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    <title><![CDATA[elDiario.es - Alfred Schlesier Corrales]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alfred-schlesier-corrales/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Alfred Schlesier Corrales]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Viajeros a la búsqueda de tesoros: "Todo empezó porque mi marido se compró un GPS para el coche"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/viajeros-busqueda-tesoros-empezo-marido-compro-gps-coche_1_13348978.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37c6fce8-ad56-429f-95ec-d6a48cc2b5db_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viajeros a la búsqueda de tesoros: &quot;Todo empezó porque mi marido se compró un GPS para el coche&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El geocaching, una actividad que cuenta con más de 105.000 recipiente ocultos en España, ha transformado la forma de viajar de sus aficionados. Utilizando el GPS para localizar pequeños escondites, los participantes descubren paisajes, patrimonio e historias que rara vez aparecen en las guías turísticas</p><p class="subtitle">Es Trenc y Es Vedrà, las zonas paradisíacas llenas de turistas que cuentan con menos regulación</p></div><p class="article-text">
        La primera pista no es una direcci&oacute;n. Tampoco un nombre de lugar. Son unas coordenadas. Una sucesi&oacute;n de n&uacute;meros que obliga a sacar el m&oacute;vil, abrir el GPS y dejar que el mapa marque el camino. Es una forma apropiada de empezar un reportaje sobre geocaching porque, en realidad, casi todo comienza as&iacute;. Antes incluso de saber qu&eacute; se est&aacute; buscando, el juego ya ha despertado la curiosidad. Las coordenadas conducen hasta el lugar donde ese domingo se celebra uno de los encuentros de la comunidad <em>geocacher </em>de Mallorca. No hay premios ni competiciones. Tampoco una salida organizada para buscar escondites. Los participantes han acudido para hablar de ellos. Intercambian an&eacute;cdotas, comentan viajes, resuelven dudas y ponen rostro a nombres de usuario con los que llevan a&ntilde;os coincidiendo en internet. La escena podr&iacute;a confundirse con la reuni&oacute;n de cualquier asociaci&oacute;n excursionista si no fuera porque aqu&iacute; las conversaciones giran alrededor de enigmas, coordenadas, recipientes o contenedores escondidos y lugares secretos repartidos por medio mundo.
    </p><p class="article-text">
        Porque eso es el geocaching: un juego nacido a comienzos de este siglo que consiste en localizar peque&ntilde;os recipientes ocultos &mdash;los llamados geocach&eacute;s o cach&eacute;s&mdash; mediante unas coordenadas GPS. Los esconden otros aficionados de forma voluntaria para que cualquiera pueda encontrarlos siguiendo las pistas y respetando una regla esencial: una vez descubierto el tesoro, hay que dejarlo exactamente en el mismo lugar para que el siguiente jugador pueda vivir la misma experiencia.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Una vez descubierto el tesoro, hay que dejarlo exactamente en el mismo lugar para que el siguiente jugador pueda vivir la misma experiencia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Hay millones de geocach&eacute;s repartidos por todo el planeta. Algunos apenas guardan una tira de papel donde escribir el nombre del visitante; otros incluyen peque&ntilde;os objetos de intercambio y unos pocos se han convertido en aut&eacute;nticas obras de ingenier&iacute;a que obligan a resolver acertijos o abrir candados antes de acceder al escondite. Pero quienes llevan a&ntilde;os practicando esta actividad coinciden en una idea: el verdadero tesoro casi nunca est&aacute; dentro de la caja. Lo importante es el camino.
    </p><p class="article-text">
        Entre los asistentes est&aacute; Eva. Junto a su marido y sus dos hijos forma Myotragus, uno de los grupos m&aacute;s veteranos de Mallorca. Bajo ese nombre firman todos los geocach&eacute;s que encuentran, una costumbre habitual entre muchas familias espa&ntilde;olas. Cuando empezaron, sus hijos ten&iacute;an once y trece a&ntilde;os; hoy ya han cumplido veinticinco y veintisiete y, aun habiendo cogido ya vuelo propio, siguen organizando buena parte de sus viajes alrededor del mapa de geocach&eacute;s del destino que visitan. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todo empez&oacute; porque mi marido se compr&oacute; un GPS para hacer rutas con el coche&rdquo;, recuerda. &ldquo;Buscando informaci&oacute;n encontr&oacute; el <em>geocaching </em>y pensamos que pod&iacute;a ser una actividad divertida para hacer los cuatro juntos. Probamos un d&iacute;a y ya nunca hemos dejado de hacerlo&rdquo;. Lo que comenz&oacute; como una curiosidad tecnol&oacute;gica termin&oacute; convirti&eacute;ndose en una forma distinta de viajar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="De izquierda a derecha: Eva (Myotragus), Pere (PortolFamily) y Juanjo (NaJoCaAnMiTa)."
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            <span class="title">
                De izquierda a derecha: Eva (Myotragus), Pere (PortolFamily) y Juanjo (NaJoCaAnMiTa).                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">&ldquo;Hay de todas las medidas, tama&ntilde;os y colores&rdquo;</h2><p class="article-text">
        La imagen m&aacute;s conocida del <em>geocaching </em>es la de una peque&ntilde;a caja escondida bajo una piedra o entre unas ramas. Pero basta hablar unos minutos con Eva para descubrir que ese t&oacute;pico solo representa una parte de este universo. &ldquo;Hay de todas las medidas, tama&ntilde;os y colores. Y muchos est&aacute;n tan bien camuflados que puedes pasar delante veinte veces sin darte cuenta. Esa es parte de la gracia&rdquo;, apostilla.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay tesoros de todas las medidas, tamaños y colores. Y muchos están tan bien camuflados que puedes pasar delante veinte veces sin darte cuenta. Esa es parte de la gracia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva</span>
                                        <span>—</span> Participante del geocaching
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Todos contienen, al menos, un libro de registro o <em>logbook</em>, donde quien los encuentra deja su nombre antes de volver a esconder el recipiente exactamente en el mismo lugar. Despu&eacute;s, el hallazgo tambi&eacute;n queda registrado en la p&aacute;gina oficial del <em>geocaching</em>. Algunos escriben &uacute;nicamente un &ldquo;encontrado, gracias&rdquo;; otros aprovechan para relatar la experiencia o describir el paisaje descubierto. Los recipientes de mayor tama&ntilde;o incluyen adem&aacute;s objetos de intercambio. &ldquo;Es parte del juego&rdquo;, resume Eva, quien remarca que, si est&aacute; indicado, &ldquo;la caja debe seguir igual para la siguiente persona&rdquo;. Esa filosof&iacute;a colaborativa sostiene una comunidad formada por millones de aficionados en todo el mundo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Las coordenadas conducen con frecuencia hasta miradores poco conocidos, torres defensivas, senderos, calas escondidas o elementos patrimoniales que suelen pasar desapercibidos.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Mucho m&aacute;s que seguir unas coordenadas</h2><p class="article-text">
        Quien piense que el <em>geocaching </em>consiste &uacute;nicamente en caminar hasta un punto marcado por el GPS se equivoca. Los m&aacute;s habituales son los llamados tradicionales o tradis, como los llama Eva, en los que las coordenadas conducen directamente al escondite. Pero existen muchas m&aacute;s modalidades. Los <em>mystery </em>obligan a resolver un acertijo antes de salir de casa; los multi requieren recorrer varias etapas recogiendo pistas, y los <em>letterbox</em>, inspirados en los antiguos buzones de sellos, pueden desarrollarse incluso dentro de un museo. 
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Los mystery obligan a resolver un acertijo antes de salir de casa; los multi requieren recorrer varias etapas recogiendo pistas, y los letterbox, inspirados en los antiguos buzones de sellos, pueden desarrollarse incluso dentro de un museo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n cambia el tama&ntilde;o de los recipientes. Los nano apenas permiten guardar una estrecha tira de papel; y los micro suelen ser peque&ntilde;os tubos o antiguos carretes fotogr&aacute;ficos. Pero Eva asegura que tambi&eacute;n ha encontrado escondites del tama&ntilde;o de una habitaci&oacute;n: &ldquo;Hay algunos espectaculares. Entras porque antes has resuelto una clave, abres un candado y dentro encuentras una especie de <em>escape room</em>. Lo que recuerdas es toda la experiencia&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Hay algunos escondites espectaculares. Entras porque antes has resuelto una clave, abres un candado y dentro encuentras una especie de escape room. Lo que recuerdas es toda la experiencia</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva</span>
                                        <span>—</span> Participante de geocaching
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          </div>

  </blockquote><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Todos los tesoros contienen, al menos, un libro de registro o logbook, donde quien los encuentra deja su nombre antes de volver a esconder el recipiente exactamente en el mismo lugar."
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                Todos los tesoros contienen, al menos, un libro de registro o logbook, donde quien los encuentra deja su nombre antes de volver a esconder el recipiente exactamente en el mismo lugar.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Viajar m&aacute;s despacio</h2><p class="article-text">
        Si hay una idea que Eva repite durante la conversaci&oacute;n es que el geocaching ha cambiado por completo su manera de viajar: &ldquo;Ahora no vamos a un sitio solo para ver el monumento m&aacute;s famoso. Buscamos lugares que alguien ha querido ense&ntilde;ar porque considera que merecen la pena&rdquo;. Y es que las coordenadas conducen con frecuencia hasta miradores poco conocidos, torres defensivas, senderos, calas escondidas o elementos patrimoniales que suelen pasar desapercibidos. &ldquo;Si hay un sitio de tu ciudad que te gusta especialmente y quieres ense&ntilde;&aacute;rselo a otras personas, colocas all&iacute; un geocach&eacute;&rdquo;, comenta. El escondite se convierte as&iacute; en una excusa para descubrir el lugar.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si hay un sitio de tu ciudad que te gusta especialmente y quieres enseñárselo a otras personas, colocas allí un geocaché</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Eva</span>
                                        <span>—</span> Participante de geocaching
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Eso fue lo que hizo Myotragus cuando escondi&oacute; uno de sus geocach&eacute;s en la ermita de Betlem, en el municipio de Art&agrave;. &ldquo;Muchas veces el valor de un geocach&eacute; est&aacute; en el recorrido que haces para llegar hasta &eacute;l&rdquo;. Por eso los usuarios pueden otorgar puntos de favoritos a los escondites que m&aacute;s les sorprenden, muchas veces por el entorno m&aacute;s que por la dificultad, como en la ruta que nos lleva hasta la Cova de ses Crestes, un recorrido muy valorado por combinar un enclave poco conocido con un camino atractivo.
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de los a&ntilde;os, el <em>geocaching </em>ha dejado de ser solo una b&uacute;squeda de recipientes escondidos. Buena parte de la comunidad ha apostado por convertir cada recorrido en una experiencia divulgativa. Es el caso de los <em>earthcache</em>, donde no existe ninguna caja f&iacute;sica. El objetivo consiste en visitar un lugar de inter&eacute;s geol&oacute;gico, observar el entorno y responder una serie de preguntas antes de registrar la visita en la p&aacute;gina oficial. 
    </p><p class="article-text">
        Eva reconoce que es una de las modalidades que m&aacute;s le ha ense&ntilde;ado. &ldquo;Yo misma he aprendido much&iacute;simo sobre f&oacute;siles. Antes pensaba que solo estaban en los museos. Ahora voy caminando y me fijo en las piedras de los edificios o incluso en el suelo porque muchas veces encuentras conchas o restos marinos&rdquo;, explica. Y es que, para ella, ese cambio de mirada resume buena parte del atractivo del <em>geocaching</em>:&nbsp;&ldquo;Aprendes sin darte cuenta. Y eso termina enganchando&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Las coordenadas conducen con frecuencia hasta miradores poco conocidos, torres defensivas, senderos, calas escondidas o elementos patrimoniales que suelen pasar desapercibidos.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">El Myotragus y los tsunamis</h2><p class="article-text">
        La divulgaci&oacute;n tambi&eacute;n forma parte de los cach&eacute;s que Myotragus tiene actualmente en Mallorca. Uno est&aacute; dedicado al <em>Myotragus balearicus</em>, el mam&iacute;fero prehist&oacute;rico que da nombre al grupo, y propone identificar su huella y conocer mejor la historia natural del archipi&eacute;lago. Otro es un <em>earthcache</em> y est&aacute; centrado en los antiguos tsunamis documentados en Mallorca para explicar c&oacute;mo dejaron huella en el paisaje local. &ldquo;Nos gusta que la gente se vaya de nuestro entorno habiendo aprendido algo. Cuando escondes un geocach&eacute; tambi&eacute;n decides qu&eacute; quieres ense&ntilde;ar&rdquo;, cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Aun con todo, no todos los retos se resuelven caminando. Algunos empiezan mucho antes de salir de casa y exigen horas de investigaci&oacute;n o l&oacute;gica. Son los <em>mystery</em>, probablemente la modalidad m&aacute;s compleja. Myotragus consigui&oacute; completar uno de esos desaf&iacute;os junto a la familia de Joan C&agrave;naves, tambi&eacute;n ac&eacute;rrimos seguidores de esta pr&aacute;ctica. Tras resolver una veintena de enigmas enlazados, el premio esperaba en Par&iacute;s. &ldquo;Fue una satisfacci&oacute;n enorme. No porque hubiera un gran tesoro, sino por todo el trabajo que hab&iacute;a detr&aacute;s&rdquo;, dice Eva.
    </p><p class="article-text">
        Todos los geocach&eacute;s cuentan con una doble valoraci&oacute;n: una mide la dificultad del terreno y otra la complejidad intelectual del reto, lo que permite elegir desde un sencillo paseo hasta un desaf&iacute;o que puede prolongarse durante semanas. Pero Eva insiste en que el esp&iacute;ritu del geocaching poco tiene que ver con la competici&oacute;n y que &ldquo;aqu&iacute; nadie gana a nadie&rdquo;. Y es que cada uno se pone sus propios retos: &ldquo;Lo bonito no es tener m&aacute;s geocach&eacute;s encontrados que otra persona, sino descubrir un lugar nuevo o resolver un misterio que parec&iacute;a imposible&rdquo;.
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                    alt="El geocaching ha dejado de ser solo una búsqueda de recipientes escondidos."
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            <span class="title">
                El geocaching ha dejado de ser solo una búsqueda de recipientes escondidos.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Una comunidad que tambi&eacute;n se re&uacute;ne</h2><p class="article-text">
        En Mallorca hay alrededor de 2.800 cach&eacute;s. Mientras, en Espa&ntilde;a, 105.000, y en Alemania, uno de los grandes referentes europeos, ronda los 440.000. Ese peso alem&aacute;n tambi&eacute;n se nota en la isla, ya que aproximadamente la mitad de los geocachers extranjeros que la visitan proceden de ese pa&iacute;s. Muchos planifican sus vacaciones consultando antes el mapa de escondites y organizan sus rutas en funci&oacute;n de los geocach&eacute;s mejor valorados.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En Mallorca hay alrededor de 2.800 cachés. Mientras, en España, 105.000, y en Alemania, uno de los grandes referentes europeos, ronda los 440.000</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El encuentro celebrado el pasado domingo en Mallorca no consist&iacute;a en salir a buscar geocach&eacute;s. Era, en s&iacute; mismo, otro tipo de geocach&eacute;. Dentro de la clasificaci&oacute;n oficial existe la categor&iacute;a Evento, una modalidad que re&uacute;ne a aficionados para compartir experiencias y poner rostro a nombres de usuario.
    </p><p class="article-text">
        La cita estuvo organizada por los equipos Paradoxs y Chot&oacute;n. Durante unas horas no hubo que resolver enigmas ni encontrar recipientes escondidos. Bast&oacute; con hablar de viajes, rutas, an&eacute;cdotas y futuros proyectos. All&iacute;, uno de los protagonistas fue el Geofunzine que ambos elaboran desde hace un tiempo y que ya alcanza su cuarta edici&oacute;n. El primer n&uacute;mero estuvo dedicado a los <em>earthcache</em> y desde entonces ha ido incorporando art&iacute;culos divulgativos, humor, pasatiempos y relatos de viajes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="No todos los retos se resuelven caminando. Algunos empiezan mucho antes de salir de casa y exigen horas de investigación o lógica. En la imagen, un grupo de aficionados en Mallorca."
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            <span class="title">
                No todos los retos se resuelven caminando. Algunos empiezan mucho antes de salir de casa y exigen horas de investigación o lógica. En la imagen, un grupo de aficionados en Mallorca.                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">Un juego con sus propias reglas</h2><p class="article-text">
        Todos los escondites deben guardar una distancia m&iacute;nima de 160 metros entre s&iacute;. Adem&aacute;s, la plataforma distingue entre usuarios gratuitos y premium. La versi&oacute;n de pago, de unos 30 euros anuales, permite acceder a determinados geocach&eacute;s reservados por sus propietarios para jugadores con mayor experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Los encuentros tambi&eacute;n se clasifican seg&uacute;n el n&uacute;mero de asistentes. Los Mega Eventos re&uacute;nen a m&aacute;s de 500 participantes y los Giga superan los 5.000. Mallorca, con Eva, Paradoxs, Chot&oacute;n y otros equipos, ya trabaja con el objetivo de organizar en 2028 su propio Mega Evento.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de pasar varias horas con los participantes del encuentro resulta evidente que el geocaching tiene poco que ver con coleccionar cajas escondidas. Las conversaciones hablan de senderos, f&oacute;siles, acertijos y amistades nacidas durante un viaje; casi nunca del contenido de un recipiente. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando termina el encuentro y cada participante guarda el GPS en el bolsillo, las coordenadas recuperan el significado con el que empezaba esta historia. Ya no son solo una sucesi&oacute;n de n&uacute;meros. Son una invitaci&oacute;n a caminar sin prisas, detenerse donde normalmente nadie se detiene y mirar dos veces aquello que la mayor&iacute;a pasa por alto. Porque, como resume Eva antes de despedirse, &ldquo;el mejor tesoro nunca est&aacute; dentro de la caja; est&aacute; en todo lo que descubres mientras la buscas&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[A. Lliteras, Alfred Schlesier Corrales]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/sociedad/viajeros-busqueda-tesoros-empezo-marido-compro-gps-coche_1_13348978.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 04 Jul 2026 20:10:41 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viajeros a la búsqueda de tesoros: "Todo empezó porque mi marido se compró un GPS para el coche"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Islas Baleares,Turismo,Mallorca]]></media:keywords>
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