<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Joan Subirats]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joan_subirats/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Joan Subirats]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510028/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa en la encrucijada: defensa, bienestar y el precio de la autonomía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-encrucijada-defensa-bienestar-precio-autonomia_129_13193297.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1e7e6aa7-f93c-41e6-b0fd-a362041065f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Europa en la encrucijada: defensa, bienestar y el precio de la autonomía"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es un reto de imaginación política: concebir un proyecto europeo capaz de proteger a sus ciudadanos sin traicionar los valores que lo distinguen y que ofrezca una alternativa creíble a la fragmentación nacionalista. La pregunta no es si Europa puede permitírselo. La pregunta es si puede permitirse no hacerlo
</p></div><p class="article-text">
        Hasta hace relativamente poco la relaci&oacute;n transatl&aacute;ntica se daba por descontada. Hab&iacute;a una especie de distribuci&oacute;n de roles. Estados Unidos garantizaba la seguridad del continente, Europa aportaba estabilidad normativa y un intercambio comercial s&oacute;lido, y ambas orillas compart&iacute;an un horizonte liberal-democr&aacute;tico. Poco a poco primero y muy r&aacute;pido &uacute;ltimamente la cosa se ha resquebrajado por completo. Primero la crisis de 2008, luego el Brexit, la pandemia, la guerra de Ucrania, pero el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca lo ha acelerado todo. El episodio de Groenlandia colm&oacute; el vaso. Lo de que un presidente estadounidense exprese p&uacute;blicamente su voluntad de anexionar un territorio europeo no es una tonter&iacute;a m&aacute;s de un exc&eacute;ntrico megal&oacute;mano. Es la se&ntilde;al de que Washington ve a Europa como un terreno a disputar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; ha sido. La administraci&oacute;n Trump 2.0 apunta en una direcci&oacute;n clara: fragmentar la capacidad de acci&oacute;n aut&oacute;noma de Europa. La fotograf&iacute;a que tienen en la Casa Blanca mezcla tres ideas: un declive econ&oacute;mico europeo irreversible, una p&eacute;rdida de &ldquo;identidad civilizatoria&rdquo; (judeocristiana) que no hay quien recomponga y la p&eacute;rdida de soberan&iacute;a de los estados nacionales a beneficio de la burocracia de Bruselas. Todo ello conduce a que Washington corteje abiertamente a los partidos nacional-ultraconservadores del continente (AfD, Reagrupaci&oacute;n Nacional, Fratelli d'Italia, Fidesz, Vox). Partidos capaces de bloquear cualquier avance hacia una autonom&iacute;a estrat&eacute;gica genuinamente europea que se ve como una amenaza para la hegemon&iacute;a estadounidense. La administraci&oacute;n Trump ve en estos partidos a socios naturales de un proyecto antiliberal: una Europa d&eacute;bil, dividida y dependiente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La guerra de Ucrania y la presi&oacute;n americana han provocado un cambio de &eacute;poca que coloca el gasto militar en el centro del proyecto europeo. La idea de una <a href="https://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/BRIE/2025/769566/EPRS_BRI(2025)769566_EN.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;ReArm Europe&rdquo;</a> con cientos de miles de millones en inversi&oacute;n en armamento convive mal con Estados del bienestar ya tensionados por la inflaci&oacute;n, la transici&oacute;n ecol&oacute;gica y el envejecimiento demogr&aacute;fico. Europa se enfrenta as&iacute; a una versi&oacute;n contempor&aacute;nea del viejo dilema entre ca&ntilde;ones y mantequilla, complicada porque debe sumar la descarbonizaci&oacute;n, la digitalizaci&oacute;n y la cohesi&oacute;n social. Algunos gobiernos, especialmente Polonia, intentan presentar el rearme como un &ldquo;keynesianismo militar&rdquo; capaz de reindustrializar el continente Se corre el riesgo de aumentar la dependencia tecnol&oacute;gica y estrat&eacute;gica mientras se desv&iacute;an recursos de sanidad, educaci&oacute;n o transici&oacute;n verde. Los ciudadanos europeos, seg&uacute;n los sondeos de opini&oacute;n realizados, pide simult&aacute;neamente m&aacute;s seguridad, m&aacute;s acci&oacute;n clim&aacute;tica y m&aacute;s protecci&oacute;n social. No concibe la defensa solo con tanques y misiles, sino que piden que se combine con energ&iacute;a propia ciberseguridad y democracia. Los europeos quieren sentirse protegidos, pero no a costa de desmantelar el modelo social del que disfrutan. Si no se aumenta el presupuesto de la Uni&oacute;n el riesgo es que la partida militar se imponga por la v&iacute;a de los hechos, alimentada por un discurso de nueva derecha que tiende a presentar el gasto social como el factor que atrae a los migrantes a costa de los nativos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; es donde la cuesti&oacute;n fiscal se convierte en prioridad pol&iacute;tica. Para sostener tanto la defensa como el bienestar sin romper la uni&oacute;n monetaria, Europa ha empezado a dar pasos hacia una soberan&iacute;a compartida en el terreno financiero. La emisi&oacute;n conjunta de deuda durante la pandemia y ahora para Ucrania marca una ruptura con el veto hist&oacute;rico de Alemania a los eurobonos. Como ha escrito Claudi P&eacute;rez en<em> El Pa&iacute;s</em>, se trata de una especie de &ldquo;mutaci&oacute;n kafkiana&rdquo;: la regla de la unanimidad se ha erosionado en situaciones de emergencia, y eso convierte a la UE en un actor pol&iacute;tico m&aacute;s capaz cuando la crisis aprieta. Los eurobonos son el embri&oacute;n de una uni&oacute;n fiscal que necesariamente obligar&aacute; a redefinir el marco institucional y las bases de legitimidad de la UE: qu&eacute; se financia, qui&eacute;n paga, qui&eacute;n decide y con qu&eacute; contrapesos democr&aacute;ticos. Los gobiernos nacional-populistas aceptan gustosos el dinero europeo, pero quieren blindarse frente a las responsabilidades futuras. La paradoja es que los Estados pierden margen individual en materia presupuestaria, pero ganan capacidad colectiva para sostener pol&iacute;ticas que ninguna capital por si sola podr&iacute;a financiar.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ilustra bien esta encrucijada. Es un pa&iacute;s que ha apostado decididamente por la integraci&oacute;n europea, que fue uno de los principales beneficiarios de los fondos Next Generation EU y que ha respaldado con firmeza tanto la emisi&oacute;n de deuda com&uacute;n como el acuerdo con Mercosur. Este &uacute;ltimo, que acaba de entrar en vigor provisionalmente, no es solo un pacto comercial: crea un mercado de m&aacute;s de 700 millones de personas y env&iacute;a una se&ntilde;al pol&iacute;tica contundente en un mundo donde el multilateralismo est&aacute; bajo asedio. Para Espa&ntilde;a, con sus lazos hist&oacute;ricos, culturales y empresariales con Am&eacute;rica Latina, Mercosur representa una oportunidad de diversificaci&oacute;n estrat&eacute;gica y al mismo tiempo una prueba de que Europa puede tejer alianzas m&aacute;s all&aacute; del eje atl&aacute;ntico tradicional.
    </p><p class="article-text">
        La misma l&oacute;gica de diversificaci&oacute;n empuja a Europa hacia el Pac&iacute;fico. La UE ha intensificado sus relaciones con Jap&oacute;n, Corea del Sur, India y otros pa&iacute;ses de la zona, y lo que hace poco era un ejercicio de expertos en relaciones internacionales tiene ahora tintes de urgencia. Pa&iacute;ses como Jap&oacute;n o Corea del Sur, que dudan tambi&eacute;n de la fiabilidad del paraguas americano, miran hacia Europa como socio de defensa y tecnolog&iacute;a. Los ejercicios navales conjuntos, las asociaciones estrat&eacute;gicas y las negociaciones comerciales que menudean con el Sudeste Asi&aacute;tico dibujan un mapa de alianzas m&aacute;s complejo. Pero el reto es pasar de la ret&oacute;rica a la capacidad operativa, ya que si Europa no tiene un m&uacute;sculo diplom&aacute;tico, industrial y militar propio no acabar&aacute; siendo tomada en serio en esa regi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;todo esto qui&eacute;n lo lidera? Francia arrastra inestabilidad pol&iacute;tica y Alemania vive un periodo de introspecci&oacute;n tras a&ntilde;os de dependencia del gas ruso y del paraguas americano. Mientras tanto, la &ldquo;otra Europa&rdquo; reclama asiento en la cabecera de la mesa. Polonia se ha convertido en actor central del debate sobre defensa, los pa&iacute;ses b&aacute;lticos marcan la pauta en la percepci&oacute;n de la amenaza rusa, e Italia y Espa&ntilde;a ganan peso pol&iacute;tico relativo. Pero esta pluralidad de voces, que enriquece el debate, tambi&eacute;n dificulta los consensos en una uni&oacute;n atrapada entre la l&oacute;gica intergubernamental y la necesidad de decisiones r&aacute;pidas.
    </p><p class="article-text">
        Europa se encuentra ante una encrucijada que no admite medias tintas. La autonom&iacute;a estrat&eacute;gica no es lo contrario de la soberan&iacute;a nacional, sino probablemente su condici&oacute;n de supervivencia en un mundo de potencias continentales y guerras h&iacute;bridas. Pero hacerla realidad exige aceptar p&eacute;rdidas de autonom&iacute;a en cuestiones sensibles como son el presupuesto, la mutualizaci&oacute;n de la deuda, el reforzamiento de la industria de defensa, pero tambi&eacute;n el apuntalamiento de los mecanismos democr&aacute;ticos que acaben dando legitimidad a esas decisiones. Es, en el fondo, un reto de imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica: concebir un proyecto europeo capaz de proteger a sus ciudadanos sin traicionar los valores que lo distinguen y que ofrezca una alternativa cre&iacute;ble a la fragmentaci&oacute;n nacionalista. La pregunta no es si Europa puede permit&iacute;rselo. La pregunta es si puede permitirse no hacerlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-encrucijada-defensa-bienestar-precio-autonomia_129_13193297.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 May 2026 20:57:52 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1e7e6aa7-f93c-41e6-b0fd-a362041065f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3000275" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1e7e6aa7-f93c-41e6-b0fd-a362041065f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3000275" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Europa en la encrucijada: defensa, bienestar y el precio de la autonomía]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1e7e6aa7-f93c-41e6-b0fd-a362041065f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[UE - Unión Europea,Donald Trump]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fatiga democrática. El cansancio de las promesas incumplidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fatiga-democratica-cansancio-promesas-incumplidas_129_13156928.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49fac443-c7b1-49d6-9bc8-389abf34d39a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fatiga democrática. El cansancio de las promesas incumplidas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La insatisfacción juvenil con la democracia existente no es necesariamente antidemocrática. Puede ser la forma en que la democracia siga exigiéndose lo que aún no es</p></div><p class="article-text">
        Hay una sensaci&oacute;n de fatiga que va atravesando las distintas democracias europeas y que no resulta f&aacute;cil acabar relacion&aacute;ndola con una sola causa. Pero entiendo que una parte de la misma tiene que ver con la sensaci&oacute;n de que el pacto sobre el que se construyeron nuestras sociedades (t&uacute; te esfuerzas hoy, progresas y el sistema te protege ma&ntilde;ana, t&uacute; delegas en las instituciones y estas responden), parece que ha dejado de funcionar como la gente esperaba. Cruje lo suficiente como para que cada vez muchos y diversos se pregunten si merece la pena seguir confiando. Esa fatiga parece que se manifiesta con especial intensidad en las generaciones que est&aacute;n entrando en la vida adulta sin haber conocido una &eacute;poca en la que las promesas fueran cumpli&eacute;ndose. Es en esa franja en la que se cruzan con especial intensidad la precariedad material, la incertidumbre y una sensaci&oacute;n de agotamiento fruto m&aacute;s de la propia din&aacute;mica vital que del trabajo. Y es precisamente en esa franja en la que la democracia se juega parte de su futuro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://elpais.com/economia/2026-04-18/malestar-economico-y-falta-de-expectativas-por-que-los-jovenes-se-alejan-del-sistema-fiscal.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un reportaje reciente de El Pa&iacute;s</a> examinaba un fen&oacute;meno revelador: el creciente distanciamiento de los j&oacute;venes respecto al sistema fiscal. Seg&uacute;n el Instituto de Estudios Fiscales, el 93,6% de los mayores de 65 a&ntilde;os considera que los impuestos son necesarios. Entre los j&oacute;venes de 18 a 24 a&ntilde;os, esa cifra cae al 67,9%. Un 30% de los espa&ntilde;oles, lo que es todo un r&eacute;cord en la &uacute;ltima d&eacute;cada, considera que los impuestos son algo que el Estado nos obliga a pagar sin que acabe de quedar claro a cambio de qu&eacute;. Y entre los m&aacute;s j&oacute;venes, especialmente entre los varones, esa percepci&oacute;n se agudiza.
    </p><p class="article-text">
        La idea de que los j&oacute;venes no creen en la democracia va reapareciendo de manera asidua. Casi siempre con datos que lo avalan. <a href="https://www.eldiario.es/politica/jovenes-no-temen-dictadura-claves-declive-confianza-democracia-nuevas-generaciones_1_12131368.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seg&uacute;n el CIS</a>, un 38% de los menores de 24 a&ntilde;os no descartar&iacute;a vivir en un r&eacute;gimen poco democr&aacute;tico si eso les garantizase mejor calidad de vida. Un <a href="http://www.icip.cat/wp-content/uploads/2025/12/ICIP_2025_ES.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio del ICIP</a> revela que solo un tercio de los j&oacute;venes catalanes menores de 35 a&ntilde;os considera la democracia preferible a cualquier alternativa. En el <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">conjunto de Europa</a>, uno de cada cinco j&oacute;venes ya no la defiende como el mejor sistema de gobierno. Los datos son preocupantes. Pero deber&iacute;amos evitar que la recepci&oacute;n pasiva de los mismos acabe generando una l&oacute;gica de profec&iacute;a autocumplida.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n m&aacute;s extendida se refugia en la idea que los j&oacute;venes no valoran lo que tienen, que no saben lo que tuvieron que pelear sus mayores. En Espa&ntilde;a se concreta en que desconocen lo que fue el franquismo, no valoran lo que cost&oacute; la transici&oacute;n, dan por descontadas libertades que costaron mucho conseguir. Asoma una idea de ingratitud, combinada con afirmaciones como que se han vuelto c&oacute;modos, que no quieren esforzarse o que buscan el atajo, como ser influencer o apostar por las criptomonedas. Tenemos que ir con cuidado, ya que corremos el riesgo de confundir el s&iacute;ntoma con la enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que de manera m&aacute;s general se est&aacute; resquebrajando es la confianza en el pacto social que los impuestos representan. La disposici&oacute;n a contribuir depende de que uno perciba el sistema como justo y crea que el esfuerzo de hacerlo tendr&aacute; retorno. Y es precisamente la sensaci&oacute;n de sistema justo y la expectativa de futuro lo que puede estar fallando. Los datos disponibles van en esa l&iacute;nea: el 83% de la ciudadan&iacute;a cree que la presi&oacute;n fiscal recae m&aacute;s sobre las rentas bajas y medias que sobre las grandes fortunas. M&aacute;s de la mitad considera que la relaci&oacute;n entre lo que se paga y lo que se recibe es peor en Espa&ntilde;a que en otros pa&iacute;ses europeos. El sistema funciona bajo una l&oacute;gica de ciclo vital (pago m&aacute;s ahora que trabajo y despu&eacute;s me ver&eacute; compensado) pero ello exige que haya confianza en ese futuro. Si esa confianza se debilita, como ocurre entre quienes han crecido encadenando crisis, la solidaridad intergeneracional se resquebraja. Esto no es un conflicto entre j&oacute;venes y mayores, aunque a veces se presente as&iacute;. Es algo m&aacute;s profundo: es la erosi&oacute;n de las bases comunes propias&nbsp;de cualquier proyecto colectivo. Cuando los j&oacute;venes se distancian del sistema fiscal, no est&aacute;n rechazando la idea de lo p&uacute;blico; est&aacute;n diciendo que lo p&uacute;blico, tal como lo experimentan, no les incluye como deber&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A la percepci&oacute;n de injusticia presente se a&ntilde;ade algo m&aacute;s difuso, pero igualmente poderoso: la sensaci&oacute;n de que no es solo que las cosas vayan mal, sino que van a ir a peor. El cambio clim&aacute;tico, la precarizaci&oacute;n global del trabajo, la aceleraci&oacute;n tecnol&oacute;gica que amenaza empleos antes de que se hayan consolidado, la sucesi&oacute;n de crisis que se encadenan sin respiro: todo ello configura un horizonte poco propicio a la esperanza. Este estado de &aacute;nimo, que a veces se etiqueta como colapsismo y al que alude el <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-imaginar-el-fin/446514" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&uacute;ltimo libro de Eudald Espluga</a>, es m&aacute;s un sentido com&uacute;n difuso que se respira en redes, en conversaciones llenas de iron&iacute;a y resignaci&oacute;n, que una ideolog&iacute;a fundamentada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Frente a ello la democracia no puede prometer enemigos claros y soluciones r&aacute;pidas como las que ofrecen&nbsp;la extrema derecha o el aceleracionismo tecnol&oacute;gico. Lo que la democracia s&iacute; puede hacer, y debe hacer con urgencia, es reconstruir el pacto que se est&aacute; rompiendo. Y eso empieza por lo m&aacute;s concreto: entregar presente. No planes a quince a&ntilde;os, no indicadores macroecon&oacute;micos, no promesas electorales que se evaporan: cosas tangibles que cambien la vida. Vivienda accesible. Empleo que permita independizarse. Un sistema fiscal que se perciba como justo, que informe adecuadamente de lo que valen los servicios p&uacute;blicos y que devuelva de manera visible lo que recibe. Cuando la pol&iacute;tica entrega eso, la desafecci&oacute;n va perdiendo sustrato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La democracia ha de explicarse mejor. Todo lo que hoy parece obvio, como la sanidad p&uacute;blica, los derechos laborales, el voto femenino, la despenalizaci&oacute;n de la homosexualidad, la propia existencia de una Espa&ntilde;a democr&aacute;tica tras cuarenta a&ntilde;os de dictadura, no ha venido del cielo. Han sido &eacute;xitos de la gente que lo pele&oacute;. Recuperar esa memoria no es nostalgia. Es una evidencia que los &eacute;xitos cuentan, como dice <a href="https://www.penguinlibros.com/es/economia-politica-y-actualidad/371912-libro-el-camino-inesperado-9788426431905?srsltid=AfmBOopsZvhoQ66NQ04GHq-lJAfauzBeoDeEZEAv41s87tWV4JSpsY3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rebecca Solnit</a>, aunque la victoria definitiva no se haya dado. Mantener abierta la incertidumbre, aceptando que no sabemos c&oacute;mo ser&aacute; el futuro y que depende en parte de lo que hagamos, no es ingenuidad. Es la &uacute;nica posici&oacute;n intelectualmente honesta.
    </p><p class="article-text">
        Y hay una tercera dimensi&oacute;n, la m&aacute;s descuidada. El sentido no lo produce la pol&iacute;tica institucional. Lo producen los espacios y entornos donde la gente se encuentra, se organiza, cuida, crea, discute, comparte proyectos que no se miden en rentabilidad. Tejido asociativo, cultural, comunitario. La pol&iacute;tica no puede fabricar sentido, pero puede proteger los espacios donde el sentido emerge. Y cuando no lo hace, el vac&iacute;o lo llena quien sepa: las plataformas digitales, los vendedores de crecimiento personal, los profetas del colapso, o los demagogos con soluciones simples.
    </p><p class="article-text">
        La insatisfacci&oacute;n juvenil con la democracia existente no es necesariamente antidemocr&aacute;tica. Puede ser la forma en que la democracia siga exigi&eacute;ndose lo que a&uacute;n no es. La pregunta no es si los j&oacute;venes creen en la democracia. La pregunta es si la democracia va a ser capaz de darles razones para que sigan creyendo en ella.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fatiga-democratica-cansancio-promesas-incumplidas_129_13156928.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Apr 2026 19:53:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/49fac443-c7b1-49d6-9bc8-389abf34d39a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3469000" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/49fac443-c7b1-49d6-9bc8-389abf34d39a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3469000" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Fatiga democrática. El cansancio de las promesas incumplidas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/49fac443-c7b1-49d6-9bc8-389abf34d39a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Añoranza y algoritmo: la coalición imposible que impulsa la aceleración de Trump]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/anoranza-algoritmo-coalicion-imposible-impulsa-aceleracion-trump_129_13121591.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b2aff3c7-1c12-4d9d-80a8-ca58a8e101dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Añoranza y algoritmo: la coalición imposible que impulsa la aceleración de Trump"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se trata del intento de articular una derecha muy antigua con tecnologías de poder muy nuevas que permitan generar una velocidad de cambio que la democracia, con sus instrumentos del siglo pasado, no sea capaz de gobernar</p></div><p class="article-text">
        Miramos la Am&eacute;rica de Trump como un espect&aacute;culo entre grotesco y amenazante, pero si solo nos fijamos en su sangriento y ca&oacute;tico show perdemos lo que tiene de laboratorio. Lo de Trump es mucho m&aacute;s que un tr&aacute;gico par&eacute;ntesis. Se trata del intento de articular una derecha muy antigua con tecnolog&iacute;as de poder muy nuevas que permitan generar una velocidad de cambio que la democracia, con sus instrumentos del siglo pasado, no sea capaz de gobernar.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, Trump no es solo un l&iacute;der imprevisible. Es el rostro visible de una coalici&oacute;n conservadora que lleva a&ntilde;os reorganiz&aacute;ndose. Intelectuales, think tanks, oligarqu&iacute;as tecnol&oacute;gicas y movimientos religiosos han construido lo que podr&iacute;amos describir como una secta con voluntad mayoritaria y vocaci&oacute;n refundacional. Una coalici&oacute;n que quiere redefinir qu&eacute; significa democracia y qui&eacute;n puede formar parte del &ldquo;pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde la perspectiva del progresismo global se tiende a ver a Trump como el triunfo de la ignorancia. Sin embargo, en torno al trumpismo se ha consolidado una infraestructura intelectual chocante y al mismo tiempo ambiciosa: constitucionalistas que quieren &ldquo;restaurar&rdquo; los valores originarios de Estados Unidos, pensadores posliberales que declaran agotado el liberalismo, nacional-conservadores que sue&ntilde;an con una naci&oacute;n homog&eacute;nea, blanca y cristiana.
    </p><p class="article-text">
        Esa constelaci&oacute;n inveros&iacute;mil, alimentada por fundaciones, algunos centros universitarios y medios de comunicaci&oacute;n afines, defiende que el n&uacute;cleo de disputa central no son las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, sino la propia idea del sentido com&uacute;n. De ah&iacute; la obsesi&oacute;n por la guerra cultural: por conquistar escuelas, sacar libros de las bibliotecas, ocupar plataformas digitales, tribunales o iglesias. Y en todo ese entramado, Silicon Valley aporta una pieza clave: financiaci&oacute;n, redes y una cultura tecno-elitista que mira con simpat&iacute;a la idea de que los &ldquo;mejores&rdquo; (empresarios, ingenieros, gestores de datos) gobiernen por encima de los protagonistas tradicionales de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Pero la cosa no acaba en esa arquitectura intelectual. Es necesario contar con una base social. El trumpismo agrupa a una coalici&oacute;n tremendamente heterog&eacute;nea: empresarios, sectores rurales alejados del dinamismo de las grandes ciudades, una parte significativa de la clase trabajadora blanca y un creciente evangelismo militante. Todos unidos por una misma convicci&oacute;n: el pa&iacute;s que conoc&iacute;amos se nos ha ido de las manos. Ese relato idealiza una Am&eacute;rica de los a&ntilde;os cincuenta, pr&oacute;spera y racialmente ordenada, donde el trabajo masculino garantizaba estatus y la diversidad era reprimida o invisibilizada. Un pasado casi m&iacute;tico en el que no hab&iacute;a redes sociales ni l&oacute;gicas globales y la vida avanzaba en l&iacute;nea recta.
    </p><p class="article-text">
        Desde esa perspectiva, las bases religiosas del trumpismo, sobre todo el cristianismo evang&eacute;lico blanco, se mueven en categor&iacute;as que no encajan con el escenario actual. El mundo se divide en &ldquo;salvaci&oacute;n&rdquo; y &ldquo;perdici&oacute;n&rdquo;, &ldquo;pureza&rdquo; y &ldquo;mezcolanza&rdquo;. A la pluralidad democr&aacute;tica se la ve como un relativismo peligroso, y los cambios en temas de g&eacute;nero, familia o raza son considerados un asalto a las &ldquo;leyes naturales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero, parad&oacute;jicamente, ese universo moral tan antiguo se difunde con las herramientas m&aacute;s contempor&aacute;neas: algoritmos, plataformas de v&iacute;deo, memes, campa&ntilde;as segmentadas de desinformaci&oacute;n. Una parte de la derecha radical ha abrazado el aceleracionismo en sentido estricto: la idea de empujar las contradicciones del sistema hasta el colapso para provocar una crisis que abra la puerta a un orden autoritario o etnonacionalista. A&ntilde;oranza y tecnocracia unidas en una coalici&oacute;n extravagante.
    </p><p class="article-text">
        Lo que vemos en Estados Unidos es una sociedad que se mueve a una velocidad incompatible con las promesas cl&aacute;sicas de la democracia. La econom&iacute;a se reorganiza en tiempo real, las identidades se multiplican, las tecnolog&iacute;as alteran el trabajo, la informaci&oacute;n y los v&iacute;nculos; mientras tanto, las instituciones representativas funcionan con tiempos largos, reglas pesadas, inercias del siglo XX. Hay quien usa la imagen de la persona que corre constantemente en una escalera mec&aacute;nica yendo al rev&eacute;s de su marcha. La gente trabaja m&aacute;s, se forma m&aacute;s, se endeuda m&aacute;s, y siente que pierde el control sobre su vida. Que &ldquo;los de arriba&rdquo; siempre van un paso por delante, y que las decisiones relevantes se toman en centros financieros, tecnol&oacute;gicos o foros internacionales que nadie ha elegido.
    </p><p class="article-text">
        El trumpismo ofrece una respuesta brutal a esa experiencia: si la pol&iacute;tica democr&aacute;tica llega tarde, mejor prescindamos de ella. Un l&iacute;der fuerte, discursos simples, enemigos claros, instituciones desacreditadas. Y todo ello envuelto en la promesa de parar el reloj para &ldquo;los nuestros&rdquo;, congelando privilegios y jerarqu&iacute;as en medio de un mundo acelerado.
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;amos leer todo ello en clave preventiva. Primero, porque muestra hasta qu&eacute; punto la desigualdad y la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control pueden alimentar soluciones autoritarias envueltas en lenguaje popular. Y segundo, porque el problema de fondo &mdash;esa vida en una escalera mec&aacute;nica al rev&eacute;s&mdash; sigue estando ah&iacute;. En sociedades donde todo se acelera, limitarse a defender el viejo statu quo liberal no basta: hace falta democratizar los tiempos de la econom&iacute;a, del trabajo y de la tecnolog&iacute;a, y reconstruir formas de arraigo que no pasen por la naci&oacute;n excluyente o la nostalgia reaccionaria. La Am&eacute;rica de Trump no es un espejo perfecto, pero s&iacute; una advertencia: si la democracia no aprende a gobernar la velocidad del siglo XXI, otros lo har&aacute;n en su nombre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/anoranza-algoritmo-coalicion-imposible-impulsa-aceleracion-trump_129_13121591.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Apr 2026 20:10:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b2aff3c7-1c12-4d9d-80a8-ca58a8e101dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2130065" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b2aff3c7-1c12-4d9d-80a8-ca58a8e101dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2130065" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Añoranza y algoritmo: la coalición imposible que impulsa la aceleración de Trump]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b2aff3c7-1c12-4d9d-80a8-ca58a8e101dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Dios pantalla o la ilusión de omnipotencia tecnológica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dios-pantalla-ilusion-omnipotencia-tecnologica_129_13090676.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72f2b03f-5fe0-4b98-9a7f-e57dd3e3ef8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Dios pantalla o la ilusión de omnipotencia tecnológica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La brecha entre lo que la tecnología nos permite ver y controlar y lo que no hay manera alguna de meter en la pantalla es una grieta que va ampliándose y provocando alucinaciones de todo tipo</p></div><p class="article-text">
        La fascinaci&oacute;n de la pantalla genera emociones que no siempre perviven ni son materializadas cuando uno deja de mirarlas o de creer en ellas. Pero cada d&iacute;a que pasa dedicamos m&aacute;s tiempo a estar frente a todo tipo de pantallas. Y lo cierto es que las pantallas y el mundo al que nos trasladan nos ayudan a resolver muchos problemas que antes exig&iacute;an mucho m&aacute;s tiempo y esfuerzo. En la pantalla todo es mucho m&aacute;s claro, ordenado y legible que lo que nos rodea. Mapas, diagn&oacute;sticos, cat&aacute;logos, soluciones. Es innegable que todo ello da sensaci&oacute;n de poder, pero, al mismo tiempo, nos va situando en un espacio paralelo a la realidad. Y lo cierto es que en esa realidad suceden cosas que no hay pantalla que resuelva. Es como si la tecnolog&iacute;a haya hecho visible lo que antes era invisible o costaba mucho percibir. Pero, la brecha entre lo que la tecnolog&iacute;a nos permite ver y controlar y lo que no hay manera alguna de meter en la pantalla es una grieta que va ampli&aacute;ndose y provocando alucinaciones de todo tipo.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez es m&aacute;s f&aacute;cil, como estamos comprobando, matar a distancia, pero lo de gobernar el d&iacute;a a d&iacute;a exige cercan&iacute;a. Hace diez a&ntilde;os el fil&oacute;sofo franc&eacute;s Gr&eacute;goire Chamayou public&oacute; su <a href="https://nedediciones.com/tienda/huellas-y-senales/teoria-del-dron/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teor&iacute;a del dron</a>, donde describ&iacute;a con sumo detalle c&oacute;mo la versi&oacute;n contempor&aacute;nea de la guerra a&eacute;rea, la guerra de drones y sus aleda&ntilde;os, produce una fantas&iacute;a de control total. Puedes localizar a tu enemigo, seguirlo, conocer sus rutinas, elegir el momento exacto de su muerte y ejecutarla desde miles de kil&oacute;metros de distancia con total precisi&oacute;n. El operador frente a una pantalla decide la vida y la muerte de desconocidos, con total frialdad y sosiego. Pero Chamayou tambi&eacute;n explica los l&iacute;mites de este tipo de estrategias.&nbsp;El poder de matar con precisi&oacute;n y a distancia no acostumbra a traducirse en capacidad de construir un nuevo orden, de cambiar comportamientos colectivos. Y tampoco en construir desde lejos las condiciones para que una comunidad funcione o deje de funcionar. El camerun&eacute;s Achille Mbembe lo formul&oacute; de otra manera. Lo que &eacute;l llama la <a href="https://melusina.com/libro/necropolitica/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">necropol&iacute;tica</a> es una nueva versi&oacute;n de la soberan&iacute;a, pero por mucho que puedas decidir qui&eacute;n muere, lo que no consigues es decidir qui&eacute;n nace despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que est&aacute; ocurriendo ahora con esa alianza f&uacute;nebre y enloquecida de los ej&eacute;rcitos de Estados Unidos e Israel se inscribe plenamente en esa necropol&iacute;tica. Y no es que no tengamos ejemplos de ello en nuestra reciente historia (Vietnam, Kosovo, Libia, Irak), pero el patr&oacute;n se repite. La pantalla te dice d&oacute;nde est&aacute; el objetivo. No te dice qu&eacute; ocurrir&aacute; en el barrio donde viv&iacute;a, en la familia que deja, en el vac&iacute;o pol&iacute;tico que genera su ausencia, en el resentimiento que alimenta su desaparici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La euforia tecnol&oacute;gica ha generado y sigue generando nuevos espejismos. En la pol&iacute;tica con las promesas de control total de las din&aacute;micas que explican las decisiones de cada ciudadano. El despliegue de aplicaciones tecnol&oacute;gicas en salud conducen a que los m&eacute;dicos tengan que disuadir a personas que llegan a sus consultas convencidos de que tienen tal dolencia o que el tratamiento m&aacute;s adecuado para su caso es este o aquel otro, mientras que el cuerpo se sigue resistiendo a ser tecnol&oacute;gicamente controlado. En el mundo laboral crecen cada d&iacute;a los instrumentos tecnol&oacute;gicos para monitorear cualquier aspecto de la labor de cada qui&eacute;n, pero lo que no hay manera de mejorar es la implicaci&oacute;n de la gente en esa labor. Vigilar o controlar no es lo mismo que comprender.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a simplifica la realidad y amplifica la ilusi&oacute;n de su control. Las decisiones tomadas desde esa ilusi&oacute;n tienen consecuencias reales: guerras que no se pueden ganar pero que se siguen alimentando porque el operador ve nuevos objetivos en la pantalla y trata de evitar delitos o tropel&iacute;as que a&uacute;n no se han cometido; pol&iacute;ticas sanitarias que no incorporan en sus modelos&nbsp;la dimensi&oacute;n social de toda dolencia o sistemas de gesti&oacute;n laboral que tratando de optimizar la productividad reducen el compromiso de los implicados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se trata de plantearnos si debemos o no usar la tecnolog&iacute;a ya que es evidente que s&iacute;, pero lo que ser&iacute;a conveniente es que analiz&aacute;ramos qu&eacute; tipo de preguntas son las que nos permite responder y cu&aacute;les, en cambio, m&aacute;s bien no. El fil&oacute;sofo Timothy Mitchell <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">escribi&oacute;</a> que el poder hoy d&iacute;a funciona en gran medida produciendo la ilusi&oacute;n de que la realidad social es legible y que puede calcularse y administrarse, y, en esa l&iacute;nea, la tecnolog&iacute;a digital ha multiplicado esa ilusi&oacute;n. No es que la tecnolog&iacute;a falle. Lo que ocurre es que hay dimensiones de las peripecias humanas que existen m&aacute;s all&aacute; de la pantalla: en los cuerpos, en las historias, en los miedos, en la dignidad ofendida de personas o colectivos. No hay sensores para ello. La pantalla no es el mundo. No lo es. Nunca lo ha sido. Y lo que nos conviene seguir recordando es que muchas cosas quedan fuera del encuadre.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dios-pantalla-ilusion-omnipotencia-tecnologica_129_13090676.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:39:53 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/72f2b03f-5fe0-4b98-9a7f-e57dd3e3ef8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="11799" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/72f2b03f-5fe0-4b98-9a7f-e57dd3e3ef8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11799" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El Dios pantalla o la ilusión de omnipotencia tecnológica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/72f2b03f-5fe0-4b98-9a7f-e57dd3e3ef8a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tecnología,Guerra en Irán]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Europa tiene que defender]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-defender_129_13053014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2b16233e-b720-4baa-a19c-8305aac4c773_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que Europa tiene que defender"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De la promesa de 1945 al desconcierto de 2026
</p></div><p class="article-text">
        Frente al caos que pregona y practica Trump desde la Presidencia de Estados Unidos, la pregunta urgente es si la Uni&oacute;n Europea tiene alg&uacute;n plan al respecto. No es una pregunta ret&oacute;rica: es la m&aacute;s pr&aacute;ctica de las preguntas pol&iacute;ticas. Europa y Estados Unidos llegaron a la segunda mitad del siglo XX con lecciones muy distintas sobre la guerra y el conflicto. La UE se fue construyendo precisamente para evitar resolver diferencias por la fuerza, avanzando en cohesi&oacute;n con reglas compartidas e interdependencia econ&oacute;mica. El objetivo era escapar de la l&oacute;gica de conflicto permanente que hab&iacute;a devastado el continente. Hoy asistimos al regreso del caos y del uso de la fuerza como instrumento para resolver diferencias: en el universo Trump, las reglas son obst&aacute;culos, no patrimonio com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es que justo cuando m&aacute;s necesitar&iacute;amos reforzar las instituciones europeas, m&aacute;s se ha erosionado la confianza en ellas. El debate oscila entre quienes ven la UE como una camisa de fuerza y quienes defienden una mayor integraci&oacute;n para responder a un mundo donde el tama&ntilde;o importa. Las dudas se multiplican: &iquest;enfrentarse o acomodarse al unilateralismo de Washington? &iquest;Repetir la austeridad de 2010 o consolidar el giro m&aacute;s solidario que vimos durante la pandemia? &iquest;Imitar el camino americano o reforzar nuestra propia autonom&iacute;a frente a un &ldquo;amigo&rdquo; cada vez m&aacute;s t&oacute;xico?
    </p><p class="article-text">
        Empecemos por unos pocos datos de contraste entre Estados Unidos y Europa. Un estudio del World Inequality Lab sobre 38 pa&iacute;ses europeos entre 1980 y 2017 revela que el 1% m&aacute;s rico de Estados Unidos concentra el 21% de la renta nacional antes de impuestos, frente al 10,5% en Europa occidental. El 50% m&aacute;s pobre europeo gana entre 14.000 y 21.000 euros anuales; en Estados Unidos ese mismo grupo recibe el 11,7% de la renta, menos que en cualquier regi&oacute;n europea. Y no es solo cuesti&oacute;n de impuestos: la raz&oacute;n principal por la que Europa es m&aacute;s igualitaria no reside en una redistribuci&oacute;n m&aacute;s generosa, sino en una distribuci&oacute;n primaria de los ingresos (predistribuci&oacute;n v&iacute;a salarios, educaci&oacute;n y regulaci&oacute;n laboral) estructuralmente m&aacute;s equitativa. Es esta predistribuci&oacute;n, forjada por d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, la que explica la diferencia.
    </p><p class="article-text">
        Esa diferencia tiene nombres concretos. En todos los pa&iacute;ses de la UE, el acceso a la atenci&oacute;n m&eacute;dica es un derecho garantizado por el Estado, con independencia de la renta o el empleo. En Estados Unidos ha dependido hist&oacute;ricamente del contrato laboral o de la capacidad de pago. Las consecuencias son medibles: Estados Unidos gasta cerca del 17% del PIB en sanidad, frente al 10-12% europeo, y obtiene peores resultados en esperanza de vida y mortalidad infantil. La esperanza de vida en Europa occidental supera los 82 a&ntilde;os; en Estados Unidos ha ca&iacute;do por debajo de los 77. Anne Case y el Premio Nobel Angus Deaton documentaron un fen&oacute;meno sin parang&oacute;n en el mundo desarrollado: el aumento de la mortalidad entre hombres blancos de mediana edad en Estados Unidos desde finales de los noventa, asociado a lo que llamaron &ldquo;muertes por desesperaci&oacute;n&rdquo;: sobredosis, suicidios, cirrosis. Esto no ocurre en Europa.
    </p><p class="article-text">
        Otro espejo revelador es el de la privaci&oacute;n de libertad. Estados Unidos tiene la tasa de encarcelamiento m&aacute;s alta del mundo: unas 650 personas presas por cada 100.000 habitantes. La media europea se sit&uacute;a entre 60 y 100. Esa diferencia no refleja distintas tasas de criminalidad en todos los delitos: refleja distintas filosof&iacute;as penales, distintos niveles de desigualdad econ&oacute;mica y distintas pol&iacute;ticas de drogas. El modelo europeo tiende hacia la reinserci&oacute;n; el norteamericano, hacia la incapacitaci&oacute;n y el castigo. Las consecuencias sociales de encarcelar a m&aacute;s de dos millones de personas &mdash;en su mayor&iacute;a hombres negros y pobres&mdash; son incalculables en t&eacute;rminos de destrucci&oacute;n de familias y comunidades.
    </p><p class="article-text">
        Ninguna de estas diferencias es accidental. Son el resultado de decisiones pol&iacute;ticas acumuladas a lo largo de d&eacute;cadas. Europa eligi&oacute;, desde los acuerdos de posguerra, construir sistemas de protecci&oacute;n social que amortiguaran los efectos m&aacute;s brutales del mercado. Estados Unidos eligi&oacute;, con m&aacute;s fuerza desde los a&ntilde;os ochenta (Reagan), extender la l&oacute;gica del mercado a &aacute;mbitos que en Europa se consideran derechos: la salud, la educaci&oacute;n, la vejez. El resultado es una sociedad m&aacute;s rica en promedio, pero con una distribuci&oacute;n de esa riqueza dram&aacute;ticamente m&aacute;s desigual y con redes de seguridad m&aacute;s fr&aacute;giles para quienes quedan atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la propia UE, el contraste entre la respuesta a la crisis financiera de 2008 y la de la pandemia de 2020 ilustra la tensi&oacute;n entre esos dos caminos posibles. Tras 2008, la austeridad fiscal, las reformas laborales desreguladoras y el debilitamiento de la negociaci&oacute;n colectiva alimentaron un aumento de la desigualdad y una percepci&oacute;n de desprotecci&oacute;n que nutri&oacute; a los movimientos euroesc&eacute;pticos. En cambio, la respuesta a la COVID-19 introdujo elementos de ruptura: suspensi&oacute;n de las reglas fiscales, mutualizaci&oacute;n parcial de deuda mediante NextGenerationEU, inversi&oacute;n masiva en protecci&oacute;n del empleo. Es la Europa que se reivindica como escudo y no solo como mercado.
    </p><p class="article-text">
        Reivindicar el esp&iacute;ritu original de la UE hoy significa tres cosas. Primero, asumir que el poder europeo en el siglo XXI no puede descansar solo en la regulaci&oacute;n: necesita capacidad material &mdash;industrial, tecnol&oacute;gica, de defensa&mdash;, pero encuadrada en reglas comunes que eviten el s&aacute;lvese quien pueda entre Estados miembros. Segundo, profundizar la predistribuci&oacute;n: reforzar sistemas educativos y sanitarios universalistas, garantizar salarios m&iacute;nimos efectivos y limitar la concentraci&oacute;n de poder econ&oacute;mico para seguir siendo la regi&oacute;n desarrollada menos desigual. Y tercero, mantener una apuesta clara por la democracia social y liberal que no renuncie al Estado de derecho ni al multilateralismo, incluso cuando otras potencias deriven hacia el caudillismo o la pol&iacute;tica de la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo que parece regresar a la ley del m&aacute;s fuerte, el proyecto europeo naci&oacute; precisamente para demostrar que otra l&oacute;gica es posible: que la cooperaci&oacute;n regulada puede producir prosperidad, seguridad y libertad mejor que la suma de ego&iacute;smos nacionales. Lo que est&aacute; en juego no es solo una cuesti&oacute;n de soberan&iacute;a o identidad: es una cuesti&oacute;n de modelo de sociedad. Y el espejo americano nos recuerda, con datos, ad&oacute;nde conduce el camino alternativo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-defender_129_13053014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Mar 2026 21:02:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2b16233e-b720-4baa-a19c-8305aac4c773_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4763705" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2b16233e-b720-4baa-a19c-8305aac4c773_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4763705" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que Europa tiene que defender]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2b16233e-b720-4baa-a19c-8305aac4c773_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Ursula von der Leyen,UE - Unión Europea,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La quiebra del ‘nosotros’ y los peligros del ‘yoísmo’]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/quiebra-peligros-yoismo_129_13013046.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/47bb8824-5718-49a8-a63e-6413d11c2d5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La quiebra del ‘nosotros’ y los peligros del ‘yoísmo’"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hablamos solo del individualismo “clásico” liberal, sino de una constelación de prácticas y valores marcada por la precariedad, la competencia entre los últimos y los penúltimos y la gestión solitaria de los riesgos vitales</p></div><p class="article-text">
        La sucesi&oacute;n de esc&aacute;ndalos pol&iacute;tico&#8209;institucionales a los que venimos asistiendo en nuestro pa&iacute;s es demoledora. La financiaci&oacute;n irregular de partidos, el aprovechamiento individual de los puestos de representaci&oacute;n y gobierno o los &uacute;ltimos episodios de agresiones sexuales basadas en una impunidad asociada a la jerarqu&iacute;a institucional se inscriben en un paisaje cada vez m&aacute;s deteriorado. Cada episodio no solo erosiona la imagen de una instituci&oacute;n concreta, sino que refuerza un diagn&oacute;stico m&aacute;s general: &ldquo;todos son iguales&rdquo;, &ldquo;las reglas solo obligan a los de abajo&rdquo;, &ldquo;lo p&uacute;blico es el bot&iacute;n de los que mandan&rdquo;. Esa percepci&oacute;n, que en Espa&ntilde;a tiene un largo recorrido hist&oacute;rico, debilita el v&iacute;nculo entre ciudadan&iacute;a y Estado y alimenta la sensaci&oacute;n de que la &uacute;nica estrategia racional es &ldquo;ir a lo m&iacute;o&rdquo;, maximizar beneficios privados y minimizar la acci&oacute;n colectiva que no conlleve beneficios personales. Es un c&iacute;rculo vicioso: menos confianza genera menos implicaci&oacute;n, y menos implicaci&oacute;n deja m&aacute;s espacio a usos privados de lo p&uacute;blico que, a su vez, reducen a&uacute;n m&aacute;s la confianza.
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas hemos aprendido, con <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Putnam" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Robert Putnam</a> y con buena parte de la literatura posterior, que las democracias no se sostienen solo sobre constituciones, leyes e instituciones, sino sobre una infraestructura de v&iacute;nculos, asociaciones y confianzas que hacen posible la cooperaci&oacute;n cotidiana. Hay un &ldquo;capital social&rdquo; hecho de redes compartidas, de espacios en los que dar y recibir, y de esperanzas mutuas que permiten la acci&oacute;n colectiva. Este concepto ayuda a explicar por qu&eacute; algunas sociedades resisten mejor las crisis, innovan m&aacute;s o preservan mejor sus instituciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No parece que en Espa&ntilde;a estemos en un buen momento al respecto. Los datos recientes no invitan al optimismo. Seg&uacute;n una <a href="https://www.oecd.org/en/publications/oecd-survey-on-drivers-of-trust-in-public-institutions-2024-results-country-notes_a8004759-en/spain_56998449-en.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuesta de la OCDE sobre confianza en las instituciones</a>, en 2023 solo un 37% de la poblaci&oacute;n en Espa&ntilde;a declaraba confiar mucho o bastante en el Gobierno central. La confianza en el Parlamento apenas alcanzaba el 34%, y los partidos pol&iacute;ticos se situaban en el furg&oacute;n de cola, con apenas un 18%. La paradoja es que esa desconfianza institucional convive con niveles relativamente altos de confianza interpersonal (&ldquo;confiar en los dem&aacute;s&rdquo;) y con una valoraci&oacute;n mejor de servicios como la sanidad o las administraciones locales.
    </p><p class="article-text">
        Esta brecha entre instituciones pol&iacute;ticas y v&iacute;nculos cotidianos tiene <a href="https://books.google.es/books/about/Existe_sociedad_civil_en_Espa%C3%B1a.html?id=tF8iAQAAMAAJ&amp;redir_esc=y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ra&iacute;ces hist&oacute;ricas profundas</a>. Durante largos per&iacute;odos, el Estado fue percibido como instrumento de &eacute;lites, con una modernizaci&oacute;n autoritaria sin sedimentaci&oacute;n de una cultura democr&aacute;tica amplia, una vida p&uacute;blica capturada por partidos y burocracias, y una sociedad civil d&eacute;bil y muy desigual en su implantaci&oacute;n territorial. El resultado ha sido un espacio p&uacute;blico entendido como &ldquo;espacio de otros&rdquo;, de los que mandan, reparten prebendas y se aprovechan para engordar lo suyo. Y no como un espacio com&uacute;n del que todos somos responsables. Se espera mucho del Estado y de sus instituciones y, al mismo tiempo, se desconf&iacute;a profundamente de &eacute;l: una combinaci&oacute;n explosiva que alimenta tanto la frustraci&oacute;n como la apat&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ser&iacute;a un error concluir que Espa&ntilde;a est&aacute; condenada a un d&eacute;ficit permanente de lazos y v&iacute;nculos sociales positivos. La evidencia comparada muestra fuertes diferencias territoriales y sectoriales: hay regiones, municipios, barrios y &aacute;mbitos donde la densidad asociativa y la innovaci&oacute;n c&iacute;vica son notables. <a href="https://fundacionbotin.org/wp-content/uploads/2025/11/Informe-TSAS-Espana-Fundacion-Botin-15-aniversario.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La econom&iacute;a social, el cooperativismo, el tercer sector,</a> las plataformas de defensa del medio ambiente, ejemplos de solidaridad y de defensa de lo com&uacute;n, redes de cuidados, son expresi&oacute;n de todo ello. All&iacute; donde hay contexto, historia, personas y estructuras que lo favorecen, los v&iacute;nculos sociales florecen y se refuerza la capacidad colectiva de buscar salidas compartidas.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, el crecimiento del individualismo en todo el mundo adquiere en Espa&ntilde;a rasgos propios. No hablamos solo del individualismo &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo; liberal, sino de una constelaci&oacute;n de pr&aacute;cticas y valores marcada por la precariedad, la competencia entre los &uacute;ltimos y los pen&uacute;ltimos y la gesti&oacute;n solitaria de los riesgos vitales. La combinaci&oacute;n de mercados de trabajo inestables, desigualdades persistentes y debilitamiento de los grandes relatos colectivos empuja a muchos ciudadanos a replegarse sobre la familia y los c&iacute;rculos m&aacute;s inmediatos. Cuando la confianza se reserva al c&iacute;rculo &iacute;ntimo y las instituciones se perciben como distantes o capturadas, el espacio para el compromiso c&iacute;vico se estrecha.
    </p><p class="article-text">
        De este modo se alimenta un discurso pol&iacute;tico que oscila entre dos polos poco f&eacute;rtiles: por un lado, la exigencia de que &ldquo;el Estado lo resuelva todo&rdquo;; por otro, la invitaci&oacute;n moralizante a que &ldquo;la gente se implique m&aacute;s&rdquo;, pero sin modificar las condiciones estructurales que permitan que no sea casi heroico implicarse socialmente. La consecuencia es un malestar difuso que no encuentra canales efectivos de transformaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Reconstruir la confianza exige ir m&aacute;s all&aacute; de los llamamientos &eacute;ticos y gen&eacute;ricos a la ciudadan&iacute;a. Hace falta un paquete de reformas institucionales serias que refuerce la transparencia, el compartir decisiones y la rendici&oacute;n de cuentas, de manera que quede claro que lo p&uacute;blico no es un espacio capturado de antemano. Y requiere tambi&eacute;n pol&iacute;ticas deliberadas de apoyo a la sociedad civil: marcos legales y financieros estables para el tercer sector, reconocimiento del papel de asociaciones y cooperativas como coproductoras de pol&iacute;ticas y no solo como proveedoras baratas de servicios, y cuidado de los espacios f&iacute;sicos y simb&oacute;licos donde la gente pueda encontrarse y organizarse, como bibliotecas, centros c&iacute;vicos o espacios de ocio infantil y juvenil.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, es necesario disputar el sentido del propio individualismo. No se trata de oponer mec&aacute;nicamente individuo y comunidad, sino de promover formas de autonom&iacute;a que se entiendan a s&iacute; mismas como interdependientes. Derechos individuales fuertes, s&iacute;, pero anclados en la conciencia de que sin instituciones comunes leg&iacute;timas, sin bienes p&uacute;blicos sostenidos colectivamente y sin redes de apoyo mutuo, esa autonom&iacute;a se vuelve ficticia. En una sociedad donde se habla mucho de derechos y bastante menos de responsabilidades, recuperar la idea de lo p&uacute;blico como algo que no solo &ldquo;me protege&rdquo; o &ldquo;me da servicios&rdquo;, sino como algo que tambi&eacute;n me obliga y me implica, es una de las tareas pol&iacute;ticas y culturales m&aacute;s significativas en momentos como los actuales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/quiebra-peligros-yoismo_129_13013046.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Feb 2026 21:45:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/47bb8824-5718-49a8-a63e-6413d11c2d5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7155037" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/47bb8824-5718-49a8-a63e-6413d11c2d5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7155037" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La quiebra del ‘nosotros’ y los peligros del ‘yoísmo’]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/47bb8824-5718-49a8-a63e-6413d11c2d5f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá del ladrillo: la política de vivienda como política de salud]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ladrillo-politica-vivienda-politica-salud_129_12975834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6afa09e9-e366-48bf-930c-578869dbfb5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá del ladrillo: la política de vivienda como política de salud"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La complejidad de la crisis habitacional se manifiesta en múltiples capas que erosionan el cuerpo y la mente de forma silenciosa. No se trata solo de la falta de un techo; hablamos de la infravivienda, de la sobreocupación y de la incapacidad de mantener el hogar a una temperatura adecuada</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a se habla de vivienda como si fuera solo un problema de solares disponibles, metros cuadrados, precios y hipotecas, pero en realidad se est&aacute; discutiendo, tambi&eacute;n y sin decirlo, sobre salud p&uacute;blica y esperanza de vida. La evidencia comparada muestra de forma bastante contundente que la vivienda es, en esencia, un problema de bienestar y de salud p&uacute;blica de primera magnitud. El tipo de vivienda que se habita &mdash;si est&aacute; sobre ocupada, si se pasa fr&iacute;o o calor, si hay humedades, si el alquiler se lleva la mitad del sueldo&mdash; condiciona la salud f&iacute;sica y mental, la autonom&iacute;a en la vejez y hasta las oportunidades educativas de los hijos
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a la desconexi&oacute;n entre el derecho a la salud &mdash;ampliamente protegido y gestionado como un pilar b&aacute;sico universal&mdash; y el derecho a la vivienda &mdash;relegado a un principio rector de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica en el art&iacute;culo 47 de la Constituci&oacute;n&mdash; ha generado una fractura social cuyas consecuencias son ya innegables. En este escenario, la dimensi&oacute;n sanitaria de la crisis residencial suele permanecer en segundo plano frente al relato m&aacute;s visible del encarecimiento del alquiler, la dificultad de emancipaci&oacute;n juvenil o los desahucios. Hace un par de semanas me invitaron a discutir el tema en la Agencia de Salud P&uacute;blica de Barcelona y los datos que all&iacute; se barajaron constatan que una parte creciente de la poblaci&oacute;n vive en condiciones que la literatura especializada define como privaci&oacute;n severa de vivienda: sobreocupaci&oacute;n, infravivienda, problemas estructurales (humedades, filtraciones, moho), dificultades para mantener una temperatura adecuada o barrios expuestos al ruido, la contaminaci&oacute;n y la inseguridad. Se estima que en 2020 cerca del 20% de la poblaci&oacute;n en Espa&ntilde;a viv&iacute;a en viviendas con humedades o filtraciones, por encima de la media europea. A ello se suma el <em>overburden</em>: hogares que destinan m&aacute;s del 40% de sus ingresos a los gastos de vivienda, lo que multiplica el riesgo de pobreza y limita el gasto en alimentaci&oacute;n, energ&iacute;a o cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Desde este &aacute;ngulo, invertir en vivienda asequible es, posiblemente, la intervenci&oacute;n en salud m&aacute;s ambiciosa y eficiente que un Estado puede acometer en el siglo XXI. La vivienda act&uacute;a hoy como el <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">&ldquo;pilar tambaleante&rdquo;</a> del bienestar, seg&uacute;n la c&eacute;lebre definici&oacute;n de Torgersen, porque es el &uacute;nico &aacute;mbito donde el mercado manda sobre la necesidad b&aacute;sica, obligando a las familias a realizar malabarismos imposibles entre el pago del alquiler y el mantenimiento de una vida saludable.
    </p><p class="article-text">
        La complejidad de la crisis habitacional se manifiesta en m&uacute;ltiples capas que erosionan el cuerpo y la mente de forma silenciosa. No se trata solo de la falta de un techo; hablamos de la infravivienda, de la sobreocupaci&oacute;n y de la incapacidad de mantener el hogar a una temperatura adecuada. La pobreza energ&eacute;tica, que en climas mediterr&aacute;neos se traduce tanto en el fr&iacute;o invernal como en el estr&eacute;s t&eacute;rmico estival, es responsable directa de un aumento en la mortalidad prematura y de patolog&iacute;as respiratorias cr&oacute;nicas. A esto debemos a&ntilde;adir el impacto devastador del <a href="https://tradingeconomics.com/spain/housing-cost-overburden-rate-two-adults-eurostat-data.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;overburden&rdquo;</a> financiero: cuando una familia destina m&aacute;s del 40% o incluso el 50% de sus ingresos al alquiler, el sistema sanitario empieza a pagar la factura. El estr&eacute;s cr&oacute;nico derivado de la inseguridad residencial &mdash;el miedo al desahucio o a la no renovaci&oacute;n del contrato&mdash; altera el sistema inmune y dispara los cuadros de ansiedad y depresi&oacute;n. En Espa&ntilde;a, diversos estudios acad&eacute;micos ya han demostrado que el consumo de psicof&aacute;rmacos est&aacute; estrechamente ligado a la precariedad habitacional. Estamos recetando ansiol&iacute;ticos para tratar problemas que se resolver&iacute;an con un parque p&uacute;blico de vivienda alquiler estable y asequible.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n se ve agravada por nuestro modelo de bienestar, hist&oacute;ricamente &ldquo;familiarista&rdquo;. Durante d&eacute;cadas, el Estado espa&ntilde;ol deleg&oacute; la protecci&oacute;n social en la propiedad privada y en la red de apoyo familiar. Se asumi&oacute; que la familia era el amortiguador que compensaba la falta de vivienda p&uacute;blica. Pero este modelo ha colapsado ante la precariedad laboral y el auge de precios especulativos. El &ldquo;familiarismo&rdquo; ya no protege como lo hac&iacute;a; hoy m&aacute;s bien segrega. Quien no hereda o no tiene red familiar queda expuesto a un sistema de tenencia dual, donde el alquiler es un terreno hostil, costoso y carente de las protecciones que s&iacute; tiene un propietario. La evidencia internacional, recogida en informes de instituciones como <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Eurofound</a>, es demoledora: por cada tres euros invertidos en mejorar las condiciones de vivienda de la poblaci&oacute;n, el sistema p&uacute;blico recupera dos euros en apenas un a&ntilde;o a trav&eacute;s del ahorro en gastos m&eacute;dicos, hospitalizaciones y servicios sociales. Pa&iacute;ses como Finlandia, con su programa <em>Housing First</em>, han demostrado que proporcionar una vivienda estable es el primer paso, y el m&aacute;s barato a largo plazo, para tratar enfermedades cr&oacute;nicas y problemas de exclusi&oacute;n extrema.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los mayores retos para revertir esta situaci&oacute;n es la fragmentaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. La iniciativa &ldquo;Vivienda 47&rdquo; del gobierno central representa un paso necesario, pero corre el riesgo de quedar como un compartimento estanco si no se articula con las pol&iacute;ticas de salud y servicios sociales. Aqu&iacute; es donde el concepto de proximidad adquiere una relevancia estrat&eacute;gica. La relaci&oacute;n entre vivienda y salud se gestiona mejor cuanto m&aacute;s cerca est&aacute; la capacidad de decisi&oacute;n del problema real. Los municipios y las &aacute;reas metropolitanas son los espacios donde la &ldquo;acupuntura urbana&rdquo; puede detectar qu&eacute; barrio sufre m&aacute;s por el hacinamiento o d&oacute;nde la falta de aislamiento est&aacute; provocando ingresos hospitalarios recurrentes. Cuando la pol&iacute;tica se aleja del territorio, la vivienda se convierte en un fr&iacute;o dato estad&iacute;stico; cuando se gestiona desde la proximidad, se entiende como una infraestructura de cuidados. La integraci&oacute;n de pol&iacute;ticas no es solo una cuesti&oacute;n administrativa, sino una necesidad operativa: un m&eacute;dico de familia deber&iacute;a poder &ldquo;recetar&rdquo; una mejora en el aislamiento de una vivienda de la misma forma que receta un inhalador para el asma.
    </p><p class="article-text">
        La escasez de vivienda accesible es, en &uacute;ltima instancia y en la jerga econ&oacute;mica, una externalidad negativa que el mercado traslada al sistema sanitario p&uacute;blico. Si Espa&ntilde;a aspira a mantener su salud p&uacute;blica en niveles aceptables, debe entender que la sanidad universal no termina en la puerta del hospital, sino que empieza en la puerta de casa. No habr&aacute; salud sin un suelo desmercantilizado y sin una pol&iacute;tica habitacional valiente que entienda que el derecho a un techo digno es la vacuna m&aacute;s eficaz contra la desigualdad y la enfermedad. Invertir en vivienda es, sencillamente, la mejor receta m&eacute;dica que podemos prescribir para el futuro de nuestra sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ladrillo-politica-vivienda-politica-salud_129_12975834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 Feb 2026 20:30:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6afa09e9-e366-48bf-930c-578869dbfb5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="116699" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6afa09e9-e366-48bf-930c-578869dbfb5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="116699" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Más allá del ladrillo: la política de vivienda como política de salud]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6afa09e9-e366-48bf-930c-578869dbfb5c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Vivienda asequible]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fiscalidad y servicios públicos: la erosión de la esfera común]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fiscalidad-servicios-publicos-erosion-esfera-comun_129_12936142.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee2f7ba3-d166-493c-9273-e15f498b440a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fiscalidad y servicios públicos: la erosión de la esfera común"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Defender hoy un sistema ferroviario digno en Cataluña o una atención primaria fuerte en Madrid no es solo una cuestión de movilidad o de salud. Es un acto de resistencia democrática: una manera de afirmar que la libertad no se compra en el mercado, sino que se construye garantizando derechos efectivos para todos</p><p class="subtitle">El Govern de Salvador Illa pide dimisiones a Renfe y Adif tras seis días de desastre en Rodalies</p></div><p class="article-text">
        Deja de funcionar el sistema ferroviario en Catalu&ntilde;a y Ayuso anuncia una bonificaci&oacute;n del 99% del impuesto de sucesiones en Madrid. Puede parecer una mera yuxtaposici&oacute;n de noticias, pero hay algo de estructural en la coincidencia. El debate sobre la fiscalidad no va de n&uacute;meros, sino de pa&iacute;s: qu&eacute; tipo de comunidad queremos ser, una sociedad de servicios compartidos o un archipi&eacute;lago de privilegios individuales. En Espa&ntilde;a, y de forma especialmente visible en el caos cotidiano de la red ferroviaria en Catalu&ntilde;a, vivimos una paradoja peligrosa: la degradaci&oacute;n de lo p&uacute;blico se utiliza como prueba de que lo p&uacute;blico &ldquo;no funciona&rdquo;, para justificar nuevas rebajas fiscales y m&aacute;s retirada del Estado. Sin embargo, lo que presenciamos no es el fracaso intr&iacute;nseco de lo p&uacute;blico por el hecho de ser p&uacute;blico, sino el avance de una estrategia premeditada para erosionar el pacto social hasta que la ciudadan&iacute;a, agotada, acabe pidiendo que el mercado ocupe el lugar del Estado.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo del Reino Unido bajo el legado de Margaret Thatcher no es una r&eacute;plica exacta de lo que sucede aqu&iacute;, pero s&iacute; un precedente y una advertencia intelectual y moral. Ken Loach lo retrat&oacute; magistralmente en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/La_Cuadrilla_(pel%C3%ADcula)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La cuadrilla (The Navigators</a>): la privatizaci&oacute;n de los ferrocarriles brit&aacute;nicos no trajo eficiencia, sino precarizaci&oacute;n extrema de los trabajadores y el sacrificio de la seguridad en nombre del ahorro de costes para el accionista. Los an&aacute;lisis posteriores al accidente de Hatfield, en el a&ntilde;o 2000, pusieron de manifiesto las graves deficiencias de la empresa privada Railtrack y sus continuas subcontrataciones. En Catalu&ntilde;a, la falta cr&oacute;nica de inversi&oacute;n y la muy deficiente ejecuci&oacute;n presupuestaria de los sucesivos gobiernos han generado un servicio poco fiable que expulsa usuarios, encarece la vida cotidiana y degrada la dignidad del viajero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este vaciamiento de lo com&uacute;n se da, adem&aacute;s, en un contexto global de ataque a la democracia liberal, donde la extrema derecha y los populismos reactivos ganan terreno. L&iacute;deres como Isabel D&iacute;az Ayuso en Madrid &mdash;o las alianzas PP&#8209;Vox que se est&aacute;n materializando en Extremadura y que asoman en Arag&oacute;n o Castilla y Le&oacute;n&mdash; han convertido la bajada de impuestos en un relato de emancipaci&oacute;n frente a un Estado supuestamente opresor. Es un ataque frontal a la democracia entendida como un espacio de iguales. La libertad que proponen es, en realidad, una libertad de mercado: solo quien tiene capital puede elegir colegio, hospital o medio de transporte.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la sanidad p&uacute;blica estornuda o los trenes de cercan&iacute;as no llegan a su hora, la respuesta de estos sectores no es reforzar la fiscalidad progresiva para invertir m&aacute;s, sino empujar a quien pueda a comprarse un coche, contratar un seguro privado o pagar una escuela concertada de &eacute;lite. El resultado es una fractura social profunda: dejamos de compartir vag&oacute;n y sala de espera, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en clientes con distintos niveles de acceso. Se disuelve la esfera com&uacute;n que sostiene la democracia y se normaliza la idea de que la calidad de vida depende de la cuenta corriente.
    </p><p class="article-text">
        La discusi&oacute;n sobre impuestos suele presentarse como una lucha entre &ldquo;altos impuestos asfixiantes&rdquo; y &ldquo;bajos impuestos liberadores&rdquo;, pero en realidad es una disputa sobre c&oacute;mo se distribuye el poder. Economistas como <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Thomas Piketty</a> han mostrado que sin impuestos progresivos sobre la renta y el patrimonio, la desigualdad se dispara y termina minando las bases mismas de la democracia, al concentrar la capacidad de influencia pol&iacute;tica en una minor&iacute;a. Poner la fiscalidad en el centro del conflicto pol&iacute;tico no es una obsesi&oacute;n contable, sino la condici&oacute;n para sostener un Estado social capaz de financiar educaci&oacute;n, sanidad e infraestructuras en condiciones de igualdad.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a se mueve en niveles de recaudaci&oacute;n que, aunque se han aproximado a la media de la OCDE en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas, siguen siendo objeto de debate cuando se comparan con las necesidades reales de un Estado social que ha de proveer servicios a una cantidad mayor de usuarios. Los <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">datos de la OCDE</a> sit&uacute;an la recaudaci&oacute;n tributaria en torno al 37% del PIB en 2023, por encima del promedio del conjunto de pa&iacute;ses que la forman, pero por debajo de los pa&iacute;ses que sostienen Estados de bienestar m&aacute;s robustos y menos desiguales. La cuesti&oacute;n no es solo cu&aacute;nto se recauda, sino c&oacute;mo: el peso relativo de la imposici&oacute;n sobre el trabajo frente a la riqueza y las rentas de capital, y el margen de mejora mediante figuras m&aacute;s progresivas, como los impuestos sobre grandes fortunas y herencias, que Piketty defiende como palancas para reducir la desigualdad heredada, que es justamente la que Ayuso quiere bonificar.
    </p><p class="article-text">
        Una esfera p&uacute;blica bien financiada &mdash;ferrocarriles que funcionan, escuelas inclusivas, una atenci&oacute;n primaria robusta&mdash; es el &uacute;nico mecanismo que garantiza que la libertad no sea un privilegio para pocos, sino una posibilidad real para muchos. Pagar impuestos no es un castigo, sino la inversi&oacute;n necesaria para mantener una infraestructura com&uacute;n que nos iguala y nos permite convivir en un mundo cada vez m&aacute;s fragmentado. Pero para que este contrato fiscal sea pol&iacute;ticamente defendible, es imprescindible que las cosas funcionen.
    </p><p class="article-text">
        Defender hoy un sistema ferroviario digno en Catalu&ntilde;a o una atenci&oacute;n primaria fuerte en Madrid no es solo una cuesti&oacute;n de movilidad o de salud. Es un acto de resistencia democr&aacute;tica: una manera de afirmar que la libertad no se compra en el mercado, sino que se construye garantizando derechos efectivos para todos. Solo manteniendo una esfera p&uacute;blica no orientada al beneficio, sino al servicio ciudadano y financiada de forma progresiva por quienes m&aacute;s tienen, podemos sostener una sociedad donde el bienestar no dependa de la cuenta corriente. Recuperar el prestigio de lo com&uacute;n y hacer que el Estado cumpla sus compromisos de inversi&oacute;n es la condici&oacute;n para que la democracia no se convierta en una c&aacute;scara vac&iacute;a al servicio del mejor postor, y para frenar la deriva que nos quiere convencer de que estar&iacute;amos mejor solos que juntos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fiscalidad-servicios-publicos-erosion-esfera-comun_129_12936142.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2026 20:56:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ee2f7ba3-d166-493c-9273-e15f498b440a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1235960" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ee2f7ba3-d166-493c-9273-e15f498b440a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1235960" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Fiscalidad y servicios públicos: la erosión de la esfera común]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ee2f7ba3-d166-493c-9273-e15f498b440a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Financiación autonómica: confundir igualdad con homogeneidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/financiacion-autonomica-confundir-igualdad-homogeneidad_129_12901156.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/02cfc79e-bfa4-4d03-b514-82c970030f48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Financiación autonómica: confundir igualdad con homogeneidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cuestión decisiva no es si todos los territorios reciben un tratamiento idéntico, sino si las personas, vivan donde vivan, tienen un acceso razonablemente comparable a los derechos y prestaciones que la Constitución reconoce</p><p class="subtitle">Feijóo defiende “vincular” la financiación de las comunidades autónomas a la cantidad de vivienda que construyan</p></div><p class="article-text">
        La confusi&oacute;n entre igualdad y homogeneidad atraviesa de manera soterrada buena parte del debate sobre la financiaci&oacute;n auton&oacute;mica en Espa&ntilde;a. Las administraciones p&uacute;blicas se formaron desde una cultura weberiana que tiende a identificar igualdad con trato uniforme. Para evitar la discrecionalidad acabas aplicando la misma regla a situaciones que en muchos casos son profundamente distintas. Esa l&oacute;gica, que en su origen buscaba proteger al ciudadano frente al favoritismo de que gozaban qui&eacute;nes ten&iacute;an v&iacute;nculos con el poder, ha acabado funcionando como una m&aacute;quina de homogeneizaci&oacute;n: cualquier intento de diferenciar se percibe como privilegio o desviaci&oacute;n del ideal de neutralidad. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, en un Estado compuesto como el que tenemos en Espa&ntilde;a, la cuesti&oacute;n decisiva no es si todos los territorios reciben un tratamiento id&eacute;ntico, sino si las personas, vivan donde vivan, tienen un acceso razonablemente comparable a los derechos y prestaciones que la Constituci&oacute;n reconoce. Lo contrario de igualdad es desigualdad; lo contrario de homogeneidad, en cambio, es diversidad. Confundir ambos planos conduce a interpretar cualquier reconocimiento de la diversidad territorial como una amenaza a la igualdad, cuando a menudo es la condici&oacute;n para hacerla efectiva.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre el sistema de financiaci&oacute;n auton&oacute;mica es un campo privilegiado para constatar esta confusi&oacute;n. Venimos de un sistema puesto en marcha en el 2009, ya claramente caducado y que acumula problemas. El informe de la Comisi&oacute;n de Expertos de 2017 constata que el modelo vigente es opaco, poco inteligible y genera diferencias significativas de financiaci&oacute;n que no siempre se explican por necesidades de gasto o capacidad fiscal, lo que alimenta los agravios cruzados. La finalidad del sistema debe ser garantizar el acceso de la ciudadan&iacute;a a los servicios p&uacute;blicos fundamentales en funci&oacute;n de su coste efectivo, y hacerlo sobre la base de principios como solidaridad, suficiencia, equidad y corresponsabilidad fiscal. Para ello no sirve una f&oacute;rmula homog&eacute;nea, sino refinar el indicador de poblaci&oacute;n ajustada (incorporando variables de necesidad como son la poblaci&oacute;n protegida sanitaria por tramos de edad, la poblaci&oacute;n en edad escolar, el envejecimiento,&hellip;) y correctores espec&iacute;ficos de costes fijos o los de insularidad, dispersi&oacute;n y superficie. Se reconoce as&iacute; que las comunidades no se enfrentan al mismo coste por prestar el mismo cat&aacute;logo de servicios.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, el principal obst&aacute;culo para articular una financiaci&oacute;n auton&oacute;mica que trate de forma igual pero no homog&eacute;nea a territorios diversos no es de dise&ntilde;o t&eacute;cnico sino de disposici&oacute;n pol&iacute;tica a asumir los costes de esa distinci&oacute;n. La l&oacute;gica de la evidencia &mdash;que muestra que las comunidades no tienen las mismas necesidades de gasto ni la misma capacidad fiscal y que, por tanto, la igualdad ciudadana requiere una cierta diferenciaci&oacute;n territorial&mdash; se encuentra con una l&oacute;gica distinta: la de los calendarios electorales, las estrategias partidistas y las batallas por el relato. En ese terreno, la confusi&oacute;n entre igualdad y homogeneidad deja de ser solo un problema conceptual para convertirse en un recurso ret&oacute;rico &uacute;til, porque permite presentar cualquier ajuste a la diversidad como un &ldquo;privilegio&rdquo; y cualquier avance en la nivelaci&oacute;n como un &ldquo;castigo&rdquo; para determinados territorios.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La propuesta de reforma del Ministerio de Hacienda refuerza la corresponsabilidad fiscal y la autonom&iacute;a, ligando m&aacute;s estrechamente las finanzas regionales al dinamismo econ&oacute;mico de cada territorio. Sin por ello mermar la solidaridad interterritorial, al nivelar la distancia de cada comunidad respecto a la media de recursos por habitante ajustado, afinando los grupos de edad y reforzando los criterios de superficie y dispersi&oacute;n para compensar los efectos de la despoblaci&oacute;n. Le&iacute;da desde quienes tienden a confundir igualdad con homogeneidad, esta combinaci&oacute;n es muy sospechosa. Se afirma, por ejemplo, que reconocer &ldquo;singularidades territoriales&rdquo; equivale a hacer un &ldquo;modelo a medida&rdquo; y, por tanto, a romper la igualdad. Ese tipo de cr&iacute;ticas parten de un concepto de igualdad formal: todos los territorios deber&iacute;an recibir lo mismo por unidad de poblaci&oacute;n, con independencia de sus necesidades de gasto, de su capacidad fiscal o de las competencias que gestionan. Lo que la Constituci&oacute;n exige es el respeto de los principios de solidaridad y coordinaci&oacute;n y que no se generen privilegios econ&oacute;micos o sociales derivados de las diferencias estatutarias; no que cada comunidad reciba el mismo nivel de financiaci&oacute;n sin tener en cuenta el coste real de garantizar los mismos derechos.
    </p><p class="article-text">
        En este punto entra tambi&eacute;n el debate sobre el principio de ordinalidad. Desde la &oacute;ptica que distingue igualdad y homogeneidad, la ordinalidad puede concebirse como un par&aacute;metro pol&iacute;tico a considerar para evitar resultados percibidos como confiscatorios en las comunidades m&aacute;s ricas, aunque tiene el riesgo de blindar desigualdades de origen y de convertir la diversidad econ&oacute;mica en orden jer&aacute;rquico intocable. La propuesta de Hacienda se mueve en un terreno intermedio, reconociendo un espacio de negociaci&oacute;n entre tres exigencias distintas: la nivelaci&oacute;n suficiente para garantizar igualdad de acceso a los servicios; la preservaci&oacute;n de incentivos al dinamismo fiscal y econ&oacute;mico; y la necesidad de llegar a un acuerdo pol&iacute;ticamente sostenible en un mapa de agravios acumulados. La comparaci&oacute;n internacional refuerza esta lectura. Sistemas federales como Alemania o Canad&aacute; han desarrollado mecanismos de ecualizaci&oacute;n que parten de la diversidad territorial en capacidades fiscales y costes de provisi&oacute;n, pero los justifican en nombre de la igualdad de oportunidades ciudadanas y de &ldquo;condiciones de vida equivalentes&rdquo;, no de un reparto homog&eacute;neo de recursos entre gobiernos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aplicado al caso espa&ntilde;ol, el hilo argumental puede resumirse as&iacute;: un Estado compuesto que toma en serio el principio de igualdad no puede ser homog&eacute;neo ni en el reparto de competencias ni en el de recursos, porque sus territorios no lo son en poblaci&oacute;n, estructura econ&oacute;mica, geograf&iacute;a, despoblaci&oacute;n, insularidad o extrapeninsularidad. El sistema de financiaci&oacute;n ha de traducir esa diversidad en f&oacute;rmulas que garanticen derechos equivalentes sin congelar el mapa de capacidades fiscales ni la autonom&iacute;a pol&iacute;tica. Sin embargo, la l&oacute;gica partidista se impone: el objetivo inmediato es no facilitar al adversario un &eacute;xito de gobierno, m&aacute;s que maximizar los recursos disponibles para los propios servicios p&uacute;blicos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El discurso de la igualdad entendida como homogeneidad se convierte as&iacute; en un arma &uacute;til: permite cuestionar la reforma desde una posici&oacute;n supuestamente de principios &mdash;&ldquo;no aceptar&eacute; privilegios para nadie&rdquo;&mdash;, y al mismo tiempo acumular r&eacute;ditos de opini&oacute;n p&uacute;blica ante electorados sensibles al agravio comparativo. La paradoja es que esa defensa de la homogeneidad acaba siendo una defensa impl&iacute;cita del statu quo: mantener un modelo de 2009 nacido para otro momento econ&oacute;mico y demogr&aacute;fico y que todos saben que es insuficiente y desequilibrado, pero que resulta pol&iacute;ticamente menos costoso que entrar en el terreno minado de la redistribuci&oacute;n expl&iacute;cita.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica partidista empuja a usar la confusi&oacute;n entre igualdad y homogeneidad como herramienta de movilizaci&oacute;n y como argumento cr&iacute;tico, porque simplifica un debate complejo y lo alinea con identidades territoriales y electorales preexistentes. Precisamente por eso resulta a&uacute;n m&aacute;s importante insistir en el marco que distingue igualdad de homogeneidad y diversidad de privilegio: no solo como argumento normativo, sino como ant&iacute;doto frente a una forma de hacer pol&iacute;tica que, en nombre de una igualdad mal entendida, puede bloquear durante a&ntilde;os cualquier avance hacia una financiaci&oacute;n m&aacute;s equitativa y una administraci&oacute;n m&aacute;s capaz de tratar de forma diferenciada lo que de hecho es diverso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/financiacion-autonomica-confundir-igualdad-homogeneidad_129_12901156.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 12 Jan 2026 21:02:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/02cfc79e-bfa4-4d03-b514-82c970030f48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="19748690" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/02cfc79e-bfa4-4d03-b514-82c970030f48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="19748690" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Financiación autonómica: confundir igualdad con homogeneidad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/02cfc79e-bfa4-4d03-b514-82c970030f48_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Financiación autonómica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Europa, entre el miedo al declive y la obligación de la esperanza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-miedo-declive-obligacion-esperanza_129_12875841.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2651acb8-d985-489c-a47c-620cff7a31d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132930.jpg" width="1920" height="1080" alt="Europa, entre el miedo al declive y la obligación de la esperanza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La pregunta ya no es si “sigue valiendo la pena” la esperanza que proyecta Europa, sino si quienes creen en ella están dispuestos a convertirla en programa: más presupuesto común, más riesgo compartido, más democracia transnacional</p></div><p class="article-text">
        Hay una clara sensaci&oacute;n de agotamiento del modelo de Europa que ha ido funcionando mal que bien desde sus primeros balbuceos con la Comunidad del Carb&oacute;n y del Acero apenas terminada la segunda gran guerra que asol&oacute; el continente. Un declive que se recrudece en un escenario geopol&iacute;tico cada vez m&aacute;s hostil. Pero, &iquest;es ese&nbsp;agotamiento s&iacute;ntoma del miedo a dar un paso adelante o una simple expresi&oacute;n de unas debilidades reales e insuperables?. El proyecto nacido en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Manifiesto_de_Ventotene" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ventotene, con Spinelli</a> imaginando una uni&oacute;n pol&iacute;tica para superar la guerra y el nacionalismo, se ha ido traduciendo en un h&iacute;brido peculiar: m&aacute;s mercado que federaci&oacute;n, m&aacute;s reglas que voluntad de poder, m&aacute;s contenci&oacute;n que ambici&oacute;n. Y, sin embargo, en el momento en que la historia vuelve a acelerarse (Trump en la Casa Blanca, Putin a las puertas, China consolidando su peso), Europa descubre que no puede permitirse el lujo de la nostalgia o de los reproches cruzados. O se rearma pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y (por fuerza) militarmente, o ver&aacute; c&oacute;mo su modelo de democracia social que la ha caracterizado va a acabar siendo irreconocible.
    </p><p class="article-text">
        El relato del declive se refleja con crudeza en el <a href="https://commission.europa.eu/topics/competitiveness/draghi-report_en?prefLang=es&amp;etrans=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Informe Draghi</a> sobre competitividad, que demuestra c&oacute;mo el crecimiento europeo ha sido persistentemente m&aacute;s lento que el de Estados Unidos en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas, mientras China recorta distancias. M&aacute;s preocupante a&uacute;n: la inversi&oacute;n europea en capital f&iacute;sico y, sobre todo, en actividades innovadoras, como las vinculadas capital riesgo o empresas tecnol&oacute;gicas, ha quedado claramente por detr&aacute;s de la estadounidense. Si nada cambia, advierte ese diagn&oacute;stico, el riesgo no es solo quedar por detr&aacute;s, sino consolidar una trayectoria de irrelevancia econ&oacute;mica relativa.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otros an&aacute;lisis, como el de <a href="https://ppl-ai-file-upload.s3.amazonaws.com/web/direct-files/attachments/51838753/4396c18c-f486-4322-afb8-653594271d6c/Tooze2.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adam Tooze</a>, matizan este dramatismo, aludiendo a que la brecha en la generaci&oacute;n del PIB no se debe tanto a una posible esclerosis econ&oacute;mica, como a optar por distintas prioridades. No estar&iacute;amos asistiendo al derrumbe del Imperio romano, sino al hecho que Europa se siente m&aacute;s c&oacute;moda en un escal&oacute;n inferior del capitalismo avanzado, aceptando un rol m&aacute;s igualitario y menos exuberante. En ese sentido el problema no ser&iacute;a tanto el descenso como la resignaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica y la geopol&iacute;tica no pueden quedar al margen del an&aacute;lisis. La guerra de Ucrania ha obligado a Europa a actuar asumiendo que uno de sus principios es asumir de manera compartida los riesgos que afectan al conjunto de la comunidad. As&iacute; se hizo con el NextGeneration para hacer frente a la pandemia y, ahora, con los nuevos eurobonos para financiar hasta 90.000 millones de ayuda a Kiev. Todo ello muestra que, cuando la emergencia aprieta, la Uni&oacute;n parece estar dispuesta a cruzar l&iacute;neas rojas como la mutualizaci&oacute;n de deuda y el abandono de facto de la unanimidad en decisiones de alto calado. Estamos en un momento en el que deber&iacute;a demostrarse la capacidad de reconducir la construcci&oacute;n europea en momentos de riesgo existencial hac&iacute;an una verdadera refundaci&oacute;n.&nbsp;Pero la dificultad con que se ha llegado a ese punto y las tensiones generadas para lograrlo ponen de relieve la fragilidad del equilibrio institucional y el peligro de que las coaliciones de bloqueo se vayan ampliando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cabr&iacute;a imaginar que algunos pa&iacute;ses, aquellos que puedan sentirse m&aacute;s fr&aacute;giles o, al rev&eacute;s, los m&aacute;s convencidos de su modelo de convivencia, puedan preferir blindar lo que puedan a escala nacional y dejar definitivamente a Bruselas y sus instituciones como garantes de un mercado &uacute;nico y poco m&aacute;s. Los que queremos preservar la promesa europea de equidad y dignidad para todos, &iquest;podemos confiar en una UE que habla de productividad, de seguridad y de rearme, pero vacila constantemente ante la necesidad de federalizaci&oacute;n fiscal, la reforma de su sistema de gobernanza y la defensa del Estado de derecho? Para ello tendr&iacute;amos que ir m&aacute;s all&aacute; del modelo de capitalismo que ponen el acento en la productividad y en la competitividad, pero que no logran avanzar en la federalizaci&oacute;n fiscal, la reforma de la gobernanza y el reforzamiento del mandato democr&aacute;tico de todo ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De lo que no hay duda es el nuevo escenario geopol&iacute;tico exige m&aacute;s refuerzo europeo que repliegue. Ning&uacute;n Estado europeo, ni siquiera Alemania o Francia, est&aacute; en condiciones de negociar de t&uacute; a t&uacute; con los Estados Unidos de Trump, con China o con el conglomerado GAFAM que consideran el Estado del bienestar como algo &ldquo;obsoleto&rdquo; en el nuevo escenario digital. Por otro lado, lo que queda del modelo social europeo&nbsp;(sanidad, educaci&oacute;n, cohesi&oacute;n territorial) se ha construido y defendido tambi&eacute;n gracias a marcos comunes, est&aacute;ndares y financiaci&oacute;n europea, y porque cuando se pregunta a la ciudadan&iacute;a, las prioridades que emergen son precisamente equidad, inclusi&oacute;n, movilidad juvenil, cultura, clima, salud y resiliencia democr&aacute;tica. La l&iacute;nea divisoria no es Europa versus la &ldquo;buena&rdquo; democracia social nacional, sino democracia social con m&aacute;s Europa o erosi&oacute;n democr&aacute;tica sin ella.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a recordar el potencial simb&oacute;lico que ha tenido y sigue teniendo el programa Erasmus. Con recursos muy limitados, m&aacute;s de quince millones de estudiantes han vivido ya la experiencia de estudiar, trabajar o hacer pr&aacute;cticas en otro pa&iacute;s de la UE, construyendo redes afectivas y profesionales que ning&uacute;n Estado podr&iacute;a haber desplegado en solitario. Es verdad que no han cristalizado en un demos europeo robusto y que esa &ldquo;no identidad&rdquo; a menudo se queda en nostalgia biogr&aacute;fica y capital cultural, no en poder constituyente de un &ldquo;nosotros&rdquo; efectivo. Pero si hay alg&uacute;n terreno f&eacute;rtil para una ciudadan&iacute;a postnacional no es el repliegue de fronteras, sino la extensi&oacute;n de esa l&oacute;gica Erasmus a otras esferas: derechos sociales portables, participaci&oacute;n directa en decisiones presupuestarias, protecci&oacute;n del Estado de derecho vinculada a la financiaci&oacute;n, capacidad fiscal com&uacute;n para sostener un nuevo pacto verde&ndash;social.
    </p><p class="article-text">
        En un mundo m&aacute;s duro, m&aacute;s &aacute;spero, la &uacute;nica manera de preservar las promesas de equidad y dignidad que lleva inscritas la historia europea desde 1945 pasa por asumir una contradicci&oacute;n inc&oacute;moda: hay que hacer m&aacute;s pol&iacute;tica y m&aacute;s pol&iacute;ticas (m&aacute;s inversi&oacute;n, m&aacute;s defensa, pero tambi&eacute;n m&aacute;s capacidad de decisi&oacute;n colectiva) precisamente para seguir siendo el espacio del mundo donde la combinaci&oacute;n de democracia, derechos y bienestar funciona y avanza. La pregunta ya no es si &ldquo;sigue valiendo la pena&rdquo; la esperanza que proyecta Europa, sino si quienes creen en ella est&aacute;n dispuestos a convertirla en programa: m&aacute;s presupuesto com&uacute;n, m&aacute;s riesgo compartido, m&aacute;s democracia transnacional. Si esa apuesta falla, ning&uacute;n Estado podr&aacute; salvar en solitario lo que Europa, con todas sus carencias, ha hecho posible hasta ahora. Si funciona, el declive dejar&aacute; de ser un destino para convertirse solo en el argumento de algunos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/europa-miedo-declive-obligacion-esperanza_129_12875841.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 29 Dec 2025 20:50:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2651acb8-d985-489c-a47c-620cff7a31d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132930.jpg" length="542049" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2651acb8-d985-489c-a47c-620cff7a31d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132930.jpg" type="image/jpeg" fileSize="542049" width="1920" height="1080"/>
      <media:title><![CDATA[Europa, entre el miedo al declive y la obligación de la esperanza]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2651acb8-d985-489c-a47c-620cff7a31d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_1132930.jpg" width="1920" height="1080"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Tiene sentido celebrar la ONU y su Declaración de Derechos 80 años después?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sentido-celebrar-onu-declaracion-derechos-80-anos-despues_129_12846410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a8139204-55c3-4414-995f-0acbc458c760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Tiene sentido celebrar la ONU y su Declaración de Derechos 80 años después?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tal vez, en este 80 aniversario, el gesto más honesto no sea felicitar a la ONU ni a la Declaración, sino algo más parecido a lo que hacemos con ciertas fechas incómodas: guardar memoria de una utopía concreta —la de que la fuerza del derecho pueda limitar el derecho de la fuerza— precisamente cuando más lejos parece de cumplirse</p></div><p class="article-text">
        La ONU cumple 80 a&ntilde;os y la <a href="https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos</a>, que se conmemor&oacute; el pasado 10 de diciembre en su d&iacute;a internacional, 77 a&ntilde;os. Pero, para muchos, m&aacute;s bien estamos celebrando algo parecido a las ruinas de un multilateralismo que ya no existe. Surgieron en una posguerra que quer&iacute;a dejar atr&aacute;s para siempre una mezcla irrepetible de horrores, postulando un impulso igualitarista y la confianza en el progreso, tratando as&iacute; de articular un multilateralismo activo, capaz de domesticar el uso de la fuerza bruta. Hoy el contexto es casi el inverso: emergencia clim&aacute;tica, cambio tecnol&oacute;gico acelerado, competici&oacute;n geopol&iacute;tica descarnada y un autoritarismo que ya no se siente obligado ni a disimular.
    </p><p class="article-text">
        La ONU naci&oacute; con poco m&aacute;s de 50 Estados y un Consejo de Seguridad dise&ntilde;ado como directorio de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, con derecho de veto como peaje para que aceptaran un m&iacute;nimo de gobierno por reglas comunes. Ocho d&eacute;cadas y casi 200 miembros despu&eacute;s, ese dise&ntilde;o se ha vuelto el s&iacute;mbolo de su anacronismo: &Aacute;frica con 54 pa&iacute;ses y ning&uacute;n asiento permanente, Am&eacute;rica Latina y gran parte de Asia infrarrepresentadas y un &ldquo;Directorio a 5&rdquo; que bloquea o vac&iacute;a de contenido cualquier decisi&oacute;n que roce sus intereses vitales. El resultado es visible Ucrania, Gaza, Siria, Yemen o Myanmar son solo los casos m&aacute;s recientes de una cadena de crisis en las que el Consejo aparece paralizado o utilizado selectivamente, alimentando la idea de que es un &oacute;rgano &ldquo;basado en el poder m&aacute;s que en las normas&rdquo; y que sus resoluciones, cuando molestan, son prescindibles. No es que falten propuestas de reforma; lo que falta es un acuerdo entre quienes tendr&iacute;an que renunciar a privilegios que consideran irrenunciables.
    </p><p class="article-text">
        La tentaci&oacute;n, desde una mirada desencantada y esc&eacute;ptica, es dar por amortizada a la ONU y encogerse de hombros ante un decorado de multilateralismo que resulta cada vez m&aacute;s irrelevante. Pero conviene hacerse una pregunta inc&oacute;moda: &iquest;qu&eacute; hay m&aacute;s all&aacute;&nbsp;de ese fracaso? Cuando Estados Unidos o Rusia y otras potencias bloquean cualquier respuesta a las agresiones que ellos mismos u otros provocan, lo que se erosiona no es solo la ONU, sino la misma posibilidad de un orden legal global m&iacute;nimamente compartido. Lo que asoma, con otros nombres, se parece bastante a un neomedievo de esferas de influencia, empresas tecnol&oacute;gicas con poder cuasi-estatal y alianzas ad hoc donde rige, de nuevo, el derecho del m&aacute;s fuerte. Frente a eso, una ONU coja y contradictoria sigue siendo, por ahora, el &uacute;nico espacio donde casi todos los Estados deben al menos fingir que las reglas existen y que los derechos humanos no son un simple asunto interno.
    </p><p class="article-text">
        La Declaraci&oacute;n de los Derechos Humanos de 1948, por su parte, tambi&eacute;n vive su propia paradoja. Naci&oacute; como respuesta a los campos de exterminio y a la experiencia de c&oacute;mo reg&iacute;menes electos pod&iacute;an convertirse en m&aacute;quinas de atropellar minor&iacute;as y disidentes, y supuso una apuesta radical dar a las personas, no a los Estados, un cat&aacute;logo de derechos frente a sus propios gobiernos. Es cierto que el texto es el reflejo de su &eacute;poca, y tiene una l&oacute;gica individualista, apenas insin&uacute;a la igualdad de g&eacute;nero, invisibiliza la diversidad sexual y no dice nada de derechos ambientales o de futuros, pero su influencia ha sido enorme. Convirti&eacute;ndose en una especia de molde de los pactos de derechos civiles y pol&iacute;ticos y de derechos econ&oacute;micos, sociales y culturales, inspirando posteriormente convenciones espec&iacute;ficas sobre mujeres, infancia, pueblos ind&iacute;genas, discriminaci&oacute;n racial, discapacidad o tortura. Incluso en Am&eacute;rica, Europa, &Aacute;frica o el mundo &aacute;rabe, los entramados institucionales se construyeron expl&iacute;citamente tomando como base aquella Declaraci&oacute;n que ahora puede parecernos de otra &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica m&aacute;s extendida en 2025 no es ya que los derechos humanos sean una &ldquo;carta occidental&rdquo; incompatible con otras culturas, sino que su promesa es demasiado abstracta frente a desigualdades obscenas, destrucci&oacute;n ecol&oacute;gica y precariedad vital. &iquest;De qu&eacute; sirve proclamar el derecho a la vida o a un nivel de vida adecuado en un planeta que se calienta por encima de los l&iacute;mites seguros, en ciudades o lugares donde el acceso a la vivienda, la energ&iacute;a o la salud se convierte en una loter&iacute;a y cuando las fronteras se convierten en fosas comunes? Sin embargo, el derecho internacional ha ido llenando, a trompicones, algunos de esos vac&iacute;os reconociendo, por ejemplo, el derecho a un medio ambiente sano, o incorporando la perspectiva de g&eacute;nero y la interseccionalidad en la interpretaci&oacute;n de los derechos ya existentes, sin necesidad de reescribir la Declaraci&oacute;n l&iacute;nea a l&iacute;nea. La agenda clim&aacute;tica, las luchas feministas o las demandas de colectivos LGTBIQ han encontrado precisamente en esa matriz de dignidad e igualdad una caja de herramientas para traducir agravios y reivindicaciones en obligaciones jur&iacute;dicas y pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n aqu&iacute; opera una paradoja conocida. Los derechos humanos se invocan en discursos huecos de gobiernos que los violan sistem&aacute;ticamente, se instrumentalizan en guerras de relatos y se usan como coartada selectiva para sancionar a unos y tolerar a otros. Pero son, al mismo tiempo, el lenguaje com&uacute;n y universal que permite a v&iacute;ctimas, jueces, periodistas, ONG o movimientos sociales denunciar abusos, litigar en tribunales nacionales e internacionales y construir alianzas transnacionales que incomodan a poderes que preferir&iacute;an operar en la opacidad. El propio desarrollo de reg&iacute;menes como el europeo o el interamericano muestra algo que a menudo olvidamos no fueron las grandes potencias las que empujaron con m&aacute;s entusiasmo hacia mecanismos vinculantes, sino muchas democracias nuevas que quer&iacute;an salvaguardas&nbsp;frente al temor de lo que podr&iacute;a acaecer en su propio futuro. A la vista de los retrocesos democr&aacute;ticos de los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, esta intuici&oacute;n de postguerra &mdash;que sin garant&iacute;as externas la democracia es m&aacute;s fr&aacute;gil&mdash; suena quiz&aacute;s menos ingenua de lo que se acostumbr&oacute; a pensar.
    </p><p class="article-text">
        El cambio de &eacute;poca que vivimos tiene, adem&aacute;s, una dimensi&oacute;n de instrumentos perdidos. No solo han aparecido nuevas amenazas &mdash;crisis clim&aacute;tica, inteligencia artificial, biotecnolog&iacute;a, capitalismo de vigilancia&mdash;, sino que afrontamos esas amenazas con instituciones multilaterales debilitadas, Estados del bienestar erosionados y una esfera p&uacute;blica saturada de desinformaci&oacute;n y odio. Lo que podr&iacute;a ser una oportunidad para reforzar la cooperaci&oacute;n internacional y actualizar los derechos a estas nuevas fronteras se convierte, demasiadas veces, en terreno abonado para un &ldquo;tecno-autoritarismo&rdquo; que usa datos, algoritmos y emergencias para reforzar controles, discriminar y perseguir, al margen de cualquier escrutinio. La idea de que bastar&iacute;a con redactar una nueva declaraci&oacute;n de derechos digitales o clim&aacute;ticos para resolver este desajuste es tranquilizadora, pero probablemente falsa sin instituciones capaces de hacerlos cumplir. As&iacute;, los nuevos cat&aacute;logos de derechos corren el riesgo de convertirse en ret&oacute;rica de escaparate, como ya ocurre con tantas constituciones generosas en derechos y mezquinas en sus pr&aacute;cticas.
    </p><p class="article-text">
        Un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a, se ha beneficiado de ese entramado de normas y tribunales europeos e internacionales para consolidar su propia democracia, y buena parte de las pol&iacute;ticas sociales, de igualdad y de memoria que hoy damos por supuestas se han apoyado en ese derecho &ldquo;supranacional&rdquo;. Un derecho que a veces se critica como distante, pero que ha servido para corregir excesos y empujar reformas que hubieran resultado m&aacute;s dif&iacute;ciles de conseguir por pura din&aacute;mica interna. La expansi&oacute;n contempor&aacute;nea de reg&iacute;menes autoritarios, tambi&eacute;n dentro de la UE, y los datos de deterioro democr&aacute;tico que muestran estudios comparativos deber&iacute;an ser un recordatorio de que no hay vacuna permanente contra el retroceso, ni siquiera en democracias consideradas como ya consolidadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; el lugar realista para colocar hoy eso tan importante y vital como es la esperanza, no est&eacute; en grandes reformas de tratado &mdash;bloqueadas desde hace d&eacute;cadas&mdash; ni en gestos grandilocuentes cada 10 de diciembre, sino en una combinaci&oacute;n m&aacute;s modesta y obstinada de niveles. En lo local y lo &ldquo;glocal&rdquo;, con ciudades, tribunales nacionales, defensor&iacute;as del pueblo y redes de activistas y colectivos sociales que usan las viejas palabras de 1948 para enfrentarse a problemas nuevos y viejos; en lo regional, aprovechando que los sistemas europeos, africanos o americanos de derechos humanos siguen siendo, con todas sus limitaciones, espacios donde una persona puede ganar en los tribunales a un Estado; y en lo global, defendiendo las ruinas de un multilateralismo que, aunque no nos acabe de satisfacer, lo cierto es que tampoco no hemos encontrado un sustituto que no acabe siendo mucho peor.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, en este 80 aniversario, el gesto m&aacute;s honesto no sea felicitar a la ONU ni a la Declaraci&oacute;n, sino algo m&aacute;s parecido a lo que hacemos con ciertas fechas inc&oacute;modas: guardar memoria de una utop&iacute;a concreta &mdash;la de que la fuerza del derecho pueda limitar el derecho de la fuerza&mdash; precisamente cuando m&aacute;s lejos parece de cumplirse. No para refugiarnos en la nostalgia de un orden idealizado de posguerra que nunca fue tan justo como nos hemos ido contando, sino para evitar que, en nombre de un realismo mal entendido, regalemos al cinismo autoritario el &uacute;nico lenguaje que, con todas sus grietas, ha servido hasta ahora para que los d&eacute;biles discutan de t&uacute; a t&uacute; a los fuertes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sentido-celebrar-onu-declaracion-derechos-80-anos-despues_129_12846410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 15 Dec 2025 20:28:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a8139204-55c3-4414-995f-0acbc458c760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4642155" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a8139204-55c3-4414-995f-0acbc458c760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4642155" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[¿Tiene sentido celebrar la ONU y su Declaración de Derechos 80 años después?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a8139204-55c3-4414-995f-0acbc458c760_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin un espacio común no hay democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espacio-comun-no-hay-democracia_129_12810968.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1a1055af-1fcc-4e71-9abc-45e21430a2a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin un espacio común no hay democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No se trata de llegar a consensos plenos, sino de romper la lógica de la pura reacción: permitir que, en ciertos ámbitos concretos —municipios, servicios públicos, políticas muy pegadas a la vida cotidiana—, actores enfrentados colaboren en problemas que nadie puede resolver solo</p></div><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, <a href="https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/polarizacion-politica-y-bloqueo-legislativo-en-europa/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como en otras muchas democracias</a>, la vida pol&iacute;tica ha dejado de organizarse en torno al debate entre proyectos y propuestas que, aunque sean incluso contradictorias, reconocen un espacio com&uacute;n en el que dirimir diferencias y encontrar salidas. Aqu&iacute;, cada vez m&aacute;s, nos concentramos en la pura negaci&oacute;n del otro. Las fuerzas pol&iacute;ticas ya no se tratan como adversarios con los que se disputa el sentido o el rumbo del pa&iacute;s, sino como enemigos cuya mera existencia se percibe como una amenaza intolerable. La consecuencia es que se deshace el mundo com&uacute;n: no hay lenguaje compartido, no hay un suelo m&iacute;nimo de reconocimiento. Apenas quedan instituciones que funcionen como &ldquo;zonas intermedias&rdquo; donde sea posible verse, reconocerse, escuchar y ser escuchado. El resultado es una mezcla t&oacute;xica de impotencia y aceleraci&oacute;n: los problemas se agravan a gran velocidad, mientras el sistema pol&iacute;tico parece cada vez menos capaz de producir respuestas que consigan mejorar la vida de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n no se explica solo por la existencia de&nbsp;&ldquo;un clima crispado&rdquo; o por una degeneraci&oacute;n moral de los actores. Tampoco es un tema espec&iacute;ficamente espa&ntilde;ol. M&aacute;s bien deriva de como hemos organizado el v&iacute;nculo entre sociedad y futuro en este cambio de &eacute;poca que no sabemos donde nos conduce. Nos hemos acostumbrado a la idea de que la &uacute;nica manera de estabilizar las sociedades modernas es creciendo. Y para ello solo vale la aceleraci&oacute;n permanente que nos permita que todo se innove continuamente. Y estamos todo el d&iacute;a con &ldquo;nuevas&rdquo; necesidades, &ldquo;nuevas&rdquo; decisiones, &ldquo;nuevos&rdquo; cambios que nos alejen de la continuidad entendida como cat&aacute;strofe. Todo se desmorona si no cambia. Ese principio&nbsp;&ldquo;ultradin&aacute;mico&rdquo; atraviesa la econom&iacute;a, la tecnolog&iacute;a y la cultura, pero ha penetrado tambi&eacute;n en la pol&iacute;tica, que se ve obligada a reaccionar cada vez m&aacute;s r&aacute;pido en un entorno crecientemente complejo y en un sistema, como el democr&aacute;tico, que tiene sus propias reglas, su propio ceremonial, que busca construir consensos antes de tomas decisiones. Si a esos ingredientes le a&ntilde;adimos una cultura p&uacute;blica atravesada por el resentimiento, la sospecha y la l&oacute;gica amigo/enemigo, lo que obtenemos no es simplemente polarizaci&oacute;n, sino un sistema en el que cada actor se ve obligado a tratar al otro como una amenaza directa para su propia supervivencia simb&oacute;lica.
    </p><p class="article-text">
        En ese contexto, el otro ya no aparece como alguien con quien se est&aacute; en desacuerdo, sino como alguien cuya voz se percibe como ileg&iacute;tima por definici&oacute;n (recordemos que as&iacute; empez&oacute; Feij&oacute;o esta legislatura, negando la legitimidad de S&aacute;nchez). La pol&iacute;tica se convierte en una cadena de &ldquo;puntos de agresi&oacute;n&rdquo;: cada decisi&oacute;n, cada palabra, cada gesto del adversario se interpreta como un ataque que hay que repeler, bloquear o revertir. El objetivo ya no es gobernar en conflicto con otros, sino gobernar contra otros, anulando su capacidad de influir. De ah&iacute; la sensaci&oacute;n de asedio permanente, de guerra total de baja intensidad, que se ha hecho tan familiar en el debate pol&iacute;tico espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, en ese contexto, deja de concebirse como un espacio donde lo imprevisible &mdash;la palabra del otro, el conflicto, la negociaci&oacute;n, incluso el error&mdash; tiene un lugar constitutivo, y pasa a imaginarse como una maquinaria de control: controlar la agenda, los tiempos, la judicatura, los medios, las redes, las mayor&iacute;as parlamentarias. Cuando ese impulso se combina con l&oacute;gicas identitarias fuertes, el control del Estado se vive como cuesti&oacute;n de salvaci&oacute;n colectiva, y cualquier di&aacute;logo como una cesi&oacute;n intolerable. Pero, cuanto m&aacute;s se intenta blindar el propio bloque pol&iacute;tico, capturar las instituciones y cerrar la contingencia, m&aacute;s se alimenta la percepci&oacute;n de exclusi&oacute;n y humillaci&oacute;n del otro, y m&aacute;s probable se vuelve una reacci&oacute;n igual de agresiva en sentido inverso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hablar de di&aacute;logo en este escenario parece ingenuo, y a menudo lo es. Apelar a la concordia sin tocar las estructuras que producen esta din&aacute;mica solo a&ntilde;ade frustraci&oacute;n: las llamadas morales se perciben como ret&oacute;rica vac&iacute;a, o como un intento de pacificar a los de abajo mientras los de arriba siguen jugando a la guerra total. Precisamente por eso, si se quiere pensar salidas, no basta con reivindicar &ldquo;buenas maneras&rdquo; o un estilo deliberativo m&aacute;s calmado. Se trata de algo m&aacute;s &aacute;spero: de reconstruir condiciones materiales e institucionales m&iacute;nimas para que la pol&iacute;tica deje de ser una sucesi&oacute;n de golpes y contragolpes sin horizonte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por un lado, hay que reconocer que la erosi&oacute;n del &ldquo;mundo com&uacute;n&rdquo; no se debe solo a malas decisiones o liderazgos fallidos, sino a transformaciones profundas en la estructura social: desigualdades persistentes, territorios que se viven como perdedores permanentes, precariedad extendida, crisis de los canales tradicionales de representaci&oacute;n. Todo ello alimenta una sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida y de agravio que hace muy dif&iacute;cil aceptar la legitimidad del otro. Por otro lado, hay una dimensi&oacute;n cultural y afectiva ineludible: la forma en que los sujetos interpretan su propia situaci&oacute;n, los mapas de esperanza y miedo con los que se orientan, las narrativas de traici&oacute;n, abandono o usurpaci&oacute;n que circulan. Sin tomar en serio esa doble dimensi&oacute;n &mdash;estructural y cultural&mdash;, cualquier propuesta se queda coja.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; puede significar, entonces, buscar soluciones sin caer en la ingenuidad? Tal vez no grandes pactos nacionales abstractos, sino peque&ntilde;as operaciones de desescalada que creen &ldquo;zonas de no guerra&rdquo; en medio del conflicto. Ma&ntilde;ana quiz&aacute;s veamos una de esas excepciones con la aprobaci&oacute;n en el Consejo Interterritorial de Salud, con la presencia de la ministra y del conjunto de CCAA,&nbsp;para el uso de las mascarillas en hospitales ante los avances de la gripe. En esa l&iacute;nea <a href="https://katzeditores.com/libro/resonancia_161349/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hartmut Rosa</a> ha defendido la importancia de esferas de resonancia: espacios donde las personas sienten que se les escucha y pueden afectar y ser afectadas, donde algo en la relaci&oacute;n que se genera posibilite cambiar las posiciones iniciales e irreductibles, que no todo est&eacute; completamente predeterminado. No se trata de llegar a consensos plenos, sino de romper la l&oacute;gica de la pura reacci&oacute;n: permitir que, en ciertos &aacute;mbitos concretos &mdash;municipios, servicios p&uacute;blicos, pol&iacute;ticas muy pegadas a la vida cotidiana&mdash;, actores enfrentados colaboren en problemas que nadie puede resolver solo. Y de este tipo de <a href="https://www.funcas.es/articulos/causas-del-malestar-economico-de-los-hogares-resultados-de-la-encuesta-funcas-de-economia-y-finanzas-de-mayo-de-2025/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">problemas</a> tenemos muchos. Esas &ldquo;islas&rdquo; no revertir&aacute;n por s&iacute; solas la din&aacute;mica estructural, pero pueden funcionar como contraejemplos, como recordatorios materiales de que no todo est&aacute; condenado al bloqueo.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, asumir la gravedad del momento no significa resignarse al fatalismo. Los estudios comparados sobre regresi&oacute;n democr&aacute;tica muestran que una parte importante de los retrocesos se detiene o se revierte, aunque casi nunca volviendo a la situaci&oacute;n anterior. Esa reversibilidad parcial no es fruto de automatismos hist&oacute;ricos, sino de decisiones conflictivas: alianzas improbables, resistencias c&iacute;vicas, innovaciones institucionales. La tarea, en un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a, no es imaginar un consenso armonioso ni una &ldquo;tercera v&iacute;a&rdquo; equidistante, sino construir las condiciones para que el antagonismo no se convierta en pura negaci&oacute;n existencial. Eso pasa por recuperar, incluso en medio del choque, una intuici&oacute;n m&iacute;nima: que ning&uacute;n bando puede apropiarse del pa&iacute;s entero, y que ning&uacute;n gobierno, por fuerte que sea, puede declarar que el otro sobra sin estar, al mismo tiempo, cerr&aacute;ndose el camino a s&iacute; mismo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/espacio-comun-no-hay-democracia_129_12810968.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Dec 2025 21:10:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1a1055af-1fcc-4e71-9abc-45e21430a2a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4231576" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1a1055af-1fcc-4e71-9abc-45e21430a2a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4231576" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Sin un espacio común no hay democracia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1a1055af-1fcc-4e71-9abc-45e21430a2a8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nunca mejor, nunca peor. Datos sólidos y malestares latentes en la sociedad española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-peor-datos-solidos-malestares-latentes-sociedad-espanola_129_12774080.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/54d8c4a7-831f-4e22-b7d6-dbe9f9756f8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x799y560.jpg" width="1200" height="675" alt="Nunca mejor, nunca peor. Datos sólidos y malestares latentes en la sociedad española"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las encuestas evidencian que la desafección política, la radicalización de las opiniones y la percepción de crisis permanente conviven con mejoras objetivas o estabilidad en los niveles de bienestar, especialmente en sanidad, vivienda básica o escolarización</p></div><p class="article-text">
        Hace pocos d&iacute;as se public&oacute; el <a href="https://www.foessa.es/ix-informe/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">IX Informe FOESSA</a>. El primero se public&oacute; en 1966. Sesenta a&ntilde;os despu&eacute;s y manteniendo de manera consistente muchos indicadores y perspectivas de an&aacute;lisis, el Informe (elaborado por una pl&eacute;tora de analistas y acad&eacute;micos de primer nivel) constituye una de las radiograf&iacute;as m&aacute;s profundas y sistem&aacute;ticas de la realidad social espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. A trav&eacute;s de d&eacute;cadas de series estad&iacute;sticas y aproximaciones cualitativas, la Fundaci&oacute;n FOESSA ha logrado documentar la transformaci&oacute;n, los avances y los retrocesos de la situaci&oacute;n social en Espa&ntilde;a, sin descartar las oportunas comparaciones con Europa, sobre todo a partir de nuestra integraci&oacute;n en la UE. Uno de los aspectos que destacar&iacute;a del Informe (que lo distingue de otros que tienen un sesgo mucho m&aacute;s econ&oacute;mico) es el di&aacute;logo entre datos duros (renta, empleo, vivienda) y aspectos intangibles como capital social, confianza y legitimidad democr&aacute;tica. Y ello es muy importante cuando existe un notable desconcierto en c&oacute;mo enfocar el cambio de &eacute;poca que atravesamos&nbsp;mientras constatamos el agotamiento del pacto civilizatorio del 1945. Un pacto que incorpor&oacute; pol&iacute;ticas claras de bienestar social b&aacute;sico tras las conflagraciones de la primera mitad del siglo XX y al que nosotros llegamos con treinta a&ntilde;os de retraso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde su nacimiento, los informes FOESSA han funcionado como un bar&oacute;metro de las realidades profundas del pa&iacute;s. La gran aportaci&oacute;n de estos informes radica en su capacidad de ir m&aacute;s all&aacute; de fluctuaciones coyunturales y de describir, con rigor acad&eacute;mico y voluntad &eacute;tica, las tendencias de fondo que moldean la vida de millones de personas en Espa&ntilde;a. Como es obvio, no tiene nada que ver la Espa&ntilde;a de 1966 con la actual, y es evidente que las oleadas de precarizaci&oacute;n, la aparici&oacute;n c&iacute;clica de diversas modalidades de crisis (financiera, sanitaria, clim&aacute;tica) y los procesos de cambio institucional y global (estado auton&oacute;mico, entrada en Europa, globalizaci&oacute;n) han modificado los par&aacute;metros de la inclusi&oacute;n y la exclusi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de estos sesenta a&ntilde;os se constatan mejoras innegables en temas clave. La universalizaci&oacute;n de la escuela y la sanidad ha sido una conquista que hoy parece irreversible. Pr&aacute;cticamente, todos los hogares con menores est&aacute;n escolarizados y la cobertura m&eacute;dica es un bien com&uacute;n consolidado. El porcentaje de familias residiendo en infraviviendas ha ca&iacute;do de modo sostenido desde los a&ntilde;os setenta. El grupo de mayores de 65 a&ntilde;os presenta hoy la tasa m&aacute;s baja de exclusi&oacute;n grave de su historia, fruto de las pensiones, la mejora asistencial y el reconocimiento c&iacute;vico del derecho a envejecer dignamente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No obstante, el Informe constata asimismo que m&aacute;s de cuatro millones de personas (un 9% de la poblaci&oacute;n) permanecen en lo que se califica como exclusi&oacute;n social severa. Tampoco se ha superado, a pesar de los esfuerzos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el problema de la temporalidad en el empleo ni los bajos salarios. La proporci&oacute;n de lo que se denomina como &ldquo;trabajadores pobres&rdquo; (los que a pesar de tener trabajo no llegan a final de mes) se mantiene en un 14%, claramente por encima de la media europea. Tambi&eacute;n las cifras de pobreza infantil y de brecha intergeneracional son de las m&aacute;s altas de Europa. Y qu&eacute; decir de la falta de vivienda accesible, tras la inexistencia cr&oacute;nica de una pol&iacute;tica p&uacute;blica de vivienda digna de ese nombre.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que muchos de los procesos arriba mencionados no son exclusivos de Espa&ntilde;a, sino que responden a tendencias de fondo del continente, como la erosi&oacute;n ya mencionada del modelo del Welfare State creado en 1945, el gran cambio demogr&aacute;fico, la emergencia clim&aacute;tica&nbsp;y el claro aumento del precariado, y todo ello afectando de manera muy distinta a enclaves territoriales espec&iacute;ficos. Y tambi&eacute;n es cierto que todos los pa&iacute;ses europeos, con algunas diferencias, se enfrentan al reto de c&oacute;mo articular la financiaci&oacute;n de los servicios p&uacute;blicos, con la presi&oacute;n fiscal, por un lado, y c&oacute;mo enfrentarse al envejecimiento de su poblaci&oacute;n mientras buscan f&oacute;rmulas para proteger a las nuevas generaciones. El handicap en Espa&ntilde;a, que hace que todo sea m&aacute;s grave, es la existencia de un&nbsp;mercado de vivienda profundamente excluyente, por un lado, y, por otro, un sistema productivo menos capaz de pagar adecuadamente a su fuerza de trabajo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, si miramos el Informe y la perspectiva hist&oacute;rica desde la que examinan los datos recogidos, vemos que no todas las diferencias territoriales y de integraci&oacute;n pueden explicarse por indicadores estrictamente econ&oacute;micos. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s de desigualdades cruzadas, donde el capital social &ndash;la densidad de relaciones, la confianza y el tejido asociativo&ndash; cobra protagonismo en la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; hay sitios en que todo ello se vive de peor manera. Hay Comunidades Aut&oacute;nomas como Pa&iacute;s Vasco y Navarra que combinan rentas altas y un capital social denso lo que les permite tener bajas tasas de exclusi&oacute;n, pero hay otras, como Galicia, Castilla y Le&oacute;n o Cantabria, que a pesar de contar con econom&iacute;as menos pujantes, logran buenos niveles de integraci&oacute;n social por la fortaleza de sus redes comunitarias y por la permanencia de valores rurales c&iacute;vicos. En el otro extremo est&aacute;n Comunidades, como Canarias, Andaluc&iacute;a, Murcia o Comunidad Valenciana que combinan &iacute;ndices significativos de exclusi&oacute;n social con baja resiliencia comunitaria. Y en situaciones intermedias encontramos Madrid con niveles de renta alta, mezclados con bolsas de exclusi&oacute;n significativas y notables desigualdades internas en lo concerniente a la articulaci&oacute;n comunitaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El capital social emergen en el Informe FOESSA como un escudo invisible que protege a los grupos vulnerables cuando el Estado o el mercado fallan, y tambi&eacute;n como una variable explicativa esencial de las disparidades regionales. En las regiones con alta densidad de capital social (Pa&iacute;s Vasco, Navarra y en algunas zonas rurales), los individuos y hogares recurren m&aacute;s f&aacute;cilmente a redes de apoyo, asociaciones y din&aacute;micas comunitarias que mitigan la soledad y la marginaci&oacute;n, amortiguando los efectos de la crisis econ&oacute;mica y la precariedad. All&iacute; donde el capital social es escaso, la integraci&oacute;n depende m&aacute;s del azar individual, y las redes de solidaridad son ineficaces frente al deterioro social y la fragmentaci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        Lo que adem&aacute;s se observa, si se considera el largo periodo analizado, es que en la &uacute;ltima d&eacute;cada ha crecido la discordancia entre cierta estabilidad en los datos sociales b&aacute;sicos (con mejoras tenues y con capacidad de recuperaci&oacute;n tras crisis graves) y un profundo deterioro de la legitimidad democr&aacute;tica del sistema en su conjunto. Las encuestas evidencian que la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, la radicalizaci&oacute;n de las opiniones y la percepci&oacute;n de crisis permanente conviven con mejoras objetivas o estabilidad en los niveles de bienestar, especialmente en sanidad, vivienda b&aacute;sica o escolarizaci&oacute;n. El clima de insatisfacci&oacute;n y desconfianza institucional se alimenta tanto de realidades como de percepci&oacute;n acumulada, &ldquo;malestar subjetivo&rdquo; y polarizaci&oacute;n medi&aacute;tica. As&iacute;, la sensaci&oacute;n colectiva de deterioro muchas veces empeora el dato real captado por los indicadores.
    </p><p class="article-text">
        La parte final del Informe es especialmente clara al situar a Espa&ntilde;a en la encrucijada de la transformaci&oacute;n en que estamos sumergidos en Europa. Ning&uacute;n pa&iacute;s europeo es hoy ajeno al debate sobre la necesidad de reinvenci&oacute;n del Estado de Bienestar, la transici&oacute;n ambiental justa y la centralidad del tema de los cuidados frente al individualismo mercantilista.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el IX Informe FOESSA nos ofrece una imagen compleja y matizada de la sociedad espa&ntilde;ola: logros claros en protecci&oacute;n social y convivencia, cronificaci&oacute;n de la pobreza infantil y la exclusi&oacute;n de ciertos sectores, grandes diferencias auton&oacute;micas que van m&aacute;s all&aacute; de la econom&iacute;a y dependen tambi&eacute;n del capital social y la tradici&oacute;n civil, y un malestar pol&iacute;tico que supera objetivamente el deterioro real detectado por los indicadores. El reto al que tenemos que enfrentarnos no es solo econ&oacute;mico, sino fundamentalmente pol&iacute;tico y relacional: recuperar legitimidad, confianza y horizontes comunes pasa por fortalecer tanto el Estado de Bienestar como el tejido invisible de la solidaridad y la articulaci&oacute;n comunitaria frente a un individualismo depredador. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-peor-datos-solidos-malestares-latentes-sociedad-espanola_129_12774080.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Nov 2025 20:38:09 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/54d8c4a7-831f-4e22-b7d6-dbe9f9756f8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x799y560.jpg" length="904885" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/54d8c4a7-831f-4e22-b7d6-dbe9f9756f8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x799y560.jpg" type="image/jpeg" fileSize="904885" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Nunca mejor, nunca peor. Datos sólidos y malestares latentes en la sociedad española]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/54d8c4a7-831f-4e22-b7d6-dbe9f9756f8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x799y560.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Buscando esperanza en Nueva York]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/buscando-esperanza-nueva-york_129_12736810.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95747f1c-d00f-454d-bea3-8e6a10bc612a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Buscando esperanza en Nueva York"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las propuestas de Zohran Mamdani para la alcaldía de Nueva York constituyen el intento más radical en décadas de redefinir la agenda pública desde una óptica centrada en la vida de la clase trabajadora y las posibilidades que tiene una ciudad para abordar mejoras concretas y sustantivas</p></div><p class="article-text">
        Frente a tantas predicciones catastr&oacute;ficas que tratan de convencernos de la falta de alternativas a lo que ahora padecemos, conviene seguir el consejo de Italo Calvino en su libro &ldquo;Las ciudades invisibles&rdquo; cuando nos advert&iacute;a de que &ldquo;el infierno de los vivos no es algo que ser&aacute;; hay uno, es aquel que existe ya aqu&iacute;, el infierno que habitamos todos los d&iacute;as, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es f&aacute;cil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de &eacute;l hasta el punto de no verlo m&aacute;s. La segunda es peligrosa y exige atenci&oacute;n y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer qui&eacute;n y qu&eacute;, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.&rdquo; No parece que la impredecible, pero al mismo tiempo sistem&aacute;ticamente reaccionaria y autoritaria pol&iacute;tica de Trump nos permita encontrar muchos espacios que no sean puro infierno, pero lo que hoy mismo puede ocurrir en Nueva York quiz&aacute;s sea un ejemplo de lo que Calvino nos aconseja.
    </p><p class="article-text">
        Como ocurre con cada primer martes de noviembre (despu&eacute;s de un lunes), en Estados Unidos hay elecciones. Y esta vez, al margen de algunos estados que eligen a sus gobernadores, hay muchas ciudades a las que les toca elegir alcalde. Entre ellas, Nueva York. En un <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ciudad-permitir_129_12463630.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">art&iacute;culo reciente</a>, defend&iacute;a, al referirme a las elecciones neoyorquinas, que en el escenario actual cada elecci&oacute;n dirimir&aacute; dos maneras de entender el progreso, por un lado, los que afirman que no hay desarrollo sin facilitar la acumulaci&oacute;n de capital y por el otro los que entienden que sin ampliaci&oacute;n de derechos y libertades no hay democracia. Esa encrucijada (a la que se refiri&oacute; recientemente <a href="https://www.facebook.com/europapress.es/videos/feij%C3%B3o-europa-ha-despertado-ha-salido-de-la-c%C3%A1rcel-ideol%C3%B3gica-de-una-izquierda-q/1101640648752480/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Feij&oacute;o cuando nos plante&oacute; el dilema de prosperidad o democracia</a>) definir&aacute; lo que en cada elecci&oacute;n explique lo que es para cada qui&eacute;n democracia y estado de derecho.
    </p><p class="article-text">
        Las propuestas de Zohran Mamdani para la alcald&iacute;a de Nueva York constituyen el intento m&aacute;s radical en d&eacute;cadas de redefinir la agenda p&uacute;blica desde una &oacute;ptica centrada en la vida de la clase trabajadora y las posibilidades que tiene una ciudad para abordar mejoras concretas y sustantivas. Su &eacute;nfasis en la &ldquo;affordability&rdquo;, en lo que colectivamente nos podemos permitir, busca romper con la l&oacute;gica aparentemente indiscutible de la austeridad, centr&aacute;ndose en los derechos econ&oacute;micos y en la necesidad de contar con una infraestructura p&uacute;blica robusta. El impacto global de estas elecciones es considerable, ya que, como dec&iacute;a hace poco Robert Reich, el que fuera Secretario de Trabajo de Clinton, marcan <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2025/oct/28/zohran-mamdani-democratic-party" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una posible renovaci&oacute;n del Partido Dem&oacute;crata</a> y el tr&aacute;nsito hacia modelos progresistas con incidencia internacional.
    </p><p class="article-text">
        Destacar&iacute;a el esfuerzo de Mamdani de vincular su programa con necesidades reales y problemas concretos del d&iacute;a a d&iacute;a: transporte gratuito, guarder&iacute;as universales, congelaci&oacute;n de alquileres, salario m&iacute;nimo, supermercados p&uacute;blicos, acceso a recursos en instituciones p&uacute;blicas de cr&eacute;dito, revalorizaci&oacute;n de empleos de cuidados y servicios esenciales y todo presentado con un discurso accesible y directo, que conecta y empatiza la angustia cotidiana de las clases populares de Nueva York. Su campa&ntilde;a ha sido clara y directa, evitando tecnicismos y presentando la idea de &ldquo;lo que nos podamos permitir&rdquo;, de &ldquo;lo asequible&rdquo;, como ampliaci&oacute;n de derechos subvirtiendo la idea que no se disponen de recursos para tales propuestas. Presenta un <a href="https://moneyontheleft.org/2025/10/10/democratic-public-finance-a-radical-vision-for-mamdanis-new-york-city/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">programa de innovaci&oacute;n financiera</a>, con una visi&oacute;n del dinero esencialmente p&uacute;blica y social, en el que incorpora instituciones p&uacute;blicas de cr&eacute;dito, sistemas digitales de pago digitales sin comisiones y estrategias acompasadas de crecimiento del sector p&uacute;blico.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Evidentemente, estas propuestas son las que m&aacute;s critican sus oponentes al considerarlas irrealizables. Se alude a la falta de competencias municipales para abordar el d&eacute;ficit o la emisi&oacute;n de moneda local o se afirma que la congelaci&oacute;n de alquileres de las viviendas de los barrios populares provocar&aacute; el deterioro de los edificios y reducir&aacute; la oferta inmobiliaria. No digamos el alud de cr&iacute;ticas que ha recibido su propuesta de aumentar los impuestos a los m&aacute;s ricos para financiar sus propuestas, ya que, dicen, ello generar&aacute; la fuga de capitales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sea como fuere, lo cierto es que Mamdani encabeza hoy las encuestas, con 20 puntos de ventaja sobre el acomodado Andrew Cuomo (a quien apoya Bill Clinton), y con una fuerte movilizaci&oacute;n de sus bases. El tremendo desgaste del Partido Dem&oacute;crata contrasta con esa activaci&oacute;n en una ciudad tan emblem&aacute;tica y, al mismo tiempo, tan especial como es Nueva York. Barack Obama <a href="https://www.eldiario.es/internacional/obama-llama-mamdani-elogiar-impresionante-campana-alcaldia-nueva-york-ofrecer-apoyo_1_12734214.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha llamado a Mamdani</a> elogiando su campa&ntilde;a y mostr&aacute;ndose dispuesto a colaborar, ya que puede acabar teniendo un alto valor demostrativo para otros proyectos progresistas en EEUU y en el mundo. Conectando asimismo con la posibilidad de r&eacute;plica en otros contextos urbanos, dado que, al final, las ciudades por alejadas que est&eacute;n y por distinto que sea su sistema pol&iacute;tico, se parecen y aprenden unas de otras.
    </p><p class="article-text">
        Ni desde el realismo plomizo ni tampoco desde la a&ntilde;oranza es posible reconstruir nada ni buscar espacios de esperanza. Si no vamos buscando, sea donde sea, alternativas para avanzar en la profundizaci&oacute;n democr&aacute;tica, en una democracia &ldquo;que podamos permitirnos&rdquo;, no generaremos horizontes de progreso, no construiremos perspectiva colectiva de dignidad y bienestar. Y la candidatura de Mamdani es una propuesta de esperanza a la que, como dec&iacute;a Calvino, le hemos de dar espacio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/buscando-esperanza-nueva-york_129_12736810.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 03 Nov 2025 21:00:21 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/95747f1c-d00f-454d-bea3-8e6a10bc612a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1237077" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/95747f1c-d00f-454d-bea3-8e6a10bc612a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1237077" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Buscando esperanza en Nueva York]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/95747f1c-d00f-454d-bea3-8e6a10bc612a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los servicios sociales como servicios fundamentales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/servicios-sociales-servicios-fundamentales_129_12698287.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a954a19-e463-4915-ba25-6106dc09714e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los servicios sociales como servicios fundamentales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La no existencia de una entidad metropolitana en la zona afectada tuvo sus consecuencias en los efectos de la dana. Los desastres no atienden a las delimitaciones administrativas que separan un municipio de otro</p></div><p class="article-text">
        Estamos llegando al primer aniversario de la dana de Valencia y a&uacute;n estamos recogiendo las ense&ntilde;anzas y analizando las secuelas que se derivan de esa tragedia. Nos hemos dedicado, con raz&oacute;n, a someter a escrutinio las horas y minutos que pas&oacute; Carlos Maz&oacute;n en el dichoso Ventorro, pero hemos prestado mucha menos atenci&oacute;n a c&oacute;mo lograron sobrevivir y empezar a recuperar una fr&aacute;gil cotidianeidad la poblaci&oacute;n m&aacute;s vulnerable y afectada. La banalizaci&oacute;n del mal que representan los silencios e incongruencias de Maz&oacute;n conecta directamente con la capacidad de salvar vidas y bienes si los avisos se hubieran producido cuando la gran cantidad de informaci&oacute;n existente as&iacute; lo exig&iacute;a. Pero por debajo de esa notoriedad de la conducta de los que ten&iacute;an que tomar una decisi&oacute;n que no pod&iacute;a esperar, ha despertado mucha menos atenci&oacute;n la situaci&oacute;n pre-dana de los que fueron, a la postre, m&aacute;s afectados. Lo que implica repensar no solo los cauces de los r&iacute;os, torrentes y barrancos, sino tambi&eacute;n las condiciones de vida de quienes m&aacute;s han acabado sufriendo tal desastre.
    </p><p class="article-text">
        En una de las poblaciones afectadas en la misma Horta Sud, en Alaqu&agrave;s y, concretamente, en su espectacular castillo, se celebr&oacute; la pasada semana un <a href="https://esdeveniments.uv.es/136503/detail/congreso-internacional-servicios-sociales-servicios-esenciales-en-el-contexto-de-emergencias-social.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Congreso Internacional</a> en el que se quer&iacute;an relacionar dos aspectos clave: los servicios sociales y las situaciones de emergencia extrema. La pregunta que atravesaba toda la reuni&oacute;n, organizada por la C&aacute;tedra Interuniversitaria de Servicios Sociales con sede en la Universitat de Val&egrave;ncia, era importante: &iquest;c&oacute;mo sostener la vida cotidiana, el tejido social de una comunidad, cuando todo se tambalea, cuando, al salir de tu casa al final del aguacero, no reconoces ni el lugar en el que vives? Y, m&aacute;s significativo a&uacute;n, &iquest;c&oacute;mo hemos de trabajar en el tejido social, en el municipio, en nuestra forma de entender la comunidad en que vivimos para que la pr&oacute;xima vez las consecuencias no sean tan brutales?
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s precariedad social, d&eacute;ficit habitacional y riesgo ambiental se entremezclan y combinan, dificultando as&iacute; el tratar de mejorar un aspecto sin verse obligado a incorporar el resto de las cuestiones. No es casualidad que una gran parte de los municipios m&aacute;s afectados de la Horta Sud de Valencia fueran tambi&eacute;n los que presentaban menores niveles de renta. Y, evidentemente, en cada municipio afectado los m&aacute;s castigados fueron los que viv&iacute;an en condiciones m&aacute;s precarias. No hay nueva normalidad posible si solo se reconstruyen puentes, carreteras y v&iacute;as y no se reconstruye asimismo la urdimbre social que permite que todo ello tenga sentido y ayude a vivir con dignidad.
    </p><p class="article-text">
        Todos constatamos y elogiamos el gran esfuerzo desplegado por bomberos, contingentes de la UME, protecci&oacute;n civil, cuerpos de polic&iacute;as y fuerzas de seguridad y dem&aacute;s responsables de atender en primer lugar las emergencias. El alto nivel de profesionalidad y la solidaridad desplegada fue, desde todos los puntos de vista, encomiable. Pero muy poco se ha dicho sobre c&oacute;mo reconectar con las personas que viv&iacute;an solas, en condiciones sociales complicadas, c&oacute;mo volver a tejer los lazos que permit&iacute;an que alguien comprara lo necesario a quien no pod&iacute;a salir de casa, c&oacute;mo relacionar los voluntarios y personal de emergencias con quienes conocen el terreno y la realidad social en que la desgracia se ha cebado. Es importante recalcar que ahora, y solo despu&eacute;s de la experiencia de la Dana, se ha empezado a contar con los servicios sociales en los distintos CECOPAL (Centros de Coordinaci&oacute;n Operativa Local) de cada municipio.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, con todo el ruido en el que estamos inmersos se nos escapan algunos aspectos que son relevantes si queremos enfrentarnos a la nueva normalidad de la emergencia clim&aacute;tica. Hay que dar m&aacute;s poder y m&aacute;s recursos a los poderes locales, facilitando su coordinaci&oacute;n y articulaci&oacute;n. Como se&ntilde;al&oacute; el profesor Joan Romero en el mencionado Congreso, la no existencia de una entidad metropolitana en la zona afectada tuvo sus consecuencias en los efectos de la dana. Los desastres no atienden a las delimitaciones administrativas que separan un municipio de otro. Y el que cada municipio tenga su Cecopal y no haya articulaci&oacute;n entre ellos tampoco ayuda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es esencial que los municipios y sus servicios sociales funcionen lo mejor posible para sostener el entramado social y familiar que habita en ellos y que sufre las consecuencias de la incertidumbre y la precariedad en que sobreviven muchos de sus habitantes. La distribuci&oacute;n de gasto p&uacute;blico en Espa&ntilde;a que minoriza a los gobiernos locales y la alta fragmentaci&oacute;n municipal no resultan la mejor soluci&oacute;n para lo que acontece y lo que vendr&aacute;. Necesitamos m&aacute;s recursos m&aacute;s cerca de los problemas, m&aacute;s complicidades con la ciudadan&iacute;a y m&aacute;s articulaci&oacute;n entre pol&iacute;ticas sociales, pol&iacute;ticas de salud y pol&iacute;ticas educativas en la esfera local. Solo as&iacute; se puede responder de manera compleja y articulada a problemas cada vez m&aacute;s interconectados. M&aacute;s municipalismo, m&aacute;s atenci&oacute;n y medios a los servicios sociales que son y seguir&aacute;n siendo esenciales para mantener los v&iacute;nculos y los lazos sociales que a&uacute;n resisten y para enfrentarnos as&iacute; a la gran transformaci&oacute;n que atravesamos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/servicios-sociales-servicios-fundamentales_129_12698287.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 20 Oct 2025 19:53:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9a954a19-e463-4915-ba25-6106dc09714e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="7988793" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9a954a19-e463-4915-ba25-6106dc09714e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="7988793" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los servicios sociales como servicios fundamentales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9a954a19-e463-4915-ba25-6106dc09714e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[DANA,Comunitat Valenciana,Carlos Mazón,PP - Partido Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Feijóo escoge prosperidad en vez de democracia (o burocracia)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-escoge-prosperidad-vez-democracia-burocracia_129_12660717.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3eac89a4-709d-43b6-8e34-b4d99e948cf6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feijóo escoge prosperidad en vez de democracia (o burocracia)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El líder del PP debería releer el artículo 9.2 de la Constitución Española que afirma que corresponde a los poderes públicos remover los obstáculos que impidan o dificulten que la libertad y la igualdad sean plenamente efectivas</p><p class="subtitle">Feijóo dice que la representación del PPE en la Eurocámara supone que “Europa ha despertado”: “La izquierda le ha vendido que era más buena la democracia que la prosperidad”</p></div><p class="article-text">
        Las constantes intervenciones de Feij&oacute;o buscando un protagonismo que no tiene, emparedado como est&aacute; entre Vox y D&iacute;az Ayuso, le obligan a un despliegue de propuestas y ocurrencias que, al margen de su evidente finalidad medi&aacute;tica, no dejan de darle disgustos. La &uacute;ltima es la esperp&eacute;ntica y muy preocupante afirmaci&oacute;n sobre que &ldquo;Europa ha salido de la c&aacute;rcel ideol&oacute;gica de la izquierda que le vend&iacute;a que era buena la democracia m&aacute;s que la prosperidad&rdquo;. Hemos de reconocer que no es f&aacute;cil tratar de emitir ideas coherentes si quieres atraer a los votantes de Vox y al mismo tiempo no perder conexiones ni con un electorado centrista ni con la posici&oacute;n mayoritaria del conservadurismo europeo, pero enfrentar democracia y prosperidad y aludir a Europa para justificarlo supera lo imaginable.
    </p><p class="article-text">
        La idea de que la democracia y las pol&iacute;ticas sociales y redistributivas que conlleva su concepci&oacute;n profunda entran en tensi&oacute;n con la prosperidad econ&oacute;mica no es nueva. Aunque no siempre se formula como una dicotom&iacute;a expl&iacute;cita entre &ldquo;democracia&rdquo; y &ldquo;prosperidad&rdquo;, s&iacute; existe una l&iacute;nea en el conservadurismo occidental que ha tendido a priorizar la libertad econ&oacute;mica y a reducir la intervenci&oacute;n estatal. En esta perspectiva, las pol&iacute;ticas de bienestar social, los altos impuestos y la redistribuci&oacute;n de la riqueza pueden ser percibidos como obst&aacute;culos para el crecimiento econ&oacute;mico. Como bien sabemos, el argumento central es que estas medidas desincentivan la inversi&oacute;n, el trabajo y la iniciativa individual, y que fomentan una dependencia excesiva del Estado. Pero defender estas ideas desde la direcci&oacute;n de un partido que se dice plenamente constitucional y que ha gobernado Espa&ntilde;a a lo largo de muchos a&ntilde;os muestra una p&eacute;rdida de rumbo inusitada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Feij&oacute;o deber&iacute;a releer el art&iacute;culo 9.2 de la Constituci&oacute;n Espa&ntilde;ola que afirma que corresponde a los poderes p&uacute;blicos remover los obst&aacute;culos que impidan o dificulten que la libertad y la igualdad sean plenamente efectivas. La democracia no es solo votar cada cierto tiempo. La democracia es tambi&eacute;n garantizar que libertad e igualdad sean efectivas y no meras declaraciones de intenciones. Y eso exige capacidad redistributiva para compensar lo que la econom&iacute;a de mercado estructuralmente genera que es desigualdad.
    </p><p class="article-text">
        Las investigaciones de premios Nobel como <a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Daron Acemoglu y James Robinson</a> recuerdan y confirman que la democracia, al fomentar instituciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas inclusivas, crea un entorno favorable para el desarrollo econ&oacute;mico a largo plazo, y que la inversi&oacute;n en protecci&oacute;n social y las politicas redistributivas generan un rendimiento positivo en t&eacute;rminos de crecimiento econ&oacute;mico global, un crecimiento duradero ya que mejora la salud, la educaci&oacute;n y, por ende, la productividad. Un organismo como el <a href="https://www.imf.org/es/Blogs/Articles/2014/02/26/treating-inequality-with-redistribution-is-the-cure-worse-than-the-disease" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">FMI</a>, no sospechoso de izquierdismo igualitarista, apunta a que una mayor igualdad apuntala crecimientos duraderos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El ruido desencadenado tras esa afirmaci&oacute;n de Feij&oacute;o ha obligado a que en la cuenta oficial del PP se haya aclarado que todo se debi&oacute; a un &ldquo;lapsus&rdquo; y que a lo que realmente quer&iacute;a aludir Feijoo era a &ldquo;burocracia&rdquo; y no a &ldquo;democracia&rdquo;. El intento de salir del entuerto aludiendo a la burocracia, aparte de pat&eacute;tico, en la pr&aacute;ctica apunta a lo mismo que hacen los ultraautoritarios en sus proclamas: afirmar que la democracia y sus pol&iacute;ticas sociales solo sirven para que los impuestos que pagamos alimenten a un sinf&iacute;n de bur&oacute;cratas que viven a costa del esfuerzo de todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No descubrimos nada nuevo si recordamos que, en ciertas &eacute;pocas, a los m&aacute;s poderosos les han molestado las reglas y las normativas demasiado estrictas, y han preferido el &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo;. Lo que sorprende en pleno siglo XXI es que volvemos a o&iacute;r la cantinela de que si se quiere que todo vaya mejor debemos dejarnos de tantos obst&aacute;culos procedimentales. Es evidente que hay mucho camino de mejora en el exceso de reglamentaci&oacute;n y de tr&aacute;mites a cumplir,&nbsp;pero lo que no se puede hacer, argumentando adem&aacute;s que se hace en beneficio de todos, es decir que ya basta de tantas normativas ambientales, de tanta legislaci&oacute;n que protege derechos individuales y colectivos en el mundo del trabajo o en la regulaci&oacute;n urban&iacute;stica. Lo que tenemos ahora es un exceso de regulaci&oacute;n procedimentalista, pero no un exceso de protecci&oacute;n de valores b&aacute;sicos y fundamentales que han costado muchos a&ntilde;os de luchas conseguir.
    </p><p class="article-text">
        La ola ultraconservadora y autoritaria que ha ido creciendo apunta a poner en cuesti&oacute;n las mismas bases de la democracia avanzada que se generaron en 1945 como alianza contra el fascismo autoritario y contra las alternativas tambien autoritarias del bloque sovi&eacute;tico. Detr&aacute;s estaba la experiencia de Roosevelt tratando de salir adelante tras en <em>crack</em> del 29, el informe Beverig&iexcl;dge de 1943 y los pactos constitucionales de las fuerzas antifascistas en toda Europa. <a href="https://elpais.com/ideas/2025-10-06/sophie-baby-historiadora-los-jovenes-cantan-el-cara-al-sol-porque-no-saben-que-era-no-se-lo-han-contado.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Como nos recordaba recientemente la ensayista francesa Sophie Baby</a>&ldquo;, la derecha espa&ntilde;ola no asumi&oacute; el paradigma antifascista pos-1945&rdquo;. De aquello polvos, estos lodos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-escoge-prosperidad-vez-democracia-burocracia_129_12660717.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 06 Oct 2025 20:05:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3eac89a4-709d-43b6-8e34-b4d99e948cf6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="812008" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3eac89a4-709d-43b6-8e34-b4d99e948cf6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="812008" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Feijóo escoge prosperidad en vez de democracia (o burocracia)]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3eac89a4-709d-43b6-8e34-b4d99e948cf6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Alberto Núñez Feijóo,Democracia,Economía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La culpa de todo es de Sánchez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/culpa-sanchez_129_12622120.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8953006f-1405-495a-8705-25b25c905d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La culpa de todo es de Sánchez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudadanía, enfrentada a problemas complejos, globales y estructurales, busca desesperadamente un rostro al que culpar. Las instituciones, por su naturaleza abstracta, dispersa y técnica, desaparecen de la vista pública, volviéndose invisibles ante la necesidad de un chivo expiatorio</p></div><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os no era extra&ntilde;o ir caminando por Barcelona y encontrar a alguien que frente a un contenedor de basuras repleto o al encontrarse con unas obras de alcantarillado que no le permit&iacute;an ir por donde siempre, exclamaba &ldquo;la Colau nos est&aacute; haciendo la vida imposible&rdquo; o, de manera m&aacute;s gen&eacute;rica, &ldquo;la culpa la tiene la Colau&rdquo;. Ahora, en Espa&ntilde;a, la culpa de todo lo malo que nos ocurre es de Pedro S&aacute;nchez. Aunque tambi&eacute;n de su mujer, de su hermano o de su suegro. En Francia, que no va precisamente por buen camino, la personalizaci&oacute;n en los ataques a Macron le ha obligado a aceptar un examen cient&iacute;fico que demuestre que su mujer no es trans. Es cierto que, desde siempre, la pol&iacute;tica ha tenido rostro. El pr&iacute;ncipe, el papa, el caudillo de turno han encarnado, para bien y para mal, lo que les ocurr&iacute;a a sus pueblos. Si hab&iacute;a malas cosechas o una plaga castigaba a la poblaci&oacute;n, se buscaba un culpable, y no pocas veces ese culpable era el jerarca de turno. Lo que resulta hasta cierto punto sorprendente es la intensidad con que ese nivel de personalizaci&oacute;n se est&aacute; dando aqu&iacute; y ahora.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os en Italia se hizo famosa la expresi&oacute;n &ldquo;piove, governo ladro&rdquo;. Pero esa frase, si bien mostraba una atribuci&oacute;n absoluta de cualquier inconveniente al gobierno de turno, no ten&iacute;a el nivel de personalizaci&oacute;n que ahora experimentamos. Detr&aacute;s de ese &ldquo;gobierno ladr&oacute;n&rdquo; hab&iacute;a un colectivo de personas que ten&iacute;an una notable continuidad en el ejercicio del poder. Personajes como, por ejemplo, Giulio Andreotti, que ocup&oacute; siete veces el lugar de primer ministro, fue ocho veces ministro de Defensa, cinco veces de Exteriores, y fue asimismo ministro de Interior, Finanzas, Hacienda, Industria o Presupuestos (el perfil que hizo Paolo Sorrentino de Andreotti en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Il_divo_(pel%C3%ADcula)" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Il Divo</a> es excepcional). Es dif&iacute;cil encontrar un ejemplo de m&aacute;s poder en una persona y al mismo tiempo una voluntad expresa de pasar inadvertido, de diluir su indudable influencia en la instituci&oacute;n que enmarcaba su labor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La democracia se declina en plural. El &ldquo;yo&rdquo; no es el individuo sino la comunidad. Es decir, la democracia, de manera acorde con los principios que inspiran su formulaci&oacute;n, ha postulado una l&oacute;gica de institucionalidad del poder que no generara los problemas de personalizaci&oacute;n de anteriores formas de gobierno. Unas formas de ejercicio del poder en las que esa personalizaci&oacute;n no solo era inevitable, sino buscada. Pero las instituciones, los gobiernos, los partidos, las ideolog&iacute;as, los valores, no tienen rostro como tal. No hay forma de mostrar una imagen colectiva y despersonalizada del poder o de las ideas. Las ideas, los valores, las propuestas tienen contenido por s&iacute; mismas, pero necesitan que alguien las encarne, las exprese. Pero, al mismo tiempo, esa necesaria personalizaci&oacute;n acarrea problemas de inmediato ya que se confunden programas e ideas con maneras de ser, de vestirse, de decir o de hacer de quien encarna tales contenidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las cosas han ido empeorando en la medida en que las formas de comunicaci&oacute;n e informaci&oacute;n han ido corporizando y acercando a los ciudadanos la vida de aquellos que antes eran solo nombres, im&aacute;genes en cuadros, en fotos de baja resoluci&oacute;n o retazos de vida en documentales informativos. Y ahora, en plena era de la informaci&oacute;n instant&aacute;nea y descontrolada que llega al bolsillo de cada uno, la personalizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica se hace inevitable. La guerra por la atenci&oacute;n es absoluta y sin tregua. La pol&iacute;tica no puede escapar a esa presi&oacute;n y se va diluyendo el debate sobre el sustrato ideol&oacute;gico de cada qui&eacute;n, para centrarse en los personajes, en sus vicisitudes personales y familiares. La exposici&oacute;n p&uacute;blica es constante y sin tregua. No hay espacio que separe pol&iacute;tica y personaje.
    </p><p class="article-text">
        La ciudadan&iacute;a, enfrentada a problemas complejos, globales y estructurales, busca desesperadamente un rostro al que culpar. Las instituciones, por su naturaleza abstracta, dispersa y t&eacute;cnica, desaparecen de la vista p&uacute;blica, volvi&eacute;ndose invisibles ante la necesidad de un chivo expiatorio. El l&iacute;der, en este contexto, se transforma en un s&iacute;mbolo absoluto, absorbiendo tanto las esperanzas desmedidas como la indignaci&oacute;n generalizada. Las redes sociales y los medios de comunicaci&oacute;n convierten a los l&iacute;deres en personajes de un &ldquo;reality show pol&iacute;tico&rdquo;, en el que memes, esl&oacute;ganes ofensivos, bulos y teor&iacute;as conspirativas viajan m&aacute;s r&aacute;pido que los an&aacute;lisis pol&iacute;ticos. El dirigente de turno es percibido como el &uacute;nico responsable de problemas que, por su magnitud y complejidad, son intr&iacute;nsecamente dif&iacute;ciles de controlar, generando expectativas irreales que inevitablemente conducen a la frustraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario se diluyen los contenidos ideol&oacute;gicos y quedan las frases, las posturas, los escenarios en que los personajes deben lanzarse al cuerpo a cuerpo sin tregua posible. El ataque personal es constante en una lucha en el que cada uno busca el punto d&eacute;bil del otro. Ese otro a quien se hace responsable de todo lo malo que acontece. Esta hiperresponsabilizaci&oacute;n es un s&iacute;ntoma de una democracia que ve erosionada su legitimidad por un debilitamiento, un &ldquo;nosotros&rdquo; cada vez m&aacute;s fr&aacute;gil. L
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la personalizaci&oacute;n no es el verdadero enemigo. Es, hasta cierto punto, inevitable. Lo que requiere la democracia contempor&aacute;nea es moderar la hiperresponsabilidad: reforzar instituciones que distribuyan la toma de decisiones, educar en la complejidad de los problemas, reconocer los l&iacute;mites del poder individual. Solo as&iacute;, podremos contemplar al l&iacute;der como lo que es: un rostro que encarna la acci&oacute;n, pero no la totalidad del mal del mundo. La paradoja es clara: necesitamos rostros en la pol&iacute;tica, pero debemos aprender a no poner sobre ellos todo nuestro odio ni toda nuestras esperanzas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/culpa-sanchez_129_12622120.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 22 Sep 2025 20:38:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8953006f-1405-495a-8705-25b25c905d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="11987341" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8953006f-1405-495a-8705-25b25c905d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="11987341" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La culpa de todo es de Sánchez]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8953006f-1405-495a-8705-25b25c905d0b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de lo público]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/defensa-publico_129_12586585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2facffd-0a2f-4a03-99c1-ec650b50b0b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En defensa de lo público"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Defender la democracia exige más capacidad de alianza entre servicios públicos y ciudadanía. Hay que defender los servicios públicos desde una concepción mutualista y comunitaria que implique a la gente en el funcionamiento de esos servicios. Evitando la lógica estrictamente clientelar</p></div><p class="article-text">
        Hay un deterioro bastante evidente de los servicios p&uacute;blicos de todo tipo. Problemas en el transporte p&uacute;blico con incidencias excesivamente frecuentes que generan malestar y falta de confianza.&nbsp;Problemas en el &aacute;mbito de sanidad por sobrecarga y por la dificultad de dar respuesta al surgimiento de nuevas demandas en salud mental o en la esfera de los servicios sociosanitarios y la atenci&oacute;n a los cr&oacute;nicos. Problemas en el sistema educativo, desde la etapa infantil por falta de cobertura universal de la fase 0-3, hasta la etapa universitaria con una ofensiva significativa por parte de la iniciativa privada, pasando por la falta de adecuaci&oacute;n de las etapas obligatorias a la nueva realidad tecnol&oacute;gica. Hemos comprobado los problemas de actualizaci&oacute;n de los planes de emergencia en las recientes cat&aacute;strofes ambientales, y as&iacute; podr&iacute;amos seguir. Pero la carga de profundidad viene de la inexistencia de pol&iacute;tica p&uacute;blica consistente por parte del conjunto de administraciones p&uacute;blicas en el sector de la vivienda. Ello genera falta de expectativa de mejora para muchas personas y colectivos. Y, si se van uniendo los puntos, la imagen resultante no es precisamente halag&uuml;e&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo ello facilita la campa&ntilde;a de descr&eacute;dito que, orquestada desde las posiciones m&aacute;s conservadoras y privatistas, aprovecha para decir que &ldquo;esto antes no pasaba&rdquo; y para cargar contra los impuestos como la fuente de la que beben los ineptos y corruptos que pueblan las instituciones y servicios p&uacute;blicos. No es que ello sea nuevo. Los m&aacute;s veteranos recordaremos a Thatcher y a Reagan, y a&uacute;n son visibles las huellas de lo que implic&oacute; abordar en clave neoliberal y privatista la crisis financiera del 2008.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No estamos ante un movimiento coyuntural o un simple debate ideol&oacute;gico en el marco del pluralismo democr&aacute;tico. Es una confrontaci&oacute;n directa con la democracia entendida como un sistema enfermo. Una democracia a la que se acusa de permitir que muchos vivan a expensas de los impuestos que castigan a los que trabajan y no llegan a fin de mes. Una democracia que cuenta con miles y miles de servidores p&uacute;blicos a los que muchos ven como privilegiados en un mundo de precariedad y como meros gestores de papeleo burocr&aacute;tico. Si las redes y la digitalizaci&oacute;n han acabado o reducido el papel de tantos intermediarios, &iquest;por qu&eacute; no acabar o reducir a la m&iacute;nima expresi&oacute;n todo lo que suena a tr&aacute;mites sin valor? Ese es el esquema que relaciona estrechamente a los autoritarios de siempre con la nueva casta tecnol&oacute;gica y financiera en una compartida cruzada antidemocr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecernos todo ello exagerado y con poco fundamento. Pero no podemos ignorar la potencia de esa simplificaci&oacute;n en el escenario actual. No podemos simplemente defender los servicios p&uacute;blicos sin buscar formas de fortalecer sus capacidades y su conexi&oacute;n m&aacute;s directa con la ciudadan&iacute;a. Y eso empieza por reconocer que no todo funciona como ser&iacute;a deseable. Recuerdo un momento del magn&iacute;fico documental de Ken Loach, <a href="https://www.documaniatv.com/historia/el-espiritu-del-45-video_6bebac235.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;El esp&iacute;ritu del 45&rdquo;</a>, en el que uno de los entrevistados (que hab&iacute;a luchado para conseguir aplicar el programa de reformas de Beveridge que condujo a las pol&iacute;ticas de bienestar del 45), dec&iacute;a algo as&iacute; como que &ldquo;la cosa se empez&oacute; a torcer cuando convertimos a los ciudadanos en clientes y se desresponsabilizaron de lo que era suyo&rdquo;. Y algo de eso hay cuando uno ve la actitud de quienes mantienen una actitud similar en las escuelas o en los centros de salud que en el supermercado de la esquina. Necesitamos m&aacute;s conexi&oacute;n e implicaci&oacute;n entre los servicios p&uacute;blicos y la ciudadan&iacute;a organizada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy no tenemos el tejido asociativo y comunitario que se hab&iacute;a ido construyendo en los sesenta y setenta y que sirvi&oacute; de base para la democratizaci&oacute;n del sistema, m&aacute;s all&aacute; de la muerte del dictador. Estoy aludiendo al tejido familiar, de vecinos, en el lugar de trabajo. Unas redes de contactos y v&iacute;nculos que ten&iacute;an un papel muy importante para la cohesi&oacute;n social. Y es ah&iacute; cuando comprobamos que lo que falta en los servicios p&uacute;blicos no viene compensado por la capacidad colectiva de complementar y relacionar. Los servicios p&uacute;blicos fueron construidos para atender a una sociedad que ha dejado de existir. Y esos servicios no han cambiado lo suficiente para poder atender a personas m&aacute;s aisladas y que presentan demandas mucho m&aacute;s complicadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La alianza antidemocr&aacute;tica que configuran los ultraconservadores con los magnates financieros y tecnol&oacute;gicos afirma que la respuesta a todo ello es m&aacute;s mercado y m&aacute;s tecnolog&iacute;a. Y para ello usan el estado como martillo autoritario. Desde el otro lado, defender la democracia exige m&aacute;s capacidad de alianza entre servicios p&uacute;blicos y ciudadan&iacute;a. Hay que defender los servicios p&uacute;blicos desde una concepci&oacute;n mutualista y comunitaria que implique a la gente en el funcionamiento de esos servicios. Evitando la l&oacute;gica estrictamente clientelar. Lo dec&iacute;a muy bien <a href="https://www.fcede.es/site/es/libros/detalles.aspx?id_libro=1779" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hirschman</a>, cuando no hay posibilidad de irse de lo que no te gusta, como se hace en el mercado, lo que tienes que ofrecer para generar lealtad y compromiso es voz, es compartir capacidad de decisi&oacute;n. No es un problema solo de ganar las elecciones, por importante que ello sea. Ya que la batalla est&aacute; en el tejido social y comunitario, que no podemos abandonar en manos de los que azuzan el odio y la insolidaridad. Defender lo que es p&uacute;blico, lo que expresa una voluntad colectiva, no puede confundirse con las administraciones p&uacute;blicas. Lo p&uacute;blico, lo com&uacute;n, no se agota en lo institucional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/defensa-publico_129_12586585.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 08 Sep 2025 20:09:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d2facffd-0a2f-4a03-99c1-ec650b50b0b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="1287377" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d2facffd-0a2f-4a03-99c1-ec650b50b0b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1287377" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[En defensa de lo público]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d2facffd-0a2f-4a03-99c1-ec650b50b0b8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay respuestas simples a problemas complejos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-hay-respuestas-simples-problemas-complejos_129_12554868.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7091814c-b1e1-413f-bd87-24a9b5b67e67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No hay respuestas simples a problemas complejos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que nos debería importar es determinar ante los casos de emergencia que van a ir menudeando, cuál es la combinación de escala, identidad, espacio y poder que genera una mayor factibilidad y legitimidad y actuar de manera articulada y responsable</p></div><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los efectos lamentables en v&iacute;ctimas mortales y da&ntilde;os materiales de cada uno de los incendios que han asolado el pa&iacute;s en estas &uacute;ltimas semanas, algunos elementos tienen un car&aacute;cter m&aacute;s estructural y su resoluci&oacute;n deber&iacute;a acometerse sin pausa en cuanto se estabilice la situaci&oacute;n. Me refiero esencialmente a dos. Por un lado, el debate sobre competencias. Por otro lado, la necesidad de organizar a la ciudadan&iacute;a para que sepa que hacer y a qu&eacute; atenerse en caso de emergencias de cualquier tipo. El primero es inevitable acometerlo ya que nuestro sistema de competencias compartidas, cruzadas y ligadas no es algo pasajero. El segundo tambi&eacute;n es urgente, ya que cada vez tendremos m&aacute;s emergencias de diverso tipo y no nos bastar&aacute; con los especialistas en atajarlas.
    </p><p class="article-text">
        En momentos excepcionales, como el generado por la oleada de incendios, se nota m&aacute;s que nunca la disonancia entre una problem&aacute;tica com&uacute;n (los incendios y sus consecuencias, que no respetan los l&iacute;mites de cada administraci&oacute;n)  y la fragmentaci&oacute;n competencial e institucional. La naturaleza del propio problema exige coordinaci&oacute;n y cooperaci&oacute;n intergubernamental, cada uno desde sus competencias y responsabilidades, para conseguir respuestas realmente eficaces. Estar&iacute;amos frente a lo que algunos han denominado como un problema intergubernamental complejo. Un tipo de situaci&oacute;n ante la cual cada una de las instituciones afectadas dif&iacute;cilmente puede abordar el tema tratando de resolver el problema en toda su dimensi&oacute;n, sino m&aacute;s bien est&aacute; obligada a gestionar sus consecuencias. Existe un cont&iacute;nuum en las urgencias derivadas de la crisis que genera el incendio en cualquier rinc&oacute;n del pa&iacute;s, mientras, en cambio, el abordaje de la contingencia se tiene que asumir con los instrumentos y capacidades de que se disponen en cada lugar.  Es decir, desde la divisi&oacute;n institucional, las diferencias de medios, el troceamiento sectorial y la presencia en el mismo territorio de otras esferas de gobierno con sus propias l&oacute;gicas y competencias. Todo ello es normal y habitual en sistemas federales o cuasi federales como el nuestro. Lo que no es normal es que a los que les toca en primer lugar asumir la gesti&oacute;n del tema (ya que son sus competencias y responsabilidades) pretendan desviar su falta de capacidad acusando de incompetencia y de falta de colaboraci&oacute;n a qui&eacute;n (la administraci&oacute;n central) tiene una posici&oacute;n subsidiaria y supletoria en el asunto. 
    </p><p class="article-text">
        En este asunto y en otros de parecida complejidad, lo mejor ser&iacute;a superar la aproximaci&oacute;n cl&aacute;sica a los temas de gobierno que acostumbra a partir del debate de las competencias y de la jerarqu&iacute;a entre niveles de gobierno (&ldquo;esto es m&iacute;o&rdquo;, &ldquo;esto es tuyo&rdquo;, &ldquo;en esto mando yo&rdquo;, &ldquo;&iquest;y de esto?, &iquest;qui&eacute;n se ocupa?&rdquo;), para ir experimentando y trabajando en nuevos enfoques, que partan m&aacute;s de trabajar y gobernar conjuntamente unas pol&iacute;ticas que afectan a todos. Y este es un aspecto especialmente sensible cuando nos referimos al tema de las emergencias que van convirti&eacute;ndose en m&aacute;s frecuentes de lo que imagin&aacute;bamos.
    </p><p class="article-text">
        La l&oacute;gica del gobierno tiene mucho que ver con el espacio en el que ejercer el poder que pretendes tener (soberan&iacute;a) y en el que tus competencias (las capacidades de acci&oacute;n que la norma que regula tu funci&oacute;n de gobierno determina) sean realmente operativas. Han de mezclarse, por tanto, dos elementos que parecen hasta cierto punto contradictorios: la acci&oacute;n de gobierno se ejerce espec&iacute;ficamente en un territorio y con relaci&oacute;n a una poblaci&oacute;n que se mueve en el mismo, pero esa acci&oacute;n de ese gobierno no impide que otros gobiernos de escala territorial distinta, puedan ejercer sus propias competencias en ese mismo enclave territorial y con relaci&oacute;n a la misma poblaci&oacute;n de referencia.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, lo importante desde el punto de vista de la problem&aacute;tica a resolver (en este caso el incendio) es la pol&iacute;tica que se quiere impulsar y los objetivos que &eacute;sta persigue (prevenir y atajar los incendios). Alrededor de esta pol&iacute;tica, los diferentes actores y las diversas instancias gubernamentales deber&iacute;an compartir responsabilidades y funciones, y acabar configurando as&iacute; capacidades colectivas de gobierno. Pero ello resulta imposible si aquellos que m&aacute;s directamente deber&iacute;an asumir criterios de responsabilidad, que son los presidentes de las Comunidades Aut&oacute;nomas, tratan de desviar la atenci&oacute;n sobre sus propios problemas, atacando al gobierno central y situando el tema en un escenario estrictamente electoral.
    </p><p class="article-text">
        Es cierto que las jerarqu&iacute;as organizativas (&ldquo;&iquest;qui&eacute;n es el responsable de este tema?&rdquo;) resultan eficaces y eficientes cuando se enfrentan a problemas estables y claramente delimitados, pero sufren graves disfunciones cuando se las tienen que ver con asuntos como los incendios que incorporan muchos elementos al mismo tiempo, tanto de pasado como de presente, muy cambiantes en sus or&iacute;genes y en su evoluci&oacute;n, que son adem&aacute;s por definici&oacute;n multisectoriales, y que no reconocen l&iacute;mites administrativos o competenciales y  que, por tanto, afectan potencialmente a cualquier esfera de gobierno. Al final lo que hace la diferencia es cuando se une capacidad de intervenci&oacute;n conjunta y un fuerte conocimiento de las especificidades territoriales. Pero si aquellos que deber&iacute;an asumir en primera l&iacute;nea sus responsabilidades de gobierno solo pretenden ocupar espacios de poder, pero no ejercer sus competencias, la cosa se complica. 
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, la experiencia en distintas partes del mundo muestra lo importante que es generar l&oacute;gicas de acci&oacute;n colectiva que permitan que la poblaci&oacute;n disponga de aprendizajes previos sobre c&oacute;mo actuar en caso de emergencia. Ello exige procesos de educaci&oacute;n y sensibilizaci&oacute;n, implementando programas de educaci&oacute;n sobre riesgos clim&aacute;ticos y medidas de adaptaci&oacute;n, de manera que se pueda ir fomentando la participaci&oacute;n comunitaria en la planificaci&oacute;n y gesti&oacute;n de riesgos. En este sentido las directrices del llamado <a href="https://www.unisdr.org/files/43291_spanishsendaiframeworkfordisasterri.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marco de Sendai</a> resultan pertinentes, pero tambi&eacute;n fomentar el intercambio entre territorios sobre el tema, de manera que permitan valorar la consideraci&oacute;n de las especificidades locales.  El fortalecimiento de las capacidades ciudadanas resulta clave para evitar o disminuir dr&aacute;sticamente las p&eacute;rdidas humanas. 
    </p><p class="article-text">
        Al final, m&aacute;s all&aacute; del espect&aacute;culo lamentable de estos d&iacute;as en que se ha combinado incapacidad t&eacute;cnica, estrategias de confusi&oacute;n y camuflaje,  combinaci&oacute;n de excusas y ataques al adversario para escurrir el bulto, lo que nos deber&iacute;a importar es determinar ante los casos de emergencia que van a ir menudeando, cu&aacute;l es la combinaci&oacute;n de escala, identidad, espacio y poder que genera una mayor factibilidad y legitimidad y actuar de manera articulada y responsable. La cuesti&oacute;n es c&oacute;mo gestionar episodios excepcionales como el planteado por los incendios ahora, pero antes por el apag&oacute;n o el COVID desde la imprescindible eficacia y rapidez de respuesta, y al mismo tiempo, respondiendo a las exigencias de equidad, representatividad y capacidad de protecci&oacute;n que se exige hoy a un conjunto de esferas de gobierno que no quieran limitarse a  ser ret&oacute;ricamente democr&aacute;ticas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-hay-respuestas-simples-problemas-complejos_129_12554868.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 25 Aug 2025 19:59:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7091814c-b1e1-413f-bd87-24a9b5b67e67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2620435" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7091814c-b1e1-413f-bd87-24a9b5b67e67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2620435" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[No hay respuestas simples a problemas complejos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7091814c-b1e1-413f-bd87-24a9b5b67e67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay libertad sin política. No hay política sin libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-hay-libertad-politica-no-hay-politica-libertad_129_12527999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dee6163d-7bca-416f-a398-5ca2d6d74d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122878.jpg" width="1902" height="1070" alt="No hay libertad sin política. No hay política sin libertad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hoy, los nuevos libertaristas quieren, usando viejas formulaciones en odres nuevos, hacernos creer que la política democrática está enfrentada a la auténtica libertad</p></div><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Hanna Arendt, hace ya muchos a&ntilde;os, que &ldquo;no se puede hablar de pol&iacute;tica sin hablar tambi&eacute;n de libertad, y tampoco puede hablar uno de libertad sin hablar de pol&iacute;tica&rdquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;Sin una esfera p&uacute;blica pol&iacute;ticamente garantizada, la libertad carece del espacio necesario para desplegarse&rdquo;. Es importante recordar este tipo de planteamientos, muy conectados con la propia experiencia de la autora en los a&ntilde;os duros del totalitarismo, en momentos en que se hace de la libertad una bandera contra la pol&iacute;tica democr&aacute;tica que tanto nos ha costado alcanzar. 
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s palmario lo tenemos en las constantes y fr&iacute;volas alusiones a la libertad con que nos acostumbra a obsequiar la presidenta de la Comunidad de Madrid. Libertad para cambiar de pareja, libertad o comunismo, libertad para no pagar impuestos, libertad y seguridad en las calles, libertad contra pol&iacute;ticas invasivas, libertad y punto. Milei sigue sus pasos en Argentina. A su vez, el vicepresidente estadounidense Vance se convierte en el m&aacute;s firme defensor de la libertad para que cada uno diga lo que le venga en gana sin miedo a que los censores dem&oacute;cratas y progresistas le digan a uno lo que est&aacute; bien o no est&aacute; bien. Mientras, cada uno de los citados expresa alarma ante lo que se ense&ntilde;a y se discute en las universidades, se muestran preocupados por los libros a los que puede acceder cualquiera en una biblioteca p&uacute;blica o no entienden c&oacute;mo se puede hablar de libertad obligando a la gente a pagar impuestos que solo sirven para ayudar a los que hicieron en su d&iacute;a mal uso de la libertad de que dispon&iacute;an y ahora tienen problemas y piden ayuda a las arcas p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        La libertad, vuelve a recordarnos Arendt, no tiene sentido sin los dem&aacute;s. Solo podemos ser libres en nuestra relaci&oacute;n con los dem&aacute;s. No tiene sentido hablar de libertad consider&aacute;ndose solo a uno mismo. Por eso la idea de libertad es profundamente social, profundamente pol&iacute;tica. La libertad no empieza donde acaba la pol&iacute;tica. La libertad empieza y es posible en un escenario en el que se den las condiciones sociales b&aacute;sicas de existencia y ese escenario es algo colectivamente construido. Es un espacio p&uacute;blico en el que interactuamos con los dem&aacute;s y contrastamos opiniones, creencias, acciones y alternativas. &iquest;Para qu&eacute; queremos libertad si no tenemos posibilidad de hacerla efectiva?
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as en que se restringe la libertad de culto aludiendo a que se enfrentan dos concepciones de la vida que son irreconciliables y que la libertad de unos afecta a la libertad de los que llegaron antes, conviene recordar la famosa declaraci&oacute;n de Roosevelt en 1941 sobre las &ldquo;Cuatro Libertades&rdquo;: la libertad de expresi&oacute;n, la libertad de culto, la libertad de aspirar a una vida mejor, la libertad de vivir sin miedo. Unas son libertades <em>para</em>, otras son libertades <em>contra</em>, pero en su conjunto configuran un marco democr&aacute;tico. Una declaraci&oacute;n que conecta bien con el momento que viv&iacute;an los Estados Unidos, recuper&aacute;ndose del <em>crack</em> del 29 con pol&iacute;ticas intervencionistas articuladas en el <em>New Deal</em> con un sistema fiscal fuertemente redistributivo que quer&iacute;a acabar con la idea de que la vida y la libertad solo estaban al alcance de unos pocos privilegiados. Esas mismas ideas, con expresiones distintas, alimentaron el Informe Beveridge de 1943 que puso las bases del Estado del Bienestar en Europa con pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que aseguraban la salud y la educaci&oacute;n para todos, como base de una aut&eacute;ntica libertad.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, los nuevos libertaristas quieren, usando viejas formulaciones en odres nuevos, hacernos creer que la pol&iacute;tica democr&aacute;tica est&aacute; enfrentada a la aut&eacute;ntica libertad. Que los poderes p&uacute;blicos no pueden modificar lo que el &ldquo;libre mercado&rdquo;, en una constante y aparentemente libre interacci&oacute;n de voluntades, deseos y esfuerzos, ha acabado dictaminando. Unos ganan y otros pierden. Y lo hacen haciendo uso, unos y otros, de su libertad. Y todo ello sin hablar para nada de or&iacute;genes, herencias y capacidades distintas. De desigualdades acumuladas que merman y limitan grados de autonom&iacute;a formalmente existentes.
    </p><p class="article-text">
        Los que perdieron en 1945 han ido tratando en distintas ocasiones de erosionar la credibilidad y capacidad de acci&oacute;n de las instituciones democr&aacute;ticas, y razones no les han faltado para ello. Problemas de burocratizaci&oacute;n, de enquistamiento de situaciones de pobreza, de falta de capacidad de resoluci&oacute;n, etc., etc. Y de todo ello hemos de aprender y corregir tales situaciones, recuperando legitimidad con base en la capacidad de hacer real lo que se predica. Pero, de lo que tampoco hay duda es que los que hablan de libertad atacando la pol&iacute;tica, los que hablan de libertad defendiendo el &ldquo;s&aacute;lvese el que pueda&rdquo;, no nos van a conducir a mejores escenarios. Siguiendo sus pasos acabaremos sin libertad, sin dignidad y sin pol&iacute;tica entendida como el espacio de configuraci&oacute;n de lo colectivo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Subirats]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-hay-libertad-politica-no-hay-politica-libertad_129_12527999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Aug 2025 21:19:58 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/dee6163d-7bca-416f-a398-5ca2d6d74d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122878.jpg" length="719351" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/dee6163d-7bca-416f-a398-5ca2d6d74d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122878.jpg" type="image/jpeg" fileSize="719351" width="1902" height="1070"/>
      <media:title><![CDATA[No hay libertad sin política. No hay política sin libertad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/dee6163d-7bca-416f-a398-5ca2d6d74d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_1122878.jpg" width="1902" height="1070"/>
      <media:keywords><![CDATA[Libertad]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
