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    <title><![CDATA[elDiario.es - Itziar Delgado González]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/itziar-delgado-gonzalez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Itziar Delgado González]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Nepal o cómo un desastre puede sembrar el siguiente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nepal-desastre-sembrar-siguiente_129_13473032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7586cae-94f6-410d-ab43-0357b5601a58_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Nepal o cómo un desastre puede sembrar el siguiente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Por qué la geología debería ocupar un lugar central en la reconstrucción tras una catástrofe</p></div><p class="article-text">
        Cuando observamos las im&aacute;genes de la reciente avenida que ha asolado Nepal es f&aacute;cil pensar que estamos ante una tragedia provocada &uacute;nicamente por un episodio extremo. Sin embargo, en geolog&iacute;a las cat&aacute;strofes rara vez son hechos aislados. Los desastres suelen formar parte de una cadena de acontecimientos que puede desarrollarse durante a&ntilde;os o incluso d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender lo ocurrido recientemente en Nepal quiz&aacute; debamos retroceder m&aacute;s de una d&eacute;cada, hasta el terremoto de Gorkha de 2015. 
    </p><p class="article-text">
        Aquel terremoto, de magnitud 7,8, fue una de las mayores cat&aacute;strofes de la historia reciente del pa&iacute;s. Miles de personas perdieron la vida y centenares de miles de viviendas quedaron destruidas. Pero el impacto del se&iacute;smo fue mucho m&aacute;s all&aacute; de la destrucci&oacute;n inmediata. El terremoto desencaden&oacute; miles de desprendimientos, deslizamientos y avalanchas de ladera a lo largo de gran parte del Himalaya central. En muchos lugares el paisaje cambi&oacute; para siempre. 
    </p><p class="article-text">
        Los ge&oacute;logos sabemos que un gran terremoto no termina cuando cesa el movimiento del suelo. Las fracturas abiertas en las laderas, los taludes debilitados y los enormes vol&uacute;menes de roca desplazados pueden permanecer inestables durante a&ntilde;os. De hecho, numerosos estudios realizados tras el se&iacute;smo alertaron de que la llegada de los monzones seguir&iacute;a reactivando muchos de esos movimientos y aumentando la erosi&oacute;n en las cuencas afectadas. 
    </p><p class="article-text">
        Para miles de habitantes de aldeas de monta&ntilde;a aquello supuso convivir con una sensaci&oacute;n permanente de inseguridad. Los caminos hab&iacute;an desaparecido, muchas viviendas eran inhabitables y las laderas que durante generaciones hab&iacute;an proporcionado sustento y refugio se hab&iacute;an convertido en una amenaza.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil medir cu&aacute;nto influy&oacute; este factor en la movilidad de la poblaci&oacute;n, pero s&iacute; sabemos que el terremoto provoc&oacute; importantes desplazamientos y cambios en los patrones de residencia. Tambi&eacute;n sabemos que las zonas mejor comunicadas y m&aacute;s accesibles concentraron gran parte de las operaciones de ayuda y reconstrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece una cuesti&oacute;n que rara vez ocupa titulares. Cuando se produce una emergencia, la prioridad es salvar vidas. Es l&oacute;gico que los campamentos de refugiados, los centros de distribuci&oacute;n de ayuda y los alojamientos temporales se sit&uacute;en en lugares accesibles, pr&oacute;ximos a carreteras y relativamente llanos. En Nepal, como en cualquier otra parte del mundo, esa decisi&oacute;n respond&iacute;a a una necesidad operativa evidente. La ayuda deb&iacute;a llegar r&aacute;pido y a la mayor cantidad posible de personas. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la l&oacute;gica de la emergencia no siempre coincide con la l&oacute;gica de la planificaci&oacute;n territorial. La experiencia internacional muestra que muchos asentamientos temporales terminan convirti&eacute;ndose en permanentes. 
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; donde llegan primero las carreteras, la electricidad, los centros sanitarios y las oportunidades econ&oacute;micas, es frecuente que la poblaci&oacute;n encuentre motivos para quedarse.
    </p><p class="article-text">
        No resulta dif&iacute;cil imaginar que algunas familias que abandonaron &aacute;reas monta&ntilde;osas especialmente afectadas por los desprendimientos terminaran instal&aacute;ndose de forma duradera en fondos de valle o cerca de corredores de transporte. Aunque esta hip&oacute;tesis requiere estudios espec&iacute;ficos para cuantificar su alcance, encaja con los patrones de movilidad observados tras el terremoto y con el peso que tiene la accesibilidad en las decisiones de reasentamiento. 
    </p><p class="article-text">
        Y es precisamente aqu&iacute; donde surge una de las grandes paradojas de la gesti&oacute;n del riesgo. Escapar de un peligro no significa necesariamente llegar a un lugar seguro.
    </p><p class="article-text">
        Los valles ofrecen mejores comunicaciones, una topograf&iacute;a m&aacute;s favorable para construir y acceso a servicios esenciales. Pero tambi&eacute;n concentran otros riesgos. Son los espacios por los que circula el agua, donde se acumulan los sedimentos procedentes de las monta&ntilde;as y donde terminan convergiendo muchos de los procesos que se generan en las zonas altas de una cuenca.
    </p><p class="article-text">
        Desde una perspectiva geol&oacute;gica, una comunidad puede pasar de estar expuesta a desprendimientos y avalanchas de ladera a encontrarse vulnerable frente a inundaciones, flujos torrenciales o avenidas s&uacute;bitas.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, existe otro aspecto frecuentemente olvidado. El propio terremoto pudo contribuir indirectamente a aumentar la peligrosidad futura de los sistemas fluviales. Los miles de deslizamientos generados por el se&iacute;smo dejaron enormes cantidades de sedimentos disponibles en las cuencas. Durante a&ntilde;os, las lluvias y los r&iacute;os han ido movilizando parte de ese material. En determinados escenarios, esta carga sedimentaria adicional puede incrementar la capacidad destructiva de las avenidas y modificar el comportamiento de los cauces. 
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, la reciente tragedia no puede explicarse &uacute;nicamente por el terremoto de 2015. Los fen&oacute;menos extremos responden a m&uacute;ltiples factores. Pero lo ocurrido s&iacute; invita a reflexionar sobre una cuesti&oacute;n fundamental: la reconstrucci&oacute;n no deber&iacute;a limitarse a reemplazar lo que se ha perdido. Deber&iacute;a aprovecharse para comprender mejor el territorio y reducir riesgos futuros.
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; es donde la geolog&iacute;a adquiere un papel decisivo. La cartograf&iacute;a geol&oacute;gica y geomorfol&oacute;gica permite identificar laderas inestables, zonas susceptibles de inundaci&oacute;n, &aacute;reas afectadas por flujos torrenciales y sectores donde la combinaci&oacute;n de amenazas alcanza niveles inaceptables. Gracias a estas herramientas es posible orientar la localizaci&oacute;n de viviendas, hospitales, carreteras e infraestructuras cr&iacute;ticas hacia lugares m&aacute;s seguros.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que deber&iacute;a formularse tras cada gran desastre no es &uacute;nicamente cu&aacute;nto costar&aacute; reconstruir ni cu&aacute;nto tiempo llevar&aacute; hacerlo. La pregunta verdaderamente importante es d&oacute;nde se debe reconstruir y para esto la geolog&iacute;a se presenta como una ciencia indispensable.
    </p><p class="article-text">
        Porque, en ocasiones, la diferencia entre una reconstrucci&oacute;n resiliente y la preparaci&oacute;n involuntaria para la pr&oacute;xima cat&aacute;strofe depende precisamente de eso: de comprender lo que el terreno lleva a&ntilde;os intentando decirnos.
    </p><p class="article-text">
        Con demasiada frecuencia la geolog&iacute;a se percibe como una disciplina dedicada a estudiar el pasado de la Tierra. En realidad, una de sus mayores contribuciones consiste precisamente en ayudar a tomar decisiones sobre el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Itziar Delgado González]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/nepal-desastre-sembrar-siguiente_129_13473032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2026 19:45:19 +0000]]></pubDate>
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