera tragedia.
    </p><p class="article-text">
        No que el mundo deje de emocionarse. Sino que aprenda a olvidar demasiado deprisa. Porque cuando dejamos de hablar de una tragedia, las v&iacute;ctimas no desaparecen. Solo desaparecen de nuestra memoria.
    </p><p class="article-text">
        Y una sociedad que olvida tan r&aacute;pido el sufrimiento de los dem&aacute;s corre el riesgo de acostumbrarse a convivir con &eacute;l.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/boton-donar_132_13433257.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2026 08:54:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6006588f-bcc5-4e0a-8eca-87f118a3621e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="36331" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6006588f-bcc5-4e0a-8eca-87f118a3621e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="36331" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El botón de donar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6006588f-bcc5-4e0a-8eca-87f118a3621e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Dónde están nuestras líneas rojas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lineas-rojas_132_13419407.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/71d87916-46cb-4673-9530-ca7c362d353c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Dónde están nuestras líneas rojas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No me preocupan las siglas. Me preocupan las ideas. Porque las siglas cambian. Las ideas permanecen. Y las ideas, tarde o temprano, acaban convirtiéndose en leyes. O en la ausencia de ellas

</p></div><p class="article-text">
        Hay personas que hoy, en Canarias, siguen esperando a&ntilde;os para que la Administraci&oacute;n les reconozca oficialmente una discapacidad. Mientras esperan, la vida no se detiene. Las oportunidades, tampoco.
    </p><p class="article-text">
        No porque est&eacute;n pidiendo un privilegio. Ni porque quieran vivir de una ayuda p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Muchas de ellas simplemente quieren trabajar. Quieren estudiar. Quieren construir un proyecto de vida como cualquier otra persona. Pero mientras ese reconocimiento no llega, tampoco llegan determinados apoyos, adaptaciones o derechos que la ley les reconoce.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s triste es que, cuando por fin reciben la resoluci&oacute;n, muchas veces no sienten alegr&iacute;a. Sienten alivio. Y un derecho nunca deber&iacute;a llegar tan tarde como para convertirse &uacute;nicamente en un alivio.
    </p><p class="article-text">
        Conozco esa espera demasiado bien. No la cuento por teor&iacute;a. La cuento porque tambi&eacute;n he aprendido lo que significa que un derecho llegue tarde.
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en todo esto mientras escuchaba estas semanas que el Partido Popular de Tenerife no establece l&iacute;neas rojas para alcanzar acuerdos con Vox si las urnas as&iacute; lo permiten.
    </p><p class="article-text">
        No cuestiono el derecho de ning&uacute;n partido a buscar mayor&iacute;as. Eso forma parte de la democracia. La pregunta que me hago es otra: &iquest;cu&aacute;les son las l&iacute;neas rojas de una sociedad?
    </p><p class="article-text">
        Lo pregunto porque pertenezco a uno de esos colectivos que sabe perfectamente que los derechos nunca fueron un regalo.
    </p><p class="article-text">
        Las personas con discapacidad fuimos de las &uacute;ltimas en incorporarnos plenamente a la igualdad de oportunidades. Hubo que luchar para que la accesibilidad dejara de entenderse como una concesi&oacute;n. Para que estudiar en igualdad de condiciones dejara de parecer una excepci&oacute;n. Para que trabajar dependiera del talento y no de una limitaci&oacute;n. Para que la dependencia dejara de ser caridad y pasara a ser un derecho.
    </p><p class="article-text">
        Nada de eso apareci&oacute; por casualidad.
    </p><p class="article-text">
        Fue el resultado de d&eacute;cadas de esfuerzo de miles de familias, asociaciones y personas que entendieron que una sociedad solo progresa cuando nadie se queda atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me cuesta escuchar que determinadas pol&iacute;ticas sociales se presenten como un lujo o como una carga. Porque cuando uno ha tenido que pelear por derechos tan b&aacute;sicos aprende que ninguno est&aacute; garantizado para siempre.
    </p><p class="article-text">
        No me preocupan las siglas. Me preocupan las ideas. Porque las siglas cambian. Las ideas permanecen. Y las ideas, tarde o temprano, acaban convirti&eacute;ndose en leyes. O en la ausencia de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa cualquier idea que cuestione pol&iacute;ticas que han permitido avanzar a quienes hist&oacute;ricamente han tenido m&aacute;s dif&iacute;cil ejercer sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        Me preocupa que, en una tierra especialmente vulnerable como Canarias, se minimicen desaf&iacute;os como el cambio clim&aacute;tico o se planteen transformaciones profundas de nuestro territorio sin un debate sereno.
    </p><p class="article-text">
        Y me preocupa, sobre todo, cualquier planteamiento que termine debilitando el Estado del bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Porque el Estado del bienestar no existe para hacer m&aacute;s c&oacute;moda la vida de quien ya puede resolverlo todo por s&iacute; solo.
    </p><p class="article-text">
        Existe para sostener a quien, en alg&uacute;n momento de su vida, necesita que la sociedad no le d&eacute; la espalda.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos sociales nunca son un privilegio para quien los necesita.
    </p><p class="article-text">
        Son la diferencia entre poder construir un proyecto de vida o pasar a&ntilde;os esperando a que una administraci&oacute;n, una resoluci&oacute;n o una ayuda decidan cu&aacute;ndo puedes empezar a vivirlo.
    </p><p class="article-text">
        Quien nunca ha necesitado una prestaci&oacute;n de dependencia, una adaptaci&oacute;n en su puesto de trabajo o el reconocimiento de una discapacidad puede llegar a pensar que todo esto son simplemente pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        No lo son. Son vidas. Son padres que viven con el miedo de qu&eacute; ocurrir&aacute; con su hijo cuando ellos ya no est&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Son j&oacute;venes que quieren trabajar y no pueden acceder a determinadas oportunidades porque la Administraci&oacute;n todav&iacute;a no ha reconocido oficialmente una realidad que condiciona cada uno de sus d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Son personas mayores que fallecen antes de que llegue la ayuda que la ley les promet&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Por eso los derechos sociales nunca son un privilegio. Son la diferencia entre vivir con autonom&iacute;a o depender siempre de la buena voluntad de los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Siempre me ha llamado la atenci&oacute;n que haya quien considere un exceso proteger a quienes todav&iacute;a ni siquiera est&aacute;n siendo protegidos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ese sea el verdadero debate. No si tenemos demasiados derechos. Sino por qu&eacute; seguimos llegando tarde a garantizarlos.
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas para decirle a nadie a qui&eacute;n debe votar. Cada ciudadano debe decidirlo libremente. Pero s&iacute; creo que todos tenemos la obligaci&oacute;n de preguntarnos qu&eacute; ideas estamos dispuestos a normalizar y cu&aacute;les deber&iacute;an seguir siendo una l&iacute;nea roja.
    </p><p class="article-text">
        Porque las l&iacute;neas rojas no existen &uacute;nicamente para facilitar o impedir pactos. Existen para recordarnos aquello que una sociedad nunca deber&iacute;a estar dispuesta a negociar.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos no se hicieron para quienes nunca los necesitar&aacute;n. Se hicieron para protegernos el d&iacute;a en que la vida deje de preguntarnos si estamos preparados.
    </p><p class="article-text">
        Mientras discutimos sobre pactos, estrategias y mayor&iacute;as, hay personas que siguen esperando una resoluci&oacute;n que la ley dec&iacute;a que deb&iacute;a llegar hace meses.
    </p><p class="article-text">
        Ellas no necesitan discursos. Necesitan que el Estado funcione. Necesitan que la igualdad de oportunidades deje de ser una promesa. Necesitan que sus derechos lleguen a tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Las l&iacute;neas rojas no deber&iacute;an depender de un partido ni de una legislatura. Deber&iacute;an empezar siempre en el mismo lugar: donde una sociedad deja de proteger a quienes m&aacute;s la necesitan.
    </p><p class="article-text">
        Porque una democracia no demuestra su grandeza &uacute;nicamente por la facilidad con la que forma gobiernos. La demuestra, sobre todo, por la firmeza con la que protege la dignidad de las personas m&aacute;s vulnerables.
    </p><p class="article-text">
        Los gobiernos cambian. Las mayor&iacute;as cambian. Las legislaturas terminan.
    </p><p class="article-text">
        Pero una sociedad que deja de proteger a quienes m&aacute;s la necesitan termina perdiendo mucho m&aacute;s que un debate pol&iacute;tico. Termina perdi&eacute;ndose a s&iacute; misma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/lineas-rojas_132_13419407.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 31 Jul 2026 07:05:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/71d87916-46cb-4673-9530-ca7c362d353c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="39829" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/71d87916-46cb-4673-9530-ca7c362d353c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="39829" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Dónde están nuestras líneas rojas?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/71d87916-46cb-4673-9530-ca7c362d353c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La banca descubrió tarde que no todos podemos vivir dentro de una aplicación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/banca-descubrio-tarde-no-vivir-aplicacion_132_13403247.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6484bc26-437c-43b0-b3a9-b62258788836_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La banca descubrió tarde que no todos podemos vivir dentro de una aplicación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las administraciones llevan años aprobando normas sobre accesibilidad. Los bancos llevan años hablando de inclusión financiera. Y, sin embargo, todavía hoy muchas personas necesitan ayuda para realizar operaciones que deberían poder hacer por sí mismas
</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as le&iacute; una noticia que, en principio, deber&iacute;a alegrarnos: Las personas mayores de 65 a&ntilde;os y las personas con una discapacidad reconocida igual o superior al 33% ya no podr&aacute;n ser penalizadas con determinadas comisiones por retirar efectivo en ventanilla.
    </p><p class="article-text">
        La medida reconoce una realidad que millones de ciudadanos conocen desde hace a&ntilde;os: no todo el mundo puede relacionarse con su banco exclusivamente a trav&eacute;s de una pantalla, una aplicaci&oacute;n m&oacute;vil o un cajero autom&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Y me parece una buena noticia.
    </p><p class="article-text">
        Pero mientras la le&iacute;a no pod&iacute;a dejar de pensar en algo. El problema nunca fueron &uacute;nicamente las comisiones. El problema era todo lo dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        He acudido a oficinas bancarias para realizar operaciones que cualquier cliente deber&iacute;a poder hacer de manera aut&oacute;noma. Sacar dinero. Ingresar efectivo. Consultar informaci&oacute;n. Gestiones sencillas, cotidianas, que forman parte de la vida de cualquier persona.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en demasiadas ocasiones me he encontrado con una realidad muy distinta. El cajero no era accesible. La operaci&oacute;n no pod&iacute;a realizarla por m&iacute; mismo. Y entonces aparec&iacute;a una escena que miles de personas mayores y con discapacidad conocen perfectamente.
    </p><p class="article-text">
        Un trabajador de la entidad se acerca para ayudar.
    </p><p class="article-text">
        Y conviene decirlo claramente: la inmensa mayor&iacute;a de los empleados bancarios que he encontrado han mostrado profesionalidad, paciencia y voluntad de ayudar.
    </p><p class="article-text">
        No es una cr&iacute;tica hacia ellos. Todo lo contrario. Est&aacute;n intentando solucionar un problema que no han creado.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pregunta sigue siendo la misma.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; la soluci&oacute;n consiste en que otra persona haga por m&iacute; algo que deber&iacute;a poder hacer yo mismo?
    </p><p class="article-text">
        Porque para ayudarme a utilizar un cajero, esa persona necesita acceder a informaci&oacute;n que pertenece exclusivamente a mi esfera privada. Mi n&uacute;mero de cuenta. Mi saldo. Los movimientos que realizo. La cantidad de dinero que ingreso. La cantidad de dinero que retiro. Los conceptos de determinadas operaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y, en ocasiones, incluso mi n&uacute;mero PIN.
    </p><p class="article-text">
        La escena suele producirse adem&aacute;s en espacios abiertos, con otros clientes esperando turno, entrando y saliendo de la oficina, escuchando fragmentos de conversaciones o contemplando involuntariamente una operaci&oacute;n que deber&iacute;a pertenecer &uacute;nicamente al &aacute;mbito privado de quien la realiza.
    </p><p class="article-text">
        Y es precisamente ah&iacute; donde aparece el verdadero problema.
    </p><p class="article-text">
        No creo que eso sea inclusi&oacute;n. Creo que eso es vulnerabilidad. Porque la vulnerabilidad no siempre aparece cuando alguien nos niega un derecho.
    </p><p class="article-text">
        A veces aparece cuando para ejercerlo tenemos que renunciar a nuestra intimidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona mayor tiene que explicar una operaci&oacute;n bancaria delante de desconocidos.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona con discapacidad necesita revelar informaci&oacute;n privada para completar una gesti&oacute;n cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la autonom&iacute;a depende de la presencia y de la buena voluntad de terceros.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Aceptar&iacute;amos con normalidad que cualquier otro cliente tuviera que decir su PIN en voz alta delante de varias personas para poder utilizar su banco?
    </p><p class="article-text">
        Probablemente no.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; parece aceptable cuando se trata de una persona mayor o con discapacidad?
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os hemos escuchado hablar de protecci&oacute;n de datos, privacidad, seguridad inform&aacute;tica y confidencialidad. Se nos recuerda constantemente la importancia de proteger nuestras claves, nuestras contrase&ntilde;as y nuestra informaci&oacute;n bancaria.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, cuando una persona no puede utilizar de forma aut&oacute;noma los canales que le imponen, parece asumirse con naturalidad que deba compartir parte de esa informaci&oacute;n con terceros para completar una operaci&oacute;n b&aacute;sica.
    </p><p class="article-text">
        No creo que eso sea normal. Y tampoco creo que sea seguro. Porque no estamos hablando &uacute;nicamente de comodidad. Estamos hablando de intimidad. Estamos hablando de seguridad. Estamos hablando de dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os se nos empuj&oacute; hacia la digitalizaci&oacute;n como si fuera una soluci&oacute;n universal.
    </p><p class="article-text">
        Las oficinas cerraron. La atenci&oacute;n presencial disminuy&oacute;. Los cajeros asumieron funciones que antes realizaban las personas.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto se daba por hecho que todo el mundo pod&iacute;a seguir el mismo ritmo.
    </p><p class="article-text">
        Pero no era cierto.
    </p><p class="article-text">
        Existe una diferencia enorme entre digitalizar un servicio y hacerlo accesible.
    </p><p class="article-text">
        Las administraciones llevan a&ntilde;os aprobando normas sobre accesibilidad. Los bancos llevan a&ntilde;os hablando de inclusi&oacute;n financiera. Y, sin embargo, todav&iacute;a hoy muchas personas necesitan ayuda para realizar operaciones que deber&iacute;an poder hacer por s&iacute; mismas.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s dif&iacute;cil de entender es que esta situaci&oacute;n se haya prolongado durante tanto tiempo en un sector que ha acumulado beneficios multimillonarios durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Resulta leg&iacute;timo preguntarse si una parte de esos recursos no deber&iacute;a haberse destinado mucho antes a garantizar algo tan b&aacute;sico como la accesibilidad, la autonom&iacute;a y la seguridad de todos los clientes.
    </p><p class="article-text">
        Porque muchas de esas entidades cuentan adem&aacute;s con fundaciones que impulsan proyectos sociales, culturales y educativos de enorme valor para la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente por eso la pregunta resulta todav&iacute;a m&aacute;s necesaria.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que sigamos hablando de inclusi&oacute;n financiera mientras miles de personas contin&uacute;an necesitando ayuda para gestionar su propio dinero?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo es posible que sigamos celebrando avances que deber&iacute;an haberse producido hace a&ntilde;os?
    </p><p class="article-text">
        Por eso la reciente eliminaci&oacute;n de determinadas comisiones resulta tan significativa.
    </p><p class="article-text">
        Porque supone, en el fondo, un reconocimiento impl&iacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de que no todos podemos vivir dentro de una aplicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de que la atenci&oacute;n presencial sigue siendo necesaria.
    </p><p class="article-text">
        El reconocimiento de que la autonom&iacute;a no puede depender exclusivamente de una pantalla.
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n deber&iacute;a servir para abrir una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda.
    </p><p class="article-text">
        Porque la verdadera exclusi&oacute;n financiera no empieza cuando te cobran una comisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando no puedes utilizar un servicio en igualdad de condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando necesitas revelar informaci&oacute;n privada para realizar una operaci&oacute;n sencilla.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando tu seguridad depende de la ayuda de otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Empieza cuando la tecnolog&iacute;a, en lugar de darte independencia, te obliga a renunciar a una parte de tu intimidad.
    </p><p class="article-text">
        La accesibilidad no consiste en que alguien haga las cosas por ti.
    </p><p class="article-text">
        La accesibilidad consiste en que puedas hacerlas por ti mismo.
    </p><p class="article-text">
        Y la verdadera inclusi&oacute;n no comienza cuando alguien te ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Comienza cuando ya no necesitas ayuda para hacer algo tan simple como gestionar tu propio dinero.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/banca-descubrio-tarde-no-vivir-aplicacion_132_13403247.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 07:10:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6484bc26-437c-43b0-b3a9-b62258788836_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="51018" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6484bc26-437c-43b0-b3a9-b62258788836_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="51018" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La banca descubrió tarde que no todos podemos vivir dentro de una aplicación]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6484bc26-437c-43b0-b3a9-b62258788836_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dependencia reconoce derechos. Canarias todavía obliga a esperarlos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dependencia-reconoce-derechos-canarias-todavia-obliga-esperarlos_132_13386743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b1f68720-2d1d-44df-819f-c043d1a9d760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La dependencia reconoce derechos. Canarias todavía obliga a esperarlos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Yo esperé cerca de dos años para que una prestación que ya me correspondía empezara a hacerse efectiva. Pero lo más duro no fue mi espera. Lo más duro fue ver cómo mis dos abuelas y un tío fallecieron con la dependencia solicitada, tramitada o prácticamente resuelta, sin llegar nunca a disfrutar del derecho que la ley les reconocía
</p></div><p class="article-text">
        Hay leyes que cambian un pa&iacute;s. Y hay leyes que cambian una vida. <strong>La Ley de Dependencia</strong> consigui&oacute; ambas cosas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando fue aprobada, Espa&ntilde;a dio un paso que muy pocos pa&iacute;ses hab&iacute;an sido capaces de dar hasta entonces: reconocer que las personas que, por la edad, una enfermedad o una discapacidad, necesitan apoyos para vivir con dignidad no estaban pidiendo un favor.
    </p><p class="article-text">
        Estaban ejerciendo un derecho. Y eso lo cambia todo. Porque un derecho no depende de la buena voluntad de nadie. No depende de la suerte. No depende del c&oacute;digo postal. No depende de la capacidad econ&oacute;mica de una familia.
    </p><p class="article-text">
        Depende de que el Estado responda.
    </p><p class="article-text">
        Por eso sigo pensando que la Ley de Dependencia es una de las leyes m&aacute;s humanas que ha aprobado nuestra democracia.
    </p><p class="article-text">
        No habla &uacute;nicamente de prestaciones econ&oacute;micas. Habla de dignidad. Habla de autonom&iacute;a. Habla de igualdad de oportunidades. Habla de la tranquilidad de miles de familias que saben que alg&uacute;n d&iacute;a necesitar&aacute;n ayuda.
    </p><p class="article-text">
        Y ese d&iacute;a llega antes de lo que imaginamos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso resulta esperanzador comprobar que durante este a&ntilde;o el Gobierno de Espa&ntilde;a ha reforzado el Sistema para la Autonom&iacute;a y Atenci&oacute;n a la Dependencia, incrementando la financiaci&oacute;n y ampliando derechos y apoyos para que las personas puedan permanecer el mayor tiempo posible en su entorno.
    </p><p class="article-text">
        Ese es el camino.
    </p><p class="article-text">
        Porque una sociedad se mide por la manera en que trata a quienes m&aacute;s apoyo necesitan. 
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces bajo la mirada. Y vuelvo a Canarias. Y la esperanza deja paso a la preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que el Gobierno de Canarias ha impulsado planes de choque, ha incorporado nuevos profesionales, ha reducido parte de las listas de espera y ha agilizado determinados procedimientos.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a injusto no reconocer esos avances. Cuando una administraci&oacute;n mejora, tambi&eacute;n hay que decirlo.
    </p><p class="article-text">
        Pero reconocer los avances no puede impedirnos mirar de frente la realidad. Y la realidad sigue siendo demasiado dura.
    </p><p class="article-text">
        La espera media contin&uacute;a muy por encima del plazo que marca la propia ley.
    </p><p class="article-text">
        Mientras algunos expedientes nuevos comienzan a resolverse con mayor rapidez, miles de personas siguen atrapadas en una lista de espera acumulada durante a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y el tiempo, para una persona dependiente, nunca es un dato estad&iacute;stico. Es vida. Porque detr&aacute;s de cada expediente hay un nombre. Hay una familia. Hay una enfermedad que contin&uacute;a avanzando. Hay una persona mayor que cada d&iacute;a pierde un poco m&aacute;s de autonom&iacute;a.Hay una persona con discapacidad que necesita apoyos para poder desarrollar su proyecto de vida.
    </p><p class="article-text">
        Hay un cuidador agotado. Hay hijos que reorganizan su vida para cuidar de sus padres. Hay padres que contin&uacute;an cuidando de hijos adultos con discapacidad sin saber cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s podr&aacute;n hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Y hay algo todav&iacute;a m&aacute;s doloroso.
    </p><p class="article-text">
        Conozco a muchas familias cuyo mayor miedo no es la discapacidad de su hijo. Es el d&iacute;a en que ellos falten.
    </p><p class="article-text">
        Hay padres que no le tienen miedo a la discapacidad de su hijo. Le tienen miedo al d&iacute;a en que ellos ya no est&eacute;n para seguir cuid&aacute;ndolo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se le explica a una madre que el mayor miedo de su vida sigue esperando un n&uacute;mero de expediente?
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hablo desde mi propia historia.
    </p><p class="article-text">
        Yo esper&eacute; cerca de dos a&ntilde;os para que una prestaci&oacute;n que ya me correspond&iacute;a empezara a hacerse efectiva. Pero lo m&aacute;s duro no fue mi espera.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s duro fue ver c&oacute;mo mis dos abuelas y un t&iacute;o fallecieron con la dependencia solicitada, tramitada o pr&aacute;cticamente resuelta, sin llegar nunca a disfrutar del derecho que la ley les reconoc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando eso ocurre, uno comprende que ya no estamos hablando de burocracia.
    </p><p class="article-text">
        Estamos hablando de tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Y el tiempo, para una persona dependiente, es el recurso m&aacute;s valioso y el m&aacute;s escaso de todos.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el dato m&aacute;s duro nunca ser&aacute; el n&uacute;mero de expedientes pendientes. El dato m&aacute;s duro es que todav&iacute;a haya personas que fallecen antes de recibir la ayuda que el propio Estado ya les hab&iacute;a reconocido.
    </p><p class="article-text">
        La Administraci&oacute;n puede permitirse contar expedientes. Las familias contamos sillas vac&iacute;as alrededor de la mesa.
    </p><p class="article-text">
        Especialmente cuando llega la Navidad y ese lugar permanece vac&iacute;o porque el derecho lleg&oacute; demasiado tarde.
    </p><p class="article-text">
        Esa es la estad&iacute;stica que nunca aparece en los informes. Y, sin embargo, es la que m&aacute;s duele.
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas para se&ntilde;alar a un gobierno concreto.
    </p><p class="article-text">
        La dependencia lleva demasiados a&ntilde;os siendo motivo de confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica mientras las familias siguen esperando.
    </p><p class="article-text">
        Hoy gobiernan unos. Ayer gobernaban otros. Y las listas de espera contin&uacute;an formando parte de nuestra realidad.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ha llegado el momento de dejar de discutir qui&eacute;n tiene la culpa para empezar a preguntarnos qui&eacute;n tiene la responsabilidad de resolverlo de una vez.
    </p><p class="article-text">
        Porque la Ley de Dependencia no necesita m&aacute;s discursos. Necesita menos espera. Necesita menos burocracia. Necesita m&aacute;s profesionales. M&aacute;s recursos. M&aacute;s coordinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y, sobre todo, necesita comprender algo que ning&uacute;n procedimiento administrativo deber&iacute;a olvidar jam&aacute;s. La dependencia no espera. Las enfermedades no esperan. La vejez no espera. La discapacidad no espera. La vida tampoco.
    </p><p class="article-text">
        Solo esperan las personas.
    </p><p class="article-text">
        Y eso deber&iacute;a interpelarnos a todos.
    </p><p class="article-text">
        Porque las leyes m&aacute;s importantes no se juzgan por lo bien que est&aacute;n escritas. Se juzgan por las personas que llegan a tiempo a beneficiarse de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Una sociedad no demuestra su grandeza cuando aprueba una ley. La demuestra cuando consigue que esa ley llegue a tiempo a la vida de quienes ya no pueden seguir esperando.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras una familia tenga que despedir a un padre, a una madre, a un abuelo, a una abuela o a un hijo con un derecho reconocido, pero nunca disfrutado, la dependencia seguir&aacute; teniendo una deuda pendiente.
    </p><p class="article-text">
        No con los expedientes.
    </p><p class="article-text">
        Con las personas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/dependencia-reconoce-derechos-canarias-todavia-obliga-esperarlos_132_13386743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Jul 2026 07:41:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b1f68720-2d1d-44df-819f-c043d1a9d760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="54871" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b1f68720-2d1d-44df-819f-c043d1a9d760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="54871" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La dependencia reconoce derechos. Canarias todavía obliga a esperarlos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b1f68720-2d1d-44df-819f-c043d1a9d760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasarela-inauguro-igualdad-oportunidades-todavia-no_132_13372627.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/001056b1-e815-4d28-864d-9508e2143f6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace unos días crucé la nueva pasarela. O, mejor dicho, intenté cruzarla. Soy una persona ciega. Mientras avanzaba, no pensaba en arquitectura. Ni en ingeniería. Ni en el presupuesto de la obra. Pensaba en algo mucho más sencillo. En no perder la referencia
</p></div><p class="article-text">
        Ha pasado algo m&aacute;s de un mes desde que <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/tenerifeahora/la_laguna/pasarela-padre-anchieta-abre-publico-cinco-anos-obras-retrasos-sobrecostes-inversion-13-millones_1_13227544.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se inaugur&oacute; la pasarela del Padre Anchieta</a>. Ya no quedan c&aacute;maras. Ni discursos. Ni fotograf&iacute;as del corte de cinta.
    </p><p class="article-text">
        Ha transcurrido el tiempo suficiente para que una obra p&uacute;blica deje de pertenecer a quienes la proyectaron y empiece a pertenecer a quienes la utilizan cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Y precisamente ah&iacute; comienza esta historia.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as cruc&eacute; la nueva pasarela. O, mejor dicho, intent&eacute; cruzarla. Soy una persona ciega.
    </p><p class="article-text">
        Mientras avanzaba, no pensaba en arquitectura. Ni en ingenier&iacute;a. Ni en el presupuesto de la obra. Pensaba en algo mucho m&aacute;s sencillo. En no perder la referencia. En saber por d&oacute;nde continuar. En moverme con la misma tranquilidad con la que cualquier otra persona atraviesa un espacio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una persona tiene que dedicar toda su atenci&oacute;n a algo tan b&aacute;sico como orientarse para cruzar una infraestructura, comprende que la accesibilidad no puede darse nunca por supuesta.
    </p><p class="article-text">
        Aquella ma&ntilde;ana no fui el &uacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n realizaron el recorrido personas usuarias de silla de ruedas, personas con dificultades de movilidad, personas mayores, personas que utilizan un andador y otras que necesitan apoyo para desplazarse.
    </p><p class="article-text">
        Cada una encontr&oacute; una dificultad distinta.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces apareci&oacute; una pregunta que todav&iacute;a hoy sigue acompa&ntilde;&aacute;ndome. &iquest;Cu&aacute;ndo podemos decir de verdad que una infraestructura es accesible? &iquest;Cu&aacute;ndo termina la obra? &iquest;Cu&aacute;ndo cumple una normativa? &iquest;O cuando cualquier persona puede utilizarla con autonom&iacute;a, seguridad y dignidad?
    </p><p class="article-text">
        Creo que ah&iacute; est&aacute; la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Porque la accesibilidad nunca ha sido &uacute;nicamente una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica. Es, sobre todo, una cuesti&oacute;n de dignidad. Y tambi&eacute;n de igualdad de oportunidades. Significa que una persona ciega pueda orientarse con seguridad. Que una persona mayor no tenga que preguntarse si tendr&aacute; fuerzas para llegar arriba. Que quien utiliza una silla de ruedas o un andador pueda desplazarse sin depender de otra persona. Que nadie tenga que renunciar a un recorrido porque el esfuerzo que exige supera sus posibilidades.
    </p><p class="article-text">
        Las barreras m&aacute;s dif&iacute;ciles de derribar no siempre son las de hormig&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Son las que no aparecen en los planos. Las que nacen cuando creemos que una infraestructura termina el d&iacute;a que se inaugura.
    </p><p class="article-text">
        La realidad demuestra que empieza ese mismo d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos a&ntilde;os hablando de la accesibilidad universal.
    </p><p class="article-text">
        Aprobamos leyes. Redactamos reglamentos. Inauguramos infraestructuras. Pero seguimos olvidando la &uacute;nica prueba que realmente importa.
    </p><p class="article-text">
        La de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Porque una pendiente dibujada sobre un plano nunca se cansa. Un plano nunca pierde la orientaci&oacute;n. Un proyecto nunca necesita detenerse para recuperar el aliento. Las personas s&iacute;. Y por eso la accesibilidad no puede evaluarse &uacute;nicamente desde un despacho. Debe comprobarse caminando. Utilizando un bast&oacute;n. Empujando una silla de ruedas. Avanzando con un andador. Envejeciendo.
    </p><p class="article-text">
        Viviendo la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        No escribo estas l&iacute;neas para desacreditar una obra. Las escribo porque todav&iacute;a estamos a tiempo de mejorarla. Escuchar a quienes encuentran dificultades no deber&iacute;a interpretarse como una cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;a entenderse como la mejor oportunidad para construir ciudades mejores. Porque rectificar no debilita a una administraci&oacute;n. La fortalece.
    </p><p class="article-text">
        Y demuestra que entiende que las ciudades no se construyen para admirarlas. Se construyen para habitarlas. Las ciudades no se parecen a sus edificios. Se parecen a los valores con los que fueron dise&ntilde;adas.
    </p><p class="article-text">
        Y una sociedad no demuestra su grandeza el d&iacute;a que inaugura una infraestructura. La demuestra cuando cualquier persona &mdash;tenga o no una discapacidad, sea mayor, utilice un bast&oacute;n, un andador o una silla de ruedas&mdash; puede recorrerla con la misma autonom&iacute;a, la misma dignidad y las mismas oportunidades que las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Porque la accesibilidad no empieza cuando se corta una cinta. Empieza cuando deja de ser una promesa y se convierte, sencillamente, en una realidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/pasarela-inauguro-igualdad-oportunidades-todavia-no_132_13372627.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Jul 2026 17:31:55 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/001056b1-e815-4d28-864d-9508e2143f6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="46627" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/001056b1-e815-4d28-864d-9508e2143f6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="46627" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La pasarela se inauguró. La igualdad de oportunidades, todavía no]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/001056b1-e815-4d28-864d-9508e2143f6f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hipocresia-pais-memoria-odio-caja_132_13353285.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/80efcc5d-90a5-4866-8740-2d0ee89469d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se habla de invasión, pero nadie renuncia a los beneficios que generan esas personas explotadas. Se habla de delincuencia, pero nadie devuelve el alquiler abusivo cobrado a familias inmigrantes hacinadas. Se habla de proteger España, mientras se construyen negocios enteros sobre la precariedad de quienes llegaron aquí sin nada</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene un problema grav&iacute;simo de memoria. Y no, no hablo solo de los pol&iacute;ticos ultras que han decidido convertir el sufrimiento humano en una campa&ntilde;a electoral permanente. Hablo tambi&eacute;n de una parte de la sociedad que aplaude discursos miserables contra la inmigraci&oacute;n mientras llena sus bolsillos gracias al sudor de quienes vienen de fuera intentando sobrevivir.
    </p><p class="article-text">
        Resulta indignante escuchar a determinados partidos pol&iacute;ticos, tribunales y a instituciones como la Comunidad de Madrid pedir a los jueces que frenen o anulen procesos de regularizaci&oacute;n de inmigrantes, como si habl&aacute;ramos de mercanc&iacute;a defectuosa y no de personas. Personas. Seres humanos. Familias enteras que han cruzado oc&eacute;anos, desiertos y fronteras huyendo exactamente de lo mismo de lo que huyeron millones de espa&ntilde;oles durante d&eacute;cadas: hambre, guerra, miedo y desesperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; r&aacute;pido se nos olvida que media Espa&ntilde;a tuvo que escapar tras la Guerra Civil. Qu&eacute; r&aacute;pido se borra de la memoria colectiva aquella posguerra miserable donde nuestros abuelos o padres sobreviv&iacute;an entre cartillas de racionamiento, hambre y humillaci&oacute;n. Espa&ntilde;oles acogidos en Francia, Alemania, Suiza, M&eacute;xico, Argentina o Venezuela. Espa&ntilde;oles limpiando suelos, trabajando en f&aacute;bricas y levantando pa&iacute;ses ajenos para poder mandar dinero a casa y alimentar a sus familias.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y ahora pretendemos mirar por encima del hombro a quien hace exactamente lo mismo?
    </p><p class="article-text">
        La hipocres&iacute;a en este pa&iacute;s ya no tiene l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        Porque los mismos que vomitan discursos contra los inmigrantes no tienen ning&uacute;n problema en alquilarles pisos infectos a precios criminales. Los mismos que dicen que &ldquo;sobran extranjeros&rdquo; son los primeros en cobrarles 900 euros por habitaciones sin ventanas. Los mismos que se indignan por ver manteros en la calle luego no rechazan el dinero cuando esos inmigrantes compran en sus negocios, trabajan en sus empresas o sostienen sectores enteros de la econom&iacute;a con salarios de miseria.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; curioso: para insultarlos s&iacute; sirven, pero para cobrarles nunca molestan.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; desaparece la bandera. Ah&iacute; desaparece el patriotismo. Ah&iacute; desaparece la supuesta defensa de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Porque cuando el dinero entra en caja, da igual si viene de un blanco, de un negro, de un chino, de un africano o de un sudamericano. El dinero no tiene nacionalidad. La codicia tampoco. Y esa es la verdad inc&oacute;moda que muchos no quieren escuchar: vivimos en una sociedad donde demasiada gente critica la inmigraci&oacute;n mientras saquea econ&oacute;micamente a quienes menos tienen.
    </p><p class="article-text">
        Se habla de invasi&oacute;n, pero nadie renuncia a los beneficios que generan esas personas explotadas. Se habla de delincuencia, pero nadie devuelve el alquiler abusivo cobrado a familias inmigrantes hacinadas. Se habla de proteger Espa&ntilde;a, mientras se construyen negocios enteros sobre la precariedad de quienes llegaron aqu&iacute; sin nada.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras tanto, seguimos educando a generaciones enteras sin memoria hist&oacute;rica, sin empat&iacute;a y sin humanidad. Como si nuestros abuelos no hubieran sido tambi&eacute;n &ldquo;los de fuera&rdquo;. Como si no hubi&eacute;ramos necesitado que otros pa&iacute;ses abrieran sus puertas para que Espa&ntilde;a pudiera sobrevivir a su propia tragedia.
    </p><p class="article-text">
        La verdadera verg&uuml;enza no es que haya inmigrantes intentando regularizar su situaci&oacute;n. La verdadera verg&uuml;enza es una sociedad capaz de enriquecerse gracias a ellos mientras los se&ntilde;ala con el dedo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, se&ntilde;ores empresarios, se&ntilde;ores especuladores y se&ntilde;ores patriotas de saldo: si tanto les molestan los inmigrantes, tengan coherencia. No alquilen sus viviendas a familias extranjeras. No acepten su dinero. No vendan en sus negocios a quienes tanto desprecian. No construyan fortunas sobre la necesidad ajena mientras luego se envuelven en discursos de odio.
    </p><p class="article-text">
        No lo har&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y saben por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Porque al final, lo &uacute;nico que mueve este mundo no es la patria, ni la moral, ni los principios.
    </p><p class="article-text">
        Es el dinero.
    </p><p class="article-text">
        Y demasiados est&aacute;n dispuestos a pisotear la dignidad humana con tal de llenar un poco m&aacute;s sus bolsillos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/hipocresia-pais-memoria-odio-caja_132_13353285.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Jul 2026 07:51:37 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/80efcc5d-90a5-4866-8740-2d0ee89469d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="53336" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/80efcc5d-90a5-4866-8740-2d0ee89469d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="53336" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La hipocresía de un país sin memoria: cuando el odio también hace caja]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/80efcc5d-90a5-4866-8740-2d0ee89469d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos molesta la pluma o quizá el armario que todavía llevamos dentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/molesta-pluma-armario-todavia-llevamos_132_13335489.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2a229fb6-84f7-4da6-9b83-cc05002aa0eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nos molesta la pluma o quizá el armario que todavía llevamos dentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Nos molesta la pluma o nos molesta que alguien se niegue a esconder quién es? ¿Nos incomoda la diversidad o nos incomoda que la diversidad sea visible?</p></div><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hay personas que bajan la voz cuando hablan de un hijo gay.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hay quienes se preguntan si es el momento adecuado para presentar a su pareja en una comida familiar.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hay quienes calculan cu&aacute;nto de s&iacute; mismos pueden mostrar seg&uacute;n el lugar donde est&eacute;n, las personas que tengan delante o la reacci&oacute;n que esperan recibir.
    </p><p class="article-text">
        No porque tengan miedo a la ley.
    </p><p class="article-text">
        No porque teman una sanci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Simplemente porque, en alg&uacute;n rinc&oacute;n de su conciencia, siguen sintiendo que hay algo que debe decirse con cautela, casi en privado.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; se encuentre una de las razones por las que el D&iacute;a del Orgullo sigue siendo necesario.
    </p><p class="article-text">
        Hay generaciones enteras que nunca han conocido una Espa&ntilde;a donde amar pudiera convertirse en un problema.
    </p><p class="article-text">
        Han crecido en un pa&iacute;s donde el matrimonio igualitario forma parte de la normalidad, donde las parejas del mismo sexo son visibles y donde muchas libertades que hoy consideramos evidentes forman parte del paisaje cotidiano.
    </p><p class="article-text">
        Y eso es una magn&iacute;fica noticia.
    </p><p class="article-text">
        Porque significa que hemos.
    </p><p class="article-text">
        Pero precisamente ah&iacute; aparece una paradoja que merece la pena analizar cada vez que llega el 28 de junio.
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s consolidado est&aacute; un derecho, m&aacute;s f&aacute;cil resulta olvidar c&oacute;mo lleg&oacute; hasta nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Las nuevas generaciones han heredado libertades que para otras personas fueron motivo de lucha, rechazo, incomprensi&oacute;n y, en demasiadas ocasiones, sufrimiento.
    </p><p class="article-text">
        Hubo un tiempo en que muchas personas ocultaban qui&eacute;nes eran por miedo. Miedo a perder su empleo. Miedo al rechazo familiar. Miedo a las burlas. Miedo a ser se&ntilde;aladas simplemente por amar a alguien de su mismo sexo.
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; hace siglos.
    </p><p class="article-text">
        Ocurri&oacute; en nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y no hace tanto tiempo.
    </p><p class="article-text">
        La historia demuestra que los derechos nunca aparecen por generaci&oacute;n espont&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        Nacen porque alguien se atreve a desafiar lo establecido.
    </p><p class="article-text">
        Porque alguien decide dejar de esconderse.
    </p><p class="article-text">
        Porque alguien soporta cr&iacute;ticas, rechazo o incomprensi&oacute;n para que quienes vienen detr&aacute;s puedan vivir con m&aacute;s libertad.
    </p><p class="article-text">
        Por eso conviene recordar.
    </p><p class="article-text">
        Porque las leyes pueden cambiar en una legislatura.
    </p><p class="article-text">
        La mentalidad de una sociedad tarda generaciones.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; ah&iacute; se encuentre una de las razones por las que el D&iacute;a del Orgullo sigue siendo necesario.
    </p><p class="article-text">
        No &uacute;nicamente como celebraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No &uacute;nicamente como reivindicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n como ejercicio de memoria.
    </p><p class="article-text">
        Porque resulta dif&iacute;cil valorar aquello cuyo coste hemos olvidado.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos visto reaparecer discursos que muchos consideraban superados. Discursos que presentan la diversidad como una amenaza, que ridiculizan la inclusi&oacute;n o que convierten los derechos de determinados colectivos en objeto de discusi&oacute;n permanente.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay algo que me preocupa incluso m&aacute;s que esos discursos.
    </p><p class="article-text">
        La comodidad.
    </p><p class="article-text">
        La idea de que basta con repetir determinadas palabras para considerarnos libres de prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        Porque los prejuicios no desaparecen al mismo ritmo que cambian las leyes.
    </p><p class="article-text">
        A veces simplemente aprenden a disfrazarse.
    </p><p class="article-text">
        Se vuelven m&aacute;s discretos.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s elegantes.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s socialmente aceptables.
    </p><p class="article-text">
        Y, precisamente por eso, m&aacute;s dif&iacute;ciles de reconocer.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso el Orgullo trasciende a quienes forman parte del colectivo LGTBI.
    </p><p class="article-text">
        Porque, en el fondo, todos conocemos alguna forma de armario.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien oculta una discapacidad para evitar prejuicios.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien esconde una enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien calla una situaci&oacute;n econ&oacute;mica complicada.
    </p><p class="article-text">
        El armario de quien disimula una parte de s&iacute; mismo para ser aceptado.
    </p><p class="article-text">
        Cambian las circunstancias.
    </p><p class="article-text">
        Cambian las historias.
    </p><p class="article-text">
        Pero el mecanismo siempre es el mismo:
    </p><p class="article-text">
        el miedo a no encajar.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; por eso el verdadero desaf&iacute;o no consiste en preguntarnos qu&eacute; opinamos p&uacute;blicamente sobre el colectivo LGTBI.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; consiste en preguntarnos qu&eacute; sentimos realmente.
    </p><p class="article-text">
        Sin discursos preparados.
    </p><p class="article-text">
        Sin consignas.
    </p><p class="article-text">
        Sin necesidad de quedar bien.
    </p><p class="article-text">
        Sin miedo a ser juzgados.
    </p><p class="article-text">
        Mir&aacute;ndonos al espejo.
    </p><p class="article-text">
        Y respondiendo con honestidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos resulta realmente indiferente que dos hombres se besen en una plaza?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos parece normal que dos mujeres formen una familia?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pensar&iacute;amos exactamente igual si se tratara de un hijo, una hija o un hermano?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos molesta la pluma o nos molesta que alguien se niegue a esconder qui&eacute;n es?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Nos incomoda la diversidad o nos incomoda que la diversidad sea visible?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pensamos lo mismo que decimos?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y decimos lo mismo que hacemos?
    </p><p class="article-text">
        Tal vez el verdadero progreso no consista en repetir que todos somos iguales.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez consista en ser capaces de responder honestamente a esas preguntas.
    </p><p class="article-text">
        Porque los derechos no se ponen a prueba cuando resultan c&oacute;modos.
    </p><p class="article-text">
        Se ponen a prueba cuando afectan a nuestra forma de mirar a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y quiz&aacute; el Orgullo siga siendo necesario precisamente por eso.
    </p><p class="article-text">
        No porque no hayamos avanzado.
    </p><p class="article-text">
        No porque la ley haya fallado.
    </p><p class="article-text">
        Sino porque la libertad no consiste &uacute;nicamente en reconocer derechos sobre el papel.
    </p><p class="article-text">
        Consiste tambi&eacute;n en aceptar, sin reservas ni condiciones, que cada persona tiene derecho a vivir su vida sin esconder qui&eacute;n es.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez por eso, cada 28 de junio, la pregunta m&aacute;s importante no sea qu&eacute; pensamos del Orgullo.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez la pregunta m&aacute;s importante sea qu&eacute; pensamos realmente.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristóbal Amaro López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/opinion/molesta-pluma-armario-todavia-llevamos_132_13335489.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 26 Jun 2026 09:22:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2a229fb6-84f7-4da6-9b83-cc05002aa0eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="42455" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2a229fb6-84f7-4da6-9b83-cc05002aa0eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="42455" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Nos molesta la pluma o quizá el armario que todavía llevamos dentro]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2a229fb6-84f7-4da6-9b83-cc05002aa0eb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
