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    <title><![CDATA[elDiario.es - Edmundo Rodríguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/edmundo_rodriguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Edmundo Rodríguez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Asalto a las instituciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/asalto-instituciones_132_5813393.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Ha sido recurrente afirmar que el Estado y sus instituciones son un dique frente a la ley del m&aacute;s fuerte. Desde luego la experiencia demuestra que s&oacute;lo la regulaci&oacute;n, el control y la democracia pueden atajar desmanes y excesos, evitando  abusos de poder. Pero en el siglo XXI todo est&aacute; en revisi&oacute;n y nuestra experiencia no es, desde luego, halag&uuml;e&ntilde;a. Adem&aacute;s la crisis de 2007 ha generado una enorme desconfianza que, lamentablemente, tiene un serio fundamento.
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a las instituciones democr&aacute;ticas son relativamente recientes. Nuestra democracia es  joven si la comparamos con las europeas, y el dise&ntilde;o constitucional de 1978 persegu&iacute;a unos fines que no siempre se han procurado. As&iacute;, el  Tribunal Constitucional se dise&ntilde;&oacute; como &aacute;rbitro de los conflictos entre las Comunidades Aut&oacute;nomas y el Estado, como censor de la constitucionalidad de las normas con rango legal y como garante de los derechos fundamentales y las libertades p&uacute;blicas, aunque este &uacute;ltimo aspecto lo comparta con la jurisdicci&oacute;n ordinaria. 
    </p><p class="article-text">
        En los albores de nuestra democracia ese papel se cumpli&oacute; con niveles que rozaron la excelencia. Muchos juristas recordar&aacute;n los nombres de los magistrados que, cualquiera sea la sensibilidad a que se inquiera, eran reconocidos por su reconocido prestigio: Tom&aacute;s y Valiente, Rubio Llorente, Ruiz Pi&ntilde;eiro, D&iacute;ez-Picazo, Garc&iacute;a Pelayo, Truyol Sierrra&hellip; Su papel fue dif&iacute;cil, pero entonces el Tribunal Constitucional se gan&oacute; un prestigio que ahora es m&aacute;s que discutible, porque en los &uacute;ltimos tiempos se le ha embarrado en la lucha partidaria, convirtiendo cada renovaci&oacute;n en un suplicio en el que terminan design&aacute;ndose candidatos cuyo perfil dista mucho del perseguido por el constituyente.
    </p><p class="article-text">
        Es adem&aacute;s incomprensible que no se haya procurado que el &aacute;rbitro de los poderes territoriales, el guardi&aacute;n de la constitucionalidad de las leyes y el garante de los derechos fundamentales quede alejado de cualquier duda sobre su independencia. Los &uacute;ltimos nombramientos han venido salpicados de pol&eacute;mica y a fecha de hoy su presidente milita en el Partido Popular, sin que tal dato fuera conocido durante su proceso de designaci&oacute;n como magistrado del Tribunal Constitucional. Aunque la Ley Org&aacute;nica que regula estos asuntos sea poco exigente, pues aparta solo a quienes ostenten &ldquo;cargos relevantes&rdquo; en partidos, la imagen de imparcialidad del Tribunal Constitucional ha quedado seriamente comprometida por esta circunstancia. Y un tribunal sin prestigio, con su legitimidad cuestionada, no ser&aacute; f&aacute;cil que resuelva de manera convincente. 
    </p><p class="article-text">
        Lo terrible es que otro tanto sucede con los cargos de Defensor del Pueblo o del Tribunal de Cuentas, cuyos titulares tambi&eacute;n pertenecen al partido gobernante. El ans&iacute;a de control partidario de las instituciones ha llevado, sin pudor alguno, a su asalto, como prueba el repaso a los nombramientos de diversos reguladores de los &uacute;ltimos meses. Las instituciones democr&aacute;ticas padecen de este modo una seria crisis de legitimidad, que conduce a la desconfianza, el rechazo y a los problemas territoriales de todos conocidos. 
    </p><p class="article-text">
        Esta avidez partidaria ha sido recurrente en otro &oacute;rgano constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, que ahora est&aacute; proceso de renovaci&oacute;n. Lo est&aacute; en el peor de los escenarios posibles, porque se va a designar su nueva composici&oacute;n tras una reforma de la Ley Org&aacute;nica del Poder Judicial impuesta por mayor&iacute;a absoluta contra el criterio de toda la oposici&oacute;n. Ni un solo aliado ha encontrado el gobierno para el cambio legal, que cuenta con el rechazo de los grupos parlamentarios m&aacute;s importantes y de todas las asociaciones profesionales de jueces. 
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s la renovaci&oacute;n se afronta tras una profunda crisis que provoc&oacute; la dimisi&oacute;n de su presidente originario, crisis que ha da&ntilde;ado a la instituci&oacute;n y de paso, a la propia imagen del Poder Judicial. De ah&iacute; que sea imprescindible un proceso de renovaci&oacute;n trasparente, exigiendo comparecencias de los candidatos a vocal en Congreso y Senado, sean juristas o jueces. Como tambi&eacute;n ser&iacute;a necesario que los grupos parlamentarios no se desentendieran de los candidatos propuestos por la otra parte, desidia que ha provocado en otras ocasiones la presencia de vocales muy alejados de la idoneidad requerida. 
    </p><p class="article-text">
        Si se actuara con inteligencia se asegurar&iacute;a una presencia equilibrada de sexos, sensibilidades pol&iacute;ticas, profesionales y territoriales. Se huir&iacute;a de las adscripciones partidarias evidentes y se afanar&iacute;an las Cortes en buscar perfiles que suscitaran reconocimiento y reputaci&oacute;n dentro y fuera del Poder Judicial. Lo contrario contribuir&aacute; a seguir ahondando en el desprestigio de las instituciones democr&aacute;ticas y a socavar la ya maltrecha legitimidad que padecen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Edmundo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/asalto-instituciones_132_5813393.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 22 Sep 2013 20:39:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Asalto a las instituciones]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Justicia de clases]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/justicia-clases_132_5709317.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Seis meses despu&eacute;s de la extensi&oacute;n de las tasas judiciales a todos los ciudadanos, nuestros gobernantes pueden enorgullecerse de haber remedado a Engels: ya podemos hablar de justicia de clases.  Hay dos &aacute;mbitos donde este fen&oacute;meno se produce, el civil y contencioso, porque en el laboral las incoherencias legislativas han propiciado que primero los Juzgados de lo Social, luego la Sala del Tribunal Superior de Justicia del Pa&iacute;s Vasco y finalmente el Tribunal Supremo, hayan concluido que la falta de derogaci&oacute;n expresa de la Ley de Asistencia Jur&iacute;dica Gratuita evita a  trabajadores y beneficiarios de la Seguridad Social abonar una tasa cuyo coste disuade a los usuarios de solicitar tutela judicial. Como en el &aacute;mbito penal no se impusieron tasas, restan los &oacute;rdenes civil y contencioso, en los que se percibe una divisi&oacute;n que seguramente no encuentre parang&oacute;n en otros servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Desde  la ampliaci&oacute;n de las tasas, la justicia sirve a dos clases de usuarios. Por un lado los grandes litigantes a quienes no arredra el coste que supone la tasa porque, al destinar ingentes recursos al recobro de impagados, repercuten en el deudor su coste. Financieras, bancos, aseguradoras o la propia Administraci&oacute;n P&uacute;blica siguen acudiendo en masa a la administraci&oacute;n de justicia, sin que la reforma gubernamental haya supuesto una disminuci&oacute;n significativa de sus pretensiones. Por otro lado quienes disponen del derecho a litigar gratuitamente, exentos del abono de la tasa, son cada vez menos, porque se han endurecido los requisitos para su concesi&oacute;n. Y en medio quedan, las peque&ntilde;as empresas, familias y ciudadanos a los que afecta el alto coste del proceso civil o contencioso-administrativo, que han desistido en proporciones cercanas al 40 % de los litigios que podr&iacute;an haber iniciado.
    </p><p class="article-text">
        Si antes el ciudadano ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que hab&iacute;a dos clases de justicia, ahora puede tener absoluta certeza. La disminuci&oacute;n del n&uacute;mero de asuntos en los juzgados como consecuencia de las tasas no hace desaparecer el problema econ&oacute;mico o jur&iacute;dico que lo gener&oacute;, pero propicia que hoy en d&iacute;a se atienda mejor a las grandes corporaciones, que antes ten&iacute;an que compartir una administraci&oacute;n de justicia precaria con quien acud&iacute;a a los tribunales de manera espor&aacute;dica. El usuario medio, la peque&ntilde;a empresa que quer&iacute;a recobrar un impago, quien pretende recurrir una sanci&oacute;n, o el consumidor que porfiaba contra un abuso, han abandonado los tribunales porque el coste de litigar es disparatado.
    </p><p class="article-text">
        Es precisamente la desproporci&oacute;n del coste el l&iacute;mite que el Tribunal Constitucional hab&iacute;a se&ntilde;alado en febrero de 2012 como infranqueable para respetar la exigencia constitucional de tutela judicial efectiva. La introducci&oacute;n de tasas para los grandes usuarios de la administraci&oacute;n de justicia pas&oacute; el filtro constitucional por no extenderse a todos los litigantes y por su moderado importe. En la actualidad hay recursos que cuestionan la Ley de diciembre de 2012, pero la demora end&eacute;mica del Tribunal Constitucional ofrece pocos motivos para esperar un fallo pr&oacute;ximo. Entretanto, quienes se sienten v&iacute;ctimas de una injusticia incuban frustraci&oacute;n y desesperanza.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n es inquietante el desastre organizativo que todo ello provoca. Mientras que  tribunales civiles y salas de lo Contencioso o de lo Social han visto disminuir significativamente su carga de trabajo, Juzgados y Audiencias penales, y Juzgados de lo Social rozan el colapso. Los &oacute;rganos colegiados cada vez tienen menos asuntos, y los unipersonales est&aacute;n desbordados. La supresi&oacute;n de jueces sustitutos afecta especialmente a los &oacute;rganos especialmente sobrecargados. Todo ello perjudica esencialmente a los ciudadanos, que padecen una respuesta cada vez m&aacute;s lenta en la primera instancia y afrontan unos recursos muy onerosos. Si esto hubiera ocurrido en una empresa privada, el responsable de semejante caos generado en tan s&oacute;lo seis meses, habr&iacute;a sido fulminantemente cesado.
    </p><p class="article-text">
        Seguramente de la sensaci&oacute;n de impotencia y frustraci&oacute;n de quienes no pueden acudir a los tribunales no despertar&aacute; ninguna revuelta social. Pero es significativo que el af&aacute;n gubernamental por resolver el problema de la litigiosidad se escore tanto hacia medidas que la disimulan, en lugar de modernizar los instrumentos para afrontarla. Entretanto, algunas Comunidades Aut&oacute;nomas y el Ministerio de Justicia se disputan el reparto de lo recaudado, olvidando que miles de ciudadanos y familias no podr&aacute;n reclamar lo que consideran leg&iacute;timos derechos, por la imposibilidad de afrontar el coste que acarrea. Un factor que alimenta el des&aacute;nimo general, y, ojal&aacute; que no, que algunos decidan tomarse la justicia por su mano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Edmundo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/justicia-clases_132_5709317.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Jun 2013 10:33:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Justicia de clases]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No querer ver]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/querer-ver_132_5651704.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de la mayor&iacute;a parlamentaria de no reformar <em>en serio</em>, como dec&iacute;a Ronald Dworkin cuando hablaba de derechos, la ejecuci&oacute;n hipotecaria que contiene la Ley de Enjuiciamiento Civil, deja sin soluci&oacute;n un grav&iacute;simo problema y acarrear&aacute; consecuencias imprevisibles. La realidad actual, desnudada por la reciente Sentencia del Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea de 14 de marzo pasado, es que nuestro proceso no garantizaba los derechos de los consumidores que el acervo europeo trata de asegurar generando un problema que ha sido correctamente percibido por numerosas resoluciones de juzgados y tribunales espa&ntilde;oles que han puesto de manifiesto la desproporci&oacute;n entre la tutela del cr&eacute;dito y el derecho de los ciudadanos a un proceso con las debidas garant&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno hab&iacute;a modificado en dos ocasiones en la legislatura la regulaci&oacute;n de los desahucios por impagos de hipotecas. Adem&aacute;s, la mayor&iacute;a parlamentaria que lo apoya hab&iacute;a tomado en consideraci&oacute;n, pese a su oposici&oacute;n inicial, la Iniciativa Legislativa Popular que pretend&iacute;a la regulaci&oacute;n de la daci&oacute;n en pago incluso con efecto retroactivo. Pero la tramitaci&oacute;n parlamentaria del &uacute;ltimo Real Decreto Ley que suma la ILP ha dado un magro resultado, pues los avances que sin duda representa respecto a la insostenible regulaci&oacute;n previa, son insuficientes para afrontar el drama de la p&eacute;rdida de vivienda de much&iacute;simos ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a parlamentaria no ha querido ver la magnitud del problema. La preocupaci&oacute;n por cumplir el objetivo de consolidaci&oacute;n fiscal (sin tocar las rentas m&aacute;s desahogadas), se sobrepone a elementales razones de justicia y equidad que hab&iacute;an logrado un ampl&iacute;simo apoyo social, porque todos percibimos que la crisis, de tantos rostros, decanta en el de quienes han perdido todo y ni siquiera tienen donde alojar su desesperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero que no se quiera ver no significa que el problema no exista. Los escraches han sido solo un aviso del abismo social, y consecuentemente pol&iacute;tico, al que nos enfrentamos. Quien no quiera ver la descomposici&oacute;n pol&iacute;tica a la que contribuyen muchas razones, como los recortes en servicios fundamentales o los esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n, es que est&aacute; ciego. La crisis institucional a la que nos enfrentamos est&aacute; ah&iacute;, y por mucho que se piense que ya escampar&aacute;, est&aacute; incrustada hasta el tu&eacute;tano de la fibra moral de nuestra sociedad. Cada vez que hay elecciones percibimos nuevos s&iacute;ntomas de lo que ocurre cuando no se dan respuestas a injusticias colectivas, o cuando las respuestas siguen pautas tecnocr&aacute;ticas incapaces de dotar de alguna legitimidad al sistema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Para proteger a quienes, sin ninguna responsabilidad, se vieron privados de su trabajo, que les impidi&oacute; pagar una vivienda cuyo precio, tambi&eacute;n sin ninguna responsabilidad, ha disminuido por debajo de lo precis&oacute; para poder desprenderse de ella y abonar las cargas financieras que asumi&oacute;, con la cooperaci&oacute;n imprescindible de quienes facilitaron cr&eacute;dito sin restricci&oacute;n alguna, hay soluciones legislativas que otros pa&iacute;ses contemplan desde hace d&eacute;cadas. Si no se aprueba la daci&oacute;n en pago, con la moderada redacci&oacute;n que propon&iacute;a la ILP, cabe limitar la responsabilidad patrimonial universal permitiendo la liberaci&oacute;n de las deudas de familias a trav&eacute;s de la reforma de la Ley Concursal, o disponer una moratoria que libere de la obligaci&oacute;n de afrontar el pr&eacute;stamo y sus intereses de todo tipo, durante el tiempo que sea preciso. Lo que es insufrible es la actual situaci&oacute;n de pasividad e inacci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el INE, el 21,8 % de la poblaci&oacute;n vive por debajo del umbral de pobreza. Una cuarta parte de los trabajadores no tienen empleo. Miles de familias est&aacute;n abocadas a perder su vivienda y padecer exclusi&oacute;n social. Los fondos p&uacute;blicos se han centrado en salvar de la quiebra a entidades financieras, mientras los esc&aacute;ndalos sobre la utilizaci&oacute;n torcida de los recursos presupuestarios se suceden. El descreimiento de las fuerzas pol&iacute;ticas mayoritarias, que revelan los estudios sociol&oacute;gicos, es otro s&iacute;ntoma de que el populismo nos amenaza como a los italianos. Y pese a todo, queremos seguir sin ver que esta situaci&oacute;n necesita de electroshock, de una pol&iacute;tica que exija sacrificios tambi&eacute;n a quienes disponen de m&aacute;s recursos, participando en un proyecto com&uacute;n de regeneraci&oacute;n social, pol&iacute;tica y econ&oacute;mica. Todav&iacute;a tenemos un r&eacute;gimen democr&aacute;tico con todos sus defectos, preferible a la mejor y m&aacute;s perfecta de las dictaduras. No podemos seguir neg&aacute;ndonos a ver.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Edmundo Rodríguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/euskadi/blogs/viento-del-norte/querer-ver_132_5651704.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Apr 2013 11:36:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No querer ver]]></media:title>
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