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    <title><![CDATA[elDiario.es - Belén Gopegui]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/belen_gopegui/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Belén Gopegui]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La curva ascendente]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/curva-ascendente_129_10442423.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d07e1131-10db-438e-a8aa-b7a1acb56665_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La curva ascendente"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando hay estabilidad, las pequeñas perturbaciones no nos hacen perder el equilibrio, o solo un poco y en seguida lo recuperamos. Pero si aceleras tanto la pelota, y cae en el cráter y le siguen otras, el equilibrio se aleja indefinidamente</p><p class="subtitle">Este artículo forma parte de la revista 'Diez relatos de una década', exclusiva para socios y socias de elDiario.es. Recibe en casa uno de los últimos ejemplares en papel de regalo con un año de elDiario.es</p></div><p class="article-text">
        Estaban de vacaciones, la noche flu&iacute;a en aquel bar situado en un peque&ntilde;o promontorio sobre el cabo, dos almerienses cantaban samba en directo.
    </p><p class="article-text">
        Eran un grupo de nueve, de edades distintas, entre los sesenta y los veinticinco. Amigos de amigas, familiares, a veces una abuela o alguien a quien nunca hab&iacute;an visto. Coincid&iacute;an, se tej&iacute;an relaciones. En aquel rinc&oacute;n nadie ped&iacute;a credenciales. El pelo ausente o blanco en unas cabezas, juventud restallante de otras, ropa de monta&ntilde;a, vestidos, el manual del curso de buceo en la esquina de una mesa. Viajeros o, quiz&aacute;, turistas que tratan de hacer las cosas bien, que se llevan siempre la basura de vuelta en una bolsa, tambi&eacute;n la que no es suya, no hacen ruido si hay gente cerca, hablan a los desconocidos, ayudan a los grupos de chavales reci&eacute;n llegados en patera y les compran comida, bebida y un cargador para el m&oacute;vil. No presumen; hacer eso, piensan, es bien poco.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a poca gente en el bar, a&uacute;n estaban fuera de temporada. La clientela no era la misma que la de las caba&ntilde;as. La del bar acud&iacute;a por la m&uacute;sica. Luego se quedaban los de siempre, los que asum&iacute;an la falta de wifi, cobertura, televisi&oacute;n, aire acondicionado, la presencia de ara&ntilde;as en las habitaciones, saltamontes, un d&iacute;a un escorpi&oacute;n, la fregona y la escoba para el uso de cada hu&eacute;sped. Ana sac&oacute; un pa&ntilde;uelo de la mochila y se lo puso sobre los hombros. La ola de calor no hab&iacute;a sido tan dura all&iacute; pero menos mal que ya hab&iacute;a pasado, comentaron. Sandra dijo:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;As&iacute; empieza el fuego. Un f&iacute;sico lo cuenta de una forma preciosa.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Bueno, preciosa, no tiene pinta... &ndash;dijo Gerardo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Que s&iacute;, ya ver&aacute;s: algunos &aacute;tomos se gustan. Al ox&iacute;geno del aire le gusta el carbono de la madera del &aacute;rbol y quiere estar con &eacute;l. Es como tener una pelota que est&aacute; intentando subir una colina. Arriba hay un agujero, semejante al cr&aacute;ter de un volc&aacute;n, un agujero profundo. La pelota va rodando colina arriba pero no cae porque despu&eacute;s de subir un poco, se va para atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Sandra gesticulaba con la mano, el dedo &iacute;ndice extendido trazaba la curva ascendente y luego retroced&iacute;a. En ese momento lleg&oacute; una de las r&aacute;fagas de cobertura intermitentes y sonaron algunos mensajes en los m&oacute;viles, pero nadie parec&iacute;a esperar algo urgente y no los miraron. Silvia sigui&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Si haces que la pelota acelere, subir&aacute; deprisa y caer&aacute; en el agujero. Por ejemplo, calientas el ox&iacute;geno, algunos de esos &aacute;tomos van m&aacute;s r&aacute;pido, llegan hasta al cima y cuando caen se enganchan con el carbono. Eso produce un mont&oacute;n de peque&ntilde;as vibraciones que alcanzan a otros &aacute;tomos, se aceleran, chocan con otros y les dan impulso para que puedan trepar por la colina y empujar a otros que tambi&eacute;n se enganchan con el carbono; las vibraciones se encadenan y tienes un fuego.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Dices que estas olas de calor &ndash;pregunt&oacute; Ana&ndash; son como la pelota, sube alto pero cae, la ola pasa y as&iacute; hasta que la pelota suba del todo...?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Puede. No es que vaya a venir de repente una ola de calor que no se vaya. Pero si seguimos emitiendo CO2, llegar&aacute; un momento en que se acabe la estabilidad. Cuando hay estabilidad, las peque&ntilde;as perturbaciones no nos hacen perder el equilibrio, o solo un poco y en seguida lo recuperamos. Pero si aceleras tanto la pelota, y cae en el cr&aacute;ter y le siguen otras, el equilibrio se aleja indefinidamente.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Mejor no pensarlo &ndash;dijo Helena.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es que adem&aacute;s no podemos hacer nada &ndash;dijo Diego.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Os cuento el final de la historia del fuego, y luego hablamos de si podemos hacer algo o no. El &aacute;rbol necesita el di&oacute;xido de carbono para vivir. Consigue separarlo del ox&iacute;geno mediante la energ&iacute;a de la luz del sol. Se queda con el carbono y suelta el ox&iacute;geno. Cuando ponemos el &aacute;rbol en la hoguera y empieza el fuego, resulta que todo el ox&iacute;geno del aire y todo el carbono del &aacute;rbol quieren estar juntos otra vez. Y cuando lo logran aparece toda esa energ&iacute;a que el &aacute;rbol us&oacute; para separarlos. Una hoguera es una especie de sol almacenado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vale, s&iacute;, tiene su punto... &ndash;dijo Gerardo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Crees que cuando aumente el calentamiento habr&aacute; un incendio monumental en todo el planeta? &ndash;pregunt&oacute; Iria.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eso parece que ya ha empezado &ndash;dijo Ander&ndash;. Incendios dispersos, aunque si los sumas...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;... pero no iba por ah&iacute; &ndash;dijo Sandra&ndash;. Lo que m&aacute;s preocupa ahora es la pelota a punto de llegar al cr&aacute;ter. Cada vez que el CO2 aumenta, rozamos la zona del cr&aacute;ter, y en una de estas la pelota lo rebasa y cae. No sabemos lo que vendr&aacute; despu&eacute;s, puede ser una hoguera gigante u otras cosas. Lo que sabemos es que perderemos la estabilidad y cualquier perturbaci&oacute;n podr&aacute; derribarnos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo tambi&eacute;n prefiero no pensarlo &ndash;dijo Iria&ndash;. No podemos hacer nada. Y c&oacute;mo vas a vivir pensando cada ma&ntilde;ana que dentro de diez a&ntilde;os estaremos cayendo por un precipicio.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro, claro. No hay que pensarlo todo el tiempo &ndash;dijo Fran&ndash;. Solo a ratos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Intentamos hacer bien nuestro trabajo &ndash;dijo Iria&ndash;, no estropear esto m&aacute;s de lo que est&aacute;, pero tambi&eacute;n vivimos, hemos venido en coche hasta aqu&iacute;, no podemos estar sufriendo por eso. No s&eacute;...
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es que adem&aacute;s &ndash;dijo Diego&ndash;, lo que uno haga cambia muy poco, los mayores desastres vienen de grandes empresas, sus decisiones quedan fuera de nuestro alcance. La pol&iacute;tica, bueno, no todos creemos en ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sufrir no, ni culparse, pero... A lo mejor no darlo todo por perdido &ndash;dijo Fran&ndash;. A veces se logran victorias.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cada vez que el CO2 aumenta, rozamos la zona del cráter, y en una de estas la pelota lo rebasa y cae. No sabemos lo que vendrá después</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los m&uacute;sicos se retiraron a descansar unos minutos. Su trayectoria hizo que Luc&iacute;a reparase en la chica sentada sola delante de un mojito. Llevaba un pa&ntilde;uelo ancho de tonos rojizos en torno al cuello, el pelo largo y recogido de manera no tirante. Le llam&oacute; la atenci&oacute;n el extra&ntilde;o embeleso con que miraba al lugar, ahora vac&iacute;o, de los m&uacute;sicos. Pens&oacute; en poner sobre la mesa una adivinanza para aliviar la seriedad de la conversaci&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;n es esa chica solitaria con un vaso de mojito ante ella que mira a los m&uacute;sicos de ese modo? &iquest;Su amante, su hija, una desconocida? &iquest;El embeleso viene de su relaci&oacute;n con la m&uacute;sica o quiz&aacute; va por el segundo o el tercer mojito? Al final no dijo nada. La mirada de la chica era conmovedora y algo preocupante; no estaba solo fascinada por los m&uacute;sicos, pens&oacute;, hab&iacute;a como una ausencia en ella.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Los músicos se retiraron a descansar unos minutos. Su trayectoria hizo que Lucía reparase en la chica sentada sola delante de un mojito</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; crees t&uacute;, Luci? Est&aacute;s muy callada &ndash;pregunt&oacute; Iria.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a se concentr&oacute; en la conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Estoy de acuerdo con vosotras. Hay que vivir. Si no, no tendr&iacute;a sentido lo dem&aacute;s. Ni siquiera las victorias, Fran. En algunos casos basta con hacer las cosas con cuidado, y en otros hay personas como t&uacute; y como Sandra, que consegu&iacute;s organizaros y lograr esas victorias.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eh, eh &ndash;dijo Sandra&ndash;. No somos diferentes. Un amigo dice que s&iacute;, que cuando alguien se conciencia hay una ruptura, un cambio radical. Creo que no es una ruptura. Es como un mil&iacute;metro m&aacute;s en un metro. Lo pasas, y luego a lo mejor retrocedes otra vez. Hoy estamos emocionados por lo del curr&iacute;culo, pero igual ma&ntilde;ana nos pilla tirados viendo una serie.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero contad, &iquest;no? &iquest;Qu&eacute; es eso del curr&iacute;culo? &ndash;pregunt&oacute; Gerardo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es que tampoco queremos dar la vara.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Qu&eacute; vara ni qu&eacute; vara, venga.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pues que por fin hemos conseguido que la ecolog&iacute;a social entre en la secundaria y bachillerato &ndash;dijo Fran y sonri&oacute;&ndash;. A veces la pol&iacute;tica sirve. Grupos de gente estudi&aacute;ndose los libros de texto, reuni&eacute;ndose, discutiendo, poniendo de acuerdo a sus organizaciones, hablando con el ministerio, repasando borradores, proponiendo, reclamando. Y ahora, ya est&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No son cambios materiales &ndash;dijo Fran&ndash;, de momento solo son cambios en las palabras de los libros de texto. Pero a la vez es much&iacute;simo. Todo esto ya era conocido cuando nosotros estudi&aacute;bamos, pero en el instituto nunca nos hablaron de los l&iacute;mites del planeta, de la importancia de conservar los ecosistemas, del declive de la energ&iacute;a. Y para imaginar una salida hay que saber.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A nosotros tampoco nos lo contaron &ndash;dijo Iria hablando por los m&aacute;s j&oacute;venes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo mejor es que afecta a todas las asignaturas &ndash;dijo Sandra&ndash;. Metes la econom&iacute;a ecol&oacute;gica y dejas de mirar solo los n&uacute;meros. No solo cu&aacute;ntos tomates produces, sino la realidad entera, cu&aacute;nta energ&iacute;a gastas, en qu&eacute; condiciones se producen, laborales, qu&iacute;micas, qu&eacute; recursos faltan una vez los has producido, qu&eacute; residuos dejas, por qu&eacute; eliges producirlos, qui&eacute;n es justo que los consuma.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Lo mismo con la econom&iacute;a de los cuidados &ndash;dijo Fran&ndash;: qu&eacute; se necesita para que un mam&iacute;fero humano se convierta en persona con valores, lenguaje, y para que una persona pueda mantener su vida sin romperse: otra vez acciones, no n&uacute;meros. Por qu&eacute; esas acciones, que son trabajo y afecto y relaciones y vida, no cuentan. Qu&eacute; hacer para que cuenten.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Por Fran y Sandra &ndash;dijo Ana levantando su vaso&ndash;. Los libros de texto son lo que una generaci&oacute;n quiere dejar a otra para que viva. Sois la hostia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Brindaron y rieron, tomaron un poco el pelo a Fran y Sandra trat&aacute;ndoles de conspiradores, pregunt&aacute;ndoles si eran adictos a las bebidas energ&eacute;ticas para abarcar tanto, chocaron vasos y hombros.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Mirada de mojito</strong></h3><p class="article-text">
        Entretanto los m&uacute;sicos volvieron. Luc&iacute;a mir&oacute; a la chica del mojito. Aquel extra&ntilde;o embeleso no hab&iacute;a cambiado, cuando hab&iacute;a m&uacute;sicos, cuando se fueron, ahora que colocaban las cosas, cuando empezaron otra vez a cantar. Luc&iacute;a se levant&oacute; a pedir otra ronda, tardaron en atenderla. Al volver, le sorprendi&oacute; que en su mesa todos mirasen los m&oacute;viles. Tambi&eacute;n en las otras mesas. La chica del mojito en cambio segu&iacute;a ausente, sumida en aquel arrebato lento. Le vino a la cabeza el verso de Pizarnik: &ldquo;Explicar con palabras de este mundo que parti&oacute; de m&iacute; un barco llev&aacute;ndome&rdquo;. Fue un impulso, dej&oacute; atr&aacute;s su mesa y se acerc&oacute; a la chica:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Puedo sentarme?
    </p><p class="article-text">
        Ella no pareci&oacute; escucharla. Luc&iacute;a se sent&oacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Te encuentras bien?
    </p><p class="article-text">
        La chica la mir&oacute; durante un segundo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No &ndash;dijo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Quieres dar una vuelta?
    </p><p class="article-text">
        De nuevo silencio.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Bajaron por un sendero empinado hasta la playa. Luc&iacute;a llevaba buenas sandalias, la chica, solo chanclas pero bajaba entre la arena y las piedras como si paseara por un c&eacute;sped liso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A Luc&iacute;a le encantaba el ruido de los cantos rodados al chocar por las olas. Se lo dijo, la chica asinti&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Se sentaron en el suelo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No lo sabes, &iquest;verdad? &ndash;dijo la chica.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;El qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En Madrid. Empez&oacute; despu&eacute;s de comer. Yo hab&iacute;a salido de casa para ir al aeropuerto y lo vi. Se paran y se desploman. Es un segundo. No son todos los p&aacute;jaros. Los vencejos, sobre todo. Los avioncillos. Alg&uacute;n gorri&oacute;n. Las palomas, no.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; dices? &iquest;Y se sabe la causa?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No. Y los &aacute;rboles. Se secan de golpe, es como si ardieran por dentro. Tampoco son todos los &aacute;rboles, las melias, las acacias, alg&uacute;n almez. Les pasa a los m&aacute;s j&oacute;venes. No se desploman, se quedan secos, de pie.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Te lo est&aacute;s inventando?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vi c&oacute;mo empezaba. A veces est&aacute;s en una calle y ves el momento exacto en que se encienden los faroles. Dicen que empez&oacute; a las ocho pero no es verdad. Yo lo vi a las seis. Luego tom&eacute; el avi&oacute;n, y unos amigos me trajeron aqu&iacute;. Ellos tampoco lo sab&iacute;an. Pero ya empezaba a correrse la voz.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y la gente, est&aacute; bien?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No lo s&eacute;. En internet dec&iacute;an que algunas personas se desplomaban sin caerse. Como si se desmayaran de pie. Como los &aacute;rboles.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;C&oacute;mo te llamas?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nina. En broma a veces me llaman Nonin&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y todo esto es una broma oscura que me has contado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No. &iquest;C&oacute;mo te llamas t&uacute;?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Luc&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;En ese extremo la cobertura dura m&aacute;s, Luc&iacute;a. &iquest;Vamos?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se paran y se desploman. Es un segundo. No son todos los pájaros. Los vencejos, sobre todo. Los avioncillos. Algún gorrión. Las palomas, no</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Luc&iacute;a mir&oacute; a Nina o Nonin&aacute; o, como a&uacute;n segu&iacute;a siendo para ella, la chica del mojito, y admiti&oacute; que desconfiaba. &iquest;Y si estaba delirando por la combinaci&oacute;n de mojitos con otras sustancias? &iquest;O si era alguien violento aunque tuviera esa expresi&oacute;n ausente y vistiera como una hippy de la hermandad prerrafaelita?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nina dijo:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Si no te importa, yo espero aqu&iacute;, no quiero ver las im&aacute;genes.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a atraves&oacute; la playa de piedras. Su m&oacute;vil no emiti&oacute; ning&uacute;n sonido. Pens&oacute; que la chica se lo hab&iacute;a inventado todo. Aun as&iacute; avanz&oacute; un poco m&aacute;s. Entonces llegaron las notificaciones. Ten&iacute;a varios mensajes de su hija.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Estoy bien, no te preocupes. En nuestra calle han ca&iacute;do tres vencejos. El &aacute;rbol que est&aacute; delante de casa de Alba se ha secado. &iquest;Puedes preguntar a Fran y Sandra?: a lo mejor ellos saben por qu&eacute; est&aacute; pasando. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;is? Dicen que es solo en Madrid. &iquest;Por qu&eacute; solo en Madrid?
    </p><p class="article-text">
        No abri&oacute; los dem&aacute;s mensajes. Fue directamente a ver noticias en las redes. Los v&iacute;deos impresionaban. Casi todos eran de p&aacute;jaros y de &aacute;rboles. Pero luego aparecieron los de las personas. Alguien se deten&iacute;a, se quedaba clavado en el suelo, se llevaba las manos al pecho como si le faltase el aire. Luego, segu&iacute;a andando m&aacute;s despacio, la expresi&oacute;n como dulcificada. Y esa mirada que le era familiar, mirada de mojito, se dijo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a volvi&oacute; deprisa, ahora no quer&iacute;a dejar sola a la chica.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Vamos &ndash;le dijo&ndash;. Si&eacute;ntate con nosotros. Tenemos unos amigos que a lo mejor saben qu&eacute; podemos hacer.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Osar</strong></h3><p class="article-text">
        Cuando subieron hab&iacute;a grupos hablando de pie. Luc&iacute;a tom&oacute; de la mano a Nina, pero ella dijo:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, gracias, de verdad..., me vuelvo a mi mesa.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a la vio irse, en seguida se le acerc&oacute; Helena:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;D&oacute;nde andabas? &iquest;Te has enterado, verdad?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute;, s&iacute;. &iquest;Se sabe la causa?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Dicen que es un agente qu&iacute;mico, que se ha liberado por error en las afueras de Madrid, y el viento lo ha diseminado. Parece que ya est&aacute; pasando. No se han desplomado m&aacute;s p&aacute;jaros. No se han secado m&aacute;s &aacute;rboles.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y las personas?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;De eso todav&iacute;a no han dicho nada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No es el agente qu&iacute;mico &ndash;dijo Fran&ndash;. Es ese agente en una atm&oacute;sfera saturada de CO2 que nunca hemos tenido. &iquest;No, Sandra?
    </p><p class="article-text">
        Sandra era qu&iacute;mica pero se encogi&oacute; de hombros.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Puede ser, Fran, o no. No sabemos nada.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Yo tambi&eacute;n soy qu&iacute;mico &ndash;dijo un hombre mayor a quien no conoc&iacute;an que, junto con otras personas, se hab&iacute;a sumado al grupo&ndash;. Ni siquiera estoy seguro de que esa explicaci&oacute;n del agente qu&iacute;mico encaje. Creo que a&uacute;n no se sabe lo que est&aacute; pasando. Lo &uacute;nico bueno es que se haya ralentizado.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pasar&aacute;, &iquest;no? &ndash;dijo Ana&ndash;. Como la ola de calor. Y volveremos a decir, uf, menos mal. Hasta lo siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Todos callaron, porque Ana hab&iacute;a dicho lo que pensaban. Poco a poco la gente empez&oacute; a volver a su mesa y los m&uacute;sicos a su puesto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevaban un rato sentados, taciturnos, miraban los m&oacute;viles esperando una nueva r&aacute;faga de cobertura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A m&iacute; me gustar&iacute;a hacer algo, de verdad, no es que no quiera &ndash;dijo Ander&ndash;. Pero es que no s&eacute; el qu&eacute;. Trabajo un mont&oacute;n de horas. Ni siquiera consigo que en mi trabajo se gestionen bien los residuos. Y lo intento. Lo intentamos, &iquest;verdad, Iria? Es una batalla enana, no es mucho lo que conseguir&iacute;amos, pero no sab&eacute;is lo que cuesta. Y al mismo tiempo est&aacute; esa sensaci&oacute;n de que no sirve, de que si pudi&eacute;ramos decidir las cosas que se producen y c&oacute;mo, arreglar&iacute;amos lo que no lograremos en cien mil vidas, pero no hay manera.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es complicado &ndash;dijo Fran&ndash;. Las cosas llegan a cada persona de forma distinta. A Sandra y a m&iacute; nos parece &uacute;til estar en Ecologistas, pero qu&eacute; se yo si para el mundo es m&aacute;s &uacute;til que hagas bien tu trabajo y no que lo hagas mal porque llegas cansado de reuniones.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;El papel en los zapatos &ndash;dijo Iria.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Qu&eacute; dices? &ndash;pregunt&oacute; Elena riendo y su risa se contagi&oacute; y descargaron la tensi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es una historia que le pas&oacute; al escritor Luis Sep&uacute;lveda. O as&iacute; me lo contaron. Estaba buscando un lugar donde quedarse a vivir. Su idea era ir al Pa&iacute;s Vasco; se perdi&oacute;, se le hizo de noche, no s&eacute;. El caso es que lleg&oacute; a Xix&oacute;n. Llov&iacute;a. Las calles le parecieron grises, dej&oacute; el coche y tuvo que andar un buen rato hasta que encontr&oacute; una pensi&oacute;n donde alojarse. Un cuarto peque&ntilde;o, pero llegaba calado y todo le parec&iacute;a bien. Dej&oacute; los zapatos mojados fuera y al d&iacute;a siguiente vio que alguien hab&iacute;a puesto papel de peri&oacute;dico dentro para que se secaran antes y mejor. Hab&iacute;a sido la due&ntilde;a de la pensi&oacute;n. Estuvo hablando con ella y con la gente que desayunaba all&iacute;, le gust&oacute;, se sinti&oacute; bien. Decidi&oacute; quedarse en la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;S&iacute; &ndash;dijo Ana&ndash;. As&iacute; hemos vivido. Poniendo el papel cuando pod&iacute;amos. &iquest;Y si ya no es suficiente?
    </p><p class="article-text">
        Diego dijo:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Hab&iacute;a una profesora en mi facultad que siempre hablaba del sentido del deber como deuda, acciones debidas, acciones que le faltan al mundo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Es bonito &ndash;dijo Sandra&ndash;, lo que pasa es que en las discusiones morales, incluso en las que tenemos a solas, suele ganar la persona c&iacute;nica que llevamos dentro. Y es hasta normal, quiero decir, es que por bien que te comportes, y aunque consumas menos y emitas menos CO2, sabes que al final gana la fuerza, como la hipocres&iacute;a de nuestros pa&iacute;ses que lo han consumido todo, lo han arruinado todo y siguen mandando su basura fuera.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero, &iquest;y lo que no es moral, qu&eacute; es? &ndash;pregunt&oacute; Ander&ndash;. Quiero decir, hay que hacer las cosas porque piensas que debes hacerlas. A m&iacute; me ha gustado esa expresi&oacute;n, acciones que le faltan al mundo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y a m&iacute;, Ander. Solo digo que muchas acciones individuales juntas no bastan. Entre otras cosas porque hay montones de trabajos que van en contra del planeta y no puedes pedir a medio mundo que se quede sin trabajo cuando de verdad lo necesita.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Entonces?
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Lo que pasa es que en las discusiones morales, incluso en las que tenemos a solas, suele ganar la persona cínica que llevamos dentro</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        &ndash;Lo que no es solo moral son las luchas populares. Evitar que la pelota suba y caiga en el cr&aacute;ter no es solo una cuesti&oacute;n de que nos parezca bien, de que sea bueno para las generaciones venideras, y las nuestras. Es un derecho. Tenemos que exigir ese derecho como tantos otros que se han ganando no solo porque la moral dijera que eran buenos, sino porque millones de personas han ido plantando cara y cuerpo a los poderosos y han logrado que se cambiaran las acciones y las reglas, el mecanismo rid&iacute;culo y letal en el que estamos.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ya..., pero eso c&oacute;mo se hace. No todo el mundo encuentra un colectivo.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A veces el colectivo te encuentra a ti. Y no tiene que ser todo el mundo. El papel en los zapatos mojados sigue siendo importante.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pero es que no hay tiempo &ndash;dijo Ana&ndash;. Imaginad que los p&aacute;jaros empiezan a desplomarse en m&aacute;s ciudades, en pueblos, que se secan de golpe todos los &aacute;rboles.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Y la congoja &ndash;dijo Luc&iacute;a&ndash;. Nadie est&aacute; hablando de eso que ha desplomado a las personas por dentro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Ma&ntilde;ana nos enteraremos, yo madrugu&eacute; y ahora me muero de sue&ntilde;o &ndash;dijo Gerardo&ndash;. Me voy a dormir.
    </p><p class="article-text">
        Era tarde y acordaron irse. Solo se qued&oacute; Luc&iacute;a. Se sent&oacute; con la chica del mojito, pidi&oacute; uno. A eso de las tres cerraban. La chica no se mov&iacute;a. Como eran hu&eacute;spedes de las caba&ntilde;as, les dejaron quedarse un rato en el bar cerrado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al d&iacute;a siguiente, la chica del mojito no estaba. En la red se dec&iacute;a que hab&iacute;a aumentado el n&uacute;mero de personas afectadas y, al parecer, aquella mezcla de tristeza y de embeleso estaba dando paso a formas de osad&iacute;a. El agente qu&iacute;mico, dijeron, pod&iacute;a atravesar la barrera hematoencef&aacute;lica y generar el, as&iacute; lo llamaron, desorden nervioso. O tal vez osar era, dijo Luc&iacute;a, un sentimiento pensado, organizado, creciente: luchar contra la econom&iacute;a pol&iacute;tica tir&aacute;nica, osar para evitar la destrucci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Belén Gopegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/curva-ascendente_129_10442423.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Aug 2023 20:41:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La curva ascendente]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ficción,Relato,Relato corto]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Asuntos Externos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/asuntos-externos_129_8166951.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62a2b641-5ca2-409a-a911-2ccd61da1dd8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Asuntos Externos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Que en 2021 nada haya cambiado con respecto a 1938, cuando Antonio Machado se preguntaba a partir de la inutilidad de la Sociedad de las Naciones: “¿Qué importan las razones ante los hechos que consuma la fuerza?”</p></div><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Permitirse no pensar en c&oacute;mo los vencedores de este juego han conseguido&nbsp;sus vastas reservas de riqueza mineral es beneficiarse de esa riqueza&rdquo;. Kae Tempest</em>
    </p><p class="article-text">
        En aquel instituto el mat&oacute;n de la clase ten&iacute;a bajo su mando a una parte del alumnado. Hab&iacute;a quien le tem&iacute;a, quien le hac&iacute;a caso porque sus familias trabajaban para la familia del mat&oacute;n, quien se cre&iacute;a sus palabras. El mat&oacute;n la hab&iacute;a tomado con un peque&ntilde;o grupo. No le gustaban sus ideas, que quisieran apoyarse entre s&iacute; y apoyar al resto, que no le obedecieran ni le hicieran sus tareas. A veces les agred&iacute;a, otras les quitaba materiales, comida, imped&iacute;a que se los prestaran. El abuso era tan evidente que el profesorado se vio obligado a intervenir. Cada cierto tiempo, el claustro se reun&iacute;a y votaba en contra de que el mat&oacute;n siguiera tratando as&iacute; a una parte del alumnado. El mat&oacute;n sonre&iacute;a, sab&iacute;a que el claustro no quer&iacute;a arriesgarse a contrariarle con actos.
    </p><p class="article-text">
        Entretanto, el peque&ntilde;o grupo intentaba hacer frente al mat&oacute;n. Quienes se atrev&iacute;an a prestarle ayuda tambi&eacute;n recib&iacute;an amenazas. Para poder vivir fuera del alcance del mat&oacute;n y sus huestes, el grupo se apart&oacute;. Cuando te apartas, y te amenazan, vivir es m&aacute;s dif&iacute;cil. En medio de las dificultades el grupo segu&iacute;a apoy&aacute;ndose entre s&iacute; y apoyando al resto, aunque tambi&eacute;n se fue equivocando en algunas decisiones. Empez&oacute; a haber personas dentro del grupo que no consegu&iacute;an concentrase para estudiar, otras sufr&iacute;an por la tensi&oacute;n en que viv&iacute;an, otras estaban muy cansadas del acoso y perd&iacute;an la fuerza y la paciencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta historia no trata del grupo asediado por el mat&oacute;n. Trata del resto, de todo el instituto. Trata de cuando tras ver lo mal que lo estaba pasando ese grupo, en el instituto empezaron a decir:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Sentimos pena de que est&eacute;is as&iacute;, queremos ayudaros.
    </p><p class="article-text">
        El grupo contest&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Muchas gracias: &iquest;pod&eacute;is conseguir que el mat&oacute;n nos deje en paz?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ndash;No, bueno, eso no, eso es cuesti&oacute;n de los asuntos externos, a nosotros nos interesan vuestros asuntos internos: &iquest;Por qu&eacute; os organiz&aacute;is tan mal? &iquest;Por qu&eacute; sois tan poco eficaces? &iquest;Y por qu&eacute; os empe&ntilde;&aacute;is en no someteros y en afirmar que se puede vivir sin aprovecharse de nadie? &iquest;Tanto os costar&iacute;a obedecer al mat&oacute;n? No se&aacute;is as&iacute;. &iquest;No os dais cuenta de que si ced&eacute;is enseguida os va regalar refrescos y boller&iacute;a para vuestra merienda? A lo mejor solo se las da a quienes m&aacute;s trabajen para &eacute;l, pero a cambio en el instituto tendremos la conciencia tranquila porque no sufrir&eacute;is.
    </p><p class="article-text">
        El grupo pregunt&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Por qu&eacute; os preocupa tanto nuestro sufrimiento y no el de much&iacute;simo otro alumnado que vive en p&eacute;simas condiciones pero al que no chantajea ning&uacute;n mat&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &ndash; Vale, ese otro alumnado nos preocupa bastante menos. De todas formas, creemos que vosotros os empe&ntilde;&aacute;is en estar mal: el mat&oacute;n no ofrece ayuda a ese alumnado pobre, pero os la est&aacute; ofreciendo solo a cambio de docilidad, sois demasiado exigentes.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;No hab&eacute;is pensado que si cedemos, si aceptamos, ma&ntilde;ana este mat&oacute;n u otro cualquiera os dir&aacute; que le limpi&eacute;is gratis su casa o que pegu&eacute;is a alguien y tendr&eacute;is que hacerlo?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;A ver, disculpadnos el cinismo: hemos acumulado, tomando de aqu&iacute; y de all&aacute;, dinero suficiente para contratar a alguien que limpie la casa del mat&oacute;n, y alg&uacute;n favor le hacemos, as&iacute; que estamos a salvo. Al menos, de momento.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, aquel pa&iacute;s pregunt&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;&iquest;Y no sent&iacute;s verg&uuml;enza y no os duele haberle exigido durante veintinueve a&ntilde;os que deje de bloquearnos sin que<strong> </strong>haya hecho el menor caso? &iquest;No os preocupa vuestra propia ineficiencia, vuestra incapacidad para poner fin a un asedio contrario al criterio expreso de todas las naciones del mundo, a excepci&oacute;n de la naci&oacute;n causante y su mejor aliada, y una o dos, m&aacute;ximo tres abstenciones? Si primero permit&iacute;s que obstaculicen deliberadamente un camino &iquest;qu&eacute; credibilidad ten&eacute;is cuando luego dec&iacute;s que es intransitable?
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Un poco s&iacute; nos preocupa, la verdad, pero es que los matones..., ya sab&eacute;is como son. Ahora lo que nos duele es que lo est&aacute;is pasando mal. Y no dig&aacute;is que es todo culpa del mat&oacute;n, tambi&eacute;n es cosa vuestra.
    </p><p class="article-text">
        El pa&iacute;s respondi&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Claro que nos equivocamos a menudo, claro que tenemos que rectificar muchas cuestiones. Pero puesto que tanto os importa lo que nos pasa, francamente, nos extra&ntilde;a vuestra pasividad con respecto al mat&oacute;n. Que en el a&ntilde;o 2021 nada haya cambiado con respecto a 1938, cuando Antonio Machado se preguntaba a partir de la inutilidad de la Sociedad de las Naciones: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; importan las razones ante los hechos que consuma la fuerza?&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nadie puede exigir hero&iacute;smo, ni sacrificios, excepto a s&iacute; mismo. En aquel pa&iacute;s sab&iacute;an que el mientras tanto importa casi igual que los principios, los valores, la dignidad. Pero esta historia no trata del mientras tanto de aquel pa&iacute;s asediado, trata del mientras tanto de, pongamos, el continente europeo, de su abulia, su miedo, su incompetencia.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Belén Gopegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/asuntos-externos_129_8166951.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 25 Jul 2021 19:44:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Asuntos Externos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cuba,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[The Killer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/the-killer_129_1960302.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6f26155f-0f7a-4991-98b2-058d096593fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="The Killer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo empezó con aquella miniserie ligeramente excepcional. 'Big Little Lies'. Después de algunos merodeos más llegó 'The Killer'</p><p class="subtitle">Aquello sí que fue el pistoletazo de salida: en cada plataforma aparecieron dos o tres series de lo que se designó como “psicópatas asesinas”</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Este art&iacute;culo ha sido publicado <a href="https://www.eldiario.es/redaccion/Mujeres-nueva-revista-deeldiarioes_6_746885318.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">en la revista de eldiario.es 'Mujeres'</a>. Hazte socio y <a href="https://www.eldiario.es/hazte_socio/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">recibir&aacute;s en tu casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas en papel</a>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Todo empez&oacute; con aquella miniserie ligeramente excepcional. <em>Big Little Lies</em>. All&iacute; varias mujeres mataban, de forma improvisada, a un hombre y se pon&iacute;an de acuerdo para guardar silencio. Era un comienzo t&iacute;mido pues las mujeres conoc&iacute;an al hombre, les hab&iacute;a hecho da&ntilde;o y segu&iacute;a agredi&eacute;ndolas cuando le mataron. Sin embargo, muchos coincidieron en se&ntilde;alar que abri&oacute; la veda. Despu&eacute;s de algunos merodeos m&aacute;s lleg&oacute; <em>The Killer</em>: detectives, investigaci&oacute;n y cr&iacute;menes que no cesan. La sinopsis no llamaba la atenci&oacute;n. Hasta que encontraron el primer cuerpo, el segundo, el tercero, y result&oacute; que todos pertenec&iacute;an a muchachos j&oacute;venes, no muy corpulentos, bellos, delicadamente torturados por el asesino. En efecto, parec&iacute;a claro que se trataba de un asesino que amaba a los muchachos. Tras el s&eacute;ptimo crimen, sin embargo, las pistas apuntaban a una mujer. Llamaba la atenci&oacute;n que la sospechosa no conociera a los muchachos, que no le hubiesen hecho nada, que tampoco se estuviera vengando en nombre de alguna otra persona. Ella se limitaba a seguirlos, los atacaba con el cl&aacute;sico pa&ntilde;uelo de cloroformo. Los encerraba, torturaba, mataba y dejaba se&ntilde;ales en sus bellos cuerpos mutilados, posteriormente fotografiados por la polic&iacute;a. En la segunda temporada quedaba demostrada su culpabilidad. La asesina, brillante, enigm&aacute;tica, seductora a pesar de, o tal vez gracias a, su crueldad, era encerrada en prisi&oacute;n. Todo el mundo supon&iacute;a que volver&iacute;a a escapar para que diera comienzo la tercera temporada.
    </p><p class="article-text">
        Aquello s&iacute; que fue el pistoletazo de salida: en cada plataforma aparecieron dos o tres series de lo que se design&oacute; como &ldquo;psic&oacute;patas asesinas&rdquo;. La verosimilitud estaba garantizada, ni siquiera eran siempre necesarias armas y gimnasios, cualquier mujer pod&iacute;a atacar a un muchacho joven, sobre todo si lo hac&iacute;a sin motivo, por el mero hecho de que fuese hombre, mejor joven y bello seg&uacute;n ciertos c&aacute;nones. O chicos adolescentes y preadolescentes. Las series no se molestaban demasiado en argumentar por qu&eacute; mataban. Es decir, hablaban de la infancia de cada asesina, de sus traumas, de su extraordinaria inteligencia. Pero en cuanto a establecer la relaci&oacute;n entre eso y el hecho de asesinar j&oacute;venes de sexo masculino, se aten&iacute;an a la convenci&oacute;n. Al cabo, nunca han sido necesarias las justificaciones: ver a un chico solo por la calle, desear tocarle, que el chico se revuelva un poco entre ofendido y extra&ntilde;ado es algo que puede conducir f&aacute;cilmente al estrangulamiento. Y cuando ya se ha hecho una vez, por qu&eacute; no repetir.
    </p><p class="article-text">
        Cundi&oacute; un cierto malestar entre la audiencia. Sobre todo el d&iacute;a en que, en Minnessota, apareci&oacute; el primer muchacho asesinado y mutilado. Nadie estaba a favor de prohibir nada, esa era la t&iacute;pica falacia que se usaba para desautorizar a quien mostraba su escepticismo o su falta de entusiasmo. Pero la novedad radicaba en que tampoco nadie estaba a favor de criticar ninguna serie de psic&oacute;patas asesinas. Todo el mundo coincid&iacute;a en que la ficci&oacute;n era un espacio para dar rienda suelta a las fantas&iacute;as, romper tab&uacute;es y formular preguntas e incomodar un poco sin ton ni son, esto es, incomodar por incomodar. Y algo inc&oacute;moda s&iacute; era esa reiteraci&oacute;n de j&oacute;venes, adolescentes y, de vez en cuando, ni&ntilde;os (masculino espec&iacute;fico) asesinados.
    </p><p class="article-text">
        Algunas mujeres comentaron que el crimen gratuito no sol&iacute;a formar parte de los procedimientos con que ellas descargaban su impotencia o sus desequilibrios, y que tampoco era cuesti&oacute;n de dar ideas. En seguida se las tach&oacute; de inmaduras incapaces de apreciar un arte insondable. Ellas no estaban de acuerdo, pero no insistieron. Pues, a qu&eacute; negarlo, poder poner cualquier producto audiovisual, especialmente si te gustaban las series polic&iacute;acas, sabiendo que no encontrar&iacute;as a ninguna mujer mutilada dentro de una maleta, o atada y exhibida en su palidez cadav&eacute;rica, o violada antes o despu&eacute;s de haber sido asesinada, etc&eacute;tera, ten&iacute;a su aqu&eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        No es que las mujeres quisiesen ver a los j&oacute;venes en esa situaci&oacute;n. Ahora bien: &iquest;qu&eacute; pod&iacute;an hacer si las ficciones estaban hechas para dar rienda suelta a los mundos oscuros que nos habitan, si la vida no siempre es justa, mucho menos la imaginaci&oacute;n, y el arte es, en definitiva, una indagaci&oacute;n, no importa si con trampa, en la realidad? El llamado &ldquo;psic&oacute;pata asesino&rdquo; nunca les hab&iacute;a parecido una explicaci&oacute;n demasiado plausible acerca de lo que estaba mal en el mundo: unos seres extra&ntilde;os act&uacute;an as&iacute;, en cuanto lo solucionemos la paz volver&aacute; a nuestra comunidad. Aguda no era. O quiz&aacute; a&uacute;n no hab&iacute;an captado su vasta profundidad. Entretanto, qu&eacute; sensaci&oacute;n nueva y, por cierto, nada desagradable, la de dejar de morir, al menos en la pantalla, por el simple hecho de no ser hombre. Segu&iacute;a habiendo disparos y muertes, pero ahora cuando mataban a una mujer en una serie polic&iacute;aca hab&iacute;a un motivo, como sol&iacute;a pasar con los hombres, relacionado con sus acciones, perseguir a un ladr&oacute;n, querer un alijo de droga; la novedad era no morir porque s&iacute;, no morir por llevar inscrita la condici&oacute;n de posible asesinada en los &oacute;rganos genitales.
    </p><p class="article-text">
        Hubo quien quiso saber si no les desagradaba  verse retratadas como psic&oacute;patas asesinas. &iquest;Verse retratadas?, preguntaron a su vez. No, en absoluto se ve&iacute;an retratadas porque la asesina en serie siempre recib&iacute;a un tratamiento relevante como personaje, ten&iacute;a identidad, un pasado tormentoso, unos prop&oacute;sitos. En cambio de las asesinadas de antes apenas se sab&iacute;a algo m&aacute;s que su sexo, y eso s&iacute; ten&iacute;a pretensiones de generalizar.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres tambi&eacute;n eran hermanas, amigas, etc&eacute;tera, de muchachos j&oacute;venes, adolescentes y ni&ntilde;os semejantes a las v&iacute;ctimas de series o pel&iacute;culas. Lamentaban que, en los &uacute;ltimos tiempos, &eacute;stos tuvieran que ir con un poco de miedo por la calle. Que, en el imaginario, el sonido quedo de las deportivas de un muchacho de quince a&ntilde;os en una calle solitaria se hubiera convertido en una llamada casi irresistible para la asesina que anduviera cerca. Pero, la verdad: estaban hartas de discutir. No les agradaba que les atribuyeran la intenci&oacute;n de criticar algo tan sagrado, y tan ajeno a los estereotipos m&aacute;s difundidos, como la ficci&oacute;n. En ese lugar tan libre, donde las obras, tan distintas entre s&iacute;, expresaban s&oacute;lo la singularidad irrepetible de cada creador, si ahora hab&iacute;a a raz&oacute;n de cincuenta historias de asesinas de muchachos por a&ntilde;o era por una mera cuesti&oacute;n de individualidades que hab&iacute;an, milagrosamente, coincidido.
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres prefer&iacute;an, desde luego, que se innovara, que en lugar de sustituir al psic&oacute;pata asesino por la psic&oacute;pata asesina, se imaginaran otras formas de dar rienda a los terrores y de lidiar con los tab&uacute;s. Pero si lo dec&iacute;an en voz alta las acusar&iacute;an de hacer una lectura demasiado plana acerca de algo tan complejo como un conjunto de episodios y pel&iacute;culas de asesinas en serie. As&iacute; pues, encendieron las pantallas, disfrutaron de no ver a sus cong&eacute;neres troceadas, y comieron verduras de las eras.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Belén Gopegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/the-killer_129_1960302.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Aug 2018 18:26:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[The Killer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Que no te enteras, que la vida no es una carrera”*]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enteras-vida-carrera_129_2974455.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5b570887-afb3-4181-be51-6aa60a2f2175_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&quot;Que no te enteras, que la vida no es una carrera”*"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Imaginar a "toda la gente viviendo la vida en paz" no es un himno, es un anuncio. Por eso no imaginamos, hacemos</p><p class="subtitle">Hay quien se viene abajo, quien suplica por un resto de privilegio. Y quien acomete la tarea de vivir</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>Columna publicada en '2034: El reto de imaginar el futuro', n&uacute;mero 17 de la revista de <a href="http://www.eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">eldiario.es</a>. <a href="http://eldiario.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">Hazte socio y te enviaremos a casa nuestras revistas monogr&aacute;ficas&ldquo;</a></li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Hay un port&oacute;n de hierro abierto. Cruza el umbral. Dos personas menores de treinta a&ntilde;os franquean la entrada, saludan y vuelven a su charla. La persona que sue&ntilde;a se aleja hacia el interior. Escaleras de m&aacute;rmol y paredes desconchadas, escombros apilados con orden, aulas llenas de luz, otras con las ventanas clausuradas todav&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute; ah&iacute;? Entra a una sala grande, hay unas ochenta personas, la mayor&iacute;a muy j&oacute;venes. Hablan de tareas pendientes, organizan la forma de llevarlas a cabo. A su lado una mujer a quien cree reconocer, una traductora, le dice:
    </p><p class="article-text">
        - Lo han comprendido, lo ponen en pr&aacute;ctica.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;El qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; es lo que han comprendido?
    </p><p class="article-text">
        - Que el esfuerzo es importante, pero no para estar arriba.
    </p><p class="article-text">
        Atiende a los temas que se van sucediendo pero las voces llegan m&aacute;s atenuadas cada vez. Alguien le ofrece agua fresca mientras pregunta:
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Te encuentras bien?
    </p><p class="article-text">
        -&nbsp; Me estoy mareando -dice-. Quisiera despertar.
    </p><p class="article-text">
        - Esto no es un sue&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;C&oacute;mo puedo saberlo?
    </p><p class="article-text">
        - No hay nada il&oacute;gico. Ven, vamos a dar una vuelta.
    </p><p class="article-text">
        La persona que sue&ntilde;a sigue a esa mujer que tal vez sea un hombre o un &laquo;le&raquo; y que ha tomado su mano. Suben a la azotea desde donde contempla una ciudad que parece real.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Mejor aqu&iacute;, con el aire?
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Qui&eacute;nes sois?
    </p><p class="article-text">
        - Somos cualquiera. Queremos otra clase de vida. Intentamos hacerla. &iquest;Qu&eacute; es lo que no te parece l&oacute;gico?
    </p><p class="article-text">
        - No compet&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        - Es cierto.
    </p><p class="article-text">
        - No se puede sobrevivir sin competir.
    </p><p class="article-text">
        - No queremos sobrevivir. Queremos vivir.
    </p><p class="article-text">
        - Pero esto es una guerra. Os van a destrozar. Si no ahora, m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        - Si competimos nos destrozar&aacute;n ahora. Se llevar&aacute;n nuestra vida por delante ahora.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Por qu&eacute; estoy en vuestro sue&ntilde;o? Yo tuve otros. Cant&aacute;bamos: islas hay en el tiempo donde vivir querr&iacute;as, la vida es nuestra, para&iacute;so ahora. Pero no fue verdad.
    </p><p class="article-text">
        - Aqu&iacute; ya lo sabemos. Crees que no competir es ingenuo, pero no lo es. El fin del mundo forma parte de nuestro horizonte desde el principio: degradaci&oacute;n fruto del da&ntilde;o impuesto, tr&aacute;fico de vidas, calentamiento, personas ahogadas, mujeres asesinadas, compraventa de fronteras, mentes rotas, lucha a muerte por los recursos, chapuzas realizadas a escalas que no permiten la vuelta atr&aacute;s. Imaginar a &ldquo;toda la gente viviendo la vida en paz&rdquo; no es un himno, es un anuncio. Por eso no imaginamos, hacemos.
    </p><p class="article-text">
        - Mi generaci&oacute;n tambi&eacute;n hac&iacute;a, a veces, pero todo pas&oacute;. Llegar&aacute; el agotamiento, no os quedar&aacute; tiempo para ensayar. Os dividir&aacute;n, ya os han dividido. La mayor&iacute;a no se comporta as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        - La mayor&iacute;a sobrevive, o lo intenta, es cierto. A vuestra generaci&oacute;n no la emplazaron. A la nuestra no le queda tiempo. Conocemos los l&iacute;mites. Hay quien se viene abajo, quien suplica por un resto de privilegio. Y quien acomete la tarea de vivir.&nbsp; Luchamos si hace falta, no lo dudes. No para competir sino para impedir la destrucci&oacute;n y que la llama est&eacute; encendida. No es un sue&ntilde;o. &iquest;Te quedar&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        - Duermen afuera.
    </p><p class="article-text">
        *<a href="https://www.youtube.com/watch?v=rpZJCseU4Wc" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">'De los matorrales', Los deliquentes</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Belén Gopegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enteras-vida-carrera_129_2974455.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 01 Jan 2018 19:30:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA["Que no te enteras, que la vida no es una carrera”*]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El valor del Patio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/valor-patio_129_2379938.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ead1ce93-474e-4824-a451-da4d7f6853e0_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="El colectivo Patio Maravillas es desalojado de nueva sede en Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Patio Maravillas es un pequeño país de la luz atado a la tierra, un lugar que conoce el rozamiento, las dificultades y los límites</p></div><p class="article-text">
        Lo que un espacio autogestionado quiere no es el valor de cambio del lugar que solicita, es el valor de uso. Cuando unas personas se unen para trabajar en com&uacute;n en un barrio y piden que se les deje usar, exactamente usar, y no comprar ni vender, un sitio, lo que est&aacute;n diciendo es que se comprometen a ser capaces de cuidarlo en com&uacute;n. Y cuando quieren que sea autogestionado y disponer de la llave en vez de pedir que otros lo cuiden, lo barran, lo mantengan y lo abran y lo cierren, lo que dicen es que quieren ser responsables de ese espacio. Dicen que no se ir&aacute;n sin un motivo justo, no lo dejar&aacute;n abandonado, se ocupar&aacute;n de que su uso sirva a la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        La autogesti&oacute;n exige debatir y nunca rehuir dar respuesta a las cuestiones planteadas. La autogesti&oacute;n es lo contrario de hacer de su capa un sayo olvidando al resto del mundo. Un espacio autogestionado se integrar&aacute; el barrio, pondr&aacute; sus huecos a disposici&oacute;n de quienes los necesiten. Como nada es infinito, habr&aacute; coordinadoras y asambleas donde se debata sobre esas necesidades y se argumente el por qu&eacute; de cada prioridad, pues la discusi&oacute;n forma parte del aprendizaje.
    </p><p class="article-text">
        En el centro de Madrid faltan lugares donde hacer de la cultura algo que ayude a vivir y a entender mejor lo que nos pasa, e incluso a intervenir sobre lo que nos pasa. Hay quienes dicen &iquest;y por qu&eacute; al Patio y por qu&eacute; no a m&iacute;? Sin embargo, en la mayor parte de las ocasiones quienes as&iacute; hablan no forman parte de ning&uacute;n colectivo de colectivos con capacidad de gestionar, cuidar y dar vida diaria a un espacio p&uacute;blico. Quienes as&iacute; hablan, les presupongo toda la honestidad, pueden acudir al espacio autogestionado y pedir que les sea cedida una sala o cualquier otra cosa que necesiten, del mismo modo que quienes lo autogestionan pueden valorar y deben explicar si esa petici&oacute;n les parece m&aacute;s o menos importante y necesaria para el entorno que otras que se hayan recibido.
    </p><p class="article-text">
        La Red de Espacios de Gesti&oacute;n Ciudadana ha estado trabajando en la elaboraci&oacute;n de un marco normativo com&uacute;n que regule la cesi&oacute;n de espacios vac&iacute;os propiedad del Ayuntamiento a Iniciativas de Gesti&oacute;n Ciudadana. Pedir un espacio no es jugar a &ldquo;yo lo vi primero&rdquo; y &ldquo;lo quiero para m&iacute;&rdquo;. Pedir un espacio es ofrecer a la comunidad la posibilidad de que tierras que estaban sin cultivar, muriendo, den fruto gracias al trabajo y la presencia de quienes no quieren abandonarlas. Es tambi&eacute;n aceptar que entre el fuerte y el d&eacute;bil haya un marco normativo que impida los abusos del fuerte y, en este sentido, el Patio se propone como proyecto piloto dentro del marco normativo naciente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se aprende autogestionando un espacio no se puede aprender ni leyendo ni haciendo un curso ni viendo programas de la televisi&oacute;n. Se aprende a cuidar la polis, y no hay cuidado real sin responsabilidad. El Patio Maravillas ha sido, es, una peque&ntilde;a polis dentro de una polis mayor: en su interior -que no se parece a una caja fuerte sino que, como cualquier organismo vivo, s&oacute;lo sobrevive en contacto con el afuera- cada d&iacute;a se aprende a hacer pol&iacute;tica. Se aprende que la pol&iacute;tica no puede dibujarse con escuadra ni escribirse con unos y ceros. La pol&iacute;tica es anal&oacute;gica. Por supuesto, conviene que toda la sabidur&iacute;a digital se ponga de vez cuando al servicio de simular recogidas de basuras o reparto de presupuestos adem&aacute;s de los mundos con dragones que tambi&eacute;n nos hacen falta. Pero no basta pues la pol&iacute;tica se hace con los cuerpos que se mueven cada uno a su manera, que unas veces arrastran el peso de recuerdos no queridos y otras se impulsan como por milagro al sentirse acompa&ntilde;ados y compartir risas y tiempo. Decenas de canciones nos hablan de lugares posibles que un d&iacute;a, o quiz&aacute; nunca, alcanzaremos, lugares como aquel Pa&iacute;s de la Luz de Jos&eacute; Mar&iacute;a Guzm&aacute;n y muchos otros.
    </p><p class="article-text">
        El Patio Maravillas es un peque&ntilde;o pa&iacute;s de la luz atado a la tierra, un lugar que conoce el rozamiento, las dificultades y los l&iacute;mites, y que sabe que es precisamente trabajando con ellos, y no despeg&aacute;ndose, y no escapando ni desapareciendo, como se mantiene encendido el proyecto de una ciudad que merezca ser vivida. Que el Patio se quede; que se le de hospedaje en uno de los tantos edificios desocupados, bald&iacute;os, del centro de Madrid; que su luz no vacile como tiemblan las llamas a punto de apagarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Belén Gopegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/valor-patio_129_2379938.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Nov 2015 20:21:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El valor del Patio]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Patio Maravillas,Autogestión,Madrid]]></media:keywords>
    </item>
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