<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Sebastián Martín]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/sebastian_martin/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Sebastián Martín]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510091" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El profesor universitario en peligro de extinción]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/universitario-extincion-comisiones-interinos-despropositos_132_1121020.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/652f619e-68b7-4359-906a-007cc95f76a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El profesor universitario en peligro de extinción"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El proceso de evaluación de sustitutos interinos a través de un nuevo sistema informático termina con la paciencia de los profesores de la Universidad de Sevilla</p></div><p class="article-text">
        Si nos remontamos a los or&iacute;genes de cada profesor universitario es casi seguro que en alg&uacute;n momento demos con la imagen de esa ni&ntilde;a o ni&ntilde;o, adolescente o joven curioso, rebelde a la vez que disciplinado, y movido por el ansia del saber y, tambi&eacute;n, por la admiraci&oacute;n de dicho saber en la figura de referencia (sol&iacute;a ser siempre &ldquo;el&rdquo; maestro). Encontraremos seguramente tambi&eacute;n a una persona con ansias de libertad, la del pensamiento y, por ende, m&aacute;s proclive al juicio cr&iacute;tico y menos a ser tentada, de entrada, por el aura de otras formas de poder y de servidumbres ajenas al conocimiento, como la del dinero. Los profesores intuimos, cuando nos decantamos por desarrollar nuestra vocaci&oacute;n (y luego vamos confirm&aacute;ndolo poco a poco a lo largo de la carrera, que nuestra opci&oacute;n lo es por una forma de vida. Una forma de vida que no nos va a permitir vivir en la opulencia, pero s&iacute; en la libertad de explorar las fronteras del conocimiento, contagiando al alumnado el entusiasmo por la aventura del saber, en complicidad con esos otros pocos que en el mundo entero comparten pasi&oacute;n por esa peque&ntilde;a esfera de la ciencia en la que en alg&uacute;n momento y por alg&uacute;n avatar de la vida decidimos especializarnos. Eternos estudiosos, exploradores del conocimiento y maestros, as&iacute; nos queremos.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, hace a&ntilde;os que observamos una deriva de nuestro oficio que, en aras de la meritocracia, en beneficio de la burocracia y bajo el halo del cientifismo de las m&eacute;tricas generadoras de su propio mercado de especialistas, est&aacute; minando de forma lenta pero cierta la profesi&oacute;n y el alma de quien en su d&iacute;a la escogi&oacute;. No cabe duda de que la transparencia, la meritocracia y la sana competitividad van de la mano de la excelencia. Tampoco cabe duda de que nuestra Universidad ha adolecido de sus propios males, entre los que figura la mediocridad posibilitada por la endogamia y el nepotismo, grave mal cuando lo que se pretende es que a la creaci&oacute;n y transmisi&oacute;n del conocimiento a las nuevas generaciones se puedan dedicar los mejores. Trat&aacute;ndose, a fin de cuentas, del acceso al empleo e incluso a la funci&oacute;n p&uacute;blica es el m&eacute;rito, y no otro, el criterio que debe regir, en este &uacute;ltimo caso, por mandato constitucional. Ahora bien, s<strong>e deber&iacute;a dar por sobreentendido que pocos est&aacute;n m&aacute;s capacitados para valorar el m&eacute;rito cient&iacute;fico en el interior de la carrera acad&eacute;mica que aquellos que ya han logrado una determinada posici&oacute;n avanzada en el seno de la misma</strong>, gracias, justamente, a una acumulaci&oacute;n de m&eacute;ritos debidamente valorada. El hecho de que las comisiones de evaluaci&oacute;n para la acreditaci&oacute;n o el acceso a las diferentes escalas del profesorado universitario la conformen siempre profesores o investigadores senior(es decir, quienes poseen una trayectoria profesional ya acreditada) corrobora esa pretensi&oacute;n.
    </p><h3 class="article-text">La aplicaci&oacute;n inform&aacute;tica decide</h3><p class="article-text">
        Obs&eacute;rvese el alcance del desatino: por un lado, el actual proceso de baremaci&oacute;n ha atribuido a la aplicaci&oacute;n inform&aacute;tica una capacidad decisoria fundamental en lo que respecta a la ubicaci&oacute;n y ponderaci&oacute;n de los m&eacute;ritos; por otro, quienes est&aacute;n llamados a decidir acerca de la competencia profesional de quienes pueden ingresar en la carrera acad&eacute;mica tienen vetado cualquier tipo de juicio acerca de la calidad de las contribuciones de cada aspirante. El m&eacute;todo de evaluaci&oacute;n es pura y exclusivamente cuantitativo, de modo que un mismo trabajo publicado bajo diferente t&iacute;tulo y con escasos retoques en varias sedes vale mucho m&aacute;s que una sola investigaci&oacute;n sesuda sobre un asunto particular, traducida en una sola publicaci&oacute;n de calidad.<strong> No hay, pues, modo de cortar la entrada a la mediocridad con este sistema cuantitativo de valoraci&oacute;n</strong>, que s&oacute;lo mide la capacidad al peso, hurtando toda posibilidad de intervenci&oacute;n a quienes se entienden preparados para una ponderaci&oacute;n cualitativa correspondientemente fundamentada y motivada.
    </p><p class="article-text">
        Rep&aacute;rese adem&aacute;s en el modo de producci&oacute;n cient&iacute;fica y cultural que se est&aacute; incentivando con este tipo de filtros y controles: la pura acumulaci&oacute;n repetitiva y superficial, guiada por el c&aacute;lculo de d&oacute;nde conviene m&aacute;s, estrat&eacute;gicamente, colocar las propias publicaciones (esto es, las revistas o sedes que, por predominio econ&oacute;mico o por posici&oacute;n oligop&oacute;lica en el sector, pueden colocarse a la cabeza de los ranking correspondientes y otorgar m&aacute;s puntos), en lugar de por el &aacute;nimo de innovar, de ensayar nuevas perspectivas, de trascender los lugares comunes y, con ello, de hacer avanzar el saber al que cada cual se dedica.
    </p><h3 class="article-text">Desconfianza radical</h3><p class="article-text">
        Nos encontramos, pues, instalados en una transici&oacute;n que, con respecto a la evaluaci&oacute;n de los m&eacute;ritos para el acceso a la carrera acad&eacute;mica, va desde la capacidad decisoria irrestricta de los expertos a la capacidad decisoria irrestricta de las m&aacute;quinas de acuerdo con m&eacute;tricas solo supuestamente objetivas. <strong>Por la desconfianza radical frente a la falibilidad o la corrupci&oacute;n del juicio de los evaluadores abrazamos una confianza desmedida en la capacidad de valoraci&oacute;n de los soportes inform&aacute;ticos</strong>. Esto nos enfrenta a otra dimensi&oacute;n del problema, vinculada igualmente con la devaluaci&oacute;n progresiva de la profesi&oacute;n acad&eacute;mica no solo en la nuestra sino en el gran conjunto de las universidades espa&ntilde;olas: su degeneraci&oacute;n creciente en una ocupaci&oacute;n burocr&aacute;tica. Porque lo m&aacute;s curioso de todo es que, a pesar de la mecanizaci&oacute;n del sistema, se sigue contando con el tiempo del profesorado para realizar labores que, llegados a este punto, bien podr&iacute;a realizar un personal administrativo debidamente formado.
    </p><p class="article-text">
        Las evaluaciones son necesarias, qu&eacute; duda cabe. Pero cuando el tiempo que invertimos en procesos para evaluar a otros colegas y ser evaluados nosotros mismos (comisiones de evaluaci&oacute;n, sexenios, acreditaciones y un largo etc&eacute;tera), as&iacute; como en la gesti&oacute;n y justificaci&oacute;n de gastos de proyectos de investigaci&oacute;n, nos absorbe de tal manera que nos quedamos sin tiempo para preparar bien nuestra docencia y avanzar debidamente nuestra investigaci&oacute;n, y se nos quitan hasta las ganas de solicitar nuevos proyectos y ni siquiera nos planteamos ir a por los de mayor envergadura, es que algo va profundamente mal. Es que el remedio empieza a ser peor que la enfermedad, entre otras cosas porque <strong>el sistema puede acabar desincentivando a los m&aacute;s capaces intelectualmente y premiando a los que al final se revelen como los mejores bur&oacute;cratas o gestores.</strong> Ese d&iacute;a habr&aacute; muerto la figura del profesor universitario, al menos tal y como la entend&iacute;amos los que hace ya unas d&eacute;cadas la escogimos.
    </p><h3 class="article-text">Burocratizaci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        Porque en eso, en bur&oacute;cratas, es en lo que nos estamos convirtiendo y en eso est&aacute; consistiendo la doma del esp&iacute;ritu del cuerpo de profesores universitarios a quienes poco a poco se nos est&aacute; minando el alma mientras avanzamos, asfixiados, hacia el siguiente paso y m&iacute;sera recompensa, ya sea el cambio de escalaf&oacute;n en la carrera o la satisfacci&oacute;n de las m&eacute;tricas para que valoren nuestros m&eacute;ritos. &Uacute;nase a esto la idea de la ciencia a coste cero. Es decir, que no s&oacute;lo se nos exige y se nos involucra en procesos de control, verificaci&oacute;n y certificaci&oacute;n infinitos (en un sistema que, por cierto, descansa en la presunci&oacute;n de la mentira del solicitante, ya sea externo ya del propio cuerpo universitario, salvo que se demuestre, certificado mediante, la verdad), sino que no se distingue entre lo que es una labor meramente administrativa que, por digna que sea, no requiere un juicio acad&eacute;mico, y lo que no lo es, sino que opta por descargar cada vez m&aacute;s todo y de forma indiferenciada sobre el profesor.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as, se han reunido un total de 168 comisiones de las distintas &aacute;reas de conocimiento de las facultades de la Universidad de Sevilla, contando cada una con 5 profesores, para una labor de meros fedatarios p&uacute;blicos que ha consumido una media de 10 jornadas de trabajo de cada profesor (variable en funci&oacute;n del n&uacute;mero de solicitudes). Es decir, que estamos hablando de <strong>840 profesores involucrados y de unas 8.400 jornadas de trabajo del profesorado seg&uacute;n c&aacute;lculos conservadores</strong>. Lo razonable es que hubiera habido un tr&aacute;mite de subsanaci&oacute;n de errores que no parece haberse respetado (en detrimento de los solicitantes) a cargo del personal administrativo de la Universidad. Y que a los profesores nos hubieran llegado los expedientes completos y debidamente contrastados (por todo lo que hace a los requisitos y m&eacute;ritos aportados) de forma que pudi&eacute;ramos emitir nuestro juicio acad&eacute;mico sobre los aspectos que lo merec&iacute;an. En vez de esto, nos hemos visto todos involucrados en la labor de ir comprobando m&eacute;ritos en funci&oacute;n de certificados, uno a uno, corrigiendo errores de los propios solicitantes y buscando las formas y triqui&ntilde;uelas de avanzar en una plataforma que no lo permit&iacute;a en principio ante determinadas carencias o erratas de los propios solicitantes o, peor a&uacute;n, del propio sistema, pues nos consta que muchos solicitantes no lograron introducir los m&eacute;ritos que efectivamente ten&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Alguien de verdad se ha detenido a calcular el coste de este proceso que probablemente acabe en una serie de recursos infinitos cuya resoluci&oacute;n requerir&aacute; ulteriores recursos? &iquest;Alguien se ha parado a contrastar el ahorro en personal administrativo frente al coste de personal acad&eacute;mico dedicado a estas cuestiones? &iquest;Alguien se ha tomado la molestia de pensar en la frustraci&oacute;n que le genera al profesorado que tiene que apartarse de sus funciones verdaderamente acad&eacute;micas para realizar unas que son principalmente de gesti&oacute;n cuando al mismo tiempo se le priva de la posibilidad de desempe&ntilde;ar la parte realmente acad&eacute;mica? &iquest;Y en la sensaci&oacute;n de indignidad que produce que nuestra propia Universidad se tome tan poco en serio nuestro trabajo, nuestra vocaci&oacute;n y nuestra honestidad? Y sobre todo, &iquest;c&oacute;mo puede ser que, a&uacute;n encolerizados, no seamos capaces del alzar el grito al cielo y decir: &iexcl;basta ya!? &iquest;Es que acaso lo han conseguido ya: la extinci&oacute;n de la especie del profesor universitario?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ruth Rubio, Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/universitario-extincion-comisiones-interinos-despropositos_132_1121020.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Feb 2020 20:43:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/652f619e-68b7-4359-906a-007cc95f76a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="600346" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/652f619e-68b7-4359-906a-007cc95f76a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="600346" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El profesor universitario en peligro de extinción]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/652f619e-68b7-4359-906a-007cc95f76a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Universidad,Interinos,Burocracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Revolución inminente y Ley de Murphy]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/revolucion-inminente-ley-murphy_132_1190308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7fdeec6-50bd-4032-a070-0f6c41d939e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Revolución inminente y Ley de Murphy"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para corregir la pendiente actual, con probable desenlace desastroso para las fuerzas progresistas e independentistas, no es aconsejable apostar por una mayor polarización que haga todavía más antipáticas las reivindicaciones de autodeterminación en el resto del país</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Respuesta al art&iacute;culo de Albert Noguera, &ldquo;<a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/decision-ERC-epocal_6_972962708.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">La decisi&oacute;n de ERC, una decisi&oacute;n epocal</a>&rdquo;</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Recuerdo la estupefacci&oacute;n que sent&iacute; cuando supe que el anarquismo espa&ntilde;ol, tan intransigente y beligerante con los nuevos mecanismos de conciliaci&oacute;n entre capitalistas y trabajadores puestos en planta por la Segunda Rep&uacute;blica, acept&oacute;, ya en el exilio, diezmadas sus filas y asolada Espa&ntilde;a por la dictadura de Franco, la restauraci&oacute;n de la monarqu&iacute;a (en la testa, supongo, de &ldquo;don Juan&rdquo;) mediante la convocatoria de elecciones constituyentes. Quienes con la promesa de conquistar un para&iacute;so de libertad y autonom&iacute;a social situado a la vuelta de la esquina hab&iacute;an llevado a su grado m&aacute;ximo el conflicto contra un Estado que se propon&iacute;a, entre sus prioridades fundamentales, la emancipaci&oacute;n pol&iacute;tica de los trabajadores, terminaron avini&eacute;ndose a unos m&iacute;nimos conservadores para cuya consecuci&oacute;n carec&iacute;an ya de toda fuerza colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Este recuerdo, con su correspondiente ense&ntilde;anza, me lo ha tra&iacute;do a la mente la lectura del &uacute;ltimo art&iacute;culo de mi admirado amigo Albert Noguera, caracterizado, como todos los suyos, por una rara potencia constructiva y anal&iacute;tica&hellip; que corre, sin embargo, el riesgo de convertirse en un ejercicio de manique&iacute;smo apod&iacute;ctico y dogm&aacute;tico. Baste para comprobarlo con reparar en la mayor debilidad de su argumentaci&oacute;n, localizada en el punto en que establece una relaci&oacute;n de causalidad proporcional entre el nivel de ingobernabilidad general alcanzado en el Estado y la posibilidad de cumplir con las expectativas de celebrar un refer&eacute;ndum de autodeterminaci&oacute;n en Catalunya.
    </p><p class="article-text">
        Sostiene as&iacute; que el &uacute;nico modo que tiene &ldquo;el movimiento independentista&rdquo; de conseguir que se produzca &ldquo;alg&uacute;n movimiento de fichas en favor del refer&eacute;ndum&rdquo; es apostar por lo que llama &ldquo;la dial&eacute;ctica de las ingobernabilidades&rdquo;, sumando a la protesta social la &ldquo;incapacidad del poder&rdquo; para dotarse de &oacute;rganos con los que canalizar la voluntad estatal. En este contexto, el dilema que atenaza a ERC consistir&iacute;a en apoyar el Gobierno de coalici&oacute;n de S&aacute;nchez a costa del &ldquo;cierre temporal del conflicto catal&aacute;n y la restauraci&oacute;n del r&eacute;gimen&rdquo;, o bien en negarle el apoyo con el fin de reactivar &ldquo;el conflicto catal&aacute;n&rdquo; y &ldquo;agudizar la crisis de r&eacute;gimen&rdquo;, en la esperanza de que una intervenci&oacute;n internacional, o la presi&oacute;n de la dirigencia econ&oacute;mica, obliguen a la realizaci&oacute;n de la consulta.
    </p><p class="article-text">
        Virtud de todo an&aacute;lisis de situaci&oacute;n ha de ser la ponderaci&oacute;n exacta de las fuerzas en presencia. En general, esta exigencia obliga a presumir una respuesta autoritaria por parte de las instancias europeas o de las &eacute;lites empresariales ante una exacerbaci&oacute;n del conflicto. En lo que respecta a la concreta problem&aacute;tica catalana, significa adem&aacute;s incorporar al an&aacute;lisis la desembocadura final del refer&eacute;ndum celebrado el 1 de octubre de 2017 y de la moment&aacute;nea declaraci&oacute;n ulterior de independencia. El car&aacute;cter puramente simb&oacute;lico que ambos actos acabaron teniendo -car&aacute;cter, por tanto, insuficiente para servir de base a una nueva legalidad-, no lo proporcionaron ni la amenaza del 155 ni la posibilidad de la represi&oacute;n, sino la ausencia total de respaldo c&iacute;vico y de reconocimiento internacional a la institucionalidad que de los mismos cab&iacute;a derivar. Los Estados con m&iacute;nima capacidad de decisi&oacute;n mantuvieron un elocuente silencio, y ante la primera reacci&oacute;n gubernamental, el Parc de la Ciutadella se vaci&oacute;. No solo se hizo patente en ese momento que era imposible &ldquo;constituir la Rep&uacute;blica catalana contra el 50% de la poblaci&oacute;n&rdquo;, por utilizar las expresiones de Joan Tard&agrave; y Gabriel Rufi&aacute;n. Se puso entonces tambi&eacute;n de relieve que el otro presunto 50% de la poblaci&oacute;n que desear&iacute;a tal Rep&uacute;blica no estaba dispuesto a ning&uacute;n autosacrificio grave para conseguirla; una preferencia por la seguridad que constituye el desmentido m&aacute;s delator acerca del hipot&eacute;tico car&aacute;cter opresivo o totalitario del engranaje estatal en el que la actual Comunidad Aut&oacute;noma se inserta.
    </p><p class="article-text">
        Atributo de todo an&aacute;lisis de situaci&oacute;n ha de ser asimismo el pulso de las tendencias latentes. Y una de ellas, de la que se ha tenido reciente corroboraci&oacute;n emp&iacute;rica, se&ntilde;ala que la intensificaci&oacute;n de &ldquo;la conflictividad&rdquo;, sin aumentar la base social del independentismo, incrementa considerablemente la del neofranquismo, cuya receta para solventar el problema catal&aacute;n sabemos que es la suspensi&oacute;n permanente de la autonom&iacute;a, la aplicaci&oacute;n de la Ley de Seguridad Nacional y la ilegalizaci&oacute;n de los partidos independentistas. Aun sin quererse conferir credibilidad a esta serie de propuestas, por suponer dificultosa la reforma constitucional que exigen y descartar que se puedan aplicar mediante atajos de hecho, parece evidente que la agudizaci&oacute;n del conflicto extiende su verosimilitud y su respaldo en sociedad.
    </p><p class="article-text">
        La tesis de partida del art&iacute;culo desconoce, por tanto, la inexorabilidad de una ley tan imaginaria e implacable como la de Murphy: &ldquo;todo lo malo es susceptible de empeorar&rdquo;. Su regularidad hist&oacute;rica es desde luego superior que la de aquella otra de raigambre anarquista, que conforma su opuesto, a tenor de la cual &ldquo;cuanto peor (vayan las cosas), mejor (para mejorar)&rdquo;. Seg&uacute;n el dictado de Murphy, la agravaci&oacute;n del conflicto catal&aacute;n por contribuir ERC a la ingobernabilidad del Estado habr&iacute;a de saldarse, no con mayores oportunidades para un refer&eacute;ndum pactado, sino con unos nuevos comicios -cuya inevitabilidad reconoce el propio autor- de los que saldr&iacute;a un gobierno de coalici&oacute;n entre el PP y un Vox todav&iacute;a m&aacute;s revigorizado.
    </p><p class="article-text">
        Para corregir la pendiente actual, con probable desenlace desastroso para las fuerzas progresistas e independentistas, no es aconsejable apostar por una mayor polarizaci&oacute;n que haga todav&iacute;a m&aacute;s antip&aacute;ticas las reivindicaciones de autodeterminaci&oacute;n en el resto del pa&iacute;s, ensanchando el campo a sus peores enemigos. Parece m&aacute;s sensato explorar caminos que, en el resto del Estado, siembren simpat&iacute;as por el pluralismo, promuevan actitudes de reconocimiento de nuestra plurinacionalidad, generen mayor comprensi&oacute;n colectiva hacia un escenario eventual de secesi&oacute;n leg&iacute;tima o -salida mejor en mi opini&oacute;n- favorezcan la revisi&oacute;n constituyente del Estado en sentido confederal. Y para todo eso acaso ayude m&aacute;s contribuir a la gobernaci&oacute;n del pa&iacute;s que empe&ntilde;arse en sabotearla con la vana y masoquista esperanza de culminar la revoluci&oacute;n de la independencia.
    </p><p class="article-text">
        De proceder de este modo, ERC no estar&iacute;a contribuyendo a &ldquo;restaurar&rdquo; ning&uacute;n &ldquo;r&eacute;gimen&rdquo;, sino propiciando la aglutinaci&oacute;n de fuerzas capaces de reformarlo en un sentido progresista, ni tampoco estar&iacute;a cancelando el conflicto catal&aacute;n, sino situ&aacute;ndolo en una perspectiva de m&aacute;s largo plazo ante la constataci&oacute;n realista del fracaso sufrido por la v&iacute;a de la separaci&oacute;n unilateral.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/revolucion-inminente-ley-murphy_132_1190308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Dec 2019 22:53:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b7fdeec6-50bd-4032-a070-0f6c41d939e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="38558" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b7fdeec6-50bd-4032-a070-0f6c41d939e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="38558" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Revolución inminente y Ley de Murphy]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b7fdeec6-50bd-4032-a070-0f6c41d939e3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[ERC - Esquerra Republicana de Catalunya,Investidura]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La enseñanza política del 15M]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ensenanza-politica-quince-eme_132_4003482.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La ecuación virtuosa entre la presión popular ejercida por la movilización en las calles y la posibilidad del cambio político es la enseñaza más viva, pero más olvidada hoy, del 15M</p><p class="subtitle">El artículo es la segunda entrega de la semana que dedicamos a celebrar el quinto aniversario del 15M</p></div><p class="article-text">
        La experiencia del 15M fue todo un revulsivo para quienes, nacidos durante la transici&oacute;n, o ya directamente en democracia, carec&iacute;amos de toda socializaci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s all&aacute; de los canales provistos por partidos, sindicatos y asociaciones. Bastaba contemplar en los documentales de rigor el grado de movilizaci&oacute;n social que hab&iacute;a conocido el pa&iacute;s durante los a&ntilde;os 70 para percatarse de que, salvo episodios aislados de huelga general, llev&aacute;bamos m&aacute;s de treinta a&ntilde;os durmiendo. La tan a&ntilde;orada &ldquo;modernizaci&oacute;n&rdquo; de Espa&ntilde;a hab&iacute;a provocado, como su reverso tenebroso, una preocupante despolitizaci&oacute;n de las capas medias y los sectores populares. Y eso era tanto como decir que al Estado social y democr&aacute;tico que se estaba construyendo, mientras se iban colocando sus pilares jur&iacute;dicos, institucionales y financieros, se le iba a la vez sustrayendo su propio supuesto pol&iacute;tico-cultural, el de una ciudadan&iacute;a activa y organizada celosa de sus derechos.
    </p><p class="article-text">
        El 15M demostr&oacute; que la propia articulaci&oacute;n del Estado constitucional &ndash;esto es, del Estado organizado democr&aacute;ticamente en funci&oacute;n de la defensa y promoci&oacute;n de los derechos individuales y sociales&ndash; hab&iacute;a ido cultivando sus propias bases de legitimaci&oacute;n. Ante el espect&aacute;culo de su perversi&oacute;n y desmantelamiento, fueron centenares de miles de personas las que respondieron masivamente en las plazas. El gran m&eacute;rito, la inequ&iacute;voca novedad, vino dada por el car&aacute;cter espont&aacute;neo del movimiento, que discurri&oacute; desde el comienzo por cauces completamente independientes de los partidos, los sindicatos y otras asociaciones pol&iacute;ticas. La ciudadan&iacute;a se levantaba, sin necesidad de que los actores pol&iacute;ticos tradicionales la despertasen, en defensa de lo que entend&iacute;an el bien pol&iacute;tico m&aacute;s preciado: una democracia aut&eacute;ntica, no adulterada, que actuase en beneficio de las mayor&iacute;as sociales.
    </p><p class="article-text">
        De entre los que abarrot&aacute;bamos aquellos d&iacute;as las plazas con menos de 40 a&ntilde;os, es muy posible que ninguno hubiese vivido con anterioridad la experiencia de asambleas multitudinarias, de foros en los que se revisaba colectivamente el &lsquo;estado de la naci&oacute;n&rsquo;. El sentimiento intenso de pertenencia activa a una comunidad pol&iacute;tica con capacidad de autodeterminarse recorr&iacute;a las entra&ntilde;as de cuantos nos sent&aacute;bamos a escuchar y debatir. Si hacia dentro se estaba produciendo un proceso vertiginoso de educaci&oacute;n pol&iacute;tica pr&aacute;ctica, hacia fuera se estaban desplegando acontecimientos no menos valiosos.
    </p><p class="article-text">
        Fueron muchos quienes por vez primera se enfrentaron a los desaf&iacute;os, sinsabores y gratificaciones de la organizaci&oacute;n colectiva. Muchos tomaban la palabra por primera vez en p&uacute;blico, y su voz quebrada por los nervios contrastaba con la solidez del juicio que emit&iacute;an. Hab&iacute;a que articular la acci&oacute;n entre sujetos que no se conoc&iacute;an entre s&iacute;, partiendo del principio de la mutua confianza que despertaba el reconocimiento de verse involucrados en una tarea com&uacute;n. El 15M cataliz&oacute; las energ&iacute;as de movimientos sociales, de j&oacute;venes y mayores ya politizados, pero logr&oacute; a su vez abrazar a multitudes an&oacute;nimas que hasta ese momento no hab&iacute;an vivido su dimensi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s que de forma individual o, en todo caso, privada.
    </p><p class="article-text">
        La punta de lanza de todo el movimiento, la radicada en Sol, logr&oacute; adem&aacute;s encabezar un gesto de ejemplaridad que resum&iacute;a el n&uacute;cleo pol&iacute;tico del movimiento. A escala, quiso demostrar durante semanas que la comunidad pol&iacute;tica que reivindicaba no se circunscrib&iacute;a al mundo inexistente de las utop&iacute;as, sino que constitu&iacute;a la propia realidad cotidiana de los all&iacute; reunidos, donde el lenguaje de participaci&oacute;n, fraternidad, cooperaci&oacute;n y autonom&iacute;a se superpuso, hasta ponerlo territorialmente en suspenso, al habitual de la competencia, el dinero y la obediente resignaci&oacute;n. Pudo entonces pecarse de ingenuidad, al descuidarse los medios y procedimientos necesarios para generalizar aquella singular experiencia de autonom&iacute;a colectiva, pero la demostraci&oacute;n inequ&iacute;voca de que lo reclamado no era una entelequia, sino una praxis vivida plenamente, se hizo patente a la luz del d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n hubo otra ense&ntilde;anza pol&iacute;tica fundamental del 15M. Recuerdo que cada d&iacute;a que me acercaba a la plaza de las Setas, en Sevilla, la afluencia de manifestantes era mayor. Cada convocatoria, cada manifestaci&oacute;n, lograba despertar m&aacute;s adhesiones. La progresi&oacute;n multiplicadora de las sucesivas sentadas anunciaba la posibilidad de un desbordamiento incapaz de ser controlado por las instituciones en vigor. Hubo un d&iacute;a, apenas pasada una semana de concentraciones diarias, en que los asistentes fueron los mismos que la jornada anterior. La ascensi&oacute;n se hab&iacute;a detenido. Falt&oacute; alg&uacute;n detonante a&ntilde;adido, la llamada resuelta de los sindicatos a sus bases y cuadros, la entrega decidida de las bolsas de ciudadan&iacute;a m&aacute;s severamente castigadas por la crisis, para que la intensidad de aquellas movilizaciones hubiese provocado cambios bruscos, inmediatos y visibles a nivel institucional.
    </p><p class="article-text">
        No hay ordenaci&oacute;n del poder que no aspire a revestirse de naturalidad. Tras casi tres d&eacute;cadas de vigencia estable de nuestro r&eacute;gimen pol&iacute;tico, convenientemente sustentado por una cultura compartida, muchos ya viv&iacute;an la distribuci&oacute;n del poder existente, y su articulaci&oacute;n institucional, poco menos que como fen&oacute;menos naturales e inalterables, invariables por su adecuaci&oacute;n a la fisonom&iacute;a aut&eacute;ntica de Espa&ntilde;a. La indignaci&oacute;n multitudinaria del 15M puso en evidencia, de un solo manotazo, que tanto la trama institucional vigente como su ropaje cultural distaban de parecerse y de responder a las necesidades de la Espa&ntilde;a real. Y demostr&oacute; que la organizaci&oacute;n intensiva de los miembros m&aacute;s despiertos del pa&iacute;s pod&iacute;a poner contra las cuerdas a la Espa&ntilde;a oficial, demostrando la artificialidad y el car&aacute;cter meramente convencional de sus bases organizativas y te&oacute;ricas.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n continuamos a d&iacute;a de hoy viviendo de aquel r&eacute;dito pol&iacute;tico fundamental, el que mostr&oacute; que las cosas se pueden cambiar sustantivamente porque nada de lo relativo a la vida en sociedad est&aacute; determinado por la fatalidad natural. Pero es justamente la ecuaci&oacute;n virtuosa entre la presi&oacute;n popular y la posibilidad del cambio pol&iacute;tico lo que el 15M exhibi&oacute; con mayor vigor en las plazas, y lo que hoy, con la vista puesta solo en la pol&iacute;tica representativa, m&aacute;s hemos perdido y m&aacute;s convendr&iacute;a recuperar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ensenanza-politica-quince-eme_132_4003482.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 09 May 2016 17:42:34 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La enseñanza política del 15M]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[15M]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia y populismo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/historia-populismo_132_4012532.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Que los representantes de las fuerzas progresistas señalen la conveniencia de dotar de fondo histórico a sus aspiraciones supone toda una interpelación al compromiso político de los historiadores críticos</p><p class="subtitle">La historiografía crítica no pretende remplazar unos mitos reaccionarios por otros supuestamente progresistas, sino ejercer una labor de desmitificación, un acto de por sí liberador</p><p class="subtitle">La historiografía crítica aspira a prestar fundamento al principio capital de toda revolución política, a tenor del cual todo lo concerniente al gobierno de nuestras vidas no es asunto de historia, sino de voluntad y razón</p></div><p class="article-text">
        Entre las urgencias que se comienzan a plantear las posiciones cr&iacute;ticas figura la de <a href="http://www.martinezabarca.net/2016/05/04/disputar-la-historia-de-espana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">disputar las representaciones</a> sobre nuestra historia. En el caso de Catalu&ntilde;a, hace ya tiempo que reputados historiadores de sensibilidad progresista decidieron colocar sus conclusiones en el terreno de la sustancialidad nacional, la historia contraf&aacute;ctica &ndash;&lsquo;sin Nueva Planta borb&oacute;nica, Catalu&ntilde;a habr&iacute;a sido la Holanda del Sur&rsquo;&ndash; y la reivindicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Algo similar est&aacute; aconteciendo en otros pueblos de Espa&ntilde;a, necesitados de genealog&iacute;a patria para fundamentar su sustantividad ante un posible horizonte constituyente en clave confederal. Conscientes de que era un &aacute;mbito casi monopolizado por los discursos conservadores, liberales e institucionales, siempre prestos al uso partidario de la historia, estos historiadores nacionalistas de izquierda resolvieron que hab&iacute;a que dar la batalla tambi&eacute;n ah&iacute;, a despecho de la historiograf&iacute;a de inspiraci&oacute;n marxista, que conceb&iacute;a los relatos nacionalistas como invenciones interesadas de tradici&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Con ocasi&oacute;n de las celebraciones del 2 de mayo, hemos podido apreciar c&oacute;mo la estrategia cultural del populismo democr&aacute;tico tambi&eacute;n reclama un apartado de historia nacional. Siendo su objetivo primordial el de la construcci&oacute;n sem&aacute;ntica de nuevas y aglutinantes identidades pol&iacute;ticas, y primando en sus concepciones el aspecto mitol&oacute;gico de las colectividades, la importancia de los relatos hist&oacute;ricos no pod&iacute;a pasarle desapercibida.
    </p><p class="article-text">
        La apuesta es clara: dotar de antecedentes a los movimientos e iniciativas populares que hoy abogan por el cambio; mirar nuestro pasado desde su perspectiva, encontrando en &eacute;l supuestas gestas de las mayor&iacute;as sociales, que lograron agruparse para combatir a las minor&iacute;as olig&aacute;rquicas, extractivas y traidoras y fundar en su lugar un nuevo pa&iacute;s m&aacute;s inclusivo, honesto e igualitario. Desde esta plataforma, por tanto, el levantamiento popular del 2 de mayo, en lugar de reflejar una sociedad pol&iacute;ticamente cohesionada, en plena modernidad, por el Altar y el Trono, mostrar&iacute;a esas energ&iacute;as populares capaces de derrocar a las minor&iacute;as desp&oacute;ticas y crear las condiciones para la aprobaci&oacute;n de nuestra &ldquo;<a href="http://blogs.elconfidencial.com/cultura/un-prado-al-dia/2015-08-19/inigo-errejon-15m-goya-mamelucos-el-prado_975856/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">primera Constituci&oacute;n democr&aacute;tica</a>&rdquo;. Arrebatado el 2 de mayo al rancio nacionalismo espa&ntilde;ol, su resignificaci&oacute;n populista subrayar&iacute;a su forma plebeya de construir patria frente a los poderosos y lo situar&iacute;a como hito inaugural de nuestra tradici&oacute;n revolucionaria, justo la que convendr&iacute;a realzar como lo m&aacute;s genuino, valioso y vanguardista de nuestra singladura nacional.
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas no deben escandalizar los usos pol&iacute;ticos de la historia, mucho menos si, como ahora se trata, se ponen al servicio de causas de emancipaci&oacute;n y autonom&iacute;a. La &oacute;rbita en la que estos discursos se desenvuelven, coincidente con la esfera p&uacute;blica politizada, es adem&aacute;s de radio diverso, y rigen en ella reglas bien distintas a las que gobiernan el tr&aacute;fico m&aacute;s restringido y exigente de la comunicaci&oacute;n acad&eacute;mica. Por eso sonar&iacute;a a puntilloso y superfluo prurito profesoral el recordar que poco ten&iacute;a a&uacute;n la Constituci&oacute;n de 1812 de democr&aacute;tica, debido al esclavismo, el sexismo y el elitismo que tambi&eacute;n proclamaba, o el se&ntilde;alar que abundaron los que se levantaron el 2 de mayo, no para construir patria alguna, sino para resistirse leg&iacute;timamente ante intentos heter&oacute;nomos de modernizaci&oacute;n en nombre de la patria mon&aacute;rquica, cat&oacute;lica y jer&aacute;rquica antes existente.  
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n es que ambos universos, el de la opini&oacute;n p&uacute;blica ilustrada y el de la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica, se encuentran permanentemente interconectados. Por eso, el que los representantes de las fuerzas progresistas se&ntilde;alen la conveniencia de proveer de fondo hist&oacute;rico a sus aspiraciones supone toda una interpelaci&oacute;n al compromiso pol&iacute;tico de algunos historiadores, entre los que me encuentro. &iquest;Abarca la responsabilidad c&iacute;vica del historiador progresista el deber de leer el pasado en funci&oacute;n de las necesidades presentes de sus formaciones afines? Tal podr&iacute;a ser la pregunta.
    </p><p class="article-text">
        Con las prevenciones oportunas, creo que el compromiso cient&iacute;fico del historiador obliga a responderla con una negativa. Y la raz&oacute;n la da su vinculaci&oacute;n con algo que a&uacute;n hoy podr&iacute;amos denominar como verdad.
    </p><p class="article-text">
        Vayamos antes con las prevenciones. No hay historiograf&iacute;a que se precie de tal nombre que no parta del reconocimiento humilde de las mediaciones subjetivas en su producci&oacute;n literaria. El historiador aporta siempre un excedente de sentido a los materiales con los que trabaja, a&ntilde;adido que procede de sus circunstancias biogr&aacute;ficas, su ecosistema socioecon&oacute;mico, sus inclinaciones pol&iacute;ticas, su complexi&oacute;n cultural o de las disyuntivas que atraviesan su presente. El historiador que oculta esta dimensi&oacute;n subjetiva de su obra, present&aacute;ndola como reflejo id&eacute;ntico de la verdad pasada, no solo es un impostor, sino que, por regla general, es el m&aacute;s sesgado de todos.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, el historiador marcado por el compromiso pol&iacute;tico con los derechos, la democracia sustantiva, la igualdad econ&oacute;mica o la lucha contra los privilegios y la opresi&oacute;n, dar&aacute; un acento inconfundible a sus escritos, realzando el valor de las experiencias y narrativas que propiciaron estas l&iacute;neas de evoluci&oacute;n pol&iacute;tica, con las que, una vez ponderadas y filtradas, ser&iacute;a conveniente reconectar. Hasta ah&iacute;, creo, llega la disponibilidad del historiador cr&iacute;tico para con las reivindicaciones populistas.
    </p><p class="article-text">
        Y no alcanza m&aacute;s all&aacute; porque la cr&iacute;tica historiogr&aacute;fica impone, a su vez, dos afanes irrenunciables: en primer lugar, la comprensi&oacute;n diacr&oacute;nica de cada una de las fases hist&oacute;ricas, caracterizadas por su propia gram&aacute;tica, intransferible a los periodos anteriores y sucesivos, lo que bloquea en buena medida el intento de fundar aspiraciones presentes en acontecimientos pasados. Y, en segundo lugar, la suspicacia permanente ante la instrumentalizaci&oacute;n del discurso historiogr&aacute;fico por parte del poder.
    </p><p class="article-text">
        Reconocer la discontinuidad como rasgo estructural del proceso hist&oacute;rico frente a los relatos sustancialistas explica, por ejemplo, la dificultad insuperable sentida a la hora de fundamentar causas &ldquo;revolucionarias&rdquo; modernas e igualitarias en expresiones populares regresivas y restauradoras, como en medida no despreciable lo fue el 2 de mayo. Y la desconfianza frente al poder alimenta comprensibles reticencias porque esta disputa por el relato nacional prefigura, a escala a&uacute;n antag&oacute;nica, programas educativos de tono adoctrinador para el futuro en que las fuerzas progresistas alcancen poder institucional.
    </p><p class="article-text">
        Puede adem&aacute;s que rehusar la historiograf&iacute;a militante no sea un gesto cient&iacute;fico pol&iacute;ticamente huero. La historia cr&iacute;tica lleva a&ntilde;os disputando nuestras representaciones colectivas, pero lo hace de modo bien diverso al sugerido por el populismo democr&aacute;tico, que viene a proponer la asunci&oacute;n de los relatos tradicionalmente hegem&oacute;nicos para colorearlos de matices liberadores. Su opci&oacute;n es, m&aacute;s bien, la de la impugnaci&oacute;n de una narrativa ideol&oacute;gica, funcional a las estructuras olig&aacute;rquicas de poder. Por eso, frente a la reivindicaci&oacute;n conservadora de una historia espa&ntilde;ola sin complejos, con todos sus elementos de confesionalidad, tradicionalismo, militarismo, autoritarismo y vasallaje, prefiere subrayar todos estos lastres para marcar los desaf&iacute;os emancipadores a encarar, como si verbalizarlos permitiese conjurarlos y reconociendo la heroicidad de los sectores que contestaron estos elementos de la identidad nacional prevalente.
    </p><p class="article-text">
        Pero es que adem&aacute;s, la historiograf&iacute;a cr&iacute;tica, de honda pulsi&oacute;n racionalista, no pretende sustituir unos mitos reaccionarios por otros supuestamente progresistas -o peor: aceptar los mitos oficiales para resignificarlos por la izquierda-, sino realizar una labor desmitificadora, ya de por s&iacute; liberadora; y tampoco aspira a suministrar relatos que den sustento hist&oacute;rico a colectivos pol&iacute;ticos, sino a fundamentar el principio capital de toda revoluci&oacute;n pol&iacute;tica, justamente el que transmite a los ciudadanos la convicci&oacute;n de que lo concerniente a su organizaci&oacute;n en sociedad, al gobierno de sus vidas y la fundaci&oacute;n de sus instituciones, no es asunto de historia, sino, en &uacute;ltima instancia, de voluntad y de raz&oacute;n, sin necesidad de atender a hipotecas basadas en la tradici&oacute;n o en la mitolog&iacute;a nacional predominante.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la sociedad que perge&ntilde;an, en proyecto, sus relatos es una colectividad racionalmente administrada en funci&oacute;n de los derechos y con base en el di&aacute;logo, y no una comunidad cohesionada por mitos compartidos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/historia-populismo_132_4012532.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 May 2016 18:58:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Historia y populismo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Populismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La República de 1931, ni de izquierdas ni de derechas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/republica-izquierdas-derechas_132_4055891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La República ha sido habitualmente comprendida a través del filtro epistemológico que contrapone izquierda y derecha, pero su espíritu fundador y su dinámica política trascendieron esta dicotomía</p></div><p class="article-text">
        Uno de los mayores equ&iacute;vocos en que vive sumida la Segunda Rep&uacute;blica es el de presentarse como r&eacute;gimen de extrema izquierda. Por extensi&oacute;n, una de sus mayores deformaciones es la que explica su g&eacute;nesis y din&aacute;mica a trav&eacute;s de la bipolaridad izquierda-derecha. Contemplada desde este &aacute;ngulo, estar&iacute;amos ante un sistema pol&iacute;tico-constitucional marcado por desgarradores extremismos. En esta noci&oacute;n maniquea de la Rep&uacute;blica coinciden colectivos pol&iacute;ticamente opuestos: unos la mantienen porque les permite continuar despreciando nuestra primera democracia constitucional, otros, porque consiguen de ese modo patrimonializar la valiosa experiencia republicana.
    </p><p class="article-text">
        Las representaciones vulgares siempre contienen aspectos de verdad, justo aquellos que les confieren verosimilitud. Nadie puede negar, en efecto, que la colisi&oacute;n entre las izquierdas obreras y las derechas ligadas a la iglesia y la gran propiedad determin&oacute; el curso de la Rep&uacute;blica. Pero ni ese eje absorbi&oacute; todo su devenir, ni tampoco la defini&oacute; en tanto que proyecto de modernizaci&oacute;n del pa&iacute;s; sin embargo, contin&uacute;a imponi&eacute;ndose, incluso en medios historiogr&aacute;ficos, como pantalla a trav&eacute;s de la cual se la conoce y enjuicia.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, por ejemplo, la vida parlamentaria de las Cortes republicanas se suele despreciar por abundar en ella los radicalismos y la presencia de partidos extremistas. La evidencia documental se&ntilde;ala, no obstante, que, autoexcluidos del juego institucional los anarquistas, y con &iacute;nfima presencia en el Congreso tanto mon&aacute;rquicos como falangistas y comunistas, la composici&oacute;n real del Parlamento estaba mucho m&aacute;s centrada de lo que pudiera parecer.
    </p><p class="article-text">
        Estas distorsiones tambi&eacute;n aparecen cuando se valoran las reformas republicanas como extremosas. La consulta de los debates constituyentes revela, sin embargo, que la relativa socializaci&oacute;n de la propiedad privada fue obra del consenso y la transacci&oacute;n, que el cap&iacute;tulo de los derechos sociales apenas sembr&oacute; discordias y que el propio r&eacute;gimen auton&oacute;mico fue aceptado finalmente como la opci&oacute;n m&aacute;s incluyente. Y es que el dise&ntilde;o de la Constituci&oacute;n de 1931, en lugar de herido por divergencias irreconciliables, reflej&oacute; el m&aacute;ximo acuerdo que se pod&iacute;a alcanzar para solucionar problemas, como el social, el regional y el religioso, que nadie negaba ni nadie pretend&iacute;a ya resolver con los esquemas conservadores que reinaron en la Restauraci&oacute;n. Hasta la severa reforma laicista, pese al conato de ruptura que produjo, consagr&oacute; en t&eacute;rminos constitucionales la apostas&iacute;a que iba extendi&eacute;ndose cada vez m&aacute;s en la ciudadan&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Con filtros epistemol&oacute;gicos como el de la insoportable pugna entre los extremismos de izquierda y derecha se ha conseguido popularizar una imagen falseada, ideol&oacute;gica, de aquel r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Este filtro tuvo su sanci&oacute;n general en tiempos de la Transici&oacute;n, pues era funcional a la ret&oacute;rica de la reconciliaci&oacute;n, pero su verdadera acta de nacimiento la extendi&oacute; el golpe del 18 de julio, cuando se quiso deslegitimar a la Rep&uacute;blica como sistema que respond&iacute;a solo a los intereses de una minor&iacute;a clasista y sectaria, no a los del pa&iacute;s en general. Se aprecia con ello c&oacute;mo los filtros epistemol&oacute;gicos suele instituirlos el poder. Misi&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico es precisamente someterlos a cr&iacute;tica, emancipando el an&aacute;lisis de los grav&aacute;menes que imponen. Y eso es lo que queda todav&iacute;a pendiente de hacer con pleno rigor para la cabal comprensi&oacute;n de la din&aacute;mica republicana.
    </p><p class="article-text">
        Para contribuir a la tarea debe recordarse que los ejes en torno a los cuales gir&oacute; buena parte de la disputa pol&iacute;tica, no ya desde 1931, sino desde comienzos de siglo, no fueron tanto los de izquierda y derecha como los de Monarqu&iacute;a y Rep&uacute;blica. Su contraposici&oacute;n significaba mucho m&aacute;s que una simple pol&eacute;mica sobre la forma del Estado. Bajo tales divisas confrontaban dos modelos alternativos de sociedad. Y la defensa del modelo republicano fue transversal. Lo auspiciaron tanto colectivos que desde un punto de vista moral, religioso o antropol&oacute;gico eran conservadores como formaciones progresistas o abiertamente de izquierdas. Por eso el esp&iacute;ritu germinal que fund&oacute; la Rep&uacute;blica, en puridad, no fue ni de izquierdas ni de derechas, sino sencillamente republicano, porque planteaba una forma global de articular la sociedad donde, aceptadas las premisas de la democracia, cabr&iacute;an todas las sensibilidades.
    </p><p class="article-text">
        El republicanismo inclusivo de la Rep&uacute;blica no cabe confundirlo con aquel otro individualista, de procedencia kantiana y profesi&oacute;n protestante. Era m&aacute;s bien legatario del radicalismo franc&eacute;s, ten&iacute;a en Rousseau a su primer orientador y su objetivo preponderante era la construcci&oacute;n de ciudadanos emancipados y aut&oacute;nomos, solo obedientes con la ley democr&aacute;tica. La disyuntiva que introduc&iacute;a en el debate pol&iacute;tico espa&ntilde;ol podr&iacute;a abocetarse como sigue: frente a la Monarqu&iacute;a como modelo de sociedad fundado en la <em>jerarqu&iacute;a</em> y el <em>poder privado</em>, la Rep&uacute;blica aspiraba a una sociedad basada en la <em>igualdad</em> pol&iacute;tica y en la sujeci&oacute;n exclusiva a los poderes p&uacute;blicos representativos.
    </p><p class="article-text">
        Ensamblada en su v&eacute;rtice por una instituci&oacute;n basada en el linaje, la comunidad mon&aacute;rquica tra&iacute;a la desigualdad incorporada a su c&oacute;digo gen&eacute;tico. Organizada en torno a la propiedad privada, la familia patriarcal y la iglesia cat&oacute;lica, el &aacute;mbito de la ciudadan&iacute;a participativa se ve&iacute;a en ella seriamente restringido. Frente a este tipo de colectividad, identificada con la declinante Restauraci&oacute;n, el republicanismo aspiraba a una sociedad de iguales en t&eacute;rminos pol&iacute;ticos. Por eso deb&iacute;a emanciparse al trabajador del poder privado del propietario, d&aacute;ndole el amparo de una ley en cuya elaboraci&oacute;n y aplicaci&oacute;n hab&iacute;a participado. Ten&iacute;a asimismo que liberarse a la mujer y al menor del poder paternal y marital. Por &uacute;ltimo, deb&iacute;a tambi&eacute;n depurarse la esfera p&uacute;blica de todo influjo religioso con trascendencia pol&iacute;tica, recluyendo el culto en el &aacute;mbito de la conciencia personal. En tal sentido, el republicanismo era un movimiento emancipador de tradici&oacute;n ilustrada. La importancia central de que gozaba la educaci&oacute;n en su proyecto transformador lo revelaba.
    </p><p class="article-text">
        Su alcance, pues, no se restring&iacute;a a las izquierdas; abundaban quienes desde posiciones conservadoras y centristas pensaban que solo ese tipo de sociedad igualitaria pod&iacute;a sacar a Espa&ntilde;a de su letargo, coloc&aacute;ndola por fin, como ya consent&iacute;an sus energ&iacute;as c&iacute;vicas y culturales, a la altura del resto de pa&iacute;ses europeos. Con independencia de sus convicciones antropol&oacute;gicas, muchos coincid&iacute;an en preferir el pluralismo a la uniformidad, la autonom&iacute;a al autoritarismo centralista, la igualdad a la jerarqu&iacute;a y los procedimientos democr&aacute;ticos a los ucases gubernativos, entre otras razones, porque la uniformidad, el centralismo, la desigualdad y la dictadura hab&iacute;an mostrado ya su rotundo fracaso al encarar los desaf&iacute;os del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No por eso debe olvidarse el aliento que el socialismo obrero espa&ntilde;ol prest&oacute; a la Rep&uacute;blica. Pero este apoyo no era finalista, sino mediato. Entendieron los socialistas, al menos hasta las medidas abolicionistas del bienio conservador, que el mejor canal para alcanzar sus aspiraciones revolucionarias era el de la democracia parlamentaria, los derechos constitucionales y la legislaci&oacute;n social. Hasta que su defensa se equipar&oacute; a la de la democracia frente al fascismo, la Rep&uacute;blica, para ellos, m&aacute;s que un r&eacute;gimen acabado destinado a perdurar, fue un sistema transitorio previo a la plena comuni&oacute;n social. Incluso en el momento m&aacute;s cr&iacute;tico, el del Frente Popular, el respaldo socialista fue solo indirecto, correspondiendo a los republicanos en exclusiva la responsabilidad de la gobernaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Justo aquella coalici&oacute;n hist&oacute;rica puso en evidencia la intensa afinidad ideol&oacute;gica existente entre republicanismo y socialismo. El prop&oacute;sito republicano de conquistar una igualdad pol&iacute;tica plena obligaba forzosamente a combatir las desigualdades materiales, y con ello, a &ldquo;todos los privilegios sociales y econ&oacute;micos&rdquo; que entorpec&iacute;an esa relativa igualaci&oacute;n, seg&uacute;n expresaba el programa del Frente Popular. Pero la proximidad no era equivalencia. Y el republicanismo progresista que, en 1936, quer&iacute;a salvar a la Rep&uacute;blica, renegaba de la pol&iacute;tica de clase, aspirando, por el contrario, a un &ldquo;r&eacute;gimen de libertad democr&aacute;tica, impulsado por razones de inter&eacute;s p&uacute;blico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si la izquierda social espa&ntilde;ola debe sentirse orgullosa de aquella Rep&uacute;blica no es entonces porque fuese, como denuncian los conservadores, un sistema de partido, donde no ten&iacute;an cabida las restantes creencias pol&iacute;ticas. La raz&oacute;n la da el que aquel sistema constitucional encarnase un proyecto transversal, querido tambi&eacute;n por ciertos c&iacute;rculos conservadores, centristas, burgueses y propietarios, los cuales, para la soluci&oacute;n de los grandes problemas que padec&iacute;a el pa&iacute;s y para la nacionalizaci&oacute;n de sus ciudadanos, se hab&iacute;an convencido ya de que el mejor camino lo se&ntilde;alaban los principios progresistas. A eso, creo, es a lo que algunos quieren referirse hoy cuando hablan de &ldquo;construir hegemon&iacute;a&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/republica-izquierdas-derechas_132_4055891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Apr 2016 18:53:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La República de 1931, ni de izquierdas ni de derechas]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Segunda República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La indulgencia con el PSOE, ¿toca a su fin?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/indulgencia-socialista_132_4110682.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Podrá el PSOE continuar disfrutando de la indulgencia de que se ha beneficiado durante años por su representatividad hegemónica del progresismo español?</p><p class="subtitle">Deteriorada su imagen social, los socialistas aspiran a continuar transmitiendo seguridad en el tema territorial</p></div><p class="article-text">
        Poseer la representaci&oacute;n hegem&oacute;nica del campo de la izquierda cuenta con un significado muy preciso. Implica gozar de un beneficio socialmente reconocido, el de se&ntilde;alar los l&iacute;mites de posibilidad a las pol&iacute;ticas de transformaci&oacute;n igualitaria. Se da por entendido que el partido alfa de las izquierdas llega, en la senda de las reformas de tono socialista, justo hasta el punto donde se puede llegar, m&aacute;s all&aacute; del cual aparecen las discordias, el boicot y la confrontaci&oacute;n. Todo lo que queda fuera es descalificado como irrealista, o conjurado por encerrar el peligro de una guerra civil.
    </p><p class="article-text">
        Es esa la raz&oacute;n por la cual Syriza volvi&oacute; a ganar las elecciones griegas tras aceptar de nuevo las imposiciones de la Troika. La mayor parte de la sociedad progresista consider&oacute; que hab&iacute;a llegado hasta el l&iacute;mite que se pod&iacute;a llegar, justo antes de trasponer el umbral que lleva a la autodestrucci&oacute;n. La escisi&oacute;n que propon&iacute;a desobedecer los mandatos de Bruselas y salir del euro apenas logr&oacute; un 3%, porque tras sus propuestas se adivinaba el suicidio. Syriza hab&iacute;a conquistado as&iacute; la posici&oacute;n de predominio representativo que hab&iacute;a ocupado el PSOK.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a esta posici&oacute;n ha pertenecido al PSOE desde su abrumadora victoria de 1982. Antes de este hito, abundaban las voces que advert&iacute;an de los peligros irremediables que se activar&iacute;an de tomar los socialistas el poder. Tras la mayor&iacute;a absoluta que puso fin a la transici&oacute;n demostraron que nada hab&iacute;a que temer de sus pol&iacute;ticas reformistas, capaces de combinar avances sociales con la adaptaci&oacute;n progresiva al mundo liberal. El razonable &eacute;xito de esta combinaci&oacute;n aquilat&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su representatividad privilegiada.
    </p><p class="article-text">
        Obs&eacute;rvese que contar con la representaci&oacute;n mayoritaria e incontestable en el terreno de la izquierda supone un formidable instrumento de poder. En el terreno de la institucionalidad positiva, su titular capitaliza casi en exclusiva las energ&iacute;as pol&iacute;ticas transformadoras, que depositan en &eacute;l su confianza electoral. Se le permite decir hasta d&oacute;nde se puede llegar, se le faculta incluso para indicar cu&aacute;ndo, por necesidad, hay que emprender reformas de signo opuesto a las te&oacute;ricamente postuladas. Por eso no es extra&ntilde;o que los ajustes m&aacute;s duros suelan venir avalados con el sello del centro-izquierda, porque son los &uacute;nicos que pueden realizarlos previniendo los riesgos m&aacute;s extremos de la contestaci&oacute;n social. Saben, tanto ellos como el poder, que existe la tendencia a perdon&aacute;rselo todo.
    </p><p class="article-text">
        Lo hemos vivido en Espa&ntilde;a. En los a&ntilde;os noventa ya hab&iacute;a quien se opon&iacute;a frontalmente a Maastricht, quien daba por agotado el Estado auton&oacute;mico y propon&iacute;a en su lugar un Estado federal, quien denunciaba la devaluaci&oacute;n del trabajo, alertaba de los riesgos de la desindustrializaci&oacute;n y rechazaba los cantos de sirena de la desregulaci&oacute;n econ&oacute;mica. Pero en esos a&ntilde;os estas posiciones aparec&iacute;an como iluminadas, ut&oacute;picas, fuera de la realidad. Por el contrario, se aceptaban, con mayor o menor resignaci&oacute;n, la integraci&oacute;n en una Europa mercantilizada, las reformas laborales de cada vez mayor desprotecci&oacute;n y la supervivencia chanchullera del mapa regional. Y no era una aceptaci&oacute;n arbitraria ni casual. Se fundaba en los beneficiosos resultados reportados por estas pol&iacute;ticas, sentidas como mucho m&aacute;s seguras que las proclamadas por la izquierda.
    </p><p class="article-text">
        Los efectos razonables de las pol&iacute;ticas socialdem&oacute;cratas y el car&aacute;cter incierto de las propuestas de la izquierda consolidaron la hegemon&iacute;a del PSOE en el progresismo espa&ntilde;ol. Pero esa posici&oacute;n comenz&oacute; a resquebrajarse en la &uacute;ltima legislatura de Zapatero. En ese tramo se percibi&oacute; un contraste doloroso: la facilidad con que, sin temblor, se met&iacute;a la mano en los bolsillos de las clases trabajadoras para sufragar la crisis estaba en viva tensi&oacute;n con la incapacidad revelada para hacer lo propio con los portafolios de los poderosos. No hubo prueba m&aacute;s palmaria al respecto que la primera reforma del IRPF de Crist&oacute;bal Montoro, capaz de dotar al impuesto de una progresividad (con el 52% como tipo m&aacute;ximo) a la que los socialistas ni siquiera aspiraron. Frente al &ldquo;bajar impuestos es de izquierdas&rdquo;, el centroderecha espa&ntilde;ol ven&iacute;a en este punto a rebasar al PSOE en la materia sustancial, la de la igualdad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        La irrupci&oacute;n de Podemos continu&oacute; erosionando seriamente la posici&oacute;n de predominio representativo del PSOE. Sus propuestas de tono socialdem&oacute;crata, nada ut&oacute;picas, demuestran que se pueden defender desde la izquierda realista posiciones bien diversas respecto a la fiscalidad, el TTIP o la regulaci&oacute;n del trabajo. La situaci&oacute;n de equipotencia actual, ambos con 5 millones de votos, muestra hasta qu&eacute; punto su consueta credibilidad se ha visto mermada. Aun as&iacute;, como por inercia, el PSOE contin&uacute;a tirando de su tradicional ubicaci&oacute;n privilegiada: ha denunciado como acto de arrogancia el que le monten gobiernos desde fuera, sin apreciar un adarme de soberbia en su intenci&oacute;n de gobernar en solitario o sin Podemos; se lamenta de que por culpa de los morados no se haya podido desalojar ya a Rajoy, pero disculpa su pacto prioritario con la derecha neoliberal y neocentralista. De esta tendencia se derivan adem&aacute;s clamorosas desproporciones: para algunos, dir&iacute;ase que un exabrupto o cuatro tics de prepotencia se hacen mucho m&aacute;s complicados de perdonar que, por ejemplo, secundar la &uacute;ltima reforma penal del PP o su planeada y autoritaria Ley de Seguridad Nacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Le seguir&aacute; valiendo al PSOE la indulgencia de que se han beneficiado? En realidad, no se sabe. Las &uacute;ltimas elecciones recogen un retrato fijo de una sociedad en movimiento. A&uacute;n no se ha llegado al momento de la cristalizaci&oacute;n, entre otras cosas porque el desaf&iacute;o de reconstituci&oacute;n de la sociedad sigue abierto. No vale para este momento el marco anal&iacute;tico de la econom&iacute;a liberal: no se sabe qu&eacute; demanda la poblaci&oacute;n en su mayor&iacute;a, porque, en realidad, acaso no lo sepa ni ella, pues experimenta un complejo y maleable proceso de reconfiguraci&oacute;n pol&iacute;tica. Por eso la &uacute;ltima t&aacute;ctica de Podemos de continuar agudizando las contradicciones del socialismo es arriesgada, pero nada se puede asegurar en rigor de sus resultados. Se&ntilde;alar con energ&iacute;a la distancia que media entre el derechismo del PSOE y su izquierda realista pone a prueba, desde luego, la lealtad de los votos socialistas prestados, pero tambi&eacute;n va consolidando una imagen del partido socialdem&oacute;crata entre los menores de 35 y los que habitan en territorios no andaluz ni extreme&ntilde;o que bien puede condenarle a un derrumbe sostenido.
    </p><p class="article-text">
        Es ese, el asunto del territorio y la soberan&iacute;a, donde se encuentra el &uacute;ltimo basti&oacute;n del PSOE como opci&oacute;n de seguridad frente al supuesto aventurerismo de la izquierda. Pactar con Podemos supone abrir un horizonte de reformas serias en sentido confederal. No partir Espa&ntilde;a, como los socialistas interesadamente sostienen con trazo grueso, pero s&iacute; poner fin al contencioso nacional dando oportunidad de recurrir al refer&eacute;ndum. Y esto implica reconocer sustantividad preestatal y nacional a determinados pueblos del Estado espa&ntilde;ol. El PSOE, claramente empujado por su federaci&oacute;n andaluza, ha optado por la soluci&oacute;n centralista. Sabe que en la izquierda a&uacute;n abundan quienes identifican nacionalismos con posiciones reaccionarias, y que, en general, son muchos los que, frente a las incertidumbres generadas por una puesta en cuesti&oacute;n de toda la organizaci&oacute;n nacional, prefieren optar por recentralizar el sistema, por m&aacute;s represi&oacute;n que ello comporte.
    </p><p class="article-text">
        Deteriorada profundamente su imagen social, el PSOE se agarra con preferencia a su perfil territorial. Por eso lo esgrime como raz&oacute;n central para no pactar con Podemos, cosa que implicar&iacute;a el apoyo o abstenci&oacute;n de los independentistas. Sin embargo, en una sociedad en tr&aacute;nsito, con las poblaciones catalana y vasca cada vez m&aacute;s movilizadas en sentido confederal, nada asegura que este &uacute;ltimo basti&oacute;n sobre el que se asienta la representatividad del PSOE contin&uacute;e resistiendo. Entre otras cosas, porque para defender lo mismo, y sin titubeos, ya se tiene a Ciudadanos y hasta al Partido Popular.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/indulgencia-socialista_132_4110682.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Mar 2016 19:23:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La indulgencia con el PSOE, ¿toca a su fin?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una segunda 'pinza' ya no cuela]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/segunda-piza-no-cuela_132_4123742.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La colisión entre PSOE y Podemos ha puesto en funcionamiento la maquinaria discursiva de la pinza, pero ya no estamos en los noventa</p></div><p class="article-text">
        No solo est&aacute; en juego la titularidad del ejecutivo. Tambi&eacute;n se encuentra en disputa la representaci&oacute;n mayoritaria de la izquierda social de este pa&iacute;s, seg&uacute;n ha mostrado el debate de investidura. Es algo que ya hemos vivido quienes sumamos cierta edad. Ocurri&oacute; durante los &uacute;ltimos gobiernos de Felipe Gonz&aacute;lez, con la Izquierda Unida liderada por Julio Anguita. Fue el ciclo en el que despert&oacute; al uso de la raz&oacute;n pol&iacute;tica la generaci&oacute;n nacida en la Transici&oacute;n. Y constituy&oacute; tambi&eacute;n una fase decisiva en la construcci&oacute;n medi&aacute;tica de ins&oacute;litas identidades pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        <em>El Mundo </em>de Pedro Jota fue entonces capaz de aglutinar a la oposici&oacute;n derechista e izquierdista al felipismo. Firmas como las de Francisco Umbral, Javier Ortiz, Gabriel Albiac, Carlos Boyero o Ignacio Camacho cubr&iacute;an el flanco de opiniones cr&iacute;ticas contra el PSOE formuladas desde la izquierda. El periodismo de investigaci&oacute;n de unos jovenc&iacute;simos Fernando Garea y Juan Carlos Escudier sacaba al gobierno las verg&uuml;enzas terroristas y corruptas. La habilidad de aquel proyecto conservador consisti&oacute; en lograr que una parte considerable de su instrumentalizada ala izquierda se hiciese de derechas, hasta terminar incluso m&aacute;s a la derecha que el propio PP. Abundaron los ejemplos, algunos por haber conquistado en aquel chiringuito un puesto bajo el sol, otros por puro adocenamiento cultural. Y es que hay fidelidades m&aacute;s intensas que la conyugal, y una de ellas, al parecer, se tributa al signo del peri&oacute;dico con el que uno se desayuna.
    </p><p class="article-text">
        Algo paralelo ocurr&iacute;a entre los consumidores netos del grupo PRISA, factor&iacute;a entonces central para los sectores medios ilustrados del pa&iacute;s. En este lado se sac&oacute; la artiller&iacute;a pesada para prevenir cualquier desbordamiento intrusivo por la izquierda. No faltaban, desde luego, causas internas que fracturasen a la IU de Anguita. La m&aacute;s controvertida y cargada de futuro, la referida a la posici&oacute;n de la coalici&oacute;n ante Maastricht, escenific&oacute; su divisi&oacute;n pr&aacute;ctica en dos mitades y provoc&oacute; la p&eacute;rdida de numerosos activos intelectuales. Pero tambi&eacute;n se concentraron energ&iacute;as medi&aacute;ticas con el fin de socavarla e impedir su crecimiento. Hubo periodistas, como Rodolfo Serrano, vi&ntilde;etistas, como Peridis, y hasta mu&ntilde;ecos de trapo, como en los gui&ntilde;oles, con la misi&oacute;n cultural expl&iacute;cita de construir un determinado perfil p&uacute;blico del l&iacute;der comunista: iluminado, dogm&aacute;tico, autoritario, maniqueo y, sobre todo, c&oacute;mplice en &uacute;ltima instancia del ascenso de la derecha franquista.
    </p><p class="article-text">
        Fueron los a&ntilde;os de la &ldquo;pinza&rdquo;, del &ldquo;pacto a la griega&rdquo; y de aquella guinda del &ldquo;Anguita y Aznar, la misma mierda son&rdquo;. El r&iacute;o no es que sonase; es que en Andaluc&iacute;a se ensay&oacute; la colusi&oacute;n contra el PSOE a impulsos de Javier Arenas y Luis Carlos Rej&oacute;n. Basado en evidencias incontestables como esta, el relato de la pinza se sublim&oacute; hasta convertirse en clave interpretativa general. Construido sobre la divisoria izquierda/derecha, asignaba a PSOE y PP la representaci&oacute;n dominante de una y otra. La alternativa izquierdista resultaba as&iacute; neutralizada: en este marco, su &uacute;nica opci&oacute;n leg&iacute;tima era la de servir como ap&eacute;ndice a los gobiernos socialistas sin mayor&iacute;a absoluta, con independencia de sus pol&iacute;ticas. De hecho, la oposici&oacute;n frontal a ellas, en vez de acreditar su identidad de izquierdas, le hac&iacute;a caer de inmediato en el extremo derecho del espectro. Tal era el prop&oacute;sito de aquella estrategia narrativa.
    </p><p class="article-text">
        Su &eacute;xito en influyentes y numerosos sectores progresistas consigui&oacute; empa&ntilde;ar datos decisivos. La oposici&oacute;n no era, naturalmente, a los principios de la izquierda. La confrontaci&oacute;n con las reformas laborales, la desindustrializaci&oacute;n, la iniquidad fiscal, el europe&iacute;smo mercantilista y la cultura del pelotazo procuraban, por el contrario, revelar la inclinaci&oacute;n derechista de nuestra socialdemocracia. Se atacaba al felipismo y a toda la degeneraci&oacute;n que lo acompa&ntilde;&oacute;, no a la izquierda, en ninguna de sus expresiones. Adem&aacute;s, la coincidencia de los actores de la oposici&oacute;n de radio estatal en su cr&iacute;tica al Gobierno por los casos de corrupci&oacute;n y terrorismo, m&aacute;s que una convergencia pol&iacute;tica real, expresaba una concordancia natural. El relato de la pinza sirvi&oacute; hasta para velar el acuerdo constitutivo de los dos grandes partidos en los puntos neur&aacute;lgicos de la construcci&oacute;n europea, el mercado de trabajo y la disciplina econ&oacute;mica. Por eso se recurri&oacute; a aquella tesis de &ldquo;las dos orillas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trat&oacute; de un error con graves consecuencias. Se descuid&oacute; entonces la divisi&oacute;n latente entre la dirigencia socialista, plenamente integrada en el bloque de poder, y su base electoral, la mayor parte de la cual era sensible a los prop&oacute;sitos de la izquierda. En lugar de intensificarla, se minimiz&oacute; con una severidad poco atenta a esta discriminaci&oacute;n. Tampoco se calcul&oacute; el precio que ten&iacute;a la aproximaci&oacute;n al Partido Popular, por m&aacute;s superficial y simb&oacute;lica que resultase. Y, sobre todo, no se calibr&oacute; con precisi&oacute;n el coste de esta cercan&iacute;a estrat&eacute;gica una vez descodificada por los medios.
    </p><p class="article-text">
        Sin la mediaci&oacute;n de aquel relato prefabricado, en el mundo externo a PRISA, las cosas eran vistas de otro modo. En aquel tiempo, el PP era una formaci&oacute;n disfrazada de centrismo democristiano, con lo que no exist&iacute;a raz&oacute;n ontol&oacute;gica que impidiese un entendimiento puntual. Hab&iacute;a antecedentes en la historia europea bien significativos que lo avalaban. De hecho, no se alumbr&oacute; por casualidad aquello de &ldquo;programa, programa, programa&rdquo;: indicaba que lo decisivo era la tendencia de las pol&iacute;ticas, no su agente promotor. Por eso cab&iacute;a pactarlas con el centro democristiano si permit&iacute;an frenar la escalada regresiva del PSOE. Desechar esta posibilidad pod&iacute;a ser un apriorismo contraproducente, que lograba aquello que se quer&iacute;a evitar: la concesi&oacute;n al felipismo de la patente exclusiva de la izquierda. Como muestra, llegaron a darse desalojos locales del socialismo clientelar por aquellos pactos llamados &ldquo;anti-natura&rdquo; que sirvieron para desarrollar pol&iacute;ticas m&aacute;s progresistas de las que se habr&iacute;an atrevido a impulsar consistorios socialdem&oacute;cratas.
    </p><p class="article-text">
        Fueron muy pocos los que no se llamaron a enga&ntilde;o. Los que supieron desde el primer momento que lo del centrismo reformista era una impostura, los que lograron oponerse con firmeza a los desafueros del felipismo sin caer en la tentaci&oacute;n del cerco conjunto. Fueron, sin embargo, muchos m&aacute;s los que sucumbieron en aquella escaramuza cultural, los que se indigestaban con tan solo ver a Anguita, los que soportaban con resignaci&oacute;n las pol&iacute;ticas de derechas de la socialdemocracia pero no toleraban pacto alguno con democristianos ni para realizar pol&iacute;ticas progresistas. Se forj&oacute; as&iacute; una identidad bien visible hasta el d&iacute;a de hoy, que consigui&oacute; entonces cerrar prietas las filas en el PSOE y salvar la contradicci&oacute;n entre dirigencia y base electoral. Inoculando la culpa por haber contribuido a alzar al derechismo espa&ntilde;ol tradicional, lograron incluso una IU funcional a los designios del PSOE, que lograr&iacute;a los peores resultados de su historia con el pacto entre Frutos y Almunia, agravados todav&iacute;a m&aacute;s por la docilidad de Llamazares.
    </p><p class="article-text">
        La colisi&oacute;n entre PSOE y Podemos, evidente desde hace semanas y exhibida en el debate de ayer, ha vuelto a encender la maquinaria discursiva de la pinza, pero es muy posible que no funcione como antes. El propio campo medi&aacute;tico, gracias a diarios digitales y redes sociales, se ha diversificado tanto, que impide la construcci&oacute;n oligop&oacute;lica de identidades pol&iacute;ticas, como sucediera en los noventa. Frente a las suspicacias fundamentalistas, se entiende ahora por qu&eacute; era capital corroer en lo posible la divisi&oacute;n simb&oacute;lica del campo pol&iacute;tico en izquierda y derecha, solo &uacute;til al bipartidismo. En el mismo terreno pol&iacute;tico-representativo, las fuerzas a la izquierda del PSOE le superan holgadamente en votos; solo las torpezas generosamente repartidas en el fracasado proceso de las confluencias impide visibilizar de golpe la relativa superioridad. No existe el m&aacute;s m&iacute;nimo indicio de complacencia t&aacute;ctica de Podemos respecto del PP, ni duda de que su aspiraci&oacute;n fundamental es precisamente deshacer los funestos efectos de su &uacute;ltima legislaci&oacute;n autoritaria, algo que el PSOE se muestra incapaz siquiera de tantear con seriedad. Y, sobre todo, el ya largu&iacute;simo historial de pol&iacute;ticas regresivas en materia econ&oacute;mica, fiscal y laboral, es decir, en lo capital, del que puede hacer gala nuestra socialdemocracia la inhabilitan de facto como representante hegem&oacute;nico de la izquierda de este pa&iacute;s y permiten volver a censurarla con dureza desde posiciones progresistas.
    </p><p class="article-text">
        La excelente intervenci&oacute;n de Pablo Iglesias en el debate de investidura es probable que haya venido a certificarlo. Y es la que sit&uacute;a a su formaci&oacute;n (con las confluencias e IU) en el &uacute;nico bloque de oposici&oacute;n real frente al orden de cosas vigente. Que haya o no gobierno, que se convoquen o no nuevas elecciones, depender&aacute;, en suma, de una sola variable: de las expectativas de voto que Podemos (y fuerzas afines) vaya acumulando en las pr&oacute;ximas semanas. Si el rechazo sin contemplaciones al neoliberalismo de PSOE y C&rsquo;s le permite continuar recabando apoyos, tendremos ejecutivo en dos meses con alguna variante que englobe PP, PSOE y C&rsquo;s; quiz&aacute; hasta con las cabezas de S&aacute;nchez y de Rajoy como ofrendas de regeneraci&oacute;n. Si, por el contrario, la rotundidad de Pablo Iglesias, la centralidad inducida de la discordia entre Podemos y PSOE y su presentaci&oacute;n medi&aacute;tica en t&eacute;rminos de 'pinza' logran desgastarlos, tendremos elecciones que institucionalicen su descenso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/segunda-piza-no-cuela_132_4123742.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 02 Mar 2016 19:24:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una segunda 'pinza' ya no cuela]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,PSOE]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una Constitución obsoleta y pisoteada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/constitucion-obsoleta-pisoteada_132_2335543.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Con este artículo, Contrapoder da comienzo a su propia “Semana de la Constitución”, inspirada en las premisas de justicia social y democracia radical que mueven este blog</p><p class="subtitle">Desde variadas perspectivas se reclama una urgente revisión constitucional, que, a estas alturas, se presenta también cargada de peligros</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ya no cabe en su Constituci&oacute;n. La crisis econ&oacute;mica ha puesto al descubierto muchas de nuestras verg&uuml;enzas pol&iacute;ticas. Algunas proceden en exclusiva del juego de partidos; otras, en cambio, derivan, por acci&oacute;n u omisi&oacute;n, de nuestro sistema constitucional.
    </p><p class="article-text">
        Los diagn&oacute;sticos a este respecto difieren. Algunos han localizado en la g&eacute;nesis de nuestra democracia las carencias que estaban destinadas a provocar la crisis actual. Seg&uacute;n este relato, en aquel momento se form&oacute; una Constituci&oacute;n pensada principalmente para restaurar la monarqu&iacute;a, instituir el turnismo bipartidista, conjurar la participaci&oacute;n directa del pueblo y resolver la plurinacionalidad a trav&eacute;s de la descentralizaci&oacute;n. Adem&aacute;s, se dejaron intactas decisivas estructuras de poder del franquismo, tanto en los aparatos estatales &ndash;magistratura, fuerzas de seguridad, ej&eacute;rcito, burocracia&ndash; como en sectores empresariales, se posterg&oacute; todo lo social a la posici&oacute;n menos vinculante y se decret&oacute; el olvido y la consiguiente impunidad de los cr&iacute;menes franquistas.
    </p><p class="article-text">
        De aquellos polvos estos lodos, podr&iacute;a decirse. Encerrar a los gobernados en la jaula de hierro de la democracia representativa habr&iacute;a llevado a su desconexi&oacute;n total con los representantes. La autonom&iacute;a de los gobernantes, libres ya de fiscalizaci&oacute;n popular, sumada al turnismo sustentado por las derechas nacionalistas, habr&iacute;a producido las condiciones propicias para el imperio de la corrupci&oacute;n. La continuidad de las &eacute;lites econ&oacute;micas franquistas explicar&iacute;a nuestro persistente capitalismo de Gaceta. La permanencia en su puesto de bur&oacute;cratas y magistrados de la dictadura habr&iacute;a inspirado una cultura jur&iacute;dica leguleya, ajena al primado constitucional de los derechos. Y todo ello se habr&iacute;a visto envuelto por una narrativa hegem&oacute;nica, la Cultura de Transici&oacute;n, amparada y promovida por el poder social e institucional, y constitutiva de la principal fuente de identificaci&oacute;n pol&iacute;tica en nuestra sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Para otros, sin embargo, la Constituci&oacute;n de 1978 fue, c&oacute;mo no, hija de las circunstancias. Hubo de responder, por tanto, a las limitaciones materiales que rodearon su alumbramiento. Y lo hizo del mejor modo posible: permitiendo el salto de una dictadura totalitaria a una democracia con garant&iacute;as, aun cuando el ej&eacute;rcito y el terrorismo ultraderechista respiraba sobre el cogote de toda la oposici&oacute;n digna de tal nombre. Es m&aacute;s, se habr&iacute;a logrado entonces incluir en el articulado constitucional hasta los enganches &ndash;sufragio universal, planificaci&oacute;n econ&oacute;mica&ndash; que permit&iacute;an aspirar a lo m&aacute;ximo, a la llamada &laquo;transici&oacute;n legal al socialismo&raquo;.  
    </p><p class="article-text">
        Pero justo por obedecer a aquella coyuntura especial&iacute;sima, la Constituci&oacute;n no pod&iacute;a sino devenir obsoleta pasado el tiempo. La necesidad de establecer un marco com&uacute;n a posiciones diametralmente opuestas llev&oacute; a los constituyentes a afirmar una cosa y su contraria, sin adoptar una decisi&oacute;n conclusiva: el libre mercado y la planificaci&oacute;n, la igualdad y la progresividad fiscal, la indisolubilidad de la naci&oacute;n y la existencia leg&iacute;tima de nacionalidades&hellip; El peso de las consecuencias culturales de la guerra inspir&oacute; art&iacute;culos concretos, como el que da por hecho que las &laquo;creencias religiosas de la sociedad espa&ntilde;ola&raquo; son las cat&oacute;licas, solo mayoritarias en 1978 por la recatolizaci&oacute;n violenta llevada a cabo durante la conflagraci&oacute;n y la dictadura. Por otro lado, aquel pacto constituyente solo se explicaba por un conjunto de cesiones mutuas &ndash;v. gr. monarqu&iacute;a por democracia, capitalismo por derechos sociales&ndash; que muy pronto dejaron de obligar a la oligarqu&iacute;a y sus mandatarios. Y, adem&aacute;s, determinadas soluciones, como la adoptada por la cuesti&oacute;n territorial, pronto se revelar&iacute;an como provisionales, al ser desbordadas por la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Desde este &aacute;ngulo, la Constituci&oacute;n lleva m&aacute;s de dos d&eacute;cadas reclamando una revisi&oacute;n. Debi&oacute; expresar en su momento la homogeneidad socioecon&oacute;mica conquistada por el incipiente Estado del bienestar, reflejando el consenso suscitado en torno a su extensi&oacute;n y garant&iacute;a. Tuvo que asegurar el juego de cesiones mutuas, que iba descompens&aacute;ndose por la integraci&oacute;n europea, las privatizaciones y las reformas laborales. Hubo asimismo de incitar las reformas necesarias para lograr la democratizaci&oacute;n plena de los aparatos del Estado y reconocer los derechos de las v&iacute;ctimas de la dictadura. Y debi&oacute;, en fin, dar el salto definitivo desde la l&oacute;gica de las autonom&iacute;as a la del federalismo. Todo ello fue asignatura pendiente de los gobiernos mayoritarios socialistas. Las voces que as&iacute; se expresaban fueron, sin embargo, minoritarias y sistem&aacute;ticamente marginalizadas.
    </p><p class="article-text">
        Tan mayoritaria era la aceptaci&oacute;n de nuestra norma fundamental hace una d&eacute;cada, que el primer resorte que se movi&oacute; al desencadenarse la crisis fue el de invocarla como garant&iacute;a frente a los desafueros del Gobierno. Y he aqu&iacute; un tercer frente de cr&iacute;ticas que se&ntilde;alan la necesidad de su actualizaci&oacute;n: una vez bastardeado el Tribunal Constitucional a trav&eacute;s de nombramientos partidarios, se ha revelado incapaz de frenar por s&iacute; sola las embestidas que ha ido sufriendo en sus propios fundamentos. Recordemos solo algunas.
    </p><p class="article-text">
        El abuso de la legislaci&oacute;n por decreto ha dejado pr&aacute;cticamente sin contenido la forma parlamentaria. La constitucionalizaci&oacute;n de la austeridad ha quebrado la dimensi&oacute;n social del Estado y ha recentralizado el r&eacute;gimen. En esta misma l&iacute;nea, la regulaci&oacute;n reciente de la administraci&oacute;n local ha socavado la autonom&iacute;a municipal. La recuperaci&oacute;n de la justicia onerosa ha mermado el derecho a la tutela judicial efectiva. Los recortes en servicios p&uacute;blicos y la pol&iacute;tica de vivienda convierten en ilusorios los derechos sociales m&aacute;s elementales. Las concatenadas reformas laborales han eliminado la obligatoriedad de la negociaci&oacute;n colectiva y han vaciado aspectos sustanciales del derecho al trabajo. La reciente legislaci&oacute;n en materia de seguridad ciudadana merma gravemente los derechos de reuni&oacute;n o manifestaci&oacute;n y la libertad de expresi&oacute;n. Y, por si fuera poco, en el horizonte se otean reformas electorales para liquidar todo atisbo de proporcionalidad, una regulaci&oacute;n de la huelga dirigida a eliminar su car&aacute;cter de derecho fundamental o una ley seguridad nacional con estados de excepci&oacute;n literalmente extraconstitucionales.
    </p><p class="article-text">
        La Constituci&oacute;n, por tanto, se ha mostrado incapaz de frenar su vaciamiento, de impedir su sustituci&oacute;n paulatina por una suerte de Estado neoliberal, en el que los derechos vuelven a estar al albur de una legislaci&oacute;n dise&ntilde;ada en exclusiva por el ejecutivo. La Constituci&oacute;n habr&iacute;a perdido as&iacute; su dimensi&oacute;n promisoria, defraudando muchas de las expectativas en ella depositadas. Por eso, desde este parecer, habr&iacute;a que revisarla, s&iacute;, pero para reforzar sus lados m&aacute;s garantistas, cuya vulnerabilidad ha quedado palmariamente demostrada.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, a d&iacute;a de hoy, los que todav&iacute;a sostienen la idoneidad del marco constitucional lo hacen solo porque saben que no les limita en absoluto, que pueden pisotearlo sin coste alguno e invocarlo solo a conveniencia, como para frenar las aspiraciones independentistas. Muchos de los que creemos que se requiere su revisi&oacute;n parcial, o incluso total, aspiramos, por el contrario, a blindar sus derechos y culminar el objetivo de fundar una democracia constitucional, respetuosa con la plurinacionalidad, algo imposible de realizar enteramente en origen debido a las circunstancias propias del final de la dictadura. Sin embargo, en este bloque de la opini&oacute;n p&uacute;blica, andamos entretenidos con un debate escol&aacute;stico y poco sustantivo, el de la disyuntiva entre reforma constitucional y proceso constituyente, un revival del cl&aacute;sico &laquo;reforma o revoluci&oacute;n&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es un dilema adjetivo porque la v&iacute;a que se adopte para el cambio depender&aacute; siempre de la correlaci&oacute;n de fuerzas en presencia. <a href="http://gruporuptura.org/2015/06/perspectivas-y-vias-de-activacion-de-un-proceso-constituyente-en-el-estado-espanol/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las salidas parecen claras</a>: o refer&eacute;ndum consultivo sobre la idoneidad de abrir un periodo constituyente, creando un verdadero a&ntilde;o cero para nuestro orden pol&iacute;tico en caso de asentimiento mayoritario; o aligeramiento de los requisitos para la revisi&oacute;n, a trav&eacute;s de la reforma de la propia cl&aacute;usula de reforma; o cumplimiento de dichas exigencias, marcadas en el art. 168 de la Constituci&oacute;n. En cualquier caso, lo que dar&aacute; dimensi&oacute;n constituyente a una hipot&eacute;tica y deseable revisi&oacute;n de la letra constitucional, por parcial y localizada que &eacute;sta sea, ser&aacute; siempre la intervenci&oacute;n directa y sin mediaciones del poder constituyente del pueblo. Y todo apunta a que, a estas alturas, el establecimiento de un nuevo pacto constitucional, por mucho que conserve del ahora nominalmente vigente, deber&aacute; contar con la legitimidad conferida por el cuerpo electoral.  
    </p><p class="article-text">
        Actualizando aquel dicho conservador de que &laquo;nuestra sociedad no est&aacute; a&uacute;n preparada para vivir en democracia&raquo;, muchos se&ntilde;alan que no se dan las condiciones propicias para lograr ahora un consenso constituyente. Lo cierto, sin embargo, es que la inclinaci&oacute;n al di&aacute;logo y la transacci&oacute;n solo se ver&aacute; reforzada cuando la necesidad de tomar decisiones compela a ello. Ahora bien, tras casi una d&eacute;cada de regresi&oacute;n autoritaria, la intervenci&oacute;n del poder constituyente del pueblo no es garant&iacute;a de nada progresivo, como algunas visiones rom&aacute;nticas sostienen. El conservadurismo neoliberal, el aut&eacute;ntico materialista oculto de nuestra dial&eacute;ctica pol&iacute;tica, ha logrado, a trav&eacute;s de sus &laquo;reformas estructurales&raquo;, sembrar un &aacute;nimo y crear una atm&oacute;sfera espiritual en la que las mayor&iacute;as sociales, tremendamente golpeadas, se encuentran ya dispuestas a ceder lo m&aacute;ximo para conservar lo m&iacute;nimo. No la falta de consenso, sino la posibilidad cierta de un consenso regresivo, tal es ahora el principal peligro de la revisi&oacute;n constitucional para las aspiraciones m&aacute;s garantistas. Tal es, tambi&eacute;n, la explicaci&oacute;n de que muchos se sumen ahora a la reforma constitucional, no para revertir la regresi&oacute;n sufrida, sino para terminar de consagrar en el articulado de la Constituci&oacute;n lo conseguido a trav&eacute;s de su nueva legalidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/constitucion-obsoleta-pisoteada_132_2335543.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Nov 2015 18:47:18 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una Constitución obsoleta y pisoteada]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Proceso Constituyente,Reforma constitucional]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco lecciones del 27S para la izquierda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/lecciones-catalanas_132_2458410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué pueden aprender las fuerzas de la izquierda transformadora de los comicios catalanes?</p></div><p class="article-text">
        1. La izquierda es proclive a la ciclotimia. Al baj&oacute;n andaluz le sucedi&oacute; el subid&oacute;n de las municipales, que est&aacute; a punto de ser enterrado por las expectativas defraudadas en las catalanas. A estas alturas, convendr&iacute;a remplazar la inestabilidad emocional por ciertas dosis de moderaci&oacute;n y escepticismo. Ante todo, debe recordarse que los resultados del 27S no son matem&aacute;ticamente extrapolables al escenario estatal. Han sido unas elecciones at&iacute;picas, presentadas y concebidas como plebiscito, construidas en torno a la disyuntiva sobre la independencia, dilema que ha dividido netamente el campo de la izquierda transformadora en dos bloques: Cat S&iacute; que es Pot y CUP. Para hacerse un c&aacute;lculo del espacio electoral ocupado en Catalu&ntilde;a por las fuerzas a la izquierda de la socialdemocracia deben sumarse, pues, los resultados alcanzados por ambas formaciones. Unidas, han obtenido un 17% de los votos y 21 esca&ntilde;os. En 2012 obtuvieron un 14% y 16 esca&ntilde;os. Se confirma entonces&nbsp;que el horizonte de las izquierdas contin&uacute;a ascendiendo, siquiera con lentitud, y acortando distancias con respecto a la socialdemocracia. En la coyuntura actual, por tanto, la izquierda rupturista puede aspirar con realismo a un quinto del electorado en las generales. Su obligaci&oacute;n ineludible, su mayor responsabilidad,&nbsp;es optimizar ese factible 20% electoral en una representaci&oacute;n parlamentaria equivalente.
    </p><p class="article-text">
        2. &iquest;C&oacute;mo lograrlo? Si las europeas mostraron que por separado se sumaba, las municipales evidenciaron que la unidad multiplicaba. &iquest;Qu&eacute; permiten ver las catalanas? En primer lugar, desde luego, un premio a la reivindicaci&oacute;n sin rodeos de la independencia desde la izquierda anticapitalista. Y, en segundo, un cierto castigo a la posici&oacute;n m&aacute;s centrada de la defensa del derecho a decidir, acompa&ntilde;ada del proyecto reformista de un Estado plurinacional. El propio asunto que ha coagulado la contienda electoral, impide entonces&nbsp;la trasposici&oacute;n mec&aacute;nica de resultados y la formulaci&oacute;n categ&oacute;rica de juicios acerca de la eficacia de las apuestas confluyentes. Tambi&eacute;n convierte en simplista y desatinada toda comparaci&oacute;n el hecho de que no se haya producido, con la lista propia de las CUP, una unificaci&oacute;n completa. Sin embargo, bastar&aacute; lo sucedido para que el ambiente enrarecido en el que viene desarroll&aacute;ndose el proceso de confluencia se exteriorice. Los partidarios de Podemos afirmar&aacute;n que solo pueden aspirar al &eacute;xito si concurren bajo su nombre y por separado, porque piensan, en un acto de desprecio a la inteligencia del electorado, que sin una papeleta de esas caracter&iacute;sticas el votante se pierde. Los integrantes de otras fuerzas, por el contrario, apuntar&aacute;n que la marca Podemos parece un tanto ra&iacute;da, y&nbsp;puede que&nbsp;ya&nbsp;genere m&aacute;s rechazos que adhesiones. En definitiva, todos ver&aacute;n confirmados en las catalanas sus planteamientos previos&nbsp;sobre la confluencia.
    </p><p class="article-text">
        3. Entonces, &iquest;nada ense&ntilde;an acerca de la oportunidad y conveniencia de confluir? Si se extrae alguna lecci&oacute;n, debe tenerse previamente en cuenta que en este caso se produjo la tan denostada convergencia sellada en los despachos. Aparte de eso, si el experimento ha funcionado muy por debajo de las expectativas, puede ser tambi&eacute;n porque entre unos y otros lo han convertido en un proceso tortuoso, conflictivo y desagradable, restando seriamente su potencial efecto catalizador. Ante el espect&aacute;culo de soberbias, divisiones y desprecios cruzados, cualquier ciudadano raso puede preguntarse con toda legitimidad cu&aacute;l es la seriedad para gobernar de aquellos que son incapaces de coordinar la afinidad. Bastar&aacute; un m&iacute;nimo de decencia y acierto en el PSOE de cara a las generales para que muchos le perdonen todos sus desmanes, y abandonen la tentaci&oacute;n de dejar de votarles. El da&ntilde;o quiz&aacute; sea ya irreparable, pero podr&iacute;a amortiguarse con una noci&oacute;n instrumental y pragm&aacute;tica&nbsp;de la confluencia, pensando que es pertinente all&iacute; donde permita maximizar resultados electorales en t&eacute;rminos parlamentarios. Para ello se necesita realizar un estudio del comportamiento electoral de cada circunscripci&oacute;n y obrar en consecuencia. Quiz&aacute; sea del todo indispensable en &Aacute;lava, Huesca o Huelva si no se quiere tirar miles de votos a la basura, mientras que acaso resulte prescindible para Madrid, Sevilla o Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        4. Las catalanas, concretamente el porcentaje obtenido por las CUP, han ense&ntilde;ado otra cosa de valor. El temor a la identificaci&oacute;n con los valores m&aacute;s intensos de la izquierda parece ya del todo infundado. Es m&aacute;s, ocultar la propia identidad para crecer por el centro o por los sectores desideologizados, adem&aacute;s de enajenar los apoyos dados por seguros, proyecta una innecesaria imagen de falsedad y fuller&iacute;a en un escenario como el espa&ntilde;ol, fuertemente marcado por la dicotom&iacute;a izquierda/derecha. No parece, pues, que la coherencia izquierdista del discurso sea lo que impida ocupar un posici&oacute;n destacada y aglutinante en el tablero pol&iacute;tico. Se pensaba que lo que s&iacute; obstru&iacute;a era la capacidad para hacerse con su &laquo;centralidad&raquo;, pero esta expansi&oacute;n transversal y mayoritaria no la dificulta la invocaci&oacute;n de la izquierda, sino la profunda institucionalizaci&oacute;n de la sociedad espa&ntilde;ola en todas sus dimensiones, tanto en la de los partidos como en la medi&aacute;tica, que imposibilita la irrupci&oacute;n de un partido que triture y remplace a los predecesores mediante la t&eacute;cnica de la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        5. Por eso las catalanas permiten igualmente abrir ciertos interrogantes en torno a la hip&oacute;tesis que se maneja todav&iacute;a en Podemos. Viendo su indiscutible visibilidad como actor principal de CSQEP, &iquest;nos encontramos ante una marca prematuramente deteriorada? Dada la presencia constante en la campa&ntilde;a del candidato a las generales, &iquest;estamos frente a un liderazgo en v&iacute;as de amortizaci&oacute;n? Se puede concluir que ha sido un error manifiesto enfocar en clave estatal y universal unas elecciones tan especial&iacute;simas por su cariz nacional e independentista, pero &iquest;nos dicen tambi&eacute;n algo acerca de la noci&oacute;n del liderazgo pol&iacute;tico que predomina&nbsp;en Podemos? Quien aspira a poseerlo, &iquest;logra a estas alturas comunicar la imagen apetecida de credibilidad gubernamental? &iquest;O ha&nbsp;trazado ya en demasiadas ocasiones una silueta carente del m&iacute;nimo de rigor exigible? Y visto asimismo que el protagonismo casi exclusivo en la coordinaci&oacute;n de la campa&ntilde;a ha correspondido a Podemos, &iquest;nos hallamos tambi&eacute;n ante metodolog&iacute;as agotadas? &iquest;No deber&iacute;an quiz&aacute; planear estas cuestiones en las reuniones directivas de Podemos para, con sus respuestas, aconsejar cierta rectificaci&oacute;n? &iquest;O es que las catalanas permiten ratificar el tono impositivo, el aguerrido tacticismo y la arrogancia con que se ha venido encarando el desaf&iacute;o de las generales? Dependiendo de la respuesta que se d&eacute; a estas preguntas podr&aacute;, o no, resta&ntilde;arse a tiempo la incipiente hemorragia que el 27S ha permitido descubrir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/lecciones-catalanas_132_2458410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2015 19:31:20 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Cinco lecciones del 27S para la izquierda]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Elecciones Cataluña,Elecciones Generales 2015]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡Una cátedra para Marhuenda!]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/catedra-marhuenda_132_2469008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Hasta en la regulación del acceso a las cátedras universitarias se advierte la línea maestra del gobierno educativo de Wert: colocar la educación en manos privadas.</p></div><p class="article-text">
        Hubo un ministro en el primer gabinete de Rajoy celebrado por los socialdem&oacute;cratas m&aacute;s superficiales de este pa&iacute;s. Hab&iacute;a fundado y presidido Demoscopia, empresa de sondeos de PRISA, y frecuentaba tertulias defendiendo desde el centro las posiciones de esta factor&iacute;a de hegemon&iacute;a cultural. &ldquo;Una cartera de consenso bipartidista&rdquo;, dec&iacute;an los menos avisados; &ldquo;su nombramiento evidencia el car&aacute;cter dialogante de Rajoy, que no es Esperanza Aguirre&rdquo;, remachaban, concediendo el atributo de la sensatez por el mero hecho de trabajar para los Polanco.
    </p><p class="article-text">
        El tal ministro, Jos&eacute; Ignacio Wert, termin&oacute;, sin embargo, revel&aacute;ndose como el m&aacute;s desastroso responsable de Educaci&oacute;n de nuestra historia democr&aacute;tica. El peor, si contemplamos su gesti&oacute;n desde la perspectiva de la educaci&oacute;n p&uacute;blica. No hay nivel educativo, de la ense&ntilde;anza infantil y primaria a la superior, que no haya quedado corrompido y desmejorado tras haber sido tocado por las manos legislativas de su ministerio. Y no crean que se trata de mero sectarismo. El conservadurismo espa&ntilde;ol posee, de hecho, intuiciones e inclinaciones pedag&oacute;gicas mucho m&aacute;s ben&eacute;ficas para la ense&ntilde;anza en general que nuestro progresismo, siempre encantado con trasnochadas y est&eacute;riles teor&iacute;as posmodernas de reblandecedores resultados para las inteligencias. Sin embargo, su potencial propensi&oacute;n a la ense&ntilde;anza rigurosa, disciplinada y caudalosa en contenidos se ha visto seriamente contrarrestada por su bochornoso servilismo ante el poder privado, que por necesidad hab&iacute;a de trastocar la concepci&oacute;n b&aacute;sica y la organizaci&oacute;n fundamental de la educaci&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a incluso concluirse que esta genuflexi&oacute;n sistem&aacute;tica ante el fundamentalismo mercantilista ha dado la l&iacute;nea maestra a toda su gesti&oacute;n. Tras casi cuatro a&ntilde;os gobernando la educaci&oacute;n, el sector privado y las clases pudientes han visto ensancharse considerablemente sus posibilidades, mientras que la educaci&oacute;n p&uacute;blica, con la contribuci&oacute;n de algunas comunidades aut&oacute;nomas, ha quedado mucho m&aacute;s vulnerable, comprometi&eacute;ndose con ello seriamente su objetivo c&iacute;vico, integrador y democr&aacute;tico de formar en y para la igualdad, tanto ciudadana como de oportunidades.
    </p><p class="article-text">
        Dejemos en esta ocasi&oacute;n a un lado el impacto de sus medidas en los cursos de primaria, secundaria y bachiller, con el elocuente arrinconamiento de la filosof&iacute;a. Deteng&aacute;monos en una disposici&oacute;n reciente, y aparentemente menor, que afecta a la ense&ntilde;anza universitaria, para corroborar esa puesta a disposici&oacute;n privada de la educaci&oacute;n que ha caracterizado su mandato. Bien sabemos que el incremento considerable de las tasas, sumado al descenso o congelaci&oacute;n de las becas, ha cerrado el acceso a la universidad p&uacute;blica a numerosos estudiantes. Tambi&eacute;n tenemos constancia de que la falta de reposici&oacute;n de las bajas en el profesorado, la imposibilidad de promocionar en la carrera acad&eacute;mica y la dificultad extrema de ingresar en ella por precariedad y por ausencia de plazas se ha saldado con una nueva masificaci&oacute;n estudiantil, que imposibilita la aplicaci&oacute;n del famoso Plan Bolonia y deval&uacute;a la instrucci&oacute;n universitaria. Y <a href="http://www.eldiario.es/contrapoder/golpe_universidad_6_353524672.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tambi&eacute;n conocemos</a> los planes de convertir la ense&ntilde;anza superior en una suerte de bachiller especializado, sin salida profesional, dejando el tramo decisivo de la formaci&oacute;n universitaria para los m&aacute;ster, de coste ya desorbitado en las p&uacute;blicas y donde las privadas ejercen un liderazgo indiscutible sin apenas competencia, entre otras cosas por servirse del profesorado p&uacute;blico pag&aacute;ndole las horas aisladas de dedicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Entre todos estos factores, se ha colocado a las universidades p&uacute;blicas en una situaci&oacute;n de estrangulamiento de personal, asfixia econ&oacute;mica y sobrecarga de tareas que reduce intensamente su capacidad para competir en el &ldquo;mercado de la educaci&oacute;n&rdquo;. Pero, aun as&iacute;, la universidad p&uacute;blica contin&uacute;a siendo un bocado suculento para la mentalidad privatista, y no por razones econ&oacute;micas, sino culturales, ya que concede la oportunidad de transmitir una visi&oacute;n del mundo a centenares de estudiantes cada curso. Y esta dimensi&oacute;n de reproducci&oacute;n cultural de una clase social, o, en el peor de los sentidos, de puro adoctrinamiento, estaba vedada en la pr&aacute;ctica, al menos hasta el momento presente, a quienes no tuviesen capacidad probada de construcci&oacute;n cient&iacute;fica o doctrinal. Es decir, a quienes no se hubiesen consagrado por entero a la profesi&oacute;n acad&eacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, a facilitar el acceso a la c&aacute;tedra universitaria a los profesionales procedentes de la empresa privada, pero sin carrera cient&iacute;fica destacable que alegar, va dirigido el real decreto 415/2015, de 29 de mayo, sobre &laquo;el sistema de acreditaci&oacute;n nacional para el acceso a los cuerpos docentes universitarios&raquo;. No es la &uacute;nica novedad que incorpora esta regulaci&oacute;n, pero s&iacute; es la que mejor transparenta la l&iacute;nea maestra del gobierno educativo de Wert. Aporta elementos positivos, como la introducci&oacute;n de criterios cualitativos para la evaluaci&oacute;n, moderando la importancia de los habituales, puramente cuantitativos y cumulativos. Tambi&eacute;n garantiza que la evaluaci&oacute;n se realice por miembros de la misma rama o especialidad, en sentido amplio, que el aspirante, lo cual introduce solvencia y equidad. E incluso minimiza la relevancia de algunos m&eacute;ritos, como los de gesti&oacute;n, que son independientes de la val&iacute;a profesional del investigador.
    </p><p class="article-text">
        Pero la disciplina de la evaluaci&oacute;n de los m&eacute;ritos para la acreditaci&oacute;n como catedr&aacute;tico delata la irreprimible propensi&oacute;n privatista del ministerio. Cuatro son los bloques tenidos en cuenta: investigaci&oacute;n, docencia, actividad profesional y gesti&oacute;n acad&eacute;mica. Y cuatro, tambi&eacute;n, las calificaciones posibles: A (excepcional), B (bueno), C (compensable) y D (insuficiente). La calificaci&oacute;n m&iacute;nima para superar la acreditaci&oacute;n a catedr&aacute;tico debe ser la de B-B, tanto en investigaci&oacute;n como docencia. Las deficiencias en docencia (B-C), podr&aacute;n ser compensadas con m&eacute;ritos en la actividad profesional (B) o en gesti&oacute;n acad&eacute;mica (B). Pero he aqu&iacute; que tambi&eacute;n las deficiencias en la investigaci&oacute;n (C-B) pueden ser compensadas, esta vez si se demuestra haber tenido una actividad profesional brillante fuera de la universidad (A).
    </p><p class="article-text">
        Con esta evaluaci&oacute;n, la espina dorsal de la carrera acad&eacute;mica, lo que siempre ha debido habilitar para el acceso a la c&aacute;tedra, esto es, una competencia contrastada en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, podr&aacute; tener un valor secundario si resulta compensado con una valiosa actividad profesional de car&aacute;cter extrauniversiario.
    </p><p class="article-text">
        Cualquiera dir&iacute;a que Wert, al revisar y aceptar este tipo de evaluaci&oacute;n, no pensaba sino en s&iacute; mismo como aspirante a la acreditaci&oacute;n a c&aacute;tedra: con <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Ignacio_Wert" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunos a&ntilde;os de experiencia docente</a>, y con <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=860534" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">numerosas publicaciones</a> de ocasi&oacute;n, nadie podr&iacute;a negarle una actividad profesional tipo A, y, por tanto, su capacidad para ejercer de catedr&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente al lector se le habr&aacute; venido en mente alg&uacute;n otro caso que estar&iacute;a en esta misma situaci&oacute;n. En lo que hace a mi asignatura, la historia del derecho, tendr&iacute;amos a un candidato ilustre con las puertas tambi&eacute;n entreabiertas para el acceso a la c&aacute;tedra aun sin contar con aportaci&oacute;n cient&iacute;fica relevante. Con experiencia en gabinetes de presidencia, dirige desde hace bastantes a&ntilde;os un diario de tirada nacional y, de su aparici&oacute;n en los medios, se deduce una intensa actividad profesional, que muchos estar&iacute;an dispuestos a calificar con una A. Cuenta adem&aacute;s con una dilatada experiencia docente en la universidad. Solo falla el ya subsanable cap&iacute;tulo de publicaciones, donde apenas se agrupa <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=561579" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">media decena de trabajos</a>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han adivinado de quien se trata, verdad? Del historiador del derecho y de las instituciones Francisco Marhuenda Garc&iacute;a, m&aacute;s conocido como director de La Raz&oacute;n, quien muy probablemente disfrutar&iacute;a sentando c&aacute;tedra al difundir en las aulas los simplismos historiogr&aacute;ficos que nos propina en televisi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/catedra-marhuenda_132_2469008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2015 19:08:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¡Una cátedra para Marhuenda!]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Universidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hacia una confluencia de corto alcance?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/confluencia-izquierdas_132_2493461.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La confluencia que se atisba no debería ratificar, a posteriori, la designación vertical y plebiscitaria de los candidatos de Podemos realizada en julio.</p><p class="subtitle">Solo unas primarias reales y totales, que englobasen a todos los actores e incluyesen la candidatura a la presidencia, podrían provocar el deseado revulsivo electoral.</p></div><p class="article-text">
        El curso ha comenzado con una rectificaci&oacute;n notoria por parte de la direcci&oacute;n de Podemos. Lo que hasta hace pocas semanas parec&iacute;a un error estrat&eacute;gico abominable, la formaci&oacute;n de un Frente de Izquierdas, o una iniciativa despreciable, por Ahora en Com&uacute;n, ha pasado a convertirse en una receta aceptable, lo primero, y en una plataforma imprescindible, la segunda. Los seguidores m&aacute;s incondicionales y acr&iacute;ticos del joven partido, y los que irrumpieron en&eacute;rgicamente con vivas pretensiones de convertirse en sus intelectuales org&aacute;nicos, deben de andar algo extraviados ante este &uacute;ltimo bandazo, por no hablar de aquellos que dejaron de sentir la llama del &laquo;frente amplio&raquo; en su interior nada m&aacute;s abandonar Izquierda Unida.
    </p><p class="article-text">
        No se conocen los motivos concretos de la rectificaci&oacute;n, pues los portavoces de Podemos han vuelto a decantarse por la nociva disociaci&oacute;n entre la vida real y la imagen oficial del partido, presentando su estrategia electoral como si no se hubiese alejado un palmo de los planes originarios. El lector de prensa supone, sin embargo, que, ante el descenso sostenido en las encuestas y el endurecimiento de las cr&iacute;ticas, el candidato a la Moncloa, al fin y al cabo quien va a poner la cara el 20 de diciembre, ha debido de dar un golpe en la mesa, tomar las riendas y advertir al sector errejonista que esta vez las cosas se van a hacer a su manera. Una manera que todos los que hemos abogado en los &uacute;ltimos meses por la confluencia celebramos, pero que, por lo que van difundiendo los medios, contin&uacute;a siendo a todas luces insuficiente.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como van orden&aacute;ndose los acontecimientos, la f&oacute;rmula resultante podr&iacute;a ser m&aacute;s o menos esta: Podemos ya tiene elegidos a sus sesenta primeros candidatos para todas las listas; en algunas comunidades, como Catalu&ntilde;a, Valencia o Galicia, la distribuci&oacute;n final se acordar&aacute; con los partidos y movimientos de izquierdas all&iacute; arraigados, y en las restantes, como Andaluc&iacute;a, se converger&aacute; con plataformas &ndash;posiblemente Ahora en Com&uacute;n&ndash;, que deber&aacute;n designar a sus respectivos candidatos a trav&eacute;s de un procedimiento de primarias, para integrarlos despu&eacute;s en una lista previamente ocupada por los candidatos de Podemos. Los electores podr&aacute;n encontrar as&iacute;, en estos territorios, el d&iacute;a de las elecciones, una papeleta, con el nombre aproximado de &laquo;Podemos en Com&uacute;n&raquo;, que unifique todas las propuestas y sensibilidades por el cambio.
    </p><p class="article-text">
        Aunque a la desembocadura de todo el proceso podr&iacute;amos contar con un final feliz, el procedimiento para alcanzarlo habr&iacute;a desechado en el camino demasiadas oportunidades como para poder conseguirse el resultado electoral apetecido.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que se encuentra en disputa desde el comienzo de la gran contestaci&oacute;n a la directiva de Podemos es su m&eacute;todo de designaci&oacute;n de candidatos. <strong>La confluencia actual no deber&iacute;a refrendar, a posteriori, esta metodolog&iacute;a ni sus resultados</strong>. Solo forzando los t&eacute;rminos puede denominarse al procedimiento utilizado en julio como primarias. Se trat&oacute;, en realidad, de un plebiscito, donde los inscritos en el partido deb&iacute;an decidir entre ratificar al l&iacute;der y a sus elegidos o rechazarlos, acogi&eacute;ndose a una lista marginal, desconocida, irrelevante. Las primarias, como ahora diremos, implican otra cosa. Se emple&oacute;, adem&aacute;s, una forma centralizada y personalista de nominaci&oacute;n, alejada de todas las realidades locales y, peor, a despecho de las propias instancias provinciales del partido. Como ha recordado Rafael Escudero <a href="http://www.eldiario.es/contrapoder/Podemos-unidad_popular_6_425967427.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en estas p&aacute;ginas</a>, se resucit&oacute; con ello la tan poco honorable figura del &laquo;cunero&raquo;. Y, por &uacute;ltimo, el &iacute;ndice de participaci&oacute;n fue tan escu&aacute;lido, que su celebraci&oacute;n oficial volvi&oacute; a restar credibilidad al partido y la legitimidad conferida a los ganadores no pudo sino resultar notoriamente d&eacute;bil.
    </p><p class="article-text">
        La confluencia, para ser plena, deber&iacute;a garantizar que las listas finales se eligiesen en su totalidad &ndash;incluidos los candidatos de Podemos&ndash; a trav&eacute;s de <strong>unas primarias reales, abiertas y disputadas, tanto de &aacute;mbito provincial, para las listas de circunscripci&oacute;n, como de distrito estatal, para la candidatura a la presidencia del Gobierno</strong>. Esto implicar&iacute;a dualidad o pluralidad de aspirantes a encabezarlas, debate entre proyectos diferenciados y contraste entre propuestas concretas para la provincia y para el pa&iacute;s, elaboraci&oacute;n abierta de censos y jornada presencial de elecci&oacute;n. <strong>Quienes desprecian estos m&eacute;todos participativos en nombre de la eficacia electoral olvidan que su pertinencia no se debe solo a razones de pureza democr&aacute;tica, sino tambi&eacute;n a motivos de eficiencia electoralista</strong>. Un proceso de este g&eacute;nero despertar&iacute;a gran relevancia medi&aacute;tica a trav&eacute;s de debates, entrevistas y art&iacute;culos en los medios locales y estatales; pondr&iacute;a en contacto a personas pol&iacute;ticamente afines; servir&iacute;a para tejer y reforzar redes; sustentar&iacute;a, en fin, una presencia p&uacute;blica sumamente valiosa en tiempo de precampa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n se ha insinuado, son, adem&aacute;s, motivos de esta &iacute;ndole los que desaconsejan el destierro de Alberto Garz&oacute;n a M&aacute;laga para garantizar la candidatura a la presidencia de Pablo Iglesias. Basta imaginar la trascendencia pol&iacute;tica de unas primarias con ambos l&iacute;deres como aspirantes para percatarse de sus beneficiosos efectos electorales. Siendo simult&aacute;nea la designaci&oacute;n por primarias de las listas provinciales y la nominaci&oacute;n estatal del candidato a la presidencia, la participaci&oacute;n en las primeras se intensificar&iacute;a muy probablemente. El foco de atenci&oacute;n se centrar&iacute;a en esas semanas en este proceso electivo, jalonado por debates televisados y sondeos en portadas. La expectaci&oacute;n generada bien podr&iacute;a reanimar el pulso de las fuerzas del cambio y volver a colocarlas en un nivel de resultados equiparable al del PSOE, que no contar&iacute;a, ni de lejos, con semejante apertura p&uacute;blica en v&iacute;speras de las elecciones.  
    </p><p class="article-text">
        Para lograr estos prop&oacute;sitos, habr&iacute;a que colmar todav&iacute;a otro requisito, evidenciado por las candidaturas municipalistas: <strong>el car&aacute;cter preponderantemente ciudadano de los aspirantes a integrar las listas</strong>. Con la vista puesta en los comicios, el marco discursivo m&aacute;s favorable para las iniciativas transformadoras es el que opone, por un lado, a la vieja partidocracia turnista, responsable directa de la crisis, la corrupci&oacute;n y el secuestro institucional que padecemos, y por otro, a los miembros activos de la sociedad civil que aspiran a reapropiarse de las instituciones para depurarlas de inercias clientelares y volver a colocarlas en beneficio del com&uacute;n. Pero ese marco no puede ser exclusivamente ret&oacute;rico ni ling&uuml;&iacute;stico. Debe encarnarse en la propia trayectoria de los miembros de las listas unitarias.
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; donde Podemos satisface las exigencias, pues sus candidatos eran, hasta hace dos d&iacute;as, ciudadanos rasos comprometidos contra los recortes y la merma de derechos. No sucede lo mismo con otro de los actores de la confluencia, Izquierda Unida, que arrastra un considerable lastre de bur&oacute;cratas de aparato que proyectan con nitidez al p&uacute;blico los males de la partidocracia. Unas hipot&eacute;ticas primarias en Ahora en Com&uacute;n sin la presencia de Podemos dar&iacute;an un peso espec&iacute;fico aplastante a los cuadros del PCE, permitir&iacute;an su desembarco sistem&aacute;tico y tornar&iacute;an demasiado previsibles los resultados. De este modo, a la postre, el tortuoso proceso de la confluencia habr&iacute;a recurrido a los m&eacute;todos participativos solo como recursos molestos, cuyo riesgo e incertidumbre hay que minimizar, y de funci&oacute;n exclusivamente cosm&eacute;tica, para <strong>disfrazar lo que en sustancia ser&iacute;a un pacto entre las direcciones de Podemos e IU</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Esto, naturalmente, no pasar&iacute;a desapercibido a nadie. La credibilidad de la dirigencia de Podemos, que ha sido implacable en su ataque a esta posibilidad, continuar&iacute;a resinti&eacute;ndose, y todo el caudal humano procedente de los movimientos sociales, solo capitalizable con f&oacute;rmulas abiertas y ciudadanas, podr&iacute;a terminar desechado. Una confluencia de este g&eacute;nero podr&iacute;a asegurar mayor presencia parlamentaria, vale, pero ser&iacute;a todav&iacute;a una apuesta perdedora. Y es que con la receta de un Podemos-IU m&aacute;s o menos encubierto, confluyendo desde arriba, se perder&iacute;an muchos de los bienes procurados por unas primarias completas y reales, con los ciudadanos como protagonistas y la lealtad a unos pocos y consensuados principios program&aacute;ticos como argamasa de la formaci&oacute;n resultante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/confluencia-izquierdas_132_2493461.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2015 18:30:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Hacia una confluencia de corto alcance?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dirección de Podemos ya no quiere ganar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/cupula-podemos-no-victoria_132_2569922.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Pese a continuar con la retórica de la expansión y la victoria, los dirigentes de Podemos solo trabajan ya para asentarse en el espacio de la izquierda transformadora</p><p class="subtitle">La dirección de Podemos ha decidido que el objetivo no es ganar justo en el único momento en que ganar es posible</p><p class="subtitle">En la cúpula del joven partido han olvidado que los “convencidos” no son “incondicionales”</p><p class="subtitle">Ahora en Común responde a una necesidad que Podemos decidió dejar de satisfacer: la de construir democráticamente listas ciudadanas unitarias para ganar</p></div><p class="article-text">
        La c&uacute;pula de Podemos ya no quiere ganar. Desde los comicios andaluces, el mensaje ha sido inequ&iacute;voco: <strong>Podemos, por s&iacute; solo, no puede aspirar a obtener la minor&iacute;a mayoritaria necesaria para liderar el gobierno de este pa&iacute;s</strong>. Si a cualquier ciudadano raso le resulta evidente esta conclusi&oacute;n, a las mentes despiertas que est&aacute;n al frente de la organizaci&oacute;n no cabe que le haya pasado inadvertida.
    </p><p class="article-text">
        Las razones por las que su crecimiento es estructuralmente limitado son variadas. Una, fundamental, es que la hip&oacute;tesis discursiva que mantienen resulta del todo insuficiente en una sociedad en la que la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n del discurso se hallan tan concentradas como la producci&oacute;n y distribuci&oacute;n econ&oacute;micas. Por eso, en cuanto Podemos result&oacute; verdaderamente amenazante, bastaron unos pocos titulares insidiosos para que se le cortaran todas las v&iacute;as de crecimiento por el centro, por los sectores despolitizados y m&aacute;s a&uacute;n por la derecha. Demasiado pronto se hizo patente que, con el estereotipo fabricado por los medios, no podr&iacute;a llegar a ser un partido transversal, <em>atrapalotodo</em>, capaz de aglutinar apoyos de las m&aacute;s variadas procedencias. Su espacio natural y acotado, como demuestra la trayectoria de sus representantes y la silueta de sus seguidores, es el de la izquierda sociol&oacute;gica de este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Consciente de esta acotaci&oacute;n heter&oacute;noma, <strong>la direcci&oacute;n de Podemos, pese a continuar proyectando su ret&oacute;rica de la victoria, no juega ya a ganar, sino a consolidarse como fuerza predominante en ese espacio</strong>, dando definitiva, y quiz&aacute; justa sepultura a Izquierda Unida. Se trata, desde luego, de un proyecto leg&iacute;timo, aunque condena a la formaci&oacute;n a mantenerse en una disociaci&oacute;n cada vez m&aacute;s insostenible entre sus prop&oacute;sitos de triunfo, puramente publicitarios, y las decisiones adoptadas, conducentes todas a lograr esa posici&oacute;n hegem&oacute;nica en el campo de la izquierda transformadora.
    </p><p class="article-text">
        El problema capital no es que la direcci&oacute;n de un partido prometedor se instale en esta contradicci&oacute;n palmaria entre su teor&iacute;a y su praxis. Lo grave radica en que, por c&aacute;lculos cicateros, est&aacute; a punto de desaprovecharse un hist&oacute;rico y ef&iacute;mero momento de apertura.
    </p><p class="article-text">
        A estas alturas, cabe incluso dudar si la transici&oacute;n que va a operarse en el campo de la izquierda arroja de veras un saldo ganador. Quiere expedirse el acta de defunci&oacute;n a un partido anquilosado, de base doctrinal un tanto desfasada, repleto de resortes retardatarios, incapaz de trascender el per&iacute;metro de sus incondicionales y atravesado por las malas pr&aacute;cticas de la vieja pol&iacute;tica. Hasta aqu&iacute; &ndash;podr&iacute;a decirse&ndash; todo inobjetable. Ahora bien, el actor que viene a reemplazar a la desmedrada coalici&oacute;n va revel&aacute;ndose como una formaci&oacute;n macroc&eacute;fala, de centro a&uacute;n m&aacute;s autoritario, regido por la l&oacute;gica del dedazo unilateral y construido en torno a la adhesi&oacute;n acr&iacute;tica y emocional al liderazgo. Por lo que se ve, estar&iacute;amos, adem&aacute;s, ante un sustituto no menos inclinado al rechazo visceral de la diferencia y basado en un aparato doctrinal, el del populismo, igualmente apolillado. Como vulgarmente se dice, en este punto, podr&iacute;amos estar pasando de &lsquo;Guatemala&rsquo; a &lsquo;Guatepeor&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo preocupante es que, traicionando sus prop&oacute;sitos originarios, es decir, aquello que demostr&oacute; su raz&oacute;n de ser, <strong>la direcci&oacute;n de Podemos ha decidido que el objetivo no es ganar justo en el &uacute;nico momento en que ganar es posible</strong>. Y lo est&aacute; haciendo porque prefiere asentarse establemente y en exclusividad en el terreno de la izquierda social con un grupo parlamentario numeroso, trabado por los v&iacute;nculos preferentes de la amistad personal y ajeno, por tanto, al pluralismo y capacidad realmente existente no solo en ese espacio que quiere representar, sino tambi&eacute;n entre las bases de la propia formaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Los pasos que, sin refrendo ni contraste, la c&uacute;pula de Podemos ha ido dando en esa direcci&oacute;n, y las evidencias mostradas por los resultados de las &uacute;ltimas elecciones locales y auton&oacute;micas, han liberado un espacio que ha tardado muy poco en cubrirse por la iniciativa Ahora en Com&uacute;n (<em>AeC</em>). Su mera aparici&oacute;n ya demuestra la falsedad de la hip&oacute;tesis manejada en Podemos a tenor de la cual pueden darse por descontados a los &ldquo;convencidos&rdquo; para marchar a convencer a los que todav&iacute;a no lo est&aacute;n. <strong>Los &ldquo;convencidos&rdquo; no son por necesidad &ldquo;incondicionales&rdquo;</strong>, y su convencimiento inicial muy bien pudo deberse a las razones fundacionales de Podemos, ya en entredicho, m&aacute;s que a la identidad personal de sus dirigentes.
    </p><p class="article-text">
        El objetivo, tanto de la prensa del <em>establishment</em> como de la propia direcci&oacute;n de Podemos, es <strong>identificar este instrumento para facilitar la confluencia con Izquierda Unida</strong>. Se persigue su descr&eacute;dito contradiciendo los hechos. Cuando a&uacute;n se trataba de un manifiesto de circulaci&oacute;n restringida, de la treintena de firmas que lo conformaban apenas hab&iacute;a dos o tres procedentes de la coalici&oacute;n, predominando las estampadas por miembros de Podemos. En una <a href="http://www.europapress.es/nacional/noticia-quienes-integran-candidatura-ciudadana-ahora-comun-20150709134450.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estad&iacute;stica de primera hora</a>, la mayor&iacute;a de los apoyos proced&iacute;an de integrantes de candidaturas populares, de ciudadanos independientes, de adscritos de base de Podemos, de miembros de Equo y, en &uacute;ltimo y reducid&iacute;simo lugar, de militantes de IU.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>AeC</strong></em><strong> ha sido una reacci&oacute;n, tanto interna como externa, contra el contraproducente derrotero tomado por la c&uacute;pula de Podemos; en ning&uacute;n caso una estrategia sibilina para reforzar Izquierda Unida</strong>. Aspirar a propiciar la convergencia de todas las gentes comprometidas con el cambio en un espacio de procedimientos inclusivos muy bien puede atraer a los militantes de este partido, porque no son rechazados de antemano como &ldquo;cenizos fracasados&rdquo;. Pero de ah&iacute; a asimilar esta iniciativa con una mera prolongaci&oacute;n de IU existe un trecho que solo se recorre por artero af&aacute;n de denigrarla.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La irrupci&oacute;n de AeC debe entonces leerse en clave interna a la evoluci&oacute;n de Podemos m&aacute;s que como argucia promovida desde fuera por los l&iacute;deres de IU</strong><em>AeC </em>. De hecho, quienes han presentado p&uacute;blicamente la iniciativa han asegurado que no nace contra Podemos, que sin &eacute;l no puede aspirar a nada y que el liderazgo de Pablo Iglesias resulta indiscutible, tono que convierte en especialmente injusta y dolorosa la poco edificante respuesta propinada por la direcci&oacute;n de Podemos y sus intelectuales org&aacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Al responder a una necesidad objetiva, y no a una conspiraci&oacute;n,</strong> la aparici&oacute;n de <em>AeC</em> ha reabierto el escenario de las izquierdas ante la pr&oacute;xima cita electoral. Se atisban varias salidas posibles.
    </p><p class="article-text">
        La primera, la m&aacute;s indeseable de todas, es que, amedrentados y arrepentidos por su rotundo desacuerdo p&uacute;blico, quienes han dado sentido e impulso originario a esta iniciativa prefieran su par&aacute;lisis para volver a la situaci&oacute;n anterior. Tal es la&nbsp;<a href="http://blogs.publico.es/dominiopublico/14001/un-irresistible-deseo-de-derrota/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">salida planteada en el fondo</a> por los que reconocen que s&iacute;, que muy mal lo de la direcci&oacute;n de Podemos, pero que mucho peor es enfrentarse a ella porque eso nos desangra por divisi&oacute;n. El escollo de esta salida de la resignaci&oacute;n es que ya no puede hacerse como si no existiese una alternativa razonable para coordinar la confluencia sin exclusiones. Y tampoco puede proseguirse como si no se hubiesen dado las decisiones, actitudes y declaraciones desviadas de la c&uacute;pula de Podemos, que, enajen&aacute;ndose cada vez m&aacute;s apoyos, descartan de pleno la pretensi&oacute;n de que el partido sea un &ldquo;instrumento en manos de la gente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La segunda salida, probable aunque tampoco deseable, es que <em>AeC</em> prospere y llegue a convertirse en alternativa electoral, pero sin llegar a incorporar al v&eacute;rtice de Podemos. Si esto se produjese, lo m&aacute;s sensato ser&iacute;a abandonar la inclinaci&oacute;n actual a la confrontaci&oacute;n y, cada uno por su v&iacute;a y a su modo, aspirar a optimizar su respectivo potencial. <strong>Traspasado un cierto umbral, lo que aparece como divisi&oacute;n que resta podr&iacute;a convertirse en suma para la cooperaci&oacute;n futura.</strong> Todo depender&iacute;a de lo que el procedimiento de elaboraci&oacute;n de listas facilitado por <em>AeC</em> lograse en varios &oacute;rdenes: la pluralidad y val&iacute;a de los candidatos, el apoyo conservado entre las bases de Podemos, el nivel de participaci&oacute;n y la ilusi&oacute;n consiguiente. <strong>En esta hip&oacute;tesis, un posible desembarco de l&iacute;deres hist&oacute;ricos del PCE a la hora de las primarias arruinar&iacute;a toda expectativa de buen resultado</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Y la &uacute;ltima v&iacute;a, preferible aunque improbable, puede relatarse dial&eacute;cticamente. Izquierda Unida conform&oacute; durante los inicios de la presente coyuntura cr&iacute;tica la tesis central del cambio, pero su estrechez org&aacute;nica y la cortedad de sus horizontes hizo que pronto fuese rebasada por Podemos, que, prematuramente petrificado en su cima, podr&iacute;a resultar desbordado e incluido por la s&iacute;ntesis que anhela ser <em>AeC</em>. Pero para lograr este dif&iacute;cil objetivo hacen falta requisitos de complicada consecuci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Primero, que se haga evidente, tanto en la direcci&oacute;n de Podemos como en sus apoyos de base m&aacute;s incondicionales, que el modo en que est&aacute;n organiz&aacute;ndose de cara a las generales, con listas de amigotes impuestas en la pr&aacute;ctica, proyecta tal falta de seriedad que de darse en cualquier otro partido habr&iacute;amos sido inmisericordes en nuestra contestaci&oacute;n. Y, segundo, que, llevados por el convencimiento de que esta deriva resulta de todo punto inaceptable, representantes de la talla y con la autoridad moral de Manuela Carmena, Ada Colau o Gerardo Pisarello indiquen que el camino a seguir para ganar, como bien saben, es el de la confluencia amistosa, leal y horizontal producida en torno a liderazgos un&aacute;nimemente reconocidos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/cupula-podemos-no-victoria_132_2569922.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 Jul 2015 18:16:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La dirección de Podemos ya no quiere ganar]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Podemos,Ahora en Común,Unidad Popular]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Podemos y la desunión popular]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/desunion-popular_132_2600359.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Entre las primeras virtudes del estratega destaca la de ajustarse a los tiempos. No parece que la dirigencia de Podemos est&eacute; en posesi&oacute;n de esta habilidad. Aplicar las mismas claves en mayo de 2014 y en noviembre de 2015 va a suponer un craso error. Desde el comienzo, Podemos tuvo la vista puesta en las generales. Las elecciones andaluzas y el paso de las municipales y las auton&oacute;micas aparec&iacute;an como un estorbo. Sin embargo, lo que va camino de convertirse en un verdadero obst&aacute;culo para sus prop&oacute;sitos mayoritarios es el no extraer una sola lecci&oacute;n de esos comicios.
    </p><p class="article-text">
        En mayo de 2014, con la t&aacute;ctica Podemos reci&eacute;n estrenada con relativo &eacute;xito &ndash;un 8% en unas elecciones inocuas&ndash;, y con Izquierda Unida en torno al 10%, resultaba a todas luces contraproducente proponer su coalici&oacute;n. Los m&eacute;todos, las estrategias, los discursos y su p&uacute;blico respectivo aparec&iacute;an diferenciados netamente. Aunque pod&iacute;a pensarse en una cooperaci&oacute;n poselectoral entre ambas formaciones, todo aconsejaba discurrir por separado, pues all&iacute; donde, en apariencia, pod&iacute;a llegar Podemos con su hip&oacute;tesis populista, IU no alcanzar&iacute;a, y los convencidos a los que esta coalici&oacute;n pod&iacute;a mantener repudiaban con visceralidad al nuevo partido. Coaligarse no era, en efecto, una buena idea.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Seguimos en la misma situaci&oacute;n? Los resultados de municipales y auton&oacute;micas parecen responder que no.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la &ldquo;hip&oacute;tesis Podemos&rdquo;, de naturaleza eminentemente cultural y discursiva, tiene un recorrido limitado en esta sociedad del espect&aacute;culo. Su aplicaci&oacute;n obstinada les har&aacute; tropezar el pr&oacute;ximo noviembre con un techo de cristal de no m&aacute;s del 15% de los votos. En segundo t&eacute;rmino, las elecciones vividas han mostrado que este l&iacute;mite solo puede desbordarse con otras pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas, donde se combinen confluencia ciudadana, liderazgo carism&aacute;tico, compromiso y honestidad de los candidatos y participaci&oacute;n popular en la elaboraci&oacute;n de las listas.
    </p><p class="article-text">
        Seamos claros: el dilema de las pr&oacute;ximas generales no es ganarlas de forma incontestable o perderlas. La insistente ret&oacute;rica de la victoria &ndash;&laquo;&iexcl;Salimos a ganar!&raquo;&ndash;oculta torpemente un hecho capital del escenario presente: a d&iacute;a de hoy, las mayor&iacute;as inapelables no est&aacute;n al alcance de la mano. Lo m&aacute;ximo a que puede aspirarse es a conseguir una minor&iacute;a relativamente decisiva para la gobernaci&oacute;n. Y aqu&iacute; la encrucijada no es otra que la siguiente: o repetimos direcci&oacute;n conservadora y neoliberal, con el auxilio de Ciudadanos o el mucho m&aacute;s improbable apoyo del PSOE, o logramos rectificar el rumbo presente con una mayor&iacute;a de izquierdas. Pero esta mayor&iacute;a progresista puede adoptar dos formas: o tiene al PSOE como fuerza predominante o la relega a una posici&oacute;n secundaria. Contemplada la cuesti&oacute;n desde la envergadura del cambio a realizar, es aqu&iacute; donde radica la clave del asunto.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como va dise&ntilde;&aacute;ndose el campo de las izquierdas de cara a las pr&oacute;ximas elecciones, con cada vez m&aacute;s desprecios y divisiones, lo m&aacute;s probable es que el PSOE termine preponderando. Y basta con apuntar alguna inclinaci&oacute;n distintiva, como la postura de los socialdem&oacute;cratas espa&ntilde;oles ante el TTIP, para adivinar la dimensi&oacute;n real que tendr&aacute;n las transformaciones impulsadas por un ejecutivo liderado por los socialistas y apoyado desde el Parlamento por Podemos y por Ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico modo de trascender este escenario es rebasando electoralmente al PSOE, forz&aacute;ndolo a una disyuntiva: o gran coalici&oacute;n con el PP para, sacrific&aacute;ndose a s&iacute; mismo, consumar la contrarreforma neoliberal, o tomar parte de un gobierno de izquierdas sin su liderazgo, en el que sus consuetas reticencias derechistas no tuviesen cabida. Pero este objetivo es impracticable para Podemos por s&iacute; solo. El &uacute;nico modo de lograrlo es aglutinando a todas las fuerzas y sensibilidades a la izquierda no identificadas con la sedicente socialdemocracia actual, e incorporando la m&aacute;xima proporci&oacute;n posible del tercio abstencionista del cuerpo electoral. La &uacute;nica manera, en suma, es a trav&eacute;s de eso que viene denomin&aacute;ndose, de forma deficiente, como &laquo;unidad popular&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        En Podemos sostienen que su estructura partidaria se basta y se sobra para canalizar dicha &laquo;unidad&raquo;. Su estructura intensamente verticalizada y de direcci&oacute;n concentrada, que permite la mediatizaci&oacute;n heter&oacute;noma de cualquier proceso de convergencia, desmiente, sin embargo, semejante pretensi&oacute;n. Las primarias que han realizado lo testimonian: con su &iacute;nfima participaci&oacute;n, las injerencias de la c&uacute;pula, sus listas plancha, su vulnerabilidad ante el pirateo y los votos de &uacute;ltima hora cazados entre amigos y familiares para ganar por la m&iacute;nima, no parecen constituir un instrumento serio para lograr convergencia ciudadana alguna.
    </p><p class="article-text">
        La materia gris del partido insiste adem&aacute;s en que, para conquistar la ansiada mayor&iacute;a, no hay que convencer a los ya convencidos, sino llegar a donde todav&iacute;a no se ha llegado. Este modo de representar su t&aacute;ctica nos evidencia el riesgo del planteamiento: si ese espacio por alcanzar resulta que termina siendo el centrismo liberal, en el tr&aacute;nsito ir&aacute;n cayendo los apoyos que se daban por seguros y cuando se arribe al destino se encontrar&aacute; &eacute;ste de lo m&aacute;s concurrido. Si, por el contrario, se desea penetrar m&aacute;s en el campo social de las izquierdas y en el abstencionista, resulta discutible que la mejor opci&oacute;n sea dejar aparcados, o incluso denigrar, a los presuntos incondicionales. Y es que, para estos prop&oacute;sitos, nada m&aacute;s atrayente y catalizador que una expedici&oacute;n conjunta.
    </p><p class="article-text">
        Hasta hace poco, era Izquierda Unida la que, desde una presuntuosa posici&oacute;n de predominio, llamaba a dicha conjunci&oacute;n. A d&iacute;a de hoy, sin embargo, por una combinaci&oacute;n de mediocridad, sectarismo y burocratizaci&oacute;n, y por el consiguiente y penoso exceso de escisiones, expulsiones y fracturas, el &uacute;nico partido estatal que se opuso a reformas como la del art. 135 va camino de parecer prescindible en un hipot&eacute;tico escenario de cambio. Pero, &iquest;lo es en realidad? &iquest;Tan alegremente se puede despreciar su mill&oacute;n aproximado de votos para la pretendida victoria final, seg&uacute;n el r&eacute;gimen electoral vigente de restos y circunscripciones? Si el objetivo es ganar las elecciones, &iquest;es buena estrategia comenzar rechazando como &laquo;cenizos&raquo; apestados a decenas de miles de militantes y simpatizantes, distinguidos por su compromiso y actividad contra la oleada neoliberal? &iquest;Tiene adem&aacute;s sentido que se trate a la IU liderada por Alberto Garz&oacute;n, que apuesta de forma abierta por esa &laquo;unidad popular&raquo;, del mismo modo que a la IU de hace tres a&ntilde;os? &iquest;Cabe confundir a los pocos centenares que conforman su mediocre y a veces deleznable burocracia de aparato con los millares que componen su base social? &iquest;No hay quiz&aacute; similitud entre la arrogancia con que la plana mayor de IU trat&oacute; a Iglesias y Monedero en la primavera de 2014 y la que hoy se gastan los l&iacute;deres de Podemos despachando a las bases de la coalici&oacute;n como pesimistas fracasados?
    </p><p class="article-text">
        T&eacute;ngase en cuenta que muchos de los que hoy forman y lideran nuevos partidos de la izquierda son hijos proscritos de IU, lo cual demuestra el sectarismo y la estrechez de su matriz, pero tambi&eacute;n revela resentimientos e identifica rasgos de familia. Es una de esas taras cong&eacute;nitas la que provoca la indisimulada y cainita prepotencia que vienen mostrando algunos representantes de Podemos frente a la izquierda tradicional. Del mismo modo que en el interior del PCE pod&iacute;an ser lapidadas minor&iacute;as heterodoxas por interpretar el dogma de forma desviada, observamos ahora un desprecio caricaturesco no menos excluyente por parte de los l&iacute;deres de Podemos hacia quienes entienden las estrategias de transformaci&oacute;n de modo diverso a su hip&oacute;tesis populista. Parece que en la izquierda todav&iacute;a no han interiorizado que nada la debilita m&aacute;s que el encono fratricida.
    </p><p class="article-text">
        Con raz&oacute;n arguyen los l&iacute;deres de Podemos que la &laquo;unidad popular&raquo; no puede ser &laquo;una sopa de siglas&raquo;, que pretenda solo &laquo;sumar a las izquierdas&raquo; para un &laquo;frente com&uacute;n&raquo; en un cambalache sellado en los despachos. Cuando desde Podemos advierten esto a IU aciertan de lleno, salvo en una cosa: no es eso lo que se propone desde IU. Entiendo que la alternativa planteada consiste en crear, por provincias, candidaturas populares, elegidas por ciudadanos rasos a trav&eacute;s de mecanismos transparentes y participativos, ciudadanos procedentes de partidos, asociaciones, movimientos y agrupaciones comprometidas con la iniciativa, que deciden dar un paso atr&aacute;s en las elecciones y no presentarse con sus siglas. La clave no est&aacute; entonces en los partidos sino en sus gentes, y tambi&eacute;n en aquellos que nunca hemos militado en ninguno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Es muy posible que, ante esta hipot&eacute;tica elaboraci&oacute;n de listas unitarias, un sector minoritario de IU no quiera renunciar a sus siglas, se escinda y decida presentarse con alg&uacute;n suced&aacute;neo bajo el pretexto de &laquo;defender el fuerte&raquo;. Pero el resultado de esta apuesta lo adelanta el 1,5% obtenido por la candidatura oficialista de IU al Ayuntamiento de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        Los dirigentes de Podemos utilizan, pues, un lenguaje enga&ntilde;oso: solo en sus representaciones el asunto se reduce a coaligar partidos desde arriba, haciendo Podemos de balsa de salvamento de una IU ya para el desecho. Pero la cosa no trata de eso, sino de dar por una vez el protagonismo directo a la ciudadan&iacute;a, siguiendo precisamente el prop&oacute;sito originario de Podemos y del 15M. Y para que eso ocurra deben caber todos, y para que todos quepan, como ya han dicho muchos, no solo desde IU, sino tambi&eacute;n desde Equo o desde Anova, lo mejor es aparcar irritantes posiciones de predominio para franquear el paso a pr&aacute;cticas y procedimientos inclusivos, que permitan tambi&eacute;n el justo reconocimiento a la aportaci&oacute;n de cada cual. Y es que siempre es m&aacute;s c&oacute;modo vivir en una casa compartida que de hu&eacute;sped en casa ajena.
    </p><p class="article-text">
        Como est&aacute; a punto de desperdiciarse una oportunidad hist&oacute;rica, debido en buena parte a la inmadurez, la arrogancia y las formas deplorables de algunos l&iacute;deres de menor estatura de la esperada, no estar&iacute;a de m&aacute;s que, en vez de escuchar las cansinas y repetitivas declaraciones de sus dirigentes, se consultase directamente a todos los inscritos de Podemos si preferir&iacute;an concurrir a la formaci&oacute;n de candidaturas ciudadanas o si preferir&iacute;an mejor&nbsp;bailar solos hasta volver a sumir a la izquierda en la irrelevancia institucional.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/desunion-popular_132_2600359.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Jun 2015 17:08:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Podemos y la desunión popular]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[IU - Izquierda Unida,Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Segunda República, 84 años después]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/rememorando-republica_132_4278612.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La tentativa republicana enseña hoy que, cuanto más desigual es una sociedad, más complicado se hace instituir una democracia social.</p><p class="subtitle">Cuando se reivindica hoy la República, ¿a qué nos referimos? ¿A la del primer bienio y la Constitución? ¿A la del Frente Popular? ¿A la de la guerra civil?</p><p class="subtitle">Como objeto de historiadores, no hay periodo que sufra más censuras retrospectivas, más interpretaciones anacrónicas y más juicios sumarísimos basados en precomprensiones.</p></div><p class="article-text">
        Hoy, 14 de abril, vuelve a ser una jornada para rememorar, rendir tributo a la democracia y reconsiderar ciertas convenciones. A juzgar por el debate p&uacute;blico, las reivindicaciones de algunos grupos pol&iacute;ticos y los intereses historiogr&aacute;ficos m&aacute;s inmediatos, <strong>la Segunda Rep&uacute;blica contin&uacute;a viva entre nosotros. Lo hace como s&iacute;mbolo pol&iacute;tico y como objeto de conocimiento.</strong> Vive con dos almas, con diferentes funciones cada una, pero &iacute;ntimamente conectadas entre s&iacute;. Cuanto m&aacute;s se cultive en su segundo aspecto, mejor se podr&aacute; calibrar su alcance simb&oacute;lico. La distancia notable entre sus dos vidas es lo que provoca que, en la mayor parte de las ocasiones, permanezca <strong>desdibujada por las pasiones presentes y por las tergiversaciones interesadas</strong>.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia republicana espa&ntilde;ola entra&ntilde;a, aun a d&iacute;a de hoy, una lecci&oacute;n de alcance universal. Revela, de forma desgarradora, <strong>las dificultades casi insuperables con las que suele tropezar la institucionalizaci&oacute;n de la democracia social</strong>, con su combate prioritario contra los privilegios y su af&aacute;n por construir una sociedad de ciudadanos pol&iacute;ticamente iguales y emancipados. Est&aacute; de m&aacute;s insistir en la evidencia: a la Rep&uacute;blica no le permitieron siquiera asentarse tanto desde la sociedad como desde dentro del propio Estado. Latifundistas, financieros, nobles, militares, mon&aacute;rquicos y eclesi&aacute;sticos, de forma directa o a trav&eacute;s de sus agrupaciones pol&iacute;ticas, hicieron todo lo posible por derrocarla. Pero tambi&eacute;n numerosos anarcosindicalistas, que, con lamentable ceguera, no vieron en ella m&aacute;s que una despreciable continuaci&oacute;n del parlamentarismo burgu&eacute;s. Las resistencias internas no fueron menores. Desde la propia desafecci&oacute;n castrense a la lenidad de la magistratura, la alta burocracia, la polic&iacute;a o la diplomacia minaron las bases de su constituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La tentativa republicana ense&ntilde;a as&iacute; que, cuanto m&aacute;s desigual es una sociedad, cuanto mayor proporci&oacute;n de la misma se encuentra sometida a poderes privados, sin derechos ciudadanos ni relevancia p&uacute;blica, m&aacute;s complicado se hace instituir una democracia social. Por eso, cada regresi&oacute;n en materia laboral o fiscal, cada desregulaci&oacute;n practicada en favor del poder econ&oacute;mico, cada disposici&oacute;n que propicie su paulatina concentraci&oacute;n, nos aleja un paso m&aacute;s, en un trayecto dif&iacute;cilmente reversible, del ideal republicano de la igualdad pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Muchos, por inter&eacute;s propio o por mero adoctrinamiento, celebran este viaje sin retorno. La Rep&uacute;blica, por su derrota a manos del fascismo, se les aparece como la demostraci&oacute;n inapelable de la imposibilidad de la democracia social. In&uacute;til es volver a tener aspiraciones ya fracasadas, vienen a decir. Es m&aacute;s, en un gesto que convierte a la v&iacute;ctima en verdugo, la consideran, con sus aspiraciones de cambio, la responsable de la propia irrupci&oacute;n del fascismo. Y es que pocos periodos de nuestra historia dependen m&aacute;s, para su valoraci&oacute;n, de la propia inclinaci&oacute;n pol&iacute;tica y de las ideas preponderantes en la esfera p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        Salvo furibundos derechistas, apenas nadie discute hoy, a derecha y a izquierda, que el constitucionalismo gaditano signific&oacute; un avance en relaci&oacute;n a la monarqu&iacute;a militarizada de Carlos IV. Ning&uacute;n consenso similar encontraremos en el caso de la Rep&uacute;blica. <strong>La profesi&oacute;n en valores conservadores conduce a su desprecio</strong>. Se le concibe desde esta perspectiva como <strong>un caso m&aacute;s en el que el idealismo ut&oacute;pico y el sectarismo empujaron a la anarqu&iacute;a</strong>. Al parecer, poco importa a quienes as&iacute; piensan que sus exigencias m&aacute;s elementales, como la igualdad de g&eacute;nero, el sufragio universal, la protecci&oacute;n legal del trabajo, el derecho de huelga o el r&eacute;gimen auton&oacute;mico se consagraran tras la dictadura, dando lugar a un periodo medianamente pr&oacute;spero en nuestra historia. Ocultan, para no identificar su b&aacute;rbara genealog&iacute;a, que <strong>en Espa&ntilde;a se rebelaron los militares, entre otras cosas, para erradicar el divorcio, el matrimonio civil, la autonom&iacute;a regional, la escuela laica o una t&iacute;mida redistribuci&oacute;n de la riqueza</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Su imagen convencional depende adem&aacute;s, de modo muy estrecho, de los valores pol&iacute;ticos hegem&oacute;nicos. Cuanto m&aacute;s conservador, en expectativas y horizontes, se va haciendo el ambiente pol&iacute;tico, m&aacute;s rechazo retrospectivo empieza a sentirse por aquel proyecto, repelido como revolucionario. Antes, sin embargo, cuando las ideas de igualdad y cooperaci&oacute;n predominaban, encarnaba un valioso ejemplo a emular, malogrado por la ira fascista.
    </p><p class="article-text">
        La discrepancia de ra&iacute;z en torno a la valoraci&oacute;n de la Rep&uacute;blica es, de todas formas, lo que sigue explicando el inter&eacute;s que despierta, la actualidad de que goza. Algunas formaciones identifican su proyecto de pa&iacute;s con la bandera tricolor. Acaso descuidan aquella dolorosa, pero certera sentencia de Camus sobre la destrucci&oacute;n de la Rep&uacute;blica, lecci&oacute;n generacional que mostr&oacute; c&oacute;mo &laquo;se puede tener raz&oacute;n y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no tiene recompensa&raquo;. Se pregunta uno si al enarbolar la bandera republicana se tiene presente, con precisi&oacute;n, <strong>cu&aacute;l es el modelo preconizado: &iquest;la Rep&uacute;blica del primer bienio</strong>, cuyo proyecto de transformaci&oacute;n social qued&oacute; plasmado en la Constituci&oacute;n de 1931? <strong>&iquest;La del Frente Popular? &iquest;O la de la guerra civil</strong>, conectada por necesidad a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, y que conoci&oacute;, en algunos de sus territorios, la anhelada revoluci&oacute;n social?
    </p><p class="article-text">
        Si lo reivindicado para el presente es el reformismo ilustrado y constitucional del primer bienio debe entonces anotarse su exacta condici&oacute;n. Se trat&oacute; de una Rep&uacute;blica parlamentaria, democr&aacute;tica y social, que quiso tener como base popular la conjunci&oacute;n de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a progresista y de los trabajadores de aspiraci&oacute;n m&aacute;s moderada. Conviene recordar que esta Rep&uacute;blica <strong>fue contemplada por muchos, incluido el PSOE, partido que la trajo y sostuvo, como un tr&aacute;nsito necesario hacia la sociedad sin clases</strong>. Y por otros, como una molesta y estupefaciente interposici&oacute;n burguesa entre el proletariado y la revoluci&oacute;n verdadera. Su alma pol&iacute;tica, por tanto, no se situaba en las doctrinas socialistas, ni tampoco en el republicanismo liberal, sino en una izquierda burguesa y jacobina, que se miraba en Rousseau, no en Marx, y que defend&iacute;a su proyecto nacional desde las p&aacute;ginas de <em>Crisol</em>, <em>Claridad</em>, <em>Luz </em>o <em>El Heraldo</em>.
    </p><p class="article-text">
        En cualquier caso, si lo reivindicado con su simbolog&iacute;a no es sino aquel intento de transformaci&oacute;n radical, guiado por la dignidad y la justicia social, debe siempre huirse de la extrapolaci&oacute;n simplista. <strong>Ni en materia religiosa, ni regional, ni siquiera laboral, la Espa&ntilde;a de hoy tiene parang&oacute;n con la Espa&ntilde;a de aquel tiempo</strong>, aunque el peso espec&iacute;fico de las oligarqu&iacute;as parezca unirlas.
    </p><p class="article-text">
        Esa distancia, cada vez m&aacute;s patente, hace que la Rep&uacute;blica vaya sedimentando, principalmente, como objeto de conocimiento desentra&ntilde;ado por los historiadores. Su valoraci&oacute;n dispar y pol&eacute;mica la convierte en asunto especialmente controvertido, <strong>plagado, por desgracia, de proyecciones presentistas, prejuicios ideol&oacute;gicos y lugares comunes.</strong> Hay contemporane&iacute;stas de renombre que, con cierta autosatisfacci&oacute;n, afirman que nuestro pasado pol&iacute;tico m&aacute;s reciente ya se conoce de sobra. Y la multitud de t&iacute;tulos dedicados al periodo invita a pensar de ese modo. Basta, sin embargo, con acercarse a sus contenidos habituales para desenga&ntilde;arse y comprobar que mientras existen aproximaciones reiteradas a unos mismos puntos, otros, por desgracia, permanecen todav&iacute;a en relativa oscuridad. Es lo que nos separa de pa&iacute;ses como Italia, Francia o Alemania, que conocen al dedillo, por soporte investigador y pol&iacute;tica acad&eacute;mica, cada rinc&oacute;n de sus antecedentes. No es el caso espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Faltan estudios de conjunto, profundos, solventes y con amplia base documental, sobre aspectos centrales de la Segunda Rep&uacute;blica. Desconocemos, por ejemplo, <strong>el papel que jug&oacute; el poder judicial en el boicot y destrucci&oacute;n del r&eacute;gimen al que serv&iacute;a</strong>, algo que los alemanes conocen, respecto de la Rep&uacute;blica de Weimar, desde los propios a&ntilde;os &rsquo;30. No disponemos tampoco de un <strong>cuadro exhaustivo sobre la conflictividad laboral</strong>, cuando la actividad de los jurados mixtos fue decisiva para su decurso. Aunque m&aacute;s estudiada, falta tambi&eacute;n descender con sistema a todos los detalles en una de las principales apuestas de la Rep&uacute;blica: la reforma agraria. E incluso carecemos de una <strong>investigaci&oacute;n completa sobre la atribulada vida municipal</strong> bajo los vaivenes electorales y gubernamentales.
    </p><p class="article-text">
        Hay que celebrar por eso que notables historiadores, como Eduardo Gonz&aacute;lez Calleja, Francisco Cobo Romero, Ana Mart&iacute;nez Rus y Francisco S&aacute;nchez P&eacute;rez, se hayan tomado el trabajo de intentar reconstruir el periodo huyendo de censuras retrospectivas y tratando de entenderlo seg&uacute;n sus propios desaf&iacute;os. Algunos aguardamos expectantes su inminente <em>Historia de la Segunda Rep&uacute;blica</em>, a publicarse por la imprescindible casa editorial de Gonzalo Pont&oacute;n, <em>Pasado &amp; Presente</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/rememorando-republica_132_4278612.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 13 Apr 2015 18:48:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La Segunda República, 84 años después]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Segunda República]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andalucía ante la encrucijada electoral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/desafio-andaluz-22m_132_4328651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La región padece dos males que la anquilosan: el monopolio partidista de la administración, que provoca clientelismo y corrupción, y el pulso exánime de su vida económica. ¿Hay soluciones? ¿Son, siquiera, problemas?</p></div><p class="article-text">
        La pasada semana, una buena amiga y mejor periodista, Ana Gald&aacute;mez, me sugiri&oacute; la idea de hacerme una entrevista para exponer, en dos minutos, mi opini&oacute;n sobre la situaci&oacute;n andaluza y los desaf&iacute;os que se presentan ante la pr&oacute;xima cita electoral. Acostumbrado a la l&oacute;gica y extensi&oacute;n de las clases, que permiten la disecci&oacute;n detenida y la explicaci&oacute;n matizada de cualquier asunto de la propia competencia, semejante tesitura me oblig&oacute; a esbozar un breve esquema que encerrarse mi diagn&oacute;stico sobre esta especial&iacute;sima coyuntura. Aqu&iacute; va su puntual desarrollo.
    </p><p class="article-text">
        Para detectar sumariamente los lastres andaluces y las posibles v&iacute;as de su resoluci&oacute;n deben evitarse, de partida, tanto el triunfalismo como el catastrofismo. Del primero hay bien poco, salvo alg&uacute;n m&uacute;sculo demasiado endeble y reciente exhibido con insistencia por Susana D&iacute;az. Tan evidente resulta que la situaci&oacute;n de la comunidad no est&aacute; para celebraciones, que la propia candidata socialista se ve obligada con frecuencia a disociar su identidad: inconscientemente, se presenta como la l&iacute;der que lograr&aacute; dar la vuelta a la herencia recibida para legar a las generaciones venideras una Andaluc&iacute;a mucho mejor. El espectador avezado debe irritarse ante este lapsus, que omite toda la responsabilidad que el partido en el gobierno tiene de la actual situaci&oacute;n y exige de &eacute;l un acto de fe, esto es, la creencia en que aquellos que han gobernado en exclusiva la regi&oacute;n hasta el d&iacute;a de hoy van a comenzar a hacerlo de modo sustantivamente mejor, si triunfan, desde el pr&oacute;ximo mes de abril.
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n en vigor tampoco puede describirse como un &laquo;estado de emergencia&raquo;, como gustan otras formaciones de hacer. Con semejantes expresiones, como aquella del &laquo;genocidio financiero&raquo;, se corren riesgos. Como poco, uno estrat&eacute;gico y otro an&iacute;mico. La hip&eacute;rbole terminol&oacute;gica conduce a la banalizaci&oacute;n del propio discurso; con ella, las necesarias denuncias de la injusticia quedan neutralizadas por la propia desmesura. Por otro lado, la creencia ingenua de que nos hallamos ante una situaci&oacute;n apocal&iacute;ptica conduce irremediablemente al des&aacute;nimo, al comprobar que la cat&aacute;strofe no produce la reacci&oacute;n mayoritaria debida. La situaci&oacute;n, en efecto, es de enorme gravedad, y afecta a capas muy numerosas, pero resulta a&uacute;n paliada por diversos mecanismos defensivos de naturaleza familiar, institucional o econ&oacute;mica. Desconocerlo es un autoenga&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Para situarse en el escenario andaluz, y no llevarse sorpresas desagradables la noche del 22-M, debe entonces tenerse presente que la situaci&oacute;n econ&oacute;mica, laboral y pol&iacute;tica es, s&iacute;, muy cr&iacute;tica, pero en ning&uacute;n caso comparable a la vivida en los albores de la autonom&iacute;a. Omitir el grado evidente de desarrollo experimentado desde entonces por Andaluc&iacute;a es un lamentable descuido, que adem&aacute;s no permite siquiera identificar algunos de los logros que se trata precisamente de preservar.
    </p><p class="article-text">
        Descontando esta premisa, cumple, sin embargo, detectar las carencias, y las hay muy profundas, tanto en el plano institucional como en el social. A nivel administrativo, <strong>pesa sobremanera el dominio incontestable ejercido por un solo partido en pr&aacute;cticamente toda la administraci&oacute;n auton&oacute;mica</strong> durante toda su existencia. De esta causa proceden algunos males muy visibles: <strong>confusi&oacute;n sistem&aacute;tica entre partido y administraci&oacute;n, clientelismo mastod&oacute;ntico, corrupci&oacute;n extendid&iacute;sima y el consiguiente empleo insatisfactorio, est&eacute;ril de ingentes recursos p&uacute;blicos</strong>, lo que hace todav&iacute;a m&aacute;s sangrante el relativo subdesarrollo.
    </p><p class="article-text">
        A nivel socio-econ&oacute;mico se padece la <strong>falta clamorosa de tejido productivo</strong>, la <strong>concentraci&oacute;n de la actividad en din&aacute;micas de escaso valor a&ntilde;adido</strong> y una <strong>intervenci&oacute;n constante de la administraci&oacute;n p&uacute;blica</strong> a trav&eacute;s de incentivos, subsidios y subvenciones desprovistos por completo de un proyecto trabado y estrat&eacute;gico de crecimiento regional, pero que han provocado una <strong>confusi&oacute;n notable entre el entramado institucional auton&oacute;mico-partidario y la iniciativa privada</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Estas son dos de las m&aacute;s importantes realidades cr&iacute;ticas que enfrentan los andaluces en la pr&oacute;xima cita electoral. Ahora bien, cabe preguntarse si estas circunstancias constituyen, para las mayor&iacute;as, un verdadero problema. Para muchos ciudadanos de esta comunidad la patrimonializaci&oacute;n partidista de la administraci&oacute;n resulta de lejos preferible a la que se considera como &uacute;nica alternativa posible, es decir, la despatrimonializaci&oacute;n de la administraci&oacute;n no ya en beneficio de un partido, sino de las minor&iacute;as corporativas que lo dirigen. Por otra parte, esta situaci&oacute;n de colonizaci&oacute;n masiva de los aparatos p&uacute;blicos, de tutela econ&oacute;mica de la iniciativa privada y de protecci&oacute;n clientelar conforma un <strong>statu quo beneficioso para una proporci&oacute;n considerable de la poblaci&oacute;n andaluza</strong><em>statu quo</em>, incluso en una coyuntura cr&iacute;tica como la actual. Esto explica el inmovilismo y las notorias resistencias al cambio. Muchos calculan, no sin raz&oacute;n, que, en un hipot&eacute;tico relevo gubernamental, habr&iacute;a bastante que perder. Los resultados nos confesar&aacute;n su proporci&oacute;n exacta.
    </p><p class="article-text">
        Otros pensamos que las circunstancias expuestas s&iacute; constituyen un verdadero obst&aacute;culo para el desarrollo de la regi&oacute;n y la superaci&oacute;n de la crisis. Celebramos que, al menos a nivel auton&oacute;mico, se hayan cerrado las fronteras a los b&aacute;rbaros que aspiran a privatizar la administraci&oacute;n en favor de minor&iacute;as. Pero percibimos claras se&ntilde;ales de decadencia en la din&aacute;mica vigente, por eso aspiramos a cambiarla. &iquest;C&oacute;mo puede hacerse?
    </p><p class="article-text">
        Orillando, desde luego, los deseos puramente personales, y ci&ntilde;&eacute;ndonos a un escenario veros&iacute;mil, cabr&iacute;a afirmar que <strong>lo &uacute;ltimo que necesita Andaluc&iacute;a es un &laquo;Gobierno fuerte&raquo;</strong>, que vuelva a poner en manos de un solo partido los resortes del poder auton&oacute;mico. Para prevenir el mal que padecemos de la continuada hegemon&iacute;a monopartidista en la administraci&oacute;n, <strong>Andaluc&iacute;a necesita m&aacute;s bien gobiernos plurales, con miembros relativamente equipotentes, que ejerzan un eficaz contrapeso mutuo, y basados en un inequ&iacute;voco acuerdo program&aacute;tico</strong>. De hecho, si los resultados no arrojan mayor&iacute;as incontestables, pero s&iacute; preponderancia de las izquierdas en su conjunto, la voluntad n&iacute;tida de los andaluces ser&aacute; la de un gobierno plural de signo progresista. Y si ese mandato se traduce en ingobernabilidad no ser&aacute; responsabilidad de los ciudadanos, sino de sus representantes.
    </p><p class="article-text">
        Para afrontar la crisis econ&oacute;mica y de empleo, la cuesti&oacute;n no es renunciar al actual intervencionismo, sino transformarlo para hacerlo mucho m&aacute;s eficiente. El problema que atraviesa Europa podr&iacute;a definirse del siguiente modo: <strong>el capital ha dejado con todo el descaro de cumplir su funci&oacute;n social de financiaci&oacute;n de la producci&oacute;n porque se reproduce de modo aut&oacute;nomo a un m&iacute;nimo coste</strong>. Esto solo puede rectificarse a trav&eacute;s de una inversi&oacute;n p&uacute;blica que supla las deficiencias evidentes de la iniciativa privada. No se trata, como Susana D&iacute;az insiste, de abaratar costes y reducir impuestos para atraer una inversi&oacute;n incondicionada. Esto no es m&aacute;s que la en&eacute;sima manifestaci&oacute;n de prejuicios neoliberales expresados por un socialdem&oacute;crata. Y Andaluc&iacute;a conoce ya la marcha de empresas que fueron recibidas con subvenciones millonarias. En este momento <strong>cumple m&aacute;s bien reactivar desde lo p&uacute;blico la econom&iacute;a</strong> a trav&eacute;s de mecanismos que den cabida al capital privado, pero sometido a reglas exigentes de desenvolvimiento, ganancia y contrataci&oacute;n laboral. La agricultura y hasta la propia construcci&oacute;n, comenzando por la rehabilitaci&oacute;n de la multitud de edificios c&eacute;ntricos abandonados en todas las capitales andaluzas, son susceptibles de una intensa potenciaci&oacute;n. A lo que debe a&ntilde;adirse la inversi&oacute;n en industrias de elaboraci&oacute;n y manufactura que permitan ampliar el ciclo productivo regional y diversificar nuestra econom&iacute;a para fortalecerla.
    </p><p class="article-text">
        Tan palmario resulta este dato, que el pasado lunes, en el debate electoral entre los candidatos del PP, PSOE e IU, coincidieron todos en se&ntilde;alar la urgente necesidad de la reindustrializaci&oacute;n. Tambi&eacute;n lo hacen partidos decisivos como Podemos. Ya veremos si tan significativo consenso se traduce en hechos tras las pr&oacute;ximas elecciones.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/desafio-andaluz-22m_132_4328651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2015 20:20:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Andalucía ante la encrucijada electoral]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Andalucía 2015]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevos estados de excepción para un sistema autoritario]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ley-seguridad-nacional_132_4366091.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La próxima Ley Orgánica de Seguridad Nacional constituye un escalón más en el proceso de concentración de poderes en el ejecutivo, privatiza el ejercicio de potestades públicas y establece con vaguedad nuevos estados de excepción.</p></div><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, Manuel Cancio Meli&aacute; escrib&iacute;a en este blog <a href="http://www.eldiario.es/contrapoder/terrorismo-Constitucion_6_347225276.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre la reforma del c&oacute;digo penal</a> (esa misma que recientemente <a href="http://www.eldiario.es/zonacritica/Pacto-antiterrorista-pendiente-deslizante-barranco_6_355624462.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">han pactado PP y PSOE</a>), indicando que se trataba de &laquo;un texto con el que se puede montar una dictadura&raquo;. Y as&iacute; es. El actual Gobierno se ha empe&ntilde;ado en varias reformas de calado en materia criminal, procesal y de seguridad, coincidentes todas en su notorio signo autoritario. Podr&aacute;n contar con aspectos garantistas o modificaciones sensatas en aspectos particulares, pero en todos los casos ofrecen a las autoridades gubernativas y judiciales mayores m&aacute;rgenes de discrecionalidad, en detrimento, obviamente, de los derechos ciudadanos. A esta t&oacute;nica se suma ahora una nueva, y por ahora desconocida, reforma legislativa: la Ley Org&aacute;nica de Seguridad Nacional.
    </p><p class="article-text">
        Su Anteproyecto se encuentra en fase de alegaciones, que deber&aacute;n presentar las correspondientes administraciones auton&oacute;micas, visto que regula asuntos de potencial competencia compartida. Desconocemos, pues, c&oacute;mo ser&aacute; la versi&oacute;n final, pero su redacci&oacute;n actual, que previsiblemente no se alterar&aacute; en sustancia, permite adelantar algunas sugerencias cr&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        La ley proyectada <strong>responde a la vieja doctrina de la &laquo;defensa social&raquo;</strong>. En t&eacute;rminos biopol&iacute;ticos, se entiende que el Estado debe velar por la seguridad de la sociedad considerada como un todo, cada vez m&aacute;s vulnerable frente a los peligros y amenazas que presenta la globalizaci&oacute;n. Desde este enfoque, la supuesta normalidad del conjunto prima sobre los derechos efectivos de las partes. La pol&iacute;tica de seguridad no tiene as&iacute; como gu&iacute;a la preservaci&oacute;n de la libertad individual, ni en su fase represiva, ni tampoco en la preventiva. Las actuaciones p&uacute;blicas que mitigando las desigualdades, extendiendo la cultura o cubriendo los servicios esenciales podr&iacute;an tener efectos preventivos de la criminalidad, son sustituidas, seg&uacute;n esta l&oacute;gica securitaria, por la pura prevenci&oacute;n policial.
    </p><p class="article-text">
        De poco sirve que se insista en la norma que la &laquo;Seguridad Nacional se entiende como la acci&oacute;n del Estado dirigida a proteger la libertad y el bienestar de sus ciudadanos&raquo;. Su campo de actuaci&oacute;n tambi&eacute;n se refiere a la protecci&oacute;n de unos difusos &laquo;principios y valores constitucionales&raquo;, los cuales, a estas alturas, distan de ser incontrovertibles. Adem&aacute;s, el concepto de seguridad que informa la reforma la concibe como &laquo;base sobre la cual una sociedad puede desarrollarse&raquo; y &laquo;preservar su libertad&raquo;. Enti&eacute;ndase bien: el sujeto del desarrollo y el titular de la libertad es la propia sociedad, mientras que sus individuos caen a la condici&oacute;n de predicado. Por otra parte, la misma regulaci&oacute;n permite apreciar hasta qu&eacute; punto, con este marco normativo, los derechos fundamentales pueden ser sacrificados en aras de una presunta seguridad de toda la sociedad.    
    </p><p class="article-text">
        La nueva legislaci&oacute;n supondr&aacute; <strong>un jal&oacute;n m&aacute;s en el proceso de centralizaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico</strong> desencadenado en el &uacute;ltimo lustro. La llamada &laquo;Estrategia de Seguridad Nacional&raquo; ser&aacute; elaborada directamente por la presidencia del Gobierno, que la someter&aacute; a la aprobaci&oacute;n del Consejo de Ministros. Una vez aprobada, corresponder&aacute; al Gobierno presentarla a las Cortes Generales &laquo;para su conocimiento y debate&raquo;, en ning&uacute;n caso para su eventual enmienda y sanci&oacute;n. La representaci&oacute;n nacional solo contar&aacute;, a trav&eacute;s de una &laquo;Comisi&oacute;n Mixta Congreso-Senado&raquo;, con una participaci&oacute;n pasiva a efectos de informaci&oacute;n y seguimiento. La seguridad nacional, como ocurre en otros pa&iacute;ses presidencialistas, es materia que recae de forma excluyente en el ejecutivo. El Presidente elabora y propone la estrategia, dirige la &laquo;Pol&iacute;tica de Seguridad Nacional&raquo; y el entero &laquo;Sistema de Seguridad Nacional&raquo; y es el encargado de declarar directamente uno de los nuevos estados de excepci&oacute;n, la denominada &laquo;Situaci&oacute;n de Inter&eacute;s para la Seguridad Nacional&raquo;. Por su parte, el Gobierno aprueba la estrategia, determina los contenidos de la pol&iacute;tica y se encarga de movilizar los recursos materiales necesarios para desplegarla. El &laquo;Consejo de Seguridad Nacional&raquo;, encargado de asistir al presidente y de elaborar las directrices necesarias para desarrollar la pol&iacute;tica de aseguraci&oacute;n, es pr&aacute;cticamente <strong>un gobierno ampliado</strong>, pues, aparte de los ministros, en &eacute;l se sientan el director del gabinete de la presidencia, los secretarios de Estado de Asuntos Exteriores y de Seguridad y el director del CNI. Significativamente, <strong>el rey podr&aacute; asistir a sus reuniones, actuando en esos casos de presidente del Consejo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por el borrador que he consultado, resulta evidente el prop&oacute;sito de <strong>privatizar la gesti&oacute;n de la seguridad nacional</strong>. No es casual que uno de los &laquo;principios generales&raquo; que informa la nueva legislaci&oacute;n sea la &laquo;colaboraci&oacute;n p&uacute;blico-privada&raquo;. En este sentido, se indica expresamente que el &laquo;Gobierno establecer&aacute; cauces que fomenten la participaci&oacute;n del sector privado en la formulaci&oacute;n y ejecuci&oacute;n de la pol&iacute;tica de Seguridad Nacional&raquo;. Esto supondr&aacute;, naturalmente, el ejercicio de funciones y potestades p&uacute;blicas por parte de cuerpos de seguridad privada que pertenecen a grandes corporaciones, algo que se dar&aacute; no solo en la ejecuci&oacute;n de las pol&iacute;ticas, sino tambi&eacute;n en la indicaci&oacute;n de las prioridades, los peligros o las posibles actuaciones. Para salvar el posible escollo que representa este vaciado del Estado de derecho el Anteproyecto de Ley Org&aacute;nica dispone, de forma gen&eacute;rica, que &laquo;los componentes del Sistema de Seguridad Nacional establecer&aacute;n las directrices y procedimientos para capacitar a personas [&hellip;] en caso de necesidad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta futura ley proporcionar&aacute; adem&aacute;s el marco para <strong>fomentar entre los ciudadanos una disciplina de temor, sospecha y desconfianza</strong>, e incluso para incentivar una <strong>extensi&oacute;n de h&aacute;bitos y pr&aacute;cticas policiales</strong> m&aacute;s all&aacute; de los cuerpos profesionales dedicados estrictamente al particular. En efecto, uno de los objetivos de la reforma es promover una &laquo;cultura de Seguridad Nacional que favorezca la implicaci&oacute;n activa de los ciudadanos en [su] preservaci&oacute;n&raquo;. Se persigue la involucraci&oacute;n acr&iacute;tica de la ciudadan&iacute;a en las pol&iacute;ticas gubernamentales de seguridad, y para ello se propone el adoctrinamiento (&laquo;sensibilizaci&oacute;n&raquo;, dice la norma) &laquo;de la sociedad acerca de [&hellip;] los riesgos y amenazas susceptibles de comprometerla&raquo;. Junto a la materia de &laquo;Cultura del Emprendimiento&raquo;, pronto podremos ver en centros educativos una asignatura de &laquo;Cultura de la Seguridad Nacional&raquo; en la que podr&aacute;n difundirse los clich&eacute;s y prejuicios que hoy orientan muchas de las decisiones adoptadas en este terreno, tanto en pol&iacute;tica interior como exterior.
    </p><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s grave de la norma es <strong>la invenci&oacute;n de dos nuevos estados de excepci&oacute;n</strong>, eufem&iacute;sticamente considerados como situaciones &laquo;de crisis&raquo;, cuyas caracter&iacute;sticas y consecuencias apenas si quedan definidas en el articulado. El primero es el <strong>&laquo;supuesto de alteraci&oacute;n de la normalidad&raquo;</strong>. La propia elecci&oacute;n del t&eacute;rmino revela ya toda la problem&aacute;tica. &iquest;Qu&eacute; es una alteraci&oacute;n de la normalidad en un Estado constitucional? &iquest;Lo son las manifestaciones, las huelgas o cualesquiera forma de protestas si sobrepasan ciertos puntos de cantidad e intensidad? &iquest;Activar&aacute; el ejercicio leg&iacute;timo de los derechos pol&iacute;ticos reconocidos en la Constituci&oacute;n la llamada &laquo;gesti&oacute;n de crisis&raquo;, con sus &laquo;actuaciones dirigidas a detectar y valorar los riesgos y amenazas concretos&raquo;, es decir, con la consiguiente puesta en marcha de un Estado policial?
    </p><p class="article-text">
        El segundo estado de excepci&oacute;n previsto es la <strong>&laquo;Situaci&oacute;n de Inter&eacute;s para la Seguridad Nacional&raquo;</strong>, coyuntura denotada por &laquo;la gravedad potencial de sus efectos&raquo;, &laquo;la dimensi&oacute;n y transversalidad de las medidas para su resoluci&oacute;n o la incertidumbre que genera&raquo;. No se precisa m&aacute;s su definici&oacute;n. El campo de apreciaci&oacute;n es bien ancho y, como se ha indicado, corresponde al presidente declarar su existencia. En su regulaci&oacute;n espec&iacute;fica, solo se indica que ser&aacute; en estos casos cuando el entero &laquo;Sistema de Seguridad Nacional&raquo;, con sus amplias y concentradas competencias de naturaleza policial, entrar&aacute; en escena, exigi&eacute;ndose la &laquo;coordinaci&oacute;n reforzada de las autoridades competentes&raquo; en la materia.
    </p><p class="article-text">
        Casi todo el articulado oscila entre las vaguedades gen&eacute;ricas, que apenas pueden ocultar el autoritarismo de fondo, y la <strong>puesta en planta de un entramado institucional dependiente del gobierno y encargado de la seguridad.</strong> Que este &uacute;ltimo sea su principal contenido explica que lo verdaderamente sustantivo, es decir, la descripci&oacute;n taxativa de los nuevos estados de excepci&oacute;n, quede por completo relegada. Se dise&ntilde;a la organizaci&oacute;n para gestionar la seguridad, pero se deja a la discreci&oacute;n gubernamental la apreciaci&oacute;n de la oportunidad y el alcance de las medidas para protegerla. El dise&ntilde;o institucional realizado en la ley servir&aacute; adem&aacute;s &laquo;para la gesti&oacute;n de los estados de alarma y excepci&oacute;n&raquo;, lo cual da buena nota de a qu&eacute; l&oacute;gica responde: la de los estados de emergencia. De ah&iacute; la dudosa constitucionalidad de esta futura ley, toda vez que la suspensi&oacute;n de derechos y libertades, con el reforzamiento del ejecutivo que ella implica, solo puede realizarse entre nosotros en determinados casos ya previstos por la Ley Org&aacute;nica 4/81, de estados de alarma, excepci&oacute;n y sitio, o, para personas particulares, mediando &laquo;control judicial&raquo; e &laquo;intervenci&oacute;n parlamentaria&raquo;, seg&uacute;n indica el art. 55.2 de la Constituci&oacute;n.    
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ley-seguridad-nacional_132_4366091.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2015 20:07:50 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nuevos estados de excepción para un sistema autoritario]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Golpe a la Universidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/golpe-universidad_132_4388273.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La última reforma del ministro Wert devaluará la enseñanza universitaria, generará mayor desigualdad y acabará beneficiando al sistema privado.</p></div><p class="article-text">
        Por alguna misteriosa raz&oacute;n, las reformas educativas de calado que se han producido en nuestra democracia han tenido como denominador com&uacute;n la devaluaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza. Muchas de ellas han venido avaladas por supuestas innovaciones pedag&oacute;gicas de car&aacute;cter sedicentemente progresista. Otras han sido ejecutadas en nombre de la tecnocracia transnacional. En uno y otro caso, siempre se han traducido en una ca&iacute;da de la exigencia.
    </p><p class="article-text">
        Es notorio que el salto del bachiller tradicional a la LOGSE supuso un descenso considerable en la preparaci&oacute;n de los estudiantes de Secundaria, que comenzaron a entrar en la Universidad, en cierta proporci&oacute;n, con carencias estructurales lamentables. Las propias modificaciones en la ense&ntilde;anza infantil y primaria han tendido a retardar, o a rebajar la importancia de la adquisici&oacute;n de las aptitudes cognitivas fundamentales, priorizando en su lugar la educaci&oacute;n en valores y en habilidades pr&aacute;cticas o emocionales.
    </p><p class="article-text">
        Algunas de estas rupturas educativas han sido motivadas de forma demasiado superficial. Se han solido invocar exitosos modelos extranjeros, como si el trasplante de instituciones fuese cosa mec&aacute;nica. Se han visto acompa&ntilde;adas del desprestigio de lo que hasta hace poco eran virtudes cultivadas, como la capacidad de sacrificio o la ejercitaci&oacute;n de la memoria. A esta atm&oacute;sfera general, que propicia la igualaci&oacute;n por abajo, se han a&ntilde;adido en el &uacute;ltimo tiempo el desprecio mercantilista por la cultura y las nefastas consecuencias producidas por la crisis. El primero ha llegado hasta el punto de arrinconar como mera optativa en bachiller la asignatura de Filosof&iacute;a. Y los efectos de la crisis en la ense&ntilde;anza p&uacute;blica en todos sus niveles son bien conocidos.
    </p><p class="article-text">
        Este es el contexto en el que se ha producido la &uacute;ltima reforma de los planes universitarios. Se ha querido justificar como una pura medida de tr&aacute;mite con fines de homologaci&oacute;n. Y consiste, como se sabe, en la habilitaci&oacute;n del marco legal necesario para grados de tres a&ntilde;os (180 cr&eacute;ditos) y m&aacute;steres de dos (120 cr&eacute;ditos).
    </p><p class="article-text">
        El pretexto aducido en la <a href="https://www.boe.es/boe/dias/2015/02/03/pdfs/BOE-A-2015-943.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exposici&oacute;n de motivos</a>&nbsp;es absurdo. Seg&uacute;n se indica en ella, la reforma se ha debido a la disparidad de los requisitos para el acceso a un programa de doctorado entre Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses de Europa. Mientras aqu&iacute; se requieren 300 cr&eacute;ditos, 240 de grado y 60 de m&aacute;ster, en estos se exigen tambi&eacute;n 300 cr&eacute;ditos, pero distribuidos en 180/120. Se trata, en efecto, de un motivo notoriamente insuficiente, no solo por la equivalencia de horas de formaci&oacute;n, sino por la excusa de presentar el doctorado, donde recala una proporci&oacute;n irrisoria de egresados, como elemento determinante para la reforma.
    </p><p class="article-text">
        En entrevistas p&uacute;blicas nuestros responsables educativos han ido m&aacute;s all&aacute;. Han afirmado que se trata, sin m&aacute;s, de equiparar nuestro modelo al de otros pa&iacute;ses. La secretaria de Estado, Montserrat Gomendio, ha llegado a decir que es un agravio para los espa&ntilde;oles tener que estudiar cuatro a&ntilde;os, cuando en el extranjero basta con tres para graduarse. Esto no siempre es as&iacute;. En Italia, por ejemplo, se imparte la <a href="http://gomppublic.uniroma1.it/Programmazioni/render.aspx?CodiceInterno=26694&amp;anno=2015" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">laurea in giurisprudenza</a>&nbsp;de cinco a&ntilde;os, con especializaci&oacute;n privatista o publicista en el &uacute;ltimo curso. Llama adem&aacute;s la atenci&oacute;n que los ap&oacute;stoles de la competitividad no aprecien una ventaja precisamente en contar con una mayor formaci&oacute;n superior, aunque cueste un a&ntilde;o m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La implantaci&oacute;n de Bolonia entre nosotros tiene el aspecto de una mala importaci&oacute;n del sistema angloamericano. Orillando las evidentes diferencias de recursos, la filosof&iacute;a del bachiller universitario es de composici&oacute;n m&aacute;s o menos discrecional del curr&iacute;culum dentro de un &aacute;rea general del saber. El ingreso en el mismo cuenta ya con un control exigente de aptitudes. Y el acceso a la profesi&oacute;n cualificada lo permite precisamente el continuar con estudios de especializaci&oacute;n, o m&aacute;ster. Ninguno de estos elementos se dan a d&iacute;a de hoy en Espa&ntilde;a, donde en casi todas las universidades no se ha hecho m&aacute;s que apretar las antiguas licenciaturas de cinco a&ntilde;os en los cuatro actuales. &iquest;Qu&eacute; ocurrir&aacute; con los grados de tres?
    </p><p class="article-text">
        La propia pretensi&oacute;n del ministerio permite realizar pron&oacute;sticos. Seg&uacute;n su <a href="http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/actualidad/2015/01/20150130-universidades.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prop&oacute;sito</a>, &laquo;la titulaci&oacute;n universitaria de Grado es la que permitir&aacute; el acceso a la vida profesional&raquo;. En vano se asegura que la mutilaci&oacute;n de un a&ntilde;o &laquo;no rebajar&aacute; los niveles de formaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n universitaria&raquo;. Se indica que en la actualidad solo el 10% de los egresados que acceden a un puesto de trabajo tienen t&iacute;tulo de m&aacute;ster, como si ese porcentaje continuase valiendo para un escenario de devaluaci&oacute;n de los grados y de revalorizaci&oacute;n compensatoria de las ense&ntilde;anzas de posgrado. Con el nuevo sistema se abrir&aacute;n, por el contrario, dos posibles horizontes.
    </p><p class="article-text">
        La ense&ntilde;anza universitaria b&aacute;sica experimentar&aacute; un sensible descenso en su calidad. La disposici&oacute;n adicional &uacute;nica del decreto, advirtiendo que las medidas adoptadas &laquo;no podr&aacute;n suponer incremento de dotaciones&raquo;, ya hace ver que no va aumentar la oferta educativa para formar un genuino <em>Bachelor&rsquo;s degree</em>. Tampoco se disponen especiales controles de acceso o cursos preceptivos para el ingreso en las facultades. Las universidades que adopten el nuevo plan tendr&aacute;n a duras penas que jibarizar los actuales t&iacute;tulos para dosificarlos en tres a&ntilde;os. En una universidad donde la contrataci&oacute;n de profesorado est&aacute; vinculada a las necesidades docentes, este recorte de un curso supondr&aacute; la marginaci&oacute;n de saberes de aparente inutilidad profesional, es decir, la destrucci&oacute;n de cultura en holocausto del mercado. Tambi&eacute;n implicar&aacute; la adecuaci&oacute;n de las facultades al tama&ntilde;o que su n&oacute;mina de personal ha ido adquiriendo tras varios a&ntilde;os de estrangulamiento. La mayor parte de los graduados, por motivos econ&oacute;micos, tratar&aacute;n de incorporarse al mercado de trabajo al completar sus tres cursos. Y la ca&iacute;da del nivel en la ense&ntilde;anza superior se terminar&aacute; traduciendo en una rebaja de la calidad en los servicios profesionales.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; entrar&aacute;n en juego el dinero y el mercado. Por m&aacute;s promesas ministeriales que leamos, bien pronto comenzar&aacute; a preferirse al estudiante posgraduado con s&oacute;lida especializaci&oacute;n mejor que al graduado gen&eacute;rico. Dado el mayor coste de los m&aacute;steres, se producir&aacute; una selecci&oacute;n en funci&oacute;n de los recursos econ&oacute;micos y no de las capacidades. No solo entre estudiantes; tambi&eacute;n en el propio sistema universitario. A juzgar por lo que ha acontecido hasta ahora, mientras las universidades p&uacute;blicas no han logrado con sus m&aacute;steres m&aacute;s que ofrecer ep&iacute;logos a la tradicional ense&ntilde;anza de licenciatura, o bien reformular los antiguos programas de doctorado, las privadas comienzan a impartir m&aacute;steres altamente especializados y bien conectados con el mundo profesional, garantizando as&iacute; m&aacute;s expectativas de salida profesional. Como poco, la competencia entre ambos sistemas se recrudecer&aacute;, y de proseguir en la misma constelaci&oacute;n neoliberal, puede adivinarse qu&eacute; contendiente tendr&aacute; mayores posibilidades de triunfo.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;nico aspecto positivo de la reforma es su flexibilidad. Confiemos en que los dirigentes universitarios se acojan a ella advirtiendo la trampa y rehusando su aplicaci&oacute;n. &nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/golpe-universidad_132_4388273.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 05 Feb 2015 21:04:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Golpe a la Universidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Universidad,José Ignacio Wert]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las elecciones de Susana Underwood]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/elecciones-anticipadas-andalucia_132_4406225.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be183402-8d64-417e-98b2-9006796bba8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las elecciones de Susana Underwood"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La convocatoria anticipada de elecciones andaluzas responde a una estrategia de partido y a una hábil operación de la actual dirigencia española.</p><p class="subtitle">Los dirigentes del PSOE llamaban a sus socios "primos" en su doble acepción, por el parentesco ideológico, pero también por su ingenua propensión a ceder parcelas de poder.</p></div><p class="article-text">
        La convocatoria anticipada de las elecciones andaluzas constituye un brillante acto de estrategia. Ha permitido al PSOE tomar la iniciativa, obligando al resto de formaciones con aspiraciones de gobernar a cambiar el paso y adaptarse a su agenda. <strong>La excusa esgrimida para justificar la medida carece, sin embargo, de fundamento</strong>. La presidenta <a href="http://www.elconfidencialdigital.com/politica/Adelanto-electoral-Andalucia-Susana-Diaz_0_2178982112.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lleva</a> <a href="http://www.diariodesevilla.es/article/andalucia/1566903/susana/diaz/no/descarta/adelantar/las/elecciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">demasiado</a> <a href="http://www.diariodesevilla.es/article/andalucia/1859932/diaz/avala/pacto/con/iu/pero/aviva/nuevo/la/opci" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tiempo</a> <a href="http://noticias.lainformacion.com/espana/susana-diaz-podria-haber-convocado-elecciones-anticipadas-por-e" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amagando</a> con elecciones anticipadas y reconociendo su deseo de desembarazarse de sus socios para <a href="http://www.europapress.es/andalucia/sevilla-00357/noticia-susana-diaz-quiero-gobernar-solitario-20140907100831.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gobernar en solitario</a>. El anuncio de un posible refer&eacute;ndum entre las bases de IU el pr&oacute;ximo mes de junio para ratificar, o rechazar, la continuidad del pacto de gobierno solo ha proporcionado el pretexto perfecto.
    </p><p class="article-text">
        IU entr&oacute; en el gobierno con la oposici&oacute;n de un tercio de su militancia. Dirigentes de peso defendieron la conveniencia de apoyar la investidura de Gri&ntilde;&aacute;n, pero pasando a la oposici&oacute;n. Este sector cr&iacute;tico no solo no ha cambiado de parecer, sino que se ha confirmado en sus posiciones. Episodios como el de la Corrala Utop&iacute;a, expresiones de gobernaci&oacute;n unilateral, recortes en servicios p&uacute;blicos o las reiteradas negativas por parte de sus diputados a apoyar comisiones de investigaci&oacute;n sobre los casos de corrupci&oacute;n del PSOE no han hecho m&aacute;s que endurecerlas.
    </p><p class="article-text">
        La direcci&oacute;n de IU ha tratado de mitigar esta fractura interna. Pero la evidencia de que, a falta de apenas a&ntilde;o y medio para concluir la legislatura, a&uacute;n <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/vendaval-legislativo-concentrarse-apenas-leyes_0_274722900.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no se hab&iacute;a aprobado la mayor parte de las leyes </a>que daban justificaci&oacute;n al pacto imped&iacute;a nuevas muestras de pasividad. La presencia de Podemos, formaci&oacute;n opuesta al pacto y destino razonable para muchos integrantes de ese ala cr&iacute;tica, lo imped&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s. En este contexto, el ofrecimiento de un refer&eacute;ndum futuro parec&iacute;a una medida sensata para calmar al sector cr&iacute;tico y, al tiempo, reforzar la posici&oacute;n negociadora de IU en el gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Si este futurible hubiera sido causa real de inestabilidad en el gobierno andaluz, quedar&iacute;a demostrado que los dirigentes del PSOE no ten&iacute;an la menor intenci&oacute;n de cumplir lo pactado. Considerar una exigencia inadmisible, casi un chantaje, el reclamar la observancia de los acuerdos alcanzados revela una concepci&oacute;n muy particular, y deplorable, del ejercicio del poder. Cabr&iacute;a incluso sostener que el refer&eacute;ndum era del todo improcedente, pues, llegado el momento, lo que hubiera cumplido interponer era m&aacute;s bien un ultim&aacute;tum, que ligase la permanencia en el gobierno a la tramitaci&oacute;n inmediata de las leyes comprometidas. Adem&aacute;s, una eventual salida de los miembros de IU el pr&oacute;ximo verano por un resultado adverso en la consulta habr&iacute;a supuesto, no el fin de la legislatura, sino el paso a un gobierno en solitario del PSOE, cuya debilidad estar&iacute;a por ver, y ser&iacute;a, en cualquier caso, la que hubiese prestado fundamento s&oacute;lido a una convocatoria anticipada.
    </p><p class="article-text">
        La hipot&eacute;tica propensi&oacute;n de los socios de IU a la desestabilizaci&oacute;n no se corresponde con la realidad interna de la Junta de Andaluc&iacute;a. <strong>Es conocido que los dirigentes del PSOE los llamaban &laquo;primos&raquo; en su doble acepci&oacute;n, por el parentesco ideol&oacute;gico, pero tambi&eacute;n por la impreparaci&oacute;n clamorosa a la hora de reclamar puestos estrat&eacute;gicos de poder</strong>, copados todos por los cuadros socialistas sin la menor resistencia de sus socios. Tambi&eacute;n es notoria la inclinaci&oacute;n de Diego Valderas a aceptar todas las condiciones planteadas por sus socios.       
    </p><p class="article-text">
        La excusa sobrevenida de que la ruptura se debe al ascenso de Alberto Garz&oacute;n no merece siquiera comentario. <strong>Ha convertido la &uacute;ltima declaraci&oacute;n de la presidenta en su primera actuaci&oacute;n de campa&ntilde;a</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La convocatoria anticipada responde m&aacute;s bien a una estrategia de partido, y tambi&eacute;n a una h&aacute;bil operaci&oacute;n de la actual dirigencia pol&iacute;tica, social y econ&oacute;mica espa&ntilde;ola</strong>. Es m&aacute;s que probable que <strong>en la decisi&oacute;n de convocar haya jugado un papel fundamental la pr&oacute;xima encuesta de invierno de la EGOPA</strong>. No es de extra&ntilde;ar que sus resultados hayan sido filtrados. Si, como es de prever, estos otorgan m&aacute;s de un 35% al PSOE, un relativo descenso a IU, una irrupci&oacute;n insuficiente a Podemos y una bajada sensible del PP, han podido, con raz&oacute;n, llevar a pensar que estamos ante la coyuntura electoral m&aacute;s favorable para el principal partido andaluz, pues <strong>semejantes resultados permitir&iacute;an al PSOE gobernar en solitario, con eventuales apoyos del PP</strong>, justificados en la idea de &laquo;responsabilidad&raquo; frente a las exigencias &laquo;radicales&raquo; de IU y Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Semejante escenario reforzar&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s la posici&oacute;n del PSOE andaluz en el seno del partido. Con Andaluc&iacute;a amarrada, ser&iacute;a ya una opci&oacute;n a plena disposici&oacute;n de la presidenta el presentarse a las primarias para la candidatura a las generales. Motivos de urgencia y necesidad para el partido le permitir&iacute;an decantarse por esta opci&oacute;n sin coste alguno, porque se cifrar&iacute;a en ella la oportunidad del relanzamiento de su propia formaci&oacute;n, algo que <a href="http://www.elplural.com/opinion/susana-es-la-esperanza-de-la-izquierda-ella-es-la-clave/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">medios afines</a> no han parado de sugerir, y que los resultados favorables en Andaluc&iacute;a vendr&iacute;an a confirmar.
    </p><p class="article-text">
        La convocatoria anticipada juega tambi&eacute;n un papel fundamental en la pol&iacute;tica nacional. Los resultados que arrojen las elecciones andaluzas ser&aacute;n determinantes para las citas ulteriores. Un desinfle en las expectativas de Podemos, una factura a IU por haber pactado, una ratificaci&oacute;n masiva del liderazgo de Susana y un descenso solo relativo del PP interrumpir&iacute;an abruptamente las ansias de cambio y dar&iacute;an un gran respiro a los partidarios del statu quo. Unos resultados de Podemos acordes con su presunta intenci&oacute;n de voto, la conservaci&oacute;n de IU, en un contexto de mayor competencia en el campo de la izquierda, de sus anteriores resultados, el descalabro incontestable del PP, la entrada en el Parlamento de Ciudadanos o UPyD y un mayor descenso del PSOE afianzar&iacute;an, sin embargo, el escenario de transformaci&oacute;n pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a. Estos c&aacute;lculos no se los ha hecho solo el ciudadano de a pie. Entran dentro de los pron&oacute;sticos de los centros de poder. Y la posibilidad razonable de que se produzca la primera coyuntura explica la convocatoria anticipada.
    </p><p class="article-text">
        Al estilo del maquiav&eacute;lico protagonista de <em>House of Cards,</em> Susana D&iacute;az ha activado con ello una estrategia arriesgada pero certera para las posiciones que defiende. En materia territorial y socioecon&oacute;mica representa al sector moderado, incluso escorado a la derecha, de su partido. No es un secreto que tiene el apoyo de algunos de los <a href="http://www.elconfidencial.com/espana/andalucia/2014-09-26/ana-botin-sigue-a-su-padre-y-elige-a-susana-diaz-para-su-primera-foto-institucional_215995/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">puntales</a> <a href="http://www.lasexta.com/noticias/nacional/rey-juan-carlos-apostaba-susana-diaz-liderar-psoe_2014071300040.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">fundamentales</a> de r&eacute;gimen vigente. Parte adem&aacute;s de una clara posici&oacute;n de ventaja. La desp&oacute;tica destituci&oacute;n de los consejeros de IU sustraer&aacute; a esta formaci&oacute;n la capacidad de utilizar recursos informativos valiosos para la campa&ntilde;a. Su suelo de votos es notablemente alto. <strong>Se calcula que la &laquo;administraci&oacute;n paralela&raquo; de la Junta asciende a unos 25.000 empleados que no han conocido un proceso contrastado de acceso a su puesto</strong>. A ello deben sumarse las redes clientelares nutridas desde ayuntamientos y diputaciones controlados por el partido. Si la cifra se ampl&iacute;a con los v&iacute;nculos de solidaridad familiar que inspiran el voto, se alcanzan varios centenares de miles en un contexto de participaci&oacute;n de apenas cuatro millones de votantes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La presidenta es, por cierto, la mayor experta en populismo</strong>. La imagen que viene tratando de construirse coincide con la de una joven de procedencia humilde y trabajadora, devota de las tradiciones populares andaluzas, de los toros a la Semana Santa, y sencilla en gestos y expresiones. Resulta veros&iacute;mil en su intento de mostrarse concernida por los problemas acuciantes que atraviesan muchos andaluces. Transmite una disposici&oacute;n constante a una suerte de protecci&oacute;n maternal de su tierra, evitando cualquiera arista de confrontaci&oacute;n con sectores poderosos. A su silueta moderada, y con el fin de reinventar su lastre de ser solo una apparatchik, a&ntilde;ade la imagen de una pol&iacute;tica de raza, que sabe hablar en p&uacute;blico sin papeles, y con una capacidad indiscutible de mando, virtud valiosa en tiempos de reclamaci&oacute;n de liderazgos fuertes.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; por ver que pueda capitalizar estas ventajas, logrando que las emociones se sobrepongan a ciertas evidencias incontestables. Justo en el momento en que la clase pol&iacute;tica sufre su mayor descr&eacute;dito, no tiene m&aacute;s trayectoria que la de ser una profesional de partido. Ha ocupado puestos centrales durante la &eacute;poca en que se verificaron los casos de corrupci&oacute;n hoy en los juzgados.<strong> A duras penas puede ocultar la situaci&oacute;n penosa que atraviesa la sanidad andaluza</strong>, con personal en precario y saturado de obligaciones, todo consecuencia de ser <a href="http://www.elmundo.es/andalucia/2014/01/11/52d0259aca474191578b456b.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la comunidad aut&oacute;noma con menor porcentaje de gasto en salud</a>. No se encuentra en mejores condiciones la educaci&oacute;n. <strong>Las cifras de paro alcanzan niveles escandalosos</strong>. Y todo ello se da en un contexto de mantenimiento casi inc&oacute;lume de <strong>un mastod&oacute;ntico aparato clientelar</strong>, que comprende no solo a &laquo;colocados&raquo; sino a toda una trama empresarial y asociativa que no factura m&aacute;s que a la administraci&oacute;n auton&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        IU podr&aacute; blandir los logros alcanzados por sus consejer&iacute;as m&aacute;s activas y por su presencia en el gobierno. La pol&iacute;tica antidesahucios, que ha cosechado m&aacute;s esperanzas que resultados efectivos.<strong> La erradicaci&oacute;n, en el cap&iacute;tulo de inversiones, de la f&oacute;rmula de la &laquo;colaboraci&oacute;n p&uacute;blico-privada&raquo; para la construcci&oacute;n de infraestructuras</strong>, ideada por Gri&ntilde;&aacute;n y que <a href="http://www.andalucesdiario.es/politica/no-lo-llames-colaboracion-llamalo-hipoteca/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">multiplicaba por cuatro su coste para la administraci&oacute;n</a>. La destituci&oacute;n de 42 directivos de la Empresa P&uacute;blica del Suelo, que <a href="http://www.diariodesevilla.es/article/andalucia/1618618/la/grasa/politica/si/ve/iu.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en tiempos del PSOE lleg&oacute; a tener 107 para una plantilla de apenas 600</a>. La exigencia, para apoyar los Presupuestos en vigor, de pasar a todo el personal sanitario eventual con dedicaci&oacute;n permanente a un 100% de jornada y salario, en lugar del 75% que ven&iacute;a padeciendo. O las propias <strong>leyes que la ruptura arruinar&aacute;</strong>, como la de defensa de los prestatarios de la banca, la integral de agricultura, la de memoria democr&aacute;tica, la de participaci&oacute;n, la de creaci&oacute;n de una banca p&uacute;blica, la de renta b&aacute;sica o la de garant&iacute;a de los suministros.
    </p><p class="article-text">
        Pero IU lo tendr&aacute; sumamente complicado. La presencia de Podemos elimina todo horizonte de conversi&oacute;n en un partido mayoritario. <strong>Su m&aacute;xima aspiraci&oacute;n hoy solo puede ser la de constituirse en ala izquierda de un gobierno plural de cambio</strong>. La coalici&oacute;n dista de estar liberada de las r&eacute;moras de aparato, mediocridad, sectarismo y apoltronamiento que lastran su credibilidad. El propio pacto con el PSOE ha da&ntilde;ado ya su flanco izquierdo. La aqueja adem&aacute;s una incapacidad para ir m&aacute;s all&aacute; de su base tradicional de adeptos, aunque quiz&aacute; este gravamen pueda compensarlo su futuro candidato. A diferencia de D&iacute;az, Ma&iacute;llo se distingue por contar con una solvente trayectoria profesional fuera de la pol&iacute;tica. Su candidatura puede resentirse por no resultar lo suficientemente conocido, pero conecta m&aacute;s con la clase media ilustrada y progresista, colocada a la izquierda del PSOE, de lo que puede hacerlo el resto de los dirigentes de la coalici&oacute;n, de perfil m&aacute;s duro, e incluso el futuro candidato de Podemos.
    </p><p class="article-text">
        Como en todo el ciclo electoral de 2015, la clave radicar&aacute; en esta formaci&oacute;n. De la intensidad de su irrupci&oacute;n en el Parlamento andaluz depender&aacute; la fortaleza proporcional del PSOE. La constituci&oacute;n de los c&iacute;rculos locales <a href="http://www.elmundo.es/andalucia/2015/01/12/54b3b7ef268e3e7c228b4578.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no ha puesto en cabeza a l&iacute;deres brillantes</a> y ha significado la entrada de <a href="http://www.elplural.com/2015/01/08/el-nuevo-lider-de-podemos-en-malaga-yo-no-pactaria-con-psoe-e-iu-aunque-suponga-dejar-al-pp-en-la-alcaldia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">discursos contraproducentes</a>. La posible candidata, Teresa Rodr&iacute;guez, puede explotar su andalucismo integral como medio para granjearse las simpat&iacute;as populares, y enarbolar su inequ&iacute;voco compromiso hist&oacute;rico con los sectores azotados por la crisis, pero su reconocida trayectoria de activista de izquierdas, con sus notorias alianzas sindicales, quiebran un tanto la estrategia oficial podemista de refractar realismo, moderaci&oacute;n y &laquo;sentido com&uacute;n&raquo;. Hasta podr&iacute;an eclipsar injustamente un <a href="http://teresa-rodriguez.info/andalucia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proyecto de verdadero inter&eacute;s para la regi&oacute;n</a>, que quiz&aacute; tendr&iacute;a la oportunidad de suscitar m&aacute;s adhesiones de ser encabezado por <a href="http://www.eldiario.es/andalucia/Sergio-Pascual-enfrentarnos-PSOE-PP_0_348915820.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sergio Pascual</a>, poseedor de las dotes dial&eacute;cticas y de liderazgo que forman uno de los mejores capitales de Podemos.
    </p><p class="article-text">
        El pr&oacute;ximo 22 de marzo los andaluces elegir&aacute;n entre dos opciones. Podr&aacute;n otorgar una mayor&iacute;a holgada al PSOE, concedi&eacute;ndole de nuevo el control hegem&oacute;nico de la administraci&oacute;n auton&oacute;mica, apostando con ello por la continuidad de la actual situaci&oacute;n regional y nacional. O podr&aacute;n obligarlo a entenderse, en pie de igualdad, con las dos fuerzas restantes a su izquierda para llevar a cabo transformaciones sustantivas, obligaci&oacute;n que solo podr&iacute;a eludir apoy&aacute;ndose de forma suicida en el PP andaluz. Si nuestra realidad la escribiesen los guionistas de House of Cards dar&iacute;an una victoria incontestable a la arriesgada estrategia de Susana Underwood, pero esta historia la escribir&aacute;n los andaluces con su voto.  
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/elecciones-anticipadas-andalucia_132_4406225.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 26 Jan 2015 20:20:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/be183402-8d64-417e-98b2-9006796bba8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="50643" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/be183402-8d64-417e-98b2-9006796bba8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="50643" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las elecciones de Susana Underwood]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/be183402-8d64-417e-98b2-9006796bba8d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Andalucía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[2014: víspera o epílogo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/2014-vispera-epilogo_132_4441155.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">2014, como fue 1914 para toda una generación europea, también se nos va como un año que podrá ser víspera de nuevos horizontes o crepúsculo definitivo de un mundo confortable</p><p class="subtitle">Tan lamentable es la situación en que han dejado al país y a Europa entera, que unas pocas medidas razonables demostrarían que 2015 sí puede ser, quizá no el arranque de una nueva era, pero sí el recomienzo de la democracia constitucional</p></div><p class="article-text">
        En sus portentosas memorias, Ili&aacute; Ehrenburg describe los a&ntilde;os anteriores a la Gran Guerra, los &uacute;ltimos de la <em>belle &eacute;poque</em>, siempre considerados &laquo;como ep&iacute;logos&raquo;, como &laquo;una aut&eacute;ntica v&iacute;spera&raquo;. Lo habitual, en efecto, es leer que a la apacible tranquilidad de la sociedad burguesa sucedi&oacute; la conflictiva &eacute;poca de entreguerras, atravesada por permanentes estados de excepci&oacute;n y coronada por los totalitarismos y la guerra. Tal es la opini&oacute;n com&uacute;n de los escritores burgueses nacidos en el &uacute;ltimo tercio del siglo xix. De contemplar el mundo desde una posici&oacute;n acomodada pasaron a sufrir la descomposici&oacute;n de todas sus seguridades, sometidas ya a la presi&oacute;n insoslayable de las masas. Sin embargo, fuera de su refugio clasista, antes de 1914, arreciaban la represi&oacute;n, la indigencia, el colonialismo, la explotaci&oacute;n y el militarismo, que, como virus incubados, condenaban su mundo olig&aacute;rquico y estratificado a la destrucci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero Ili&aacute; Ehrenburg era un poeta comunista, exiliado en Par&iacute;s desde los dieciocho a&ntilde;os por haber participado en c&eacute;lulas revolucionarias. Compart&iacute;a la &laquo;fe del proletariado&raquo;, y &laquo;detestaba profundamente ese r&eacute;gimen en que, junto al lujo y el libertinaje, conviv&iacute;a la miseria m&aacute;s l&uacute;gubre y reinaba el poder del dinero y el l&aacute;tigo&raquo;. Su perspectiva era otra. La revoluci&oacute;n de octubre y las posiciones conquistadas por el movimiento obrero en Europa le hac&iacute;an rememorar el ocaso de la sociedad burguesa como antesala del reino de la justicia. En met&aacute;fora paralela a la bien conocida de Gramsci &ndash;&laquo;El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en este claroscuro surgen los monstruos&raquo;&ndash;, recordaba los tiempos prerrevolucionarios como una extra&ntilde;a entremezcla de &laquo;alborada&raquo; y &laquo;crep&uacute;sculo vespertino&raquo;, como un tr&aacute;nsito entre dos mundos. Lo que ocurre es que, a la altura de los a&ntilde;os 1960, cuando redactaba sus memorias, solo pod&iacute;a concluir que hab&iacute;a pasado el resto de su vida en &laquo;una combinaci&oacute;n entre dos luces&raquo;. Ni el viejo mundo burgu&eacute;s hab&iacute;a desaparecido, ni el nuevo mundo socialista hab&iacute;a logrado implantarse.
    </p><p class="article-text">
        Este tipo de encrucijada nos resulta bien conocida. A escala, la encontramos reproducida en lo que hace a nuestra historia m&aacute;s reciente. Para algunos, que a duras penas pueden ocultar su sesgo conservador, la Restauraci&oacute;n canovista dio comienzo a un tiempo de concordia entre los bandos enfrentados, e implant&oacute; en Espa&ntilde;a un razonable sistema de libertades individuales y pol&iacute;ticas, arruinado, m&aacute;s que por la dictadura militar que lo suspendi&oacute;, por una Rep&uacute;blica sectaria y extremista. Solo circunscribiendo la lid a los partidos turnistas, con exclusi&oacute;n del resto de fuerzas pol&iacute;ticas y sociales, y eliminando del an&aacute;lisis la desigualdad, la concentraci&oacute;n del poder, la catolizaci&oacute;n imperativa y la represi&oacute;n estructural se hace digerible este relato. A &eacute;l se enfrenta otro, m&aacute;s comprensivo, que tacha esta &eacute;poca liberal de olig&aacute;rquica, represiva y excluyente y coloca las esperanzas de modernizaci&oacute;n del lado de la Rep&uacute;blica laica, democr&aacute;tica y social, pronto arrasada por los cuadros militares procedentes del directorio de Primo de Rivera, que volvieron a hundir al pa&iacute;s en la cultura reaccionaria, la subyugaci&oacute;n del trabajador y el secuestro elitista de las instituciones.
    </p><p class="article-text">
        En cierto modo, 2014 tambi&eacute;n se nos va como un a&ntilde;o que podr&aacute; ser v&iacute;spera de nuevos horizontes o el crep&uacute;sculo definitivo de un mundo confortable. Aplicando otra c&eacute;lebre m&aacute;xima de Gramsci, aquella del pesimismo de la raz&oacute;n, no conviene pasar por alto, en un acto de ingenuo voluntarismo, los obstinados indicios de que lo que se avecina puede ser mucho peor que lo que hemos conocido hasta el momento. Los puntales del nuevo orden neoliberal est&aacute;n ya colocados o a punto de fijarse. En el orden interno, el r&eacute;gimen jur&iacute;dico del trabajo ha mutado por completo en detrimento del trabajador, el sistema de seguridad social resultar&aacute; inviable entre tanto desempleo, precariedad y bonificaci&oacute;n tributaria, el estrangulamiento de los centros p&uacute;blicos de ense&ntilde;anza va camino de culminar, la sanidad p&uacute;blica sigue su curso de externalizaci&oacute;n y conversi&oacute;n en servicio subsidiario y las reformas en materia represiva han suspendido libertades y vigorizado poderes gubernativos de forma tan intensa que nos han devuelto al despotismo.
    </p><p class="article-text">
        El orden internacional no es m&aacute;s esperanzador. El Tratado de Libre Comercio entre la UE y los EEUU contin&uacute;a negoci&aacute;ndose y supondr&aacute; la claudicaci&oacute;n final de las soberan&iacute;as populares frente al poder de los mercados. La pol&iacute;tica oficial europea, secuestrada por lobistas, no parece estar dispuesta a cambiar su rumbo de austeridad, tecnocracia y privatizaci&oacute;n. Y el discurso neoliberal de la competitividad sin fin, con su correlato interno de la jer&aacute;rquica y domesticadora cultura del emprendimiento, se va revelando cada vez m&aacute;s como el reverso econ&oacute;mico de un anverso pol&iacute;tico militarista e imperialista, que convierte la posibilidad de un conflicto b&eacute;lico a gran escala en una bala en la rec&aacute;mara, pronta para usarse.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n entre ambos desarrollos, el interno y el transnacional, como se&ntilde;ala Luigi Ferrajoli, lleva las democracias europeas al colapso e instala entre nosotros una dolorosa paradoja, la existente entre &laquo;la <em>impotencia</em> de la pol&iacute;tica frente a los mercados&raquo; y &laquo;su renovada <em>omnipotencia</em> ante los ciudadanos, a despecho de sus derechos constitucionales&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Pero el 2014 concluye tambi&eacute;n como aurora de un tiempo esperanzador. La convocatoria de elecciones anticipadas en Grecia, con Syriza como favorito en las encuestas, ha sido el primer destello luminoso que hemos podido otear. Aunque los nubarrones inducidos apenas han permitido que apreciemos su claridad. Los grandes fondos de capital, gestionados por personas de carne y hueso, a los que, de modo impersonal, denominan &laquo;los mercados&raquo;, inundaron de acciones los parqu&eacute;s para provocar artificiales descensos burs&aacute;tiles como se&ntilde;ales de advertencia. En las redacciones de la prensa oficial tocaron a rebato para, de forma autoprof&eacute;tica, augurar la cat&aacute;strofe que nos espera en caso de que gane la izquierda. De hecho, ya antes de las votaciones a la presidencia, se produjeron en Grecia <a href="http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=7604" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">delictivos intentos de soborno</a>&nbsp;a diputados independientes para que votasen al candidato del Gobierno, episodios que se han saldado con querellas y campa&ntilde;as de desprestigio&hellip; &iexcl;contra el diputado extorsionado y no contra el financiero corruptor!
    </p><p class="article-text">
        No ha sido m&aacute;s que un s&iacute;ntoma de lo que nos aguarda si decidimos revertir el curso presuntamente inexorable de los acontecimientos. El poder socioecon&oacute;mico, mientras se ha sentido c&oacute;modo con ellas, ha refrendado las instituciones de la democracia representativa, aunque se haya ubicado, de forma creciente, en los organismos internacionales, t&eacute;cnicos y opacos. En cuanto ha atisbado el peligro de que los parlamentos sean ocupados por mayor&iacute;as adversas, ha engrasado toda su maquinaria medi&aacute;tica y financiera para impedirlo. Y si esta amenaza llega a materializarse, no cejar&aacute; en su empe&ntilde;o de obstruir, por las buenas o por las malas, con golpes duros o blandos, con boicots o recurriendo a grupos fascistas, cualquier intento de reforma sustantiva.
    </p><p class="article-text">
        Si de algo es v&iacute;spera 2014 no es, desde luego, de un camino de rosas, sino de una endiablada carrera de obst&aacute;culos. Como conclu&iacute;a el esc&eacute;ptico Ehrenburg, probablemente no haya arrancado ning&uacute;n trayecto hacia una &eacute;poca perfecta, sino hacia un estado diferente de la lucha pol&iacute;tica. Librarla, sin embargo, es irrenunciable, pues la alternativa que nos han preparado, de regresi&oacute;n y servidumbre, es infinitamente peor. Hoy se cuenta, adem&aacute;s, con una ventaja comparativa respecto al tiempo de entreguerras: no se pide ya el reino de la justicia en la tierra, sino restaurar el Estado constitucional y garantizar un m&iacute;nimo de decencia p&uacute;blica. No es cosa f&aacute;cil, porque se necesita para ello respaldo popular masivo y concierto internacional. Pero tampoco es un objetivo imposible. En su viabilidad radica nuestra fortaleza. Bastar&iacute;a con deslastrar los presupuestos p&uacute;blicos de grav&aacute;menes clientelares, alcanzar una razonable equidad fiscal y hacer que el Estado realice lo que el capital se est&aacute; mostrando incapaz de conseguir para evidenciar que 2015 s&iacute; puede ser, quiz&aacute; no el albor de una nueva era, pero s&iacute; el recomienzo de la mejor tradici&oacute;n europea, la de la democracia constitucional.&nbsp;&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/2014-vispera-epilogo_132_4441155.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 30 Dec 2014 19:33:44 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[2014: víspera o epílogo]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Ley de Seguridad Ciudadana y el ocaso del Estado constitucional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ocaso-estado-constitucional_132_4492516.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Una sociedad marcada por una intensa concentración del poder social y económico está condenada a terminar adoptando una forma estatal autoritaria</p><p class="subtitle">La LSC compone un potente dispositivo de reforzamiento del poder ejecutivo central, en su vertiente más represiva, la de las fuerzas de seguridad</p></div><p class="article-text">
        El pasado martes, la Comisi&oacute;n de Interior del Congreso de los Diputados, por 23 votos a favor y toda la oposici&oacute;n en contra, aprob&oacute; el proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana. Con algunas modificaciones alarmantes, como la legalizaci&oacute;n de las &laquo;expulsiones en caliente&raquo;, el mayor engendro legislativo de este Gobierno sigue su tramitaci&oacute;n y es m&aacute;s que probable que la legislatura concluya con sus disposiciones en vigor.
    </p><p class="article-text">
        Esta vergonzosa ley no puede examinarse de forma aislada, consider&aacute;ndola como una anomal&iacute;a autoritaria. Su comprensi&oacute;n cabal exige inscribirla en un proceso de transformaci&oacute;n profunda del Estado; solo de ese modo puede apreciarse la funci&oacute;n ineludible que desempe&ntilde;a.  Efectivamente, la LSC debe concebirse como un elemento m&aacute;s dentro del vaciado general de nuestra Constituci&oacute;n. En esto, Espa&ntilde;a no es una excepci&oacute;n. El modelo de Estado alumbrado tras las dictaduras fascistas, el llamado &laquo;Estado constitucional&raquo;, se encuentra en crisis en toda Europa. Si por algo ha pretendido caracterizarse este modelo de Estado, el propio de la democracia constitucional, ha sido precisamente por el imperio de los derechos &ndash;individuales, pol&iacute;ticos y sociales&ndash; frente a cualquier acto normativo de los poderes p&uacute;blicos. Su fundaci&oacute;n pretendi&oacute; superar el viejo &laquo;Estado de derecho&raquo; y su principio capital del imperio de la ley. Tan decisiva es la diferencia entre &laquo;Estado de derecho&raquo; y &laquo;Estado constitucional&raquo; que, en la l&oacute;gica del segundo, no cabe ley estatal que arbitrariamente restrinja derechos constitucionales, cosa de lo m&aacute;s normal en el primero. Y la propia LSC no expresa otra cosa que la sumisi&oacute;n de los derechos a los dictados restrictivos de la ley estatal.
    </p><p class="article-text">
        El desmantelamiento del Estado constitucional, y su sustituci&oacute;n por otro modelo de Estado, el adherido al esquema neoliberal, se torna evidente en dos sentidos: por la concentraci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y por el recrudecimiento de las desigualdades econ&oacute;micas. El primer fen&oacute;meno no es m&aacute;s que el trasunto institucional de la creciente concentraci&oacute;n del poder socioecon&oacute;mico. Cualquiera que conozca la historia europea de entreguerras sabe que una sociedad marcada por una intensa concentraci&oacute;n del poder social y econ&oacute;mico est&aacute; condenada a terminar adoptando una forma estatal autoritaria, de concentraci&oacute;n del poder pol&iacute;tico en pocas instancias. Con variantes propias, eso es lo que est&aacute; aconteciendo hoy.
    </p><p class="article-text">
        A la vista de todos est&aacute;n las consecuencias. El poder ejecutivo ha desplazado con claridad a los parlamentos. La legislaci&oacute;n ordinaria se realiza en forma de decretos, en contravenci&oacute;n directa de los preceptos constitucionales. La propia instituci&oacute;n parlamentaria pasa a concebirse como caja de resonancia de las decisiones del gobierno, en lugar de c&oacute;mo espacio de debate y di&aacute;logo entre posiciones pol&iacute;ticas en contraste. Los mismos anuncios de reformas electorales, inspiradas siempre en sentido mayoritario, refuerzan este car&aacute;cter subalterno del parlamento, que, en rigor, habr&iacute;a de ser expresi&oacute;n del pluralismo pol&iacute;tico de un pa&iacute;s. Tambi&eacute;n se ha reducido la intensidad de los contrapoderes territoriales, achicando la autonom&iacute;a de las entidades locales. Las reformas judiciales realizadas y en preparaci&oacute;n, al reforzar los v&eacute;rtices del poder judicial, colocan a &eacute;ste bajo control m&aacute;s directo del poder pol&iacute;tico. Hasta la propia demonizaci&oacute;n del funcionariado, con su paulatino estrangulamiento debido a las tasas de reposici&oacute;n, conspira en el mismo sentido: remover un obst&aacute;culo para la discrecionalidad del ejecutivo.
    </p><p class="article-text">
        La otra cara de la moneda es la desigualdad econ&oacute;mica creciente. Las pruebas en este caso son todav&iacute;a m&aacute;s evidentes. Los recortes en servicios p&uacute;blicos esenciales, como la sanidad y la educaci&oacute;n, promueven la devaluaci&oacute;n del sistema p&uacute;blico y la fuga de las clases medias y altas hacia el sistema privado. La nueva organizaci&oacute;n jur&iacute;dica del trabajo, que desprotege al trabajador frente al poder privado empresarial, se traduce en ca&iacute;da de salarios y aumento de la precariedad. Las reformas fiscales aprobadas y planeadas atentan contra el principio de progresividad y hacen recaer la mayor parte de la carga tributaria en las clases populares, a trav&eacute;s de los impuestos indirectos al consumo. La propia conversi&oacute;n en deuda p&uacute;blica de cantidades ingentes de deuda privada fomenta la desigualdad, pues mientras ha garantizado la subsistencia de grandes patrimonios ha hipotecado gravemente los recursos de los asalariados. La consecuencia de todas estas pr&aacute;cticas ha sido la estratificaci&oacute;n creciente de la sociedad, la par&aacute;lisis de la movilidad social y el aumento vertiginoso de la disparidad de ingresos, que pone en peligro la propia democracia, necesitada para su supervivencia de un m&iacute;nimo de homogeneidad econ&oacute;mica.
    </p><p class="article-text">
        Lo peculiar de ambas l&iacute;neas de transformaci&oacute;n hist&oacute;rica es que est&aacute;n en directa contradicci&oacute;n con el marco constitucional vigente en pa&iacute;ses europeos como Espa&ntilde;a, Italia o Portugal. Este obst&aacute;culo constitucional se est&aacute; salvando de dos formas: a trav&eacute;s de reformas constitucionales, que permiten el despliegue de estas pol&iacute;ticas, como ha sucedido con nuestro art&iacute;culo 135, o bien a trav&eacute;s de la colonizaci&oacute;n pol&iacute;tica del Tribunal Constitucional, tambi&eacute;n sucedida entre nosotros, como ha mostrado el bochornoso blanqueamiento de la reforma laboral.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, concentraci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y crecimiento de las desigualdades se entrecruzan en un fen&oacute;meno congruente con ambas tendencias: el aumento de la represi&oacute;n. Como han se&ntilde;alado algunos juristas, estamos transitando del Estado constitucional al Estado punitivo. Es aqu&iacute; donde hace acto de presencia nuestra LSC. La eliminaci&oacute;n de trabas garantistas en el ejercicio del poder ejecutivo y la represi&oacute;n de las protestas ligadas a los sectores castigados por las reformas subyacen, efectivamente, a todo su articulado.
    </p><p class="article-text">
        La LSC compone un potente dispositivo de reforzamiento del poder ejecutivo central, en su vertiente m&aacute;s represiva, la de las fuerzas de seguridad. En la medida en que las protege frente a todo escrutinio p&uacute;blico, refuerza sus facultades de inspecci&oacute;n e intromisi&oacute;n en la esfera privada de los ciudadanos y blinda su propio estatuto y sus actividades, imponiendo cuantiosas sanciones a quienes las entorpezcan. Plagada como est&aacute; de expresiones indeterminadas, legaliza en la pr&aacute;ctica la arbitrariedad gubernativa, amparada por principio en una idea hipertrofiada de la defensa del orden p&uacute;blico. La ley supondr&aacute;, pues, una vuelta de tuerca en la revigorizaci&oacute;n del gobierno y de sus respectivas delegaciones provinciales, realizada adem&aacute;s en detrimento del m&aacute;s garantista poder judicial, que ve sustra&iacute;da su intervenci&oacute;n tutelar en numerosos il&iacute;citos vinculados al ejercicio de los derechos pol&iacute;ticos. Se crea con ello un campo de represi&oacute;n administrado exclusivamente por la polic&iacute;a y las entidades administrativas, donde reinar&aacute; un mayor margen de discrecionalidad y de ejecutividad de las penas impuestas, con la correspondiente indefensi&oacute;n para los afectados, agravada por la reimplantaci&oacute;n de la justicia onerosa con las tasas judiciales.
    </p><p class="article-text">
        A su vez, la LSC es una respuesta patente al recrudecimiento de las desigualdades y a las consiguientes protestas que &eacute;ste ha suscitado. Dir&iacute;ase, de hecho, que muchas de sus disposiciones est&aacute;n planteadas <em>ad hoc</em> para combatir cada una de las modalidades de contestaci&oacute;n y disidencia que han venido practic&aacute;ndose en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, de los escraches a la ciberprotesta.
    </p><p class="article-text">
        Por este motivo, la LSC conforma una pieza fundamental del vaciado del Estado constitucional y del imperio de los derechos que &eacute;ste presupone. Sus art&iacute;culos agreden con claridad a los derechos pol&iacute;ticos de reuni&oacute;n y manifestaci&oacute;n y a la libertad de expresi&oacute;n. Al efecto de su ejercicio, instaura en la pr&aacute;ctica una suerte de estado de excepci&oacute;n, de m&aacute;rgenes difusos y gestionado pr&aacute;cticamente sin cortapisas por poderes gubernativos y policiales. Con pauta caracter&iacute;stica del Estado liberal, la LSC viene a colocar as&iacute; los derechos por debajo de la ley. Podr&iacute;a pensarse que para evitarlo est&aacute; el Tribunal Constitucional, pero para que ello sucediese deber&iacute;amos contar previamente con su independencia y su compromiso con los principios constitucionales. En momentos como este se echa en falta que no sean todos los jueces los llamados a proteger la Constituci&oacute;n frente a la ley.
    </p><p class="article-text">
        El articulado del proyecto nos muestra todav&iacute;a otra cosa: la degeneraci&oacute;n de la democracia constitucional en mera democracia representativa, compatible, como en el siglo XIX, con arraigadas pr&aacute;cticas autoritarias. Es decir, al nuevo sistema pol&iacute;tico que saldr&aacute; de toda esta mutaci&oacute;n &ndash;si no se la detiene&ndash; se le continuar&aacute; denominando &laquo;democracia&raquo;, porque se podr&aacute; seguir votando, aunque con el orden medi&aacute;tico existente y el r&eacute;gimen electoral vigente los resultados de cada elecci&oacute;n se encontrar&aacute;n severamente predeterminados. A diferencia de la actual, donde los derechos pol&iacute;ticos son cauces directos de participaci&oacute;n, se tratar&aacute; de una democracia postiza, en la que el pueblo solo podr&aacute; actuar pol&iacute;ticamente mediante sus representantes, en la creencia de que as&iacute; se evitar&aacute; todo desorden p&uacute;blico de contenido pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        (<em>El presente texto es extracto y resumen de una charla que, junto a Lorena Ruiz-Huerta, di el pasado 17 de octubre en Valladolid, por amable invitaci&oacute;n de la Plataforma Ciudadana en Defensa de las Libertades de aquella ciudad. Quede expresado aqu&iacute; mi agradecimiento a sus hospitalarios promotores y a los numerosos asistentes) </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sebastián Martín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/contrapoder/ocaso-estado-constitucional_132_4492516.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Nov 2014 20:54:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La Ley de Seguridad Ciudadana y el ocaso del Estado constitucional]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Leyes]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
