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    <title><![CDATA[elDiario.es - Cristina Rosillo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cristina_rosillo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Cristina Rosillo]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Los escraches: una tradición con dos mil quinientos años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/escraches-tradicion-mil-quinientos-anos_132_5647585.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">A lo largo de la historia, la  justicia popular ha echado mano de este tipo de actuaciones para  intentar solventar la situación</p><p class="subtitle">En Roma, durante la República, los vecinos se reunían y acosaban a la persona que hubiera cometido el delito no castigado</p><p class="subtitle">La casa no es sólo donde se centra la vida privada de las personas, sino también un símbolo de ellos mismos</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Se hac&iacute;a en voz alta y con una especie de canci&oacute;n para que se escuchara desde lejos, y acarreaba el esc&aacute;ndalo, porque se consideraba que hab&iacute;a una buena raz&oacute;n para ello&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El escrache o acoso a las viviendas de los pol&iacute;ticos se ha convertido en una de las palabras de moda. Su legalidad o no, las modalidades de su organizaci&oacute;n y expresi&oacute;n se han convertido en temas de debate p&uacute;blico. Sin embargo, el origen de esta pr&aacute;ctica no se encuentra s&oacute;lo en la Argentina de la crisis. La frase que abre este escrito fue redactada hace m&aacute;s de mil ochocientos a&ntilde;os por un gram&aacute;tico romano llamado Pompeyo Festo. Pr&aacute;cticas similares ten&iacute;an lugar en Roma durante la Rep&uacute;blica, sobre todo entre los siglos V y I antes de nuestra era.
    </p><p class="article-text">
        Estas costumbres se encuadraban dentro de la categor&iacute;a de justicia popular, que contemplaba modalidades m&aacute;s amplias, incluidos el linchamiento y la lapidaci&oacute;n. Sin llegar a eso, la <em>occentatio</em>, <em>flagitatio</em> o c&aacute;nticos persecutorios ten&iacute;an lugar especialmente cuando no se consegu&iacute;a justicia de ning&uacute;n otro modo. Espoleados por la persona agraviada, los vecinos se reun&iacute;an y acosaban a la persona que hubiera cometido el delito no castigado.
    </p><p class="article-text">
        Dichos c&aacute;nticos ten&iacute;an una estructura clara: deb&iacute;an mencionar un nombre (para que la comunidad pudiera identificar a qui&eacute;n se estaba vituperando) y adem&aacute;s deb&iacute;an ser realizados en voz alta y causando esc&aacute;ndalo. Habitualmente se intercambiaban graves insultos, que sol&iacute;an ser respondidos por la parte contraria. El poeta Catulo (siglo I de nuestra era) emplea esta pr&aacute;ctica cuando intenta recuperar unos poemas suyos de una prostituta, que se niega a entreg&aacute;rselos: &ldquo;Puta asquerosa, devuelve los escritos, devuelve, asquerosa puta, los escritos&rdquo; (Catulo, poema 42, traducci&oacute;n Antonio Ram&iacute;rez de Verger).
    </p><p class="article-text">
        Esta pr&aacute;ctica pod&iacute;a ser empleada en varias circunstancias. Si un adversario se negaba a aparecer en juicio, pod&iacute;a ser perseguido por la persona que lo hab&iacute;a acusado, que le gritaba insultos regularmente en la puerta de su casa. Asimismo, un acreedor que no cobrara pod&iacute;a ponerse a gritar a la puerta de la casa del deudor: &ldquo;&iexcl;devu&eacute;lveme la deuda!&rdquo;, como aparece en la obra de teatro &ldquo;Mostellaria o la casa encantada&rdquo; de Plauto. Finalmente, en el siglo I antes de nuestra era, opositores a ciertos pol&iacute;ticos romanos organizar&aacute;n este tipo de cantinelas delante de sus casas, para expresar su disconformidad con sus ideas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Habitualmente, estos c&aacute;nticos ten&iacute;an lugar delante de la casa de la persona que hab&iacute;a cometido el agravio. Y esto no es casualidad que se repita en los escraches del siglo XXI: la casa no es s&oacute;lo donde se centra la vida privada de las personas, sino tambi&eacute;n un s&iacute;mbolo de ellos mismos, un refugio ante las agresiones del exterior que ahora se les niega. Adem&aacute;s, tanto en la Roma antigua como ahora, las cantinelas se&ntilde;alaban a los vecinos que la persona que all&iacute; viv&iacute;a constitu&iacute;a una amenaza para la comunidad y que deb&iacute;a ser identificada por su entorno m&aacute;s cercano como tal. Sin embargo, a menudo, las cantinelas tambi&eacute;n ten&iacute;an lugar en la calle o en el centro de la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        En ocasiones, los romanos llegaban a acumular carbones delante de la puerta de la casa, con la intenci&oacute;n de simbolizar su incendio. En algunos casos, se llegaba a quemar s&oacute;lo la puerta. S&oacute;lo en ocasiones excepcionales, como en el momento de las violentas luchas pol&iacute;ticas de la d&eacute;cada de los 50 antes de nuestra era, se llegar&iacute;an a quemar las casas de varios pol&iacute;ticos importantes. Incluso tras el asesinato de C&eacute;sar, parte del pueblo corri&oacute; a las casas de los asesinos, con la intenci&oacute;n de prenderles fuego, pero los criados les hicieron desistir. 
    </p><p class="article-text">
        Las cantinelas y el acoso vecinal delante de las casas pueden recordar a empresas como el cobrador del frac, que se dedican a conseguir que morosos paguen sus deudas por medio de la verg&uuml;enza p&uacute;blica. Sin embargo, esto no es as&iacute;. El cobrador del frac es un negocio que se dedica a la recompra de deudas. Tanto la <em>occentatio</em> romana como los escraches actuales pueden ser entendidos como una v&aacute;lvula de escape. A lo largo de la historia, en momentos en que la justicia no pod&iacute;a o no quer&iacute;a dar soluci&oacute;n a ciertos problemas que acuciaban al pueblo, la justicia popular ha echado mano de este tipo de actuaciones para intentar solventar la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, el cr&iacute;tico literario Mijail Bajt&iacute;n sugiri&oacute; que este tipo de ocasiones podr&iacute;an verse concebidas no como una v&aacute;lvula de escape, sino como un medio por el cual el poder otorgaba un espacio controlado en el que los oprimidos pod&iacute;an dar rienda suelta a sus frustraciones y, luego, volver a sus casas y a su vida cotidiana. En el caso de Espa&ntilde;a en 2013, s&oacute;lo la evoluci&oacute;n de la situaci&oacute;n podr&aacute; determinar si nos encontramos ante una v&aacute;lvula de escape de larga tradici&oacute;n con resultados efectivos o simplemente ante una forma infructuosa de lograr una soluci&oacute;n al problema de los desahucios, mientras se desv&iacute;a la atenci&oacute;n, con discusiones sobre distancias y multas, del verdadero problema: una legislaci&oacute;n injusta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Cristina Rosillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/agendapublica/escraches-tradicion-mil-quinientos-anos_132_5647585.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Apr 2013 17:59:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Los escraches: una tradición con dos mil quinientos años]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[Nueva Política,Escrache]]></media:keywords>
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