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    <title><![CDATA[elDiario.es - Ofer Chen]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/ofer-chen/]]></link>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[NAZA: La lengua que convierte a un ser humano en 'daño colateral']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/naza-lengua-convierte-humano-dano-colateral_129_13532805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b0771bee-fad8-4a81-9c5a-cb70fbdb685b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="NAZA: La lengua que convierte a un ser humano en &#039;daño colateral&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La película 'NAZA' no se ocupa únicamente de las consecuencias de los bombardeos sobre Gaza, sino también del mecanismo que los precedió. ¿Qué podemos aprender sobre el grado de moralidad de una sociedad que envuelve el daño infligido a civiles inocentes en el lenguaje profesional y neutral del "daño colateral"?</p></div><p class="article-text">
        Hay pel&iacute;culas que cuentan una historia, hay pel&iacute;culas en las que la tormenta p&uacute;blica que las rodea se convierte en una historia en s&iacute; misma, y hay pel&iacute;culas que son ambas cosas. El documental de Yuval Abraham y Rachel Szor <em>NAZA-Da&ntilde;o colateral</em>, que recibi&oacute; un premio en el Festival de Venecia, pertenece a esta &uacute;ltima categor&iacute;a. Basado en los testimonios an&oacute;nimos de 24 soldados y oficiales de inteligencia que sirvieron en Gaza, la pel&iacute;cula no se ocupa &uacute;nicamente de las consecuencias de los bombardeos, sino tambi&eacute;n del mecanismo que los precedi&oacute;: la recopilaci&oacute;n de informaci&oacute;n, la selecci&oacute;n de los objetivos, la evaluaci&oacute;n del n&uacute;mero de civiles que podr&iacute;an resultar afectados y la cuesti&oacute;n de qu&eacute; puede considerarse un &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo; justificado. Sin embargo, parece que la tormenta p&uacute;blica suscitada por la pel&iacute;cula pasa por alto la cuesti&oacute;n m&aacute;s profunda que plantea a la sociedad israel&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, se puede discutir la fiabilidad de uno u otro testimonio, examinar si un determinado recuerdo se corresponde con los hechos y preguntarse si existen casos que pudieran constituir fundamento para una acci&oacute;n judicial. Pero hay un hecho que no admite discusi&oacute;n, y est&aacute; inscrito precisamente en el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula: &iquest;qu&eacute; podemos aprender sobre el grado de moralidad de una sociedad que envuelve el da&ntilde;o infligido a civiles inocentes en el lenguaje profesional y neutral del &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo;? En este universo terminol&oacute;gico, una casa se convierte en una &ldquo;estructura&rdquo;, una familia se convierte en un &ldquo;n&uacute;mero&rdquo; y un ni&ntilde;o muerto se convierte en un civil que se encontraba casualmente cerca de un objetivo. La propia muerte se convierte en un dato dentro de un sistema de consideraciones profesionales. As&iacute; se crea la posibilidad psicol&oacute;gica y moral de contemplar una cat&aacute;strofe a distancia. Es precisamente en este punto donde el lenguaje pierde su verdadero significado, y una sociedad pierde su sentido moral.
    </p><p class="article-text">
        Incluso antes de que la pel&iacute;cula fuera proyectada en Israel, sus autores ya hab&iacute;an sido objeto de una campa&ntilde;a de difamaci&oacute;n. Fueron calificados de traidores y acusados de &ldquo;perjudicar a los soldados del ej&eacute;rcito israel&iacute;&rdquo;, como si el ej&eacute;rcito tuviera una pol&iacute;tica independiente y separada de la del Gobierno. Netanyahu marc&oacute; la pauta al sostener que deb&iacute;a revoc&aacute;rseles la ciudadan&iacute;a, aparentemente partiendo del supuesto de que la cr&iacute;tica a la pol&iacute;tica de su Gobierno justificaba semejante medida. Es evidente que el motivo de esta escalada -consideraciones electorales y el intento de desviar la atenci&oacute;n de los fracasos del Gobierno hacia los &ldquo;traidores de izquierda&rdquo;- no hace sino ilustrar la c&eacute;lebre frase de Samuel Johnson seg&uacute;n la cual &ldquo;el patriotismo es el &uacute;ltimo refugio del canalla&rdquo;. Al mismo tiempo, cabe se&ntilde;alar no solo que las acusaciones planteadas en la pel&iacute;cula han recibido muy pocas respuestas sustantivas, sino tambi&eacute;n que precisamente en las declaraciones de portavoces oficiales y ministros del Gobierno pueden encontrarse elementos que refuerzan algunas de las acusaciones formuladas en ella. Por ejemplo, seg&uacute;n las estimaciones israel&iacute;es, aproximadamente un tercio de los muertos en Gaza eran combatientes de Ham&aacute;s. En otras palabras, los dos tercios restantes eran civiles u otros no combatientes, lo que vuelve a plantear la cuesti&oacute;n de qu&eacute; se entiende realmente por &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo;. O, por poner otro ejemplo, en un mensaje publicado hace unos d&iacute;as, el ministro de Defensa Israel Katz se jact&oacute; de que &ldquo;hoy existe en Gaza una zona de seguridad limpia de habitantes y viviendas&rdquo;, que abarca aproximadamente el 70% de la superficie de la Franja. Incluso dejando de lado el contexto pol&iacute;tico en el que fueron pronunciadas estas palabras, es imposible no preguntarse qu&eacute; significa realmente la expresi&oacute;n &ldquo;limpia de habitantes y viviendas&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; fue de las personas que viv&iacute;an en esas casas? &iquest;Ad&oacute;nde fueron? Y, sobre todo, &iquest;c&oacute;mo pueden t&eacute;rminos desprovistos de carga emocional como &ldquo;zona de seguridad&rdquo;, &ldquo;limpia de habitantes&rdquo; y &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo; facilitar que una sociedad eluda su responsabilidad moral?
    </p><p class="article-text">
        Si la pel&iacute;cula observa el mecanismo israel&iacute; de toma de decisiones, el relato del historiador franc&eacute;s Jean-Pierre Filiu, desarrollado ampliamente en su libro <em>Un historien &agrave; Gaza</em>, permite cambiar de perspectiva y observar las consecuencias desde el otro lado. Filiu, que conoce bien Gaza, visit&oacute; la Franja en diciembre de 2024 y constat&oacute; la profunda distancia entre el lugar que conoc&iacute;a y lo que ahora se presentaba ante sus ojos.
    </p><p class="article-text">
        Filiu comienza su relato describiendo paisajes de devastaci&oacute;n que recuerdan al Infierno de Dante. Una cadena casi ininterrumpida de ruinas transforma la destrucci&oacute;n de una serie de lugares separados en la devastaci&oacute;n de un territorio entero. En Jan Yunis, la ciudad que conoc&iacute;a bien, se encuentra ante un paisaje de cr&aacute;teres, escombros y edificios que han perdido su identidad. De una mezquita solo queda un minarete; una calle entera est&aacute; bloqueada por un edificio derrumbado, y el hospital Dar al-Salam ha quedado reducido a un mont&oacute;n de escombros. Filiu subraya que ha visitado distintos escenarios de guerra, pero que, seg&uacute;n afirma, nunca hab&iacute;a visto nada semejante. Las cifras que aporta dan una idea de la magnitud de la destrucci&oacute;n: el 87% de los edificios residenciales resultaron da&ntilde;ados, m&aacute;s del 80% de los establecimientos comerciales fueron destruidos y dos tercios de la red de carreteras quedaron inutilizados. Pero por impresionantes que sean, las cifras no cuentan toda la historia. Detr&aacute;s de cada edificio derrumbado hab&iacute;a vidas enteras; detr&aacute;s de cada barrio desaparecido hab&iacute;a un tejido social, y detr&aacute;s de cada cifra se esconden seres humanos, familias, recuerdos y sue&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        La dimensi&oacute;n humana de la devastaci&oacute;n se hace visible en las historias personales que relata Filiu. Describe a personas que han perdido incluso la posibilidad de saber d&oacute;nde se encontraba su casa, a personas enterradas vivas bajo los escombros y a familias que han perdido su entorno vital y la comunidad a la que pertenec&iacute;an. Seg&uacute;n los datos recogidos en su testimonio, alrededor de 1,9 millones de personas se vieron obligadas a abandonar su lugar de residencia m&aacute;s de una vez. Al final de este proceso no les esperaba otra casa, sino una tienda de campa&ntilde;a y un espacio reducido de menos de dos metros cuadrados por persona.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los ejemplos m&aacute;s estremecedores de la devastaci&oacute;n de Gaza se encuentra en la historia de la familia Mahmoud al-Fassi. Despu&eacute;s de haber sido desplazada una y otra vez, la familia encontr&oacute; refugio en una tienda de campa&ntilde;a junto al mar. Durante una noche fr&iacute;a y tormentosa, su hija Sila, de apenas tres semanas, temblaba de fr&iacute;o. A la ma&ntilde;ana siguiente, sus padres la encontraron sin vida. En el hospital Nasser se determin&oacute; que hab&iacute;a muerto de hipotermia. Fue el tercer caso de este tipo en el mismo hospital en un per&iacute;odo de cuarenta y ocho horas, despu&eacute;s de la muerte de un beb&eacute; de tres d&iacute;as y de otro de un mes. Es dif&iacute;cil leer el testimonio de Filiu y permanecer dentro del lenguaje est&eacute;ril del &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo;. Detr&aacute;s de este t&eacute;rmino hay una beb&eacute; de tres semanas; hay un padre y una madre que intentan mantener caliente su cuerpo; y por la ma&ntilde;ana encuentran a su hija muerta.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo; no se limita a la muerte y a la destrucci&oacute;n del n&uacute;cleo familiar. Se extiende a las condiciones m&aacute;s b&aacute;sicas de la existencia. Filiu describe vertederos al aire libre, ni&ntilde;os descalzos, tiendas que no protegen del viento y de la lluvia, fosas para aguas residuales excavadas en la arena, el olor de las aguas negras y la falta de privacidad. El agua es quiz&aacute; el ejemplo m&aacute;s evidente de la desintegraci&oacute;n de las condiciones b&aacute;sicas de vida. Seg&uacute;n los datos que aporta, antes de la guerra la cantidad diaria de agua disponible era de unos 80 litros por persona, mientras que a finales de 2024 hab&iacute;a descendido a unos nueve litros por persona al d&iacute;a, de los cuales aproximadamente dos estaban destinados al consumo. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, la cifra oculta la realidad tanto como la describe. Nueve litros no son solo un dato estad&iacute;stico. Son una persona haciendo cola con un bid&oacute;n, un ni&ntilde;o esperando agua, una familia que no sabe cu&aacute;ndo podr&aacute; volver a llenar su recipiente.
    </p><p class="article-text">
        La devastaci&oacute;n tambi&eacute;n es visible en el sistema sanitario. Filiu describe hospitales transformados de lugares de atenci&oacute;n m&eacute;dica en espacios de miedo, escasez y asedio. Heridos y enfermos se ven obligados a recibir tratamiento en condiciones extremas, mientras un sistema incapaz de garantizar una atenci&oacute;n b&aacute;sica tiene que hacer frente a la escasez de medios y de personal. Seg&uacute;n los datos que aporta, mil pacientes sometidos a di&aacute;lisis y unos diez mil enfermos de c&aacute;ncer han perdido el acceso esencial al tratamiento y al seguimiento m&eacute;dico.
    </p><p class="article-text">
        Al final, el relato de Filiu completa la pel&iacute;cula. Si la pel&iacute;cula se ocupa de las decisiones militares, Filiu se ocupa de sus consecuencias humanas. Parte del ser humano que se encuentra en el extremo opuesto de la decisi&oacute;n militar: de la familia desplazada, del ni&ntilde;o que busca agua, de la beb&eacute; que muri&oacute; de fr&iacute;o, del enfermo que espera ser atendido, del m&eacute;dico que sigue atendiendo en condiciones imposibles, de la ciudad arrasada y de una sociedad que se ha desintegrado.
    </p><p class="article-text">
        Se puede discutir sobre los datos, los testimonios o una determinada decisi&oacute;n militar. Pero el debate sobre los hechos no puede borrar la cuesti&oacute;n moral: &iquest;qu&eacute; ocurre cuando todo un sistema se acostumbra a describir a los seres humanos mediante t&eacute;rminos que le permiten distanciarse del significado humano de sus propios actos? &ldquo;Da&ntilde;o colateral&rdquo; es un t&eacute;rmino que organiza la realidad desde el punto de vista del sistema militar. Selecciona, clasifica y calcula. Pero no describe la experiencia de quien vive al otro lado de ese t&eacute;rmino. En Gaza no existe ning&uacute;n &ldquo;da&ntilde;o colateral&rdquo;. Existe la p&eacute;rdida de una casa, de una familia, de un cuerpo, de un recuerdo y de un futuro.
    </p><p class="article-text">
        En el momento en que definimos el da&ntilde;o infligido a los seres humanos mediante un t&eacute;rmino t&eacute;cnico y profesional, resulta m&aacute;s f&aacute;cil distanciarse de su significado. El testimonio de Filiu hace exactamente lo contrario: devuelve a los t&eacute;rminos y a las cifras rostros, familias, miedo, dolor y muerte. Coloca frente al lenguaje abstracto de la guerra sus consecuencias concretas.
    </p><p class="article-text">
        La sociedad israel&iacute; puede ignorar la realidad, puede condenar a los autores de la pel&iacute;cula e incluso seguir dej&aacute;ndose fascinar por un prestidigitador vac&iacute;o y carente de sustancia, pero nada de todo ello la eximir&aacute; de su responsabilidad. Y aunque pasen mil a&ntilde;os, las injusticias cometidas en su nombre jam&aacute;s quedar&aacute;n blanqueadas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ofer Chen]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/naza-lengua-convierte-humano-dano-colateral_129_13532805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 20:29:56 +0000]]></pubDate>
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