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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Fernanda Matus]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - María Fernanda Matus]]></description>
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      <title><![CDATA[Colombia: una historia que exige respeto por la justicia y por la paz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/colombia-historia-exige-respeto-justicia-paz_129_13317971.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3682caa4-7d90-411e-aaba-99dc8cf51137_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Colombia: una historia que exige respeto por la justicia y por la paz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Colombia elige este domingo entre dos visiones de país. Dos perspectivas en las que solo uno de los candidatos se sitúa en el extremo, a la derecha, mientras que el otro se mantiene escrupulosamente en el marco democrático</p></div><p class="article-text">
        Este 21 de junio se celebra la segunda vuelta presidencial en Colombia. Es, tal vez, la contienda electoral m&aacute;s decisiva para el futuro del pa&iacute;s en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Aunque algunos muestran a los candidatos como dos extremos pol&iacute;ticos, lo cierto es que representan dos visiones de pa&iacute;s. Dos perspectivas en las que s&oacute;lo uno de ellos se sit&uacute;a en el extremo de la derecha, mientras que el otro se mantiene escrupulosamente en el marco democr&aacute;tico. De un lado est&aacute; Iv&aacute;n Cepeda Castro, fil&oacute;sofo, defensor de derechos humanos y senador de la rep&uacute;blica, que ha dedicado su vida a las v&iacute;ctimas, al di&aacute;logo y a la paz. Del otro est&aacute; Abelardo de la Espriella, un abogado que aspira a llegar al poder con una promesa de seguridad, orden y un supuesto respeto constitucional que denomina &ldquo;patriotismo constitucional&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;El problema del abogado es que sus propuestas desmantelan las garant&iacute;as e instituciones que sostienen ese orden, lo que contradice su discurso. Tambi&eacute;n ha hablado de &laquo;destripar&raquo; a la izquierda en un pa&iacute;s donde esas afirmaciones f&aacute;cilmente pueden ser hechos tangibles. Uno representa la concertaci&oacute;ny el pluralismo; el otro, aunque se presenta como outsider, encarna los intereses de la pol&iacute;tica tradicional que critica, con cuyos sectores est&aacute; aliado. Adem&aacute;s, amenaza con poner en riesgo la soberan&iacute;a nacional al solicitar injerencia extranjera.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego este domingo va mucho m&aacute;s all&aacute; de afinidades pol&iacute;ticas. Se trata de la direcci&oacute;n que tomar&aacute; un pa&iacute;s que durante d&eacute;cadas ha oscilado entre la violencia y la promesa, a&uacute;n pendiente, de una paz duradera. Elegir a Abelardo de la Espriella implica respaldar una visi&oacute;n del pa&iacute;s que, seg&uacute;n sus declaraciones y propuestas, significar&iacute;a un retroceso en avances institucionales y democr&aacute;ticos. Tambi&eacute;n abre interrogantes sobre la forma en que se abordar&aacute;n las diferencias pol&iacute;ticas y la protecci&oacute;n de los principios que sustentan el Estado social de derecho.
    </p><p class="article-text">
        Colombia llega a esta contienda electoral con el peso de generaciones de violencia. Durante gran parte del siglo XIX, el pa&iacute;s estuvo sumido en guerras civiles; la m&aacute;s conocida fue la Guerra de los Mil D&iacute;as. El siglo XX tampoco trajo paz ni calma. Los campesinos eran despojados de sus tierras y quienes manifestaban ideas liberales eran perseguidos por agentes paraestatales (los tenebrosos &ldquo;p&aacute;jaros&rdquo; y &ldquo;chulavitas&rdquo;). Liberales y conservadores se disputaron la tierra y el poder en un per&iacute;odo tan brutal que se conoce simplemente como La Violencia (con may&uacute;scula). De esa confrontaci&oacute;n nacieron las guerrillas y se fortalecieron las estructuras paramilitares que el Estado financi&oacute; y protegi&oacute;. Entre finales de la d&eacute;cada de 1980 y comienzos de los a&ntilde;os 2000, el partido pol&iacute;tico de izquierda Uni&oacute;n Patri&oacute;tica (UP) fue exterminado. Sus militantes, dirigentes y candidatos presidenciales fueron perseguidos, estigmatizados y asesinados. El senador Manuel Cepeda Vargas, padre de Iv&aacute;n Cepeda Castro, fue asesinado en 1994 por agentes del Estado, en alianza con grupos paramilitares, y as&iacute; se convirti&oacute; en una de las tantas v&iacute;ctimas.
    </p><p class="article-text">
        Abelardo de la Espriella dice defender la Constituci&oacute;n, pero varias de sus propuestas van en contra de ella. Propone salir del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, de la ONU y de la OEA, e invita a Estados Unidos a intervenir en asuntos internos del pa&iacute;s, lo que pone en riesgo la soberan&iacute;a nacional. Busca eliminar la JEP, eje central del Acuerdo de Paz de 2016. Ha mencionado la posibilidad de dolarizar la econom&iacute;a (aunque luego se desdijo), lo que afectar&iacute;a la soberan&iacute;a monetaria y la independencia del Banco de la Rep&uacute;blica. Critica la Asamblea Constituyente (que Cepeda descart&oacute; para su gobierno), aunque el conjunto de sus propuestas exigir&iacute;a reformas de tal magnitud que el resultado ser&iacute;a, en la pr&aacute;ctica, una modificaci&oacute;n radical de la Carta Magna. Bajo la idea de promover el desarrollo econ&oacute;mico, algunas de las propuestas de De la Espriella podr&iacute;an conseguir el efecto contrario: afectar&iacute;an el crecimiento del pa&iacute;s al debilitar sectores estrat&eacute;gicos como la cultura, el medioambiente, el turismo, la agricultura, la educaci&oacute;n, la ciencia y la paz. Todo esto de la mano de quien ha dicho, sin mayor reparo, que hay que &ldquo;destripar&rdquo; a la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Iv&aacute;n Cepeda Castro es lo opuesto. Ha dedicado su carrera a las v&iacute;ctimas, a la memoria y a la paz. Fue &eacute;l quien llev&oacute; ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos el caso del asesinato de su padre. El tribunal internacional conden&oacute; al Estado colombiano por este crimen de Estado, que fue perpetrado por paramilitares y agentes militares. El pasado 16 de junio se reuni&oacute; con figuras liberales y del centro: exministros, exmagistrados, pol&iacute;ticos, empresarios, artistas e intelectuales. Estuvieron presentes Iv&aacute;n Marulanda, exconstituyente del 91; C&eacute;sar Julio Valencia, expresidente de la Corte Suprema de Justicia; Andrea Padilla, senadora de la rep&uacute;blica y animalista; y la artista Doris Salcedo, entre otros. En ese encuentro dej&oacute; claro que su gobierno no convocar&iacute;a una Asamblea Constituyente, que respetar&iacute;a la Constituci&oacute;n del 91, que la seguridad y el d&eacute;ficit fiscal ser&iacute;an prioridades y que buscar&iacute;a nuevos consensos en torno a la reforma a la salud. El 17 de junio se sum&oacute; Claudia L&oacute;pez, exalcaldesa de Bogot&aacute;, quien advirti&oacute; sobre los riesgos que corre la democracia con la posible llegada de la extrema derecha al poder. Con Cepeda se puede dialogar. Lo ha demostrado toda su vida, es un dem&oacute;crata que respetar&iacute;a a la oposici&oacute;n y les brindar&iacute;a todas las garant&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Si bien es un hecho que varios pa&iacute;ses latinoamericanos se debaten hoy entre elegir o ser gobernados por vertientes de ultraderecha y proyectos progresistas, es dif&iacute;cil comparar a Colombia con otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n y del mundo. Sus problem&aacute;ticas sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas son complejas y particulares. Su historia violenta marca unos par&aacute;metros que no se pueden desconocer ni ignorar. A ello se le suma el viejo fen&oacute;meno del narcotr&aacute;fico, una realidad contempor&aacute;nea de la que surgen otros tipos de violencias, adem&aacute;s de que permea la econom&iacute;a nacional. Colombia es un pa&iacute;s estrat&eacute;gico geogr&aacute;ficamente y riqu&iacute;simo en biodiversidad, pero, socialmente,  profundamente pobre y desigual.
    </p><p class="article-text">
        A un sector de la sociedad se le ha hecho creer que la paz es asunto de guerrilleros e impunidad, y que la defensa del campo y del desarrollo agr&iacute;cola son preocupaciones de expropiadores de tierras y comunistas. A algunos sectores pol&iacute;ticos y empresariales les conviene borrar la historia y la niegan con el fin de manipular, cultivar odios y generar m&aacute;s violencia. Nos intentan deshumanizar, pues ya son muchos a&ntilde;os inmersos en un horror azuzado por distintos grupos, no s&oacute;lo uno, y en el que el Estado fue part&iacute;cipe y, en ocasiones, tambi&eacute;n autor directo. La paz es una urgencia, porque con la guerra ya se intent&oacute; todo sin soluciones concretas.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; terminan las elecciones colombianas: con un candidato que habla de &ldquo;destripar&rdquo; a la izquierda y otro que invita a un di&aacute;logo nacional con diferentes sectores. En un pa&iacute;s como Colombia, las palabras no se quedan en la ret&oacute;rica populista ni en la demagogia emocional. Aqu&iacute; estigmatizaron, persiguieron, silenciaron, asesinaron y &ldquo;destriparon&rdquo; a quien pens&oacute; diferente durante casi toda la historia. En esta contienda electoral est&aacute;n en juego la vida, la paz y el Estado social de derecho. Que nunca m&aacute;s nadie sobre en el pa&iacute;s de la belleza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Fernanda Matus]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2026 19:33:42 +0000]]></pubDate>
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