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    <title><![CDATA[elDiario.es - Álvaro Pinto Orbis]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alvaro-pinto-orbis/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Álvaro Pinto Orbis]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La vivienda y la pobreza oculta]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vivienda-pobreza-oculta_129_13538697.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4912ca50-eb5b-4814-a8b1-df99d01168b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x988y495.jpg" width="1200" height="675" alt="La vivienda y la pobreza oculta"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pobreza se ha medido tradicionalmente a través de la renta disponible. Es una medida útil, pero tiene una limitación clara: no informa de la capacidad económica que conserva un hogar después de afrontar un gasto prioritario, rígido y difícilmente ajustable a corto plazo como el de la vivienda</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es hoy un pa&iacute;s menos pobre y menos desigual que hace una d&eacute;cada. Pero esa mejora convive con una paradoja dif&iacute;cil de ignorar: para muchas familias, llegar a fin de mes no parece haberse hecho m&aacute;s f&aacute;cil. Parte de la explicaci&oacute;n puede estar en algo que nuestras estad&iacute;sticas de pobreza recogen de forma incompleta: cu&aacute;nto cuesta tener un techo.
    </p><p class="article-text">
        Dos hogares con la misma renta pueden tener capacidades econ&oacute;micas muy distintas. Uno puede vivir en una vivienda ya pagada; otro puede destinar cada mes una parte sustancial de sus ingresos al alquiler. En las estad&iacute;sticas convencionales pueden parecer igual de acomodados. En su vida cotidiana, claramente no lo son.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza se ha medido tradicionalmente a trav&eacute;s de la renta disponible. Es una medida &uacute;til, pero tiene una limitaci&oacute;n clara: no informa de la capacidad econ&oacute;mica que conserva un hogar despu&eacute;s de afrontar un gasto prioritario, r&iacute;gido y dif&iacute;cilmente ajustable a corto plazo como el de la vivienda. Cuando los costes residenciales son muy distintos, dos hogares con la misma renta pueden disponer de recursos muy diferentes para afrontar el resto de sus necesidades.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace d&eacute;cadas, la literatura sobre pobreza y bienestar viene advirtiendo de este problema. Lo relevante no es solo cu&aacute;nto ingresa un hogar, sino tambi&eacute;n cu&aacute;nto le queda despu&eacute;s de afrontar determinados gastos dif&iacute;cilmente evitables, y la vivienda ocupa un lugar central entre ellos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ocurre entonces con la pobreza si tenemos en cuenta lo que queda de la renta despu&eacute;s de pagar la vivienda? Esa es la pregunta que nos planteamos en un estudio reciente publicado por FEDEA (ver <a href="https://bit.ly/4AaMv5S" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aqu&iacute;</a>), utilizando los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida entre 2014 y 2025.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados no cuestionan la mejora econ&oacute;mica de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La pobreza tambi&eacute;n disminuye cuando incorporamos la vivienda al an&aacute;lisis. Lo que cambia es el diagn&oacute;stico: el nivel es mayor y, sobre todo, cambia qui&eacute;n aparece como vulnerable. 
    </p><p class="article-text">
        No podemos entender este fen&oacute;meno sin observar c&oacute;mo ha cambiado la forma en que los hogares acceden a la vivienda. Espa&ntilde;a sigue siendo un pa&iacute;s mayoritariamente propietario, pero cada vez m&aacute;s personas dependen del alquiler.
    </p><p class="article-text">
        En 2014, el 12,1% de la poblaci&oacute;n viv&iacute;a en alquiler de mercado; en 2025 lo hace ya el 17,4%. En apenas once a&ntilde;os, este r&eacute;gimen ha incorporado 2,88 millones de personas, m&aacute;s que todo el crecimiento de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola durante el mismo periodo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cada vez m&aacute;s espa&ntilde;oles viven de alquiler</strong>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Ese desplazamiento importa porque no todos los reg&iacute;menes de tenencia dejan el mismo margen en el presupuesto familiar. En 2025, el gasto residencial total mediano &mdash;incluyendo adem&aacute;s de alquiler e intereses hipotecarios, los suministros, comunidad y reparaciones&mdash; de quienes viven de alquiler a precio de mercado ronda los 9.200 euros anuales. Entre los propietarios con hipoteca se sit&uacute;a en torno a 5.200 euros, mientras que entre los propietarios sin hipoteca apenas supera los 2.900 euros.
    </p><p class="article-text">
        La forma de acceso a la vivienda se ha convertido as&iacute; en un factor cada vez m&aacute;s relevante para entender cu&aacute;ntos recursos quedan en un hogar para afrontar el resto de necesidades. El alquiler de mercado es, adem&aacute;s, el r&eacute;gimen con mayor presi&oacute;n presupuestaria: en 2025, la proporci&oacute;n de personas en situaci&oacute;n de sobrecarga residencial alcanza el 26,8%, casi cuatro veces la media nacional. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>La vivienda cambia la foto de la pobreza</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando incorporamos al an&aacute;lisis el coste de acceder a la vivienda, la foto cambia de forma significativa.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, la tasa de pobreza se sit&uacute;a en el 19,5% si solo tenemos en cuenta la renta disponible de los hogares. Pero, al descontar el coste de acceso a la vivienda &mdash;el alquiler o los intereses de la hipoteca&mdash;, asciende al 23,5%.
    </p><p class="article-text">
        Lo importante es que la mejora observada durante la &uacute;ltima d&eacute;cada sigue existiendo. La pobreza convencional cae del 22,2% al 19,5% entre 2014 y 2025 y la medida que incorpora el coste de acceso a la vivienda tambi&eacute;n desciende, del 25,9% al 23,5%. La diferencia es que esta &uacute;ltima se mantiene sistem&aacute;ticamente en un nivel superior. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        La magnitud exacta del efecto depende, naturalmente, de c&oacute;mo se defina el umbral de pobreza. Si este se recalcula despu&eacute;s de descontar la vivienda, la diferencia se reduce. Pero el resultado de fondo se mantiene bajo las distintas alternativas: incorporar los costes residenciales modifica de forma sustancial qui&eacute;n aparece como vulnerable y qui&eacute;n no. 
    </p><p class="article-text">
        Es al observar qui&eacute;n vive de alquiler y qui&eacute;n en propiedad cuando la dimensi&oacute;n del fen&oacute;meno se vuelve especialmente visible. Entre quienes viven de alquiler de mercado, la tasa de pobreza pasa del 32,8% al 49,9% una vez descontado el coste de la vivienda. Es decir, pr&aacute;cticamente la mitad de las personas que viven de alquiler de mercado queda por debajo del umbral despu&eacute;s de pagarlo. 
    </p><p class="article-text">
        Pero la vivienda no solo incrementa el n&uacute;mero de personas que quedan por debajo del umbral. Tambi&eacute;n agrava la situaci&oacute;n de quienes ya lo estaban. Entre los inquilinos de mercado, la profundidad de la pobreza pr&aacute;cticamente se duplica y las situaciones m&aacute;s severas aumentan con mucha mayor intensidad. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        <strong>Dos millones de pobres que no aparecen en las estad&iacute;sticas</strong>
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia m&aacute;s visible de incorporar la vivienda es que aparecen casi dos millones de personas que las estad&iacute;sticas convencionales no identifican como pobres.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, 1,95 millones de personas est&aacute;n por encima del umbral si solo observamos su renta, pero caen por debajo de &eacute;l una vez descontamos el coste de acceder a la vivienda. A este grupo lo denominamos &ldquo;pobreza oculta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y esta pobreza est&aacute; extraordinariamente concentrada en el alquiler. Entre los inquilinos de mercado que inicialmente no son pobres, uno de cada cuatro cae por debajo del umbral despu&eacute;s de afrontar el coste de la vivienda. Aunque representan menos de una quinta parte de la poblaci&oacute;n, concentran casi tres cuartas partes de toda esta pobreza que permanece invisible cuando solo miramos los ingresos. 
    </p><p class="article-text">
        No se trata &uacute;nicamente de personas que se sit&uacute;an unos pocos euros a uno u otro lado del umbral. Alrededor de 220.000 pasan directamente de no ser consideradas pobres a situarse por debajo del umbral de pobreza severa despu&eacute;s de pagar la vivienda. Adem&aacute;s, m&aacute;s de uno de cada cinco inquilinos de mercado que entra en esta &ldquo;pobreza oculta&rdquo; presenta tambi&eacute;n graves dificultades materiales para afrontar gastos b&aacute;sicos de la vida cotidiana. 
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s llamativo es que este fen&oacute;meno apenas ha cambiado a lo largo de la &uacute;ltima d&eacute;cada. En 2014, esta pobreza oculta afectaba al 4,8% de las personas que no eran pobres seg&uacute;n su renta. En 2025 afecta al 5,0%.
    </p><p class="article-text">
        Mientras la pobreza general se reduc&iacute;a, esta vulnerabilidad asociada a la vivienda permanec&iacute;a pr&aacute;cticamente intacta. La mejora de la renta de los &uacute;ltimos a&ntilde;os no ha bastado para cerrar esa brecha.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Una medida m&aacute;s cercana a las dificultades reales?</strong>
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n de fondo no es simplemente si incorporar la vivienda hace aumentar la cifra de pobreza, sino si permite identificar mejor a quienes realmente afrontan dificultades econ&oacute;micas, entendiendo por ello limitaciones en el d&iacute;a a d&iacute;a como retrasos en los pagos de las facturas, incapacidad de mantener una temperatura adecuada en casa o no poder irse de vacaciones...
    </p><p class="article-text">
        Los resultados apuntan en esa direcci&oacute;n. La medici&oacute;n convencional identifica en 2025 al 46,7% de las personas que sufren carencia material y social severa. Cuando se descuentan los costes de alquiler e intereses hipotecarios, la cifra aumenta hasta el 56,9%; y cuando se incorporan, adem&aacute;s, los gastos de suministro, comunidad y reparaciones, alcanza el 66,1%. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los inquilinos de mercado, la diferencia es todav&iacute;a m&aacute;s clara: la medici&oacute;n convencional identifica como pobres a menos de la mitad de quienes sufren carencia material y social severa, mientras que las m&eacute;tricas que incorporan la vivienda alcanzan a casi ocho de cada diez. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure><p class="article-text">
        Esto es importante porque sugiere que no estamos simplemente construyendo una medida que produce una cifra de pobreza m&aacute;s alta. Estamos captando situaciones de dificultad econ&oacute;mica que la renta disponible, por s&iacute; sola, identifica peor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Medir mejor para entender mejor</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo esto tiene implicaciones que van mucho m&aacute;s all&aacute; de c&oacute;mo construimos una estad&iacute;stica. La forma en que medimos la pobreza condiciona tambi&eacute;n c&oacute;mo identificamos d&oacute;nde se concentra la necesidad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, la renta ha sido la principal referencia para hacerlo. Y sigue siendo una herramienta fundamental. Pero nuestros resultados muestran que, en una sociedad donde cada vez m&aacute;s personas acceden a la vivienda a trav&eacute;s del alquiler y donde los costes residenciales son muy diferentes seg&uacute;n la forma de tenencia, mirar &uacute;nicamente los ingresos puede ofrecer una imagen incompleta de las dificultades econ&oacute;micas que afrontan muchos hogares. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando la vivienda absorbe una proporci&oacute;n elevada de los recursos disponibles, deja de ser un gasto m&aacute;s dentro del presupuesto familiar y pasa a convertirse en un factor determinante del bienestar.
    </p><p class="article-text">
        Esto no significa que debamos dejar de mirar la renta. Significa que, para entender mejor qui&eacute;n dispone realmente de menos recursos, no basta con preguntarnos cu&aacute;nto dinero entra en un hogar.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n importa cu&aacute;nto queda despu&eacute;s de pagar algo tan b&aacute;sico como tener un techo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Ignacio Conde-Ruiz, Álvaro Pinto Orbis]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/vivienda-pobreza-oculta_129_13538697.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 25 Sep 2026 20:36:49 +0000]]></pubDate>
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