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    <title><![CDATA[elDiario.es - Irene Cuevas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/irene-cuevas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Irene Cuevas]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Un verano en Berlín', por Irene Cuevas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/verano-berlin-irene-cuevas_129_13464219.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/19450eb8-3a64-4693-bb46-149878e0a8fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Un verano en Berlín&#039;, por Irene Cuevas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">'Tu ciudad en agosto' ha sido una serie de relatos sobre cómo respiran las ciudades en verano. Aquí, la autora de 'Un momento de ternura y de piedad' y 'Animal Print' visita la ciudad del club Berghain y mira hacia el futuro</p><p class="subtitle">Granada - 'El verano es una noche eterna de verano', por Fernando Navarro</p><p class="subtitle">Kiev  - 'Escuchen a las sirenas', por Marina Perezagua</p><p class="subtitle">Madrid  - 'Un verano en Moscardó', por Sergio Galarza</p></div><p class="article-text">
        Suelo sentirme mal siendo turista en cualquier sitio, pero no me ocurre lo mismo aqu&iacute;, en Berl&iacute;n. Estar aqu&iacute; de turista, en uno de los pa&iacute;ses que m&aacute;s nos ha gentrificado, me hace sentirme extra&ntilde;amente en paz. Hay algo que devuelvo cada vez que piso el suelo. De alg&uacute;n modo dejo aqu&iacute; la huella que alguien ha dejado antes en mi ciudad. 
    </p><p class="article-text">
        Al contrario de la mayor&iacute;a de los turistas que vienen a Berl&iacute;n, yo no estoy aqu&iacute; por la Historia: estoy aqu&iacute; porque me interesa lo que ocurri&oacute; cuando la gente pisote&oacute; la Historia. El Berl&iacute;n contracultural y revolucionario que surgi&oacute; despu&eacute;s de la ca&iacute;da del Muro. El de los punkys queer, el de los malditos bastardos berlineses. Cuando el Muro cay&oacute;, los j&oacute;venes alemanes se pusieron a bailar techno. Ocuparon las f&aacute;bricas y los b&uacute;nkeres de la guerra en la vieja Alemania del Este. Me lo han contado muchas veces y es una historia que todav&iacute;a me asombra. La de c&oacute;mo una cultura surgi&oacute; de sus ruinas. Hay una energ&iacute;a liberadora por el cielo de Berl&iacute;n que dura desde entonces y eso es lo que estoy buscando. 
    </p><p class="article-text">
        Hablo de Berl&iacute;n tambi&eacute;n para llevarle la contraria a Bad Bunny. Porque si te quieres divertir, antes que a Nueva York, igual tienes que venir un verano a Berl&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos de la oficina de turismo, la ciudad centroeuropea es una de las m&aacute;s visitadas de Europa en verano. Y no me extra&ntilde;a. No solo por los parques, el r&iacute;o Spree, los lagos, los museos y las fotos irrespetuosas que todo el mundo busca hacerse en el Monumento al Holocausto. Si tanta gente visita Berl&iacute;n en verano, es sobre todo por sus noches eternas y sus clubes. Y es que, como contaba Javier Bl&aacute;nquez (autor de esa Biblia de la m&uacute;sica electr&oacute;nica que es <em>Loops),</em> en la era del turismo lowcost, Berl&iacute;n se ha convertido en la Meca de los amantes del techno. Las ciudades se vac&iacute;an y Berl&iacute;n se llena de visitantes que cogen un avi&oacute;n un finde y se ahorran el hotel porque tienen la intenci&oacute;n de pasarse 48 horas metidos en un club o en varios. 
    </p><p class="article-text">
        De la noche de Berl&iacute;n tiene que hablarte alguien para empezar a obsesionarte. Te habla un amigo, una hermana o un amor. Yo solo he o&iacute;do hablar con esa devoci&oacute;n de alg&uacute;n dios, del sexo y de las drogas, que quiz&aacute; sean lo mismo. Entonces saltan los nombres de los clubes y sus haza&ntilde;as: Kit Kat y su fetichismo, Tresor, RSO, About Blank, Sisyphos, Matrix. Y la reina de todos ellos, la antigua central el&eacute;ctrica reconvertida en la catedral del techno mundial: Berghain. Que, aparte de tener el estatus de ser el club techno m&aacute;s exclusivo y misterioso del planeta, es tambi&eacute;n el que mejor equipo de sonido tiene. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora todo el mundo conoce Berghain gracias a Rosal&iacute;a, pero incluso a ella alguien tuvo que cont&aacute;rselo. 
    </p><p class="article-text">
        De lo que se ha tratado siempre es de ver qu&eacute; hay al otro lado. Por eso funciona el mito de Berghain y su pol&iacute;tica de puertas estricta y exclusiva. Berghain act&uacute;a como un peque&ntilde;o muro, con su desesperado deseo de traspasarlo. Lo mejor es que la exclusividad no te la da ni tu capital social, ni tu capital econ&oacute;mico, ni tu capital cultural. Es muy probable que sea uno de los pocos sitios del planeta donde no importe qui&eacute;n eres, tal vez solo importe c&oacute;mo eres. 
    </p><p class="article-text">
        Eso es porque dentro del club la individualidad se pierde y se forma una identidad colectiva. Pasa siempre en las buenas fiestas techno y, sobre todo, pasa siempre en las buenas fiestas techno queers. Es otro concepto de fiesta, uno que tiene que ver con el sentido de comunidad. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando era m&aacute;s joven entend&iacute;a por fiesta emborracharme y salir con mis amigas, cre&aacute;ndonos una peque&ntilde;a burbuja alrededor. Lo que menos me interesaba entonces era bailar. Ahora la fiesta puede ser estar en trance sola en medio de un mont&oacute;n de gente bailando tambi&eacute;n sola. En un momento de la noche s&eacute; que nos fusionaremos todos en el baile. Y eso es lo incre&iacute;ble. 
    </p><p class="article-text">
        El mito de Berghain tambi&eacute;n funciona porque esas ganas de entrar al otro lado, de cruzar el umbral, de ver lo desconocido, act&uacute;an tambi&eacute;n como un catalizador hacia la muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Sven Marquardt, el famoso portero de Berghain (tan famoso que hay murales en Berl&iacute;n de su cara llena de tatuajes), dijo: &ldquo;Al seleccionar a los invitados tenemos la responsabilidad de que los de dentro puedan ser como realmente son&rdquo;. Seg&uacute;n la escritora Julia Bell, esto es lo que la mayor&iacute;a de gente que intenta entrar a Berghain y se queda fuera no entiende. Que Berghain es un club queer y que ser queer no es algo que se pueda imitar. Es algo que simplemente se es. 
    </p><p class="article-text">
        No he venido a Berl&iacute;n sola. He venido con mi ex, en nuestro primer viaje juntas despu&eacute;s de dejarlo. Nos levantamos pronto porque vamos a intentar entrar. Leemos un art&iacute;culo de MacKenzie Wark. Leemos otro de Julia Bell. Ponemos varios v&iacute;deos de youtubers. Cada uno dice una cosa distinta. A ella le convence el art&iacute;culo de Julia porque Julia es una mujer de 45 a&ntilde;os y se siente reconocida en ella. El art&iacute;culo trata de c&oacute;mo va a un templo a rezar por su amigo muerto, solo que el templo es Berghain y el rezo es el sudor de los cuerpos. Yo pienso que &uacute;ltimamente todo lo que leo &mdash;incluso un art&iacute;culo que habla sobre la experiencia de vivir una fiesta&mdash; trata sobre la p&eacute;rdida. Decidimos intentar entrar a la hora que entr&oacute; Julia Bell, el mediod&iacute;a del domingo, sin saber que nosotras tambi&eacute;n estaremos entrando a una misa por lo que fuimos.
    </p><p class="article-text">
        Ya en la cola nos damos cuenta de que no nos parecemos a nadie de aqu&iacute;. No venimos como los otros ravers. No nos hemos preparado. No llevamos drogas y ni siquiera tenemos intenci&oacute;n de consumir alcohol dentro. Hemos venido a despedir un grand&iacute;simo amor y eso es todo lo que llevamos en las manos. Trece a&ntilde;os de un amar ininterrumpido. Hemos venido solo para decirnos adi&oacute;s bailando. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez, alguien a quien quise me habl&oacute; de Berghain y eso se qued&oacute; para siempre conmigo. Supongo que porque as&iacute; es como nos vamos construyendo, con los peque&ntilde;os pedazos que quisimos de los otros. Por esa persona y por el deseo hacia todas las que vinieron despu&eacute;s, nosotras empezamos a separarnos. Entrar en Berghain es como reconquistar un espacio de fantas&iacute;a. Cruzar juntas el umbral que un d&iacute;a nos separ&oacute;. Cuando los porteros nos dicen que s&iacute;, despu&eacute;s de haber pasado una hora en la cola viendo a la gente irse frustrada a casa, entramos como si ya lo conoci&eacute;ramos.
    </p><p class="article-text">
        En &ldquo;Adi&oacute;s a todo aquello&rdquo;, Joan Didion contaba que, durante un tiempo, Nueva York fue una ciudad para los j&oacute;venes. Yo ya no creo que quede ninguna ciudad benevolente con la juventud. Las ciudades est&aacute;n expulsando a sus j&oacute;venes de ellas, lo que significa expulsar las posibilidades de regenerarse. Por eso es tan importante la memoria. Entro en Berghain y pienso: aqu&iacute; mucha gente trabaj&oacute; en condiciones horribles; aqu&iacute;, a&ntilde;os despu&eacute;s, muchos j&oacute;venes iniciaron una revoluci&oacute;n. Entro en Berghain y sue&ntilde;o con los j&oacute;venes bailando techno en las sucursales de los bancos, en las inmobiliarias y en los hoteles en ruinas del futuro. 
    </p><p class="article-text">
        Once horas despu&eacute;s salimos. Son las tres de la ma&ntilde;ana y llegamos a las cuatro de la tarde. He omitido lo de dentro porque una de las normas no escritas es que ciertas cosas deben quedarse donde ocurren. Hemos estado once horas en una realidad paralela. Hemos puesto nombres a una familia que construimos una noche. Me hubiera encantado salir de d&iacute;a, ver Berl&iacute;n despert&aacute;ndose, taparme los ojos con las manos como una vampira, pero estamos exhaustas y nos vamos para dejarle el relevo a otra gente que lo necesite tanto como nosotras. De camino a nuestro hotel pasamos al lado de la cola kilom&eacute;trica; unos chicos espa&ntilde;oles nos escuchan hablar y nos paran: &ldquo;&iquest;hab&eacute;is entrado?, &iquest;c&oacute;mo es?&rdquo;. Nosotras sonre&iacute;mos y decimos: &ldquo;como ninguna otra cosa en el mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El final de &ldquo;El cielo sobre Berl&iacute;n&rdquo; de Wim Wenders es uno de mis finales favoritos del cine. Cuando el protagonista, el &aacute;ngel ca&iacute;do reci&eacute;n convertido en humano, despu&eacute;s de pasar la noche m&aacute;s asombrosa de su vida, dice: &ldquo;ahora s&eacute; lo que ning&uacute;n &aacute;ngel sabe&rdquo;. Tambi&eacute;n ahora nosotras lo sabemos. Cruzamos el Muro abrazadas, sin poder dejar de sonre&iacute;r. Se ha creado una nueva forma de nosotras. Un nosotras expansivo e infinito. 
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, tiradas en el c&eacute;sped de Tempelhof, un antiguo aeropuerto nazi que ahora est&aacute; reconvertido en campamento para refugiados, pienso en c&oacute;mo la vida sucede y toma pulso sobre las cosas. En c&oacute;mo nos levantamos sobre las ruinas y los dolores y ponemos con empe&ntilde;o flores encima. &ldquo;Es un buen negocio&rdquo;, dice Mckenzie Wark:&ldquo;Berghain vende algunas cosas, pero esta es la que m&aacute;s anhelo. Pagar&eacute; con gusto los 25 &euro; para escapar de la historia: mi propia historia y la historia del mundo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Patti Smith, nuestro verdadero motivo del viaje, cantaba al inicio de su canci&oacute;n <em>Babelogue</em>: &ldquo;No he follado mucho con el pasado, pero follo mucho con el futuro&rdquo;. Miro a los contenedores prefabricados de alrededor donde, a pesar de todo, viven mil familias. Veo las flores que han puesto en las ventanas oxidadas. Veo la vida intentando vivir. Un ni&ntilde;o sirio nos sonr&iacute;e y se va corriendo a jugar con la pelota. Que otros follen con el pasado todo lo que quieran. Yo solo deseo el futuro. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Irene Cuevas]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Aug 2026 19:09:57 +0000]]></pubDate>
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