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    <title><![CDATA[elDiario.es - Miguel López Moreno]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/miguel-lopez-moreno/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Miguel López Moreno]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La ciencia que paga la industria cárnica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/caballodenietzsche/ciencia-paga-industria-carnica_132_13492761.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16b6c578-3c13-4502-a3b0-cb9fab49388e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciencia que paga la industria cárnica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Puede el dinero de la industria cárnica influir en lo que la ciencia dice sobre la carne? Un análisis de 44 ensayos clínicos apunta a una asociación difícil de ignorar: los estudios vinculados a la industria cárnica tendían con mucha mayor frecuencia a encontrar efectos neutros o favorables del consumo de carne roja sobre la salud cardiovascular.</p><p class="subtitle">La industria de la carne lleva años pagando a científicos y universidades para bloquear políticas climáticas</p></div><p class="article-text">
        Cuando un estudio cient&iacute;fico concluye que el consumo de carne no perjudica la salud, tendemos a aceptar el resultado como una verdad objetiva. Al fin y al cabo, lo dice la ciencia. Pero rara vez nos preguntamos qu&eacute; ocurri&oacute; antes de llegar a esa conclusi&oacute;n: qui&eacute;n formul&oacute; la pregunta, qu&eacute; alimentos se compararon, qu&eacute; resultados se consideraron relevantes y qui&eacute;n financi&oacute; la investigaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Esto resulta especialmente importante cuando hablamos de la carne. Durante a&ntilde;os hemos recibido mensajes aparentemente contradictorios sobre sus efectos en la salud. Mientras que los riesgos asociados al consumo de carne procesada cuentan con una evidencia bastante s&oacute;lida, el debate sobre la carne roja no procesada contin&uacute;a generando titulares que van desde la recomendaci&oacute;n de limitar su consumo hasta la afirmaci&oacute;n de que puede formar parte de una dieta saludable sin mayores consecuencias. Y algunos pol&iacute;ticos tampoco han ayudado a aclarar el debate. En 2021, un exministro, Juan Ignacio Zoido, defendi&oacute; p&uacute;blicamente el consumo de carne con una fotograf&iacute;a de un filete de ternera empanado con patatas fritas, asegurando que era saludable y formaba parte de la dieta mediterr&aacute;nea, mientras afirmaba que &ldquo;hay que apoyar al sector c&aacute;rnico y ganadero&rdquo;. Por esa misma &eacute;poca, el entonces ministro de Consumo, Alberto Garz&oacute;n, abog&oacute; p&uacute;blicamente por reducir el consumo de carne por motivos de salud y de lucha contra el cambio clim&aacute;tico. El presidente del Gobierno, Pedro S&aacute;nchez, le respondi&oacute;: &ldquo;A m&iacute;, donde me pongan un chulet&oacute;n al punto, eso es imbatible&rdquo;. No es de extra&ntilde;ar que, ante mensajes tan distintos, resulte dif&iacute;cil saber qu&eacute; pensar. &iquest;Es buena o mala la carne? Quiz&aacute;, sin embargo, parte de esta aparente contradicci&oacute;n tenga menos que ver con la carne de lo que pensamos y m&aacute;s con la manera en que estudiamos sus efectos.
    </p><p class="article-text">
        Un estudio cient&iacute;fico publicado en <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0002916525001261?via%3Dihub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The American Journal of Clinical Nutrition</a>, una de las revistas cient&iacute;ficas de referencia en nutrici&oacute;n, aporta un dato dif&iacute;cil de ignorar. Tras analizar 44 ensayos cl&iacute;nicos, encontr&oacute; que dos de cada tres ten&iacute;an alg&uacute;n v&iacute;nculo declarado con la industria c&aacute;rnica. Pero lo m&aacute;s llamativo aparece al mirar los resultados: mientras que los estudios independientes tend&iacute;an a encontrar efectos desfavorables de la carne roja sobre los factores de riesgo cardiovascular, los vinculados a la industria solo encontraron resultados neutros o favorables. Ninguno encontr&oacute; efectos desfavorables.
    </p><p class="article-text">
        Esto no significa que la industria c&aacute;rnica manipule la ciencia ni que los investigadores que colaboran con ella falseen sus resultados. Tener un v&iacute;nculo con la industria no convierte autom&aacute;ticamente un estudio en poco fiable. La cuesti&oacute;n es m&aacute;s sutil: lo que encontramos puede depender de la pregunta que hacemos y de aquello con lo que decidimos comparar la carne roja.
    </p><p class="article-text">
        Y aqu&iacute; aparece uno de los aspectos m&aacute;s interesantes del problema: &iquest;con qu&eacute; estamos comparando la carne roja? Retirar un alimento de la dieta siempre implica poner otro en su lugar, y el resultado puede cambiar mucho dependiendo de cu&aacute;l sea. Los estudios vinculados a la industria c&aacute;rnica tend&iacute;an a comparar la carne roja con otros alimentos de origen animal o con carbohidratos refinados, mientras que los independientes recurr&iacute;an con mayor frecuencia a fuentes de prote&iacute;na vegetal, como las legumbres. El resultado no era el mismo: cuando la comparaci&oacute;n era con fuentes de prote&iacute;na vegetal, la mayor&iacute;a de los estudios encontraba resultados desfavorables a nivel cardiovascular para el consumo carne roja; cuando era con otras fuentes de prote&iacute;na animal, los resultados eran mayoritariamente neutros.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia puede parecer una cuesti&oacute;n t&eacute;cnica, pero cambia por completo el relato cuando estos resultados salen de las revistas cient&iacute;ficas y llegan a los medios o a nuestras conversaciones cotidianas. Decir que &ldquo;la carne no perjudica la salud cardiovascular&rdquo; suena tranquilizador, pero, &iquest;qu&eacute; ocurre si la comparaci&oacute;n se hizo con otro alimento de origen animal que ya sabemos de partida que no es saludable? Y si se concluye que la carne es &ldquo;mejor&rdquo; que determinados carbohidratos refinados, &iquest;significa realmente que es saludable o simplemente que la alternativa era peor? No hace falta falsear los datos para construir un relato favorable. A veces basta con elegir la comparaci&oacute;n adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Y esto importa porque la industria tampoco necesita que toda la ciencia diga que sus productos son saludables. Basta con que exista suficiente incertidumbre para que cuestionarlos parezca exagerado. &ldquo;No est&aacute; tan claro&rdquo;, &ldquo;depende&rdquo;, &ldquo;la carne tambi&eacute;n tiene nutrientes que son beneficiosos&rdquo;, &ldquo;los estudios son contradictorios&rdquo;. Frases que pueden ser ciertas, pero que, sin el contexto que explica c&oacute;mo se obtuvieron esos resultados, terminan transmitiendo un mensaje muy diferente: que quiz&aacute; no haya motivos para cambiar nada.
    </p><p class="article-text">
        La historia tampoco es nueva. El tabaco nos dej&oacute; una <a href="https://ajph.aphapublications.org/doi/full/10.2105/AJPH.2011.300292" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lecci&oacute;n conocida</a>: una industria no necesita demostrar que su producto es bueno para proteger sus intereses; puede bastar con generar dudas sobre cu&aacute;nto da&ntilde;o hace. Algo parecido ha ocurrido con la industria de las <a href="https://journals.plos.org/plosmedicine/article?id=10.1371/journal.pmed.1001578" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bebidas azucaradas</a>. Cuando la evidencia parece contradictoria, la duda acaba convirti&eacute;ndose en una aliada.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de la carne, adem&aacute;s, la cuesti&oacute;n va mucho m&aacute;s all&aacute; de la salud. Hablamos de un alimento profundamente arraigado en nuestra cultura, de una industria con enormes intereses econ&oacute;micos y de <a href="https://traslosmuros.com/mataderos-espana-investigacion" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">millones de animales convertidos en productos de consumo</a>. Precisamente por eso, conviene mirar con especial atenci&oacute;n los discursos que presentan comer carne como una necesidad, una tradici&oacute;n que no admite discusi&oacute;n o incluso una elecci&oacute;n saludable. La ciencia deber&iacute;a servir para cuestionar nuestras certezas, no para buscar argumentos que nos permitan mantenerlas intactas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso quiz&aacute; la pregunta no sea si la carne roja es buena o mala. La pregunta es qu&eacute; ocurre cuando la ponemos frente a otras opciones y, sobre todo, qui&eacute;n decide c&oacute;mo hacemos esa comparaci&oacute;n. Porque la ciencia no se compra necesariamente con una conclusi&oacute;n favorable. A veces basta con financiar determinadas preguntas, elegir determinadas comparaciones y dejar que la duda haga el resto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel López Moreno]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Sep 2026 04:01:23 +0000]]></pubDate>
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