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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gerardo del Cerro Santamaría]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gerardo-del-cerro-santamaria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gerardo del Cerro Santamaría]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Treinta años de vida en la pantalla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/treinta-anos-vida-pantalla_132_13592132.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/149a866d-ccea-4054-bd18-8596cadbe627_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Treinta años de vida en la pantalla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">"Las plataformas ya no buscaban facilitar que el usuario explorara su identidad de forma libre, sino retener su mirada el mayor tiempo posible para monetizarla a través de publicidad hiperdirigida y modelos predictivos de conducta"</p></div><p class="article-text">
        En 1995, la soci&oacute;loga y psic&oacute;loga del MIT Sherry Turkle public&oacute; 'Life on the Screen: Identity in the Age of the Internet' (traducido como 'Vida en la pantalla'). En aquel momento, la red global era un vasto territorio de promesas y proyectos, foros de discusi&oacute;n y entornos multiusuario (MUDs) donde el anonimato se percib&iacute;a como una herramienta de emancipaci&oacute;n. Turkle argumentaba que la pantalla funcionaba como un laboratorio de la identidad, un espacio donde los individuos pod&iacute;an fragmentarse, explorar m&uacute;ltiples facetas del yo y liberarse de las limitaciones f&iacute;sicas y sociales del mundo anal&oacute;gico. Casi en paralelo, soci&oacute;logos como Manuel Castells teorizaban en su monumental trilog&iacute;a 'La era de la informaci&oacute;n' (1996) sobre el nacimiento de la &ldquo;sociedad red&rdquo;, un paradigma descentralizado que promet&iacute;a disolver las jerarqu&iacute;as verticales gracias a la horizontalidad del flujo digital. El ciberespacio era, en esencia, un entorno maleable y democr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Para comprender c&oacute;mo este entorno emancipatorio se transform&oacute; en un pan&oacute;ptico digital, es imperativo inscribir los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os en una mutaci&oacute;n macroecon&oacute;mica de mayor alcance. La infraestructura digital que habitamos hoy no surgi&oacute; en el vac&iacute;o, sino como la fase culminante de la reconfiguraci&oacute;n del capital global. Las crisis estructurales de la d&eacute;cada de 1970 agotaron el r&eacute;gimen de acumulaci&oacute;n fordista, dando paso a lo que los soci&oacute;logos Scott Lash y John Urry denominaron &ldquo;capitalismo desorganizado&rdquo;. En esta nueva fase, las econom&iacute;as occidentales experimentaron una desindustrializaci&oacute;n acelerada, la dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica de la producci&oacute;n y la flexibilizaci&oacute;n de los mercados financieros y laborales.
    </p><p class="article-text">
        Esta desorganizaci&oacute;n fue r&aacute;pidamente encauzada por la era neoliberal, un proyecto pol&iacute;tico y econ&oacute;mico que promovi&oacute; la desregulaci&oacute;n de los mercados, la privatizaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos y la mercantilizaci&oacute;n de esferas de la vida que antes quedaban fuera del circuito comercial. La revoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica microelectr&oacute;nica de finales de siglo se convirti&oacute; en el motor material indispensable para este giro global: la digitalizaci&oacute;n y la conectividad permitieron que los flujos de capital, informaci&oacute;n y mercanc&iacute;as circularan instant&aacute;neamente a escala planetaria, diluyendo las fronteras estatales y transformando al antiguo trabajador industrial fordista en un consumidor atomizado y permanentemente interconectado. La &ldquo;vida en la pantalla&rdquo; que Turkle analizaba en 1995 representaba la vanguardia cultural de esta transici&oacute;n, y la subjetividad humana comenzaba a ser colonizada por las tecnolog&iacute;as informacionales de la globalizaci&oacute;n neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como advirti&oacute; tempranamente el cr&iacute;tico Evgeny Morozov en 'El desenga&ntilde;o de internet' (2011), bajo la apariencia de una plaza p&uacute;blica digital sin fronteras se estaba gestando el tecno-optimismo ingenuo que facilit&oacute; la captura y comercializaci&oacute;n absoluta de la atenci&oacute;n humana por parte de corporaciones transnacionales. Este hallazgo consolid&oacute; lo que la soci&oacute;loga de Harvard Shoshana Zuboff denomin&oacute; en su obra cumbre de 2019 el &ldquo;capitalismo de la vigilancia&rdquo;. En esta fase evolutiva, analizada tambi&eacute;n por Nick Srnicek en 'Capitalismo de plataformas' (2016), las empresas de internet abandonaron su funci&oacute;n de meros intermediarios neutros para convertirse en infraestructuras extractivas de datos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las plataformas ya no buscaban facilitar que el usuario explorara su identidad de forma libre, sino retener su mirada el mayor tiempo posible para monetizarla a trav&eacute;s de publicidad hiperdirigida y modelos predictivos de conducta. Para lograrlo, los ingenieros de Silicon Valley redise&ntilde;aron la interfaz introduciendo mecanismos de refuerzo intermitente basados en la psicolog&iacute;a conductista de B.F. Skinner &mdash;como el 'scroll' infinito y las notificaciones 'push'&mdash;, transformando las pantallas en lo que el tecn&oacute;logo Tristan Harris describe como &ldquo;m&aacute;quinas tragamonedas de bolsillo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia m&aacute;s profunda de esta evoluci&oacute;n ha sido la sustituci&oacute;n de la comunidad org&aacute;nica por el algoritmo de recomendaci&oacute;n opaco. Si en los noventa el usuario navegaba activamente buscando contenido, hoy el contenido asedia pasivamente al usuario. Plataformas contempor&aacute;neas como TikTok representan la sofisticaci&oacute;n m&aacute;xima de lo que los investigadores Nick Couldry y Andreas Hepp denominan 'La construcci&oacute;n medi&aacute;tica de la realidad' (2016): un flujo continuo de est&iacute;mulos que aprende en milisegundos de las microconductas del usuario (los segundos de pausa, la velocidad de deslizamiento). Este dise&ntilde;o no solo ha transformado los h&aacute;bitos de consumo, sino que, como se&ntilde;ala el neurocient&iacute;fico Michel Desmurget en 'La f&aacute;brica de cretinos digitales' (2019), ha modificado la propia estructura cognitiva del ciudadano, habitu&aacute;ndolo a una gratificaci&oacute;n instant&aacute;nea y reduciendo dr&aacute;sticamente los periodos de atenci&oacute;n profunda y lectura cr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En esta encrucijada emerge el conflicto fundamental de nuestra era: la colisi&oacute;n asim&eacute;trica entre la democracia, el mercado y los algoritmos. Cuando los algoritmos se convierten en el brazo operativo del mercado dentro del espacio p&uacute;blico, se produce una peligrosa subordinaci&oacute;n de los procesos democr&aacute;ticos a los imperativos financieros corporativos. Los algoritmos no est&aacute;n programados para maximizar la verdad, el consenso o la justicia social; est&aacute;n dise&ntilde;ados para maximizar el 'engagement' productivo. El mercado digital, por tanto, instrumentaliza los sesgos psicol&oacute;gicos de la ciudadan&iacute;a.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando los algoritmos se convierten en el brazo operativo del mercado dentro del espacio público, se produce una peligrosa subordinación de los procesos democráticos a los imperativos financieros corporativos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Las plataformas act&uacute;an como amplificadores autom&aacute;ticos de la indignaci&oacute;n moral porque la rabia es la emoci&oacute;n que m&aacute;s retiene la atenci&oacute;n. La polarizaci&oacute;n y el conflicto se convierten en mercanc&iacute;as altamente rentables. y se debilita la capacidad de los Estados para regular un poder transnacional que opera a la velocidad del c&oacute;digo matem&aacute;tico. Las plazas p&uacute;blicas digitales se transforman as&iacute; en c&aacute;maras de eco hiperpolarizadas de inmediatez reactiva. Esta mercantilizaci&oacute;n algor&iacute;tmica de la atenci&oacute;n ha destruido un pilar invisible pero fundamental de la cultura democr&aacute;tica y de la vida en la polis: la fricci&oacute;n c&iacute;vica de la deliberaci&oacute;n, las pausas de espera y los encuentros forzados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &eacute;xito financiero de este modelo ha desencadenado la crisis sist&eacute;mica que domina los debates p&uacute;blicos actuales: la constataci&oacute;n del da&ntilde;o multidimensional que causan estas interfaces. El impacto en la salud mental de ni&ntilde;os y adolescentes se ha convertido en una urgencia epidemiol&oacute;gica. El psic&oacute;logo social Jonathan Haidt, en su influyente libro 'La generaci&oacute;n ansiosa' (2024), documenta c&oacute;mo la coincidencia temporal entre la adopci&oacute;n masiva del smartphone y el auge de redes sociales basadas en la imagen visual provoc&oacute; una &ldquo;gran reconfiguraci&oacute;n de la infancia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pantalla ya no es el laboratorio seguro de la identidad que describ&iacute;a Turkle en los noventa, donde el error se dilu&iacute;a en el anonimato del texto. Hoy, como demostr&oacute; la investigadora Danah Boyd en 'It's Complicated: The Social Lives of Networked Teens' (2014), los j&oacute;venes habitan p&uacute;blicos en red caracterizados por la persistencia y la escalabilidad de sus interacciones. La identidad est&aacute; expuesta a un escrutinio cuantitativo permanente y a est&aacute;ndares de comparaci&oacute;n est&eacute;tica distorsionados por filtros de inteligencia artificial, lo que ha disparado los &iacute;ndices de ansiedad, depresi&oacute;n y dismorfia corporal.
    </p><p class="article-text">
        La propia Sherry Turkle corrigi&oacute; el optimismo de sus tesis iniciales en trabajos posteriores como 'Alone Together' (2011) y 'Reclaiming Conversation' (2015). Su evoluci&oacute;n intelectual refleja el desencanto de toda una &eacute;poca. De celebrar la pantalla como una extensi&oacute;n enriquecedora y terap&eacute;utica de la psique humana, las investigaciones contempor&aacute;neas han pasado a analizarla como un vector de aislamiento y enajenaci&oacute;n. La paradoja de nuestro tiempo es que habitamos el momento hist&oacute;rico de mayor conectividad t&eacute;cnica y, simult&aacute;neamente, padecemos una epidemia global de soledad y atomizaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        La respuesta ante este panorama no puede ser el ludismo ingenuo ni la resignaci&oacute;n ap&aacute;tica. El debate acad&eacute;mico y civil actual camina con firmeza hacia la necesidad de una regulaci&oacute;n estatal estricta y una reconfiguraci&oacute;n &eacute;tica del dise&ntilde;o tecnol&oacute;gico. Iniciativas legislativas como la Ley de Servicios Digitales (DSA) de la Uni&oacute;n Europea o las demandas judiciales colectivas interpuestas por distritos escolares en diversos pa&iacute;ses occidentales marcan un punto de inflexi&oacute;n legal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Restaurar la autonom&iacute;a del ciudadano en el entorno digital requiere desmantelar la l&oacute;gica del hiperconsumo de la atenci&oacute;n y devolver a las pantallas su funci&oacute;n original: la de ser ventanas abiertas al conocimiento, la diversidad y el encuentro humano genuino, y no espejos deformantes que mercantilizan nuestra vulnerabilidad psicol&oacute;gica.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gerardo del Cerro Santamaría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/treinta-anos-vida-pantalla_132_13592132.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Oct 2026 19:45:40 +0000]]></pubDate>
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