<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Juan Evaristo Valls Boix]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/juan-evaristo-valls-boix/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Juan Evaristo Valls Boix]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1056559/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La revolución del sueño]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/revolucion-sueno_129_13546497.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2dddacd4-2dfd-4426-bd8f-4db1a2bfebc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La revolución del sueño"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Desde hace demasiados años, las ciudades se han convertido en lugares inhóspitos y ajenos a la vida. A ellas acudimos para trabajar, a ellas nos atraen para gastar, pero no las podemos habitar</p></div><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os, en su libro sobre la pandemia, Judith Butler formul&oacute; una pregunta clave para la escena pol&iacute;tica: &iquest;cu&aacute;les son las condiciones para querer vivir en este mundo? La pregunta es decisiva porque de sus respuestas se deduce la diferencia entre la mera supervivencia y una vida digna de ser vivida. Y no digna por sus relatos, sus nostalgias o la altisonancia de sus valores. Antes bien, digna por gustosa y placentera, por materialmente digna. &iquest;C&oacute;mo afirmamos la vida, en colectivo y cotidianamente? &iquest;De d&oacute;nde nos vienen las ganas de otra ma&ntilde;ana, de imaginar escenas y planes y noviazgos, de quedarnos un rato m&aacute;s aqu&iacute; juntas? &iquest;Y cu&aacute;les son las infraestructuras materiales, el espacio y los tiempos, para que tales relaciones y momentos puedan darse? De nada sirve la pol&iacute;tica si no atiende a estas preguntas, si no vela porque nuestras vidas, cualquier vida, valga la pena de ser vivida y tenga pleno acceso a sus garant&iacute;as sociales. De nada sirve la pol&iacute;tica si no observa esta suerte de principio democr&aacute;tico fundamental: todas las vidas valen lo mismo; cualquier vida, con independencia de su obra, su herencia o su m&eacute;rito, vale igual que las dem&aacute;s, y por ello ha de contar con lo requerido para ser vivida, para querer ser vivida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pregunta de Butler obliga a interrogarnos por lo que me gustar&iacute;a llamar, con Kristin Ross, una belleza banal. La belleza aqu&iacute; no es una categor&iacute;a est&eacute;tica, ni refiere a la armon&iacute;a matem&aacute;tica de las formas, sino que se trata de una categor&iacute;a pol&iacute;tica: alude antes bien al regocijo y al bienestar de los cuerpos, a la dimensi&oacute;n p&uacute;blica del cuidado. La banalidad de esta belleza politizada &mdash;que est&eacute; al alcance de cualquiera y se presente de ordinario&mdash; reclama una redistribuci&oacute;n equitativa de los bienes, los placeres y las atenciones. Algunos la llaman &ldquo;lujo p&uacute;blico&rdquo;; otras, &ldquo;socializaci&oacute;n del trabajo reproductivo&rdquo;. Podemos llamarla tambi&eacute;n lucha de clases, una lucha por recuperar los frutos, todos los frutos, de nuestro trabajo, de modo que no vivamos para trabajar, sino que haya vida, mucha y deliciosa, al otro lado del tiempo productivo. El derecho a la belleza, del que hablaba Emma Goldman en su autobiograf&iacute;a, y que hace poco defend&iacute;an Zadie Smith y Edouard Louis, clama por el acceso a la riqueza social, por su disfrute y su celebraci&oacute;n, para todos y todas, sin m&aacute;s prop&oacute;sito o proyecto que habitar este mundo, que repararlo aqu&iacute; y ahora, que acolchar el presente para que sea respirable y vivible para todas, para que no nos asfixie. En el coraz&oacute;n de la belleza banal y de las respuestas a la pregunta de Butler se encuentra el buen descanso y todas las infraestructuras del reposo.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos mucho tiempo so&ntilde;ando con una revoluci&oacute;n, y estos d&iacute;as ha acontecido en la Puerta del Sol una revoluci&oacute;n del sue&ntilde;o. Los cuerpos insomnes y exhaustos de la ciudad, privados de las condiciones m&iacute;nimas para el descanso y la intimidad, hemos abarrotado la plaza porque no aguantamos m&aacute;s. No soportamos vivir en una ciudad que convierte nuestras casas en objetos de especulaci&oacute;n y nos expulsa cada d&iacute;a a convivir y yacer a otra parte.&nbsp;No soportamos una ciudad que pide mano de obra y buena cartera, pero no cuerpos ni personas; que nos exige lo m&aacute;ximo y lo extraordinario, pero nos priva de lo m&iacute;nimo y lo m&aacute;s b&aacute;sico. Por ello, hemos armado una protesta horizontal, donde la frustraci&oacute;n y el cansancio, la rabia y la impotencia, pero tambi&eacute;n el amor por nuestros barrios y nuestra gente, se han convertido en la prodigiosa fuerza popular para decir basta, para negarnos a reducir nuestra vida al trabajo y al consumo, sin un espacio, un techo y una casa para todo lo dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde hace demasiados a&ntilde;os, las ciudades se han convertido en lugares inh&oacute;spitos y ajenos a la vida. A ellas acudimos para trabajar, a ellas nos atraen para gastar, pero no las podemos habitar. Y no las podemos habitar porque en ellas no podemos dormir, porque nuestro techo y nuestras calles se han vuelto inaccesibles e inutilizables. Si solo vivimos para trabajar, si solo a trav&eacute;s del consumo disponemos de lo necesario, si no contamos con tiempo holgado para perdernos, para mirar al cielo o fumar un cigarro, pasear o leer, cantar o follar y charlar tranquilas, nuestra vida no nos pertenece; la noche no nos pertenece; el tiempo que dicen que es nuestro no nos pertenece. El r&eacute;gimen neoliberal nos ha arrebatado hasta el techo, y ha trocado nuestro descanso y nuestra holgura en letargia digital, estr&eacute;s y ansiol&iacute;ticos. Convertida en centro comercial de la existencia, la ciudad nunca duerme, y no sue&ntilde;a m&aacute;s que con el espect&aacute;culo de su propia aniquilaci&oacute;n. Una vida que no duerme ni descansa se parece demasiado a la servidumbre y la supervivencia. Y por eso, en nombre de la vida que nos falta, nos tumbamos y decimos basta, con todo el agotamiento de nuestros cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        Hemos tenido que salir de casa para reclamar el derecho a tener una; hemos tenido que dormir en la calle para defender el derecho a la ciudad y la vivienda. En un mundo en que el descanso se privatiza y se torna un privilegio para unos pocos, all&iacute; donde la desigualdad social se realiza como plan urban&iacute;stico y se traduce en el cruel reparto entre desahucios y &aacute;ticos, all&iacute; donde solo nos ense&ntilde;an a so&ntilde;ar con el dinero y el &eacute;xito mientras no podemos dormir, la &uacute;nica respuesta posible es sacar las camas a la calle. Evocar la fecunda memoria de la revoluci&oacute;n que subyace en cada plaza y hacer de ella un inmenso dormitorio urbano, donde quepamos todas, donde queramos vivir todas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Evaristo Valls Boix]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/revolucion-sueno_129_13546497.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Sep 2026 20:31:45 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2dddacd4-2dfd-4426-bd8f-4db1a2bfebc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="184929" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2dddacd4-2dfd-4426-bd8f-4db1a2bfebc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="184929" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La revolución del sueño]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2dddacd4-2dfd-4426-bd8f-4db1a2bfebc2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
