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    <title><![CDATA[elDiario.es - Bibiana Medialdea]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/bibiana_medialdea/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Bibiana Medialdea]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Hacia una recesión inminente? La única certeza es nuestra gran vulnerabilidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/recesion-inminente-unica-certeza-vulnerabilidad_129_1352616.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e1bd17a-ccc5-47fb-a801-43847847e353_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Hacia una recesión inminente? La única certeza es nuestra gran vulnerabilidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Determinar con precisión la naturaleza, magnitud y cronología de una futura crisis escapa de las posibilidades del análisis económico. Pero una pregunta pertinente que sí podemos contestar es: ¿en qué condiciones se encuentra la economía española para encajar una probable crisis?</p></div><p class="article-text">
        Nos ahorrar&iacute;amos muchos disgustos si la disciplina econ&oacute;mica asumiera su incapacidad para predecir el futuro. Suficientemente complicado resulta ya explicar la realidad econ&oacute;mica seg&uacute;n acontece, o incluso la pasada, como para determinar con precisi&oacute;n lo que va a suceder. Pero tambi&eacute;n ser&iacute;a recomendable que, especialmente los organismos oficiales, no se obstinaran en obviar lo evidente cuando no es de su gusto: son varios los indicios que delatan que la d&eacute;bil &ldquo;recuperaci&oacute;n&rdquo; que inici&oacute; la econom&iacute;a espa&ntilde;ola en 2014 podr&iacute;a verse interrumpida m&aacute;s pronto que tarde.
    </p><p class="article-text">
        Para empezar, tengamos en cuenta que el crecimiento de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, adem&aacute;s de modesto, se debi&oacute; en gran medida a la confluencia de factores que no dependen de la gesti&oacute;n econ&oacute;mica interna. Bajada del precio del petr&oacute;leo, tipos de inter&eacute;s reducidos o las condiciones que desalientan destinos tur&iacute;sticos que tradicionalmente compiten con Espa&ntilde;a, formar&iacute;an parte de esos &ldquo;vientos de cola&rdquo;. Pensemos ahora, por un lado, que dichos est&iacute;mulos comienzan a agotarse o ven ya muy reducidas su capacidad estimulante; y por otro, que aparecen nuevos factores externos amenazantes. Las hostilidades entre Estados Unidos y China, o el Brexit, por citar los m&aacute;s importantes, permiten prever complicaciones futuras en el &aacute;mbito del comercio internacional. El hecho de que nuestros principales destinos de exportaci&oacute;n (Alemania, Italia, Francia o Reino Unido) est&eacute;n aproxim&aacute;ndose al estancamiento econ&oacute;mico o incluso a la recesi&oacute;n, es otro indicador en la misma preocupante direcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, desde 2016 se aprecia un progresivo debilitamiento del crecimiento espa&ntilde;ol, ralentizaci&oacute;n que se hace a&uacute;n m&aacute;s notoria desde mediados de 2018. A partir de entonces, la demanda interna que dinamizaba el crecimiento previo va perdiendo fuerza, lo que es parcialmente compensado con una mejora en el desempe&ntilde;o de la demanda externa. Pero el mejor resultado externo no supone en realidad motivo de grandes alegr&iacute;as, ya que se explica sobre todo por la ca&iacute;da de las importaciones, resultado de esa debilidad de la demanda interna mencionada. De recesi&oacute;n inminente a aterrizaje suave, las interpretaciones oscilan respecto a la gravedad, pero el cambio de tendencia parece claro.
    </p><p class="article-text">
        Incluso los organismos oficiales, que nunca ven venir las grandes crisis, comienzan a corregir sus previsiones de crecimiento. Redondeando, si desde 2014 hasta el a&ntilde;o pasado crecimos a un promedio un poco por encima del 3% anual, prev&eacute;n que en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os lo hagamos un poco por debajo del 2%. En definitiva, el debilitamiento de nuestra (ya fr&aacute;gil) din&aacute;mica de crecimiento es un hecho y hay factores externos que amenazan con agravar la situaci&oacute;n. Sobran motivos para la preocupaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Como advert&iacute;a al principio, determinar con precisi&oacute;n la naturaleza, magnitud y cronolog&iacute;a de una futura crisis escapa de las posibilidades del an&aacute;lisis econ&oacute;mico. Pero una pregunta pertinente que s&iacute; podemos contestar es: &iquest;en qu&eacute; condiciones se encuentra la econom&iacute;a espa&ntilde;ola para encajar una probable crisis? Tengamos en cuenta que la dimensi&oacute;n del destrozo no s&oacute;lo depende de la fuerza del golpe que impacta, sino tambi&eacute;n de la solidez del cuerpo que lo recibe. No es lo mismo enfrentarse al lobo con una casa de paja, de madera o de ladrillo. La referencia a la situaci&oacute;n previa a la &uacute;ltima crisis, resulta inevitable: &iquest;Es la econom&iacute;a espa&ntilde;ola actual tan fr&aacute;gil como demostr&oacute; ser la de entonces? &iquest;Han servido estos &uacute;ltimos a&ntilde;os de crecimiento para mejorar nuestra situaci&oacute;n de vulnerabilidad?
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la llamada recuperaci&oacute;n no ha colaborado en superar la precariedad de nuestra estructura productiva, porque el crecimiento ha sido m&aacute;s intenso precisamente en ramas que no emplean trabajo cualificado ni aportan altas productividades. Como consecuencia de la profundizaci&oacute;n de este modelo productivo precario, y en connivencia con un modelo laboral que lo favorece, nuestro panorama respecto al empleo tampoco ha mejorado. El crecimiento de estos a&ntilde;os ha conseguido recuperar el nivel de PIB previo a 2008, pero no el empleo destruido desde entonces: seg&uacute;n la EPA en el segundo trimestre de 2019 hab&iacute;a aproximadamente unos 900.000 empleos menos que a finales de 2007.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, los (insuficientes) nuevos empleos son de peor calidad: los creados desde 2014 son en mayor proporci&oacute;n temporales y, en promedio, m&aacute;s cortos que los (ya de por s&iacute; precarios) empleos generados en el anterior ciclo expansivo. Tengamos adem&aacute;s en cuenta que el proceso de devaluaci&oacute;n salarial no se revirti&oacute;, s&oacute;lo se suaviz&oacute;, con la llegada del crecimiento econ&oacute;mico: desde 2008 el sueldo medio ha crecido m&aacute;s o menos la mitad que la inflaci&oacute;n, lo que supone p&eacute;rdida de poder adquisitivo. La fragilidad laboral que se evidenci&oacute; a partir de 2008, la facilidad con la que se destruyeron puestos de trabajo y las malas condiciones en que quedaron las personas desempleadas no ha mejorado durante la recuperaci&oacute;n; ha empeorado.
    </p><p class="article-text">
        Volver a enfrentarnos a un cambio de ciclo, aunque no sea tan abrupto como el anterior, con un mercado laboral tan marcado por el desempleo y la precariedad tiene consecuencias sociales pero tambi&eacute;n econ&oacute;micas. Seg&uacute;n la Encuesta de Condiciones de Vida, en 2017 la renta media de los hogares todav&iacute;a no hab&iacute;a alcanzado el nivel de 2008 mientras su tasa de pobreza se situaba en el 21,5%, m&aacute;s de un punto porcentual por encima que la de aquel a&ntilde;o. La desigualdad se ha agudizado, debido a que los hogares con menos renta son los que m&aacute;s perdieron durante la crisis y tambi&eacute;n los que menos han mejorado despu&eacute;s: a partir de datos de Eurostat obtenemos que la participaci&oacute;n en la renta total del decil [uno de los nueve valores que dividen a un grupo de datos en diez partes iguales] inferior ha descendido un 24% entre 2008 y 2017.
    </p><p class="article-text">
        Precisamente sobre ese 10% de hogares con menos renta alertaba recientemente el Banco de Espa&ntilde;a: hogares cuyos miembros adultos siguen en desempleo o que ocupan los empleos peor remunerados, apenas han reducido sus deudas desde 2008 y dedican m&aacute;s del 50% de su renta a pagar la hipoteca. Pero la precariedad financiera no es exclusiva de las familias con menos ingresos. La tasa de ahorro del total de las familias fue en 2018 el 4,9% del PIB, un m&iacute;nimo hist&oacute;rico desde que en los a&ntilde;os sesenta el Banco de Espa&ntilde;a inici&oacute; la serie estad&iacute;stica. Bat&iacute;amos as&iacute; el r&eacute;cord anterior (5,8%), precisamente de 2008. La situaci&oacute;n financiera de las familias es por tanto muy fr&aacute;gil: ingresos que no se han recuperado, empleos que son igual o m&aacute;s precarios, un consumo que crece m&aacute;s que la renta dependiendo crecientemente del cr&eacute;dito y deudas todav&iacute;a importantes; todo ello agravado seg&uacute;n desciende el nivel de renta del hogar.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, podemos decir que se est&aacute; levantando viento, y si arrecia, Espa&ntilde;a volver&aacute; a hacerle frente con una precaria casita de paja. Ante un futuro incierto pero preocupante la &uacute;nica certeza es nuestra gran vulnerabilidad; particularmente la de aquellos grupos sociales que fueron m&aacute;s golpeados en la crisis anterior. Los mecanismos de protecci&oacute;n social, que haciendo honor a su nombre tendr&iacute;an que protegerlos, ya se mostraron insuficientes entonces y ahora suman el lastre de una d&eacute;cada de austeridad. Cabr&iacute;a lamentarse, con raz&oacute;n, de que estos a&ntilde;os no se hayan aprovechado para avanzar en la superaci&oacute;n de nuestras grandes vulnerabilidades. La experiencia traum&aacute;tica de la crisis de 2008 hubiera debido servir para extraer algunas ense&ntilde;anzas. Pero a&uacute;n m&aacute;s lamentable resultar&iacute;a si finalmente dejamos pasar la oportunidad de que lo que viene sea al menos gestionado por un gobierno comprometido con los m&aacute;s vulnerables.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bibiana Medialdea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/recesion-inminente-unica-certeza-vulnerabilidad_129_1352616.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Sep 2019 20:45:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Hacia una recesión inminente? La única certeza es nuestra gran vulnerabilidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Economía,Pobreza]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una EPA desastrosa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/epa-desastrosa_129_5655264.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de la barrera psicológica de los seis millones de parados y la tasa del 27%, la letra pequeña informa sobre realidades específicas aterradoras.</p></div><p class="article-text">
        Los resultados que publica hoy la EPA son desastrosos. Los eufemismos tradicionales, del tipo &ldquo;la tasa de incremento del desempleo se modera&rdquo;, no deben oscurecer la informaci&oacute;n fundamental. Nuestra econom&iacute;a destruye puestos de trabajo a un ritmo vertiginoso: en el &uacute;ltimo a&ntilde;o se han ido al paro m&aacute;s de medio mill&oacute;n de personas (563.200, exactamente). Y el resultado acumulado de este proceso es insostenible desde el punto de vista social: son ya casi dos millones de familias (1.906.100) las que subsisten con todos sus miembros en paro.
    </p><p class="article-text">
        Los titulares dan buena cuenta de la magnitud del desastre, pero m&aacute;s all&aacute; de la barrera psicol&oacute;gica de los seis millones de personas en paro y la tasa de desempleo por encima del 27%, la letra peque&ntilde;a informa sobre realidades espec&iacute;ficas aterradoras. Por ejemplo, no deber&iacute;a pasar desapercibido que desde el inicio de 2011 la tasa de actividad se viene reduciendo, y que este primer trimestre de 2013 registra su mayor ca&iacute;da hasta la fecha. En nuestro pa&iacute;s, s&oacute;lo durante &uacute;ltimo a&ntilde;o, 235.300 personas han abandonado la aspiraci&oacute;n de encontrar un empleo legal. En el caso de las mujeres, ni siquiera son ya un 54% (53,39%) las que persiguen este objetivo. Una tasa de actividad tan reducida y, lo que es m&aacute;s indicativo, en retroceso, se&ntilde;ala un proceso generalizado de desesperanza, de p&eacute;rdida de expectativas econ&oacute;micas y profesionales: el exilio econ&oacute;mico, la dedicaci&oacute;n a las tareas dom&eacute;sticas y de cuidados en el propio hogar, o la econom&iacute;a sumergida, son las alternativas laborales de nuestro tiempo para cada vez m&aacute;s poblaci&oacute;n. Aunque &ldquo;la tasa de incremento del desempleo&rdquo; se est&eacute; moderando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bibiana Medialdea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/epa-desastrosa_129_5655264.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 25 Apr 2013 08:29:53 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Una EPA desastrosa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[EPA - Encuesta de Población Activa]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tabú del impago]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tabu-impago_129_5536226.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que se dirime es si el impago será diseñado por los acreedores de  forma que sirva a sus intereses (maximizar los pagos recibidos) o si  será usado como instrumento de legítima defensa por parte de los grupos  sociales que están pagando la deuda.</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos tiempos cada vez son m&aacute;s las voces que cuestionan la legitimidad del pago de ciertas deudas. La proliferaci&oacute;n de plataformas que defienden la necesidad de una auditor&iacute;a sobre la deuda p&uacute;blica, la reivindicaci&oacute;n de anular parte de la deuda hipotecaria de las familias con dificultades econ&oacute;micas (daci&oacute;n en pago) o, m&aacute;s en general, la popularizaci&oacute;n de la consigna &ldquo;No debemos, no pagamos&rdquo;, son buena prueba de ello.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el impago de la deuda suele presentarse como una opci&oacute;n descabellada, inviable m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de la propaganda. Por muy elevado que sea el coste social derivado de atender los compromisos financieros, se argumenta, seguir pagando deuda es siempre el &ldquo;mal menor&rdquo;. Dejar de hacerlo, condenar&iacute;a a un escenario de exclusi&oacute;n financiera y aislamiento pol&iacute;tico mucho m&aacute;s gravoso. El impago no s&oacute;lo supondr&iacute;a p&eacute;rdidas para los acreedores sino, sobre todo, para la parte deudora, que a cambio del alivio inmediato perder&iacute;a su acceso a nuevos recursos y quedar&iacute;a estigmatizada de por vida.
    </p><p class="article-text">
        Dejemos de lado el hecho de que el fundamento jur&iacute;dico vigente ampara el impago de deuda bajo ciertas condiciones: el Derecho Internacional acu&ntilde;a el concepto jur&iacute;dico de &ldquo;deuda odiosa&rdquo; para referirse a aquella que no se ha contra&iacute;do a favor de quien finalmente ha de responder por ella. Los ejemplos m&aacute;s utilizados son el no reconocimiento en 1898 de la deuda del Gobierno cubano por parte de Estados Unidos, o la anulaci&oacute;n en 2004 de la deuda iraqu&iacute; contra&iacute;da por el r&eacute;gimen de Sadam Hussein.
    </p><p class="article-text">
        Obviemos tambi&eacute;n la cuesti&oacute;n, crucial, de la legitimidad de decidir sobre el uso que se da a los recursos propios. Es evidente, m&aacute;s all&aacute; de la legalidad, que existen principios y derechos de rango superior a un contrato privado de deuda financiera. Si no est&aacute; permitido, por ejemplo, que una persona salde una deuda vendiendo un &oacute;rgano de su cuerpo, &iquest;por qu&eacute; habr&iacute;a de estarlo que un pa&iacute;s la salde vendiendo su sistema sanitario?
    </p><p class="article-text">
        Y hagamos un &uacute;ltimo esfuerzo por olvidar que, en flagrante contradicci&oacute;n con el discurso oficial sobre el &ldquo;impago imposible&rdquo;, la historia est&aacute; plagada de episodios de impagos de todo tipo: desde los antiguos jubileos hasta las recientes quitas negociadas entre la troika y el Gobierno griego. Seg&uacute;n atestiguan las hemerotecas y los libros de historia, la conclusi&oacute;n de estos episodios no concuerda con las amenazas previstas. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; pues, centr&eacute;monos esta vez, exclusivamente, en un aspecto que ata&ntilde;e en la actualidad y de forma particular a los pa&iacute;ses de la Europa perif&eacute;rica, entre los que se incluye Espa&ntilde;a: la cuesti&oacute;n no es si el impago de deuda es o no posible; porque lo cierto es que en las condiciones econ&oacute;micas actuales alg&uacute;n tipo de impago es inevitable. Y tanto los acreedores como la troika, por supuesto, lo saben.
    </p><p class="article-text">
        Sint&eacute;ticamente, la situaci&oacute;n es la siguiente. Estos pa&iacute;ses acumulan vol&uacute;menes de deuda, mayoritariamente privada, desorbitados; deudas que multiplican varias veces todo lo que producen en un a&ntilde;o (en el caso espa&ntilde;ol se acerca al 400% del PIB). Por otra parte, su producci&oacute;n &ndash;de donde proceden los ingresos con los que habr&iacute;a que pagar las deudas- disminuye o, en el mejor de los casos, crece a un ritmo insignificante. As&iacute; las cosas, la f&oacute;rmula a la que recurren para pagar la deuda es refinanciarla: es decir, contraer nuevas obligaciones para saldar las que van venciendo. Pero los tipos de inter&eacute;s que los mercados financieros privados exigen a los pa&iacute;ses de la Europa perif&eacute;rica para concederles nuevos cr&eacute;ditos est&aacute;n muy por encima de su exigua capacidad de generaci&oacute;n de ingresos con los que afrontar los pagos. Como resultado, su deuda acumulada registra una inercia de crecimiento imparable.
    </p><p class="article-text">
        La secuencia, adem&aacute;s, tiende a retroalimentarse convirti&eacute;ndose en una espiral perpetua, debido a que los acreedores imponen pol&iacute;ticas de austeridad que profundizan la recesi&oacute;n (dificultando cada vez m&aacute;s la generaci&oacute;n de ingresos), lo cual obliga a recurrir de forma creciente al mecanismo perverso de la refinanciaci&oacute;n del endeudamiento a tipos de inter&eacute;s inasumibles. Bajo estas condiciones, como dec&iacute;amos, saldar las deudas pendientes resulta imposible.  
    </p><p class="article-text">
        A primera vista parece absurdo: &iquest;Qu&eacute; sentido tiene que los acreedores hagan del impago un tab&uacute;, si antes o despu&eacute;s tendr&aacute;n que avenirse a negociarlo? Precisamente, cuando se camina hacia un impago, convertirlo en un tab&uacute; es muy importante.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que una deuda se evidencia impagable el problema deja de afectar en exclusiva al deudor. La funci&oacute;n del sector financiero es proveer de cr&eacute;dito, y el beneficio (inter&eacute;s) que obtiene por ello se supone correspondido por el riesgo que asume en su actividad. Son profesionales de la concesi&oacute;n de cr&eacute;ditos. Siempre que alguien accede a cr&eacute;dito por encima de sus posibilidades hay una contraparte que est&aacute; concediendo cr&eacute;dito por encima de las suyas. La p&eacute;rdida en caso de impago, por tanto, est&aacute; no s&oacute;lo justificada sino &ldquo;prevista&rdquo; en la operaci&oacute;n. Pero l&oacute;gicamente, y en la medida en que sea capaz, la parte acreedora tratar&aacute; siempre de minimizarla. Y en el contexto pol&iacute;tico actual, la capacidad de esta parte acreedora -el sector financiero- para conseguir lo que se propone es, seg&uacute;n se ha demostrado, considerable.
    </p><p class="article-text">
        Una vez que no se puede seguir ignorando que la parte deudora es incapaz de atender sus pagos, se inician las negociaciones en torno a la reestructuraci&oacute;n de su deuda. Y ah&iacute; lo que se abre es una disputa distributiva fundamental: &iquest;Qui&eacute;n se hace cargo de los platos rotos? &iquest;C&oacute;mo se reparte la factura entre la parte deudora y la acreedora, si es que se reparte? Incluso si la reestructuraci&oacute;n incluye impagos parciales, los resultados de esta negociaci&oacute;n pueden ser escandalosamente desfavorables para la parte deudora. El diablo, como suele, est&aacute; en los detalles.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, resulta muy ilustrativo estudiar <a href="http://pdf2.hegoa.efaber.net/entry/content/1196/Bolet_n_Hegoa_n_32.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">qu&eacute; pas&oacute; con las renegociaciones de deuda en la crisis latinoamericana de los a&ntilde;os ochenta</a>. Ahora que ha pasado el tiempo y es posible realizar los c&aacute;lculos, se constata que las reestructuraciones de deuda intermediadas por el FMI, incluso cuando inclu&iacute;an quitas que se vendieron como grandes concesiones, favorecieron enormemente a los bancos acreedores frente a los Estados endeudados. Esto se debi&oacute; a dos razones fundamentales. Por una parte, porque al reprogramar los pagos los acuerdos priorizaban siempre el pago de intereses frente a la amortizaci&oacute;n del capital, que de esa forma no se liquidaba y segu&iacute;a generando nuevos intereses. As&iacute;, seg&uacute;n el nuevo esquema de pagos negociado, aunque se pagaba deuda, &eacute;sta no disminu&iacute;a proporcionalmente. Y por otra, porque la reprogramaci&oacute;n de la deuda supon&iacute;a alargar los plazo y, por tanto, incrementar el pago final de intereses. Los c&aacute;lculos se&ntilde;alan que en muchos casos ambos elementos compensaron de sobra las quitas concedidas.  
    </p><p class="article-text">
        El saldo de la negociaci&oacute;n en torno a la reestructuraci&oacute;n de la deuda (impago incluido) depende de la correlaci&oacute;n de fuerzas entre deudores y acreedores. Y la posici&oacute;n de fuerza de la parte deudora radica, precisamente, en su capacidad de no pagar. De decidir no pagar. Fingir que la opci&oacute;n del impago no existe es la forma m&aacute;s efectiva de despojar a la parte deudora de su poder de negociaci&oacute;n. Hay que recordar que la opci&oacute;n del impago unilateral existe, es la &uacute;nica forma de que los deudores cuenten con todo el poder que les corresponde. De nuevo Am&eacute;rica Latina, con los casos del <a href="http://www.lahaine.org/b2-img11/katz_arg_grecia.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">impago unilateral argentino de 2001</a> y la <a href="http://cadtm.org/La-auditoria-de-la-deuda-externa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pol&iacute;tica del gobierno de Correa en Ecuador a partir de 2007</a>, puede ayudarnos a ilustrar la cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ahora est&aacute; en juego en Europa no es si habr&aacute; o no impago. La cuesti&oacute;n pol&iacute;tica fundamental ser&aacute;n sus caracter&iacute;sticas concretas:
    </p><div class="list">
                    <ol>
                                    <li> Qu&eacute; deuda deja de pagarse: &iquest;deuda p&uacute;blica? &iquest;deuda hipotecaria de familias con dificultades? &iquest;deuda de las entidades financieras?</li>
                                    <li>Qu&eacute; acreedores asumen la quita: &iquest;los Estados? &iquest;otras instituciones p&uacute;blicas? &iquest;el sector financiero privado?</li>
                                    <li>Qu&eacute; condiciones afectan a la deuda restante.</li>
                            </ol>
            </div><p class="article-text">
        En definitiva, lo que se dirime es si el impago ser&aacute; dise&ntilde;ado por los acreedores de forma que sirva a sus intereses (maximizar los pagos recibidos), o si ser&aacute; usado como instrumento de leg&iacute;tima defensa por parte de los grupos sociales que est&aacute;n pagando la deuda. Una deuda que, es preciso recordarlo, <a href="http://colectivonovecento.org/2012/05/21/deuda-banca-y-recortes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no les corresponde</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Bibiana Medialdea]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tabu-impago_129_5536226.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Dec 2012 06:44:58 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El tabú del impago]]></media:title>
    </item>
  </channel>
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