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    <title><![CDATA[elDiario.es - Francesca Albanese]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/francesca-albanese/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Francesca Albanese]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De la pesadilla de Gaza al sueño de Fatma: cómo podemos seguir creyendo en la humanidad en medio del horror]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/pesadilla-gaza-sueno-fatma-seguir-creyendo-humanidad-medio-horror_129_13600804.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dbe787d7-9d97-4b97-b7aa-44f78a217c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De la pesadilla de Gaza al sueño de Fatma: cómo podemos seguir creyendo en la humanidad en medio del horror"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">elDiario.es publica el primer capítulo de 'La luz del despertar. De Palestina al mundo entero, un manifiesto de resistencia y libertad' (Galaxia Gutenberg), el nuevo libro de la relatora de la ONU Francesca Albanese, que sale a la venta el 21 de octubre</p><p class="subtitle">Reino Unido y su envenenada herencia colonial: por qué reconocer el Estado palestino es insuficiente
</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>I have a dream</em>&rdquo;, dec&iacute;a Martin Luther King en 1963, cuando agitaba las conciencias desde las escalinatas del monumento a Lincoln en Washington, en uno de los discursos m&aacute;s emblem&aacute;ticos de la historia. Hoy, sin embargo, s&oacute;lo siento ganas de decir:<em> I have a nightmare</em>. O mejor dicho: <em>We have a nightmare</em>, porque la pesadilla no s&oacute;lo afecta a los palestinos, sino a todos nosotros, a cualquiera que cree que la &ldquo;justicia&rdquo; no es una palabra vac&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La vida de los palestinos es una pesadilla interminable.
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://www.eldiario.es/temas/gaza/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Gaza</a> oyes el ruido de los aviones, sientes el miedo de los bombardeos, el acecho de los drones &ndash;cada vez m&aacute;s traicioneros y sofisticados&ndash; que te siguen, te esp&iacute;an, te ensordecen y disparan. La vida cotidiana consiste en sobrevivir en tiendas de campa&ntilde;a desgarradas por el viento y llenas de barro. Compartir un ba&ntilde;o con tanta gente que usarlo se vuelve imposible. Volver a una casa medio destruida por las bombas con el riesgo de que el techo se derrumbe y mate a tu familia. Afrontar el rigor del invierno &ndash;ya es el tercero desde que comenz&oacute; el genocidio&ndash;, sin ni siquiera unos libros que poder quemar para mantener a tus seres queridos, al menos a los ni&ntilde;os y ancianos, en un lugar c&aacute;lido y seguro. S&oacute;lo tiendas, fr&iacute;as en invierno, sofocantes en los t&oacute;rridos veranos. Cu&aacute;ntos muertos, desplazados, hu&eacute;rfanos, heridos, mutilados&hellip; Y los que a&uacute;n no han sucumbido al asedio total que impera desde hace m&aacute;s de dos a&ntilde;os est&aacute;n condenados a sufrir hambre y sed, a no tener derecho a una asistencia sanitaria y a una supervivencia digna. 
    </p><p class="article-text">
        En Cisjordania y en Jerusal&eacute;n Este, los palestinos viven con el terror de despertarse en plena noche con un soldado que los apunta con un fusil a la cara, que destruye sus casas, que los amenaza, los humilla delante de sus hijos o se los lleva consigo, con sus pijamas manchados de pip&iacute; porque se han orinado encima de miedo. Mientras tanto, los colonos est&aacute;n cada vez m&aacute;s furiosos: los ataques a los pueblos, comunidades rurales, tierras, coches, ganado, est&aacute;n a la orden del d&iacute;a. Incluso en las c&aacute;rceles hay casos documentados en los que se ha autorizado a periodistas y civiles israel&iacute;es a presenciar &ndash;e incluso a grabar con sus tel&eacute;fonos m&oacute;viles&ndash; los abusos infligidos a prisioneros palestinos, a quienes deber&iacute;amos llamar &ldquo;rehenes&rdquo;, dada la falta de garant&iacute;as m&iacute;nimas legales que caracteriza las detenciones israel&iacute;es en el territorio palestino ocupado.
    </p><p class="article-text">
        Esta fragmentaci&oacute;n territorial, legal y pol&iacute;tica es la institucionalizaci&oacute;n de la excepci&oacute;n; es la transformaci&oacute;n de la precariedad en condiciones permanentes; es un sistema en el que la ocupaci&oacute;n militar y la colonizaci&oacute;n ya no son sucesos aislados, sino un r&eacute;gimen consolidado en el que el control no s&oacute;lo se ejerce con las armas sino tambi&eacute;n mediante la planificaci&oacute;n urban&iacute;stica, la burocracia, la segmentaci&oacute;n administrativa, con la creaci&oacute;n de categor&iacute;as jur&iacute;dicas diferenciadas para personas que viven en el mismo espacio pero no bajo los mismos derechos. Y despu&eacute;s de d&eacute;cadas, la violencia de esta &eacute;poca nos indica que hemos llegado a la fase final: la del genocidio, la de la guerra de Israel contra un pueblo que hasta ahora ha resistido como ha podido.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La mujer que amasa el pan bajo los drones, el maestro que sigue enseñando bajo las tiendas, la familia que planta un limonero donde el día antes había una casa, las parejas que siguen casándose y –también en el infierno de Gaza– trayendo hijos al mundo. Es ahí donde la esperanza se vuelve radical: el sueño de un mundo que persiste y que, si nos esforzamos, puede mejorar. Este sueño es el corazón palpitante de la resistencia palestina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os las cosas han ido todav&iacute;a a peor: el terror se ha vuelto omnipresente, cotidiano. Se trata de una pesadilla que ha alcanzado dimensiones delirantes a los ojos del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Pero es cuando todo se derrumba a nuestro alrededor, entre el horror y la esperanza, que resulta indispensable comenzar a so&ntilde;ar. Para no sucumbir a la oscuridad de esos d&iacute;as, para intentar imaginar o al menos esbozar un &ldquo;despu&eacute;s&rdquo; es necesario dar sustancia a un sue&ntilde;o. &iquest;Cu&aacute;l es el mundo posible? Para alcanzarlo, hay que verlo. En Palestina hay un mundo sin <em>apartheid</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pese al horror, el pueblo palestino contin&uacute;a imaginando un futuro que, hoy, nadie le concede. El pueblo palestino sue&ntilde;a en rechazar la aniquilaci&oacute;n, en declarar que, pese a todo, su destino a&uacute;n no est&aacute; escrito.
    </p><p class="article-text">
        Ernest Bloch sosten&iacute;a que el ser humano es aquel que se anticipa. La esperanza, seg&uacute;n &eacute;l, es un principio de la existencia, incluso antes que algo psicol&oacute;gico: por lo tanto, la capacidad humana de proyectarse hacia una &ldquo;esperanza consciente y concreta&rdquo; es una categor&iacute;a de lo real. Bloch consolida filos&oacute;ficamente la idea de que so&ntilde;ar no es evadirse de la realidad, sino plantar la primera semilla para dar vida a algo posible. Es un principio de creaci&oacute;n, de planificaci&oacute;n, de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        La mujer que amasa el pan bajo los drones, el maestro que sigue ense&ntilde;ando bajo las tiendas, la familia que planta un limonero donde el d&iacute;a antes hab&iacute;a una casa, las parejas que siguen cas&aacute;ndose y &ndash;tambi&eacute;n en el infierno de Gaza&ndash; trayendo hijos al mundo. Es ah&iacute; donde la esperanza se vuelve radical: el sue&ntilde;o de un mundo que persiste y que, si nos esforzamos, puede mejorar. Este sue&ntilde;o es el coraz&oacute;n palpitante de la resistencia palestina.
    </p><p class="article-text">
        So&ntilde;ar, desde esta perspectiva, es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n &eacute;tica que nos permite afirmar la &ldquo;vivibilidad&rdquo; de vidas que el mundo declara prescindibles. So&ntilde;ar con el futuro de Palestina significa afirmar que las vidas de los palestinos siguen estando llenas de significado e imaginar un mundo en el que nadie &ndash;ni en Palestina ni en ning&uacute;n otro lugar&ndash; sea tratado como desechable nunca m&aacute;s.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Mirar de frente el presente y el pasado sin reprimir jamás el impulso de desear el futuro, sin dejar de soñar, por imposible que parezca. Mantener viva la memoria, mirar, contar, no girar la cabeza y el corazón hacia otro lado, sino encontrar la manera de compartirla con los demás</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A lo largo de novecientos d&iacute;as de genocidio, m&aacute;s de setenta mil palestinos murieron en Gaza por fuego israel&iacute;, y m&aacute;s de mil en el resto del territorio ocupado. Veinte mil eran ni&ntilde;os. Y el n&uacute;mero real de v&iacute;ctimas podr&iacute;a ser mayor: un estudio estim&oacute; m&aacute;s de setenta y cinco mil muertes violentas s&oacute;lo en los primeros quince meses de guerra, un 35% m&aacute;s que las cifras oficiales por el mismo periodo. Y la cifra exacta de muertes por hambre, hipotermia o falta de atenci&oacute;n m&eacute;dica es m&aacute;s dif&iacute;cil de registrar oficialmente, ya que muchas muertes se producen en hogares o en tiendas de campa&ntilde;a sin que un m&eacute;dico pueda certificarlas. El an&aacute;lisis del genocidio debe tener en cuenta la totalidad de los cr&iacute;menes cometidos contra todo el pueblo palestino. Mientras tanto, con el pretexto de una guerra existencial para defenderse de los palestinos, Israel est&aacute; impulsando medidas que modifican la composici&oacute;n demogr&aacute;fica, el car&aacute;cter religioso y el estatus legal de Jerusal&eacute;n, destruyendo con ello los restos del tejido pluralista que durante siglos la ha distinguido como un patrimonio compartido por musulmanes, cristianos y jud&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Por eso no es exagerado decir que la vida palestina es una pesadilla: porque all&iacute; se materializa algo que no te esperas que sea real en el mismo mundo en el que nos movemos y respiramos. El hambre se materializa. La tortura se materializa. El terror se materializa. Un genocidio que destruye un pueblo no s&oacute;lo con bombas, sino tambi&eacute;n con sed, hambre, infecciones, palizas, violaciones, y con la aniquilaci&oacute;n de la identidad material, cultural, econ&oacute;mica, religiosa e incluso de la memoria. La pesadilla se ha convertido en una estructura en la que viven todos los palestinos, tambi&eacute;n los de la di&aacute;spora, obligados a asistir desde la distancia a la masacre de su propia gente. Y todo esto ocurre justo cuando las Naciones Unidas y todo el sistema internacional celebran ochenta a&ntilde;os de existencia. Ochenta a&ntilde;os de cartas, convenciones, promesas de &ldquo;nunca m&aacute;s&rdquo;. De resoluciones aprobadas a&ntilde;o tras a&ntilde;o y violadas d&iacute;a tras d&iacute;a. Y Palestina se erige como el laboratorio en el que el colonialismo contempor&aacute;neo, el hijo adoptivo y predilecto del imperialismo capitalista militarizado, se actualiza, se refina, se pone a prueba.
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente la pesadilla que tenemos delante la que nos invita a no rendirnos, a ejercer la capacidad de vislumbrar un futuro diferente y a construirlo juntos.
    </p><p class="article-text">
        Mirar de frente el presente y el pasado sin reprimir jam&aacute;s el impulso de desear el futuro, sin dejar de so&ntilde;ar, por imposible que parezca. Mantener viva la memoria, mirar, contar, no girar la cabeza y el coraz&oacute;n hacia otro lado, sino encontrar la manera de compartirla con los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Hoy m&aacute;s que nunca es importante cultivar una visi&oacute;n alternativa del mundo, seguir imaginando lo que queremos, lo que merecemos, lo que necesitamos. Un mundo moldeado por la humanidad y la libertad, por el derecho y la justicia social y econ&oacute;mica, sustentado por la &eacute;tica y la solidaridad.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, se trata del poder de la narraci&oacute;n, del que habl&oacute; el gran intelectual palestino Edward Said: la capacidad de dar voz a las &ldquo;aspiraciones y los sue&ntilde;os de redenci&oacute;n de un pueblo&rdquo;, de imaginar un futuro juntos aun cuando &ldquo;la labor del colonizador consiste en impedir incluso los sue&ntilde;os de libertad del colonizado&rdquo;, como escribi&oacute; Frantz Fanon, citado por Said, al hablar de la colonizaci&oacute;n francesa en Argelia. Desde esta perspectiva, so&ntilde;ar se convierte en una forma de marcar un tiempo y un espacio de la existencia &ndash;un tiempo que fue robado, un espacio que fue ocupado&ndash; para que ese tiempo y ese espacio puedan continuar viviendo.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Toda guerra colonial produce su propio lenguaje: palabras que borran los crímenes, normalizan la violencia y transforman la excepción en una regla. Así, el genocidio se convierte en una &#039;operación&#039;, la destrucción se convierte en &#039;seguridad&#039; y la ocupación en &#039;orden&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Said nos ense&ntilde;&oacute; a mirar Palestina (tambi&eacute;n) como una geograf&iacute;a moral y un archivo viviente. Como un sue&ntilde;o que no s&oacute;lo es nost&aacute;lgico, sino que es una fuerza vital que se resiste a desaparecer. Es decir: yo estuve all&iacute;, nosotros estamos aqu&iacute;, seguiremos estando aqu&iacute;. En nuestras vidas y en las de otros, incluidos los otros pueblos, recordar lo que ha sido e inventar juntos lo que el futuro puede ser. Un sue&ntilde;o que nos pide, ante todo, despertar y tomar conciencia de la realidad, m&aacute;s all&aacute; de la propaganda. Un sistema como el israel&iacute; no puede sostenerse s&oacute;lo con la fuerza: tambi&eacute;n necesita controlar la &ldquo;narrativa&rdquo; de la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Toda guerra colonial produce su propio lenguaje: palabras que borran los cr&iacute;menes, normalizan la violencia y transforman la excepci&oacute;n en una regla. As&iacute;, el genocidio se convierte en una &ldquo;operaci&oacute;n&rdquo;, la destrucci&oacute;n se convierte en &ldquo;seguridad&rdquo; y la ocupaci&oacute;n en &ldquo;orden&rdquo;. En este espacio distorsionado, donde la realidad se retuerce hasta volverse irreconocible, el poder intenta que sea aceptable lo que humanamente ser&iacute;a insostenible. Y, pese a que este sistema hace todo lo posible para controlar el relato, la verdad contin&uacute;a aflorando como riachuelos cada vez m&aacute;s caudalosos.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en Gaza. Si en estos a&ntilde;os dif&iacute;ciles hemos podido conocer y ver su pesadilla colectiva es tambi&eacute;n gracias a personas como la periodista Bisan Owda y la artista Fatma Hassona, dos j&oacute;venes mujeres que utilizaron sus tel&eacute;fonos y sus c&aacute;maras fotogr&aacute;ficas para superar el asedio militar y medi&aacute;tico y mostrar al mundo la vida en tiempos del genocidio.
    </p><p class="article-text">
        Durante todo un a&ntilde;o, la fotoperiodista y poeta Fatma Hassona &ndash;atrapada en la ciudad de Gaza&ndash; habl&oacute; pr&aacute;cticamente a diario con la cineasta iran&iacute; Sepideh Farsi, tambi&eacute;n exiliada de su pa&iacute;s. Videollamadas inestables, interrumpidas por los bombardeos, los cortes de internet, por el temor de que cada conversaci&oacute;n pueda ser la &uacute;ltima. De aquellas llamadas naci&oacute; el documental Put Your Soul in Your Hand and Walk [Pon tu alma en tu mano y camina], el gesto cotidiano de quien sale de casa para mostrar al mundo aquello que ve, pese a saber que podr&iacute;a no volver.
    </p><p class="article-text">
        Las fotograf&iacute;as de Fatma cuentan la historia de Gaza desde dentro. &ldquo;Intento encontrar un poco de vida en este mundo muerto&rdquo;, dijo. Un edificio sin paredes con un jarr&oacute;n de flores rojas en el trozo de balc&oacute;n que queda. Una mujer que camina sola, con paso firme y elegante, junto a un edificio en ruinas. Un muro blanco acribillado a balazos con una ventana sin cristales desde la cual se ven el mar, la playa, gente que se ba&ntilde;a, una sombrilla de colores.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la cineasta le pregunt&oacute; c&oacute;mo se sent&iacute;a al ser palestina en Gaza, Fatma respondi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Somos fuertes, valientes y muy importantes para el mundo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Cu&aacute;l es vuestra mayor fortaleza?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Que no tenemos nada que perder.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, con el paso de los meses, la desesperaci&oacute;n crece, junto con el hambre y el n&uacute;mero de amigos y familiares que han fallecido.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Siento que ya no est&aacute;s aqu&iacute; como antes &ndash;se&ntilde;ala la cineasta&ndash;. Siento que, de alguna manera, te estoy perdiendo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me gustar&iacute;a estar en un lugar normal, tranquilo &ndash;responde Fatma&ndash;. Respirar aire puro, sentir la paz y sentirme como una persona corriente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Sepideh le dice que pida un deseo, Fatma le confiesa que le gustar&iacute;a ir a un parque de atracciones.
    </p><p class="article-text">
        El 15 de abril de 2025, la cineasta le informa de que la pel&iacute;cula ha sido seleccionada en el Festival de Cannes. Fatma se alegra much&iacute;simo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Vas a venir?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por supuesto. Pero s&oacute;lo si luego puedo regresar a Gaza. La ocupaci&oacute;n israel&iacute; quiere que nos vayamos. No quiero hacer eso.
    </p><p class="article-text">
        Fatma nunca ir&aacute; a Cannes.
    </p><p class="article-text">
        Pocas horas despu&eacute;s del atardecer, un misil israel&iacute; impact&oacute; en la casa de su familia en Tuffah, al este de la ciudad de Gaza. Ella falleci&oacute; junto a varios miembros de su familia, incluida su hermana embarazada, en un ataque dirigido a su apartamento, en el segundo piso, tal como demostr&oacute; la investigaci&oacute;n de Forensic Architecture dirigida por Eyal Weizman. Israel la castig&oacute; por haber elegido resistir y dar testimonio con su voluntad de vivir, de so&ntilde;ar, con su negativa a abandonar Gaza.
    </p><p class="article-text">
        Por seguir contando hasta el final lo que muchos prefer&iacute;an no mostrar al resto del mundo.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la violencia israel&iacute; no cesa ni siquiera ante los planes futuros, es m&aacute;s, se manifiesta de la forma m&aacute;s desvergonzada, con Benjamin Netanyahu y su gobierno que contin&uacute;an declarando que todas las resoluciones internacionales siguen siendo &ldquo;fundamentalmente simb&oacute;licas&rdquo;, irrelevantes con respecto a los objetivos de Israel en Gaza.
    </p><p class="article-text">
        Personajes pol&iacute;ticos como los ministros &ndash;de Finanzas y de Seguridad Nacional, respectivamente&ndash; Smotrich y Ben-Gvir han sido durante a&ntilde;os la encarnaci&oacute;n de la pol&iacute;tica nacionalista, mejor dicho, ultranacionalista, israel&iacute;. Colonos y colonialistas impulsan la anexi&oacute;n de Cisjordania sin ning&uacute;n temor a las consecuencias. Cuando figuras como Daniella Weiss &ndash;l&iacute;der hist&oacute;rica del movimiento de los colonos, a quien se escucha en las m&aacute;s altas esferas del Estado israel&iacute;&ndash; declaran p&uacute;blicamente que quieren &ldquo;un estado s&oacute;lo para los jud&iacute;os&rdquo; y que &ldquo;los &aacute;rabes no se quedar&aacute;n en Gaza, punto&rdquo; puede entenderse c&oacute;mo el derecho internacional se ignora sistem&aacute;ticamente.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La pesadilla de los palestinos viene de lejos, tras cinco generaciones de destrucción y expropiación de sus tierras. Cinco generaciones –la madre de la madre de la madre de la madre de los palestinos encarcelados en Gaza hoy, como Fatma y Bisan– que han visto promesas traicionadas, acuerdos violados, sueños de libertad destrozados y derechos humanos pisoteados</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los verdaderos planes de Israel para Gaza no incluyen, por supuesto, la devoluci&oacute;n del territorio a sus habitantes. En septiembre de 2025, en la Cumbre de Renovaci&oacute;n Urbana de Tel Aviv, Smotrich explic&oacute; ante los empresarios que el objetivo ser&iacute;a transformar Gaza en una &ldquo;mina de oro inmobiliaria&rdquo;. Una regeneraci&oacute;n urbana que no acoger&aacute; a los dos millones de desplazados en viviendas nuevas y dignas. As&iacute; es como el 90% de la poblaci&oacute;n de Gaza se ha visto obligada a abandonar sus hogares y se ha convertido en una masa de personas sin hogar. Lo que antes era una tierra de comerciantes, de c&iacute;tricos y palmerales, es ahora un desierto de escombros, polvo y esqueletos de cemento, mientras las olas del Mediterr&aacute;neo rompen contra un paisaje devastado.
    </p><p class="article-text">
        Este es el valor de Gaza para ellos. No se trata de sentimentalismo, sino de una bonanza, una mina de oro inmobiliaria, un sue&ntilde;o de dominaci&oacute;n y riqueza. Muchos lo han dicho sin ning&uacute;n pudor. Incluso Jared Kushner, yerno de Trump, declar&oacute; en 2024 que la zona costera de Gaza podr&iacute;a tener un enorme valor econ&oacute;mico, siempre y cuando Israel &ldquo;desplazara a la poblaci&oacute;n y lo limpiara todo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        La pesadilla de los palestinos viene de lejos, tras cinco generaciones de destrucci&oacute;n y expropiaci&oacute;n de sus tierras. Cinco generaciones &ndash;la madre de la madre de la madre de la madre de los palestinos encarcelados en Gaza hoy, como Fatma y Bisan&ndash; que han visto promesas traicionadas, acuerdos violados, sue&ntilde;os de libertad destrozados y derechos humanos pisoteados.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, esta crueldad no comenz&oacute; en octubre de 2023. Durante casi un siglo, el pueblo palestino ha vivido bajo el peso de un brutal proyecto colonial de asentamiento: una ocupaci&oacute;n perpetua justificada como &ldquo;seguridad de la patria israel&iacute;&rdquo; e impuesta mediante el apartheid. Esta es su historia.
    </p><p class="article-text">
        El dolor no se borra, como lo demuestra la investigaci&oacute;n sobre el trauma intergeneracional que realiz&oacute;, entre otras, una persona a la que estoy muy unida, Gabor Mat&eacute;, un m&eacute;dico jud&iacute;o de origen h&uacute;ngaro que sobrevivi&oacute; a la Shoah siendo un ni&ntilde;o y dedic&oacute; su vida a estudiar c&oacute;mo se trasmite el trauma a trav&eacute;s de las generaciones. Hoy, con m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os, est&aacute; comprometido activamente en denunciar el genocidio que se sigue cometiendo en Palestina. El trauma se transmite, se hereda, se lleva en la sangre. A veces, incluso, se repite. Otras, sin embargo, se rompe cuando alguien decide afrontarlo en lugar de transmitirlo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos creado este bonito sue&ntilde;o, pero le hemos impuesto una pesadilla a otra persona&rdquo;, escribi&oacute; Mat&eacute; hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os en un art&iacute;culo para el Toronto Star, en el que compart&iacute;a su experiencia como jud&iacute;o para mostrar la hipocres&iacute;a de los l&iacute;deres mundiales y la &ldquo;gran desigualdad de poder&rdquo; entre palestinos e israel&iacute;es. Para &eacute;l, es inaceptable el hecho de que haber sido v&iacute;ctimas en un pasado (como el caso de los jud&iacute;os durante el nazismo) justifique la posibilidad de convertirse en verdugos en el presente. &ldquo;Mi coraz&oacute;n me dice que 'nunca m&aacute;s' no es un lema tribal, que el asesinato de mis abuelos en Auschwitz no justifica las continuas expropiaciones de los palestinos, que la justicia, la verdad y la paz no son prerrogativas tribales.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Gabor ha trabajado incansablemente para ayudar a desmantelar la narrativa del gobierno de Netanyahu y subrayar c&oacute;mo la ocupaci&oacute;n, el bloqueo de Gaza y la destrucci&oacute;n de la identidad palestina no son pol&iacute;ticas compatibles con una paz justa, sino instrumentos flagrantes de la limpieza &eacute;tnica vigente. &Eacute;l nos invita a superar la l&oacute;gica nacionalista para redescubrir una humanidad compartida, basada en la compasi&oacute;n, la aceptaci&oacute;n del dolor y la elaboraci&oacute;n de un duelo com&uacute;n. Al pensar en un viejo amigo suyo &ndash;fiel a la visi&oacute;n sionista que &eacute;l tuvo una vez (pero de la que luego se distanci&oacute;)&ndash;, Gabor se pregunta: &ldquo;&iquest;No podemos al menos entristecernos juntos por aquello en lo que se ha convertido ese hermoso y antiguo sue&ntilde;o de redenci&oacute;n jud&iacute;a? &iquest;No podemos llorar la muerte de los inocentes? Estos d&iacute;as estoy triste. &iquest;No podemos al menos sufrir juntos?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Muchos se lo preguntan: &iquest;c&oacute;mo es posible que tantos de aquellos cuyos antepasados sufrieron genocidio se hayan convertido, a su vez, en perpetradores de un genocidio? Yo creo que, si miramos la historia desde un punto de vista m&aacute;s humano, podemos comprender que precisamente la existencia de un trauma excesivo e intergeneracional, si no se trata de forma adecuada
    </p><p class="article-text">
        &ndash;o, peor a&uacute;n, si se instrumentaliza deliberadamente&ndash;, es lo que lleva a quienes han sufrido a volverse crueles y optar por infligir un trauma a quienes son m&aacute;s d&eacute;biles. Cu&aacute;nto peor se trate el trauma, mayor ser&aacute; el riesgo de que se cronifique, hasta el punto de convertirse en una especie de psicosis. Y, as&iacute;, el sue&ntilde;o de un proyecto pol&iacute;tico termina por transformarse en la pesadilla de un pueblo, y se prolonga a lo largo de cinco generaciones.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        A principios del siglo xx, Palestina era una sociedad en v&iacute;as de transformaci&oacute;n: escuelas modernas, nuevas ideas, una econom&iacute;a cada vez m&aacute;s integrada en el mundo. Los &aacute;rabes musulmanes conviv&iacute;an con las minor&iacute;as cristianas y jud&iacute;as, unidos por el idioma, la vecindad y un tejido social que hab&iacute;a regido la vida comunitaria durante siglos. Una vida de coexistencia pac&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Luego, a finales del siglo xix, lleg&oacute; el sionismo pol&iacute;tico europeo, con la idea de crear un estado jud&iacute;o en Palestina que pudiera brindar un hogar seguro a los jud&iacute;os perseguidos en Europa. La inmigraci&oacute;n jud&iacute;a comenz&oacute; a crecer, pero muchos de los reci&eacute;n llegados no se integraron en la sociedad &aacute;rabe y pluralista existente. Poco a poco, la poblaci&oacute;n local comenz&oacute; a percibir los cambios como una amenaza. Luego, la Primera Guerra Mundial y las carest&iacute;as que la acompa&ntilde;aron golpearon duramente al pueblo palestino, ya atrapado en una mara&ntilde;a de promesas contradictorias por parte de las potencias extranjeras. Como cuenta el historiador Rashid Khalidi, la guerra trajo graves consecuencias: pobreza, hambre y enfermedades; se estima que, durante ese periodo, la Gran Siria registr&oacute; medio mill&oacute;n de muertes s&oacute;lo por hambruna. En este dram&aacute;tico contexto, entraron en juego las maniobras geopol&iacute;ticas de Gran Breta&ntilde;a: entre 1915 y 1917, negoci&oacute; tres acuerdos interrelacionados que convertir&iacute;an Palestina en el &uacute;ltimo y m&aacute;s sofisticado basti&oacute;n colonial.
    </p><p class="article-text">
        El primero fue la correspondencia Husayn-McMahon: un intercambio de misivas entre el Alto Comisionado brit&aacute;nico en Egipto y el jerife Husayn, custodio de los lugares sagrados musulmanes en Palestina. Los brit&aacute;nicos, en guerra contra los otomanos, intentaron convencer a Husayn para que liderara una revuelta &aacute;rabe, y le ofrecieron ayuda para conseguir la independencia. McMahon escribi&oacute;: &ldquo;Gran Breta&ntilde;a est&aacute; dispuesta a reconocer y apoyar la independencia de los &aacute;rabes&rdquo;. Pero a la hora de definir las fronteras de los territorios que ser&iacute;an independientes las promesas se volvieron deliberadamente ambiguas.
    </p><p class="article-text">
        En 1916, los brit&aacute;nicos llegaron a un segundo acuerdo, el llamado Sykes-Picot: un pacto secreto en el que el diplom&aacute;tico Mark Sykes y el franc&eacute;s Fran&ccedil;ois Georges-Picot decidieron c&oacute;mo deb&iacute;a dividirse Asia Occidental &ndash;lo que en la jerga colonial se suele llamar Oriente Medio&ndash; despu&eacute;s de la guerra. El tratado &ndash;que ignoraba las promesas hechas a Sharif Husayn&ndash; establec&iacute;a que Palestina quedar&iacute;a bajo la administraci&oacute;n internacional.
    </p><p class="article-text">
        El tercer acuerdo fue la Declaraci&oacute;n Balfour de 1917, una carta del ministro de Asuntos Exteriores brit&aacute;nico dirigida a lord Rothschild, representante de la comunidad jud&iacute;a brit&aacute;nica: con ella, los brit&aacute;nicos se comprometieron a promover la creaci&oacute;n de un &ldquo;hogar nacional jud&iacute;o&rdquo; en Palestina. Como se&ntilde;ala Khalidi, la abrumadora mayor&iacute;a &aacute;rabe de la poblaci&oacute;n ni siquiera fue mencionada: Balfour nunca se refiri&oacute; abiertamente al pueblo &aacute;rabe o palestino, que representaba el 94% de la poblaci&oacute;n, sino s&oacute;lo de manera indirecta a &ldquo;las comunidades no jud&iacute;as existentes en Palestina&rdquo;, a las que s&oacute;lo se les prometieron derechos civiles y religiosos, dejando de lado los pol&iacute;ticos. Exactamente como sucede hoy.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de la ret&oacute;rica religiosa del &ldquo;retorno&rdquo; de los jud&iacute;os a la tierra b&iacute;blica se escond&iacute;an razones econ&oacute;micas y estrat&eacute;gicas. Como afirma Khalidi, &ldquo;el Imperio brit&aacute;nico nunca actuaba por altruismo&rdquo;. Controlar Palestina serv&iacute;a a sus intereses geopol&iacute;ticos.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Si el trauma se transmite, también se transmite la responsabilidad de quienes lo hicieron posible. Ningún Estado puede declararse inocente ante lo ocurrido en Palestina, y aún menos los occidentales</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando las tropas brit&aacute;nicas conquistaron Jerusal&eacute;n a finales de 1917, los palestinos comprendieron que su tierra hab&iacute;a pasado de un dominio extranjero a otro.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de cuatrocientos a&ntilde;os de dominio otomano, no eran ni libres ni independientes: los brit&aacute;nicos simplemente sustituyeron a los turcos como nuevos colonizadores, mediante el Mandato brit&aacute;nico otorgado por la Sociedad de Naciones, que, en 1922, incorpor&oacute; la Declaraci&oacute;n Balfour. Khalidi defini&oacute; ese texto cuidadosamente redactado y elaborado como &ldquo;un arma apuntando directamente a la cabeza, una declaraci&oacute;n de guerra del Imperio brit&aacute;nico contra la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la historia palestina ha estado marcada por una serie de negaciones que han alimentado una aut&eacute;ntica guerra contra su pueblo a lo largo de un siglo: la represi&oacute;n de los levantamientos de 1936-1939; el plan de partici&oacute;n de 1947, con la consiguiente limpieza &eacute;tnica del territorio sobre el que se formar&iacute;a el Estado de Israel; la ocupaci&oacute;n israel&iacute; tras la guerra de 1967; la invasi&oacute;n israel&iacute; del L&iacute;bano en 1982 (que tambi&eacute;n se dirigi&oacute; contra los refugiados palestinos en el pa&iacute;s); los Acuerdos de Oslo, y el bloqueo de Gaza desde 2007, que est&aacute; resultando ser una de las destrucciones m&aacute;s terribles de los tiempos modernos.
    </p><p class="article-text">
        ***
    </p><p class="article-text">
        Si el trauma se transmite, tambi&eacute;n se transmite la responsabilidad de quienes lo hicieron posible. Ning&uacute;n Estado puede declararse inocente ante lo ocurrido en Palestina, y a&uacute;n menos los occidentales.
    </p><p class="article-text">
        Fue muy emotivo hablar de ello ante las m&aacute;s de doce mil personas que, en septiembre de 2025, llenaron el OVO Arena de Wembley en Londres. Hab&iacute;a algo profundamente simb&oacute;lico en estar all&iacute;, en la capital del &uacute;ltimo gran imperio colonial para hablar de la responsabilidad de Gran Breta&ntilde;a, que, en 1917, con la Declaraci&oacute;n Balfour, sembr&oacute; la primera semilla de esta cat&aacute;strofe.
    </p><p class="article-text">
        Ante un p&uacute;blico numeroso y entusiasta, en un escenario con escenograf&iacute;a de Malak Mattar &ndash;la maravillosa pintora de Gaza con quien he mantenido una estrecha relaci&oacute;n durante muchos a&ntilde;os y cuyas obras ilustran las portadas de Cuando el mundo duerme y tambi&eacute;n de este libro&ndash;, poder llamar a las cosas por su nombre fue una preciosa oportunidad.
    </p><p class="article-text">
        Porque a menudo tendemos a olvidarlo, pero Gran Breta&ntilde;a, hace poco m&aacute;s de cien a&ntilde;os, prometi&oacute; al movimiento sionista la creaci&oacute;n de un hogar nacional jud&iacute;o en Palestina, una tierra que no pertenec&iacute;a a los ingleses y que los ingleses no ten&iacute;an derecho a &ldquo;entregar&rdquo; a otros, del mismo modo que hoy no lo tienen los israel&iacute;es que se declaran dispuestos a dividir Gaza y a anexionarse Cisjordania. Y esto no significa negar el horror que sufri&oacute; el pueblo jud&iacute;o de Europa hace un siglo, ni la necesidad de protegerlo. Pero &iquest;por qu&eacute; esa protecci&oacute;n se produjo a expensas de otro pueblo que, hasta entonces, hab&iacute;a convivido pac&iacute;ficamente con los jud&iacute;os y no hab&iacute;a tenido nada que ver con el antisemitismo europeo?
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; comenz&oacute; el horror de hoy: en la segunda d&eacute;cada del siglo xx, cuando los brit&aacute;nicos traicionaron todas las promesas que hicieron al pueblo palestino.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">El primer paso es dejar de llamar normalidad a lo que no lo es. Pero entonces surge un problema: una vez que ves, ya no puedes fingir que no pasa nada. Y a partir de ahí, además de liberarte, te sientes irremediablemente incómodo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cinco generaciones de confianza traicionada y sue&ntilde;os destrozados. Y fue necesario esperar una veintena de a&ntilde;os &ndash;el tiempo de una generaci&oacute;n&ndash; para que, en 1936, el pueblo palestino, humillado y despojado, decidiera rebelarse contra los brit&aacute;nicos. Levantaron la cabeza, se organizaron y declararon las primeras huelgas: la primera verdadera intifada palestina dur&oacute; tres largos a&ntilde;os, que los colonizadores brit&aacute;nicos reprimieron con brutalidad, lo que sent&oacute; las bases para el desastre que llegar&iacute;a despu&eacute;s, tal como cuenta con gran delicadeza la hermosa pel&iacute;cula Palestina 36. Un movimiento popular para apoyar su sue&ntilde;o de independencia y libertad, formado por grandes y peque&ntilde;os sacrificios.
    </p><p class="article-text">
        Y hoy, para apoyarlos, numerosas personas en todo el mundo hacen lo mismo: levantan la cabeza, luchan contra el sistema que permiti&oacute; el genocidio y desaf&iacute;an la creciente represi&oacute;n en todas partes. Muchos trabajadores renunciaron a sus salarios para ir a la huelga por Palestina; j&oacute;venes y mayores se manifestaron ante las embajadas; protestas y ocupaciones en las universidades y marchas espont&aacute;neas transformaron nuestras ciudades en lugares de solidaridad y resistencia; tambi&eacute;n brindaron apoyo a la Flotilla de Gaza, mientras el movimiento BDS (Boicot, Desinversi&oacute;n y Sanciones) ha seguido creciendo con fuerza y eficacia. Estas manifestaciones concretas son una herramienta vital para los palestinos y representan un cambio decisivo con respecto a la normalidad somnolienta que, a menudo, los gobiernos c&oacute;mplices pretenden mantener: como cuando, tras una emergencia &ndash;un terremoto o una avalancha&ndash;, la gente se une para trabajar conjuntamente. Desde Palestina, se ha sembrado la semilla de un proyecto colectivo. Nosotros, que no controlamos grandes capitales, algoritmos ni armas, vemos cada vez con mayor claridad que la humanidad tiene un enemigo com&uacute;n en ese sistema que sigue fomentando el genocidio del pueblo palestino y creando enormes desigualdades econ&oacute;micas y sociales. Las libertades fundamentales son la &uacute;ltima v&iacute;a pac&iacute;fica a la que podemos aspirar para contrarrestarlo.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Soñar con Palestina, sin embargo, significa soñar con la posibilidad –aún viva– de un orden internacional que no se fundamente en la fuerza, sino en la justicia, al igual que en su día hubo alguien que soñó con un mundo sin esclavitud, un mundo donde las mujeres pudieran votar, un mundo donde el trabajo infantil estuviera prohibido, un mundo donde las personas, fuese cual fuese su color de piel, pudieran usar los mismos baños o beber agua de la misma fuente</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El primer paso es dejar de llamar normalidad a lo que no lo es. Pero entonces surge un problema: una vez que ves, ya no puedes fingir que no pasa nada. Y a partir de ah&iacute;, adem&aacute;s de liberarte, te sientes irremediablemente inc&oacute;modo.
    </p><p class="article-text">
        So&ntilde;ar significa permanecer, resistir, imaginar entre las ruinas y m&aacute;s all&aacute; de ellas. El sue&ntilde;o es tambi&eacute;n una llamada al otro, pero va dirigida ante todo a nosotros mismos: si no so&ntilde;amos con la liberaci&oacute;n de todos, traicionamos nuestra humanidad. Si los derechos se convierten en un monumento, dejan de ser un instrumento de lucha y se reducen a una instituci&oacute;n vac&iacute;a que s&oacute;lo sirve para legitimar el poder existente. So&ntilde;ar con Palestina, sin embargo, significa so&ntilde;ar con la posibilidad &ndash;a&uacute;n viva&ndash; de un orden internacional que no se fundamente en la fuerza, sino en la justicia, al igual que en su d&iacute;a hubo alguien que so&ntilde;&oacute; con un mundo sin esclavitud, un mundo donde las mujeres pudieran votar, un mundo donde el trabajo infantil estuviera prohibido, un mundo donde las personas, fuese cual fuese su color de piel, pudieran usar los mismos ba&ntilde;os o beber agua de la misma fuente.
    </p><p class="article-text">
        El sue&ntilde;o es una herida y una cura. La imaginaci&oacute;n ya es una forma de curaci&oacute;n, una medicina que mantiene al pueblo palestino en pie y lo fortalece. Palestina es el centro moral del siglo xxi: so&ntilde;ar con ella significa elegir la humanidad, precisamente cuando parece m&aacute;s dif&iacute;cil. Significa negarse a que el horror tenga la &uacute;ltima palabra, y que la civilizaci&oacute;n sea una tarea que cada uno de nosotros pueda hacer suya.
    </p><p class="article-text">
        Fatma Hassona no quer&iacute;a irse. La madre de Fatma, la madre de la madre de la madre de la madre de Fatma, que vio llegar a los primeros colonos a su tierra, no quer&iacute;a irse. Ella y sus hijos fueron expulsados de su hogar con unas pocas prendas de ropa y una llave, convencidos de que regresar&iacute;an en unos d&iacute;as; pero los palestinos a&uacute;n llevan esa llave consigo. La han pasado de madres a hijas durante setenta y siete a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Ni siquiera sus hijos se ir&aacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Francesca Albanese]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/pesadilla-gaza-sueno-fatma-seguir-creyendo-humanidad-medio-horror_129_13600804.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 20 Oct 2026 19:36:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De la pesadilla de Gaza al sueño de Fatma: cómo podemos seguir creyendo en la humanidad en medio del horror]]></media:title>
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