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    <title><![CDATA[elDiario.es - Pedro Armestre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/pedro_armestre/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Pedro Armestre]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Heriberta, 70 años cargando agua sobre su cabeza y ya tiene un grifo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/heriberta-cargando-agua-cabeza-grifo_1_4320067.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/619909d5-47d1-4469-a533-88cb57722a5a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Heriberta, 70 años cargando agua sobre su cabeza y ya tiene un grifo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más de 3.500 familias de Nicaragua tienen agua potable gracias a un proyecto de la ONG española Alianza por la Solidaridad y su socia Amunorchi</p><p class="subtitle">Algunas vecinas de comunidades cercanas a las de Heriberta continúan cargando bidones para acceder al agua, lo que dificulta la educación de los niños y la salud de las familias</p><p class="subtitle">En el Día Mundial del Agua, 22 de marzo, muchas regiones carecen de acceso al 'vital líquido', como lo denominan los vecinos del municipio de Cinco Pinos, el 40% sin agua corriente</p></div><p class="article-text">
        Heriberta Estrada tiene de 78 a&ntilde;os y, de ellos, ha tardado 70 en tener agua potable en su peque&ntilde;a casa de Chinandega, en el noroeste de Nicaragua. Desde que recuerda, hasta hace apenas unos meses, ha cargado un bid&oacute;n sobre su cabeza para transportarla desde el r&iacute;o hasta su hogar, lo mismo que siguen haciendo, cada d&iacute;a, sus vecinas de comunidades cercanas. Heriberta y su hija Benem&eacute;rita ya no gastan as&iacute; sus fuerzas, pues forman parte de las 3.500 familias nicarag&uuml;enses beneficiadas por un proyecto realizado por Alianza por la Solidaridad, en colaboraci&oacute;n con su socia Amunorchi, que ha logrado colocar &ldquo;un grifo&rdquo; en los hogares m&aacute;s humildes del departamento de Chinandega.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nunca pens&eacute; que esto podr&iacute;a pasarme, es un sue&ntilde;o: abrir el grifo y mirar c&oacute;mo cae l&iacute;quido. No me canso de verlo y de pasar la mano por debajo para darme cuenta de que es real&rdquo;, reconoce agitando los brazos, mientras una sonrisa ilumina sus ojos. No tener agua en su casa ha supuesto una dura y triste p&eacute;rdida de tiempo en su vida. Caminatas de kil&oacute;metros que le hicieron perder la oportunidad de aprovechar la escuela, dedicarse a su familia o recuperar fuerzas. Son d&iacute;as, meses y a&ntilde;os que ha pasado midiendo lo que pod&iacute;a beber para saciar la sed. Siempre escatimando para asearse y no sentirse sucia. D&iacute;as, meses y a&ntilde;os viendo a sus seres queridos enfermar por beber agua contaminada.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, su cara salpicada de arrugas refleja felicidad y el incre&iacute;ble cambio que ha supuesto la llegada del agua potable a su vivienda, en el municipio de Cinco Pinos, en un distrito donde, sin ser des&eacute;rtico, el 40% de la poblaci&oacute;n no dispone del 'vital l&iacute;quido', como lo llaman los vecinos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Es una zona de malas carreteras y con las comunidades aisladas unas de otras. El lugar donde nos encontramos tiene clima tropical seco, con escasas lluvias y un verano muy caluroso. No hay muchos recursos h&iacute;dricos y estos (r&iacute;os, cascadas, quebradas) se secan con facilidad. Adem&aacute;s, hay problemas de deforestaci&oacute;n porque la gente necesita cortar le&ntilde;a para el consumo y para la ganader&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El programa de Alianza por la Solidaridad, financiado por el Fondo para Agua y Saneamiento de la Agencia Espa&ntilde;ola de Cooperaci&oacute;n para el Desarrollo (AECID), comenz&oacute; en 2012 y finalizar&aacute; a lo largo de 2015. Gracias a &eacute;l las familias disponen de agua en casa con solo abrir un grifo y tambi&eacute;n de letrinas, que se revisten para que no filtren al acu&iacute;fero. Pasado el tiempo, los residuos de la letrinas quedan transformados en abono org&aacute;nico que se utiliza en los cultivos. Los municipios beneficiados son Villanueva, Somotillo, Santo Tom&aacute;s, San Francisco del Norte, San Juan de Cinco Pinos y San Pedro del Norte.
    </p><h3 class="article-text">Derecho Humano al Agua: de calidad y sin mal sabor</h3><p class="article-text">
        En los trabajos, Alianza por la Solidaridad ha empleado mano de obra comunitaria, lo que ha mejorado su formaci&oacute;n de cara al futuro. El programa incluye tambi&eacute;n la reforestaci&oacute;n de la zona: los &aacute;rboles son fundamentales para intentar aplacar los efectos de la sequ&iacute;a y proteger las zonas de recarga h&iacute;drica.
    </p><p class="article-text">
        Con el trabajo que realiza la ONG espa&ntilde;ola se pone fin a un panorama de mujeres que soportan sobre sus cabezas el peso de bidones de 20 litros de agua; ni&ntilde;os y ni&ntilde;as que no iban a la escuela porque deb&iacute;an caminar durante horas para llegar a los r&iacute;os y pozos; y familias, que enfermaban porque beb&iacute;an agua contaminada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Omar Aguilar, integrante del equipo t&eacute;cnico de Alianza en Nicaragua, explica c&oacute;mo es el proceso: &ldquo;Si encontramos un pozo hacemos una prueba de bombeo para ver si tiene capacidad suficiente. Lo reactivamos, lo mejoramos y lo utilizamos. Instalamos una bomba el&eacute;ctrica y ponemos un tanque de almacenamiento en las viviendas. Las tuber&iacute;as se colocan donde la familia dice que quiere tener el grifo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eso, en el caso de que el pozo disponga de agua de calidad. Si no, hay que perforar y encontrar una nueva fuente de suministro. &ldquo;Con el Derecho Humano al Agua nos referimos no solo a llevar el suministro, sino a que &eacute;ste sea de buena calidad y que no tenga mal sabor&rdquo;, aclara Aguilar. El equipo t&eacute;cnico de Alianza se encarga adem&aacute;s de analizar el l&iacute;quido en el laboratorio para determinar si es apto para el consumo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La comunidad de El Cerro es una de las beneficiadas por este proyecto. Ermisenda del Socorro lava ropa en su casa con el grifo al lado. &ldquo;Antes ten&iacute;a que caminar horas para llegar a unos lavaderos que hay en el r&iacute;o. Me quitaba mucho tiempo y ten&iacute;a que volver adem&aacute;s con un bid&oacute;n de agua para otras tareas del hogar. Me dol&iacute;a el cuello del peso&rdquo;, cuenta. Iris Ramona Mej&iacute;a, su vecina, tiene un hijo de siete a&ntilde;os, Josu&eacute;, que sufre una discapacidad. &ldquo;He notado much&iacute;simo las ventajas de tener el agua en casa para cuidarle. Es de buena calidad y le sienta bien. Antes siempre se pon&iacute;a enfermo con diarreas y v&oacute;mitos&rdquo;, se&ntilde;ala. Su marido, Jos&eacute; Soriano, es agricultor. No tener que desplazarse a diario a r&iacute;os y pozos le deja m&aacute;s tiempo para dedicarse al campo y al trabajo con los animales.
    </p><h3 class="article-text">Familias que se turnan para cargar bidones</h3><p class="article-text">
        Estos testimonios contrastan con el de comunidades vecinas que a&uacute;n no tienen agua potable. El proyecto est&aacute; pendiente de una segunda fase que permitir&iacute;a ampliar los beneficios a m&aacute;s vecinos. En El Naranjo, Yariksa, de 12 a&ntilde;os, se levanta todos los d&iacute;as a las cuatro de la ma&ntilde;ana para ir a recoger agua a un pozo y poder estar de vuelta a las siete para entrar a clase. Su madre explica que toda la familia tiene que turnarse para acarrear bidones. &ldquo;El rendimiento de un ni&ntilde;o que bebe poco agua o de mala calidad es bajo; si adem&aacute;s tiene que acarrearla, se nota en su concentraci&oacute;n en clase&rdquo;, advierte Omar Aguilar.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n el peque&ntilde;o Osmar Aguilera tiene que levantarse bien temprano para ir a lavarse al pozo antes de ir a la escuela. Como &eacute;l, los vecinos de El Naranjo a&uacute;n tienen que poner el agua a calentar al sol para tratar de eliminar las bacterias; a&uacute;n tienen que recoger la que les llega en forma de lluvia y almacenarla para los meses m&aacute;s secos. Por eso esperan con ilusi&oacute;n el d&iacute;a en que por fin puedan tener un grifo en casa y vivir la misma felicidad que hoy refleja la cara de la anciana Heriberta.
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      <dc:creator><![CDATA[Susana Hidalgo, Pedro Armestre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/heriberta-cargando-agua-cabeza-grifo_1_4320067.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Mar 2015 18:36:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Heriberta, 70 años cargando agua sobre su cabeza y ya tiene un grifo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Alianza por la Solidaridad,Día Mundial del Agua]]></media:keywords>
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    <item>
      <title><![CDATA[Escondidos y apaleados por intentar entrar en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/escondidos-apaleados-intentar-entrar-espana_1_5471639.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8a7f0bf-4887-4fa1-a2de-80d3bf2cfebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Escondidos y apaleados por intentar entrar en España"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un grupo de subsaharianos malvive en el monte Gurugú, en territorio marroquí, a la espera de una oportunidad para saltar la valla que les permitiría entrar en España</p><p class="subtitle">Denuncian que la policía de Marruecos se ensaña con ellos: "Nos pegan, nos levantan por las noches a golpes y nos queman los plásticos que tenemos para protegernos de las lluvias"</p><p class="subtitle">Reportaje gráfico, por Pedro Armestre: Así malvive un grupo de subsaharianos que trata de entrar en España</p></div><p class="article-text">
        Oussman tiene 15 a&ntilde;os, es de Costa de Marfil y hace cinco meses que  no habla con su familia. &ldquo;Es el mismo tiempo que llevo atrapado aqu&iacute;,  en Marruecos, sin poder entrar a Espa&ntilde;a&rdquo;, cuenta desesperado este chico,  uno de los centenares de subsaharianos que malviven en el monte Gurug&uacute;,  en territorio marroqu&iacute;, a la espera de una oportunidad para saltar la  valla que les har&iacute;a poner pie en Melilla. Muchos de ellos son  adolescentes asustados que denuncian que los militares marroqu&iacute;es se  ensa&ntilde;an con ellos cada vez que hay una redada o que les capturan camino  del muro que separa &Aacute;frica de Europa. 
    </p><p class="article-text">
        Las historias que cuentan son  espeluznantes, y hay asociaciones como Prodein  y M&eacute;dicos sin Fronteras  que las corroboran. Bari, tambi&eacute;n un adolescente de Costa de Marfil,  est&aacute; lloroso. Una cicatriz tapada por una venda la cruza la mejilla.  &ldquo;Vale que nos repatrien, pero que no nos peguen&rdquo;, se queja Oussman, muy  enfadado por ver las lesiones de su amigo, que apenas habla. &ldquo;Nos pegan,  nos levantan por las noches a golpes y nos queman los pl&aacute;sticos que  tenemos para protegernos de las lluvias&rdquo;, prosigue este marfile&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Los relatos de agresiones se repiten a lo largo del  monte Gurug&uacute;, donde los subsaharianos tienen organizado el campamento  por pa&iacute;ses. Un hombre ense&ntilde;a una cicatriz en la barriga y otro, con  radiograf&iacute;a incluida, un pie roto. &ldquo;Tenemos constancia de que los golpes  son frecuentes, est&aacute;n bloqueados en el monte, s&oacute;lo recibiendo  maltrato&rdquo;, denuncia por su parte Jos&eacute; Luis Palaz&oacute;n, portavoz de Prodein.
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        Los subsaharianos celebraron este jueves la fiesta del cordero gracias a  la comida que les regalaron dos vecinos marroqu&iacute;es que se acercaron a  saludarles con el coche. Pero el acercamiento a los grupos tiene que  hacerse con mucho cuidado y a escondidas de la polic&iacute;a y los militares  marroqu&iacute;es. El cordero qued&oacute; repartido entre las distintas  nacionalidades y a los de Mali y Costa de Marfil les toc&oacute; la cabeza del  animal, que uno de los hombres cocin&oacute; a fuego lento con esmero. La  repartieron entre m&aacute;s de 20. Eso, y unas patatas cocidas. No hay nada  m&aacute;s para comer. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esta es la &uacute;nica cosa buena de que estemos aqu&iacute;, la  amistad que hemos hecho entre nosotros, somos como hermanos&rdquo;, cuentan.  No hay peleas entre ellos, solo un sue&ntilde;o com&uacute;n: cruzar la valla. Para  eso se organizan, aunque por culpa de los golpes cada vez est&aacute;n m&aacute;s  mermados f&iacute;sicamente. &ldquo;Yo salt&eacute; hace dos semanas y ahora estoy cojo, no  podr&eacute; intentarlo hasta dentro de un tiempo&rdquo;, explica un hombre. Otros  los han intentado cuatro, cinco veces. &ldquo;Los que lo intentaron conmigo lo  consiguieron, seguro que ya est&aacute;n en Barcelona&rdquo;, se lamenta otro,  nombrando una de las ciudades m&aacute;s deseadas por el grupo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de comer, la tarde discurre de manera  pl&aacute;cida. Algunos rezan en un rinc&oacute;n del bosque al que llaman &ldquo;la  mezquita&rdquo;, otros juegan a las cartas, otros hablan de f&uacute;tbol y se meten  con un maliense que lleva una camiseta del Real Madrid con el nombre de  &ldquo;Ra&uacute;l&rdquo; a la espalda. Pero tambi&eacute;n hay mucho hast&iacute;o y desesperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
          Ahmed Traobul&eacute;, de Rep&uacute;blica Centroafricana, lleva tres a&ntilde;os atrapado en  el monte Gurug&uacute;. En su pa&iacute;s trabajaba arreglando aires acondicionados,  pero un d&iacute;a decidi&oacute; poner camino a Europa. &ldquo;Ya no puedo m&aacute;s, esto es  insoportable&rdquo;, exclama y gesticula. Su dedo se&ntilde;ala a Melilla: &ldquo;Nuestra  esperanza est&aacute; all&iacute;, aqu&iacute; no tenemos nada&rdquo;. Todos est&aacute;n bien informados  de la crisis econ&oacute;mica en Europa, pero vienen de pa&iacute;ses donde una crisis  significa no comer. &ldquo;Me da igual que no haya trabajo, los europeos se  podr&aacute;n quejar, pero no es comparable con lo mal que est&aacute; &Aacute;frica&rdquo;, apunta  Soumodo. La noche empieza a cerrarse y los chicos se acomodan en el  campamento para, si pueden, intentar dormir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susana Hidalgo, Pedro Armestre]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Oct 2012 08:04:16 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[Reportaje gráfico: Así malvive un grupo de subsaharianos que trata de entrar en España desde Marruecos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/pedro-armestre_3_5471504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c8a7f0bf-4887-4fa1-a2de-80d3bf2cfebc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Reportaje gráfico: Así malvive un grupo de subsaharianos que trata de entrar en España desde Marruecos"></p><p class="article-text">
        M&aacute;s informaci&oacute;n: <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/Escondidos-apaleados-intentar-entrar-Espana_0_62643750.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Escondidos y apaleados por intentar entrar en Espa&ntilde;a, por Susana Hidalgo</a>
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        M&aacute;s informaci&oacute;n: <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/Escondidos-apaleados-intentar-entrar-Espana_0_62643750.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Escondidos y apaleados por intentar entrar en Espa&ntilde;a, por Susana Hidalgo</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pedro Armestre, Pedro Armestre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/pedro-armestre_3_5471504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 27 Oct 2012 08:03:37 +0000]]></pubDate>
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