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    <title><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Rivero]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/gonzalo_rivero/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Gonzalo Rivero]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Redes sociales y representación política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/redes-sociales-representacion-politica_1_4494923.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/722636fb-7d95-4faa-9754-ab68efb3e37c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Redes sociales y representación política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La discusión política entre los usuarios de Twitter está fuertemente polarizada y dominada por un grupo reducido de usuarios que son muy activos. Como cualquier otro instrumento de comunicación refleja las desigualdades existentes.</p></div><p class="article-text">
        El incremento en el uso de redes sociales ha generado grandes expectativas con respecto a su potencial para transformar la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica y la relaci&oacute;n de los representantes p&uacute;blicos con los ciudadanos. Sin embargo, el modo en que herramientas como Facebook o Twitter impactan en diferentes modos de participaci&oacute;n pol&iacute;tica es un debate abierto a nivel acad&eacute;mico. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha discutido ampliamente sobre c&oacute;mo las redes sociales afectan <a href="http://www.huffingtonpost.com/pablo-barbera/tweeting-the-revolution-s_b_4831104.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la coordinaci&oacute;n de protestas y revoluciones</a>, hasta qu&eacute; punto facilitan que <a href="http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/Cuanta-democracia-redes_0_319518507.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las voces m&aacute;s d&eacute;biles sean escuchadas</a>, c&oacute;mo incrementan nuestro acceso a <a href="http://www.nytimes.com/2014/11/21/upshot/social-media-deepens-partisan-divides-but-not-always.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una mayor diversidad de opiniones</a>, o incluso si es posible utilizar estos datos para predecir eventos pol&iacute;ticos como <a href="http://arxiv.org/abs/1204.6441" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elecciones</a> o <a href="http://www.technologyreview.com/view/524871/can-twitter-predict-major-events-such-as-mass-protests/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">manifestaciones</a>.
    </p><p class="article-text">
        Un elemento com&uacute;n en muchos de estos an&aacute;lisis es el argumento sobre el efecto democratizador de las redes sociales en el acceso a la comunicaci&oacute;n p&uacute;blica. Al reducir de manera homog&eacute;nea el coste de emitir mensajes en masa, independientemente de qui&eacute;n sea el emisor, con frecuencia se sostiene que las redes sociales deber&iacute;an contribuir a una mayor calidad de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica. Sin embargo, como demostramos en <a href="https://files.nyu.edu/pba220/public/barbera-rivero-2014.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un estudio utilizando datos de Twitter</a>, recientemente publicado en la revista <em>Social Science Computer Review</em>, &eacute;ste no es el caso. Por el contrario, los agentes pol&iacute;ticos que son m&aacute;s o&iacute;dos en el debate p&uacute;blico &ldquo;offline&rdquo; siguen teniendo una mayor presencia en las redes, lo cual intensifica los sesgos que encontramos en la participaci&oacute;n pol&iacute;tica. Este resultado tambi&eacute;n pone en cuesti&oacute;n la capacidad de esta fuente de datos para convertirse en una herramienta fiable de medici&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica.
    </p><p class="article-text">
        El resultado que encontramos es intuitivo, e ilustra las dificultades que presenta el uso de este tipo de datos. Analizar Twitter no es diferente de entrar en un bar ruidoso. Escuchamos muchas voces pero tenemos poca informaci&oacute;n sobre los sujetos. Podemos o&iacute;r a la gente hablar y podemos observar qui&eacute;n escucha y qui&eacute;n es escuchado por cada individuo, pero no podemos preguntar nada. Estamos rodeados de datos, pero como en casi todos los &aacute;mbitos de la investigaci&oacute;n sobre pol&iacute;tica e Internet, todav&iacute;a estamos en la infancia de entender c&oacute;mo poder explotar la informaci&oacute;n a la que tenemos acceso. Nuestro art&iacute;culo contribuye al desarrollo de herramientas que nos permitan entender mejor Twitter como paso previo a teorizar y estructurar relatos acerca del poder de los medios sociales en la arena pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro an&aacute;lisis forma parte de un proyecto m&aacute;s amplio, <a href="http://www.tuitometro.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tuit&oacute;metro.es</a>, que pusimos en marcha en 2011 con el objetivo de medir el sentimiento en tiempo real de los tweets relacionados con diferentes eventos pol&iacute;ticos. En concreto, en este art&iacute;culo utilizamos una base de datos que incluye todos los tweets enviados en los 70 d&iacute;as anteriores a la elecciones generales espa&ntilde;olas de 2011 y las presidenciales norteamericanas de 2012 que conten&iacute;an referencias a alguno de los partidos o candidatos en cada elecci&oacute;n, lo cual representa un total de 3 millones de tweets en el caso de Espa&ntilde;a y 62 millones de tweets en Estados Unidos. Con el objetivo de analizar la desigualdad en la participaci&oacute;n, estos datos son complementados con un an&aacute;lisis en profundidad de una muestra aleatoria de 12.000 y 50.000 usuarios que participaron de manera activa en la discusi&oacute;n pol&iacute;tica en Twitter en cada caso, para los cuales hemos estimado variables sociodemogr&aacute;ficas y pol&iacute;ticas de inter&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro estudio arroja cuatro conclusiones principales. En primer lugar, encontramos que una amplia mayor&iacute;a de los usuarios que escriben en Twitter sobre pol&iacute;tica en ambos pa&iacute;ses son hombres. En segundo lugar, aunque la distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de los usuarios de Twitter se acerca a la de los habitantes en cada regi&oacute;n, existe un claro sesgo hacia las zonas urbanas. En tercer lugar, la discusi&oacute;n pol&iacute;tica entre los usuarios de Twitter est&aacute; fuertemente polarizada, ya que son los ciudadanos con una identificaci&oacute;n ideol&oacute;gica m&aacute;s fuerte los que monopolizan gran parte de la conversaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, encontramos marcadas diferencias en la estructura de la conversaci&oacute;n a lo largo del tiempo: en ambos pa&iacute;ses, ciertos eventos de campa&ntilde;a afectan la desigualdad en la participaci&oacute;n en Twitter, haciendo que la discusi&oacute;n pol&iacute;tica est&eacute; dominada en mayor o menor medida por un grupo reducido de usuarios que son muy activos.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s el resultado m&aacute;s interesante es el relativo a la relaci&oacute;n entre ideolog&iacute;a y participaci&oacute;n, que mostramos en el gr&aacute;fico bajo estas l&iacute;neas. En lo que respecta a la distribuci&oacute;n de los usuarios por orientaci&oacute;n ideol&oacute;gica, los usuarios de Twitter se dividen en proporciones casi id&eacute;nticas entre derecha e izquierda en ambos pa&iacute;ses. En segundo lugar, encontramos que la actividad de los usuarios con un marcado sesgo ideol&oacute;gico, en lo que respecta al n&uacute;mero de tweets, retweets y &ldquo;@-replies&rdquo; publicados durante nuestro per&iacute;odo de an&aacute;lisis, es significativamente superior a los usuarios con posiciones m&aacute;s moderadas. En otras palabras, este resultado sugiere que la discusi&oacute;n pol&iacute;tica en Twitter est&aacute; protagonizada por aquellos ciudadanos con valores extremos en la escala de partidismo. Al dividir entre usuarios de derecha e izquierda (o conservadores y liberales), tambi&eacute;n encontramos importantes asimetr&iacute;as. En el caso espa&ntilde;ol, aunque el n&uacute;mero de total de tweets enviado por cada grupo es similar, los usuarios en el primero de ellos env&iacute;an significativamente m&aacute;s retweets, lo cual sugiere que la discusi&oacute;n pol&iacute;tica en la derecha est&aacute; m&aacute;s jerarquizada y estructurada, con la mayor&iacute;a de los tweets procedientes de un n&uacute;mero limitado de usuarios. Por el contrario, en Estados Unidos s&iacute; encontramos diferencias significativas entre grupos ideol&oacute;gicos, y los usuarios que identificamos como conservadores tienden a ser m&aacute;s activos en Twitter.
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                </figure><h4 class="article-text">Ideolog&iacute;a y participaci&oacute;n</h4><p class="article-text">
        Este resultado tiene una conexi&oacute;n directa con el hecho de que la desigualdad en la participaci&oacute;n en Twitter var&iacute;a de manera sustancial a lo largo de la campa&ntilde;a. En el caso espa&ntilde;ol, estos eventos incrementan la desigualdad y hacen que el n&uacute;cleo de usuarios activos en la discusi&oacute;n pol&iacute;tica en Twitter se muestre a&uacute;n m&aacute;s activo. En Estados Unidos, el efecto depende del tipo de evento. Por un lado, los debates electorales atraen a un mayor n&uacute;mero de participantes, lo cual genera una distribuci&oacute;n de tweets enviados m&aacute;s homog&eacute;nea; por otro, eventos como el ataque a la embajada en L&iacute;bia tienen el efecto contrario, posiblemente generando una respuesta intensa por parte de los votantes del partido Republicano. Con ello, nuestro resultado sugiere que cualquier tipo de an&aacute;lisis basado en datos provenientes de Twitter que no tenga en cuenta las distintas pautas de comportamiento en respuesta a eventos ex&oacute;genos corre el riesgo de introducir importantes sesgos derivados de la participaci&oacute;n desigual de diferentes tipos de usuarios.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias de nuestra investigaci&oacute;n dependen en gran medida de la esfera en la que uno se fije. En sus efectos m&aacute;s pr&aacute;cticos, y pensando en la utilizaci&oacute;n de Twitter como fuente de datos para el an&aacute;lisis pol&iacute;tico y social, nuestros resultados apuntan hacia la paradoja de usar Twitter como fuente para el an&aacute;lisis de la opini&oacute;n p&uacute;blica y la predicci&oacute;n del comportamiento electoral, cuando estamos observando una muestra sesgada de la poblaci&oacute;n. Un an&aacute;lisis basado en el volumen de tweets o su &ldquo;sentimiento&rdquo; agregado estar&aacute; inherentemente sesgado si no se estratifica o pondera para controlar por el efecto de los factores antes expuestos. En este sentido, nuestra cr&iacute;tica tiene un componente positivo ya que cuantifica las variables que requiren m&aacute;s atenci&oacute;n, en un tratamiento estad&iacute;stico de los datos, para poder usar Twitter para entender mejor las caracter&iacute;sticas de la poblaci&oacute;n. A un nivel m&aacute;s general, nuestros resultados reflejan la idea de que Twitter, as&iacute; como cualquier otro instrumento de comunicaci&oacute;n refleja las desigualdades existentes. Twitter transforma pero no revoluciona.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de toda la actividad investigadora sobre redes sociales y pol&iacute;tica, todav&iacute;a sabemos poco. Es posible que Twitter est&eacute; capturando la opini&oacute;n de una minor&iacute;a informada e influyente que causa trasvases en la opini&oacute;n de los dem&aacute;s, incluso aquellos que no est&aacute;n presentes en las redes sociales. La investigaci&oacute;n sobre la conexi&oacute;n entre comportamiento pol&iacute;tico &ldquo;offline&rdquo; y &ldquo;online&rdquo; est&aacute; dando a&uacute;n sus primeros pasos s&oacute;lidos, pero es prometedora. Para analizar esta informaci&oacute;n de manera rigurosa, es necesario desarrollar nuevos m&eacute;todos m&aacute;s sofisticados y fiables, a los que esperamos contribuir con nuestra investigaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Pablo Barberá, Gonzalo Rivero]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/redes-sociales-representacion-politica_1_4494923.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Nov 2014 20:55:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Redes sociales y representación política]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué no castigamos la corrupción?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/castigamos-corrupcion_132_5583690.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1a0c910-7dc4-4dd7-9849-a612f830bd69_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué no castigamos la corrupción?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las causas de la persistencia de la corrupción en nuestras instituciones son múltiples, en nuestra opinión, una de ellas se encuentra en la ausencia de un castigo en las urnas</p><p class="subtitle">Aquellos casos de corrupción que produjeron  un enriquecimiento del municipio no generaron ningún tipo de  consecuencias electorales</p><p class="subtitle">En definitiva, no se castiga porque se tolere la corrupción en sí, sino porque se valoran los beneficios indirectos de la misma</p></div><p class="article-text">
        La corrupci&oacute;n pol&iacute;tica ha sido tema de portada en la mayor&iacute;a de peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles de manera casi ininterrumpida durante las &uacute;ltimas semanas. El esc&aacute;ndalo de los sobresueldos cobrados por miembros de la direcci&oacute;n nacional del PP se ha unido a una larga lista de casos de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica destapados en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. De los EREs irregulares del gobierno andaluz a la presunta financiaci&oacute;n ilegal de Convergencia i Uni&oacute;, pasando por el caso G&uuml;rtel y los m&uacute;ltiples esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n a nivel municipal; los abusos de poder y el enriquecimiento il&iacute;cito por parte de nuestros representantes parecen extenderse por todos los niveles territoriales y partidos pol&iacute;ticos. <a href="http://politikon.es/2013/02/03/cuanto-nos-preocupa-la-corrupcion-datos-desde-1993-hasta-anteayer/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La percepci&oacute;n de la corrupci&oacute;n y el fraude como uno de los principales problemas de Espa&ntilde;a</a> ha sido documentada por Transparencia Internacional, cuyo &uacute;ltimo &iacute;ndice anual de corrupci&oacute;n sit&uacute;a a Espa&ntilde;a entre Botswana y Estonia, lejos de la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses europeos.
    </p><p class="article-text">
        Las causas de la persistencia de la corrupci&oacute;n en nuestras instituciones son m&uacute;ltiples. En nuestra opini&oacute;n una de sus principales explicaciones se encuentra en la ausencia de un castigo en las urnas a aquellos representantes que incurren en comportamientos delictivos o, al menos, poco &eacute;ticos. Evidencia de ello es que, en los dos &uacute;ltimos comicios locales, un elevado porcentaje de los alcaldes imputados en casos de corrupci&oacute;n fueron reelegidos: 70% en 2007 y 39% en 2011. A nivel auton&oacute;mico, casos como los de la Comunidad Valenciana o Andaluc&iacute;a sugieren tambi&eacute;n que los votantes otorgan poco peso a la corrupci&oacute;n a la hora de decidir la orientaci&oacute;n de su voto. Esta pauta contrasta con una visi&oacute;n normativa de la democracia en que esperar&iacute;amos que las elecciones sirvieran como mecanismo de control de pol&iacute;ticos cuya actuaci&oacute;n es perjudicial para sus votantes.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja existente entre la popularidad de los pol&iacute;ticos corruptos y la impopularidad de la corrupci&oacute;n es el objeto de estudio de <a href="https://files.nyu.edu/pba220/public/rooting_out_corruption.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nuestro m&aacute;s reciente art&iacute;culo de investigaci&oacute;n</a>. Utilizando datos electorales y de corrupci&oacute;n municipal, encontramos un interesante resultado: la magnitud del castigo electoral depende de manera muy significativa del tipo de corrupci&oacute;n de que ha sido acusado el alcalde. Aquellos casos de corrupci&oacute;n que produjeron, al menos en el corto plazo, un enriquecimiento del municipio no generaron ning&uacute;n tipo de consecuencias electorales. Por el contrario, cuando el esc&aacute;ndalo consist&iacute;a en una merma del bienestar econ&oacute;mico de los votantes, estos reaccionaron con un castigo electoral de 5 puntos porcentuales de media.
    </p><p class="article-text">
        Para entender la diferencia entre estos dos tipos de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, vale la pena considerar dos ejemplos que ilustran, en nuestra opini&oacute;n, la diversidad existente en Espa&ntilde;a. El primero de ellos ocurri&oacute; en el muncipio de El Ejido (Almer&iacute;a), cuyo alcalde fue acusado de malversaci&oacute;n y desv&iacute;o de fondos p&uacute;blicos en 2011. Con la colaboraci&oacute;n de varios miembros del gobierno local y la complicidad del alcalde, una empresa municipal cedi&oacute; la prestaci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos a empresas pol&iacute;ticamente cercanas que inflaron el importe de las facturas al municipio. Seg&uacute;n la investigaci&oacute;n judicial, el desv&iacute;o de fondos alcanz&oacute; una cantidad cercana a los 150 millones de euros, el doble del presupuesto anual del municipio. La actuaci&oacute;n del alcalde en este caso constituye una clara apropiaci&oacute;n indebida de recursos p&uacute;blicos para su beneficio personal que esperar&iacute;amos que fuera castigada por los votantes, siempre que tengan informaci&oacute;n precisa sobre estos comportamientos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la mayor&iacute;a de esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n a nivel municipal est&aacute; asociado a un enriquecimiento il&iacute;cito de miembros de sus consistorios, ha sido relativamente frecuente que la corrupci&oacute;n haya producido, a su vez, externalidades positivas a nivel econ&oacute;mico en el electorado, al menos a corto plazo. Muchos de estos casos est&aacute;n relacionados con la burbuja inmobiliaria, que dio lugar a grandes plusval&iacute;as para propietarios de terrenos rurales recalificados y que, en general, supuso para muchas localidades un aumento temporal de la actividad econ&oacute;mica impulsado desde el sector de la construcci&oacute;n. Un ejemplo de ello es Pastrana, en Guadalajara. En 2010, el alcalde este municipio de 1.200 habitantes permiti&oacute; presuntamente la construcci&oacute;n de edificios de viviendas en suelo r&uacute;stico de protecci&oacute;n especial. En una localidad de este tama&ntilde;o, este tipo de obras puede generar un impacto considerablemente positivo en la econom&iacute;a local, al crear nuevos puestos de trabajo y revalorizar las viviendas existentes. En este contexto, una amplia proporci&oacute;n de los votantes comparten los beneficios asociados con la acci&oacute;n irregular. Incluso si existe la sospecha de que esta decisi&oacute;n pol&iacute;tica es ilegal, los votantes pueden considerar que el flujo de ingresos para el beneficio &ldquo;compensa&rdquo; los perjuicios asociados al comportamiento corrupto del alcalde.
    </p><p class="article-text">
        Estos dos casos representas &uacute;nicamente un par ejemplos de una pauta generalizada a nivel municipal, y cuya validez se mantiene incluso tras descontar el efecto de otros factores que explican el voto en elecciones locales. El gr&aacute;fico bajo estas l&iacute;neas resume los principales resultados de nuestro an&aacute;lisis.
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        Como podemos ver, al considerar de manera agregada las consecuencias electorales de todos los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n destapados entre 2007 y 2011 (primera fila del gr&aacute;fico), encontramos que los alcaldes corruptos perdieron de media menos de 2 puntos en su porcentaje de voto, un castigo que estad&iacute;sticamente es indistinguible de cero. Sin embargo, al diferenciar entre casos de corrupci&oacute;n que incrementaron el bienestar del municipio (segunda fila) y aquellos que lo disminuyeron (tercera fila), podemos comprobar el importante poder explicativo de este factor. Cuando la corrupci&oacute;n genera beneficios que revierten en todo el municipio, muchos electores parecen no tener problema en ignorar el comportamiento irregular de su alcalde y contribuir con su voto a mantenerle en el poder.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados de nuestro an&aacute;lisis son relevantes tanto para el diagn&oacute;stico de la corrupci&oacute;n en Espa&ntilde;a como para el debate sobre las posibles estrategias a seguir para combatirla. En efecto, nuestras conclusiones contribuyen a cuestionar el lugar com&uacute;n seg&uacute;n el cual la corrupci&oacute;n en Espa&ntilde;a es end&eacute;mica por razones de cultura pol&iacute;tica. Por el contrario, demostramos que los ciudadanos hacen dejadez de su capacidad de sancionar de manera racional: entienden que determinados pol&iacute;ticos, aun dispuestos a actuar al margen de la ley, proporcionan resultados positivos para sus conciudadanos. En definitiva, no se castiga porque se tolere la corrupci&oacute;n en s&iacute;, sino porque se valoran los beneficios indirectos de la misma.
    </p><p class="article-text">
        Este aspecto tiene consecuencias para cualquier programa de lucha contra la corrupci&oacute;n. Desde hace a&ntilde;os, las instituciones internacionales han primado la transparencia y la difusi&oacute;n de informaci&oacute;n como v&iacute;a para reducir los niveles de abuso por parte de los pol&iacute;ticos. Sin embargo, lo que se deduce de nuestros resultados es que la disponibilidad de informaci&oacute;n cre&iacute;ble sobre las irregularidades cometidas por el alcalde no constituye una condici&oacute;n suficiente para asegurar la penalizaci&oacute;n electoral. De ah&iacute; que, aunque sea deseable, una simple mejora de la transparencia puede no ser lo bastante efectiva como mecanismo de control. Al menos no lo ser&aacute; en un nutrido grupo de casos en los que los votantes exculpan conscientemente a sus representantes en las urnas. Para esos casos, deberemos seguir confiando en sistemas de rendici&oacute;n de cuentas que hagan &eacute;nfasis en la persecuci&oacute;n judicial.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Gonzalo Rivero, Pablo Barberá, Pablo Fernández-Vázquez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/castigamos-corrupcion_132_5583690.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Feb 2013 18:45:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué no castigamos la corrupción?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Corrupción]]></media:keywords>
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