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    <title><![CDATA[elDiario.es - Teresa Laespada]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/teresa-laespada/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Teresa Laespada]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Proteger, no mirar hacia otro lado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/proteger-no-mirar-lado_132_13448506.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/23cac901-1272-45c0-86f2-21f3053e2240_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Proteger, no mirar hacia otro lado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Euskadi debería ser especialmente cuidadosa cuando habla de infancia desplazada. Nuestra memoria colectiva está llena de niños y niñas que tuvieron que abandonar sus hogares para salvar su vida"</p></div><p class="article-text">
        El inter&eacute;s superior del menor exige proteger, no mirar hacia otro lado. Por eso quiero empezar este art&iacute;culo sobre infancia desplazada con un poco de memoria y conciencia&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Antes de hablar de expedientes, contingencias o competencias institucionales, conviene recordar de qui&eacute;nes estamos hablando. Son chicos y tambi&eacute;n chicas de 14, 15, 16 o 17 a&ntilde;os, adolescentes que, si hubieran nacido en Bilbao, Barakaldo, Durango o Bermeo, vivir&iacute;an en casa de sus padres o en entornos seguros, estudiando, compartiendo tardes y vacaciones con sus amistades o so&ntilde;ando con su futuro. 
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, tratados con el marco de protecci&oacute;n l&oacute;gico, tratados como menores sobre quienes los adultos tomamos decisiones para su protecci&oacute;n y para encaminarlos hacia la madurez. Porque, y debe recordarse, nuestras sociedades han retrasado los procesos de emancipaci&oacute;n y maduraci&oacute;n hasta los 25 a&ntilde;os o incluso m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cuando tienen 17 a&ntilde;os seguimos viendo a nuestros hijos e hijas como menores que necesitan protecci&oacute;n, acompa&ntilde;amiento y oportunidades; creo que esto es un logro de nuestro Estado de Bienestar. Resulta dif&iacute;cil comprender que, por un lado, un adolescente, ni&ntilde;o o ni&ntilde;a nacido aqu&iacute; nos inspire ternura y protecci&oacute;n, mientras que otro de la misma edad, simplemente porque ha nacido al otro lado del Mediterr&aacute;neo, sea percibido antes como un problema que como un ni&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Soy plenamente consciente del desaf&iacute;o y de la sensaci&oacute;n de inseguridad cuando las calles rebosan j&oacute;venes, adolescentes desarrapados que tratan de sobrevivir. Pero, como responsables institucionales pertenecientes a Estados de Bienestar de los que nos vanagloriamos, no podemos perder el foco de los derechos, los Derechos Humanos b&aacute;sicos y, sobre todo, en la infancia. Porque una sociedad que aspira a reducir las desigualdades, a garantizar la igualdad de oportunidades y a actuar desde los principios de equidad no puede permitirse dejar atr&aacute;s a quienes se encuentran en una situaci&oacute;n de mayor vulnerabilidad. Los grandes retos a los que nos enfrentamos como sociedad nos interpelan y tenemos que adoptar decisiones que moldear&aacute;n la Bizkaia del futuro. Pocas decisiones nos definir&aacute;n tanto como la manera en la que respondamos ante la infancia m&aacute;s vulnerable.
    </p><p class="article-text">
        Euskadi deber&iacute;a ser especialmente cuidadosa cuando habla de infancia desplazada. Nuestra memoria colectiva est&aacute; llena de ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que tuvieron que abandonar sus hogares para salvar su vida. Miles de menores vascos fueron evacuados durante la Guerra Civil hacia Reino Unido, Francia, B&eacute;lgica, la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica o M&eacute;xico. Muchos salieron solos. Barcos repletos de menores que deb&iacute;an dejar su tierra para poder ser protegidos. Muchos fueron separados temporalmente de sus familias. Nadie habr&iacute;a defendido entonces que la mejor soluci&oacute;n era devolverlos de manera inmediata a los lugares de los que hu&iacute;an. Lo que se entendi&oacute; fue algo mucho m&aacute;s simple y mucho m&aacute;s humano: que primero hab&iacute;a que protegerlos. Su seguridad estaba por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n. Esa misma l&oacute;gica deber&iacute;a guiarnos hoy. No todas las huidas son iguales, pero todos los ni&ntilde;os merecen la misma protecci&oacute;n. Porque, si algo ha caracterizado hist&oacute;ricamente a nuestra sociedad, ha sido precisamente su capacidad para responder desde la solidaridad y la protecci&oacute;n cuando las circunstancias lo han exigido.
    </p><p class="article-text">
        Algunas consideraciones sobre reagrupaci&oacute;n familiar&hellip; Comparto absolutamente que la reunificaci&oacute;n familiar es un objetivo deseable, s&iacute;, pero lo es siempre y cuando existan las garant&iacute;as imprescindibles. Precisamente porque hablamos de menores, este mecanismo no puede convertirse en una respuesta autom&aacute;tica. Hay que asegurarse de que detr&aacute;s de esa reunificaci&oacute;n existe un entorno seguro, protector y digno. Porque algunos de estos menores huyen de conflictos armados, otros de la pobreza extrema, otros de la violencia familiar, de la explotaci&oacute;n, de matrimonios forzados, del abandono o de contextos donde simplemente no existen oportunidades de desarrollo. 
    </p><p class="article-text">
        Encontrar a su familia no siempre equivale a encontrar una soluci&oacute;n. La verdadera pregunta es si esa soluci&oacute;n protege efectivamente al menor. Y nuestro sistema de protecci&oacute;n a la infancia se basa, precisamente, en este principio, proteger ante todo el inter&eacute;s superior del menor, aun cuando vaya en contra de los intereses de los adultos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Puede una sociedad avanzada, moderna y que se enorgullece del respeto a los Derechos Humanos sostener la reagrupaci&oacute;n familiar como principio &uacute;nico? 
    </p><p class="article-text">
        Siempre existen enormes dificultades para identificar y determinar con seguridad la situaci&oacute;n familiar y el entorno del menor. De ah&iacute; que cuando intervenimos con menores nos agazapamos en instrumentos de valoraci&oacute;n para tener la seguridad de que intervenimos bajo criterio profesional. &iquest;De verdad pensamos que es posible esto cuando son menores de otros pa&iacute;ses, con escaso o nulo Estado de Derecho y de bienestar? Precisamente por eso las respuestas simplistas rara vez funcionan. Estamos ante una realidad compleja que exige planificaci&oacute;n, conocimiento t&eacute;cnico, coordinaci&oacute;n institucional y una mirada a largo plazo.
    </p><h2 class="article-text">Bizkaia Denontzat y el reto demogr&aacute;fico</h2><p class="article-text">
        Pero es que, adem&aacute;s, este debate no puede desligarse de uno de los grandes desaf&iacute;os estrat&eacute;gicos que afrontamos como sociedad y del que vengo hablando hace a&ntilde;os: el reto demogr&aacute;fico. 
    </p><p class="article-text">
        El Plan de Mandato &lsquo;Bizkaia Denontzat&rsquo;de la Diputaci&oacute;n Foral de Bizkaia identifica la situaci&oacute;n demogr&aacute;fica actual como uno de los principales desaf&iacute;os de futuro del Territorio y apuesta por una Bizkaia diversa, plural y abierta, que acoja con los brazos abiertos a cualquier persona que quiera contribuir a que sigamos avanzando. Adem&aacute;s, define la Bizkaia del futuro como &ldquo;el mejor lugar para vivir y trabajar&rdquo;, un Territorio que pone a las personas en el centro y que &ldquo;ofrece oportunidades a todas las personas&rdquo;. Nuestro compromiso no es &uacute;nicamente moral; es tambi&eacute;n una apuesta de futuro por una sociedad cohesionada, diversa, din&aacute;mica y capaz de sostener su bienestar colectivo. 
    </p><h2 class="article-text">Mercado laboral</h2><p class="article-text">
        La realidad econ&oacute;mica demuestra adem&aacute;s hasta qu&eacute; punto la inmigraci&oacute;n forma parte ya de la soluci&oacute;n y no del problema. Los &uacute;ltimos datos de afiliaci&oacute;n a la Seguridad Social muestran un m&aacute;ximo hist&oacute;rico de 22,5 millones de cotizantes en Espa&ntilde;a, tras incorporarse m&aacute;s de 41.700 nuevos afiliados en julio. 
    </p><p class="article-text">
        El sistema cuenta hoy con m&aacute;s de 3,5 millones de trabajadores extranjeros, que representan ya el 15,6% del total de personas afiliadas. Adem&aacute;s, el proceso extraordinario de regularizaci&oacute;n, a estas alturas, ya ha incorporado a m&aacute;s de 262.000 personas a la Seguridad Social. Son hombres y mujeres que trabajan, cotizan, sostienen servicios p&uacute;blicos, contribuyen al sistema de pensiones y ayudan a mantener una econom&iacute;a que envejece aceleradamente. Ignorar esta realidad supone negar una evidencia econ&oacute;mica incontestable. 
    </p><p class="article-text">
        Euskadi es una de las regiones m&aacute;s envejecidas de Europa. Cada a&ntilde;o nacen menos ni&ntilde;os, aumenta la edad media y se reduce el volumen de personas en edad de trabajar. El envejecimiento poblacional y el descenso de la natalidad nos obligan a atraer y retener de forma inteligente el talento que necesitamos para mantener una Euskadi y una Bizkaia competitivas. La sostenibilidad futura de nuestro sistema de bienestar depender&aacute; de nuestra capacidad para atraer, integrar y ofrecer oportunidades a nuevas generaciones. Por supuesto que nadie debe ser reducido a una cifra demogr&aacute;fica. Pero tampoco debemos ignorar que detr&aacute;s de muchos de estos menores existe talento, capacidad de esfuerzo, ganas de construir un proyecto de vida y potencial para contribuir a la prosperidad colectiva de la sociedad que les acoge. Y quiz&aacute; por eso se defiende una Bizkaia diversa en la que se reconocen las capacidades y potencialidades de todas las personas y se garantiza el ejercicio efectivo de sus derechos y obligaciones.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra convicci&oacute;n es tan clara que en el Departamento que lidero desde 2015 hemos ido gestionando con inteligencia este talento y ganas de comerse el mundo de muchos de estos j&oacute;venes. Cuando vimos la oportunidad de poder insertarles en el mercado laboral, hemos trabajado con una mirada muy abierta a este mercado laboral, aline&aacute;ndonos con las empresas que precisan mano de obra y quienes nos han indicado de qu&eacute; formaci&oacute;n pr&aacute;ctica dotarles para que en un tiempo muy r&aacute;pido estuvieran trabajando. Hoy, despu&eacute;s de 5 a&ntilde;os de funcionamiento de nuestro programa Gazte On, por el que ya han pasado m&aacute;s de 1.000 j&oacute;venes extranjeros que en su d&iacute;a fueron menores no acompa&ntilde;ados, podemos se&ntilde;alar que los primeros que pasaron por el programa est&aacute;n todos o casi todos insertados en el mercado laboral y algunos asumiendo ya funciones de responsabilidad en alguna empresa. 
    </p><h2 class="article-text">Hablamos de menores</h2><p class="article-text">
        Cuando hablamos de menores migrantes corremos el riesgo de olvidar algo esencial: antes que migrantes son menores. Antes que expedientes son ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Antes que cifras son historias de vida. La obligaci&oacute;n de una sociedad democr&aacute;tica no es preguntarse primero c&oacute;mo repartirlos o c&oacute;mo devolverlos. La primera obligaci&oacute;n es preguntarse c&oacute;mo protegerlos. Despu&eacute;s vendr&aacute;n las competencias, los procedimientos y los acuerdos administrativos. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n las propias comunidades aut&oacute;nomas en alianza con la correspondiente Delegaci&oacute;n del Gobierno pueden establecer, en el plan de intervenci&oacute;n con el menor, el trabajo necesario para valorar si puede procederse a una reagrupaci&oacute;n familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Pero si invertimos ese orden, corremos el riesgo de perder de vista lo m&aacute;s importante: que detr&aacute;s de cada decisi&oacute;n hay un ni&ntilde;o o una ni&ntilde;a cuyo futuro depende de nosotros. Porque la forma en la que tratemos hoy a estos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as acabar&aacute; definiendo, en buena medida, la sociedad que dejaremos a quienes vengan despu&eacute;s. Y aunque yo me quedar&iacute;a en esta frase como punto final, d&eacute;jenme recordarles que tambi&eacute;n nuestro futuro depende de ellos y ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Las sociedades occidentales tienen muchas dificultades para incrementar la natalidad de la poblaci&oacute;n aut&oacute;ctona por muchas razones que dar&iacute;an para otro texto. Si queremos sostener nuestro bienestar, debemos asumir inexorablemente que est&aacute; condicionado a las personas que vienen del extranjero, a las que, si somos inteligentes colectivamente, debemos estar destinando ya recursos acompa&ntilde;ar e incluir (formaci&oacute;n, educaci&oacute;n, etc.) de forma que puedan incorporarse plenamente a la sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a est&aacute; siendo un ejemplo de motor econ&oacute;mico en Europa y su &ldquo;milagro&rdquo; est&aacute; vinculado a la poblaci&oacute;n migrada que se encuentra entre nosotros. 
    </p><p class="article-text">
        No es f&aacute;cil y hay que luchar contra prejuicios, miedos y el estatus alcanzado en las sociedades de acogida. No es f&aacute;cil eliminar la xenofobia hacia el pobre y el vulnerable, pero debemos invertir esfuerzos en ello y no en reforzar la mirada problematizadora sobre menores que pueden ser quienes sostengan nuestro estatus dentro de unos a&ntilde;os. Y no debemos olvidar que, para avanzar como sociedad, debemos defender los derechos de cada persona sin olvidar los lazos con la comunidad, imprescindibles para fortalecer el bien com&uacute;n. La colaboraci&oacute;n, la resiliencia y la solidaridad han sido siempre valores que han ayudado a nuestra sociedad a afrontar momentos dif&iacute;ciles.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; haya llegado el momento de demostrar que esos valores siguen definiendo a nuestra sociedad, porque los valores no se proclaman: se demuestran en la manera en la que tratamos a quienes m&aacute;s nos necesitan. Y eso exige liderazgo, cooperaci&oacute;n y acuerdos capaces de mirar m&aacute;s all&aacute; de la inmediatez. Porque proteger a la infancia vulnerable no deber&iacute;a ser una cuesti&oacute;n partidista, sino un compromiso compartido con el futuro. Solo as&iacute; seguiremos siendo una sociedad diversa y plural, formada por personas con realidades diferentes, pero capaz de avanzar unida. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Teresa Laespada]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/proteger-no-mirar-lado_132_13448506.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 10:26:03 +0000]]></pubDate>
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