<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Nerea Marín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/nerea-marin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Nerea Marín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1056642/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Protagonistas de nuestro futuro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/protagonistas-futuro_132_13599746.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">DÍA DE LA MEMORIA DEMOCRÁTICA - Los derechos no desaparecen de golpe. Primero se ridiculizan, después se cuestionan y finalmente se recortan. Hasta que un día descubrimos que aquello que parecía irreversible ha dejado de serlo</p></div><p class="article-text">
        Hay pel&iacute;culas que terminan cuando se encienden las luces del cine. Y hay otras que se quedan dentro, removiendo recuerdos que ni siquiera sab&iacute;amos que eran nuestros. 'La bola negra', de los Javis, pertenece a esas historias que nos obligan a mirar hacia atr&aacute;s para entender lo que est&aacute; en juego hoy. Porque hubo un tiempo en el que amar pod&iacute;a ser un delito, ser mujer significaba vivir bajo tutela y pensar diferente te costaba la libertad o la vida.
    </p><p class="article-text">
        A veces parece que hablamos de un pasado remoto, pero apenas nos separan cincuenta a&ntilde;os de aquella Espa&ntilde;a en blanco y negro. Una Espa&ntilde;a de silencios impuestos, armarios cerrados, mujeres sin autonom&iacute;a y familias que aprendieron a no preguntar por sus muertos. Una Espa&ntilde;a donde el miedo se heredaba como se heredan los apellidos.
    </p><p class="article-text">
        Lo verdaderamente aterrador es que hay quienes quieren devolvernos all&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Los derechos de las mujeres, de las personas LGTBIQ+ y de quienes nunca encajaron en el molde de la Espa&ntilde;a nacionalcat&oacute;lica vuelven a estar en el punto de mira. Nos dicen que exageramos, que nadie pretende arrebatarnos nada. Pero los derechos no desaparecen de golpe. Primero se ridiculizan, despu&eacute;s se cuestionan y finalmente se recortan. Hasta que un d&iacute;a descubrimos que aquello que parec&iacute;a irreversible ha dejado de serlo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso necesitamos memoria. No como un ejercicio de nostalgia, sino como una herramienta de defensa colectiva.
    </p><p class="article-text">
        La llamada Ley de Nietos, que ha permitido a descendientes de quienes tuvieron que marcharse recuperar la nacionalidad espa&ntilde;ola, encierra una lecci&oacute;n profundamente humana: el exilio no termina cuando alguien cruza una frontera. Contin&uacute;a en sus hijos, en sus nietas, en las fotograf&iacute;as que sobrevivieron al viaje y en las historias que se contaron en voz baja. Recuperar ese v&iacute;nculo es tambi&eacute;n reconocer que hubo un pa&iacute;s que expuls&oacute; a quienes defend&iacute;an la libertad.
    </p><p class="article-text">
        Pienso en Francia, en esa sociedad que tantas veces ha llenado sus calles de llamas y barricadas porque se sabe soberana. No porque su historia est&eacute; libre de contradicciones, sino porque conserva la conciencia de haber conquistado derechos mediante revoluciones. Sabe que la libertad no fue una concesi&oacute;n generosa del poder. Fue una conquista popular.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, sin embargo, demasiadas veces nos han contado la democracia como si hubiera llegado sola, como un regalo. Nos falta recordar que hubo mujeres y hombres que la defendieron cuando hacerlo significaba jugarse la vida. Que hubo sindicalistas, maestras, campesinos, republicanas y personas perseguidas por amar de otra manera que pagaron un precio insoportable para que hoy podamos vivir con derechos.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras se extienden los bulos, se blanquea la dictadura y se derogan leyes de memoria democr&aacute;tica, corremos el riesgo de perder algo m&aacute;s que el conocimiento de nuestra historia: la conciencia de que somos protagonistas de nuestro futuro.
    </p><p class="article-text">
        La memoria no pertenece a los muertos. Nos pertenece a quienes seguimos aqu&iacute;. A las mujeres que no aceptamos retroceder, a quienes reivindican amar sin miedo, a las familias que todav&iacute;a buscan a sus desaparecidos y a las generaciones que merecen conocer la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Verdad, justicia, reparaci&oacute;n y garant&iacute;as de no repetici&oacute;n no son palabras para colocar en una pancarta un d&iacute;a al a&ntilde;o. Son compromisos democr&aacute;ticos que nos obligan a actuar. El blanco y negro puede resultar hermoso en una pel&iacute;cula, pero nunca impuesto sobre nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Que nadie nos convenza de que el pasado fue mejor cuando tantas personas tuvieron que luchar para escapar de &eacute;l. Que nadie nos robe los colores que otras conquistaron antes que nosotras. Recordar es una forma de resistir. Y resistir, hoy, es impedir que el miedo vuelva a gobernarnos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Nerea Marín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/aragon/el-prismatico/protagonistas-futuro_132_13599746.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 31 Oct 2026 05:00:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Protagonistas de nuestro futuro]]></media:title>
    </item>
  </channel>
</rss>
