<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Marga León]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/marga_leon/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Marga León]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/510500/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Feminismo y elecciones]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-elecciones_129_1594758.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Feminismo y elecciones"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con el calentamiento de motores de la precampaña quedó ya bastante claro que el feminismo y las políticas de lucha contra la igualdad están en el punto de mira de no pocos ataques</p></div><p class="article-text">
        Algunas semanas atr&aacute;s, cuando contempl&aacute;bamos con asombro la formaci&oacute;n de un nuevo gobierno en Andaluc&iacute;a con el apoyo de la extrema derecha, escrib&iacute; un art&iacute;culo que titul&eacute; '<a href="https://elpais.com/elpais/2019/02/04/opinion/1549302526_313198.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El voto de las mujeres</a>'. En &eacute;l trataba de explicar el largo camino recorrido por la derecha espa&ntilde;ola en feminismo e igualdad, convergiendo con la izquierda en temas centrales como participaci&oacute;n pol&iacute;tica, pol&iacute;ticas de apoyo al empleo femenino o la violencia de g&eacute;nero. Sin despreciar las importantes diferencias entre izquierda y derecha en la lucha por la discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero, las posturas se han ido aproximando, aqu&iacute; y en toda Europa, hasta situar las reivindicaciones pol&iacute;ticas en un espacio pol&iacute;ticamente transversal. Advert&iacute;a entonces de lo peligroso que pod&iacute;a llegar a ser polarizar ideol&oacute;gicamente un tema sobre el que tanto esfuerzo ha costado alcanzar acuerdos y consensos; mejor ser&iacute;a dejar al feminismo fuera de los fuegos cruzados entre bloques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        P&iacute;dele peras al olmo, los partidos de extrema derecha se alimentan precisamente de ese fuego y han acabado por dominar el arte del incendio. A la vez, a otros partidos parece salirles a cuenta trasladar la contienda pol&iacute;tica a ese extra&ntilde;o tablero con esquinas pero sin centro. En resumen, con el calentamiento de motores de la pre-campa&ntilde;a queda ya bastante claro que el feminismo y las pol&iacute;ticas de lucha contra la igualdad est&aacute;n en el punto de mira de no pocos ataques.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo ha afectado la polarizaci&oacute;n al posicionamiento de los partidos sobre el feminismo y la igualdad de g&eacute;nero?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, parece haber ca&iacute;do v&iacute;ctima de la competici&oacute;n electoral en el espacio de la derecha donde los partidos se encuentran en una extra&ntilde;a pugna por atraer a&nbsp; los agraviados del avance feminista. Extra&ntilde;a en cuanto que las opiniones a favor de la igualdad de g&eacute;nero son muy mayoritarias en Espa&ntilde;a, con una brecha generacional menor que la observada en muchos otros pa&iacute;ses europeos. En cuanto que los partidos no s&oacute;lo recogen el 'sentir social' sino que tambi&eacute;n lo moldean, puede que algunos esperen dar voz a quienes hasta ahora permanec&iacute;an en silencio, pero el riesgo de perder votantes por otro lado (mujeres, en particular) podr&iacute;a a priori ser elevado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, los partidos en el espectro de la derecha buscan espacios de diferenciaci&oacute;n con la izquierda, reivindicando un feminismo alternativo, otros referentes y hasta otro l&eacute;xico que justifique otras pol&iacute;ticas. Esto es lo que de manera algo confusa ha querido transmitir Ciudadanos con su idea de 'feminismo liberal' &iquest;Cual ser&iacute;a el principal eje diferenciador de este <em>otro</em> feminismo? Uno que aun reconociendo la existencia de la desigualdad de g&eacute;nero, escoge ignorar los mecanismos estructurales que subyacen y sustentan esa desigualdad y a la vez, sit&uacute;a la libertad como axioma central en su discurso. El tema estrella en el que parece canalizarse toda la diferencia entre un feminismo y otro en estas elecciones es la maternidad subrogada/vientres de alquiler. Cs ha visto claramente una ventana de oportunidad al introducir un tema en la agenda que incomoda a la derecha m&aacute;s tradicional (el PP preferir&iacute;a no tener que discutir sobre ello para no traicionar a sus votantes m&aacute;s cat&oacute;licos) y genera no pocos dilemas tanto a la izquierda como al movimiento feminista.
    </p><p class="article-text">
        El inter&eacute;s de los grupos LGTB por una regulaci&oacute;n permisiva y la presi&oacute;n de grupos cat&oacute;licos ultra por su prohibici&oacute;n, confiere una importante debilidad a las coaliciones pol&iacute;ticas a favor de la prohibici&oacute;n. Adem&aacute;s, quienes defienden la 'subrogaci&oacute;n altruista' saben que aunque no exista (objetivamente no se puede desvincular la pr&aacute;ctica de la subrogaci&oacute;n a situaciones de extrema explotaci&oacute;n y trata de mujeres), incluso en un contexto regulatorio que proh&iacute;be la pr&aacute;ctica (como en la UE), los casos no dejan de crecer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para nuestra salud democr&aacute;tica, conviene distinguir entre uno y otro. Mientras que lo primero es un ejercicio bastante irresponsable -en cuanto a sus consecuencias- de competencia electoral cortoplacista, el segundo tiene un encaje mucho menos traum&aacute;tico en las diferencias ideol&oacute;gicas entre los partidos. Ser&iacute;a demasiado pedir que un contexto de elevada fragmentaci&oacute;n pol&iacute;tica como el actual los partidos no buscaran una identidad propia en aquellos temas en los que los consensos son d&eacute;biles. Al final se trata de dilucidar tanto los t&eacute;rminos como el contenido de la disputa electoral. Del resultado del 28A podremos avanzar la discusi&oacute;n en una u otra direcci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-elecciones_129_1594758.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Apr 2019 20:04:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="593213" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="593213" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Feminismo y elecciones]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/37951aa1-6886-40d7-9b26-66c763e72f84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Generales 2019,Feminismo,Elecciones Generales 28A 2019]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El reto de las políticas de cuidado en Europa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/reto-politicas-cuidado-europa_1_4426590.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El modelo de bienestar europeo actual no está preparado para dar respuesta a las demandas de una población cada vez más envejecida y con las mujeres plenamente integradas en el mercado laboral</p></div><p class="article-text">
        El llamado &ldquo;Cuarto Pilar del Estado de Bienestar&rdquo; que engloba a las pol&iacute;ticas de cuidado hacia personas mayores dependientes y a la infancia, tiene un peso cada vez mayor en el conjunto de las pol&iacute;ticas sociales de todos los pa&iacute;ses europeos. En el libro que Palgrave acaba de publicar&nbsp;<a href="http://www.palgrave.com/page/detail/the-transformation-of-care-in-european-societies-margarita-le%F3n/?K=9781137326515" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>The Transformation of Care in European Societies</em></a> explicamos por qu&eacute;. El envejecimiento de nuestras sociedades, la mayor y m&aacute;s estable participaci&oacute;n de las mujeres en el mercado laboral, los cambios en nuestras formas de pensar y vivir, la por lo general insuficiente cobertura de servicios y prestaciones, son todos ellos factores del lado de la demanda que ejercen una presi&oacute;n considerable en unos estados de bienestar creados por y para un contexto en el que el cuidado era principalmente asunto privado y de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Las presiones para que los gobiernos act&uacute;en en este &aacute;mbito de bienestar son comunes a todos los pa&iacute;ses y encontramos tambi&eacute;n una cierta similitud en las respuestas: por una parte, desde mediados de los a&ntilde;os 90 todos los gobiernos han experimentado con procesos complejos de &ldquo;externalizaci&oacute;n&rdquo;, Es decir, la barrera entre lo que es p&uacute;blico (estado) y lo que es privado (mercado/tercer sector) est&aacute; cada vez m&aacute;s desdibujada. Adem&aacute;s, asistimos a una creciente &ldquo;re-familiarizaci&oacute;n&rdquo; que implica otorgar a las familiar un protagonismo (renovado en algunos escenarios, antiguo en otros) a la red familiar como sustento b&aacute;sico y principal en la satisfacci&oacute;n de las necesidades b&aacute;sicas de las personas.
    </p><p class="article-text">
        Estas dos pautas se conjugan para dar un protagonismo cada vez mayor a las mujeres de origen inmigrante en el sector de los cuidados, ya sea formal o informal, y adem&aacute;s se acent&uacute;an claramente desde los comienzos de la crisis econ&oacute;mica.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/724c9da7-d230-4538-8364-ac1b0d653050_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/47f7c1a5-da8f-4323-83fb-29b585429134_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Pero ah&iacute; terminan nuestras semejanzas, porque dentro de este marco unificador aparece un mosaico de colores, formas, texturas y vol&uacute;menes, que acaban construyendo realidades y relatos enormemente dispares. Dinamarca gasta en cuidados de larga duraci&oacute;n (lo que aqu&iacute; entendemos por &ldquo;dependencia&rdquo;) casi un 2.5% de su Producto Interior Bruto, Espa&ntilde;a apenas supera el 0.5%. En Dinamarca un 18% de las personas mayores de 65 a&ntilde;os reciben asistencia a domicilio o institucional, en Polonia poco m&aacute;s del 2%. En Alemania o Austria ni&ntilde;os y ni&ntilde;as se escolarizan tarde y las madres tienen facilidades para ausentarse del mercado laboral durante esos a&ntilde;os, en Italia o Espa&ntilde;a la escolarizaci&oacute;n es temprana y universal pero pr&aacute;cticamente no existen medidas que permitan la conciliaci&oacute;n entre la vida familiar y la laboral cuando hay ni&ntilde;os/as por debajo de la edad escolar. En Inglaterra un 20% de las cuidadoras en residencias son de origen extranjero, en Espa&ntilde;a &eacute;ste porcentaje es inapreciable y en cambio tenemos la proporci&oacute;n m&aacute;s elevada de personas (en su mayor&iacute;a mujeres extranjeras) cuidando en hogares privados.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/36964dd3-270f-42dc-8db6-2ade602160e2_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/1a0dcb22-9e3a-4f9b-9006-9eb416654201_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Estas diferencias y muchas m&aacute;s tienen implicaciones evidentes en cuanto al alcance y la calidad de prestaciones y servicios, la segmentaci&oacute;n en el mercado laboral y los roles de g&eacute;nero.
    </p><p class="article-text">
        Por toda esta complejidad y diversidad nuestro libro, distribuido en un total de 14 cap&iacute;tulos escritos por 16 investigadoras/es de distintos centros de investigaci&oacute;n europeos, no alcanza unas conclusiones que permitan cerrar argumentos. M&aacute;s bien, pone sobre la mesa las piezas del puzle con &aacute;nimo de ofrecer pistas sobre pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y formas de organizaci&oacute;n social que permiten crecimientos m&aacute;s o menos arm&oacute;nicos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/reto-politicas-cuidado-europa_1_4426590.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Jan 2015 19:59:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El reto de las políticas de cuidado en Europa]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[GRÁFICOS: Un nuevo modelo social]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/graficos-informe-crisis_1_4537410.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social muestra hasta qué punto es necesaria la reconstrucción de las bases que sostienen nuestro modelo productivo y nuestras estructura social.</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;<em>El VII Informe FOESSA sobre Exclusi&oacute;n y Desarrollo Social en Espa&ntilde;a no es un informe sobre la crisis</em>&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la frase introductoria de los 8 cap&iacute;tulos y m&aacute;s de 600 p&aacute;ginas <a href="http://foessa2014.es/informe/index.php" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del &uacute;ltimo informe FOESSA</a>. Todos los informes anteriores de esta Fundaci&oacute;n, incluso los escritos cuando las cosas nos iban tan bien (<a href="http://www.foessa.es/publicaciones_periodicas.aspx" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el VI Informe se public&oacute; en el 2008</a>), han venido hablando met&oacute;dicamente de los procesos excluyentes que han recorrido siempre nuestro desarrollo econ&oacute;mico y social. Se retratan problemas sociales que vienen de lejos. Lo que vemos en estos &uacute;ltimos seis a&ntilde;os es un agravamiento de estos procesos. Pero si la crisis no es la causa, su salida tampoco traer&aacute; la soluci&oacute;n a las profundas grietas de cohesi&oacute;n social. Es necesario un replanteamiento profundo sobre los cimientos que sostienen nuestro modelo productivo y nuestra estructura social.
    </p><p class="article-text">
        A modo de resumen, los redactores del informe formulan 10 preguntas a las que corresponden a su vez 10 gr&aacute;ficos con los aspectos m&aacute;s destacados de cada uno de los cap&iacute;tulos. Los comentamos brevemente.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;De verdad somos una sociedad tan desigual?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6ebcb2fe-c9e4-48e3-bb0f-b0e8ed406c02_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a siempre ha sido un pa&iacute;s muy desigual. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os las grietas de la cohesi&oacute;n social se han hecho m&aacute;s pronunciadas. Desde 2007 Espa&ntilde;a se ha convertido en uno de los pa&iacute;ses de la UE-27 con un reparto m&aacute;s inequitativo de la renta (seg&uacute;n el &iacute;nidce Gini 2008-2012).
    </p><h4 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo salimos de esta crisis en t&eacute;rminos de pobreza y exclusi&oacute;n social?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/6fd50376-e4f8-48a6-acd1-0df38812db29_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Entre 2007 y 2013 la fractura social ha aumentado de forma considerable. En 2007, un 16,3% de la poblaci&oacute;n se encontraba en situaci&oacute;n de &lsquo;exclusi&oacute;n severa y moderada&rsquo;, mientras que en 2013 el porcentaje sobre el total de la poblaci&oacute;n aument&oacute; a m&aacute;s del 25%. Adem&aacute;s, hay m&aacute;s de un 40% de la poblaci&oacute;n (2013) en situaci&oacute;n de &ldquo;integraci&oacute;n precaria&rdquo; debida sobre todo a salarios bajos e inestabilidad laboral.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; es lo que ha funcionado mal?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a461bda5-ef7b-4fc7-9c2e-f1bab53b6d5e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La exclusi&oacute;n del empleo se ha consolidado como la dimensi&oacute;n m&aacute;s importante entre la exclusi&oacute;n social.Pasando de un 16,9% en 2007 al 41,5% en 2013. Pero a&uacute;n siendo la m&aacute;s importante, no es la &uacute;nica. Durante esta crisis la exclusi&oacute;n de la vivienda alcanza a un 29,2% de la pobalci&oacute;n y la exclusi&oacute;n de la salud a un 19,8%.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;A qui&eacute;n ha afectado en mayor medida?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bfd6d0d0-9387-4123-8f71-22ce959c1157_9-16-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Los j&oacute;venesde entre 19 y 29 a&ntilde;os y  los menores de 18, son los grupos de edad en situaci&oacute;n de mayor vulnerabilidad. Adem&aacute;s, el proceso de exclusi&oacute;n se intensifica ante la falta de estudios obligatorios y afecta desproporcionadamente a las personas de nacionalidad extranjera.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Qu&eacute; consecuencias ha tenido en t&eacute;rminos de renta en las familias espa&ntilde;olas?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/c9b6c58e-eb34-4bf4-b108-fa8b458c4a0c_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Si observamos la evoluci&oacute;n de las rentas familiares en Espa&ntilde;a, con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida, observamos c&oacute;mo la recesi&oacute;n ha afectado m&aacute;s duramente a las familias de menor renta. La transici&oacute;n de decilas de renta media hacia decilas m&aacute;s bajas se ha visto favorecida mientras que transiciones de abajo hacia arriba (m&aacute;s frecuentes antes de la crisis) se han visto m&aacute;s limitadas.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Qui&eacute;n ha ganado m&aacute;s y qui&eacute;n ha perdido m&aacute;s?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/de799cde-1440-4614-9b5e-47702cc4d87e_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        la crisis no la sufrimos todos por igual. El 10% de mayores ingresos se ha movido poco, incluso ha podido aumentar, mientras que el 10% de menores ingresos ha continuado bajando.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Ser&aacute; un problema de nuestro sistema productivo?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/0fd23d75-444e-4293-8705-0aa289b9096b_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        La inestabilidad en los ingresos y nuestra estructura ocupacional son en buena parte responsable de esta inequidad en la distribuci&oacute;n de la renta. En relaci&oacute;n con esta &uacute;ltima, en t&eacute;rminos comparados (EU-27) tenemos un mayor peso de las ocupaciones manuales (en el 2007 el volumen de empleo en el sector de la construcci&oacute;n era el m&aacute;s elevado de Europa) y un menor peso, en t&eacute;rminos relativos, de las ocupaciones no manuales, en especial de las de mayor cualificaci&oacute;n). Al depender tanto de sectores productivos muy ligados a ciclos econ&oacute;micos, la crisis ha destruido empleos en Espa&ntilde;a en mucha mayor medida que otros pa&iacute;ses.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;Dime cuando has nacido y te dir&eacute; la tasa de empleo a lo largo de tu vida?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/ea9d3626-e373-456f-9769-19d7e23b3d37_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Las cohortes j&oacute;venes tienen unas tasas de ocupaci&oacute;n muy inferiores a las de generaciones anteriores.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2b7ab45b-ca2f-4f65-9279-81e57e442069_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por g&eacute;nero, si bien se ha destruido m&aacute;s empleo masculino que femenino, los a&ntilde;os de la crisis han supuesto un freno a la trayectoria ascendente continuada en la incorporaci&oacute;n de las mujeres al mercado laboral.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo hemos sido capaces de resistir?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d8c1f083-064c-4857-aaab-b7653ed880be_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; papel juega el Estado de Bienestar en la reducci&oacute;n de la desigualdad y la pobreza? El gr&aacute;fico muestra c&oacute;mo las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas han perdido capacidad redistributiva desde el inicio de la crisis hasta el 2013. El porcentaje de hogares que son receptores de ayudas pasa de un 29,9% en 2007, a un 23,1% en 2009 y un 17,8% en 2013, que es cuando en realidad aumenta el n&uacute;mero de hogares en situaci&oacute;n de vulnerabilidad. Sin embargo, la ayuda m&aacute;s significativa viene de &ldquo;ayuda mutua&rdquo;, es decir, el apoyo de la red familiar y comunitaria (43,4% en el 2007, un 50,1% en 2009 y un 52,6% en 2013) que act&uacute;a como elemento amortiguador en un momento de claro retroceso de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas y encrudecimiento de los fen&oacute;menos de exclusi&oacute;n social.
    </p><h4 class="article-text">&iquest;C&oacute;mo deber&iacute;a ser nuestro modelo de sociedad?</h4><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/48bfecbc-dded-46e8-bad7-02082555b848_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, analizando los datos de opini&oacute;n del CIS del 2011, el Informe Foessa destaca el abismo que parece existir entre el tipo de estructura social que tenemos, que se asemeja a los modelos m&aacute;s desigualitarios, en forma piramidal: una peque&ntilde;a &eacute;lite en la cima y un amplio n&uacute;mero de personas en la base. Y el que en realidad nos gustar&iacute;a tener: una organizaci&oacute;n social de &ldquo;clases medias&rdquo;, con una distribuci&oacute;n equilibrada entre la c&uacute;spide y la base de la estructura. Es esta diferencia entre la<em> realidad</em> y el<em> deseo</em> la que bien podr&iacute;a albergar alguna oportunidad de cambio en el futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/graficos-informe-crisis_1_4537410.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Nov 2014 19:28:09 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[GRÁFICOS: Un nuevo modelo social]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que queda de la Ley de Dependencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/queda-ley-dependencia_1_5006902.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/818c6a03-bd5e-4e25-bbd7-580cb756633b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que queda de la Ley de Dependencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A golpe de real decreto-ley y de reducciones drásticas de partidas  presupuestarias, al Sistema para la Autonomía y la Atención a la  Dependencia se le está sometiendo a una muerte agónica</p></div><p class="article-text">
        Sabemos que hay distintas maneras de hacer pol&iacute;tica. Desde el 2011 en nuestro pa&iacute;s se han introducido nuevas Leyes Org&aacute;nicas o modificado otras ya existentes que han alterado profundamente tanto el reconocimiento de derechos sociales como su articulaci&oacute;n en pol&iacute;ticas concretas. Con el anteproyecto de ley del aborto, la nueva ley de seguridad ciudadana, la ley para la mejora del sistema educativo o la nueva ley de reforma del gobierno local, es relativamente f&aacute;cil entender qu&eacute; cambia, d&oacute;nde est&aacute; el antes y el despu&eacute;s de la iniciativa legisladora, qu&eacute; perdemos y qu&eacute; supuestamente ganamos.
    </p><p class="article-text">
        Pero se hace tambi&eacute;n pol&iacute;tica cuando, manteniendo la norma intacta, se articulan estrategias menos expuestas al escrutinio p&uacute;blico de desmantelamiento progresivo y sistem&aacute;tico de los sistemas y mecanismos que ponen en pr&aacute;ctica una ley, que garantizan el acceso a un derecho. Esto es exactamente lo que ha sucedido con Ley 39/2006 del 14 de diciembre de promoci&oacute;n de la autonom&iacute;a personal y atenci&oacute;n a las personas en situaci&oacute;n de dependencia. A golpe de real decreto-ley y de reducciones dr&aacute;sticas de partidas presupuestarias, al Sistema para la Autonom&iacute;a y la Atenci&oacute;n a la Dependencia se le est&aacute; sometiendo a una muerte ag&oacute;nica.  
    </p><p class="article-text">
        El RD-ley 20/2011 y RD-ley 20/2012 combinados, escond&iacute;an tras una supuesta &ldquo;racionalizaci&oacute;n y sostenibilidad del sistema&rdquo; el ahorro del gasto estatal en dependencia fundamentalmente de tres maneras: una, disminuyendo los niveles de protecci&oacute;n (se reduce en un 15% las cuant&iacute;as de las prestaciones, - situando la cuant&iacute;a m&iacute;nima y m&aacute;xima para una prestaci&oacute;n para cuidado no profesional en 300 y 442 euros respectivamente- y se suprime la aportaci&oacute;n estatal a las cotizaciones de las cuidadoras familiares); dos, impidiendo la entrada de nuevos beneficiarios y expulsando a otros a quienes ya se les hab&iacute;a concedido la titularidad del derecho; y tres, suprimiendo el nivel acordado de financiaci&oacute;n a las Comunidades Aut&oacute;nomas. (V&eacute;ase para m&aacute;s detalle el &uacute;ltimo dict&aacute;men del Observatorio de la Dependencia en su &uacute;ltimo dict&aacute;men -<a href="http://bit.ly/1b40fQX" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://bit.ly/1b40fQX</a>).
    </p><p class="article-text">
        A consecuencia de estas medidas, la lista de espera para acceder al sistema de la dependencia se ha reducido en un 37% con datos de este mes de enero, no porque haya una mayor agilidad y eficacia en la tramitaci&oacute;n como orgullosa declaraba hace unas semanas la Ministra sino porque se han tachado a miles de personas de la lista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Entonces &iquest;en qu&eacute; punto nos encontramos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, hemos recortado en una partida presupuestaria que ya estaba en unos niveles de gasto &iacute;nfimos: como muestra el gr&aacute;fico gastamos por debajo del 1% del PIB en cuidados de larga duraci&oacute;n, s&oacute;lo por encima de Portugal, Rep&uacute;blica Checa, Eslovaquia, Hungr&iacute;a y Polonia.  Si lo miramos en gasto per c&aacute;pita, somos el sexto pa&iacute;s por la cola entre los pa&iacute;ses de la OCDE. En consecuencia, tenemos unos &iacute;ndices de cobertura (entendido por la proporci&oacute;n de personas en situaci&oacute;n de necesidad en relaci&oacute;n a los servicios disponibles) en sus niveles m&iacute;nimos. De la escasez de servicios p&uacute;blicos se desprende el tama&ntilde;o del sector de cuidados en la estructura ocupacional espa&ntilde;ola: las personas empleadas en el sector formal de cuidados de larga duraci&oacute;n  apenas supera el 1% de la poblaci&oacute;n activa, de nuevo por debajo de la gran mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses desarrollados. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Gasto en cuidados larga duraci&oacute;n, como porcentaje del PIB, 2010</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/8d90b198-453e-40d6-89d8-bc80cac53b10_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt=""
                >

            
            </picture>

            
            
            
                </figure><p class="article-text">
        En segundo lugar, esta exigua oferta de servicios, prestaciones o trabajos dedicados a lo que llamamos &lsquo;dependencia&rsquo; contrasta con una creciente demanda provocada por nuestro progresivo envejecimiento, la incorporaci&oacute;n de las mujeres al mercado de trabajo y cambios en las pautas socio-demogr&aacute;ficas de la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar,  tras unos (pocos) a&ntilde;os en los que pensamos que ser&iacute;amos capaces de desarrollar una pol&iacute;tica de cuidados equitativa y universal integrada en el seno de nuestro estado de bienestar, volvemos exactamente al punto en el que est&aacute;bamos: a las familias, que con sus medios y su capital humano hacen frente a un problema que pese a tener magnitud social, lo seguimos considerando privado. S&oacute;lo as&iacute; se explican las cerca de 700,000 personas, fundamentalmente mujeres y de origen inmigrante en su mayor&iacute;a, que trabajan en el sector dom&eacute;stico seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos de la EPA, de las cuales solamente unas 400,000 est&aacute;n afiliadas a la Seguridad Social.
    </p><p class="article-text">
        Esto nos puede ir m&aacute;s o menos bien en cuanto que ahorramos en pol&iacute;ticas que son costosas desde un punto de vista meramente econ&oacute;mico. Pero el ahorro sale caro socialmente: en desigualdades sociales, en calidad del servicio, en precarizaci&oacute;n de una mano de obra que de otra forma podr&iacute;a no estarlo. En definitiva, en pasarnos la vida tapando agujeros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/queda-ley-dependencia_1_5006902.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 26 Feb 2014 19:07:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/818c6a03-bd5e-4e25-bbd7-580cb756633b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="43659" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/818c6a03-bd5e-4e25-bbd7-580cb756633b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="43659" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que queda de la Ley de Dependencia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/818c6a03-bd5e-4e25-bbd7-580cb756633b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos pasos hacia adelante, tres pasos hacia atrás: trayectorias de gasto social desde el inicio de la crisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/pasos-adelante-trayectorias-social-inicio_1_5839646.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b742f221-9270-4736-b8de-cb6212e2a633_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Dos pasos hacia adelante, tres pasos hacia atrás: trayectorias de gasto social desde el inicio de la crisis"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué implica la reducción generalizada y transversal del gasto público en las políticas sociales?</p><p class="subtitle">Según Ana M. Guillén y Marga León, los recortes devuelven los presupuestos sociales a niveles de hace más de una década, cuando España estaba a la cola de los sistemas de bienestar europeos.</p></div><p class="article-text">
        Los presupuestos de la &ldquo;recuperaci&oacute;n&rdquo; 2014 contin&uacute;an siendo, por quinto a&ntilde;o consecutivo, los presupuestos de la recesi&oacute;n econ&oacute;mica. Lo que en el 2010, 2011, incluso 2012, se justificaba como una austeridad dolorosa pero moment&aacute;nea se presenta ahora con un car&aacute;cter m&aacute;s bien indefinido. Las reformas que afectan a nuestro Estado de bienestar se plantean por parte de prestamistas y ejecutores como medidas estructurales, de ajuste, de racionalizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        En realidad, salvo en contadas ocasiones, lo que viene sucediendo con asombrosa rapidez desde finales de 2010 es una fuerte contracci&oacute;n del gasto para hacer frente a los imperativos de contenci&oacute;n del d&eacute;ficit. El Estado de bienestar, y el sector p&uacute;blico en general, se ha convertido en una de las fuentes principales de ahorro fiscal, y este es un papel cuando menos dif&iacute;cil de compaginar con aquel de redistribuci&oacute;n de la riqueza que en principio le corresponde. Pero &iquest;qu&eacute; implica esta reducci&oacute;n generalizada y transversal del gasto p&uacute;blico en las pol&iacute;ticas sociales?
    </p><p class="article-text">
        Un an&aacute;lisis exclusivamente basado en el gasto es en exceso reduccionista, ya que no da cuenta ni de c&oacute;mo se distribuye ni de cu&aacute;l es el contexto. Estados Unidos, por ejemplo, tiene un gasto sanitario p&uacute;blico similar al de Suecia pero consigue unos &iacute;ndices de cobertura muy inferiores a la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de la UE. Espa&ntilde;a, por otro lado, gasta mucho en desempleo, no porque dispongamos de las prestaciones m&aacute;s generosas sino porque tenemos, huelga decirlo, mucho paro. 
    </p><p class="article-text">
        Conviene, por lo tanto, acompa&ntilde;ar el estudio de los n&uacute;meros con an&aacute;lisis de car&aacute;cter m&aacute;s cualitativo. No obstante, y teniendo en cuenta esta limitaci&oacute;n, la evoluci&oacute;n del gasto social desde el inicio de la crisis s&iacute; que permite responder a preguntas que se suceden en el &aacute;mbito pol&iacute;tico, medi&aacute;tico y a pie de calle: &iquest;gastamos m&aacute;s, menos, o m&aacute;s o menos igual que pa&iacute;ses con una riqueza similar a la nuestra? &iquest;Reducimos ahora gasto porque durante la d&eacute;cada anterior nos dedicamos a despilfarrar los recursos p&uacute;blicos? &iquest;Qu&eacute; ocurre si ahora tenemos menos dinero para financiar nuestros programas sociales?
    </p><p class="article-text">
        Nos proponemos realizar una mirada a la trayectoria de gasto en los diferentes &aacute;mbitos del Estado de bienestar, utilizando como medida no la tradicional de gasto en proporci&oacute;n al Producto Interior Bruto, por ser &eacute;sta vulnerable a las subidas y bajadas del PIB (en un contexto de crisis, el porcentaje de gasto puede permanecer inalterado y en cambio tratarse de presupuestos mucho menores), sino el gasto en relaci&oacute;n a los est&aacute;ndares de poder adquisitivo, m&aacute;s sensible al momento del ciclo econ&oacute;mico. 
    </p><p class="article-text">
        En pr&aacute;cticamente todas las partidas de gasto, la pauta es siempre la misma: durante la d&eacute;cada inmediatamente anterior a la crisis &lsquo;crecimos&rsquo; m&aacute;s que la media de la UE-15. Esto no nos situ&oacute; en un umbral de gasto superior al de otros pa&iacute;ses europeos, sino que nos permiti&oacute; acortar las distancias. A partir de 2010, el crecimiento se paraliza hasta convertirse incluso en decrecimiento. En cuesti&oacute;n de dos, tres o cuatro a&ntilde;os, perdemos la distancia que previamente hab&iacute;amos conseguido recuperar: nuestra bicicleta sube la cuesta arriba sin cambiar de marchas. 
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Eurostat, el gasto anual en sanidad, por ejemplo, aument&oacute; como media entre el 2000 y el 2007 un +4.4% (+ 2.9% para la EU-15). Este aumento hizo que en Espa&ntilde;a el gasto sanitario per c&aacute;pita pasara de representar el 70% de la media de la UE-15 al inicio de la d&eacute;cada a convertirse en el 80% en el 2007. Sin embargo, entre el 2007 y el 2010 el crecimiento medio anual pas&oacute; a ser de +1.6% (un +3.1% para la media de la UE-15). 
    </p><p class="article-text">
        A partir del 2011 el crecimiento se vuelve negativo. La diferencia porcentual entre 2011 y 2013 era de -3%, seg&uacute;n fuentes del Ministerio de Hacienda. Como resultado, la distancia con la media de los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea comienza a aumentar de nuevo a los niveles de partida del a&ntilde;o 2000. En educaci&oacute;n la pauta es casi id&eacute;ntica: entre el 2000 y el 2007 el gasto creci&oacute; m&aacute;s del doble que la media de la UE-15, con lo que pasamos de representar el 74% de la media de la EU-15 a un 87.5% en el 2007. 
    </p><p class="article-text">
        Las dr&aacute;sticas reducciones presupuestarias de los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os y un cierto mantenimiento del gasto en el resto de los pa&iacute;ses comunitarios (exceptuando Europa del Este y del Sur, aunque tambi&eacute;n Reino Unido e Irlanda han acometido recortes considerables) han hecho que las distancias se alarguen de nuevo. En materia de pol&iacute;ticas asistenciales el contraste es a&uacute;n mayor al ser el punto de partida muy inferior.
    </p><p class="article-text">
         A comienzos de la d&eacute;cada, lo que Espa&ntilde;a destinaba a pol&iacute;ticas de familia y contra la pobreza y la exclusi&oacute;n no llegaba ni al 40% de la media europea. En el 2007 la situaci&oacute;n mejor&oacute; considerablemente (pasando a representar el 56.8% y el 63.9% de la media de los pa&iacute;ses europeos occidentales). 
    </p><p class="article-text">
        Esta reducci&oacute;n de las distancias se consigui&oacute; con unas tasas de crecimiento muy elevadas en los a&ntilde;os anteriores a la crisis, partiendo, insistimos, de que la inversi&oacute;n p&uacute;blica en estos &aacute;mbitos era m&iacute;nima. Sin embargo, la tendencia tambi&eacute;n aqu&iacute; corre ahora en direcci&oacute;n contraria. De hecho, fueron estas pol&iacute;ticas m&aacute;s perif&eacute;ricas al entramado del sistema de bienestar espa&ntilde;ol las primeras en sufrir las medidas de ajuste. Muchos programas han quedado en suspensi&oacute;n antes de completar su rodaje precisamente cuando resultan m&aacute;s necesarios.
    </p><p class="article-text">
        Volviendo a las preguntas que nos hac&iacute;amos al inicio, podemos afirmar que no ha habido, en ning&uacute;n momento de nuestra historia democr&aacute;tica, desproporci&oacute;n en lo que destinamos de las cuentas p&uacute;blicas al Estado de bienestar. En Espa&ntilde;a, y al contrario de lo que ha sucedido en Italia, por ejemplo, el contraste entre los &ldquo;escenarios precrisis&rdquo; y los &ldquo;escenarios crisis&rdquo; es fenomenal: en la pr&aacute;ctica totalidad de los presupuestos sociales, los recortes nos devuelven a niveles de hace m&aacute;s de una d&eacute;cada cuando est&aacute;bamos m&aacute;s bien a la cola de los sistemas de bienestar europeos. 
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, si bien es cierto que las presiones fiscales est&aacute;n presentes en toda Europa, los recortes no son en absoluto equiparables: la intensidad y profundidad de los que sufrimos &ldquo;en casa&rdquo; nos separa de una cierta tendencia convergente sostenida, no sin esfuerzo, desde los inicios de la democracia. 
    </p><p class="article-text">
        En tercer lugar, aunque en la gran mayor&iacute;a de los casos las reformas no han sido estructurales (por ejemplo, cambios en el acceso a los servicios), la mucho menor disponibilidad de recursos hace peligrar, a medio plazo, tanto el acceso como la calidad de servicios y prestaciones. Tema para otra discusi&oacute;n ser&iacute;a valorar el acierto de perseguir el equilibrio de los indicadores macroecon&oacute;micos a trav&eacute;s de los recortes y no a trav&eacute;s de los ingresos, incluyendo tanto la recaudaci&oacute;n fiscal como el cambio hacia un modelo m&aacute;s productivo y sostenible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Guillén, Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/impacto_social/pasos-adelante-trayectorias-social-inicio_1_5839646.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Oct 2013 18:09:17 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b742f221-9270-4736-b8de-cb6212e2a633_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="163163" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b742f221-9270-4736-b8de-cb6212e2a633_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="163163" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Dos pasos hacia adelante, tres pasos hacia atrás: trayectorias de gasto social desde el inicio de la crisis]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b742f221-9270-4736-b8de-cb6212e2a633_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Impacto social]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El secuestro de las políticas sociales]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/secuestro-politicas-sociales_132_5695550.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ccb794a3-ebbd-4764-9948-745625da6503_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El secuestro de las políticas sociales"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A pesar de llevar casi cinco años, la crisis no ha abierto ventana alguna de oportunidad</p><p class="subtitle">Se ha relegado definitivamente el modelo social a un segundo plano a favor de la estabilidad económica de la eurozona</p><p class="subtitle">La crisis hubiera llegado de otra manera si la espectacular creación de  puestos de trabajo durante los tiempos de bonanza hubiera sacrificado cantidad por calidad</p></div><p class="article-text">
        Hace unas semanas el l&iacute;der de la Confederaci&oacute;n de Sindicatos irlandeses, David Begg, desataba la pol&eacute;mica al afirmar que la troika hab&iacute;a hecho m&aacute;s da&ntilde;o a su pa&iacute;s que 800 a&ntilde;os de ocupaci&oacute;n brit&aacute;nica. Irlanda, pa&iacute;s donde con m&aacute;s diligencia se aplicaron las recetas de austeridad europeas y el rescate a los bancos, sigue sin ver la salida. Los recortes en salarios y prestaciones sociales y las subidas de impuestos directos e indirectos han hecho caer el consumo, han multiplicado el n&uacute;mero de personas insolventes, no corrigen el d&eacute;ficit y deprimen a&uacute;n m&aacute;s la econom&iacute;a. Nada que a Grecia, Portugal, Chipre, Espa&ntilde;a e Italia no les suene familiar.
    </p><p class="article-text">
        Estas recetas de austeridad impuestas por la Comisi&oacute;n Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional como respuesta a la crisis econ&oacute;mica conllevan un grado de intervenci&oacute;n sobre las pol&iacute;ticas sociales y laborales de estos pa&iacute;ses desconocido hasta fecha. El Pacto del Euro, el m&aacute;s reciente refuerzo del Pacto de Estabilidad y el llamado Semestre Europeo act&uacute;an directamente sobre los niveles de gasto social, el d&eacute;ficit y la deuda p&uacute;blica. Exigen la modificaci&oacute;n de las condiciones de elegibilidad y cobertura de los sistemas nacionales de pensiones y salud p&uacute;blica, y la desregulaci&oacute;n de los mercados de trabajo a trav&eacute;s de la descentralizaci&oacute;n de los convenios colectivos y la revisi&oacute;n de la indexaci&oacute;n de los salarios. 
    </p><p class="article-text">
        A su vez, se produce un cambio significativo en el protagonismo de los actores dominantes: la toma de decisiones sobre la agenda social pasa de las manos de los titulares de empleo y asuntos sociales, que sol&iacute;an consensuar en mayor o menor grado sus intervenciones con los agentes sociales, a manos de los responsables de finanzas de cada estado miembro. 
    </p><p class="article-text">
        La injerencia de la troika en los estados de bienestar europeos tiene dos implicaciones importantes relacionadas entre s&iacute;: en primer lugar se relega definitivamente el modelo social a un segundo plano a favor de la estabilidad econ&oacute;mica de la eurozona; en segundo lugar, se produce una p&eacute;rdida de soberan&iacute;a nacional considerable al devaluarse el principio de subsidiariedad que hasta la llegada de la crisis hab&iacute;a prevalecido sobre las principales pol&iacute;ticas sociales. En los pa&iacute;ses del Sur de Europa al igual que Irlanda, la mayor intrusi&oacute;n de las instituciones europeas en las finanzas y las pol&iacute;ticas sociales nacionales se produce en paralelo a un debilitamiento considerable del di&aacute;logo y la concertaci&oacute;n social. Ambos aspectos suscitan cada vez m&aacute;s dudas sobre la legitimidad democr&aacute;tica de los procedimientos y medidas puestos en marcha.
    </p><p class="article-text">
        El Modelo Social Europeo ha pasado por momentos de m&aacute;s o menos impulso. A pesar de agendas europeas de marcado car&aacute;cter social, sobre todo en el periodo de posguerra, el proceso de europeanizaci&oacute;n ha avanzado siempre m&aacute;s r&aacute;pidamente en materia de integraci&oacute;n econ&oacute;mica y monetaria, encontrando muchos m&aacute;s obst&aacute;culos en el camino hacia la integraci&oacute;n social. Las distintas trayectorias de los estados de bienestar europeos, sus diferencias en los principios y las filosof&iacute;as que los sustentan, los desiguales niveles impositivos y de cobertura y de apoyo por parte de la ciudadan&iacute;a, han hecho desde un principio dif&iacute;cil la convergencia europea en materia social y del todo impracticable tras la ampliaci&oacute;n de la Uni&oacute;n hasta llegar a los 27 pa&iacute;ses. 
    </p><p class="article-text">
        A excepci&oacute;n de los temas relacionados con salud y seguridad en el empleo, y los vinculados al principio de igual salario por trabajo de igual valor, que s&iacute; son mandato de la Uni&oacute;n y por lo tanto los estados miembros pueden exponerse a sanciones en caso de no aplicar las directivas de obligado cumplimiento, el resto de los &aacute;mbitos de los sistemas de bienestar, desde pensiones y desempleo hasta salud, educaci&oacute;n y servicios sociales son competencia exclusiva de cada pa&iacute;s con sus correspondientes niveles de gobierno. Para no entrar en colisi&oacute;n con este principio de subsidiariedad en las pol&iacute;ticas sociales, el papel de la UE en estas materias se limita a proponer objetivos comunes, buenas pr&aacute;cticas y el intercambio de ideas y de experiencias. 
    </p><p class="article-text">
        El M&eacute;todo Abierto de Coordinaci&oacute;n ha sido el instrumento que mejor ha podido desarrollar una gobernanza europea por la v&iacute;a de la coordinaci&oacute;n gracias al voluntarismo de los actores implicados. Las Estrategias Europeas de Empleo contienen toda una serie de mecanismos para desarrollar el m&eacute;todo abierto. Nunca ha sido el m&aacute;s perfecto de los mundos, desde luego. Ha permitido por ejemplo que en muchos pa&iacute;ses, claramente el nuestro, el objetivo del crecimiento de empleo pasara por encima de la cohesi&oacute;n social. 
    </p><p class="article-text">
        La crisis hubiera llegado de otra manera si la espectacular creaci&oacute;n de puestos de trabajo durante los tiempos de bonanza hubiera sacrificado <em>cantidad </em>por <em>calidad.</em> Desde mediados de los 90, la Comisi&oacute;n Europea ven&iacute;a advirtiendo repetidamente a Espa&ntilde;a de que la flexibilidad en el mercado laboral era excesivamente insegura pero en el fondo aparec&iacute;a tambi&eacute;n dispuesta a aceptar el sacrificio y, en cualquier caso, los organismos europeos ten&iacute;an voz pero ning&uacute;n voto en el desarrollo de los modelos sociales (incluyendo al crecimiento econ&oacute;mico como parte del modelo social) de cada estado-naci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; era hasta que lleg&oacute; la crisis, la mayor&iacute;a conservadora-liberal en el Consejo de Ministros Europeos y las medidas de austeridad. Las reformas econ&oacute;micas y fiscales que ha puesto en marcha la UE en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os intervienen directamente en el gasto p&uacute;blico y en el dise&ntilde;o de los sistemas de protecci&oacute;n social. Ya no se trata de m&eacute;todos &ldquo;blandos&rdquo; de coordinaci&oacute;n sino que se imponen multas y sanciones para los pa&iacute;ses que no cumplan con los criterios fijados. El Pacto de Estabilidad establece l&iacute;mites para el d&eacute;ficit (el 3% del PIB) y la deuda (el 60% del PIB).
    </p><p class="article-text">
        Las medidas de austeridad son por una parte resultado de la imposibilidad de los pa&iacute;ses de ajustar sus mecanismos macroecon&oacute;micos al ciclo econ&oacute;mico y la, como hemos visto, m&aacute;s limitada capacidad de maniobra por imposici&oacute;n de la troika. Pero al mismo tiempo, en pa&iacute;ses como Italia y Espa&ntilde;a ha habido una clara alineaci&oacute;n ideol&oacute;gica en la construcci&oacute;n del argumento del &ldquo;no hay alternativa&rdquo;. El cambio en la manera de <em>hacer pol&iacute;tica</em> es igualmente evidente en el &aacute;mbito estatal. La introducci&oacute;n de las medidas de austeridad dr&aacute;sticas y altamente impopulares se han llevado a cabo precipitadamente y en ausencia de debate parlamentario, di&aacute;logo social o consenso pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tanto por la forma como por el fondo, parece que hemos entrado en la era de la tensi&oacute;n permanente. La austeridad se impone sin que haya ni un m&iacute;nimo atisbo de &ldquo;recalibrar&rdquo; el Estado de bienestar. Es decir, el retroceso en alcance y cobertura de prestaciones y servicios no viene compensado por intervenci&oacute;n alguna en &aacute;mbitos nuevos de pol&iacute;tica social o en la mejora de los existentes. A pesar de llevar casi 5 a&ntilde;os, la crisis no ha abierto ventana alguna de oportunidad. Las medidas de ajuste se han aplicado m&aacute;s f&aacute;cilmente en educaci&oacute;n y sanidad porque una reducci&oacute;n del gasto supone un ahorro inmediato, pero a largo plazo puede peligrar la universalidad de los sistemas. Medidas como el copago, la subida de las listas de espera en la sanidad, la reducci&oacute;n en personal, el aumento de las ratios en los colegios, paulatinamente obstaculizan el acceso a los servicios y deterioran la calidad de los mismos. En el caso espa&ntilde;ol los cambios introducidos desde 2010 son traum&aacute;ticos no s&oacute;lo por su magnitud sino porque parecen poner fin a casi tres d&eacute;cadas de esfuerzos continuados por modernizar y adecuar nuestras pol&iacute;ticas sociales.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ana M. Guillén, Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/secuestro-politicas-sociales_132_5695550.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 02 Jun 2013 18:14:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ccb794a3-ebbd-4764-9948-745625da6503_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="78126" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ccb794a3-ebbd-4764-9948-745625da6503_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="78126" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El secuestro de las políticas sociales]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ccb794a3-ebbd-4764-9948-745625da6503_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Proyecto Europeo,Europa,Paro,Estado del Bienestar,Políticas sociales,UE - Unión Europea]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saskia Sassen: Una mirada inteligente a las ciudades de la globalización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/sassen-estudios-urbanos-globalizacion-investigacion-y-genero_132_5683993.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Saskia Sassen: Una mirada inteligente a las ciudades de la globalización"></p><p class="article-text">
        Saskia Sassen ha sido galardonada con el premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Es la tercera mujer que recibe el premio en sus m&aacute;s de treinta ediciones y es la &uacute;nica acad&eacute;mica en el listado de los diez cient&iacute;ficos sociales m&aacute;s citados internacionalmente seg&uacute;n el r&aacute;nking ISI. Es de agradecer a los miembros del jurado tanto de la pasada edici&oacute;n, donde result&oacute; premiada la fil&oacute;sofa Martha Nussbaum como de &eacute;sta sus esfuerzos por visibilizar la labor de cient&iacute;ficas destacadas en una disciplina con una eleva presencia de mujeres.
    </p><p class="article-text">
        El acta del jurado destaca de Saskia Sassen &ldquo;su contribuci&oacute;n a la sociolog&iacute;a urbana y al an&aacute;lisis de las dimensiones social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de la globalizaci&oacute;n&rdquo;. Desde Pista Urbana queremos significar este premio por su valiosa aportaci&oacute;n al estudio y compresi&oacute;n de los cambios y transformaciones que tienen lugar en las ciudades como espacios donde se manifiestan las desigualdades sociales en su mayor crudeza pero tambi&eacute;n donde surgen lugares de encuentro y posibilidades de transformaci&oacute;n social. Las aportaciones tanto te&oacute;ricas como anal&iacute;ticas de Saskia Sassen  (<a href="http://www.saskiasassen.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.saskiasassen.com</a>) han traspasado felizmente las fronteras de disciplinas como la geograf&iacute;a humana, la sociolog&iacute;a urbana, la sociolog&iacute;a de las migraciones, la ciencia pol&iacute;tica y la econom&iacute;a pol&iacute;tica para establecer un di&aacute;logo que permite avanzar m&aacute;s all&aacute; de la con frecuencia excesiva parcelaci&oacute;n acad&eacute;mica. Con la fuerza de quien ha sido capaz de anticipar la profundidad de los cambios de nuestra &eacute;poca, Sassen insiste en la necesidad de entender las complejas din&aacute;micas destructoras y a la vez creativas de la globalizaci&oacute;n en los planos econ&oacute;mico-financiero, pol&iacute;tico, urbano y social como paso previo a la construcci&oacute;n de alternativas. En estos escenarios presentes y futuros, las ciudades y los territorios donde &eacute;stas se ubican, se convierten en nuevas zonas fronterizas, recuperan su protagonismo y su espacio en nuevas geopol&iacute;ticas del poder capaces de recuperar, de relocalizar, en palabras de Sassen, los sistemas econ&oacute;micos y productivos.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, su perspectiva cr&iacute;tica hacia la propia idea de &lsquo;ciudad global&rsquo; que ella misma acu&ntilde;&oacute;, hacia el capitalismo financiero, hacia las regulaciones de los flujos migratorios, y m&aacute;s recientemente hacia las pol&iacute;ticas de austeridad que impone la Uni&oacute;n Europea , la convierte en un singular referente para todas aquellas personas y grupos que, haciendo uso de las oportunidades que les brindan las redes y los medios tanto locales como globales,  reivindican un mundo urbano m&aacute;s habitable, m&aacute;s justo, m&aacute;s humano.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/sassen-estudios-urbanos-globalizacion-investigacion-y-genero_132_5683993.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 May 2013 12:37:26 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="155265" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="155265" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Saskia Sassen: Una mirada inteligente a las ciudades de la globalización]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saskia Sassen: Una mirada intel.ligent a les ciutats de la globalització]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/sassen-intelligent-ciutats-globalitzacio-investigacio-i-genere_132_5685801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Saskia Sassen: Una mirada intel.ligent a les ciutats de la globalització"></p><p class="article-text">
        Saskia Sassen ha estat guardonada amb el premi Pr&iacute;ncep d'Ast&uacute;ries de les Ci&egrave;ncies Socials. &Eacute;s la tercera dona que rep el premi en  m&eacute;s de trenta edicions i &eacute;s l'&uacute;nica acad&egrave;mica en el llistat dels deu cient&iacute;fics socials m&eacute;s citats internacionalment segons el r&agrave;nquing ISI. &Eacute;s d'agrair als membres del jurat, tant el de la passada edici&oacute;, on va resultar premiada la fil&ograve;sofa Martha Nussbaum, com el d'aquesta, els seus esfor&ccedil;os per fer visible la tasca de cient&iacute;fiques destacades en una disciplina amb una eleva pres&egrave;ncia de dones.
    </p><p class="article-text">
        L'acta del jurat destaca de Saskia Sassen &ldquo;la seva contribuci&oacute; a la sociologia urbana i l'an&agrave;lisi de les dimensions social, econ&ograve;mica i pol&iacute;tica de la globalitzaci&oacute;&rdquo;. Des de Pista Urbana volem significar aquest premi, per la seva valuosa aportaci&oacute; a l'estudi i la comprensi&oacute; dels canvis i les transformacions que tenen lloc en les ciutats, espais on es manifesten les desigualtats socials en la seva major cruesa, per&ograve; tamb&eacute; on sorgeixen llocs de trobada i possibilitats de transformaci&oacute; social. Les aportacions tant te&ograve;riques com anal&iacute;tiques de Saskia Sassen (<a href="http://www.saskiasassen.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.saskiasassen.com</a>) han traspassat feli&ccedil;ment les fronteres de disciplines com la geografia humana, la sociologia urbana, la sociologia de les migracions, la ci&egrave;ncia pol&iacute;tica, i l&rsquo;economia pol&iacute;tica per establir un di&agrave;leg que permet avan&ccedil;ar m&eacute;s enll&agrave; de la sovint excessiva parcel.laci&oacute; acad&egrave;mica. Amb la for&ccedil;a de qui ha estat capa&ccedil; d'anticipar la profunditat dels canvis de la nostra &egrave;poca, Sassen insisteix en la necessitat d'entendre les complexes din&agrave;miques destructores i alhora creatives de la globalitzaci&oacute; en els plans econ&ograve;mic-financer, pol&iacute;tic, urb&agrave; i social com pas previ a la construcci&oacute; d'alternatives. En aquests escenaris presents i futurs, les ciutats i els territoris on aquestes s'ubiquen es converteixen en noves zones frontereres, recuperen el seu protagonisme i el seu espai en noves geopol&iacute;tiques del poder capaces de recuperar, de relocalitzar, en paraules de Sassen, els sistemes econ&ograve;mics i productius.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la seva perspectiva cr&iacute;tica vers la pr&ograve;pia idea de 'ciutat global' que ella mateixa va encunyar, cap al capitalisme financer, cap a les regulacions dels fluxos migratoris, i m&eacute;s recentment cap a les pol&iacute;tiques d'austeritat que imposa la Uni&oacute; Europea, la converteix en un singular referent per a totes aquelles persones i grups que, fent &uacute;s de les oportunitats que els brinden les xarxes i els mitjans tant locals com globals, reivindiquen un m&oacute;n urb&agrave; m&eacute;s habitable, m&eacute;s just, m&eacute;s hum&agrave;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/sassen-intelligent-ciutats-globalitzacio-investigacio-i-genere_132_5685801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 May 2013 12:36:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="155265" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="155265" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Saskia Sassen: Una mirada intel.ligent a les ciutats de la globalització]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saskia Sassen: Una mirada intel·ligent a les ciutats de la globalització]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/saskia-sassen-intelligent-ciutats-globalitzacio_132_5714652.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Saskia Sassen: Una mirada intel·ligent a les ciutats de la globalització"></p><p class="article-text">
        Saskia Sassen ha estat guardonada amb el premi Pr&iacute;ncep  d'Ast&uacute;ries de les Ci&egrave;ncies Socials. &Eacute;s la tercera dona que rep el premi  en  m&eacute;s de trenta edicions i &eacute;s l'&uacute;nica acad&egrave;mica en el llistat dels deu  cient&iacute;fics socials m&eacute;s citats internacionalment segons el r&agrave;nquing ISI.  &Eacute;s d'agrair als membres del jurat, tant el de la passada edici&oacute;, on va  resultar premiada la fil&ograve;sofa Martha Nussbaum, com el d'aquesta, els  seus esfor&ccedil;os per fer visible la tasca de cient&iacute;fiques destacades en una  disciplina amb una eleva pres&egrave;ncia de dones.
    </p><p class="article-text">
        L'acta  del jurat destaca de Saskia Sassen &ldquo;la seva contribuci&oacute; a la sociologia  urbana i l'an&agrave;lisi de les dimensions social, econ&ograve;mica i pol&iacute;tica de la  globalitzaci&oacute;&rdquo;. Des de Pista Urbana volem significar aquest premi, per  la seva valuosa aportaci&oacute; a l'estudi i la comprensi&oacute; dels canvis i les  transformacions que tenen lloc en les ciutats, espais on es manifesten  les desigualtats socials en la seva major cruesa, per&ograve; tamb&eacute; on  sorgeixen llocs de trobada i possibilitats de transformaci&oacute; social. Les  aportacions tant te&ograve;riques com anal&iacute;tiques de Saskia Sassen (<a href="http://www.saskiasassen.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> www.saskiasassen.com</a>)  han traspassat feli&ccedil;ment les fronteres de disciplines com la geografia  humana, la sociologia urbana, la sociologia de les migracions, la  ci&egrave;ncia pol&iacute;tica, i l&rsquo;economia pol&iacute;tica per establir un di&agrave;leg que  permet avan&ccedil;ar m&eacute;s enll&agrave; de la sovint excessiva parcel.laci&oacute; acad&egrave;mica.  Amb la for&ccedil;a de qui ha estat capa&ccedil; d'anticipar la profunditat dels  canvis de la nostra &egrave;poca, Sassen insisteix en la necessitat d'entendre  les complexes din&agrave;miques destructores i alhora creatives de la  globalitzaci&oacute; en els plans econ&ograve;mic-financer, pol&iacute;tic, urb&agrave; i social com  pas previ a la construcci&oacute; d'alternatives. En aquests escenaris  presents i futurs, les ciutats i els territoris on aquestes s'ubiquen es  converteixen en noves zones frontereres, recuperen el seu protagonisme i  el seu espai en noves geopol&iacute;tiques del poder capaces de recuperar, de  relocalitzar, en paraules de Sassen, els sistemes econ&ograve;mics i  productius.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, la seva perspectiva  cr&iacute;tica vers la pr&ograve;pia idea de 'ciutat global' que ella mateixa va  encunyar, cap al capitalisme financer, cap a les regulacions dels fluxos  migratoris, i m&eacute;s recentment cap a les pol&iacute;tiques d'austeritat que  imposa la Uni&oacute; Europea, la converteix en un singular referent per a  totes aquelles persones i grups que, fent &uacute;s de les oportunitats que els  brinden les xarxes i els mitjans tant locals com globals, reivindiquen  un m&oacute;n urb&agrave; m&eacute;s habitable, m&eacute;s just, m&eacute;s hum&agrave;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/saskia-sassen-intelligent-ciutats-globalitzacio_132_5714652.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 May 2013 00:00:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="155265" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="155265" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Saskia Sassen: Una mirada intel·ligent a les ciutats de la globalització]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9e6a866d-e90f-4c0f-9bea-9f116620bd1b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si no existís la PAH]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/opinio_132_5677212.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40a03d23-312d-4368-8250-0ab8dbc3c2a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si no existís la PAH"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Plataforma d'Afectats per la Hipoteca (PAH) està jugant un paper decisiu en la mediació del conflicte actual sobre l'habitatge. La seva tasca no és merament reivindicativa. Estan posant en marxa solucions que donen resposta a la desesperació de cada vegada més gent. Algú "allà dalt" n’hauria d'estar prenent nota.</p></div><p class="article-text">
        Tres milions i mig de llocs de treball perduts des del comen&ccedil;ament de la crisi. Dos milions de llars sense cap font d'ingressos. Un creixement de gaireb&eacute; el 30% en la difer&egrave;ncia entre les rendes altes i les baixes. Un augment sense precedents en els &iacute;ndexs de pobresa i exclusi&oacute; social, amb una especial incid&egrave;ncia sobre els joves, les dones i les persones d'origen immigrant. Per a molts, la conseq&uuml;&egrave;ncia m&eacute;s dram&agrave;tica de la p&egrave;rdua d'ocupaci&oacute; ha estat i est&agrave; sent el desallotjament del seu habitatge per impagaments en la hipoteca. Un estudi del Col.legi de Registradors recentment publicat demostra que, nom&eacute;s al 2012, es van produir a Espanya m&eacute;s de 30.000 desnonaments a primers habitatges. 115 expropiacions di&agrave;ries. Una cada 15 minuts.
    </p><p class="article-text">
        No ve al cas explicar aqu&iacute; l'origen del problema, sobre el qual hi ha, d'altra banda, un cert consens: una llei hipotec&agrave;ria antiga, uns contractes abusius, una indefensi&oacute; absoluta per part dels afectats. Com a exemple paradigm&agrave;tic de pol&iacute;tica 'top down', el govern espanyol ha necessitat que el Tribunal de Just&iacute;cia Europeu sentenci&eacute;s que els procediments de desnonament per impagament d'una hipoteca s&oacute;n contraris a la legislaci&oacute; europea de protecci&oacute; dels consumidors per afirmar que cal canviar la llei .
    </p><p class="article-text">
        El proc&eacute;s que condueix al canvi legislatiu en aquesta mat&egrave;ria, per&ograve;, no es pot entendre sense el paper jugat per la Plataforma d'Afectats per la Hipoteca (PAH). Amb la seva acci&oacute; reivindicativa, la PAH ha aconseguit situar la problem&agrave;tica de l'habitatge (i m&eacute;s particularment, la dels desnonaments) en el centre de l'agenda pol&iacute;tica del pa&iacute;s. La ILP promoguda per la PAH i altres organitzacions, a favor de la daci&oacute; en pagament retroactiva, la paralitzaci&oacute; dels desnonaments i el foment del lloguer social, ha recollit prop d'un mili&oacute; i mig de signatures i ha aconseguit un evident suport social. El debat pol&iacute;tic i medi&agrave;tic giren avui al voltant de les mesures proposades per aquesta organitzaci&oacute;. Tot un &egrave;xit en un camp de pol&iacute;tica p&uacute;blica hist&ograve;ricament capturat pels interessos de l&rsquo;eix financer-immobiliari.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; m&eacute;s enll&agrave; de la 'baralla' pel canvi d'una norma sens dubte injusta, el que resulta realment innovador quant a din&agrave;miques socials i pol&iacute;tiques en un moment d'emerg&egrave;ncia social com el que vivim, &eacute;s la funci&oacute; que est&agrave; jugant la PAH en la mediaci&oacute; del conflicte i en la posada en marxa de solucions que donin resposta a la desesperaci&oacute; que viuen milers de ciutadans. Les retallades que venim patint des del 2010 sota l'eufemisme de la racionalitzaci&oacute; de la despesa no s'han vist compensades per cap mesura dirigida a esmorteir les conseq&uuml;&egrave;ncies de la crisi. Aix&iacute; les coses, les pol&iacute;tiques socials semblen evaporar-se just quan m&eacute;s les necessitem. Serveixi d'exemple la retallada en m&eacute;s d'un 50% del fons per donar suport a la recepci&oacute; i la integraci&oacute; social dels immigrants, en un moment en qu&egrave; gaireb&eacute; la meitat d'aquest col.lectiu s'ha quedat sense feina.
    </p><p class="article-text">
        Mentre les pol&iacute;tiques socials retrocedeixen, moviments com la PAH avancen amb for&ccedil;a no nom&eacute;s per la seva tasca de den&uacute;ncia de les injust&iacute;cies i de reivindicaci&oacute; de noves pol&iacute;tiques, sin&oacute; tamb&eacute; pel desplegament d'una important funci&oacute; social que, malgrat les seves limitacions, tracta de contrarestar els efectes de la par&agrave;lisi institucional. L'acci&oacute; de la PAH ha actuat com a esper&oacute; perqu&egrave; les administracions locals es posicionin i assumeixin responsabilitats en un assumpte que desborda el seu marc competencial. Els blocs d'habitatges ocupats en el marc de la campanya de reallotjaments de l'Obra Social de la PAH compleixen una funci&oacute; redistributiva que les administracions haurien d'estar assumint ara m&eacute;s que mai. En abs&egrave;ncia d'actuaci&oacute; institucional, l'alternativa a les ocupacions col.lectives promogudes per la PAH &eacute;s la de l'ocupaci&oacute; individual, moguda &uacute;nicament i exclusiva per la desesperaci&oacute; personal, amb possibles efectes negatius sobre la conviv&egrave;ncia ve&iuml;nal. A la PAH li hem d'agrair tamb&eacute; la seva important tasca d'articulaci&oacute; de xarxes de solidaritat i de reciprocitat entre diferents col.lectius, amb independ&egrave;ncia del seu origen. Si en els barris m&eacute;s vulnerables de les nostres ciutats, amb una forta concentraci&oacute; de poblaci&oacute; immigrada d'origen extracomunitari, no ha esclatat el conflicte inter&egrave;tnic malgrat el context actual de forta escassetat, &eacute;s probablement per la funci&oacute; comunit&agrave;ria exercida per organitzacions com la PAH.
    </p><p class="article-text">
        A ning&uacute; pot sorprendre que la confian&ccedil;a de la ciutadania en l'aparell de l'Estat estigui sota m&iacute;nims. Una confian&ccedil;a que &eacute;s inversament proporcional a la que mostra per organitzacions no governamentals, amb la PAH al capdavant (m&eacute;s d'un 70% de suport, segons una enquesta recent de  Metroscopia per a El Pa&iacute;s sobre l'11% que donava suport a la tasca del govern). En aquests moments la PAH, amb vincles clars amb el 15M, &eacute;s segurament la millor evid&egrave;ncia que no &eacute;s la democr&agrave;cia el que est&agrave; en crisi, sin&oacute; les institucions que la representen. Com afirma Joan Subirats (<a href="http://bit.ly/14ZJm7E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> http://bit.ly/14ZJm7E</a>) la traject&ograve;ria de la PAH at&eacute;n a un cert paradigma de creaci&oacute; d'espais de nova democr&agrave;cia, una nova aura col.lectiva. Amb les seves formes d'organitzaci&oacute;, de presa de decisions, de gesti&oacute; del conflicte, la PAH est&agrave; contribuint a generar, com reflexionava Guillem Mart&iacute;nez fa uns dies (<a href="http://bit.ly/ZJcEXm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> http://bit.ly/ZJcEXm</a>), un nou proc&eacute;s constituent marcat per la lluita per una major just&iacute;cia social, pol&iacute;tica i jur&iacute;dica davant d'un r&egrave;gim que s'enfonsa. I si no exist&iacute;s la PAH? Si no exist&iacute;s la PAH, caldria inventar-la.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ismael Blanco, Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/opinio_132_5677212.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 14 May 2013 23:19:35 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/40a03d23-312d-4368-8250-0ab8dbc3c2a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="196340" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/40a03d23-312d-4368-8250-0ab8dbc3c2a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="196340" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Si no existís la PAH]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/40a03d23-312d-4368-8250-0ab8dbc3c2a6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si no existís la PAH]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/existis-pah_132_5643685.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si no existís la PAH"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Plataforma d'Afectats per la Hipoteca (PAH) està jugant un paper decisiu en la mediació del conflicte actual sobre l'habitatge. La seva tasca no és merament reivindicativa. Estan posant en marxa solucions que donen resposta a la desesperació de cada vegada més gent. Algú "allà dalt" n’hauria d'estar prenent nota.</p></div><p class="article-text">
        Tres milions i mig de llocs de treball perduts des del comen&ccedil;ament de la crisi. Dos milions de llars sense cap font d'ingressos. Un creixement de gaireb&eacute; el 30% en la difer&egrave;ncia entre les rendes altes i les baixes. Un augment sense precedents en els &iacute;ndexs de pobresa i exclusi&oacute; social, amb una especial incid&egrave;ncia sobre els joves, les dones i les persones d'origen immigrant. Per a molts, la conseq&uuml;&egrave;ncia m&eacute;s dram&agrave;tica de la p&egrave;rdua d'ocupaci&oacute; ha estat i est&agrave; sent el desallotjament del seu habitatge per impagaments en la hipoteca. Un estudi del Col.legi de Registradors recentment publicat demostra que, nom&eacute;s al 2012, es van produir a Espanya m&eacute;s de 30.000 desnonaments a primers habitatges. 115 expropiacions di&agrave;ries. Una cada 15 minuts.
    </p><p class="article-text">
        No ve al cas explicar aqu&iacute; l'origen del problema, sobre el qual hi ha, d'altra banda, un cert consens: una llei hipotec&agrave;ria antiga, uns contractes abusius, una indefensi&oacute; absoluta per part dels afectats. Com a exemple paradigm&agrave;tic de pol&iacute;tica 'top down', el govern espanyol ha necessitat que el Tribunal de Just&iacute;cia Europeu sentenci&eacute;s que els procediments de desnonament per impagament d'una hipoteca s&oacute;n contraris a la legislaci&oacute; europea de protecci&oacute; dels consumidors per afirmar que cal canviar la llei .
    </p><p class="article-text">
        El proc&eacute;s que condueix al canvi legislatiu en aquesta mat&egrave;ria, per&ograve;, no es pot entendre sense el paper jugat per la Plataforma d'Afectats per la Hipoteca (PAH). Amb la seva acci&oacute; reivindicativa, la PAH ha aconseguit situar la problem&agrave;tica de l'habitatge (i m&eacute;s particularment, la dels desnonaments) en el centre de l'agenda pol&iacute;tica del pa&iacute;s. La ILP promoguda per la PAH i altres organitzacions, a favor de la daci&oacute; en pagament retroactiva, la paralitzaci&oacute; dels desnonaments i el foment del lloguer social, ha recollit prop d'un mili&oacute; i mig de signatures i ha aconseguit un evident suport social. El debat pol&iacute;tic i medi&agrave;tic giren avui al voltant de les mesures proposades per aquesta organitzaci&oacute;. Tot un &egrave;xit en un camp de pol&iacute;tica p&uacute;blica hist&ograve;ricament capturat pels interessos de l&rsquo;eix financer-immobiliari.
    </p><p class="article-text">
        Per&ograve; m&eacute;s enll&agrave; de la 'baralla' pel canvi d'una norma sens dubte injusta, el que resulta realment innovador quant a din&agrave;miques socials i pol&iacute;tiques en un moment d'emerg&egrave;ncia social com el que vivim, &eacute;s la funci&oacute; que est&agrave; jugant la PAH en la mediaci&oacute; del conflicte i en la posada en marxa de solucions que donin resposta a la desesperaci&oacute; que viuen milers de ciutadans. Les retallades que venim patint des del 2010 sota l'eufemisme de la racionalitzaci&oacute; de la despesa no s'han vist compensades per cap mesura dirigida a esmorteir les conseq&uuml;&egrave;ncies de la crisi. Aix&iacute; les coses, les pol&iacute;tiques socials semblen evaporar-se just quan m&eacute;s les necessitem. Serveixi d'exemple la retallada en m&eacute;s d'un 50% del fons per donar suport a la recepci&oacute; i la integraci&oacute; social dels immigrants, en un moment en qu&egrave; gaireb&eacute; la meitat d'aquest col.lectiu s'ha quedat sense feina.
    </p><p class="article-text">
        Mentre les pol&iacute;tiques socials retrocedeixen, moviments com la PAH avancen amb for&ccedil;a no nom&eacute;s per la seva tasca de den&uacute;ncia de les injust&iacute;cies i de reivindicaci&oacute; de noves pol&iacute;tiques, sin&oacute; tamb&eacute; pel desplegament d'una important funci&oacute; social que, malgrat les seves limitacions, tracta de contrarestar els efectes de la par&agrave;lisi institucional. L'acci&oacute; de la PAH ha actuat com a esper&oacute; perqu&egrave; les administracions locals es posicionin i assumeixin responsabilitats en un assumpte que desborda el seu marc competencial. Els blocs d'habitatges ocupats en el marc de la campanya de reallotjaments de l'Obra Social de la PAH compleixen una funci&oacute; redistributiva que les administracions haurien d'estar assumint ara m&eacute;s que mai. En abs&egrave;ncia d'actuaci&oacute; institucional, l'alternativa a les ocupacions col.lectives promogudes per la PAH &eacute;s la de l'ocupaci&oacute; individual, moguda &uacute;nicament i exclusiva per la desesperaci&oacute; personal, amb possibles efectes negatius sobre la conviv&egrave;ncia ve&iuml;nal. A la PAH li hem d'agrair tamb&eacute; la seva important tasca d'articulaci&oacute; de xarxes de solidaritat i de reciprocitat entre diferents col.lectius, amb independ&egrave;ncia del seu origen. Si en els barris m&eacute;s vulnerables de les nostres ciutats, amb una forta concentraci&oacute; de poblaci&oacute; immigrada d'origen extracomunitari, no ha esclatat el conflicte inter&egrave;tnic malgrat el context actual de forta escassetat, &eacute;s probablement per la funci&oacute; comunit&agrave;ria exercida per organitzacions com la PAH.
    </p><p class="article-text">
        A ning&uacute; pot sorprendre que la confian&ccedil;a de la ciutadania en l'aparell de l'Estat estigui sota m&iacute;nims. Una confian&ccedil;a que &eacute;s inversament proporcional a la que mostra per organitzacions no governamentals, amb la PAH al capdavant (m&eacute;s d'un 70% de suport, segons una enquesta recent de Metroscopia per a El Pa&iacute;s sobre l'11% que donava suport a la tasca del govern). En aquests moments la PAH, amb vincles clars amb el 15M, &eacute;s segurament la millor evid&egrave;ncia que no &eacute;s la democr&agrave;cia el que est&agrave; en crisi, sin&oacute; les institucions que la representen. Com afirma Joan Subirats (<a href="http://bit.ly/14ZJm7E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://bit.ly/14ZJm7E</a>) la traject&ograve;ria de la PAH at&eacute;n a un cert paradigma de creaci&oacute; d'espais de nova democr&agrave;cia, una nova aura col.lectiva. Amb les seves formes d'organitzaci&oacute;, de presa de decisions, de gesti&oacute; del conflicte, la PAH est&agrave; contribuint a generar, com reflexionava Guillem Mart&iacute;nez fa uns dies (<a href="http://bit.ly/ZJcEXm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://bit.ly/ZJcEXm</a>), un nou proc&eacute;s constituent marcat per la lluita per una major just&iacute;cia social, pol&iacute;tica i jur&iacute;dica davant d'un r&egrave;gim que s'enfonsa. I si no exist&iacute;s la PAH? Si no exist&iacute;s la PAH, caldria inventar-la.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marga León i Ismael Blanco, Ismael Blanco, Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/existis-pah_132_5643685.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2013 15:07:14 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="241531" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="241531" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Si no existís la PAH]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si no existiera la PAH]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/existiera-pah_132_5643679.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Si no existiera la PAH"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) está jugando un papel decisivo en la mediación del conflicto actual sobre la vivienda. Su labor no es meramente reivindicativa. Están poniendo en marcha soluciones que dan respuesta a la desesperación de cada vez más gente. Alguien “allá arriba” debería de estar tomando nota</p></div><p class="article-text">
        Tres millones y medio de empleos perdidos desde el inicio de la crisis. Dos millones de hogares sin fuente de ingresos alguna. Un crecimiento del casi 30% en la diferencia entre las rentas altas y las bajas. Un aumento sin precedentes en los &iacute;ndices de pobreza y exclusi&oacute;n social, con una especial incidencia sobre los j&oacute;venes, las mujeres y las personas de origen inmigrante.  Para muchos, la consecuencia m&aacute;s dram&aacute;tica de la p&eacute;rdida de empleo ha sido y est&aacute; siendo el desalojo de su vivienda por impagos en la hipoteca. Un estudio del Colegio de Registradores recientemente publicado demuestra que, s&oacute;lo en 2012, se produjeron en Espa&ntilde;a m&aacute;s de 30.000 desahucios en primeras viviendas. 115 expropiaciones diarias. Una cada 15 minutos. 
    </p><p class="article-text">
        No viene al caso explicar aqu&iacute; el origen del problema, sobre el que existe por otra parte un cierto consenso: una ley hipotecaria antigua, unos contratos abusivos, una indefensi&oacute;n absoluta por parte de los afectados. Como ejemplo paradigm&aacute;tico de pol&iacute;tica &lsquo;top down&rsquo;, el gobierno espa&ntilde;ol necesit&oacute; que el Tribunal de Justicia Europeo sentenciara que los procedimientos de desahucio por impago de una hipoteca son contrarios a la legislaci&oacute;n europea de protecci&oacute;n de los consumidores  para afirmar que es necesario cambiar la ley.
    </p><p class="article-text">
        El proceso que conduce al cambio legislativo en esta materia, sin embargo, no puede entenderse sin el papel jugado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Con su acci&oacute;n reivindicativa, la PAH ha logrado ubicar la problem&aacute;tica de la vivienda (y m&aacute;s particularmente, la de los desahucios) en el centro de la agenda pol&iacute;tica del pa&iacute;s.  La ILP promovida por la PAH y otras organizaciones, en favor de la daci&oacute;n en pago retroactiva, la paralizaci&oacute;n de los desahucios y el fomento del alquiler social, ha recogido cerca de un mill&oacute;n y medio de firmas y ha logrado un evidente apoyo social. El debate pol&iacute;tico y medi&aacute;tico giran hoy alrededor de las medidas propuestas por esta organizaci&oacute;n. Todo un logro en un campo de pol&iacute;tica p&uacute;blica hist&oacute;ricamente capturado por los intereses del eje financiero-inmobiliario.  
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de la &lsquo;pelea&rsquo; por el cambio de una norma a todas luces injusta, lo que resulta realmente innovador en cuanto a din&aacute;micas sociales y pol&iacute;ticas en un momento de emergencia social como el que vivimos, es la funci&oacute;n que est&aacute; jugando la PAH en la mediaci&oacute;n del conflicto y en la puesta en marcha de soluciones que den respuesta a la desesperaci&oacute;n que viven miles de ciudadanos. Los recortes que venimos sufriendo  desde el 2010 bajo el eufemismo de la racionalizaci&oacute;n del gasto no se han visto compensados por ni una sola medida dirigida a amortiguar las consecuencias de la crisis. As&iacute; las cosas, las pol&iacute;ticas sociales parecen evaporarse justo cuando m&aacute;s las necesitamos. Sirva de ejemplo el recorte en m&aacute;s de un 50% del fondo para apoyar la recepci&oacute;n y la integraci&oacute;n social de los inmigrantes  en un momento en el que casi la mitad de este colectivo se ha quedado sin trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Mientras las pol&iacute;ticas sociales retroceden, movimientos como la PAH avanzan con fuerza no s&oacute;lo por su labor de denuncia de las injusticias y de reivindicaci&oacute;n de nuevas pol&iacute;ticas, sino tambi&eacute;n por el despliegue de una importante funci&oacute;n social que, a pesar de sus limitaciones, trata de contrarrestar los efectos de la par&aacute;lisis institucional. La acci&oacute;n de la PAH ha actuado como acicate para que las administraciones locales se posicionen y asuman responsabilidades en un asunto que desborda su marco competencial. Los bloques de viviendas ocupados en el marco de la campa&ntilde;a de realojos de la Obra Social de la PAH cumplen una funci&oacute;n redistributiva que las administraciones deber&iacute;an estar asumiendo ahora m&aacute;s que nunca. En ausencia de actuaci&oacute;n institucional, la alternativa a las ocupaciones colectivas promovidas por la PAH es la de la ocupaci&oacute;n individual, movida &uacute;nica y exclusivamente por la desesperaci&oacute;n personal, con posibles efectos negativos sobre la convivencia vecinal. A la PAH debemos agradecerle tambi&eacute;n su importante labor de articulaci&oacute;n de redes de solidaridad y de reciprocidad entre distintos colectivos  con independencia de su origen. Si en los barrios m&aacute;s vulnerables de nuestras ciudades, con una fuerte concentraci&oacute;n de poblaci&oacute;n inmigrada de origen extracomunitario, no ha estallado el conflicto inter&eacute;tnico a pesar del contexto actual de fuerte escasez, es probablemente por la funci&oacute;n comunitaria desempe&ntilde;ada por organizaciones como lo PAH.
    </p><p class="article-text">
        A nadie puede sorprender que la confianza de la ciudadan&iacute;a en el aparato del estado est&eacute; bajo m&iacute;nimos. Una confianza que es inversamente proporcional a la que muestra por organizaciones no gubernamentales, con la PAH a la cabeza (m&aacute;s de un 70% de apoyo seg&uacute;n una encuesta reciente de Metroscopia para El Pa&iacute;s frente al 11% que apoyaba la labor del gobierno). En estos momentos, la PAH, con v&iacute;nculos evidentes con el 15M, es seguramente la mejor evidencia de que no es la democracia lo que est&aacute; en crisis, sino las instituciones que la representan. Como afirma Joan Subirats (<a href="http://bit.ly/14ZJm7E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://bit.ly/14ZJm7E</a><em><strong>)</strong></em> la trayectoria de la PAH atiende a un cierto paradigma de creaci&oacute;n de espacios de nueva democracia, una nueva aura colectiva. Con sus formas de organizaci&oacute;n, de toma de decisiones, de gesti&oacute;n del conflicto, la PAH est&aacute; contribuyendo a generar, como reflexionaba Guillem Mart&iacute;nez hace unos d&iacute;as (<a href="http://bit.ly/ZJcEXm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://bit.ly/ZJcEXm</a> ), un nuevo proceso constituyente marcado por la lucha por una mayor justicia social, pol&iacute;tica y jur&iacute;dica frente a un R&eacute;gimen que se hunde. &iquest;Y si no existiera la PAH? Si no existiera la PAH, habr&iacute;a que inventarla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ismael Blanco, Marga León]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/pista-urbana/existiera-pah_132_5643679.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Apr 2013 15:06:08 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="241531" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="241531" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Si no existiera la PAH]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/eda6b737-2ed6-446f-ae9c-326f62858d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
  </channel>
</rss>
