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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ángela Nzambi]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/angela-nzambi/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Ángela Nzambi]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los Sures del Norte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/sures-norte_129_13343170.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d56fd3c1-775c-48d9-ad6a-d10f23df98ea_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los Sures del Norte"></p><p class="article-text">
        Junio ha dejado una sucesi&oacute;n de acontecimientos que, a primera vista, parec&iacute;an no guardar relaci&oacute;n entre s&iacute;. Sin embargo, todos apuntan en la misma direcci&oacute;n: la forma en que nuestras sociedades construyen sus propios &ldquo;sures del norte&rdquo;. Es decir, aquellos espacios &mdash;y, sobre todo, aquellas personas&mdash; a quienes se sit&uacute;a sistem&aacute;ticamente en los m&aacute;rgenes de los derechos, del reconocimiento y de la comunidad moral. Los hechos de este mes recuerdan que esa es una lucha que las organizaciones sociales y antirracistas no pueden perder de vista.
    </p><p class="article-text">
        Part&iacute;amos de un contexto marcado por la polarizaci&oacute;n ideol&oacute;gica y social, las trabas administrativas y las distintas formas de violencia. La gesti&oacute;n de las migraciones parece depender del color pol&iacute;tico de quien gobierna. Las personas migrantes se enfrentan a innumerables obst&aacute;culos para regularizar su situaci&oacute;n administrativa, empezando por el empadronamiento. Resulta llamativo que una administraci&oacute;n local no quiera saber cu&aacute;ntas personas residen en su territorio, precisamente para poder planificar adecuadamente los servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        A ello se suman las identificaciones policiales basadas en el perfil &eacute;tnico o el aspecto f&iacute;sico, en una sociedad cada vez m&aacute;s diversa. Sus consecuencias pueden ser muy graves: desde una orden de expulsi&oacute;n hasta el internamiento en el Centro de Internamiento de Extranjeros de Zapadores, que sigue abierto pese a m&aacute;s de una d&eacute;cada de campa&ntilde;as que reclaman su cierre. En ocasiones, la brutalidad policial resulta estremecedora, como sufri&oacute; una familia colombiana el pasado a&ntilde;o. Mientras tanto, los discursos de determinadas personas con responsabilidades p&uacute;blicas, centrados en la supuesta prioridad nacional, no hacen sino alimentar actitudes xen&oacute;fobas y discriminatorias.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, m&aacute;s de medio mill&oacute;n de personas permanec&iacute;an en situaci&oacute;n administrativa irregular mientras trabajaban en la agricultura, la construcci&oacute;n, los cuidados o la hosteler&iacute;a; sectores imprescindibles para el sostenimiento de nuestra sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Junio tambi&eacute;n marc&oacute; la recta final del proceso extraordinario de regularizaci&oacute;n de personas inmigrantes, que se prolong&oacute; durante dos intensos meses. En ese tiempo escuch&eacute; a representantes institucionales y responsables pol&iacute;ticos referirse a ellas como &ldquo;los migrantes&rdquo; o &ldquo;esa gente&rdquo;, como si fueran ajenas a la comunidad de la que forman parte. Se formaron largas colas ante organizaciones sociales e instituciones encargadas de tramitar las solicitudes. Muchas personas pasaron noches a la intemperie, recorrieron oficinas de un lugar a otro y fueron v&iacute;ctimas de abusos, incluso por parte de quienes no hac&iacute;a tanto hab&iacute;an vivido situaciones similares. El ser humano olvida con facilidad que ayer ocup&oacute; el lugar que hoy ocupa el otro.
    </p><p class="article-text">
        Mientras unas administraciones culpaban a otras por la desinformaci&oacute;n y la falta de recursos, la descoordinaci&oacute;n institucional quedaba al descubierto. Tras el proceso permanecen preguntas sin responder, la necesidad de una reflexi&oacute;n profunda y, quiz&aacute;, algunas responsabilidades que asumir.
    </p><p class="article-text">
        Ese mismo mes entr&oacute; en vigor el Pacto Europeo de Migraci&oacute;n y Asilo (PEMA) y, dentro de &eacute;l, lo que el profesor Javier de Lucas denomina su &ldquo;pieza clave&rdquo;: el Reglamento de retorno. Todo ello, unido al contexto previo y a las violencias observadas durante el proceso de regularizaci&oacute;n, evidencia los mecanismos mediante los que se construye la percepci&oacute;n sobre &ldquo;los otros&rdquo; y se levantan las llamadas &ldquo;fronteras morales&rdquo;. Los profesores Mar&iacute;a Jos&eacute; Aguilar y Daniel Buraschi las definen como &ldquo;l&iacute;neas simb&oacute;licas que colocan a determinados grupos fuera de los m&aacute;rgenes en los que nos sentimos obligados a aplicar normas morales y de justicia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, como casi siempre, esas fronteras recaen sobre las mismas personas: aquellas sobre las que se proyectan los distintos factores del racismo. Son quienes habitan los sures del norte.
    </p><p class="article-text">
        El 20 de junio se conmemora el D&iacute;a Mundial de las Personas Refugiadas, una fecha destinada a recordar a quienes se han visto obligadas a abandonar sus hogares por causas reconocidas por el derecho internacional y tambi&eacute;n por otras muchas que todav&iacute;a no encuentran el mismo reconocimiento, aunque sus efectos sean igualmente devastadores.
    </p><p class="article-text">
        Las entidades que las acompa&ntilde;an organizan actividades para sensibilizar a la sociedad de acogida sobre las causas y consecuencias del desplazamiento forzado y, al mismo tiempo, fortalecer a las propias personas refugiadas, especialmente en un contexto saturado de narrativas t&oacute;xicas. Se crean espacios de encuentro y convivencia donde el arte, &ldquo;expresi&oacute;n de la humanidad&rdquo;, se convierte en una herramienta privilegiada. Tambi&eacute;n se presentan informes y datos que desmontan los discursos xen&oacute;fobos y racistas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sigue llam&aacute;ndome la atenci&oacute;n la escasa capacidad de influencia que alcanzan los discursos de las organizaciones sociales. Comprendo las urgencias del trabajo cotidiano. Pero precisamente por ello, la lucha antirracista no deber&iacute;a ser un elemento accesorio: debe impregnar todas y cada una de sus acciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángela Nzambi]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/sures-norte_129_13343170.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Jun 2026 21:00:45 +0000]]></pubDate>
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