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    <title><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Rodríguez Uribes]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/jose_manuel_rodriguez_uribes/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - José Manuel Rodríguez Uribes]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Contra la corriente, o en defensa del sistema]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/corriente-defensa-sistema_1_4474371.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b03606bb-9815-4b40-97ed-804712ee2415_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Contra la corriente, o en defensa del sistema"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El problema no es del sistema, no es de la democracia constitucional, necesariamente parlamentaria y representativa aunque se complete con otras formas de participación</p></div><p class="article-text">
        Un mundo con normas, eso es precisamente la democracia constitucional que nos hemos dado, en Espa&ntilde;a desde 1978, y que debemos preservar para no volver a las andadas o para que no la destruyan unos u otros, desde dentro o desde fuera del sistema. Reglas, por tanto, para todos (gobernantes y gobernados) y para todo (organizaci&oacute;n territorial del Estado, prevenci&oacute;n y combate de la corrupci&oacute;n, etc&eacute;tera) menos para la &eacute;tica privada, donde la &uacute;nica norma deber&iacute;a ser la conciencia individual. Por eso cuando en el espacio p&uacute;blico, pol&iacute;tico o econ&oacute;mico, aqu&eacute;llas se olvidan o no existen la consecuencia no es otra que el abuso, el exceso, el da&ntilde;o al m&aacute;s d&eacute;bil, la corrupci&oacute;n o el enriquecimiento il&iacute;cito o desmesurado. Crisis y m&aacute;s crisis, econ&oacute;mica, social, medioambiental, pol&iacute;tica y moral; desconfianza y m&aacute;s desconfianza, que es lo &uacute;nico que no resiste la democracia constitucional <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/Democracia-juego-limpio_0_172882799.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como record&eacute; en esta misma Agenda P&uacute;blica</a>.
    </p><p class="article-text">
        No hay que ser particularmente hobbesiano para saber que necesitamos reglas, la historia nos lo ense&ntilde;a, que el anarquismo pol&iacute;tico es infantil y que el econ&oacute;mico es ego&iacute;sta y cruel. Somos inevitablemente seres sociables, desde Arist&oacute;teles, por tanto, animales pol&iacute;ticos. La sublimaci&oacute;n de la individualidad y de la soledad, una est&eacute;tica del fatalismo y del retiro que encontramos, por ejemplo, en el gran Pessoa influido por el Ciudadano de Ginebra, o en Shopenhauer, es materialmente imposible en su universalizaci&oacute;n adem&aacute;s de un signo de tr&aacute;gico pesimismo y de desesperaci&oacute;n sobre la condici&oacute;n humana, incompatible con la vida social. &ldquo;<a href="http://www.casadellibro.com/libro-la-antropologia-ante-los-problemas-del-mundo/9788490062159/1984940" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Por lejos que se busquen ejemplos en el tiempo y en el espacio &ndash;escribi&oacute; en este sentido L&eacute;vi-Strauss- la vida del ser humano se inscribe en marcos que ofrecen rasgos comunes. Siempre y en todas partes el hombre vive en sociedad</a>&rdquo;. S&oacute;lo cabe, por tanto, esta vida compartida, la intersubjetividad y la alteridad permanente, incluso en el mejor de los casos, la amistad que compensa nuestro ego&iacute;smo y nuestra falibilidad. &ldquo;<a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/FC_2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ansiamos la amistad porque somos seres sociables &ndash;escribir&aacute; tambi&eacute;n Paul Auster-, nacidos de otros seres y destinados a vivir entre otros seres hasta el d&iacute;a de nuestra muerte</a>&rdquo;. Esta sociabilidad amistosa, la ant&iacute;tesis de la guerra, requiere el respeto mutuo, la tolerancia positiva y nos sugiere la simpat&iacute;a y la solidaridad, para ser mejores o para no perder, seg&uacute;n los casos. Las desigualdades originales, naturales, econ&oacute;micas o sociales (pobres y ricos, vulnerables y fuertes, sabios o ignorantes) s&oacute;lo pueden ser corregidas y equilibradas con reglas compartidas y con un reparto democr&aacute;tico del poder. Sin aqu&eacute;llas o sin &eacute;ste s&oacute;lo hay violencia, miseria, oscuridad, destrucci&oacute;n...
    </p><p class="article-text">
        El gobierno de las leyes propio del constitucionalismo de nuestro tiempo es as&iacute; el ideal regulativo que inventa la mejor civilizaci&oacute;n y la mejor modernidad especialmente a partir de Montesquieu; y la democracia, la &uacute;nica forma de gobierno justa y, en cierto sentido, posible. Uno y otra aspiran a sacarnos del caos previo, de la violencia desenfrenada, o de un poder que siempre tiende a abusar, el del Estado o el de la sociedad y otros poderes econ&oacute;micos, incluso el de uno mismo como con la antigua venganza privada.
    </p><p class="article-text">
        Se pens&oacute; tambi&eacute;n como instrumento de protecci&oacute;n del d&eacute;bil, que &uacute;nicamente puede &ldquo;agarrarse&rdquo;, &ldquo;aferrarse&rdquo; a las normas &ldquo;para sobrevivir&rdquo; frente a quien no las necesita, frente a quien le basta con su fuerza o con su riqueza. Para el fuerte las reglas son precisamente un engorro cuando no un inconveniente serio que hay que sortear en su af&aacute;n de enriquecimiento o de infinita ansia de poder.
    </p><p class="article-text">
        Es asimismo la garant&iacute;a de una justicia formal, que no es impunidad pero s&iacute; limitaci&oacute;n racional y humanizada del uso de la fuerza. Es sin&oacute;nimo de igualdad (ante el Derecho), igualdad de trato, es decir, como barrera frente a la arbitrariedad o la discriminaci&oacute;n. No se busca la satisfacci&oacute;n a toda costa de la justicia material a trav&eacute;s de una aplicaci&oacute;n t&oacute;pica, habitual en el viejo Derecho. Aqu&iacute; no pasa de ser, en palabras de Viehweg, &ldquo;una t&eacute;cnica del pensamiento que se orienta hacia el problema&rdquo; pero que est&aacute; sometida al valor prioritario de la igualdad formal y de la seguridad jur&iacute;dica que provienen sobre todo de la idea de sistema, de la uniformidad y de la universalidad de las normas, exigiendo por tanto, cuando aqu&eacute;lla se aplica, un plus de justificaci&oacute;n; o porque se busca una cierta igualdad material o porque se pretende proteger la singularidad y la diferencia positivas.
    </p><p class="article-text">
        Por consiguiente, el problema no es del sistema, no es de la democracia constitucional, necesariamente parlamentaria y representativa aunque se complete con otras formas de participaci&oacute;n. El sistema goza de un dise&ntilde;o te&oacute;rico y normativo, si no perfecto, s&iacute; arm&oacute;nico y sofisticado para buscar siempre el equilibrio, que debe beneficiar especialmente a los que parten del lado bajo de la balanza. El problema es y ha sido de algunos que lo han usado para el aprovechamiento propio, torciendo sus reglas, abusando de la confianza de los ciudadanos, jugando sucio, usurpadores muchos de ellos delincuentes. Pero sin el sistema estar&iacute;amos peor, desnudos ante su fuerza y su ambici&oacute;n. Esos mismos hubieran campado a sus anchas, todav&iacute;a m&aacute;s, sin posibilidad de sanci&oacute;n e incluso legitimando sus &ldquo;nuevas propiedades&rdquo; para la historia. Por tanto no se trata de acabar con el sistema del 78, aunque debamos actualizarlo, sino de hacerlo cumplir, de aplicarlo en toda su extensi&oacute;n, de profundizar en sus amplias posibilidades, vigilando especialmente al vigilante y sin caer seducidos por los cantos de sirena de oportunistas salvadores&hellip;No otra vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rodríguez Uribes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/corriente-defensa-sistema_1_4474371.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 07 Dec 2014 20:07:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Contra la corriente, o en defensa del sistema]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin confianza no hay democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/democracia-juego-limpio_1_5797959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6437548a-1c4e-4b57-93fb-b6a7e9d29823_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sin confianza no hay democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El recurso sistemático a la mentira,  con  una falta de respeto elemental hacia los ciudadanos, junto al abandono de los principios más  elementales de  honradez y honestidad, de transparencia y visibilidad, de  fair play o,  también, de solidaridad con los más débiles, no augura  nada bueno para  nuestra democracia.</p></div><p class="article-text">
        Suele  decirse que no hay mejor defensa que un buen ataque. Se dice para la  vida y tambi&eacute;n en pol&iacute;tica. En este &aacute;mbito otros prefieren utilizar  met&aacute;foras deportivas, como que lo importante es meter gol, una forma  pedestre de defender la perniciosa m&aacute;xima del fin justifica los medios.  Son, en todo caso, malos consejos, estrategias pol&iacute;ticas o formas de  relacionarnos con los dem&aacute;s que nos llevan a la destrucci&oacute;n;  a la  nuestra y a la del otro. El modelo de sociedad que representan es poco  amable, poco amistoso, una suerte de darwinismo social al que solo le  importa el resultado, que desconf&iacute;a del ser humano, un pesimismo  antropol&oacute;gico que arranca con Hobbes y que culmina con este capitalismo  financiero despiadado y ego&iacute;sta en el que vivimos. La peor veta de la  Modernidad.
    </p><p class="article-text">
        En  pol&iacute;tica, un signo de esta l&oacute;gica es el recurso a la falacia en  cualquiera de sus formas, de acuerdo con la clasificaci&oacute;n que nos hizo  Bentham. Se utiliza un argumento &ldquo;con el prop&oacute;sito de inducir a enga&ntilde;o&rdquo;,  bien por parte de quien acusa, bien por quien se defiende de la  acusaci&oacute;n (a veces, por ambos). Se parte de la idea de que decir la  verdad es cosa de ingenuos, que la pol&iacute;tica es s&oacute;lo poder y que por  tanto requiere ficci&oacute;n, simulaci&oacute;n u ocultaci&oacute;n, un permanente baile de  m&aacute;scaras en el que lo importantes es no dejar de bailar. 
    </p><p class="article-text">
        Es la  Realpolitik, la pol&iacute;tica de &ldquo;la realidad&rdquo;, que conduce a la l&oacute;gica de la  fuerza, del secreto, del cinismo y de la mentira. En democracia  normalmente no se da la violencia f&iacute;sica y, cuando la hay, suele estar  sometida al control jurisdiccional, pero s&iacute; la manipulaci&oacute;n y el  envilecimiento, el enga&ntilde;o. La falacia juega en este contexto un papel  fundamental. Tambi&eacute;n la ausencia de altruismo y de solidaridad, una  suerte de &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo; que se acent&uacute;a con crisis econ&oacute;micas  como la que estamos padeciendo (unos m&aacute;s que otros).
    </p><p class="article-text">
        Sin  embargo, creo que esta &ldquo;visi&oacute;n del mundo&rdquo;, de la pol&iacute;tica y estas  estrategias maniqueas, de larga tradici&oacute;n a partir de la filosof&iacute;a de la  &ldquo;raz&oacute;n de Estado&rdquo; (tantas veces &ldquo;pasi&oacute;n de Estado&rdquo;) de la que se han  ocupado entre otros Rafael del &Aacute;guila, Javier de Lucas o Eusebio  Fern&aacute;ndez, que llegan hasta Carl Schmitt en su versi&oacute;n m&aacute;s extrema, si  se quedan entre nosotros y se generalizan son un c&aacute;ncer para la  democracia. Soy consciente de que la pol&iacute;tica no es para ingenuos, ni  para mentes simples o inocentes, ni mucho menos para incompetentes, ni  que decir siempre la verdad a todo el mundo sea lo m&aacute;s aconsejable como  supo ver Constant frente a Rousseau. Hay un punto de hipocres&iacute;a que sin  duda nos civiliza, nos ayuda a soportarnos los unos a los otros. 
    </p><p class="article-text">
        Pero  esto es una cosa y otra que aceptemos que el hombre p&uacute;blico, el  pol&iacute;tico, pueda ser un sinverg&uuml;enza, un corrupto, o un canalla. O peor  a&uacute;n, que lleguemos a pensar que &ldquo;pol&iacute;tico&rdquo; es sin&oacute;nimo de todo esto.  Debemos recuperar una mirada sobre la pol&iacute;tica que s&oacute;lo incluya a  personas honestas, honradas, a poder ser austeras, con vocaci&oacute;n de  servicio a los ciudadanos, con grandeza y generosidad, y no con ansia de  poder o de riqueza; personas con principios y convicciones,  depositarias de &ldquo;virtudes p&uacute;blicas&rdquo; que dir&iacute;a Victoria Camps aunque no  sean perfectas (imposible por otra parte) y, eso s&iacute;, con todos los  escr&uacute;pulos y reparos del mundo hacia el dinero p&uacute;blico. 
    </p><p class="article-text">
        Me temo que el  deterioro en nuestro pa&iacute;s de nuestra joven democracia, la desconfianza  que se&ntilde;alan todas las encuestas, trae causa de una p&eacute;rdida progresiva de  estos valores intr&iacute;nsecos que la conforman y que van m&aacute;s all&aacute; de la  administraci&oacute;n del poder por la mayor&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        La democracia es, debe ser  (deber&iacute;a ser) tambi&eacute;n un <em>modus vivendi</em>,  una forma de relacionarse con los dem&aacute;s, incluso de reconciliarse, de  no sentir como ajeno nada que le afecte al otro de una forma relevante,  de entender el poder y la vida social como un espacio para la  convivencia, la libertad, el desarrollo personal y colectivo, con  igualdad de oportunidades y con cohesi&oacute;n; s&iacute;, nada nuevo que no est&eacute;  escrito, que no pueda encontrarse en  las mejores propuestas  republicanas sobre la democracia,  desde la Grecia Cl&aacute;sica hasta sus versiones m&aacute;s contempor&aacute;neas, con  Skinner, Pettit o incluso Habermas, por ejemplo; versiones republicanas  de la democracia que han incorporado tambi&eacute;n lo mejor del liberalismo y  del socialismo democr&aacute;tico y que hoy hemos terminando denomin&aacute;ndolas  &ldquo;democracias constitucionales&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Es  verdad que se trata de propuestas exigentes, nada f&aacute;ciles de convertir  en realidad. Son un ideal que debemos perseguir aunque nunca lo  alcancemos. Pero nuestro problema hoy no es de exceso de pretensiones,  por habernos exigido mucho, sino por habernos conformado con muy poco,  incluso por haber tragado con ruedas de molino intragables; hemos ca&iacute;do  muy bajo. 
    </p><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n o el enriquecimiento il&iacute;cito de una parte  significativa de la clase pol&iacute;tica y el abuso de poder, entre otras  pr&aacute;cticas perniciosas, han contribuido a esta crisis institucional que  vivimos. Tambi&eacute;n lo ha hecho la ruptura de las reglas del juego limpio  que las acompa&ntilde;a inexorablemente, el abandono de esos principios y  valores que definen hoy una genuina democracia constitucional: el de  solidaridad, el de igualdad de oportunidades, el de respeto hacia el  otro, a su privacidad, al adversario pol&iacute;tico, demasiadas veces enemigo,  al valor de la palabra dada, de las promesas, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. La  pol&iacute;tica del todo vale con tal de conseguir los fines que se persiguen y  los escasos frenos morales de algunos  de sus protagonistas explican  todos estos fen&oacute;menos de corrupci&oacute;n y deterioro de la vida p&uacute;blica.  
    </p><p class="article-text">
        Ahora que muchos denuncian los d&eacute;ficits de nuestra Transici&oacute;n, en  algunos casos con toda raz&oacute;n (la mitificamos en exceso) deber&iacute;amos  reconocer tambi&eacute;n algunos de sus logros y &eacute;xitos, y de sus ense&ntilde;anzas  olvidadas, quiz&aacute; la m&aacute;s importante el esp&iacute;ritu de consenso que la  impuls&oacute; o la idea de compromiso altruista. No era s&oacute;lo la voluntad de  llegar a acuerdos, sino la forma en que se lleg&oacute; a ellos, con amistad  c&iacute;vica, con limpieza, evitando la agresi&oacute;n cainita, la imposici&oacute;n, la  mentira o la deslealtad (sobre la que se ocup&oacute;, por ejemplo, Albert  Calsamiglia). &Eacute;ste, al menos, fue el esp&iacute;ritu de la mayor&iacute;a (quiz&aacute;  tambi&eacute;n porque la Espa&ntilde;a negra que surge de la guerra civil estaba muy  cerca, muy reciente) y, lamentablemente, lo hemos perdido&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Hoy,  en nuestro pa&iacute;s, vivimos malos tiempos para los principios y los  valores, para una visi&oacute;n ilusionante de la pol&iacute;tica y de la democracia,  para la &eacute;tica p&uacute;blica que dir&iacute;a mi querido maestro Gregorio Peces-Barba.  La crisis, y su gesti&oacute;n insolidaria, la corrupci&oacute;n, y su gesti&oacute;n  irresponsable, nos han llevado al desencanto generalizado, a la huida en  unos casos, al oportunismo en otros y al cinismo en casi todos, incluso  a una cierta <em>guerra de todos contra todos</em>.  As&iacute; no saldremos de &eacute;sta aunque los datos econ&oacute;micos digan alg&uacute;n d&iacute;a  que s&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Tampoco depender&aacute; de un mirlo blanco fruto de una primarias, por  mucho valor que tenga este procedimiento democr&aacute;tico, que sin duda lo  tiene y deber&iacute;a generalizarse en todos los partidos. Hay que asegurar  antes y entre todos algunas certezas (b&aacute;sicamente jugar limpio) y evitar  esta deriva maquiav&eacute;lica, en el peor sentido, en la que estamos.
    </p><p class="article-text">
        Desgraciadamente,  los ejemplos de falacias y de juego sucio son numerosos y los  encontramos todos los d&iacute;as y por todas partes. En los pol&iacute;ticos, en los  medios de comunicaci&oacute;n y en la llamada sociedad civil. Me centrar&eacute; en  uno por la relevancia del caso y por su protagonista, el presidente del  Gobierno, que es quien deber&iacute;a dar m&aacute;s y mejor ejemplo. S&iacute;, como ha  podido comprobarse estos meses y tambi&eacute;n en su comparecencia forzada en  el Parlamento el pasado 1 de agosto, Rajoy no pudo evitar esta tentaci&oacute;n  de defenderse de su responsabilidad evidente por el caso B&aacute;rcenas, hoy  ya caso PP (especialmente despu&eacute;s del episodio de los ordenadores  borrados) mediante el recurso a falacias de todo tipo, incluso al ataque  personal, por ejemplo contra el l&iacute;der de la oposici&oacute;n, Alfredo P&eacute;rez  Rubalcaba, <em>&ldquo;vituperative personalities&rdquo;</em>.  
    </p><p class="article-text">
        Utiliz&oacute; falacias de peligro (&ldquo;quien nos ataca, impide la recuperaci&oacute;n  econ&oacute;mica&rdquo;) falacias de dilaci&oacute;n (postergando la discusi&oacute;n todo lo  posible) falacias de confusi&oacute;n (<em>meter todo &ndash;y a todos- en un mismo saco</em>) etc&eacute;tera, etc&eacute;tera.<em> </em>Tambi&eacute;n  lo ha hecho una persona normalmente sensata y preparada (m&aacute;s all&aacute; de  sus &ldquo;sermones&rdquo; de los viernes) como la vicepresidenta S&aacute;enz de  Santamar&iacute;a o un hombre dialogante y abierto como Alfonso Alonso. B&aacute;rcenas les ha sacado a todos de quicio y les ha llevado a vivir  permanentemente en la mentira, en el desprop&oacute;sito&hellip; 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, creo que  a&uacute;n est&aacute;n a tiempo de cambiar esta deriva perversa que ha acentuado  particularmente la desconfianza en las instituciones, en la democracia  parlamentaria o representativa, en la nobleza de la Pol&iacute;tica. Si  queremos empezar a recuperar alguna dosis de cr&eacute;dito ciudadano, de  confianza en el sistema, el presidente deber&iacute;a empezar por asumir &eacute;l sus  responsabilidades, palmarias, por este caso grav&iacute;simo de corrupci&oacute;n y  de enga&ntilde;o. Ya lo deber&iacute;a haber hecho pero nunca es tarde si la dicha es  buena. 
    </p><p class="article-text">
        Deber&iacute;a hacer, al menos, lo que ha hecho el presidente Gri&ntilde;&aacute;n en  Andaluc&iacute;a  a prop&oacute;sito del caso de los ERES fraudulentos: dimitir. Sin  m&aacute;s. Eso s&iacute;, Rajoy deber&iacute;a impulsar, antes de irse, una reforma del  reglamento de la C&aacute;mara que facilite la transparencia y el dinamismo del  Parlamento, para que, entre otras cosas, el Gobierno y su presidente  comparezcan siempre que lo pida la oposici&oacute;n, autom&aacute;ticamente, sin ir  arrastras y tarde. Los grupos parlamentarios deben poder controlar al  ejecutivo sin que &eacute;ste se esconda detr&aacute;s de su mayor&iacute;a absoluta. La  regla de la mayor&iacute;a tiene sentido en la funci&oacute;n legislativa del  Parlamento, aunque tampoco de una forma total (debe combinarse  sabiamente con el di&aacute;logo &ndash;vg, para el problema con Catalunya-) pero no  lo tiene en relaci&oacute;n con las funciones de control, al menos para  activarlas y posibilitarlas.
    </p><p class="article-text">
        En  suma, el recurso sistem&aacute;tico a la falacia o directamente a la mentira,  con una falta de respeto elemental hacia los ciudadanos, trat&aacute;ndonos  como menores de edad, junto al abandono de los principios m&aacute;s  elementales de honradez y honestidad, de transparencia y visibilidad, de  fair play o, tambi&eacute;n, de solidaridad con los m&aacute;s d&eacute;biles, no augura  nada bueno para nuestra democracia. Lo sabemos ya. Estamos en el momento  m&aacute;s cr&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Este Gobierno, principal responsable a mi juicio de este  deterioro, no es sin embargo el &uacute;nico responsable. Ser&iacute;a pueril y  sectario pensarlo. Lo somos todos, cada uno en su nivel, el resto de  partidos pol&iacute;ticos tambi&eacute;n (incluidos los minoritarios), los medios de  comunicaci&oacute;n y el conjunto de los ciudadanos que debemos exigir (e  interiorizar) el debido respeto a las reglas y a los valores  democr&aacute;ticos. La democracia es la &uacute;nica forma de gobierno que requiere  para su existencia de la confianza de los ciudadanos (todas las dem&aacute;s se  las arreglan directamente con la fuerza, con la violencia, incluso  f&iacute;sica) y si se pierde del todo, sencillamente, estamos perdidos... Sin  confianza, no hay democracia. La historia nos lo ense&ntilde;&oacute; en 1933 y, en  nuestro pa&iacute;s, en 1936. No volvamos a empezar&hellip;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rodríguez Uribes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/democracia-juego-limpio_1_5797959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 07 Sep 2013 17:59:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Mariano Rajoy,Corrupción]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las víctimas del terrorismo en España]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/victimas-terrorismo-espana_132_5704571.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Las asociaciones de víctimas del terrorismo gozaron asimismo, en  particular entre 2004 y 2011, de una visibilidad y de un poder de  influencia, social y mediática, sin precedentes</p></div><p class="article-text">
        Prefacio a <a href="http://www.casadellibro.com/libro-las-victimas-del-terrorismo-en-espana/9788490314425/2116035" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Las v&iacute;ctimas del terrorismo en Espa&ntilde;a</a>, Ed. Dykinson
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En materia de apoyo a las v&iacute;ctimas &ndash;escribieron en junio de 2009 en el diario <em>El pa&iacute;s</em> Gustavo Su&aacute;rez Pertierra y Fernando Reinares-, Espa&ntilde;a ha terminado por convertirse en una referencia mundial&rdquo;. Las asociaciones de v&iacute;ctimas del terrorismo gozaron asimismo, en particular entre 2004 y 2011, de una visibilidad y de un poder de influencia, social y medi&aacute;tica, sin precedentes. Parad&oacute;jicamente su mayor fuerza se dio en ese tiempo, cuando se estuvo m&aacute;s alerta frente al terrorismo islamista tras el 11-M y, sobretodo, cuando el terrorismo de ETA se debilit&oacute; operativamente como nunca antes. Son unos a&ntilde;os en los que, adem&aacute;s, la banda separatista sufre un desgaste social desconocido hasta entonces, que termin&oacute; siendo decisivo, muy especialmente tras el proceso de di&aacute;logo que rompe ETA con los asesinatos de Carlos Palate y Diego Armando Estacio, dos j&oacute;venes inmigrantes ecuatorianos, el 30 de diciembre de 2006. La estrategia policial y de pol&iacute;tica antiterrorista del Ministerio del Interior, en especial con Alfredo P&eacute;rez Rubalcaba, socav&oacute; la estructura &ldquo;militar&rdquo; de la banda y, a la vez, su caldo de cultivo social. Y, claro est&aacute;, sin el reconocimiento a las v&iacute;ctimas, esto segundo no hubiera sido posible. La deslegitimaci&oacute;n social de ETA fue paralela a la visibilidad de sus v&iacute;ctimas, en una concepci&oacute;n integral de la seguridad que incluy&oacute; la humanizaci&oacute;n del da&ntilde;o causado, la dignificaci&oacute;n de las personas que lo padecieron directamente, un da&ntilde;o que no fue ni colateral ni inevitable, dos prejuicios inaceptables de los terroristas. Con todo, diez cr&iacute;menes m&aacute;s se suceder&iacute;an entre 2007 y el 20 de octubre de 2011, cuando la banda declara el cese definitivo de su actividad armada. Fernando Trapero y Ra&uacute;l Centeno, Juan Manuel Pi&ntilde;uel, Luis Conde de la Cruz, Isa&iacute;as Carrasco, Inaxio Ur&iacute;a, Eduardo Puelles, Carlos Sa&eacute;nz de Tejada, Diego Salv&aacute; y en Francia Jean-Serge N&eacute;rin, perdieron la vida con los &uacute;ltimos coletazos de ETA. Una agon&iacute;a que se nos hizo muy larga y dolorosa pese a que se trataba del periodo de nuestra historia contra la banda con m&aacute;s detenciones decisivas y en el que, consecuentemente, &eacute;sta cometi&oacute; el menor n&uacute;mero de cr&iacute;menes. Todo lo que ha sucedido despu&eacute;s, desde principios de 2012, y todo lo que est&aacute; sucediendo, es un proceso de ajuste, a veces contradictorio o poco preciso, tambi&eacute;n en ocasiones dif&iacute;cil para las v&iacute;ctimas o para algunas de sus asociaciones, a esta realidad feliz del fin de ETA, la banda que pretendi&oacute; la independencia pol&iacute;tica y jur&iacute;dica de una Euskalerria imposible, que inclu&iacute;a adem&aacute;s de al actual Pa&iacute;s vasco y a Navarra, a tres demarcaciones del sudoeste de Francia. No era s&oacute;lo la segregaci&oacute;n o la ruptura de la unidad de Espa&ntilde;a y de Francia lo que estaba en juego con la presencia mort&iacute;fera de ETA, sino, lo que es m&aacute;s importante sin duda: la aniquilaci&oacute;n del pluralismo y de las libertades individuales a partir del nacionalismo &eacute;tnico uniformador en el que se inspir&oacute; ideol&oacute;gicamente. Por eso es tan importante el &eacute;xito del fin de ETA, un &eacute;xito sin duda compartido. Por el conjunto de la sociedad espa&ntilde;ola, incluida la vasca por supuesto, por los sucesivos gobiernos democr&aacute;ticos desde los tiempos de Adolfo Su&aacute;rez y Felipe Gonz&aacute;lez y, claro, por las v&iacute;ctimas y sus familias.
    </p><p class="article-text">
        Con el presidente Rodr&iacute;guez Zapatero, el trabajo fue ingente, continuado y decidido, desde todos los &aacute;mbitos del Gobierno, haciendo o&iacute;dos sordos a las cr&iacute;ticas, tan injustas como contraproducentes, y mirando siempre hacia adelante. Cuando escribo estas l&iacute;neas, desde la distancia del tiempo transcurrido y la frialdad de mi despacho universitario, pienso en los exitosos resultados contra ETA y contra el terrorismo internacional de esos a&ntilde;os y sigo sin comprender las desconfianzas, las falacias y las pol&eacute;micas y, sobre todo, el uso pol&iacute;tico partidario, a veces sin l&iacute;mites, que hizo de la cuesti&oacute;n el Partido Popular, entonces en la oposici&oacute;n, un uso que ahora de vez en cuando se les vuelve en contra haciendo realidad la m&aacute;xima de Santa Teresa: &ldquo;<em>Se derramar&aacute;n m&aacute;s l&aacute;grimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas</em>&rdquo;. S&oacute;lo entiendo la cr&iacute;tica a la lucha antiterrorista, que adem&aacute;s debe hacerse con todo el reproche moral, pol&iacute;tico y jur&iacute;dico-penal, cuando se hace violentado los derechos humanos, situaci&oacute;n que no se produjo en Espa&ntilde;a en ning&uacute;n caso entre 2004 y 2011. Otra cosa son las v&iacute;ctimas, incluso sus asociaciones, afectadas directamente por la acci&oacute;n terrorista, por la tragedia. Vidas y familias rotas con duelos sin cerrar en muchos casos, pese al paso del tiempo. Nosotros no coincid&iacute;amos con algunas de sus reivindicaciones m&aacute;s pol&iacute;ticas, sobre estrategia antiterrorista o sobre pol&iacute;tica penitenciaria, siempre se lo dijimos y, sobretodo, siempre las respetamos y las entendimos a&uacute;n sin darles la raz&oacute;n de forma paternalista. No es f&aacute;cil ver salir de la c&aacute;rcel, a&uacute;n en cumplimiento estricto de la legalidad constitucional, al asesino de tus seres queridos. La sospecha sobre la sinceridad de su arrepentimiento, en el caso de que se haya producido, o el tiempo de las condenas, casi siempre insuficiente para una v&iacute;ctima, responde a una l&oacute;gica humana que hay que entender y respetar aunque los criterios que prevalezcan (precisamente por eso) sean los del Estado de Derecho, es decir, los de legalidad y humanidad. &ldquo;El hombre sin derecho se rebaja al nivel del bruto&rdquo; escribi&oacute; Ihering en su gran obra <em>La lucha por el derecho</em>, imprescindible en nuestra cultura pol&iacute;tica y jur&iacute;dica. No debe olvidarse que una de las caracter&iacute;sticas del <em>Rule of Law </em>es que, por prudencia y para asegurar que nunca se producen excesos, pero tambi&eacute;n como pedagog&iacute;a social, se suele proteger particularmente al victimario, y esto puede ser desgarrador para la v&iacute;ctima. Esta filosof&iacute;a se concreta en la Modernidad, o mejor, con las Revoluciones liberales y la Ilustraci&oacute;n, superado el viejo Derecho penal del <em>Ancien Regime</em>, tal y como nos ense&ntilde;&oacute; nuestro Tom&aacute;s y Valiente, vilmente asesinado por ETA, pero tiene antecedentes antiguos, en Grecia, con S&oacute;crates, o en Roma con Ulpiano, en lo que podr&iacute;amos identificar como los or&iacute;genes de la civilizaci&oacute;n. Entre las ense&ntilde;anzas socr&aacute;ticas se encuentra la &ldquo;doctrina de que es mejor ser v&iacute;ctima de una injusticia que cometerla con los dem&aacute;s&rdquo;, sobre todo si quien la podr&iacute;a cometer es el Estado. Y entre las de Ulpiano, que &ldquo;nadie debe ser condenado por sospechas, porque es mejor que se deje impune el delito de un culpable que condenar a un inocente&rdquo;. Por eso, en caso de duda, prevalecen los criterios de libertad y siempre los humanitarios. Tambi&eacute;n las garant&iacute;as que evitan tratos inhumanos o degradantes o penas desproporcionadas sin que eso signifique la no persecuci&oacute;n del delito o la ausencia de sanci&oacute;n y en la paradoja de que el victimario no tuvo esa consideraci&oacute;n hacia su v&iacute;ctima. En el Estado de Derecho, como es sabido aunque no viene mal recordarlo, el castigo, adem&aacute;s, es un mal necesario que no s&oacute;lo implica el reproche hacia una conducta il&iacute;cita, sino que busca tambi&eacute;n reducir el crimen y &ldquo;reformar&rdquo; al criminal. Diderot condens&oacute; bien esta filosof&iacute;a que inspira la sanci&oacute;n negativa y particularmente la pena en nuestro modelo constitucional, que es sobretodo un modelo &eacute;tico y cultural, civilizatorio, cuando escribi&oacute;: &ldquo;la justicia se sit&uacute;a entre el exceso de clemencia y la crueldad, al igual que las penas consumadas est&aacute;n entre la impunidad y las penas eternas&rdquo;. En este punto la mirada particular de muchas v&iacute;ctimas y de sus familias ha condicionado comprensiblemente la realidad objetiva del fin del terrorismo de ETA en nuestro pa&iacute;s, que es sin duda la mejor noticia desde la Transici&oacute;n a la democracia y el fin del franquismo. Aceptarlo con &ldquo;deportividad&rdquo; desde el gobierno y los representantes pol&iacute;ticos, mir&aacute;ndolas a los ojos sin enga&ntilde;arlas, o sin decir una cosa y la contraria en funci&oacute;n de si se est&aacute; en la oposici&oacute;n o en el poder, es la mejor opci&oacute;n, la m&aacute;s coherente y la m&aacute;s honrada, sin echar las campanas al vuelo pero con la satisfacci&oacute;n del deber cumplido. Un trabajo de todos, como he dicho, incluidas por supuesto las v&iacute;ctimas pero tambi&eacute;n muchos nacionalistas, vascos pac&iacute;ficos y dem&oacute;cratas. Alg&uacute;n d&iacute;a sabremos ver con distancia y con grandeza esta enorme realidad de la que todos debemos estar orgullosos.
    </p><p class="article-text">
        Y algunas ense&ntilde;anzas debemos aprender tambi&eacute;n. Por ejemplo, la lealtad imprescindible entre dem&oacute;cratas cuando se combate el terrorismo con los instrumentos del Estado de Derecho. No puedo evitar recordar en este sentido el inicuo ataque de algunos durante aquellos a&ntilde;os, en particular contra Gregorio Peces-Barba, que viv&iacute; directamente, y en general contra los gobiernos socialistas de Rodr&iacute;guez Zapatero y de Patxi L&oacute;pez. Todo muy injusto, demasiado injusto, tambi&eacute;n porque renunciamos, con buen sentido, a defendernos. &ldquo;Golpeadme, pero escuchad&rdquo; dir&iacute;amos con Bentham. Peces-Barba, mi maestro, a cuya memoria dedico este libro, fue un intelectual comprometido y una buena persona. Un hombre de consenso, integrador, con una bonhom&iacute;a excepcional, defensor siempre del m&aacute;s d&eacute;bil, por tanto tambi&eacute;n de las v&iacute;ctimas del terrorismo, y debemos pasar p&aacute;gina, como &eacute;l querr&iacute;a sin duda, para no alimentar el rencor entre espa&ntilde;oles, ni dar protagonismo a los que le injuriaron y difamaron como estrategia inaceptable contra un gobierno leg&iacute;timo y un partido, el PSOE, incluido por supuesto el Partido Socialista de Euskadi, que puso muchas v&iacute;ctimas, que trabaj&oacute; denodadamente para acabar con ETA y que, adem&aacute;s, lo consigui&oacute;. Las v&iacute;ctimas del terrorismo, de todo terrorismo, tambi&eacute;n del <em>islamista</em> o <em>yihadista</em>, merecen que las saquemos de una vez por todas del sucio regateo pol&iacute;tico, de un manoseo tan inmoral como contraproducente. El&iacute;as D&iacute;az, uno de nuestros mejores fil&oacute;sofos del Derecho, lo afirm&oacute; con rotundidad y lucidez en 1977, hace m&aacute;s de 35 a&ntilde;os, para algunos desgraciadamente un grito en el desierto: &ldquo;Que nadie pretenda &rdquo;capitalizar&ldquo; a los muertos, utiliz&aacute;ndolos en beneficio propio y en contra de la democracia. Honrar a los muertos (&hellip;) es algo completamente opuesto a la falta de respeto que supone servirse de los ca&iacute;dos para atacar y agredir al adversario pol&iacute;tico (&hellip;). La discrepancia pol&iacute;tica, incluso el enfrentamiento ideol&oacute;gico, no debe situarnos en opuestas orillas ante el crimen: las v&iacute;ctimas del terrorismo deben ser por todos lamentadas y veneradas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este libro pretende tambi&eacute;n rendirles tributo. Limpiamente&hellip;Con afecto y consideraci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rodríguez Uribes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/victimas-terrorismo-espana_132_5704571.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 09 Jun 2013 17:34:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las víctimas del terrorismo en España]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Iglesia Católica o el miedo a la libertad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/iglesia-catolica-mied-libertad_132_5665728.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">No han aprendido que el pluralismo y el respeto a la dignidad humana son sagrados</p><p class="subtitle">Siguen confundiendo las Sagradas Escrituras y el Derecho canónico con el  Código Civil y el Código Penal de una democracia constitucional</p></div><p class="article-text">
        Los aires frescos del nuevo Papa, Francisco I, se transforman en aire viciado al cruzar los pirineos hacia el sur. Aqu&iacute; sigue Rouco Varela con sus dogmas, el jefe integrista de la Conferencia Episcopal que alecciona y ordena a un gobierno, el de Mariano Rajoy Brey, que obedece r&aacute;pido y sin rechistar. El otrora liberal Gallard&oacute;n se olvida de la Constituci&oacute;n, de la misma norma exhibida y manoseada cuando interesa, y de que nuestro pa&iacute;s es un Estado no confesional, laico en su l&oacute;gica m&aacute;s avanzada, en el que un muro de piedra debe separar a la Iglesia del Estado. Pens&aacute;bamos que el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, los Quicos, estar&iacute;an en retirada con un Papa jesuita y latino americano que recuerda a Pablo VI y a Juan XXIII. Pero no. Hasta el final nos seguir&aacute;n diciendo c&oacute;mo debemos vivir, c&oacute;mo debemos morir, con qui&eacute;n podemos acostarnos o casarnos, a qui&eacute;n debemos querer, etc. 
    </p><p class="article-text">
        No han entendido nada de la Modernidad, de la Ilustraci&oacute;n y del proceso de secularizaci&oacute;n propio de sociedades abiertas y libres. No han aprendido que el pluralismo y el respeto a la dignidad humana son sagrados. Que sin ellos no es posible la vida civilizada y en paz. Que debemos preservar la conciencia individual de injerencias externas. Que es obligaci&oacute;n del Estado no adoctrinar sino ensenar a pensar. &ldquo;&iexcl;Sapere aude! Ten valor de pensar por ti mismo; atr&eacute;vete a saber&rdquo; era el lema ilustrado que inmortaliz&oacute; Kant. En lugar de esto, la jerarqu&iacute;a cat&oacute;lica de nuestro pa&iacute;s combate los matrimonios entre personas del mismo sexo, la despenalizaci&oacute;n de la interrupci&oacute;n voluntaria del embarazo, el derecho a una muerte digna, la virtuosa asignatura de educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, el divorcio, sobre todo el llamado expr&eacute;s que permiti&oacute; Rodr&iacute;guez Zapatero, es decir, sin culpables, cuando llega el desamor.
    </p><p class="article-text">
        Y el problema de fondo es que no les gusta la libertad, a la que en el siglo XIX calificaban en alguna de sus Enc&iacute;clicas como pestilente. Siguen confundiendo las Sagradas Escrituras y el Derecho can&oacute;nico con el C&oacute;digo Civil y el C&oacute;digo Penal de una democracia constitucional. Gozan para ello, que es lo peor de todo, de la complicidad activa del Presidente del Gobierno y de su Ministro de Justicia acaso para distraernos de la crisis y de su injust&iacute;sima gesti&oacute;n, olvidando que no caben cortinas de humo con los derechos fundamentales. Seguro que se escandalizan cuando en pa&iacute;ses musulmanes el Cor&aacute;n es el Derecho. Pura hipocres&iacute;a, gran impostura. Enorme incoherencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero todo esto no es nuevo aunque nos resulte particularmente insoportable en pleno siglo XXI. Desde que Fray Bartolom&eacute; de las Casas se enfrent&oacute; a la Iglesia instituci&oacute;n en una discusi&oacute;n sobre la naturaleza de los indios, &eacute;sta ha estado siempre contra el progreso y la autodeterminaci&oacute;n del ser humano. Contra la libertad. Hobbes, muchas veces mal interpretado, desmont&oacute; el monopolio del poder de la Iglesia sobre las conciencias, lo que complet&oacute; Locke con su <em>Carta sobre la Tolerancia</em> y apuntal&oacute; Kant con su idea de la unicidad del hombre como ser de fines, que no tiene precio, que no admite superior y que no puede ser cosificado. Es el antropocentrismo, el humanismo, laico en su mejor versi&oacute;n, que tanto molesta a los fan&aacute;ticos de todo pelaje y de todo tiempo, capaces de imponer su visi&oacute;n del mundo incluso a costa de la vida humana. Rousseau y Condorcet justificaron la democracia y la igualdad, y encontraron de nuevo en la Iglesia Cat&oacute;lica uno de sus m&aacute;s fervientes enemigos. El movimiento obrero y el feminismo volvieron a toparse con la Iglesia en la segunda mitad del siglo XIX en su reivindicaci&oacute;n del sufragio universal, a los que &eacute;sta opon&iacute;a los privilegios aristocr&aacute;ticos y los derechos sagrados de los pr&iacute;ncipes, la reclusi&oacute;n de la mujer en el hogar y la resignaci&oacute;n cristiana de los pobres en su miseria con el se&ntilde;uelo de que &ldquo;suyo ser&aacute; el reino de los cielos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El siglo XX no fue mejor. Desde su ambiguo papel, por utilizar una expresi&oacute;n suave, durante la II Guerra Mundial y el nazismo recreado perfectamente por Costa Gavras en <em>Am&eacute;n</em>, o el descarado apoyo al golpe de Franco y a su &ldquo;cruzada&rdquo; militar en nuestra guerra (in)civil, llevando al dictador bajo palio durante cuatro d&eacute;cadas, hasta nuestros d&iacute;as, enfrentados a todo lo que sea reconocimiento y extensi&oacute;n de libertades y derechos fundamentales que ellos ven siempre como pecados y que querr&iacute;an que fueran tambi&eacute;n delitos. S&oacute;lo el esp&iacute;ritu libre y conciliador del Cardenal Taranc&oacute;n impulsado por el esp&iacute;ritu del Concilio Vaticano II rompi&oacute; durante la Transici&oacute;n con una historia de la Iglesia Cat&oacute;lica Instituci&oacute;n contra la libertad y los derechos humanos perfectamente coherente y empecinada, que se inicia hace m&aacute;s de cinco siglos. Sus bases afortunadamente son distintas, como lo es C&aacute;ritas o los misioneros y misioneras comprometidos en la lucha contra la pobreza y el hambre en tantos lugares de la Tierra. Mientras sus jefes recelan de los derechos humanos y se irritan ante cualquier expresi&oacute;n de libertad, con la connivencia de un gobierno pusil&aacute;nime y sometido, aquellos los defienden de verdad, sin muchos dogmas, sin artificios y en condiciones imposibles. Por amor a la humanidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rodríguez Uribes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/iglesia-catolica-mied-libertad_132_5665728.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 07 May 2013 18:20:22 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La Iglesia Católica o el miedo a la libertad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Iglesia católica,Iglesia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tomarse en serio la responsabilidad política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/tomarse-serio-responsabilidad-politica_132_5595734.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">En el espacio público, hacen falta reglas claras, compartidas, obligatorias e iguales para todos</p><p class="subtitle">Los partidos, particularmente los dos mayoritarios, deben llegar a  acuerdos en esta materia y tomarse en serio un concepto fundamental: el  de responsabilidad política</p><p class="subtitle">La política en democracia es una cosa seria y exige respeto y sobre todo auto-respeto por parte de nuestros representantes</p></div><p class="article-text">
        Vivimos malos tiempos para nuestra joven democracia, envejecida de pronto. No s&oacute;lo sufre achaques propios de la edad, de la complejidad de nuestras sociedades; &uacute;ltimamente tiene espasmos, como los de un animal viejo y moribundo, que no tienen que ver con el paso del tiempo. La crisis financiera, americana o transatl&aacute;ntica, fue el origen pero no es hoy la causa principal. Provoc&oacute; los primeros s&iacute;ntomas, b&aacute;sicamente por confundir la econom&iacute;a libre de mercado con un capitalismo sin alma, despiadado, que no defender&iacute;a ni Adam Smith. Hoy, con todo, la cosa es mucho m&aacute;s seria. Esa crisis financiera mut&oacute; en muy poco tiempo, particularmente en nuestro pa&iacute;s, y se transform&oacute; en una crisis total: econ&oacute;mica, social e institucional. Los demonios del pasado despertaron de pronto. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el gobierno de Rajoy no ha dado con la medicina. 15 meses despu&eacute;s de su aplastante victoria electoral, el paciente est&aacute; m&aacute;s grave. Prometi&oacute; unos tratamientos y ha aplicado los contrarios, guiado por un deber inescrutable, que s&oacute;lo &eacute;l conoce. Enredado en primas de riesgo y contenciones del d&eacute;ficit, recortes y promesas incumplidas, el gobierno de Rajoy ha terminado por desahuciar a una buena parte de la sociedad. Ha retirado casi todas las redes de protecci&oacute;n que serv&iacute;an de vacuna, y muchos ciudadanos han ca&iacute;do al vac&iacute;o y lo siguen haciendo. Solos, desamparados. La pol&iacute;tica y el Estado empiezan a no tener sentido para ellos. Los primeros espasmos de nuestra democracia hacen acto de presencia. 
    </p><p class="article-text">
        El d&eacute;ficit o la prima de riesgo le han ganado la batalla a la solidaridad, el peor liberalismo al constitucionalismo social, el dinero, muchas veces sucio, a la igualdad de oportunidades. A la vez que esos ciudadanos caen, pensando en c&oacute;mo ser&aacute; el golpe y si podr&aacute;n recuperarse, otros, m&aacute;s afortunados, contemplamos estupefactos la org&iacute;a de corrupci&oacute;n que cada d&iacute;a nos cuentan los peri&oacute;dicos. Primero no te lo puedes creer; luego te parece incre&iacute;ble. En lugar de informar y de explicar, casi ser&iacute;a una cuesti&oacute;n de delicadeza, pero por supuesto es mucho m&aacute;s que eso, los afectados s&oacute;lo niegan y, en muchos casos, con secretos y mentiras. Unos se parapetan en la mayor&iacute;a parlamentaria; otros se esconden detr&aacute;s del principio de presunci&oacute;n de inocencia. Una y otro, valios&iacute;simos, por supuesto, pero ambos torticeramente utilizados. M&aacute;s espasmos. Parecen ag&oacute;nicos. Impiden debates parlamentarios o comisiones de investigaci&oacute;n al tiempo que presumen de una nueva ley de transparencia. La corrupci&oacute;n ha existido siempre, m&aacute;s en las dictaduras que en las democracias, y siempre existir&aacute;. Lo sabemos. Est&aacute; en la condici&oacute;n humana, particularmente en la de algunos hombres, esos que hacen que el dinero trabaje para ellos frente a la mayor&iacute;a de los mortales que, como le dice Paul Auster a John Coetzee, trabajan para ganarlo, para vivir dignamente. Pero si la crisis total nos hiere gravemente, la corrupci&oacute;n que no se afronta y no se combate termina mat&aacute;ndonos. Debemos prevenirla primero, obstaculizarla al m&aacute;ximo y, para los casos que se escapen, castigarla con ejemplaridad, con determinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En el espacio p&uacute;blico, hacen falta reglas claras, compartidas, obligatorias e iguales para todos. Una &eacute;tica pol&iacute;tica que dir&iacute;a Thompson. Los partidos, particularmente los dos mayoritarios, deben llegar a acuerdos en esta materia y tomarse en serio un concepto fundamental: el de responsabilidad pol&iacute;tica. Frente a una acusaci&oacute;n relevante, con indicios razonables de verosimilitud, se debe dimitir inmediatamente, con la cabeza alta si uno est&aacute; seguro de su conducta y, por supuesto, sin alegar la presunci&oacute;n de inocencia, ni esperar a una sentencia condenatoria. La defensa pol&iacute;tica siempre es con buenas razones, si se tienen, sobre el fondo del asunto, ofrecidas con todo lujo de detalles ante el tribunal de la opini&oacute;n p&uacute;blica y el Parlamento. La responsabilidad penal tiene otra l&oacute;gica, sin duda m&aacute;s garantista, como debe ser, en donde uno puede leg&iacute;timamente no declarar contra s&iacute; mismo. La responsabilidad pol&iacute;tica, materializada en forma de dimisi&oacute;n o de cese, no es por tanto por cometer un delito (no necesariamente; por supuesto, si hay delito, con mayor raz&oacute;n) sino, precisamente, por ser un irresponsable: directamente, si se ha llevado a cabo una conducta irregular, inaceptable, incompatible con el cargo, o poco ejemplar como dir&iacute;a el Jefe del Estado; indirectamente, si se ha elegido mal a un subordinado o si no se le ha vigilado con la diligencia suficiente cuando es &eacute;ste el que ha hecho la fechor&iacute;a, el que ha tenido esa conducta irregular, inaceptable, incompatible con el cargo. Por supuesto, la acusaci&oacute;n debe ser suficientemente grave y los indicios s&oacute;lidos, como los son, por cierto, en todos los casos que venimos conociendo en los &uacute;ltimos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo de argumento defensivo no v&aacute;lido, en la l&iacute;nea de lo que vengo diciendo, es el de la prescripci&oacute;n de los delitos. &Eacute;ste vale s&oacute;lo en el &aacute;mbito penal. Tampoco es aceptable aumentar la responsabilidad con mentiras o medias verdades, como ha hecho el partido popular en relaci&oacute;n con B&aacute;rcenas, sus finiquitos o la duraci&oacute;n de su contrato laboral. La mentira p&uacute;blica aqu&iacute; es una raz&oacute;n que opera por si sola para que haya dimisiones, de los que mintieron directamente o de los que les hicieron mentir. Ni Maquiavelo, ni Constant en su debate con Rousseau o Kant, aceptar&iacute;an su justificaci&oacute;n cuando est&aacute; al servicio de la corrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica en democracia es una cosa seria y exige respeto y sobre todo auto-respeto por parte de nuestros representantes. Nuestra democracia parlamentaria no puede entrar en una agon&iacute;a definitiva. No hay alternativas totales, y si las que hay, son peores. Tampoco creo que haya que moralizar en exceso. Y me revelo frente a la afirmaci&oacute;n, o pueril o populista, de que todos los pol&iacute;ticos son iguales. Es un nihilismo, un fatalismo, en el que no podemos caer. Deber&iacute;a bastar con cumplir las leyes y, en este punto, sobre todo, con dedicarse al servicio p&uacute;blico honestamente, honradamente. Con sentido pol&iacute;tico de la responsabilidad. Nuestra joven democracia est&aacute; en juego.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rodríguez Uribes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/tomarse-serio-responsabilidad-politica_132_5595734.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 28 Feb 2013 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tomarse en serio la responsabilidad política]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fin de la igualdad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/fin-igualdad_132_5518623.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Dec&iacute;a <strong>Oscar Wilde</strong> que <em>la mejor manera de responder a la tentaci&oacute;n era caer en ella</em>. Esta vez y sin que sirva de precedente, no seguir&eacute; el consejo del ilustre dramaturgo irland&eacute;s, tan beneficioso en tantos &aacute;mbitos de la vida. No escribir&eacute; sobre el tentador tema de la situaci&oacute;n del PSOE, ni sobre su Secretario General elegido hace 10 meses, por el que, dicho sea de paso, siento afecto y respeto, ni sobre el futuro de la socialdemocracia, ni sobre la situaci&oacute;n de la izquierda en general, ni sobre la independencia de Catalu&ntilde;a, ni sobre el concepto de matrimonio, sobre todo despu&eacute;s de contar con una sentencia hist&oacute;rica del Tribunal Constitucional. No les dar&eacute; gusto a los conservadores, a la derecha espa&ntilde;ola o catalana, encantadas con que los progresistas nos dividamos, nos miremos al ombligo, nos flagelemos aunque sea con una fusta laica o, sin m&aacute;s, sigamos obedientemente la agenda que nos marcan. C&oacute;mo entramos al trapo! Cuando lo hacemos (y lo hacemos tanto!) ellos sonr&iacute;en mientras acarician un gato, le&iacute; hace tiempo en twitter. Evocadora imagen.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute;, lo que de verdad me preocupa, lo que me preocupa m&aacute;s, mucho m&aacute;s, infinitamente m&aacute;s, es lo que <em>realmente </em>est&aacute; sucediendo, s&iacute;, en estos 10 meses, pero en nuestro pa&iacute;s (aunque no s&oacute;lo aqu&iacute;) con  la complicidad ego&iacute;sta de Alemania y el silencio ensordecedor de una Uni&oacute;n Europea paralizada y sin liderazgo. Mientras nos distraemos con algunos de aquellos temas, aut&eacute;nticas cortinas de humo, los fan&aacute;ticos de la econom&iacute;a como moral que no leyeron nunca a <strong>Adam Smith</strong> han acabado con la econom&iacute;a pol&iacute;tica y, <em>a fortiori</em>, con los derechos sociales y su soporte pol&iacute;tico-jur&iacute;dico, el Estado del Bienestar, que no es otra cosa que el bienestar de los ciudadanos en general y la protecci&oacute;n de los m&aacute;s d&eacute;biles en particular. Como es sabido, aunque se est&aacute; olvidando, la Europa unida se construye tras la II Guerra Mundial precisamente con esa utop&iacute;a en el horizonte. <strong>Lamartine</strong> dec&iacute;a que las utop&iacute;as no son sino verdades prematuras y <strong>Weber</strong> que hab&iacute;a que pedir lo imposible para alcanzar lo posible. 
    </p><p class="article-text">
        Ese Estado del Bienestar, ese constitucionalismo social europeo, se hizo realidad en el centro y en el norte de Europa y puso sus cimientos tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a de la mano de nuestra joven democracia y, por cierto, del PSOE. Ahora, una crisis que es capitalista en su origen, nacida del peor capitalismo, el financiero, se erige como la gran coartada, la tormenta perfecta para llevarse por delante, cual hurac&aacute;n Sandy, la cohesi&oacute;n social y la igualdad de oportunidades. Sus pilares, la educaci&oacute;n p&uacute;blica, la sanidad universal, el apoyo a los dependientes, la protecci&oacute;n frente al desempleo, etc, se est&aacute;n viniendo abajo como si fueran de cart&oacute;n piedra, alej&aacute;ndonos por generaciones de la utop&iacute;a europea que ha merecido recientemente, precisamente por eso, el Premio Nobel de la paz. El mensaje de advertencia es claro y nos lleva hasta <strong>Kant</strong> y su sue&ntilde;o de paz perpetua: &eacute;sta no existe sin justicia social, sin igualdad de oportunidades y sin seguridad frente a los avatares de la vida, la enfermedad o la irremediable vejez. En 1945 los europeos lo vieron claro. 
    </p><p class="article-text">
        Ahora, sin embargo, cuando el Estado deber&iacute;a ser m&aacute;s poderoso y el constitucionalismo social europeo estar m&aacute;s presente, uno y otro se retiran y avanza el Estado M&iacute;nimo y la ley del m&aacute;s fuerte: el s&aacute;lvese quien pueda, el estado de naturaleza <em>hobbesiano</em>, que es la guerra de todos contra todos y en la que, siempre, el pez grande se termina comiendo al pez chico. Esto no cambia nunca. Por eso se so&ntilde;&oacute; el Estado del Bienestar. La retirada actual, claro, no es s&oacute;lo ideol&oacute;gica, que tambi&eacute;n, sino en t&eacute;rminos de poder y de opini&oacute;n p&uacute;blica, fruto de decisiones democr&aacute;ticas de los ciudadanos, desconcertados y esc&eacute;pticos, sobre todo las gentes progresistas y de izquierdas mucho m&aacute;s exigentes con sus l&iacute;deres que las gentes de derechas que los discuten puntualmente pero les votan fielmente. Y ganan. Aqu&iacute; y en Berl&iacute;n. Y &eacute;sta es, me parece, la verdadera tarea de los partidos socialdem&oacute;cratas, mucho m&aacute;s que la leg&iacute;tima lucha por el poder interno. 
    </p><p class="article-text">
        Es imprescindible una reflexi&oacute;n seria y serena acerca del papel de la izquierda en general y del socialismo democr&aacute;tico en particular en una Europa que avanza a partes iguales hacia la resignaci&oacute;n, el desencanto, el populismo y la rebeli&oacute;n. Ideolog&iacute;a, contenidos program&aacute;ticos, unidad de acci&oacute;n, estrategia y t&aacute;ctica, ahondando en las se&ntilde;as de identidad del socialismo democr&aacute;tico (Bernstein, Blanc, Laski, Rosselli, Bobbio, Fernando de los R&iacute;os&hellip;) pero adapt&aacute;ndolas al presente y al futuro, sin confundir el legitimo pluralismo tambi&eacute;n dentro de los partidos con la ausencia de criterios n&iacute;tidos y coherentes. S&oacute;lo la ciudadan&iacute;a francesa, en los &uacute;ltimos tiempos, ha percibido el riesgo involucionista conservador que conduce a la fractura social y a una crisis no s&oacute;lo financiera y econ&oacute;mica, que no es poco, sino, a partir de ella y por su injusta gesti&oacute;n, a una crisis total que no es sin&oacute;nimo de global, sino de definitiva, sist&eacute;mica en todos los &oacute;rdenes, tambi&eacute;n el moral y el pol&iacute;tico. Ser&aacute;, si no lo remediamos, y no quiero ser profeta de cat&aacute;strofes, la muerte civil de las sociedades bien ordenadas.
    </p><p class="article-text">
        De todo esto quer&iacute;a escribir. Lo har&iacute;a  largo y tendido. Con gusto. Como denuncia que gritara a los cuatro vientos la indignaci&oacute;n que me produce, como a tantos espa&ntilde;oles, perder el tiempo con cuestiones menores cuando este gobierno, el de Mariano Rajoy Brey, campa a sus anchas por mucha legitimidad democr&aacute;tica de la que goce, insensible ante los vulnerables y las clases medias, y desnortado. Saben que la l&oacute;gica de las cosas, incluso los palos de ciego que dan, la incertidumbre y los silencios, les llevan hacia donde siempre quisieron ir y nunca se atrevieron a decir: el fin de la igualdad, por acci&oacute;n o por omisi&oacute;n, que es el valor, como dir&iacute;a Bobbio, que distingue a la derecha de la izquierda. Nunca creyeron en la igualdad, ni de partida, ni mucho menos de llegada, en la meta. Sin embargo olvidan el riesgo de revuelta social, el argumento de la seguridad que les gusta m&aacute;s. Ya que no conocen el valor que la cohesi&oacute;n tiene para la paz social y que supo ver Rousseau hace casi 3 siglos, <em>que nadie sea tan rico como para poder comprar a otro, ni nadie tan pobre como para verse forzado a venderse</em>, escribi&oacute; el Ciudadano de Ginebra en El Contrato social, deber&iacute;an tenerlo en cuenta aunque sea s&oacute;lo por sentido de la responsabilidad.<em> </em>Lo vio hasta Carl Schmitt, poco sospechoso de &ldquo;rojo&rdquo;,  para quien la raz&oacute;n de ser del poder es precisamente proteger a los ciudadanos. Lo dice incluso la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz, <em>La Pepa</em>,<em> </em>celebrada con toda la pompa en su bicentenario: la obligaci&oacute;n del Gobierno es hacer felices a los espa&ntilde;oles, dec&iacute;a en uno de sus primeros art&iacute;culos. Yo, por supuesto, no espero tanto. Me conformo con que no nos hagan desgraciados, con que no nos lo hagan de forma irreversible. La legitimidad de origen, que sin duda tiene Rajoy y su partido, aunque han hecho todo lo contrario de lo que anunciaban en su programa electoral, es insuficiente sin la legitimidad de ejercicio. Y &eacute;sta se pierde no s&oacute;lo por el abuso de poder sino cuando se desatiende a los ciudadanos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[José Manuel Rodríguez Uribes]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/fin-igualdad_132_5518623.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 04 Dec 2012 15:17:06 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El fin de la igualdad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
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