<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - David Dusster]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david_dusster/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Dusster]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510131" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Ghana, la creatividad del África viable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ghana-creatividad-africa-viable_132_2660996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ghana, la creatividad del África viable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Situado entre Costa de Marfil y Togo, el país del panafricanista Kwame Nkrumah es uno de los más pacíficos, democráticos y prósperos del África occidental</p><p class="subtitle">El presidente estadounidense Barack Obama lo eligió para su primera visita al continente negro y muchos afroamericanos se  instalaron allí en busca de sus raíces</p><p class="subtitle">Ghana, que fue uno de los principales mercados de esclavos para el Nuevo Mundo, exhibe ahora los fuertes donde los encarcelaba como reclamo turístico</p></div><p class="article-text">
        De Ghana se habla poco en la prensa occidental y eso, curiosamente, es buena se&ntilde;al. Se trata de uno de los pa&iacute;ses m&aacute;s estables, democr&aacute;ticos y libre de incidentes, y tambi&eacute;n de uno de los m&aacute;s pr&oacute;speros del &Aacute;frica occidental. Por eso, una visita por Ghana acaba siendo una experiencia inolvidable de creatividad, vistosismo y algarab&iacute;a africanas en un entorno menos ca&oacute;tico y m&aacute;s asequible. Un viaje al &Aacute;frica que sue&ntilde;a en presente.
    </p><p class="article-text">
        Para descubrir lo esencial de la historia de Ghana, el primer pa&iacute;s de la regi&oacute;n que accedi&oacute; a la independencia, en 1957, nada mejor que una visita al mausoleo de Kwame Nkrumah, el l&iacute;der que gui&oacute; al pa&iacute;s en sus albores y uno de los grandes defensores del panafricanismo. Una gran avenida con dos estanques flanqueados con estatuillas de unos arrodillados tocadores de &ldquo;abein&rdquo;, el instrumento de cuerno que se hace soplar para rendir honores a un personaje carism&aacute;tico, conduce al monumento en el que descansa Nkrumah para la eternidad desde 1992, cuando su figura fue rehabilitada p&uacute;blicamente.
    </p><p class="article-text">
        El parque homenaje a Nkrumah se ubica en el antiguo campo de polo, que en &eacute;poca colonial no admit&iacute;a la presencia de los negros, y pr&aacute;cticamente al lado de la inmensa plaza de la Independencia, ancha para admitir imponentes desfiles militares y con gradas que la rodean y tapan la vista al mar. La plaza es la &uacute;nica reminiscencia est&eacute;tica de veleidades prosovi&eacute;ticas y de reg&iacute;menes autoritarios, que fueron parte de la historia de Ghana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Libre de guerras con vecinos, promoviendo instituciones democr&aacute;ticas desde 1992, con niveles de delincuencia razonablemetne buenos, Ghana avanza hacia el futuro con menos incertezas que muchas naciones que la rodean. Y con orgullo. Ghana enarbola la bandera de la di&aacute;spora y es el hogar que muchos afroestadounidenses han elegido para instalarse en &Aacute;frica y descubrir sus ra&iacute;ces.
    </p><p class="article-text">
        Algunos apartamentos de lujo con vistas al mar hablan de los nuevos moradores del pa&iacute;s, que regresan siglos despu&eacute;s de que sus ancestros hubiesen sido llevados a Am&eacute;rica como esclavos. No es de extra&ntilde;ar que Ghana fuera el destino del primer viaje de Barack Obama cuando fue elegido presidente de los Estados Unidos en 2008. Ghana es una democracia estable desde 1992, cuando el dictador Jerry Rawlings decidi&oacute; someter su presidencia a las urnas y supo desaparecer de la escena p&uacute;blica. Si se analizan sus vecinos en el Golfo de Guinea (Costa de Marfil, Togo, Burkina Faso, Sierra Leona, Liberia&hellip;), la trayectoria tiene m&eacute;rito.
    </p><p class="article-text">
        Los antiguos fuertes donde se encarcelaba a los esclavos antes de fletar esas galeras del terror al Atl&aacute;ntico son una de las principales visitas tur&iacute;sticas de Ghana, la antigua Costa de Oro de la &eacute;poca colonial, un pa&iacute;s bendecido con magn&iacute;ficas playas en su extenso litoral. Y las comuniaciones por carretera, aunque mucho m&aacute;s lentas que las de Europa, no son de las peores de &Aacute;frica. Ghana fue uno de los mercados de esclavos m&aacute;s importantes para el Nuevo Mundo. Un importante productor de oro despu&eacute;s y, ahora, una nueva meca del petr&oacute;leo en &Aacute;frica, que ha despertado un boom inmobiliario.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Accra es una capital apacible y hasta cierto punto segura. Tambi&eacute;n es calurosa y est&aacute; afectada por atascos de tr&aacute;fico impropios de sus dimensiones medianas, pero presenta una escena cultural y musical atractivas. El pa&iacute;s tambi&eacute;n cuenta con el legado cultural del imperio Ashanti y con una de las artesan&iacute;as textiles m&aacute;s preciadas de toda &Aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        Una aldea digna para visitar en Accra es Teshi, so&ntilde;olienta como todas y, a la vez, encantadora. Los comercios se alinean a lo largo de la carretera principal, de forma colorista, con carteles pintados a mano, anuncios de cabelleras trenzadas perfectas, y cuadros para adornar paredes con personajes famosos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El mar ni se intuye, pero est&aacute; a menos de un kil&oacute;metro. En la costa hay las barcazas de pescadores y un barrio degradado con chabolas de techos de hojalata. Y afloran talleres artesanales donde se elaboran ata&uacute;des en forma de avi&oacute;n, de latas de refresco o hasta de pianos. Es una singularidad m&aacute;s de Ghana, un ejemplo de &Aacute;frica viable, posible y atractiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> ofrece vuelos semanales desde Barcelona a Accra a partir de junio y durante el verano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ghana-creatividad-africa-viable_132_2660996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5903288" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5903288" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ghana, la creatividad del África viable]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ghana,Viajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ghana, una Àfrica creativa i viable]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ghana-africa-creativa-viable_132_2660957.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ghana, una Àfrica creativa i viable"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Situat entre Costa d'Ivori i Togo, el país del panafricanista Kwame Nkrumah és un dels més pacífics, democràtics i pròspers de l'Àfrica occidental</p><p class="subtitle">El president nord-americà Barack Obama ho va triar per a la seva primera visita al continent negre i molts afroamericans es van instal·lar allà a la recerca de les seves arrels</p><p class="subtitle">Ghana, que va ser un dels principals mercats d'esclaus per al Nou Món, exhibeix ara els forts on els empresonava com a reclam turístic</p></div><p class="article-text">
        De Ghana s&rsquo;en parla poc als diaris d&rsquo;arreu el m&oacute;n i aix&ograve; &eacute;s un bon senyal. Es tracta d'un dels pa&iuml;sos m&eacute;s estables, democr&agrave;tics i lliures d'incidents, i tamb&eacute; d'un dels m&eacute;s pr&ograve;spers, de l'&Agrave;frica occidental. Per aix&ograve;, una visita per Ghana acaba sent una experi&egrave;ncia inoblidable de creativitat, xivarri i colors de l&rsquo;&Agrave;frica en un entorn menys ca&ograve;tic i m&eacute;s assequible. Un viatge per l&rsquo;&Agrave;frica que somia en present.
    </p><p class="article-text">
        Per descobrir l'essencial de la hist&ograve;ria de Ghana, el primer pa&iacute;s de la regi&oacute; que va accedir a la independ&egrave;ncia, el 1957, res millor que una visita al mausoleu de Kwame Nkrumah, el l&iacute;der que va guiar el pa&iacute;s en el seu naixement, i un dels grans defensors del panafricanisme. Una gran avinguda amb dos estanys flanquejats amb estatuetes d'uns agenollats tocadors de &ldquo;abein&rdquo;, l'instrument de banya que es fa bufar per rendir honors a un personatge carism&agrave;tic, condueix al monument en el qual descansa Nkrumah per a l'eternitat des del 1992, quan la seva figura va ser rehabilitada p&uacute;blicament.
    </p><p class="article-text">
        El parc homenatge a Nkrumah s'ubica a l'antic camp de polo, cosa que refor&ccedil;a el simbolisme ja que a l&rsquo; &egrave;poca colonial no admetia la pres&egrave;ncia dels negres, i pr&agrave;cticament al costat de la immensa pla&ccedil;a de la Independ&egrave;ncia, ampla per admetre imponents desfilades militars i amb grades que l'envolten i tapen la vista al mar. La pla&ccedil;a &eacute;s l'&uacute;nica reminisc&egrave;ncia est&egrave;tica de vel&middot;le&iuml;tats prosovi&eacute;tiques i de r&egrave;gims autoritaris, que van ser part de la hist&ograve;ria de Ghana.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/613c3490-0de4-461f-89e0-9b4fedda8680_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Lliure de guerres amb ve&iuml;ns, promovent institucions democr&agrave;tiques des de 1992, amb nivells de delinq&uuml;&egrave;ncia raonables, Ghana avan&ccedil;a cap al futur amb menys incerteses que moltes nacions que l'envolten. I amb orgull. Ghana enarbora la bandera de la di&agrave;spora i &eacute;s la llar que molts afroamericans dels Estats Units han escollit per a instal&middot;lar-se a l'&Agrave;frica i reivindicar les seves arrels.
    </p><p class="article-text">
        Alguns apartaments de luxe amb vistes al mar parlen d&rsquo;aquests nouvinguts al pa&iacute;s, que tornen segles despr&eacute;s que els seus ancestres haguessin estat portats a Am&egrave;rica com a esclaus. No &eacute;s d'estranyar que Ghana fos el dest&iacute; del primer viatge de Barack Obama quan va ser elegit president dels Estats Units en 2008. Ghana &eacute;s una democr&agrave;cia estable des de 1992, quan el dictador Jerry Rawlings va decidir sotmetre la seva presid&egrave;ncia a les urnes i va saber desapar&egrave;ixer de l'escena p&uacute;blica. Si s'analitzen els seus ve&iuml;ns al golf de Guinea (Costa d'Ivori, Togo, Burkina Faso, Sierra Leone, Lib&egrave;ria ...), la traject&ograve;ria t&eacute; m&egrave;rit.
    </p><p class="article-text">
        Els antics forts on s&rsquo;empresonava als esclaus abans de fer navegar aquestes galeres del terror a l'Atl&agrave;ntic s&oacute;n una de les principals visites tur&iacute;stiques de Ghana, l'antiga Costa d'Or de l'&egrave;poca colonial, un pa&iacute;s bene&iuml;t amb magn&iacute;fiques platges en el seu extens litoral.
    </p><p class="article-text">
        I les comunicacions per carretera, encara que molt m&eacute;s lentes que les d'Europa, no s&oacute;n de les pitjors d'&Agrave;frica. Ghana va ser un dels mercats d'esclaus m&eacute;s importants, despr&eacute;s va ser un important productor d'or i, ara, una nova meca del petroli a l'&Agrave;frica, cosa que ha desfermat un boom immobiliari.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/f46ff167-2f47-4250-92bd-611da444e83b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Accra &eacute;s una capital afable i fins a cert punt segura. Tamb&eacute; &eacute;s calorosa i est&agrave; afectada per embussos de tr&agrave;nsit impropis de les seves dimensions mitjanes, per&ograve; presenta una escena cultural i musical atractives. El pa&iacute;s tamb&eacute; compta amb el llegat cultural de l'imperi Ashanti i amb una de les artesanies t&egrave;xtils m&eacute;s preuades de tot &Agrave;frica.
    </p><p class="article-text">
        Un barri digna per visitar i tenir una idea de com &eacute;s Accra &eacute;s Teshi, somnolent com tots i, alhora, encissador. Els comer&ccedil;os s'alineen al llarg de la carretera principal, de forma colorista, amb cartells pintats a m&agrave;, anuncis de cabelleres trenades perfectes, i quadres per adornar parets amb persoatges famosos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/da135a69-7c89-4fe2-9c97-92f2ed81f8b3_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        El mar ni s'intueix, per&ograve; est&agrave; a menys d'un quil&ograve;metre. A la costa hi ha les barcasses de pescadors i un barri degradat amb barraques de sostres de llauna. I afloren tallers artesanals on s'elaboren ta&uuml;ts en forma d'avi&oacute;, de llaunes de refresc o fins i tot de pianos. &Eacute;s una singularitat m&eacute;s de Ghana, un exemple d'&Agrave;frica viable, possible i atractiva.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> ofereix vols setmanals des de Barcelona a Accra a partir del juny i tot l'estiu.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ghana-africa-creativa-viable_132_2660957.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 May 2015 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="5903288" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="5903288" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ghana, una Àfrica creativa i viable]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/6942b241-f25f-4b2f-8027-fb0e56492921_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ghana]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gorée, l’illa dels esclaus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/goree-lilla-dels-esclaus_132_4304175.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gorée, l’illa dels esclaus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Patrimoni de l'Humanitat des de 1977, l'illa ha convertit en museu la 'Maison des Esclaves', el lloc d'on van sortir bona part dels esclaus senegalesos cap a Amèrica</p><p class="subtitle">Situada a un passeig en xalupa de Dakar, Gorée és un dels pocs llocs de l'Àfrica on es respira tranquilitat</p></div><p class="article-text">
        Gor&eacute;e, una petita illa a la qual s'arriba en una curt trajecte en una xalupa des de Dakar, segueix sent un dels escenaris m&eacute;s accessibles per respirar una de les mem&ograve;ries m&eacute;s tr&agrave;giques de la humanitat, la de l'esclavitud. I tot i que la visita a una de les puntes m&eacute;s occidentals d'&Agrave;frica hauria de semblar trista pel seu passat d'abusos, l'esclat de vida de la benvinguda i la calma que es respira la converteixen en una experi&egrave;ncia de plenitud. Almenys aix&ograve; es pensa mentre els nens es diverteixen en algaravia en arribar a l'embarcador de l'illa de Gor&eacute;e, xipollejant despreocupats.
    </p><p class="article-text">
        Gor&eacute;e &eacute;s una experi&egrave;ncia &uacute;nica al Senegal. L'abs&egrave;ncia de cotxes i, per tant, de bona part dels sorolls de Dakar, sembla allunyar-la de l'&Agrave;frica sobtadament. Les dones caminen elegants vestides amb el &ldquo;bub&uacute;&rdquo;, el vestit tradicional, i el turbant, com si cada dia fos digne de la millor pres&egrave;ncia. Les buguenv&iacute;l&middot;lies s'escampen pels murs de les mansions colonials. Les teulades vermelloses i els balcons de ferro de les cases recorden un passat m&eacute;s espl&egrave;ndid. Tot i que el present &eacute;s m&eacute;s bonic que decadent. Els artistes que des de fa d&egrave;cades han convertit Gor&eacute;e en un refugi bohemi exhibeixen les seves teles de vius colors, una expressi&oacute; de la negritud. I es respira silenci, una sensaci&oacute; gens habitual a l'&Agrave;frica.
    </p><p class="article-text">
        Tot just a tres quil&ograve;metres de Dakar, Gor&eacute;e se situa a l'entrada de la rada de la capital senegalesa. La seva situaci&oacute; era privilegiada i ja els portuguesos, els primers a aventurar-se per aquestes terres en 1444, el van convertir en un basti&oacute; a l'&Agrave;frica. Un tur&oacute; en un extrem trenca el seu perfil pla i la fa m&eacute;s visible mentre el barco de passatgers s'acosta.
    </p><p class="article-text">
        De punta a punta hi ha tot jus un miler de metres i l'illa pot creuar-se a peu en vint minuts, per&ograve; l'interessant de Gor&eacute;e &eacute;s entretenir-se pels carrerons, deixar passar el temps sense importar a quina hora surt el seg&uuml;ent ferri.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Tots els camins de Gor&eacute;e porten a una casa de doble escala corbada, la Maison des Esclaves, la casa dels Esclaus, un dels grans centres de confinament de la costa occidental africana. La principal atracci&oacute; tur&iacute;stica de l'illa, declarada Patrimoni de la Humanitat el 1977, t&eacute; una doble planta. Les escales condueixen a la planta superior, la senyorial, la dels esclavistes, que dormien sobre les cel&middot;les on s'amuntegaven als esclaus, obligats a arrossegar-se amb grillons i boles de ferro de llast. Al final d'un corredor hi ha un forat, que sembla un marc que deixa veure l'oce&agrave;. En realitat era l'anomenada porta sense retorn: els esclaus la franquejaven per pujar al vaixell i ja mai tornar.
    </p><p class="article-text">
        La porta sense retorn fa esgarrifar. Els guies expliquen avui en dia les fuetades i el proc&egrave;s d&rsquo;engreixament dels esclaus, que havien d&rsquo;arribar al pes idoni per ser venuts. Els esclaus passaven entre tres i quatre mesos a Gor&eacute;e abans del &ldquo;passatge intermedi&rdquo;, el viatge en vaixell a l&rsquo;Am&egrave;rica. Una cinquena part dels infortunats sucumbia abans d'arribar a port per les condicions insalubres del transport.
    </p><p class="article-text">
        No hi ha registre de quants esclaus van partir de l'illot de Gor&eacute;e cap al Nou M&oacute;n, encara que es calcula que van ser uns 60.000. La fortificaci&oacute; de Gor&eacute;e va ser constru&iuml;da el 1776 pels holandesos i va passar a mans franceses el 1817 fins a la independ&egrave;ncia del Senegal en 1960.
    </p><p class="article-text">
        Com que els experts calculen que fins a un total de 28 milions de persones van ser traficades des d'&Agrave;frica, el volum de tr&agrave;nsit de esclaus de Gor&eacute;e va ser inferior al d'altres centres similars de Ghana, Costa d'Ivori, Ben&iacute;n o Guinea, per&ograve; la seva reconversi&oacute; en museu i la conservaci&oacute; de l'espai tal com era en aquella etapa abjecta l'han convertit en un recordatori palmari de la brutalitat de l'esclavitud. I en un dels al&middot;licients de qualsevol visita a Senegal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> ofereix vols setmanals des de Barcelona a Dakar a partir del mes d'abril.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/goree-lilla-dels-esclaus_132_4304175.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2015 08:22:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="244217" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="244217" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gorée, l’illa dels esclaus]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Senegal]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gorée, la isla de los esclavos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/goree-isla-esclavos_132_4302772.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Gorée, la isla de los esclavos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Patrimonio de la Humanidad desde 1977, la isla ha convertido en museo la 'Maison des Esclaves', el lugar de donde salieron buena parte de los esclavos senegaleses hacia América</p><p class="subtitle">Situada a un paseo en chalupa desde Dakar, Gorée es uno de los pocos lugares de África donde se respira tranquilo</p></div><p class="article-text">
        Gor&eacute;e, una peque&ntilde;a isla a la que se llega en una corta traves&iacute;a en chalupa desde Dakar, sigue siento uno de los escenarios m&aacute;s accesibles para empaparse de una de las memorias m&aacute;s tr&aacute;gicas de la humanidad, la de la esclavitud. Y pese a que la visita a una de las puntas m&aacute;s occidentales de &Aacute;frica debiera parecer triste por su pasado de abusos, el estallido de vida de la bienvenida y la apacibilidad la convierten en una experiencia de plenitud. Al menos eso se piensa mientras los ni&ntilde;os se divierten en algarab&iacute;a al llegar al embarcadero de la isla de Gor&eacute;e, chapoteando despreocupados.
    </p><p class="article-text">
        Gor&eacute;e es una experiencia &uacute;nica en Senegal. La ausencia de coches y, por lo tanto, de buena parte de los ruidos de Dakar, parece alejarla de &Aacute;frica s&uacute;bitamente. Las mujeres caminan elegantes vestidas con su gran &ldquo;bub&uacute;&rdquo;, el vestido tradicional, y el turbante, como si cada d&iacute;a fuera digno de la mejor presencia. Las buganvillas se desparraman por los muros de las mansiones coloniales. Los tejados rojizos y los balcones de hierro de las casas recuerdan un pasado m&aacute;s espl&eacute;ndido. El presente es m&aacute;s coqueto que decadente. Y los artistas que desde hace d&eacute;cadas han convertido Gor&eacute;e en un refugio bohemio exhiben sus telas de vivos colores, una expresi&oacute;n de la negritud. Y se respira silencio, algo impagable en &Aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        Apenas a tres kil&oacute;metros de Dakar, Gor&eacute;e se ubica a la entrada de la rada de la capital senegalesa. Su situaci&oacute;n era privilegiada y ya los portugueses, los primeros en aventurarse por estas tierras en 1444, lo convirtieron en un basti&oacute;n en &Aacute;frica. Una colina en un extremo rompe su perfil llano y la hace m&aacute;s visible conforme el ferry de pasajeros se acerca.
    </p><p class="article-text">
        De punta a punta hay apenas mil metros y la isla puede cruzarse en veinte minutos, pero lo interesante de Gor&eacute;e es entretenerse por las callejuelas, dejar pasar el tiempo sin importar a que hora sale el siguiente ferry.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea209908-5657-4eab-8568-dfa6f481daad_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Todos los caminos de Gor&eacute;e llevan a una casa de doble escalera curvada, la Maison des Esclaves, la casa de los Esclavos, uno de los grandes centros de confinamiento de la costa occidental africana. La principal atracci&oacute;n tur&iacute;stica de la isla, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1977, tiene una doble planta. Las escaleras conducen a la planta superior, la se&ntilde;orial, la de los esclavistas, que dorm&iacute;an sobre las celdas donde hacinaban a los esclavos, obligados a arrastrarse con grilletes y bolas de hierro de lastre. Al final de un corredor hay un hueco. Parece un marco que deja ver el oc&eacute;ano pero era la llamada puerta sin retorno. Los esclavos la franqueaban para subir al barco y ya nunca volver.
    </p><p class="article-text">
        La puerta sin retorno estremece y provoca alguna l&aacute;grima. Hoy en d&iacute;a hay gu&iacute;as que explican los latigazos y el pesaje, el engorde los ilotas hasta que alcanzaban el peso adecuado para ser vendidos. Los esclavos pasaban entre tres y cuatro meses en Gor&eacute;e antes del pasaje intermedio, el viaje en barco a Am&eacute;rica y una quinta parte sucumb&iacute;a antes de llegar a puerto por las condiciones insalubres del transporte.
    </p><p class="article-text">
        No hay registro de cu&aacute;ntos esclavos partieron del islote de Gor&eacute;e hacia el Nuevo Mundo, aunque se calcula que fueron unos 60.000. La fortificaci&oacute;n de Gor&eacute;e fue construida en 1776 por los holandeses y pas&oacute; a manos francesas en 1817 hasta la independencia de Senegal en 1960.
    </p><p class="article-text">
        Puesto que los expertos calculan que hasta un total de 28 millones de personas fueron traficadas desde &Aacute;frica, el volumen de tr&aacute;fico de esclavos de Gor&eacute;e fue inferior al de otros centros similares de Ghana, Costa de Marfil, Ben&iacute;n o Guinea, pero su reconversi&oacute;n en museo y la conservaci&oacute;n del espacio tal y como era en aquella etapa abyecta lo han convertido en un recordatorio palmario de la brutalidad de la esclavitud. Y en uno de los alicientes de cualquier visita a Senegal.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a304d4d8-c2a8-4325-aa77-5b81b11d83ff_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        <strong>Vueling</strong> ofrece vuelos semanales desde Barcelona a Dakar a partir del mes de abril.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/goree-isla-esclavos_132_4302772.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 28 Mar 2015 08:16:04 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="244217" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="244217" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Gorée, la isla de los esclavos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/0ecb046b-526e-4c96-8e85-5a949dcf7f0d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Senegal,Viajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ruta de la liberación de París]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ruta-liberacion-paris_132_4806352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ruta de la liberación de París"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un paseo por el Sena rememorando la ruta que los republicanos españoles recorrieron hasta el Ayuntamiento capitalino para forzar la capitulación de las autoridades nazis cuando se van a cumplir 70 años</p></div><p class="article-text">
        Par&iacute;s, ciudad de paseos, enamora al caminante a cada verano. Y para  andar, nada mejor que las riberas del Sena. El recorrido cl&aacute;sico, por la  monumentalidad del margen derecho y la solemnidad del Louvre, suele ser  suficiente para absorber la atm&oacute;sfera de la capital francesa, pero una  buena alternativa es hacer el tramo del boulevard Henri IV hasta el  Ayuntamiento, el lugar de trabajo de la primera mujer alcaldesa de la  ciudad, Anne Hidalgo, de origen espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente  Hidalgo, en su &eacute;poca de teniente de alcalde y coincidiendo con el primer  mandato de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero en el gobierno espa&ntilde;ol, impuls&oacute; ese paseo, que es  la parte final de la llamada Ruta de La Nueve, la ruta de la liberaci&oacute;n,  el recorrido de la columna que firm&oacute; la derrota de los nazis en Par&iacute;s,  una avanzadilla formada casi exclusivamente por republicanos espa&ntilde;oles  empujados al exilio. 
    </p><p class="article-text">
        Una placa en el boulevard Henri IV  rememora la participaci&oacute;n de los espa&ntilde;oles en la liberaci&oacute;n de Par&iacute;s, un  hecho que fue olvidado durante d&eacute;cadas. En Espa&ntilde;a, por motivos obvios  en pleno franquismo. En Francia por el prurito de no menguar la  &ldquo;grandeur&rdquo; y reconocer que los que se enfrentaron a la &uacute;ltima  resistencia del r&eacute;gimen hitleriano fueron aquellos espa&ntilde;oles a los que  Charles De Gaulle prometi&oacute; una ayuda que nunca se concret&oacute; para luchar contra el  franquismo una vez acabada la Segunda guerra mundial. 
    </p><p class="article-text">
        Para  los m&aacute;s puristas, la verdadera ruta de La Nueve empieza en la Porte  d&rsquo;Italie, en la margen izquierda del Sena, m&aacute;s al este del Barrio Latino  que ganar&iacute;a popularidad con la bohemia y las revueltas estudiantiles de  los sesenta. Luego atraviesa el distrito 13, que no es uno de los m&aacute;s  tur&iacute;sticos de Par&iacute;s, aunque est&aacute; lleno de instituciones culturales en  los Jardins des Plantes conforme uno se acerca al r&iacute;o. 
    </p><p class="article-text">
        Los  brigadistas espa&ntilde;oles atravesaron el Sena por el puente de Austerlitz,  donde otra placa evoca la liberaci&oacute;n, que se revive cada 24 de agosto.  Del puente, el m&aacute;s ancho de todos los que se han levantado en la capital  francesa, se llega casi directamente al boulevard de la Bastille, en  paralelo al canal de Saint-Martin, que puede ser uno de los desv&iacute;os de  esta ruta m&aacute;s recomendables, un paseo por el coraz&oacute;n del republicanismo  franc&eacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La plaza de la Republique y los alrededores, como el  boulevard Richard Lenoir, permiten ver un Par&iacute;s mundano y alternativo,  un barrio din&aacute;mico con una buena oferta de vino, gastronom&iacute;a y arte, los  tres placeres capitalinos fundamentales. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez disfrutado el desv&iacute;o,  se puede volver al Sena pasando por la plaza des Vosges, una de las m&aacute;s  melanc&oacute;licas de Par&iacute;s, y la casa de Victor Hugo, el escritor rom&aacute;ntico  que m&aacute;s enalteci&oacute; el republicanismo y la causa de los desfavorecidos. 
    </p><p class="article-text">
        A  orillas del Sena otra vez, el Quai de l&rsquo;H&ocirc;tel de Ville conduce  directamente, con unas vistas espl&eacute;ndidas a l&rsquo;&icirc;le de la Cit&eacute; y a la  catedral de Notre Dame, al Ayuntamiento, donde entr&oacute; el republicano  Amadeo Gran&eacute; para exigir la rendici&oacute;n de las autoridades nazis ese  agosto de 1944, del que se van a cumplir 70 a&ntilde;os, y la expl&iacute;cita  Esplanada de la Liberaci&oacute;n, ya en pleno coraz&oacute;n del Par&iacute;s m&aacute;s cl&aacute;sico y  majestuoso. 
    </p><p class="article-text">
        Hay una descripci&oacute;n detallada de la ruta de  La Nueve, la compa&ntilde;&iacute;a que luego sigui&oacute; su aventura militar hasta  Alemania, llegando a liberar el Nido del C&oacute;ndor de Hitler, en la web del  Instituto Cervantes (http://paris.rutascervantes.es/ruta/lanueve),  fruto de la reivindicaci&oacute;n que oficializ&oacute; Anne Hidalgo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ruta-liberacion-paris_132_4806352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jun 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="350761" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="350761" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ruta de la liberación de París]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Viajes,Paris]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ruta de l'alliberament de París]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ruta-lalliberament-paris_132_4806329.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ruta de l&#039;alliberament de París"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un passeig pel Sena rememorant la ruta que els republicans espanyols van recórrer fins l'Ajuntament de la capital per forçar la capitulació de les autoritats nazis ara tot just fa 70 anys</p></div><p class="article-text">
        Par&iacute;s, ciutat de passejades, enamora cada estiu. I per caminar, res millor que els marges del Sena. El recorregut cl&agrave;ssic, per la monumentalitat de la riba dreta i la solemnitat del Louvre, &eacute;s normalment suficient per absorbir l'ambient de la capital francesa, per&ograve; una bona alternativa &eacute;s fer el tram pel boulevard Henri IV a l'Ajuntament, l&rsquo;actual lloc de treball de la primera dona alcaldessa de la ciutat, Anne Hidalgo, d'origen espanyol.
    </p><p class="article-text">
        Precisament Hidalgo, quan era tinent d'alcalde i coincidint amb el primer mandat de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero en el govern espanyol, va impulsar aquest passeig, que &eacute;s la part final de la traject&ograve;ria de 'La Nueve', el cam&iacute; d'alliberament, la ruta que va seguir la columna que va signar la derrota dels nazis a Par&iacute;s, una companyia militar d&rsquo;avan&ccedil;ada que estava formada gaireb&eacute; exclusivament per republicans espanyols de l'exili.
    </p><p class="article-text">
        Una placa al boulevard Henri IV recorda la participaci&oacute; dels espanyols en l'alliberament de Par&iacute;s, un fet que va ser oblidat durant d&egrave;cades. A Espanya, per raons &ograve;bvies sota el r&egrave;gim de Franco. A Fran&ccedil;a per la recan&ccedil;a de menystenir la &ldquo;grandeur&rdquo; i recon&eacute;ixer que els que es van enfrontar a la &uacute;ltima resist&egrave;ncia del r&egrave;gim de Hitler van ser aquells els espanyols que van rebre de Charles De Gaulle una promesa de suport per lluitar conra el r&egrave;gim franquista que mai va es va concretar un cop acabada la Segona Guerra Mundial.
    </p><p class="article-text">
        Per als m&eacute;s puristes, el veritable comen&ccedil;ament del cam&iacute; es troba a la Porte d'Italie, a la riba esquerra del Sena, m&eacute;s a l'est del barri llat&iacute; que va guanyar popularitat amb la boh&egrave;mia i les protestes estudiantils dels anys seixanta. 
    </p><p class="article-text">
        Despr&eacute;s es passa pel mig del Districte 13, que no &eacute;s dels m&eacute;s tur&iacute;stics de Par&iacute;s, tot i que acull moltes institucions culturals als voltants dels Jardins des Plantes, quan el caminant s'acosta al riu.
    </p><p class="article-text">
        Les brigades espanyoles van travessar el Sena pel pont d'Austerlitz, a on una altra placa evoca l'alliberament, que es recorda cada 24 d'agost. El pont, el m&eacute;s ample de tots els que s&rsquo;han construit a la capital francesa, condueix gaireb&eacute; directament al bulevard de la Bastille, en paral&middot;lel al canal de Saint-Martin. Aquest &eacute;s un dels desviaments m&eacute;s recomanables d&rsquo;aquesta ruta, un passeig pel cor del republicanisme franc&egrave;s.
    </p><p class="article-text">
        La pla&ccedil;a de la Republique i els seus voltants, com el bulevard Richard Lenoir, deixa entreveure un Par&iacute;s mund&agrave; i alternatiu, un barri din&agrave;mic amb una bona oferta de vi, gastronomia i art, els plaers fonamentals de la capital. Un cop assaborit el desviament, es pot tornar al Sena passant abans per la pla&ccedil;a dels Vosges, una de les m&eacute;s malenc&ograve;niques de Par&iacute;s, i la casa de Victor Hugo, un dels escriptors rom&agrave;nitcs francesos que m&eacute;s va enarbolar la bandera del republicanisme i dels m&eacute;s desfavorits.
    </p><p class="article-text">
        Una altra vegada a la riba del Sena, el Quai de l'Hotel de Ville porta, amb unes vistes espl&egrave;ndides a l' &icirc;le de la Cit&eacute; i la catedral de Notre Dame, a l'Ajuntament, on va entrar el republic&agrave; Amadeo Gran&eacute; per exigir la rendici&oacute; de les autoritats nazis aquell agost de 1944, ara far&agrave; 70 anys, i a l'esplanada de l'Alliberament, de nom expl&iacute;cit, ja al cor del Par&iacute;s cl&agrave;ssic i majestu&oacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Trobem una descripci&oacute; detallada de la ruta de 'La Nueve', la companyia que despr&eacute;s va seguir amb la seva aventura militar fins Alemanya, essent els que van alliberar el Niu del C&ograve;ndor d'Hitler, <a href="http://paris.rutascervantes.es/ruta/lanueve" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">a la web de l'Instituto Cervantes</a>, gr&agrave;cies als esfor&ccedil;os d&rsquo;Anne Hidalgo per recuperar la mem&ograve;ria republicana espanyola a Par&iacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/ruta-lalliberament-paris_132_4806329.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Jun 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="350761" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="350761" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ruta de l'alliberament de París]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c41f8de8-3d91-492d-b6ba-1c8c571f8bf4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Paris]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tánger, la puerta de entrada a Marruecos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tanger-puerta-entrada-marruecos_132_4890620.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tánger, la puerta de entrada a Marruecos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abierta a las tendencias del nuevo siglo, atrapada en los corsés del régimen a la vez, la ciudad se ofrece como discreto escaparate del país africano sin esconder las contradicciones de una sociedad a camino entre dos mundos</p></div><p class="article-text">
        Desde lo alto de la Kasbah, donde se encuentra antiguo palacio del sult&aacute;n reconvertido en museo de historia, los hombres gustan de sentarse en bancos de piedra agrietados para admirar el Mediterr&aacute;neo, para otear el continente que queda justo delante, Europa, apenas 20 kil&oacute;metros al frente, un difuminado de tierra oscura sobre el horizonte azul plateado. T&aacute;nger, tradicionalmente uno de los &uacute;ltimos faros antes de adentrarse en el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, sigue siendo hoy la mejor puerta de entrada para entender Marruecos y comenzar a comprender &Aacute;frica.
    </p><p class="article-text">
        En estos tiempos de ignominia en las vallas que desangran el sue&ntilde;o de inmigrantes sin visado ni suerte, las distancias entre Europa y &Aacute;frica se reducir&iacute;an, al menos mentalmente, con una visita a T&aacute;nger, abierta y cosmopolita, joven y din&aacute;mica, y a la vez, atrapada en el conservadurismo y la asfixia de un r&eacute;gimen encerrado.  
    </p><p class="article-text">
        Desde&ntilde;ada a menudo como ciudad poco tur&iacute;stica, v&iacute;ctima de su fama ahora ya injustificada de insegura y agobiante, T&aacute;nger exhibe sin disimulo el legado cultural y las contradicciones de la sociedad marroqu&iacute; contempor&aacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        T&aacute;nger es un balc&oacute;n al mar constante. Desde la playa principal, que se llena de mujeres veladas y ni&ntilde;os que corretean por la arena, hasta la Medina, el conjunto arquitect&oacute;nico de los restos de la ciudad amurallada, pasando por barrios de chabolas como Beni Makada, donde se alimenta la ambici&oacute;n de una Europa opulenta, a menudo distorsionada gracias a las im&aacute;genes que se captan en las parab&oacute;licas, con frecuencia alentada por lenguajes universales como el f&uacute;tbol.
    </p><p class="article-text">
        Dentro de la Medina, el Zoco Peque&ntilde;o, territorio de terrazas libre de comerciantes, es la plaza insoslayable, de esas que se degusta pacientemente, con la mirada perdida y a sorbos de caf&eacute;. Carece del calor humano y la monumentalidad de Jemaa el Fna, el epicentro de Marrakech, pero lo que sucede en el Zoco peque&ntilde;o de T&aacute;nger parece aut&eacute;ntico, permite imaginarse que uno est&aacute; realizando una inmersi&oacute;n en el d&iacute;a a d&iacute;a cotidiano de una sociedad que busca maneras de expresarse pese a los cors&eacute;s que le imponen. Es un mundo misterioso, masculino, de olor a cigarro, a especias y a t&eacute;, sin prisa, arcaico y seductor.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco hay en el Zoco Peque&ntilde;o esp&iacute;as ni bohemios. Quien vaya a T&aacute;nger tras las huellas de los &ldquo;beatniks&rdquo; o la vida regalada de los tiempos del protectorado internacional descubrir&aacute; que no queda nada. De la morada inspiradora de Paul Bowles solamente dan testimonio fotograf&iacute;as en bares que se reconocen &uacute;nicamente porque las muestran y presumen.
    </p><p class="article-text">
        Entre muros encalados, escalinatas en calles empinadas, fuentes ajardinadas y el aroma del salitre y locales de pescado sabroso, T&aacute;nger est&aacute; recuperando el esplendor perdido sin caer en la artificialidad del reclamo tur&iacute;stico. En la Medina surgen casas t&iacute;picas, Dar, transformadas en posadas con encanto, que est&aacute;n haciendo olvidar la profunda decadencia que se vivi&oacute; tras la &eacute;poca de la Zona Libre internacional.
    </p><p class="article-text">
        Fue el actual monarca, Mohamed VI, quien se empe&ntilde;&oacute; en revitalizar la ciudad, invirtiendo en la recuperaci&oacute;n del puerto mar&iacute;timo y en una nueva terminal de mercanc&iacute;as, la mejora de la seguridad y la restauraci&oacute;n del centro hist&oacute;rico. 
    </p><p class="article-text">
        Mohamed VI se reserv&oacute;, eso s&iacute;, una mansi&oacute;n extraordinaria,  en las afueras de la ciudad, de camino a las colinas del Cabo Spartel, la punta atl&aacute;ntica africana, all&aacute; donde la leyenda sit&uacute;a la gruta de H&eacute;rcules, el forzudo condenado a trabajos pesarosos, como los marroqu&iacute;es que se esfuerzan d&iacute;a a d&iacute;a para volver a ubicar a T&aacute;nger en el mapa del turismo mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tanger-puerta-entrada-marruecos_132_4890620.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242819" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242819" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tánger, la puerta de entrada a Marruecos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tánger,Viajes]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tànger, la porta d'entrada del Marroc]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tanger-porta-dentrada-marroc_132_4890607.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Tànger, la porta d&#039;entrada del Marroc"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Oberta a les tendències del nou segle, atrapada en les cotilles del règim alhora, la ciuta s'ofereix com discret aparador del país africà sense amagar les contradiccions d'una societat a camí entre dos mons</p></div><p class="article-text">
        Des de dalt de la Kasbah, on es troba l&rsquo;antic palau del sult&agrave; reconvertit ara en museu d&rsquo;hist&ograve;ria, grupets d&rsquo;homes s&rsquo;asseuen en bancs de pedra esquerdats per admirar la Mediterr&agrave;nia, per fer una ullada al continent que queda tot just davant, Europa, menys de 20 quil&ograve;metres al front, un difuminat de terra fosca sobre l&rsquo;horitz&oacute; blau platejat. T&agrave;nger, tradicionalment un dels &uacute;ltims fars abans d'endinsar-se a l&rsquo;Oce&agrave; Atl&agrave;ntic, segueix sent avui la millor porta d&rsquo;entrada per entendre el Marroc i comen&ccedil;ar a comprendre l'&Agrave;frica.
    </p><p class="article-text">
        En aquests temps d&rsquo;ignom&iacute;nia a les tanques que dessagnen el somni d'immigrants sense visat ni sort, les dist&agrave;ncies entre Europa i &Agrave;frica es reduirien una mica, al menys mentalment, amb una visita a T&agrave;nger, oberta i cosmopolita, jove i din&agrave;mica, i a la vegada, capficada en el seu conservadurisme i agobiada per l&rsquo;asf&iacute;xia d&rsquo;un r&egrave;gim de mires tancades. 
    </p><p class="article-text">
        Sovint menyspreada com a ciutat de poca riqueza tur&iacute;stica, v&iacute;ctima de la fama ara ja injustificada d&rsquo;insegura i aclaparadora, T&agrave;nger exhibeix sense disfresses el llegat cultural i les contradiccions de la societat contempor&agrave;nia marroqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        T&agrave;nger &eacute;s un balc&oacute; al mar permanent. Ja sigui al passeig mar&iacute;tim, que est&agrave; ple de dones amb vel i nens que juguen sobra la sorra, ja sigui a l&rsquo;atalaia de la Medina, el conjunt arquitect&ograve;nic de les restes de la ciutat emmurallada, o fins i tot a barriades com Beni Makada, on s'alimenta l'ambici&oacute; d'una Europa opulenta, sovint distorsionada per imatges difoses a les parab&ograve;liques, sovint encoratjada per llenguatges universals com ara el futbol.
    </p><p class="article-text">
        Dins la Medina, el Petit Soc, territori de terrasses solanes lliure de comerciants, &eacute;s la pla&ccedil;a a la qual s&rsquo;ha de dedicar temps, d&rsquo;aquelles que s&rsquo;assaboreixen de manera pacient, amb mirades perdudes i glops de caf&eacute;. Li falta la calidesa i la monumentalitat de la pla&ccedil;a de Jemaa el Fna, l'epicentre de Marrakech, per&ograve; tot el que es veu i es viu al Petit Soc de T&agrave;nger sembla aut&egrave;ntic, permet capbusar-se  en les escenes quotidianes d'una societat que busca vies d&rsquo;expressi&oacute; tot i les cotilles que l&rsquo;imposen. &Eacute;s un m&oacute;n lent, misteri&oacute;s, mascul&iacute;, arcaic i seductor, ple d&rsquo;olors de cigar, d&rsquo;esp&egrave;cies i de t&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Tampoc s&rsquo;hi trobaran al Petit Soc espies o bohemis. Qui vagi a T&agrave;nger rera les petjades dels &ldquo;beatniks&rdquo; o la vida de plaer dels temps del protectorat internacional descobrir&agrave; que no en queda res. De la ciutat inspiradora de Paul Bowles nom&eacute;s es veuen fotografies com a testimonis muts d&rsquo;una &eacute;poca en uns bars que viuen de la nost&agrave;lgia.
    </p><p class="article-text">
        Entre parets blanques, escales de carrers costeruts, fonts dins de jardins, olor del mar i peixos saborosos que omplen les cartes dels restaurants, T&agrave;nger est&agrave; recuperant l'esplendor perdut sense caure en l'artificialitat que acostuma a acompanyar les grans atraccions tur&iacute;stiques. Els Dar, les cases t&iacute;piques de la Medina transformades  en cases d&rsquo;hostes amb encant, ajuden a oblidar els anys decadents que es van experimentar despr&eacute;s de l'era de la Zona Franca internacional.
    </p><p class="article-text">
        Va ser el rei actual, Mohamed VI, qui va insistir en la revitalitzaci&oacute; de la ciutat, invertint en la recuperaci&oacute; del port de mar i en una nova terminal de mercaderies, millorant la seguretat i restaurant el centre hist&ograve;ric. 
    </p><p class="article-text">
        Aix&ograve; s&iacute;, a canvi, Mohamed VI es va reservar una mansi&oacute; extraordin&agrave;ria situada als afores de la ciutat, al cam&iacute; cap els turons del Cap Spartel, la punta nord de l&rsquo;&Agrave;frica atl&agrave;ntica, all&agrave; on la llegenda situa la cova d'H&egrave;rcules, el for&ccedil;ut condemnat a traballs feixucs, com els marroquins que s&rsquo;esforcen dia a dia per tornar a posar T&agrave;nger al mapa del turisme mundial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/tanger-porta-dentrada-marroc_132_4890607.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 May 2014 04:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242819" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242819" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tànger, la porta d'entrada del Marroc]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b3e6cfc1-cf65-4979-a948-665223f494cd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tánger]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El llac Kivu i la tragèdia del Congo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/llac-kivu-tragedia-congo_132_5158846.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El llac Kivu i la tragèdia del Congo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ruanda, que ara creix econòmicament i gaudeix de pau, seguretat i estabilitat, també és culpable, en part, dels mals del Congo.</p></div><p class="article-text">
        El llac Kivu aclapara per la seva bellesa. Els distintius turons de Ruanda cauen fins les seves aig&uuml;es assossegades. Vora el llac tamb&eacute; hi ha m&eacute;s d&rsquo;una platja de sorra blanquinosa i, de manera inesperada, mansions amb jardins tractats amb molta cura, garatges privats i reixes amb potents sistemes d'alarma. Aquesta imatge digna de la Su&iuml;ssa m&eacute;s benestant es troba &uacute;nicament a Gisenyi, la ciutat ruandesa que &eacute;s el pas principal cap a la Rep&uacute;blica democr&agrave;ctica del Congo. I, en realitat, aquest barri acomodat t&eacute; molt a veure amb les circumst&agrave;ncies dispars de Rwanda i del Congo, ja que moltes d'aquestes cases pertanyen, com es dedueix veient les matr&iacute;cules dels cotxes ostentosos aparcats al seu interior, a congolesos que viuen a l'altre costat de la frontera per la protecci&oacute; i la seguretat que troben a Ruanda.
    </p><p class="article-text">
        A Gisenyi hi ha dos duanes amb el Congo. La &ldquo;frontera gran&rdquo; -aix&iacute; l'anomenen- &eacute;s l'&uacute;nica per la qual poden circular els vehicles i per accedir-hi cal travessar aquest barri lux&oacute;s amb vistes al llac Kivu. Hi ha poc tr&agrave;nsit a la frontera gran, tot i que de vegades fan cua, aparcats i carregats de paci&egrave;ncia, desenes de camions de mercaderies, cotxes de luxe i tot terrenys de orgnizaciones humanit&agrave;ries. A difer&egrave;ncia de la barrera m&eacute;s refinada, la &ldquo;frontera petita&rdquo;, a un parell de quil&ograve;metres de la &ldquo;gran&rdquo;, &eacute;s el lloc de tr&agrave;nsit de les persones. I, malgrat que ja se situa en un barri que no t&eacute; res de opulent, la duana recorda el contrast entre els dos pa&iuml;sos: asfalt, ordre i dilig&egrave;ncia en el costat ruand&egrave;s; fang, caos i retards en el congol&egrave;s.
    </p><p class="article-text">
        A l'altre costat de la frontera, a la mateixa vora del Kivu per&ograve; ja en territori del Congo, la ciutat de Goma s'al&ccedil;a com a testimoni del patiment de l'&Agrave;frica m&eacute;s inestable i frustrada. Goma est&agrave; a&iuml;llada per carretera de la capital del seu propi pa&iacute;s, Kinshasa, i la comunicaci&oacute; fluvial, per les vies del cor de les tenebres de Joseph Conrad, resulta lenta i poc fiable. Per&ograve; les desgr&agrave;cies de Goma no es limiten nom&eacute;s a que pertany a un estat fallit amb un govern central lluny&agrave; i poc operatiu. La seva situaci&oacute; com a ciutat de refer&egrave;ncia de la regi&oacute; Kivu Nord, plena de riqueses minerals com el coltan, imprescindibles per a la fabricaci&oacute; de m&ograve;bils i ordinadors, l'han convertit en escenari recurrent de la bel&middot;licositat que dessagna cont&iacute;nuament al Congo.
    </p><p class="article-text">
        L'&uacute;ltima guerrilla, o la pen&uacute;ltima, com prediuen els locals perqu&egrave; pocs es creuen que arribi la pau definitiva, va estar activa fins a l'octubre passat, quan els rebels del M23 van ser derrotats per l'ex&egrave;rcit congol&egrave;s. El M23 es refugiava a les muntanyes dels Virunga i per aquest motiu, un cop m&eacute;s, el turisme havia deixat d'anar a veure els goril&middot;les del vessant congol&egrave;s, privant al pa&iacute;s d'una font d'ingressos que s&iacute; que aporta suculents d&ograve;lars a Ruanda.
    </p><p class="article-text">
        Ruanda, que ara creix econ&ograve;micament i gaudeix de pau, seguretat i estabilitat, tamb&eacute; &eacute;s culpable, en part, dels mals del Congo. De vegades de forma improvisada, com quan l'allau de refugiats hutus ruandesos van fugir a Goma despr&eacute;s del genocidi, creant un greu problema log&iacute;stic i humanitari. De vegades de forma premeditada, com quan l'actual govern ruand&egrave;s d&oacute;na suport actiu als grups guerrillers. Aix&iacute; va succeir amb el M23, que va tenir for&ccedil;a fins que Ruanda va decidir abandonar-lo. El president Kagame sempre negava la intervenci&oacute; a la guerrilla, per&ograve; els Estats Units, cansats d'aquest joc, van retirar part de l'ajuda econ&ograve;mica a Ruanda per pressionar Kagame. La naturalesa tamb&eacute; contribueix a la maledicci&oacute; de Goma, i el 2002, quan no hi havia refugiats i guerrilles, mitja ciutat va quedar enterrada en lava i cendra despr&eacute;s de la tremenda erupci&oacute; del Nyiragongo, el volc&agrave; que encara embruta de vermell les nits del llac Kivu amb la resplendor del llac de lava que acull dins el seu cr&agrave;ter.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curi&oacute;s com un pa&iacute;s petit&oacute; i amb un passat recent tempestu&oacute;s com Ruanda t&eacute; capacitat per influir, negativament, en el dest&iacute; de la Rep&uacute;blica Democr&agrave;tica del Congo, el segon pa&iacute;s m&eacute;s gran de l&rsquo;&Agrave;frica, que s&rsquo;ext&eacute;n des de la zona dels grans llacs fins a l'oce&agrave; Atl&agrave;ntic. I tamb&eacute; veure com les calamitats van afectant al Congo sense que aix&ograve; desperti l'inter&egrave;s mundial. &Eacute;s clar que hi ha altres crisis a &Agrave;frica encara m&eacute;s oblidades, com la de la Rep&uacute;blica Centreafricana, que viu en una inestabilitat b&egrave;l&middot;lica permanent.
    </p><p class="article-text">
        La manca d'un visat impedeix que pugui passar la &ldquo;petita frontera&rdquo; i endinsar-me a Goma, ja recuperada de les seq&uuml;eles de l&rsquo;explosi&oacute; volc&agrave;nica gr&agrave;cies a l&rsquo;esfor&ccedil; dels l&iacute;ders locals. Per tant, giro enrera i enfilo la rampa cap a la tranquil&middot;litat de Rwanda, al balneari del llac Kivu, aquesta Gisenyi que segueix a l'espera de convertir-se en un dels grans reclams tur&iacute;stics d'&Agrave;frica. Per aix&ograve; encara necessita la pau al Congo, ja que la inestabilitat mant&eacute; la mala reputaci&oacute; de la regi&oacute;. De moment estan proliferant els hotels amb petits xalets al tur&oacute; de Rubavu, als afores de Gisenyi, amb vistes al llac, al Congo, i al bell i sim&egrave;tric volc&agrave; Nyiragongo. Cau la nit i, des d'aquesta talaia, veig un avi&oacute; que acaba d'enlairar-se de Goma, amb destinaci&oacute; a les profunditats del Congo, d'aquesta &Agrave;frica que no acaba de ren&eacute;ixer com ja ho ha fet Ruanda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/llac-kivu-tragedia-congo_132_5158846.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Nov 2013 07:03:47 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="378601" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="378601" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El llac Kivu i la tragèdia del Congo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lago Kivu y la tragedia del Congo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/lago-kivu-tragedia-congo_132_5158851.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El lago Kivu y la tragedia del Congo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ruanda, que ahora crece económicamente y goza de paz, seguridad y  estabilidad, también es culpable, en parte, de los males del Congo. A  veces de forma improvisada, como cuando la avalancha de refugiados hutus  ruandeses huyó a Goma tras el genocidio, creando un grave problema  logístico y humanitario. A veces de forma premeditada, como cuando el  actual gobierno ruandés brinda apoyo activo a los grupos  guerrilleros.</p></div><p class="article-text">
        El lago Kivu abruma por su belleza. Sus calmas aguas est&aacute;n orilladas por las sempiternas colinas ruandesas, por alguna que otra playa de arena blanquecina y, lo m&aacute;s inesperado, por mansiones con jardines cuidados, garajes privados y verjas con potentes sistemas de alarmas. Esa estampa digna de la Suiza m&aacute;s pudiente se encuentra &uacute;nicamente en Gisenyi, la ciudad ruandesa que es el paso principal hacia la Rep&uacute;blica Democr&aacute;ctica del Congo. Y, en realidad, ese barrio acomodado tiene mucho que ver con las circunstancias dispares de Ruanda y del Congo pues muchas de esas villas pertenecen, como delatan las matr&iacute;culas de los cochazos aparcados en su interior, a congoleses que viven al otro lado de la frontera en busca de la apacibilidad y la seguridad ruandesa.
    </p><p class="article-text">
        En Gisenyi hay dos aduanas con el Congo. La &ldquo;frontera grande&rdquo;, la llaman as&iacute;, es la &uacute;nica por la que pueden circular los veh&iacute;culos y para acceder a la misma hay que atravesar ese barrio adinerado con vistas al lago Kivu. Hay poco bullicio en la frontera grande, aunque a veces hacen cola, estacionados y con paciencia, decenas de camiones de mercanc&iacute;as, coches de lujo y todoterrenos de orgnizaciones humanitarias. En contraste con la barrera de guante blanco, la &ldquo;frontera peque&ntilde;a&rdquo;, a un par de kil&oacute;metros de la &ldquo;grande&rdquo;, es el lugar de tr&aacute;nsito de las personas. Y, pese a que ya se sit&uacute;a en un barrio que no tiene nada de opulento, la barrera evoca el contraste entre los dos pa&iacute;ses: asfalto, orden y diligencia en el lado ruand&eacute;s; barro, caos y demoras en el congol&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado de la frontera, en la misma orilla del Kivu pero ya en territorio del Congo, la ciudad de Goma se yergue como testimonio sufrido del &Aacute;frica m&aacute;s inestable y frustrada. Goma est&aacute; aislada por carretera de la capital de su propio pa&iacute;s, Kinshasa, y la comunicaci&oacute;n fluvial, por los cauces del coraz&oacute;n de las tinieblas de Joseph Conrad, resulta lenta y poco fiable. Pero las desgracias de Goma no se limitan solamente a que pertenece a un estado fallido con un gobierno central lejano y poco operativo. Su situaci&oacute;n como ciudad de referencia de la regi&oacute;n Kivu Norte, repleta de riquezas minerales como el colt&aacute;n, imprescindibles para la fabricaci&oacute;n de m&oacute;viles y ordenadores, la han convertido en escenario recurrente de la belicosidad que desangra continuamente al Congo.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;ltima guerrilla, o la pen&uacute;ltima, como dicen los lugare&ntilde;os, porque pocos se creen que llegue la paz definitiva, estuvo activa hasta el octubre pasado, cuando los rebeldes del M23 fueron derrotados por el ej&eacute;rcito congol&eacute;s. El M23 se refugiaba en las monta&ntilde;as de los Virunga y de ah&iacute; que, una vez m&aacute;s, el turismo hab&iacute;a dejado de ir a ver a los gorilas de la vertiente, privando al pa&iacute;s de una fuente de ingresos que s&iacute; que aporta suculentos d&oacute;lares a Ruanda.
    </p><p class="article-text">
        Ruanda, que ahora crece econ&oacute;micamente y goza de paz, seguridad y estabilidad, tambi&eacute;n es culpable, en parte, de los males del Congo. A veces de forma improvisada, como cuando la avalancha de refugiados hutus ruandeses huy&oacute; a Goma tras el genocidio, creando un grave problema log&iacute;stico y humanitario. A veces de forma premeditada, como cuando el actual gobierno ruand&eacute;s brinda apoyo activo a los grupos  guerrilleros. As&iacute; sucedi&oacute; con el M23, que tuvo fuerza hasta que Ruanda decidi&oacute; abandonarlo. El presidente Kagame siempre negaba la intervenci&oacute;n de Ruanda en la guerrilla, pero Estados Unidos, cansado de ese juego, retir&oacute; parte de la ayuda econ&oacute;mica a Ruanda para presionar a Kagame. Y la presi&oacute;n dio sus frutos. La naturaleza tambi&eacute;n contribuye a la maldici&oacute;n de Goma, y en 2002, cuando no hab&iacute;a refugiados y guerrillas, media ciudad qued&oacute; enterrada en lava y ceniza tras la tremenda erupci&oacute;n del Nyiragongo, el volc&aacute;n que todav&iacute;a enrojece las noches del lago Kivu con el resplandor del lago de lava que cobija en su cr&aacute;ter.
    </p><p class="article-text">
        Resulta curioso como un pa&iacute;s chiquito con un pasado reciente tormentoso como Ruanda tiene capacidad para influir, negativamente, en los destinos de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, el segundo pa&iacute;s m&aacute;s extenso de &Aacute;frica, que ocupa desde la zona de los grandes lagos hasta el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico. Y c&oacute;mo las calamidades van afectando al Congo sin que eso despierte demasiado el inter&eacute;s mundial. Claro que hay otras crisis en &Aacute;frica a&uacute;n m&aacute;s olvidadas, como la de la Rep&uacute;blica Centroafricana, que vive en una intestabilidad b&eacute;lica permanente.
    </p><p class="article-text">
        La falta de un visado impide que pueda pasar la peque&ntilde;a frontera y adentrarme a Goma, cuyas autoridades locales han logrado recuperarla de las secuelas de la explosi&oacute;n volc&aacute;nica. Doy vuelta a tras y subo la rampa hacia la tranquilidad de Ruanda, al balneario del lago Kivu, esa Gisenyi que sigue a la espera de convertirse en uno de los grandes reclamos turisticos de &Aacute;frica. Para ello necesita la paz en el Congo, cuya inestabiliad aporta mala reputaci&oacute;n a la regi&oacute;n. De momento est&aacute;n proliferando bungalows en la colina de Rubavu, en las afueras de Gisenyi, con vistas al lago, al Congo, y al bello y sim&eacute;trico volc&aacute;n Nyiragongo. Cae la noche y, desde esa atalaya, veo un avi&oacute;n que acaba de despegar de Goma, con destino a las profundidades del Congo, de esa &Aacute;frica que no acaba de renacer como ya lo ha hecho Ruanda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/lago-kivu-tragedia-congo_132_5158851.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 18 Nov 2013 06:48:10 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="378601" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="378601" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El lago Kivu y la tragedia del Congo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/960e737f-bc77-4180-98ad-cc6dbc964551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El llac Kivu i la divisòria de l'Àfrica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/llac-kivu-divisoria-lafrica_132_5166885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El llac Kivu i la divisòria de l&#039;Àfrica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A Ruanda els paisatges es succeeixen ràpidament, canvien de turó en  turó. Serpentejant per la vall, aviat els volcans es van quedant enrere.  Perdem altura i la calor comença a apretar.</p></div><p class="article-text">
        Al final, en l'&uacute;ltim moment, el cel es va obrir i vaig poder veure els volcans de Ruanda al complet, les seves siluetes i els seus cims, inclosa la del Bisoke, que &eacute;s com un con perfecte truncat al capdamunt per fer encaixar al llac que amaga al seu interior. Despr&eacute;s de quatre dies a Musanze, la ciutat m&eacute;s propera al parc nacional que protegeix els goril&middot;les de muntanya, va ser mentre vagarejava cam&iacute; a l'estaci&oacute; d'autob&uacute;s ja per anar-me&rsquo;n de la ciutat quan vaig poder albirar n&iacute;tidament els cinc colossos.
    </p><p class="article-text">
        A Musanze, que abans es deia Ruhengeri i que, com moltes ciutats i prov&iacute;ncies, ha estat rebatejada per la voluntat del president Kagame de refundar el pa&iacute;s a tots els nivells, tamb&eacute; serveix el principi de netedat que es nota nom&eacute;s arribar a la capital Kigali. Musanze est&agrave; neta i aix&ograve; encara t&eacute; m&eacute;s m&egrave;rit perqu&egrave;, la majoria de carrers, excepte un parell o tres de principals, estan sense asfaltar.
    </p><p class="article-text">
        A Musanze he recordat que a l&rsquo;&Agrave;frica tot &eacute;s arranjable. Se m&rsquo;ha caigut una vareta de les ulleres graduades i la soluci&oacute; m&eacute;s adequada seria la de buscar una &ograve;ptica a Musanze, per&ograve; no n&rsquo;he sabut trobar-ne, aix&iacute; que, despr&eacute;s de preguntar, em van portar a un botiga en la qual feien reparacions d&rsquo;equips de m&uacute;sica, televisors, v&iacute;deos... pura ferralla antiquada que, per algun miracle de l&rsquo;encarregat de la botiga, segueixen funcionant. S&oacute;n televisors de marca Telefunken, per entendre'ns, d'aquells que a Europa van deixar de vendre&rsquo;s fa trenta anys. Amb les meves ulleres ni deu minuts va trigar el dependent en perpetrar un arranjament feble per&ograve; suficient. Els dos primers minuts els va invertir en estudiar el mecanisme de subjecci&oacute;. Despr&eacute;s va prendre una gillette, va llimar una pe&ccedil;a, va tallar una altra i ho va ensamblar amb un tornav&iacute;s petit&oacute;. Genial! Visca l&rsquo;&Agrave;frica!
    </p><p class="article-text">
        L'estaci&oacute; d'autobusos interurbans &eacute;s d'all&ograve; m&eacute;s ca&ograve;tic que he vist a Ruanda, per&ograve; comparat amb d&rsquo;altres terminals de l&rsquo;&Agrave;frica o de l'&Agrave;sia, &eacute;s molt asesquible. I eficient. I ning&uacute; et mareja perqu&egrave; li acabis comprant snacks o provisions per al viatge. A m&eacute;s, el meu dest&iacute;, el llac Kivu, un lloc paradis&iacute;ac que si no estigu&eacute;s enmig d'una de les regions m&eacute;s conflictives de l'&Agrave;frica seria una meca tur&iacute;stica, queda a menys de dues hores. El bus, que no va ple -Ruanda &eacute;s un dels pa&iuml;sos m&eacute;ss densament poblats del m&oacute;n per&ograve; mai d&oacute;na aquesta sensaci&oacute;- de seguida passa pel davant de l'edifici de la Fundaci&oacute; Dian Fossey: els continuadors del treball de la primat&ograve;loga ja no viuen a la selva sin&oacute; en pisos i cases de Musanze. Els temps canvien.
    </p><p class="article-text">
        A Ruanda els paisatges es succeeixen r&agrave;pidament, canvien de tur&oacute; en tur&oacute;. Serpentejant per la vall, aviat els volcans es van quedant enrere. Perdem altura i la calor comen&ccedil;a a apretar. Apareixen els primers camps on es conrea caf&eacute;. I, despr&eacute;s d'un gir, sorgeix davant el llac Kivu, un dels m&eacute;s petits dels grans llacs africans, assentat sobre la Gran Vall del Rift, l'espina dorsal que parteix &Agrave;frica en dues parts i una bretxa geol&ograve;gica que garanteix l'activitat s&iacute;smica i vulcanol&ograve;gica. El volc&agrave; Nyiragongo, responsable d'algun dels mals que afligeixen el Congo, presideix majestu&oacute;s l'horitz&oacute;, per&ograve; els n&uacute;vols oculten el centelleig de la seva caldera de foc. Temps hi haur&agrave; per rec&oacute;rrer aquest llac explosiu, no per la seva situaci&oacute; geogr&agrave;fica sin&oacute; pel met&agrave; que cont&eacute; en les seves profunditats, i la divis&ograve;ria entre una &Agrave;frica prometedora i una altra malmesa, entre una Ruanda renascuda i un Congo que simbolitza el drama dels estats fallits.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/llac-kivu-divisoria-lafrica_132_5166885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Nov 2013 07:20:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="305031" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="305031" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El llac Kivu i la divisòria de l'Àfrica]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lago Kivu y la divisoria de África]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/lago-kivu-divisoria-africa_132_5166903.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El lago Kivu y la divisoria de África"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En Ruanda los paisajes se suceden rápidamente, de una colina a otra.Tras  serpentear por el valle, los volcanes van quedándose atrás. Perdemos  altura y el calor empieza a apretar. Aparecen los primeros cafetales.</p></div><p class="article-text">
        Al final, en el &uacute;ltimo momento, el cielo se abri&oacute; y pude ver los volcanes de Ruanda al completo, sus siluetas y sus cimas, incluida la del Bisoke, que es como un cono perfecto truncado en lo m&aacute;s alto para encajar al lago que contiene en su interior. Despu&eacute;s de cuatro d&iacute;as en Musanze, la ciudad m&aacute;s cercana al parque nacional que protege a los gorilas de monta&ntilde;a, fue al callejear camino a la estaci&oacute;n de autob&uacute;s ya para irme cuando puede apreciar n&iacute;tidamente los cinco colosos.
    </p><p class="article-text">
        En Musanze, que antes se llamaba Ruhengeri y que, como muchas ciudades y provincias, ha sido rebautizada por la voluntad del presidente Kagame de refundar el pa&iacute;s a todos los niveles, tambi&eacute;n rige el principio de pulcritud que se nota nada m&aacute;s llegar a la capital Kigali. Musanze est&aacute; limpia y eso a&uacute;n tiene m&eacute;rito porque excepto la calle principal, que de hecho es la carretera, y un par de calles colindantes, el resto est&aacute; sin asfaltar.
    </p><p class="article-text">
        En Musanze he recordado que &Aacute;frica es el mejor lugar del mundo para los apa&ntilde;os. Se me cay&oacute; una varilla de las gafas graduadas y la soluci&oacute;n m&aacute;s adecuada era buscar una &oacute;ptica en Musanze, pero no supe encontrar ninguna, as&iacute; que, despu&eacute;s de preguntar, me llevaron a un tienda en la que reparaban equipos de m&uacute;sica, televisores, v&iacute;deos&hellip; pura chatarra tecnol&oacute;gica antiucada que, gracias al manitas de la tienda, segu&iacute;a funcionando. Eran televisores Telefunken, para entendernos, de esos que en Europa dejaron de venderse treinta a&ntilde;os atr&aacute;s. Pues ni tard&oacute; diez minutos el dependiente en perpetrar un arreglo endeble pero suficiente. Los dos primeros minutos los invirti&oacute; en estudiar el mecanismo de sujeci&oacute;n. Luego tom&oacute; una gillette, lim&oacute; una pieza, cort&oacute; otra y lo ensambl&oacute; con un destornillador chiquito. &iexcl;Genial! &iexcl;Viva &Aacute;frica!
    </p><p class="article-text">
        La estaci&oacute;n de autobuses interurbanos es de lo m&aacute;s ca&oacute;tico que he visto en Ruanda, pero comparado con otras terminales de &Aacute;frica o de Asia, es muy asesquible. Y eficiente. Y nadie te atosiga para que compres snacks o provisiones para el viaje. Adem&aacute;s, mi destino, el lago Kivu, un lugar paradis&iacute;aco que si no estuviera en medio de una de las regiones m&aacute;s conflictivas de &Aacute;frica ser&iacute;a una meca tur&iacute;stica, est&aacute; a menos de dos horas. El bus, que no va lleno &ndash;Ruanda es uno de los pa&iacute;ses m&ntilde;as densamente poblados del mundo pero nunca da esa sensaci&oacute;n- enseguida pasa por el edificio de la Fundaci&oacute;n Dian Fossey: los continuadores del trabajo de la primat&oacute;loga ya no viven en la selva sino en pisos y casas de Musanze. Los tiempos cambian.
    </p><p class="article-text">
        En Ruanda los paisajes se suceden r&aacute;pidamente, de una colina a otra.Tras serpentear por el valle, los volcanes van qued&aacute;ndose atr&aacute;s. Perdemos altura y el calor empieza a apretar. Aparecen los primeros cafetales. Y, tras una curva, el lago Kivu, uno de los m&aacute;s peque&ntilde;os de los grandes lagos africanos, asentado sobre el Gran Valle del Rift, la espina dorsal que parte &Aacute;frica en dos partes y una brecha geol&oacute;gica que garantiza la actividad s&iacute;smica y vulcanol&oacute;gica. El volc&aacute;n Nyiragongo, responsable de alguno de los males que afligen al Congo, preside majestuoso el horizonte, pero las nubes ocultan el destello de su caldera de fuego. Tiempo habr&aacute; para recorrer este lago explosivo, no por su situaci&oacute;n geogr&aacute;fica sino por el metano que contiene en sus profundidades, y la divisoria entre una &Aacute;frica prometedora y otra malograda, entre una Ruanda renacida y un Congo que simboliza el drama de los estados fallidos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/lago-kivu-divisoria-africa_132_5166903.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Nov 2013 06:45:12 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="305031" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="305031" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El lago Kivu y la divisoria de África]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c0417e56-4e1a-49cb-bae8-6eae539636b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una hora con el gorila Aygasha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/hora-gorila-aygasha_132_5176309.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una hora con el gorila Aygasha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ruanda es el país que ha sabido sacar mejor beneficio  turístico de los  gorilas. Solo en Ruanda hay diez familias de gorilas  como la de  Aygasha, habituadas al contacto con los humanos. Los grupos  de  visitantes son de ocho personas, como máximo. En total, 80 personas   cada día</p></div><p class="article-text">
        El &uacute;nico aviso fue un repentino temblor de hojas. Y,  sin tiempo a reaccionar, tras una sacudida entre los arbustos, all&iacute; se  plant&oacute; el gorila, a escasos cinco metros, una hembra que segu&iacute;a cuesta  abajo el rastro juguet&oacute;n de su cr&iacute;a, sin miedo, sin agresividad, sin  darle la m&aacute;s m&iacute;nima importancia a los intrusos humanos. Instantes  despu&eacute;s fueron surgiendo, uno tras otro, como duendes tropicales que  hubieran estado ocult&aacute;ndose adrede, m&aacute;s gorilas. Salieron con &iacute;mpetu, en  desorden, raudos, y esquivando a las ocho personas que hab&iacute;amos ido a  buscarlos. Hasta que, al cabo de un rato, Aygasha, el macho alfa, el  gorila de lomo plateado que controla una de las familias gorilas de  monta&ntilde;a m&aacute;s numerosas del Parque Nacional de los Volcanes de Ruanda,  apareci&oacute; cerrando el grupo, se irgui&oacute;, husme&oacute; y, con su silencio, acept&oacute;  nuestra presencia.
    </p><p class="article-text">
        Cuando descienden por una ladera, los gorilas son  graciosos. Aprovechan su cuerpo robusto, peludo y flexible para doblar  los arbustos como si fueran lianas y propulsarse para ir avanzando.  Parecen inmunes a los rasgu&ntilde;os y golpes que los humanos tememos en la  selva. Y se preocupan &uacute;nicamente de comer y de descansar, y, los m&aacute;s  peque&ntilde;os, de jugar. Mientras una madre da buena cuenta de unas ca&ntilde;as de  bamb&uacute;, uno de los alimentos favoritos de los gorilas de monta&ntilde;a, que  tienen una dieta vegetariana, dos cr&iacute;as se entretienen en lo alto de un  arbusto tap&aacute;ndose la cara con sus manos de color ceniza y haciendo  muecas hasta que s&uacute;bitamente huyen como alma que lleva el diablo.
    </p><p class="article-text">
        Definitivamente, por mucho que el contacto est&eacute;  preparado por los rastreadores y guardas del parque, el encuentro con  los gorilas de monta&ntilde;a es una de las grandes experiencias que todav&iacute;a se  pueden vivir en la naturaleza salvaje. Y a diferencia de ver tigres o  leones, carn&iacute;voros con los que hay que poner un veh&iacute;culo de por medio  para tener protecci&oacute;n, o de avistar ballenas, due&ntilde;as de los mares, con  los gorilas se comparte el terreno. Aygasha escruta al humano con su  mirada, sentado en una postura bonachona, incluso se dir&iacute;a que a veces  posando frente a las c&aacute;maras fotogr&aacute;ficas, acerc&aacute;ndose o alej&aacute;ndose  tanto como quiere, pero a la vez estableciendo una barrera clara: es el  &uacute;ltimo de la comitiva y nadie puede franquear su posici&oacute;n para acercarse  a su familia.
    </p><p class="article-text">
        Aygasha est&aacute; de buen humor y en ning&uacute;n momento agita  sus pu&ntilde;os contra su poderoso pecho, el gesto que m&aacute;s se recuerda de los  gorilas gracias a pel&iacute;culas como King Kong. Hollywood ha distorsionado a  su antojo los aspectos m&aacute;s temibles de muchos animales. Pira&ntilde;as  asesinas, anacondas terror&iacute;ficas y, c&oacute;mo no, tiburones gigantes que  aterrorizan playas, pero King Kong supo captar la capacidad de  sentimiento de la fiera. Y la familia de Aygasha, por alg&uacute;n atavismo  incomprensible, desprende cercan&iacute;a y ternura. En ese bosque de altura,  donde Diane Fossey dec&iacute;a que se tirita de fr&iacute;o m&aacute;s que se suda de calor  &ndash;los gorilas de monta&ntilde;a sobreviven en un h&aacute;bitat a m&aacute;s de 3.000 metros-,  la bestia fiera evoca un eslab&oacute;n ancestral.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, Aygasha tiene una historia de cine. Incapaz de  entenderse con el macho dominante de su familia de origen, tuvo que  refugiarse en la jungla y acabar de crecer en solitario. Hasta que un  d&iacute;a acab&oacute; aprovech&oacute; su oportunidad. El lomo plateado de una familia  muri&oacute; inesperadamente y un macho inexperto se hizo cargo del grupo.  Aygasha se top&oacute; con ese grupo y derrot&oacute; al novato l&iacute;der. Y desde  entonces ciment&oacute; su leyenda. Fue combatiendo con otros gorilas y los fue  derrotando uno tras otro. Era un ganador. Y a cada victoria, la  recompensa era una hembra. Algunos gu&iacute;as del parque bromean con que  Aygasha era el &ldquo;playboy&rdquo; de los montes Virunga. Su familia lleg&oacute; a tener  28 miembros.
    </p><p class="article-text">
        Las familias de los gorilas son como los imperios de  los humanos: se expanden hasta que alcanzan un punto que empiezan a ser  insostenibles. Los buenos tiempos de Aygasha ya han pasado. Las peleas  de gorilas son a pu&ntilde;etazos y, sobre todo, a mordiscos. Un asunto brutal,  en el sentido m&aacute;s literal. Y Aygasha ya empieza a estar un poco mayor,  tanto para hacerse cargo de la satisfacci&oacute;n y protecci&oacute;n de sus hembras  como para andar con trifulcas vecinales. Ahora su familia la integran 21  gorilas, con tendencia a aligerarse, y pese a todo, sigue siendo de las  m&aacute;s numerosas del parque.
    </p><p class="article-text">
        Los gu&iacute;as ense&ntilde;an a comportarse y a comunicarse ante  los gorilas, emitiendo sonidos guturales para saludar y reconocer la  sumisi&oacute;n ante la fiera. Los encuentros est&aacute;n limitados a un m&aacute;ximo de  una hora para no entorpecer demasiado la rutina diaria de los grandes  primates. Los gorilas de monta&ntilde;a son una especie que &uacute;nicamente habita  en esa regi&oacute;n de los Virunga, monta&ntilde;as que tienen diferentes nombres  seg&uacute;n las vertientes caigan dentro de los l&iacute;mites de Ruanda, el Congo y  Uganda. Los m&aacute;s de 700 ejemplares censados viven entre esos tres pa&iacute;ses,  movi&eacute;ndose ajenos a las fronteras, aunque son animales territoriales y  acostumbran a merodear por los mismos lugares. Su supervivencia y  protecci&oacute;n se debe, b&aacute;sicamente, al trabajo de Dian Fossey, que fue la  primera investigadora en relacionarse con los gorilas en lugar de  contentarse con observarlos.
    </p><p class="article-text">
        Ruanda es el pa&iacute;s que ha sabido sacar mejor beneficio  tur&iacute;stico de los gorilas. Solo en Ruanda hay diez familias de gorilas  como la de Aygasha, habituadas al contacto con los humanos. Los grupos  de visitantes son de ocho personas, como m&aacute;ximo. En total, 80 personas  cada d&iacute;a, unas 22.000 al a&ntilde;o, tienen el privilegio de disfrutar de esa  hora de contacto primal en la selva. Obtener el permiso es b&aacute;sicamente  una cuesti&oacute;n de paciencia y dinero. Ruanda hace pagar 750 d&oacute;lares  estadounidenses a los extranjeros mientras que el Congo, -cuyo parque  est&aacute; cerrado en la actualidad por la rebeli&oacute;n armada en la zona-  solamente cobra 300 d&oacute;lares. Y en verano, la &eacute;poca seca, puede haber una  demora de semanas para entrar en el cupo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando ya casi llevamos una hora siguiendo los pasos de  los gorilas, Aygasha se planta en un claro de la jungla, se sienta como  si hubiera encontrado un trono a su altura de rey, y hace gestos para  que se alejen los dem&aacute;s miembros de la familia. Se queda s&oacute;lo con los  humanos. Se est&aacute; despidiendo. Y me pregunto si realmente los humanos  tenemos derecho a entrometernos en su h&aacute;bitat, a irrumpir en su quehacer  diario. Muchos defensores de los derechos de los animales discrepan de  las actividades tur&iacute;sticas de observaci&oacute;n de los animales. Pero el  debate no va m&aacute;s all&aacute; porque los beneficios superan con creces a los  posibles da&ntilde;os. Nunca ha habido un incidente serio con un gorila en este  tipo de encuentros. Tampoco un gorila ha resultado da&ntilde;ado. Si no  existiera ese turismo, Ruanda perder&iacute;a su segunda mayor fuente de  divisas. Y lo m&aacute;s tr&aacute;gico, los gorilas ya habr&iacute;an desaparecido.  Solamente quedar&iacute;an visiones distorsionadas de las pel&iacute;culas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/hora-gorila-aygasha_132_5176309.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2013 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243216" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243216" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una hora con el gorila Aygasha]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ruanda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una hora amb el goril·la Aygasha]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/hora-amb-gorilla-aygasha_132_5176304.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una hora amb el goril·la Aygasha"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ruanda és el país que ha sabut treure millor benefici turístic dels  goril.les. Només a Ruanda hi ha deu famílies com la  d’Aygasha, habituades al contacte amb els humans. Els grups de visitants  són de vuit persones, com a màxim. En total, 80 persones cada dia</p></div><p class="article-text">
        L'&uacute;nic av&iacute;s va ser una sobtada tremolor de fulles. I, sense temps de reaccionar, despr&eacute;s d'una sacsejada entre els arbustos, el goril&middot;la eses davant, a escassos cinc metres, una femella que seguia pendent avall avall el rastre juganer de la seva cria, sense por, sense agressivitat, sense donar cap import&agrave;ncia als intrusos humans. Poc despr&eacute;s van anar sorgint, un rere l'altre, com follets tropicals que haguessin estat ocultant-se expressament, m&eacute;s goril&middot;les. Van sortir amb &iacute;mpetu, en desordre, rabents, i esquivant les vuit persones que hav&iacute;em anat a buscar-los. Fins que, al cap d'una estona, Aygasha, el mascle alfa, el goril&middot;la d&rsquo;esquena platejada que controla una de les fam&iacute;lies de goril&middot;les de muntanya m&eacute;s nombroses del Parc Nacional dels Volcans de Rwanda, va apar&egrave;ixer tancant el grup, es va aixecar, va mirar encuriosit i , amb el seu silenci, va acceptar la nostra pres&egrave;ncia.
    </p><p class="article-text">
        Quan baixen per un vessant, els goril&middot;les tenen gr&agrave;cia. Aprofiten el seu cos robust , pelut i flexible per doblegar els arbustos com si fossin lianes i propulsar-se per anar avan&ccedil;ant. Semblen immunes a les rascades i els cops que els humans temem dins la selva. I es preocupen &uacute;nicament de menjar i de descansar, i , els m&eacute;s menuts, de jugar. Mentre una mare s&rsquo;atiborra d'unes canyes de bamb&uacute;, un dels aliments favorits dels goril&middot;les de muntanya, que segueixen una dieta vegetariana, dues cries s'entretenen dalt de tot d'un arbust tapant-se la cara amb les mans de color cendra i fent ganyotes fins que sobtadament fugen esperitats.
    </p><p class="article-text">
        Definitivament, per molt que el contacte estigui preparat pels rastrejadors i guardes del parc, la trobada amb els goril&middot;les de muntanya &eacute;s una de les grans experi&egrave;ncies que encara es poden viure a la natura salvatge. I a difer&egrave;ncia de veure tigres o lleons, animals carn&iacute;vors amb els quals cal posar un vehicle pel mig per gaudir de protecci&oacute;, o d'albirar balenes al seu medi inabastable, amb els goril&middot;les es comparteix el terreny. Aygasha escruta l'hum&agrave; amb la seva mirada, apropant-se o allunyant-se tant com vol, amb una postura de bon&agrave;s i fins i tot de vegades sembla que estigui agradant-se pressumint davant les c&agrave;meres fotogr&agrave;fiques, per&ograve; alhora establint una barrera clara: tanca la comitiva i ning&uacute; pot franquejar la seva posici&oacute; per acostar-se a la seva fam&iacute;lia.
    </p><p class="article-text">
        Aygasha est&agrave; de bon humor i en cap moment agita els seus punys contra el poder&oacute;s pit, el gest que m&eacute;s es recorda dels goril&middot;les gr&agrave;cies a pel&middot;l&iacute;cules com King Kong. Hollywood ha distorsionat al seu gust comercial els aspectes m&eacute;s temibles de molts animals: piranyes assassines, anacondes terror&iacute;fiques i, com no, taurons gegants que terroritzen platges, per&ograve; King Kong va saber copsar la capacitat de tenir sentiment de la fera. I la fam&iacute;lia de Aygasha, per ra&oacute; d&rsquo;algun atavisme incomprensible, despr&egrave;n proximitat i tendresa. En aquest bosc d'altura, on Dian Fossey deia que es tremola m&eacute;s de fred que se sua de calor -els goril&middot;les de muntanya sobreviuen en un h&agrave;bitat a m&eacute;s de 3.000 metres- , la b&egrave;stia evoca una baula ancestral.
    </p><p class="article-text">
        A m&eacute;s, Aygasha t&eacute; una hist&ograve;ria digne del cinema. Incompatible amb el mascle dominant de la seva fam&iacute;lia d'origen, va haver de refugiar-se a la jungla i acabar de cr&eacute;ixer en solitari. Fins que un dia va aprofitar la seva oportunitat. L&rsquo;esquena platejada d'una fam&iacute;lia va morir inesperadament i un mascle inexpert es va fer c&agrave;rrec del grup. Aygasha va topar amb aquest grup i va derrotar al l&iacute;der novell. I des de llavors va anar configurant la seva llegenda. Va enfrontar-se amb altres goril&middot;les i els va anar derrotant, un rere l'altre. Era un guanyador. I per cada triomf, la recompensa era una femella. Alguns guies del parc fan broma i diuen que Aygasha era el &ldquo;playboy&rdquo; de les muntanyes Virunga.
    </p><p class="article-text">
         La fam&iacute;lia d&rsquo;Aygasha va arribar a tenir 28 membres. Per&oacute; les fam&iacute;lies dels goril&middot;les s&oacute;n com els imperis dels humans: s'expandeixen fins que arriben a un punt que comencen a ser insostenibles. Els bons temps d&rsquo;Aygasha ja s&oacute;n un record. Les baralles de goril&middot;les s&oacute;n a cops de puny i, sobretot , a dentellades. Un assumpte brutal, en el sentit m&eacute;s literal. I Aygasha ja comen&ccedil;a a ser massa gran, tant per fer-se c&agrave;rrec de la satisfacci&oacute; i protecci&oacute; de les seves femelles com per involucar-se amb massa baralles m&eacute;s. Ara la seva fam&iacute;lia la integren ja nom&eacute;s 21 goril&middot;les.
    </p><p class="article-text">
        Els guies ens ensenyen a comportar-nos i a comunicar-nos amb els goril&middot;les, emetent sons guturals per saludar i recon&egrave;ixer la nostra submissi&oacute; davant la fera. Les trobades estan limitades a un m&agrave;xim d'una hora per no entorpir massa la rutina di&agrave;ria d&rsquo;aquests grans primats. Els goril&middot;les de muntanya s&oacute;n una esp&egrave;cie que &uacute;nicament habita en aquesta regi&oacute; dels Virunga, una serralada que t&eacute; noms diferents segons caigui dins dels l&iacute;mits de Ruanda, el Congo o Uganda. Els m&eacute;s de 700 exemplars censats viuen entre aquests tres pa&iuml;sos, movent-se aliens a les fronteres, encara que s&oacute;n animals territorials i acostumen a deixar-se veure pels mateixos llocs. La seva superviv&egrave;ncia i protecci&oacute; es deu, b&agrave;sicament, a la feina de Dian Fossey, que va ser la primera investigadora que, a m&eacute;s d&rsquo;observar els goril&middot;les, va aprendre a relacionar-se amb ells.
    </p><p class="article-text">
        Ruanda &eacute;s el pa&iacute;s que ha sabut treure millor benefici tur&iacute;stic dels goril&middot;les. Nom&eacute;s a Ruanda hi ha deu fam&iacute;lies de goril&middot;les com la d&rsquo;Aygasha, habituades al contacte amb els humans. Els grups de visitants s&oacute;n de vuit persones, com a m&agrave;xim. En total, 80 persones cada dia, unes 22.000 a l'any, tenen el privilegi de gaudir d'aquesta hora de contacte primal a la selva. Obtenir el perm&iacute;s &eacute;s b&agrave;sicament una q&uuml;esti&oacute; de paci&egrave;ncia i diners. Ruanda fa pagar 750 d&ograve;lars nord-americans als estrangers mentre que el Congo, -tot i que ara el parc est&agrave; tancat per la rebel&middot;li&oacute; armada a la zona- nom&eacute;s en cobra 300. I a l'estiu, a l'&egrave;poca seca, pot haver una espera de setmanes per poder tenir un lloc dins dels grups.
    </p><p class="article-text">
        Quan ja gaireb&eacute; portem una hora seguint els passos dels goril&middot;les, Aygasha es planta en un clar de la jungla, s&rsquo;asseu com si hagu&eacute;s trobat un podi digne de la seva condici&oacute; de mascle dominant, i fa gestos perqu&egrave; s'allunyin els altres membres de la fam&iacute;lia. Es queda ell sol nom&eacute;s amb els humans. Entenc que &eacute;s el seu ad&eacute;u. I em pregunto si realment els humans tenim dret a ficarn-nos dins del seu medi, a apar&eacute;ixer enmig de les seves rutines de primera hora del mat&iacute;. Molts col&middot;lectius pels drets dels animals discrepen de les activitats tur&iacute;stiques d'observaci&oacute; d&rsquo;animals. Per&ograve; el debat no va m&eacute;s enll&agrave; perqu&egrave; els beneficis superen amb escreix als possibles danys. Mai hi ha hagut un incident seri&oacute;s amb un goril&middot;la en aquest tipus de trobades. Tampoc cap goril&middot;la ha pres mal. Si no exist&iacute;s aquest turisme, Ruanda perdria la seva segona major font de divises. I, encara m&eacute;s tr&agrave;gic, els goril&middot;les ja haurien desaparegut. Nom&eacute;s ens quedarien les visions distorsionades de les pel&middot;l&iacute;cules
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/hora-amb-gorilla-aygasha_132_5176304.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 09 Nov 2013 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243216" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243216" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una hora amb el goril·la Aygasha]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/95199ca7-3850-4dbc-8407-e0ba53232458_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ruanda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Muzungu in the mist!"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/muzungu-in-the-mist_132_5187072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Muzungu in the mist!&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">“Muzungu” és un terme del swahili que brolla espontàniament, i sovint en  veu molt alta, de la gola dels nens de la zona dels grans llacs  africans tot just veure una persona de raça blanca.</p></div><p class="article-text">
        El dia havia comen&ccedil;at ser&egrave; per&ograve; quan vaig treure el cap al cim de la muntanya Bisoke la boira ja havia espessit el panorama. A sota hi havia, cal suposar, un magn&iacute;fic llac natural atrapat dins del cr&agrave;ter, i davant, la Rep&uacute;blica Democr&agrave;tica del Congo. En realitat no es veia res a dos metres a la rodona. Est&agrave;vem a 3.700 metres d'altura i escaix, al final d'una ascensi&oacute; molt costera de m&eacute;s de tres hores per les vessants que habiten els goril&middot;les de muntanya, i Alphonse, el meu guia, petant-se de riure, va etzibar-me un comentari que ja m'havia deixat anar un parell de vegades mentre patia pendent amunt: &ldquo;&iexcl;'Muzungu' in the mist!&rdquo;. Un &ldquo;blanc&rdquo; encerclat per la boira, sense la recompensa d'una de les millors vistes possibles del Parc Nacional dels Volcans a Ruanda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muzungu&rdquo; &eacute;s un terme del swahili que brolla espont&agrave;niament, i sovint en veu molt alta, de la gola dels nens de la zona dels grans llacs africans tot just veure una persona de ra&ccedil;a blanca. Alphonse &eacute;s el guia oficial que els gestors del parc assignen obligat&ograve;riament per a qualsevol activitat que es vulgui fer dins dels l&iacute;mits de la reserva. Vaig tenir la sort que aquell dia ning&uacute; m&eacute;s volia pujar al Bisoke, un dels centinel&middot;les de la selva que custodiaven el campament de la primat&ograve;loga Dian Fossey. Aix&iacute; que tenia un guia personal i de seguida vam amistan&ccedil;ar-nos aprofitant els descansos o en els moments excepcionals en qu&egrave; l'esfor&ccedil; no feia impossible parlar.
    </p><p class="article-text">
        Caminar guanyant altura, sense importar l&rsquo;estat de forma f&iacute;sica, &eacute;s una lluita d'esbufecs estentoris contra la falta d'aire. Ing&egrave;nuament, el ritme que acabes imposant-te resulta poc idoni davant l'escassetat d'oxigen i acabes fatigat despr&eacute;s d&rsquo;uns quants passos. El guia anava obrint cam&iacute; intentant posar seny als meus &iacute;mpetus i desplegava un manual de t&agrave;ctiques psicol&ograve;giques aplicables al turistes. Aix&iacute;, quan escoltava que la meva respiraci&oacute; s'entretallava excessivament, en lloc de girar-se i preguntar-me si estava cansat, cosa &ograve;bvia, s'aturava i s&rsquo;ho manegava perqu&egrave; la pausa fos deguda a que ell tenia la necessitat de fer-me cinc c&egrave;ntims d&rsquo;un secret: &ldquo;Saps d'on v&eacute;nen els noms del dels cinc volcans?&rdquo; , em preguntava. &ldquo;Ni idea&rdquo;, li contestava jo. I, llavors, en la m&eacute;s pura tradici&oacute; del comptador d'hist&ograve;ries afric&agrave;, declamant com si tingu&eacute;s un auditori davant, m&rsquo;alli&ccedil;onava: &ldquo;Muhabura vol dir aquell que es veu des de tots els llocs i, de veritat, que es veu des de gaireb&eacute; tota Ruanda; el Gahinga t&eacute; la forma de la mamella d'una dona, i el Sabyinyo, de la dentadura d'un home molt vell; el Bisoke &eacute;s aquell que est&agrave; amarat en aigua, i el Karisimbi, el m&eacute;s alt de tots ells, el que t&eacute; neu&rdquo;. Clar i il&middot;lustratiu. En dos minuts. Un decans suficient. Al&egrave; recuperat.
    </p><p class="article-text">
        Alphonse gaudia explicant hist&ograve;ries. I no parava de riure. &Eacute;s d&rsquo;un dels pobles lim&iacute;trofs amb el parc nacional, d&rsquo;aquestes viles esparracades a l&rsquo;altipl&agrave; que, sortosament, s'estan beneficiant dels d&ograve;lars del turisme dels goril&middot;les. I aquest &eacute;s un dels grans encerts de l'actual r&egrave;gim presidencial ruand&egrave;s: el 5% dels ingressos del parc reverteixen en obres i serveis per als vilatans d&rsquo;aquesta &agrave;rea de la prov&iacute;ncia de Ruhengeri allunyada de la capital. La regi&oacute; al voltant de Kinigi, on es troben les oficines del parc dels volcans, &eacute;s eminentment agr&iacute;cola, i el caminet que porta al Bisoke passa pel costat, al principi del recorregut, de camps de patates i de flors de piretre, una planta que es fa servir com a insecticida natural. L'entrada al parc nacional mai passa desapercebuda perqu&egrave; una patrulla militar s'incorpora a l'expedici&oacute; a partir d'aquell moment. La versi&oacute; oficial diu que, els soldats, armats amb rifles, vigilen per si s'acosten els b&uacute;fals salvatges. Alphonse t&eacute; la teoria que els seus superiors els envien a caminar per les muntanyes perqu&egrave; volen que facin exercici en lloc de mandrejar per la caserna. No s&eacute; quina &eacute;s la ra&oacute; veritable per&ograve; el fet que els volcans siguin compartits amb el Congo i que hi hagi litigis pendents entre els dos pa&iuml;sos segur que hi t&eacute; a veure.
    </p><p class="article-text">
        En mig del descens Bisoke, la boira es dispersa a estones i deixa fruir de la bellesa de la vall dels Virunga. Ruanda &eacute;s verd i ocre, intensa, amb desenes de turons amansits per les terrasses que aprofiten el f&egrave;rtil s&ograve;l volc&agrave;nic. Els goril&middot;les de muntanya continuen sense fer acte de pres&egrave;ncia a la selva de bamb&uacute;. Per&ograve; ja falten pocs dies perqu&egrave; rebi el perm&iacute;s oficial per anar a veure'ls. I la boirina, fins i tot a l'inici de la temporada de pluges, acaba esvaint-se.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/muzungu-in-the-mist_132_5187072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Nov 2013 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242880" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242880" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Muzungu in the mist!"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Muzungu in the mist!"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/muzungu-in-the-mist_132_5187068.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Muzungu in the mist!&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Muzungu</p><p class="subtitle">es un término que los ruandeses han tomado prestado del  swahili y que brota espontáneamente, y a menudo sonoramente, de los  niños de la zona de los grandes lagos africanos en cuanto ven a un  blanco.</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a amaneci&oacute; despejado pero cuando me asom&eacute; a la cima del monte Bisoke la niebla hab&iacute;a espesado el panorama. Debajo hab&iacute;a, se supone, un magn&iacute;fico lago natural atrapado dentro del cr&aacute;ter, y enfrente, la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo. En realidad no se v&iacute;a nada a dos metros a la redonda. Est&aacute;bamos a poco m&aacute;s de 3.700 metros de altura, al final de una empinada ascensi&oacute;n de m&aacute;s de tres horas por los ribazos que habitan los gorilas de monta&ntilde;a, y Alphonse, mi gu&iacute;a, repiti&oacute; un comentario que ya me hab&iacute;a soltado un par de veces mientras penaba pendiente arriba, ri&eacute;ndose a carcajadas: &ldquo;&iexcl;&lsquo;Muzungu&rsquo; in the mist&rdquo;. Un &ldquo;blanco&rdquo; en la niebla, sin recompensa de una de las mejores vistas posibles del Parque Nacional de los Volcanes en Ruanda.
    </p><p class="article-text">
        <em>Muzungu </em>es un t&eacute;rmino que los ruandeses han tomado prestado del swahili y que brota espont&aacute;neamente, y a menudo sonoramente, de los ni&ntilde;os de la zona de los grandes lagos africanos en cuanto ven a un blanco. Alphonse es el gu&iacute;a oficial que los gestores del parque asignan obligatoriamente para cualquier actividad que se quiera hacer dentro de los l&iacute;mites de la reserva. Tuve la suerte que ese d&iacute;a nadie m&aacute;s quer&iacute;a subir al Bisoke, una de las torres de jungla que flanqueaban el campamento de la primat&oacute;loga Dian Fossey. As&iacute; que ten&iacute;a un gu&iacute;a personal y enseguida trabamos amistad, labrada durante los descansos o en los raros momentos en los que el esfuerzo no imped&iacute;a hablar o bromear.
    </p><p class="article-text">
        Conforme se gana altura, caminar, al margen de que la forma f&iacute;sica sea ideal o no, es una lucha de jadeos estent&oacute;reos contra la falta de aire. Ingenuamente, el ritmo que uno se impone es demasiado alto para la escasez de ox&iacute;geno, con lo que acaba fatigado al cabo de pocos pasos. El gu&iacute;a iba por delante intentando refrenar los &iacute;mpetus y desplegaba un manual de t&aacute;cticas psicol&oacute;gicas aplicables al turistas. As&iacute;, cuando escuchaba que mi respiraci&oacute;n se entrecortaba excesivamente, en lugar de girarse y preguntar si estaba cansado, lo que era obvio, se deten&iacute;a y provocaba una pausa como si fuera &eacute;l quien tuviera la necesidad de pararse para revelarme alg&uacute;n secreto: &ldquo;&iquest;Sabes de d&oacute;nde vienen los nombres del los cinco volcanes?&rdquo;, me preguntaba. &ldquo;Ni idea&rdquo;, contestaba. Y, entonces en la m&aacute;s pura tradici&oacute;n del contador de historias africano, declamando como si tuviera un auditorio delante, me aleccionaba: &ldquo;Muhabura quiere decir el que se ve desde todos los sitios y, de verdad que se ve desde casi toda Ruanda; Gahinga es la teta de una mujer porque tiene esa forma, igual que el Sabyinyo parece la dentadura de un anciano; el Bisoke es el que est&aacute; empapado en agua; y el Karisimbi, el m&aacute;s alto, es el que tiene nieve&rdquo;. Claro e ilustrativo. Descanso de dos minutos. Aliento recuperado.
    </p><p class="article-text">
        Alphonse disfrutaba contando historias. Y no paraba de re&iacute;rse. Era de uno de los pueblos lim&iacute;trofes con el parque nacional, de esas aldeas dispersas en una meseta de altura que se est&aacute;n beneficiando de los d&oacute;lares del turismo de los gorilas. Y ese es uno de los grandes &eacute;xitos del actual r&eacute;gimen presidencial ruand&eacute;s: el 5% de los ingresos del parque revierten en obras y servicios para los lugare&ntilde;os de esta parte de la provincia de Ruhengeri alejada de la capital. La regi&oacute;n alrededor de Kinigi, donde se encuentran las oficinas del parque de los volcanes, es eminentemente agr&iacute;cola, y el sendero que lleva al Bisoke sortea al principio patatales y campos de flores de pelitre, planta que se usa como insecticida natural. La entrada en el parque nacional nunca pasa inadvertida porque una patrulla militar se junta a la expedici&oacute;n a partir de ese momento. Dicen oficialmente que los soldados, armados con rifles, vigilan por si se acercan b&uacute;falos salvajes. Alphonse tiene la teor&iacute;a de que los mandan sus superiores, que quieren que cada d&iacute;a hagan ejercicio en lugar de holgazanear por el cuartel. No s&eacute; cu&aacute;l es la raz&oacute;n verdadera pero el hecho de esos volcanes sean compartidos con el Congo y que haya litigios pendientes entre ambos pa&iacute;ses seguro que influye.
    </p><p class="article-text">
        Bien avanzado el descenso del Bisoke, la niebla se dispersa por momentos y asoma la belleza del valle de los Virunga. Ruanda es verde y ocre, intensa, de las laderas domadas con las terrazas acondicionadas para aprovechar el f&eacute;rtil suelo volc&aacute;nico. Los gorilas de monta&ntilde;a siguen sin mostrarse entre la selva de bamb&uacute;. Pero ya faltan pocos d&iacute;as para que reciba el permiso oficial para ir a verlos. Y la neblina, incluso al inicio de la temporada de lluvias, acaba desvaneci&eacute;ndose.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/muzungu-in-the-mist_132_5187068.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Nov 2013 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="242880" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="242880" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Muzungu in the mist!"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b91c6c40-f85a-4ca3-8542-fdeaa5a42eaa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mujer que supo adaptarse al bosque]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/mujer-supo-adaptarse-bosque_132_5190471.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mujer que supo adaptarse al bosque"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mito de Fossey, investigadora estadounidense que fue  asesinada en su humilde guarida en la selva de rwandesa, empieza a perderse en la  memoria.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nyiramachabelli&rdquo;. Ese fue el mote que los ruandeses pusieron a Dian Fossey. Significa &ldquo;la mujer que supo adaptarse al bosque&rdquo; y encabeza el epitafio en la tumba de piedras en la que reposa la investigadora estadounidense, en un claro de las monta&ntilde;as de la niebla, junto a los restos de Digit, uno de los gorilas de monta&ntilde;a de los que se hab&iacute;a encaprichado y que fue descuartizado por los cazadores furtivos.
    </p><p class="article-text">
        El mito de Fossey, forjado a finales de los a&ntilde;os ochenta, cuando fue asesinada en su humilde guarida en la selva y su aventurera vida fue interpretada en el cine por Sigourney Weaver, empieza a perderse en la memoria. Y la popularidad menguante se nota en el descenso de turistas que deciden caminar las casi tres horas de sendero por la jungla de bamb&uacute; que lleva hasta su antiguo campamento. Apenas 700 personas al a&ntilde;o solicitan permiso, y pagan la tasa correspondiente, al Parque Nacional de los Volcanes, para poderse acercar al antiguo Centro de Investigaci&oacute;n Karisoke, donde la primat&oacute;loga de vocaci&oacute;n forj&oacute; una de las campa&ntilde;as m&aacute;s exitosas de defensa de una especie en peligro de extinci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Fossey instal&oacute; su cuartel general a m&aacute;s de tres mil metros de altura, en un collado que separa a los montes Karisimbi y Bisoke, dos de los cinco volcanes de la cordillera de los Virunga sobre la que se traz&oacute; las fronteras entre Ruanda, el Congo y Uganda. De ah&iacute; Karisoke, el nombre de la estaci&oacute;n cient&iacute;fica, que originalmente solo era un modesto albergue que serv&iacute;a de base para realizar un censo de gorilas. Dian Fossey se acomod&oacute; en unos terrenos ancestrales que eran usados por las tribus locales como campos de caza y de recolecci&oacute;n, lo cual le granje&oacute; los primeros encontronazos con los lugare&ntilde;os y desde all&iacute; no solo cont&oacute; a esos primates end&eacute;micos del &Aacute;frica Central sino que aprendi&oacute; a relacionarse e interactuar con ellos, una actitud pionera entre los cient&iacute;ficos que le vali&oacute; una portada en el National Geographic, por aquel entonces una de las pocas revistas capaces de crear fen&oacute;menos medi&aacute;ticos mundiales.
    </p><p class="article-text">
        Dian Fossey era testaruda y hura&ntilde;a, de trato poco diplom&aacute;tico, y se granje&oacute; tantos enemigos que cuando se hall&oacute; su cad&aacute;ver en el campamento &ndash;fue acuchillada hasta la muerte en la Navidad de 1985 porque ese era el &uacute;nico d&iacute;a en que no hab&iacute;a nadie m&aacute;s en el complejo residencial- no se pudo saber qui&eacute;n fue el responsable. Siempre se ha sospechado de que su asesinato fue orquestado por cazadores furtivos, pero nunca se averigu&oacute;. La pel&iacute;cula &ldquo;Gorilas en la niebla&rdquo; (1989) edulcora la vida de Dian Fossey, aunque incluye escenas duras y basadas en hechos reales como la tortura que aplic&oacute; a un furtivo, y obvia hechos fundamentales como que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os Fossey apenas realizaba trabajos de campo en el monte y se refugiaba en el alcohol, pero Ruanda le est&aacute; eternamente agradecida. Si hoy existen gorilas, es gracias a Dian Fossey. Si hoy el turismo ruand&eacute;s genera casi 300 millones de d&oacute;lares de ingresos anuales, es gracias a los gorilas.
    </p><p class="article-text">
        Camino a los escombros del Karisoke, la confianza en avistar alg&uacute;n gorila se va desvaneciendo conforme se avanza y la p&eacute;rdida de ox&iacute;geno empieza a notarse al respirar. Troncos con pedazos de corteza arrancados indican que los gorilas se han estado dando un fest&iacute;n no hace mucho tiempo, pero la jungla esconde a sus criaturas. El paseo es agradable. Al llegar a la estaci&oacute;n, la idealizaci&oacute;n de una mujer intr&eacute;pida entregada a una causa es lo que hace la jornada inolvidable. De la estaci&oacute;n de Fossey quedan &uacute;nicamente tablones desvencijados de los antiguos barracones de los guardias y trozos inconexos de lo que fueron los cimientos de madera de la caba&ntilde;a principal. El Parque Nacional de los Volcanes intent&oacute; conservar los restos del campamento, pero los militares y las milicias los arrasaron durante el conflicto b&eacute;lico posterior al genocidio, a mediados de los noventa.
    </p><p class="article-text">
        Iron&iacute;as del destino, el turismo, que Dian Fossey despreciaba, ha acabado siendo la salvaci&oacute;n de los gorilas. Mi viaje por Ruanda contin&uacute;a, a la espera de los gorilas. De momento, un sol radiante inunda el valle de Ruhengeri, donde una investigadora empecinada cambi&oacute; el destino de una de las especies con m&aacute;s parecido a los humanos. Junto a la tumba de Fossey, las cruces por los gorilas desaparecidos son recordatorios punzantes. Los que vivieron menos de treinta a&ntilde;os tuvieron un final tr&aacute;gico. Como Fossey, ejecutada a los 53 a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/mujer-supo-adaptarse-bosque_132_5190471.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Nov 2013 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243203" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243203" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La mujer que supo adaptarse al bosque]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dona que va saber adaptar-se a la selva]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/dona-va-saber-adaptar-se-selva_132_5190460.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La dona que va saber adaptar-se a la selva"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mite de Fossey, investigadora nord-americana que va ser assassinada al seu humil cau a la selva rwandesa, comença a perdre's en la memòria.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Nyiramachabelli&rdquo;. Aquest va ser el sobrenom que els ruandesos van adjudicar a Dian Fossey. Ve a significar &ldquo;la dona que va saber adaptar-se al bosc&rdquo;, i encap&ccedil;ala l'epitafi a la tomba de pedres en la qual reposa la investigadora nord-americana, en una clariana de les muntanyes de la boira, al costat de les despulles de Digit, un dels goril&middot;les de muntanya dels quals s'havia encapritxat i que va ser esquarterat pels ca&ccedil;adors furtius .
    </p><p class="article-text">
        El mite de Fossey, forjat a finals dels anys vuitanta, quan va ser assassinada al seu humil cau a la selva i la seva vida venturosa va ser interpretada al cinema per Sigourney Weaver, comen&ccedil;a a perdre&rsquo;s en la mem&ograve;ria. I la popularitat minvant es nota en el descens de turistes que decideixen caminar les gaireb&eacute; tres hores de sender per la jungla de bamb&uacute; que porta fins al seu antic campament. Tot just 700 persones a l'any demanen perm&iacute;s, i paguen la taxa corresponent, al Parc Nacional dels Volcans, per poder atansar-se fins l'antic Centre d'Investigaci&oacute; Karisoke, on la primat&ograve;loga de vocaci&oacute; va forjar una de les campanyes m&eacute;s reeixides de defensa d'una esp&egrave;cie en perill d'extinci&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Fossey va instal&middot;lar les seves pertinences a m&eacute;s de tres mil metres d'al&ccedil;ada, en una collada que separa les muntanyes Karisimbi i Bisoke, dos dels cinc volcans de la serralada dels Virunga sobre la qual s&rsquo;han dibuixat les fronteres entre Ruanda, el Congo i Uganda. El nom Karisoke, el de l&rsquo;estaci&oacute; cient&iacute;fica, que originalment nom&eacute;s era un modest alberg que servia de base per realitzar un cens de goril&middot;les, surt de la contracci&oacute; del dels dos volcans. Dian Fossey es va acomodar en uns terrenys ancestrals que eren usats per les tribus locals com camps de ca&ccedil;a i recol&middot;lecci&oacute;, la qual cosa li va suposar els primers enfrontaments amb els camperols de la zona. Des del seu campament, Fossey va anar m&eacute;s enll&agrave; de dedicar-se a compta aquests primats end&egrave;mics de l'&Agrave;frica Central: va gosar de relacionar-se i interactuar amb ells, una actitud pionera entre els cient&iacute;fics que li va valer una portada a la National Geographic, per aquell temps una de les poques revistes amb prou repercusi&oacute; per crear fen&ograve;mens medi&agrave;tics mundials.
    </p><p class="article-text">
        Dian Fossey era tossuda i esquerpa, de tracte gens diplom&agrave;tic, i es va guanyar tants enemics que quan es va trobar el seu cad&agrave;ver al campament -va ser apunyalada fins a la mort en el Nadal de 1985 perqu&egrave; aquell era l'&uacute;nic dia en qu&egrave; no hi havia ning&uacute; m&eacute;s al complex residencial- no es va poder saber qui va ser el culpable. Sempre s'ha sospitat que el seu assassinat va ser perpetrat per ca&ccedil;adors furtius, per&ograve; mai es va esbrinar del tot cert. La pel&middot;l&iacute;cula &ldquo;Goril&middot;les a la boira&rdquo; (1989) endolceix la vida de Dian Fossey, encara que inclou escenes dures i basades en fets reals com la tortura que va infligir a un furtiu, i menyst&eacute; fets fonamentals com que en els &uacute;ltims anys Fossey ja gaireb&eacute; va renunciar a fer treball de camp a la muntanya i trobava refugi en l'alcohol, per&ograve; Rwanda li est&agrave; eternament agra&iuml;da. Si avui hi ha goril&middot;les, &eacute;s gr&agrave;cies a Dian Fossey. Si avui el turisme ruand&egrave;s genera gaireb&eacute; 300 milions de d&ograve;lars d'ingressos anuals, &eacute;s gr&agrave;cies als goril&middot;les.
    </p><p class="article-text">
        Cam&iacute; a les runes del Karisoke, l&rsquo;esperan&ccedil;a de trobar algun goril&middot;la es va esvaint a mida que s&rsquo;avana&ccedil;a i en respirar es va notant la p&egrave;rdua d&rsquo;ox&iacute;gen a l&rsquo;ambient. Troncs amb trossos d'escor&ccedil;a arrencats indiquen que els goril&middot;les han estat de festa per all&agrave; fa poc temps, per&ograve; la jungla encara amaga les seves criatures. No obstant, el passeig acaba sent agradable. En arribar a l'estaci&oacute;, la idealitzaci&oacute; d'una dona intr&egrave;pida entregada a una causa &eacute;s el que fa la jornada inoblidable. Perqu&egrave;, de l'estaci&oacute; de Dian Fossey, queden &uacute;nicament fustes desballestades dels antics barracons dels gu&agrave;rdies i peda&ccedil;os del que un dia van ser els fonaments de fusta de la cabana principal. El Parc Nacional dels Volcans va intentar conservar les restes del campament com a reclam tur&iacute;stic, per&ograve; els militars i les mil&iacute;cies els van destruir durant el conflicte b&egrave;l&middot;lic posterior al genocidi, a mitjans dels anys noranta.
    </p><p class="article-text">
        Ironies del dest&iacute;, el turisme, que Dian Fossey menyspreava, ha acabat sent la salvaci&oacute; dels goril&middot;les. El meu viatge per Ruanda continua, a l'espera dels goril&middot;les. De moment, un sol radiant enlluerna la vall de Ruhengeri, on una investigadora tossuda va canviar el dest&iacute; d'una de les esp&egrave;cies de m&eacute;s semblan&ccedil;a amb els humans. Al costat de la tomba de Fossey, les creus pels goril&middot;les desapareguts esdevenen recordatoris punyents. Els que van viure menys de trenta anys van tenir un final tr&agrave;gic. Com Fossey, executada als 53 anys.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/dona-va-saber-adaptar-se-selva_132_5190460.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 Nov 2013 06:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243203" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243203" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La dona que va saber adaptar-se a la selva]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/3185804a-25d0-4865-ba92-e37916225551_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Benvinguts a Ruanda! Deixin les bosses de plàstic a l'avió!"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/benvingus-ruanda-deixin-bosses-plastic_132_5192545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Benvinguts a Ruanda! Deixin les bosses de plàstic a l&#039;avió!&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Kigali és una capital de carrers que pugen i baixen, de zigazagues  extenuants, i horitzons de pujols clapejats per sostres d’uralita, que  barreja l'exotisme d'Àfrica amb la tranquil·litat i l'asèpsia de Suïssa.</p></div><p class="article-text">
        Els anys i els viatges acostumen a formalitats insospitades a les duanes, per&ograve; les arbitrarietats sempre acaben d&rsquo;agafar per sorpresa. Al petit i mon&agrave;rquicament turmentat arxip&egrave;lag de Tonga, per exemple, inquireixen sobre si hom t&eacute; la intenci&oacute; d'introduir material pernici&oacute;s, sense especificar qu&egrave; &eacute;s nociu i qu&egrave; no, la qual cosa permet que els oficials facin al seu gust. Per&ograve;, tot i anteriors experi&egrave;ncies, la prohibici&oacute; en arribar a Ruanda va ser ins&ograve;lita: les bosses de pl&agrave;stic serien requisades. Ruanda, petit pa&iacute;s al cor de l'&Agrave;frica que encara, gaireb&eacute; 20 anys despr&eacute;s, lluita per enterrar la imatge d'un genocidi atro&ccedil;, intenta imposar valors com l'ecologisme. Per aix&ograve;, abans que el visitant ho descobreixi a la duana, el sobrec&agrave;rrec de l'avi&oacute; que acaba d'aterrar a Kigali, informa amablement pels altaveus: &ldquo;&iexcl;Deixin les bosses de pl&agrave;stic a l'avi&oacute;!&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Potser per l'av&iacute;s a la cabina, almenys els clients habituals de les botigues duty free van tenir temps de recol&middot;locar les compres a les maletes. Perqu&egrave; com que ning&uacute; ja exhibia pl&agrave;stics, no hi va haver controls d'equipatge a la terminal d'arribades. Terminal &eacute;s un terme gener&oacute;s: Kigali t&eacute; un d'aquests aeroports en els quals els passatgers van caminant de l'avi&oacute; a les depend&egrave;ncies per la pista. Enllestits els tr&agrave;mits fronterers amb rapidesa i molta efic&agrave;cia -despr&eacute;s la gent es queixa de l'&Agrave;frica, per&ograve; entrar als Estats Units, per exemple, &eacute;s molt m&eacute;s martiritzant-, n&rsquo;hi ha prou amb un recorregut pels carrers de Kigali, nets i lliures de bosses i papers a les voreres, per adonar-se de les excel&middot;lents rareses ruandeses: una obsessi&oacute; per la neteja i un ordre i assossec inaudits en el continent. I, per descomptat, qualsevol compra es lliura en una bossa de paper marr&oacute; reciclat, com les que es veuen a les pel&middot;l&iacute;cules i s&egrave;ries de televisi&oacute; americanes.
    </p><p class="article-text">
        Un grapat de venedors ambulants recalcitrants disposats a encolomar-te qualsevol cosa, des d'una mem&ograve;ria USB a una postal de goril&middot;les, recorden, de tant en tant, que l'&Agrave;frica &eacute;s un continent de xivarri urb&agrave;. Kigali &eacute;s una capital de carrers que pugen i baixen, de zigazagues extenuants, i horitzons de pujols clapejats per sostres d&rsquo;uralita, que barreja l'exotisme d'&Agrave;frica amb la tranquil&middot;litat i l'as&egrave;psia de Su&iuml;ssa. Alguns l'anomenen, certament amb mala intenci&oacute;, la Singapur d'&Agrave;frica: perqu&egrave; &eacute;s una naci&oacute; petitona, que ni arriba a la superf&iacute;cie de Gal&iacute;cia, envoltada per gegants territorials africans com la Rep&uacute;blica Democr&agrave;tica del Congo, Tanz&agrave;nia o K&egrave;nia, o perqu&egrave; el seu creixement econ&ograve;mic en l'&uacute;ltim lustre ha estat d'un 8% anual, digne dels dracs asi&agrave;tics en aquests temps de crisi. I, sobretot, per la deriva autorit&agrave;ria del seu president, Paul Kagame, un d'aquests l&iacute;ders austers i intel&middot;lectuals que introdueix amb fermesa qualsevol regla o norma que li sembla apropiada per als seus ciutadans. Kagame t&eacute; visions bondadoses de com ha de ser un pa&iacute;s pr&ograve;sper i en harmonia, per&ograve; les fa executar a la for&ccedil;a.
    </p><p class="article-text">
        Aix&iacute;, els ruandesos, m&eacute;s que campanyes que fomentin la higiene, tenen lleis que obliguen a vestir-se amb roba neta o que regulen fins i tots h&agrave;bits dom&egrave;stics. Entre d&rsquo;altres coses, tampoc poden tenir comportaments sectaris -sense concretar m&eacute;s- ni els hi est&agrave; recomenat que facin p&uacute;blica l&rsquo;&egrave;tnia a la qual pertanyen. El mantra oficial, que es repeteix m&eacute;s per por que per convicci&oacute;, &eacute;s que no hi ha ni tutsis ni hutus, nom&eacute;s hi ha ruandesos. Kagame, president des del 2003 i que s'est&agrave; plantejant modificar la constiuci&oacute;n per optar a un tercer mandat, t&eacute; fama de ser persona espartana i tena&ccedil; o, segons ho miren els seus opositors des de l'exili o la pres&oacute;, de ser obstinat i despietat. Diuen que dorm poques hores, sempre enfeinat revisant informes, detallats poble per poble. El problema, com a molts l&iacute;ders als quals els incomoda la democr&agrave;cia, &eacute;s que li manca sentit de l'humor i t&eacute; tend&egrave;ncia a enutjar-se amb els que pensen de manera diferent a la seva. Tampoc cal exagerar: Paul Kagame no &eacute;s Robert Mugabe, el delirant d&egrave;spota de Zimbabue, encara que poc a poc est&agrave; dilapidant el prestigi que es va llaurar amb la recuperaci&oacute; econ&ograve;mica, moral i social de Ruanda .
    </p><p class="article-text">
        En menys de dues d&egrave;cades, Kagame ha aconseguit que el seu pa&iacute;s sigui menys pobre i menys corrupte, i que la voluminosa ajuda exterior s'hagi tradu&iuml;t en realitats, en carreteres, hospitals i escoles, un fet que, malauradament, tamb&eacute; &eacute;s ins&ograve;lit a l'&Agrave;frica. Per&ograve; l'&egrave;xit ruand&egrave;s est&agrave; transformant el Kagame admirat en un president tir&agrave;nic.
    </p><p class="article-text">
        Al vespre, els ratpenats comencen a agitar-se als arbres de l&rsquo;escassament concorregut centre de Kigali. Una talla gegant de fusta, que representa una fam&iacute;lia de goril&middot;les de muntanya, tot just davant de l'hotel dels Mil Turons, celeb&egrave;rrim despr&eacute;s d&rsquo;inspirar la pel&middot;l&iacute;cula Hotel Rwanda, assenyala el cam&iacute;. El pa&iacute;s petit &eacute;s fam&oacute;s per la seva fauna i, m&eacute;s precisament, pels goril&middot;les de muntanya. Per tant, cal fer l&rsquo;esfor&ccedil; per anar a buscar-los i a veure'ls. Temps hi haur&agrave; per tornar a Kigali i&hellip; per parlar de Kagame.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/benvingus-ruanda-deixin-bosses-plastic_132_5192545.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Oct 2013 06:45:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243181" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243181" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["Benvinguts a Ruanda! Deixin les bosses de plàstic a l'avió!"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["¡Bienvenidos a Ruanda! ¡Dejen las bolsas de plástico en el avión!"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/bienvenidos-rwanda-dejen-plastico-avion_132_5192559.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;¡Bienvenidos a Ruanda! ¡Dejen las bolsas de plástico en el avión!&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Kigali es una capital de calles serpeteantes, subidas extenuantes y  horizontes de colinas moteadas por techos de hojalata, que mezcla el  exotismo de África con la tranquilidad y la asepsia de Suiza.</p></div><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os y los viajes acostumbran a formalidades insospechadas en las aduanas, pero las arbitrariedades siempre acaban sorprendiendo. En el peque&ntilde;o y mon&aacute;rquicamente atormentado archipi&eacute;lago de Tonga, por ejemplo, inquieren sobre si se tiene la intenci&oacute;n de introducir material pernicioso, sin especificar qu&eacute; es lo nocivo y lo que no, lo cual da manga ancha a los oficiales para interpretar a su albedr&iacute;o. Pero, pese a experiencias pasadas chocantes, la prohibici&oacute;n al llegar a Ruanda fue ins&oacute;lita: las bolsas de pl&aacute;stico quedan requisadas. Ruanda, peque&ntilde;o pa&iacute;s en el coraz&oacute;n de &Aacute;frica que todav&iacute;a, casi 20 a&ntilde;os despu&eacute;s, lucha por enterrar la imagen de un genocidio atroz, intenta imponer valores como el ecologismo. Por eso, antes de que el visitante se tope con la cruda realidad en la aduana, el sobrecargo del avi&oacute;n que acaba de aterrizar en Kigali, nos informa amablemente por los altavoces: &ldquo;Dejen las bolsas de pl&aacute;stico en el avi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Gracias al aviso en la cabina, al menos los habituales del <em>duty free</em> tuvieron tiempo de recolocar sus compras en las maletas. Tal vez porque nadie acarreaba ya pl&aacute;stico a la vista, no hubo controles de equipaje en la terminal de llegadas. Terminal es ser generoso, m&aacute;s bien era una salita: Kigali tiene uno de esos aeropuertos en los que los pasajeros van caminando del avi&oacute;n a las dependencias por la pista. Salvados los tr&aacute;mites fronterizos con rapidez y mucha eficacia &ndash;luego la gente se queja de &Aacute;frica, pero entrar en Estados Unidos, por ejemplo, es mucho m&aacute;s martirio-, bast&oacute; con un recorrido por las calles de Kigali, limpias y libres de bolsas y papeles en las aceras, para darse cuenta de esas excelentes rarezas ruandesas: una obsesi&oacute;n por la limpieza y un orden y sosiego inauditos en el contiente. Y, por supuesto, cualquier compra se entrega en una bolsa de papel marr&oacute;n reciclado, como las que se ven en las pel&iacute;culas y series americanas.
    </p><p class="article-text">
        Unos pocos vendedores ambulantes recalcitrantes empe&ntilde;ados en endosarte desde una memoria USB a una postal de gorilas recuerdan, de vez en cuando, que &Aacute;frica es un continente de barullo urbano. Kigali es una capital de calles serpeteantes, subidas extenuantes y horizontes de colinas moteadas por techos de hojalata, que mezcla el exotismo de &Aacute;frica con la tranquilidad y la asepsia de Suiza. Algunos la llaman, con cierta mala intenci&oacute;n, la Singapur de &Aacute;frica. Porque es una naci&oacute;n chiquita, algo m&aacute;s peque&ntilde;a que la comunidad aut&oacute;noma de Galicia, rodeada por gigantes territoriales africanos como la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, Tanzania o Kenia. Porque su crecimiento econ&oacute;mico en el &uacute;ltimo lustro ha sido de un 8% anual, algo digno de dragones asi&aacute;ticos en estos tiempos de crisis, y por las tendencias autoritarias de su presidente, Paul Kagame, uno de esos l&iacute;deres austeros e intelectuales que sanciona con firmeza cualquier regla o norma que le parece apropiada para sus ciudadanos. Kagame tiene visiones bondadosas de c&oacute;mo debe ser un pa&iacute;s pr&oacute;spero y en armon&iacute;a, pero las manda ejecutar a la fuerza.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los ruandeses, m&aacute;s que campa&ntilde;as que fomenten la higiene, tienen leyes que dictaminan que hay que vestirse con ropa limpia o que regulan h&aacute;bitos dom&eacute;sticos. Entre otras cosas, tampoco pueden tener comportamientos sectarios &ndash;sin detallar m&aacute;s- ni queda bien que revelen su etnia. El lema oficial, que se repite m&aacute;s por miedo que por convicci&oacute;n, es que no hay tutsis ni hutus, solamente hay ruandeses. Kagame, presidente desde el 2003 y que se est&aacute; planteando modificar la Constituci&oacute;n para optar a un tercer mandato, tiene fama de espartano y tenaz o de, seg&uacute;n los opositores en el exilio o la c&aacute;rcel, de obstinado y despiadado. Dicen que duerme pocas horas, siempre revisando informes, aldea por aldea. El problema, como a muchos l&iacute;deres a los que les incomoda la democracia, es que carece de sentido del humor y tiene tendencia a enojarse con los que piensan de manera diferente a la suya. No hay que confundirse: Kagame no es Robert Mugabe, el delirante d&eacute;spota de Zimbabue, aunque poco a poco est&aacute; dilapidando el prestigio que se labr&oacute; con la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, psicol&oacute;gica y social de Ruanda.
    </p><p class="article-text">
        En menos de dos d&eacute;cadas, Kagame ha conseguido que su pa&iacute;s sea menos pobre y menos corrupto, y que la voluminosa ayuda exterior se haya traducido en realidades, en carreteras, en hospitales y escuelas, algo, por desgracia, tambi&eacute;n ins&oacute;lito en &Aacute;frica. Pero el &eacute;xito ruand&eacute;s est&aacute; transformando al Kagame admirado en un presidente tir&aacute;nico. Al atardecer, los murci&eacute;lagos empiezan a agitarse en los &aacute;rboles del escasamente transitado centro de Kigali. Una talla gigante de madera, que representa a una familia de gorilas de monta&ntilde;a, frente al Hotel de las Mil Colinas, celeb&eacute;rrimo tras inspirar la pel&iacute;cula <em>Hotel Ruanda</em>, se&ntilde;ala el camino. El diminuto pa&iacute;s es famoso por su fauna y, en concreto, por los gorilas de monta&ntilde;a. Hay que ir a buscarlos y verlos. Tiempo habr&aacute; de volver a Kigali y de volver a hablar de Kagame.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Dusster]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/diario-de-viajes/bienvenidos-rwanda-dejen-plastico-avion_132_5192559.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Oct 2013 06:40:31 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="243181" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="243181" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA["¡Bienvenidos a Ruanda! ¡Dejen las bolsas de plástico en el avión!"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d5bbd79c-9507-414b-91f6-3343d250b8ca_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ruanda,África]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
