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    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Diego Hernández]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-diego-hernandez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Diego Hernández]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La búsqueda de la eterna juventud en el siglo XXI]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/la-cuadratura-del-circulo/busqueda-eterna-juventud-siglo-xxi_132_13484509.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b8a79c8-c457-4c18-9783-778d49df0460_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x249y139.jpg" width="1200" height="675" alt="La búsqueda de la eterna juventud en el siglo XXI"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Envejecer es un proceso biológico inevitable, pero la ciencia empieza a comprender cada vez mejor los mecanismos que lo regulan y los factores capaces de modularlos. Frente a la promesa ancestral de la eterna juventud —hoy renovada en costosos tratamientos antienvejecimiento—, la investigación apunta hacia algo mucho más cotidiano: la alimentación, la actividad física, las relaciones sociales y la gestión del estrés pueden desempeñar un papel decisivo en cómo envejecemos</p></div><p class="article-text">
        El envejecimiento se caracteriza por una p&eacute;rdida progresiva de la integridad fisiol&oacute;gica, que se traduce en una funci&oacute;n alterada y un aumento de la vulnerabilidad frente a la muerte. Este deterioro es el principal factor de riesgo de numerosas patolog&iacute;as humanas asociadas a la edad, como el c&aacute;ncer, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades neurodegenerativas.
    </p><p class="article-text">
        A nivel celular se han identificado varios procesos biol&oacute;gicos que contribuyen al envejecimiento: la inestabilidad gen&oacute;mica, las alteraciones epigen&eacute;ticas, la p&eacute;rdida de proteostasis (el equilibrio entre la producci&oacute;n y eliminaci&oacute;n de prote&iacute;nas), la autofagia deshabilitada (el fallo del mecanismo celular de reciclaje de componentes da&ntilde;ados), la desregulaci&oacute;n de la sensibilidad a los nutrientes, la disfunci&oacute;n mitocondrial, la senescencia celular, las alteraciones en la comunicaci&oacute;n intercelular y la inflamaci&oacute;n cr&oacute;nica y la disbiosis (el desequilibrio de la microbiota). El envejecimiento se acelera cuando se acent&uacute;an experimentalmente estos procesos; pero, del mismo modo, su regulaci&oacute;n abre la puerta a retrasarlo.  Este campo de investigaci&oacute;n cuenta entre sus referentes al con el espa&ntilde;ol <a href="https://doi.org/10.1016/J.CELL.2022.11.001" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carlos L&oacute;pez-Ot&iacute;n</a>
    </p><p class="article-text">
        En los pa&iacute;ses desarrollados, el alto grado de envejecimiento de la poblaci&oacute;n ha sobrecargado los sistemas sanitarios. Esto se debe, en gran medida, a la alta comorbilidad de enfermedades cr&oacute;nicas asociadas a la edad, ya que no solo tienen un fuerte impacto en la salud y la calidad de vida de las personas mayores, sino que &mdash;debido al coste asociado a su tratamiento&mdash; generan una importante carga econ&oacute;mica.
    </p><h2 class="article-text">En busca de la fuente de la eterna juventud</h2><p class="article-text">
        La b&uacute;squeda por retrasar el envejecimiento y alcanzar la inmortalidad es tan antigua como el comienzo de la propia humanidad, y pocas leyendas la representan tan bien como la de la fuente de la eterna juventud. Seg&uacute;n la tradici&oacute;n, sus aguas ten&iacute;an el poder de revertir el envejecimiento y devolver la vitalidad a quien las bebiera o se ba&ntilde;ara en ellas. La versi&oacute;n m&aacute;s conocida en Occidente sit&uacute;a la historia en el siglo XVI, cuando se atribuy&oacute; al explorador espa&ntilde;ol Juan Ponce de Le&oacute;n la b&uacute;squeda de esta fuente milagrosa durante su expedici&oacute;n a lo que hoy es Florida (Estados Unidos). 
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el mito original es mucho m&aacute;s antiguo y universal que la versi&oacute;n espa&ntilde;ola. Ya el historiador griego Herodoto, en el siglo V a.C., hablaba de una fuente similar en Etiop&iacute;a. Alejandro Magno, seg&uacute;n algunas cr&oacute;nicas medievales, tambi&eacute;n habr&iacute;a buscado unas aguas capaces de otorgar la vida eterna. Pr&aacute;cticamente todas las civilizaciones &mdash;desde la china, con su b&uacute;squeda del elixir de la inmortalidad, hasta la hind&uacute; y sus aguas sagradas del Ganges&mdash;, han imaginado alguna fuente, elixir o fruto capaz de detener el paso del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, la versi&oacute;n actualizada de este mito la encarna la figura de Bryan Johnson, un empresario tecnol&oacute;gico estadounidense que gasta millones de d&oacute;lares al a&ntilde;o en tratamientos m&eacute;dicos y suplementaci&oacute;n, con el fin de monitorizar y optimizar su cuerpo. Al igual que las figuras del pasado, Johnson &mdash;cuyo caso no est&aacute; exento de controversia&mdash; no ha demostrado la veracidad de muchas de sus especulaciones y pr&aacute;cticas (como las transfusiones de plasma con su hijo, que abandon&oacute; al no ver resultados). Adem&aacute;s, a&uacute;n en el caso de funcionar, estas pr&aacute;cticas est&aacute;n fuera del alcance de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n debido a su elevado precio.
    </p><h2 class="article-text">Salud p&uacute;blica y longevidad</h2><p class="article-text">
        Frente a este enfoque, una serie de estudios epidemiol&oacute;gicos han identificado varias regiones del planeta cuya poblaci&oacute;n presenta una longevidad excepcional, con tasas anormalmente altas de personas centenarias y una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y relacionadas con la obesidad. Son las llamadas <a href="https://doi.org/10.1093/GERONT/GNAF246" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&lsquo;zonas azules'</a>.
    </p><p class="article-text">
        Estas regiones son Cerde&ntilde;a (Italia), Okinawa (Jap&oacute;n), Nicoya (Costa Rica), Icaria (Grecia) y Martinica (territorio franc&eacute;s de ultramar). Los factores comunes identificados en estos estudios son la dieta (mayoritariamente vegetal y rica en legumbres, con un consumo moderado de pescado) y una actividad f&iacute;sica frecuente, entretejida de forma natural en el d&iacute;a a d&iacute;a, mediante la jardiner&iacute;a, los paseos o las tareas dom&eacute;sticas. Tambi&eacute;n destacan por ser zonas donde existe un fuerte sentido de comunidad, con integraci&oacute;n intergeneracional y bajos niveles de aislamiento social; as&iacute; como bajos niveles de estr&eacute;s cr&oacute;nico y la existencia de un prop&oacute;sito vital (<em>ikigai</em> en Okinawa, <em>plan de vida</em> en Nicoya). 
    </p><p class="article-text">
        Pese a que estos factores estar&iacute;an al alcance de la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados, los datos muestran que en las grandes urbes encontramos justo lo contrario: alta ingesta de comida procesada y escasez de alimentos frescos, baja actividad f&iacute;sica en el d&iacute;a a d&iacute;a, una soledad y un aislamiento social cada vez m&aacute;s extendidos y niveles elevados de estr&eacute;s cr&oacute;nico.
    </p><h2 class="article-text">Investigaci&oacute;n y h&aacute;bitos saludables, la clave para vivir mejor</h2><p class="article-text">
        Casualmente, los procesos biol&oacute;gicos que coment&aacute;bamos al inicio del art&iacute;culo &mdash;y que contribuyen de forma directa al envejecimiento&mdash;, pueden ser modulados directamente por los factores comunes identificados en las regiones del planeta que presentan una elevada longevidad: la actividad f&iacute;sica, la dieta, las relaciones sociales y la gesti&oacute;n del estr&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica juega un papel esencial en el estudio del envejecimiento puesto que permite entender qu&eacute; factores a nivel celular contribuyen a este proceso, as&iacute; como a identificar qu&eacute; intervenciones pueden modularlo de forma s&oacute;lida y veraz.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, quiz&aacute;s la verdadera fuente de la eterna juventud no se encuentre en una f&oacute;rmula milagrosa ni en una inversi&oacute;n millonaria, sino en una rutina cotidiana que incluya m&aacute;s movimiento f&iacute;sico, una dieta saludable, tiempo de calidad para cultivar unas relaciones sociales s&oacute;lidas y evitar en lo posible el estr&eacute;s en el d&iacute;a a d&iacute;a. Y, adem&aacute;s, en impulsar la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, que no solo permite entender qu&eacute; factores contribuyen a este proceso a nivel celular, sino tambi&eacute;n a identificar qu&eacute; intervenciones pueden modularlo de forma s&oacute;lida y veraz, evitando falsas promesas milagrosas.
    </p><p class="article-text">
        <em> Coordinaci&oacute;n: Adelina Pastor, Delegaci&oacute;n del CSIC en Andaluc&iacute;a</em>
    </p><p class="article-text">
        <em> Edici&oacute;n: Patricia Mart&iacute;, Delegaci&oacute;n del CSIC en Andaluc&iacute;a</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Diego Hernández]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Sep 2026 03:30:48 +0000]]></pubDate>
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