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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Echaves García]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio-echaves-garcia/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Echaves García]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La fractura residencial: de la tragedia individual a la emergencia colectiva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fractura-residencial-tragedia-individual-emergencia-colectiva_129_13577728.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/96086907-a8d0-401f-bbd9-5cf43688c096_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La fractura residencial: de la tragedia individual a la emergencia colectiva"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando trabajar varias jornadas seguidas o ser un profesional cualificado ya no garantiza la seguridad de un techo, el problema deja de ser percibido como un fracaso personal y pasa a entenderse como un fracaso del sistema</p></div><p class="article-text">
        El tr&aacute;gico fallecimiento de Maricarmen Abascal tras ser desahuciada de su vivienda, en el madrile&ntilde;o barrio del Retiro, no es un suceso aislado ni una rareza fortuita. Es, por el contrario, la manifestaci&oacute;n m&aacute;s cruda y dolorosa de una fractura sist&eacute;mica que lleva d&eacute;cadas fragu&aacute;ndose en los cimientos de nuestra sociedad. Cuando una mujer de avanzada edad pierde la vida tras ser expulsada de su hogar, el debate p&uacute;blico no puede limitarse a la mera conmoci&oacute;n ni a la cr&oacute;nica de sucesos. Nos encontramos ante el s&iacute;ntoma definitivo de un sistema de provisi&oacute;n residencial an&eacute;mico, donde la vivienda ha sido sistem&aacute;ticamente despojada de su naturaleza de derecho fundamental para ser reducida a un mero bien de especulaci&oacute;n financiera.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender c&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;, es imperativo encuadrar este drama en un contexto m&aacute;s general y profundo: la persistente asimetr&iacute;a estructural que condiciona las condiciones de vida de amplias capas de la poblaci&oacute;n, espacialmente de los hogares con renta baja, la juventud y otros grupos en situaci&oacute;n de vulnerabilidad. Por un lado, arrastramos un mercado laboral caracterizado por la devaluaci&oacute;n salarial, la precariedad contractual y la p&eacute;rdida constante de poder adquisitivo. Por el otro, asistimos a una escalada incesante y desregulada de los precios de la vivienda, tanto en propiedad como en un mercado del alquiler crecientemente tensionado por falta de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, por las din&aacute;micas tur&iacute;sticas y la especulaci&oacute;n de los grandes tenedores.
    </p><p class="article-text">
        Esta asimetr&iacute;a no es coyuntural; es un desajuste de fondo que sit&uacute;a los esfuerzos de acceso exigidos para tener una vivienda digna en niveles sociol&oacute;gicamente inasumibles. De acuerdo con datos del Observatorio de Emancipaci&oacute;n del Consejo de la Juventud en Espa&ntilde;a, la tasa de emancipaci&oacute;n juvenil actual apenas roza el 14,5% que, adem&aacute;s de ser el m&iacute;nimo hist&oacute;rico desde que el Observatorio tiene registros, es una anomal&iacute;a que desde hace d&eacute;cadas nos sit&uacute;a a la cola de la Uni&oacute;n Europea y que condena a sucesivas generaciones de j&oacute;venes a retrasar indefinidamente sus proyectos vitales m&aacute;s b&aacute;sicos como la conformaci&oacute;n de un hogar o tener hijos (si se quiere), con efectos que trascienden el plano individual y se proyectan sobre el conjunto de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a padece lo que podr&iacute;amos denominar una disfunci&oacute;n de origen en su modelo de bienestar. A diferencia de algunos de nuestros vecinos comunitarios, que construyeron su sistema de provisi&oacute;n sobre la base de un fuerte parque p&uacute;blico de vivienda, el Estado espa&ntilde;ol confi&oacute; la resoluci&oacute;n de esta necesidad al mercado libre y a la promoci&oacute;n de la propiedad privada. Las consecuencias de esta elecci&oacute;n hist&oacute;rica son hoy dram&aacute;ticas. Mientras que en pa&iacute;ses como los Pa&iacute;ses Bajos el parque de vivienda social y de alquiler asequible representa en torno al 34% del total de stock residencial y en Francia este porcentaje se sit&uacute;an alrededor del 14%, en Espa&ntilde;a apenas alcanza un exiguo e ineficaz 2%.
    </p><p class="article-text">
        Al carecer de una red de seguridad p&uacute;blica estructural, muchos individuos y familias quedan totalmente desprotegidos ante las inclemencias del mercado. Las respuestas institucionales tradicionales, basadas en ayudas y subsidios directos a corto plazo, han demostrado no solo ser insuficientes, sino en muchas ocasiones contraproducentes, pues al final se produce una transferencia de recursos p&uacute;blicos a manos privadas sin alterar las din&aacute;micas de exclusi&oacute;n residencial.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta fundamental que emerge ante la actual coyuntura es por qu&eacute; este malestar, que se ha cronificado durante a&ntilde;os, ha cristalizado precisamente en este momento en una oleada de movilizaciones colectivas tan potentes como las acampadas en la Puerta del Sol y las protestas en las principales ciudades del pa&iacute;s. Desde la teor&iacute;a de la <em>acci&oacute;n colectiva, </em>se sabe que el descontento por s&iacute; solo no genera movilizaci&oacute;n; se necesita una estructura de oportunidad pol&iacute;tica y, sobre todo, un catalizador moral. La tragedia de Maricarmen ha operado como ese detonante de indignaci&oacute;n &eacute;tica. Ha transformado un dolor que se viv&iacute;a de puertas para adentro &ndash;un sufrimiento privatizado e invisibilizado en forma de culpa o angustia individual&ndash; en una injusticia social compartida y politizada en el espacio p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Las acampadas y manifestaciones actuales representan una ruptura con la resignaci&oacute;n. La ciudadan&iacute;a ha identificado que el acceso a la vivienda no es algo alcanzable mediante el esfuerzo individual, rompi&eacute;ndose as&iacute; el supuesto pacto social meritocr&aacute;tico de las generaciones anteriores. Cuando trabajar varias jornadas seguidas o ser un profesional cualificado ya no garantiza la seguridad de un techo, el problema deja de ser percibido como un fracaso personal y pasa a entenderse como un fracaso del sistema. La calle ha reaccionado no solo para exigir parches normativos, sino para impugnar el modelo mismo de provisi&oacute;n que antepone la rentabilidad financiera a la seguridad existencial de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Por todo ello, el tono de este momento hist&oacute;rico debe ser un llamamiento propositivo, riguroso y n&iacute;tidamente reivindicativo. La resoluci&oacute;n de esta emergencia habitacional no llegar&aacute; a trav&eacute;s de medidas cosm&eacute;ticas ni de la autocomplacencia institucional. Exige un cambio de paradigma normativo y pol&iacute;tico de largo alcance. Es urgente que nuestras administraciones est&eacute;n dotadas de herramientas estructurales destinadas a ampliar de manera masiva el parque p&uacute;blico de vivienda en alquiler (tambi&eacute;n en propiedad), movilizando suelo disponible y vivienda vac&iacute;a y regulando de forma eficiente y valiente las zonas tensionadas del mercado para blindar as&iacute; el derecho a la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        El fallecimiento de Maricarmen debe marcar un punto de inflexi&oacute;n definitivo en nuestra conciencia colectiva. No podemos permitirnos habitar un pa&iacute;s en d&oacute;nde tener un hogar, habitar una vivienda, sea un privilegio de unos pocos y una condena de incertidumbre y vulnerabilidad para la mayor&iacute;a. Garantizar un acceso residencial digno, estable y asequible no es una simple medida de ajuste macroecon&oacute;mico; es la inversi&oacute;n m&aacute;s urgente en cohesi&oacute;n social, en autonom&iacute;a y en la dignidad democr&aacute;tica de la Espa&ntilde;a del presente y del futuro. Las plazas y las calles ya han se&ntilde;alado el camino; ahora les corresponde a las instituciones demostrar tambi&eacute;n si est&aacute;n a la altura del modelo de pa&iacute;s que queremos construir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Echaves García]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fractura-residencial-tragedia-individual-emergencia-colectiva_129_13577728.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2026 20:10:51 +0000]]></pubDate>
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