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    <title><![CDATA[elDiario.es - Laura Cambra Rufino]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/laura-cambra/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Laura Cambra Rufino]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Derecho al aseo: de la indignación al movimiento]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecho-aseo-indignacion-movimiento_129_13396803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a1257aef-5442-488b-920f-88b2b1ff2870_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x507y320.jpg" width="1200" height="675" alt="Derecho al aseo: de la indignación al movimiento"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estudios y experiencias muestran que una mujer puede necesitar más tiempo que un hombre para usarlo y que, con frecuencia, lo hace acompañando a menores o personas dependientes. ¿Por qué los aseos siguen sin evolucionar cuando no responden a los tiempos, usos y cuidados reales?</p></div><p class="article-text">
        Suecia figura entre los pa&iacute;ses con mayor desarrollo humano del mundo. No sorprende que Gotemburgo haya acogido recientemente ARCH26, un congreso internacional sobre arquitectura, salud y cuidados. El encuentro parti&oacute; de una idea cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil de discutir: los espacios que habitamos influyen en nuestra salud.
    </p><p class="article-text">
        La arquitectura es poderosa. Lo muestra la evidencia cient&iacute;fica y cualquiera que haya buscado intimidad o intentado cuidar en un espacio poco pensado para ello. Las unidades neonatales son un ejemplo claro. Durante buena parte del siglo XX se cre&iacute;a que los beb&eacute;s prematuros deb&iacute;an permanecer aislados, separados de sus familias tras un ventanal. Hoy sabemos que todo beb&eacute; necesita el contacto con su familia. Por eso los hospitales empiezan a incorporar habitaciones individuales donde las familias pueden estar y cuidar.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hay lugares donde ni la investigaci&oacute;n ni la experiencia cotidiana parecen bastar para transformar el dise&ntilde;o. Uno de ellos es el aseo. Estudios y experiencias muestran que una mujer puede necesitar m&aacute;s tiempo que un hombre para usarlo y que, con frecuencia, lo hace acompa&ntilde;ando a menores o personas dependientes. &iquest;Por qu&eacute; los aseos siguen sin evolucionar cuando no responden a los tiempos, usos y cuidados reales? Cada vez m&aacute;s mujeres nos indignamos al esperar m&aacute;s que los hombres o cuando la falda de un pictograma parece recordar que nos vuelve a tocar cambiar el pa&ntilde;al.
    </p><p class="article-text">
        Esto no es una lucha entre sexos ni una b&uacute;squeda de culpables: es una adaptaci&oacute;n f&iacute;sica a las demandas actuales. La arquitectura no es neutra. Se proyecta desde ideas, prioridades y formas de imaginar a quienes usar&aacute;n el espacio. Cuando esas ideas dejan de funcionar porque la sociedad cambia, el dise&ntilde;o tambi&eacute;n debe actualizarse. Ignorarlo perpet&uacute;a una discriminaci&oacute;n desde el dise&ntilde;o normalizada demasiado tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Y no afecta solo a las mujeres. Afecta a la infancia; a hombres que buscan intimidad o quieren cambiar un pa&ntilde;al; y a personas con movilidad reducida, ostom&iacute;a, diversidad funcional o grandes necesidades de apoyo. Los aseos son de los espacios m&aacute;s &iacute;ntimos de cualquier edificio. Por eso deber&iacute;an tomarse mucho m&aacute;s en serio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; nace <a href="https://derechoalaseo.movements.mov/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Derecho al Aseo</a>: un movimiento ciudadano para transformar la indignaci&oacute;n en estrategia, las incomodidades en datos y las experiencias dispersas en visibilidad y cambio. Su prop&oacute;sito: que los aseos de espacios p&uacute;blicos, escuelas, teatros, estaciones, hospitales, universidades, aviones o festivales se dise&ntilde;en seg&uacute;n tiempos, usos y cuidados reales.
    </p><p class="article-text">
        Puede sonar ambicioso. Lo es. Pero las transformaciones no empiezan cambi&aacute;ndolo todo: empiezan se&ntilde;alando un lugar concreto, una escena reconocible, una meta posible. En este caso, un festival.
    </p><p class="article-text">
        La primera petici&oacute;n, dirigida a Mad Cool, <a href="https://derechoalaseo.movements.mov/p/mad-cool-nos-ha-escuchado" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">obtuvo una respuesta</a>. El festival afirm&oacute; que no aplica una distribuci&oacute;n de aseos al cincuenta por ciento entre hombres y mujeres y comunic&oacute; una proporci&oacute;n m&aacute;s favorable para las mujeres, aunque con datos incompletos. Es un avance: el problema ha dejado de ser invisible. Pero a&uacute;n no permite saber si las esperas son justas ni c&oacute;mo influyen la distribuci&oacute;n, limpieza, mantenimiento, accesibilidad o condiciones reales de uso.
    </p><p class="article-text">
        Por eso toca dar un paso m&aacute;s. Las organizaciones pueden aportar planos, ratios, aforos o protocolos. Pero las personas usuarias conocen algo que rara vez se mide: qu&eacute; ocurre dentro y alrededor de un aseo cuando hay que esperar, cuidar, cambiarse, acompa&ntilde;ar, improvisar o renunciar a usarlo.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; nace <a href="https://www.soscisurvey.de/cartasalaseo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cartas al Aseo</a>, una campa&ntilde;a de ciencia ciudadana para recoger experiencias y convertirlas en datos. &iquest;Has tenido que esperar mucho m&aacute;s que otras personas en un festival? &iquest;No has podido cambiarte una compresa o lavar una copa menstrual? &iquest;Te ha resultado imposible acompa&ntilde;ar a una persona dependiente porque no hab&iacute;a espacio para dos? 
    </p><p class="article-text">
        No se trata de acumular an&eacute;cdotas ni de exponer intimidades, sino de identificar patrones: situaciones que se repiten en festivales, estaciones, escuelas, teatros, hospitales, universidades o aviones porque todav&iacute;a se dise&ntilde;an aseos para una persona usuaria abstracta.
    </p><p class="article-text">
        Ir al aseo en un concierto no deber&iacute;a significar perderse la canci&oacute;n que llevas meses esperando, dejar de beber para evitar la cola, orinar en cuclillas subida al inodoro, no poder lavar una copa menstrual o preferir aguantar ante un espacio hostil. Visibilizar estas situaciones, unir fuerzas y pasar de la indignaci&oacute;n al movimiento es, sencillamente, m&aacute;s sensato.
    </p><p class="article-text">
        Las visitas al aseo durante el congreso sueco ofrec&iacute;an una escena distinta: pictogramas de inodoro o urinario, sin faldas ni pantalones, y cub&iacute;culos con lavabo propio. Suecia no es perfecta; ning&uacute;n pa&iacute;s lo es. Pero quiz&aacute; ah&iacute; est&aacute; la ense&ntilde;anza: la calidad de vida no se mide solo en grandes indicadores. Deber&iacute;amos valorar un pa&iacute;s, una ciudad, un edificio o un festival tambi&eacute;n por c&oacute;mo cuida aquello que casi siempre prefiere esconder.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Laura Cambra Rufino]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/derecho-aseo-indignacion-movimiento_129_13396803.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 28 Jul 2026 19:41:37 +0000]]></pubDate>
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