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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pilar Sànchez]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Pilar Sànchez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Casa 47 y la aceleración del desencanto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/casa-47-aceleracion-desencanto_129_13534399.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf22b06e-62b9-40a4-82cb-d6d045b188a5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x749y331.jpg" width="1200" height="675" alt="Casa 47 y la aceleración del desencanto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Añadir pisos al parque de vivienda pública, tanto si son 800 como 40.000, siempre es mejor que dejar de hacerlo. Lo que es un despropósito es revestirlo de anuncio triunfal para insuflar aire a una legislatura agónica</p></div><p class="article-text">
        En medio de la tormenta pol&iacute;tica que amenaza con ahogar al gobierno, el otro d&iacute;a alguien en el PSOE tuvo una ocurrencia brillante: un portal de vivienda p&uacute;blica que &ldquo;cambiar&aacute; las reglas del juego&rdquo;. 24 horas despu&eacute;s, el rid&iacute;culo era de proporciones tan colosales que la presidenta de Casa 47 ten&iacute;a que salir a dar explicaciones. Era previsible. A estas alturas, la crisis de la vivienda es algo demasiado serio como para sortear 800 miserables viviendas en todo el Estado, salir a anunciarlo a bombo y platillo &mdash;con atril, pantalla gigante y discurso del presidente&mdash; y esperar que nos lo tomemos de otra forma que como un insulto a nuestra inteligencia.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, no confundamos las cosas. Un piso m&aacute;s para el parque de vivienda p&uacute;blica siempre es una buena noticia. El problema con la jugada maestra de Casa 47 tiene varias aristas y hay que examinarlas paso a paso.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;De d&oacute;nde salen los pisos?</strong></h2><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la presidenta de Casa 47, Maribel Ramos, estas primeras viviendas incorporadas al portal son las que se han expropiado a la SAREB, recuperadas &ldquo;a coste cero&rdquo;. Nada me gustar&iacute;a m&aacute;s que esto fuera verdad, pero ni que decir tiene que Ramos omite buena parte de la pel&iacute;cula. Y es una pel&iacute;cula de ladrones y robos magistrales.
    </p><p class="article-text">
        La historia comienza hace 14 a&ntilde;os, cuando se crea la SAREB con el objetivo de sanear las cuentas de la banca espa&ntilde;ola a ra&iacute;z de la crisis inmobiliaria de 2008. Con 2.200 millones de euros p&uacute;blicos y un pr&eacute;stamo de 51.000 millones, avalado por el Estado &mdash;detalle importante&mdash;, la SAREB se dedica a comprar los activos t&oacute;xicos de los bancos: viviendas procedentes de embargos y desahucios, cuyos precios se hab&iacute;an desplomado despu&eacute;s del estallido de la burbuja. Es decir, fue una pieza clave del rescate bancario, pagando un precio que entonces nadie estaba dispuesto a pagar, con el fin de tapar el agujero en los balances de los bancos.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquellos a&ntilde;os, la SAREB lleg&oacute; a reunir centenares de miles de inmuebles, que despu&eacute;s malvender&iacute;a de forma opaca a fondos buitre como Cerberus o Blackstone. El resultado son unos 20.000 millones de euros de deuda que arrastra actualmente la SAREB, cuando ya ha vendido la mayor&iacute;a de sus activos. Una deuda p&uacute;blica millonaria que tendremos que pagar con nuestros impuestos. Los 40.000 inmuebles que se incorporar&aacute;n a Casa47 son los restos, los pisos menos atractivos, que todav&iacute;a no se han vendido y que s&iacute; pagaremos en forma de deuda. Las sobras, recalentadas en el microondas, de una fiesta a la que no nos han invitado.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Falsas ilusiones</strong></h2><p class="article-text">
        Dec&iacute;a que a&ntilde;adir pisos al parque de vivienda p&uacute;blica, tanto si son 800 como 40.000, siempre es mejor que dejar de hacerlo. Lo que es un desprop&oacute;sito es revestirlo de anuncio triunfal para insuflar aire a una legislatura ag&oacute;nica. Un desprop&oacute;sito, pero no una novedad, porque ha sido el <em>modus operandi</em> del Gobierno: prometer panaceas a trav&eacute;s de medidas legislativas que despu&eacute;s acaban teniendo una incidencia imperceptible, cuando no nula, en las condiciones de vida de la clase trabajadora.
    </p><p class="article-text">
        Parece que, con cada nuevo intento, se acorta la distancia entre la promesa y el desencanto, se acelera la velocidad con la que la ilusi&oacute;n se convierte en frustraci&oacute;n. Este malestar constituye el alimento b&aacute;sico de la extrema derecha, y el rid&iacute;culo del otro d&iacute;a con Casa 47, una promesa que ya ol&iacute;a a muerto en el momento de nacer, fue un regalito servido en bandeja para los de Vox.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo, el problema va m&aacute;s all&aacute; del caso de Casa 47. El desastre se extiende a una promesa m&aacute;s amplia de la que Casa 47 solo es una concreci&oacute;n: la vivienda p&uacute;blica, un sintagma que designa un horizonte de consenso para las izquierdas y parte del sentido com&uacute;n general. M&aacute;s all&aacute; de recetas de emergencia, nos dicen que la soluci&oacute;n a largo plazo pasa por eso de la vivienda p&uacute;blica. &iquest;Qu&eacute; es lo que falla en este sue&ntilde;o de convertirnos en una Viena meridional?
    </p><p class="article-text">
        Si hablamos del parque de vivienda p&uacute;blica, me temo que el tama&ntilde;o s&iacute; importa. Un parque capaz de garantizar un techo para todo el mundo o, como m&iacute;nimo, de atemperar los excesos del mercado privado, tiene que ser algo suficientemente significativo. Por ejemplo, en Viena, donde conviene decir que no todo es de color de rosa, los pisos de titularidad municipal y los de las cooperativas suman un 40% del total. En el estado espa&ntilde;ol, estamos alrededor del 3,4%. Los 100.000 nuevos alquileres p&uacute;blicos que ha prometido la ministra de vivienda quiz&aacute; nos situar&iacute;an en el 3,5% de aqu&iacute; a 10 a&ntilde;os. Los pisos de Casa 47, tanto si son 800 como 100.000, no dejar&aacute;n de ser una triste gota en el oc&eacute;ano.
    </p><p class="article-text">
        Alguien dir&aacute;: bueno, pues m&aacute;s, construyamos m&aacute;s. Lo que ocurre es que el Estado espa&ntilde;ol ya es el cuarto estado de la OCDE con una proporci&oacute;n m&aacute;s alta de vivienda construida por cada mil habitantes, y el primero (de todos los que incluyen registros) en cuanto a proporci&oacute;n de viviendas vac&iacute;as. El suelo urbano disponible en las grandes &aacute;reas metropolitanas, all&iacute; donde est&aacute; la demanda, es muy limitado. Por no decir que, despu&eacute;s de todas las atrocidades medioambientales que han supuesto las sucesivas fiebres constructivas, plantear ahora un nuevo ciclo de construcci&oacute;n que multiplique por diez el parque de vivienda p&uacute;blica ser&iacute;a un aut&eacute;ntico suicidio ecol&oacute;gico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>&iquest;Y expropiar?</strong></h2><p class="article-text">
        Son habas contadas: es materialmente imposible pasar del 3,4% a un porcentaje serio, que al menos tenga efectos reales sobre los precios del mercado libre, sin expropiar masivamente miles de viviendas vac&iacute;as y pisos tur&iacute;sticos. De las primeras, hay 3,8 millones seg&uacute;n el &uacute;ltimo censo del INE en 2021. Pongamos que la mitad no sirven por estado o ubicaci&oacute;n, todav&iacute;a estaremos hablando de 1,9 millones, 19 veces m&aacute;s que la &uacute;ltima cifra prometida por la ministra. De las segundas, hay 340.000, sin contar los pisos tur&iacute;sticos ilegales ni los alquileres de temporada para <em>expats</em>. El Tribunal Constitucional ya ha avalado la expropiaci&oacute;n de pisos vac&iacute;os a grandes tenedores en zonas tensionadas, pero por alguna misteriosa raz&oacute;n, desde entonces, nadie se ha atrevido siquiera a mencionar la palabra &laquo;expropiaci&oacute;n&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Que alguien acapare pisos vac&iacute;os en medio de una crisis como la que estamos viviendo es o una vileza o una monstruosa absurdidad. Lo peor es que muchos de estos propietarios absentistas son los mismos fondos buitre y grupos inversores que han destrozado el pa&iacute;s a golpe de especulaci&oacute;n y desahucios. Lo mismo podr&iacute;a decirse de aquellos que retiran pisos del mercado para cobrar el triple a turistas o <em>expats</em>. Si alguien se cree m&iacute;nimamente la idea de que la vivienda deber&iacute;a cumplir una funci&oacute;n social, no podemos renunciar a la posibilidad de sumar decenas o cientos de miles de pisos al parque de vivienda p&uacute;blica, de una forma mucho m&aacute;s r&aacute;pida, econ&oacute;mica y ecol&oacute;gica que si tuvi&eacute;ramos que construirlos. Y castigar, de paso, a los miserables que se han dedicado a forrarse a costa del sufrimiento de millones de familias trabajadoras.
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; en juego aqu&iacute; son dos concepciones muy diferentes de la vivienda p&uacute;blica. En manos de los partidos progresistas, la consigna &laquo;vivienda p&uacute;blica&raquo; oscila entre la promesa vac&iacute;a de un futuro deliberadamente difuso y la realidad de un parche irrisorio, m&aacute;s al servicio de su oportunismo que de la mejora de nuestras condiciones de vida. Para nosotros, se trata de caminar hacia una sociedad en la que la vivienda no sea un negocio, ni grande ni peque&ntilde;o, sino un derecho universal y, por tanto, incondicional, un bien esencial producido y distribuido para satisfacer las necesidades de la sociedad y no para acumular beneficios.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pilar Sànchez]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 24 Sep 2026 20:29:56 +0000]]></pubDate>
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