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    <title><![CDATA[elDiario.es - Apol·lònia Martínez Nadal]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/apol-lonia-martinez-nadal/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Apol·lònia Martínez Nadal]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De Chopin a Airbnb (pasando por Tik Tok): el difícil control del alquiler turístico ilegal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/blogs/opinion/chopin-airbnb-pasando-tik-tok-dificil-control-alquiler-turistico-ilegal_132_13369183.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5bd7d705-5896-4399-84c4-9eafc7e651f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De Chopin a Airbnb (pasando por Tik Tok): el difícil control del alquiler turístico ilegal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El alquiler turístico de corta duración ha transformado barrios enteros, especialmente en ciudades y territorios como Mallorca, Málaga, Barcelona o Ibiza, donde el acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales</p></div><p class="article-text">
        Cuando Fr&eacute;d&eacute;ric Chopin y George Sand llegaron a Mallorca en 1838 lo hicieron buscando clima y salud en una estancia temporal alejada del invierno parisino. Primero se alojaron en Palma y despu&eacute;s en Valldemossa. Aquella experiencia, inmortalizada por George Sand en <em>Un invierno en Mallorca</em>, refleja una pr&aacute;ctica antigua: residir temporalmente en una vivienda ajena por motivos diversos (personales, vacacionales, estacionales).
    </p><p class="article-text">
        Casi dos siglos despu&eacute;s, el fen&oacute;meno ha cambiado de escala, de l&oacute;gica y de consecuencias. Lo que antes era una forma ocasional de alojamiento se ha convertido en una industria global articulada a trav&eacute;s de plataformas digitales capaces de comercializar millones de viviendas en tiempo real. El alquiler tur&iacute;stico de corta duraci&oacute;n ha transformado barrios enteros, especialmente en ciudades y territorios como Mallorca, M&aacute;laga, Barcelona o Ibiza, donde el acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        La tard&iacute;a respuesta jur&iacute;dica de la Uni&oacute;n Europea es un paso importante, pero insuficiente. El Reglamento (UE) 2024/1028 de alquiler de corta duraci&oacute;n obliga a las plataformas a colaborar con las administraciones mediante sistemas de registro, verificaci&oacute;n (desafortunadamente solo aleatoria) y transmisi&oacute;n de datos sobre anuncios y arrendadores (anfitriones, en la terminolog&iacute;a de Airbnb, curiosamente seguida por las autoridades de la Uni&oacute;n). Espa&ntilde;a, por su parte, ha respondido con el denominado Registro &Uacute;nico de Arrendamientos de corta duraci&oacute;n, regulado en el Real Decreto 1312/2024 y destinado a centralizar a nivel estatal la identificaci&oacute;n de inmuebles ofertados en plataformas digitales. La idea, en principio, parece sencilla: si cada vivienda tiene un n&uacute;mero de registro (concedido, conforme al Real Decreto espa&ntilde;ol, por el Colegio de Registradores de la Propiedad) y las plataformas lo verifican y, adem&aacute;s, comparten informaci&oacute;n, ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil detectar la oferta ilegal. Pero la realidad es bastante m&aacute;s compleja.
    </p><p class="article-text">
        De entrada, el principal problema de fondo que plantea el nuevo modelo es que se confunde transparencia con control efectivo. Registrar viviendas no equivale necesariamente a supervisarlas, controlarlas y detectarlas. Una administraci&oacute;n puede disponer de miles de datos y seguir careciendo, como as&iacute; sucede, de medios suficientes para inspeccionar inmuebles, o verificar si una vivienda tur&iacute;stica incumple normas urban&iacute;sticas, fiscales o de convivencia.
    </p><p class="article-text">
        Y, en &uacute;ltima instancia, a este problema inicial se a&ntilde;ade un problema de distribuci&oacute;n y fragmentaci&oacute;n competencial. En el estado espa&ntilde;ol, las comunidades aut&oacute;nomas regulan el turismo; los ayuntamientos controlan el urbanismo y los usos del suelo; y el Estado impulsa ahora mecanismos centralizados de registro. El resultado es un sistema, una verdadera mara&ntilde;a legal, donde los datos circulan mejor que las competencias; y que, de forma particular, ha provocado enfrentamientos entre Estado y Comunidades Aut&oacute;nomas por la creaci&oacute;n del registro &uacute;nico estatal que se superpone a los preexistentes registros auton&oacute;micos. Precisamente estos enfrentamientos han dado lugar a la anulaci&oacute;n del registro &uacute;nico estatal por la reciente Sentencia n&ordm; 620/2026, de 19 de mayo, del Tribunal Supremo, lo que obliga a un replanteamiento del sistema con coordinaci&oacute;n con las Comunidades Aut&oacute;nomas. Lo que demuestra, una vez m&aacute;s, que el fin (loable de lucha contra la oferta ilegal) no justifica los medios (la creaci&oacute;n de un registro &uacute;nico no exigido por la normativa de la Uni&oacute;n Europea).
    </p><p class="article-text">
        Las plataformas digitales tampoco salen especialmente perjudicadas del nuevo esquema regulador. Aunque aumentan sus obligaciones de colaboraci&oacute;n, siguen actuando esencialmente como intermediarios tecnol&oacute;gicos y no como verdaderos corresponsables del cumplimiento de la legalidad material de los anuncios que publican. Plenamente inmersos en la denominada econom&iacute;a de plataformas, les es exigible algo m&aacute;s que una simple comprobaci&oacute;n aleatoria del n&uacute;mero de registro, m&aacute;s si cabe si tecnol&oacute;gicamente es posible una comprobaci&oacute;n exhaustiva de forma pr&aacute;cticamente automatizada.
    </p><p class="article-text">
        Y, mientras tanto, el mercado, legal e ilegal, se adapta. Parte de la oferta ilegal se desplaza, por una parte, hacia f&oacute;rmulas contractuales aparentemente distintas, especialmente el llamado alquiler de temporada. Se trata de una figura plenamente v&aacute;lida en el derecho civil espa&ntilde;ol, pensada para necesidades temporales reales (trabajo, estudios, tratamientos m&eacute;dicos), pero cuya utilizaci&oacute;n fraudulenta como cobertura de alquileres tur&iacute;sticos encubiertos resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de distinguir. Y, por otra parte, la oferta ilegal se desplaza tambi&eacute;n hacia canales de comercializaci&oacute;n no cubiertos por estas recientes normativas, que limitan su &aacute;mbito de aplicaci&oacute;n a las plataformas digitales comercializadoras especializadas en alquiler tur&iacute;stico, por lo que surgen iniciativas en otros canales alternativos (como TikTok, o Instagram, como ha detectado el Consell de Mallorca).
    </p><p class="article-text">
        Mallorca vuelve a funcionar como un espejo adelantado de Europa. Un territorio cuya econom&iacute;a depende del turismo, pero que al mismo tiempo experimenta de forma intensa los efectos de la presi&oacute;n inmobiliaria sobre la poblaci&oacute;n residente.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta ya no es si debe regularse el alquiler tur&iacute;stico. Eso parece, finalmente, asumido. La cuesti&oacute;n es si las nuevas regulaciones bastar&aacute;n para afrontar un fen&oacute;meno que cambia m&aacute;s r&aacute;pido que las normas dise&ntilde;adas para contenerlo. Porque el problema no es &uacute;nicamente tecnol&oacute;gico ni administrativo. Es, sobre todo, pol&iacute;tico, urbano y social: decidir qu&eacute; tipo de ciudades y territorios quieren seguir siendo habitables para quienes viven en ellos.
    </p><p class="article-text">
        Mallorca resume mejor que ning&uacute;n otro territorio esta contradicci&oacute;n contempor&aacute;nea. La misma isla que hist&oacute;ricamente vivi&oacute; de acoger visitantes se enfrenta ahora al riesgo de expulsar silenciosamente a parte de su poblaci&oacute;n residente. En suma, el debate sobre el alquiler tur&iacute;stico ya no trata &uacute;nicamente sobre turismo. Trata sobre el modelo de ciudad y, en &uacute;ltima instancia, sobre el derecho a habitarla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Apol·lònia Martínez Nadal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/illes-balears/blogs/opinion/chopin-airbnb-pasando-tik-tok-dificil-control-alquiler-turistico-ilegal_132_13369183.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 09 Jul 2026 14:57:25 +0000]]></pubDate>
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