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    <title><![CDATA[elDiario.es - Antón R. Castromil]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/anton_r_castromil/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antón R. Castromil]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La polarización necesaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/polarizacion-necesaria_129_10887366.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/830122fb-61d2-4622-8927-4d349b4ca0fd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x934y92.jpg" width="1200" height="675" alt="La polarización necesaria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Poner el énfasis en lo que nos une, en la política del consenso y la pura gestión, significa petrificar una relación de poder que va a ser presentada siempre como el eje vertebrador de la sociedad</p></div><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica es un asunto, sobre todo, de lucha, enfrentamiento y exclusi&oacute;n. Cuando comienzo mis clases en la Universidad con estas ideas o algunas otras similares muchos de mis alumnos y colegas levantan el ce&ntilde;o. Borran su sonrisa, se vuelven desconfiados, como gato panza arriba.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No me entienden o, m&aacute;s bien, se ponen a la defensiva, so&ntilde;ando con un mundo feliz que, en realidad, no existe. El profesor se ha vuelto o loco o, lo que es peor, forma parte de un <em>establishment</em> del que saca partido.
    </p><p class="article-text">
        El problema, pienso yo, es un asunto m&aacute;s de fondo: la idea de que la pol&iacute;tica consiste en ponerse de acuerdo y en buscar el bien <em>para todos</em> promete algo que la propia actividad representativa no puede ofrecer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una cuesti&oacute;n de expectativas imposibles y de sue&ntilde;os rotos. Del desenga&ntilde;o de un mundo que no es procede al menos parte del descontento con nuestros pol&iacute;ticos y, por extensi&oacute;n, con nuestros medios de comunicaci&oacute;n. La desafecci&oacute;n asoma la patita y las quejas por la presencia de una polarizaci&oacute;n t&oacute;xica se vuelven constantes.
    </p><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos se pelean siempre unos con otros porque quieren acceder y permanecer en el poder. Como un animal de enormes colmillos dise&ntilde;ado desde el principio para chuparnos la sangre de forma despiadada. Un ser maligno que necesita a los medios de comunicaci&oacute;n, su <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Renfield" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Renfield</a> particular, para conseguir nuevas v&iacute;ctimas y consolidar su dominio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El principal damnificado de este perverso modo de proceder es la sociedad misma. Se rompe el consenso, se vuelve quimera ese imaginario punto en el que todos podr&iacute;amos estar de acuerdo y estrecharnos las manos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como dir&iacute;an autores como Lilliana Mason o Ezra Klein &ndash;y una parte importante de la Ciencia Pol&iacute;tica espa&ntilde;ola&ndash; los partidos polarizan a una sociedad ya de por s&iacute; polarizada. Y lo hacen porque les conviene. Rompiendo lo que nos une, desvi&aacute;ndose de la buena gesti&oacute;n para recorrer el espinoso sendero de lo emocional e identitario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde este punto de vista, la pertenencia fan&aacute;tica a un grupo (polarizaci&oacute;n afectiva) genera en los ciudadanos un impulso irresistible al rechazo de lo diferente y al deseo de victoria a toda costa. Se trata de una cuesti&oacute;n de <em>autoestima</em>, como la que experimentan los hinchas radicalizados de un equipo de f&uacute;tbol: no importa el deporte en s&iacute;, el <em>jogo bonito</em>. Lo trascendental es que los nuestros ganen, aunque sea de penalti injusto en el &uacute;ltimo minuto.
    </p><p class="article-text">
        Pero yo estoy convencido de que la pol&iacute;tica trata de otra cosa. La actividad representativa no consiste solo en buscar la mejor de las gestiones posibles, descontextualizando el medio de su fin. La pol&iacute;tica trata de la defensa de valores. De la b&uacute;squeda hegem&oacute;nica de una particular forma de entender lo deseable. De un <em>nosotros</em> que lucha contra un <em>ellos</em> por uno de los recursos sociales m&aacute;s escasos que existen: el poder.
    </p><p class="article-text">
        Pero se trata de un poder para <em>hacer algo</em>, no solo para dar cumplida satisfacci&oacute;n a nuestra autoestima. Hacer pol&iacute;tica y comunicar sobre ella supone tomar partido por algo que merece la pena y que, en modo alguno, va a ser siempre compartido por todos. Como nos muestran autores como Gramsci o Laclau, la causa de los subalternos (nosotros), por ejemplo, construye una particular idea de justicia que se va a oponer a la de los poderosos (ellos), empe&ntilde;ados en un diagn&oacute;stico social antag&oacute;nico. Lo mismo sucede con la batalla en torno a la igualdad de g&eacute;nero, la defensa del medio ambiente o los derechos de las personas LGBT. Si algo encontramos en el terreno de lo social es desacuerdo y lucha.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Poner el &eacute;nfasis en lo que nos une, en la pol&iacute;tica del consenso y la pura gesti&oacute;n, significa petrificar una relaci&oacute;n de poder que va a ser presentada siempre como el eje vertebrador de la sociedad. Se pretende esconder su car&aacute;cter <em>hist&oacute;rico</em>. Una parte siempre va a ganar y otra quedar&aacute; condenada a la derrota perpetua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reivindicar la pol&iacute;tica como conflicto propone, bien al contrario, la consideraci&oacute;n cambiante de lo social. Los que hoy han logrado imponer sus puntos de vista estar&aacute;n siempre amenazados por aquellos otros grupos con intereses e identidades diferentes que tratan de poner encima de la mesa otra forma de hacer las cosas. Por ello es necesaria la polarizaci&oacute;n y el conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de reconocer que vivimos en un lugar plural en el que no cabe un acuerdo vertebrador, de g&eacute;nesis. Los consensos &ndash;que haberlos haylos&ndash; se volver&aacute;n interinos, precarios y sujetos siempre a las din&aacute;micas de lucha en una sociedad entendida como eterno movimiento. Solo as&iacute; la democracia se vuelve una casa habitable por todos.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/polarizacion-necesaria_129_10887366.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 01 Feb 2024 21:29:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La polarización necesaria]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hegemonía naíf]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hegemonia-naif_129_7275473.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/654d5e3f-232d-4114-8543-ff45cdd9ddc1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hegemonía naíf"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Existe un elemento externo a la gestión política que el discurso de Tati Ballesteros decide, deliberadamente, evitar. La omisión del coronavirus como razón última de la actuación política tiene como intención reforzar un diagnóstico social de corte populista y antipartidista</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos d&iacute;as se ha vuelto viral <a href="https://youtu.be/C8FYtbQzsnY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un v&iacute;deo de una tal Tati Ballesteros</a>. Mujer con gran desparpajo y buena pegada frente a la c&aacute;mara que, con semblante serio pero emp&aacute;tico, nos mira directamente a los ojos. Con una estudiada mezcla de pesar y enojo.
    </p><p class="article-text">
        El v&iacute;deo se dirige a todos nosotros, los que hemos llegado a &eacute;l a trav&eacute;s de <em>YouTube</em>, <em>Instagram</em> u otras redes sociales. Personas como t&uacute; o como yo, como nuestros amigos, vecinos o familiares. Todos. Pero, en un movimiento ret&oacute;rico muy dram&aacute;tico, la propia Tati asegura que, en realidad, la alegaci&oacute;n de agravios que se compendia &ldquo;no es para todos&rdquo;. No. No va dirigido a todos, solo a unos cuantos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Pero, entonces, &iquest;qui&eacute;n es ese referente ausente al que se apela con nosotros de testigos? Las diatribas de la crimin&oacute;loga se dirigen, como no, a la clase pol&iacute;tica tradicional. Para exigirles rendici&oacute;n de cuentas por los sacrificios a los que, como corderitos, hemos accedido sin rechistar a lo largo y ancho de la pandemia.
    </p><p class="article-text">
        En este punto, el anclaje entre el discurso de Tati y el ciudadano corriente se ha vuelto ya muy s&oacute;lido. Podr&iacute;a resultar aceptable para una gran parte de nosotros. Al fin y al cabo, todos hemos estado confinados, nos hemos puesto la molesta mascarilla y hemos sufrido una interrupci&oacute;n grave de nuestra vida cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, algo falaz asoma en este discurso. Lo que se se&ntilde;ala como inadmisible (los sacrificios impuestos por los pol&iacute;ticos) no constituyen tanto la causa de nuestros males, sino, m&aacute;s bien, la consecuencia. Existe un elemento externo a la gesti&oacute;n pol&iacute;tica que se decide, deliberadamente, omitir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; si a nuestra exaltada <em>youtuber</em> le sonar&aacute; un bichito llamado coronavirus.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es decir, lo sucedido no se debe, tal y como se da a entender, al s&aacute;dico proceder de nuestros dirigentes. No han sido ellos los que nos han recluido en casa, nos han borrado el rostro dentro de una mascarilla y nos han robado nuestras rutinas. Bueno, formalmente s&iacute;. Pero lo han hecho no tanto por iniciativa propia, sino siguiendo &ndash;en mayor o menor medida&ndash; las recomendaciones de la comunidad cient&iacute;fica internacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conviene recordar un elemento crucial que pasa por alto de forma intencionada el v&iacute;deo que estamos analizando. La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud catalog&oacute;, all&aacute; por marzo del a&ntilde;o pasado, la propagaci&oacute;n de la COVID-19 nada menos que como una pandemia. Es decir, una epidemia devastadora a nivel planetario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es, a mi juicio, el primer elemento de b&uacute;squeda de hegemon&iacute;a del v&iacute;deo. La omisi&oacute;n del coronavirus como raz&oacute;n &uacute;ltima de la actuaci&oacute;n pol&iacute;tica tiene como intenci&oacute;n reforzar un diagn&oacute;stico social de corte populista y antipartidista. En este recorrido el &ldquo;pueblo&rdquo; encuentra un chivo expiatorio perfecto: la malvada clase pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto nos lleva al empleo de un segundo elemento discursivo que me gustar&iacute;a se&ntilde;alar aqu&iacute;. Despu&eacute;s de la enumeraci&oacute;n de agravios (confinamientos, mascarillas, ERTEs y dem&aacute;s) llega el momento de exigir responsabilidades. Para ello, nada mejor que dibujar un &ldquo;nosotros&rdquo; (al que supuestamente no se dirige el v&iacute;deo) y un &ldquo;ellos&rdquo; (al que s&iacute; apela).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De esta forma, el argumento que oculta el coronavirus y culpabiliza a la clase pol&iacute;tica tradicional (y, por extensi&oacute;n, a la ciencia) se vuelve m&aacute;s resonante. Con mayor potencial de circulaci&oacute;n entre la gente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como he se&ntilde;alado ya, todos hemos sufrido las restricciones para contener la pandemia. Un elemento com&uacute;n que el v&iacute;deo utiliza para diluir la pluralidad social. En ese &ldquo;nosotros&rdquo; se nos encierra a todos, seamos quienes seamos y pensemos lo que pensemos. En realidad, parece que la autora del v&iacute;deo lo hace para que opinemos igual que ella.
    </p><p class="article-text">
        Pero la historia, claro, necesita un final feliz. Y aqu&iacute; es donde se introduce el elemento que a m&iacute; me parece m&aacute;s inquietante. Lo que posibilitar&aacute; el completo desarrollo del &ldquo;nosotros&rdquo; en cuanto pueblo maltratado por el &ldquo;ellos&rdquo; es, ag&aacute;rrense a los asientos, un &ldquo;capit&aacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese capit&aacute;n, claro est&aacute;, no puede hallarse dentro de la malvada categor&iacute;a del &ldquo;ellos&rdquo;. Es decir, entre los representantes pol&iacute;ticos democr&aacute;ticamente elegidos por la ciudadan&iacute;a. O, al menos, no entre la clase pol&iacute;tica &ldquo;tradicional&rdquo;. El v&iacute;deo termina as&iacute;, con la inc&oacute;gnita en la capitan&iacute;a y el saludo al a&ntilde;o de la redenci&oacute;n, 2021.
    </p><p class="article-text">
        Esta ambig&uuml;edad calculada se ve reforzada por el pantallazo final, donde, despu&eacute;s de retorcer una cita de Abraham Lincoln, se niega cualquier adscripci&oacute;n pol&iacute;tica. Esto, constituye, a mi juicio, el tercer y &uacute;ltimo elemento que busca la hegemon&iacute;a en la construcci&oacute;n del significante &ldquo;pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de una forma de proceder que he denominado &ldquo;na&iacute;f&rdquo; por su aparente simplicidad, inocencia y falta de adscripci&oacute;n pol&iacute;tica. Caracter&iacute;sticas que, bien al contrario, vuelven el mensaje m&aacute;s poderoso y expansivo.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a la figura del &ldquo;capit&aacute;n&rdquo; y movi&eacute;ndonos ya en el terreno de la especulaci&oacute;n (la ambig&uuml;edad del v&iacute;deo as&iacute; lo exige) me da a m&iacute; que lo que se ans&iacute;a para 2021 es el &ldquo;asalto&rdquo; al Parlamento por una suerte de figura montada a caballo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Saben ustedes a qui&eacute;n me refiero, &iquest;no? Yo tambi&eacute;n escribo este art&iacute;culo sin adscripci&oacute;n pol&iacute;tica alguna.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hegemonia-naif_129_7275473.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Mar 2021 21:16:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hegemonía naíf]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las debilidades de Vox]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/debilidades-vox_129_1230719.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/814231e2-8da7-4080-a361-61258097b71f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Santiago Abascal, Espinosa de los Monteros y Ortega Smith "></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La peculiaridad del debate público en la campaña electoral creó un contexto temático muy favorable a los de Santiago Abascal, que esquivaron las transferencias de voto hacia el PP, y convencieron a parte del electorado de Ciudadanos</p><p class="subtitle">Una hipotética rebaja de la tensión no sólo resultaría beneficiosa para la sociedad española en su conjunto, sino que dejaría a Vox muy tocado, las condiciones del voto-protesta de noviembre podrían comenzar a resquebrajarse</p></div><p class="article-text">
        La ultraderecha ha sido una de las fuerzas pol&iacute;ticas triunfadoras en la repetici&oacute;n electoral del 10 de noviembre. Muchos, lo reconozco, no lo vimos venir. Pens&aacute;bamos &ndash;reci&eacute;n convocadas las elecciones ante el colapso de las negociaciones PSOE-Unidas Podemos&ndash; que los votantes de&nbsp;Vox de abril iban a emprender alg&uacute;n tipo de voto &uacute;til, concentr&aacute;ndose en el Partido Popular.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la peculiaridad del debate p&uacute;blico en la campa&ntilde;a electoral se puso de parte de los ultras. Cre&oacute; un contexto tem&aacute;tico muy favorable a los de Santiago Abascal, que no s&oacute;lo esquivaron las ya mencionadas transferencias de voto hacia el PP, sino que, parece, han sido capaces de convencer a parte del electorado de Ciudadanos, en desbandada total.
    </p><p class="article-text">
        Estos movimientos, y alg&uacute;n otro que buscaremos una vez el CIS publique su encuesta post electoral, coinciden en algo: VOX ha salido fortalecido de la repetici&oacute;n electoral. Tiene hoy una capacidad de influir en el debate p&uacute;blico inimaginable hace s&oacute;lo unos meses. Y la posibilidad misma de arrebatar la iniciativa al PP en el espectro ideol&oacute;gico de la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, a m&iacute; me da la sensaci&oacute;n que de sus propias fortalezas asoman sus debilidades. Que las condiciones que han hecho posible su &eacute;xito pueden cambiar en cualquier momento. Y que, al ser Vox un partido mucho m&aacute;s reactivo que propositivo, dispone de un electorado especialmente &ldquo;prestado&rdquo;, poco fiel y promiscuo. Es decir, muy sensible a esas condiciones que posibilitaron su apoyo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;les son estas circunstancias y c&oacute;mo pueden cambiar? Bajo mi punto de vista la clave est&aacute; en los temas de debate. Es decir, en la eclosi&oacute;n de la &ldquo;cuesti&oacute;n catalana&rdquo; en plena pre campa&ntilde;a, sobre todo; pero, tambi&eacute;n, en acontecimientos como la exhumaci&oacute;n de Francisco Franco o el rechazo a la repetici&oacute;n electoral.
    </p><p class="article-text">
        La precampa&ntilde;a discurr&iacute;a de forma m&aacute;s o menos anodina, pivotando el debate p&uacute;blico sobre pactos, estrategias y relaciones de unos partidos con otros (&ldquo;meta temas&rdquo; o temas autorreferenciales a la propia pol&iacute;tica) hasta que el 14 de octubre el Tribunal Supremo hizo p&uacute;blico el fallo del Proc&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        A partir de este momento, los disturbios en Catalu&ntilde;a monopolizar&aacute;n la agenda medi&aacute;tica y, por a&ntilde;adidura, el debate de campa&ntilde;a. Poco a poco se van creando las condiciones para que Vox retenga a sus votantes de abril. E inicie, tal y como iban detectando las encuestas, una lenta pero firme expansi&oacute;n hacia el electorado descontento por los des&oacute;rdenes p&uacute;blicos y la quema de mobiliario urbano.
    </p><p class="article-text">
        A esta cuesti&oacute;n se le une la exhumaci&oacute;n del dictador, sucedida el 24 de octubre, que vendr&iacute;a a polarizar un poco m&aacute;s el debate p&uacute;blico. Posibilitando que los ultraderechistas se enfrenten ya no s&oacute;lo a los nacionalistas/separatistas, sino tambi&eacute;n a la izquierda &ldquo;revisionista&rdquo;. Sus dos elementos fuerza se hab&iacute;an activado de un plumazo: el nacionalismo exacerbado y la oposici&oacute;n del mundo &ldquo;progre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estos elementos est&aacute;n detr&aacute;s de, al menos, parte de la explicaci&oacute;n de sus 52 diputados y algo m&aacute;s de tres millones seiscientos mil votantes. Sin embargo, como venimos argumentando, coyuntura y &eacute;xito electoral parecen ir de la mano.
    </p><p class="article-text">
        La clave se encuentra, creo yo, en la futura gesti&oacute;n de la &ldquo;cuesti&oacute;n catalana&rdquo; del m&aacute;s que probable gobierno de coalici&oacute;n PSOE-UP. Frente a las v&iacute;as de la confrontaci&oacute;n (Declaraci&oacute;n Unilateral de Independencia vs art&iacute;culo 155 de la Constituci&oacute;n) podr&iacute;amos estar asistiendo al inicio de un tiempo nuevo. Marcado por el di&aacute;logo y una cierta desactivaci&oacute;n de la pol&iacute;tica del &ldquo;cuanto peor, mejor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, lo violentos y la acci&oacute;n de los CDR, como sucede en cualquier movimiento social, no parecen capaces de mantener el conflicto callejero activo indefinidamente. M&aacute;xime si un actor tan importante dentro del independentismo como es Esquerra Republicana ha accedido a sentarse a una mesa de di&aacute;logo.
    </p><p class="article-text">
        Esta hipot&eacute;tica rebaja de la tensi&oacute;n no s&oacute;lo resultar&iacute;a beneficiosa para la sociedad espa&ntilde;ola en su conjunto, sino que dejar&iacute;a a Vox muy tocado. Las condiciones del voto-protesta de noviembre podr&iacute;an comenzar a resquebrajarse.
    </p><p class="article-text">
        Pero, para ello, es necesario que el gobierno de coalici&oacute;n de izquierdas eche a andar y que sea lo suficientemente h&aacute;bil como para reconducir la &ldquo;cuesti&oacute;n catalana&rdquo;. Si se consigue, Vox podr&iacute;a tener los d&iacute;as contados y volver a la irrelevancia. Todos saldr&iacute;amos ganando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/debilidades-vox_129_1230719.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 Nov 2019 21:17:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las debilidades de Vox]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vox,CDR - Comités de Defensa de la República,Cataluña,Elecciones 10N 2019]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hora de los valientes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hora-valientes_129_1800805.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e7186728-ee23-4a2b-bfff-589bc1afee64_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La hora de los valientes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es necesaria una removilización de esta España. Y, ahora, Vox, lo ha hecho más posible que nunca</p></div><p class="article-text">
        Ha llegado el momento. Los 12 diputados de Vox en Andaluc&iacute;a extreman la urgencia. Ha llegado el momento de votar en toda Espa&ntilde;a. Por favor, se&ntilde;or Pedro S&aacute;nchez, abandone la idea de parchear su d&eacute;bil liderazgo con unos nuevos presupuestos y convoque elecciones para primavera. Sea valiente.
    </p><p class="article-text">
        Varias cosas han cambiado con la llegada de Vox al parlamento andaluz. En primer lugar, el tema de debate &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo; ha dado un giro copernicano. Est&aacute; sufriendo un claro proceso de reencuadre.
    </p><p class="article-text">
        Por parad&oacute;jico que pueda parecer, pierde peso el acento en la idea de &ldquo;Espa&ntilde;a amenazada por el separatismo catal&aacute;n&rdquo;, la aplicaci&oacute;n del 155, los pol&iacute;ticos independentistas presos y ahora en huelga de hambre, las algarab&iacute;as callejeras de los Comit&eacute;s para la Defensa de la Rep&uacute;blica Catalana&hellip;
    </p><p class="article-text">
        La visibilidad p&uacute;blica se est&aacute; yendo hacia otro lugar, en parte tambi&eacute;n por una reactivada cuesti&oacute;n social (m&eacute;dicos, estudiantes) que vuelve a agitar Catalunya. Al margen, por fin, del enarbolamiento de las banderas. Quien nos lo iba a decir hace s&oacute;lo unas semanas.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El tema de debate &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo;, as&iacute;, se aleja de cuestiones da&ntilde;inas para los intereses y el discurso de la izquierda. Nuestra historia nacional reciente resulta especialmente traum&aacute;tica para la izquierda, que jam&aacute;s ha podido reconciliarse ni con la bandera ni con una idea aglutinante y progresista de Espa&ntilde;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el tema de debate &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo;, desde el pasado domingo 2 de diciembre, ha sufrido, como digo, un cambio de perspectiva espectacular.
    </p><p class="article-text">
        Vuelve la rancia idea de Espa&ntilde;a. Asociada al franquismo y al nacional catolicismo. A la discriminaci&oacute;n de la mujer y la criminalizaci&oacute;n de los homosexuales y transexuales. A la consideraci&oacute;n de los inmigrantes como infrahumanos que merecen morir en el mar. Al desprecio por el medio ambiente, la tolerancia y el cosmopolitismo ilustrado.
    </p><p class="article-text">
        Si en el debate &ldquo;Espa&ntilde;a vs separatismo&rdquo; la izquierda no dispon&iacute;a de un encuadre convincente para competir con el de la derecha, en esta redefinici&oacute;n de t&eacute;rminos, s&iacute; tiene entre manos un marco potente. Y vaya si lo es. Se llama tolerancia, modernidad, derechos de la gente, feminismo, pol&iacute;tica social y justicia.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la mera posibilidad de que Vox entre en el gobierno de Andaluc&iacute;a o, cuanto menos, que su concurso resulte esencial para que PP o Ciudadanos reemplacen al PSOE, refuerza este reencuadre del tema de debate &ldquo;Espa&ntilde;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sin duda, lo volver&aacute; m&aacute;s potente y resonante para muchos ciudadanos, dejando camino libre a las estrategias movilizadoras de los principales partidos de izquierda y movimientos sociales afines. Si el Partido Popular se presta a gobernar con Vox, a buen seguro, da&ntilde;ar&aacute; parte de sus opciones de captar votos en el caladero de los electores moderados.
    </p><p class="article-text">
        Ciudadanos, tengo la impresi&oacute;n, es m&aacute;s consciente de ello. De ah&iacute; que mire a Vox con mayor recelo que los populares. Pero los de Rivera son tambi&eacute;n susceptibles de caer en las garras de la ultra derecha, con la excusa de sustituir a unos socialistas corruptos y apoltronados en el Palacio de San Telmo desde ni se sabe.
    </p><p class="article-text">
        Si esto sucede, tanto PSOE como Podemos/IU tienen todas las de ganar. Dispondr&aacute;n de una campa&ntilde;a a su medida y de la capacidad de activar de nuevo la calle. Los votantes m&aacute;s moderados buscar&aacute;n refugio, a buen seguro, en los socialistas. Podemos se nutrir&aacute;, en cambio, del resurgir de los movimientos anti fascistas y de contenido social.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Acaso la huelga feminista de marzo fue un esfuerzo in&uacute;til? &iquest;Las mareas blancas y verdes? &iquest;La ley de Zapatero de matrimonio homosexual? &iquest;Las movilizaciones anti desahucios? &iquest;Las reivindicaciones de los pensionistas? &iquest;El 15-M?
    </p><p class="article-text">
        No lo creo. Es necesaria una removilizaci&oacute;n de esta Espa&ntilde;a. Y, ahora, Vox, lo ha hecho m&aacute;s posible que nunca. Es preciso un nuevo gobierno de izquierdas con una base social m&aacute;s amplia. Y el horizonte podr&iacute;a estar apuntando hacia ello.
    </p><p class="article-text">
        Gracias, Santiago Abascal, por hacerlo viable. S&aacute;nchez, convoque elecciones. Iglesias, pacte con los socialistas. Ha llegado la hora de los valientes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/hora-valientes_129_1800805.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 06 Dec 2018 20:26:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La hora de los valientes]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Sánchez,Vox]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Una necesidad agónica de populismo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/necesidad-agonica-populismo_129_1935647.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5e59a829-d4c5-431f-a62e-f1ba7e0fd928_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Una necesidad agónica de populismo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos guste o no, nuestras democracias se basan en la posibilidad de incumplir promesas, de desconexión entre representante y representado.</p><p class="subtitle">¿La política populista más progresista –en sentido neutro– está en condiciones de aportar soluciones? ¿Necesitamos ciertas dosis de populismo o es peor la medicina que la enfermedad?</p></div><p class="article-text">
        Dig&aacute;moslo abiertamente. Nos guste o no, nuestras democracias se basan en la posibilidad de incumplir promesas, de desconexi&oacute;n entre representante y representado. Es decir, la democracia representativa no solo permite, sino que facilita y legitima al pol&iacute;tico &ldquo;mentireiro&rdquo;, como se dir&iacute;a en mi Galicia natal.
    </p><p class="article-text">
        Las mentirijillas, como parece l&oacute;gico, o, de manera m&aacute;s propia, los incumplimientos de promesas &ndash;a nadie se le escapa&ndash; pueden generar elevadas dosis de insatisfacci&oacute;n y alejamiento. &iquest;A ti te gusta que te digan una cosa y que hagan otra? &iquest;D&oacute;nde dije digo, digo Diego? A m&iacute;, desde luego, no.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;xime si quien se desdice de un camino es el mismo que tiene en sus manos gran parte de las decisiones de gobierno que van a repercutir de manera directa en nuestras vidas cotidianas.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que la misma democracia representativa &ndash;versi&oacute;n liberal del ideal democr&aacute;tico&ndash; no es, en realidad, en modo alguno, un sistema plenamente democr&aacute;tico. M&aacute;s bien convendr&iacute;a hablar, en sentido aristot&eacute;lico, de un r&eacute;gimen de gobierno mixto.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que gran parte del descontento de muchos ciudadanos hunda sus ra&iacute;ces en el propio modo de ser de la democracia representativa. Nos gobiernan unas &eacute;lites elegidas por nosotros. Pero no nosotros mismos. Teng&aacute;moslo en cuenta.
    </p><p class="article-text">
        Hay fil&oacute;sofos pol&iacute;ticos que sostienen que nos autogobernamos a trav&eacute;s de representantes, pero a m&iacute; la idea me parece demasiado lejana y artificial. Se me antoja m&aacute;s realista un, por ejemplo, Walter Lippmann cuando sostiene con firmeza que el ideal de la soberan&iacute;a popular contiene elevadas dosis de ficci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Este periodista conservador norteamericano ya afirmaba a principios del siglo XX algo que muchas veces olvidamos: el ideal del autogobierno del ciudadano corriente, por falso, genera elevadas dosis de insatisfacci&oacute;n con la democracia representativa. La crisis de las democracias en el per&iacute;odo de entreguerras quiz&aacute; se relacione con esta circunstancia. La democracia logr&oacute; sobrevivir de puro milagro, millones de muertos despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En resumidas cuentas: nos gobiernan nuestros representantes y nosotros s&oacute;lo los elegimos, reelegimos o deponemos. Pero no controlamos de manera directa su actividad diaria.
    </p><p class="article-text">
        La parte aristocr&aacute;tica de nuestra democracia (de al menos un 50% o, me temo, un porcentaje mucho mayor) lo forman el gobierno de los elegidos en unos comicios. Las elecciones constituyen no tanto ya la &ldquo;fiesta de la democracia&rdquo; sino, bien al contrario, el principio fundador de la clase pol&iacute;tica. La &ldquo;casta&rdquo; de gobernantes, en lenguaje 'podemita'.
    </p><p class="article-text">
        Pero estos pol&iacute;ticos profesionales deben contar con nuestro benepl&aacute;cito. Faltar&iacute;a m&aacute;s. Si ello no sucediese, si los gobiernos no se basasen en los votos de los ciudadanos, como destacaba el polit&oacute;logo norteamericano Robert Dahl, no podr&iacute;amos hablar de democracia (o poliarqu&iacute;a como &eacute;l la denominaba). Ni tan siquiera del m&iacute;nimo de los m&iacute;nimos: este sistema de gobierno mixto que estamos discutiendo.
    </p><p class="article-text">
        La democracia representativa es, por lo tanto, un sistema de elites regido por el principio de distinci&oacute;n, pero tambi&eacute;n por el de consentimiento, que es lo que, precisamente, se expresa en unas elecciones. Nos gobiernan otros con nuestro benepl&aacute;cito y votos.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que, desde siempre, este sistema de gobierno mixto choca abiertamente con los anhelos de buena parte de la ciudadan&iacute;a. Esta circunstancia, tal vez, se haya acentuado desde esos gritos de &ldquo;que no, que no nos representan&rdquo; que hace no mucho resonaban en las calles y plazas del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y de ah&iacute;, tambi&eacute;n, la eclosi&oacute;n de la pol&iacute;tica populista (d&iacute;gase en t&eacute;rminos neutros) que pretende recuperar &ndash;con mayor o menor fortuna&ndash; una comunicaci&oacute;n m&aacute;s directa entre representante y representado mediante la revalorizaci&oacute;n del valor pol&iacute;tico del concepto de &ldquo;pueblo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Conviene tener en cuenta que la Espa&ntilde;a de nuestros d&iacute;as no es la Espa&ntilde;a de finales de la d&eacute;cada de 1970. A Espa&ntilde;a no la conoce &ldquo;ni la madre que la pari&oacute;&rdquo; como dijo en su d&iacute;a Alfonso Guerra. Es cierto, el 15-M, primero, y la ruptura del sistema de partidos de 2015, despu&eacute;s, lo evidencian de manera muy clara.
    </p><p class="article-text">
        Para amplios sectores sociales la vieja pol&iacute;tica &ldquo;PPSOE&rdquo; simboliza, justamente, lo que estamos contando aqu&iacute;: la ortodoxia del principio de representaci&oacute;n y elitismo pol&iacute;tico. Muchos han dicho y siguen diciendo &ldquo;basta ya&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Parece, en fin, estar produci&eacute;ndose una peligrosa desconexi&oacute;n entre la vieja mentalidad &ldquo;patricia&rdquo; de la clase pol&iacute;tica tradicional y las nuevas formas de comunicaci&oacute;n on line que la gente joven ha mamado incluso antes que la tetilla del biber&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Se demanda, en fin, un nuevo tipo de pol&iacute;tica basada en una comunicaci&oacute;n m&aacute;s de ida y vuelta. La interactividad de las redes &ndash;como explican los trabajos de Manuel Castells&ndash; busca su traslaci&oacute;n a las redes de poder. Pero se resisten. Ah&iacute; est&aacute; el problema.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Significa esto que la democracia representativa est&aacute; en crisis? &iquest;Podemos entender el legado del 15-M y movimientos similares como una respuesta a estas insatisfacciones? &iquest;La pol&iacute;tica populista m&aacute;s progresista &ndash;en sentido neutro, insisto&ndash; est&aacute; en condiciones de aportar soluciones? &iquest;Necesitamos ciertas dosis de populismo o es peor la medicina que la enfermedad? Lamento terminar el art&iacute;culo as&iacute;, pero es que estamos en el debate.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/necesidad-agonica-populismo_129_1935647.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Sep 2018 18:43:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Una necesidad agónica de populismo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Populismo,15M,Podemos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Se ha perdido la oportunidad del cambio?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/perdido-oportunidad-cambio_129_4036310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta falta de resultados o, lo que es lo mismo, esta incapacidad del nuevo orden partidista para formar un gobierno alternativo al PP podría estar derivando en un tipo de descontento que conecta con la legitimidad misma del cambio político-estructural</p></div><p class="article-text">
        Las pasadas elecciones generales supusieron la quiebra del sistema de partidos espa&ntilde;ol nacido en la Transici&oacute;n y consolidado tras las elecciones de 1982. Pero solo a medias. De un bipartidismo (imperfecto) se supon&iacute;a que nos adentr&aacute;bamos en lo que el polit&oacute;logo italiano Giovanni Sartori denomin&oacute; sistema de pluralismo moderado.  
    </p><p class="article-text">
        Se supon&iacute;a que el nuevo Parlamento -con la irrupci&oacute;n de Podemos y Ciudadanos- superar&iacute;a, por un lado, el viejo bipartidismo PP-PSOE y, por otro, se adentrar&iacute;a en los terrenos inexplorados de un pluralismo moderado en el sentido de que las cuatro formaciones protagonistas se encontrar&iacute;an compitiendo por el centro pol&iacute;tico. Dos de ellas intentando quedarse para s&iacute; el centro-derecha (PP y C&rsquo;s) y las otras dos disput&aacute;ndose la hegemon&iacute;a del centro-izquierda (PSOE y Podemos).
    </p><p class="article-text">
        Pero todo esto lo escribimos en condicional porque, salvo sorpresa de &uacute;ltima hora al estilo catal&aacute;n, parece que habr&aacute; que repetir elecciones. Lo que no han sido capaces de solucionar los partidos parece que tendr&aacute;n que repararlo los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Si vamos a elecciones en junio lo &uacute;nico claro es que no hay nada claro. Las encuestas publicadas en los &uacute;ltimos d&iacute;as hablan del repunte de unos y el hundimiento de otros, o todo lo contrario. Del defenestramiento de esos que repuntaban y de la recuperaci&oacute;n del pulso de los que se daban ya por ahogados.
    </p><p class="article-text">
        Si esto es as&iacute;, la campa&ntilde;a electoral que, previsiblemente, comenzar&aacute; dentro de unos d&iacute;as parece m&aacute;s decisiva que nunca.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me gustar&iacute;a sopesar aqu&iacute; un mecanismo argumentativo que muchos ciudadanos podr&iacute;an manejar si, finalmente, hay que volver a las urnas. Esta falta de resultados o, lo que es lo mismo, esta incapacidad del nuevo orden partidista para formar un gobierno alternativo al PP podr&iacute;a estar derivando en un tipo de descontento que conecta con la legitimidad misma del cambio pol&iacute;tico-estructural. Es decir, con la convicci&oacute;n de que tal cambio es necesario.
    </p><p class="article-text">
        Y si esto es as&iacute;, muchos ciudadanos podr&iacute;an estar pensando en volver atr&aacute;s. En deshacer el camino andado. Es como ese senderista que, despu&eacute;s de horas de agotadora marcha, cae en la cuenta de que ha estado dando c&iacute;rculos y se encuentra, para su estupor, muy pr&oacute;ximo al punto de salida.
    </p><p class="article-text">
        Si a esta sensaci&oacute;n de ineficacia y de falta de legitimidad le unimos la muy com&uacute;n percepci&oacute;n -se&ntilde;alada reiteradamente por los distintos bar&oacute;metros del CIS- de la clase pol&iacute;tica como problema m&aacute;s que como soluci&oacute;n a los problemas del pa&iacute;s, el retorno a la casilla de salida se convierte en una posibilidad muy real si hay que volver a votar.
    </p><p class="article-text">
        Moraleja: No conviene que nuestros pol&iacute;ticos pretendan tomarle el pelo a una ciudadan&iacute;a que en diciembre pasado orden&oacute; di&aacute;logo y pacto. El di&aacute;logo ha sido deficitario y el pacto inexistente. Tal vez por ello se haya perdido la oportunidad del cambio.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/perdido-oportunidad-cambio_129_4036310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Apr 2016 17:40:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[¿Se ha perdido la oportunidad del cambio?]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tercio de Génova]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tercio-genova_129_2285389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Socialistas</p><p class="subtitle">podemistas</p><p class="subtitle">ciudadanistas</p><p class="subtitle">han ido intercambiando sus posiciones, pero siempre a la zaga del 30% de voto que, punto arriba o abajo, se atribuye al PP</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;No hay nada m&aacute;s relajante que un martini seco, lo le&iacute; en una revista para mujeres. Yo se lo preparar&eacute;, aunque me temo que esos vasos no sirven. Para un martini seco lo mejor es un vaso en forma de cono. Como &eacute;ste. Primero, los cubitos de hielo. Deben ser de primera calidad, fr&iacute;os y duros, a veinte o treinta grados bajo cero. A continuaci&oacute;n ponemos la ginebra, as&iacute;. Agitamos para enfriar y servimos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>El discreto encanto de la burgues&iacute;a</em>, Luis Bu&ntilde;uel 1972.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en los &uacute;ltimos meses la opini&oacute;n p&uacute;blica espa&ntilde;ola se ha mostrado m&aacute;s voluble que nunca, el clima electoral muestra titubeos en todos los porcentajes menos en el Partido Popular. Socialistas, podemistas y ciudadanistas han ido intercambiando sus posiciones, pero siempre a la zaga del 30% de voto que, punto arriba o abajo, se atribuye al PP. Ser&iacute;a un cataclismo descomunal que el domingo 20, hacia las diez de la noche, la comparecencia de la vicepresidenta del Gobierno no comience diciendo: &ldquo;El Partido Popular ha ganado las elecciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; a pesar de los recortes, las huelgas generales, la corrupci&oacute;n o las promesas incumplidas, entre otras cuestiones clave, los populares demuestran tal fortaleza? &iquest;Por qu&eacute; el partido de Rajoy sigue siendo la pata m&aacute;s fuerte, el &uacute;ltimo soporte de un bipartidismo herido de muerte? &iquest;Por qu&eacute; ha sido la &uacute;nica formaci&oacute;n que no ha entrado en la carrera de caballos en el que se han convertido las encuestas en los compases finales de la legislatura? La explicaci&oacute;n tiene que ver, a nuestro entender, con la propia crisis del bipartidismo. La encuesta pre-electoral del Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas ofrece algunas pistas. 
    </p><p class="article-text">
        Se&ntilde;ala el CIS que aproximadamente dos de cada tres ciudadanos prefieren que el pr&oacute;ximo gobierno no obtenga mayor&iacute;a absoluta. Parece que con la irrupci&oacute;n de actores como Podemos o Ciudadanos esta hostilidad hacia el rodillo parlamentario no tiene que ver con el deseo de un gobierno en minor&iacute;a, apoyado por alg&uacute;n partido minoritario en forma de bisagra, sino que se trata de un cuestionamiento de mayor alcance. 
    </p><p class="article-text">
        En la medida en que estos mismos ciudadanos son plenamente conscientes de la situaci&oacute;n de suave ventaja del PP y de triple empate entre los socialistas y los dos partidos emergentes, parece claro que esos casi dos tercios hostiles a las mayor&iacute;as absolutas lo que est&aacute;n confesando es su hast&iacute;o hacia el modelo bipartidista salido de la Transici&oacute;n. Sin embargo, la mayor&iacute;a de an&aacute;lisis realizados sobre la encuesta del CIS obvian a ese ciudadano que, a pesar de los pesares, sigue queriendo para Espa&ntilde;a la vieja f&oacute;rmula de la mayor&iacute;a absoluta. Es decir, un elector que prima la estabilidad, la continuidad o lo previsible en un momento en que parece que las &uacute;nicas palabras que pueden decirse en p&uacute;blico son &ldquo;nuevo&rdquo; y &ldquo;cambio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;nes son estos electores? M&aacute;s interesante a&uacute;n: &iquest;tienen estos votantes, partidarios de la estabilidad que ofrece la mayor&iacute;a absoluta, algo que ver con la relativa fortaleza del PP en la encuestas que acabamos de comentar? &iquest;El clima dominante de cambio, de apertura hacia un nuevo sistema de partidos a cuatro, no estar&aacute; ocultando la existencia de una importante corriente de opini&oacute;n que prefiere la continuidad? 
    </p><p class="article-text">
        Estos votantes fieles al sistema de partidos bipartidista son hombres y mujeres mayores de 60 a&ntilde;os, con nivel de estudios medio-bajo, que viven en pueblos o ciudades peque&ntilde;as y se autoubican ideol&oacute;gicamente en el tramo de centro y centro-derecha. Estos ciudadanos puede que no valoren especialmente bien la actuaci&oacute;n del gobierno del PP, del presidente Rajoy y la marcha de la econom&iacute;a --de hecho, los valoran mal--, pero tienen claro que de lo que se trata ante todo es de recuperar el statu quo perdido. Y para ello los azules se les presentan como la &uacute;nica f&oacute;rmula v&aacute;lida.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra hip&oacute;tesis es que estos ciudadanos recelosos del cambio (33,6% que se muestran favorables a un gobierno de mayor&iacute;a absoluta en la encuesta del CIS) se concentran mayoritariamente en el PP, quien, por otra parte, consigue tambi&eacute;n parte del voto m&aacute;s moderado de los que prefieren mayor&iacute;as relativas. De ah&iacute; la resistente primera posici&oacute;n en las encuestas de la candidatura de Mariano Rajoy.
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, los cr&iacute;ticos a la pol&iacute;tica del bipartidismo se concentran en mayor medida en Podemos (76% de sus votantes) y Ciudadanos (69%). Los electores en contra del viejo modelo a dos constituyen la principal base de apoyos de los emergentes y un nada desde&ntilde;able porcentaje de los apoyos al PSOE (58%). Pero son una minor&iacute;a entre los simpatizantes del PP: casi el 70% de los votantes declarados del partido conservador no quieren decir adi&oacute;s al bipartidismo.
    </p><p class="article-text">
        Desde este punto de vista, resulta plenamente coherente la estrategia que est&aacute; llevando Rajoy y su partido en la campa&ntilde;a electoral. El v&iacute;deo oficial del PP, titulado Despertador, es un mensaje dirigido a este sector de poblaci&oacute;n, cuyo deseo de estilo de vida explota con suma habilidad. Voz en off: <em>Suena el despertador y han pasado cuatro a&ntilde;os. Palabras como quiebra o rescate ya no forman parte de tus conversaciones de caf&eacute;</em>. El mal sue&ntilde;o de la crisis ha pasado y sus esquirlas, &ldquo;palabras como quiebra o rescate&rdquo;, han desaparecido. Fue el momento del caf&eacute;, es decir de ocio, y no la comida o la cena, tan exiguas para tantos, el que se vio afectado por aquellas molestas &ldquo;palabras&rdquo;. Un universo social entero gravita alrededor de la met&aacute;fora del caf&eacute;: el mundo de la gente que vive con seguridad, para&iacute;so perdido de las clases medias espa&ntilde;olas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando despiertan, los protagonistas del v&iacute;deo descubren dos buenas noticias: que <em>en dos a&ntilde;os se han creado un mill&oacute;n de empleos y que las pensiones nunca han gozado de mejor salud</em>. Lo importante no es si son verdaderas --son falsas de capirote--, sino que son precisamente las que ese grupo de poblaci&oacute;n necesita creer: empleo para sus hijos y dinero para sus pensiones. La imagen pasa de un grupo de jubilados viajando en alta velocidad a un joven, con traje y mochila, que entra en una empresa. <em>Aunque a ti lo que de verdad te importa es saber si le ha ido bien la entrevista de trabajo a ese amigo</em>. &ldquo;Ese amigo&rdquo; sin empleo es en realidad el hijo, pero la prestidigitaci&oacute;n consiste en alejar los problemas propios de los colectivos para dar a entender que son diferentes.
    </p><p class="article-text">
        <em>En el PP no tenemos todas las respuestas, pero s&iacute; podemos ofrecerte hechos y decir a d&oacute;nde queremos llegar</em>. Los llamados hechos son, por supuesto, deseos: veinte millones de empleos en 2020 es el primero, que <em>nuestra generaci&oacute;n de j&oacute;venes por fin encuentre su lugar</em> el segundo y que <em>seas de donde seas compartas la ilusi&oacute;n de una Espa&ntilde;a unida</em> el tercero. El PP promete trabajo para todos, una juventud sana y espa&ntilde;oles unidos bajo la bandera. Su utop&iacute;a es que las cosas vuelvan a ser como sus electores imaginan que fueron durante los tiempos de la burbuja.
    </p><p class="article-text">
        <em>En resumen, que todo lo que est&aacute; en marcha no se ponga en peligro ni se detenga</em>. &Eacute;sta es la idea movilizadora. El PP ha cometido errores, no sabe &ldquo;todas las respuestas&rdquo; pero tiene un camino. Frente a un PSOE extraviado y a unos pretendientes desconocidos, la seguridad de lo mismo de siempre -<em>Espa&ntilde;a en serio</em>- puede ser una historia eficaz para un conjunto de votantes angustiados por el nivel de vida perdido. Si nos ponemos en su piel, entenderemos todo lo que ha hecho este partido durante los &uacute;ltimos veinte d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La campa&ntilde;a del PP dispone con sutileza un marco de certidumbre/incertidumbre: del lado del orden est&aacute; el gobierno, presidido por un hombre sensato que todos conocen; del lado del azar dos partidos desconocidos, Ciudadanos y Podemos, y otro dirigido por un joven inexperto, el PSOE. Los tres representan &ldquo;carambolas&rdquo;, como sugiere el v&iacute;deo electoral de Nuevas Generaciones del PP. Los votantes que acepten ese juego no son est&uacute;pidos, canallas o fan&aacute;ticos, sino gente acostumbrada a vivir regateando el g&eacute;lido abrazo de la inseguridad, para quien &ldquo;lo que de verdad importa&rdquo; son sus empleos y sus pensiones.
    </p><p class="article-text">
        Siempre se puede confiar en el miedo de las clases medias, y en per&iacute;odos de crisis m&aacute;s todav&iacute;a. Su necesidad de certidumbre es tal que est&aacute;n dispuestas a todo por aplacarla. <em>Por eso, s&oacute;lo queremos pedirte una cosa: que a la hora de votar cierres por un momento los ojos y pienses en qu&eacute; pa&iacute;s te quieres despertar dentro de cuatro a&ntilde;os</em>. Hay que tener motivos poderosos para cerrar los ojos a la corrupci&oacute;n y la desigualdad rampantes y el PP propone uno tentador: el discreto encanto de la burgues&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Este combate simb&oacute;lico explica la huidiza estrategia de campa&ntilde;a de Mariano Rajoy, su resistencia a debatir en foros pol&iacute;ticos, donde su marco opondr&iacute;a y por tanto legitimar&iacute;a otras maneras de ver la realidad (adem&aacute;s de mostrar sus limitaciones personales, evidentes en el debate frente a Pedro S&aacute;nchez), y su afici&oacute;n a mostrarse en la televisi&oacute;n de entretenimiento, rodeado de amigos que le permiten poner en escena un &ldquo;lado humano&rdquo; que es su poderoso significante vac&iacute;o. Su carisma manufacturado.
    </p><p class="article-text">
        Las inminentes elecciones van a dirimirse entre una serie de marcos cognitivos propuestos a la sociedad como objetos de consumo. Los principales son certidumbre/incertidumbre (PP), gente/casta (Podemos) y nuevo/viejo (Ciudadanos). El del PSOE, por su parte, no est&aacute; tan claro y en ello consiste la principal debilidad de su campa&ntilde;a, que le convierte a ojos de sus votantes en un <em>partido Mortadelo</em>, dif&iacute;cil de reconocer, para el que casi la mitad de sus propios votantes no quiere un gobierno en mayor&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Cuando una plataforma electoral fija un marco cuenta con una manera de construir la realidad, y si ese marco es af&iacute;n al de sus bases sociales habr&aacute; forjado un v&iacute;nculo que les permite a ambos, partido y votantes, reconocerse entre s&iacute;. El PP comparte ese marco con un tercio de los espa&ntilde;oles y por tanto disfruta de un nexo pol&iacute;tico muy fuerte. Si adem&aacute;s el &uacute;nico partido que le puede disputar ese electorado, que es el PSOE, renuncia a cuestionar el marco --por ejemplo, poniendo de relieve que la corrupci&oacute;n del PP pone en peligro empleos y pensiones--, tenemos que, salvo el famoso momento Ruiz y el lamentable mamporro de Pontevedra, Rajoy ha tenido una campa&ntilde;a tranquila. Los partidos que representan a los otros dos tercios de espa&ntilde;oles tienen la responsabilidad de que la legislatura que viene no lo sea tanto.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis García Tojar, Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tercio-genova_129_2285389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 17 Dec 2015 19:45:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El tercio de Génova]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[PSOE,PP - Partido Popular,Podemos,Elecciones Generales 2015]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Crisis en el periodismo?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/crisis-periodismo_1_4375130.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f80fdac5-2b7f-4236-88b0-fffabe984334_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Crisis en el periodismo?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El periodismo puede ser ahora más plural, al ampliarse el eco de voces disponibles a las que dar cobertura.</p></div><p class="article-text">
        De vez en cuando me gusta comenzar alguna de mis clases provocando: El sistema representativo no es un r&eacute;gimen plenamente democr&aacute;tico (Arist&oacute;teles), hay autores (Sartori, Lippmann) que sostienen que est&aacute; bien que representante y opini&oacute;n p&uacute;blica s&oacute;lo se comuniquen cada cuatro a&ntilde;os o que quiz&aacute; no sea conveniente que nuestros pol&iacute;ticos vean limitados sus mandatos (elecci&oacute;n racional).
    </p><p class="article-text">
        Mis estudiantes de periodismo levantan el entrecejo, agrandan los ojos y, los m&aacute;s aguerridos, me miran con desd&eacute;n. &iquest;Este se&ntilde;or se ha vuelto loco? El problema de los &ldquo;lugares comunes&rdquo; es que opera en ellos m&aacute;s la creencia, la repetici&oacute;n acr&iacute;tica y el dogma <em>quasi</em> religioso que la reflexi&oacute;n. La simple llamada al debate suscita recelo y extra&ntilde;eza.
    </p><p class="article-text">
        Pero quiz&aacute; una de las cuestiones que m&aacute;s preocupa a los futuros periodistas tiene que ver con asuntos relacionados con el propio oficio de comunicar. Si en los debates sobre democracia y opini&oacute;n p&uacute;blica hac&iacute;a acto de presencia la rebeld&iacute;a propia del adolescente, asoma ahora la resignaci&oacute;n de un profesional que se siente asediado.
    </p><p class="article-text">
        El periodismo espa&ntilde;ol siempre ha sido una profesi&oacute;n desorganizada (autorregulaci&oacute;n inexistente) con un estatuto jur&iacute;dico resbaladizo (secreto profesional, cl&aacute;usula de conciencia, acceso laboral). Pero, sobre todo, ha estado y est&aacute; sometido a intensas presiones pol&iacute;ticas, adem&aacute;s de comerciales.
    </p><p class="article-text">
        Esta estrecha relaci&oacute;n con el poder se ve reforzada desde el propio mundo de la comunicaci&oacute;n: muchos medios espa&ntilde;oles, especialmente los m&aacute;s importantes, tienden a creer que su labor en la sociedad tiene mucho m&aacute;s que ver con la influencia que con la informaci&oacute;n. Con convertirse en un actor pol&iacute;tico de primer orden que con fomentar la aparici&oacute;n de una opini&oacute;n p&uacute;blica cr&iacute;tica e independiente. &iquest;O alg&uacute;n analista sensato sigue pensando que la labor de la prensa de referencia, por poner un ejemplo, reside principalmente en informar?
    </p><p class="article-text">
        A la debilidad como instituci&oacute;n y a las presiones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas se le ha venido a sumar, de un tiempo a esta parte, un nuevo frente de batalla: el periodismo ha perdido el monopolio a la hora de seleccionar (<em>agenda setting</em>) y encuadrar (<em>framing</em>) temas de debate a la sociedad. Debe convivir ahora con actores hasta hace poco relegados a la periferia del sistema.
    </p><p class="article-text">
        No es ning&uacute;n secreto que desde la generalizaci&oacute;n del uso de Internet vivimos en una sociedad potencialmente m&aacute;s abierta. Aquellos ciudadanos que dispongan de los suficientes recursos (tiempo, destrezas t&eacute;cnicas, motivaci&oacute;n) estar&aacute;n en condiciones de desafiar al viejo <em>stablishment</em> medi&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva realidad, sin embargo, no deja de presentar claroscuros. Por un lado, se podr&iacute;a estar formando un mundo m&aacute;s desigual: el nuevo <em>cleavage</em> o fractura social (al estilo de los descritos por Lipset y Rokkan) divide a los que saben moverse en las redes sociales y dem&aacute;s artefactos comunicativos asociados a la Red y los que no. A los primeros los nuevos tiempos les tienen reservado un lugar un primera fila, una atalaya privilegiada desde la que observar e intervenir en el debate p&uacute;blico. Los segundos simplemente no existen, no cuentan y no les espera otro destino que la desconexi&oacute;n. Tiempo al tiempo.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, aquellos que s&iacute; saben navegar en el nuevo r&iacute;o revuelto de la comunicaci&oacute;n tienen la posibilidad, con un poco de suerte y dedicaci&oacute;n, de abandonar el arrabal y trasladarse al lado de los influyentes. A esa ribera del r&iacute;o exclusiva, hasta hace muy poco, de los grandes medios de comunicaci&oacute;n, movimientos sociales y grupos de presi&oacute;n poderosos.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos el ejemplo que todos tenemos en mente: &iquest;Qu&eacute; significa <em>Podemos</em> m&aacute;s que esto, un movimiento-partido que, entre otras cosas, ha sabido aprovechar las nuevas potencialidades comunicativas para abrirse paso en direcci&oacute;n al mism&iacute;simo centro del sistema pol&iacute;tico? <em>Podemos</em> se ha convertido en lo que hoy es y en el desaf&iacute;o al <em>statu quo</em> que supone sin la ayuda de los medios de comunicaci&oacute;n tradicionales . O, m&aacute;s bien, a pesar de la oposici&oacute;n de los grandes medios convertidos, tambi&eacute;n ellos, en &ldquo;casta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo de <em>Podemos</em> &ndash;tratado recientemente <a href="http://elpais.com/elpais/2015/01/09/opinion/1420829784_862193.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en otro lugar</a>&ndash; nos pone sobre aviso: la labor de mediaci&oacute;n (objetividad) y mediatizaci&oacute;n (influencia) del periodismo se ha desbordado.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Ha muerto el periodismo? Contestar a la pregunta con un lac&oacute;nico &ldquo;s&iacute;&rdquo; implica hacerse heredero de ese viejo lamento de inspiraci&oacute;n conservadora: &ldquo;Todo tiempo pasado fue mejor&rdquo;. Supone, en definitiva, el miedo al cambio y confundir transformaci&oacute;n con crisis. Cuando, en realidad, se trata de dos fen&oacute;menos no necesariamente relacionados.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le est&aacute; pasando al periodismo es, simplemente, que se encuentra inmerso en un profundo proceso de transformaci&oacute;n, del mismo modo que muchas otras din&aacute;micas sociales. &iquest;O no est&aacute; cambiado el mundo del trabajo, del ocio o de la administraci&oacute;n p&uacute;blica cuando lo que predomina es Internet? &iquest;Desaparecer&aacute;n trabajo, ocio o administraci&oacute;n p&uacute;blica? Pues yo creo que no. Lo que sucede es que se est&aacute;n transformando de ra&iacute;z.
    </p><p class="article-text">
        Lejos de ver el cambio como amenaza, ser&iacute;a bueno contemplarlo como una oportunidad. El periodismo puede ser ahora m&aacute;s plural, al ampliarse el eco de voces disponibles a las que dar cobertura. Puede y debe seguir siendo de utilidad, sobre todo a la hora de organizar un mundo informativamente ca&oacute;tico. En este sentido, el &ldquo;criterio period&iacute;stico&rdquo; se hace m&aacute;s necesario que nunca.
    </p><p class="article-text">
        Pero este nuevo periodismo no deber&iacute;a olvidar el lugar desde el que ha sido engendrado: una posici&oacute;n condicionada por un ciudadano que ahora ocupa un lugar destacado. Estamos pasado de un esquema dominado por la figura del espectador a otro en el que lo que prevalece es un emisor en potencia. Y conviene prestarle o&iacute;do.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/crisis-periodismo_1_4375130.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 14 Feb 2015 19:10:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Crisis en el periodismo?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Crisis,Periodismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A mayor desafección ciudadana, menor polarización mediática]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/mayor-desafeccion-ciudadana-polarizacion-mediatica_1_4826422.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El aumento de la desafección en la España de 2011 parece estar reflejando la “depresión” y resignación de un grupo de lectores-votantes muy concretos: los progresistas</p></div><p class="article-text">
        Los a&ntilde;os que median entre las elecciones generales de 2008 y 2011 son los a&ntilde;os de la crisis, tal y como muestra nuestro an&aacute;lisis de la prensa de referencia espa&ntilde;ola entre los a&ntilde;os <a href="http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_139_071342513327873.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2008</a><a href="http://www.cienciared.com.ar/ra/usr/39/1322/redmarkan8v1pp55_81.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a>y<a href="http://www.cienciared.com.ar/ra/usr/39/1322/redmarkan8v1pp55_81.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">2011</a>.
    </p><p class="article-text">
        En materia de opini&oacute;n y debate medi&aacute;tico esto se traduce en un giro desde lo pol&iacute;tico a lo econ&oacute;mico, desde el terrorismo (tema principal de la campa&ntilde;a de 2008) al paro y la econom&iacute;a (elecciones de 2011).
    </p><p class="article-text">
        Estas prioridades medi&aacute;ticas &ndash;seg&uacute;n los bar&oacute;metros mensuales publicados por el Centro de Investigaciones Sociol&oacute;gicas&ndash; parecen haberse consolidado tambi&eacute;n entre los ciudadanos. El paro, los problemas de &iacute;ndole econ&oacute;mica y la consideraci&oacute;n de la clase pol&iacute;tica como un problema para salir de la crisis (temas &ldquo;clase pol&iacute;tica&rdquo; y &ldquo;corrupci&oacute;n&rdquo;) ocupan, con pocas variaciones, los primeros puestos en la lista de preocupaciones de los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        La desconfianza que se viene detectando desde noviembre de 2011 (y a&uacute;n antes) ha sido definida, de forma gen&eacute;rica, como <strong>&ldquo;desafecci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;</strong>. Las reflexiones que siguen conectan este descontento ciudadano con, por un lado, la acci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n (<strong>polarizaci&oacute;n</strong>) y, por otro, con el <strong>clima pol&iacute;tico</strong> de irremediable llegada de la derecha al poder en 2011, seg&uacute;n las <a href="http://politica.elpais.com/politica/2011/11/13/actualidad/1321146474_133680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encuestas del momento</a>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        De este modo, en las elecciones del 20N se detectan dos tendencias muy llamativas en comparaci&oacute;n con 2008 (Tabla1):
    </p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>La prensa de referencia (El Pa&iacute;s, El Mundo y ABC) hace <strong>descender</strong> <strong>su grado de polarizaci&oacute;n</strong>. Es decir, su cobertura de ataque al rival (PSOE en El Mundo y ABC y PP en El Pa&iacute;s) y de defensa al af&iacute;n (PP en la prensa de la derecha y PSOE en las p&aacute;ginas de El Pa&iacute;s).</li>
                                    <li>Los lectores se muestran<strong> mucho m&aacute;s desafectos</strong> (para con el sistema pol&iacute;tico en su conjunto: parlamento y partidos pol&iacute;ticos).</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Es decir, el aumento (o descenso) de la desafecci&oacute;n ciudadana parece correlacionarse con el descenso (o aumento) de la polarizaci&oacute;n medi&aacute;tica (tabla2). La relaci&oacute;n entre ambos fen&oacute;menos parece ser inversa.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Para verlo todo m&aacute;s claro ser&aacute; bueno analizar datos m&aacute;s desagregados.
    </p><p class="article-text">
        La prensa de la derecha (El Mundo y ABC) tendi&oacute; en 2011 m&aacute;s que a suprimir a variar la direcci&oacute;n de su tendenciosidad. Se reduce el ataque al PSOE y se aumenta sustancialmente la defensa del PP (gr&aacute;fico1). El Pa&iacute;s, por su parte, se centr&oacute; en la neutralidad, en hacer descender sus ataques al Partido Popular y en abandonar a su suerte al Partido Socialista (ausencia casi total de positividad).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 1. Sesgos de campa&ntilde;a (2008-2011)</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Por otro lado, aquellos ciudadanos que siguieron la campa&ntilde;a del 20N a trav&eacute;s de El Pa&iacute;s se mostraron mucho m&aacute;s desafectos en todos los indicadores propuestos por el CIS en sus encuestas post electorales. Desde luego mucho m&aacute;s que aquellos otros que se informaron a trav&eacute;s de la prensa conservadora (gr&aacute;fico 2).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gr&aacute;fico 2. Los indicadores de la desafecci&oacute;n (2008-2011)</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        &iquest;Qu&eacute; nos est&aacute;n queriendo decir estos datos? &iquest;Qu&eacute; le pasa a la prensa y a sus lectores en 2011 por comparaci&oacute;n a 2008? Podemos manejar las siguientes hip&oacute;tesis.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Del lado de los medios (y la polarizaci&oacute;n)</strong>, parece que la prensa de referencia adopta una postura estrat&eacute;gica ante el horizonte que muestran las elecciones de 2011: victoria aplastante conservadora.
    </p><p class="article-text">
        El modo que tiene El Pa&iacute;s de resignarse a la llegada del Partido Popular al poder tomar&aacute; la forma de una dr&aacute;stica reducci&oacute;n de sus ataques al partido de Mariano Rajoy y una ausencia casi total de loas a un PSOE desahuciado. La estrategia se cierra con una neutralidad &ldquo;de conformidad&rdquo; ante la inevitable victoria de los <em>populares</em>.
    </p><p class="article-text">
        La prensa conservadora tambi&eacute;n adapta en 2011 su cobertura a una situaci&oacute;n que, sin embargo, le resulta mucho m&aacute;s grata. Ello se traduce en una reducci&oacute;n del negativismo hacia el PSOE (no parece necesario &ldquo;hacer le&ntilde;a del &aacute;rbol ca&iacute;do&rdquo;) y, sobre todo, en un aumento del &ldquo;positivismo&rdquo; hacia el PP (los &ldquo;suyos&rdquo;, en el umbral mismo del poder).
    </p><p class="article-text">
        <strong>Del lado de los lectores (y la desafecci&oacute;n)</strong>, la situaci&oacute;n se antoja meridianamente clara: Son, casi en exclusiva, los lectores de El Pa&iacute;s los que &ldquo;tiran del carro de la desafecci&oacute;n&rdquo;. Su valoraci&oacute;n de la acci&oacute;n de las elites partidistas, el parlamento, los partidos y la evoluci&oacute;n econ&oacute;mica alcanzan cotas m&iacute;nimas que se sit&uacute;an a &ldquo;a&ntilde;os luz&rdquo; de las registradas en 2008.
    </p><p class="article-text">
        Los lectores conservadores, por el contrario y a&uacute;n dentro de un aumento general de su descontento, se muestran m&aacute;s comedidos, m&aacute;s ambiguos quiz&aacute;. Al fin y al cabo el clima pol&iacute;tico de 2011 apuntaba claramente hacia la victoria de &ldquo;su&rdquo; partido, algo que endulza un tanto una percepci&oacute;n pol&iacute;tico-econ&oacute;mica tambi&eacute;n pesimista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En resumen</strong>, el aumento de la desafecci&oacute;n en la Espa&ntilde;a de 2011 parece estar reflejando la &ldquo;depresi&oacute;n&rdquo; y resignaci&oacute;n de un grupo de lectores-votantes muy concretos: los progresistas. Este des&aacute;nimo, unido a un clima pol&iacute;tico de victoria &ldquo;pronosticada&rdquo; de la derecha parece forzar a la prensa que desea la victoria de Rajoy (El Mundo y ABC) y la que no tiene m&aacute;s remedio que adaptarse a ello (El Pa&iacute;s) a mover ficha: reducir polarizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; por ver si estas din&aacute;micas se han acentuado en los &uacute;ltimos tiempos. &iquest;La desafecci&oacute;n actual sigue teniendo estas mismas caracter&iacute;sticas? &iquest;Variar&aacute; la prensa de referencia su estrategia en 2015? Si se rompe del bipartidismo &iquest;se mantendr&aacute;n estas tendencias?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nueva_politica/mayor-desafeccion-ciudadana-polarizacion-mediatica_1_4826422.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Jun 2014 17:03:23 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[A mayor desafección ciudadana, menor polarización mediática]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevas tecnologías y opinión pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nuevas-tecnologias-opinion-publica_132_5609596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Están surgiendo nuevos líderes de opinión que nos ofrecen un menú  informativo diferente?</p><p class="subtitle">El usuario medio de Internet interesado en política parece ser un ciudadano acostumbrado a un debate más abierto</p><p class="subtitle">La interrelación entre política, medios de comunicación y ciudadanía se encuentra en un proceso de transformación</p></div><p class="article-text">
        Desde hace s&oacute;lo unos pocos a&ntilde;os la irrupci&oacute;n de las nuevas l&oacute;gicas comunicativas derivadas de la generalizaci&oacute;n del uso de Internet est&aacute;n cambiado la relaci&oacute;n entre medios y pol&iacute;tica. Y, quiz&aacute; tambi&eacute;n, al menos parte de la construcci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica ciudadana. Si con anterioridad al mundo <em>on line</em> la comunicaci&oacute;n se basaba, casi exclusivamente, en un esquema unidireccional entre emisor y receptor, ahora asoman nuevas formas. Analizaremos aqu&iacute; cinco tendencias, cinco argumentos para el debate.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En primer lugar</strong>, si de un tiempo a esta parte el <em>stablishment </em>medi&aacute;tico se reduc&iacute;a a s&oacute;lo un pu&ntilde;ado de medios de comunicaci&oacute;n encargados de dar entrada y salida a voces y temas de debate en el sistema de comunicaci&oacute;n y, por a&ntilde;adidura, en el espacio p&uacute;blico; ahora Internet y sus diversos &ldquo;artefactos comunicativos&rdquo; &ndash;redes sociales, blogs, microblogs, <em>streaming</em>, tecnolog&iacute;as m&oacute;viles&ndash; est&aacute;n poniendo &ldquo;patas arriba&rdquo; lo que antes era oligopolio y concentraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La aparici&oacute;n de nuevas voces, puntos de vista a veces irreverentes o colectivos defendiendo intereses desde el borde del sistema cobran ahora visibilidad en la esfera p&uacute;blica. Y, a veces, con inusitada fuerza, aspirando a influir en la opini&oacute;n p&uacute;blica y en el sistema representativo. Pol&iacute;ticos y periodistas &ldquo;de toda la vida&rdquo; se ven obligados a darles cobertura, muchas veces a rega&ntilde;adientes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En segundo lugar</strong>, las nuevas tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n favorecen la aparici&oacute;n de un espacio p&uacute;blico nuevo &ndash;el <em>ciberespacio</em>&ndash; en el que todo medio, profesional de la informaci&oacute;n, partido pol&iacute;tico o candidato que se precie debe encontrar su sitio. Muchos periodistas y pol&iacute;ticos que han abierto una cuenta en <em>Twitter</em> replicando pautas de comunicaci&oacute;n tradicionales no han encontrado otra cosa que no sea la mofa de los dem&aacute;s usuarios. Su incomprensi&oacute;n sobre el nuevo medio les ha derrotado.
    </p><p class="article-text">
        Y es que en las redes sociales la pauta de relaci&oacute;n emisor-receptor, precisamente por su car&aacute;cter abierto, de desempe&ntilde;o borroso de roles, se ha vuelto m&aacute;s horizontal. Esta <strong>tercera caracter&iacute;stica</strong> del mundo que se va abriendo paso bajo nuestros pies apunta hacia la invalidez paulatina de los modos &ldquo;desde arriba hacia abajo&rdquo;. Para un n&uacute;mero creciente de ciudadanos este modo de comunicar chirr&iacute;a cada vez m&aacute;s, suena arcaico, vac&iacute;o e, incluso, demag&oacute;gico. Bien al contrario, el usuario medio de Internet interesado en pol&iacute;tica parece ser un ciudadano acostumbrado a un debate m&aacute;s abierto, en el que no s&oacute;lo se admiten preguntas sino que siempre ha lugar a comentarios, contrapuntos de vista, cr&iacute;tica, sarcasmo o a&ntilde;adido de informaci&oacute;n adicional. M&aacute;s horizontalidad e interactividad y menos esl&oacute;ganes vac&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        A fuerza de habitar estos espacios, de socializarse en ellos, de utilizarlos para hacer amigos, trabajar, encontrar pareja, rescatar amistades y acceder a un tipo de informaci&oacute;n m&aacute;s rica y procedente de los m&aacute;s variopintos lugares est&aacute; ya entre nosotros una nueva generaci&oacute;n de ciudadanos. Personas, <a href="http://libreria.cis.es/static/pdf/OyA63a.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en su mayor&iacute;a j&oacute;venes</a>, con una pauta de interrelaci&oacute;n con el mundo de la pol&iacute;tica, como poco, diferente. Acostumbrados a contestar, a alzar la voz, a re&iacute;rse a carcajadas o a llorar de indignaci&oacute;n. As&iacute;, se entiende que ese &ldquo;no se admiten preguntas&rdquo; tan habitual en las comparecencias de muchos de nuestros pol&iacute;ticos entra progresivamente en el oto&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        No s&oacute;lo el derecho a r&eacute;plica se est&aacute; convirtiendo en una exigencia ciudadana sino que, aunque sea de manera breve &ndash;en los 140 caracteres de <em>Twitter</em>, por ejemplo&ndash; se discute, se contra argumenta, se critica, se difunde informaci&oacute;n con los contactos y se trae al presente acontecimientos pret&eacute;ritos para confirmar, desmentir o, simplemente, dejar en evidencia la rigidez y fanatismo de algunos repetidores de palabras huecas.
    </p><p class="article-text">
        En <strong>cuarto lugar</strong>, estas l&oacute;gicas comunicativas enlazan con una nueva forma de implicarse en las causas pol&iacute;ticas, mucho m&aacute;s econ&oacute;mica, l&iacute;quida y veloz. Junto a los viejos repertorios de acci&oacute;n colectiva (huelgas, manifestaciones, ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, boicots al consumo) emerge ahora el &ldquo;retuiteo&rdquo; de la injusticia, el &ldquo;me gusta&rdquo; de <em>Facebook</em> hacia una buena causa, los &ldquo;desdecires&rdquo; de algunos pol&iacute;ticos que rayan lo absurdo. Se trata de un &ldquo;indignarse&rdquo; de otra forma, a trav&eacute;s de informaci&oacute;n procedente de fuentes que elegimos de una manera m&aacute;s o menos laxa: Amigos, familiares, seguimiento de medios y periodistas &ldquo;a la carta&rdquo; y, muchas veces, fuentes alternativas a las de siempre.
    </p><p class="article-text">
        Esta circunstancia nos permite rescatar del olvido viejas teor&iacute;as de la comunicaci&oacute;n que cre&iacute;amos superadas como aquella que, a mediados de la d&eacute;cada de 1950 de la mano de Lazarsfeld y Katz (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Two-step_flow_of_communication" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Personal influence</em></a>), hablaba de un &ldquo;doble flujo de comunicaci&oacute;n&rdquo;. A saber, mensajes de los medios a los l&iacute;deres de opini&oacute;n y de su acci&oacute;n filtradora a la ciudadan&iacute;a. De modo que lo importante a la hora de hablar de influencia pol&iacute;tica se situaba mucho m&aacute;s, parad&oacute;jicamente, en la comunicaci&oacute;n interpersonal que en la de masas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Est&aacute;n surgiendo nuevos l&iacute;deres de opini&oacute;n conformados por &ldquo;conocidos&rdquo; y aquellos a los que decidimos &ldquo;seguir&rdquo; que nos ofrecen un men&uacute; informativo diferente? &iquest;Tienen las nuevas tecnolog&iacute;as de la comunicaci&oacute;n un componente &ldquo;quasi interpersonal&rdquo; que desaf&iacute;a la ortodoxia emisor-receptor y la construcci&oacute;n medi&aacute;tica de la agenda tem&aacute;tica? Tengo que reconocer que he podido acceder a informaciones reenviadas por gente a la que &ldquo;sigo&rdquo; en <em>Twitter</em> que, de otra forma, hubiesen permanecido en la penumbra. Visitas a las esquinas de la &ldquo;blogosfera&rdquo; que manejan encuadres de temas de debate anta&ntilde;o excluidos. Creo que he salido ganando.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, esta participaci&oacute;n laxa, a golpe de &ldquo;clic de rat&oacute;n&rdquo;, <a href="http://www.newyorker.com/reporting/2010/10/04/101004fa_fact_gladwell" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">para algunos analistas</a>, constituye toda una inc&oacute;gnita y, sobre todo, no cristaliza suficientemente en una reivindicaci&oacute;n s&oacute;lida si no es acompa&ntilde;ada por las &ldquo;viejas&rdquo; formas de protesta. Y aqu&iacute; se puede hablar de una <strong>quinta caracter&iacute;stica</strong>: Al lado del empleo de las nuevas tecnolog&iacute;as convive y se retroalimenta la ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico, las manifestaciones y otros actos de protesta tradicionales. Dir&iacute;a m&aacute;s, s&oacute;lo de la amalgama entre lo &ldquo;viejo y lo nuevo&rdquo; se pueden entender movimientos como el 15M y muchos otros emparentados con su acci&oacute;n pionera, tal y como pudimos analizar en una <a href="http://www.catarata.org/libro/mostrar/id/821" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reciente publicaci&oacute;n</a>.
    </p><p class="article-text">
        Por a&ntilde;adidura, redes sociales y <em>microblogs</em> necesitan tambi&eacute;n de la <a href="http://www.ciberdemocracia.es/wp-content/uploads/CIBERCAMPA%C3%91A2008.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sinergia con los medios de comunicaci&oacute;n m&aacute;s tradicionales</a>, que ni han dejado de existir ni, probablemente, desaparecer&aacute;n en el medio plazo. Perm&iacute;teseme volver al ejemplo del 15M, potenciado desde todo tipo de plataformas <em>on line</em>, pero iniciado antes (manifestaci&oacute;n a la antigua usanza) y sustantivado despu&eacute;s (ocupaci&oacute;n de la plaza p&uacute;blica) desde los repertorios tradicionales de acci&oacute;n colectiva. Y lo que es m&aacute;s importante, el grueso de la opini&oacute;n p&uacute;blica no hubiese tenido noticia de su existencia y de sus m&uacute;ltiples objetivos sin las c&aacute;maras de televisi&oacute;n y el an&aacute;lisis de la prensa de referencia.
    </p><p class="article-text">
        Las <strong>cinco cuestiones</strong> aqu&iacute; s&oacute;lo esbozadas invitan a la reflexi&oacute;n y el debate que todo momento de cambio necesita. La interrelaci&oacute;n entre pol&iacute;tica, medios de comunicaci&oacute;n y ciudadan&iacute;a se encuentra en un proceso de transformaci&oacute;n muy profundo que contiene elementos de cambio pero tambi&eacute;n de continuidad. Y todo ello est&aacute; sucediendo ahora mismo, basta abrir los ojos y doblar la <em>ciberesquina</em>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antón R. Castromil]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/nuevas-tecnologias-opinion-publica_132_5609596.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 15 Mar 2013 05:00:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Nuevas tecnologías y opinión pública]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
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