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    <title><![CDATA[elDiario.es - Inés Chao]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ines-chao/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Inés Chao]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Dos cosechas y cien kilómetros: una ruta por Valladolid siguiendo la uva y la aceituna]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/cosechas-cien-kilometros-ruta-valladolid-siguiendo-uva-aceituna_1_13504307.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5e86277-f5fb-4fa4-b204-311fcbf80f60_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos cosechas y cien kilómetros: una ruta por Valladolid siguiendo la uva y la aceituna"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Una ruta por Rueda, Ribera del Duero y Tierra de Campos para descubrir una provincia que cambia al ritmo del campo</p><p class="subtitle">El bar de vinos más famoso del mundo edita un libro, se muda a Tokio, abre una tienda y deja el punk para pasarse al pop</p></div><p class="article-text">
        A finales de agosto, las carreteras del sur de Valladolid empiezan a llenarse de camiones cargados de uva. En las bodegas de Rueda y Ribera del Duero se trabaja contrarreloj: llegan los racimos, se llenan los dep&oacute;sitos y el vi&ntilde;edo va perdiendo, poco a poco, el fruto que ha cuidado durante meses. Unas semanas despu&eacute;s, el color cambia. El verde de las cepas da paso a los ocres del oto&ntilde;o y, m&aacute;s al norte, en la Tierra de Campos vallisoletana, las protagonistas son otras: las aceitunas.
    </p><p class="article-text">
        Entre una escena y otra pasan apenas dos meses y menos de cien kil&oacute;metros. Es tiempo y distancia suficientes para recorrer la misma provincia siguiendo dos cosechas distintas y comprobar algo que no es evidente a simple vista: Valladolid ya no se explica solo por el vino. El aceite de oliva virgen extra, un producto asociado durante generaciones a latitudes m&aacute;s meridionales, se ha abierto un hueco en una comarca cuyo paisaje ha estado tradicionalmente ligado al cereal.
    </p><p class="article-text">
        Este a&ntilde;o, el calendario se ha adelantado. Las primeras parcelas de Rueda comenzaron a vendimiarse en torno al 17 de agosto, casi una semana antes que en la campa&ntilde;a anterior. No es un dato menor: este tipo de anticipaci&oacute;n se ha convertido en un fen&oacute;meno recurrente en buena parte de las denominaciones de origen espa&ntilde;olas en la &uacute;ltima d&eacute;cada, asociado al aumento de las temperaturas estivales, y Rueda no es una excepci&oacute;n. El orden de la ruta &mdash;vendimia primero, aceituna despu&eacute;s&mdash; es el mismo de siempre; lo que cambia, a&ntilde;o a a&ntilde;o, es el pulso exacto con el que la tierra marca el inicio de cada cosecha.
    </p><h2 class="article-text">Rueda, cuando el paisaje se llena de uva</h2><p class="article-text">
        El recorrido arranca en Rueda con las vi&ntilde;as llegando al final de su ciclo y los primeros racimos a punto de dejar la cepa. La denominaci&oacute;n de origen atraviesa, seg&uacute;n Carlos Yllera, presidente de la DO y director general de Yllera Bodegas y Vi&ntilde;edos, &ldquo;una etapa de consolidaci&oacute;n&rdquo;: han llegado nuevos proyectos, se ha invertido en investigaci&oacute;n y los vinos han ganado presencia en mercados exteriores.
    </p><p class="article-text">
        La mayor parte de la vendimia se concentra en los primeros d&iacute;as de septiembre, y es entonces cuando resulta m&aacute;s evidente todo lo que hay detr&aacute;s de una botella de verdejo: tractores, vendimiadores, camiones, dep&oacute;sitos y jornadas que se alargan mientras dure la campa&ntilde;a. Durante esas semanas, el trabajo en las bodegas deja ver la cara menos visible del vino, la que no llega a la copa.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DcI_ESMl8IB/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Rueda tambi&eacute;n guarda memoria bajo tierra. La familia Yllera conserva una bodega hist&oacute;rica formada por m&aacute;s de un kil&oacute;metro y medio de galer&iacute;as mud&eacute;jares, excavadas a mano en el siglo XV, cuando el vino se elaboraba y se conservaba en espacios cavados bajo los pueblos. La visita recorre pasillos estrechos de piedra con una temperatura que apenas var&iacute;a a lo largo del a&ntilde;o y explica, mejor que cualquier dato t&eacute;cnico, por qu&eacute; estas galer&iacute;as siguieron us&aacute;ndose durante siglos: el frescor constante conservaba el vino sin necesidad de otra tecnolog&iacute;a que la propia profundidad del subsuelo. Para Carlos Yllera, ese trayecto es tambi&eacute;n una forma de asomarse a la historia del territorio<em>: </em>&ldquo;Quien recorre esas galer&iacute;as no solo visita una bodega: atraviesa un patrimonio subterr&aacute;neo que explica c&oacute;mo se construy&oacute; la cultura del vino en esta zona&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Ribera del Duero, otra forma de leer el terreno</h2><p class="article-text">
        Desde Rueda, la ruta se dirige hacia el sureste, a Ribera del Duero, donde la tempranillo &mdash;tinto fino o tinta del pa&iacute;s, seg&uacute;n la zona&mdash; domina buena parte de las parcelas. Aqu&iacute; la altitud es determinante: algunos vi&ntilde;edos superan los 900 metros, y esa cota, combinada con la diversidad de suelos de la denominaci&oacute;n, ayuda a explicar el car&aacute;cter de sus vinos.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, junto a las grandes bodegas hist&oacute;ricas, ha crecido una generaci&oacute;n de proyectos familiares m&aacute;s peque&ntilde;os. Uno de ellos es Finca Rodma, puesta en marcha por la familia Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez a finales de 2022 en la llamada Milla de Oro de la denominaci&oacute;n. Su propuesta de enoturismo apuesta por grupos reducidos y por el contacto directo con el vi&ntilde;edo: recorrer las parcelas, observar c&oacute;mo cambia el suelo de una a otra y terminar la visita con una cata que relaciona cada vino con el paisaje del que procede. &ldquo;Abrimos nuestra casa para que cada persona descubra el paisaje, la historia y la cultura de Ribera del Duero&rdquo;, resume Sof&iacute;a Alc&aacute;zar, responsable de enoturismo de la bodega.
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                Pinos y viñedos en la zona vinícola de la Ribera del Duero, Valladolid,.                            </span>
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        Septiembre a&ntilde;ade aqu&iacute; un elemento que no existe el resto del a&ntilde;o: las bodegas reciben la uva de la nueva cosecha y todo el proceso de elaboraci&oacute;n pasa a ocupar el centro de la actividad. Pe&ntilde;afiel completa esta parte de la ruta. Su castillo y el Museo Provincial del Vino recuerdan que la viticultura, en esta comarca, ha dejado de ser solo una actividad agr&iacute;cola para convertirse tambi&eacute;n en una forma de recorrer y entender el territorio.
    </p><h2 class="article-text">Tierra de Campos, cuando llega la aceituna</h2><p class="article-text">
        La vendimia queda atr&aacute;s y el paisaje empieza a cambiar. En Tierra de Campos, donde el cereal ha dominado hist&oacute;ricamente los campos, el verdejo da paso al olivo, un cultivo poco habitual en el imaginario de Castilla y Le&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En Medina de Rioseco se encuentra Pago de Valdecuevas, un proyecto que arranc&oacute; en 2008 con la plantaci&oacute;n de olivos de arbequina a 850 metros de altitud &mdash;una cota inusualmente alta para este cultivo&mdash; y que tres a&ntilde;os despu&eacute;s puso en marcha su propia almazara, integrada en la finca y dise&ntilde;ada para que la aceituna pase del &aacute;rbol a la molturaci&oacute;n en cuesti&oacute;n de horas.
    </p><p class="article-text">
        La imagen rompe con la asociaci&oacute;n inmediata entre olivar y sur de Espa&ntilde;a, y es precisamente esa localizaci&oacute;n at&iacute;pica lo que da al proyecto su personalidad: una plantaci&oacute;n que ha introducido un cultivo distinto en una comarca vinculada durante generaciones a los cereales, y que ha contribuido, con el tiempo, a situar a Valladolid en el mapa &mdash;todav&iacute;a minoritario&mdash; de la producci&oacute;n espa&ntilde;ola de aceite de oliva virgen extra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La visita guiada comienza en el olivar y contin&uacute;a en la almazara, donde durante la campa&ntilde;a se puede seguir el proceso completo: la aceituna que llega directamente del campo, el lavado, la molienda y el momento en que empieza a salir el aceite. Ese recorrido ayuda a entender c&oacute;mo se transforma la aceituna en aceite y qu&eacute; importancia tiene cada paso. &ldquo;El oleoturismo nos permite acercar al visitante a la cultura del aceite de oliva virgen extra y mostrarle todo el proceso, desde que la aceituna est&aacute; en el campo hasta que se convierte en aceite&rdquo;, explica Chelo Mi&ntilde;ana, directora general del Grupo Valdecuevas. Para quien nunca ha pisado una almazara, seguir cada fase resulta especialmente revelador: descubrir que, antes de llegar a una botella, el aceite nace de un trabajo r&aacute;pido y preciso que sucede a pocos metros del olivo.
    </p><blockquote class="instagram-media" data-instgrm-version="14" data-instgrm-permalink="https://www.instagram.com/p/DaiooRoDayH/"></blockquote><script async src="https://www.instagram.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        La recogida arranca en noviembre, cuando el vi&ntilde;edo ya ha dejado atr&aacute;s su momento de mayor actividad. El paisaje vuelve a cambiar y la aceituna ocupa el lugar que, unas semanas antes, correspond&iacute;a a la uva. No se trata solo de sustituir una cosecha por otra: es la prueba de que un cultivo asociado tradicionalmente a otras latitudes ha encontrado, tambi&eacute;n aqu&iacute;, su propio espacio.
    </p><h2 class="article-text">Una ruta, dos calendarios</h2><p class="article-text">
        La distancia entre los tres puntos permite plantear el recorrido como una misma ruta, aunque no como un &uacute;nico viaje. Rueda y Pe&ntilde;afiel est&aacute;n a poco m&aacute;s de media hora en coche, y Medina de Rioseco queda a una hora de cualquiera de los dos. Pero la clave no est&aacute; en el mapa, sino en el calendario: en septiembre, el protagonista es el vino; en noviembre, el aceite. No hace falta elegir entre una experiencia y otra &mdash;se puede volver a la provincia en momentos distintos del a&ntilde;o y encontrar, cada vez, un territorio diferente
    </p><p class="article-text">
        Para quien quiera convertir el itinerario en un viaje concreto, conviene tener en cuenta que cada bodega y almazara fija sus propias condiciones de visita, precios y disponibilidad seg&uacute;n la temporada, por lo que es recomendable confirmarlos antes de planificar la ruta.
    </p><p class="article-text">
        Seguir ese calendario agr&iacute;cola permite observar c&oacute;mo dos cultivos, uno arraigado desde hace siglos y otro todav&iacute;a en expansi&oacute;n, moldean el paisaje de una misma provincia y construyen, cada uno a su ritmo, una forma distinta de contar su gastronom&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Inés Chao]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/cosechas-cien-kilometros-ruta-valladolid-siguiendo-uva-aceituna_1_13504307.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2026 21:22:50 +0000]]></pubDate>
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