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    <title><![CDATA[elDiario.es - Manuel Fernández-Cuesta]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/manuel_fernandez-cuesta/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Manuel Fernández-Cuesta]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Gramsci y la nueva hegemonía cultural]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gramsci-nueva-hegemonia-cultural_129_5696488.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/08b188e3-df4a-47fc-b92e-b5f820fc535c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gramsci y la nueva hegemonía cultural"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su pensamiento y acción, cruciales para entender el empuje actual de los  movimientos sociales, quedaron circunscritos, en nuestra Península, a  la cultura política de la izquierda catalana.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Nuestro optimismo revolucionario siempre se ha fundado en esa visi&oacute;n crudamente pesimista de la realidad humana con la que inexorablemente hay que pasar cuentas.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Antonio Gramsci, Los obreros de la FIAT, 8 de mayo de 1921</em>
    </p><p class="article-text">
        No tuvo suerte Gramsci en el Ebro. Igual que el Ej&eacute;rcito republicano, verano y oto&ntilde;o de 1938, el dirigente y periodista sardo (Ales, Cerde&ntilde;a, 1891), no consigui&oacute; dominar el r&iacute;o, consolidar la posici&oacute;n y llegar a Madrid. Su pensamiento y acci&oacute;n, cruciales para entender el empuje actual de los movimientos sociales, quedaron circunscritos, en nuestra Pen&iacute;nsula, a la cultura pol&iacute;tica de la izquierda catalana. Por el Mediterr&aacute;neo, mar de sorpresas, circul&oacute; el comercio de especias y las ideas, la tensi&oacute;n revolucionaria procedente de las f&aacute;bricas del norte de Italia y las diferentes formas de comer arroz. Bajo los escombros del Muro de Berl&iacute;n, plastificado y vendido a trozos, late una prosa de incendio te&ntilde;ida de modernidad. El nuevo descubrimiento del Mediterr&aacute;neo, titul&oacute; Gonz&aacute;lez Ruano, pasa -en estos momentos de renovaci&oacute;n pol&iacute;tica- por Antonio Gramsci, &ldquo;piove, governo ladro&rdquo;, el ni&ntilde;o brillante y enfermo que no pudo crecer.
    </p><p class="article-text">
        El esquema neoliberal domina, paradigma &uacute;nico, las relaciones sociales, laborales y culturales en este nuevo milenio. Su potencia, heredera de las aguerridas pol&iacute;ticas monetaristas del binomio Reagan-Thatcher, ha supuesto una quiebra definitiva de lo p&uacute;blico y com&uacute;n, la destrucci&oacute;n del estado de bienestar y el triunfo de un exaltado individualismo, impulsado por el mercado y el consumo. La ruptura, en mil pedazos, del eje capital-trabajo que facilit&oacute; el progreso (los Treinta gloriosos europeos; el &ldquo;desarrollismo franquista&rdquo;), impide la cohesi&oacute;n social y la armonizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pol&iacute;ticos progresistas intentan apropiarse -sin lograrlo, su desconcierto es profundo- de la espontaneidad que emana de la calle. El 15M, con todas sus contradicciones, ha abierto, quiz&aacute; sin saberlo, la puerta a una versi&oacute;n radical y sorprendente de la idea de hegemon&iacute;a, de bloque hegem&oacute;nico. Las margaritas que rodean la sobria l&aacute;pida de Gramsci en Roma estiran atentas su tallo y se agitan -en Italia- ante el denostado y confuso movimiento 5 Estrellas del c&oacute;mico Beppe Grillo y, aqu&iacute;, por el impulso de los diferentes movimientos y asociaciones contestatarias. Frente al verso de Leopardi, &ldquo;conmigo morir&aacute;s cuando me apague&rdquo;, el pensamiento de Gramsci reaparece libre, ind&oacute;mito, ajeno a la tensi&oacute;n de la vida cotidiana del desaparecido PCI.   
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte a&ntilde;os&rdquo;, dijo el fiscal Michele Isgr&ograve; en el juicio. No lo consiguieron. La sombra de Gramsci -sus cenizas, escribi&oacute; Pasolini- resurge, aunque sea de forma fragmentaria, en esta incipiente explosi&oacute;n social. Ya no se trata, al menos en una primera etapa, de la lucha por el poder real que emana del Estado, algo inaccesible en las condiciones presentes. La lucha, pensar&aacute; Gramsci, el eterno prisionero, el te&oacute;rico que no par&oacute; de escribir <em>Quarderni</em> pese a sus enfermedades y desasosiegos desde 1929, ser&aacute;, en primer lugar, por la exclusi&oacute;n de lo religioso (cat&oacute;lico) de la vida civil, por la influencia sobre los grandes medios de comunicaci&oacute;n, transmisores de la ideolog&iacute;a, y por la formaci&oacute;n acad&eacute;mica, la educaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La hegemon&iacute;a cultural, sal de la tierra, ser&aacute; el sustrato, los cimientos de la reorganizaci&oacute;n de lo colectivo. Debilitado, mala salud de hierro, detenido en noviembre de 1926, Gramsci, condenado a veinte a&ntilde;os, cuatro meses y cinco d&iacute;as de c&aacute;rcel por el Tribunal Especial Fascista presidido por el general Saporiti, entr&oacute; en la prisi&oacute;n de Turi, en el lejano sur, provincia de Bari, tras pasar por otros centros de reclusi&oacute;n, el 19 de junio de 1928. Uno de los funcionarios que le recibi&oacute; expres&oacute; que, &ldquo;en tanto m&eacute;dico fascista, su misi&oacute;n no era mantenerlo en vida&rdquo;. Junto con el genov&eacute;s Palmiro Togliatti, compa&ntilde;ero de colegio en Tur&iacute;n, y Amadeo Bordiga, napolitano, primer secretario del PCI hasta su detenci&oacute;n en 1923, Gramsci era una de las cabezas m&aacute;s l&uacute;cidas de la teor&iacute;a y acci&oacute;n revolucionarias. Su silencio, no alcanzado del todo, supon&iacute;a una obligaci&oacute;n para el r&eacute;gimen de Mussolini.
    </p><p class="article-text">
        Hegemon&iacute;a y bloque hegem&oacute;nico parecen t&eacute;rminos lejanos. Sin embargo, al hilo de la multitud espont&aacute;nea que est&aacute; combatiendo la pol&iacute;tica reaccionaria, una multitud de composici&oacute;n diversa, la idea cobra otro valor. La filosof&iacute;a de la pr&aacute;ctica que propondr&aacute; &ldquo;no es un pragmatismo, sino un modo de pensar que historiza los problemas te&oacute;ricos al concebirlos siempre como problemas de cultura y de la vida global de la humanidad&rdquo;, escribi&oacute; Manuel Sacrist&aacute;n en 1969 (<em>Papeles de Filosof&iacute;a II</em>, Icaria, 1984). 
    </p><p class="article-text">
        Formada por descontentos de m&uacute;ltiples sectores sociales, la masa cr&iacute;tica aumenta, crece desordenada, mientras cae el apoyo a los partidos tradicionales. El bipartidismo PP-PSOE, reducto del pensamiento dominante, se aferra a una &ldquo;pol&iacute;tica de pol&iacute;ticos&rdquo; castigada por la corrupci&oacute;n y la inoperancia. Que una parte significativa de la ciudadan&iacute;a no se sienta representada por los partidos mayoritarios indica el grado de desafecci&oacute;n social hacia estas formas, caducas, de organizaci&oacute;n. Como anot&oacute; Gramsci en el <em>Cuaderno 11</em>, &ldquo;ser&iacute;a interesante estudiar en concreto, para un determinado pa&iacute;s, la organizaci&oacute;n cultural que mueve el mundo ideol&oacute;gico y examinar su funcionamiento pr&aacute;ctico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Seis d&iacute;as despu&eacute;s de ser liberado de la c&aacute;rcel, el 27 de abril de 1937, sufre una definitiva hemorragia cerebral. El muchacho que hab&iacute;a empezado su lectura de Marx en Cerde&ntilde;a, hacia 1910, por &ldquo;curiosidad intelectual&rdquo;, apunta en un texto de juventud, el fil&oacute;sofo despreciado por la academia, el periodista cr&iacute;tico que despej&oacute; dudas y analiz&oacute; con detalle la historia italiana y europea, sigue hu&eacute;rfano de lectores. Su innegable modernidad cr&iacute;tica se plasma en la manera de entender las relaciones sociales y la naturaleza humana, as&iacute; como su preocupaci&oacute;n por la educaci&oacute;n, uno de los ejes de lo com&uacute;n. &ldquo;La publicaci&oacute;n de los cuadernos de Gramsci produjo un profundo impacto. Tanto desde el punto de vista humano, moral, como desde el intelectual, la figura de Gramsci impresion&oacute; por el rigor, por la calidad, por la altura, por la erudici&oacute;n, por la rectitud, por la profundidad anal&iacute;tica&rdquo;, apunt&oacute; Jordi Sol&eacute; Tura en el pr&oacute;logo de <em>Cultura y literatura</em>, una selecci&oacute;n de textos de los <em>Cuadernos</em> publicados en Barcelona en 1967.
    </p><p class="article-text">
        Es dif&iacute;cil entender la actual agitaci&oacute;n social sin comprender la historia reciente y las frustraciones individuales y colectivas que acarrea. Sin comprender que &ldquo;fuerza y consentimiento&rdquo; son las armas del capitalismo. La nueva hegemon&iacute;a cultural (y pol&iacute;tica) que propone una parte del cuerpo social, vestida de multitud creativa, est&aacute; indicando la necesidad de un cambio de modelo, otra constituci&oacute;n, otro marco general de relaciones. Las presiones del mercado y, por extensi&oacute;n, de la tecnocracia europea, est&aacute;n laminando las posibilidades de crecimiento y desarrollo de muchos pa&iacute;ses, especialmente en el sur de Europa. Gramsci con un candil, quiz&aacute; una vela, encerrado, escribe sin tregua notas dispersas. El ni&ntilde;o brillante y enfermo crece cada d&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gramsci-nueva-hegemonia-cultural_129_5696488.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Jun 2013 18:10:37 +0000]]></pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Adolfo Suárez, esculpido a navaja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/adolfo-suarez-esculpido-navaja_129_5735857.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>Brindo por el pueblo espa&ntilde;ol, esperando que tenga unos dirigentes mejores que los que actualmente posee.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Adolfo Su&aacute;rez, diciembre de 1980</em>
    </p><p class="article-text">
        Jur&oacute; cargos con diferentes chaquetas y todas le sentaban bien. Blanca y falangista, acorde con su mand&iacute;bula esculpida a navaja, brioso macho espa&ntilde;ol, ni&ntilde;o de la posguerra provincial, aspirante a se&ntilde;orito, el yugo y las flechas a la altura del coraz&oacute;n, fue nombrado, diciembre de 1975, ministro secretario general del Movimiento. Firm&oacute; documentos con traje oscuro, gris marengo o azul marino, estudiadas corbatas, seductora mirada, siendo procurador en Cortes por &Aacute;vila, gobernador civil o director general de RTVE. Jur&oacute; y firm&oacute; tanto, y en tantos sitios, que los suyos le llamaron, con el correr del tiempo, traidor. Su&aacute;rez, uno de los esenciales del reformismo franquista, &ldquo;quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haci&eacute;ndole pagar al pa&iacute;s un precio muy caro&rdquo;, acab&oacute; acorralado por los poderes f&aacute;cticos, abandonado por el rey, fumando tabaco negro en la soledad de un despacho de cretona. Ahora, enfermedad neurol&oacute;gica, no recuerda nada. Casi mejor.
    </p><p class="article-text">
        Hijo pol&iacute;tico de Herrero Tejedor, un falangista con conexiones en el Opus Dei, Su&aacute;rez empez&oacute; de secretario personal, ascendiendo a la par que su mentor. Adoctrinado despu&eacute;s por Torcuato Fern&aacute;ndez Miranda, h&aacute;bil de manos, leyes y reglamentos, Carmen D&iacute;ez de Rivera, de la estirpe natural de Serrano Su&ntilde;er, y algunos m&aacute;s, Su&aacute;rez, el hombre providencial de 1976, &ldquo;historia de una ambici&oacute;n&rdquo;, escribi&oacute; Gregorio Mor&aacute;n en 1979, camina hoy sin memoria, hu&eacute;rfano de sentido y referencias, por la Historia de Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Hizo todo lo que pudo, y un poco m&aacute;s, por alcanzar el poder: sirvi&oacute; con lealtad a sus superiores y dijo siempre lo conveniente. La fortuna, aliada de su determinaci&oacute;n, le puso en el camino del rey, otro aspirante, vidas paralelas, que pens&oacute; en &eacute;l para la conducci&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos. Hab&iacute;a llegado. Surgido del vientre gris del franquismo, era un desconocido al que le cost&oacute; ganarse -no est&aacute; claro que lo lograra- el respeto de sus pares. 
    </p><p class="article-text">
        El <em>dandy</em> de Cebreros, &Aacute;vila, nacido en 1932, caf&eacute; solo y tortilla francesa, triste carrera de Derecho y sonrisa cautivadora, improvisador, estratega de sof&aacute;, fue elegido, la tarde del 3 julio de 1976, para que formara gobierno. Ten&iacute;a 43 a&ntilde;os, un nudo en el est&oacute;mago y la templanza del triunfador. Aunar las tres familias ideol&oacute;gicas del &uacute;ltimo r&eacute;gimen, democristianos colaboradores del franquismo, poli&eacute;dricos t&eacute;cnicos del Opus Dei y falangistas te&ntilde;idos de azul, y acallar el rumor de sables eran sus principales objetivos. El giro hacia el reformismo democr&aacute;tico estaba en marcha y Su&aacute;rez era el flamante capit&aacute;n. &ldquo;La Corona tiene una voluntad expresa de alcanzar una democracia moderna en Espa&ntilde;a&rdquo;, declar&oacute; esos d&iacute;as. Su&aacute;rez bajo el amparo del rey. Vidas paralelas. Hasta 1981.
    </p><p class="article-text">
        Necesitaba contar con la mayor&iacute;a del arco parlamentario para consolidar su estrategia. La llamada Transici&oacute;n, tutelada por EEUU, requer&iacute;a altas dosis de eso que se denomin&oacute; &ldquo;consenso&rdquo; (incluido el suicidio de las Cortes franquistas), y que, menos mal, en la actualidad parece romperse por errores, hast&iacute;o y exceso de neoliberalismo. El b&uacute;nker militar se negaba a la legalizaci&oacute;n del PCE. Pero la realidad estaba atada. El s&aacute;bado de gloria, 9 de abril de 1977, el PCE volv&iacute;a a la vida p&uacute;blica. D&iacute;as despu&eacute;s, vulgar escenificaci&oacute;n de opereta, Carrillo, en nombre del partido, aceptaba la bandera rojigualda y la monarqu&iacute;a como forma de Estado. Su&aacute;rez y Carrillo se entend&iacute;an bien. Ambos quer&iacute;an lo mismo: perpetuarse. 
    </p><p class="article-text">
        La leyenda de Su&aacute;rez traidor a los suyos crec&iacute;a entre las huestes de la derecha ultramontana. &Eacute;l y sus fontaneros hab&iacute;an conseguido aprobar la Ley para la Reforma Pol&iacute;tica, sometida a refer&eacute;ndum el 15 de diciembre de 1976 y promulgada el 4 de enero de 1977. El camino hacia las elecciones estaba asfaltado de trampas y bombas. Su&aacute;rez no se amilan&oacute;. Lo imped&iacute;a su car&aacute;cter aventurero, decidido, ligeramente chulesco, y su osada ignorancia. Todo le sal&iacute;a bien. Era un hombre tocado por la suerte. El 15 de junio de 1977, primeras elecciones democr&aacute;ticas, gan&oacute; UCD -sin mayor&iacute;a absoluta-, su formaci&oacute;n que tantos dolores de cabeza le acarrear&iacute;a. La Constituci&oacute;n de 1978, refer&eacute;ndum llevado a cabo el 6 de diciembre de 1977, culmin&oacute; esta etapa de reformas jur&iacute;dicas no exenta de rumores de involuci&oacute;n y de la estrategia de tensi&oacute;n de ETA.  
    </p><p class="article-text">
        Dicen que el rey no tiene amigos. Y que sus fidelidades var&iacute;an seg&uacute;n intereses y conveniencias. Su&aacute;rez gan&oacute; de nuevo, tercer mandato, las elecciones de marzo de 1979. El PSOE y el PCE crecieron municipalmente, un mes despu&eacute;s, y las principales capitales pasaron a ser gobernadas por coaliciones de estos partidos. Su&aacute;rez, al pie de los caballos. Crisis econ&oacute;mica y dificultades, tanto por el crecimiento de la oposici&oacute;n como en el seno de su formaci&oacute;n, mellan la autoridad de este &aacute;ngel negro, herm&eacute;tico. Los militares presionan ante la escalada, acci&oacute;n-represi&oacute;n-acci&oacute;n, de ETA. 
    </p><p class="article-text">
        Como Gary Cooper en <em>Solo ante el peligro</em>, Su&aacute;rez, pulcro, reci&eacute;n afeitado, cansancio en la mirada, dimite el 29 de enero de 1981. Las razones no est&aacute;n claras aunque parece que influyeron diversas circunstancias: p&eacute;rdida de la confianza del rey, que se siente atacado por la debilidad del Gobierno, hostilidad militar y las maniobras de los democristianos de UCD que intuyen que su futuro est&aacute; en AP, antecedente del PP. El 23 de febrero, fecha del golpe de los charoles (tantas dudas por resolver), Guti&eacute;rrez Mellado, vicepresidente y superior militar, se enfrent&oacute; a Tejero. Carrillo permaneci&oacute; sentado, verg&uuml;enza torera comunista, mientras el resto, incluidos Gonz&aacute;lez y Guerra, futuros adalides de la modernidad, susurraban bajo los esca&ntilde;os con el rostro de piedra pegado al suelo.   
    </p><p class="article-text">
        Adolfo Su&aacute;rez, boxeador sonado de dignidad, jugador y perdedor, mantuvo la gallard&iacute;a legal. No hab&iacute;a salido de &Aacute;vila, estudiado por libre, sufrido humillaciones de sus superiores, rendido pleites&iacute;a, enga&ntilde;ado y mentido, flirteado con la vida, legalizado al PCE, ganado elecciones y alcanzado la gloria, &eacute;l, el muchacho de Cebreros, para que un acartonado benem&eacute;rito, &ldquo;un rumor de siemprevivas / invade las cartucheras&rdquo;, le quitara un &aacute;pice de prestigio a su trayectoria. Su&aacute;rez se puso de pie. Estaba en juego la Historia, su virilidad de descre&iacute;do falangista, sus maneras de gal&aacute;n antiguo. Quiz&aacute; lo hizo por &eacute;l, por mantener su sombra en el espejo. Es posible. En ocasiones, un gesto puede justificar una vida de impostura.  
    </p><p class="article-text">
        El resto es silencio y descarrilamiento. El l&aacute;nguido intento del CDS, tres veces diputado por Madrid, la complicidad, hasta la muerte en 1991, de su &uacute;ltimo escudero Rodr&iacute;guez Sahag&uacute;n, c&aacute;ncer en su familia (su mujer Amparo Illana y su hija Marian fallecieron), y su atroz dolencia. El rey, cuando ya no molestaba, le concedi&oacute;, junio 2007, el Collar de la Orden del Tois&oacute;n de Oro. Adolfo Su&aacute;rez ya se hab&iacute;a ido al otro lado de la conciencia: el lugar del silencio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/adolfo-suarez-esculpido-navaja_129_5735857.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Jul 2013 17:53:16 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Adolfo Suárez, esculpido a navaja]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Adolfo Suárez,Transición,Juan Carlos I]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Hernández y los carnívoros cuchillos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/miguel-hernandez-carnivoros-cuchillos_129_5719782.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Anda Hernández cabizbajo y ausente por este siglo XXI de extrañezas y  extrañamientos, bajo la curtida piel del cielo, en el reino oscuro del  silencio.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <em>Ca&iacute;dos s&iacute;, no muertos, ya postrados titanes</em>
    </p><p class="article-text">
        Miguel Hern&aacute;ndez
    </p><p class="article-text">
        Sospecho que Miguel Hern&aacute;ndez, el muchach&oacute;n de Orihuela que dijo Neruda, anda en el limbo de los poetas c&iacute;vicos, olvidado y romo, lejos del puntiagudo br&iacute;o de sus carn&iacute;voros cuchillos. Pastoreando por igual cabras y sonetos, versos libres y la sensualidad de la naturaleza, frecuentaba de joven la biblioteca p&uacute;blica y le&iacute;a a Virgilio y Verlaine gracias a su amigo Luis Almarcha, can&oacute;nigo local, que con el correr de los a&ntilde;os lleg&oacute; a obispo de Le&oacute;n. La morralla espa&ntilde;ola, mantilla y rosario, ech&oacute; sobre &eacute;l, sobre su coraz&oacute;n nutriente, un capote de paseo, negro, violentamente negro, hasta terminar con su vida, bronquitis, tifus y tuberculosis, en la prisi&oacute;n de Alicante un 28 de marzo de 1942. Ten&iacute;a 31 a&ntilde;os y la pluma llena de salvajes met&aacute;foras.
    </p><p class="article-text">
        Poeta por convicci&oacute;n que le brota del pecho y el est&oacute;mago, casi un desparecido de la cultura ajena a la resistencia antifranquista, el que ser&aacute; tenaz combatiente republicano, publica <em>Perito en lunas </em>en Murcia, enero de 1933. La edici&oacute;n consta de 300 ejemplares y aunque ha pasado ya por Madrid, frecuentado tertulias, pateado la calle sin dinero, acarreado naranjas para regalar a sus benefactores y agitado un par de cartas de recomendaci&oacute;n, el libro enferma de indiferencia. Media docena de distra&iacute;das rese&ntilde;as. Llorar&aacute; Hern&aacute;ndez (Orihuela, 1910), en el melifluo hombro de Lorca, consagrado ya, que le responder&aacute; con una breve nota de alabanza y lejanos cumplidos. Arranca Hern&aacute;ndez con tristeza de campesino y una poes&iacute;a culta, gongorina: el paso necesario. Su perseverancia superar&aacute; el desaf&iacute;o. Quiere ser poeta, ciudadano poeta, combatiente poeta, hortelano poeta, amante poeta, todo, si puede ser, y poeta.
    </p><p class="article-text">
        Anda Hern&aacute;ndez cabizbajo y ausente por este siglo XXI de extra&ntilde;ezas y extra&ntilde;amientos, bajo la curtida piel del cielo, en el reino oscuro del silencio. Salvo algunos especialistas, investigadores del fonema, profesores de gruesa gafa, noct&aacute;mbulos y melanc&oacute;licos, y sus afines ideol&oacute;gicos, cada vez menos (pese a las mareas de protesta), su poes&iacute;a est&aacute; hu&eacute;rfana de lectores. Ha pasado demasiada agua bajo el puente desde 1942, agua sucia, escoriada de franquismo y de la desmemoriada democracia de mercado, para que sea reconocida la palabra de un escritor que llev&oacute; el compromiso l&iacute;rico a la batalla, a la barricada que separa la vida y la muerte. Eso que se denomin&oacute; compromiso -en 1930 era solo la lucha por la dignidad humana frente al fascismo- la poes&iacute;a social, de fuerte carga pol&iacute;tica y humana, no est&aacute; de moda. Poco a poco fue la Generaci&oacute;n del 27, D&aacute;maso Alonso le consider&oacute; ep&iacute;gono del grupo, recobrando su sitio en el pante&oacute;n: azares y recomendaciones editoriales, amistad y gui&ntilde;os intelectuales. Con el paso del tiempo, instalada la l&oacute;gica cultural de la socialdemocracia de consumo, inmersos en masificaci&oacute;n del PSOE, los poetas salieron de sus tumbas. Aniversarios, ediciones de obras completas, homenajes en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, congresos a cargo de las diputaciones y pagadores varios: reivindicaciones. Casi todos menos Miguel Hern&aacute;ndez. Poeta y comunista. Demasiado sintagma para nuestra pandereta nacional.
    </p><p class="article-text">
        Repito la idea, c&iacute;rculo m&aacute;gico contra el culpable abandono, para hacerla visible en el texto. Como se repite en <em>Nanas de la cebolla</em> la aterradora imagen de la herb&aacute;cea, hija del vientre de la tierra, convertida en &ldquo;sangre de cebolla&rdquo;. &ldquo;Vuela ni&ntilde;o en la doble / luna del pecho. / &Eacute;l, triste de cebolla. /T&uacute;, satisfecho. / No te derrumbes. / No sepas lo que pasa / ni lo que ocurre.&rdquo; El tiempo se detiene y veo a Hern&aacute;ndez, voluntario en el Quinto Regimiento, cavando trincheras en Cubas, afueras de Madrid, septiembre de 1936. Emilio Prados le sacar&aacute; del duro trabajo y empezar&aacute; otras tareas, acorde con su talento, de agitaci&oacute;n y propaganda. Es el Hern&aacute;ndez, si posible, m&aacute;s pol&iacute;tico, el que interioriza el conflicto militar, el que observa la guerra como lucha de clases: la guerra de Espa&ntilde;a. El poeta ha luchado, miliciano, con el Campesino, y en <em>Viento del pueblo</em>, publicaciones del Socorro Rojo Internacional, 1937, desplegar&aacute; toda su fuerza contenida, la pasi&oacute;n del combate justo. De <em>Rosario, dinamitera</em> a <em>Sentado sobre los muertos</em>, pasando por <em>El ni&ntilde;o yuntero</em> o <em>Canci&oacute;n del esposo soldado </em>con el impresionante arranque &ldquo;He poblado tu vientre de amor y sementera&rdquo;. Dedicado a Vicente Aleixandre, MH anotar&aacute; en el prefacio: &ldquo;El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cautivos y derrotados. La Rep&uacute;blica ha perdido la guerra. Esa que no pod&iacute;a ganar. La tierra se abre bajo los pies de Hern&aacute;ndez. El eminente Joaqu&iacute;n de Entrambasaguas, fil&oacute;logo y contable de almac&eacute;n, manda destruir, abril de 1939, sin encuadernar, miles de copias de <em>El hombre acecha</em>. El sendero del odio est&aacute; custodiado por gastr&oacute;nomos como el citado catedr&aacute;tico. Poeta de la tierra, como si &eacute;l mismo fuera surco, polvo o trigo, poeta de atea religiosidad que escribe homenajes a su hijo muerto, a Dolores Ib&aacute;rruri, al hambre, a los soldados y pueblos de Espa&ntilde;a, su poder&iacute;o le hace insoportable para los vencedores. Del verso libre al encasillado soneto. Del soneto al verso libre. De Aleixandre a Neruda. Miguel Hern&aacute;ndez, culto y popular, ni&ntilde;o pastor que no pudo estudiar, lector voraz y subversivo, rompe las formas po&eacute;ticas, desgarra las palabras, arrastra el ritmo por los entresijos de su conciencia inquieta. Poco dado a elogios, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez escribir&aacute; en <em>El Sol</em>, 23 de febrero de1936, de <em>El rayo que no cesa</em>, &ldquo;Tienen su empaque quevedesco los poemas, es verdad, su herencia castiza. Pero la &aacute;spera belleza tremenda de su coraz&oacute;n arraigado rompe el paquete y se desborda como elemental naturaleza desnuda.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No hay m&aacute;s historia de Espa&ntilde;a que la que ellos quieren&rdquo;, se lee en <em>Todo lo que se llev&oacute; el diablo</em> (Tusquets, 2010), de Javier P&eacute;rez And&uacute;jar. Ni historia ni relato. Hern&aacute;ndez es un fantasma delgado que recorre veredas y acequias con un zurr&oacute;n lleno de pan y queso, versos dulces y envenenados, que claman por salir del lugar perdido, m&aacute;s all&aacute; de la mentira, que la cultura liberal, neoliberal o postliberal les ha asignado. No es un G27 ni un G36. Su generaci&oacute;n es un pu&ntilde;ado de libros agrupados en unos d&oacute;ciles vol&uacute;menes, Obra Completa, I y II, Espasa Calpe, 1992. El purgatorio de los escritores es un espacio cerrado, claustrof&oacute;bico, infierno de penas, atroz encierro para un mozo curtido en los desmontes. En 1925, por orden de su <em>padre padrone</em>, abandon&oacute; los estudios con los jesuitas de Santo Domingo y volvi&oacute; a los animales. En el campo escribe versos m&iacute;sticos, incendiados de amor, siguiendo el eco de Juan de la Cruz. MH vive rodeado de cabras, damiselas de anta&ntilde;o, que rumian adjetivos y hierba fresca.
    </p><p class="article-text">
        Enero de 1940. Antonio Buero Vallejo, preso en la madrile&ntilde;a c&aacute;rcel de Conde de Toreno, condenado a muerte, luego conmutada la pena por treinta a&ntilde;os, igual que MH, coge un l&aacute;piz, carboncillo, y dibuja el rostro de Miguel para que su hijo sepa de su padre. El 4 de marzo, Hern&aacute;ndez env&iacute;a el retrato a su mujer, Josefina Manresa, con una nota. &ldquo;No quiero dejar de cumplir en lo que puedo mi palabra, y ya que no puedo ir de carne y hueso, ir&eacute; de l&aacute;piz, o sea, dibujado por un compa&ntilde;ero de fatigas, como ver&aacute;s, bastante bien. Se lo ense&ntilde;ar&aacute;s al ni&ntilde;o todos los d&iacute;as para que vaya conoci&eacute;ndome, y as&iacute; no me extra&ntilde;ar&aacute; cuando me vea.&rdquo; Imaginemos la escena. Una cocina peque&ntilde;a blanqueada por una luz mediterr&aacute;nea que calienta el escaso alimento disponible. El ni&ntilde;o, en el regazo de su madre, contempla con asombrado un rostro extra&ntilde;o. &ldquo;Un carn&iacute;voro cuchillo / de ala dulce y homicida / sostiene un vuelo y un brillo /alrededor de mi vida.
    </p><p class="article-text">
        Diseccionados los poetas, devorados por notas a pie de p&aacute;gina que, como voraces hormigas, marcan el camino de las p&aacute;ginas, urge saltarse normas y volver a la primitiva calidez de MH. Ajeno a los t&oacute;picos, MH es un poeta de la vida y la transformaci&oacute;n que merece una pausada mirada m&aacute;xime ahora, cuando la casta dominante y sus perros guardianes, nos arrojan, de nuevo,  al vertedero de la Historia. Nunca le perdonaron su elegancia de poeta sencillo ni la fiereza de sus cr&iacute;ticas. Para ellos, la canalla que regentea esa Espa&ntilde;a obscena y deprimente, por decir con Cernuda, copio estos versos. &ldquo;Hombres veo que de hombres / solo tienen, solo gastan / el parecer y el cigarro, / el pantal&oacute;n y la barba.&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/miguel-hernandez-carnivoros-cuchillos_129_5719782.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 22 Jun 2013 18:22:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Miguel Hernández y los carnívoros cuchillos]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Miguel Hernández]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dashiell Hammett en Wall Street]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dashiell-hammett-wall-street_129_5688681.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de067de2-33e8-4322-9ba1-a8d6de291eff_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dashiell Hammett en Wall Street"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La lectura de Hammett, a la luz del estado de corrupción permanente, es  más que un reconocimiento literario: es una manera directa, seca y  salvaje,</p><p class="subtitle">hard-boiled</p><p class="subtitle">, de entender qué está ocurriendo.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Me han contado que tanto el alcalde como el gobernador son de su propiedad: as&iacute; que har&aacute;n lo que usted les diga.&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Dashiell Hammett, Cosecha roja (1929)</em>
    </p><p class="article-text">
        El 10 de enero de 1961 mor&iacute;a, Hospital Lennox Hill, Nueva York, Samuel Dashiell Hammett, el escritor que, como dijo Raymond Chandler &ldquo;restituy&oacute; el crimen a su lugar natural: la calle&rdquo;. El expediente del FBI, veinticinco a&ntilde;os bajo vigilancia, sospechoso de actividades antiamericanas seg&uacute;n la Comisi&oacute;n McCarthy, es decir, comunista, ten&iacute;a 278 p&aacute;ginas. Uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood al final de los a&ntilde;os 30, el creador de personajes como Sam Spade y Nick y Nora Charles, acab&oacute; endeudado, perseguido por la justicia y el alcohol, devorado por un c&aacute;ncer de pulm&oacute;n. La lectura de Hammett, a la luz del estado de corrupci&oacute;n permanente, es m&aacute;s que un reconocimiento literario: es una manera directa, seca y salvaje, <em>hard-boiled</em>, de entender qu&eacute; est&aacute; ocurriendo -mientras una banda de <em>gangsters</em> dispara sobre la nuca del Estado de bienestar- detr&aacute;s de las cortinas, en el aterciopelado reservado de un restaurante, all&iacute; donde gestos y palabras se convierten en testaferros, para&iacute;sos fiscales, recalificaciones, ingenier&iacute;a financiera, sobornos: pol&iacute;tica y econom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Alejado de la novela polic&iacute;aca (o de cr&iacute;menes) convencional, ajeno a los salones de caoba, las copas de jerez y el primoroso arte de la deducci&oacute;n, la obra de Hammett, arque&oacute;logo del incierto presente, patea la calle, se sumerge y bucea en ella, rastrea bares sin luz, callejones, hasta comprender lo oculto, aquello que no se debe saber, aquello de lo que no se puede hablar. Su silencio &eacute;tico le llevar&aacute; a la c&aacute;rcel, seis meses, en 1951, al negarse a colaborar con unos interrogatorios abusivos, carentes de legitimidad. Figurar en &ldquo;la lista negra&rdquo; era una moderna y definitiva condena al ostracismo. Ser acusado, en el pa&iacute;s de la libertad, de algo parecido a &ldquo;desafecci&oacute;n al r&eacute;gimen&rdquo;, supon&iacute;a exclusi&oacute;n social, laboral. Hammett ya no escrib&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Su &uacute;ltima obra larga, <em>El hombre delgado</em> (1934), m&aacute;s all&aacute; de clasificaciones acad&eacute;micas y g&eacute;neros narrativos, desvela lo arbitrario de la autoridad al tiempo que rompe, para siempre, los cristales del orden social. Todo tenemos -frente a la irrefrenable destrucci&oacute;n de lo social- algo de huidizos agentes de La Continental. Del mismo modo que el propio autor conserv&oacute; siempre, sombrero, gomina, bigote y tabaco sin filtro, ese aire entre c&iacute;nico y descre&iacute;do de detective, en Baltimore, de la Agencia Pinkerton.
    </p><p class="article-text">
        Resulta parad&oacute;jico que Hammett, escritor cercano a la mirada realista de Faulkner, Steinbeck o Hemingway, miembro del Partido Comunista de EEUU y del Congreso de Derechos Civiles de Nueva York, antifascista en la d&eacute;cada de los treinta, activista pol&iacute;tico desde que abandon&oacute; la escritura (quiz&aacute; pens&oacute; que no pod&iacute;a decir m&aacute;s), fuera voluntario -no existe contradicci&oacute;n- en las dos guerras mundiales del siglo XX. Violentamente moral, ajeno a la idea del inter&eacute;s y el beneficio, su Sam Spade, interpretado por Humprhey Bogart en <em>El halc&oacute;n malt&eacute;s </em>(John Huston, 1941), contiene -por ejemplo- todos los matices psicol&oacute;gicos del que se sabe condenado, de antemano, por diferente. 
    </p><p class="article-text">
        En sus novelas y relatos, los di&aacute;logos rasgan el aire y la tensi&oacute;n narrativa golpea al lector; el ritmo, entre el sincopado <em>ragtime</em> y el lac&oacute;nico jazz de Chicago, hace casi imposible respirar y las met&aacute;foras, afiladas garras, desvelan una acidez que brota de un est&oacute;mago inundado de ginebra. Radical en su prosa, Hammett huye de la justicia po&eacute;tica que acompa&ntilde;a la derrota, pese al halo de prestigio, incomprensible, que conlleva. Veterano combatiente, su cuerpo reposa en el Cementerio Nacional de Arlington (Virginia), un cementerio militar pegado al Pent&aacute;gono y escoltado por el r&iacute;o Potomac, junto al Memorial de Iwo Jima, la Tumba al soldado desconocido y los hermanos Kennedy. El destino parece una petaca de whisky olvidada en una gabardina: in&uacute;til.  
    </p><p class="article-text">
        Frente a la inicial tradici&oacute;n detectivesca (Poe, Conan Doyle, Chesterton, entre otros), trufada de elegancia discursiva, enigmas y agradable lectura, Hammett observar&aacute; la realidad y los conflictos humanos desde otro sitio. Su punto de vista ser&aacute; &eacute;tico, pol&iacute;tico, una mirada desgarrada y alternativa, descriptiva del desorden, que deber&iacute;a ser le&iacute;da hoy como necesario contrapunto al erotismo <em>light</em> que nos invade, al culto a la extrema sensibilidad del &ldquo;ego mutante&rdquo; y a la banalidad que preside nuestra existencia. Los personajes ser&aacute;n esbozados con pinceladas descriptivas y di&aacute;logos que callan m&aacute;s de lo que expresan. Las escenas, encadenadas, se resolver&aacute;n en dos frases o en una conversaci&oacute;n entrecortada por un disparo. 
    </p><p class="article-text">
        Todo en Hammett est&aacute; te&ntilde;ido de incredulidad e iron&iacute;a. Tanto en las tramas y argumentos como en la resoluci&oacute;n (o no resoluci&oacute;n) de los hechos, Hammett muestra con claridad -Robespierre y Marx al fondo- que las condiciones materiales determinan el lugar desde el que se mira, c&oacute;mo se piensa y qu&eacute; se dice: el lugar de la libertad. La podredumbre moral de la sociedad (y sus consecuencias) ser&aacute; el tema de su (nuestro) tiempo. Hammett describir&aacute;, brochazos de verdad, la miseria que se pretende ocultar: el espacio del capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        Es f&aacute;cil acceder a sus libros. Existen varias ediciones, muchas, con excelentes traducciones. He transportado dos vol&uacute;menes por varios pa&iacute;ses. Manejo, en este momento, la edici&oacute;n de Debate, Novelas y Relatos, Madrid, 1994, con notas introductorias de C. B&eacute;rtolo, al que he usurpado, al l&iacute;mite del plagio, algunas de las ideas aqu&iacute; expuestas. <em>El halc&oacute;n malt&eacute;s</em>, <em>La llave de cristal</em>, <em>La maldici&oacute;n de los Dain</em> o sus cuentos recogidos en <em>Un hombre llamado Spade</em>, <em>Muerte y C&iacute;a</em> o <em>Ciudad de pesadilla</em>, por citar solo algunos textos, arrojan un esperp&eacute;ntico destello de ne&oacute;n sobre el sentido de las relaciones sociales y el submundo que acompa&ntilde;a las diferentes formas de explotaci&oacute;n. Pese a que algunas palabras hayan perdido su sentido originario, pese a que el paso del tiempo haya alterado el contenido de los diccionarios hasta hacerlos irreconocibles, quede fijada aqu&iacute; la siguiente afirmaci&oacute;n: Hammett es un escritor materialista. Materialista y dial&eacute;ctico. Un autor imprescindible para comprender el presente.
    </p><p class="article-text">
        Comprometido (otro t&eacute;rmino desacreditado por el neoliberalismo) con la realidad y el tiempo que le toc&oacute; vivir, af&iacute;n a los republicanos espa&ntilde;oles durante la Guerra de Espa&ntilde;a, Hammett, sentado ante la llamada Comisi&oacute;n McCarthy, preguntado sobre las actividades del Congreso de Derechos Civiles, sostuvo una posici&oacute;n parecida a la denominada &ldquo;estrategia de ruptura&rdquo;, teorizada a&ntilde;os despu&eacute;s, en la Argelia colonial, por el abogado Jacques Verg&egrave;s. Como dijo ante las humillantes e ileg&iacute;timas preguntas, responder &ldquo;supon&iacute;a reconocer en primera instancia que el Estado ten&iacute;a derecho a formular semejantes preguntas&rdquo;. Esta responsabilidad moral, la determinaci&oacute;n de su raz&oacute;n c&iacute;vica, le cost&oacute;, ya se ha dicho, la c&aacute;rcel.   
    </p><p class="article-text">
        Considerada g&eacute;nero menor, despreciada -durante muchos a&ntilde;os- por la cr&iacute;tica, la novela negra, una variante &aacute;gil y directa del realismo social, se alza hoy, igual que lo hizo en los a&ntilde;os 30, como la mejor manera, quiz&aacute; la menos afectada, de contar los dobleces de la realidad. Pol&iacute;ticos corruptos, el mercado -grandes corporaciones transnacionales- que determina, con decisiones tomadas en secretos consejos de administraci&oacute;n, la vida y destino de millones de personas, los medios de comunicaci&oacute;n, transmisores del pensamiento dominante, comprados a golpe de anuncio y subvenciones o jueces presionados por instancias jer&aacute;rquicas superiores ser&iacute;an, en la actualidad, perfectos personajes. Las tramas posibles son conocidas, en Wall street y en cualquier rinc&oacute;n del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Detective de lo real, Dashiell Hammett (1894-1961) mostr&oacute;, como pocos, las v&iacute;sceras del sistema. Leer sus obras, frente al oscurantismo del presente eterno, no es una mera cuesti&oacute;n literaria. Es una forma m&aacute;s de resistencia y combate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dashiell-hammett-wall-street_129_5688681.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 May 2013 18:18:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dashiell Hammett en Wall Street]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marx contra el IV Reich neoliberal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marx-iv-reich-neoliberal_129_5671190.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La estricta política de austeridad de la señora de Ulrich Merkel es una forma de protección a su  industria y banca, y recuerda, quizá demasiado, la patriótica reacción  ante la crisis de Weimar.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Marx es el m&aacute;ximo investigador de temas econ&oacute;micos y socialistas de nuestro tiempo. A lo largo de mi vida he entrado en contacto con numerosos estudiosos, pero no conozco a ninguno que sea tan erudito y profundo como &eacute;l&rdquo; </em>
    </p><p class="article-text">
        M. A. Bakunin, 23 de enero de 1872
    </p><p class="article-text">
        Hemos le&iacute;do tanto a Marx que ya no sabemos interpretar sus textos. Hemos citado tanto a Marx, en cualquier situaci&oacute;n, con cualquier excusa, que hemos olvidado de d&oacute;nde provienen las citas y su utilidad pr&aacute;ctica. Cubiertos de polvo, en los estantes superiores, olvidados, los libros de Marx, origen jud&iacute;o, bautizado luterano, ateo, nos recuerdan con sus arrugas y subrayados otras &eacute;pocas, quiz&aacute; m&aacute;s felices, otras vidas. Como un lejano pariente, aquel que recorri&oacute; ciudades de Europa de exilio en exilio, penuria econ&oacute;mica, hasta morir, ap&aacute;trida, en el Londres victoriano, hacedor de lo social, maestro de la sospecha, el analista que entendi&oacute; lo real como el conjunto de circunstancias socio-materiales y relaciones sociales, nos mira, desde un peque&ntilde;o retrato, y se interroga incr&eacute;dulo, sobre nuestra actitud ante la primac&iacute;a pol&iacute;tica, casi una dictadura contable, del hegem&oacute;nico Reich neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        Marx no recuerda todo: tiene una confusa memoria del futuro. Muri&oacute; en 1883, un 14 de marzo. A su entierro, en el cementerio de Highgate, asisti&oacute; una docena, escasa, de personas. Alemania de Merkel: cuarto episodio de la saga. Y escrito en romanos da, si cabe, m&aacute;s miedo: IV Reich, el del ajuste, la explotaci&oacute;n y el recorte. &ldquo;Hab&iacute;a algo m&aacute;s que yo echaba en falta en las usuales valoraciones de Marx. Siempre se pon&iacute;a mucho &eacute;nfasis en el Marx pensador, el te&oacute;rico. Yo sabia que Marx fue un revolucionario extraordinariamente activo, primero como periodista rebelde en Alemania, despu&eacute;s dentro de las asociaciones de trabajadores en Par&iacute;s y en la Liga comunista de Bruselas.&rdquo;, escribe Howard Zinn en el pr&oacute;logo de <em>Marx en el Soho </em>(Hiru, 2002).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Le encontramos dormido suavemente en su sill&oacute;n, pero para siempre&rdquo;, dijo Engels en su entierro. Ten&iacute;a 64 a&ntilde;os. Hab&iacute;a nacido en Tr&eacute;veris (5 de mayo de 1818) y entendido, clarividencia cient&iacute;fica, antes, incluso, de la &ldquo;ruptura epistemol&oacute;gica&rdquo; de la que habl&oacute;, Bachelard al fondo, el bueno de -anda en el limbo- Louis Althusser, que la expansi&oacute;n de la burgues&iacute;a -la casta neoliberal- iba a ser necesariamente global. 
    </p><p class="article-text">
        En el <em>Manifiesto del Partido Comunista</em> (primera edici&oacute;n, Londres, febrero de 1848), dos j&oacute;venes, Engels anot&oacute; despu&eacute;s que la mayor&iacute;a de las ideas eran de Marx, intuyeron la inevitable globalizaci&oacute;n: &ldquo;la necesidad de una venta cada vez m&aacute;s expandida de sus productos lanza a la burgues&iacute;a a trav&eacute;s de todo el orbe. &Eacute;sta debe establecerse, instalarse y entablar vinculaciones por doquier. En virtud de su explotaci&oacute;n del mercado mundial, la burgues&iacute;a ha dado una conformaci&oacute;n cosmopolita a la producci&oacute;n y al consumo.&rdquo; El polvo acumulado, a medida que pasan las hojas, se eleva formando una cortina, una red, en el estadio actual de marasmo, de respuestas imprescindibles.
    </p><p class="article-text">
        Leer a Marx no es leer a Arist&oacute;teles. Marx es acci&oacute;n, movimiento transformador, cr&iacute;tica del Estado y de sus aparatos de coerci&oacute;n, la teor&iacute;a del valor y la plusval&iacute;a; Marx formular&aacute; tambi&eacute;n -Lenin ser&aacute; m&aacute;s concreto- el instante revolucionario, el <em>tempo</em> revolucionario, partiendo de que el car&aacute;cter de la sociedad est&aacute; determinado por su modo de producci&oacute;n. La socialdemocracia de tul e ilusi&oacute;n enterr&oacute; a Marx: c&aacute;tedras y seminarios analizaron, hasta el morfema, sus peligrosos trabajos. 
    </p><p class="article-text">
        Marx, venerable patriarca, escribi&oacute; -no sin iron&iacute;a- Anselmo Lorenzo. Can&oacute;nico, fosilizado, su obra es una estampita multicolor en el santuario de la Academia: un cad&aacute;ver exquisito. Pero el <em>Manifiesto</em> salta a los ojos, atraviesa coraz&oacute;n y cerebro, explica el mundo y concibe otro. A Marx, agudo periodista, le hubiera gustado verlo circular, fotocopiado o en soporte digital, por la emotiva pluralidad del 15M. He citado el <em>MPC</em> tomando una reliquia bibliogr&aacute;fica. La incompleta <em>OME</em>, volumen 9, Cr&iacute;tica, 1978, edici&oacute;n dirigida, tambi&eacute;n en el limbo, por Manuel Sacrist&aacute;n. Marx conoce el arranque del imperialismo e intuye la mundializaci&oacute;n del capital. De la crisis/estafa financiera, y de la repartici&oacute;n desigual de sus costes, humillaci&oacute;n al esclavizado Sur incluida, ya se encarga Alemania y sus sometidos gobiernos locales.
    </p><p class="article-text">
        Es posible que Angela Dorothea Kasner, se&ntilde;ora de Ulrich Merkel, f&iacute;sica por Leipzig (entonces RDA), Premio Carlomagno, estudiase cu&aacute;ntica y part&iacute;culas elementales viendo im&aacute;genes, retratos y bustos de Marx. Barba blanca, bigote levemente oscuro: le llamaban el Moro. La dama del rigor, igual que hizo la de hierro en GB, devuelve a Alemania al lugar que su <em>Volksgeist</em> cree que debe estar. Su estricta pol&iacute;tica de austeridad, una forma de protecci&oacute;n a su industria y banca, recuerda, quiz&aacute; demasiado, la patri&oacute;tica reacci&oacute;n ante la crisis de Weimar. 
    </p><p class="article-text">
        Marx lo explica mejor: &ldquo;Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dij&eacute;ramos, dos veces. Pero se olvid&oacute; de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.&rdquo; (<em>El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte</em>, Editorial Progreso, Mosc&uacute;, 1978). El IV Reich es la farsa neoliberal de un modelo en descomposici&oacute;n. El encendido romanticismo alem&aacute;n, frente a la racional ilustraci&oacute;n francesa, est&aacute; presente en el destino y la identidad nacional del (otro) pueblo elegido. Algo de esto describe, con acierto, <em>Modernidad y holocausto</em> (1989; en espa&ntilde;ol, Sequitur, 1997), el soci&oacute;logo Zymunt Bauman, antes de convertirse en el analista fetiche de las clases medias: Se&ntilde;or de lo L&iacute;quido.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Acaso no haya otro pa&iacute;s, salvo Turqu&iacute;a, tan poco conocido y err&oacute;neamente juzgado por Europa como Espa&ntilde;a&rdquo;, sintetiz&oacute; en un art&iacute;culo publicado en el New York Daily Tribune, el 21 de agosto de 1854. Una vez m&aacute;s, sus expresiones parecen escritas ayer, dirigidas contra el desprecio, racismo de clase, del Norte. Alejemos la idea del pensador en la torre de marfil; evitemos el anquilosamiento m&iacute;stico del cl&aacute;sico. Seamos irreverentes con Marx, atrevidos, y consideremos, igual que hac&iacute;an sus contempor&aacute;neos, amigos o enemigos, <em>Conversaciones con Marx y Engels</em> de H.M. Enzensberger (Anagrama, 1974), los trabajos, panfletos y cuerpo doctrinal como herramientas de generaci&oacute;n de conciencia y agitaci&oacute;n: instrumentos. 
    </p><p class="article-text">
        Marx es un pensador de la acci&oacute;n, para la acci&oacute;n, un aldabonazo en la estructura social y patrimonial de la segunda mitad del siglo XIX. Su lectura, hoy, contra el furor de las formas extremas de monetarismo, contra la idea de que no existe -fin de la Historia hegeliana- alternativa al capitalismo, desvela (y ridiculiza) el mito del pensamiento dominante. Con una leve adecuaci&oacute;n terminol&oacute;gica al presente, el Moro resurge como el indignado consciente, un militante de la transformaci&oacute;n que, adem&aacute;s de rodear el Congreso, agitar las burocracias de los partidos de izquierda y apuntarse a todas las plataformas posibles, asume la complejidad: nunca la derrota. Como dice el personaje Marx en la obra citada de Zinn: &ldquo;&iquest;No os hab&eacute;is preguntado nunca por qu&eacute; es necesario declararme muerto una y otra vez?&rdquo;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marx-iv-reich-neoliberal_129_5671190.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 May 2013 18:29:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Marx contra el IV Reich neoliberal]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Karl Marx,Angela Merkel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sciascia y la responsabilidad ciudadana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sciascia-responsabilidad-ciudadana_129_5662828.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/239c11d8-9f52-44b7-a582-190142ac328f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sciascia y la responsabilidad ciudadana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sciascia, lector voraz, contiene lo gris de Kafka, las paradojas de  Borges y la combativa alegría de vivir de don Quijote. Y escribe con  afilada navaja. La misma, imagino, con la que le cortaban el pelo en la  barbería de su pueblo o en un salón milanés.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Tiene raz&oacute;n Moravia: en Italia, la familia lo explica todo, lo justifica todo, lo es todo&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Leonardo Sciascia, <em>El caso Moro</em> (1978)
    </p><p class="article-text">
        Racalmuto, Agrigento, Sicilia. A lo lejos, hacia la costa, pasada la capital de la provincia y los templos de la Concordia y Juno Lacina, en Porto Empedocle, a menos de cuarenta kil&oacute;metros, aparece el mar color de vino adornado por &aacute;rboles frutales, limoneros con olores antiguos. Hacia el interior, caluroso en verano, se encuentra Caltanissetta, <em>Nissa</em> en siciliano, donde el joven Leonardo Sciascia (1921-1989), escritor considerado &ldquo;conciencia cr&iacute;tica de Italia&rdquo;, estudi&oacute; magisterio mientras le&iacute;a a Cervantes. O al rev&eacute;s, poco importa. Maestro durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, articulista, autor de falsas novelas negras o ejercicios literarios de &eacute;tica laica, agudo observador de Sicilia e Italia, dedic&oacute; una parte importante de su vida a la lucha contra la injusticia social, la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y la mafia. Referente intelectual, emocional, de un pueblo herido, sometido y abandonado a su suerte, Sciascia, camisa blanca o azul claro, terno oscuro, corbata, cigarrillo encendido, voz rota y suave, fue un ciudadano l&uacute;cido, comprometido con la realidad material que le rodeaba desde ni&ntilde;o, con una breve pero intensa carrera pol&iacute;tica (concejal de Palermo en 1975 por el PCI, abandon&oacute; el cargo dos a&ntilde;os despu&eacute;s; diputado, entre 1979 y 1983, por el Partido Radical, miembro de la Comisi&oacute;n de Investigaci&oacute;n sobre el Caso Moro), que ejerci&oacute; el atributo m&uacute;ltiple del ser social: se ocup&oacute; de la <em>res publica</em>.
    </p><p class="article-text">
        Paisaje y personajes, trama y an&eacute;cdota hist&oacute;rica, realidad y ficci&oacute;n, se mezclan. Como deber&iacute;an fundirse, en una democracia verdadera -Sciascia identifica con sabidur&iacute;a Constituci&oacute;n y Estado- las causas colectivas y las individuales, como el mar y la l&iacute;nea del horizonte. Tradiciones, etnolog&iacute;a, expresiones mafiosas, silencio c&oacute;mplice, la arm&oacute;nica aspereza del dialecto, las complejas relaciones familiares, aparecen, fogonazos de vida, negras sombras, en sus libros iniciales (<em>Las parroquias de Regalpetra</em>, 1956; <em>Los t&iacute;os de Sicilia</em>, 1958). La sobriedad de los colores de la tierra y la iron&iacute;a, no exenta de cr&iacute;tica, de sus personajes: inolvidable, por ejemplo, el padre Gaetano, <em>Todo Modo</em> (Bruguera, 1982; Tusquets, 1989) o el ausente f&iacute;sico Ettore Majorana, <em>La desaparici&oacute;n de Majorana</em> (Einaudi, 1975; Tusquets, 2007), presentes en sus novelas de costumbres o investigaci&oacute;n. Permanentes, estrellas fijas en una agrietada b&oacute;veda celeste, sus polic&iacute;as, investigadores, fiscales, al servicio de la Rep&uacute;blica, de la verdad, de la justicia, que acaban muertos o sepultados por la burocracia y las componendas partidistas, representan el espacio de lo p&uacute;blico y colectivo: el bien com&uacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la arbitrariedad y el caciquismo, discreta combinaci&oacute;n de mafia y cultura pol&iacute;tica siciliana, italiana, Sciascia se rebela contra el marasmo y asume una identidad plural, un articulado discurso p&uacute;blico, ciudadano an&oacute;nimo, enfrentado al destino de ser voz transparente. Una voz que clama contra el fondo de reptiles, contra los s&oacute;tanos del Estado. Sciascia, lector voraz, contiene lo gris de Kafka, las paradojas de Borges y la combativa alegr&iacute;a de vivir de don Quijote. Y escribe con afilada navaja. La misma, imagino, con la que le cortaban el pelo en la barber&iacute;a de su pueblo o en un sal&oacute;n milan&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Ateo capaz de comprender (y so&ntilde;ar) el sentido de la trascendencia, moralista influido por la Enciclopedia francesa, Sciascia combinar&aacute; los detallados estudios de car&aacute;cter hist&oacute;rico, <em>Muerte del inquisidor</em> (1964) o <em>Los apu&ntilde;aladores</em> (1976) con ensayos sobre Pirandello y la iconograf&iacute;a siciliana, pasando por sus <em>nouvelles</em> <em>noirs</em>, la mafia al fondo, como <em>El d&iacute;a de la lechuza</em> (1961) o <em>A cada cual lo suyo</em> (1966). Todo g&eacute;nero, la literatura, la palabra, le servir&aacute; para describir y analizar la deriva corrupta de las instituciones italianas hacia el caos y el fin de la pol&iacute;tica, entendida como el lugar de lo com&uacute;n, o la &ldquo;historia de la larga derrota de la raz&oacute;n&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Enemigo de la impostura, de toda forma de autismo social, la prosa de Sciascia -riqueza expresiva, riqueza tem&aacute;tica- es un profundo empe&ntilde;o, salpicado de ortigas y cerrojazos, por demoler la historia oficial, desvelar los meandros de la mentira y denunciar los excesos, acompa&ntilde;ados de asesinatos, de la raz&oacute;n de estado. <em>C&aacute;ndido o un sue&ntilde;o siciliano</em> (1977), ser&aacute; su respuesta al &ldquo;compromiso hist&oacute;rico&rdquo;, el intento de gran acuerdo nacional entre la Democracia Cristiana (DC) y el PCI. Con <em>El caso Moro </em>(1978), cr&oacute;nica de un crimen, el diputado radical enfrentar&aacute; a la sociedad ante sus fantasmas y a la poderosa DC ante su propia responsabilidad: &ldquo;Anoche, saliendo de paseo, vi una luci&eacute;rnaga en la grieta de un muro.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Publicado, con excepciones, por Bruguera Libro Amigo en los a&ntilde;os 80 y retomado por Tusquets Editores, con algunas nuevas traducciones, Leonardo Sciascia, cuya lectura invita a descorrer las cortinas de la oficialidad, ofrece una reflexi&oacute;n &eacute;tica e hist&oacute;rica sobre el lugar de Sicilia en el mundo -met&aacute;fora de muchos espacios imposibles-, un combate contra la omnipresencia de la mafia y sus conexiones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, y una apuesta solidaria, &iacute;ntegra y democr&aacute;tica, por los valores ciudadanos, democr&aacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a la absurda estatua paseante erigida en Racalmuto (comparable a la rid&iacute;cula de Pessoa, sentado, en Lisboa), solaz para el turista, iniciativa de concejal <em>letraherido</em>, se agita un modelo de escritor, casi desaparecido, cuyo <em>sguardo</em> sobre el mundo, fuerte carga ideol&oacute;gica y simb&oacute;lica, sigue siendo necesaria. Muerto en Palermo, noviembre de 1988, en plena y reflexiva madurez, sus libros, le&iacute;dos hoy, luminosos y &aacute;cidos, son un aldabonazo ante el colapso general de la democracia de partidos -secuestrada por mercados intangibles-, una democracia formal e irreal que agoniza ante el acecho de diferentes enfermedades, algunas mortales, de matriz neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        Narrador del sur, el hondo y aterrador sur (mucho m&aacute;s que una geograf&iacute;a), el sur ajeno a la industrializaci&oacute;n que el neorrealismo, <em>La terra trema</em> (Luchino Visconti, 1948), convirti&oacute; en antropol&oacute;gico espejo de miserias, es el territorio sentimental, pol&iacute;tico, de Sciascia. Contempor&aacute;neo de grandes y dispares autores como Vittorini, Pavese, Buzzati, Pasolini, Moravia, Bassani, Ottieri, Pratolini, Gadda o Calvino, entre otros, mantendr&aacute;, hasta sus &uacute;ltimos textos, <em>Una historia sencilla</em> (1989), la fortaleza de su mirada c&iacute;vica, &eacute;tica, ajena al ego&iacute;smo, sobre la vida comunitaria. Enemigo de la literatura como juego y punto de fuga, Sciascia nunca consider&oacute; su &ldquo;estar en el mundo literario&rdquo;, un refugio est&eacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vertebrado por el racionalismo ilustrado, Sciascia denunciaba la esclerosis cr&iacute;tica y propon&iacute;a una nueva mirada. La novela no es otra cosa que la propuesta de una mirada sobre la realidad reorganizada mediante las palabras&rdquo;, escribi&oacute; con acierto V&aacute;zquez Montalb&aacute;n. En Racalmuto la estatua de Sciascia, pese a su falso movimiento, permanece inm&oacute;vil. Como la sociedad. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sciascia-responsabilidad-ciudadana_129_5662828.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 May 2013 21:42:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sciascia y la responsabilidad ciudadana]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lenin y la organización de las emociones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lenin-organizacion-emociones_129_5644834.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d0c534c2-7f80-4af9-b8d7-39f403954e04_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lenin y la organización de las emociones"></p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Creo que la gente sabe perfectamente que le est&aacute;n enga&ntilde;ando y estafando, pero la mayor&iacute;a tiene demasiado miedo o est&aacute;n demasiado c&oacute;modos para decir algo.&rdquo; </em>
    </p><p class="article-text">
        Maj Sj&ouml;wall / Per Wahl&ouml;&ouml;, <em>Los terroristas</em> (1975)
    </p><p class="article-text">
        Desaparecida la conciencia de clase, nuestras vidas de incertidumbre, dominadas por la subjetividad y las emociones, han perdido el sentido social, constitutivo de lo com&uacute;n. La exaltaci&oacute;n de la individualidad, la exagerada identidad de s&iacute; y la (falsa) facultad de elecci&oacute;n han hecho de nuestras sociedades modernas un extra&ntilde;o conjunto de miedos, frivolidad y mercantilizaci&oacute;n de lo cotidiano. El exceso y la aceleraci&oacute;n, la frustraci&oacute;n y la precariedad laboral han barrido las formas tradicionales de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica. Frente al neoliberalismo y su tendencia a la destrucci&oacute;n de lo adquirido, surgen formas de protesta desconocidas hasta la fecha. 
    </p><p class="article-text">
        Los partidos de la izquierda alternativa y los antiguos sindicatos de clase, golpeados en el 15-M, est&aacute;n perdiendo, poco a poco, su protagonismo en la vida diaria. Ausente la cohesi&oacute;n de clase, asociada al mundo de trabajo, al <em>fordismo</em> y la producci&oacute;n, las batallas actuales (sanidad y educaci&oacute;n, desahucios, desempleo, entre otras) se llevan a cabo con estrategias diferentes. Es preciso, por tanto, una nueva mirada horizontal, reticular, plural, capaz de afrontar los desaf&iacute;os del presente: una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica de las emociones.
    </p><p class="article-text">
        V. I. Ulianov, Lenin, (1870-1924), en el c&eacute;lebre <em>Qu&eacute; hacer</em> (1902), cuyo origen se encuentra en un art&iacute;culo publicado en <em>Iskra</em> (<em>&iquest;Por d&oacute;nde empezar?, </em>mayo de 1901), plantea, casi por primera vez en la teor&iacute;a de los partidos, la organizaci&oacute;n de una estructura pol&iacute;tica combatiente, reflejo de las tensiones, formada, en parte al menos, por revolucionarios profesionales: agentes activos movilizadores, catalizadores. Un modelo de partido, anterior a la insurgencia bolchevique de 1917, del que todav&iacute;a es posible extraer, pese al tiempo transcurrido, numerosas conclusiones &uacute;tiles para la pr&aacute;ctica actual: una estructura flexible, atravesada por una idea com&uacute;n, cuyo proceso de toma de decisi&oacute;n sea alimentado, en rigor, por los impulsos de realidad recibidos por las extremidades de los tent&aacute;culos. 
    </p><p class="article-text">
        Como dice Constantino B&eacute;rtolo en la antolog&iacute;a <em>Lenin. El revolucionario que no sab&iacute;a demasiado</em> (Catarata, 2012), &ldquo;lo que Lenin pretende es una organizaci&oacute;n capaz de responder a la emergencia de lo nuevo&rdquo;. En este caso, despu&eacute;s del 15-M y la espontaneidad de algunos movimientos, lo novedoso ser&iacute;a comprender -desde las asociaciones de afectados hasta los defensores de lo p&uacute;blico- c&oacute;mo influye lo emocional en la acci&oacute;n y c&oacute;mo es posible articular estas sensaciones, trasmisoras de sentido, que tocan con las manos los problemas reales, concretos.
    </p><p class="article-text">
        Tras muchos esfuerzos y muertos, el &ldquo;capitalismo de ficci&oacute;n&rdquo;, al decir de Vicente Verd&uacute; (<em>El estilo del mundo</em>, Anagrama, 2003), ha alcanzado un estado de perfecci&oacute;n ideal: el presente continuo. Un tiempo lineal e indeterminado, asociado a la emotividad del presente, que se prolonga hacia el infinito mientras dibuja una sucesi&oacute;n de im&aacute;genes que se repiten: pese a la apariencia de novedad, los patrones y valores permanecen. 
    </p><p class="article-text">
        Instalados en la <em>objetividad</em> y <em>pureza</em> del sistema mundial de reproducci&oacute;n de s&iacute;mbolos, anclados en la fortaleza -escaparate de vanidades e intercambio- de la ideolog&iacute;a del presente eterno, <em>continuum</em>, las vidas transitan los mismos caminos, las mismas trilladas sendas. Somos copias deformes de nosotros mismos -empresarios de nosotros mismos escribi&oacute; Foucault-, variaciones de sumisi&oacute;n y el silencio. 
    </p><p class="article-text">
        El Estado ideal, ese mundo absoluto concebido por Hegel, cincelado por los neoliberales, ha alcanzado la tierra prometida: el final. Este es el espacio de combate: un desierto pavimentado de apariencia de realidad. La tarea parece imposible: romper la armon&iacute;a preestablecida -el perpetuo movimiento del beneficio- y asaltar la b&oacute;veda de la racionalidad del capitalismo tard&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        Las constantes luchas actuales est&aacute;n demostrando que se imponen formas de organizaci&oacute;n adaptables al terreno. Formas sensibles, moldeables, organizaciones <em>l&iacute;quidas</em> que cuestionen, desde la ra&iacute;z, la primac&iacute;a del <em>surfeo</em> permanente que nos impone el consumo y la precariedad. Ante el enemigo fijo del pasado, las organizaciones f&eacute;rreas cumplieron su misi&oacute;n de ariete. En la actualidad, cuando el poder se ha diluido en la esfera de lo intangible, los mercados, las organizaciones tienen que limar sus formas cl&aacute;sicas hasta convertirse en reflejo de esa misma intangibilidad. Si la lucha pol&iacute;tica actual tiene un fuerte componente de descontento social y emocional, la estructura combatiente tiene que albergar tambi&eacute;n lo emocional. Emoci&oacute;n y pol&iacute;tica ya no pueden separarse.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La conciencia pol&iacute;tica de clase no se le puede aportar al obrero <em>m&aacute;s que desde el exterior</em>, esto es, desde fuera de la lucha econ&oacute;mica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La &uacute;nica esfera en que se pueden encontrar estos conocimientos es la esfera de las relaciones de <em>todas</em> las clases y capas con el Estado y el Gobierno, la esfera de las relaciones de <em>todas </em>las clases entre s&iacute;&rdquo;. Con esta claridad se expresaba Lenin, febrero de 1902, en el antes mencionado <em>Qu&eacute; hacer</em> (Obras, tomo V, Editorial Progreso, Mosc&uacute;, 5&ordf; ed.). 
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de las perversas interpretaciones enunciadas por B&eacute;rtolo en su <em>Antolog&iacute;a</em> (que tendr&iacute;an que ver con la asunci&oacute;n del partido revolucionario de las tareas de acci&oacute;n y conciencia del propio proletariado), urge adaptar esta mirada sobre las relaciones de todas las clases entre s&iacute; al momento presente para hacer de las ideas de Lenin un cuerpo te&oacute;rico vivo, &uacute;til. Cr&iacute;tico con la espontaneidad, con lo emocional-pol&iacute;tico, parece necesario, sin embargo, hoy, fundida la estructura de clases dominadas en una especie de <em>multitudo</em> precaria y agonizante, <em>Repensar Lenin</em> (Slavoj Zizek, Akal, 2004), en el contexto de esta nueva horizontalidad creativa que est&aacute;n imponiendo en la esfera p&uacute;blica los diversos movimientos de protesta. Desde las redes sociales, que facilitan la acci&oacute;n (rodeando el Congreso, por ejemplo), hasta las mareas en defensa de la sanidad y la educaci&oacute;n, y los escraches, la acci&oacute;n est&aacute; tomando caminos insospechados.
    </p><p class="article-text">
        La emotividad, que rige una parte esencial de la lucha pol&iacute;tica como se vio en el 15-M, no puede limitarse al subjetivismo y el mero voluntarismo. La multitud precaria est&aacute; adquiriendo, frente a la barbarie de los recortes, una definitiva conciencia de su potencial transformador. Inmersos en la mercadotecnia como ideolog&iacute;a omnicomprensiva, respiramos el aire de la publicidad que, con descaro, satisface los deseos primarios. La fr&aacute;gil y feliz sociedad del consumo y el cr&eacute;dito agoniza. 
    </p><p class="article-text">
        Igual que Lenin, un &ldquo;centrista&rdquo; en el seno de su organizaci&oacute;n, se subi&oacute; a un vag&oacute;n en la Estaci&oacute;n de Finlandia la noche del 3 de abril de 1917 y proclam&oacute; el modo revolucionario (Tesis de abril), los partidos de la izquierda alternativa deben subirse en sus respectivos vagones, abandonar los palacios de Invierno de las burocracias y pensar en una organizaci&oacute;n combativa, dispuesta para la transformaci&oacute;n, de las emociones. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lenin-organizacion-emociones_129_5644834.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 20 Apr 2013 17:56:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lenin y la organización de las emociones]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rodolfo Walsh y la ametralladora de escribir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rodolfo-walsh-ametralladora-escribir_129_5629710.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f1af0b86-e3bc-45ea-a19f-2f770ea4aaf2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rodolfo Walsh y la ametralladora de escribir"></p><p class="article-text">
        &ldquo;A nosotros nos tocar&aacute; desmontar alguna de las rueditas del engranaje. Lo haremos con mucho placer.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        R. Walsh, <em>Voz Popular</em>, octubre, 1961
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me lleg&oacute; en forma casual, a fines de ese a&ntilde;o, en un caf&eacute; de La Plata donde se jugaba al ajedrez, se hablaba m&aacute;s de Keres o Nimzovitch que de Aramburu y Rojas, y la &uacute;nica maniobra militar que gozaba de alg&uacute;n renombre era el ataque a la bayoneta de Schlechter en la apertura siciliana.&rdquo; As&iacute;, con precisi&oacute;n de platero, arranca <em>Operaci&oacute;n Masacre</em> (1957), de Rodolfo Walsh (1927-1977), escritor y periodista argentino, fundador de eso que la cr&iacute;tica norteamericana llamar&iacute;a -a&ntilde;os despu&eacute;s- gracias, sobre todo, a Truman Capote,<em> A sangre fr&iacute;a</em> (1966), &ldquo;nuevo periodismo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Se confund&iacute;an. Rodolfo Walsh, mitad de los cincuenta (&ldquo;si mi pluma valiera tu pistola de capit&aacute;n&rdquo;, escribi&oacute; Machado a L&iacute;ster), ya era un combatiente dotado de una exquisita t&eacute;cnica narrativa, mezcla de periodismo de investigaci&oacute;n y estrategias de novela negra:<em> nonfiction novel</em>. Comprometido con la verdad, rara cualidad en el periodismo actual (por m&uacute;ltiples y diversas razones), Walsh, desminti&oacute;, una vez m&aacute;s, con estos reportajes, &ldquo;el mito de la objetividad period&iacute;stica&rdquo;, el mito de la equidistancia. V&iacute;ctima y verdugo no pueden tener el mismo tratamiento, el mismo espacio.
    </p><p class="article-text">
        La prensa vive momentos de incertidumbre que la crisis financiera ha magnificado. El modelo cl&aacute;sico de negocio -con perd&oacute;n- del papel pierde lectores tanto por la irrupci&oacute;n masiva de nuevas tecnolog&iacute;as y otras formas de comunicaci&oacute;n, con sus &aacute;giles soportes, como por la ca&iacute;da, importante, de los ingresos publicitarios. Por debajo, r&iacute;o negro, circula, sombra del poder, la evidente p&eacute;rdida de legitimidad de los grandes medios de comunicaci&oacute;n, valor moral, intangible, que ha pasado a ciertas ventanas digitales cuyo capital social no est&aacute; inmerso, en principio, en grandes especulaciones burs&aacute;tiles y financieras. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Nadie es neutral en un tren en marcha</em>, titul&oacute; el historiador Howard Zinn su autobiograf&iacute;a. Este postulado, contra la neutralidad, contra la supuesta imparcialidad del periodismo (que no deber&iacute;a ser otra cosa que el reflejo de la realidad, sin m&aacute;s mediaci&oacute;n que el contexto, la veracidad -probada- de los hechos y la mirada), fue uno de los enunciados que, con intensidad, defendi&oacute; Walsh a lo largo de su agitada, y sin embargo corta, carrera profesional.
    </p><p class="article-text">
        Armado con una m&aacute;quina de escribir, Underwood color ceniza, bayoneta calada contra la impostura, cofundador, con Garc&iacute;a M&aacute;rquez, entre otros, en La Habana, por encargo de Ernesto Guevara, de la Agencia de Prensa Latina en 1959 y, tras el golpe militar de Videla, de la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA, 1976), militante cr&iacute;tico <em>montonero</em>, Walsh vuelve despacio a las librer&iacute;as en excelentes ediciones (<em>Operaci&oacute;n Masacre</em>, 451 Editores, 2008; <em>&iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; a Rosendo?</em>, 451 Editores, 2010; <em>Cuentos completos</em>, Veintisieteletras, 2010; <em>El violento oficio de escribir</em>, 451 Editores, 2011), libros que permiten descubrir, m&aacute;s all&aacute; de la calidad de su prosa, que existe otra forma de contar las cosas y que la realidad, o eso que se conoce por realidad, no es solo un interesado teletipo procedente de una poderosa agencia de prensa. 
    </p><p class="article-text">
        Entre W.R. Hearst, due&ntilde;o de casi treinta peri&oacute;dicos de car&aacute;cter nacional, radios y revistas en EE UU. alrededor de 1945, y Silvio Berlusconi, con su colorido imperio medi&aacute;tico y sexual a cuestas, no existen diferencias mayores: ambos han usado su poder medi&aacute;tico para orientar la opini&oacute;n p&uacute;blica en beneficio personal o pol&iacute;tico. En Espa&ntilde;a no ser&iacute;a dif&iacute;cil, escalar menor, encontrar concomitancias parecidas. La mano de la interesada desinformaci&oacute;n es alargada.
    </p><p class="article-text">
        Leonardo Padura, en el pr&oacute;logo a la edici&oacute;n cubana de <em>Operaci&oacute;n Masacre</em> y <em>&iquest;Qui&eacute;n mat&oacute; a Rosendo?,</em> Fondo Editorial Casa de las Am&eacute;ricas (2006), escrib&iacute;a: &ldquo;Rodolfo Walsh, como Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Capote o Norman Mailer, cada uno desde sus necesidades y objetivos, desde sus experiencias y capacidades, se impusieron a conciencia no a la violaci&oacute;n de principios establecidos para el periodismo, sino su enriquecimiento, su dignificaci&oacute;n.&rdquo; Esta podr&iacute;a ser una de las claves del periodismo de calidad que cualquier democracia requiere para su natural funcionamiento. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, resulta notorio que cuando el periodista vela m&aacute;s por el respeto a su empresa (y l&iacute;nea editorial) que a la verdad, la informaci&oacute;n, tal cual, desaparece. <em>Amicus Plato, sed magis amica veritas</em>. &ldquo;El respeto por la experiencia humana, la comprensi&oacute;n que surge de una solidaria comprensi&oacute;n del otro, el conocimiento adquirido y divulgado a trav&eacute;s de la honestidad moral e intelectual: seguramente estos son en la actualidad objetivos menores, e incluso m&aacute;s asequibles, que el reduccionismo que surge de la confrontaci&oacute;n y la hostilidad&rdquo;, se puede leer en la Introducci&oacute;n, fechada en 1981, de Edward W. Said, de su libro <em>Cubriendo el Islam</em>. 
    </p><p class="article-text">
        El periodismo, hoy, deber&iacute;a ser redefinido, pese a las diferentes formas de censura, como la conciencia imprescindible para la comprensi&oacute;n del mundo.
    </p><p class="article-text">
        En una sociedad dominada por el artificio y el inter&eacute;s, secuestrada por contratos de vasallaje (y fidelidad) impuestos por los consejos de administraci&oacute;n, esencia jur&iacute;dica del nuevo feudalismo, no parece que el periodismo, como lo entend&iacute;a Walsh, tenga demasiado espacio. Frente a este despotismo de la falsedad, el autor de <em>Carta abierta a la Junta Militar</em>, levant&oacute; un monumento a la verdad, a la participaci&oacute;n del cuerpo social en la cadena de informaci&oacute;n, entendida como una toma de conciencia colectiva -a modo de una ontolog&iacute;a de clase- para afrontar la realidad. Es dif&iacute;cil acceder a la libertad de pensamiento y acci&oacute;n sin una informaci&oacute;n veraz. 
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, resulta imprescindible recordar aqu&iacute; que, en 1976, las notas e informaciones de ANCLA y Cadena Informativa arrancaban con esta definitiva leyenda: &ldquo;Reproduzca esta informaci&oacute;n, h&aacute;gala circular por los medios a su alcance: a mano, a m&aacute;quina, a mime&oacute;grafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estar&aacute;n esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicaci&oacute;n. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacci&oacute;n moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta informaci&oacute;n.&rdquo; La actualidad de ciertos textos, aunque el tiempo hist&oacute;rico y las circunstancias sean diferentes, provoca miedo. Todav&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Para escribir hace falta valor y, para tener valor, hace falta tener valores. Sin valores, m&aacute;s vale callar&rdquo;, anota Pascual Serrano, uno de los periodistas independientes de mayor prestigio en la actualidad. En la nota inicial a <em>Los irlandeses</em>, tres cuentos recogidos por El Aleph (2007), el escritor y cr&iacute;tico Ricardo Piglia cita unas palabras del <em>Diario</em> de Walsh: &ldquo;A un hombre riguroso le resulta cada a&ntilde;o m&aacute;s dif&iacute;cil decir cualquier cosa sin abrigar la sospecha de que miente o se equivoca&rdquo;. Consigna de orden o epitafio, esta afirmaci&oacute;n deber&iacute;a presidir, pese a las presiones y el miedo, la actividad period&iacute;stica. Quiz&aacute;, siguiendo esta l&iacute;nea de comportamiento, su recuperaci&oacute;n, necesaria, sea todav&iacute;a posible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rodolfo-walsh-ametralladora-escribir_129_5629710.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Apr 2013 18:02:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rodolfo Walsh y la ametralladora de escribir]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Malraux y la memoria del presente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/malraux-memoria-presente_129_5614511.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>&ldquo;Frente a lo desconocido, algunos sue&ntilde;os nuestros </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>no tienen menos significado que nuestros recuerdos&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Andr&eacute; Malraux,<em> Antimemorias</em> (1967)
    </p><p class="article-text">
        Es complejo vivir, en el espacio social de la democracia, sin el armaz&oacute;n estructural del pasado. Sin conocer los lazos que nos unen con el suelo que pisamos, sin las leyendas que riegan nuestro tejido cultural. La memoria individual (recuerdos y sensaciones) y la memoria hist&oacute;rica (reconocimiento y asunci&oacute;n de lo ocurrido) componen la red simb&oacute;lica de nuestro presente. Sociedades, como la nuestra, que desconocen su Historia reciente -amputada hace a&ntilde;os de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, negada por las instituciones-, carecen del sentido del tiempo, ignoran su identidad y est&aacute;n a merced de narraciones falsificadas, ideologemas convertidos en dogmas: el discurso &uacute;nico de la raz&oacute;n (instrumental) de estado. Ante el caos de las ficciones paralelas, contradictorias, carentes de sustrato real, alimentadas por la subjetividad, frente a la impostura del hurac&aacute;n de la novedad, se alza la Historia com&uacute;n, un valor superior, incluso, al propio inter&eacute;s com&uacute;n: &ldquo;la tradici&oacute;n no se hereda, se conquista&rdquo;, escribi&oacute; Malraux.
    </p><p class="article-text">
        Nacido para la acci&oacute;n y la recreaci&oacute;n de la memoria, Andr&eacute; Malraux (1901-1976), sincopado enfermo de Tourette, aventurero en Oriente y &Aacute;frica, escritor dotado para las met&aacute;foras imposibles y las comparaciones inauditas, Premio Goncourt 1933 por <em>La condici&oacute;n humana</em>, resistente y Ministro de Cultura (1958-1969) del general De Gaulle, reposa, esencia de la <em>grandeur</em>, en el Pante&oacute;n de Par&iacute;s, coraz&oacute;n moral e intelectual del Barrio Latino. Escoltado, entre otros, por Rousseau, Voltaire, Zola, Hugo y Dumas, una detenida mirada a su obra permite, hoy, cuando los mitos modernos son anuncios publicitarios y la reflexi&oacute;n ha sido sustituida por la banalidad del yo, una mirada consciente sobre la memoria del presente: la herramienta m&aacute;s eficaz, quiz&aacute; la &uacute;nica, contra la barbarie neoliberal.    
    </p><p class="article-text">
        Toda lectura del pasado, todo recuerdo com&uacute;n, es una necesaria ficci&oacute;n sustentada sobre la tr&aacute;gica tozudez de unos datos objetivos, historiogr&aacute;ficos, irrefutables, que nos impide mentir. El conocimiento interiorizado de la guerra y posguerra de Espa&ntilde;a, de la represi&oacute;n, del entramado corrupto y sanguinario del r&eacute;gimen nacional-cat&oacute;lico, de las luces y sombras de la Transici&oacute;n, es el salvoconducto que la sociedad democr&aacute;tica requiere para acceder al instante constitutivo (y constituyente) de lo com&uacute;n. Sin memoria colectiva, no hay comunidad. Y sin comunidad no existe la posibilidad de articular alternativas concretas al hurac&aacute;n destructor de la mercantilizaci&oacute;n. Malraux, durante la guerra de Espa&ntilde;a, l&iacute;rico antifascista, guerrera de cuero, boina de medio lado, combati&oacute; con una escuadrilla a&eacute;rea organizada por &eacute;l, que no era piloto, ni mec&aacute;nico, siendo nombrado por el Gobierno teniente coronel. 
    </p><p class="article-text">
        Ante la r&iacute;gida disciplina de las Brigadas Internacionales (Andr&eacute; Marty y Palmiro Togliatti al mando en Albacete), se neg&oacute; a recibir &oacute;rdenes que no provinieran del general Hidalgo de Cisneros, jefe de la Aviaci&oacute;n republicana. Filocomunista, Coronel Berger en la Brigada Alsacia-Lorena, gaullista, fascinado por Mao, embajador plenipotenciario de la cultura francesa en el mundo, ladr&oacute;n y falsificador, en su juventud, de obras de arte en Asia, so&ntilde;ador en Tombuct&uacute;, tras las huellas de la Reina de Saba: era un joven <em>gauchiste</em> de esp&iacute;ritu libre. Ante preguntas hostiles sobre su pasado reinventado hubiera respondido: <em>Pap&aacute; est&aacute; en viaje de negocios</em>. Malraux sabe que la memoria de las gestas, de las acciones heroicas, el asalto a la tradici&oacute;n conservadora, es la mejor contribuci&oacute;n a la estabilidad y riqueza de las naciones: su l&oacute;gica de progreso. Su &uacute;ltimo error (cometi&oacute;, sin duda, m&aacute;s de uno), fue, quiz&aacute; por edad o hast&iacute;o, por falta de visi&oacute;n estrat&eacute;gica, no ponerse al frente -una vuelta de tuerca m&aacute;s- de las reivindicaciones de Mayo 68. El error del gaullismo social: su suicidio pol&iacute;tico. Un personal canto del cisne, <em>la otra ceremonia del adi&oacute;s</em>, de un vanguardista que no supo ver el fin de su &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Malraux escrib&iacute;a libros, art&iacute;culos, daba conferencias, viajaba por el mundo envuelto en la gloria revolucionaria de la tricolor y, en nombre del General, viv&iacute;a, noche y d&iacute;a, insomne de tabaco y conversaci&oacute;n, como si fuera el &uacute;ltimo. Inventaba, exageraba; hac&iacute;a m&aacute;s grande lo hermoso, significativo lo anecd&oacute;tico y elevaba a categor&iacute;a de teor&iacute;a est&eacute;tica una mirada o una puesta de sol sentado, pitillo en mano, en las escaleras de un templo camboyano o en la serran&iacute;a de M&aacute;laga, disfrazado de ceniza y guerrilla. Como dijo en la oraci&oacute;n f&uacute;nebre con motivo del traslado de Jean Moulin al Pante&oacute;n, 1964: &ldquo;la Resistencia se ha convertido en un universo de limbos en que la leyenda se mezcla con la organizaci&oacute;n.&rdquo; Malraux, un desapacible 19 de diciembre, ante las autoridades y el pueblo resistente, se alza como conciencia audaz, c&iacute;vica, de la Rep&uacute;blica, de cualquier rep&uacute;blica de ciudadanos libres con memoria.
    </p><p class="article-text">
        La obra de Malraux, anclada en el tiempo es, sin embargo, un periplo por la modernidad cr&iacute;tica, un ejemplo de c&oacute;mo escribir el siglo en el siglo, dentro de &eacute;l, sin caer en un historicismo de cart&oacute;n ni en impostadas versiones edulcoradas de los hechos. Escribir es combatir la amnesia, un instrumento de combate. Malraux miente, fabula, porque sabe que la mentira forma parte de la historia de la tradici&oacute;n. Y miente, escritor y pol&iacute;tico, porque sabe que en el reverso de las cosas se haya la otra parte de cualquier verdad. En este sentido, la lectura de <em>La esperanza</em> (Gallimard, 1937, varias ediciones en castellano), novela consagrada a su participaci&oacute;n en la guerra de Espa&ntilde;a, ilustra, mejor que cualquier an&aacute;lisis, la esencia dram&aacute;tica que supone, para Malraux, la escritura del presente. Huye de las formas convencionales, torrente sem&aacute;ntico, sintaxis de ametralladora, para enmarcar los s&iacute;mbolos como eje l&oacute;gico de toda construcci&oacute;n literaria, humana, pol&iacute;tica. &ldquo;Malraux actu&oacute; con pasi&oacute;n&rdquo;, recuerda Olivier Todd en su monumental biograf&iacute;a (Tusquets, 2002), del ronco y prof&eacute;tico escritor.
    </p><p class="article-text">
        La invenci&oacute;n de la memoria colectiva es un &ldquo;apocalipsis de fraternidad&rdquo; o no es nada. Malraux, aturdido por la fiebre revolucionaria de Saint-Just, imaginaba la memoria com&uacute;n como el conjunto de elementos hist&oacute;ricos -un engranaje impregnado de verdad- de una sociedad en un tiempo concreto. La memoria de Espa&ntilde;a, de sus pluralidades, es la ilusi&oacute;n dormida de un tiempo consumido, <em>le temps de cerises</em>; una juventud destrozada, atada a la pata de una silla de un colegio religioso por ser zurda.   
    </p><p class="article-text">
        El 16 de marzo de 1943, Andr&eacute; Gide, mandar&iacute;n de la cultura europea, que hab&iacute;a le&iacute;do con admiraci&oacute;n tres obras de Dashiell Hammet, <em>Cosecha roja</em>, <em>El halc&oacute;n malt&eacute;s </em>y <em>El hombre delgado</em>, anota en su diario que Malraux le hab&iacute;a recomendado &ldquo;calurosamente&rdquo; la lectura de <em>La llave de cristal</em>. Otro ejemplo, uno m&aacute;s, de la necesidad humana, literaria y pol&iacute;tica, de articular la memoria del presente. Esa llave de cristal que deber&iacute;a abrir el cofre de las ideas comunes y cerrar, para siempre, el ba&uacute;l del interesado olvido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/malraux-memoria-presente_129_5614511.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Mar 2013 18:10:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Malraux y la memoria del presente]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lázaro de Tormes: corrupción, mentiras y oro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lazaro-tormes-corrupcion-mentiras-oro_129_5600592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>&ldquo;Yo oro ni plata no te lo puedo dar, m&aacute;s avisos para vivir muchos te mostrar&eacute;&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        Lazarillo de Tormes (1554)
    </p><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n, extendida como la peste que asol&oacute; Europa en el siglo XIV, es uno de los males de nuestra &eacute;poca. Una enfermedad pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y social, vicio de corte y aldea, que pone en peligro, en tiempos de incertidumbre y descr&eacute;dito de las instituciones  y los partidos, la democracia de mercado. Entre nosotros, enquistada tradici&oacute;n hist&oacute;rica, sus formas son variadas, tan ricas y diversas, que ser&iacute;a imposible establecer una tipolog&iacute;a precisa del fen&oacute;meno.
    </p><p class="article-text">
        Desde el soborno al concejal de urbanismo para que recalifique unos terrenos y, de paso, coloque en el ayuntamiento a un pariente, a los grandes montajes financieros, con sus testaferros de plomo, sociedades interpuestas y para&iacute;sos fiscales, pasando por el apuesto yerno del Rey, de profesi&oacute;n sus balonmanos y fundaciones deportivas sin &aacute;nimo de lucro, con docenas de correos electr&oacute;nicos y cortesanas descalzas en funciones de intermediaci&oacute;n (<em>Hola</em>, 6 de marzo, 2013, p&aacute;ginas 72 y 73), para terminar en el Partido Popular, <em>neocon</em>, tardofranquista y reaccionario, carro&ntilde;era gaviota &aacute;vida de recortes, rodeado por la alargada sombra, casi de cipr&eacute;s, del caso G&uuml;rtel, la compa&ntilde;&iacute;a del Bigotes y el esquiador B&aacute;rcenas.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de la sobriedad castellana o de la p&oacute;lvora valenciana, se recomienda seguir, el caso Millet y el <em>Palau</em> de la M&uacute;sica de Barcelona, los negocios de los descendientes del matrimonio Pujol-Ferrusola, con la aparici&oacute;n estelar de la amante de un v&aacute;stago, o el reciente arreglo judicial (y contable) de <em>Uni&oacute; Democr&agrave;tica de Catalunya</em> por la trama Pallerols: cosas de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a auton&oacute;mica. Al sur, que tambi&eacute;n existe, los ERES; al noreste, Jos&eacute;, <em>Pepi&ntilde;o</em>, Blanco, diputado del PSOE por Lugo, Gran Cruz de la Orden de Carlos III, <em>Operaci&oacute;n</em> <em>Campe&oacute;n</em>, de parranda por gasolineras. La Espa&ntilde;a plural es una fiesta. Pese a esta r&aacute;pida enumeraci&oacute;n -hay muchos m&aacute;s casos abiertos- nunca fue la corrupci&oacute;n actividad mal vista. Quiz&aacute; sea nuestro sustrato cat&oacute;lico, perd&oacute;n por confesi&oacute;n, tres <em>padresnuestros</em> y a otra cosa, frente a la rigidez, ilustr&oacute; Max Weber, del capitalismo protestante.   
    </p><p class="article-text">
        El presente se hace eterno. En el agitado siglo XVI, umbral del XVII, Espa&ntilde;a era un mundo ruin habitado por p&iacute;caros y rufianes, mortecinos cl&eacute;rigos, hidalgos de miseria, pobres y prostitutas; una sociedad de condenados de la tierra que el estado autoritario e imperial, alimentado por el se&ntilde;uelo de las riquezas de Am&eacute;rica, pretend&iacute;a ocultar. El pa&iacute;s se resquebrajaba dejando al descubierto una fragilidad pol&iacute;tica, antesala del barroco que se retuerce en su esencia cat&oacute;lica, con L&aacute;zaro de Tormes (bajo el adjetivo &ldquo;picaresca&rdquo; discurre una novela materialista, erasmista, anticlerical), tratando de sobrevivir en la angostura toledana. Sof&iacute;a de Grecia, la princesa favorita de Franco, abnegada esposa, madre entregada y Reina de Espa&ntilde;a, acude, hace unos d&iacute;as, al Cristo de Medinaceli, una iglesia junto al Hotel Palace, Madrid, vestida de viernes y milagro, ovaci&oacute;n y cari&ntilde;o de las beatas, por aquello de pedir tres deseos y cambiar la suerte: &ldquo;estos son mis poderes&rdquo;, dijo el Cardenal Cisneros.
    </p><p class="article-text">
        Publicado en 1934, Universidad de Harvard, <em>El tesoro americano y la revoluci&oacute;n de los precios en Espa&ntilde;a, 1501-1650 </em>(Ed. Ariel, varias ediciones) del profesor Earl J. Hamilton, brillante hispanista y fundador de la corriente <em>cuantitativista</em> de la historia econ&oacute;mica es, junto al an&oacute;nimo <em>Lazarillo de Tormes </em>(1554), la novela <em>Guzm&aacute;n de Alfarache</em> de Mateo Alem&aacute;n (1599, segunda parte impresa en 1604) y <em>Rinconete y Cortadillo</em> (de la serie <em>Novelas ejemplares</em>, 1613), de Cervantes, uno de los textos esenciales para entender la evoluci&oacute;n de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola desde 1501, origen de nuestra ruina, as&iacute; como para imaginar una intrahistoria paralela de la corrupci&oacute;n. Que el declive econ&oacute;mico de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica coincidiera, d&eacute;cada arriba, d&eacute;cada abajo, con el inicio del Concilio de Trento (1545), la Contrarreforma que supuso una renovada potencia pol&iacute;tica para la Iglesia Cat&oacute;lica, que este Concilio supusiera la reinstauraci&oacute;n de la Inquisici&oacute;n (vigente en Espa&ntilde;a desde 1478), con el nombre de Santo Oficio, con el uso leg&iacute;timo de la tortura para obtener confesiones, y que este Concilio, concluido en 1563, supusiera la creaci&oacute;n del &ldquo;&Iacute;ndice de libros prohibidos&rdquo; (1557) son solo coincidencias nefastas.
    </p><p class="article-text">
        Sumergido en los archivos, contable de una historia imposible que destroz&oacute; el incipiente desarrollo econ&oacute;mico nacional, Hamilton destaca que &ldquo;derramados sobre Europa en cantidades gigantescas, el oro y la plata americanos precipitaron la revoluci&oacute;n de los precios, la cual a su vez influy&oacute; de forma decisiva en la transformaci&oacute;n de las instituciones sociales y econ&oacute;micas en los dos primeros siglos de la Edad Moderna&rdquo;. Sevilla era la capital del tesoro; el r&iacute;o Guadalquivir, te&ntilde;ido de oro y plata. Los Reyes Cat&oacute;licos y los primeros (y delirantes) Austrias concedieron a la ciudad el monopolio del comercio y el control, por medio de la Casa de Contrataci&oacute;n, de los metales entrantes. La fractura social se increment&oacute;. La corrupci&oacute;n, de peque&ntilde;o bolsillo y de Estado, que ven&iacute;a germinando, floreci&oacute;. El p&iacute;caro, sin posibilidad de ascenso social, escondido en el patio de Monipodio, har&aacute; uso del enga&ntilde;o, fraude o robo. Frente al poderoso que organiza <em>convolutos </em>en salones, cacer&iacute;as y cumplea&ntilde;os, algunos se conformaban, L&aacute;zaro, con comer m&aacute;s uvas que el ciego. Nunca el hambre gener&oacute; corrupci&oacute;n, sino deseos de justica social, pol&iacute;tica y po&eacute;tica. &ldquo;&iquest;Sabes en qu&eacute; veo que las comiste tres a tres? En que yo com&iacute;a dos a dos y callabas.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Malversadores del erario p&uacute;blico y amigos de lo ajeno, estafadores, prevaricadores de varia especie, defraudadores: la panoplia de tipos penales no conoce l&iacute;mites. Desde 1939, por fijar una fecha, vivimos en un estado de corrupci&oacute;n permanente que la democracia de mercadillo no ha querido combatir. Una corrupci&oacute;n generalizada que riega la vida nacional con savia de &eacute;xito. El fraude fiscal crece, mientras desciende el n&uacute;mero de inspectores. La relajaci&oacute;n &eacute;tica sobre esta cuesti&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la moment&aacute;nea indignaci&oacute;n, es s&iacute;ntoma de la enfermedad. Sobre un escenario desnudo, Rafael &Aacute;lvarez, <em>El Brujo</em>, repasa la vida de L&aacute;zaro, &ldquo;comenz&oacute;me el est&oacute;mago a escarbar de hambre&rdquo;. Cruje el patio de butacas ante la historia en marcha, cuya verdad, en forma de desgarro, aparece cada d&iacute;a. Algunos, nerviosos, miran la hora en su reloj, un Audemars Piguet: el favorito del Rey.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/lazaro-tormes-corrupcion-mentiras-oro_129_5600592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Mar 2013 18:04:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Lázaro de Tormes: corrupción, mentiras y oro]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Caso Bárcenas,Luis Bárcenas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mazarino en Génova]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mazarino-genova_129_5589618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9264c33f-0bf6-4cc7-9efc-4c01910b9927_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mazarino en Génova"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con inquisitiva mirada, el cardenal italo-francés recorre los pasillos de la sede  del partido gobernante. Acostumbrado al olor acre de la corrupción y  las intrigas, lleva un  par de semanas buscando, entre otras cosas, el origen  de la filtración.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Contradecirse a menudo es el signo m&aacute;s claro de infamia en una persona. Ten por cierto que el individuo que se contradice no tendr&aacute; ning&uacute;n reparo en robarte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Breviario para pol&iacute;ticos</em>, Cardenal Mazarino
    </p><p class="article-text">
        No ser&aacute; cierto, pero cuentan que una voz, susurro met&aacute;lico, aconseja a Mariano Rajoy en los ascensores de G&eacute;nova. Con un peculiar acento, entre italiano y franc&eacute;s, la voz repite: &ldquo;No olvides nunca que la mayor&iacute;a de las emociones se leen en el rostro&rdquo;. Dicen, no ser&aacute; cierto, que el Cardenal Julio Mazarino (Pescina, Italia, 1602- Vincennes, Francia, 1661), recorre de noche los despachos de la sede madrile&ntilde;a del Partido Popular, capa roja, emblemas reales, bigote y perilla, dejando anotaciones con fina letra picuda sobre las mesas de los principales dirigentes. 
    </p><p class="article-text">
        El que fuera, tres a&ntilde;os, libertino y enamorado estudiante de Derecho Can&oacute;nico en la Universidad Complutense, capit&aacute;n e inteligente diplom&aacute;tico, hombre de armas y de iglesia, alcanz&oacute;, en 1635, tras brillante carrera intermedia, el cargo de Nuncio Extraordinario en Par&iacute;s. Instalado en la Ciudad de la Luz, naturalizado franc&eacute;s, Richelieu y Luis XIII le abrieron sus puertas. 
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; empez&oacute; su ascenso: apuntando todo en un cuaderno (azul). &ldquo;Hazte con un libro de registro en el que anotar&aacute;s las palabras y acciones de tus amigos y subordinados&rdquo;. No ser&aacute; cierto, pero aseguran que ha comprado docenas de ejemplares de las dos ediciones circulantes en espa&ntilde;ol de su atribuido (y p&oacute;stumo) manual de procedimiento: el <em>Breviarium politicorum</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n sea su interlocutor, seg&uacute;n su vanidad, maneras y condici&oacute;n, regala, en un sobre escarlata, uno u otro texto. Ora el <em>Breviario para pol&iacute;ticos</em> (DeBolsillo, 2007), con divertido pr&oacute;logo de Umberto Eco, ora el <em>Breviario de los pol&iacute;ticos</em> (Acantilado, 2007), traducci&oacute;n de Alejandra de Riquer. A diferencia de los escritores, deseosos de estampar su firma en su obra impresa, Jules Mazarin, cardenal de la Iglesia Cat&oacute;lica (1641) y, meses despu&eacute;s, ministro de Estado franc&eacute;s (1642) por recomendaci&oacute;n de Richelieu, no suele escribir dedicatorias pese a la insistencia de los fetichistas: &ldquo;No escribas nunca en una carta nada que pueda tener consecuencias, en caso de ser le&iacute;do, por un tercero&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace unas semanas han aparecido en la prensa (independiente) una serie de documentos comprometedores. Se trata de un cuaderno de asientos contables, fotocopias, del antiguo tesorero del PP, ex senador por Cantabria y diestro esquiador Luis B&aacute;rcenas Guti&eacute;rrez (dimiti&oacute;, provisionalmente, del cargo en el PP en julio de 2009 al ser imputado por el Tribunal Supremo por el caso G&uuml;rtel), en el que figuran, anotadas con minuciosidad, docenas de operaciones. A d&iacute;a de hoy se ignora la autenticidad de los mismos aunque todo apunta a eso que se llama, en general, financiaci&oacute;n irregular (ilegal). 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;&aacute;dase, adem&aacute;s del dietario contable, una serie de cuentas bancarias en Suiza, con elevados saldos de dudosa procedencia, el pago de distintos favores y generosos sobresueldos en dinero B. Igual que, a&ntilde;os atr&aacute;s, la Fundaci&oacute;n Ideas del PSOE contrat&oacute; al socioling&uuml;ista de Berkeley Georges Lakoff para impulsar su comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, el Cardenal Mazarino ha sido nombrado por Mariano Rajoy, no sin oposici&oacute;n interna, investigador plenipotenciario para la resoluci&oacute;n del <em>affaire B&aacute;rcenas</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Con inquisitiva mirada, el italo-franc&eacute;s recorre los pasillos de la sede del partido gobernante. Acostumbrado al olor acre de la corrupci&oacute;n y las intrigas -super&oacute; un complot nobiliario contra su persona-, lleva un par de semanas interrogando, sutilidad de confesionario, a enemigos, d&iacute;scolos y afines del presidente buscando, entre otras cosas, el origen de la filtraci&oacute;n. Conocedor de que el periodismo de investigaci&oacute;n ha (casi) desaparecido, Mazarino huele el aire de la traici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Dicen, no ser&aacute; cierto, que Esperanza Aguirre y el Cardenal conversaron, sentados en un banco del Parque del Retiro, al aire libre, lejos de posibles escuchas e indiscretos micr&oacute;fonos, por expreso deseo de la dirigente madrile&ntilde;a. Enigm&aacute;tica, la Se&ntilde;ora Aguirre, sonriendo ante una nube de periodistas declar&oacute;: &ldquo;El Cardenal me ha dicho: si tienes que abandonar un cargo, evita que tus sucesores posean capacidades visiblemente superiores a las tuyas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A media tarde, el Cardenal y Rajoy se re&uacute;nen. Aficionados a los placeres mundanos, el Cardenal ha descubierto el tabaco rubio emboquillado que consume con delectaci&oacute;n. Mazarino instruye al presidente con los recuerdos de su participaci&oacute;n en el Tratado de Westfalia, que puso fin a la Guerra de los Treinta a&ntilde;os, y sugiere estrategias y comportamientos. Sabedor de que la pol&iacute;tica de partidos, en las democracias de mercado e imagen, exige tantas verdades como mentiras, le ha propuesto, seg&uacute;n comenta Gonz&aacute;lez Pons en Twitter, &ldquo;ejercitarse para poder defender en cualquier circunstancia tanto una opini&oacute;n como la contraria y, para ello, estudia los tratados de ret&oacute;rica y los grandes alegatos de los log&oacute;grafos&rdquo; (hoy llamados <em>spin-doctors</em>). 
    </p><p class="article-text">
        Inquieto por la p&eacute;rdida de popularidad (grado de aceptaci&oacute;n) de su Gobierno, Rajoy justifica sus excepcionales medidas, habano en ristre, as&iacute; como el incumplimiento de las promesas electorales. Alemania, repite, siempre Alemania. Mazarino alcanz&oacute; el poder m&aacute;ximo a la muerte de Richelieu y fue designado Primer Ministro en 1643, bajo la regencia de Ana de Austria, en nombre del futuro Luis XIV. 
    </p><p class="article-text">
        La guerra, acab&oacute; con la Paz de Westfalia, nos cost&oacute; una fortuna -repite el prelado- y tuve que imponer, tambi&eacute;n, severas medidas de austeridad que mermaron, mucho, el cari&ntilde;o del pueblo hacia mi persona. &ldquo;No desde&ntilde;es las donaciones de dinero, por m&oacute;dicas que sean, y en la medida en que puedas evita los gastos en general&rdquo;, recuerda Mazarino. El Cardenal frunce el ce&ntilde;o cuando Rajoy le recuerda, por incordiar, que Francia apoy&oacute; la sublevaci&oacute;n catalana y que su intromisi&oacute;n no cej&oacute; hasta la Paz de los Pirineos (1659). Vosotros apoyasteis las insurrecciones de la Fronda y, adem&aacute;s, fue una guerra global, ataja, severo, el Nuncio.   
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Siempre ha habido dinero negro en los partidos y siempre lo habr&aacute;&rdquo;, ha declarado Jorge Verstrynge, antiguo secretario general de AP (antecedente del PP), <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/conspiracion/veo-rojo-enfadado-perder_0_98690180.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>en reciente entrevista en esta misma casa.</strong></a> El <em>affaire</em> B&aacute;rcenas, igual que el caso G&uuml;rtel, ata&ntilde;e -al margen de los convolutos de los trapisondistas de siempre- al n&uacute;cleo duro de la democracia: los partidos, su transparencia y funcionamiento. 
    </p><p class="article-text">
        El PSOE de Gonz&aacute;lez super&oacute; su ilegal Rubic&oacute;n (Flick y Flock, Filesa <em>et al.</em>) sin mayores p&eacute;rdidas, entregando solo la cabeza de alg&uacute;n responsable menor. Los excesos se pagan con retraso. Es posible que el PP salga mal parado de este lance ya que, a diferencia del PSOE de Gonz&aacute;lez al que la ciudadan&iacute;a perdonaba todo, el PP est&aacute; en entredicho y su ministra de Sanidad, Ana Mato, candidata a &ldquo;pija madrile&ntilde;a&rdquo; (del llamado clan de Valladolid de Aznar), es cuestionada por los medios de comunicaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        El Cardenal, consciente de que corrupci&oacute;n y cultura pol&iacute;tica cat&oacute;lica corren de la mano, insiste con Rajoy: &ldquo;Si prev&eacute;s que vas a tener gastos extraordinarios, aseg&uacute;rate antes de que dispones de los fondos necesarios. Si fuera preciso, inventa un medio de aumentar tus ingresos para no quedarte nunca al descubierto.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Abierta la investigaci&oacute;n judicial de los &ldquo;papeles de B&aacute;rcenas&rdquo;, con ramificaciones mediterr&aacute;neas en la trama G&uuml;rtel y conexiones colaterales con miembros, incluso, de la casa Real, no parece este un asunto que se pueda cerrar con facilidad. Mazarino es consciente de las complicaciones de su misi&oacute;n, averiguar qu&eacute; se esconde detr&aacute;s de los cuadernos fotocopiados, y repite su letan&iacute;a: &ldquo;No conf&iacute;es nunca secretos a nadie&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Umberto Eco, en el pr&oacute;logo de edici&oacute;n citada, explica con iron&iacute;a: &ldquo;Mazarino nos ofrece una imagen espl&eacute;ndida de la consecuci&oacute;n del poder mediante la pura y simple manipulaci&oacute;n del consenso&rdquo;. Por los pasillos de G&eacute;nova, el Cardenal, manos entrelazadas a la espalda, Andreotti de armi&ntilde;o, va dejando huellas a su paso: todos inquietos, todos sospechosos. 
    </p><p class="article-text">
        Por razones obvias, Mazarino no pudo leer el trabajo de Buchanan y Tullock, <em>El c&aacute;lculo del consenso. Fundamentos l&oacute;gicos de la democracia constitucional</em> (Espasa, 1980), aunque imagin&oacute;, siglos antes y en su provecho, el contenido.
    </p><p class="article-text">
         La noche cae en G&eacute;nova. Terminada la reuni&oacute;n, Rajoy y el Cardenal bajan en el ascensor. La voz, susurro met&aacute;lico, no suena. Ambos tienen compromisos para cenar. Rajoy, seg&uacute;n su gabinete, con un grupo de empresarios extranjeros. Fuentes cercanas al Cardenal han filtrado una cita con el ministro de Justicia al que regalar&aacute;, contin&uacute;a el informador, una edici&oacute;n pr&iacute;ncipe del <em>Or&aacute;culo manual y arte de prudencia</em> publicada en Huesca en 1647. En el portal de la sede Mazarino enciende un pitillo y recuerda el final de su panfleto. &ldquo;Cuidado: tal vez en este mismo momento alguien &ndash;&iexcl;a quien no ves!- te est&aacute; observando o escuchando&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mazarino-genova_129_5589618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 Feb 2013 19:07:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Mazarino en Génova]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mariano Rajoy,PP - Partido Popular,Caso Bárcenas,Luis Bárcenas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasolini y la necesidad de otra política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pasolini-necesidad-politica_129_5573475.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bc90f3f6-b968-47ae-ba00-b2495b433c97_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pasolini y la necesidad de otra política"></p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;El lector sabe sin duda que soy comunista: pero sabe tambi&eacute;n que mis relaciones de compa&ntilde;ero de viaje con el PCI no implican ning&uacute;n compromiso rec&iacute;proco&rdquo;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Pier Paolo Pasolini,<em> Tempo, </em>6 de agosto de 1968
    </p><p class="article-text">
        No se puede seguir as&iacute;. La agon&iacute;a del sistema de partidos y, por extensi&oacute;n, de la democracia de mercado espa&ntilde;ola es evidente. La ciudadan&iacute;a desconf&iacute;a. Piensa que la casta pol&iacute;tica es un problema real para la vida cotidiana y se aleja del amparo moral de las instituciones. En los partidos pol&iacute;ticos mayoritarios, convertidos en implacables maquinarias de poder y corrupci&oacute;n, afloran esc&aacute;ndalos, denuncias, y resuena el eco p&iacute;caro, tan nuestro, mediterr&aacute;neo, del enriquecimiento personal (y partidario) il&iacute;cito; la monarqu&iacute;a, anta&ntilde;o refugio de inseguros, se tambalea entre los cineg&eacute;ticos errores del Rey y los <em>convolutos</em> colaterales de alg&uacute;n pariente. La econom&iacute;a, dominada por especuladores, multinacionales y agencias de calificaci&oacute;n, escapa al control p&uacute;blico. La protecci&oacute;n social y los derechos laborales son restos arqueol&oacute;gicos de &eacute;pocas de falso esplendor y fondos europeos de cohesi&oacute;n. En este estado de cosas, con un aumento exponencial del desempleo, pensar otra manera de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica, jur&iacute;dica y social se hace indispensable. El modelo de convivencia surgido del &ldquo;consenso&rdquo; de 1978 se resquebraja. La crisis -contra los voceros neoliberales- no es sin&oacute;nimo de oportunidad: es la antesala de una fr&iacute;a dictadura tecnocr&aacute;tica. Eso, en el mejor de los escenarios posibles.
    </p><p class="article-text">
        Brutamente asesinado en un descampado de Ostia, cerca de Roma, la madrugada del 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922), te&ntilde;ido de sangre, t&oacute;rax y coraz&oacute;n aplastados por un coche que huye conducido por Guiseppe, <em>Pino</em>, Pelosi (&uacute;nico acusado en un caso penal lleno de lagunas), poeta, narrador y cineasta de la heterodoxia, del lado salvaje de la convenci&oacute;n pol&iacute;tica, social y cultural, sigue siendo un referente &eacute;tico del pensamiento subversivo y transformador, un referente de la acci&oacute;n colectiva. 
    </p><p class="article-text">
        Imprescindible para tiempos de apat&iacute;a, capitalismo avanzado y democracia de poliuretano, Pasolini plantea, meses despu&eacute;s del espont&aacute;neo <em>impasse</em> de mayo del 68, una ruptura radical del caduco sistema de partidos italiano y una vuelta de tuerca, definitiva, al modo de convivencia social. 
    </p><p class="article-text">
        Enfrentado a las dos culturas hegem&oacute;nicas, el todopoderoso PCI -fue, hasta su voladura (des)controlada, el partido comunista m&aacute;s importante de Occidente- y el represivo universo cat&oacute;lico de la DC (Democracia Cristiana), el autor de <em>Teorema</em> y <em>Las cenizas de Gramsci </em>pronosticar&aacute; que el juego de poder y contrapoder, con su reparto calculado de funciones, encerraba su propia destrucci&oacute;n, al ser ambos mundos, y sus argumentos, incapaces de frenar una vida que avanzaba hacia la modernidad individualista propuesta por el consumo.
    </p><p class="article-text">
        Salvadas las distancias intelectuales con sus hom&oacute;logos italianos (DC-PCI) de los &ldquo;a&ntilde;os de plomo&rdquo;, la sombra de la grisura franquista es alargada, PP y PSOE, r&iacute;gidas estructuras de poder de apariencia antag&oacute;nica, han llegado, en este <em>horribilis</em> 2013, al mismo atolladero que denunciaba, a&ntilde;os atr&aacute;s, el m&aacute;s radical y valiente de los poetas italianos del siglo XX. 
    </p><p class="article-text">
        Convertidos en marcas, f&aacute;bricas de producci&oacute;n y difusi&oacute;n de <em>ideologemas</em>, los dos partidos mayoritarios, a los que hay que sumar los grup&uacute;sculos surgidos de las burgues&iacute;as auton&oacute;micas -inexistentes, sino fuera por una ley electoral antidemocr&aacute;tica- han mostrado, desde la aparici&oacute;n (negada por el PSOE) de la crisis (estafa) financiera, una imposibilidad ontol&oacute;gica, esencial, para solucionar, o al menos, imaginar, un futuro inmediato. 
    </p><p class="article-text">
        Resulta sorprendente, cuando menos, que los dos grandes partidos, y sus principales representantes, no muestren mayor preocupaci&oacute;n ante la deriva autodestructiva del sistema partidista (con permiso del te&oacute;rico Giovanni Sartori), limitando su actividad la refutaci&oacute;n del contrario con banalidades, inconsistentes propuestas parlamentarias y estudios pormenorizados de intenci&oacute;n de voto. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el cuerpo social, sujeto a la agitaci&oacute;n ideol&oacute;gica y comercial de los medios de comunicaci&oacute;n de masas, pasa -poco a poco, pero sin tregua- del desconcierto y la indiferencia c&oacute;mplice a la reivindicaci&oacute;n emocional desarticulada, germen, quiz&aacute;, de otro tipo de movimiento constituyente y aut&oacute;nomo de mayor envergadura.
    </p><p class="article-text">
        En las colaboraciones semanales de Pasolini en <em>Tempo</em> (recogidas en <em>El caos</em>, Ed. Cr&iacute;tica, 1981), combativos art&iacute;culos de denuncia pol&iacute;tica y cultural, antesala de su definitiva etapa <em>corsaria</em> -hemos perdido un poeta, nacen tres o cuatro cada siglo, record&oacute; el escritor Alberto Moravia en su homenaje f&uacute;nebre- PPP, hijo de la hist&oacute;rica <em>citt&agrave; rossa</em>, se muestra indignado (era uno de sus estados de &aacute;nimo) y asustado, en alerta, por mejor decir, ante el crecimiento de la represi&oacute;n institucional y policial en la Italia de finales de los a&ntilde;os 60. Una represi&oacute;n policial, vivimos en un &ldquo;estado de excepci&oacute;n permanente&rdquo;, ha escrito el fil&oacute;sofo Giorgio Agamben, que se observa, con preocupaci&oacute;n, en nuestros d&iacute;as ante las manifestaciones y diversos actos de protesta que barren, Espriu <em>dixit</em>, la <em>pell de brau</em>. 
    </p><p class="article-text">
        A punto de ser superados por la pulsi&oacute;n cr&iacute;tica de la ciudadan&iacute;a, por el llamado &ldquo;desbordamiento democr&aacute;tico&rdquo;, el Estado hace uso del monopolio de la fuerza, denunciado ya por Pasolini, convirtiendo las ciudades en lugares terribles, donde reina la irracionalidad. El reciente caso de Alfonso Fern&aacute;ndez, un joven detenido durante la huelga general del 14N y excarcelado casi dos meses despu&eacute;s, es prueba del terror institucionalizado ejercido por las autoridades, el miedo que pretenden imponer, ante la crecida natural del r&iacute;o contestatario. 
    </p><p class="article-text">
        Su columna de <em>Tempo</em>, escribi&oacute; Pasolini, se hubiera podido llamar, tambi&eacute;n, <em>Contra el terror</em>. Cuando el Estado act&uacute;a con violencia contra sus ciudadanos, por temor a una p&eacute;rdida de autoridad, y vive, como en la actualidad, secuestrado por instancias supranacionales, la sem&aacute;ntica toma el mando: terror y terrorismo de Estado (represi&oacute;n), tienen la misma ra&iacute;z.
    </p><p class="article-text">
        Hombre de pensamiento y acci&oacute;n, te&oacute;rico y pr&aacute;ctico, heterodoxo dentro de una radicalidad subjetiva, emancipadora, comunista ajeno al f&eacute;rreo dictado PCI, &ldquo;yo amo ferozmente, desesperadamente, la vida. Y creo que esta ferocidad y esta desesperaci&oacute;n me llevar&aacute;n a la muerte&rdquo;, declar&oacute;, la recuperaci&oacute;n de la obra de Pasolini, pel&iacute;culas, poes&iacute;a, novelas y art&iacute;culos -el pr&oacute;ximo marzo cumplir&iacute;a 91 a&ntilde;os- es una llamada de atenci&oacute;n contra la opresi&oacute;n de la fatalidad, un alegato en defensa de la absoluta libertad individual y colectiva y, al tiempo, un poderoso golpe de mano contra las diversas formas, disfraces, del poder. 
    </p><p class="article-text">
        Sirvan como r&aacute;pida aproximaci&oacute;n, al margen de las pel&iacute;culas disponibles, los textos y poemas de <em>Escritos corsarios</em> (Oriente y Mediterr&aacute;neo, 2009), <em>Las cenizas de Gramsci</em> (Visor, 2009), la novela gr&aacute;fica <em>El caso Pasolini</em> de Gianluca Maconi (Gallo Nero, 2010) y <em>Nueva York</em> (Errata naturae, 2011). &ldquo;Pasolini fue un hombre pol&iacute;tico&rdquo;, afirm&oacute; Gianni Scalia, en 1976, &ldquo;y no hablaba en tanto que ciudadano. Sino en tanto que <em>corsario</em>. Fue i-legal, extra-legal, diferente, no-ciudadano. Pero un compa&ntilde;ero&rdquo;. Pasolini, pol&iacute;tico, concibi&oacute; una obra llena de verdad y sentido, sensual, ardiente, social, resistente, combativa: dram&aacute;ticamente humana. 
    </p><p class="article-text">
        El peri&oacute;dico <em>L'Unit&agrave;</em> public&oacute;, mayo de 2006, la edici&oacute;n &iacute;ntegra de su &uacute;ltima entrevista, 1 de noviembre de 1975. &ldquo;Pasolini, el que vio antes que nadie lo que iba a suceder&rdquo;, en palabras de su entrevistador, Furio Colombo, aport&oacute; un elocuente titular premonitorio:<em> </em>&ldquo;Estamos todos en peligro&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pasolini-necesidad-politica_129_5573475.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Feb 2013 20:54:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pasolini y la necesidad de otra política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Transición]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teresa de Ávila y la mística del consumo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/teresa-avila-mistica-consumo_129_5554713.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Por m&aacute;s que insistan las diferentes familias del liberalismo, desde los melifluos socialcristianos hasta los gallardos fundamentalistas, no parece que el capitalismo, en su fase actual de agitaci&oacute;n y crisis, sea ya compatible, ni siquiera, con la &ldquo;democracia de superficie&rdquo; o democracia de consumo que venden, en los centros comerciales del poder, como marca blanca de la vida. 
    </p><p class="article-text">
        Nacida despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial y asociada al sistema de partidos, la era del consumo, primera manifestaci&oacute;n de la posibilidad de ascenso social dentro del fordismo, se diluye, pierde fuerza, a medida que la estratificaci&oacute;n inherente a la econom&iacute;a de producci&oacute;n fabril desaparece, las instituciones bancarias niegan pr&eacute;stamos con inter&eacute;s de usura y aumenta el desempleo. Si a esto se a&ntilde;ade la destrucci&oacute;n de la protecci&oacute;n p&uacute;blica, hija del pacto capital-trabajo, la merma gradual de derechos adquiridos y las reformas estructurales que reducen el estado a gestor de burocracias, el des&aacute;nimo aumenta. 
    </p><p class="article-text">
        Este es el contexto en el cual el consumo cotidiano, hasta ahora b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s de tensiones pol&iacute;ticas, se ha convertido en una m&iacute;stica del consumo, sublimado por imposible, con la idealizaci&oacute;n (culpable) de un floreciente pasado; y las llagas, vestigios de la neurosis colectiva, se tornan letras impagadas. La p&eacute;rdida de confianza en el porvenir, la ausencia de futuro, conlleva, <em>de facto</em>, el descr&eacute;dito de las instituciones pol&iacute;ticas incapaces de garantizar el conocido modo de vida. La ca&iacute;da del consumo estandarizado y el violento ataque a los derechos fundamentales est&aacute;n generando sociedades <em>low cost</em> y movimientos de protesta, algunos sectoriales, que no consiguen articular una alternativa global al modo de producci&oacute;n inmaterial y su exacerbada y <em>narrativa</em> subjetividad. Si el para&iacute;so terrenal era asociado al consumo de bienes, &uacute;nica justificaci&oacute;n de la desigualdad del modelo neoliberal, el tiempo del purgatorio, privados del principio del placer inmediato, se ha vuelto presente eterno.   
    </p><p class="article-text">
        Devota de los libros de caballer&iacute;as, devota luego de dios hasta el extremo del delirio y la alucinaci&oacute;n, escritora (temerosa del poder eclesi&aacute;stico y, por tanto, autocensurada) de pulcro castellano cervantino, sencillo y elegante, Teresa S&aacute;nchez de Cepeda D&aacute;vila y Ahumada (1515-1582), nombrada doctora de la Iglesia cat&oacute;lica en 1970 por Pablo VI, enferma, m&iacute;stica y mujer nacida para la acci&oacute;n (y la herej&iacute;a) inaugura, en pleno siglo XVI, la ruptura, el primer corte epistemol&oacute;gico profundo con la doctrina de Iglesia: la necesidad de saber, por experiencia directa, m&aacute;s all&aacute; de la mediaci&oacute;n de la norma. 
    </p><p class="article-text">
        Teresa pretende consumir dios, entrar en dios, <em>vivo sin vivir en m&iacute;</em>, sin pasar por el cedazo infantil que propone el canon, igual que las clases medias han deseado consumir bienes como si fuera el estigma revelador de su propia identidad. Frente a la pobreza y el silencio, camino de perfecci&oacute;n asc&eacute;tico que Teresa de &Aacute;vila impone entre sus fieles para alcanzar el sentido pleno de la divinidad, el cuerpo social ha optado por asumir el ruido (que impide cualquier forma de comunicaci&oacute;n) y la opulencia. Sin&oacute;nimos, en este y otros muchos casos, dios y el capital, <em>que muero porque no muero</em>, permanecen inaccesibles revel&aacute;ndose solo con apariciones y visiones, en el caso de la fundadora de las Carmelitas Descalzas, o con la distinci&oacute;n, vinculada al lujo y la exclusividad. 
    </p><p class="article-text">
        La concepci&oacute;n m&iacute;stica de Teresa de &Aacute;vila supondr&iacute;a, en este esquema consumista, la culminaci&oacute;n absoluta de la cercan&iacute;a, ser uno, con su creador, del mismo modo que la alta burgues&iacute;a, que comparte escena econ&oacute;mica, muy a su pesar, con personajes de la esfera del <em>show-business</em>, alcanza tambi&eacute;n su particular &eacute;xtasis en el acercamiento a lo &uacute;nico: una existencia, sin reproducci&oacute;n posible, hecha a medida. Las dos m&iacute;sticas, si se analizan despacio, desean una comuni&oacute;n directa, sin intermediarios, con lo distinto, bien sea por la v&iacute;a de la oraci&oacute;n, bien por la senda del precio. Que la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica vigilara de cerca a Teresa de &Aacute;vila, siempre al l&iacute;mite de lo permitido, es prueba de que la radicalidad de sus enunciados. Que las clases medias, ahora empobrecidas, creyeran que el consumo -incluso el exclusivo- era un trampol&iacute;n social, muestra el desconocimiento por parte de este nutrido grupo, ahora pauperizado, del sentido original de la lucha de clases en el capitalismo.
    </p><p class="article-text">
        Inmersos en un r&eacute;gimen de exigua participaci&oacute;n pol&iacute;tica, fragmentado el discurso y, por tanto, las formas de vida, esta democracia de consumo se ha convertido en la expresi&oacute;n dominante de la potencia del mercado, actitud comparable al arrogante comportamiento de la Iglesia ante la fundaci&oacute;n, gracias a la tenacidad de la abulense, de numerosos conventos (demasiados, a juicio de sus detractores) donde el incendiario amor a dios, entendido como conexi&oacute;n singular, diversa, primaba sobre los valores del orden establecido. <em>F&eacute;mina inquieta y andariega</em>, al decir de Su&aacute;rez, Provincial de los jesuitas en 1578, la lectura m&iacute;stica de la realidad, al l&iacute;mite del pante&iacute;smo, al l&iacute;mite de la histeria, que lleva a cabo Teresa de &Aacute;vila ser&iacute;a comparable, hoy, al proceso de alienaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n provocado por la aceleraci&oacute;n del capital, brusco e inesperado movimiento, <em>turbocapitalismo</em>, que ha dejado a millones de personas, sin salir de Europa, a merced de las salvajes corrientes de la incertidumbre. 
    </p><p class="article-text">
        Igual que el consumo en las sociedades desarrolladas de los a&ntilde;os 60 era inequ&iacute;voco signo exterior, visible, de calidad de vida, ahora, mutado en est&iacute;mulo psicol&oacute;gico, satisface la ca&oacute;tica <em>hipersubjetividad</em>, la condici&oacute;n del ser humano desamparado. Entre la neurosis y el narcisismo (del consumo de dios) transcurre la vida de Teresa de &Aacute;vila, cuya urgente necesidad de emociones puede ser comparada con la redenci&oacute;n que provoca en el consumidor actual la satisfacci&oacute;n de su ego desmembrado. Los  mitos -dios o el consumo, dios o el capital- adquieren dimensi&oacute;n m&aacute;gica, ajena a la l&oacute;gica cultural de su propio contexto hist&oacute;rico, en momentos de turbaci&oacute;n: la Reforma del siglo XVI, con su deseo de vuelta al cristianismo primitivo -sin interferencias eclesiales- en el caso de Teresa, o el final de un ciclo de expansi&oacute;n, con la quiebra del r&iacute;gido fordismo, en el caso del actual capitalismo avanzado.    
    </p><p class="article-text">
        En este estado de cosas, condenado el cuerpo social al miedo y a los psicof&aacute;rmacos, la democracia resulta ya, en los pa&iacute;ses europeos sometidos a la dictadura financiera, una opci&oacute;n imposible, vieja utop&iacute;a, acerc&aacute;ndose, a grandes pasos, eso que I. Wallerstein denomin&oacute; &ldquo;una especie de fascismo democr&aacute;tico&rdquo;, una forma-estado donde las &eacute;lites determinar&aacute;n el grado de integraci&oacute;n social de la mayor&iacute;a. M&iacute;stica de dios y m&iacute;stica del consumo coinciden en los efectos secundarios: extra&ntilde;as transferencias. Atribulada por sus confesores, deseosos de poner fin a su comuni&oacute;n con dios, Teresa de &Aacute;vila escribe en el <em>Libro de la vida</em> (segunda versi&oacute;n, 1565): &ldquo;Otras veces estoy de manera, que ni siento vivir ni me parece ha gana de morir, sino con una tibieza y oscuridad en todo&hellip;&rdquo;, palabras que bien podr&iacute;a escuchar, al hilo de la p&eacute;rdida de confianza en la democracia de consumo, debido a la extra&ntilde;eza de la vida impuesta por el mercado, cualquier terapeuta en su consulta.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/teresa-avila-mistica-consumo_129_5554713.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 05 Jan 2013 20:18:05 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Teresa de Ávila y la mística del consumo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Religión,Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saint-Just y el ocaso de la monarquía española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/saint-just-ocaso-monarquia-espanola_129_5523863.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2e43ac15-06fb-4c2b-b0df-576ba570ebba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Saint-Just y el ocaso de la monarquía española"></p><p class="article-text">
        <em>   No se puede reinar inocentemente,</em> Saint-Just
    </p><p class="article-text">
        <em>     &ldquo;No puedes ser g&aacute;ngster a medias, Nucky</em>&rdquo;, Boardwalk Empire
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un reino sin memoria. Sin memoria, sentido democr&aacute;tico, ni raz&oacute;n. Un reino auton&oacute;mico, caprichosas taifas cafeteras, cuya Historia reciente se oculta -ignoro la intenci&oacute;n- a las nuevas generaciones. Resulta sorprendente, al menos para cualquier observador neutral, que el &ldquo;motor del cambio&rdquo;, uno de los art&iacute;fices de la denominada Transici&oacute;n y garante de las libertades p&uacute;blicas, el rey, Juan Carlos I, <em>primus inter pares</em>, siga siendo una figura de consenso. Que la actual monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola tenga su origen jur&iacute;dico, fundamento moral y legalidad institucional en La Ley de Sucesi&oacute;n en la Jefatura del Estado de 1947, una de las ocho Leyes Fundamentales del franquismo parece, hoy en d&iacute;a, un hecho menor, an&eacute;cdota, cuando deber&iacute;a ser esencial para su cuestionamiento democr&aacute;tico por parte de una moderna sociedad civil. Redactada por Carrero Blanco (asesinado luego por ETA, con complicidad -no probada- nacional e internacional, cuando era presidente del Gobierno, el 20 de diciembre de 1973), esta norma declaraba, en su art&iacute;culo 1, y no sin cierta malicia sem&aacute;ntica, que &ldquo;de acuerdo con su tradici&oacute;n Espa&ntilde;a, un estado cat&oacute;lico, social y representativo (<em>sic</em>), se constitu&iacute;a en Reino&rdquo;. El art&iacute;culo 6 dise&ntilde;aba la arquitectura del futuro, la estrategia global del general africanista, afirmando que el &ldquo;Caudillo de Espa&ntilde;a y de la Cruzada, General&iacute;simo de los Ej&eacute;rcitos, don Francisco Franco Bahamonde&rdquo; pod&iacute;a proponer a las Cortes la persona que deb&iacute;a sucederle, a t&iacute;tulo de Rey o Regente. 
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os despu&eacute;s y tras idas y venidas entre los adl&aacute;teres del r&eacute;gimen y don Juan, padre del actual monarca, residente en la alegre villa portuguesa de Estoril, el 22 de julio de 1969, las Cortes franquistas nombraron a Juan Carlos de Borb&oacute;n sucesor de Franco, salt&aacute;ndose la l&iacute;nea din&aacute;stica, jurando el pr&iacute;ncipe heredero -entiendo que por imperativo legal- los principios generales del Movimiento Nacional. No es cierto, como sugieren las malas lenguas, habladur&iacute;as, que la madrugada del 23 de febrero de 1981, el d&iacute;a de su consagraci&oacute;n medi&aacute;tica, el rey, bajo el uniforme, llevara puesto el pijama. No es cierto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lamento mucho que Don Juan de Borb&oacute;n se haya hecho incompatible con el r&eacute;gimen; t&uacute; sabes bien que siempre pens&eacute; en &eacute;l para que en su d&iacute;a fuese coronado y por esto no le permit&iacute; arriesgar su vida cuando quiso venir a luchar con nosotros para salvar a Espa&ntilde;a. Tengo esperanzas de que, dado su patriotismo, en el momento oportuno aceptar&aacute; renunciar a favor de su hijo, y que &eacute;ste prestar&aacute; juramento comprometi&eacute;ndose a respetar y a hacer cumplir las leyes fundamentales y los postulados del Movimiento&rdquo;. As&iacute; -cinco a&ntilde;os antes de la designaci&oacute;n oficial de Juan Carlos- y con la tosca claridad del cuartel, se justificaba Franco, un lejano 20 de abril de 1964.Palabras recogidas en <em>Mis conversaciones privadas con Franco</em> de Francisco Franco Salgado-Araujo (Planeta, 1976, p&aacute;g. 420), parece evidente que el caudillo hab&iacute;a dise&ntilde;ado el esquema sucesorio.
    </p><p class="article-text">
         Aunque escasos, la fr&aacute;gil modernidad patria les ha pasado por encima, es justo reconocer que aquellos que consideraban (y siguen considerando) a Juan Carlos I y, por extensi&oacute;n, al <em>neoausente</em> Adolfo Su&aacute;rez, traidores al R&eacute;gimen del 18 de julio, tienen sus razones.
    </p><p class="article-text">
        Elegido diputado a los 21 a&ntilde;os y ejecutado a los 26, estratega militar, pol&iacute;tico, redactor de un proyecto de Constituci&oacute;n, brillante orador, Saint-Just es uno de los dirigentes de la Revoluci&oacute;n francesa m&aacute;s vilipendiados y desconocidos. La violenta ignorancia -le llamaban el &ldquo;arc&aacute;ngel del terror&rdquo;- sobre su pensamiento y acci&oacute;n (el desprecio del neoliberalismo) solo puede ser comparada con la potencia destructora de las cr&iacute;ticas que sobre &eacute;l -y sobre la minor&iacute;a de la Monta&ntilde;a (minoritarios, a su vez, entre los jacobinos)- se han vertido. 
    </p><p class="article-text">
        Convencido republicano, poco partidario del Estado (una de las primeras fuentes de opresi&oacute;n), Saint-Just cre&iacute;a que una decidida sociedad libre -incluidos los magistrados- deb&iacute;a autorregularse, es decir, constituirse en organismo vivo, determinante, de participaci&oacute;n directa. 
    </p><p class="article-text">
        En aquel fugaz espejismo alternativo que fueron los Foros Mundiales -el Pueblo de Porto Alegre- lat&iacute;a el genial grito de los <em>montagnars</em>, partidarios de la libertad en marcha. Su actualidad, visto el descr&eacute;dito de las instituciones y de la pol&iacute;tica de gestos y espejos, se hace evidente. Sirva, pues, al menos como introducci&oacute;n, la selecci&oacute;n de sus escritos hecha por Carlos Valmaseda, &ldquo;La libertad paso como una tormenta&rdquo; (El viejo topo, 2006). Que no se pueda encontrar en castellano traducci&oacute;n de la mayor&iacute;a de sus obras y discursos (sigo la edici&oacute;n francesa completa, Folio, Gallimard, 2004, 1.248 p&aacute;ginas), da muestra del desinter&eacute;s de nuestra cultura pol&iacute;tica por el proceso revolucionario franc&eacute;s que acab&oacute;, entre otras cosas, y para siempre, con la monarqu&iacute;a. El 13 de noviembre de 1792, ante la Convenci&oacute;n, un resuelto Saint-Just exclamar&aacute;: Ttodo rey es un rebelde y un usurpador&ldquo;. <em>Aux armes, citoyens / formez vos bataillons</em>, dice la vigorosa letra de <em>La Marseillaise</em>.    
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo tengo la esperanza, y en ella conf&iacute;o, que el pr&iacute;ncipe Don Juan Carlos en el momento oportuno dar&aacute; su conformidad oficial a la ley de sucesi&oacute;n y prestar&aacute; juramento de cumplir y hacer cumplir, como rey de Espa&ntilde;a, los principios, postulados, leyes, etc&eacute;tera, del Movimiento Nacional de 18 de julio. Sin esto, su nombramiento no ser&iacute;a propuesto, ni aprobado por el Consejo del Reino. El comportamiento de este pr&iacute;ncipe y de su esposa, la princesa Sof&iacute;a, mantiene mi esperanza de que, llegado el momento de la decisi&oacute;n, se mantenga de lleno al lado del esp&iacute;ritu nacional de la memorable fecha citada. Ellos viven en contacto con el pueblo y est&aacute;n enterados de sus aspiraciones y esperanzas, lo cual les servir&aacute; de ense&ntilde;anza para el futuro&rdquo;. (<em>Mis conversaciones privadas con Franco</em>. Francisco Franco Salgado-Araujo; Planeta, 1976, p&aacute;g. 420). El dictador insiste, el mismo 20 de abril de 1964, y contin&uacute;a ante su interlocutor, un ejercicio de prospectiva. Juan Carlos ser&aacute; leal, cre&iacute;a Franco, al R&eacute;gimen al que hab&iacute;a jurado fidelidad. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; se basaba Franco? &iquest;Qu&eacute; pensaba, en realidad, de Juan Carlos? Estas y otras cuestiones quedar&aacute;n sin respuesta. Sin embargo, que Franco deposit&oacute; una parte de su r&eacute;gimen en manos de Juan Carlos es obvio; que las Cortes franquistas lo sancionaron, tambi&eacute;n; que el monarca gir&oacute; hacia posiciones diferentes es indudable; que este proceso se hizo con el acuerdo de EE UU, evidente. Est&aacute; visto que la estratagema del monarca -su padre, don Juan, renunci&oacute; a los derechos din&aacute;sticos el 14 de mayo de 1977- ha dado excelente resultado ya que sigue ocupando el trono regio d&eacute;cadas despu&eacute;s sin que su figura, por errores que cometa, haya sido cuestionada. Basta observar el v&iacute;deo de la renuncia de Don Juan, heredero de Alfonso XIII, para entender las complejas relaciones entre ambos.
    </p><p class="article-text">
        Procesado y condenado, Luis XVI de Francia fue guillotinado el 21 de enero de 1793. Cuando lo crea conveniente o debido triste<em> hecho biol&oacute;gico</em>, la corona (re)instaurada por Franco pasar&aacute; de forma natural a Felipe de Borb&oacute;n y Grecia, su hijo. Perm&iacute;taseme recordar, sin iron&iacute;a, que en la l&iacute;nea sucesoria, Juan Valent&iacute;n Urdangar&iacute;n y Borb&oacute;n, grande de Espa&ntilde;a, primog&eacute;nito de la infanta Cristina, ocupa el octavo puesto. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible, pese al T&iacute;tulo II de la Constituci&oacute;n de 1978, considerar leg&iacute;tima, moral, hist&oacute;rica y jur&iacute;dicamente, una monarqu&iacute;a (re)instaurada por una dictadura nacional-cat&oacute;lica? &iquest;Es el rey Juan Carlos, pese al Titulo II de la Constituci&oacute;n de 1978, como dir&iacute;a Saint-Just, un &ldquo;usurpador&rdquo; (de los leg&iacute;timos derechos din&aacute;sticos de su padre, Juan de Borb&oacute;n), al haber sido designado directamente por el dictador y haber negado &eacute;ste, en uso de su criterio y de la Ley de Sucesi&oacute;n de 1947, la l&iacute;nea din&aacute;stica que deber&iacute;a haber concedido el trono a su padre, heredero de Alfonso XIII? &iquest;Estaba Franco, con la designaci&oacute;n del pr&iacute;ncipe como futuro rey, vulnerando la tradici&oacute;n de la corona espa&ntilde;ola? Pese a los escollos que plantean de estas cuestiones doctrinales, urge destacar la comuni&oacute;n simb&oacute;lica existente entre una parte mayoritaria de la ciudadan&iacute;a y &ldquo;su&rdquo; monarca. &iquest;C&oacute;mo explicar esta relaci&oacute;n? &iquest;Es cierto que, como se repite, la mayor&iacute;a <em>natural</em> es <em>juancarlista </em>y no mon&aacute;rquica? Tratemos de acercarnos a este punto.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los principales problemas que tuvo que afrontar el &ldquo;segundo&rdquo; franquismo, el que arranca con el Plan de Estabilizaci&oacute;n de 1959, era la creaci&oacute;n de una clase media que soportara el peso econ&oacute;mico del pa&iacute;s. Esa emergente clase social, que ya no es hija directa de la guerra, va a encontrar en la figura de pr&iacute;ncipe, y su discreta esposa, un referente de usos y costumbres. Rey sin corte ni boato, Juan Carlos entendi&oacute;, Franco lo hab&iacute;a adivinado, su proximidad con la ciudadan&iacute;a, debido tanto a su aparente bonhom&iacute;a (la m&iacute;tica &ldquo;campechan&iacute;a&rdquo; de los borbones), como a una especie de asimilaci&oacute;n de las aspiraciones peque&ntilde;oburguesas de las clases medias que empezaban a disfrutar, pasadas las penurias de la posguerra, de un incipiente bienestar econ&oacute;mico: cierto poder adquisitivo, moderado pero constante consumo dom&eacute;stico, primeros autom&oacute;viles, segunda residencia mediterr&aacute;nea, etc. La aniquilaci&oacute;n del tejido socio-asociativo, que tanto favoreci&oacute; la implantaci&oacute;n transversal del franquismo como sistema autoritario, con el corporativismo nacional-cat&oacute;lico como base ideol&oacute;gica, produjo, desde el mencionado giro econ&oacute;mico de 1959, una an&oacute;mala situaci&oacute;n ya que el proyecto interclasista de la tecnocracia emergente -Franco cedi&oacute; pronto el mando econ&oacute;mico qued&aacute;ndose con la representaci&oacute;n pol&iacute;tica y el orden policial- carec&iacute;a de referente social. 
    </p><p class="article-text">
        El poder institucional, &uacute;nico, se apoyaba en el terror ejercido por una amplia red policial -desde los serenos con chuzo a la Brigada Pol&iacute;tico-Social- y en la omnipresencia de cancerberos militares y religiosos. Las funciones estrat&eacute;gicas de estas fuerzas de choque eran claras. Mientras los militares, vencedores en el campo de batalla, aseguraban la <em>verdad hist&oacute;rica revelada </em>y la cohesi&oacute;n nacional, la vanguardia religiosa garantizaba la rectitud moral y la educaci&oacute;n. Con la cartograf&iacute;a en la mano, a la tecnocracia -necesitada de articular una estrategia contable capaz de vencer el aislacionismo- le faltaba una pieza: una clase <em>protoconsumista </em>que impulsase la demanda interna y fuera capaz de pasar de la caduca estructura productiva, casi aut&aacute;rquica, al novedoso sistema econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Impulsada por el INI, un pluriempleo, en muchos casos, de la casta militar, y las grandes corporaciones bancarias; ayudada por las inversiones extranjeras, el crecimiento del turismo, el dinero procedente de la emigraci&oacute;n europea y el control sobre la masa salarial, la tecnocracia dirigi&oacute; la renovaci&oacute;n con mano de hierro, &uacute;nica manera de asegurar la pervivencia jer&aacute;rquica de su casta. El pr&iacute;ncipe y sus asesores entendieron pronto el cambio social que se estaba produciendo y, lejos de arrogarse un estatuto de superioridad, hubiera sido un error, supo ser un &ldquo;espa&ntilde;ol m&aacute;s&rdquo;, dispuesto, seg&uacute;n se repet&iacute;a, a arrimar el hombro en beneficio de todos. Esta identificaci&oacute;n con la clase consumista, su consagraci&oacute;n el 23-F y el papel, asignado por el PSOE de 1982, como primer embajador de la democracia espa&ntilde;ola, han hecho de su figura algo indisociable de la democracia espa&ntilde;ola: el rey de las clases medias.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo siento mucho. Me he equivocado y no volver&aacute; a ocurrir&rdquo;, declar&oacute; el monarca, el pasado 18 de abril de 2012, a la salida del hospital despu&eacute;s de su accidente de caza en Botsuana. Juntos desde 1969, cuando fue designado sucesor a t&iacute;tulo de rey, Juan Carlos y su clase media &ndash;ya jubilada, igual que deber&iacute;a estar el rey- a la que con tanto aplomo ha representado y con la que, adem&aacute;s, ha coincidido generacionalmente, han caminado muchos a&ntilde;os -la mayor&iacute;a gobernados por el PSOE, el m&aacute;s mon&aacute;rquico de los partidos nacionales- en perfecta simbiosis: la cercan&iacute;a produce el cari&ntilde;o y, por extensi&oacute;n, todos los perdones. 
    </p><p class="article-text">
        Aceptemos, aunque sea como hip&oacute;tesis, que Juan Carlos I ha cumplido su rol moderador y ha contribuido al tr&aacute;nsito de la dictadura a la democracia. &iquest;Es necesaria, una vez consolidadas las instituciones de la democracia de mercado que esta forma de Estado, hija de la arbitrariedad legislativa de Franco, se perpet&uacute;e en la figura de Felipe de Borb&oacute;n? &iquest;Esta dispuesta esta nueva sociedad neoliberal, precarizada, individualista, due&ntilde;a de valores mutantes, ajena a las penurias de la guerra 1936-1939, a un nuevo pacto que facilite, sin sobresaltos, la sucesi&oacute;n din&aacute;stica? &iquest;Tiene Felipe de Borb&oacute;n una clase emergente, cercana, complaciente, dispuesta a ser su sustento social?
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si se aplica bien la ley de sucesi&oacute;n el pasado no volver&aacute;, y la futura monarqu&iacute;a contribuir&aacute; a la grandeza de Espa&ntilde;a y ser&aacute; una garant&iacute;a de que no se podr&aacute; retroceder a las situaciones que superamos y rechazamos en nuestra guerra. La nueva constituci&oacute;n mon&aacute;rquica, basada en la ley de sucesi&oacute;n y en los principios fundamentales del Movimiento, tendr&aacute; fuerza suficiente para que sea respetada, y la flexibilidad necesaria para irse amoldando a las necesidades futuras de la naci&oacute;n&rdquo;. Desde luego, no cabe duda, Francisco Franco acert&oacute; una vez m&aacute;s, con los matices que se quiera, el 4 de febrero de 1965 hablando, con uno de sus hombres de confianza, Pac&oacute;n (Francisco Franco Salgado-Araujo), en el libro citado. Como recoge Joan E. Garc&eacute;s en su definitivo estudio, <em>Soberanos e intervenidos</em> (Siglo XXI, 1996), el presidente Nixon quer&iacute;a asegurarse una transici&oacute;n pac&iacute;fica en Espa&ntilde;a. &ldquo;El dictador dio garant&iacute;as a Nixon de que seguir&iacute;a el curso previsto: la sucesi&oacute;n se llevar&aacute; a cabo en orden. No hay alternativa al Pr&iacute;ncipe&rdquo;. Atado y bien atado, se comentaba, pero no por el caudillo, precisamente. Un recordatorio de hemeroteca: en el primer viaje de Juan Carlos a EE UU, junio de 1976 -siendo Arias Navarro Jefe de Gobierno, llamado el <em>carnicero de M&aacute;laga</em> por su actuaci&oacute;n como fiscal en los consejos de guerra franquistas-, declar&oacute; en el Capitolio de Washington: &ldquo;La Corona asegurar&aacute; el acceso al poder de las distintas alternativas de Gobierno, seg&uacute;n los deseos del pueblo libremente expresados&rdquo;. EE UU aplaudi&oacute;. Nixon y Vernon A. Walters, entre otros, hab&iacute;an puesto letra de oro al himno de la Espa&ntilde;a moderna. Atado y bien atado. Ahora s&iacute;. Tengo sobre la mesa una moneda de cien pesetas, acu&ntilde;ada en 1975. En el anverso se ve a Juan Carlos I y se lee, Rey de Espa&ntilde;a. En el reverso, el escudo del &Aacute;guila. Siempre fue la numism&aacute;tica disciplina peligrosa. 
    </p><p class="article-text">
        Enfrentado a <em>hebertistas </em>y<em> dantonistas</em>, Saint-Just, una de las cabezas pol&iacute;ticas m&aacute;s importantes de la modernidad, fue detenido por mandato de la Convenci&oacute;n durante los d&iacute;as de la reacci&oacute;n termidoriana. Dem&oacute;crata radical, leal hasta el final a Robespierre, cr&iacute;tico de la monarqu&iacute;a y sus privilegios, deber&iacute;a ser considerado un s&iacute;mbolo de la democracia, cuando esta se constituye en poder soberano. 
    </p><p class="article-text">
        Lejos de la intenci&oacute;n de este repaso hist&oacute;rico establecer impropios paralelismos entre Espa&ntilde;a, 2012, y Francia, 1793-1794. Saint-Just fue ajusticiado. &ldquo;Los que hacen las revoluciones en el mundo, los que quieren hacer el bien, solo deben dormir en la tumba&rdquo;, dec&iacute;a, joven y arrogante, en octubre de 1793. Su destino estaba escrito, no en las estrellas, sino en los cuadernos de sus enemigos. 
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos I ha cumplido con creces, incluso con actuaciones sobresalientes, las misiones institucionales que tanto Francisco Franco como la democracia parlamentaria le han ido asignando. Jur&oacute;, seguro que pensando en el futuro inter&eacute;s general, los Principios del Movimiento y, despu&eacute;s, por la misma raz&oacute;n, la Constituci&oacute;n de 1978. Aclamado por todos, incluidos los historiadores m&aacute;s cr&iacute;ticos, su figura es reconocida por los servicios prestados a la causa de la armon&iacute;a com&uacute;n. Juan Carlos I ha entrado en la historia de Espa&ntilde;a, es Historia de Espa&ntilde;a, por m&eacute;ritos propios y ocupar&aacute; un lugar destacado. Hora es de que rinda al Reino de Espa&ntilde;a, pa&iacute;s al que tanto ama, un &uacute;ltimo y definitivo servicio, igual que hizo su padre, don Juan, cuando renunci&oacute;, por el bien com&uacute;n, al leg&iacute;timo derecho din&aacute;stico que le correspond&iacute;a: impedir que la afrenta de su sucesi&oacute;n se perpet&uacute;e. Aunque solo sea por anacr&oacute;nica e innecesaria. Aunque sea solo por evitar a su hijo y sucesor el mal trago de no encontrar el respaldo popular, la base social, que &eacute;l hall&oacute; y supo mimar. 
    </p><p class="article-text">
        Desaparecido, el fantasma de Saint-Just recorre a caballo el norte de Francia, escribe Mar&iacute;a Toledano. La ley y la sangre le acompa&ntilde;an.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/saint-just-ocaso-monarquia-espanola_129_5523863.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Dec 2012 20:22:16 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Saint-Just y el ocaso de la monarquía española]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Juan Carlos I,Felipe VI,Monarquía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Spinoza y la necesidad de lo colectivo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/spinoza-necesidad-colectivo_129_5481455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente al neoliberalismo y su politica de desarticulación de lo público, Spinoza planteaba ya, en el XVII, la defensa de lo común y de la libertad dentro del Estado.</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Escupid sobre esta tumba. Aqu&iacute; yace Spinoza&rdquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        Epitafio sobre su fosa com&uacute;n
    </p><p class="article-text">
        Golpeado con sa&ntilde;a por el neoliberalismo, el Estado de bienestar se tambalea. Las leyes, antiguas garantes de las libertades, son maniatadas por decretos de urgencia. La p&eacute;rdida gradual de derechos laborales y prestaciones sociales rompe la cohesi&oacute;n social. Un argumento justifica la l&oacute;gica pol&iacute;tica de esta guerra no declarada: la crisis econ&oacute;mica obliga a tomar medidas excepcionales. Los gastos (nunca se habla de inversi&oacute;n) del Estado de bienestar, la parte social, no se pueden asumir, repiten cual t&eacute;trica letan&iacute;a. Las partidas presupuestarias destinadas a las clases populares -aquellas para las que Robespierre reclamaba ayuda y asistencia- se reducen. Parece claro que su finalidad es desmontar el estado de bienestar. Sin embargo, van m&aacute;s lejos. El capitalismo pretende destruir el estado: la &uacute;ltima frontera, al menos <em>a priori</em>, del principio de igualdad. Instaurado el librecambio financiero sin control estatal, dominando los intereses privados la esfera de lo p&uacute;blico, entregados los recursos colectivos a los designios del mercado y fragmentada la vida social, el objetivo final del neoliberalismo aparece: el control ideol&oacute;gico de las emociones y, por extensi&oacute;n, sobre la incertidumbre proyectada en los ciudadanos. Instrumental para pulir vidrios, unos cuantos libros peque&ntilde;os, un abrigo verde turco y un pantal&oacute;n; otro abrigo de color, cuatro s&aacute;banas, siete camisas, una cama y una almohada, diecinueve cuellos, cinco pa&ntilde;uelos, dos cortinas rojas, una colcha, un peque&ntilde;o cobertor de cama y dos hebillas de plata. Spinoza, el temido pensador de la subversi&oacute;n, falleci&oacute; el 21 de febrero de 1677 y fue enterrado el d&iacute;a 25. Ten&iacute;a 44 a&ntilde;os. Dej&oacute; deudas, muy pocas, y una obra pol&iacute;tica y filos&oacute;fica singular que cobra actualidad. Al barbero, Abraham Kervel, le deb&iacute;a un trimestre de afeitado: 1,90 florines.
    </p><p class="article-text">
        Antes de la aceleraci&oacute;n expansiva del modelo capitalista, la tensi&oacute;n social -la lucha pol&iacute;tica organizada de la clases sociales y la multitud- hab&iacute;a conseguido que el Estado de bienestar estuviera respaldado, al menos en parte, por la ciudadan&iacute;a, haciendo de lo com&uacute;n, de los elementos colectivos (sanidad, transporte, justicia, educaci&oacute;n, igualdad de oportunidades), parte integrante, con matices, de la vida cotidiana. Ese apoyo, basado en el sentimiento de convivencia y pertenencia a una comunidad, era el mecanismo de contenci&oacute;n frente a la ambici&oacute;n de los grupos de inter&eacute;s. Este juego de contrapoderes funcion&oacute;, al menos en Europa, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los primeros a&ntilde;os ochenta (por fijar fechas). La extremada aceleraci&oacute;n del modelo, proceso conocido como globalizaci&oacute;n o mundializaci&oacute;n, ha producido, impulsado por la capacidad tecnol&oacute;gica, la ruptura del tejido social y la ausencia de la idea de pertenencia. En la actualidad, individuos aislados, atemorizados por la p&eacute;rdida de la felicidad y la inestabilidad (como explica Richard Sennett), vivimos (casi) en un estado natural, &ldquo;prepol&iacute;tico&rdquo;, donde apenas influimos en las decisiones que afectan a la vida diaria de la comunidad. 
    </p><p class="article-text">
        Baruch Spinoza (1632-1677), asisti&oacute;, en la Rep&uacute;blica de las Provincias Unidas, cuyo motor era Holanda, a una situaci&oacute;n parecida a la actual. A mediados del siglo XVII, ese peque&ntilde;o territorio, gobernado por Johan de Witt, era lo m&aacute;s parecido a una sociedad civil de libertades, refugio de pensadores y artistas, sostenida por un floreciente comercio. Eran libres, conscientes, y negaban, unidos, pese a sus diferencias, cualquier autoridad, mon&aacute;rquica o civil, que no fuera electa y consensuada. La experiencia dur&oacute; poco. Volvi&oacute; la Casa de Orange, <em>manu militari</em>, con su represi&oacute;n de espadas y valores, igual que ahora vuelve el neoliberalismo (la versi&oacute;n 3.0. del individualismo), bajo el pretexto de la recesi&oacute;n mundial, para terminar con el estado (social), heredero del pacto capital-trabajo. Demasiados derechos y un &ldquo;mercado laboral r&iacute;gido&rdquo; impiden el desarrollo econ&oacute;mico, sostienen. Flexibilizar, desmontar el tejido social, es la consigna: romper el estado y, por extensi&oacute;n, partir por la mitad la columna vertebral, incluso, de esta imperfecta e insuficiente &ldquo;democracia de superficie&rdquo;.  
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El hombre que se gu&iacute;a por la raz&oacute;n es m&aacute;s libre en el Estado, donde vive seg&uacute;n leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde solo se obedece a s&iacute; mismo&rdquo;. As&iacute; argumentaba Spinoza (<em>&Eacute;tica</em>, IV, LXXIII) su defensa del Estado como engranaje pol&iacute;tico de convivencia asociado al progreso humano frente a un &ldquo;estado de naturaleza&rdquo;, anterior al pacto social. Coet&aacute;neo de Hobbes, del que se diferencia, y antesala de lo que luego ser&aacute; la teor&iacute;a del contrato social de Rousseau (hasta llegar a Rawls y Habermas), esta senda de progreso civil es la que hoy est&aacute; recorriendo, en sentido inverso, el neoliberalismo. Defensor de lo p&uacute;blico, entendido como lo com&uacute;n, lo colectivo, es decir, lo que une por la base a los individuos entre s&iacute; en una sociedad, la reivindicaci&oacute;n del pensamiento pol&iacute;tico de Spinoza, su idea de la necesidad de una colectividad cr&iacute;tica (aqu&iacute; su engarce con Maquiavelo) se hace m&aacute;s necesaria que nunca en sociedades de hiperconsumo donde el &uacute;nico vector social es la satisfacci&oacute;n instant&aacute;nea. Spinoza piensa en un Estado firme y seguro, soberano, apoyado en las decisiones populares, defensor de los individuos (y sus libertades) que vele, a su vez, por el destino de la multitud (y sus derechos). Esta doble misi&oacute;n, protecci&oacute;n de las libertades individuales y colectivas, y pervivencia del Estado como garant&iacute;a de estos derechos, es lo que hace imprescindible la revisi&oacute;n detenida de sus obras.
    </p><p class="article-text">
        La p&eacute;rdida paulatina de la soberan&iacute;a nacional, traspasada a entes supranacionales, no todos electos, ha causado estragos tanto en la capacidad gubernamental para dirigir el futuro de la naci&oacute;n (toma de decisiones), como en la posible respuesta colectiva (presi&oacute;n popular). Maniatados los Gobiernos, la impotencia de la contestaci&oacute;n se hace palpable. Nuestra experiencia (y nuestra capacidad, por tanto, para combatir la injusticia) mutar&aacute; en mercanc&iacute;a intercambiable ya que -sostiene J. Rifkin- en el capitalismo sin producci&oacute;n la mano de obra -tal cual la conocemos- ser&aacute; residual en unas d&eacute;cadas <em>(La era el acceso,</em> Paid&oacute;s, 2000). 
    </p><p class="article-text">
        Las naciones soberanas (aunque formen, en el mundo global, entidades supranacionales) son aquellas cuya soberan&iacute;a popular est&aacute; viva y reconstruye, con el control sobre las instituciones, su identidad pol&iacute;tica. Solo una multitud creativa y espont&aacute;nea, libre, puede formular, dot&aacute;ndose de instituciones fuertes pero flexibles, una verdadera teor&iacute;a democr&aacute;tica del poder que incluya, necesariamente, una teor&iacute;a de la subversi&oacute;n. Spinoza marc&oacute; los l&iacute;mites con dram&aacute;tica precisi&oacute;n en su <em>Tratado Pol&iacute;tico,</em> Cap.4, 6: &ldquo;No cabe duda que los contratos o leyes, por los que la multitud transfiere su derecho a un Consejo o a un hombre, deben ser violados, cuando el bien com&uacute;n as&iacute; lo exige&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         Cuando el Gobierno da la espalada a la ciudadan&iacute;a, a las clases m&aacute;s desfavorecidas, es l&iacute;cito romper los acuerdos de cesi&oacute;n del poder. Las elecciones (generales o auton&oacute;micas, en nuestro caso) son el instante de expresi&oacute;n de la soberan&iacute;a, argumentar&aacute;n los partidarios del sistema de partidos y de la democracia de mercado. Sabido es que el hast&iacute;o que siente el cuerpo social hacia las formas pol&iacute;ticas tradicionales hace de este &ldquo;momento democr&aacute;tico&rdquo; una rutina m&aacute;s dentro del sistema pol&iacute;tico. Baste citar, en el caso espa&ntilde;ol, la injusticia de ley electoral en vigor para demostrar c&oacute;mo la soberan&iacute;a se expresa en un marco de &ldquo;libertad vigilada&rdquo;, o la importante abstenci&oacute;n en las elecciones de EE UU (42,63% en las &uacute;ltimas presidenciales, 2008, pese al<em> efecto Obama).</em>
    </p><p class="article-text">
        Resulta parad&oacute;jico contemplar, en la actualidad, la frustraci&oacute;n emocional que conlleva en la ciudadan&iacute;a, esencialmente en los pa&iacute;ses de Europa del Sur, despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de fren&eacute;tico consumo, la imposibilidad material de acceso a los bienes y c&oacute;mo el descr&eacute;dito de la pol&iacute;tica (como actividad p&uacute;blica) y de los partidos pol&iacute;ticos y sindicatos (veh&iacute;culos de esa actividad) puede estar asociada con esa frustraci&oacute;n. La p&eacute;rdida de derechos adquiridos, la precariedad laboral y la reducci&oacute;n dr&aacute;stica de elementos claros de armonizaci&oacute;n p&uacute;blica parecen, en sociedades anestesiadas por los medios de comunicaci&oacute;n, elementos menos graves que la imposibilidad material de consumir. Nadie fija la mirada en los dirigentes en tiempos de (falsa y aparente) bonanza. Crisis e inestabilidad pol&iacute;tica han sido, a lo largo de la historia, basta repasar el siglo XX, claros antecedentes de soluciones caudillistas o dictatoriales. &ldquo;Por lo dem&aacute;s, aquella sociedad, cuya paz depende de la inercia de unos s&uacute;bditos que se comportan como ganado, porque s&oacute;lo saben actuar como esclavos, merece m&aacute;s bien el nombre de soledad que de sociedad&rdquo;, recuerda Spinoza, mediados del siglo XVII, enfurecido ante las diferentes formas de apat&iacute;a social y pol&iacute;tica, en su <em>Tratado Pol&iacute;tico,</em> cap. V, 4.
    </p><p class="article-text">
        Una vuelta a una especie de &ldquo;estado de naturaleza&rdquo;, al que el neoliberalismo quiere arrastrar a las sociedades modernas, es el nuevo campo de batalla, el sorprendente espacio de acci&oacute;n donde los cantos de sirena de la plural subjetividad desaparecen y la identidad, la pertenencia a un sujeto hist&oacute;rico determinado (hoy m&uacute;ltiple), debe adquirir, renovada, la dimensi&oacute;n de discurso pol&iacute;tico. S&oacute;lo en la Historia, entendida como narraci&oacute;n de la experiencia y acci&oacute;n, puede la ciudadan&iacute;a recuperar su ser, su potencia soberana. Y es en esta reconstrucci&oacute;n de las relaciones afectivas entre mujeres y hombres libres e iguales, entendidas como relaciones pol&iacute;ticas, al decir de Spinoza, donde se encuentra el tejido social-emocional -armaz&oacute;n de la soberan&iacute;a popular- desaparecido bajo la jerarqu&iacute;a de valores (y trampas) del capitalismo. &ldquo;De una sociedad cuyos s&uacute;bditos no empu&ntilde;an las armas, porque son presa del terror, no cabe decir que goce de paz, sino m&aacute;s bien que no est&aacute; en guerra&rdquo; (<em>Tratado Pol&iacute;tico, </em>cap.V, 4). Spinoza, pese a sus sucesivas derrotas (sufri&oacute; un intento de asesinato, fue expulsado de la Sinagoga por ateo, sus libros fueron prohibidos), insist&iacute;a en la cohesi&oacute;n como &uacute;nico ant&iacute;doto contra la molicie. &ldquo;No son las armas las que vencen los &aacute;nimos, sino el amor y la generosidad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Este holand&eacute;s de lejano origen ib&eacute;rico, cuyas ideas parecen escritas para esta crisis, destaca por materialista frente a propuestas religiosas o m&iacute;sticas; por radical, frente a la tibieza del c&aacute;lculo del consenso y por revolucionario, puesto que plantea una formulaci&oacute;n de la multitud, la comunidad consciente, como soberan&iacute;a vigilante. De ah&iacute; su importancia, te&oacute;rica y pr&aacute;ctica, para devolver, en tiempos de secuestro, la democracia a la ciudadan&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/spinoza-necesidad-colectivo_129_5481455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Nov 2012 18:36:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Spinoza y la necesidad de lo colectivo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robespierre y el imaginario constituyente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/robespierre-imaginario-constituyente_129_5466897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <em>&ldquo;La revoluci&oacute;n es la guerra de la libertad contra sus enemigos: la Constituci&oacute;n es el r&eacute;gimen de la libertad victoriosa y apacible&rdquo; </em>
    </p><p class="article-text">
        Robespierre, 25 de diciembre de 1793, discurso en la Convenci&oacute;n
    </p><p class="article-text">
        Parece que el modelo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico espa&ntilde;ol se resquebraja. La alianza entre las fuerzas renovadoras del franquismo y los partidos y formaciones de la oposici&oacute;n, que dio paso a la Constituci&oacute;n de 1978, est&aacute; llegando a su fin. Algunos de los problemas resueltos con prisa de hurac&aacute;n o peor a&uacute;n, silenciados, reaparecen: auge del nacionalismo perif&eacute;rico y reacci&oacute;n del centralismo (castizo) espa&ntilde;ol; supeditaci&oacute;n de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y social a la econom&iacute;a de mercado y sus intereses financieros; p&eacute;rdida real del valor de la soberan&iacute;a popular en beneficio de grupos de presi&oacute;n, revisionismo hist&oacute;rico, supresi&oacute;n de derechos adquiridos y merma sustancial de la protecci&oacute;n que conlleva el estado del bienestar, entre otros. En este contexto, miles de ciudadanos est&aacute;n reclamando, en foros y asambleas, un nuevo pacto constitucional, es decir, el inicio de un proceso constituyente que finalice con la elecci&oacute;n de Cortes Constituyentes y la redacci&oacute;n de una nueva Carta Magna que recoja las aspiraciones y anhelos de una ciudadan&iacute;a moderna, hija de las identidades m&uacute;ltiples del siglo XXI: una rep&uacute;blica democr&aacute;tica. Ejecutado en la guillotina el 28 de julio (10 Termidor) de 1794, cerca de Errancis, junto con Saint-Just y veinte revolucionarios m&aacute;s, resulta sorprendente comprobar c&oacute;mo hoy, m&aacute;s de dos siglos despu&eacute;s, la cabeza pol&iacute;tica de Robespierre -el hombre, junto con el Comit&eacute; de Salud P&uacute;blica, que consolid&oacute; la Revoluci&oacute;n francesa de 1789, salvando los progresos y logros de la Rep&uacute;blica y su esencia democr&aacute;tica- sigue vagando, malherida, vilipendiada, cubierta de cal, por las cloacas de la Historia (neoliberal) cuando deber&iacute;a ser un referente, europeo y solidario, en tiempos de p&aacute;nico institucional y zozobra &eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        La crisis financiera que arranc&oacute; el verano de 2007 est&aacute; produciendo un bloqueo democr&aacute;tico tanto en los &oacute;rganos de gobierno, centros locales de toma de decisiones, como en la vida de la comunidad. La libertad y la igualdad, pilares del sistema, est&aacute;n siendo amenazadas por la prevalencia de un supuesto estado de necesidad universal, estado de excepci&oacute;n permanente, por usar la f&oacute;rmula de G. Agamben, al cual se supeditan todas las aspiraciones de transformaci&oacute;n y progreso: &ldquo;ahora no es el momento&rdquo;, repiten, mantra de hielo, las instancias superiores. Hasta Juan Carlos I, Rey de Espa&ntilde;a, bisagra entre la cat&oacute;lica dictadura militar y la democracia (no es necesario recordar que jur&oacute; cuantas legislaciones le pusieron delante), entra en escena pidiendo, exigiendo, unidad de acci&oacute;n (unidad de destino) y una devota adhesi&oacute;n inquebrantable al Gobierno, en este caso del PP -hubiera sido igual con el PSOE- frente a la trascendencia del desplome financiero global. Al mismo tiempo, una parte significativa de la poblaci&oacute;n, los m&aacute;s desfavorecidos (parados, trabajadores con salarios bajos, precarizados, pensionistas, mujeres, j&oacute;venes sin futuro), expresa su malestar siendo reprimida por el ejecutivo nacional y por los pintorescos gobiernos aut&oacute;nomos. Manifestaciones, ocupaciones del espacio p&uacute;blico y dem&aacute;s actos c&iacute;vicos de protesta -excesos y provocaciones al margen, que han existido siempre en la confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica- son percibidos como un ataque frontal a las instituciones democr&aacute;ticas que se defienden -mandan las superestructuras econ&oacute;micas- con la polic&iacute;a. Parece que la pol&iacute;tica de los pol&iacute;ticos (y sus zafiedades), haya suplantado a la pol&iacute;tica de los ciudadanos (y sus deseos). &ldquo;Cuando el gobierno viola derechos, la insurrecci&oacute;n es para el pueblo, y para cada sector del pueblo, el m&aacute;s sagrado e indispensable de los deberes&rdquo;, se recoge en el proyecto de Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, superador del can&oacute;nico texto de 1789 (que ya reconoc&iacute;a, por cierto, &ldquo;el derecho a resistir a la opresi&oacute;n&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        Sometido a instancias supranacionales -una falaz cesi&oacute;n de soberan&iacute;a que no ha sido refrendada por la mayor&iacute;a de los estados miembros de la Uni&oacute;n Europea- el gobierno electo acata dictados contrarios al bienestar y desarrollo integral de la mayor&iacute;a social, es decir, gobierna contra su pueblo, escuchando m&aacute;s a las instituciones financieras mundiales (FMI, BM) que a su propio cuerpo electoral. Cuando el sistema de garant&iacute;as creado por la Constituci&oacute;n de 1978 es incapaz de impedir o, cuando menos, frenar el deterioro del consenso y la armon&iacute;a social, urge un cambio de modelo, acorde con las leg&iacute;timas demandas de una ciudadan&iacute;a plural, la multitudo spinozista, que &ldquo;siente e interpreta&rdquo; las reivindicaciones de una forma distinta a la conocida hasta la fecha (heredera del siglo XIX), y que expresa su disconformidad -desde el fen&oacute;meno del 15M hasta los movimientos que propugnan una entrada pac&iacute;fica en el Congreso de los Diputados- con procedimientos novedosos. La senda constitucional abierta en 1978, que ha permitido recorrer, no sin cierto &eacute;xito, una parte del camino de la dictadura -pese a las infinitas secuelas psicol&oacute;gicas y sociales- a la democracia de mercado, parece que llega a una v&iacute;a muerta. Los partidos mayoritarios -maquinarias de perpetuaci&oacute;n de castas o &ldquo;clase extractiva&rdquo;, seg&uacute;n terminolog&iacute;a (liberal) de moda- se est&aacute;n mostrando incapaces para resolver la crisis e impedir el deterioro de la calidad democr&aacute;tica, y viven este &ldquo;desbordamiento&rdquo; democr&aacute;tico, &ldquo;que no, que no nos representan&rdquo;, bien con el temor a una p&eacute;rdida de apoyo electoral (PP), bien como drama psicol&oacute;gico de espera beckettiana (PSOE), cuando s&oacute;lo deber&iacute;a ser entendido, si interpretaran la realidad con lupa demosc&oacute;pica, como una llamada de atenci&oacute;n emocional, una petici&oacute;n de principio o natural evoluci&oacute;n, acorde con la sorprendente naturaleza individual de la vida tecnol&oacute;gica y consumista (la met&aacute;stasis del sistema-mundo capitalista creado a ra&iacute;z de los acuerdos de Bretton Woods, 1944), donde la pol&iacute;tica, la sociedad y las relaciones laborales est&aacute;n mutando, sin saber bien hacia d&oacute;nde, ni con qu&eacute; fin, a velocidad de v&eacute;rtigo. Robespierre, el 10 de mayo de 1793, ante la Convenci&oacute;n, teoriza la radicalidad democr&aacute;tica, eso que ahora se denomina &ldquo;desbordamiento&rdquo;, fijando los principios de acci&oacute;n y el tempo revolucionario: &ldquo;Un pueblo cuyos mandatarios no deben dar cuenta de su gesti&oacute;n a nadie no tiene Constituci&oacute;n. Un pueblo cuyos mandatarios s&oacute;lo rinden cuentas a otros mandatarios inviolables, no tiene Constituci&oacute;n, ya que depende de &eacute;stos traicionarlo impunemente y dejar que lo traicionen los otros. Si &eacute;ste es el sentido que se le confiere al gobierno representativo, confieso que adopto todos los anatemas pronunciados contra &eacute;l por Jean-Jacques Rousseau.&rdquo; La argumentaci&oacute;n de Robespierre, tomada de sus Discursos, editados con el t&iacute;tulo Por la felicidad y por la libertad (2005), elegante hasta en su formalidad literaria, parece escrita para momentos de d&eacute;ficit de soberan&iacute;a y vac&iacute;o de poder. Su reflexi&oacute;n es una mirada limpia al poder constituyente: hacia una estructura firme pero flexible, reticular, que impida, por inoperancia o miedo, la par&aacute;lisis del sistema nervioso central del Estado. &iquest;Qu&eacute; es leg&iacute;timo hacer cuando los gobernantes dan la espalda a una parte, numerosa, del cuerpo electoral, y reaccionan solo ante las exigencias de las oligarqu&iacute;as financieras? Como sostiene Georges Labica, por debajo del pensamiento de Robespierre discurre una &ldquo;pol&iacute;tica de la filosof&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La democracia o es virtuosa, justa y excelsa hasta el extremo, dir&iacute;a el abogado de Arr&aacute;s, o no es democracia. Es m&aacute;s, o favorece el inter&eacute;s de la mayor&iacute;a, o no merece tal nombre. Robespierre viv&iacute;a obsesionado con la suerte de los desfavorecidos y el respeto a las decisiones de las mayor&iacute;as. Pese a la brutalidad e ignorancia de la Historia liberal -parecido al caso de V.I. Lenin- Robespierre procur&oacute; contener los excesos jur&iacute;dicos y pol&iacute;ticos de dirigentes como Bar&egrave;re o Danton comport&aacute;ndose, en muchos instantes del proceso revolucionario, con paciencia y moderaci&oacute;n: un &ldquo;centrista&rdquo; dentro del partido de la Monta&ntilde;a. Georges Lefebvre, uno de los primeros historiadores que desvel&oacute; el velo de terror sangriento que envolv&iacute;a su figura afirm&oacute; que &ldquo;fue un hombre magn&iacute;fico, defendi&oacute; la democracia y el sufragio universal de 1789 (&hellip;) y en circunstancias normales nunca hubiera apoyado la pena de muerte ni la censura de prensa&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El Proyecto de Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, antes citado, fue presentado ante la Convenci&oacute;n el 24 de abril de 1793. Su articulado servir&iacute;a de base a la Constituci&oacute;n de 1793, texto que, recuerda Albert Soboul en La revoluci&oacute;n francesa (1966), &ldquo;ser&iacute;a para los republicanos de la primera mitad del siglo XIX el s&iacute;mbolo de la democracia pol&iacute;tica&rdquo;. Cuando los incesantes recortes del neoliberalismo -Alemania est&aacute; ganando la guerra mundial que perdi&oacute; en Stalingrado- afectan de manera indiscriminada a las prestaciones sociales se puede leer el art&iacute;culo 21, repito la fecha, abril de 1793: &ldquo;El socorro p&uacute;blico es una deuda sagrada. La sociedad debe asistencia a los ciudadanos desgraciados, bien procur&aacute;ndoles trabajo, bien asegurando los medios de existencia para aquellos que no est&aacute;n en situaci&oacute;n de trabajar.&rdquo;   
    </p><p class="article-text">
        Frente a la p&eacute;rdida de aliento del sistema de 1978, el nuevo proceso constituyente, un renovado contrato social, con un fuerte car&aacute;cter anti-individualista, deber&iacute;a exigir, de entrada, la recuperaci&oacute;n de la soberan&iacute;a perdida (su ser es ser en acci&oacute;n) y la permanente exigencia a los gobernantes de sus responsabilidades p&uacute;blicas. Ante el descr&eacute;dito del Estado y de las instituciones, y la desconfianza que generan los pol&iacute;ticos, minados por abusos y corrupciones, Robespierre sosten&iacute;a (1793) que &ldquo;el principio de responsabilidad moral -imperativo mayor de la democracia, podr&iacute;amos a&ntilde;adir- exige adem&aacute;s que los agentes del gobierno rindan, en &eacute;pocas determinadas y con bastante continuidad, cuentas exactas y circunstancias de su gesti&oacute;n. Que las cuentas sean hechas p&uacute;blicas por la v&iacute;a de la impresi&oacute;n y sometidas a la censura de todos los ciudadanos. Que sean enviadas, en consecuencia, a todos los departamentos, a todas las administraciones y a todas las comunas.&rdquo; Cambio 16, una de las publicaciones m&aacute;s influyentes en la Transici&oacute;n, recog&iacute;a unas declaraciones de Felipe Gonz&aacute;lez, Secretario General del PSOE, a la salida del colegio electoral, 6 de diciembre de 1978, la jornada que refrend&oacute; la Constituci&oacute;n. Preguntado por la vigencia del texto que se somet&iacute;a a votaci&oacute;n respondi&oacute;: &ldquo;Espero que decenios y decenios, y si es posible, de un siglo a dos&rdquo;. Nada como el desparpajo y el tron&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        En una reciente biograf&iacute;a, Robespierre. Una vida revolucionaria (2012), Peter McPhee narra, a modo de conclusi&oacute;n, las vicisitudes del reconocimiento del revolucionario. El 30 de septiembre de 2009, el pleno municipal de la ciudad de Par&iacute;s rechaz&oacute; la moci&oacute;n de un concejal (socialista) que solicitaba poner el nombre de Robespierre a una calle o a una plaza en la &ldquo;Ciudad de la Luz&rdquo;. El concejal, perplejo, argument&oacute; que el dirigente jacobino era &ldquo;primera y principalmente un revolucionario formado por los ideales de la filosof&iacute;a de la Ilustraci&oacute;n&rdquo; y no &ldquo;una caricatura de un verdugo sediento de sangre&rdquo;. Y un formidable antecedente, se podr&iacute;a a&ntilde;adir, para un din&aacute;mico, necesario y urgente proceso constituyente que impulse otra forma democr&aacute;tica de vida en com&uacute;n.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/robespierre-imaginario-constituyente_129_5466897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Oct 2012 17:44:19 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Robespierre y el imaginario constituyente]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dionisio Ridruejo: una anomalía española]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dionisio-ridruejo-anomalia-espanola_129_5450766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a294f3d7-cea7-4fa6-a3e6-4d6a97611d6b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dionisio Ridruejo: una anomalía española"></p><p class="article-text">
        <em>Todo parece indicar que el R&eacute;gimen se hunde como empresa aunque se sostenga como &ldquo;tinglado&rdquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        Dionisio Ridruejo, Carta a Franco, 7 de julio de 1942
    </p><p class="article-text">
        <em>El espa&ntilde;ol lo espera todo de un milagro, lo que unido a su poca imaginaci&oacute;n y a su falta de libertad interior nos da su incapacidad para la vida de convivencia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dionisio Ridruejo, conferencia en el Ateneo de Barcelona, 12 de abril de 1955
    </p><p class="article-text">
        Le llamaban Dionisio, con esa familiaridad, macho, tan falangista, gallarda y valerosa que distingu&iacute;a a los dirigentes. Empez&oacute; de Director General de Propaganda con los sublevados africanistas durante la guerra y termin&oacute; en el destierro, la c&aacute;rcel, exilio parisino y, finalmente, en el olvido, el peor de los purgatorios. Lector de los primeros fascistas espa&ntilde;oles, Gim&eacute;nez Caballero y Ledesma Ramos (subyugados por Malaparte y Mussolini), fascista, luego falangista, <em>azuldivisionario</em> en Rusia (antes Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica), escritor y poeta, Ridruejo representa una anomal&iacute;a, una m&aacute;s, de las que cabalgan por las tierras de Espa&ntilde;a. Inquietante y brillante orador, miembro de la &ldquo;escuadra de poetas&rdquo; (Fox&aacute;, Mourlane Michelena, Miquelarena, S&aacute;nchez Mazas, Alfaro) que compuso en el restaurante Or-Kon-Pon, 3 de diciembre de 1935, el himno <em>Cara al Sol,</em> &ldquo;yo no asist&iacute; a la cena -escribe el propio Ridruejo en sus memorias- llegu&eacute; a los postres&rdquo;, estos d&iacute;as de octubre, el 12, festividad de la Virgen del Pilar, <em>Por el Imperio hacia dios, </em>D&iacute;a de la Hispanidad, <em>Por el Imperio hacia Dios,</em> se recuerda el centenario de su nacimiento. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque muriera en junio de 1975, unos meses antes que el &ldquo;C&eacute;sar Visionario&rdquo; -Franco falleci&oacute; en noviembre, al comp&aacute;s de las marchas militares que le pon&iacute;a su endocrino, Pozuelo Escudero-, Ridruejo pertenece a la estirpe de la primera Transici&oacute;n (particip&oacute; en el llamado &ldquo;contubernio de Munich&rdquo;, 1962) y fund&oacute; la Uni&oacute;n Social Dem&oacute;crata Espa&ntilde;ola (USDE) en 1972, formando parte, por diferentes razones, de aquellos que pasaron -unos por desafecci&oacute;n y reflexi&oacute;n, su caso; otros, por conveniencia e intereses contables, la mayor&iacute;a- de las catacumbas del R&eacute;gimen a la democracia social de libre mercado. En el <em>Eurovegas</em> que fue la Transici&oacute;n (de la CIA y los Servicios de Inteligencia a los maletines del SPD, del suicidio, inmolaci&oacute;n, de las Cortes franquistas al advenimiento del PSOE del Congreso de Suresnes, pasando los j&oacute;venes prohombres del <em>ancien r&eacute;gime </em>convertidos en &ldquo;dem&oacute;cratas de toda la vida&rdquo;, sentados en los bancos azules de UCD), Ridruejo era, al menos en apariencia, el solitario, barnizado de ojeras, prisionero de una &ldquo;existencia aut&eacute;ntica&rdquo;, como escribe uno de sus mejores bi&oacute;grafos, Manuel Penella, en <em>Dionisio Ridruejo, poeta y pol&iacute;tico</em> (1999), sentado al fondo de la barra, mientras el reparto se produce, sin avisar, en la cocina. 
    </p><p class="article-text">
        Perseguido por su atroz biograf&iacute;a de mando de Falange (es de los primeros se&ntilde;oritos de la <em>wild bunch</em> de Primo de Rivera, alias Jos&eacute; Antonio), perseguido, tambi&eacute;n, por su enfrentamiento con Franco, debido a la deriva personalista del Invicto, Ridruejo no encontr&oacute; acomodo y transit&oacute; por la pol&iacute;tica y la literatura, el pensamiento y la acci&oacute;n, cual espectro cardiaco. Su pasado lastr&oacute; su vida y su presente, entre las dudas que generaba su trayectoria y el reformismo europeo del que hac&iacute;a gala, estaba siempre en otro lugar. En realidad, DR nunca estaba. Dice Francisco Umbral: &ldquo;Se hizo falangista por fascinaci&oacute;n, y luego se exili&oacute; &eacute;l mismo en su interior, o le exiliaron, y fue siempre un ejemplo de coherencia moral e incoherencia vital&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hijo de la peque&ntilde;a, cat&oacute;lica y provinciana burgues&iacute;a de El Burgo de Osma, Soria; sobrio, contenido y castellano, su <em>Casi unas memorias</em> (publicadas, a su muerte en 1977, hay reedici&oacute;n de octubre 2012), constituye uno de los ejercicios de mayor sosiego que pueda esperarse de un hombre nacido para la acci&oacute;n -entr&oacute; en Barcelona, 26 de enero de 1939, paseando a la izquierda del general Yag&uuml;e, fue miembro de la Junta Pol&iacute;tica y del Consejo Nacional de Falange Tradicionalista y de las JONS-, que, sin embargo y pese a las lealtades que suscit&oacute; en vida, parec&iacute;a que andaba errante. En una conocida fotograf&iacute;a de los a&ntilde;os sesenta se le ve junto a Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales, Rodrigo Ur&iacute;a, Pedro La&iacute;n Entralgo y Antonio Tovar: todos, sabido es, reconocidos dem&oacute;cratas. Por las mismas fechas -aviso para desmemoriados- el PCE era la &uacute;nica oposici&oacute;n al franquismo y sus militantes eran encarcelados, torturados, asesinados. 
    </p><p class="article-text">
        Dionisio Ridruejo es una anomal&iacute;a. Una mezcla de hidalgo de secarral y repeinado, l&iacute;rico, fascista italiano; intelectual org&aacute;nico y, despu&eacute;s, rabioso independiente. Sabido es: una parte de la &eacute;lite pol&iacute;tica e intelectual del franquismo -ah&iacute; est&aacute;n sus biograf&iacute;as- fue girando, despacio, prudente, timorata, del orden &uacute;nico impuesto por el caudillo a la &ldquo;democracia de superficie&rdquo;. La anomal&iacute;a procede del orgullo ante la (supuesta) traici&oacute;n de Franco a Falange que Ridruejo vivi&oacute; como una fantasmag&oacute;rica cuesti&oacute;n de honor, algo entre Lope y Calder&oacute;n. Falange estaba siendo arrinconada; la formaci&oacute;n que hab&iacute;a adherido con una insuperable pasi&oacute;n vital -representaba una violenta modernidad italo-germana frente a la aburrida <em>realpolitik</em> y el &ldquo;peligro marxista&rdquo;- pasaba al fondo del escenario: camisas azules e insignias para conmemoraciones. Admiraba -la pasi&oacute;n masculina del h&eacute;roe en el imaginario falangista- a su carism&aacute;tico l&iacute;der, a&ntilde;os despu&eacute;s, el Ausente. Nunca presumi&oacute; de un conocimiento te&oacute;rico del falangismo. Sin embargo, este hecho -su militancia emocional m&aacute;s que pol&iacute;tica- no le exime de su complicidad con la barbarie de los sublevados hasta su ruptura con ellos. Quiz&aacute; por esta raz&oacute;n -era consciente de su contribuci&oacute;n- acab&oacute; siendo m&aacute;s fiel al confuso ideario primigenio, unido a un moderno europe&iacute;smo socialdem&oacute;crata, que muchos de sus fundadores. 
    </p><p class="article-text">
        La Transici&oacute;n, que naci&oacute; como una peculiar forma de <em>aggiornamento</em> del R&eacute;gimen y termin&oacute; -si acaso lo ha hecho- con la llegada del PSOE al poder <em>(aggiornados</em> ellos tambi&eacute;n) en octubre de 1982, encuentra en Ridruejo un valioso antecedente. Citado por Penella en su obra, responde a un interlocutor: &ldquo;No creo ni me importa que vaya a tener un rol importante en la pol&iacute;tica futura. Me he asignado una funci&oacute;n de tr&aacute;mite, de habilitaci&oacute;n del pasaje&rdquo;. Enfermizo Caronte, sin barca, custodio del paso de un r&eacute;gimen dictatorial a una democracia (imperfecta), mu&ntilde;idor en su territorio, las sombras, cay&oacute; derrotado por Franco en 1942 (oposici&oacute;n individual) y en 1956 (oposici&oacute;n colectiva y primer paso por la c&aacute;rcel), hasta que, tit&aacute;nico, levant&oacute; su propio proyecto pol&iacute;tico en 1972 que sucumbi&oacute; por la aceleraci&oacute;n de los tiempos. No estaba el sistema de partidos dispuesto a demasiadas concesiones. El reparto era claro. Por un lado quedar&iacute;an los centristas de UCD, herederos del orden; enfrente, el renovado PSOE, partidario del orden (posmoderno). DR hab&iacute;a perdido el espacio en esta batalla de la geopol&iacute;tica internacional (disfrazada de consenso y madurez del pueblo espa&ntilde;ol) y, como los comunistas, aunque por diferentes razones, qued&oacute; anulado -marginado- por su historia. Igual que a Santiago Carrillo, sus detractores consiguieron que, imaginariamente, les saliera naftalina de los bolsillos: productos caducos para<em> les temps modernes. Casi unas memorias,</em> fresco de la agitada vida de Ridruejo, se present&oacute; en Barcelona el 16 de noviembre de 1976 con su viuda, Gloria de Ros, el editor Lara y Antonio de Senillosa. D&iacute;as despu&eacute;s -prosigue la cr&oacute;nica del diario <em>El Pa&iacute;s- </em>le esperaban en Madrid, Enrique Tierno Galv&aacute;n, Pedro La&iacute;n Entralgo y Gonzalo Torrente Ballester: destacados miembros, quiz&aacute; todos no tan &iacute;ntegros -Tierno hizo carrera de alcalde socialista- del muestrario de la indiferencia. 
    </p><p class="article-text">
        Una sorpresa final: an&aacute;lisis de poeta en funci&oacute;n de estratega. En la revista cubana <em>Bohemia,</em> 31 de septiembre de 1957, Ridruejo conversa con Luis Ortega Sierra. En un momento del di&aacute;logo, y ante la pregunta &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es su filiaci&oacute;n pol&iacute;tica?&rdquo; responde, entre otras cosas, &ldquo;Si el socialismo espa&ntilde;ol hiciese una apertura en sus principios prepol&iacute;ticos y ajustase su programa, creo que deber&iacute;amos desear que &eacute;l fuese el gran partido de la mayor&iacute;a: el capaz de construir la mayor&iacute;a de clase media y clase obrera que Espa&ntilde;a necesita y cuya ausencia cost&oacute; la vida a la Rep&uacute;blica&rdquo;. No est&aacute; mal para un afiliado a Falange en mayo de 1933, Premio Nacional de Literatura en 1950 y Premio Mariano de Cavia, 1954, que fund&oacute; plataformas y partidos, fracasando siempre pese a su agudo instinto pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; visto que en Espa&ntilde;a, la ca&ntilde;&iacute; y la otra, si existe, no fue traum&aacute;tico, oyendo a Ridruejo, el paso intelectual de Falange al PSOE -se produjo poco, por razones generacionales- como tampoco el tr&aacute;nsito del monol&iacute;tico R&eacute;gimen a la d&uacute;ctil Monarqu&iacute;a Constitucional. Lo dicho: un <em>Eurovegas</em> civil, religioso y militar, recubierto de fichas de colores. Al fondo, Ridruejo, vigilado de reojo por el &aacute;guila, observa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/dionisio-ridruejo-anomalia-espanola_129_5450766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Oct 2012 19:09:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Dionisio Ridruejo: una anomalía española]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Francisco Franco,Falange]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eric Hobsbawm: el otro gentleman comunista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/eric-hobsbawm-gentleman-comunista_129_5439549.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1776dd79-dd86-4d6c-a7a4-dfe3f4d6c707_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Eric Hobsbawn"></p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;La cr&iacute;tica de la ret&oacute;rica de los mitos hist&oacute;ricos es una tarea de </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>los historiadores de hoy, sobre todo en casos donde hay nacionalismos&ldquo; </em>
    </p><p class="article-text">
        Eric Hobsbawm,  <em>El Pa&iacute;s,</em> 12 de abril de 2003<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em> </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Lo que encontramos hoy en d&iacute;a no es que ya no exista clase obrera alguna, </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>sino que la conciencia de clase ya no tiene su capacidad de unir&ldquo;</em>
    </p><p class="article-text">
         Eric Hobsbawm (1988)
    </p><p class="article-text">
        Le&iacute;amos a Hobsbawm. Era un paso de frontera obligado. Quer&iacute;amos asaltar los cielos de la raz&oacute;n y la raz&oacute;n, vestida con las sedas del turbocapitalismo, ha creado el actual estado de excepci&oacute;n permanente. Arranco esta necrol&oacute;gica, subg&eacute;nero period&iacute;stico, con un libro en la mano. Se trata de <em>Las revoluciones burguesas</em>, 11&ordf; edici&oacute;n, Labor, Punto Omega, 1987. En realidad, licencias editoriales al margen, es el primer volumen de las <em>Eras</em>, <em>La Era de la Revoluci&oacute;n </em>(1798-1848), obra que consagr&oacute; -si no lo estaba ya- a Eric Hobsbawm, en 1962, como uno de los historiadores m&aacute;s importantes del siglo XX. Junto con <em>La Era del Capital</em> (1848-1875) y <em>La Era del Imperio </em>(1875-1914), aparecieron en 1975 y 1987, constituyen el fresco m&aacute;s detallado sobre la evoluci&oacute;n pol&iacute;tica, social y cultural del siglo XIX, hasta la I Guerra Mundial. Leer estos tres vol&uacute;menes, hoy, pulcramente editados por Cr&iacute;tica, junto con el resto de sus trabajos, es la forma m&aacute;s sencilla, r&aacute;pida y directa para entender c&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;, c&oacute;mo nos han conducido, burbujas inmobiliarias al margen, al abismo. Muchos advenedizos, cabalgan por doquier, aprovechar&aacute;n su muerte, 1 de octubre de 2012, y repetir&aacute;n la letan&iacute;a: era un historiador marxista, es decir, de poco fiar o, en el mejor de los casos, lastrado por su err&oacute;nea metodolog&iacute;a. &ldquo;Marxista&rdquo; ha pasado de ser un t&eacute;rmino descriptivo, lo era en el siglo XIX, a un insulto -salvo excepciones- durante el XX: ahora es solo arqueolog&iacute;a. &ldquo;Historiador marxista&rdquo; debe ser una categor&iacute;a especial, se entiende que menor (o diferente), de historiador. Algo as&iacute; como un historiador prisionero de su <em>gulag </em>ideol&oacute;gico totalitario. Ser&aacute; por aquello de la objetividad dem&oacute;crata-liberal. Esta visto que no se han enterado, a estas alturas, del m&eacute;todo marxista como forma de an&aacute;lisis de la realidad social. Da igual. Han ganado.
    </p><p class="article-text">
        Eric Hobsbawm, jud&iacute;o no practicante, naci&oacute; (1917) en un sitio imposible y m&aacute;gico del protectorado colonial brit&aacute;nico, Alejandr&iacute;a (Egipto), y ha muerto, sabio, en otro sitio igualmente fantasmag&oacute;rico, un hospital de Hampstead, en el Londres virtual, la sociedad l&iacute;quida del consumo y los JJ. OO., donde nada es lo que parece: ni un anuncio es un anuncio. Educado en Viena, Berl&iacute;n y en el <em>King&acute;s College</em> de Cambridge, form&oacute; parte del grupo de marxistas ingleses que tanto lustre dieron al pensamiento anglosaj&oacute;n, teor&iacute;a y acci&oacute;n pr&aacute;ctica, durante d&eacute;cadas. Incluso m&aacute;s de una generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles (mirar&aacute;n hacia otro lado, no son tiempos de reivindicaciones) se ha nutrido con las lecturas de E. Hobsbawm, E. P. Thompson, Christopher Hill, Maurice H. Dobb, Rodney Hilton o Raymond Williams, por citar nombres esenciales. <em>Past &amp; Present</em> fue una de sus principales revistas. Estaban levantando la bandera de la Historia social: la historia desde abajo. &ldquo;Me hice comunista en 1932, aunque en realidad no ingres&eacute; en el Partido hasta mi llegada a Cambridge en oto&ntilde;o de 1936&rdquo;. As&iacute; arranca el cap&iacute;tulo 9, &ldquo;Ser comunista&rdquo; de <em>A&ntilde;os interesantes. Una vida en el siglo XX</em> (2003).
    </p><p class="article-text">
        Prol&iacute;fico escritor, por su inteligencia cr&iacute;tica han desfilado cuestiones tan variadas como los primeros revolucionarios, bandoleros y ludistas, o el jazz (escribi&oacute; docenas de art&iacute;culos para el <em>New Statesman</em> con el pseud&oacute;nimo de Frankie Newton, trompetista negro y comunista de Billie Holliday), pasando por la revoluci&oacute;n industrial, el olvido de la mujer en la Historia, el bolchevismo, los sindicatos de clase, la din&aacute;mica de Vietnam y las guerras imperialistas; mayo del 68, Marx, Lenin o Karl Korsch y las vanguardias art&iacute;sticas del siglo XX. Nada le parec&iacute;a ajeno. Aunque quiz&aacute; sea <em>Trabajadores. Estudios de historia de la clase obrera </em>(Cr&iacute;tica, 1979), uno de sus libros m&aacute;s rotundos: la gu&iacute;a imprescindible. Con <em>Historia del siglo XX</em> (Cr&iacute;tica, 1995), titulado <em>Age of Extremes. The short Twentieth Century</em> (1914-1991), puso colof&oacute;n a sus <em>Eras</em>. Este trabajo de s&iacute;ntesis le dio fama mundial (al tiempo, Giovanni Arrighi, publicaba, 1994, <em>El largo siglo XX</em>, Akal, 1999), consiguiendo llegar a miles lectores. Me alegr&eacute; -en silencio- por el &eacute;xito del viejo combatiente. En 2003, con motivo de uno de sus viajes a Espa&ntilde;a (era un apasionado de nuestra historia contempor&aacute;nea), declaraba a <em>El Pa&iacute;s</em> (12/04/2003), ante la pregunta, &ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa el comunismo en el siglo XXI&rdquo;? &ldquo;En primer lugar, cr&iacute;tica al capitalismo, cr&iacute;tica de una sociedad injusta que est&aacute; desarrollando sus contradicciones. El ideal de una sociedad de mayor igualdad, libertad y fraternidad. La pasi&oacute;n por la acci&oacute;n pol&iacute;tica, el reconocimiento de la necesidad de la acci&oacute;n colectiva. La defensa de la causa de los pobres y los oprimidos. Lo que ya no significa es un orden social como el tipo sovi&eacute;tico, un orden econ&oacute;mico de planificaci&oacute;n total y colectiva: me parece que ese experimento ha fallecido. El comunismo como motivaci&oacute;n contin&uacute;a vigente; como programa, no.&rdquo;  
    </p><p class="article-text">
        Con la muerte del profesor Hobsbawm desaparece uno de los pilares de la memoria individual y colectiva del siglo XX. Conoc&iacute;a los recodos del siglo XIX y ha vivido el XX, cambalache de guerras, pasiones revolucionarias e ilusiones perdidas. La muerte de E.H. nos deja ateridos de fr&iacute;o, la sensaci&oacute;n de una espada en la piel, arrancando oto&ntilde;o, mientras avanza la destrucci&oacute;n implacable del Estado de Bienestar. La &ldquo;Era de Hobsbawm&rdquo; toca a su fin. Quedar&aacute;n los libros, centenares de art&iacute;culos y conferencias. Es posible que alguien, por vez primera, se acerque a sus textos. Los mayores pasar&aacute;n el plumero por las estanter&iacute;as y recordar&aacute;n qu&eacute; pensaban, <em>illo tempore</em>, cuando leyeron a E.H. Los nuevos lectores disfrutar&aacute;n. A otros muchos, este <em>gentleman </em>comunista les seguir&aacute; dando pavor. O quiz&aacute; sea su propia sombra, ahora gris marengo.   
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Manuel Fernández-Cuesta]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/eric-hobsbawm-gentleman-comunista_129_5439549.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 02 Oct 2012 09:39:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Eric Hobsbawm: el otro gentleman comunista]]></media:title>
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