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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gabriel Acevedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gabriel-acevedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gabriel Acevedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[El regreso del imperialismo estadounidense]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/regreso-imperialismo-estadounidense_129_13501791.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c797c60-89b8-4819-a44b-c7e53cf7da41_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El regreso del imperialismo estadounidense"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Trump no muestra solamente su ambición territorial sobre otros Estados, sino que, mediante el lenguaje y los mapas, también intenta apropiarse simbólicamente del continente americano</p></div><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, Occidente construy&oacute; un orden internacional basado en reglas, como la soberan&iacute;a de los Estados, el respeto de las fronteras y la resoluci&oacute;n de las disputas mediante la diplomacia y el derecho internacional. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Washington se ha alejado progresivamente de esos principios para abrazar una doctrina que hab&iacute;a quedado pr&aacute;cticamente en desuso, el imperialismo. Su &uacute;ltima provocaci&oacute;n lo resume perfectamente. El presidente estadounidense ha publicado un mapa en el que la bandera de Estados Unidos cubre Canad&aacute;, M&eacute;xico, Centroam&eacute;rica, el Caribe, Groenlandia e Islandia, presentando todo el espacio como territorio estadounidense.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n no tard&oacute; en llegar, el Gobierno de Islandia respondi&oacute; de inmediato calificando la publicaci&oacute;n de &ldquo;completamente inaceptable&rdquo; y convocando al embajador estadounidense. Podr&iacute;a parecer una simple provocaci&oacute;n de redes sociales, y probablemente lo sea en parte. El problema es que ya no estamos ante un caso aislado. Trump lleva a&ntilde;os hablando de Canad&aacute; como un posible estado n&uacute;mero 51 y reclamando Groenlandia. Sus declaraciones sobre la posibilidad de tomar la isla &ldquo;por las buenas o por las malas&rdquo; ya provocaron una profunda inquietud entre los aliados europeos y dentro de la propia Alianza Atl&aacute;ntica.
    </p><p class="article-text">
        La noticia no es que Estados Unidos tenga intereses estrat&eacute;gicos en el &Aacute;rtico, el Atl&aacute;ntico o el continente americano. Todas las grandes potencias los tienen. La novedad es que la primera potencia militar haya empezado a hablar abiertamente de modificar fronteras, comprar territorios soberanos y cuestionar la integridad territorial de pa&iacute;ses que, adem&aacute;s, son sus propios aliados. Este cambio de estrategia, de mostrar abiertamente sus ambiciones territoriales no puede entenderse &uacute;nicamente como una excentricidad de Donald Trump. Es tambi&eacute;n el reflejo de un cambio del orden internacional. Estados Unidos ha empezado a percibir como una amenaza seria el ascenso de China, que progresivamente discute su liderazgo, reduciendo sus distancias con Washington en &aacute;mbitos estrat&eacute;gicos. Frente a la p&eacute;rdida de su hegemon&iacute;a aparece una tentaci&oacute;n muy recurrente en la historia, impedir que el rival llegue a ser demasiado fuerte antes de que sea tarde.
    </p><p class="article-text">
        Es ah&iacute; donde la defensa de los intereses nacionales deja de ser un tema exclusivamente estadounidense para convertirse m&aacute;s bien en una pol&iacute;tica intervencionista que pone en peligro la paz y la estabilidad del mundo. Porque se buscan posiciones estrat&eacute;gicas, se aseguran recursos y estrechos, se ampl&iacute;an zonas de influencia y se neutralizan potenciales amenazas. La guerra preventiva, la presi&oacute;n econ&oacute;mica y la expansi&oacute;n territorial dejan de presentarse como anomal&iacute;as y empiezan a aparecer como instrumentos leg&iacute;timos para conservar el poder. Eso es precisamente a lo que hemos asistido durante esta segunda legislatura de Donald Trump.
    </p><p class="article-text">
        No hay que olvidar que recientemente Estados Unidos ha llevado a cabo dos operaciones militares de enorme trascendencia, una en Venezuela, que termin&oacute; con el secuestro de Nicol&aacute;s Maduro, y otra en Ir&aacute;n, donde bombarde&oacute; el pa&iacute;s mientras manten&iacute;a negociaciones sobre el programa nuclear iran&iacute;. La naturaleza autoritaria y antidemocr&aacute;tica de ambos reg&iacute;menes no modifican la esencia del problema. &iquest;Qu&eacute; queda del principio de soberan&iacute;a cuando la principal potencia occidental decide intervenir de esta manera en otro Estado?
    </p><p class="article-text">
        Trump no muestra solamente su ambici&oacute;n territorial sobre otros Estados, sino que, mediante el lenguaje y los mapas, tambi&eacute;n intenta apropiarse simb&oacute;licamente del continente americano. El cambio de denominaci&oacute;n del Golfo de M&eacute;xico por &ldquo;Golfo de Am&eacute;rica&rdquo;, del Lago Ontario por &ldquo;Lake America&rdquo; y su propuesta de sustituir &ldquo;New Mexico&rdquo; por &ldquo;New America&rdquo; o incluso el eslogan &ldquo;Hagamos Am&eacute;rica Grande Nuevamente&rdquo; no son gestos aislados. Todos ellos responden a una misma voluntad de asociar el nombre &ldquo;Am&eacute;rica&rdquo; con Estados Unidos y reforzar la idea de que el continente constituye su zona de influencia. En este contexto, resurge la l&oacute;gica de la Doctrina Monroe, la gira de Marco Rubio por Colombia, Ecuador y Per&uacute; es un buen ejemplo de esta estrategia, que busca recuperar una hegemon&iacute;a estadounidense m&aacute;s activa mediante una mayor cooperaci&oacute;n con gobiernos afines, el refuerzo de los v&iacute;nculos econ&oacute;micos y de seguridad, al mismo tiempo, que trata de contener la presencia de Rusia y China en la regi&oacute;n.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El liderazgo de una superpotencia se construye ganándose cada día la confianza de sus socios y manteniendo un orden internacional basado en reglas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Pero el liderazgo de una superpotencia no se construye imponiendo sus intereses militarmente ni tratando como vasallos a sus aliados. Se construye gan&aacute;ndose cada d&iacute;a la confianza de sus socios y manteniendo un orden internacional basado en reglas que uno mismo debe estar dispuesto a respetar, incluso cuando su posici&oacute;n de supremac&iacute;a le permitiera no hacerlo. Occidente, en su conjunto, debe permanecer vigilante y mantenerse del lado del derecho internacional, no de la ley del m&aacute;s fuerte, que tantas veces ha conducido al mundo a la miseria y a las guerras. Occidente no est&aacute; en crisis por el ascenso de China, sino porque su principal potencia comienza a cuestionar los fundamentos sobre los que se construy&oacute; su liderazgo tras 1945.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Acevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/regreso-imperialismo-estadounidense_129_13501791.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Sep 2026 18:14:42 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[España y la revolución del hidrógeno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/espana-revolucion-hidrogeno_129_13403842.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e1a45d4c-6a1b-41f9-aef5-03a1c7b4da65_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="España y la revolución del hidrógeno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si España aspira a desarrollar una producción masiva de hidrógeno, el consumo de recursos hídricos debe necesariamente planificarse</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se ha situado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os como uno de los pa&iacute;ses europeos con mayor potencial para producir <a href="https://www.eldiario.es/temas/hidrogeno-verde/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">hidr&oacute;geno verde</a>. La abundancia de sol, y de superficie disponible ha alimentado un discurso que presenta al pa&iacute;s como el futuro gran exportador energ&eacute;tico de Europa. A primera vista, la idea resulta seductora, Espa&ntilde;a producir&iacute;a el gas de forma competitiva gracias a nuestras renovables y lo exportar&iacute;a para descarbonizar la industria europea. Sin embargo, convertirnos en el surtidor de hidr&oacute;geno del continente podr&iacute;a ser un gran error estrat&eacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Las energ&iacute;as renovables poseen una limitaci&oacute;n caracter&iacute;stica, su intermitencia. Dependen de las condiciones meteorol&oacute;gicas y, por tanto, no siempre generan electricidad cuando la demanda lo requiere. En Espa&ntilde;a, especialmente durante la primavera y el verano, la producci&oacute;n fotovoltaica supera con frecuencia el consumo. En esas horas, el precio de la electricidad puede llegar a ser nulo e incluso negativo, una se&ntilde;al de que parte de la energ&iacute;a disponible no encuentra demanda suficiente y termina desaprovech&aacute;ndose. Es precisamente en ese punto donde el hidr&oacute;geno adquiere un enorme valor estrat&eacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        La electr&oacute;lisis permite transformar ese excedente el&eacute;ctrico en hidr&oacute;geno y almacenarlo para utilizarlo posteriormente, cuando la demanda aumente o cuando la generaci&oacute;n renovable disminuya. Concebido de esta forma, el hidr&oacute;geno deja de ser un simple combustible para convertirse en el gran sistema de almacenamiento energ&eacute;tico del pa&iacute;s. Una red nacional que integre producci&oacute;n, almacenamiento y distribuci&oacute;n permitir&iacute;a aprovechar mejor nuestros recursos renovables, reducir la dependencia del gas natural y ofrecer a hogares e industrias un suministro m&aacute;s estable y competitivo.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, existe una dimensi&oacute;n que rara vez ocupa un lugar central en el debate: el agua. La electr&oacute;lisis consiste en romper las mol&eacute;culas de agua en hidr&oacute;geno y ox&iacute;geno mediante electricidad. Si Espa&ntilde;a aspira a desarrollar una producci&oacute;n masiva de hidr&oacute;geno, el consumo de recursos h&iacute;dricos debe necesariamente planificarse. Esta cuesti&oacute;n es especialmente sensible porque los mayores excedentes de electricidad renovable coinciden con los meses de verano, precisamente cuando el estr&eacute;s h&iacute;drico alcanza sus niveles m&aacute;s elevados.
    </p><p class="article-text">
        Desde esta perspectiva, exportar hidr&oacute;geno no supone &uacute;nicamente vender energ&iacute;a, tambi&eacute;n implica destinar recursos h&iacute;dricos nacionales al desarrollo industrial de otros pa&iacute;ses. La producci&oacute;n de un kilogramo de hidr&oacute;geno requiere aproximadamente nueve litros de agua, que al consumirse se recuperan. De modo que una estrategia basada en la exportaci&oacute;n equivaldr&iacute;a a transferir indirectamente un recurso cada vez m&aacute;s escaso en buena parte del territorio espa&ntilde;ol.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">España no debe aspirar a convertirse en el surtidor energético de Europa, sino en el país donde la industria europea decida instalarse gracias a una energía abundante, competitiva y descarbonizada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Por ello, la estrategia nacional sobre el hidr&oacute;geno deber&iacute;a orientarse prioritariamente hacia el desarrollo de nuestra propia econom&iacute;a. La historia demuestra que las naciones m&aacute;s pr&oacute;speras no son aquellas que exportan sus materias primas, sino las que las transforman en industria, innovaci&oacute;n y empleo. Espa&ntilde;a no debe aspirar a convertirse en el surtidor energ&eacute;tico de Europa, sino en el pa&iacute;s donde la industria europea decida instalarse gracias a una energ&iacute;a abundante, competitiva y descarbonizada. Esa es la verdadera oportunidad que ofrece el hidr&oacute;geno y la decisi&oacute;n estrat&eacute;gica que marcar&aacute; nuestra posici&oacute;n econ&oacute;mica durante las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gabriel Acevedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/espana-revolucion-hidrogeno_129_13403842.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2026 10:10:34 +0000]]></pubDate>
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