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    <title><![CDATA[elDiario.es - Fernando Navarro]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/fernando-navarro/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Fernando Navarro]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['El verano es una noche eterna de verano', por Fernando Navarro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/verano-noche-eterna-verano-fernando-navarro_129_13453768.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1bdaa72a-0c71-433f-8cd5-8beeb33d394a_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149643.jpg" width="1278" height="719" alt="&#039;El verano es una noche eterna de verano&#039;, por Fernando Navarro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En esta serie, elDiario.es explora junto a cuatro escritores qué pasa en nuestras ciudades durante el mes de agosto. Tras Sergio Galarza en Madrid y Marina Perezgua en Kiev, esta semana nos quedamos con el guionista ('Segundo premio', 'Bajocero' y 'Verónica') y novelista Fernando Navarro en su ciudad natal, Granada</p><p class="subtitle">Kiev - 'Escuchen a las sirenas', por Marina Perezagua</p><p class="subtitle">Madrid - 'Un verano en Moscardó', por Sergio Galarza</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Finales de Junio. Te despiertas. Nada m&aacute;s abrir los ojos tienes la piel ba&ntilde;ada en un sudor pegajoso. Te tambaleas por el piso. Sientes el azulejo en las plantas de los pies y no est&aacute; fr&iacute;o. Por el suelo anda tirada la ropa. Desgarrada, rota, vieja. Igual que la deja alguien que acaba de convertirse en lobo. M&aacute;s o menos igual: has mutado con el verano. Si te miraras en el espejo no te devolver&iacute;a el reflejo. El azogue se abrir&iacute;a paso conforme sonara un cante viejo en alg&uacute;n lugar del barrio. Abres las ventanas y aspiras el aire turbio. Empieza la noche en la ciudad. Ser&aacute; una noche de tres meses. Ahora eres de una raza nocturna que no duerme y no vive, que malvive, sobrevive, resiste el verano en un planeta peque&ntilde;o que ha surgido de una brecha justo al lado de otro planeta y los seres que habitan en uno no habitan el otro ni se cruzan ni se conocen. Se ver&aacute;n si acaso de refil&oacute;n, el rabillo del ojo y con desd&eacute;n, ah&iacute; van esos. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Est&aacute; claro. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">No vas a dormir en todo el puto verano. Ya no hay d&iacute;as. Se acabaron los d&iacute;as. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">La ciudad, te dicen te imaginas supones, se llena de guiris en sandalias porque solo los guiris llevan sandalias en ciudades que est&aacute;n lejos del mar, ciudades contaminadas en suelos fermentados por la fruta abandonada y la basura, pasto de las ratas y ojo con las ratas porque las ratas son hermanas, ellas buscan comida por las calles, se esconden de la luz y t&uacute; solo buscas beber algo y seguir en la tiniebla todo el tiempo que puedas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Hermana rata, muerde a los guiris con sandalias y vuelve a la oscuridad. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">As&iacute; que vale, tomas algo en una terraza y has renunciado a dormir, no pasa nada, ya dormir&aacute;s cuando no se peguen las s&aacute;banas al cuerpo como un sudario, cuando vuelva a reinar la nieve en la sierra, como un Dios majestuoso que nos gobierna, cuando se vayan los guiris y piensas, claro, los guiris no piensan irse, han venido para quedarse, la ciudad ahora es m&aacute;s suya que del dios blanco de la monta&ntilde;a y han venido para quedarse y comprar todas esas casas y al final el pa&iacute;s siempre tiene due&ntilde;os y al final a los guiris les da todo igual, les da igual que durante el d&iacute;a alguien haya detonado una bomba nuclear y el cielo se llene de neutrones peligrosos y llevar&aacute;n sandalias aunque la playa m&aacute;s cercana est&eacute; a varias horas o a varios d&iacute;as. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Un bocata y luego otro. Los viejos juegan a las tragaperras, las narices rojas de soplar, y los reconoces de tu raza nocturna peligrosa porque se acicalan solo cuando el sol se ha ocultado y quiz&aacute; duerman borrachos de verm&uacute; o manzanilla y al tercer bocata, hala, te lanzas a la calle y alguien dice de coger un coche y conducir lejos, porque hay fiestas patronales en no s&eacute; d&oacute;nde, en pueblitos de la costa o incluso m&aacute;s lejos y t&uacute; no le ves la gracia y no lo dices porque siempre dices que no le ves la gracia a cosas que los dem&aacute;s piensan que tienen mucha gracia y quieres dejar en paz a esa gente en sus pueblos y no ser m&aacute;s extranjero que del sol, del sue&ntilde;o y de ti mismo. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Y ah&iacute; est&aacute;s en esa terraza que no es que te guste mucho pero a la que vas porque est&aacute; en frente de una iglesia pintada de colores ocre que siempre te ha parecido extra&ntilde;a. All&iacute; recuerdas otros veranos m&aacute;s cortos en los que en esa terraza estabas t&uacute; y otros como t&uacute; y nadie m&aacute;s. Ahora hay gente que hace fotos a cosas que no son para hacerle fotos y siguen las ca&ntilde;as y alguien dice que si vamos a ver a los Lagartija ensayar que van a estar de bolos todo el verano. Tienes ganas de ir a verlos y escucharlos y al final no sabes c&oacute;mo o cu&aacute;ndo ha pasado y unos han cogido el coche y han tirado para la playa. La noche dura ya treinta d&iacute;as. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Entonces el plan es subir al Albaiz&iacute;n porque en verano hay flamenco bueno y barato en alguna parte. C&oacute;mo vea all&iacute; arriba a alguno de los de las sandalias de la plaga contaminante americana me largo y no vuelvo, lo prometo. Y para arriba que vamos, venga. Sigue haciendo calor, joder se me pega la ropa al cuerpo por m&aacute;s fina que sea la tela y ves un rato de flamenco, unos tangos, una sole&aacute;, unas alegr&iacute;as y venga esos fandangos de Huelva. Al bajar de vuelta por esas cuestas mientras flotas sobre loscos, en esos recovecos que tiene el mes de julio, en los callejones y las esquinas llenas de pintadas piensas que el verano no est&aacute; tan mal porque se puede vivir siempre de noche y sin dormir. Y sabes que por mucho que hablen de ella, te llegan rumores, palabras, no existe ya la luz del sol. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Te preguntas cu&aacute;ndo llegar&aacute; agosto y al final mientras comes un helado de lim&oacute;n y naranja y lim&oacute;n, especial c&iacute;tricos lo llamabas, pasa gente maqueada como en una boda. Te acuerdas, claro, van a uno de los conciertos del Festival que se lleva haciendo desde hace cien mil a&ntilde;os en la Alhambra. Ni una vez has podido ir porque no has tenido nunca un puto duro para esas cosas y le tienes man&iacute;a a los pijos que pueden ir, y al Festival y al peri&oacute;dico de la ciudad y a todos los que aplauden a los m&uacute;sicos y t&uacute; quieres que te aplaudan a ti que tocas el piano de o&iacute;do y solo piezas inventadas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Entonces sabes que esas noches de Granada de esa gente maqueada son distintas a tu noche eterna de sangre en las paredes. Son noches ordenadas y limpias, y nadie suda y si sudan el sudor huele a colonia fresca y como no duermes ni vives en tu piso porque solo vives de noche una noche eterna grana&iacute;na, no te da tiempo a maldecir por el ventilador que remueve el aire caliente que huele a todo menos a colonia fresca. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Abres los ojos en el asiento trasero de un coche m&aacute;s o menos maltrecho que cruza a deshoras la carretera sinuosa que lleva a la sierra. Las luces de los faros en el asfalto son amarillas y la carretera es negra y los &aacute;rboles verdes a un lado y a otro. Qu&eacute; ha sido eso, dices para ti sin gritar o gritando por dentro: te ha parecido ver algo alguien que te mira en el coraz&oacute;n del bosque. Se lleva las manos alargadas y las u&ntilde;as a los labios y hace el gesto que se hace para que no digas nada y t&uacute;, claro, no dir&aacute;s nada. Al llegar a la sierra despu&eacute;s de curvas y curvas y con el cuerpo congelado por el terror alguien dice que desde ah&iacute; se ve mejor la lluvia de estrellas. Debajo de ellas, peque&ntilde;as brillantes y casi todas muertas en sus galaxias, piensas no en lo peque&ntilde;o que eres, en eso no piensas, piensas en el fr&iacute;o destructor del universo impasible y quieres ser astronauta atrapado en una galaxia para no pasar ni un d&iacute;a m&aacute;s calor y para dormir no tres meses sino tres siglos. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que dormiste, te preguntan y no sabes contestar a esa pregunta y haces una pregunta a la pregunta, en qu&eacute; mes estamos. Alguien dice agosto y sonr&iacute;es y contestas que en ese caso llevas dos meses sin dormir. Abandonas libros a medio leer en los asientos traseros de los coches que huelen a tapicer&iacute;a vieja cerrada y al mirar al cielo la poluci&oacute;n, toda esa la luz, evita reconocer y saludar a las estrellas de hace unos d&iacute;as &iquest;o fue hace unos a&ntilde;os? </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Mira, dice alguien, una estrella fugaz y t&uacute;, otra vez tienes que ser el portador de malas noticias o a lo mejor son buenas porque dices con una sonrisa que eso es un avi&oacute;n y para arreglarlo dices que no, que es un platillo volante. Y los Ovnis siempre llegan cuando las noches se acortan, igual que hace una casa encantada que juega con nosotros y empeque&ntilde;ece el pasillo conforme caminas. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Tu piel ahora es m&aacute;s p&aacute;lida de vivir de noche, es casi gris y c&oacute;mo era aquella luz que te gustaba tanto, c&oacute;mo era, intentas recordar la textura, el color. &iquest;C&oacute;mo era el sol filtrado a trav&eacute;s de las nubes? </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Esta calle se ha vaciado de estudiantes y qu&eacute; distinta es ahora que no hay ruido ni turistas pasean por aqu&iacute; porque no hay nada que ver y menos a estas horas que no son horas. Hay bares de chupitos y litronas de pl&aacute;stico y kebabs vac&iacute;os. De vez en cuando reconoces el nombre de un bar que va a recibirte y entenderte que se llena de gente que lleva sin dormir como t&uacute; unos cu&aacute;ntos meses y te preguntas cu&aacute;ntos de ellos lograr&aacute;n sobrevivir. Alguien dice que en verano solo hay que dormir siestas en los balcones y te imaginas rodeado de llamas: las hogueras del Sacromonte que se encienden como se enciende la pantalla de un cine de verano en el que alguien proyecta una pel&iacute;cula sobre tu vida. Lo sabes porque te lo dijo alguien: el fuego nocturno alimenta la ciudad y septiembre son las cenizas de ese fuego. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Los ojos hundidos en sus cuencas, se marcan un poco las costillas, un poquito solo, y la noche que no termina es una barra de bar estrecho con paredes rojas de un rojo como el de la sangre de una jeringuilla en las paredes. El ne&oacute;n afuera, una estrella azul que vibra y emite un zumbido que mata a los insectos, es una tarjeta de invitaci&oacute;n a celebrar una fiesta casi un funeral por todos nosotros: raza nocturna, vampiros, hombres lobo, mujeres ciervo, chicos y chicas de ocho brazos, colmillos afilados. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Has dejado de ser t&uacute; y tampoco es que supieras antes muy bien qui&eacute;n o qu&eacute; eras y todo lo que has perdido en la vida regresa en forma de pesadilla o canci&oacute;n. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Hay un animal invisible que se alimenta de mis p&eacute;rdidas, le&iacute;ste una vez, ese animal es el verano feroz que no ha dejado de morderte y la fiesta es una ceremonia por el sol que se ha extinguido y vives de noche, o m&aacute;s bien mueres de d&iacute;a. </span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">A lo mejor, no sabes, quiz&aacute; un d&iacute;a, puede, no conf&iacute;es en ello, no apuestes pero quiz&aacute; un d&iacute;a abras los ojos y la noche eterna del verano haya terminado y se extinga la raza de criaturas, bestias, monstruos, que lleva siglos oculta en las sombras.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Fernando Navarro]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Aug 2026 19:56:34 +0000]]></pubDate>
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