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    <title><![CDATA[elDiario.es - Meritxell Tena]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/meritxell-tena/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Meritxell Tena]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Una 'Aida' reinventada para Anna Netrebko abre la temporada del Liceu]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/aida-reinventada-anna-netrebko-abre-temporada-liceu_129_13540290.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4280e2df-56ca-4b88-b554-14d41a544d4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_1152094.jpg" width="2850" height="1603" alt="Una &#039;Aida&#039; reinventada para Anna Netrebko abre la temporada del Liceu"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bajo la atenta dirección musical de Antonello Manacorda, la soprano ruso-austríaca protagoniza en el teatro barcelonés la producción de la artista visual iraní Shirin Neshat centrada en los estragos de la guerra</p><p class="subtitle">Romeo Castellucci fascina y descoloca el Liceu al mismo tiempo con su poema escénico basado en el 'Réquiem' de Mozart
</p></div><p class="article-text">
        Existen &oacute;peras tan ancladas a su contexto que resulta casi inimaginable disociarlas del mundo que crean. <em>Aida</em>, con sus continuas referencias a faraones y a Osiris, sus marchas triunfales y sus rituales mist&eacute;ricos, es una de ellas. Y, sin embargo, la producci&oacute;n que abre la temporada en <a href="https://www.liceubarcelona.cat/ca/aida?utm_source=pmax&amp;utm_medium=search&amp;utm_campaign=aida&amp;utm_term=opera&amp;utm_content=pmax&amp;gad_source=1&amp;gad_campaignid=24272412377&amp;gbraid=0AAAABCTDYEXmTyu-6SegR57y_HmBD_ShQ&amp;gclid=Cj0KCQjw2t3VBhD8ARIsAK0F6qzm7fQgsz4q0IyfcQMOD3YEwLSVhVyrAVATCE3QkPfO8V1x8kGpa6AaAjoXEALw_wcB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el Liceu de Barcelona</a> pretende convertir la obra maestra de Verdi en un tributo a la universalidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible actualizar <em>Aida</em>? &iquest;Es necesario? La fot&oacute;grafa y artista visual iran&iacute; Shirin Neshat, famosa por sus videoinstalaciones, cree que s&iacute;. En su primera incursi&oacute;n en la direcci&oacute;n de escena, utiliza su origen y su pasado para trazar una l&iacute;nea directa entre el Egipto imaginario y algo encorsetado del libretista Ghislanzoni y la sinraz&oacute;n gen&eacute;rica de la guerra, con una atenci&oacute;n especial a dar voz a los vencidos.
    </p><p class="article-text">
        Su visi&oacute;n se traduce en una caja esc&eacute;nica giratoria &mdash;hasta aqu&iacute;, nada nuevo bajo el sol&mdash; que se trasmuta en los diferentes espacios y sobre la que se proyectan im&aacute;genes (el mar de la patria perdida, la matanza de los et&iacute;opes, la ceremonia de vestir a Aida de novia fantasmag&oacute;rica&hellip;). La frialdad y el tama&ntilde;o descomunal de la escenograf&iacute;a simbolizan la opresi&oacute;n y el ahogamiento de los personajes aplastados por sus tr&aacute;gicas circunstancias. 
    </p><p class="article-text">
        No hay opulencia, hero&iacute;smo ni glorificaci&oacute;n del vencedor, sino una buscada austeridad y una inmovilidad tan implacable como el destino de los protagonistas. Los tenebrosos interludios entre cuadros, con decenas de figuras absortas que atraviesan el escenario a tel&oacute;n cerrado con parsimonia un tanto irritante, subrayan el mensaje de Neshat: el fanatismo religioso y el militarismo conducen a la destrucci&oacute;n de la esencia del ser humano.
    </p><p class="article-text">
        La directora prioriza el efecto pl&aacute;stico sobre el narrativo y busca impactar con im&aacute;genes, tengan o no sentido a nivel dram&aacute;tico, como el improbable enfrentamiento de las damas de Amneris con los soldados o el ametrallamiento de los prisioneros a pesar de que les acaban de conceder el perd&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A menudo, la preponderancia del concepto visual va en detrimento del resultado musical. As&iacute; sucede en pasajes de esta <em>Aida</em> originalmente creada para el festival de Salzburgo de 2017 y revisitada posteriormente, donde los cantantes se encuentran lejos de la orquesta y el p&uacute;blico cuando se sit&uacute;an dentro del artefacto esc&eacute;nico, a lo que quiz&aacute; debamos atribuir puntuales desajustes y falta de balance entre algunas voces y la orquesta.
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                Montaje escénico de Aida en el Liceu.                            </span>
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        No hay <em>Aida</em> sin una soprano protagonista excepcional y, en este punto, el Liceu se ha marcado el tanto de fichar a una que, para lo bueno y para lo malo, lo es: Anna Netrebko. El instrumento es tan prodigioso que le permite hacerse perdonar todo lo dem&aacute;s: dicci&oacute;n descuidada, <em>fiato </em>insuficiente, fraseo sin intenci&oacute;n&hellip; Y la marca de la casa, el oscurecimiento artificial en el registro grave que ensucia la emisi&oacute;n con un engolamiento que, queriendo incrementar el dramatismo, afea una voz &uacute;nica, con una personalidad arrolladora.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, en el estreno Netrebko sorprendi&oacute; con unos agudos limpios y de gran belleza, y un canto matizado que la llev&oacute; a arriesgar incluso con <em>pianissimi </em>y notables medias voces. No ayud&oacute; su interpretaci&oacute;n alucinada, de movimientos forzados y arrebato m&iacute;stico, que llev&oacute; a su Aida a corretear de un lado a otro como un remedo de bailarina cl&aacute;sica desorientada. Aun as&iacute;, vino a cantar y lo hizo con implicaci&oacute;n y entrega, y en noches as&iacute; se entiende su condici&oacute;n de diva.
    </p><p class="article-text">
        Dedicaci&oacute;n tuvo tambi&eacute;n el gran fiasco de la noche del viernes, el tenor Ivan Gyngazov, de voz interesante pero falto de buen gusto, agudos abiertos, canto brusco y emisi&oacute;n retra&iacute;da. Su querencia al <em>forte </em>puede jugar a favor del guerrero, pero imposibilita la humanizaci&oacute;n de Radam&eacute;s y su retrato como enamorado. De una salida desangelada con un <em>Celeste Aida </em>culminado con un si bemol gritado m&aacute;s que cantado (es decir, lo contrario del <em>morendo </em>que indica Verdi en la partitura), Gyngazov pas&oacute; a una interpretaci&oacute;n m&aacute;s gallarda con momentos vibrantes de los que levantan al p&uacute;blico de la butaca, pero su visi&oacute;n del personaje es excesivamente plana.
    </p><p class="article-text">
        En el extremo opuesto se sit&uacute;an los magn&iacute;ficos Ekaterina Semenchuk como Amneris y Artur Ruci&#324;ski como Amonasro. La mezzosoprano dibuj&oacute; con voz flexible y extensi&oacute;n notable una princesa profundamente humana, sensual sin caer en la vulgaridad, alejada de la caricatura de malvada cruel y caprichosa. De graves s&oacute;lidos, autoridad canora, discurso claro y instrumento carnoso, domin&oacute; todas sus escenas y result&oacute; especialmente conmovedora en el cuarto acto, donde oscil&oacute; entre la rabia de un penetrante <em>L&rsquo;aborrita rivale a me sfuggia&hellip; </em>a la vulnerabilidad en <em>Gi&agrave; i sacerdoti adunansi</em>, donde abandona -metaf&oacute;ricamente- el ropaje regio para convertirse en una mujer doliente que suplica por la vida de su amado. 
    </p><p class="article-text">
        El bar&iacute;tono polaco demostr&oacute; entender el concepto de <em>italianit&agrave; </em>m&aacute;s que algunos nativos y logr&oacute; la cuadratura del c&iacute;rculo verdiana: resultar veros&iacute;mil al mismo tiempo como figura dominante y padre amoroso. Su <em>Rivedrai le foreste imbalsamate </em>del tercer acto, cuando Amonasro pinta ante su hija la posibilidad de un futuro feliz, fue evocador y po&eacute;tico. En el resto de voces graves, ante la eficiencia un tanto inane de George Andguladze como rey, la elegancia, <em>cantabilit&agrave; </em>y fraseo cuidado de Alexander K&ouml;peczi como Ramfis, un gran sacerdote que eman&oacute; honestidad y nobleza.
    </p><p class="article-text">
        La atenta direcci&oacute;n de Antonello Manacorda al frente de la Orquesta del Gran Teatre del Liceu se adecu&oacute; al concepto minimalista, pesimista y oscuro de Neshat, con marchas que parec&iacute;an f&uacute;nebres en lugar de celebratorias y una ausencia de efectismo muy bienvenida que aleja su lectura de ciertas banalizaciones y simplificaciones a las que se somete la inmortal partitura verdiana. 
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                    alt="La monumentalidad del coro es uno de los elementos clave de la obra."
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                La monumentalidad del coro es uno de los elementos clave de la obra.                            </span>
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        El director supo destacar los detalles de la preciosista escritura con claridad discursiva y texturas diferenciadas, y guio a la masa orquestal con sensibilidad y minuciosidad. No se limit&oacute; a acompa&ntilde;ar ni se opac&oacute; voluntariamente para dejar espacio a los cantantes. Brillaron los violoncelos, las flautas y, por supuesto, el clarinete y el oboe, a los que el compositor reserva impresionantes momentos de lucimiento solista. Es obligatorio destacar los di&aacute;fanos metales en escena <em>Gloria all&rsquo;Egitto, ad Iside</em>, lejos de la estridencia con que nos acostumbran a torturar. 
    </p><p class="article-text">
        El coro masculino, especialmente bajos y bar&iacute;tonos, ofreci&oacute; momentos sorprendentes con preciosas intervenciones de gravedad lit&uacute;rgica. No salieron a avasallar, sino a transportarnos con &eacute;xito a un plano espiritual. Se ech&oacute; de menos cierta languidez o abandono levantino en el coro de esclavas de Amneris, pero, por lo dem&aacute;s, el papel del coro femenino fue tambi&eacute;n notable.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace unos a&ntilde;os, el Liceu ha querido <em>glamourizar </em>el arranque de la primera producci&oacute;n de la temporada con la presencia de personalidades p&uacute;blicas y de la cultura que pisan una alfombra roja y pasan por un <em>photocall</em>. Este viernes, adem&aacute;s, hubo una protesta antiPutin frente al teatro de una veintena de personas.
    </p><p class="article-text">
        El estreno cont&oacute; con una nutrida representaci&oacute;n pol&iacute;tica e institucional y se escenific&oacute; el cambio de presidencia de la Fundaci&oacute;n del Gran Teatre del Liceu, que pasa de Salvador Alemany a la primera mujer en el cargo, Helena Guardans. 
    </p><p class="article-text">
        Se hace dif&iacute;cil valorar el &eacute;xito de la noche ante p&uacute;blico no habitual, pero s&iacute; cabe mencionar algunas deserciones despu&eacute;s del entreacto, un t&iacute;mido intento de abucheo a la producci&oacute;n y una ovaci&oacute;n encendida para Anna Netrebko, que, no obstante, no ocult&oacute; el desfile de espectadores que abandon&oacute; el teatro durante los aplausos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Meritxell Tena]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/aida-reinventada-anna-netrebko-abre-temporada-liceu_129_13540290.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 26 Sep 2026 21:06:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una 'Aida' reinventada para Anna Netrebko abre la temporada del Liceu]]></media:title>
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